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GRANDES MUJERES INICIADAS El Misticismo Femenino


Hélène Bernard, SRC

GRANDES MUJERES INICIADAS El Misticismo Femenino

Ediciones Rosacruces, S.L.


Ediciones Rosacruces, SL Apdo. de Correos 199 08140 Caldes de Montbui Barcelona (España)

© de la Orden Rosacruz AMORC Gran Logia Española Ilustraciones: Nelly Lopetuso Chantal Thiebaux ISBN: 978-84-95285-48-5 Depósito Legal: B-2195-2013 Impreso por: Publidisa Primera Edición: Enero de 2013 Barcelona (España) Colección Espiritualidad www.edicionesrosacruces.es info@edicionesrosacruces.es


Dedico este libro: A la eterna, profunda, justa, paciďŹ sta, generosa, altruista y abierta mujer que siempre sabe como decir SI, pero tambiĂŠn como decir NO. A todas las mujeres que no aparecen en este libro y en esta dedicatoria.

H. B.


ÍNDICE Introducción …………………………………………

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Jeanne Guesdon ……………………………………..

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Un episodio heroico y sangriento de la espiritualidad francesa……………………………………………….

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Esclarmonde de Foix ………………………………..

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Tii y Nefertiti ………………………………………..

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Helena Petrovna Blavatsky ………………………….

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Hildegarde de Bingen ……………………………….

69

Mâ Ananda Moyî ……………………………………

75

Lady Pernelle ………………………………………..

83

María Deraismes …………………………………….

91

Tiphaine de Reguenel ………………………………..

99

Juana de Arco ………………………………………..

109

Dona Beatrice ………………………………………..

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María ………………………………………………..

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Conclusión ………………………………………….

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Carta de Helena Roerich …………………………….

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INTRODUCCIÓN Sin grandes pretensiones literarias, esta obra no es por cierto una obra filosófica, o un análisis místico complejo y refinado, ni tampoco uno de esos mensajes velados tan agradables de descubrir. Haciendo eco de todo lo que ya fue escrito sobre y a favor de las mujeres, quiero simplemente decir que en el mundo místico e iniciático, ellas también existen. Si para los místicos sinceros y los seres inteligentes, no hubo nunca barreras entre las razas, las clases sociales y los seres humanos en general, siempre existió en el seno de las organizaciones llamadas tradicionales e iniciáticas, un rechazo a la polaridad femenina. Esta situación explica tal vez «el gran vacío» que se experimenta al tratar con los adeptos de esos movimientos. Detrás de frases y actitudes poco naturales, descoloridas y desprovistas de interés y de sentido común, ocultan su gran miedo ancestral al poder del principio femenino. El miedo, como muchas otras enfermedades mentales, también se cura; les sugiero comenzar el tratamiento lo antes posible, de manera que todos juntos podamos vislumbrar La Edad de Oro. Estas ideas, actualmente muy clásicas, y este libro en general, son la continuación de un corto artículo que redacté hace algún tiempo y que será mi introducción:


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En todos los tiempos y en todos los terrenos, las mujeres fueron mal conocidas o voluntariamente ignoradas. Pero es en la religión y en el misticismo donde tuvieron la mayor dificultad para afirmarse. Combatimos lo que nos produce miedo. Desde siempre, los hombres han temido la gran fuerza y el poder oculto que representa la mujer. No se puede rechazar una polaridad de la vida y pretender que todo funcione bien. Toda célula está compuesta de dos polaridades; cuando una de ellas está mejor alimentada que su compañera, da por resultado un desequilibrio que provoca un profundo malestar, a menudo la enfermedad y a veces la muerte. Cuando la supremacía masculina comprenda que todo se hace mejor a dúo, el mundo vivirá en paz. Pero, ¿será esto pronto? Es probable que no, pues en todos los países, las que dan la vida están a menudo bajo el dominio de los que la destruyen. Son muy numerosos los autores que reconocen el papel determinante de la mujer en la historia, pero quedando siempre en la sombra, en un segundo plano. En la antigüedad, la mujer era venerada, pero esta veneración no iba más allá de la mitología. Luego llegó la Iglesia Católica con Dios el «Padre», sus papas y obispos. Todos estos hombres de iglesia, en el lapso que mediaba entre dos guerras, o dos recaudaciones de impuestos, se preguntaban: ¿Tiene alma la mujer? Hecha la reflexión, decidieron que lo más conveniente era concederle su alma, aunque fuera inferior, pues si no ¿cómo pretender que el diablo pudiera tomar posesión de la misma? Esta sabia decisión permitirá más tarde a la iglesia vender numerosas indulgencias a estas malignas criaturas del género femenino, negras de pecados y que con frecuencia tenían que pasar por una «purificación del alma». Seguramente habrá oído usted hablar de las cazas de brujas. En cambio a los hombres a menudo les llamaban «alquimistas». La edad media vio nacer numero12


