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Sueño Ni por descuido soñaría en el metro; la policía tiene orejas en las estaciones del año.

Pero sueño, porque ahí estás tú; en el silencio de los ojos abiertos.

No perdería el sueño en los hoteles; donde ya no quedan ojos, ni secretos.

Y después de visitar museos, viajar en metro, vomitar en los bares, confesar en los hoteles...

No me emborracharía de sueño en los bares; donde las mujeres vomitan su cuerpo, y los hombres su tormento. Nunca, por ningún motivo, soñaría en los museos; las pinturas se derriten en el bochorno de la distancia, y la publicidad. Yo soñaría en el mercado; en los gritos de futuro del tomate; en la carne sin muerte de los hongos, en el laberinto lácteo del quesillo. Yo soñaría en el sube y baja de los carteles amarillos; en las pruebas de voluntad del aguacate; y en los tacos del Pollo. Lo que daría por soñar en los viveros bajo un esqueleto de cerezo; ver correr a las ardillas, dueñas del cansancio de los atletas y de los amantes. Sería espuma en agua dulce, juguito de piña. Soñaría naranjamente en la plaza de Santo Domingo. El vino rojo de la ceguera, me haría soñar la locura de las trompetas del infierno. No habría campanas verdes en las iglesias de la playa, si no soñara.

Sueño, porque no como; -no puede ser comida este plato rutinario-; no bebo, porque no puedo pagar mi entrada al infierno; -mis pulmones se han vaciado en las canciones tristes de los atardeceres-. Sueño, porque me gusta salir de tus oídos, entrar por tus manos al sube y baja de las sábanas; -y en todos los sueños pareces irreal-. Y despierto, y estoy en tu cama. Y parece que nunca hubiéramos dejado de dormir juntos. Pero estoy soñando. Me lavo los dientes, me visto, me voy a soñar contigo a otra parte.


Sueño