El Arte Inaccesible

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El Arte Inaccesible de Sta. María de Portugalete

PRÓLOGO.- Existen en la Basílica de Santa María de Portugalete numerosos detalles artísticos que, por lo general, resultan inaccesibles para el gran público y se escapan a la observación habitual del espectador, ya sea porque se encuentran situados a gran altura ya porque se localizan en lugares de difícil acceso o quizá se ubiquen en lugares donde nunca miramos. A veces contemplamos distraídamente algunos de esos detalles cuando desviamos la atención de la función religiosa por culpa de alguna homilía que se alarga demasiado, o cuando nos relajamos escuchando

(Charla-coloquio del 18 de mayo de 2018)

los sonidos de nuestro grandioso órgano. En estos casos, casi siempre se nos escapa una mirada hacia el retablo mayor, hacia las bóvedas, hacia los pilares, hacia las vidrieras o hacia algún ángulo recóndito de nuestra bella basílica. Es entonces cuando descubrimos algún pequeño detalle que nos anima a revisar esa zona del templo con mayor tiempo y mejor luz. Si un

Asociación de Amigos de la Basílica

artista ha plasmado en el retablo, o en un capitel o en una cristalera algún detalle artístico, es porque quiere que sea visto y apreciado por el público. Hoy en día, las nuevas tecnologías permiten al ciudadano acercarse a esos mínimos aspectos que acaban completando una obra de arte. La fotografía, con sus magníficas ampliaciones, es capaz de mostrarnos los más ínfimos detalles. Está bien que, de vez en cuando, los simples mortales nos asomemos a esos paisajes que, hasta el momento actual, solamente el artista y Dios habían podido contemplar. La Asociación de Amigos de la Basílica de Portugalete, fiel a sus principios fundacionales, saca hoy a la luz un trabajo que tiene la misión de poner en valor todos estos detalles artísticos que posee nuestra Basílica. Con verdadera satisfacción pone a disposición de sus asociados, y del público en general, esta publicación para poder volver a disfrutar de unas imágenes realmente insólitas y que resultan inaccesibles para el observador…………………………………..


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La Basílica de Sta. María de Portugalete

alza su portentosa figura, dominando desde un altozano la desembocadura del Nervión. El edificio, de inspiración gótico tardía, por su línea y ubicación enseguida despierta el interés de los visitantes que siempre se rinden a su encanto.

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Es un edificio imponente, levantado por

la fe de los portugalujos entre finales del siglo XV y finales del XVI. Si tenemos en cuenta que al cambio de siglo, la población de la Villa no alcanzaba los 1000 habitantes, podemos darnos cuenta del esfuerzo que significó la construcción de tan bella (y enorme) iglesia y comprenderemos mejor por qué se demoraron casi cien años en terminarla.


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El estilo Gótico, muy entusiasta desde el

comienzo de la obra, fue dando paso al Renacentista que se percibe en los retoques finales. Naturalmente en tan dilatado periodo de construcción, a caballo entre los dos estilos, los gustos habían ido cambiando con el tiempo.

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El interior del templo, de planta basilical de

tres naves, sin transepto, es impresionante. Sus majestuosos arcos formeros ojivales y los recios pilares fasciculados, con sus altos baquetones, sorprenden por su elegancia…. y el distinguido triforio catedralicio que corona la nave principal, con las ventanas conopiales, le presta una finura arquitectónica singular. Todo en ella está muy cuidado.


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Y no hablamos solo de su decoración

iconográfica, con los famosos retablos obra del taller de los Beaugrant, declarados bien de interés cultural con categoría de monumento que dejan sorprendidos a cuantos los contemplan,

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o las insólitas tablas flamencas también de

mediados del XVI que cuelgan de sus muros, una de ellas con la coronación de la Virgen por la Trinidad, una Trinidad antropomorfa, sin parangón en España, sino de los numerosos aspectos marginales que ponen de manifiesto el esmero y enorme cariño con que la parroquial portugaluja fue construida.


7 Esta preocupación por los detalles se pone de relieve en la belleza, tiempo y horas, que dedicaron a pormenores que prácticamente no están a la vista de los fieles. Este aspecto cobra todavía mayor relevancia si tenemos en cuenta la precaria iluminación de la época, consistente en la que aporta el claristorio, con el tamiz de las vidrieras… y la famosa luz de las velas, que sumada a la considerable distancia a la que debían ser contemplados algunos de estos elementos, todavía hacen más sorprendentes el esmero y atención que les prestaron sus constructores.

