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EL ESPEJO INCIERTO De Miguel Huertas Maestro El cielo de otoño era un oscuro manto en el que destacaban una miríada de estrellas luminosas. Los árboles de la Ribera conformaban una hilera de centinelas que elevaban hacia el cielo sus ramas, como si alzaran sus brazos buscando la gracia de celestial. El suelo estaba tapizado con sus hojas, una alfombra rojiza que crujía cuando algún peatón dejaba caer sus pasos sobre ella. Las compuertas abiertas del río hacían que este rugiera, asentando ese tranquilizador ruido de fondo que originaban sus aguas al fluir a gran velocidad. Los dos hombres caminaban por esa alfombra de hojas que el otoño les había ofrendado como hacían la mayoría de los seres humanos: soberbios, sin percatarse de lo que la naturaleza les ofrecía. -Ya no es lo mismo, ¿verdad? Aunque todo siga igual, ya no es lo mismo-decía uno con voz insegura. -No sé por qué dices eso. El río está limpio, las obras que convertían el barrio en un caos de ruidos y polvo han acabado, los autobuses ya no tardan tanto en llegar...- La voz del segundo era segura. -Sabes que no es cierto eso que dices. El río parece limpio, pero si te acercas lo suficiente puedes observar sobre el agua el arcoiris de colores que forma el combustible. Una de las farolas estaba tan oxidada por dentro que se cayó por su propio peso, pudiendo haber matado a alguien. El barrio está cada vez más silencioso, cada vez más vacío. -Otras vez vuelves a hacerlo-rezongó-. Proyectas sobre el barrio lo que encuentras en tu propio interior, como de costumbre. Eres tú quien te encuentras vacío. Te niegas a reconocerlo. -¿A qué viene eso ahora? Cállate-La voz comenzaba ya a ser algo chillona y nerviosa. -Sabes que es verdad. El silencio de la noche, acompañado pero no perturbado por el ruido de fondo del río, fue roto por el grito nervioso del primer hombre exigiendo al otro que se callara. Ambos hombres dejaron atrás el Puente de la Reina Victoria. Tras unos minutos, el primer hombre, más delgado y menudo, se detuvo un instante observando el Puente de los Franceses. -Aún conserva los impactos de bala-comentó con un escalofrío-. Son testimonios de un oscuro pasado que es mejor olvidar. El segundo hombre volvió a la carga con una mueca de desprecio: -Olvidarlo, ¿eh? Eres un cobarde, siempre lo has sido. Olvidar no es el camino correcto, como siempre olvidas. No tienes que esconderte e intentar olvidar el pasado, tampoco tu propio pasado, ¡tienes que enfrentarte a él! Pero eres incapaz, eres demasiado débil. Como siempre, yo tengo que hacerlo todo por los dos. -¡Déjame en paz! ¿Por qué tienes que torturarme? El pasado ha sido enterrado en la Casa de Campo hace años, ¿por qué tienes que recordármelo? Tú también tienes defectos... -Yo soy mejor que tú, nunca lo olvides. Si yo no te lo recuerdo, ¿quién lo hará? Te acompaño desde ese día en la Casa de Campo donde enterraste lo que era tu vida. Y no voy a dejarte. Ahora, los dos compañeros de camino torcieron por una de las calles que ascendían desde la ribera del río hasta la autopista, hacia un conjunto de casitas bajas que conformaban un pequeño laberinto que parecía un refugio olvidado por el caos que imperaba fuera, en la ciudad. El hombre pequeño caminaba cabizbajo, mientras que el otro tenía andares triunfantes. Entraron en una de esas casas: -Mira como está el jardín-reprochaba el grande-. Las malas hierbas lo dominan todo, como pasa dentro de tu cabezota. Tan dejado para todo, tan inútil. El río tiene aguas prácticamente tóxicas, las farolas se caen, todo eso está muy bien pero ni siquiera eres capaz de arreglar tu propio jardín. -¿Qué he hecho yo para merecerte? ¡Vete, aléjate de mí! ¡No te necesito!-berreó el primero de los hombres ya dentro de la casa, encarándose con el otro. -¿No me necesitas? ¡Que arrogancia! Por supuesto que me necesitas. Si yo no cuidara de ti, a saber que habría pasado. Eres débil desde aquel día. Muy débil. El hombre más delgado, encolerizado, alzó los brazos para empujar al otro, que también levantó sus manos para defenderse. Sin embargo, algo frío les impidió tocarse. -Eres débil. Tan débil que me necesitas a mí para protegerte de ti mismo-sonrió el grande. “¡No!”, gritó entonces el otro mientras se preparaba para golpear con su puño derecho. El otro hizo lo propio en respuesta con su izquierdo. Ambos puños se dispararon y chocaron. Y algo se rompió. Decenas de afilados fragmentos de realidad salieron disparados en medio del ruido de cristales rotos. Ya solo quedaba el hombre más pequeño, que sollozaba con el puño ensangrentado al haber roto el espejo. El hombre grande había desaparecido. Nunca había existido. Nunca había habido dos hombres. Solamente uno, que lloraba con la sangre manando de sus nudillos, con el hombre grande susurrándole veneno desde el interior de su cabeza.


Un paseo por el barrio De Alejandro García Márquez Saliendo de casa pensé que sería una buena idea dar un paseo por el barrio; sobre todo en esta época del año, es un lugar agradable para visitar. Nada más salir, me encontré a mi mejor amigo, le invité a que se viniera conmigo. Al principio, no le apetecía, pero le animé, y al final se vino. Decidimos comenzar nuestro recorrido por la Casa de Campo, en la que te puedes cruzar con deportistas, algunos incluso profesionales, que preparan sus entrenamientos aquí, por la proximidad de la INEF. En estos caminos puede que te sorprenda la aparición repentina de alguna ardilla o conejo, moradores de este tranquilo campo, que en la actualidad ha pasado ha incorporarse al centro de Madrid, es poca la distancia que nos separa de la Plaza de España... . Este barrio está situado entre dos grandes zonas naturales (Casa de Campo y Parque del Oeste), y la cruza el río Manzanares. Por uno de sus puentes, el de la Reina Victoria, desde donde puedes disfrutar de unas bonitas vistas del Palacio Real y la Catedral de la Almudena, continuamos nuestro paseo dirigiendo nuestros pasos hacia la Real Ermita de San Antonio (muy visitada en las fiestas de San Antonio por las gentes castizas de Madrid, forma parte de las fiestas populares de esta ciudad, donde las Modistillas y Chulapos se “marcan” un chotis, las solteras buscan novio y los feriantes extienden sus puestos y atracciones). En un edificio gemelo a la Ermita de San Antonio, están los frescos de Goya, que son muy visitados diariamente por turistas de todo el mundo. Después, por la proximidad, dimos un corto paseo por El parque del Oeste. Es un lugar donde la flora y la fauna son muy variadas, con magníficos ejemplares de árboles y un observatorio de pájaros. Cansados, paramos a tomar un respiro. Solo había un bocadillo, pero al igual que compartimos paseo, decidimos compartir bocado. En una fuente bebimos un poco de agua para calmar nuestra sed. Al retomar nuestro camino, y como este año es el bicentenario (1808-2008) de los fusilamientos del 2 de mayo, nos acercamos para ver el cementerio donde están enterradas las víctimas de aquel acontecimiento que ha pasado a la historia. Al lado de este, está la Escuela de Cerámica que pudimos visitar por dentro, es un edificio muy bonito. Al acabar estas dos últimas visitas, nos encontramos con el resto de nuestros amigos. Nos dijeron que iban a jugar un partido de baloncesto, y que si queríamos ir con ellos, porque necesitaban gente. Nosotros aceptamos y fuimos. Camino hacia la cancha, por la ribera del río, se ve el Puente de los Franceses con una historia importante en Madrid durante la Guerra Civil española. Llegamos, estaba abierto, pero vimos que estaba entrenando el Olímpico 64, el entrenador nos dijo que podíamos pasar a jugar a la otra cancha pero sin molestarles. Nosotros se lo agradecimos muy amablemente. Nos pusimos a jugar hasta que nos cansamos. Fue un partido muy divertido y muy entretenido. Por último, para acabar el día, y reponer fuerzas, como llevaba dinero y hacía poco que había sido mi cumpleaños, invité a todos a cenar en el bar-restaurante más famoso del barrio, y este es Mingo, que tiene un pasado también interesante, fue fundado por un asturiano, principalmente para dar servicio a los empleados de RENFE, por su proximidad a la antigua Estación del Norte e instalaciones ferroviarias próximas. Actualmente esta estación es un Centro Comercial y las instalaciones, nuevas viviendas, lo que ha dado más ambiente a este barrio tranquilo de Madrid. Mingo es famoso por sus pollos y su sidra. Así acaba mi paseo por este “mi barrio”. Es un barrio tranquilo, con un contacto muy importante con la naturaleza, casi en pleno centro de Madrid, donde a casi todos conoces y todos te conocen.


