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CULTURA Año 3 . Número 7 . Marzo de 2017 . Adar 5777 . Cultura . AMIA . ISSN 2451-7011

Introducción: Marán HaRab Eliahu Bakshi Dorón shlit’a - Rishón LeTzión (Ex Rabino Principal Sefardí de Israel 1993-2003) y Presidente de las Instituciones “Binián Av” "Judaísmo y Ecología: responsabilidad ambiental entre la producciòn destructiva y la idolatría naturista". Rab. Dr. Fishel Szlajen "Responsabilidad de las Corporaciones y de los Consumidores". Rab Carmi Wisemon "Un Límite que no Pueden Cruzar". Dr. Aharón Ariel Lavi "El Desarrollo Sustentable como ficción. Una crítica conceptual desde la perspectiva de la Historia". Dr. Wilson Picado Umaña


(traducción adaptada)

Dirigido a: Rabino Dr. Fishel Szlajen -D´s le otorgue vida y lo protejaDirector del Departamento de Cultura de AMIA He aquí que el Rabino [Szlajen] se ocupa de acercar el Pueblo que está en los Campos a su Padre que está en los Cielos. Un gran privilegio le ha sido otorgado, el estar al frente del Departamento de Cultura de AMIA y posibilitar mediante ello engrandecer la Torá y enaltecerla, valorizar la Emuná, las Tradiciones, los Preceptos y el Temor reverencial a D´s en el Pueblo [Judío] que habita esas latitudes. No existe algo más grande que esto, en particular en nuestra generación; y ahora se ha plasmado en la práctica su idea de publicar un nuevo número de la Revista llamada “Kol Torá” -La voz de la Torá-: que la voluntad de HaShem, en vuestras manos tenga éxito y que vean frutos de vuestro trabajo, Amén. En el momento que el Rab me ha solicitado escribir una introducción a este número de la Revista, el cual aborda la perspectiva del judaísmo respecto de la calidad de vida y medio ambiente, juzgué oportuno citar parte del material publicado en mi Libro “Binián Av”, que trata sobre las Festividades y se relaciona con el caso en cuestión. La relación del ser humano con la creación -sus derechos y obligaciones- la aprendemos de las palabras del Midrash Kohélet Rabá, “En el momento en el cual D´s creó al primer hombre, lo tomó e hizo recorrer todos los árboles del Jardín de Edén y se le dijo: contempla Mi obra, cuán agradable y elogiable es. Todo lo que he creado, para ti es, pon atención de no arruinar ni destruir Mi mundo”. La necesidad de preservar la calidad de vida y el medio ambiente no se debe sólo a lo bueno y útil de ello. La obligación del ser humano de cuidar que no se dañe su medio ambiente en absoluto, no se debe sólo a que

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en ello hay también un daño contra el otro [prójimo] o contra la sociedad. Desde el punto de vista religioso la preservación de la buena y correcta vida, es un precepto básico y una obligación del hombre para con su Creador. Un daño a la calidad de vida y al medio ambiente no constituye sólo una transgresión entre el hombre y su semejante, sino más bien y principalmente una transgresión de la persona hacia D´s, por cuanto aquella reniega del reconocimiento del Bien que D´s le ha prodigado. Afecta a la fé de la persona, como así también al precepto fundamental de amar a D´s y temerle reverencialmente. El ser humano y el mundo fueron creados por voluntad de D´s -Bendito sea- en virtud de las necesidades del hombre y su existencia. La función y obligación del ser humano es reconocer el bien que le prodiga su Creador, agradecer a Quien extiende su bondad hacia todo el universo, y cuidar de su propia existencia y de la existencia del mundo, como está escrito en el profeta Ieshaiau 48:15 “…no en vano la creó [a la Tierra], sino para ser habitada…” Acerca de la perfección de la Creación, el mismo Creador atestigua tal como está escrito: “D´s vio todo lo que había hecho y he aquí que era muy bueno.” (Génesis 1). Hoy en día, más que en generaciones anteriores, podemos apreciar la sabiduría de la Creación, sin embargo, aún estamos lejos de comprender los secretos de ésta; la medida de la grandeza de lo hecho por D´s, y cuán valorada es por todos los que la aprecian. El Creador de todo y Señor de todas las criaturas, el que conoce el valor y la finalidad de todo lo creado, le mostró al primer hombre hasta qué punto sus actos son agradables y correctos, como así también el bien que está incluido en ellos. Y Le dijo [HaShem] “todo lo que he creado, para ti lo creé”, pues toda la íntegra Creación es para las necesidades del hombre y para su dominio, como está escrito en los Salmos (115) “y la Tierra dio a los hombres”;


“todo lo has puesto bajo sus pies”; y junto con el anuncio que todo lo que D´s ha creado ha sido para el hombre, le fue transmitida la responsabilidad por la existencia del mundo y la advertencia “pon atención de no arruinar ni destruir Mi mundo”. Cuidar la obra de la Creación, sus bondades, en lo general y particular, y cuidarse de no arruinar lo bueno y bello, no destruir el universo del Creador. De aquí se desprende la advertencia de preservar el medio ambiente, para no dañar lo bello y bueno de la Creación. Las palabras de nuestros sabios “Contempla Mis actos cuan agradables y elogiables son”, contiene un énfasis para contemplar no sólo la utilidad y la sabiduría de la Creación, y hasta cuanto las acciones son perfectas y requeridas por todos los que las desean, sino que antes hay que contemplar cuan agradables son. La Creación no sólo es perfecta sino también agradable, y su íntegra belleza y esplendor manifiesta honor al Creador, como está escrito en los Salmos (111) “Esplendor y majestad en sus obras”. De esto se aprende no sólo la grandeza del Creador sino Su amor, misericordia y cualidades, ya que abunda en prodigar el bien y amplía la comprensión del ser humano en la creación de árboles bellos, en la hermosura de la naturaleza, con la adición de sonidos, el gusto, los aromas y el resto de las cosas para que el hombre disfrute. Y también en estos aspectos es necesario apegarse a Sus cualidades: amar lo bello, lo bueno, lo agradable, y que las personas disfruten de ello. Pues es necesario vivir una vida agradable y no sólo en relación a sus aspectos técnicos funcionales. Así es Su voluntad, y éste es también el énfasis en el lenguaje de nuestros sabios bajo la advertencia “pon atención de no arruinar ni destruir Mi mundo”; no sólo no destruir lo que existe sino preocuparse de no arruinarlo, no corromper lo esplendoroso y lo bello, la calidad de vida y el medio ambiente.