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El objeto de esta modesta presentación es ponerlos de

manifiesto. Como son detalles situados fuera de la esfera normal de la visión ordinaria, los hemos llamado pomposamente “El arte inaccesible de Sta. Mª de Portugalete” por estar situados en lugares lejanos, donde es difícil percatarse de su existencia o donde falla nuestra agudeza visual…. y va a ser nuestro interés hoy, acercároslos para que los podáis disfrutar. No hemos perseguido aquí su interpretación iconológica, que también, sino simplemente la contemplación y el disfrute de imágenes que habitualmente no se perciben y que vistas con claridad, nos sorprenden


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Vamos a comenzar por las claves, los medallones que

culminan los cruces de los nervios que sustentan las bóvedas. En la nave central, justo encima del altar mayor, hay una estrella con los nervios sustentadores de la bóveda en forma de terceletes, todos ellos coronados por unas claves. El único problema es que están en el techo, a 18 m del suelo y como decíamos antes, hay que tener una vista de águila para poderlos disfrutar.

10 La clave principal, la que ocupa el centro de la capilla mayor, es de enorme trabajo y belleza y no ofrece ninguna duda sobre su imagen. Es la que mejor se reconoce de todo el grupo. Se trata de la Virgen con el niño sentado en sus rodillas. En una estampa llena de majestad, el niño porta un Orbe o “globus cruciger”, un globo terráqueo coronado por una cruz, símbolo cristiano de autoridad y poder. Una guirnalda de flores de cuatro pétalos rodea y cubre a los dos y una filigrana de piedra muy elaborada enmarca el conjunto. Identificar esta imagen no tiene ningún problema, es la más grande y se ve bastante bien desde el suelo


11 Gracias a las precisas fotografías de nuestro desinteresado colaborador el fotógrafo Natxo Pedrosa, pudimos comprobar la presencia a su lado de un par de animales fabulosos, que además aparecían duplicados. Se trata de unos grandes cuadrúpedos alados, con alas enormes que se pliegan siguiendo el borde redondo. Claro, solo cuando los ves de cerca en la pantalla del ordenador, te percatas de que no son exactamente iguales, ambos tienen cuerpo de cuadrúpedo y además de las alas portan una especie de filacteria en la boca, como una de esas bandas que llevan escrituras,… pero vimos que eran algo diferentes,… uno tenía cuernos, y el otro no.

12 Y entonces vas cayendo en la cuenta de que si el primero tiene cuernos, es un toro y que si el segundo tiene cuerpo y cabeza de león…pues… descubres con entusiasmo que estás en presencia del tetramorfos, el signo distintivo de los cuatro evangelistas. El toro era San Lucas y el león, es San Marcos y la banda simboliza la escritura sagrada que las más de las veces se representa mediante un libro.


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Entonces solo tienes que ponerte a buscar un

águila, y enseguida se ve, con sus grandes alas abiertas siguiendo el borde del círculo al igual que los alados cuadrúpedos y es que además nos lo han puesto fácil porque también tiene la banda o filacteria con la sagrada escritura y ya sabes que estás en presencia de S. Juan evangelista

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Y por último necesitas el hombre alado, que

es símbolo del evangelio de San Mateo y allí está, con su banda de escrituras y sus alas plegadas al círculo y comprendes admirado que los constructores, utilizaron la figura de los cuatro evangelistas para ilustrar las claves de la capilla mayor


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La siguiente de las claves no ofreció

problemas de identificación ya que se trata desde nuestro modesto punto de vista, de un adorno floral sin mayores pretensiones iconográficas, eso sí, efectuado con maestría y con un tiempo dedicado del que actualmente no disponemos. Tiene un centro floral inscrito en un rombo de lados curvos y desde cada esquina del rombo nace como un capullo, abrazado por dos hojas.


16 Y aquí comenzó otro interesante capítulo, ya que el siguiente medallón, el que nos faltaba para rematar la estrella del ábside, era un hombre con hábito, sin aparente distintivo, que lee un libro abierto y con un par de esas flores cuadrifolias que luce la Virgen. Pero gracias a la nitidez de las fotografías de Natxo, nos dimos cuenta de que el hombre tenía levantado el índice de la mano derecha a la manera de S. Juan Bautista y comenzamos a darle vueltas. Revolviendo en los tratados de iconografía, encontramos que hay un santo al que se le representa siempre con el índice señalando al cielo y con un libro en la mano. Se trataba de S. Vicente Ferrer. (Para completarlo supimos que en medio de una hambruna en Barcelona predijo la llegada de un barco con grano y esa proa recta nos pareció que se reflejaba también en la parte baja de la clave). Así que se lo asignamos finalmente a S. Vicente Ferrer, con su hábito de dominico y le dimos la Bienvenida a la Basílica.