LA HERMANA PERDIDA De Katia Santamaría Moreno Era de noche. Mi hermano Hugo y yo estábamos solos en nuestra casa del pueblo. Es una casa que estaba en lo alto de una montaña, una de esas casa viejas en las que no hay calefacción. Esa noche ninguno de los dos pudo dormir, a causa de los ruidos procedentes del desván que cada vez se hacían más y más intensos. Tres días mas tarde los ruidos eran insoportables, así que esa noche subimos al desván. Lo único que vimos fue polvo y muchos recuerdos: fotos de cuando éramos pequeños, fotos de nuestros antiguos compañeros de clase, cintas de video, discos... pero de repente, vi la foto de una chica que se parecía mucho a mi hermano, así que sin ningún reparo la cogí. Nada mas volver a cerrar la puerta del desván, sonó el timbre, eran mis padres que habían llegado a casa antes de lo previsto, pues dijeron que llegarían al día siguiente. Cuando mis padres descansaron después del largo viaje que habían hecho, les enseñé la foto que encontré en el desván. No dijeron nada, sólo hubo silencio, hasta que mi madre dijo al fin - ¿ donde has encontrado esa foto? - En el desván- respondí- ¿ quien es y por qué se parece tanto a Hugo? - Eso que mas da-contestó mi padre que por primera vez en todo el día abrió la boca- esa foto tiene mas años que tu -¡Me da igual! - grité-quiero saber quien es -Todo a su tiempo Laura-me dijo mi madre - Al menos decidme como se llama-repliqué - Se llama Marta- dijo mi padre con cara de pocos amigos Cuando se volvieron a dormir, yo aproveché y me fui al centro cultural del pueblo. Allí me metí en el libro de familia de mis padres y descubrí que la tal Marta era mi hermana. Salí llorando y me dirigí a mi casa, pero esta vez dispuesta a saber toda la verdad. Así que de un grito desperté a mis padres. -¿ por qué no me lo habíais dicho?- pregunté -¿El que?- preguntó mi madre sorprendida -Que esa tal Marta de la que hablabais era mi her... bueno, nuestra hermana-pues en ese momento entró Hugo -Porque Marta murió hace quince años, murió en un accidente de moto. Iba con su novio en la moto, se les cruzó un camión y les mató- dijo llorando -lo.... siento, no lo sabíamos. Nos lo podíais haber contado. Por cierto ¿donde la enterrasteis? -En el cementerio del pueblo- dijeron a la vez A la mañana siguiente fui al cementerio, busqué una esquela en la que pusiera Marta Fernández y allí estaba debajo de un árbol. Me pasé el día entero contándole mis cosas y al volver a casa me encontré mejor. Por cierto los ruidos del desván eran ratones.


...El pastel con veneno…de Ivaylova Ivanova Pablo era un pobre niño. Su padre lo regalo a una familia muy rica. La familia rica no tenía hijos, y vivían solos en una casa muy grande Pablo ayudaba en casa, llevaba agua recogía hierva para los cerdos Un domingo por la mañana la señora de la casa hizo un rico pastel muy blandito. El pastel no era cualquiera , era con un poco mas de azúcar mantequilla y huevos. Cuando el pastel ya estaba listo, la señora había dejado el pastel cerca de una ventana abierta para que se enfríe. La señora se puso muy arregladita, tenía que ir a la iglesia y dejo a cargo de la casa a Pablo. Le dijo: voy a salir tú quédate cuidando la casa y que no entren desconocidos. Y después sal a cortar las ramas del árbol con la maquina, se me olvido decirte que me equivoque al poner azúcar al pastel y puse veneno, no comas del pastel haber si te pasa algo. Ella salio y Pablo iba dando vueltas por toda la casa y al pastel. El salio al patio con la maquina para cortar las ramas como se lo ordenaron. Pablo estaba cortando tranquilamente las ramas y se rompió la maquina. A el le dio miedo porque pensaba que lo iban a pegar. Pablo pensaba en decir alguna mentira, no se le ocurrió nada. El entro en la casa y vio el pastel y pensó si el pastel tiene veneno así me puedo envenenar para que no me echen la bronca. Pablo cogio unos trozos del pastel y se tumbo a echar se una siesta porque estaba cansado. Paso un buen rato y la mujer vuelve de la iglesia i se encuentra con Pablo durmiendo la siesta ella lo despierta y el se asusto. ¿Que pasa señora porque me despierta usted así? ¿Que hiciste con el pastel no te lo habrás comido e? Pues yo quería envenenarme como me dijiste que el pastel llevaba veneno me lo comí. ¿Porque hiciste eso? ¿Por qué quieres morir? Pues estaba yo cortando las ramas del árbol i se me rompió la maquina y pensé que me ibas a pegar por eso me comí el pastel para morir pero ya veo que en el pastel no había nada de veneno. Vale Pablo todo era una mentira lo del pastel para que no te lo comieras porque te conozco. Ese pastel era para unos invitados que venían hoy a la casa. No importa de que te lo hallas comido ya are otro. Pablo salio a recoger los invitados de la parada. Iba el por el camino cantando i de repente se encuentra con los invitados que tenia que buscar. Les contó todo lo que había sucedido. Los invitados se partieron de la risa y fueron riéndose hasta la casa Cuando llegaron se lo comentaron a la señora lo que les había dicho Pablo, estuvieron hablando de el de que como había llegado a esa casa y porque lo abandonaron. La señora le contó que lo había regalado porque su madre había muerto y el padre de Pablo no lo podía criar y educar muy bien eran pobres y así era la historia de Pablo.


EL VAMPIRO DE ROMA De Maria Teresa Launín Era una tarde gris, no llovía pero tenía toda la pinta de hacerlo. Mi novio Juan y yo estábamos paseando por la gran avenida de Roma, cuando de repente oímos un grito a dos manzanas mas abajo. Allí encontramos a una chica joven. La cogimos y la llevamos a nuestra casa donde hablamos con ella. - ¿ Quién te ha hecho eso?- pregunté señalando las dos heridas que tenía en el cuello. - No lo se, todo estaba muy oscuro y no le vi la cara.- dijo asustada- solo se que el que me hizo esto estaba helado. - ¿ congelado en el mes de agosto?- pregunté extrañada. - si. - ¿y llevaba algo peculiar?- preguntó por fin Juan. - eh... llevaba una capucha, el color no lo se. Muchas gracias- contesté- si quieres te puedes quedar aquí esta noche. Yo voy a dar una vuelta - muchas gracias cuando llegué a la gran avenida sentí que alguien me seguía así que aceleré ,el paso, pero fue en vano, pues un hombre se abalanzó sobre mi. Desperté en una cuadra llena de caballos negros y en la puerta había un carruaje negro. En la puerta ponía “ te espero en la puerta principal a las 12 PM. E” la letra me sonaba mucho así que miré el reloj, marcaba las 11:55. Salí corriendo hasta la puerta principal y allí estaba la figura negra que nos había descrito la chica ayer. Cuando llegué hasta donde el estaba sentí su fría mano rozándome el cuello y cuando me giré para apartar su mano, pude ver que de su boca salían dos blancos y afilados colmillos. A lo lejos oí el aullido de los lobos así que asustada le mordí la mano y salí corriendo hacia el bosque. En medio de la huida tropecé y sentí un agudo dolor en el hombro, pero a causa del miedo seguí corriendo hasta llegar a la ciudad donde el que me veía, me miraba con cara rara. Al llegar a mi casa no encontré a nadie. Todo estaba revuelto. El vampiro se los debería de haber llevado. Esperé al vampiro horas hasta que por fin se presentó. No se me había cruzado por la cabeza preguntar que quería de mi solo le pregunté - dónde están mis amigos. - a punto de ser vampiros si no me dices lo que quiero. - y que quieres, yo no tengo nada. - si, tienes la sangre que me hará invencible. En ese momento la puerta se abrió de un golpe. Era Juan que de repente se abalanzó sobre el vampiro y lo mató. Nada mas clavarle el cuchillo se desvaneció y nunca mas supimos de el.


Bicicletas De Elena Descalzo Casado Tendría cuatro o cinco años. Era una mañana calurosa de primavera y lucía un sol radiante. El lugar elegido para intentarlo era el parque de la “Bombilla”. Era la última oportunidad para conseguirlo antes de abandonar. Ya lo había intentado antes con ayuda de mis padres, pero las caídas y las heridas en codos y rodillas reflejaban el fracaso de mis intentonas. Esta vez era la definitiva y contaba con un equipo completo: casco nuevo comprado para la ocasión, rodilleras, guantes especiales y lo más importante: una bicicleta. No era nueva, heredada de mis primos mayores como manifestaba el nombre escrito con letras mayúsculas en rotulador permanente en la barra de la bicicleta: DESCALZO. No había mucha gente en el parque aquella mañana, lo que me quitó un poco de presión. Ataviada con un equipo completo de deportista profesional, con pantalón corto y deportivas blancas, dispuse toda esa cantidad de artilugios propios de un ciclista profesional pero nuevos para mí. Ya no había vuelta atrás; me puse delante de la bicicleta y tomé aire. Pensé “si dos lo han conseguido antes que yo, yo también puedo”. Me subí a la bicicleta heredada, puse el pie derecho en el pedal y tomé impulso con el otro. La suerte estaba echada; tras la primera pedalada, vino otra. Detrás de mí, mi padre corriendo para que no me cayera y mi madre animándome a seguir dando pedaladas. La sensación de inestabilidad del principio se reflejaba en mi cara de miedo que quedó inmortalizada por mi madre con la cámara cara sacada para la ocasión. Pero cuando conseguí amansar aquel aparato de dos ruedas que vaciló no pocas veces a derecha e izquierda, la felicidad que me invadió en ese momento pocas veces más he conseguido experimentarla en estos pocos años. La felicidad que experimenté era a la vez de satisfacción, por haberlo conseguido tras muchas caídas, y de superación. Esa misma tarde, en el parque comencé a dar mis primeras vueltas a una pequeña plazoleta y a echar unas carreras con otros niños, que posiblemente estuviesen también disfrutando de sus primeras pedaladas. Tras el parque de la “Bombilla” llegaron retos un poco mayores como la “Casa de Campo” donde recuerdo ir con mi padre y mi hermano, yo con mi bicicleta nueva y mi hermano con la bicicleta DESCALZO. Hoy cuando paseo por el parque de la “Bombilla” y veo a los niños pequeños con bicicletas enormes intentando manejar esos aparatos, que les provocan más de un llanto, ante la atenta mirada de sus padres vuelve a mí una estampa similar en aquella mañana soleada y calurosa de primavera en la que recorrí los primeros metros de mi particular carrera

ciclista.


