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Su Salud segĂşn los Cuatro Temperamentos


Dr. Paul Dupont Antiguo Jefe de Cl铆nica y Asistente Hospitalario

Su Salud seg煤n los Cuatro Temperamentos Higiene y alimentaci贸n en funci贸n de su temperamento.

Ediciones Rosacruces, S.L.


Ediciones Rosacruces, S.L. Apdo. de Correos 199 08140 Caldes de Montbui Barcelona (España)

© de la Orden Rosacruz AMORC Gran Logia Española ISBN: 978-84-95285-43-0 Depósito Legal: Impreso por: Publidisa Primera Edición: Junio de 2012 Barcelona (España) Colección Salud y Bienestar www.edicionesrosacruces.es info@edicionesrosacruces.es No está permitida la reproducción total o parcial de este libro, ni su tratamiento informático, ni la transmisión de ninguna forma o por cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico, fotocopia, registro u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito de los titulares del Copyright.


Las ideas y opiniones expresadas en la presente obra corresponden exclusivamente al pensamiento de su autor y pueden no representar la postura oficial de la AMORC. Este libro no sustituye en ningĂşn caso el consejo de un mĂŠdico cualificado, al que siempre deberĂĄ consultarse cualquier duda o problema referente al mantenimiento de la salud personal.


Índice Prólogo …………………………………………!

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Introducción ……………………………………! Historia de la teoría de los temperamentos ……! Ontología de los elementos ……………………! Descripción de los temperamentos, humores y constituciones ……………………………….!

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¿Cómo conocer su temperamento? ……………! La terapia de los temperamentos ………………! La acción psíquica de los humores ……………! Los ciclos naturales de los elementos en las plantas y los alimentos ………………………………..!

57 65 73

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75

Elección de alimentos y plantas en relación con los temperamentos ……………!

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Reglas de Conducta a mantener ……………….! Gustos y temperamentos ………………………! Principios culinarios y temperamentos ………..!

89 95 97

La Cura de Primavera …………………………!

103

La Cura de Verano …………………………….! La Cura de Otoño ……………………………..! La Cura de Invierno …………………………..!

107 111 115

Bibliografía ……………………………………!

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¿Cómo encontrar rápidamente información relativa a su temperamento? Cada vez que una información de este libro tiene relación con uno de los cuatro temperamentos (sanguíneo, bilioso, nervioso, linfático) se indica por medio de una figura:

Sanguíneo

Bilioso

Nervioso

Linfático

Así, después de haber determinado cuál es el tipo de temperamento que le interesa, puede ver en un abrir y cerrar de ojos la información relativa a él. También puede usar el índice de la página siguiente para encontrar todas las secciones en relación a un temperamento determinado.


Este índice especifica las páginas en las que encontrará información sobre un tema dado, para cada temperamento.

Índice temático ¿Cómo reconocer un temperamento? 38-40

41-43

43-45

45-47

Carácter

39

42

44

46

Fisonomía

38

41

44

46

Signos zodiacales

39

42

45

47

Descripción General

Salud y temperamento Higiene y alimentación

90, 91, 92, 93, 103-105 107-109 111-113 115-117

Estación desfavorable

38, 60, 62

41, 60, 62

43, 61, 62

45, 61, 62

39, 50

42, 51

44, 52

46, 51

Enfermedades Consejos para prevenir la enfermedad Consejos en periodo de enfermedad Consejos en periodo de convalecencia

92

90

91

93

93

91

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94

93

91

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Este libro está dedicado a los médicos, buscadores de la verdad: Amenhotep, hijo de Apu Alcméon de Crotona Empédocles Hipócrates Geber Paracelso William Harvey Jan Baptist Van Helmont Porque han contribuido a la transmisión de la sabiduría de los elementos.