17 Continuando por la nave central, la siguiente clave, fijada en el arco separador de las bóvedas, el fajón que cierra la estrella del ábside, es un dechado de arte decorativo, sencilla pero a la vez complicada. Otro adorno floral, como una pequeña flor de cuatro hojas en forma de cruz griega, inscrita en un rombo de lados curvos en cuyas puntas aparece una especie de lirio y en los lados surgen cuatro hojas, todo ello rodeado de un círculo, con adorno sogueado y borde exterior convexo, tórico, con adorno vegetal, adornos que nos transportan al siglo XVI.

18 Las que les siguen a lo largo de la nave central bajan bastante de categoría. Además se ve que son más modernas. Carecen del borde tórico labrado que muestran las anteriores y los nervios de los adornos vegetales están solo insinuados. Además la leyenda en euskera parece fuera de contexto en la época tardo gótica. También aparece un monte coronado por una cruz, el símbolo que mandó colocar León XIII en los montes para recibir al 1900. El material, más que piedra labrada, asemeja a un molde de yeso.


19 La clave siguiente en la nave principal adolece de la misma falta de decoración. Se trata de cuatro hojas vegetales imitando acantos con la punta hacia fuera con una especie de “rosquillas” separándolas y con un escudete central con una letra «M» coronada por una cruz. Parece el símbolo de la popular medalla milagrosa que se creó a partir de las visiones de una religiosa el 27 de noviembre de 1830. La letra «M» es la inicial de María y la cruz la de Cristo, y los dos signos enlazados muestran la relación indisoluble que existe entre Cristo y su madre y así María aparece asociada a la misión salvadora de su hijo. Esta clave también es plana y carece del borde en relieve que lucen las de la cabecera y el material tiene el mismo color que la anterior. Parece labrada por la misma mano que la otra

20 La anteúltima de la nave central es también de las sencillas y con muchas sospechas de modernidad. También luce otras cuatro “rosquillas” grandes separando unas pequeñas hojas vegetales con otros adornos en su base y con un escudete central en el que se ha representado una pequeña ancla marinera que precisamente no es un prodigio de simetría. El ancla puede ser un motivo decorativo sin más, o puede hacer referencia, como un atributo, a San Clemente papa y mártir o a Santa Rosa de Lima, Santa Filomena e incluso en alguna iconografía se presenta con ancla a San Nicolás de Bari.


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Y ya vemos la última de la nave central, que está

situada justamente sobre el órgano. Se trata de una flor peculiar, un Eguskilore. Concretamente es la carlina acaulis un cardo silvestre con mucha presencia en la mitología norteña y sobre todo pirenaica. Se viene utilizando desde la antigüedad para alejar los malos espíritus. Se clava en el exterior de las puertas del caserío y como representa al sol, los malos espíritus, que siempre buscan la oscuridad, la ven y ya no se acercan a esa casa, y así queda protegida. Parece difícil que las autoridades religiosas pensaran en este género de símbolos paganos en la época de la construcción

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Por otra parte en las fotografías que consultamos

en Surposa con el proyecto previo de la restauración de la Basílica de 1992, aparece sobre el órgano un agujero, un vacío en su lugar. Hay que tener en cuenta que esa zona de la nave quedó dañada en el cerco carlista y la caída de la cúpula de la torre en 1873. De momento no hemos conseguido información fiable sobre estas claves de aspecto moderno.


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Justo a la entrada principal, bajo la bรณveda

que sustenta el coro, hay siete vistosas claves que nos han servido para comprobar (con cierta sorpresa) que hay multitud de fieles que han entrado al templo 2743 veces y nunca se han detenido a contemplarlas a pesar de su serena belleza. No las mostramos hoy porque es relativamente fรกcil su contemplaciรณn, solo hay que levantar la cabeza, si las cervicales nos lo permiten, y se ven bien.


24 Sobre las bóvedas de las naves laterales también hay bellas claves con borde tórico y un fondo a base de adornos con tres bolas, de referencia gótica. Comencemos por la nave de la Epístola. Durante años se había pensado que alguno de estos emblemas que coronan las claves, eran las marcas de los comerciantes que habían colaborado en la construcción del templo. Pero alertados por la aparición de los evangelistas y de S. Vicente, empezamos a verlas con otros ojos y a prestar especial atención a los detalles. Y gracias otra vez a la nitidez de las fotografías de Natxo, llegamos a otra conclusión reveladora. Nos dimos cuenta de que la rueda que aparece en la imagen de esta primera clave tiene unas cuchillas adosadas. Cuando empezamos a investigar nos enteramos de que se trata de la “rueda catalina” llamada así en memoria de santa Catalina de Alejandría que padeció este tormento y aunque los ángeles rompieron la rueda y no la mató, fue luego decapitada con la espada. Su imagen con la rueda rota y la espada ha sido muy representada en el arte. Ha dado nombre a la rueda de la bicicleta y es patrona de todos los oficios de rueda, afiladores, molineros, etc. y la recibimos en la Basílica con todos los honores. (Luego supimos que un pertinaz historiador portugalujo, José Luis Garaizabal, ya lo había puesto de manifiesto el año 2016 en un artículo del blog El Mareómetro).


