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REVITALIZAR LA PARTICIPACIÓN CIUDADANA Y EL BIEN COMÚN EN LA DEMOCRACIA Aportación de José Luis Nieto Bueno Mesa redonda Delegación PO. Madrid, 5 de febrero de 2014. 1. PARA EMPEZAR, UNAS PREGUNTAS Y UNAS CONSIDERACIONES. Dicen que estamos en crisis, ¿lo estamos notando?, o sea, que es verdad. Pero… ¿esta es una crisis meramente económica o también es una crisis política?, ¿una crisis del modelo democrático vigente? ¿Las políticas “reformistas” que se están aplicando dan respuesta a las necesidades de las personas o no?, ¿vemos que la acción política está orientada al bien común o no? Ante esta situación, ¿cómo reaccionamos los ciudadanos?, ¿nos mostramos pasivos?; o por el contrario, ¿intervenimos en la vida social para hacer cambiar toda esta situación? Algunos datos a modo de flash: Pérdida de respaldo ciudadano al sistema democrático. 85% en 2009 (CIS) y 61 % en 2013 (MyWord). Protestas en la calle. 91% españoles piensa que hay motivo.(El País, 31/3/2013) Necesidad de los partidos políticos en un sistema democrático. 75% si en 2007 (CIS). En 2013 el 57% considera que no son necesarios, subiendo en jóvenes de 25-34 años al 70% (MyWord). (=sindicatos). Podrían sustituirse por plataformas sociales. En cumbre social hay más de 150 organizaciones de las que cuelgan más de 950 grupos asociaciones o plataformas. (El País, 31/3/2013) Pérdida de confianza en partidos mayoritarios. En 2007, 78% consideraba que había suficientes partidos (CIS), hoy 87% considera mejor un sistema con más partidos (MyWord). Desde 2007 hasta el 1 de enero de 2014 se han registrado 1333 partidos políticos nuevos (Registro partidos M. Int.). Dificultad ley electoral. Hay un menor respaldo a la economía de mercado. 67% en 2007 y 47% en 2012 (Pew Research Institute). Falta confianza en instituciones europeas. En 2007 el 65% confiaba, hoy el 72 % desconfía (Eurobarómetro) Los ciudadanos no confían en los políticos pero valoran la política. Según la Encuesta Social Europea (EDE) de enero 2014.

2. DEFINICION DE POLÍTICA Y COMUNIDAD POLÍTICA PARA LA DSI. Este tema del que vamos a hablar hoy tiene una relación total con lo que yo llamo la POLITICA con mayúsculas, pues como dice el Papa: “El futuro nos exige la rehabilitación de la política, que es una de las formas más altas de la caridad” (Papa Francisco, Jornada Mundial de la Juventud 2013, Rio de Janeiro) Por tanto voy a comenzar definiendo lo que es la política para la DSI. La DSI considera la política como algo propio de la naturaleza humana: la actividad del ser humano como ser social y vocacionado a la comunión para construir la vida social en favor de la dignidad de las personas, orientada al bien común. Como nos propone San Pablo: “No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás” (Flp 2, 4). Cuando la DSI habla de la política se refiere, según los casos, a dos dimensiones de una misma realidad: Primero, a la persona como sujeto, fin y centro de la vida política y de todas las instituciones sociales. La sociabilidad es algo propio de nuestra humanidad. Una 1