Prólogo Nuestro cuerpo está formado por cuatro elementos que generalmente se denominan como tierra, agua, aire y fuego. Estos elementos proporcionan la forma material del cuerpo, pero también permiten el movimiento, las interacciones con el medio ambiente externo y la incorporación de la vida. Su justa proporción determina lo que los antiguos médicos y filósofos llamaron temperamento equilibrado. Cuando éste es armonioso, tenemos buena salud. Sin embargo, como en general dominan uno o varios elementos, se describen diversos tipos de temperamentos. Para simplificar, decimos actualmente que hay cuatro temperamentos dominantes: sanguíneo, bilioso, nervioso y linfático. Este conocimiento casi se ha perdido en nuestros días, puesto que la medicina contemporánea ya no reconoce la sabiduría de la medicina hermética de los temperamentos. No obstante, es una verdadera ciencia, aun cuando a veces ha sido asociada a una especie de alquimia de la salud. Pero después de todo, ¿la alquimia no ha conducido también a la química? La teoría de los elementos y los temperamentos fue parte integrante de la antigua ciencia de los filósofos, y sigue siendo verificable aún en la actualidad. Además, una disciplina como la fitoterapia debería integrar este saber, pues son cosas que los iniciados del pasado se han transmitido de boca en boca no sin razón, y que se encuentran veladas en los antiguos manuscritos, difícilmente descifrables actualmente, porque están rodeados de términos hoy olvidados. Esta obra será por lo tanto una síntesis no

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Prólogo

exhaustiva de este conocimiento. Su objetivo es mostrar cómo se puede conocer el temperamento propio y partiendo de este punto, cómo se pueden elegir ciertos alimentos, algunas plantas mejor que otras o hacer ciertas cosas antes que otras, en función de los elementos. La medicina de los elementos y los temperamentos es muy práctica, como descubrirá. Puede ser útil especialmente para quien se interese en la prevención de la enfermedad. Para resumirla en unas pocas líneas, se puede decir que define los vínculos entre nuestra salud y los cuatro elementos, su influencia en relación con los ciclos de la vida, las estaciones, el entorno, los alimentos que ingerimos, y todo ello en función de nuestro temperamento. Según esta teoría, algunos alimentos o medicamentos naturales que son buenos para unos, serán perjudiciales para otros, según su temperamento. Por ejemplo, una planta medicinal, un tipo de hábito alimentario, un ritmo de vida particular, serán útiles para el sanguíneo y lo curarán, pero serán perjudiciales para el linfático. Tomemos el caso de la Salvia. Es una planta tónica que cura muchos males; pero como es seca y caliente, concuerda mal con el temperamento caliente y seco, el del fuego, es decir el bilioso. Por esta causa es mejor que las personas que poseen este temperamento, así como los sanguíneos, la eviten si es posible. Pero la teoría de los elementos no se limita simplemente a una noción que se podría calificar de físico-química. También tiene en cuenta el plano psicosomático. En efecto veremos que existe una relación entre los elementos y sus principios, las energías espirituales que les dan origen, nuestro humor, nuestra constitución física y psíquica, y nuestra salud. Todo esto es la base de la medicina hermética antigua. Como se dice tradicionalmente: lo que está arriba es 18