25 La clave siguiente en la nave de la epístola es un hombre barbado que lleva una especie de “equis” y un libro en la mano y donde aparecen también como fondo, las flores góticas de tres bolas. El libro es símbolo de las escrituras o de la enseñanza de las mismas y la “equis” hace referencia a un instrumento de tortura llamado el ecúleo o cruz de San Andrés. Los santos que se hacen acreedores de esta simbología son el propio San Andrés y también San Vicente mártir, con parroquias en Bilbao Abando y en Baracaldo. Sin embargo si hubiera que apostar, nos inclinaríamos más por San Andrés que por San Vicente, porque a este último siempre se le representa con traje de diácono y no con capa pluvial, con fíbula. Además a San Vicente normalmente se le muestra con aire joven y sin barbas y el nuestro tiene un aspecto maduro, barbado y melenudo.


26 La clave siguiente no parece tener duda. Es una venera, una concha, símbolo de Santiago el mayor y de su camino. Lo que nos ha sorprendido un poco es el hecho de que los bordes planos de la zona gallonada estén muy vivos, sin señales de erosión, lo que nos hace pensar que la clave puede que no sea tan antigua como otras y tampoco presenta un fondo de esos adornos con tres bolas que lucen las anteriores. Lo que sí parece situarla en lo antiguo es el borde convexo, tipo siglo XVI que luce tan bien labrado, con ese aspecto de escamas.

27 La posterior tampoco parece presentar problemas de interpretación. Es un angelote de cara triste, que nosotros hemos bautizado como el “angelote melancólico”, con la cabeza asomando entre un mar de pequeñas plumas, sin rastro de los adornos con bolas, pero con ese borde exterior de forma tórica, esa curva convexa que asemeja al adorno presente en las basas griegas. Lo que sí parece confirmarse es, al igual de lo que sucede en la nave central, que de los medallones de la cabecera de la nave a los de la parte posterior hay gran diferencia artística.


28 A continuación nos encontramos con otra más mundana, situada ya en el coro. Se trata de una corona ducal adornada con una pluma. El borde convexo esta bellamente labrado mostrando lo que pueden ser hojas de laurel, símbolo de gloria. No sabemos si hará referencia a alguna autoridad, a algún patrono como el conde de Miranda o a algún santo que lo utilizase como símbolo o atributo. Apurando mucho, hemos encontrado que pudiera ser una referencia a San Francisco de Borja, duque de Gandía quien precisamente estuvo en Vizcaya en 1552, pero las especulaciones, ya se sabe… son libres …y gratuitas


29 Al igual de lo que sucede con la nave de la Epístola, la cabecera de la nave del Evangelio vuelve a presentar una clave primorosa. En este caso no parece haber duda. Las dos llaves entrecruzadas y la corona principesca que las cubre, nos hablan de San Pedro y sus atributos, príncipe de la iglesia y siempre simbolizado por las llaves del cielo. Todos los papas, sus sucesores, portan en sus escudos la tiara y este par de llaves, que por cierto en nuestro caso tienen una particularidad. El borde de la empuñadura de la de la izquierda muestra como una forma almenada, de corona, mientras el de la otra llave, es plano y no sabemos la razón. El borde convexo con adornos vegetales, está bellamente trabajado y vuelven a estar presentes los adornos con las tres bolas, lo que indica una señal de contemporaneidad con las otras de las cabeceras.


30 La siguiente presenta un emblema lleno de símbolos, (un hacha, un libro y una escuadra), con un borde tórico bien labrado y con varios nudos de “cuerda”, tiene los adornos de tres bolas y una banda coronando el conjunto. Como ya aprendimos lo de los atributos de los santos, nos pusimos a buscar comenzando por la escuadra, el más extraño de los tres. Se cita la escuadra de carpintero en S. José, Santiago el Justo, Judas Tadeo y Santo Tomás apóstol, patrono de los arquitectos; lo del libro nos habla del apostolado y el hacha es símbolo de martirio, aunque una vez investigado el asunto parece ser que a Santo Tomás lo mataron con lanza. Lo que nos sorprendió más es esa banda o cíngulo que corona el escudo. En los evangelios apócrifos “Asuncionistas” se relata la duda de Santo Tomás sobre la Asunción al cielo de la Virgen. No creía en su resurrección y al abrir su sepulcro lo encontraron vacío del cuerpo, pero lleno de flores y la Virgen desde el cielo hizo descender su ceñidor a las manos de Santo Tomás el incrédulo y ha pasado a ser otro de sus atributos. Pero lo cierto es que el cíngulo… no está dentro del escudo con los atributos, está fuera y lo corona todo. Si el cíngulo no existiera, se la

adjudicaríamos sin duda alguna a S. Judas que encaja bien los otros requisitos… pero ahí está. Esta hipótesis de Judas Tadeo también la había adelantado en el 2016 nuestro amigo investigador, Garaizabal. Pero bueno, no vamos a solucionar hoy todos los enigmas, alguno tiene que quedar para la siguiente charla …