Y así también esto aplica a la obligación de agradecer al Creador, no sólo por la vida misma y por el hecho de nuestra existencia, sino por todo el deleite y lo bello y bueno que hay en éste. Por ejemplo, en la bendición por las comidas le agradecemos a D´s por el sustento, pues Él mantiene al mundo entero, y este agradecimiento no es únicamente por la comida y su provecho sino porque la comida es brindada por HaShem con “gracia, benevolencia y misericordia”. Está escrito en el Talmud Jerosolimitano, al final del tratado Kidushín, “Rabi Jizkiá Rabi Cohén en nombre de Rab, en el futuro el hombre deberá rendir cuentas sobre todo lo que vieron sus ojos y no comió”, cuya explicación es que HaShem creó árboles apropiados para que la persona los disfrute y es Su voluntad prodigar el bien a sus criaturas. Y, quien no se relaciona con lo bueno manifiesta aquí un desprecio y un daño al Benefactor. Y así, con mucha más razón está prohibido destruir o arruinar lo bello y lo bueno de la Creación, pues con el deterioro y la devastación hay una profunda carencia y falta de reconocimiento a HaShem, Bendito sea. Y el daño en la cosmovisión es peor que el daño en los hechos; por eso el cuidado del medio ambiente para vivir una vida agradable y correcta es un valor supremo en el servicio a D´s; y en todo daño al medio ambiente hay una transgresión del hombre hacia D´s, más allá del daño concreto de un hombre a su prójimo. El precepto explícito en la Torá relativo al cuidado del medio ambiente lo constituye la prohibición de “no destruir”. Esta prohibición se dice con respecto a las leyes bélicas y así está escrito “Cuando pongas sitio a una ciudad durante varios días para hacerle la guerra y apoderarte de ella, no destruyas sus árboles, blandiendo el hacha contra ellos, ya que de ellos ustedes comerán y no los deben cortar. Pues, ¿acaso el árbol del campo es un ser humano…?”. Esta prohibición de no


destruir es general, para todo tiempo, pero ha sido pronunciada precisamente en tiempos de guerra para enseñar que aun cuando la vida corre peligro, cuando la aniquilación y la destrucción se imponen, y hay grandes sospechas que los valores de lo bueno, lo bello y lo provechoso se dejen de lado, la Torá ordena la prohibición de “no destruir”. Y esto es lo que dice el autor del Sefer HaJinuj (mitzvá 529) sobre el sentido de este precepto, “Es sabido que la raíz del precepto es para enseñar a nuestra alma amar lo bueno y útil, y apegarse a ello; y por medio de esto se adherirá a nosotros el bien y nos alejaremos de lo malo y de todo aspecto destructivo. Y así se conducen las personas piadosas, quienes aman la paz y se alegran con el bien de las criaturas y las acercan a la Torá. No pierden siquiera un grano de mostaza y se apenan con toda destrucción que ven. Y si pueden salvar, salvan todo elemento de su destrucción con todas sus fuerzas. No así los malvados hermanos de los dañadores que se alegran con la degradación del mundo, participando ellos mismos de eso”. El amor a lo bello y lo provechoso constituye una adquisición para el alma, y toda destrucción daña el alma misma, y no sólo la riqueza o patrimonio. En la tradición oral judía existen extensas temáticas donde se aborda el cuidado del medio ambiente, el alejar de nosotros daños inherentes a la convivencia, ruidos, contaminación y la preservación del paisaje o ecosistema. Un ejemplo del cuidado en la calidad de vida y entorno se encuentra en la edificación y las condiciones de diseño urbano, por cuanto en las indicaciones relativas al establecimiento de ciudades de los levitas, dice en la Torá que deben ser construidas dejando a su alrededor un espacio vacío de mil codos. Su objetivo es embellecer la ciudad y obtener aire puro. Además, luego de ese espacio debe haber otro de 2000 codos para la agricultura. La ley

prohíbe establecer dentro de la ciudad una edificación industrial que pudiera perturbar la calidad del aire y del medio ambiente; y así aprendemos “alejamos un granero fijo de la ciudad 50 codos” (TB. Babá Batrá 25b); “alejamos de la ciudad los cadáveres animales y las tumbas y las curtiembres, 50 codos” (Ibid 26a). Luego, la preocupación respecto de la calidad del medio ambiente se da en todos los niveles y debe preverse que en la ciudad se den todas las condiciones exigidas para una buena calidad de vida. Esta obligación recae sobre todos y cada uno de los individuos, los cuales se encuentran incluidos bajo la orden de “pon atención de no arruinar ni destruir Mi mundo”. Que tengamos el mérito de apreciar las obras del Creador “cuán agradables y elogiables son”, y concentremos nuestro accionar en no arruinar ni destruir lo bueno y bello, y que tengamos el mérito de vivir con tranquilidad en la Tierra preciada y buena [que HaShem nos ha otorgado]. Envío mi bendición a toda la consagrada comunidad judía en Argentina. Que se cumplan los anhelos de sus corazones para el bien y el servicio a D´s, Bendito sea, y que vean bendición en vuestras obras materiales y espirituales, que tengan sobrada satisfacción y alegría de todos vuestros descendientes. Al Rabino Dr. Fishel Szlajen, que tenga el mérito de continuar y difundir la luz del judaísmo, acercar a los hijos bajo las alas de la Providencia y que vea bendición en su tarea con fuerte salud, que HaShem ilumine su accionar y le otorgue larga vida. Amén.