sociabilidad que demanda que las personas no seamos objetos sino sujetos y protagonistas de la vida social. Por eso dirá Juan XXIII: “Al ser los hombres por naturaleza sociales, deben convivir unos con otros y procurar cada uno el bien de los demás” (“Pacem in terris”, 31). En segundo lugar, también se refiere a la comunidad política, conjunto instituciones y relaciones que las personas creamos para organizar la vida social. La comunidad política abarca la sociedad civil con todas las instituciones que se generan en y para esas relaciones sociales (familia, empresa, asociaciones, sindicatos, partidos…) y también abarca el Estado en dos sentidos como organización de la necesaria autoridad para regir ordenadamente la vida social y como conjunto de instituciones al servicio del buen funcionamiento de la sociedad (lo cual incluye desde las instituciones legislativas, ejecutivas o de gobierno, y judiciales, hasta la administración y las instituciones públicas que necesita la sociedad para preservar los bienes colectivos como la enseñanza, la salud, etc.…). La comunidad política es imprescindible para la realización de la dignidad del ser humano. Y su razón de ser y su sentido es la búsqueda del bien común. Así lo expresa Pablo VI: “El hombre, ser social, construye su destino a través de una serie de agrupaciones particulares que requieren, para su perfeccionamiento y como condición necesaria para su desarrollo, una sociedad más vasta, de carácter universal, la sociedad política. Toda actividad particular debe colocarse en esta sociedad ampliada y adquiere, con ello, la dimensión del bien común” (“Octogessima Adveniens”, 24). “La política, en su profundo sentido, no es una gestión del poder, sino un conjunto de procedimientos para facilitar la felicidad del ciudadano”. “La política debe ser la gran constructora de caminos, de puentes, de pasos, hacia la dignidad. Es una forma de buena arquitectura, que permite a los hombres habitar la realidad” (José Antonio Marina, “Los sueños de la razón. Ensayo sobre la experiencia política”, Anagrama, Barcelona 2003, pp. 18 y 207). “Ser humano es ser político en el sentido profundo y radical del término. De la política depende la vida verdaderamente humana, es decir, la vida buena y justa en sociedad y la realización o no del ser humano”. “Al creyente que le importa la suerte del ser humano le tiene que interesar la política, el ámbito donde se juega una gran parte de su destino (…) a una fe que busca la justicia le interesa la política” (José Mª Mardones, “Recuperar la justicia. Religión y política en una sociedad laica”, Sal Terrae, Santander 2005, pp. 89 y 12).

3. LA COMUNIDAD POLÍTICA NECESITA DE UNA SOCIEDAD CIVIL ACTIVA Y RESPONSABLE. La falta de protagonismo de la sociedad, se traduce en una ciudadanía pasiva, o en la ausencia de una auténtica ciudadanía, ciudadanía que tiene unos derechos individuales, vota cuando se le convoca a hacerlo, y paga sus impuestos, pocos a ser posible. Sin embargo, la política tal como hemos visto que nos propone la DSI demanda lo que se suele denominar ciudadanía activa, o, podríamos decir, simplemente ciudadanía. La ciudadanía implica tres cosas: ser sujeto de derechos que los poderes públicos deben garantizar para todos, responsabilidades hacia los demás y hacia la vida social, y, consecuentemente, participación, implicación en construir unas relaciones sociales humanas. La DSI subraya con mucha insistencia que la comunidad política necesita de una sociedad civil activa y responsable. La vertebración de la sociedad civil es condición necesaria para una comunidad política sana y para conseguir su objetivo de construir el bien común. Porque una sociedad civil activa es la mejor forma de controlar el poder y de poner en su sitio la acción del Estado. Pero, sobre todo, porque es la mejor forma de expresar y realizar la 2


responsabilidad de las personas y grupos hacia la vida social y en la construcción del bien común. “La profunda y rápida transformación de la vida exige con suma urgencia que no haya nadie que, por despreocupación frente a la realidad o por pura inercia, se conforme con una ética meramente individualista. El deber de justicia y caridad se cumple cada vez más contribuyendo cada uno al bien común, según la propia capacidad y la necesidad ajena, promoviendo y ayudando a las instituciones, así públicas como privadas, que sirven para mejorar las condiciones de vida del hombre” (“Gaudium et spes, 30). Para que haya una sociedad civil activa, la DSI insiste en dos cosas: Por una parte, en la importancia de la educación y formación para vivir como ciudadanos responsables de la vida política. Por otra, en la gran importancia y valor que tienen las organizaciones y asociaciones de todo tipo que vertebran la vida social. La DSI considera que todo esfuerzo dirigido a afianzar el papel de las organizaciones sociales es una contribución decisiva al bien común y por ello hay que prestar toda la atención a esta tarea. Sin organizaciones cívicas, culturales, económicas, sindicales, políticas…, que funcionen de forma activa y participativa, no es posible orientar la comunidad política hacia el bien común. Las organizaciones sociales son decisivas para encauzar la responsabilidad de las personas hacia el bien común y su participación en la vida social, haciendo posible aportar desde diversas perspectivas a la construcción de una sociedad más justa y humana. “Es urgente que creyentes y no creyentes colaboren juntos en la promoción de una sociedad en la que las injusticias puedan ser superadas y toda persona sea acogida y pueda contribuir al bien común según su propia dignidad y poniendo a disposición sus propias capacidades” (Papa Francisco, tras reunión con Giorgio Napolitano, presidente de la República Italiana) 4. LA PARTICIPACIÓN EN LA VIDA POLÍTICA: UN DERECHO Y UN DEBER PARA LAS PERSONAS. De la manera de concebir la política que nos propone la Iglesia nace la participación en la política como un derecho y un deber de las personas. Esa participación es expresión de lo que es el ser humano, de su dignidad y responsabilidad hacia los otros y hacia el bien común. Entendiendo por participación en la vida política la implicación, según la vocación y posibilidades de cada uno, en la muy variada actividad dirigida a organizar más humanamente la convivencia social y las relaciones e instituciones sociales a la medida del ser humano. Y eso incluye desde las realidades más cercanas del barrio, la escuela, el trabajo, las asociaciones sociales de todo tipo…, hasta la actividad de las instituciones de gobierno, los parlamentos, los partidos políticos, etc… Este derecho y responsabilidad implica a todas las personas, pero urge especialmente a los cristianos “Para animar cristianamente el orden temporal -en el sentido indicado de servir a la persona y a la sociedad- los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la política; es decir, de la multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común (…) todos y cada uno tienen el derecho y el deber de participar en la política, si bien con diversidad y complementariedad de formas, niveles, tareas y responsabilidades (…) Una política para la persona y para la sociedad encuentra su criterio básico en la consecución del bien común, como bien de todos los hombres y de todo el hombre (…) Además, una política para la persona y para la sociedad encuentra su rumbo constante de camino en la defensa y promoción de la justicia, entendida como “virtud” a la que todos deben ser educados, y como 3


