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ERASE UNA VEZ UNA MUJER “FICHITA” (Juan 5:5-30)

-Pastor Dr. Miguel Barragan

Ella era por demás conocida. Tenía muchos pretendientes, quizá era de gustos exigentes y pocos podían llenar sus expectativas. Había ganado una fama entre la sociedad samaritana, aunque no por ser muy moral, sino más bien todo lo contrario. Así pasa cuando hemos tratado de satisfacernos con los deseos carnales, con adicciones que después nos estigmatizan, nos “fichan” entre la familia y la sociedad que conoce como nos movemos en nuestra vida diaria. Me quiero imaginar que tenía una personalidad que atraía los hombres, con una figura llamativa, ojos grandes y piel morena y con sonrisa medio que invitaba a quienes la veían pasar y se quedaban impresionados. Era una mujer que tenía muchas cosas en su contra debido a la vida extraviada y vacía -aunque decía tener religión-, ésta no le impedía el seguir llevando una vida desordenada y por consiguiente, vacía en su interior. La Escritura dice que hasta que apareció Cristo en escena, su vida completa cambio. Así sucede a los que un día apareció Cristo y lleno nuestro vacío, vacío que quisimos llenar con licor, lujos, riquezas y mujeres, etc. etc. Al leer éste pasaje encontramos muchos puntos a desfavor que está pobre mujer tenía en su comunidad; veamos: Discriminación- Ella era odiada por los judíos, y todo por ser, Samaritana. Pues no había una relación entre ellos. Era una mujer “Fichita”- 5 veces se había divorciado. Al parecer tenía algo que no reteñía ningún varón a su lado.


Practicaba una religión- Así hay en el mundo tanta gente que dice creer en Dios, tienen tanto “santo” de cabeza pero, no existe temor en ellos, y ¿Qué decir cuando hasta pueden hablar de adoración? Conocen la Palabra mejor que muchos de los que profesamos ser seguidores de Jesucristo, El Señor. Creo que a nadie le gustaría vivir con alguien como ella. Amados pero que impresionante cuando tenemos un encuentro personal con ese personaje que es capaz de cambiar la historia de cualquiera de los seres humanos que están en el mundo, con un historial de pecado que apesta, que hiede ante la nariz de Dios. Él está aquí para cambiar nuestro rumbo y darle un propósito a nuestra vida como se la dio a ésta mujer de nuestro escrito. Ella no fue peor que tú o yo, simplemente fue como nosotros. ¿Cómo actuó ésta mujer después del encuentro con Jesús? Mire que hermoso es cuando somos diligentes. Mire: Respondió a las palabras de Jesús- Hay tanta gente que aunque el mismo Señor les hable, no reaccionan y, siguen con su orgullo, su altivez, su autosuficiencia, y engañosamente creen que así deben permanecer. Siempre sintiéndose superiores. Creyendo que no necesitan a nadie, que solo son bastos para suplirse a sí mismos. ¡Qué engaño malvado! Confeso que estaba sedienta- aunque muchas veces había tomado del agua que vino a sacar, se dio cuenta que era necesario confesar que seguía en ella aun su sed. ¿Cuántas veces fue al poza de Jacob? Pues, muchas y ahora dice (vr.15) “Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla”. Reconoció a Jesús como Señor - (vs.11) no basta con pensarlo, hay que creerlo y confesarlo (Ro.10:8-10). Creyó al mensaje- Cuando Jesús le dijo: “Yo Soy el que habla contigo”. (vr.26) y para terminar con su accionar; Mostró frutos de arrepentimiento- Ella fue y les hablo de lo que Cristo le dijo, lo que sintió al tener el encuentro con el divino personaje que le dijo “todo cuanto había hecho”, y dijo: “¿No será éste el Cristo?” (vr. 29). Tú no preguntes que debes de hacer, solo dile que estás dispuesto a tomar de lo que Él tenga para ti. Y llénate Una vez que Cristo aparece en escena, veremos cambios drásticos en nosotros en todas las áreas de nuestras vidas, y la gente quedara maravillada de lo que Él ha hecho en nosotros, dirán: “¿no es ese el fichita fulano”? ¿”Qué no era el que se embriagaba en las esquinas?” Ellos no lo entenderán –y te aconsejo que ni tu intentes entenderlo- solo dale tu vida a Cristo, bebe del agua que te ofrece y comenzaras a hablar de lo que Él te muestre que es necesario hablar con los que te rodean, en tu trabajo, escuela y el vecindario. Diles: “yo era la fichita ¡pero Cristo me cambio!” Gracias amados lectores por tomar el tiempo para leer estos pensamientos, nos veremos el próximo de la serie –si Dios lo permite- Mándanos los e-mails de tus seres queridos a: pastorbarragan@yahoo.com



Erase una vez una mujer "fichita"