Salto hacia la felicidad de María Segovia González Me desperté, notaba un intenso sabor a resaca, me costó asimilar dónde me hallaba... Pero aquí mismo estoy, dando tumbos como la noche anterior. En ese parque en el que llevo los últimos diez años de mi vida, el parque al que tanto he odiado pero que he aprendido a querer. Diez años atrás yo vivía tranquilamente con mi mujer y mi hijo en un piso con vistas al río, a la Casa de Campo... cuando aquel día llegó. Salía de mi casa hacia el mercado y lo vi, vi a mi hijo tirado en la carretera, cubierto de sangre, ¿por qué?. Todavía tengo esa imagen grabada en la retina, la gente corriendo por la plaza de San Pol, ambulancias, sirenas, llantos, mis propios gritos de desesperación... No, otra vez ese recuerdo que me atormenta. Necesito olvidar. -Pedro, amigo, ¿te hace un trago?.Vamos a ver si conseguimos algo en Príncipe Pío. Pues dicho y hecho, nos pusimos en marcha. Pedro seguramente también tendrá tormentos que olvidar aunque nunca me he atrevido a hablar de sus miedos por temor a que vuelvan con demasiada fuerza, o quizá porque no quiero conocer su verdad. Yo tampoco soportaría compartir mis recuerdos. Es casi la hora de la comida y ¿qué mejor sitio donde almorzar en Madrid, con fama por su pollo asado, que Casa Mingo?. Además siempre nos reciben con los brazos abiertos, los cubos de basura suelen estar a rebosar de comida y no demasiado podrida... Me acuerdo cuando el padre de Dolores nos invitó un día allí a comer, cuando yo estaba sentado en una de esas mesas con mi sidra. Y ahora ¿qué?, suplicando por un trozo de carne que quede pegado en uno de estos rancios huesos. Pensar en estas cosas me produce dolor de cabeza, desprecio hacia mí mismo. Voy a por más tranquilidad para mi garganta y mi mente. Pedro y yo nos dirigimos cruzando la pasarela de la M-30, viendo de lejos la catedral de La Almudena, a La Casa de Campo, donde solemos ir para reposar la comida antes de ir a hacer cola al albergue del Paseo del Rey. Hoy no es nuestro día de suerte la policía está muy pesada los domingos. ¡Como si alguna vez nos hubiéramos metido en problemas serios!. ¡Que no somos de los que montan escándalo ni atosigan a jovencitas, solo queremos descansar! De vuelta al barrio recordaba aquellos domingos paseando en bici por caminos llenos de árboles. Cómo corríamos, jugábamos, reíamos. Dos lagrimones se resbalaban por mi sucia mejilla, haciendo un surco blanco en mi negra tez. Desde la pasarela se ve mi casa iluminada por esa luz clara de primavera, como si esa claridad pudiese cambiar las cosas, es casi como si pudiera ver mi antigua felicidad que no supe que tenía hasta que la perdí y siento un impulso de saltar hacia la nada para atraparla. Oigo a Pedro chillar... pero no me importan los gritos, quiero morir feliz, bueno, recordando mi felicidad, sin transformar en algo doloroso, en algo por lo que día tras día no quería vivir.


MI LUGAR DE RETIRO Por Ainoa Sánchez Duel

Sentada en un banco paso las horas de mi tiempo libre y hoy como todos los días estoy aquí, en la ribera del Manzanares, viendo la gente pasar, oyendo el ladrido de los perros, leyendo un fragmento de uno de los muchos libros que encuentro por mi casa, o simplemente admirando la ternura con la cual las madres acercan a sus hijos hasta el parque; cuando alguien me llama la atención. Es un hombre de aspecto muy desmejorado, tiene barba de tres días, su ropa está sucia y tiene el pelo alborotado. Ahora mismo mantiene, muy animadamente, una conversación con otro viandante. Se acerca a mí, se sienta en el banco, justo a mi derecha. De repente un suspiro sale de su boca… está muy triste. Voy a ver que le pasa; puede, que incluso, me vaya al trabajo con otro amigo. Le hice un breve interrogatorio al cual contesto sin poner pega alguna. Se llama Andrés, tiene cuarenta y tres años y se acaba de divorciar ¡Qué lástima! Es comprensible su estado de ánimo, dado que, según me ha contado, se ha quedado sin trabajo tras este duro golpe. Y si además tenemos en cuenta que sus hijas viven fuera de la ciudad… No me imagino una vida así, tan solo, sin nadie con quien compartir los pensamientos ni las ideas. Es tarde, debo irme. Se despide muy amablemente y allí se queda, sentado en mi banco del río, cabizbajo, pensativo, desolado… Me voy alejando y recuerdo su mirada, sus ojos, negros, negros como el carbón, pero infinitamente preciosos. Siempre me han gustado los colores claros pero he de reconocerlo, esta vez la excepción a obtenido mejores resultados. Por fin llego a la oficina. Esto de los autobuses cada día va peor, a la vuelta voy en metro. Odio este tráfico; el centro está fatal. Todo esto pasa por mi cabeza mientras subo las escaleras que se dirigen a mi despacho, me cruzo con los compañeros y no me saludan, si fueran como Andrés cuanto ganaría la sociedad. No puedo dejar de pensar en él, es tan… especial. Siempre he ido allí, al río, mi Manzanares, mi lugar de retiro, mi calma, mi serenidad...Y nunca había conocido a alguien como él ni había vivido tal experiencia. Creo que me acercare al río en la hora de la comida, ya que tengo tiempo de sobra y estoy muy interesada en la conversación que el pobre me ofrece. Con diez minutos que charlamos hace unas horas tuve bastante entretenimiento para toda la mañana y la verdad, aún sigo meditando sobre qué hacemos aquí, qué es de la vida, y porqué pasan estas cosas… Nunca había sentido esta sensación, es algo raro, pero me gusta. Son las dos y media, tengo hambre; estoy en el metro, sentada junto a una señora muy pintoresca. Me mira de una forma extraña, aunque no sé cual es la razón de ello. La verdad no es la más adecuada para hacer tal cosa, porque las pintas que lleva la pobre mujer son un tanto peculiares. Andrés, Andrés, Andrés… sólo pienso en él, ¿cómo estará?, ¿seguirá en mi banco?, ¿será feliz?... ¡qué tonterías digo! ¿Feliz? Con todo lo que le ha pasado… lo dudo. Sigo sumida en mis pensamientos cuando me doy cuenta que me he pasado de parada, tendré que andar un rato. Este era mi barrio y por eso sigo viniendo de vez en cuando a ver que tal va; ya que con esto del trabajo no tuve opción y me mudé. No viene al caso pero todos los detalles son importantes, por lo menos para mí. Veo una figura en el banco, será él. Parecía esperarme, puesto que, cuando me senté a su lado no pareció inquietarse. Tras unas cuantas preguntas y unos pequeños mordiscos de mi almuerzo empezamos a entablar conversación. Cada minuto que paso con él me hago más sabia, me habla de tantas cosas… Pero he de volver al trabajo, esto me fastidia, parece que por una vez es un poco más feliz. Mi sonrisa ilumina su cara, de forma que sus ojos negros adoptan un brillo inusual.


UN DIA NORMAL De José Javier García Martín Hoy es un día normal, el río baja lento, la mañana un poco más calida pues se acerca el verano. Yo duermo en mi colchón bajo el puente, como cualquier amanecer, pero hoy me siento capaz de cambiar mi vida. Me levanto rápido y me dirijo al parque, hacia la fuente en la que todas las mañanas me lavo la cara. De repente empiezo a notar un hedor fétido en el ambiente, ¿es mi ropa? me pregunto a mí mismo. Desgraciadamente, sí. Llevo sin ducharme 15 días (desde que me caí al río), pero creo que voy a intentar buscar trabajo, así que tendré que lavar la ropa… Me desnudo poco a poco hasta quedarme desnudo ¡qué frío hace!, da igual. Empiezo a frotar la ropa y de repente veo acercarse a un grupo de personas. Parece que vienen de fiesta. De repente uno alto, se acerca y me golpea. -¡¿Qué haces?!- pero se está yendo el muy… y me deja aquí tirado con la boca ensangrentada, mientras se ríe con sus amigos. Esperé mucho tiempo hasta que se secó la ropa, me la puse y partí hacia la obra más cercana. Una vez allí pregunté que si había trabajo para mí, pero me lo denegaron porque me habían visto borracho por la zona. Ahora voy andando por la ribera con dirección al bar de al lado de los “20 duros”, pero cuando llego me vuelven a rechazar alegando que soy un peligro y me preguntan que si voy ebrio. Sigo caminando hacia el parque de detrás del DIA. Allí están mis compañeros de aventuras, con un litro en la mano, matando las horas como de costumbre. Me llaman pero no voy. No quiero caer en la rutina del alcohol y la mendicidad. Oye se me ocurre una cosa: ¿y si voy a pedir trabajo al Telepizza? Me dirijo al paseo de Extremadura y al llegar me dicen “tienes que echar un currículo” -¿Un queeeé?-dije sorprendido. -Un currículum con tu experiencia laboral-me dijo el chico alto del piercing en la oreja. Pasé de él y al salir me colé en la camioneta rumbo a Príncipe Pío. Ya allí estoy paseando un rato por el centro comercial. Paso por delante del Bershka y recuerdo un pequeño encargo. Entro y veo mi objetivo, una chaqueta rosa con un bonito estampado la cojo y voy al probador donde le quito la etiqueta y me la pongo de ropa interior. Salgo y de repente pipipipipipi. -Mierda, ha pitadoAhora estoy corriendo a tope con dos guardias detrás, no puedo más pero sigo corriendo por miedo a la paliza que me puedan dar. Al final salgo fuera y me escondo en una tienda coreana. Salgo poco a poco y me dirijo a la Bombilla de nuevo. A medida que bajo veo familias felices, gente con trabajo y un futuro prometedor, pero yo ¿quién soy? ¿Sabrán algo mis padres de mí? Sinceramente espero que no lo sepan porque no es justo que a su esfuerzo por educarme haya respondido de esta forma tan ruin. Tengo mucha hambre, la verdad, por eso voy camino de “La vaca Argentina”. Allí las sobras del cubo están muy bien y a falta de pan tortas son buenas. Ya es de noche, así que voy hacia el puente a medida que pienso: ¿Por qué esta sociedad es incapaz de ayudar a alguien a empezar una nueva vida, a impulsarle para que den un salto que permita que mucha gente del mundo marginal, como yo, hacer una vida normal como la de la mayoría de los españoles? La verdad, no lo sé. Me acuesto, estoy seguro de que mañana sí será UN DÍA NORMAL