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Continuando en esa nave aparece otro ya más

sencillo, al estilo de lo que sucede en las otras dos al ir hacia atrás. Es como si en la construcción comenzasen muy animosos y con los años de construcción se les fuera apagando el ánimo…o el dinero. Este representa un jarrón con flores. Es un típico símbolo mariano; las flores son azucenas. La jarra con azucenas está presente en la Basílica, en la “Anunciación” de la calle central del retablo y su significado tiene que ver con la pureza y majestad de la Virgen. El jarro con azucenas está en el escudo de la anteiglesia de Begoña y de una orden de caballería de Nájera. Esta clave no tiene muy pulido el fondo, pero muestra el borde tórico labrado, aunque en la parte superior presenta una rotura.

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La anteúltima, que está sobre el entrada de la Ribera,

es un bello florón, cuadrifolio de flor doble con botón central. Parece antigua y tiene un círculo exterior muy erosionado. Presenta inequívocas señales de recuperación en la zona inferior derecha y le faltan trozos del adorno convexo. Aún así es una bella clave que al estar a relativamente poca altura, a 10 m y medio (techo de la nave lateral), no presenta demasiado problema de visibilidad.


33 Y la última de la nave, justo encima del coro, es otro florón muy descompuesto, que parece haber sufrido todo tipo de calamidades y no presenta mayor interés que el de pertenecer a una época bastante antigua. Apenas queda nada del borde tórico y hay lo que parece ser un par de aditamentos de piedra con los que han efectuado una recomposición del círculo, dando la impresión de haber utilizado un mortero o un adhesivo.

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Bajo el coro y en la zonas nuevas añadidas

en los laterales tras la ampliación de comienzos del siglo XX, se ven estas sencillas cruces griegas


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Y en el transcurso de este trabajo

descubrimos una zona que nos había pasado desapercibida y de la que nos advirtió Carlos, el sacristán, ya que se trata … precisamente de la sacristía. Allí también encontramos un precioso tercelete, poco visto y varios medallones en los cruces de los nervios.

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El central, el más grande, tiene como ocho

hojas de acanto y una flor central, en tono oscuro que resalta muy poco y con un borde plano y liso sin adornos. No tiene el bello relieve convexo que lucen muchas de las claves del interior del templo pero tiene aspecto de ser muy antigua.


37 Hay otras claves mĂĄs pequeĂąas en los cruces de los nervios y que aparecen pintadas de blanco. Posiblemente en el pasado todas lo estuvieran ya que en varias de las de las naves aĂşn se aprecian restos. Todas ellas pertenecen a dos tipos diferentes, unas con forma de flor con estructura de cruz griega

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Y otras con estructura gallonada asemejando

una flor, una margarita.


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Y ya terminamos esta sección de las claves

con los adornos que lucen algunos de los nervios que forman las crucerías antes de culminar en la clave. Se trata de cuadrados tardo góticos con inspiraciones renacentistas cuyas esquinas están ocupadas por cuatro motivos vegetales y en el centro, un cuadrado de lados curvos encierra una pequeña y delicada flor también con cuatro hojitas apuntando a las esquinas. En esta, el lado derecho parece que ha sido reforzado para sujetar los elementos de esa zona, posiblemente deteriorados.

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Podemos ver aquí otro de estos adornos que

aparentemente son iguales, pero que presentan leves diferencias


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La entrada por la puerta de la Ribera, obra de

los Beaugrant y del cantero Juan de Garita, tiene detalles que siempre pasamos por alto. Por ejemplo José Ángel Barrio Loza en su magnífico libro sobre Los Beaugrant, editado en 1989, cita, al hablar de esta portada, que los grutescos sujetan cartelas con busto femenino a la izquierda y masculino a la derecha, (el que vemos aquí). Señala que estos bustos son “genios protectores para quien ingresa por la puerta y una alusión a las ventajas salvíficas de la iglesia, representada directamente”.

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Este es el de la mujer. Cuando vemos la

comparativa entre las dos imágenes se pone en evidencia que la mujer ha resistido mucho mejor el paso del tiempo y de la erosión. Es… como la vida misma.