Su Salud, según los Cuatro Temperamentos

como lo que está abajo, e inversamente. Los elementos del microcosmos tienen así sus correspondencias en el macrocosmos. Por microcosmos, hay que entender nuestro mundo con sus dos extremos: lo infinitamente grande, marcroscópico, y lo infinitamente pequeño, microscópico; pero por macrocosmos, hay que entender no solamente lo infinitamente grande, sino también lo infinitamente invisible del cosmos de los Griegos, es decir, el mundo no manifestado, no limitado ni por el tiempo ni por el espacio, pero sin embargo muy real. Este es el mundo de los arquetipos, las ideas y el Ser que forma el universo en su esencia. Es por tanto el orden que se opone al caos. Ahí está la profundidad de la raíz, de la fuente donde se encuentra la materia prima de los elementos. Porque ese es el secreto de los temperamentos de los que vamos a hablar. Es necesario pues abordar este tema con una doble perspectiva. Hay que concebirlo no solamente con sus esquemas tomados al pie de la letra, en el sentido material del término, sino sobre todo intentar imaginar y sentir sus correspondencias invisibles, metafísicas y espirituales. En efecto, cuando se piensa en un elemento, es posible, gracias a la visualización, vivir lo que representa en un plano invisible. Impregnarse de la fuerza que contiene y que es cósmica. Sentirlo en sí mismo. Cuando por amor al elemento uno se une a él, se une en efecto al Creador, a lo Divino, al Gran Arquitecto del Universo; así se permite a las fuerzas divinas curativas expresarse, según la ley de la simpatía natural. Se manifiesta una fuerza de amor y de correspondencia que penetra nuestro ser, lo regenera en el elemento y vuelve a armonizar nuestro temperamento en este elemento. La fuerza, las virtudes, el poder del elemento están entonces en nosotros y actúan para curarnos. Este es el objeto de esta obra, ayudarnos a comulgar con los elementos.

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Prólogo

Tener un buen temperamento... • Es estar en su elemento. • Es mantenerse en armonía con los ciclos de la vida. • Es sacar provecho de los elementos y de la simpatía natural que une las estaciones, las plantas, los alimentos, los climas, los períodos del día y nuestro propio temperamento. • Es además desarrollar las virtudes que los Antiguos llamaban humores y que nos ligan a los elementos.

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Introducción El término temperamento viene del latín temperare, que quiere decir «templar, dominar, adaptar, moderar». En efecto, el temperamento es la mezcla a partes iguales de los cuatro elementos. También es el estado de equilibrio de sus humores respectivos. Es un estado interno de justo término medio y de justa proporción de sus naturalezas o cualidades respectivas, que son la húmeda, fría, seca y caliente. Pues, como veremos, los elementos han sido creados gracias a estas cuatro cualidades. Por extensión, tener un buen temperamento significa tener una buena constitución física y psíquica; es lo que resulta de él. Cuando los antiguos filósofos distinguían cuatro temperamentos, era para expresar que en cada uno de nosotros domina por lo menos un elemento. Ellos dieron a estos temperamentos los nombres de colérico (o también bilioso), sanguíneo, nervioso (o melancólico), y por último linfático, según sea que predomine respectivamente el fuego, el aire, la tierra o el agua. Hay que volver a dar a la noción antigua de los temperamentos nuevas aplicaciones, tanto en el campo de la dietética como en el de la salud física y psíquica. Los principios que enunciaremos no son dogmáticos, sino que están destinados a suscitar la reflexión del lector en este campo. Tampoco se trata de un método cualquiera destinado a sustituir a la medicina moderna. Se ha elegido una descripción muy sistemática, a propósito, para que sea didáctica; sin embargo no es restrictiva. Le corresponde a cada uno servirse de las descripciones y de los esquemas que contiene esta obra para establecer su propia idea y comprensión del 21


Introducción

tema, pues esta ciencia no es más que un bosquejo y no puede entrar en un marco tan simplificado. Por lo tanto cada uno debe trabajar por sí mismo para obtener su propia interpretación. La meta de este trabajo es simplemente ayudar a descubrir el temperamento propio, y así poder ser guiado para adquirir un temperamento ideal, es decir, equilibrado. Si esta misión se cumple, entonces este libro habrá cumplido su objetivo.