Introducción

sas sociedades secretas y sectas de todo género. ¿Iban a tomar en consideración ese mal que el mundo sufría desde hacía milenios, la misoginia? ¡De ninguna manera! Oponentes de la iglesia y de los reyes en materia política y de intereses, la mayoría de esas órdenes se hicieron aliadas del poder para denigrar y envilecer a la mujer. A través de los siglos, las ideas y las modas, únicamente la Orden de la Rosa-Cruz, a pesar de las oposiciones y burlas realizadas en su contra, insistió en preservar este equilibrio natural y deseable que consiste en la igualdad entre el hombre y la mujer. Es muy lamentable comprobar en nuestra época que en ciertas fraternidades, la misoginia permaneció como una de las bases de las enseñanzas usadas, ignorando las energías cósmicas, las vibraciones y otros principios, que pueden brindar una mejor comprensión entre «lo femenino y lo masculino» y la unión de dos polaridades de expresión que, aunque algo diferentes en esta tierra, están fundidas una en la otra en el seno de la Unidad Cósmica, nuestra Madre.

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JEANNE GUESDON (1882 - 1955) En Dossainville, en el Loiret, es donde «eligió» nacer Jeanne Guesdon. Su importante destino comienza en el domicilio de su tío materno Anatole Gibier, bajo el signo de Acuario, el 10 de febrero de 1884 a las 14 h. Se siente el rigor del invierno, pero desde hace unos días el espíritu de la Candelaria está presente y, a pesar del frío y de la nieve, todo indica la llegada de la primavera. A esa aldea de Francia llegó un alma-personalidad excepcional, inscrita en la Alcaldía bajo el nombre de Jeanne Marie Julie Justine Guesdon, hija de Louise Gibier de 25 años de edad y de Arthur Guesdon, de 40 años. Fue bautizada por el cura de Engenville, el 17 de febrero de 1884, ante su padrino Anatole y su madrina Justine Bohivens, su abuela paterna. Sus padres vivían en Vitry-Aux-Loges, pequeño pueblo de la región, donde Arthur Guesdon era cobrador de impuestos. Jeanne tuvo un hermano, Charles, nacido en 1882, que murió a la edad de 30 años. El padre de Jeanne muere algún tiempo después del nacimiento de su hija y Louise Guesdon debe dejar el Loiret a fin de conseguir trabajo y educar a sus dos hijos. Se establece en Villeneuve-SaintGeorges. Compra una pequeña casa en el número 56 de la calle Gambetta y encuentra trabajo en París. Es pues entre

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su campiña natal y la capital francesa donde crece Jeanne, niñita de ojos azules y cabellos claros. Desde jovencita, Jeanne tiene el deseo de aprender y comprender el universo que la rodea y en el cual fue ubicada para perfeccionar su propia evolución y más tarde, la de los demás. Persevera en sus estudios, lo que para una joven no es cosa fácil, ni de buen tono, en ese fin del siglo XIX. El 1 de julio de 1899, a los quince años, obtiene con éxito su Diploma de Capacitación como maestra de enseñanza primaria. Más tarde, el 14 de noviembre de 1901, el Diploma Superior de la misma disciplina. Los títulos obtenidos no son suficientes para Jeanne, que tiene grandes capacidades y una inmensa necesidad de saber más. Después de sus estudios en magisterio, profundiza en su conocimiento del inglés y el español, y más tarde obtiene un diploma de taquimecanógrafa que le permite entrar en la Société Francaise de Gramophone donde obtiene un empleo en calidad de secretaria, de septiembre de 1903 a agosto de 1912, fecha en la que se retira voluntariamente de esta empresa para establecerse en Inglaterra a fin de perfeccionar su inglés. Paralelamente a su vida profesional, Jeanne se siente atraída por el misticismo y la espiritualidad. Sabe que el intelecto y la inteligencia no son un fin, sino un simple medio y un don para comprender mejor la vida y aportar una respuesta a las grandes preguntas que se plantea desde siempre la humanidad. El esoterismo y las sociedades secretas le atraen. Tiene encuentros interesantes y reúne documentos con evidencias; está siempre a la búsqueda de libros o de algunos signos capaces de mostrarle la senda. De pronto, la puerta se abre; entra en contacto con las organizaciones tradicionales de la época y, en particular, 16