Con bendición Rab Eliahu Bakshi Dorón Rishón LeTzión (Ex Rabino Principal Sefardí de Israel 1993-2003) y Presidente de las Instituciones “Binián Av”


En el transcurso de estas últimas décadas ha quedado lo suficientemente claro que la contaminación general del planeta, así como los fenómenos meteorológicos provocados por la devastación de selvas o la eliminación de la capa de ozono, entre muchos otros, nos involucra a todos, vivamos en países que generen o absorban mayor o menor polución. Y esto es porque dicha contaminación amenaza la supervivencia del género humano. Humanidad y no la Tierra, debido a que es la primera la que está en riesgo aquí, al menos en términos de mediano y largo plazo. El mundo y sus diferentes clases de vida micro o macroscópica, vegetal o animal muy probablemente nos sobrevivirán, pero la delicada condición ambiental apta para la vida humana difícilmente será la adecuada. De público conocimiento también son las primeras causas de la contaminación ambiental, la desmesurada ambición humana en sus metas materiales, la ex a cerbaci ón del hombre en su potestad sobre el medio, su irresponsabilidad con éste último y hasta con su prójimo, hasta el punto que la ciencia y la tecnología, pudiendo estar dedicadas, mucho más de lo que están actualmente, a problemas acuciantes de hambre, patologías u otras dolencias, se han transformado en scientia et technologia ancille licentiae.

En este contexto, grandes personalidades contemporáneas como Arlnold Toynbee y Lynn White Jr.2 responsabilizaron a la Biblia como precursora fuente cultural de la tiranía del humano sobre la naturaleza y su consecuente destrucción. Y esto, según ellos, es debido al mandato divino por el cual se comanda al humano “fructifíquense y multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; y dominen sobre los peces del mar y sobre las aves de los cielos, y sobre todo animal que se mueve sobre la tierra”.3 Según este precepto, el humano tiene el imperativo de enseñorearse sobre la naturaleza creada por D-s. Luego, surge la pregunta, ¿la Torá le da al humano el irrestricto derecho o facultad de hacer y deshacer en el universo a su antojo y como dueño absoluto? Si bien es cierto que existen dos bíblicas concepciones de la creación del ser humano, y no por eso aceptando la teoría de la crítica literaria que las atribuye mediante categorías y juicios literarios a fuentes diferentes, sino por lo contrario, reafirmando la unidad e integridad de la Torá y por ende incluyendo el contenido eidético-noético, ausente en aquella teoría literaria, objeto propio y específico de Las Escrituras, es posible observar que dicha concepción


dual de la creación del humano ya es considerada en el propio Talmud,4 y luego proseguida por importantes filósofos judíos como Iehuda HaLeví5 y Najmánides,6 entre otros, siglos antes que la supra mencionada crítica literaria. En este respecto, el versículo objeto de la demanda formulada por Toynbee y White, corresponde a la primera concepción del humano, mientras que en la segunda concepción se le preceptúa “Y HaShem D-s tomó al hombre y lo puso en el jardín de Edén para que lo trabajase y lo preservase”.7 El Rab Soloveitchik apunta aquí tres diferencias básicas en los humanos creados bajo las dos concepciones. En la primera, el humano es creado varón y mujer simultáneamente y a imagen de D-s sin decir cómo lo fue; mientras que en la segunda concepción se describe expresamente que formó primero a Adam del polvo de la tierra y que insufló en su nariz hálito de vida, y luego de Adam a Javá como su complemento o ayudante. Pero por sobre todo, en la primera concepción el humano éste es comandado a dominar el mundo, mientras que en la segunda es comandado a cultivar y mantener el jardín de Edén. Es en este sentido que Soloveitchik8 distingue al humano en dos tipologías: a) La de quien confronta el mundo exterior investigándolo, dominando y controlando las fuerzas de la naturaleza, mejorando siempre su posición en relación a su medio-ambiente, y por ende deviniendo en un ser tecnológico. Un ser interesado en duplicar funcionalmente la dinámica de la realidad poniéndola a su servicio, y por ende focalizando en la pregunta ¿Cómo funciona el mundo? Básicamente, un ser utilitario cuya especificidad es la dignidad adquirida por la conquista y el status majestuoso frente al medio donde se encuentra. Dignidad en la existencia humana la cual es alcanzada por su elevación respecto de la co-existencia con la naturaleza.

b) La de quien está interesado en la interpelación y especulación cualitativa-metafísica, exploratoria cognitiva, bajo el fundacional interrogante ¿Por qué es? ¿Por qué la existencia? ¿Qué es? ¿Quién es? Básicamente desea entender el mundo tal como le es dado contemplándolo receptivamente y en sus dimensiones originales y fundamentales. Posee una experiencia esencial de “yo” en íntima comunión con su Creador, pero a la vez permaneciendo distante de todo, logrando un modo de vida disciplinado acorde a su separación de la naturaleza y su unicidad existencial. Esta especificidad es la redentora, por la cual el humano adquiere su noción ontológica manifiesta en su seguridad axiológica, otorgando significado y sentido a su existencia anclada en algo estable e inmutable, y dejándose dominar por el Creador. Así, en términos generales se observa que, si bien ambos humanos son intrigados por el cosmos, el primero va en busca de su control y poder, cuya dignidad como objetivo redunda en una técnica de vida, en el respeto y la atención del otro mediante habilidades o capacidades de acción. Sintéticamente, en la capacidad de hacer sentir su presencia o impacto medido por sus logros en la exterioridad. Es por ello que este primer humano es creado hombre y mujer simultáneamente, dado que no hay dignidad como categoría conductiva fenoménica en el anonimato o en la soledad. El segundo, va en busca de su cualidad ontológica y existencial en lo profundo de su persona, cuya redención se logra a través de la derrota, de la capitulación y del retiro; mediante el sacrificio. Su trabajo se orienta hacia el interior, y su control y poder es sobre sí mismo, nunca olvidando que no es más que polvo. Su éxito y descubrimiento consiste precisamente en su movimiento de retroceso. Es por ello que este hombre es formado de un puñado de tierra, del humus,