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Historia de la teoría de los temperamentos Las enseñanzas tradicionales de los filósofos de la Grecia antigua en materia de salud, tenían en cuenta los cuatro elementos: la tierra, el agua, el aire y el fuego. Los médicos y filósofos griegos consideraban que cada hombre nace bajo la influencia de uno de estos elementos. Por lo tanto llamaron temperamento a la constitución orgánica y psíquica del hombre, que está bajo la influencia de los cuatro elementos. Históricamente, esta teoría ha sido atribuida a la escuela hipocrática, aunque es mucho más antigua. En realidad se deriva de la teoría de los elementos tal como la describió Empédocles, médico griego de la escuela pitagórica. Este último sintetizó lo que había sido presentido antes que él sobre los elementos por la escuela jónica de Mileto. Enunció que toda la Creación procedía de cuatro elementos que llamó las cuatro raíces. En el cuerpo humano cada principio o elemento, a saber, la tierra, el agua, el aire y el fuego, genera un temperamento dominante, respectivamente terrestre, líquido, aéreo o ígneo, según la proporción «Ora el Uno ha crecido, subsistiendo él solo de lo múltiple, ora al contrario, lo múltiple se produce por la división del Uno, disociándose en fuego, agua, tierra y aire». Empédocles (490-435 a.C.) 23


Historia de la teoría de los temperamentos

dominante de tierra, de agua, de aire o de fuego. Esta teoría de los temperamentos se integra en una visión más global de la salud. Los filósofos de la escuela pitagórica definían primero la salud como un estado de equilibrio que llamaban isonomía. Para Alcmeón de Crotona, la salud es la expresión corporal de la «dikè», la justicia inherente a la naturaleza de las cosas. Se conserva por la isonomía, el equilibrio entre dos fuerzas contrarias, manifestadas especialmente en el cuerpo por la dualidad de las cualidades calor/frío y seco/húmedo. Estas dos parejas provienen de dos cualidades primarias, complementarias y opuestas, que podríamos calificar hoy de positiva y negativa.

«Así como el Universo tiene un fuego central, del mismo modo el ser humano posee su propio fuego en el centro del cuerpo, que le proporciona su calor interno». Filolao (550 a.C.) Médico Pitagórico Al tratar de la isonomía, Filolao habla después de los dos elementos contrarios que hay que mantener en equilibrio; los llama calor y frío: «El ritmo de la respiración está producido por la influencia recíproca de estos dos elementos contrarios. La alteración de esta interacción está asociada a un defecto o a un exceso. Él [el ritmo] actúa entonces sobre la sangre, lo que provoca las enfermedades».

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Su Salud, según los Cuatro Temperamentos

En esta teoría, la esencia universal da nacimiento a cuatro principios o elementos (tetrasomía), términos que no hay que entender solamente en el sentido de elementales, sino que designan más bien las raíces o los principios originales. La palabra principio relacionada con ellas será recuperada por el médico Jan Baptist Van Helmont, rosacruz del siglo XVII. La salud depende de la justa proporción entre estos cuatro elementos o raíces, que son llamados «principios» en las enseñanzas de la Orden Rosacruz AMORC, para diferenciarlos de los elementos, es decir, electrones, átomos y moléculas. El término «principio» o «raíz» tiene un significado metafísico. Quiere decir que cada cosa se crea a partir de una especie de idea-fuerza cósmica, idea-fuerza o raíz de la que los elementos tierra, agua, fuego o aire no son más que la imagen material. En total, el temperamento representa la proporción de los principios y cualidades de origen de los elementos, así como las dos fuerzas en oposición que son su causa primera. En resumen, este término puede definirse también como una mezcla a partes iguales y en justo equilibrio de los cuatro elementos. Desde un punto de vista metafísico, el temperamento que correspondería a la salud perfecta sería el que asocia una parte igual de influencia de cada uno de los cuatro principios o raíces – tierra, agua, aire y fuego – y un justo equilibrio de las dos fuerzas cuyas cualidades son calor y frío, seco y húmedo. Una vez más es necesario comprender bien que esta noción de temperamento se extiende tanto a los aspectos físicos como a los aspectos psíquicos y espirituales. Lo que los antiguos alquimistas llamaban azufre en relación con el alma, mercurio en relación con el ser psíquico y sal en relación con el cuerpo, también están constituidos a partir de las raíces y las cualidades espirituales de los elementos. El temperamento ideal, en el sentido de salud perfecta, se deriva por lo tanto además del estado de 25


