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ga ga. Pero desde muy tierna edad se trasladó con sus padres a Zaragoza donde recibió toda su formación y escribió la mayor parte de sus obras; su pensamiento imprimió huella sobre los demás intelectuales de la ciudad. Ibn Gabirol fue de salud quebradiza y sensibilidad extrema, lo que le dotó de una prematura madurez. En Zaragoza, en 1045, escribe su Libro de corrección de los caracteres y ésta es la última fecha que conocemos de su vida. Como poeta le cabe el mérito de haber iniciado una nueva forma de hacer poesía en el judaísmo, creando una auténtica escuela. Pero la impronta en poesía religiosa es más personal y se centra en la utilización de la lengua hebrea renovada y actualizada, empleando metros silábicos específicos del “piyut” sefardí, de origen aún sin esclarecer. Ibn Gabirol ha sido un modelo imitado incluso hoy en día: sus poemas religiosos se usan en las ceremonias judías y en especial en el Yom Kippur o Día de la Expiación. La posición de Ibn Gabirol como cantor de los sentimientos religiosos se halla perfectamente inscrita en el racionalismo, pietismo, misticismo y eticismo de la escuela zaragozana, al modo

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en que demostrarían hasta la saciedad Ibn al-Arif, Iban al-Sid, Ibn Paguda y Avempace entre otros. De su producción filosófica solo nos queda una obra: Fons Vitae, La Fuente de la Vida, y de ella únicamente existe un resumen de su original árabe y una versión latina. Este libro es de un estilo seco y árido y contrasta con el Ibn Gabirol poeta, pero en el fondo es el mismo: “la inquietud del hombre sumido en la materia y en sus cambios, que aspira a unirse con Dios Uno, absoluto e inmóvil, para lo que expone una cosmología que sirva a la vez de puente y camino hacía Él.” En este sentido, las fuentes que se pueden señalar para el pensamiento de Ibn Gabirol estarían en Aristóteles, Plotino o el Pseudo Empédocles. La Fuente de la Vida es profundamente original, ya que centra en tres puntos el objeto del saber: el conocimiento de sí mismo, el conocimiento del mundo y el conocimiento de Dios. Esta meta, cifrada en el conocimiento, ha de ir acompañada de una práctica santa y recta: “El hombre debe ir ascendiendo de escalón en escalón, prescindiendo de lo caduco y múltiple corpóreo, hasta llegar al Alma, al intelecto, y luego a la Materia y la Forma. Finalmente, desde és-

Revista Rosa+Cruz Nº. 71 - Primavera 2011  

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