emergiendo humilde y solitario en su origen. No necesita mostrar ni comunicar, tampoco una existencia extrovertida, sino una introspección y conciencia del “yo” y de su propia exclusividad e incompatibilidad ontológica con otro ser. Únicamente cuando este hombre es derrotado, llamándolo al sacrificio haciendo que entregue parte de sí mismo cayendo en un profundo sueño provocado por su Creador, halla su compañera. Si bien ambas tipologías conviven en el ser humano moderno, en el presente y ya desde hace tiempo el ser digno ha superado por mucho el balance con respecto al ser redimido, rompiendo el justo equilibrio, deslindándose de toda responsabilidad y compromiso, conduciéndose en un proceso de autodestrucción. De hecho, este equilibro resulta tan esencial en el judaísmo que incluso en el mismo lenguaje hebreo, que es el de la Torá, el cual denota las premisas y cánones que brindan no sólo una modalidad de pensamiento sino una identidad específica, no existe allí un término que denote ninguna condición de potestad absoluta del humano respecto de sus bienes, sino más bien una hacienda o adquisición en usufructo por parte de aquél. Ejemplo de esto es la expresión hebrea ba’al “tenedor”, denotando siempre el carácter de tenencia en usufructo, pero nunca de dueño o propietario absoluto de la cosa. Así, podemos ilustrar

entre otros casos, la designación en hebreo de los animales como ba’alei jaim “habientes de vida”; al arrendatario: ba'al ajuzá "habientes de bienes, hacienda o que goza de porcentuales"; al acaudalado: ba'al mamón "habiente de riqueza"; al pensador: ba'al majshavot "habiente de pensamientos" o a lo valioso: ba'al erej "habiente de valor." Otras expresiones similares las cuales denotan tenencia o pertenencia, pero nunca con carácter de absoluta propiedad, son los verbos: lihiot ba'al "ser habiente o tener" o leshaiej "pertenecer a o estar vinculado a". Este lenguaje remite claramente a la propia weltanschauung judía, según la cual D-s es el único dueño absoluto de su creación, mientras que el ser humano tiene sólo la tenencia para su usufructo, beneficio o utilidad, siendo ésta, a su vez, de carácter transitorio. De esta forma, ilustrando este concepto judío de tenencia transitoria más que de potestad absoluta, encontramos la Ley de Shmitat Kaspim "Remisión de Deudas", por la cual cada siete años, en el año sabático, Shnat Shmitá, se condonan las deudas, y cuyo sentido es que el acreedor renuncie al reembolso del préstamo realizado.9 Esta característica también se ve reflejada en la Ley del Iovel o jubileo, por la cual, y debido a que la tierra y todo lo incluido en ella es de D-s, cada 49 años, los miembros familiares recuperan la tierra que fue vendida debido a alguna situación de estrechez económica, de-


notando la no perpetuidad ni unilateralidad de un -en términos modernos- derecho de usufructo sobre el bien, debido a su compra. Entre otras muchas características específicas de este quincuagésimo año, los esclavos -época bíblica-, bajo el mismo principio, son liberados y absueltos.10 El patente denominador común, aquí, es el estatus de forastero o residente temporario del humano en la creación de D-s. En otras palabras, un tenedor transitorio y no un dueño o amo sobre lo creado, cuestión que también es reflejada en el último versículo citado del Génesis “Y HaShem D-s tomó al hombre y lo puso en el jardín de Edén para que lo trabajase y lo preservase”.11 De hecho, la Ley del jubileo y el emplazamiento del hombre en el Jardín de Edén, responden ahora y desde el propio contenido textual, a la pregunta anteriormente formulada, significando que la síntesis entre los dos imperativos de conquistar la tierra y dominar a sus seres vivientes con el concepto del humano como tenedor transitorio, no es otro que el poder del humano de ejercer un control sobre la naturaleza, sobre la creación, actuando sobre ella y logrando su dignidad, pero con un grave e indelegable sentido de responsabilidad fiduciaria, dado por el logro de su redención.12 Y en este sentido la homilética judía expresa que cuando D-s le mostró al primer humano cuán hermosa es la creación, le advirtió …pon atención en no arruinar ni destruir mi mundo, que si lo arruinaras no habrá quien lo repare después de ti,…13 En otras palabras, no es como propusieron Arlnold Toynbee o Lynn White Jr., entre otros quienes realizan una lectura parcial a base de extracciones y recortes sesgados de versículos cuyo pleno sentido o significado resuena y no es posible develar sino sólo en la integridad y conjunto del texto. Por el contrario, y tal como oportunamente les han respondido Norman Lam e incluso Eric G. Freudenstein, en la Torá se ve reflejada la permisión y hasta la obligatoriedad del uso y manipulación del medio

ambiente por parte del humano, pero no en tanto su dueño, con potestad absoluta, sino en calidad de receptor de un comodato, con su consecuente e indelegable responsabilidad.14 Observamos así, que las palabras más puntualmente críticas en el primero de los dos mencionados versículos del Génesis, “someter o conquistar” y “dominar”, no son interpretadas, al menos por el judaísmo, bajo una perspectiva ilimitada y abusivamente despótica del ser humano para con la naturaleza; sino más bien, como dice el exégeta renacentista Ovadiá Sforno, el imperativo de someter o conquistar la tierra está relacionado con abrir espacios para residencia, labradíos u otros usufructos para el humano cercándolos y controlando que los animales salvajes no lo devasten, y a los domésticos para hacer las labores en favor del humano.15 Similarmente y con anterioridad, Najmánides, en su exégesis al mismo versículo, interpretó el mandato respecto del dominio de los animales como el de gobernar sobre estos para las labores del humano. Luego, en congruencia con estas interpretaciones de conquistar la tierra y dominar a los seres vivientes, el imperativo de labrar el jardín de Edén como residencia del humano original, es obtener usufructos de su interior, dado que la tierra necesita ser trabajada y tal como indica el medieval exégeta italiano Menajem Recanati, cuidarla, es una actividad desde lo externo evitando que absorba impurezas contaminándose.16 Ahora bien, dentro de las pautas más relevantes que el judaísmo plantea al humano en su conducta respecto del medio que lo rodea, se encuentra el precepto de mayor ponderación institucional en el conjunto de la Ley judía, el Shabat, proclamado en el cuarto mandamiento y por el cual se dictamina trabajar seis días y dedicar el séptimo, Shabat, a D-s, porque en seis días Él creó el universo y descansó en el séptimo santificándolo.17