Una chica del s. XXI De Andrés López

La noche se cernía sobre el barrio. La chica caminaba a solas, al pasar por la calle de la iglesia recordaba con nostalgia aquellos días en que vestía zapatos de charol, vestido nacarado y ese lazo tan infantil, y ahora se miraba y veía a una cría de dieciséis con minifalda que apenas oculta y camiseta que resalta en exceso, esos tacones que daban ese dolor de espalda tan horrible y ese perfume tan barato que caracterizaba a todas las amiguitas de su grupo. La chica cruzo la calle, despavorida, huyendo no se sabe bien de que o de quien, nadie la perseguía. En dirección al DIA acelera aun mas el paso pues se ha tomado dos cervezas y si no se da prisa se lo hace sobre la marcha. La noche fue intensa, Jesús y ella no se habían privado se nada y temía que sus padres la descubriesen, no sabia muy bien como iban a hacerlo, pero temía a su madre pues ella tenia especial habilidad para estas cosas. Aun faltaban unos minutos para llegar a su portal, pero ya fue arreglándose para llegar lo mas decente posible. Pensó que era la primera vez que recorría aquella calle, nunca se había fijado en los portales que había a la derecha y aquella cantidad de coches aparcados no le resultaba familiar. La suciedad del ambiente era más que notable, una capa de polvo y mugre cubría la acera y se olía la notable contaminación y ese olor tan familiar que inundaba todo el barrio. Doblo la esquina de la torre de los ‘parques’ en dirección a los túneles. Su mareo era cada vez más llevadero aunque la incomodaba ese olor a tabaco que tenía su ropa y que sin duda su madre detectaría a pesar de la ingente cantidad de colonia que llevaba encima. La iluminación de Comandante Fortea era escasa pero la vista alcanzaba hasta bastante lejos, mas allá de la parada del autobús, dos hombres con pintas de no haberse duchado en varios días la miraban desde la otra acera. Decidió pasar y apretar más el paso si cabía. Tuvo que aguantar toda clase de improperios de aquellos dos desgraciados y pensó que habría sido buena idea que Pedro la hubiera acompañado. Sacó las llaves llegando al portal (el último del edificio llamado el “látigo”), la nueva alfombra de goma que habían puesto era antideslizante pero tenía barro y decidió no pisarla más que una vez. Una vez dentro del portal, aquel frío invernal que la había azotado durante todo el camino cesó por fin. Se quitó los zapatos, pues ya no podía aguantar más aquellos tacones y se dispuso a subir los tres pisos que le faltaban para sufrir la reprimenda de su querida madre. Sin el viento que corría en la calle, el olor a tabaco se acentuó tanto que ya perdió toda esperanza de escabullirse. Subió los escalones de dos en dos y abrió la puerta con la minúscula llave. Entró corriendo y sin saludar llegó hasta su cuarto, no sin antes haber arrollado a su hermano en el pasillo. Cerró con un suave toque la puerta y se derrumbó sobre el puf que había en el suelo.


Un día muy especial De Javier Gómez Rodriguez Hoy es un día más en la vida de Pedro López, aunque no uno cualquiera; está a punto de despertarse, le espera un día muy ajetreado, son las siete de la mañana y el despertador comienza a sonar. Pedro, como todas las mañanas, mueve rápidamente su mano y golpea fuertemente el dichoso aparato, con cara de pocos amigos, Pedro se estira lentamente aprovechando los últimos minutos de descanso. Acto seguido, se levanta y va hacia la ducha, toma una ducha caliente, se seca, se viste, desayuna, se lava los dientes y sale por la puerta de su casa con intensa velocidad. Hoy es un día muy especial para Pedro, se realiza el primer festival del año en el barrio y este año Pedro será el coordinador general, con todo lo que eso conlleva. Pedro dobla la esquina de su bloque, llega al puente y allí le espera su amigo Felipe, tal y como habían acordado el día anterior. Juntos continúan hacia el parque, pasan por el colegio, recogen el material que les habían encargado y llegan al templete, lugar donde todos han quedado y donde tendrá lugar el festival. Una hora más tarde se despierta Luis, son las nueve de la mañana y hoy es domingo, como todos los domingos, la tele le espera en el salón, pero hoy es diferente, hoy papá y mamá no están durmiendo como de costumbre; es más, hoy se han levantado antes que Luis porque hay que desayunar rápido, que hay fiesta en el parque. Pero a Luis se le ha olvidado y no se acuerda hasta que mamá grita con mucha gana: “¡Luis, levanta, que hoy es la fiesta en el parque para los niños, ¿no te acuerdas?!” En ese momento Luis sale corriendo, se quita el pijama, se lava la cara dejando caer unas pocas gotas de agua en su rostro de niño de nueve años y se viste a la velocidad del rayo. Aparece mamá en ese momento, le peina la melena rubia y le coloca los pantalones. Cinco minutos después ya han desayunado todos y salen orgullosos por la puerta del portal. Recorren todo el pasillo verde y mientras dura el trayecto, Luis tira fuertemente de la mano de papá que empieza a quejarse, pero en ese momento han llegado al templete de la Bombilla; allí está todo el mundo, incluido el hombre alto y canoso que es tan majo con Luis, el señor Pedro. Ya están instalados todos los juegos para los niños: el castillo hinchable, el taller de caretas, el rincón del dibujo y muchos otros. Pedro se siente orgulloso con la labor que ha hecho; para ser su primer año de coordinador todo ha salido a pedir de boca y eso se nota en su actitud, muestra en su rostro una sonrisa de oreja a oreja. Luis por su parte, disfruta del magnífico día que está pasando con sus padres, se ha olvidado de su serie animada favorita y por un día está disfrutando sin tele. Mientras tanto, muchos más niños llegan al parque para disfrutar como Luis está haciendo. Son las ocho de la tarde, Pedro y sus vecinos están limpiando y recogiendo los restos del festival, Luis y sus padres ya han vuelto a casa. Pedro tira los últimos papeles a la basura, se despide de todos y se dirige a su casa con la conciencia tranquila, ha sido un magnífico coordinador, todos han disfrutado y él ha quedado satisfecho con su colaboración. Los últimos rayos del Sol alumbran la calle y al final de la avenida se ve la sombra de un hombre orgulloso.


Tras los estudios, fiesta De Jorge Bardají Paredes Troy Cream era un chaval de Madrid, tenía 15 años y vivía en la Ribera del Manzana-res. Estudiaba en el instituto “Ortega y Gasset”, en el curso de 4º. Él era como cualquier otro niño, le gustaba jugar, salir con sus amigos, hacer sus dibuji-llos en la vía pública, hacer sus botellones, las gamberradas..... pero no le gustaba el instituto, estudiar, los deberes que tenía, aunque si lo hacía para tener unos estudios y poder trabajar de mayor. La historia comienza al acabar el curso de 4º, que Troy ha aprobado y está ya de vaca-ciones. Sus amigos Idem, Micu, Charlie, Mark, Drews y muchos más, también han aprobado todo. Según les dan las notas, pasan por casa y se las dan a los padres, y quedan todos en casa de Charlie para ir a la piscina a comer y a pasar el día como re-compensa por haber aprobado todo. Están en la entrada a punto de ir a la taquilla a pa-gar pero dice Idem: “¿Porque no nos colamos y así nos sale gratis y después nos com-pramos algo en el “Cho”?”, y todos dicen que sí. Van por la parte de atrás y se cuelan por un agujero del suelo bajo la verja sin que les vea nadie. El día transcurre normal, comen, se bañan, se echan unas cartas...Pero ven que vienen unos empleados de seguridad con uno de mantenimiento, que les señala. Los amigos no se esperan a ver qué pasa, cogen las toallas y salen corriendo por detrás de las pistas de tenis que hay junto a la piscina, y se cuelan por el hueco de la verja y se van sin que les vean. Están todos fuera y ven pasar un tren junto a ellos, por las vías que hay al lado de la piscina y que van por la Casa de Campo y dice Drews: “Vamos a seguir las vías y así damos esquinazo a la policía, si la han llamado”, y a todos les pareció buena idea y fueron por las vías hasta el parque, una vez allí estuvieron un rato y después se fueron a casa, un poco cansados por la aventura. A la semana siguiente Troy, Idem y Micu quedaron para ir al matadero de Villaviciosa, y hacer unos graffitis. Drews dijo que también quería ir y se unió a ellos. Salieron a las 11:00 de la mañana, con su bocatas, sus refrescos y las latas de pintura, llegaron allí a las 11:50; al llegar todo parecía normal, buscaron una pared adecuada para ellos, y se pusieron a pintar. Llevaban ya unos 15 minutos pintando cuando oyeron llegar unas furgonetas, se asus-taron muchos y pensaron que era la policía. Rápidamente fueron a asomase a una ven-tana para ver quién era, qué alegría se llevaron cuando vieron que eran unos hom-bres que buscaban chatarra. Aunque no fuesen polis, no se fiaban, tenían que tener cuidado. Les evitaron en todo momento, pero al final los vieron y estuvieron asustados y con miedo por si les hacían algo, pero al momento les dijo uno de ellos: “Hola, chava-les, ¿haciendo unas pintadas?”, entonces ya sonreímos y les saludamos. Al cabo de un rato ya empezamos a hablar, les ayudamos a cargar una tubería, y a las 7:00 nos dijeron: “¿Queréis que os llevemos a vuestra casa?”, lo estuvimos un rato pensando y les dijimos que sí, con un poco de miedo. A las 7:15 estábamos en nuestro barrio, contentos de haber hecho nuestros mural, y también por haber hecho unos amigos. Cuando se lo contamos a nuestros amigos, no se lo creían, y pensaban que estábamos locos. A los tres días más o menos nos fuimos todos a la playa con nuestras respectivas fami-lias. En la playa las gamberradas se pararon un poco, pero cuando volvimos todos de la playa prosiguieron con macro fiestas, salidas de fiesta durante toda la noche, infiltraciones en las cocheras de P.pío, etc.