Historia de la teoría de los temperamentos

armonía entre estos tres planos de nuestro ser –cuerpo, psiquismo y alma–, es decir, un estado de templanza, de moderación y de buena composición. Dicho de otro modo, no se puede tener buena salud si no se cuida el cuerpo físico; para lograrlo, hay que ocuparse también del alma y manifestar las virtudes que esta encierra. Según los historiadores antiguos, los griegos habrían traído de Egipto esta noción de principios elementales en el origen de la vida. Ciertos trabajos dejan incluso margen para pensar que la teoría de los cuatro principios estaba representada en Egipto por los cuatro vasos canopos que se encuentran en las tumbas de los difuntos. Estos objetos habrían tenido relación con las cuatro cualidades directrices de los cuatro temperamentos. Además, cada vaso era colocado bajo la protección de las dos cualidades positiva y negativa de la divinidad, simbolizadas por un hijo de Horus y una diosa. Los vasos canopos contenían el hígado símbolo del fuego, los pulmones símbolo del aire, el intestino símbolo del agua y el estómago símbolo de la tierra. Los griegos, más racionales que los Egipcios, trataron de comprender cuál era el origen del principio vital y en qué elemento residía este principio. Tales, que fue uno de los primeros en dirigirse a Egipto, lo asimiló al agua. Anaximandro lo relacionó con la tierra. Anaxímenes con el aire, y Heráclito con el fuego. Tal vez se puede pensar que estos autores eran muy conscientes de la existencia de cuatro elementos, pero que cada uno quería en realidad describir la esencia. Ya que cada elemento contiene solamente una parte del principio de vida, los filósofos acabaron finalmente por admitir que por encima de estos principios o elementos, existe una materia prima, una quinta esencia o «quintaesencia», un solo principio universal en el origen de toda cosa y que engloba el conjunto de los cuatro elementos, dándoles la vida y el movimiento según tres esta-

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Su Salud, según los Cuatro Temperamentos

dos: el estado sólido, el estado líquido y el estado gaseoso. Por analogía, consideraron que nuestro ser está formado igualmente por tres estados o planos, que los alquimistas representaron por medio de la sal o cuerpo físico fijo, el mercurio o espíritu vital fluídico –que los rosacruces, desde el siglo XVI, han llamado siempre cuerpo psíquico– y el azufre, el alma espiritual o fuego. Paralelamente a la teoría de los elementos o «principios», los griegos también tenían conocimiento de la teoría de la simpatía natural, llamada también de las correspondencias o semejanzas. Esta teoría completa la de los temperamentos, pues establece vínculos de correspondencia entre cada uno de ellos y los reinos de la naturaleza. Por ejemplo, Empédocles escribió que «lo dulce busca lo dulce, lo amargo se lanza hacia lo amargo, lo ácido hacia lo ácido, y lo caliente se derrama hacia lo caliente». Así los griegos clasificaron las plantas medicinales y los regímenes alimenticios en función de los elementos. Según esta regla general, las plantas que viven en un medio caliente y árido son calientes y secas. Están en sintonía con el temperamento caliente y seco del fuego que incrementan en el cuerpo. Del mismo modo, existen plantas secas y frías, otras frías y húmedas o aún otras calientes y húmedas. Y así ocurre lo mismo con los alimentos, los climas, las fuentes termales, etc. Todo esto interactúa con nuestro temperamento, que, a su vez, consta de cualidades calientes o frías, secas o húmedas, según los elementos. Todo el arte consiste en manejar estas cualidades y utilizarlas, a fin de garantizar la salud el mayor tiempo posible. Los médicos árabes, especialmente Geber, conservaron esta sabiduría de los filósofos griegos. Geber es el padre del álgebra, que lleva su nombre. También es uno de los padres de la alquimia. Las matemáticas y el álgebra servían para cuantificar las relaciones del alma y de los

