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AMSAFE 2 interior:Maquetación 1 22/09/17 14:35 Página 22

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“Los árboles de la libertad”

/ aquellos amigos con los que jugaba en aquel Higuerón de su infancia. José se sentó a descansar al pie de un hermoso y esbelto pino, que le inspiraba palabras para decirles a su gente e ideas para la próxima travesía: el cruce de los Andes. - Los soldados de la patria no conocen el lujo, sino la gloria. De lo que mis granaderos son capaces, solo lo sé yo, quien los iguale habrá quien los exceda no. Orgulloso y contento nuestro José de San Martín, pensaba en lo que les diría a sus soldados. Aún faltaban muchas batallas más para vencer al enemigo y José tenía un plan para conseguir la libertad de su pueblo, pero sabía que para lograrlo necesitaba de muchos hombres y mujeres que estuvieran decididos a luchar para conseguirla. Los hombres al frente con sus armas iban en busca de la libertad, las mujeres y las niñas confeccionaban los uniformes de los granaderos, cocinaban la comida para las campañas militares que José ideaba. - Si hay victoria en vencer al enemigo; la hay mayor cuando el hombre se vence a sí mismo. Compañeros juremos no dejar las armas de la mano hasta ver al país enteramente libre o morir con ellas como hombres y mujeres de coraje. Decía José a su pueblo. Unidos cruzaron las grandes y frías montañas de los Andes, con valentía y necesidades lograron llegar a Chile para derrotar los invasores y así luego ir al Perú. José soñaba con la Patria Grande con una América libre, soberana y en donde la igualdad de hombres y mujeres sea un derecho legítimo. Los años pasaron y José volvió a cruzar hacia el otro lado del mar. Logró grandes hazañas y cumplir partes de sus sueños. Liberó su patria, Chile y Perú. Se casó con una hermosa mujer y

tuvo una bellísima hija que le regaló dos adorables nietas, María Mercedes y la pequeña Pepa. Las niñas eran muy traviesas, corrían alrededor de un gran roble, llevando en sus manos las medallas de la victoria, de su abuelo José. Su mamá no estaba muy contenta que digamos. Hasta el punto que les ordenó que devuelvan las medallas a su lugar. Al abuelo José que estaba allí sentado bajo la sombra de un viejo árbol: un gran Roble, no le importaba que jugasen con sus medallas, al contrario, para él tenía sentido porque sus niñas eran felices sosteniéndolas en sus manos. Pepa, la más pequeña le pregunta - ¿Abuelo te dieron estas medallas porque eres un héroe? Las abraza, y les dice: - Estas medallas no son solamente mías, son de los hombres que pelearon, de las mujeres que nos cocinaron, que atendieron a los heridos, de los que hicieron la comida, de los niños que perdieron a sus padres en los campos de batalla, de los que tocaron el clarín y de los que donaron sus mantas para cubrirnos del frío. Estas medallas son de todos, los que lucharon por llevar la libertad a todos los pueblos de América. Las niñas sienten la emoción en la voz del abuelo. Se sientan al pie del árbol, acarician las medallas mientras su abuelo repite emocionado siempre el mismo consejo: “Seamos libres, que lo demás no importa nada”. Autores: Lic. Lucía Salinas. Vallelonga Martín Damián, alumno del Profesorado en Educación Primara. Edición Artística: Ibarra Gisel, alumna Profesorado en Educación Primara. Instituto N°24 “Héroes de Malvinas”. Villa Gob.Gálvez. Santa Fe. Argentina. Agosto de 2017.

Camino a la escuela

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Revista camino a la escuela 9 y suplemento Escuelas Centenarias  

En esta revista, las voces de las secretarías de nuestro gremio recuperan reflexiones para dar cuenta de este hacer: las luchas cotidianas d...

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