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Epéntica Publicación digital semestral Esta revista se edita en Zapotlán el Grande, Jalisco

Dirección y edición: Jorge Bladimir Ramírez Guerrero Epéntica, año 1, No. 1, Diciembre 2019, es una Publicación semestral editada por el Instituto Nacional del Derecho del Autor, calle Julio Cortázar #53, Col, La Morita, Zapotlán el Grande, C.P. 49055, Tel 342-112-10-10, www. indautor.gob.mx

Editor responsable: Jorge Bladimir Ramírez Guerrero

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Cosecha de invierno: Erik Moya El mar casi ausente debía ser alimentado 6 (1995) 19 Fredy Villanueva Fotografía Fotografía Fotografía Fotografía

1: 2: 3: 4:

Aves Muertas 21 Aves carroñeras 23 Autorretrato 24 Aves que no vuelan 25 Fotografía 5: Aves extintas 26 Mis abuelos comunistas 27 Jesús de la Garza Composición genesíaca 33 Lamento de Boston 34 Juicio 35 Los amores contingentes 36

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Nuestro origen: Epéntica es una palabra que acuñaron los poetas españoles de la generación del 27, Federico García Lorca, Vicente Aleixandre y Luis Cernuda, usaban este término para referirse a la homosexualidad. Cuando alguien es un epentista, o está realizando actos epénticos, se refiere a situaciones homoeróticas. Así nació el nombre de nuestra revista.

Sobre la revista: Somos una organización que cree en la poesía como forma de protesta, somos un equipo que considera que los versos tienen potencial combativo, trasgresor y representativo. Los autores que publican en Epéntica ejercen el epentismo literario, de ellos y para ellos es este espacio.

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Erik Moya Zamora, Michoacán, 1994) egresado de la Licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas de la Facultad de Letras de la UMSNH. Es parte de Promoción y Difusión para las Letras Michoacanas, A. C. Autor del poemario Cruising Morelia (Instituto Zacatecano de Cultura/ Texere Editores, 2019). En 2015, obtuvo Mención Especial en el Festival Internacional de Cine de Morelia por su guión titulado Fin del Mundo. En 2018, obtuvo el Premio Nacional de Poesía LGBTTTI.

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El mar casi ausente debía ser alimentado En posición fetal lloro sobre la tapa de una lavadora automática. Soy un niño de 23 años, desnudo, con los genitales expuestos. Me encuentro repleto de fluidos y sangre. Creo que acabo de llegar al mundo. La confusión del nacimiento, el llanto. La razón de no saber por qué estoy aquí. La orquesta de un motor de lavadora automática que me da miedo. El sonido del agua golpeando sus paredes. Por eso se deriva mi llanto. Porque estoy desnudo o porque tengo frío sobre el metal de la tapa blanca. Aquí no está mi madre. Seguramente la llevaron al otro quirófano. Quizá le estén reconstruyendo el cérvix desgarrado o quizá le estén cociendo la piel abierta del perineo. No puedo contener mi llanto por el dolor de un nacimiento, de mi nacimiento; por desgarrar a mi madre en el trayecto de mi cuerpo de 23 años.

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Todo es tan absurdo. No me atrevo a abrir los ojos. Sin embargo, sí me veo enroscado sobre la vibración de la tapa blanca que es el quirófano donde fui arrojado.

Es probable que en este lugar mi madre no exista. Y quien me parió sobre el metal blanco fue esta lavadora automática. Me duele el cuerpo. Nacer a esta edad (o a cualquiera) siempre se padece. Las lavadoras modernas, automáticas, tienen una fuerza de 1.400 revoluciones por minuto. El cráneo de un recién nacido se sobrepone para pasar por el estrecho canal del parto. Cualquier llegada al mundo es de enorme dolor.

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No. No comprendo por qué veo mi cuerpo ensangrentado sobre el metal de la tapa blanca de una lavadora automática. Que vibra. Que me da miedo. Y si abro los ojos puedo ver el tono del blanco, la marca de la máquina, el brazalete en mi muñeca; donde se dicta la hora de mi arrojo, mi supuesto sexo y mi supuesto nombre: blanco insoportable modelo roller jet 9:09 hrs niño Juluis (23 años)

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¿De dónde vienen estos datos? , ¿De dónde viene toda esta sangre?, ¿Por qué la vibración?, ¿Por qué el miedo?, ¿Y mi madre?, ¿Y los doctores?, ¿Dónde está mi ropa?, ¿Se estará lavando?