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Hemos traído a colación estas dos imágenes,

porque dentro, en el templo, también están representadas. En el retablo mayor aparecen varias veces. La mujer, más evidente, está en el lado izquierdo, como parece preceptivo por lo visto en la portada de la Ribera, está en el primer piso, en un plato, un tondo, que preside la escena de la visitación de María a su prima santa Isabel

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Y la del hombre está también en el primer

piso, a la derecha, como parece ser su lugar obligado, sobre la imagen de la adoración de los pastores al niño en la Natividad. Es una imagen masculina singular que parece emerger de un rollo de papiro con una banda en la frente que le cae por los laterales. Parece un costalero.


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Pero al igual de lo sucedido con otras fotos

de Natxo, gracias a su nitidez, los hemos descubierto presentes en otras de las “casas”. En las chambranas caladas que cuelgan del entablamento del segundo piso, el de la imagen de la adoración de los magos, en el lado izquierdo, aparece otra cara femenina como emergiendo de otro rollo de papiro, entre dos ángeles sorprendentes, pues parecen algo sexuados.

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Y en el lado derecho del segundo piso, en las

chambranas que cuelgan sobre la escena de la presentación del niño en el templo, aparece otra vez el hombre del paño en la frente y que le cuelga por los laterales y nuevamente parece surgir de un rollo de papiro. Esta vez tiene la boca abierta y una llamativa oreja, solo una, con un evidente rechazo de la simetría.


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A la izquierda, en la chambrana del tercer

piso, ya no aparece la mujer sino un ángel y vemos unos dragones y unas caras dolientes con llama sobre la cabeza que evoca los males del infierno. La cabeza de la Virgen en la huida a Egipto nos deja ver a la derecha una palmera doblada que según los evangelios apócrifos se dobló para ofrecer sus dátiles al niño y a la izquierda el viejo mito de los segadores que engañan a los soldados de Herodes.

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En el tercer piso de la derecha todavía se nos

muestra otra imagen de hombre. En este caso un varón barbudo, sobre el niño ante los doctores del templo, que puede ser el Padre eterno. (Por cierto, que la foto nos revela que el niño acusa el paso del tiempo y de los xilófagos).


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Hoy no vamos a profundizar en este

aspecto, pero es sorprendente la cantidad de pequeĂąas imĂĄgenes que pasan desapercibidas en el bello conjunto del retablo; como ejemplo podemos ver otra vez a nuestro viejo amigo, el hombre del paĂąo en la frente que estamos seguros de que os habĂ­a pasado inadvertida.

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Sobre todo aparecen en el banco y en el

primero de los pisos, hombres y mujeres, algunas bellas damas, mientras que en los pisos superiores son sustituidos por angelitos.


51 Incluso aparece esta pareja real, ella con una corona de lo que parecen ser torres de castillo y él protegida la cabeza con una borgoñota, el casco del renacimiento en la zona de Borgoña. Pudieran ser Felipe el Hermoso y Juana de Castilla o mejor el soberano en la época de la construcción del retablo, Carlos I y su madre Juana de Castilla.

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Los elementos estructurales y

arquitectónicos son también algo fuera de lo común. Si tenían que hacer un arco, no penséis que era un arco sin más. Si miramos cuidadosamente los arcos formeros, nos damos cuenta de que el arco es abocinado y está repleto de trabajados nervios, como arquivoltas


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Esto da pie a insólitas fotografías que ponen

de manifiesto ese enorme trabajo y cuidado que pusieron los constructores en su querida iglesia.

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Por ejemplo los pseudo capiteles que a la

altura de la línea de impostas, a 6, 26 m. de altura, abrazan a los pilares con una especie de friso labrado son de una espectacularidad que nos ha llamado poderosamente la atención. Figuras entrelazadas en un bosque vegetal intrincado que parece remitir al paraíso, y que cual piezas de orfebrería en piedra, nos han cautivado. Esta imagen corresponde al primero de los pilares del lado de la epístola y nosotros, que somos guías habituales desde hace ya 5 años, no las conocíamos y ha sido gracias a las bellas fotografías de Natxo Pedrosa que hoy os las podamos mostrar.


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ImĂĄgenes como esta del niĂąo tumbado, que

aparece en el primer pilar del lado de la epĂ­stola, una imagen de marcado sabor renacentista, nos han embelesado y llenado de sorpresa

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O esta otra del ĂĄguila posada y un perro

sentado


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O esta curiosa lechuza posada en el centro

que no sabemos qué pinta aquí, pues no pensamos que pueda representar a la diosa griega Atenea de la que es su símbolo

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En el segundo pilar de la epístola, sobre el

púlpito, vemos varios animales voladores, a la derecha, de lado, un simpático dragón, en el centro lo que parece una paloma y más a la izquierda un cuerpo extraño de difícil caracterización y ya al extremo, otra ave picuda


59 AquĂ­ vemos otra paloma centrada

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Y ahora un aguilucho con las alas

desplegadas intentando salir de ese mar vegetal que lo envuelve y aprisiona


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En este lado podemos identificar un cuervo

y otra ave, pero tambiĂŠn se pone de relieve el deterioro del adorno, que ha sufrido algunas roturas.