Más allá del descanso obligado para todo el que more en la misma residencia, incluyendo los animales, una de las interpretaciones tradicionales de la limitación a las labores humanas en este día de Shabat, es la prohibición de toda transformación productiva de energía, objetos naturales o artificiales. Por ello, esta proscripción incluye prender fuego, cocinar, o cualquier otra labor que implicare aquella transformación. En este sentido, el Shabat indica de forma pragmática, la limitación, por parte del humano, en su permisión a manipular el medio ambiente. Y esto se vincula con el ya mencionado año sabático o Shnat Shemitá debido a que, según la Ley, deberá también dejar la tierra en barbecho durante dicho año. Esto es, y tal como indica el versículo, luego de seis años de sembradíos y cosechas, reposará la tierra en el séptimo, no pudiendo recoger lo que brotase por sí solo.18 Y, más allá del descanso y cuidado de la tierra, el fruto que ella diese durante este año será compartido por todo el que trabaje o resida en la misma morada, incluyendo los animales.19 Una de las frases que resume más acabadamente el significado del año sabático como también del año del jubileo, en cuanto a la consideración y respeto del humano por la creación toda, demostrando no sólo la igualdad inter-pares, sino también el proteccionismo que profesa el judaísmo hacia el medio ambiente en contraposición a cualquier absolutismo del humano sobre aquél, es la escrita por uno de los más importantes e influyentes pensadores y legistas judíos, Maimónides: Los diversos mandamientos que hemos enumerado en el tratado Shemitá veIovel tienen por finalidad, ya prescribir la conmiseración y la liberalidad hacia los hombres en general, como esta escrito: "Para que los indigentes de tu pueblo coman de ellos, y que las bestias de los campos coman lo que habrán dejado" (Éxodo, 23:11); o bien, hacer que la tierra se torne más fértil, fortaleciéndose por el descanso; o

ya inspirar la buena voluntad hacia los esclavos y los pobres, me refiero a la cancelación de las deudas y a la liberación de los esclavos[hebreos]; o ya para proveer a perpetuidad las cosas necesarias para la vida, haciendo de la tierra un fondo inalienable, para que no pueda ser vendida de manera absoluta, "y la tierra no será vendida a perpetuidad" (Levítico, 25:23); que por consiguiente la fortuna de bien raíz de cada hombre quede reservada a él y a sus herederos, y que no pueda gozar más que del solo usufructo.20 Ejemplo de la conjunción entre el aprovechamiento de los recursos en beneficio del humano y la concientización en el trato con los animales, en tanto seres tenedores de vida y creados por D-s, es el imperativo, "no cocinarás el cabrito en la leche de su madre".21 Esta prohibición conforma una de las bases más importantes de las leyes dietarias del judaísmo, por la cual, en un sentido más generalizado, prohíbe cocinar o ingerir productos cárnicos mezclados con lácteos animales. Una de las interpretaciones respecto de este precepto, desde el punto de vista tratado, es la prohibición de consumir el fundamento y su fruto conjuntamente, acaparando desmedidamente y agotando los recursos en función desproporcionada de acuerdo a las necesidades. De esta forma, es fácil observar que esta ley tiende contra la abusiva administración y por ende en franca oposición al agotamiento de los recursos de una misma fuente. Por otro lado, y dentro de las pautas que el judaísmo plantea al humano en su conducta respecto de sus pares y las especies animales, encontramos la prohibición de matar en un mismo día, a un animal conjuntamente con su cría.22 Maimónides, refiriéndose a este último precepto, como en general a la forma de faenar los animales para evitar todo exceso en su sufrimiento, dice lo siguiente: Ahora bien, como la necesidad de obtener un buen alimento, exige que el animal sea matado, se ha que-


rido que muriere de la manera más fácil. Se ha prohibido atormentarlo, sea degollándolo mal, sea agujereándole la base del cuello, sea cortándole un miembro, como lo hemos expuesto. Igualmente se ha prohibido faenar el mismo día a la madre y a su pequeño, para que tuviésemos cuidado de no degollar al cachorro ante los ojos de la madre. Pues el animal experimentaría en este caso un dolor demasiado grande.23 Resulta además importante enfatizar aquí, respecto de la alimentación, la prohibición de comer de un animal mientras éste se encuentre vivo. Ésta no sólo es parte de la Ley judía, sino que pertenece a una de las siete leyes noájicas -de Noaj-, lo cual significa que es válida y vigente para toda la humanidad.24 Estos últimos preceptos analizados podrían enmarcarse en un principio más general llamado Tza´ar ba´alei Jaim “Sufrimiento de Animales”, el cual denota el límite de nuestra conducta respecto del sufrimiento provocado a un animal. Esta Ley se aplica igualmente a la obligación, por parte del humano, de socorro a un animal -aun perteneciendo éste a quien nos hostiga o detesta- cuando se encuentre en peligro o dañado por sus labores.25 En este sentido también puede citarse entre otras leyes más particulares, la de no arar con animales de diferentes especies bajo el mismo yugo y/o en el acarreo de cualquier carga.26 Según el exégeta del s. XII, Abraham Ibn Ezra, esto es a causa de evitar perjudicar al más débil de ambos animales.27 El cuidado y la co n s i d e ra c i ó n

del animal en relación con su trabajo también tiene su aspecto más detallado, prohibiendo al humano toda conducta que impida al animal alimentarse libremente de los frutos de la tierra cuando trabaje en labores relacionadas con el avituallamiento;28 así como también la prohibición de la castración tanto en animales como en humanos, ya que impide el cumplimiento del imperativo divino de ser fecundos y multiplicarse.29 Huelga decir que el judaísmo prohíbe la caza deportiva o por placer;30 siendo consecuentemente Nimrod y Esav -figuras bíblicas de quienes se predica ser hábiles cazadores- depositarias de cualidades negativas. En esta misma dirección, el principio llamado Shiluaj HaKen “Envío [de la madre antes de tomar] el Nido”, prohíbe tomar los huevos o la cría de un ave ponedora cuando la madre se encuentra presente in situ, además de obligar a devolver la madre al nido y no tomarla conjuntamente con su cría,31 evitando, como ya se ha mencionado, el agotamiento de la fuente conjuntamente con su fruto, además de respetar el vínculo en tanto seres vivientes. En este respecto, Maimónides afirma categóricamente en relación al dolor de los animales y de los humanos que … no hay bajo este aspecto diferencia entre el dolor que experimenta el hombre y el de los otros animales. Porque el amor y la ternura de una madre por su pequeño no dependen de la razón, sino de la acción de

