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Escuelas Centenarias XP:Escuelas Centenarias 22/09/17 08:02 Página 11

Escuela Normal Superior N° 36 “Mariano Moreno”, 100 años de historia Claudia Ortega, Rectora.

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oda experiencia educativa establece un pacto instalado en la discontinuidad de las generaciones. Este pacto entraña una promesa, que aspira a la permanencia y a la durabilidad en la filiación del tiempo. Como educador, todo maestro, transmite un legado, una herencia, que nunca podrá dar tal cual el mismo la recibió. Tránsito y pasaje. Transmisión del mundo, hacernos presentes para producir en cada experiencia de aprendizaje, un encuentro. Por eso, cuando hablamos de recuperación de la memoria colectiva, de celebración de la memoria, de recordar, entiendo que no solo se la debe rescatar sólo desde el relato de los hechos, sino desde una ética, porque siempre remite al otro, es impensable sin el otro. Decir memoria es convocar a la intersubjetividad, a aquellos que, en otros tiempos, construyeron sueños grandes y hoy nos invitan a seguir y no bajar los brazos. Corría el año 1917 cuando nacía esta escuela y no puede soslayarse el contexto mundial en el cual se gesta: en medio de una guerra mundial, en una ciudad crecida gracias al aluvión inmigratorio, con el mandato sarmientino de educar a la población. Crear una escuela Normal establecía un cimiento de ciudadanía, pero a la vez una certeza esperanzada de contribuir a construir un mundo mejor a partir de la educación. Y porque creemos, con Paulo Freire, que “la educación no cambia al mundo, cambia a las personas que van a cambiar al mundo”, con orgullo podemos decir que esta querida escuela a lo largo de su historia ha formado cientos de graduados que, desde distintos lugares y con múltiples formaciones académicas y culturales, han contribuido a mejorar el

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Camino a la escuela

mundo en que vivimos. Hace 100 años se empezó a imaginar esta esperanza de pensar y diseñar un mundo mejor y los que estamos hoy, en este presente, somos los responsables de portar y seguir alimentando lo que soñaron aquellos que imaginaron esta escuela hoy centenaria. Todos los que estamos hoy aquí, seguiremos sosteniendo ese sueño colectivo: el de educar, en la escuela pública en la que hemos “caído”. Nosotros estamos acá porque hubo otros que nos precedieron, que construyeron esta Escuela Normal. Hoy, con esas y nuestras múltiples voces, seguimos entramando ese ayer con el presente. Somos una Unidad Académica de la que nos sentimos profundamente orgullosos. Al mismo tiempo, si miramos retrospectivamente muchas cosas han cambiado: se han transformado los planes de estudio, se ha profesionalizado el Nivel Superior, han cambiado los sujetos, las infancias, los jóvenes, los modos de intercambio y comunicación, el tipo de vínculo y los modos de autoridad desplegados y podríamos seguir enumerando. Sin embargo, conjunta

mente, descubrimos que muchas cosas permanecen. Como normalistas permanece el amor y la pasión por el Voley, creando la asociación de ex alumnos y abriendo sus puertas a la comunidad. Sigue siempre vigente la convicción del valor de la educación pública para la construcción de una sociedad más justa e igualitaria, permanece el valor asignado a los niños, niñas y jóvenes y la responsabilidad de enseñar, de transmitir conocimientos y cultura, de ser garantes de la dignidad de otros, de construir “puentes” que permitan un vínculo de amor y respeto. Tareas nada sencillas ni ayer ni hoy… Creemos que este Normal que conjuga lo intelectual y lo emocional, el cuerpo y el pensar, lo racional y las pasiones...no es muy normal. Me gusta esa imagen que se sale de lo esperado, que no cierra, que no se deja atrapar por las representaciones y los cánones y los clichés preestablecidos. Creo que una escuela, pensada en los tiempos presentes, es tal cuando incluye al aprendizaje como eje de su gestión, cuando permite problematizarse, cuando se cuestiona, cuando se interroga

y no le tiene miedo a la incertidumbre, a los cambios, y promueve el trabajo en equipo y la circulación de los afectos y la palabra entre todos los actores. Y nosotros, lo estamos haciendo. Estamos construyendo una escuela donde predomina el bienestar, donde cada día cuando abrimos las puertas de la escuela, en ese gesto tan simple y cotidiano, invitamos, damos la bienvenida, hacemos pasar. Son acciones que se traducen en un: “los estamos esperando, son bienvenidos”. Y en ese “abrir las puertas cada día”, nos nutrirnos con lo que nos identifica, con lo que somos para proyectarnos hacia el futuro, recuperando las mejores tradiciones, aquellas con las que crecimos como normalistas para conjugarlas con los actuales desafíos y entregárselas a los recién llegados. Así en esta escuela escribimos la historia todos los días, bajo la sombra de los palos borrachos, con el apoyo de la comunidad de padres, entre lápices y cuadernos, con olor a pororó, con el “amasado” del trabajo docente entre varias manos, haciendo una red, con la invitación a andar por nuevos /

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Revista camino a la escuela 9 y suplemento Escuelas Centenarias  

En esta revista, las voces de las secretarías de nuestro gremio recuperan reflexiones para dar cuenta de este hacer: las luchas cotidianas d...

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