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AMSAFE ROSARIO | CAMINO A LA ESCUELA | JULIO 2017

regiones, y aunque se mantuvieron formalmente leales a Fernando VII, la mayoría no reconoció al Consejo de Regencia, que funcionaba en Cádiz. Los ejércitos también tuvieron una conformación similar en todo el continente, oficiales criollos dirigían a tropa compuesta por hombres de la tierra: blancos pobres, mestizos, indios, mulatos y negros.

La guerra rápidamente dividió las colonias españolas de América en dos bandos: “patriotas” o “juntistas” o “independentistas”, contra los realistas. La clásica distinción entre criollos y españoles no resulta del todo adecuada, porque hubo casos excepcionales de españoles independentistas, así como criollos realistas. La guerra fue cruel, las víctimas, en todo el continente, se cuentan por cientos de miles. Pero no afectó a todas las regiones del mismo modo. Venezuela, uno de los núcleos revolucionarios más activos, fue una de las zonas más afectadas, la guerra allí fue total. Indígenas, campesinos, esclavos, toda la población fue movilizada. En el Río de la Plata, el otro núcleo revolucionario, se vivió una situación dispar: en las zonas de frontera con regiones realistas la movilización fue total, como en Salta (frontera con el Alto Perú realista) o en el Litoral (frontera con la Junta realista de Montevideo, y el Imperio del Brasil), pero Buenos Aires, relativamente lejos del frente de guerra, vivió gran parte de las guerras de independencia a salvo. La guerra tuvo muchas fases, de avance revolucionario, de retroceso y avance realista, de recuperación de la iniciativa revolucionaria, siempre con un ojo observando lo que sucedía en Europa, mientras se llevaban adelante las campañas libertadoras en América. La derrota definitiva de Napoleón, en 1815, y la consiguiente restauración monárquica y conservadora en Europa, significó un duro golpe para los independentistas. Luego de cinco años de guerra ininterrumpida, la situación de los revolucionarios en 1816 era prácticamente un desastre. El movimiento autonomista mexicano, primero liderado por el cura Hidalgo y después por su sucesor Morelos, había sido ferozmente reprimido. Venezuela, el gran bastión revolucionario, había caído ante las fuerzas realistas, reforzadas por un ejército enviado desde España, y Bolívar y los revolucionarios se habían tenido que refugiar en Haití, derrotados. Los movimientos autonomistas de Nueva Granada (actuales Colombia, Ecuador y Panamá) habían sido eliminados, igual que los de Chile y el Alto Perú. El movimiento revolucionario rioplatense, el único que quedaba en pie, estaba paralizado. Por un lado, tenía a los realistas que todavía controlaban el bastión de Montevideo, y a la amenaza siempre latente de la invasión portuguesa. Por otro

lado, la guerra se había estancado en el norte, en la frontera de Salta y Jujuy, donde Güemes y sus gauchos contenían las invasiones realistas. Mientras San Martín se encontraba preparando su proyecto de continuar la guerra vía Chile, cruzando la cordillera de los Andes, Buenos Aires veía amenazada su existencia ante la formación de otro proyecto revolucionario, mucho más radicalizado: la Liga de los Pueblos Libres, bajo el mando de Artigas, que controlaba todo el Litoral.

Este contexto ilustra el contenido y las discusiones del Congreso de Tucumán, que declaró la independencia. Pocos aclaran que allí no se decretó la independencia de la República Argentina, ni siquiera de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Allí se declaró la independencia de las “Provincias Unidas de Sud América”. Retrospectivamente, podemos decir que esta declaración simbólicamente implicó el inicio de una nueva ofensiva revolucionaria, mejor coordinada y preparada, que tuvo como principales referentes a José de San Martín y a Simón Bolívar, quienes desde el sur y el norte, confluyeron sobre el Perú, principal centro de la reacción realista en América del Sur. El clímax de esta campaña libertadora puede encontrarse en la entrevista de Guayaquil entre ambos libertadores en 1822, que implicó el retiro de San Martín, y la continuación de la etapa final de la guerra con Simón Bolívar y Antonio José de Sucre, el vencedor de Ayacucho.

El ideal de la Patria Grande de Simón Bolívar, no pudo darse. Las guerras civiles no tardaron en instalarse en las independizadas colonias, que derivaron en sucesivos procesos de fragmentación política. Los proyectos que implicaron la unión de varias jurisdicciones no tuvieron gran futuro: la Gran Colombia (1819-1831), proyecto político personal de Bolívar (que unía los territorios de los actuales Ecuador, Colombia, Panamá y Venezuela), sólo duró poco más de diez años, disolviéndose debido a las diferencias que recorrían todas las colonias americanas entre las políticas centralistas unitarias y las ambiciones federales de los estados o provincias miembros. Similar destino le tocó a la República Federal de Centro América, o a la efímera Confederación Peruanoboliviana, ambas disueltas en 1839. En el caso del Río de la Plata, el Paraguay había seguido un camino independiente desde 1811, mientras que la Provincia Oriental había dado lugar a un estado-tapón frente al Imperio del Brasil, la República del Uruguay, en 1828, bajo la mediación británica. (*) Profesor de Historia E.E.S.O 515. CONICET

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Camino a la Escuela Nº 8  

Camino a la Escuela es una publicación de la Secretaría de Cultura de Amsafe Rosario. Docentes y estudiantes de profesorados realizamos prop...

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