Maimónides


la facultad imaginativa, que la mayor parte de los animales poseen tanto como el hombre.32 De forma análoga, entre seres humanos y en términos más generales el principio de Hatzalá “Rescate”, es aquél que postula el deber de salvar a las personas, basándose en el mandato bíblico No depondrás contra la sangre [vida] de tu prójimo, Yo soy HaShem.33 Esta demanda, casi única en los anales de la historia legal, tal como lo demuestran Ernest Weinrib y Marilyn Finkelman,34 es la que obliga a intervenir en el rescate o salvamento del semejante, cuando éste sea inocente de cualquier lesión o de la misma muerte. Este deber conforma, entre otros, la base para erigir aquel principio que ordena según el versículo …y amarás a tu prójimo como a ti mismo.35 Con lo hasta ahora analizado, se observa claramente la restricción en la facultad de transformación del medio ambiente, así como el deber de socorrer a los animales y evitar su sufrimiento tanto como sea posible a la hora de tomar provecho de ellos, y también el deber de no permanecer indiferentes, auxiliando a nuestro semejante y a un animal ante una situación de peligro. Además, encontramos también un imperativo institucional judío el cual es el más frecuentemente mencionado en las contemporáneas publicacio-

nes respecto del judaísmo y su relación con el medio ambiente. Éste es el denominado Bal Tashjit o Lo Tashjit “No Destruyas”, derivado del versículo en el cual se prohíbe destruir árboles alimenticios para sitiar una ciudad o construir baluartes.36 Si bien este precepto está restringido a épocas de guerra, Maimónides extiende dicho concepto no exclusivamente a dicha circunstancia sino a todos los tiempos, desarrollando además las prohibiciones derivadas de aquél, incluyendo la obstaculización de fuentes o manantiales, la destrucción de herramientas, edificios, vestimentas o alimentos, desperdiciándolos.37 Si unimos este concepto con la clara permisión otorgada por el Talmud,38 para la poda de árboles por razones económicas, de salud, e incluso estéticas, revelamos nuevamente que en el judaísmo lo que se persigue verdaderamente no es un naturalismo o ecologismo como valor supremo, sino la prevención contra la destrucción licenciosa y el mantenimiento de un equilibrio responsable entre necesidades y recursos. Más aún, si bien la Ley judía que prohíbe la mezcla de granos heterogéneos en un mismo sembradío, bajo el precepto denominado Kilei Zeraim “Mezcla de Semillas”, es únicamente aplicable a la tierra de Israel, otras leyes similares destinadas también a la


diáspora del pueblo judío, son las ilustradas con ejemplos prohibiendo injertar árboles de distintas especies, ni conservarlos cuando estén ya plantados -pudiendo aprovechar sus frutos y ramas-, así como la prohibición denominada Kilei Behemá “Cruza de Animales”,39 y por la cual se deniega la cruza de dos diferentes especies de animales, protegiendo así la continuidad de las especies frente a la producción de híbridos, amén de limitar la manipulación de las especies animales y vegetales así como del medio por parte del ser humano. Todos estos conceptos hasta ahora mencionados dan cuenta, tal como reiteradamente expone Richard Bauckham, uno de los más importantes investigadores de la cultura bíblica, que el humano allí, se asume como inserto en el resto de la naturaleza de una manera indivisa, como un todo, en contraste con el humano moderno que objetiva al mundo que lo rodea, se indexa y aparta de él, y de forma ilusoria cree no ser parte integral. Tal vez sea por ello que el ya citado Abraham Ibn Ezra, haya concluido que destruir un árbol, en relación al mencionado precepto de No Destruyas, es destruir al humano, debido a que el mismo humano es el árbol del planeta. Incluso en términos de justicia el ilustre pensador judío del s. XIV, Iaakov ben Jananel Skili, dice que el precepto de no destrucción que evita malgastar los recursos naturales representa el acto de mayor justicia del pueblo de Israel hacia la preservación de la creación divina; y siendo que el humano es parte de dicha creación, la preservación de ésta es la mayor justicia para él mismo.40 Se podría adicionar también y respecto a la polución, que la ley judía repara sobre el daño a los recursos naturales estableciendo la defensa de la salud por medio del precepto Shmirat HaGuf “Cuidado o Protección del Cuerpo”, evitando todo lo que pudiera ser perjudicial para su conservación, protegiendo la salud física y espiritual del individuo

ante cualquier tipo de amenaza o peligro.41 Así, los alimentos con hormonas, pesticidas u otros químicos que se consideren realmente perjudiciales para la salud, del mismo modo que cualquier práctica contaminante de los recursos naturales tanto en el agua, la tierra como en el aire, quedan prohibidos por su inclusión en este precepto dado que atentan directamente contra la salud física del individuo. En este respecto, así como en la ley dietaria judía se establecen controles estrictos sobre los alimentos permitidos y prohibidos, también se regula la forma en que deben cocinarse y comerse. CONCLUSIÓN Se ha delineado, brevemente, algunas de las facetas más importantes del judaísmo respecto de la relación del humano con el medio en el cual se encuentra inmerso. A través de la ley judía, pueden observarse las serias restricciones conductivas deónticas que posee el humano en su relación con el ambiente, intentando equilibrar la constante tensión entre las demandas humanas y los recursos naturales disponibles. De esta forma, el judaísmo establece un delicado balance, tomando provecho de y usufructuando la naturaleza, pero a la vez evitando el derroche, la desmesura y la insalubridad en el medio ambiente, así como todo tipo de conducta cruel hacia cualquier animal o prójimo. Así, el judaísmo en su radical monoteísmo neutraliza las exacerbaciones y desmesuras producto de la egolatría moderna por un lado y de los movimientos neo-paganos naturalistas por el otro, no dejando encerrar a D-s en ídolo, imagen o concepto alguno dado que no se ajusta a la medida de lo que el humano desea, necesita o soporta, sino que siempre excede. Y, si bien hoy las discusiones se orientan más a lidiar con el primero de los problemas en términos de una violenta degradación medioambiental, respecto de los últimos es


