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AMSAFE ROSARIO | CAMINO A LA ESCUELA | JULIO 2017

Meridian Gold, la Barrick Gold y Monsanto. A fines de abril pasado, miembros de estas asambleas emblemáticas en la lucha socioambiental se reunieron en el 28° Encuentro de la Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC), por la Vida y el Territorio contra el Saqueo y la Contaminación, en la ciudad de Gualeguaychú, Entre Ríos.

Durante tres días los participantes analizaron diversas problemáticas y elaboraron propuestas para enfrentar la grave situación que viven nuestros pueblos. Se debatió en torno a algunos de los temas que más preocupan en la actual coyuntura, como son los desmontes de bosque nativo, los nuevos proyectos de plantas nucleares, las represas en Misiones, los avances de la megaminería en toda la cordillera, los oligopolios que deciden nuestra alimentación y la salud de los pueblos fumigados, entre otros, pero también se discutió alrededor de su contracara, es decir, la construcción de ese otro mundo posible donde quepan todos los mundos, el del “buen vivir”, la agroecología y la soberanía alimentaria.

¿Comemos lo que queremos o lo que nos dejan?

Marcos Filardi, abogado y miembro de la Cátedra Libre sobre Soberanía Alimentaria de la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA), fue una de las voces que se escucharon en el encuentro de la UAC en Gualeguaychú. Hace poco tiempo, en una entrevista, señalaba la existencia de dos modelos económicos antagónicos en nuestra región: por un lado, el de los agronegocios, con su soja transgénica y sus “feedlots”, y por otro lado, el de la soberanía alimentaria. “En el modelo de la Soberanía Alimentaria los alimentos no son mercancías, sino un derecho humano al que nosotros tenemos que tener acceso”- explicaba Filardi. “El sistema dominante está sostenido por intereses muy fuertes y entrelazados entre sí, dar pelea significa enfrentarse a la industria química, la semillera, la industria farmacéutica que está vinculada con estas

industrias, los supermercados y el petróleo. Lamentablemente eso hace que instituciones intermedias, como las asociaciones que dicen velar por nuestra salud, terminen aconsejándonos cualquier cosa”.

El año pasado, el Taller Ecologista, organización no gubernamental con más de treinta años de militancia socioambiental en la ciudad, presentó un informe sobre la concentración actual del negocio alimentario en la región. Allí se definía a la soberanía alimentaria como “la determinación de los pueblos sobre la libertad de elegir qué alimentos consumir y cómo producirlos”. Esta investigación enumeraba cuatro elementos claves para analizar las razones por las cuales no somos soberanos en la elección de nuestros alimentos: la concentración económica en la cadena de valor, la publicidad engañosa, la falta de una reglamentación sobre etiquetado y la ausencia de una política pública que apoye la producción saludable de alimentos. Como explicaba el informe, en la década del cincuenta aparecía en las principales ciudades de nuestro país la “lógica del supermercado” que se instalaría definitivamente en los años noventa con la llegada de las grandes cadenas extranjeras. La posibilidad de comprarlo “todo” en un mismo lugar, cualquier día a cualquier hora, combinaba perfectamente con las nuevas necesidades de una sociedad que estaba cambiando a un ritmo vertiginoso. Si no hay tiempo para nada, mucho menos lo habrá para conversar con el verdulero o la panadera, para elegir los mejores alimentos o para preparar comidas ricas y saludables como lo hacían nuestras abuelas; así nos fuimos acostumbrando a esa “cocina fácil para la mujer moderna” que promocionaba un best-seller de la época, en el marco de una sociedad con una fuerte matriz patriarcal. En este sentido, señala el trabajo del Taller Ecologista: “No sólo son los supermercados los que se impusieron, sino también los productos alimentarios procesados de la gran industria y de los locales comerciales de comidas al paso, es decir: rotiserías, carritos, minutas de bares y restaurantes diferenciados por segmentos sociales (sea por su precio y/o ubicación geográfica).” Frente a esta realidad, en todo el país y en forma notoria en los últimos años en nuestra ciudad, han crecido proyectos alternativos que apuestan a construir soberanía alimentaria desde el pie. Las cooperativas de comercialización como Mercado Solidario, las redes como la de “Comercio Justo del Litoral”, las tiendas como El Trocadero, los bolsones con productos agroecológicos como los que reparten, entre otros, el Almacén Ambulante y Suelo Común, el camión de la

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Camino a la Escuela Nº 8  

Camino a la Escuela es una publicación de la Secretaría de Cultura de Amsafe Rosario. Docentes y estudiantes de profesorados realizamos prop...

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