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Historia de la teoría de los temperamentos

elementos con el cuerpo y la salud. Este autor nos ha transmitido así la teoría filosófica griega de los cuatro temperamentos. Esta regla poseía aplicaciones en medicina, puesto que era respetada para tratar los temperamentos que resultan. Volveremos a ella. En esta misma época, probablemente en Persia, los temperamentos fueron asociados también a los signos del zodíaco (la astronomía y la astrología tienen un origen caldeo). Se atribuyó a los astros una influencia determinante, y el temperamento fue fijado en función del cielo en el momento del nacimiento. Así las doce constelaciones zodiacales se reparten en cuatro grupos de tres signos de aire, Teoría de los Cuatro Temperamentos • En la base existe una materia prima, de la que han surgido cuatro elementos: la tierra, el agua, el aire y el fuego. Los elementos dan forma a las cosas. • Los elementos poseen propiedades llamadas naturalezas: seca, caliente, fría y húmeda. Estas propiedades califican los cuatro elementos y les permiten transformarse unos en otros según una regla muy precisa. • Los elementos sólo pueden unirse de dos en dos y a condición de tener en común una naturaleza semejante. Por ejemplo, el fuego que es caliente y seco, puede unirse sea a la tierra que es fría y seca, o al aire que es caliente y húmedo. Pero no puede unirse al agua que es fría y húmeda. • Las transformaciones siguen igualmente ciclos inmutables que van del fuego al aire, del aire al agua, del agua a la tierra, y de la tierra al fuego.

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Su Salud, según los Cuatro Temperamentos

de fuego, de tierra y de agua. Se considera que son capaces de inducir el temperamento o actuar sobre él. Por ejemplo, alguien nacido bajo el signo de Leo se cree que tiene un temperamento ligado al fuego, lo que produce el temperamento colérico. Más tarde, los fundamentos místicos de la doctrina de los temperamentos se perdieron. Sólo subsistió la doctrina de los humores, igualmente de origen griego. Según esta última, coexisten cuatro humores en el organismo: flemático, melancólico, colérico y sanguíneo. El humor sanguíneo proviene del aire y produce la sangre, lo que explica el temperamento sanguíneo. El humor surgido del fuego es la ira1 ; también se llama bilis y está en relación con el hígado, lo que produce el temperamento bilioso o hepático. En cuánto a la atrabilis2, también llamada melancolía3 o bilis negra, proviene de la tierra y actúa, según algunos autores, sobre el bazo y el cerebro. Esto es lo que da el temperamento atrabiliario, llamado nervioso o melancólico. Por último la flema4 , también llamada pituita5 , está formada a partir del elemento agua y produce el temperamento linfático. La doctrina de los humores era originalmente psicosomática, y luego se volvió materialista y orgánica. Al Del griego choie, que es el equivalente del término latino que ha producido «bilis». 1

2

Del latín ater, «negro».

3

Del griego melanos, «negro».

Flema es el nombre dado por algunos poetas latinos, entre ellos Ovidio, al agua lustral. 4

Hasta el comienzo del siglo XX, la pituita correspondía en medicina a las secreciones mucosas y a los esputos. Simbólicamente, los esputos también tenían el poder de borrar las faltas y alejar el mal. 5