Jeanne Guesdon

con la Rosa-Cruz de Francia y la Orden Martinista y Sinárquica. Y mientras el Dr. H. Spencer Lewis llega a Toulouse y a París en busca de la Rosa-Cruz, a fin de protegerla y darle el progreso hoy conocido, Jeanne va a Londres, donde desde septiembre de 1912 trabaja en la Baldwin Locomotive Works. En mayo de 1913 deja Inglaterra para dirigirse a Cuba donde permanece hasta julio de 1930. Jeanne, en el curso de esos años ocupó consecutivamente los cargos de secretaria, apoderada y luego directora de la Brandiere Compagnie en la Habana. Desde ahí colabora en el establecimiento de la Orden Rosacruz AMORC a la que se afilia oficialmente el 12 de enero de 1926. Sirve de intérprete entre el doctor H. Spencer Lewis, Imperator de la AMORC y otras organizaciones tradicionales auténticas, activas o inactivas. Es necesario que en ese año de 1930 regrese a su país natal, donde su misión debe continuar. En el mundo místico, Jeanne es conocida por su integridad y grandes capacidades; es por ello que cuando la FUDOSI (Federación Universal de Órdenes y Sociedades Iniciáticas) se crea en agosto de 1934, Jeanne es nombrada secretaria. Contribuye al establecimiento de la Rosa-Cruz en varios países del mundo, así como del Martinismo al que pertenece desde hace mucho tiempo, y que se encuentra bastante desorganizado. Jeanne traduce los documentos necesarios del francés al inglés y envía a los Estados Unidos las traducciones certificadas por los Oficiales Martinistas de Europa. Más tarde hará falta reactivar la Rosa-Cruz de Francia, misión en la que Jeanne trabajará en secreto, esperando que la II Guerra Mundial que devasta al continente haya pasado. De la misma forma que la naturaleza se prepara para la primavera, es en esta Francia pasada por el fuego y la sangre, a pesar del desorden y la miseria reinantes, donde la Rosa-Cruz edifica sus bases por medio de Jeanne Guesdon. 17


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Los contactos continúan y el trabajo se lleva a cabo, mientras se espera el día en que la luz de la Rosa-Cruz pueda brillar con su anterior esplendor, tan fuerte como el fervor de aquellos pocos que la salvaguardaron. Y ese día llega. Poco a poco Jeanne traduce la literatura, las iniciaciones y las monografías rosacruces del inglés al francés, y después de haber hecho todos los trámites necesarios para la constitución legal de la oficina de la jurisdicción francesa de la AMORC, el 1 de enero de 1949 comienza oficialmente la existencia de la Orden Rosacruz en Francia. Jeanne no se casó nunca; consagró toda su energía y su tiempo a su ideal. Vivió con su madre en su casa de Villeneuve-Saint-Georges. Desde ahí, su pequeña habitación de doce metros cuadrados, es desde donde salieron las primeras monografías, donde se redactaba la revista RoseCroix y donde Jeanne, nombrada Gran Secretario y más tarde Gran Maestro, recibía a los miembros. Jeanne amaba mucho la naturaleza; se ocupaba con esmero de sus flores, palomas y gallinas y con mucha emoción sacrificó una parte de su jardín para levantar un nuevo edificio administrativo para la AMORC. Con la ayuda del Imperator Ralph M. Lewis y de algunos miembros fieles, continuó el trabajo que le fue confiado algunos años antes por el Dr. H. Spencer Lewis, quien pasó por su transición el 2 de agosto de 1939. Su misión tuvo un éxito pleno; la jurisdicción francesa alcanzó un progreso considerable; todo estaba listo. En 1955, hacía dos años que Louise Guesdon, su madre, había fallecido; Jeanne tenía entonces setenta y un años y a pesar de su vida agitada, gozaba de una perfecta salud. Padecía únicamente de un pequeño problema en los pies, una especie de juanete que la hacía sufrir. Decidió 18