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Un uniformado se acerca. Siempre los imaginé del blanco insoportable, fríos como la tapa. El que ya está aquí viene de oscuro. No precisamente helado, más bien hirviendo. Es preciso detener mi llanto cuando siento su mano rasposa sobre el cuerpo. Abro los ojos, sigo viéndome a la distancia. Me doy cuenta que la lavadora siempre estuvo desconectada. Adentro está mi ropa llena de mi sangre. De un momento a otro, luces rojas y azules decoran el quirófano. El hombre oscuro me rodea. Le pregunto su nombre y no responde. Me introduce el puño, de mi recto explota una fuente de fluidos y sangre. La explosión cubre mi cuerpo enroscado sobre la tapa. Revisión rutinaria, joven. Vibro por dolor. Y despierto.

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Mi ropa ingenua danza en el tendedero. Los uniformados oscuros me cortan en pedacitos. Abren la tapa de la lavadora automática. Me introducen. Primero los muslos; después los brazos y los pies; enseguida el tronco; al final la cabeza y en mi boca abierta, el pene y los testículos. Prenden el ciclo. Todo frente a mis ojos. No puedo gritar. Aquí no hay nadie que socorra un auxilio. Es uno mismo quién debe salvarse de uno mismo. Estiro mi brazo. Agárrate, me digo. Me tomo con fuerza con el otro. Y, ¿Ahora qué? ¿Cómo puede vestirse un destazado?

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Navegas en la computadora. Buscas noticias, retazos de palabras; la versión más fiel de tu relato.

Juluis ante los medios de comunicación: Algunos tenemos por herencia un monstruo marino pegado al cuello que chupa toda sangre luminosa que no es una sanguijuela que no es un ángel protector

En las noticias: Joven homosexual es detenido y torturado por policías Ante los medios: Me han separado de mi cuerpo.

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Y he aquí capturado, Juluis. Luz azul - Luz roja (golpe) Nos salió jotito. Yo no tengo problema con eso. (golpe) No te estamos preguntando. Soy hombre que brilla con otros hombres, a mí con eso me basta. (golpe) Para que aprendas a ser hombrecito. Príncipe a la orilla ciénaga, eres reducido. Observas la situación de tu cuerpo, cercenado por el rayo. Te conviertes en microorganismo de fototaxia negativa. Sientes la muerte próxima poralumbramiento artificial. No, que no muera lento. Hay que aplastarlo con las manos, con los puños. Heridas sin ninguna gota de luz: no todas las heridas arrojan luz propia. No cuando el corte se hace por resistencia, al contrario, la luz de una herida nace desde la voluntad.

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Ahora me encuentro en una bolsa negra, descuartizado. Me transportan. Tocan una puerta y se van corriendo. Trato de adivinar y no romper en llanto. Escucho la voz de una de mis hermanas: ¡Mamá llegó el correo! Mi madre las encierra en el cuarto y pone películas de fantasía a todo volumen. Me carga, pone la bolsa negra sobre el lavadero. La abre. Es cuando no aguanto más y me derramo, pero ella es tan fuerte que sólo dice: tu ropa está seca, la doble. Comienza a unir las piezas de mi cuerpo sobre la tapa blanca. Me viste, me besa. Mi cuerpo de 23 años. Todo va estar bien, no te preocupes. Pronto vas a cicatrizar, duérmete. Y cierro los ojos.

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Abro los ojos y mi cuerpo armado es de cuando niño. ¡Tengo el ansia de la juventud! Estoy en un patio estrecho. Mi madre canta “sobreviviré” mientras talla la ropa en el lavadero. Mi hermano al fondo en la simulación del futbol.Son otros tiempos: breves y rotundos. ¡Tengo miedo lo mismo que tú! La voz de Mónica es la misma que la de mi madre. ¡No hay en el mundo. No, nadie más dura que yo! Estoy al pie de una lavadora mecánica. Mi padre compró la máquina y ya era vieja, sin tapa. Todos estábamos asombrados por su eficiencia, por su lloriqueo desordenado, la música elocuente de sus olas. A mí me gustaba ver la marea hecha por el ritmo de sus aspas. Regresar para ver este espectáculo, fue el mejor de los sueños. ¡Lejos sobreviví, mintiéndome!