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Historia de la teoría de los temperamentos

principio, mostraba la influencia del psiquismo sobre el cuerpo físico, subrayando cómo el estado emocional puede generar humores más o menos sanos o malsanos, según estos sean buenos o malos. Así, estar de mal humor, cuando se es de temperamento sanguíneo, perturba la sangre. Hoy en día diríamos que produce tensión. Pero esta doctrina condujo a «supersticiones médicas», denunciadas en su época por Paracelso como no científicas y demasiado sectarias. No obstante los médicos hasta mediados del siglo XVIII, se basaban en los humores para establecer su diagnóstico e imponer a sus pacientes que recurrieran a las sangrías, a las lavativas y a las purgas. Con el Renacimiento, poco a poco se abandonó esta doctrina de los humores profundizando en la noción de temperamento, y después en la época de las Ilustración, en el extremo contrario, se quemó todo a la vez, la doctrina de los humores y la de los temperamentos. ¿La medicina moderna integrará un día de nuevo esta teoría? Si los cuatro temperamentos del hombre existen tan ciertamente como existen los cuatro elementos, ¿por qué no podría haber una relación con nuestros humores psíquicos? Vamos a intentar que esta noción de temperamento concuerde en la medida de lo posible con los conocimientos modernos. Pero veamos primero algunos aspectos típicamente rosacruces de la antigua teoría de los elementos.

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Ontología de los elementos Para comprender la teoría de los temperamentos y los vínculos que estos últimos mantienen con la salud, vamos primero a compararla con la ontología rosacruz. Según esta ontología tradicional muy antigua, el Ser emanó de él mismo un alma universal perfecta en esencia, una luz pura –una chispa–, el Fiat Lux, el Verbo. En su deseo de contemplarse, el alma se expandió y se concentró sobre ella misma. Esto produjo no sólo el movimiento, lo que hizo emanar el calor de la luz, sino también la aparición de las formas. Del movimiento de la luz nació entonces el calor. El movimiento incesante de la luz produjo también múltiples vibraciones, lo que corresponde al océano primordial vibratorio cuya cualidad es la humedad. Expandiéndose por medio de las ondas vibratorias del calor y la humedad, la luz pudo al fin manifestar su existencia y tomar forma, pues su naturaleza se enfrió poco a poco y se secó para producir su contraparte corpuscular fría y seca. Así nacieron las cuatro cualidades opuestas dos a dos: el calor y la humedad, lo frío y lo seco. Dos de estas cualidades son activas –el calor y la humedad– y dos pasivas –lo frío y lo seco. Los antiguos las llamaron también las cuatro naturalezas. Al unirse dos a dos, estas cuatro cualidades produjeron los cuatro principios de manifestación: el fuego, el aire, el agua y la tierra. Por lo tanto los cuatro principios fueron emanados de las cuatro cualidades unidas dos a dos de la manera siguiente:

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Ontología de los elementos

• El calor y la humedad produjeron el aire, • El calor y lo seco produjeron el fuego, • El frío y la humedad produjeron el agua, • El frío y lo seco produjeron la tierra. Estos cuatro principios son las raíces, los arquetipos de todas las cosas manifestadas, las ideas-fuerza creadoras. Difieren de lo que equivocadamente se llama los cuatro elementos, en el sentido de que en realidad son imponderables e inmateriales. Los cuatro principios, uniéndose a su vez, manifestaron la triple naturaleza del ser: • En el momento del contacto del fuego y del aire, lo seco de uno y la humedad del otro se templaron y se neutralizaron mutuamente, mientras que el calor, que es su cualidad común, manifestó el azufre. El alma encarnada. • En el momento del contacto del aire y del agua, el calor de uno y el frío del otro se atenuaron, mientras que la humedad, su cualidad común, se manifestó bajo la forma del mercurio. El cuerpo psíquico. • En el momento del contacto del fuego y de la tierra, el calor y el frío respectivos se neutralizaron, mientras que lo seco engendró la sal. El cuerpo físico. • En cuanto al contacto del agua y de la tierra, al moderarse lo húmedo y lo seco, dejaron sólo en actividad al frío. Ahora bien, el frío es absolutamente pasivo, y por eso no engendra nada, se manifiesta solamente en la materia mineral. Por último, se manifestó una quinta esencia, la materia prima de los filósofos. Esta quinta esencia –o quintaesencia– es la de la fuerza vital del alma universal. Penetra los 32


Su Salud, según los Cuatro Temperamentos

cuatro principios y les da la vida, permitiendo al alma revelarse a sí misma manifestando su propia naturaleza.