LA VIDA SIN TI. de Susana Vega Arcos Había una ves una chica que vivía muy feliz lo tenia todo nada le faltaba el padre al tanto con su madre trabajaban todo el tiempo el padre tenia una fabrica en la que tenia bastantes trabajadores la chica estudiaba casi no llegaba a su casa porque la mayor parte del tiempo la pasaba con sus amigas o con su novio pero en el instituto le iba muy mal porque solo pasaba con sus amigas un día le va a visitar a su padre le cuenta que corto con su novio el padre le dice que ahí muchos chicos no es el único y sale a mirar la fabrica de su padre y conoce a un chico y le pregunta como se llama y se conocen y después de un tiempo le llama a su móvil y quedan en salir se conocen pero ella es muy pija y siempre le dice que ella tiene mas cosas y el le dice y tu eres feliz siendo como eres y ella lo dice la verdad no porque la verdad solo me la paso en la calle aunque tenga todo en mi familia solo trabajan y nunca tienen tiempo para sus hijas y la Patricia le dice la verdad que tu pareces mas feliz que yo le dice a Marcos la verdad igual en mi familia si estoy muy bien convivo muy bien con todos y mejor cambiemos de tema le dice Marcos y le pegunta tienes novio ella dice no yo no tengo hace muy poco tiempo corte con uno porque ya me canse de el y tu lo tienes yo no dice Marcos porque parar tener novia ahí que tener tiempo y la verdad que a mi me falta tiempo con el trabajo y estudiar aaa esta muy bien tu vida si pero el ser pobre no me avergüenza de nada le dice Marcos Patricia dice no eso yo no digo nada a contrario eso esta muy bien y ya me tengo que ir porque mis padres ya deben a ver llegado bueno te voy a dejar en tu casa cuando ya llegaron a su casa sale su padre y le regaña a su hija y ella se entro a su casa el padre quedo hablando con Patricio y le dice Sr. No le paso nada a su hija esta muy bien el padre le dice no quiero verle junto a mí hija Patricio le dice así será no se preocupe pasaron los días ella le llamaba casi siempre a su casa Después de un tiempo vuelven a salir otra vez salen muy lejos y en ese momento el le dice a ella que si quiere ser su novia ella le dice que si ya era muy tarde le fue a dejar a su casa su padre enfadado les regaña a los dos y ya eso paso al siguiente día el padre le dice que cuanto dinero quiere para que deje a su hija Patricio le dice mil euros vale su hija el no acepto nada el padre dijo si no aceptas te vas del trabajo el dijo me voy pero no acepto dejar a su hija después pasaba el tiempo el padre no la dejaba salir a su hija a ala calle Patricio llamo a su casa ella le contó que su padre no le dejaba salir aa vale yo voy a arreglar esto el padre le deja salir porque ella le dijo que tenia que hacer trabajos del instituto ella sale de su casa para verle al chico salen y ella se fueron a una fiesta bailaban y bailaban después bebieron y el Patricio le dice que la quiere con todo su corazón y paso el tiempo se fueron en el coche el estaba muy mal y cogió la chica el coche y estuvieron manejando el coche la chica se durmió al estar conduciendo y sufrieron un accidente en el que su novio murió y ella se encontraba muy mal en el hospital la policía estaba investigando el caso la chica salio del hospital y se la llevaron la policía y paso mucho tiempo en la cárcel por conducir en estado de ebriedad ella estaba muy enamorada de el pasaba todo en tiempo pensando en el después de unos años salio de la cárcel y volvió a ver a toda su familia la familia le apoyo en todo comenzó su nueva vida luchando por todo.


Llueve en Madrid De Tomás García Gaitán Llovía en Madrid, vaya si llovía; en las calles se formaban riachuelos y en las alcantarillas auténticas lagunas. El muchacho corría, había vuelto a olvidar su paraguas y sentía cada una de las gotas congeladas que le caían sobre la cara. Venía pensando en sus pobres libros y cuadernos que llevaba en la mochila y que posiblemente se estaban mojando. Pasó corriendo junto al centro de mayores, cruzó al otro lado de la calle y observó el río unos instantes, las gotas caían en el agua con furia y hasta los patos se habían refugiado de este chaparrón. Decidió continuar su carrera, cada segundo perdido significaba una nueva posible gota en sus cuadernos. Llegó al segundo puente y lo atravesó con rapidez, era el lugar donde más viento hacía y por tanto donde más te calabas. Ya en el otro lado redujo su carrera, estaba empezando a sentir el cansancio en sus piernas y le estaban empezando a doler, se volvió a preguntar por qué rayos no había cogido su paraguas. Llegó por fin a las escaleras y las subió con la mayor velocidad posible, lo que le causó que arriba tuviese que pararse a descansar un instante. Observó la calle estaba desierta, ni un solo humano o coche ni siquiera el colegio de enfrente tenía vida, Madrid se había convertido en una ciudad fantasma en unos segundos. Continúo corriendo, más despacio que antes, ya que aún le quedaba un poco del viaje y no quería cansarse del todo. Llegó a la glorieta, en ella solo había una persona, mejor dicho una estatua, Goya, que parecía resistir la lluvia en su sillón para así poder observar su creación, la Ermita de San Antonio que se encontraba enfrente suya, y vigilar la que no sufriese ningún daño. El muchacho cambió de acera sin pensar en los coches, ya que no había ninguno, y pasó junto a Mingo, que según parecía había cerrado precipitadamente, servilletas en el suelo, algún que otro tenedor, que esperaban a ser recogidos. De repente se encontró con un gran problema, en la esquina se había formado un gran charco de proporciones descomunales, y presentaba un gran dilema, ¿qué hacer? En el primer momento se le ocurrió atravesarlo, pero se lo pensó mejor y se dio cuenta de que ni con bastante carrerilla conseguiría atravesar semejante superficie, así que tuvo que continuar en busca de un lugar mejor. Lo encontró un poco más allá; en ese punto el riachuelo se encogía un poco y era posible atravesarlo, se preparó para el salto y saltó, en el momento que toco el suelo lo sintió, había calculado mal, notó cada una de las gotitas que entraron en su zapatilla y que mojaron su calcetín. Continuó su trayecto, ahora un poco más lento, ya que cada vez que apoyaba el pie sentía el frío, y además, como si la zapatilla se lo quisiese recordar, un pequeño “Chuic” acompañaba su paso. Al mirar hacía delante sintió algo de alegría, que inmediatamente fue disipada por el frío que sentía en el pie, al fondo se veía su casa. Decidió que cuanto antes llegase sería mejor ya que se acabaría ese sufrimiento, y echó una última carrera con sus últimas fuerzas. Y lo consiguió, por fin llego a su piso, montó en el ascensor y entró en su casa. Nada más llegar, su madre le echó la bronca acerca de que por qué no se había llevado el paraguas y el muchacho pensó “encima”. Fue a su cuarto a desvestirse y se quedó asombrado al ver que acababa de dejar de llover de repente y se quedó unos segundos observando la salida del sol de entre las nubes y la aparición de un gran arco iris al fondo que unía la montaña de Príncipe Pío con La Casa de Campo, “Mi pequeña aventura ha merecido la pena”, pensó.


