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“LO QUE ES TENER HAMBRE Y SED DE DIOS” (Isa. 55:1,2)

L

o tengo tan presente como si fuera el día de ayer, era tiempo en que nuestros hijos salían de vacaciones de su ciclo escolar. Habíamos invitado a la Congregación donde pastoreo por la Gracia de Dios, a que trajeran una ofrenda especial para llevar una ayuda a ciertos lugares del Estado de Durango en México. Recuerdo que antes de introducirnos a dicho país, propusimos el comprar unos paquetes de salchichas (winnies o franks) como se les conoce en Estados unidos, llenamos tres grandes hieleras para conservarlos frescos. Partimos de El Paso, Texas donde residimos y alegres cruzamos el Estado vecino de Chihuahua y antes de pasar la frontera del Estado, paramos en una Ciudad que es, como el centro de abastecimiento para los pueblos serranos de Durango, llamada Hidalgo del Parral. Adquirimos costales de frijol, papa, azúcar, maíz y algunos otros alimentos en que consiste la canasta básica de los hogares mexicanos, y nos dispusimos a entrar a la ya mencionada sierra, eran impresionantes los paisajes que estábamos viendo, la fauna silvestre y animal que veíamos parecían de película. En ese entonces, aparte de mi familia, me acompañaban otras personas que eran unas personas que amaban las almas y que, mientras hubo oportunidad de hablar de Cristo, jamás se avergonzaron de hacerlo, por cierto mi amada madre que tanto oró por esas tierras y familias, también viajaba a un lado de mis hijos que tanto le amaron. Llegamos a un pueblo llamado San José, donde solo había cuatro o cinco familias y por cierto, que todas estaban relacionadas con mi madre. Allí desempacamos y tomamos ese lugar como nuestro campamento, era como un punto intermedio para salir a diferentes lugares a predicar la Bendita Palabra de Dios.


Esa noche descansamos después de haber hecho varias despensas para salir a un aserradero que está en un pueblo llamado, Las Pomas, Municipio de Guanacevi, Durango, al llegar se nos facilitó una aula escolar que también era utilizada como cine familiar los fines de semana. Comenzamos a invitar para el servicio que programamos para las tres de la tarde y como no traíamos copias de los cantos que utilizaríamos para ese momento maravilloso, nos pusimos a escribir a mano himno por himno en unos cuadernos escolares hasta completar cerca de doscientas copias que repartimos solo instantes antes de nuestro servicio. Cantamos y alabamos a Dios, dimos testimonios breves de lo que Jesús hizo en nuestras vidas y luego de exponer un breve mensaje de La Palabra, ya había lágrimas y gente avanzando a recibir a Cristo como su Señor y salvador. Pocos eran realmente los que rehusaron pasar, la gran mayoría hombres, mas sin embargo conservaron una actitud reverente y respetuosa. Oramos por aquellos que aceptaron a Cristo, después hicimos un llamamiento para los enfermos y grande fue la respuesta de Dios que hizo milagro tras milagro y todo porque hubo gente que tenía hambre de pan y sed de agua. Dios nos dio aceite para la sanidad de los enfermos y partimos después de repartir varias despensas a algunas familias que necesitadas aceptaron de buena gana el obsequio de parte de Dios, (incluyendo las salchichas) partimos para nuestra “base” a descansar y disponernos para el día siguiente. Al día siguiente, después de nuestro devocional y tomar un desayuno, nos dirigimos s a un pueblo cercano también, llamado; “El Zorrillo” del mismo Municipio y Estado. Al llegar a ese hermoso lugar rodeado de Piedras y pinos con un arroyo que cruzamos y que, aunque no había llovido por algún tiempo, conservaba una corriente que hacía que el agua se antojara para beber. Aun no habíamos conseguido donde haríamos nuestro servicio, pero el Señor dice en su Palabra: “Tus pensamientos no son mis pensamientos, ni mis caminos, tus caminos…” (Isa. 55:8), ésta ocasión, no hubo un servicio en algún lugar, sino que al llegar al primer hogar para pedir información, nos pidieron orar por la familia, nuestras oraciones se oían como con eco por ese lugar y luego mandaban por nosotros para llevar el mensaje y tuvimos que hacer grupos para alivianar el trabajo y, sé que se va a oír muy fuera de contexto pero, TODOS los que habitaban ese pequeño pueblo de aproximadamente cuarenta o mas familias, hicieron su profesión a Cristo Jesús. Eso ha quedado desde ese tiempo hasta hoy, en lo profundo del corazón de los que fuimos testigo de ese gran acontecimiento. Amigo lector falta espacio para seguirte narrando de la experiencia que tuvimos al llegar a los demás pueblos y ver lo que literalmente sucedió, al ver a “Todos los sedientos, venir a las aguas a comprar sin dinero y sin precio, aceite, vino y leche”… “comiendo del bien, y deleitándose su alma con grosura”. Los tiempos no han cambiado y la misma invitación está vigente para nosotros hoy, ¿desearías hacer un tiempo para comprar lo que necesita tu alma, en lugar de cosas perecederas que no sacian tu vacío? Solo habla con Dios, es ¡Gratis! Gracias amados por sus comentarios y recuerden que si desean que alguien reciba estos pensamientos, solo mándenme su correo electrónico a: pastorbarragan@yahoo.com


Lo que es tener hambre y sed de Dios  

Isa. 55:1,2

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