“fuerza” moral que sostiene el empeño por favorecer los derechos y deberes de todos y cada uno, sobre la base de la dignidad personal del ser humano (…) Al mismo tiempo (…) los fieles laicos han de testificar aquellos valores humanos y evangélicos, que están íntimamente relacionados con la misma actividad política; como son la libertad y la justicia, la solidaridad, la dedicación leal y desinteresada al bien de todos, el sencillo estilo de vida, el amor preferencial por los pobres y los últimos” (Juan Pablo II, “Christifideles laici”, 42) 5. DEMOCRACIA Y PARTICIPACIÓN La relación entre democracia y participación es muy estrecha. Para la Doctrina Social de la Iglesia, toda democracia debe ser participativa. Por una parte, uno de los grandes valores de la democracia es precisamente la participación. El hecho de que puede favorecer la implicación responsable de las personas en la vida política, hace de la democracia una forma adecuada de organización social y política para el ser humano. Por otra parte, la participación, es uno de los pilares fundamentales de la democracia. Esta avanza y se consolida como proyecto de vida en común en la medida en que avanza la participación de los ciudadanos. “La idea de que lo maduro es no protestar es errónea. En una democracia lo maduro es reivindicar” (Berna González Harbour, periodista de El País) Por eso es tan fundamental promover constantemente formas, cauces y caminos de participación para el ejercicio de este derecho y responsabilidad propio de la dignidad del ser humano y para construir una comunidad política a la altura de la dignidad del ser humano. Y, por eso, cuando, como ocurre en nuestra sociedad, el valor de la participación es tan débil, es débil la democracia. “La participación en la vida comunitaria no es solamente una de las mayores aspiraciones del ciudadano, llamado a ejercitar libre y responsablemente el propio papel cívico con y para los demás, sino también uno de los pilares de todos los ordenamientos democráticos, además de una de las mejores garantías de permanencia de la democracia (…) toda democracia debe ser participativa. Lo cual comporta que los diversos sujetos de la comunidad civil, en cualquiera de sus niveles, sean informados, escuchados e implicados en el ejercicio de las funciones que ésta desarrolla” (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 190). “Una auténtica fe —que nunca es cómoda e individualista— siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra (..). La tierra es nuestra casa común y todos somos hermanos. Si bien « el orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la política », la Iglesia « no puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia ». Todos los cristianos, también los Pastores, están llamados a preocuparse por la construcción de un mundo mejor. De eso se trata, porque el pensamiento social de la Iglesia es ante todo positivo y propositivo, orienta una acción transformadora, y en ese sentido no deja de ser un signo de esperanza que brota del corazón amante de Jesucristo”. (Papa Francisco, Evangelii gaudium, 183)

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Revitalizar la participación ciudadana y el bien común en la democracia