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ALEGORĂ?A de mi casa

Amparo Conde [abril 2008]


A mi incomparable gran amiga Angus Iglesias, con mi enter-net-minable agradecimiento


Mi casa, la que llenó con sus rincones mi infancia ya no existe más que en mis soledades, imaginada solamente. Por eso voy renovando a ratos sus paredes, sus ventanas. Le pongo remolinos en el jardín de flores, de libélulas, de mariposas, de pájaros, de muchos pájaros y árboles umbrosos. Y la parra agridulce, que techaba de sombras el patio, dejando su penumbra sobre la puerta falsa, aquella por la que el perro se escapaba, para volver de nuevo como el hijo pródigo, la pongo también.


Aquella casa mía sigue siéndolo, lo será siempre, siempre porque ya nadie puede derribarla, ni el tiempo trepa ya por sus paredes, asolando de polvo mis recuerdos de niña enamorada. Por eso, porque es mía, tan sólo, vuelvo a ella. Ahora, están abiertas sus ventanas todo el día, para que entren los pájaros y coman del pan mío, el que les dejo siempre, tierno y blanco, como el que yo comía siendo niña. Mis juguetes están ahí, esperándome. Los muebles, los cacharros y el fogón chispeante en la cocina,


todo lo que perdimos con la guerra, también me está esperando, y ese antiguo sabor de huevos con patatas de la cena. Y mi madre trajinando como siempre, y también me rodean sus brazos cuando llego con frío del colegio. Veréis, ahí en mi casa lo tengo todo, todo el tiempo, está en ella resumido, como en un pomo quedan las esencias, para vivir ya siempre los recuerdos, con sólo destaparlo. Con sólo abrir la puerta de mi casa, vuelvo a tener de nuevo pocos años.


Porque ella sigue ahí, ahí está mi casa. Enamorada sigo sus rincones, sin encontrarme con las cucarachas, aquellas que me daban tanto miedo. Mi perro sí, mi perro está, me ladra y salta hasta alcanzarme, lamiéndome la cara. Tanto le alegra verme, que me sigue por donde voy, nunca me pierde. Y así voy recorriendo el jardín lleno de flores. La parra cubre el patio de pámpanos jugosos. Todo está ahí, nada puede cambiarlo, y mi hermana Antoñita no se ha muerto. Dibuja en la terraza y escribe al novio aquel, que no se murió en África.


Y cuando él viene a verla, van de la mano juntos por el jardín. y los veo besarse en sus rincones.

En mi casa conviven todos mis hermanos porque ninguno ha muerto, ya no falta ninguno. ¿Sabéis porqué...? Porque mi casa está encantada. Y en ese encantamiento vivo yo siempre, siempre. Vuelve el perro a ladrarme. Mi hermana Lilu plancha camisas de mi hermano Fernando y de mi padre. y Carmencita borda su ajuar pues va a casarse, por poderes, con su novio guineano. Nena está en la terraza


hablando con su novio. Antoñita dibuja el retrato del Rey. Fernando selecciona sus preciosas estampas, que me regalará un día, cuando se case. Y su novia es tan guapa que parece una reina. Manolo, como siempre, llega tarde a la mesa y nos cuenta sus chistes y aventuras fantásticas. Su novia es casi un hada salida de mis cuentos. Mi padre tose y llama...¡Balina! a mi madre, porque su nombre entero, Cristobalina, es demasiado largo. Tensi juega en el patio con Solín, nuestra amiga y me llaman, para jugar


con ellas, oigo sus voces... ¡Paruchy! ¡Paruchyyy!

Hasta ha vuelto mi hermana la mayor, Amparito, la que no conocí y, de quién heredé el nombre, y por eso, le pongo el tuyo, GUILLERMINA.

Todo está bién ahora. La mesa esta esperando, y el brasero encendido. El tiempo se ha quedado parado en esa esquina inter-net-minable, donde ahora esta mi casa. Me rodean mi esposo, mis hijos, mi hija, mis amigas y amigos. Todos caben en ella. Podéis venir vosotros también,


los internautas todos, todos cabemos, todos. Mi casa está encantada y abierta para todos. La llenan el amor, los recuerdos, las penas y alegrías compartidas. Es tan amplia como un inmenso abrazo, generosa y sufrida también, como el blando regazo de mi madre. Todos cabéis en ella, amigos internautas. Yo os invito. Estáis en vuestra casa. A. Conde


DE ALEGORÍAS

Ocurre pocas veces, o casi ninguna cuando, de pronto, me encuentro con mi casa, que está ahí, enorme y sin paredes, del color de la nada, y sin embargo blanca como una sábana extendida, que me envuelve por fuera hasta llevarme adentro, y desnacerme de todo, para hallarme de nuevo naciendo dentro de ella, para no sentir nunca el paso de los años, ni el frío del invierno, y así vivir ya siempre, siempre en primavera, con los pájaros, las mariposas


y las líbélulas, los árboles y las flores, en esta ALEGORÍA, permanentemente etérea.


Alegoría de mi casa  

Poema: Alegoría de mi casa

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