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PRIMAV ERA 2011

un toro blancos y trazó un surco alrededor de la futura urbe, siguiendo la misma línea a lo largo de la cual habría de levantarse el muro delimitado. El fundador procuró que toda la tierra que era levantada por el arado cayese en el interior del recinto, los asistentes recogían asimismo los terrones y los volvían a echar donde el rito establecía. Al llegar al sitio previsto para las puertas, el ejecutante levantaba el arado con el fin de dejar un espacio libre de toda consagración. Cuando el oficiante alcanzó el punto de partida, la ciudad quedó fundada. Este rito debía ser completado por dos ceremonias aún más antiguas. Una dedicada a los dioses infernales. Se excavaba una fosa circular llamada “mundus” donde eran depositadas las ofrendas “a los de Abajo”. El segundo rito tenía por objeto colocar a la ciudad futura bajo la protección de los dioses “de lo Alto” que eran Júpiter, Juno y Minerva. En el futuro, donde señalara el agrimensor, se construiría un templo llamado Capitolio en la parte más alta de la ciudad. Posiblemente en el lugar ocupa-

do en la actualidad por la catedral del Salvador o de la Seo. Augusto estableció el rito de la Primera Piedra y que aparece descrito en el Pontifical Romano. La Primera Piedra En plena guerra púnica (205 a.C), los romanos consultaron los libros sibilinos para conseguir auspiciarse una victoria contra sus enemigos los cartagineses. El oráculo propuso que se enviase una embajada a Pesinunte, en Asia Menor, para obtener la Piedra Negra que sería de mucha ayuda. Los romanos consiguieron la Piedra y la iden-

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Revista Rosa+Cruz Nº. 71 - Primavera 2011  

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