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No iba a desperdiciar el momento para sentir el mar de cerca. Meto la mano, mi madre me grita: ¡No, Juluis te puedes mochar un brazo y luego qué hacemos! Unirme una vez más, pienso. ¡Sobreviviré! A parte macharías de sangre el uniforme de gala. Me estremezco al recrear una escena: Los honores a la bandera mexicana. La formación de niños con brazos mutilados; declaman Suave patria; el movimiento de sus tuncos salpican de sangre mi pantalón blanco. ¡Sobreviviré!

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Zamora, Michoacán, agosto 2017 Hay almohadas que bajo de su funda esconden los restos de un crimen. Hay almohadas que invitan a recostar la cabeza perforada. Hay piedras que son almohadas para el sueño perpetuo. Las almohadas son blancas. El color blanco es falso. Es agresivo. No existe un color para la paz. Es una idea equivocada que las almohadas sean para el disfrute del sueño. En la fotografía, la almohada es rígida; cubre una mancha negra. La sangre pierde el rojo cuando se marchita. ¿De qué se habla cuando enunciamos a la piedra? ¿Del musgo o del perfume de las flores que se impregna sobre la piel rugosa?

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No, Cayó sobre la roca. Lo encontraron dormido sobre el paraje quebrado, el muchacho de bragueta tendida para otros; el muchacho de cráneo abierto al precipicio. Mi madre insinúa que cuide mi espalda. Hay rocas en los caminos que esperan el choque de mi cabeza. Era necesario para mí ver si el cuerpo seguía en el lugar; corrí. Sólo pude tomar una foto a la foto. Abro los ojos de nuevo. Estoy sobre la tapa blanca y fría. Otra vez no está, solo la escucho: Recuerda cuidar tu ropa siempre es también parte de nuestro cuerpo. Mi madre tan sabia.

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(1995) Pablo fue una de las tormentas tropicales que no afectó a tierra, según expertos en la materia. Pablo se originó de una onda tropical que se trasladó desde África hasta el océano Atlántico, pero también se originó en la tempestad de esta ciudad no marítima que me golpea con sus olas. (nuevamente con información de los expertos) La onda adquirió un bajo nivel de circulación y se convirtió en una depresión tropical a las 18.00 UTC el día 4.

Pablo se convirtió en una tormenta tropical el 5. El 8 la tormenta encontró una muy fuerte cizalladura vertical y rápidamente se disipó mientras se encontraba a 200 kilómetros al este-sureste de Barbados.

El 10 fue cuando nadie se dio cuenta que nunca se esfumó, yo estaba en el ojo del huracán. Pablo es de las pocas tormentas que he podido nombrar y, sin saberlo, me dejó aquí, en la deriva; sobre este barco ebrio.

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Fredy Villanueva (Morelia, 1995) egresado de la Facultad de Letras de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, su obra ha sido publicada en diversas antologías y publicaciones electrónicas e impresas. Con el poemario William (Editorial Elefanta, 2018) obtuvo el V Premio Nacional de Poesía Joven Alejandro Aura. Becario PECDAM edición 2018-2019. Miembro del comité organizador del Encuentro Nacional de Poetas Jóvenes Ciudad de Morelia.

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Fotografía 1: Aves Muertas También formo parte del ecosistema de tus uñas, de la carcasa que las rodea, donde me escondo de las posibilidades de ahogarme en la tierra con tus gusanos. También formo parte del ecosistema de tus ingles, de la enfermad de tus conductos, de la infección de tus cabellos cuando los dejas caer en el pasto que crece en mi mano. También formo parte de tus extremidades amputadas, propongo la otra pierna para que camines sin caer en el magma o te arrojes y quemes las partes del cuerpo que te presto.

También; parte de tu muerte de tus amigos que te llevaron a la guerra. Me masturbo pensando en lo que te denigra como las cabezas de las gallinas girando en las banquetas de los mercados.

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También formo parte de esos cuerpos avícolas que ansiosamente fotografías.

También soy de esos cuerpos, de esas piernas amputadas en la mesa, de los perros acechantes en la plaza, que esperan la lluvia de la sangre en la coladera.

También quisiera formar parte de una jaula al menos ahí la muerte no es incierta, y la podría observar directo a los ojos sin adivinar posibilidades de choques de trenes o de tu mano y mi cuello. Ya sabría, de antemano, que la muerte vendrá del cuchillo que sujetas.