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El tercero del lado de la epĂ­stola, del que

vemos una vista general, nos muestra la variedad de temas que estos adornos envuelven, personas, animales y plantas


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Aquí se puede admirar otro niño enredado

en las plantas y también la cabeza de una paloma que pugna por salir del laberinto de plantas de piedra

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Y oculta entre el follaje, aparece la cabeza de

un perro que surge entre el enmarañado lecho que le aprisiona


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Esta vista general que corresponde al

primero de los pilares de la nave del evangelio es todo un compendio de seres y filigranas, aves y pequeños mamíferos

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Es digna de ver esta realista escena en la que

un águila atrapa a un conejo, más propia de aquellos programas del inolvidable Félix Rodríguez de la Fuente que de un templo cristiano


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O esta especie de mono, un animal que

parece un perro, pero tiene manos con dedos, con una paloma vigilando su espalda.

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Este sĂ­ que es un perro de verdad, aunque

algo deteriorado, junto a una altiva gaviota.


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Y en el segundo de los pilares de la nave

del Evangelio vemos otro grupo de voladores presididos por un elegante dragรณn y otras imรกgenes de aves

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El dragรณn, poderoso y presumido, tiene al

lado derecho lo que parece ser un ave de gran cabeza y al izquierdo otra que asemeja una rapaz.


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Otra vista desde el lado posterior, nos

permite contemplar un panorama muy variopinto

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En el que sin duda destaca este ejemplar

de cerdo que se nos ha colado en el templo por obra y gracia de algún cantero humorista. Pensaría que todas las criaturas han sido creadas por Dios y todas merecen nuestro aprecio. Está todavía más.


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Esta otra imagen es más macabra y muestra

entre altivas aves, lo que parece un ser ya viejo que en nada se parece al juvenil niño que vimos en otra columna, que aparenta que tiene rabo, cual diablo, pero parece ser la liana que lo envuelve y es otra zona que evidencia el deterioro que sufre el friso en algunas zonas

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El tercero de los pilares también descubre

algunas imágenes espléndidas


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En lo que puede ser la imagen más majestuosa del

conjunto admiramos, enfrentados, a un águila y un león melenudo y en el lateral izquierdo se aprecia lo que pudiera ser la cabeza de un gran mamífero.

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Y ya terminamos esta visión de los capiteles bajos

con este niño que se agarra a la liana como un precursor del mítico Tarzán. A la parte trasera del niño se adivina lo que aparenta ser el dibujo de un ala con lo que podíamos estar en presencia de un ángel…

77 Para nosotros ha sido un auténtico descubrimiento la cantidad de vida que estaba escondida en estos elementos decorativos y ha sido un hallazgo inesperado que ha puesto de relieve el enorme trabajo que desplegaron nuestros predecesores hace cinco siglos. Se lo tomaron en serio y han acrecentado mucho el respeto que debemos a ellos y a su obra.


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Y en la parte alta encima del triforio, en los

arcos fajones, en el nacimiento de los nervios del tercelete, se sitúan otros adornos que simulan más a los verdaderos capiteles. Están a 12,8 m. según datos que nos proporciona Xabier Martínez Bilbao, un gran estudioso del edificio. Son más sobrios que los bajos, y están compuestos de hojas vegetales a dos alturas

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Aquí vemos otro de esos adornos sobre el

triforio y podemos observar que la parte vegetal alta es similar al anterior pero la de la zona inferior es algo diferente.


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Inmediatamente debajo de estos adornos se

encuentra el impresionante elemento decorativo del triforio. En grupos de 8 ventanas completan el espacio entre pilar y pilar con una estructura de arco conopial y figura de cuadrifolio en el antepecho

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Pero el arco conopial tampoco es una obra

sencilla y al igual que los arcos formeros, está levemente abocinado y son cuatro líneas que se van superponiendo. Es lo que comentábamos al principio, las molestias que se tomaron los constructores en elementos que prácticamente no se aprecian desde el suelo.


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Y puesto que estamos en las alturas, nos

vamos a acercar un poco a las ventanas, ya que vistas de cerca nos ofrecen unas imĂĄgenes y un colorido insospechados desde abajo. Se puede reconocer bien a S. AndrĂŠs con su cruz famosa

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O tambiĂŠn al santo vasco, San Ignacio de

Loyola


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A Santiago el peregrino de Compostela

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Al arcรกngel San Miguel mientras alancea a

un diablo, similar a San Jorge matando al dragรณn.