El río de los misterios De Juan Sebastián Padilla Chavez Era un día de verano en la rivera del Manzanares, en donde siempre nos reuníamos cinco amigos.Nos dieron las ocho de la noche y la oscuridad empezó a hacer su aparición; regresamos a casa y escuchamos un ruido, nos acercamos a mirar pero no se veía nada.Una persona se acercó y desapareció sin que pudiésemos hacer algo para evitarlo. Nos quedamos muy sorprendidos y asustados con aquel fenómeno. Salimos corriendo de aquel lugar, cada uno hacia sus casas.Al día siguiente volvimos a aquel lugar y decidimos investigar lo que había pasado; cogimos una rama de un árbol que estaba por ahí y empezamos a sumergirla, pero no pasaba nada; así que dejamos aquello y nos fuimos. Ese mismo día yo le conté a mi madre lo que había pasado hacía una noche y ella me contó con mucha seriedad y cierto miedo que se reflejaba en sus ojos una historia que había pasado hace mucho tiempo en el río. Aquella historia trataba de unos jóvenes que habían desaparecido en el río una noche como la que vivimos nosotros.Ya por la tarde yo les conté a mis amigos lo que me contó mi madre y se quedaron muy intrigados, así que nos armamos todos de valor y ese mismo día fuimos al mismo lugar de la desaparición; entre todos cojimos una balsa que había en la orilla y nos adentramos en el río; una vez llegados a aquel misterioso lugar, todos decidimos meternos en el agua.En cuanto nos metimos en el agua, vimos a lo lejos una luz que cada vez que nos acercábamos se hacía más grande; fuimos con cuidado poco a poco y cuando estábamos ya muy cerca, una corriente de agua fría empezó a recorrer todo mi cuerpo;salimos del agua con, un escalofrío impropio en nosotros.Entre todos decidimos tirar unas piedras al río para tapar aquel lugar para que ninguna otra persona volviese a acercarse allí y no volviese a pasar lo que aquella noche fatídica nos ocurrió a mis amigos y a mí.En aquel lugar nunca más volvieron a suceder fenómenos extraños y al cabo de unos años todo aquello que había pasado quedo atrás y continuamos con nuestro vida, pero nunca pudimos olvidarlo.Desde aquel día todos los que estuvimos aquella noche en ese sitio nos reunimos todos los años en el mismo lugar para recordar aquella historia y en ocasiones pensamos que tal vez si hubiéramos hecho algo aquella persona se hubiese salvado y no habría desaparecido.Pero si aquel suceso no hubiera ocurrido, ahora mismo aquellos amigos no seguiríamos viéndonos, ya que eso nos unió más aún.En ese momento me desperté y me di cuenta de que todo había sido un sueño y me alegré mucho porque aquella persona no había desaparecido y que en el río no había pasado nada, pero a la vez me alegré ya que en aquel sueño también supe que los amigos de verdad nunca se pierden, por mucho tiempo que pase nunca los pierdes.Desde aquel sueño procuré que cada lugar del río, del parque, del barrio en general hay que disfrutarlo en general pero siempre sabiendo un poco de historia de aquel lugar donde me encontraba.


NO PUEDE SER de Teresa Segovia Bardají Laura vivía con sus padres y su perro en el barrio. Tenía 14 años, vivía cerca del río y a ella le gustaba ir a ver a los peces después de ir al colegio. Un día que iba con Tom, su perro, se encontró con un encapuchado tirando un líquido al río, entonces el hombre se dirigió a ella después de tirar el bote al río: “Hola, me parece que te interesa lo que hago, si quieres puedes venir conmigo a mi casa a … observarme dijo el hombre entre terroríficas risas –y si tu perro también quiere, él también puede” . “No puede ser – dijo tranquilamente Laura – Ni yo ni Tom podemos. No puede ser”, “¿Quién es Tom? Y ¿cómo que no puede ser?”, para entonces Laura ya se había ido. Al llegar a casa se lo contó a su madre, y ella esa noche no pegó ojo, “Esa voz … y lo que estaba echando”. Al día siguiente volvió a ver al encapuchado pero esta vez con un clon de él, los dos echando ese líquido. Y así hasta que llegaron a diez, Laura les preguntó cómo se llamaban y con la misma voz a la vez dijeron: “Soy Jack”, y le preguntó qué echaban al río y a los Jacks se les puso la cara roja y embrutecían cada vez más, y Laura se asustó tanto que se fue corriendo asustada, y cada día se preguntaba “¿Qué echarían al río”. Al día siguiente vio un clon más y todos ellos le miraron mal y Laura miró al río ¡¡estaba negro!! y se veían los peces muertos e intoxicados. Al día siguiente fue a la Casa de Campo y allí había un Jack que le miró y parecía un muerto. Ella se asustó, y se fue por los hotelitos, y ¡también había uno allí! No sabía qué hacer, así que, ya que había salido un buen rato ya, se fue a su casa. Llegó un día importante para Laura: EL EXAMEN DE SOCIALES, y todos los Jacks estaban pegados en las ventanas y Laura no podía más. Pegó un chillido y se fue al baño, los Jacks entraban por todas partes hasta que llegó el verdadero y le dijo: “esto es lo que pasa por…” “¿Por qué? – gritó Laura – ¡Qué he hecho yo! ¡NO PUEDE SER!”, “Por esa frase, no puede ser, y porque a ti no te interesa lo que echemos al río, era un producto tóxico, y ya no puedes hacer nada – dijo Jack – aunque sí que puedes … ¡VENIR!”, “¡NOOO! Emmm, ¡no puede ser!” y Laura se fue. A lo largo del tiempo se le presentaron más Jacks, hasta el día de su muerte, que empezaron a seguir a su hija Claudia desde un Jack…


de Tayron Joao Martínez Solorzano

Va de unos chicos de Ecuador en la que sus país ahí una guerra entre guerrilleros de la nación de Colombia y entre el ejercito en el que se encuentra nuestros protagonistas dos ecuatorianos que son hermanos y un amigo español que les ayuda en la guerra contra los guerrilleros de Colombia. La guerra ya había empezado y el ejército ecuatoriano ya estaba perdiendo contra el ejército de la guerrillera Colombiana. Así que el ejército ecuatoriano tubo que recurrir a sus mejores armas los dos hermanos y su amigo español que lo conocieron en una guerra contra Rusia. Y estos hermanos y su amigo aceptaron luchar contra la guerrillera Colombina. Nuestros héroes se llamaban: uno de los hermanos el mejor soldado Tayron Joao (también conocido como guerreo invencible), el otro hermano se llamaba José Emmanuel y por ultimo no menos importante Antonio el español.. La lucha era interminable asta que por fin nuestros héroes decidieron ponerse en marcha. Primero en pesaron con un simple ataque de advertencia al jefe de la guerrillera. Pero esto en furioso mucha a la guerrilla Colombiana, y para vengarse de nuestros amigos secuestraron al presidente de Ecuador. Nuestros héroes se dieron cuenta de que los guerrilleros tenían mucho valor. Así que por eso decidieron que ya era hora de ponerse en serio, cada uno de nuestros guerreros decidió coger un pelotón cada uno de nuestros de guerreros. Decidieron hacer ataque directo a la guerrillera Colombiana pero estos supieron defenderse muy bien. Nuestros héroes se comunicaron por radio y decidieron reunirse en la entrada de la base militar de la guerrillera Colombiana, nuestros héroes decidieron poner una bomba en la entrada para que pueda pasar el ejército ecuatoriano y eliminar gran número de lo guerrillera Colombiana. Nuestros amigos fueron directo al jefe de la guerrillera Colombiana pero ay se encontraron a un buen enemigo. El guerrero invencible decidió que darse a luchar con el enemigo mientras su hermano y Antonio el español iban a rescatar a el presidente ecuatoriano. Nuestro guerrero lucho a muerte al principio nuestros guerrero iba perdiendo pero de repente nuestro guerrero vio como su enemigo sacaba una navaja para rematar a nuestro héroe pero nuestro amigo se dio cuenta y le quito la navaja y lo mato. Después alcanzo a su hermano y a su amigo y mataron a unos cuanto enemigos después mataron al jefe de la guerrillera y rescataron al presidente y le dieron unas medalla de honor.


Por Efrén Vega Villarrubia En un colegio de Madrid, había un grupo de chavales a los que muchos de los profesores les gustaba fastidiarles o por lo menos eso es lo que creían ellos. Eran principalmente: Mateo, Miguel, Luis, Alberto y Jaime, estos chavales fumaban diariamente bastante costo excepto Jaime que era un chico bastante sano. Este chico era el que mejor notas sacaba, no solía suspender ninguna asignatura, hasta el momento en que se junto con ellos. Este grupo de chavales estaban en un club en el barrio de arriba e iban con ellos casi todos los fines de semana. Solían beber alcohol los Viernes y Sábados y se pillaban unas borracheras que madre mía!, aunque casi nunca les pillan. En el colegio estaban preocupados por ellos porque eran unos auténticos mini delincuentes o eso decían los profesores de aquel instituto. Aquellos chicos no eran tontos, tenían bastante inteligencia aunque la desaprovechaban bebiendo y fumando costo. La asociación de padres y alumnos se temían que los chavales de este centro pasasen costo a otros chavales mas pequeños, ellos siempre que iban a hablar con los tutores, director o jefe de estudios desmentían aquello, y como los profesores eran tan desconfiados se metían en el baño cada 10 minutos pero nunca les veían dejaron de pensar que pasaban estas sustancias hasta que un buen día por a la hora de comer les pillaron en el parque con las manos en la masa, era la primera vez dijo uno de ellos pro no pudieron evitar que llamaran a los padres de todos los miembros del grupo. Vinieron los padres de uno en uno, y fueron contándoselo. A estos chicos les esperaba una buena bronca en casa, pero sus padres solo le dijeron algo a uno de ellos, que mala suerte tuvo Jaime, sí fue a él el chico mas sano del grupo. Al día siguiente esta pandilla habló de lo ocurrido pero les daba igual, ellos seguían fumando esas sustancias cerca de aquel colegio en medio de Madrid. Aquel día después del recreo exactamente a las 11:40 sacaron de clase al grupo y les dijeron que solo le contaron eso a la madre de Jaime, Carmen la directora del centro les dijo que eran unos auténticos delincuentes, pero eran chicos normales a los que les gustaba la fiesta y beber y fumar, ella les dijo esto porque se entero que el día anterior a la salida del colegio esperaron a un chico, que no era del grupo para darle una auténtica paliza, o eso por lo menos es lo que contó el chico. Ese chico tenía muchos problemas en el colegio con ellos y con otros chicos más pequeños que de vez en cuando se juntaban con ellos, a los que el grupo de chicos problemáticos llamaban sus Drugos. La panda esta le contó a Doña Carmen lo que ocurrió verdaderamente, que fue José, el chico con el que paso todo, el que intento pegar a uno de sus Drugos, al más pequeño de todos tan solo tenía 13 años, Charlitos le llamaban. Ella no pudo creer todo eso aunque era verdad, les dijo que no les creía porque le negaron que fumaban y les pillaron al día siguiente. Volvieron a llamar a los padres y les contaron lo del costo y lo del chico y encima como decían ellos les echaron 1 mes y a Jaime solo una semana, ellos lo comprendían pero se quejaban. Un mes después al volver a clase todo parecía haber cambiado pero a la semana volvieron a vacilar e ir de chulos por el patio del colegio, estos chicos nunca aprenderán lo valiosa que es la vida con 14 y 15 años se decían entre profesores. Al acabar el curso cambiaron de colegio a colegios diferentes. Cuándo los chicos cambiaron de colegio se distanciaron con el tiempo y empezaron a estudiar. Jaime se hecho novia y se centro en los estudios dejaron de beber poco a poco y cuando se hicieron mayores algunos de ellos hicieron una carrera, se encontraron todos en la UCM y se dieron cuenta de que si no hubiesen cambiado no tendrían la oportunidad de sacarse los estudios.


