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PRIMAV ERA 2011 11

por Miguel Espinar

Hay dos formas de ver e interpretar el simbolismo relacionado con la Basílica de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza. La primera, exotérica, contemplando su historia y cuantos eventos acaecieron desde que, según el libro “La ciudad mística de Dios” de la Venerable María Jesús de Ágreda, el 2 de enero del año 40 la Virgen María se apareció a Santiago en una columna. La historia está avalada por testimonios y documentación escrita. De una manera somera diremos que en la tradición, el Pilar de la Virgen siempre ha estado en el mismo lugar. Ya desde los primeros siglos se puso de relieve la gran devoción que se tenía a la Virgen María y, durante la dominación musulmana, había un templo mozárabe en que se veneraba el Pilar en un pequeño templete.

Con la conquista de Zaragoza por Alfonso I el Batallador, este templo quedó prácticamente en ruinas y siendo obispo de Zaragoza Pedro de Librana, se construyó el templo románico. Con el pasar del tiempo se fue reformando, fue pasto de un incendio en el año 1434 y después se empezó a construir el templo gótico mudéjar que se acabó en el año 1515. La primitiva Virgen, la que había antes del incendio, fue destruida o desapareció. La actual es obra de Juan de la Huerta de Daroca y tiene un marcado estilo borgoñón. Tiene una altura de más de 36 cms; la columna, de jaspe, mide 1,77 metros y tiene de diámetro unos 24 centímetros. En el año 1681, en la festividad de Santiago, se puso la primera piedra del que sería el

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Revista Rosa+Cruz Nº. 71 - Primavera 2011  
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