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O a San BartolomĂŠ con su cuchillo y el libro

de las escrituras, donde se aprecia al pie el nombre del mecenas que donĂł la vidriera

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Y podemos ver las imĂĄgenes ampliadas con

su bello colorido


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En el interior del templo viven ocultos en

sus moradas muchísimos detalles, ángeles con concha jacobea por ejemplo,

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Pero todavía más ocultas se encuentran

diversas imágenes, marcas que hicieron los canteros y que solo una muy cuidadosa búsqueda como las que hace el infatigable Xabier Martínez Bilbao, puede poner de manifiesto. Con ella despedimos el interior del templo y salimos al exterior


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En las ventanas de la nueva sacristía, en “las

canteras”, pacen ocultos algunos animales. En la clave del arco de la segunda ventana, podemos descubrir una oveja algo flaca, que no aparece ni en la primera ni en la cuarta

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Aunque en otra de las ventanas, la tercera,

también podemos descubrir otra oveja que se ve que ya ha pastado en los verdes campos del Señor y se nota que ha engordado


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Y para regordete podemos ver este enorme

angelote situado sobre los arcos del campanario donde no hace mucho volteaban las campanas. Son cuatro, orientados a los cuatro puntos cardinales…y los cuatro son diferentes, este con cara seria mira al sur

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Los traemos aquí porque están situados a

30 m. de altura y la verdad es que se esmeraron mucho para estar situados tan lejos que apenas puedan ser admirados, este mira al norte, pero sonriente ante el viento frío


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Algunos se han erosionado y deteriorado

con el tiempo y han precisado de cierta restauración, que se produjo en el año 92-94, gracias a los trabajos de la escuela taller; este otro, serio, mira al oeste

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En el restante, el que mira al este, a la salida

del sol, se aprecia cómo se restauró la parte izquierda de la cara, (la derecha de la fotografía)


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Y ya por encima, acariciando el cielo,

tenemos las Ăşltimas sorpresas bien enganchas a la cĂşpula y la linterna

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Unos adornos en forma de bolos de celestial

bolera alegran con su silueta la base de la cĂşpula. Se alzan a 34 m. del suelo y parecen iguales pero sus anclajes son diferentes, unas van soportadas por una sencilla mĂŠnsula


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Y otras se presentan como el remate de un

corto fuste

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Y ya terminamos con otro adorno insólito.

A 38 m…¡¡ treinta y ocho!!, de altura, os ofrecemos la traca final. Los adornos de la linterna, cuatro consolas ornamentales adosadas al paramento en forma de ménsulas


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La ménsula lo que sujeta es un curioso

bolo, que parece que estuviera vestido, similar a los anteriores pero que luce más ornamental

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Y lo que venimos comentando a lo largo de

la toda la charla: llama poderosamente la atención el fino trabajo que se tomaron con unas piedras que iban a estar situadas a 38 m. del suelo y que nadie podía contemplar, esa pequeña flor o el acabado tipo noria del borde del elemento central


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Y en los laterales, finamente labrados,

aparecen unos pámpanos y una retorcida vid con variadas interpretaciones iconográficas, posiblemente aquella de: yo soy la vid y vosotros los sarmientos y siempre presente su relación con el vino de la eucaristía

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Sea cual fuere la interpretación correcta de

las imágenes que hemos ido desgranando esta tarde, lo que queda fuera de duda es el entrañable amor que pusieron los portugalujos en la construcción de su iglesia parroquial, porque hay que destacar que la hicieron ellos, nadie se la regaló; fue mucho el tiempo y esfuerzo que le dedicaron sin importarles la cercanía o lejanía al espectador. Estas ansias de perfección han quedado reflejadas en una sentencia de pasadas épocas que a modo de despedida os traemos al recuerdo. Decían aquellas gentes… que si algo queda oculto, no importa… …Dios

ya lo ve.


Antes de comenzar el coloquio queríamos señalar nuestro público agradecimiento al fotógrafo Natxo Pedrosa, que de manera desinteresada ha realizado la mayoría de las fotografías (las buenas) que os hemos mostrado, a Juan Manuel González Cembellín, director técnico del museo diocesano provincial, que nos ha asesorado en nuestras numerosas dudas, a Javier Martín y Xabier Martínez Bilbao, por los datos precisos de las alturas del templo, a Xabier también por la localización de los dibujos de los canteros, a Surposa que amablemente nos dio

Texto: Javier López Isla Prólogo: Pablo G. Borreguero Fotografía: Natxo Pedrosa Javier López Isla

acceso a sus archivos fotográficos a D. Josemaría y a la comunidad parroquial, que nos han abierto el templo para la realización de esta charla y a Carlos el sacristán que nos ha facilitado amablemente nuestra labor. A todos ellos muchísimas gracias.

Editado por:

Asociación de Amigos de la Basílica. Portugalete , noviembre 2018