Jeanne Guesdon

operarse para estar más tranquila y se internó en una clínica parisina. La operación benigna fue un éxito. No obstante, se acercaba el periodo de envío de las monografías, y ella sabía que los miembros las esperaban; entonces decidió regresar al trabajo lo antes posible. Los médicos le recetaron anticoagulantes, tal vez en una dosis excesiva. Dejó la clínica el lunes 28 de marzo, preparó algunos papeles y acomodó un pequeño cofre que contenía algunas joyas y varios recuerdos en su ático. Se acostó para dormir y sufrió entonces una hemorragia severa que finalmente provocó su muerte. Sus últimos instantes fueron muy duros; era consciente de su inminente partida. Ante las pocas personas presentes en esos momentos, pareció salir del postrer hálito de Jeanne un pequeño insecto de plata que partió en espiral hasta el techo y desapareció.

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UN EPISODIO HEROICO Y SANGRIENTO DE LA ESPIRITUALIDAD FRANCESA Por Jeanne Guesdon (1882 - 1955) Gran Maestro de la AMORC para Francia La civilización occidental hubiera tomado una orientación totalmente distinta y la faz del mundo hubiera sido otra, si el Catarismo no hubiera sido extinguido; Jeanne Guesdon, en este estudio sustancial, expone este doloroso problema. Bosqueja con trazos precisos lo que fue el Catarismo y saca una lección aplicada a nuestra época perturbada. Es un texto para ser leído, releído y meditado. Mucho se ha hablado de los Cátaros, esos místicos por cuyo motivo tanta tinta corre aún; se han interesado sobre su historia, su origen probable y sus relaciones con otras sectas llamadas «heréticas». Ciertos textos históricos dan datos dignos de fe, lo mismo que algunos escritores cuyos nombres son una autoridad en cuestiones de leyendas medievales; también los informes de la inquisición, interpretados con inteligencia, nos aclaran la historia de estos místicos.

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Rituales de iniciación y ceremonias fueron descubiertos en un manuscrito conservado en los archivos de la ciudad de Lyon. El manuscrito del Nuevo Testamento, sobre el cual se basaban los ritos Cátaros y un Evangelio apócrifo según San Juan, generalmente conocido bajo el nombre de Cena Secreta, dan detalles sobre algunas de sus ceremonias y oraciones. También se pueden encontrar interesantes detalles en la obra de R. Sacchoni, obispo cátaro que, más tarde, abandonará su fe primera para volverse Inquisidor. Al estudiar y comparar dichos textos con aquellos que fueron entregados a la Biblioteca de Lyon, cierta luz puede aclarar la vida y doctrina de esos místicos. Manes y Sus Enseñanzas Sus tradiciones se remontan a la época de Manes, que vivía en Persia hacia el siglo III de nuestra era. Había estudiado el budismo y la filosofía caldea y también se había inclinado hacia los misterios de las escuelas egipcias. Más tarde se convirtió al cristianismo y, con los amplios conocimientos adquiridos de distintas fuentes espirituales, hizo una síntesis sobre la que basó sus enseñanzas, tratando de alcanzar por diversas vías la gran Verdad Universal. Sus discípulos, los Maniqueos, difundieron su doctrina basada al mismo tiempo en el espíritu de renunciación de las grandes religiones orientales y en la gran ley del Amor y de la Compasión, de inspiración cristiana. Interesantes documentos fueron descubiertos poco antes de la guerra de 1914 en Turkestán y en China y también en Fayoum, Egipto, escritos por Manes y por sus discípulos. Algunos de estos documentos escaparon a la destrucción por el fuego, cuando los discípulos de Manes fue22



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