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Fotografía 2: Aves carroñeras No sé cómo diferenciaré las garras de tus manos, ni las risas con las que vueles y contagies al resto y con solo volar alrededor atraigas una congregación de docenas de asesinos. Creo que sé el periodo de tu vuelo, tu arranque con el aire y el aterrizaje forzoso en el altiplano de mi espalda. No sé si tu pico corte el tejido que me unía, y aparezca una buena toma, nuevamente. Creo que conozco el sonido de tus aplausos, la frecuencia con la que arrancas la carne y el brillo que utilizas para cegarnos y no sepa en qué momento retornamos a la jaula de las posibilidades.

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Fotografía 3: Autorretrato Esta es la antigüedad del rostro: un periodo externo de plagas y sequías. Las nubes de plumas creciéndote en la espalda mientras te incas en los restos, mientras en las casas de las gallinas el pánico. Y tu cámara capturando; los cuerpos fallidos, los restos de los cuerpos avícolas, los cuerpos con llagas celestes. Y esa cabeza lacerada tardará entonces años en desangrarse. No conozco la antigüedad de tu rostro.

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Fotografía 4: Aves que no vuelan Por las perforaciones de tus manos, en esos huecos crudos que la cuerda atraviesa, nos columpiamos mientras las plumas se destierran, y se clavan en cualquier otro cuerpo, para que vuele. Y no lo imposibilites con tu peso. Con las manos atadas a estas cuerdas, a mis líquidos internos, a tus deformes maneras de sentarte en esas sillas arriba de esos caballos; me sostengo de estos palitos de médula. No conozco los procesos para identificar a los ingrávidos como estos extraños, muy extraños caballos.

Tengo las peores manos, no conocen técnicas para remover restos, ni reconocen a estas aves.

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FotografĂ­a 5: Aves extintas Brindo por el placer de encontrar en lo profundo del horno, en lo profundo del fuego, tus alas.

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Mis abuelos comunistas A mi abuela […] que pensó en la orca y murió de un disparo. Alejandro Tarrab Si fuera digno del suceso lo dudaría, como se duda al reconocer un cuerpo al dar giros en calles cuando buscas. Si fuera digno como su nombre no solo ese polvo de las cajas de los sesentas o anteriores, al abrir la puerta, al cerrar la caja, mis abuelos en sus calles lo seguirían dudando. ** Y no recuerdas los pasos de Neil Armstrong pero yo no había nacido, probablemente, no existieron. Tampoco ellos. Pero distingo sus huellas y corren, así por los tumbos grises y los alcanza el soplete y su nube. Las azucenas gangrenadas en la plaza, y las camelinas del suelo pintas, felices por el color naciente de los lunares.

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Pero mi abuela gritó lustros enteros: Arrancaron a los presos de la rama, murió el árbol. y la postmemoria en sus raíces, en la clorofila de las hojas. Salimos hacia el mar esperamos volver pero nunca encontramos Salimos hacia el blanco el occidente después del mar y su trampa del punto que distingue entre la actualidad y la posesión de lo antiguo Hoy quiero regresar en mí ante esta gente, donde juraré por siempre la lucha que… no sé… mis abuelos fueron desterrados ya bien entrada la tarde, cuando se acercó el tiempo con vestiduras grandes y asaltó a todos. **

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La manera de encontrar nuestros cuerpos es en la sal en el futuro de los minerales donde no habrá cuerpos Una vez alguien mató a un hombre adentro de un teatro Yo era el teatro Antes antes de sus cuerpos perdidos en la calle y en la escenografía que va de mis pies a la tierra, mis abuelos encontraron la piedra antes de comenzar a escarbar, y la piedra era más grande, como un tronco seco, piedra como mi abuela, sus anillos. Muy posiblemente no descansan. ** Las dudas inundan al pueblo de mi mente. Nos inundan y los cuerpos de los abuelos perdidos en las constelaciones de los lunares heredados. Nos inundan las cuerdas de sus pies que no tocan el piso. Yo era el teatro Alguien vio mis gatos pasear por la orilla de la carroza Una tarántula gigante que pasa encima y al cerrar los ojos por mis ojos

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Y las fotografías de las tarántulas al lado de las fotografías de los cambios un cambio que solo fue del blanco al policromo Una desviación de emociones


Una canción a la mitad del desierto, una protuberancia en la montaña y yo quisiera ser el puño que levanta el párpado en aquel momento Pero tampoco sucedió eso **

Y mi abuelo hereda sus lunares sus coordenadas su cuerpo perdido como los otros. Para la historia ellos eran un cerillo, ellos también el pasto seco. Pregunto a mis abuelos dónde están, me responden con el parpadeo de las luces Yo soy esas luces. **

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Antes de manchar de sangre el color de las hojas, la he perdido. Antes del impacto de su piedra, antes de su expulsiĂłn, ya, desde ese tiempo, la he perdido. Antes de que olvide y pierda el nombre completo de mis abuelos, me permito recordar la fecha de su muerte.