importante resaltar que son el producto resultante de quienes han retomado algunas de las tendencias a sacralizar lo natural, pasando de aquella egolatría o idolátrico culto del humano, al de la naturaleza. En este traspaso del objeto supremo de culto, el humano queda una vez más sin establecer un prudente y más efectivo término medio que es el precisamente otorgado por el monoteísmo, evitando hacer de cualquier aspecto de su entorno, incluyéndose a sí mismo, el valor supremo. Sin este equilibrio demandado por el judaísmo, el humano deambula constantemente por diferentes conductas idólatras, errando en su propio cuidado físico y espiritual, así como en el de su medio ambiente. Luego, si bien el renovado interés por el naturalismo y la ecología tiene motivaciones serias por la contaminación del aire, los ríos, lagos, napas, erosión de selvas tropicales y recalentamiento del planeta, posee a su vez una faceta oculta conducente a una revalorización exacerbada del lugar de la naturaleza en la creación, transformando la ecología en un ecologismo como religión pagana. En este sentido, en lugar de reestablecer el equilibrio entre la dignidad y la redención, cuando la primera ha desbalanceado la proporción anulando la segunda, se tiende a que la naturaleza gobierne, someta y conquiste al humano, animalizándolo, perdiendo así no sólo su redención sino ahora también su dignidad.

Básicamente, se observa que la cultura perceptual judía, fundada en el árido suelo del desierto, lejos de consagrar el impedimento de lo gregario ni anular todo carácter sedentario y de pertenencia al terruño, por un lado se orienta a estipular la forma en la cual se debe residir en la tierra sin atribuirse su propiedad, y cómo usufructuarla sin perjudicarla, sin damnificar a sus otros tenedores en contraposición a toda tendencia de producción destructiva. Y, por otro lado, dicha cultura tampoco se orienta a la adoración de la tierra, contrariamente al pagano, quien la contempla como una realidad cerrada en sí misma y al humano como determinado por la pertenencia a ella consagrándola o bien consagrándose, regulando su accionar y destino acorde al mundo, resultando en una radical imposibilidad de salir de éste, dado que incluso sus dioses son inherentes a la misma naturaleza. La cultura judía, así, no sólo demanda una concientización por el cuidado del medio ambiente, generando políticas y conductas específicas y concretas que evitan la destrucción de aquél, sino también advierte los actuales problemas existenciales en la humanidad que provocan rebrotes neo-paganos, evitando la destrucción espiritual del ser humano y retrotrayendo la sociedad a un escenario de esclavitud que el monoteísmo ya ha superado.

1. Rabino y Ph.D. en Filosofía. Se desempeña como Investigador y Profesor de Postgrado en Filosofía Judía Aplicada en varias universidades nacionales y como Profesor Invitado en otras extranjeras. Profesor de Antropología Filosófica en UMAN. Director del Depto. de Cultura en AMIA y Miembro de la Comisión Nacional de Bioética. - 2. The New York Times, May 1, 1970. Lynn White Jr., "The Historical Roots of Our Ecologic Crisis" Science 155 (1967), 1203-1207. - 3. Génesis 1:28 - 4. TB, Brajot 61a; TB, Ketubot 8a. - 5. Iehuda HaLevi, Sefer HaKuzarí, IV - 6. Comentario de Najmánides al Génesis 2:7 - 7. Génesis 2:15 - 8. Iosef Dov Soloveitchik, Ish HaEmuná (Hebreo). Jerusalem: Mosad HaRav Kook, 2006. pp. 13-28. - 9. Deuteronomio 15:1-2 - 10. Levítico 25:13-28 - 11. Génesis, 2:15 - 12. Iosef Dov Soloveitchik, Ibidem - 13. Midrash Kohelet Rabá, 7:13 - 14. Norman Lamm,”Ecology, The Work of Creation” Sh´ma 1, 1 (1970). Norman Lamm, “Ecology in Jewish Law and Theology” En Faith and Doubt, New York: Ktav Publishing House, 1971. Eric G. Freudenstein, “Ecology and the Jewish Tradition” Judaism 19, 4 (1970). - 15. Ovadia Sforno, Bihur al HaTorá (Hebreo) ed, Ze’ev Gottlieb, Jerusalem: Mossad haRav Kook, 1990, p. 16 - 16. Menahem Recanati, Pirush al HaTorá (Hebreo), ed. Amnon Gross, Tel Aviv: Barzani, 2003, Vol. I, pp. 66-67.,79. - 17. Éxodo, 20:8-11 - 18. Levítico, 25:3-5 - 19. Levítico, 25:6-7 - 20. Maimónides, Guía de los Perplejos, México: Cien del Mundo, 2001, Vol. III:39, pp. 234-235. - 21. Éxodo, 23:19; 34:26; Deuteronomio, 14:2. - 22. Levítico 22:28 - 23. Maimónides, op.cit, vol. III:48, p. 307. - 24. Génesis, 9:3-5 - 25. Éxodo, 23:5 - 26. Deuteronomio, 22:10 y comentarios de RaShÍ. - 27. Comentarios de Abraham Ibn Ezra al mismo versículo. - 28. Deuteronomio, 25:4 - 29. Génesis, 1:22 - 30. Moisés Isserles al Shulján Aruj, “Oraj Jaim” 316:2. Iejezkel Landau, ShU”T Nodá BeIehudá (Taniná), “Ioré Deá” 10. Ver Manfred Gerstenfeld, Judaism and Environment. En Hans Bachrach Memorial Oration, February 20th, 2000. - 31. Deuteronomio, 22:6-7 - 32. Maimónides, Ibidem - 33. Levítico, 19:16 - 34. Ernest Weinrib, “Rescue and Restitution” S’vara 1, 1 (1990), 59-65. Marilyn Finkelman, “Self-Defense and Defense of Others in Jewish Law: The Rodef Defense” The Wayne Law Review 33, (1987), 1257-1287. - 35. Levítico, 19:18 - 36. Deuteronomio, 20:19-20 - 37. Maimónides, Mishné Torá, (Hebreo) “Leyes de Reyes”, 6:8-10. - 38. TB, Shabat 128b-129a y 140b; TB, Babá Kamá 91b-92a. - 39. Levítico, 19:19 - 40. Iaakov ben Jananel Skili, Torat HaMincha (Hebreo), Ahavat Shalom Publications, Jerusalem, 2000, p. 629. - 41. Deuteronomio, 4:9,15.