LA VERDADERA HISTORIA DE RAFAEL MARÍA FERNÁNDEZ Todo comenzó con la construcción de las cuatro torres. En su cumbre fue creado por su llamado “padre”.El era el jefe de la operación. Sus partes fueron creadas independientemente unas de otras. La cabeza en la torre de la Ribera, los brazos en la de San Pol, las piernas en la de los parques de los Ciriganillos y finalmente el tronco en la torre del instituto. Tan solo una chispa de electricidad dio movimiento a su frágil corazón. Todo esto ocurrió un 13 de abril, día lluvioso con tormenta. Su creador reunió fragmentos de cables de la ferretería de Comandante Fortea para el sistema circulatorio, trozos de pollo del mercado de San Pol para poder crear los músculos y finalmente papel de la papelería de la Florida para dar un tono claro a la piel del individuo. El resultado fue horroroso respecto a la belleza del sujeto. Su tez era más áspera que los balones de baloncesto del Cagigal y su piel tan mal construida como el suelo de la Estrella. Él siempre ha estado ahí, cuando Pío Baroja relataba anécdotas de nuestro barrio, él estaba mirando, siempre que salimos nos ve. Normalmente suele habitar debajo del puente Reina Victoria, siempre a escondidas, apenas se asoma, sólo en situaciones en que la curiosidad puede con él y se ve atraído por el calor de la masa, pero desaparece rápido por miedo al desprecio de ésta. Esta en continuo movimiento, pero es tan silencioso que resulta imposible escucharle. De color verdusco, debido a su desconocimiento de la limpieza. Añora la sociedad. Se mueve por la noche en busca de comida. Carece de conocimientos necesarios como leer y escribir por eso se extraña tanto cuando encuentra folletos de publicidad del nuevo Foster’s Hollywood construido recientemente en el centro comercial. Tiene un sentimiento melancólico, doloroso que le agobia, por eso cierto día, ya hace bastante tiempo, en su escondite se hecho a llorar sin parar; de repente, toda la energía con la que había sido creada se transformó. Pasó a un estado líquido. Todo el mundo le conoce pero nadie conoce su verdadera historia. Su sentimiento de marginación social fue lo que hoy en día conocemos como el río Manzanares.


CARTAS PERDIDAS. Madrid, a 15 de Marzo de 2008: Querida Marial ahora que se acerca tu cumpleaños, echo de menos tu presencia de compañera, esposa y amiga en primavera. Decirte, que marzo se la ha adelantado, trayéndola al barrio con su habitual y súbita explosión de florerillas blanca, rosas y amarillas, en los árboles y arbustos de sus innumerables jardines y las orillas del río Manzanares, con esa quietud que siempre relacionaste con los paisajes de pintores renacentistas; por donde tanto nos gustaba pasear. No sé si es que su suelo; acuérdate que lo adoquinaron; se está levantando o que cada día me cuesta más levantar los pies y los arrastro al ritmo del bastón que me regalaron nuestros hijos y, con él, evito caerme. Tu decías que parecía Freíd Astrid, y es que Madrid no supo quitarte esa fina guasa andaluza de tú Baeza, que me enamoro en el baile “La Florida”. Aquí mismo, en “ la Bombilla”. Ana, nuestra hija, a conseguido un piso en la calle santa Olalla por un Potosí; ya sabes como se han puesto los precios de los pisos en el barrio; y a su marido no terminan de hacerle fijo en la empresa. Les pedían dos avales. Ahora lo están amueblando. Es más grande y luminoso que el que tenían alquilado en “la ONU.” Si mujer, así llaman al 34 de Comandante Fortea. Poco a poco se van solucionando las cosas tal y como tú me recordabas cada vez que mi impaciencia me irritaba al “querer atar el mundo con una guita”, como me decías de novios y casados. Siempre. Paseo casi todos los días con Marga, nuestra nuera, y con Marta y Miguel, nuestros nietos, que me agotan corriendo por el parque que han hecho en los antiguos viveros, el de la “Bombilla”, o en la plazoleta de Felipe Moratilla, donde se revuelvan en la tierra jugando con otros niñas, dejándome agotado y feliz. Los días que hace frió me quedo en casa y si es fin de semana, son ellos los que vienen con Juan, nuestro hijo. Bien sabes tú el frió que hace en el barrio cuando le da por ahí, con la Casa de Campo a un lado, el parque del Oeste al otro y en medio el Manzanares. Recuerdo el frió que pasabas, y el día que llovió durante toda la noche y heló de madrugada, cubriéndose las calles con una pátina de hielo que hacia resbalar a la gente camino de la P-21, la camioneta, para ir al trabajo. Yo, con la excusa, me quede en casa; no te sonrojes; haciéndote el amor muy despacito. Era de recién casados. Ayer. Pronto estaré contigo y te contaré las cosas en persona y más tranquilamente. Viendo los gestos de la cara, las manos, los ojos, tu boca... y te haré el amor muy despacito, como recién casados, como si la calle estuviera eternamente helada yo faltara al trabajo. PDT: Miguel, nuestro nieto, ya se pone de píe intentando caminar, le están saliendo los dichosos dientes que le traen a morir. Marta es como su padre, se pasa las noches llorando y dando la lata; que tiene a sus padres con una ojeras... Bueno, un beso. Como veras, me sigue costando despedirme. *

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El oficial de correos de la oficina de la Avenida de Valladolid, retira; de entre los montones; un sobre sin remitente y sellos para Madrid. Rascándose con un dedo la cabeza, sopesa el sobre con la otra mano mirando, extrañado, la dirección escrita con pulcra caligrafía: Cementerio de la Almudena, nicho 1235, Maria Sánchez Almadraba, y lo deposito en el montón, aparte, de incidencias, donde todos los meses ponía una carta igual, preguntándose quien sería el remitente y porqué lo haría.


Una vida cualquiera De Alex Gabriel Santamaría Zambrano Era la vida de 1 chico que vivía en el barrio de casa de campo, toda su vida llevaba en ese barrio y su gran ilusión era que mañana por fin podía pasar del colegio al instituto. Su ilusión era tan grande y sus nervios tan intensos no le dejo dormir en toda la noche era tanta la emoción que no podía cerrar sus ojos estuvo toda la noche en vela… Pensó-como me puedo poner tan nervioso por entrar a clase no me e puesto tan nervioso ni cuando me iban a pegar – pero claro por mas que lo pensara no podía conciliar el sueño ya eran las 1 de la mañana y quería dormir algo, su miedo era luego en clase quedarse dormido. Concilio el sueño a eso de las 4:30 de la mañana. Al día siguiente se levanto a eso de las 7:30 se vistió y salio de casa tarde, fue a buscar a su amigo que al día posterior había quedado con el como de costumbre, su amigo como de costumbre siempre se quedaba dormido y siempre acababan discutiendo, después de una larga y larga discusión se fueron para el instituto o como dicen ellos “tuto”. ¡Por fin llegaron¡ la emoción le recorría todo el cuerpo, su corazón latía sin control pues la emoción que tenia la iba a recordar toda la vida es una sensación indescriptible, pero toda la emoción se le quito al ver que había llegado tarde a clase , pregunto en conserjería cual era su clase, le dijeron que ya había llegado tarde así que para saberlo tenia que hablar con la jefa de estudios, se le quedo cara de miedo al ver que la jefa de estudios estaba enfadado por motivos desconocido pero decidió que cuanto antes lo hiciera pasaría la vergüenza antes. Se acerco a ella y le pregunto- perdone e llegado tarde y no se a que clase debo ir- le respondió la jefa de estudios con voz de enfadada- ¡que hora son estas de llegar a clase y encima es su primer día¡- no supo que responder así que bajo la cabeza y dijo- lo siento mucho me quede dormido- le miro la jefa de estudio y le dijo- ven que ahora te digo que clase es- siguió ala jefa de estudio y le mostró la clase correspondiente y le dijo que entrara, y entro con todo su valor y se quedo quieto en ese momento se le fue el miedo, los nervios, la vergüenza todo, pues de toda esa clase solo se fijo en una chica era hermosa, y lo que mas le gustaba era su carita de ángel que tenia, le sentaron en la ultima fila y lo único que hacia en las clases era a sombrarse de tanta belleza, su ilusión era conocerla hacerse su amigo y si podía estar con ella mejor, pero claro el creía que era muy poca cosa para ella que ella nunca se fijaría en el y savia que lo suyo con ella era imposible, y también que el no se llevaba con la clase de amigos que tenia ella ,eso hacia que su ilusión se rompiera mas, pero el nunca dejaría de intentarlo, se prometió así mismo que tendría que estar con ella acabo el curso y no paso nada siquiera se atrevió a decirle ni un ola. Al siguiente año lo consiguió, estuvo con ella aunque tuvo sus percances pero aun así fue feliz no solo por tenerla si no por conseguir lo que tanto anhelaba…Hoy en día las cosas no son como el quería. Me gusto intentarlo y quiero volver a intentarlo, la verdad fue difícil pero con eso comprendí que nada es imposible…esta es una historia cualquiera del barrio de casa de campo.