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Jesús de la Garza (Montemorelos, 1994). Escritor y publicista. Es autor del libro de poesía Óxido silvestre. Fue merecedor del Premio Gonzalo Rojas de Poesía 2017 en Chile. Ha sido becario del programa ISSSTE-Interfaz en 2015 y del Centro de Escritores de Nuevo León en 2018.

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Composición genesíaca

un hombre desnudo construyó un igual de arena y junto al mar dio las gracias por tener todas sus costillas

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Lamento de Boston

harvard square/ fue promesa de universitarios y hierba/ y la clase del profesor harry lewis/ un coliseo abierto/ o un pabellón dorado/ o un cabaret parisino/ o quizá un río en el quincy market/ dos hombres se besan/ y una langosta abre su coraza/ mientras el mar/ escama de hombre/ recuerda a un chapero/ que soñaba con ser gloria gaynor cuántas piedras se necesitan/ para ahogarse en el charles river/ profesor boston/ tú conservas como joyas/ tus teatros tus locas y las fiestas/ dejas en los demás un pájaro de vidrio/ y a mí no me queda nada/ para cantar de tristeza

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Juicio

¡la justicia es un balde de agua helada! hermano hermanísimo: vamos a morir* tómame de la mano como cuando no éramos nada como cuando queríamos ser dos crisantemos a punto de secarse

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______________________ *. salimos de nuestros cuerpos cuando vimos a esa mujer abrir los ojos y perforarnos los pulmones


LOS AMORES CONTINGENTES (NAME-DROPPING EROS) A José Olivares (1) Amanece debajo de los nombres propios: Abrieron los urinales el hocico y dejaron escurrir su líquido. No pude dejar de ver tu rostro, tenías grabado en la pupila una misma letra que yo, y en el área del tubo cubierta de rojo cantaba Lucha Villa. Cuando descubrimos un amor compartido por Alaska y Almodóvar, y presumiste el monólogo de La Agrado, supe que un palo no era suficiente. Los fantasmas hacían fila para cagar dentro de un costal de almejas y sabes que todo es hermoso cuando un espíritu se forma. Tienes nombre y por lo tanto: una es más auténtica cuanto más se parece a lo que ha soñado de sí misma.

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(2) Mediodía es sinónimo de simulacro: Carisma es un trance y espectacular es un ensayo. Engañamos diariamente al público con nuestra máscara inteligente, por dar algún ejemplo: un poema de Fernando Pessoa está escrito con las migas del pan. En la misma línea de artificio, dice tu cuerpo que aunque no has leído a Deleuze, puedes dar cátedra de su obra mejor que un maestro de la Facultad de Filosofía. Admitámoslo, la última película de Tom Ford era mediocre y tu sueño un excelente crítico de cine. Somos un par de habladores sin más.

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(3) Esta sería tu hora favorita del día: No sé cómo bailaba el cerebro de Pina Bausch pero quizá bailaba como tu cerebro. Son esos minutos en que tu espalda se cubre de diamantina en los que recuerdo que no tenemos una foto juntos. Sí, es una lástima lo que le hicieron a la película de Argento. O mejor dicho, es una lástima lo que le hicieron a nuestra imagen de la película. Qué pasará con la idea de nuestra foto cuando exista en este mundo imperfecto, porque las ideas son perfectas, pero lo real.

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(4) La noche se abre como un abanico en síes: Entonces leía sentado en el retrete a Susan Sontag en voz alta mientras tú tomabas un baño. Interpretamos también y todavía el papel de fanfarrones románticos. Fui debajo de tu hombro una loca deshecha en llanto de carmín. Decías de un amor contingente. Y los nombres propios cayeron como si escaparan de una gotera

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Epéntica  

Revista de poesía gay.

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