El poder de las cuatro naturalezas de los elementos. Ahora tenemos que hablar de la influencia visible de la naturaleza de los elementos sobre la materia, tal como la comprendían los antiguos. He aquí las reglas principales. En cada elemento se manifiesta su propia naturaleza, surgida de las cuatro cualidades opuestas, dos a dos: • El calor y el frío • Lo seco y lo húmedo

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Ontología de los elementos

Existe una correspondencia entre estas cuatro naturalezas o cualidades y las dos polaridades de las fuerzas cósmicas del universo, a saber : • La eléctrica y la magnética. • La solar y la planetaria. Esto está simbolizado en alquimia por el sol y la luna. Aplicada a la materia, cada una de estas cualidades posee virtudes particulares, físicas y metafísicas: • El calor es volátil, expansivo, dinámico, dilatador, de polaridad positiva: es el origen del principio expansivo y tónico. • La humedad es fluídica, sutil, atenuante, moderadora, vaporosa y fugitiva: es el origen del principio receptivo. • El frio es fijador, inerte, conservador, concentrador, de polaridad negativa: es el origen del principio de fijación y de atonía. • Lo seco es desecante, estéril, absorbente y árido: es el origen del principio de retención. Aplicadas a la materia viva y al cuerpo humano, estas cuatro cualidades naturales poseen también las siguientes propiedades:  El frío contrae, el calor dilata: la acción del frío y del calor en el cuerpo actúa sobre los capilares, y por este medio sobre el movimiento de la energía vital y de las dos polaridades de la fuerza vital. Allí donde actúa el calor, la fuerza vital se concentra en su polaridad positiva, y allí donde actúa el frío, se dispersa.  Lo seco encoge, la humedad relaja: la acción de lo 34


Su Salud, según los Cuatro Temperamentos

seco y de lo húmedo actúa más bien sobre los tejidos y el estado de la materia, sobre lo que los rosacruces llaman Espíritu, que también tiene una polaridad doble. Así, lo seco concentra la materia y la humedad la disuelve, dando como resultado sobre los tejidos que la humedad relaja y lo seco contrae. En cuanto a las dos polaridades de la fuerza vital, la positiva –o eléctrica– estimula expandiendo, acelera, se proyecta y tonifica. La polaridad negativa –o magnética– estimula atrayendo, modera, atrae, absorbe y dispersa. Su acción se ejerce sobre la esencia de la fuerza vital. De lo que precede, se puede decir que los principios de los elementos tienen la acción siguiente: • El agua, puesto que es fría y húmeda, contrae los vasos por su frialdad, y relaja y disuelve los tejidos por su humedad. • El fuego, puesto que es caliente y seco, dilata los vasos por su calor y encoje los tejidos por su sequedad. • El aire, puesto que es caliente y húmedo, dilata los vasos por su calor y relaja los tejidos por su humedad. • La tierra, puesto que es fría y seca, contrae los vasos por su frialdad y encoge los tejidos por su sequedad. Estos poderes de los elementos han generado en el ser humano cuatro temperamentos y cuatro humores cuya influencia vamos a ver a continuación.

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Ontología de los elementos

Verano Calor

Primavera

Humedad

Sequedad

Fuego

Aire

Tierra

Agua

Otoño

Frío

Invierno

Diagrama que muestra las relaciones entre los elementos o principios (fuego, aire, agua y tierra) y sus cualidades o naturalezas (calor, humedad, frío y sequedad). Así mismo muestra el ciclo virtuoso o positivo (interior contínuo) y el defectuoso o negativo (exterior punteado).

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Su Salud según los cuatro Temperamentos