LAS HORMIGAS DEL BARRIO De Alicia del Castillo las Heras Había una vez, en la Avenida de Valladolid, un hormiguero tan grande, que para las hormigas que vivían en él era como una ciudad. Allí vivían infinidad de hormigas. Algunas, eran mayores que otras, pero la mayoría no eran ni jóvenes ni ancianas, sino que eran de mediana edad; había algunas viejecitas y otras muy pequeñas. Un día salieron del hormiguero casi todas para buscar alimento, pues ya estaba llegando el invierno. Primero, fueron a la calle de Loeches y allí encontraron una gran variedad de comida. Tuvieron que hacer unos cuantos viajes, pero al final llenaron casi toda la despensa. Luego fueron hacia la calle de Aniceto Marinas y allí encontraron lo suficiente para que su almacén rebosara de una gran cantidad de alimentos. Para celebrarlo se fueron a pasear. A la ida, entraron a ver el Museo de Goya, un pintor muy famoso que era sordo. Allí vieron los famosos frescos que él pintó, la cúpula de linterna y la tumba donde está enterrado. Les encantaron los ángeles pintados en las pechinas Después se dirigieron a Príncipe Pío, y ya finalizado el trayecto, decidieron ir a tomar un café en el centro comercial. Cuando terminaron, se dirigieron al hormiguero porque ya llegaba la noche y tenían que acostarse para el próximo día trabajar duro. Al llegar vieron todo destrozado. ¡Había comenzado la guerra! Todos los alimentos estaban desperdigados por el suelo, las hormigas ancianas estaban aterradas y todos los muebles estaban rotos. Habían llegado del espacio las …. ¡hormigas marcianas, las más fuertes y las más grandes! Todas las hormigas estaban boquiabiertas. Rápidamente, cogieron todos los artilugios que les servían de armas y protección. Esquivaron a las hormigas que habían comenzado a atacar y, como eran muy listas se fueron al Campo del Moro a coger espinas de los rosales y acículas de los pinos así como las flores favoritas de las hormigas marcianas: los pensamientos. Tramaron entre todas un plan para echar a las hormigas extraterrestres. Cogieron en Casa Mingo unas cuantas botellas de sidra para empapar a las otras y que se marcharan rápidamente. Cuando llegaron, hicieron un hoyo, metieron los pensamientos y planearon una estratagema para que cuando las hormigas marcianas se metieran en el hoyo para zamparse los pensamientos, cayera la sidra y las empapara, de tal forma que todas salieran despavoridas y no volvieran jamás. Las hormigas, al oler los pensamientos, fueron a comérselos. Después, una hormiga activó el mecanismo y las del otro bando salieron como un rayo y , efectivamente, no volvieron jamás. Las ganadoras fueron al centro de salud Casa de Campo, donde atendieron con mucho cariño a las hormigas más ancianas. Como todo había quedado destrozado, decidieron hacer un hormiguero más grande del que tenían. Con mucho esfuerzo, en unas semanas estuvo terminado; tenía un salón, un comedor, un dormitorio para todas y un almacén gigante. Para la inauguración, invitaron a todos sus amigos del barrio a una gran fiesta en la plaza de San Pol de Mar. Y así convivieron todas las hormigas pacíficamente el resto de sus vidas.


Un día más en el sitio de siempre, de Carlos Avila Sanlucas Otra vez las siete y media. ¡Qué sueño!. Mi madre me levanta de nuevo para ir a clase. Hace frío, pero menos que los días pasados. Se nota que se acerca la primavera, y se ve como aparecen cada día más brotes en los árboles. Los árboles que se ven desde casa son viejos. De alguno de ellos se han caído ramas en el último otoño y han tenido que podarlos. Mis padres me dicen que esos árboles ya estaban en el barrio desde que ellos eran pequeños, pues ellos también han vivido en el barrio cuando eran pequeños. Ellos pasaron por los mismos sitios que paso yo ahora, e incluso han ido al mismo Instituto donde yo voy ahora. La verdad es que viendo las sillas de las clases me pregunto si yo me estoy sentando en alguna de las sillas donde ellos se sentaron. Parecen tan viejas como los árboles del barrio. Ya me esperan en la calle mis compañeros. A alguno de ellos le pasa lo que a mí. Sus padres también vivieron de pequeños en el barrio. Hasta a las tiendas les pasa lo mismo. Es como si heredásemos un vida pasada y la tuviésemos que vivir de nuevo ahora, pero con otros personajes. ¿Sabremos cómo acaba? Menos mal que nada se repite y cada uno llevaremos nuestra propia vida. Todos decimos de quedarnos en el barrio cuando seamos mayores. ¿Será una maldición?. Mejor bajo, que me están esperando. Ya seguimos por la Ribera. Se ve gente que mis padres saludan cuando se los encuentran, y por supuesto me saludan a mí. ¿Será por ser yo o por mis padres? Tengo que considerar seriamente eso de quedarme de mayor en el barrio, o mis hijos me matan. Ya nos acercamos al Instituto. Menos mal que llegamos a tiempo, o si no, una hora en la biblioteca. Madrugar para llegar un minuto tarde y estar una hora sin hacer nada. ¿Qué desperdicio de sueño?. Otra vez en clase. Miro las sillas. ¿Quién se habrá sentado en ellas antes? Con lo que tienen a cuestas deben de llevar muchas generaciones de chicos que habrán pasado por ellas. Seguramente vivían en el Barrio y o les conozco a ellos o a sus padres, que serán conocidos de mis abuelos, que por supuesto siguen en el Barrio. Aparte del Instituto, las tiendas, las calles, ¿hay algo más que tengan en común todos? De vuelta pasamos por lo que, me dicen, era un colegio. Que antes, cuando mis padres eran pequeños, había muchos en el Barrio. Cuentan una historia del “baby boom”, que debía ser algo como el “Big Bang” pero soltando niños en vez de no se que partículas atómicas que nos han contado en Física. La verdad es que entiendo mejor lo de los niños que lo de las partículas, que ni se ven ni nada. Ahora en la puerta de ese antiguo colegio aparece un nombre con un nombre de centro cultural. Yo conocí a la persona cuyo nombre está en la puerta. Era amigo de mis padres. Y de los padres de otros amigos. La verdad es que parece que era amigo de todo el Barrio. Toda esa gente de las tiendas, de los quioscos de periódicos, de los talleres de coches, en fin de todo el Barrio si eran de la edad de mis padres o mayores que ellos, conocía a la persona cuyo nombre aparece en la puerta del antiguo colegio. Parece mentira que una de las cosas que tenga en común tanta gente no sean solamente las cosas materiales del Barrio, sino las personas que han pasado por él. Supongo que el recuerdo que dejamos a los demás es más profundo cuanto más nos juntamos a los demás. Cuanto más nos damos a ellos y cuanto más nos hacemos un hueco en su vida. Dicen que la persona cuyo nombre aparece en la puerta del antiguo colegio decidió dar su vida a ayudar a la gente del Barrio. Dicen que eran épocas difíciles. Supongo que era así, pues sin Internet, MP3, microondas y todas esas cosas que tenemos ahora la vida se nos haría ahora muy difícil. Lo que no sé es si es cierto, pues no creo que de mayor me acuerde de esas cosas que las veo ahora tan necesarias. Ahora dicen que hay este año hay una Olimpiada en el Barrio, y una de las pruebas es no solamente correr, saltar, y bueno, todas esas cosas que se hacen en las Olimpiadas que salen en la Televisión. Ahora hay que escribir. Ya me pondré a ello cuando llegue a casa. El ordenador. Una página en blanco. Un buen rato, y el teclado no se mueve solo. La verdad es que las ideas son caprichosas, nunca vienen cuando se las necesita. Ya me llama mi madre para cenar, y me cuenta que ha encontrado a no sé quién que estuvo con ella en el Instituto y me empieza a contar no sé qué rollos de no sé que cosas que han cambiado en el barrio y de qué pensaría “Don Agus” del asunto. ¡Ese era el nombre que estaba en la puerta del antiguo colegio! Pues nada. Cuento lo que he hecho hoy y punto. La verdad es que me sigo planteando lo de quedarme cuando sea mayor. Eso de que mi hijo tenga que escribir sobre lo mismo que hago yo ahora me parece un poco sádico. Empiezo: “Otra vez las siete y media…”


Concurso de Minirelatos de jóvenes