“No maldecirás a un sordo, y no pondrás tropiezo delante del ciego, y temerás a tu D-s; Yo soy HaShem.” (Levítico 19:14) ¿Alguno de nosotros podría realmente poner un obstáculo frente a un ciego para que éste tropiece? Tomado como un valor en términos generales, nominales, muy pocos de nosotros seríamos tan bajos moralmente como para violar el citado precepto de la Torá según esta interpretación más literal. La humanidad, en general, posee una mínima moral como para no querer dañar a un ciego o discapacitado sin razón alguna. Rab Shlomo Itzjaki (RaShÍ, 1040-1105), quien en su exégesis normalmente sigue una interpretación literal del texto, intenta explicar exhaustivamente este versículo aunque figurativamente como si refiriera a la obstaculización de cualquier forma tal que pueda llegar a dañar a una persona. En este sentido, dicho exégeta expresa que, por ciego se entiende quien no sabe sobre determinado asunto, y por ello dándole un mal consejo, perjudicándolo y/o aprovechándose de él. En uno de los super-comentarios a RaShÍ, el del MahaRaL de Praga (c.1520-1609) en su Gur Arié nota también que la parte del versículo, “y no pondrás tropiezo” termina con “y temerás a tu D-s”, una frase comúnmente utilizada en el contexto de los mandamientos en los cuales sólo el transgresor sabe que únicamente él ha

pecado. Luego, si el versículo refiriese a un obstáculo físico, deviene obvio quién hizo tropezar al ciego, pero interpretándolo figurativamente, en cambio, se refiere a un acto en el cual el transgresor busca justificar sus acciones como un intento de beneficiar a la persona a la cual dañó. Es entonces por esta razón que el versículo concluye “y temerás a tu D-s; Yo soy HaShem”. Porque sólo HaShem conoce las verdaderas intenciones de cada uno. En su comentario a la Torá, Rab Shimshon Rafael Hirsch (1808-1888) detalla acciones que entran en la categoría de “poner obstáculos” bajo el sentido del versículo citado, tales como aquel que deliberadamente aconseja mal, aquel que otorga las herramientas para o prepara el camino hacia el mal, o bien aquel que activa o pasivamente ayuda o fomenta que las personas hagan el mal. Todas ellas violan esta prohibición, y por ello la íntegra esfera de felicidad material y espiritual de nuestro prójimo es encomendada a nuestro cuidado. Aunque es muy poco probable que los lectores de este artículo violen literalmente este precepto, llamando común y abreviadamente ‫לפני עור‬ “Lifnei Iver” (Delante del ciego), en nuestras vidas profesionales y tal vez incluso en las personales, podemos ser responsables de poner obstáculos a aquellos que son moral, informativa o emocionalmente ciegos y tal vez ocasionar un irreversible daño social y/o medioambiental.


Teniendo esto en mente, examinemos los casos que nuestros sabios categorizaron como “poner tropiezo”, los cuales afectan a la sociedad moderna y a nuestro medioambiente. El Midrash Halájico del siglo III e.c., Torat Kohanim (Sifrá, “Kedoshim” 2, 3, 14), ofrece dos tipos de categorías en este respecto: 1) “Delante del ciego [se refiere a] alguien que es ciego en ese tema. Si alguien viniera y preguntara “¿puede esta mujer casarse con un Cohen?” no le dirás que “sí puede” cuando lo tiene prohibido…” 2) “Si te pidiera consejo, no le des consejos que no sean correctos para él. No le aconsejes que salga temprano en la mañana porque los ladrones podrían atacarlo. No le aconsejes que salga en la tarde para que se queme con el sol. No le aconsejes que venda su terreno y que con el dinero compre un burro y tu luego compres dicho terreno.” De este Midrash Halájico nuevamente podemos ver que no sólo tenemos prohibido poner un tropiezo físico ante una persona discapacitada, sino que también se nos impide poner tropiezos figurativos ante una persona carente de información tornándolo ciego ante un tema, ya sea: 1) Dando información incorrecta, lo cual pueda ocasionar que viole la ley de la Torá (como casarse con una mujer que lo tiene prohibido). 2) Dando consejos engañosos que puedan ocasionar daño físico o financiero (viajar en horarios peligrosos o vender propiedades). Muchos problemas medioambientales clásicos entran en alguna de estas dos categorías, como cuando los gobiernos y las corporaciones intentan ocultar a la gente los efectos dañinos del amianto, la radiación, los PCB’s y otras toxinas. Básicamente, cualquiera que conozca los peligros a los que se enfrenta o expone el individuo o colectivo debido a sustancias dañinas, pero oculta esa información u otorga otra engañosa, viola el mandamiento ‫“ לפני עור‬Lifnei Iver” (Delante del ciego) expuesto en la ley citada.

Otras fuentes rabínicas expanden el concepto de “poner tropiezo” para incluir el dar acceso a situaciones que tienen mayor probabilidad de resultar en la transgresión de otra persona. El Talmud en el tratado Pesajim 22b, dice “¿De dónde derivamos la ley que una persona no debe dar una copa de vino a un Nazareno [alguien que ha hecho votos monacales o anacoréticos entre los cuales se prohíbe la ingesta de vino]?... dicen La Escrituras; y no pondrás tropiezo delante del ciego.” Al darle una copa de vino a un nazareno (para quién el vino está prohibido), si bien uno no lo está forzando ni persuadiendo explícitamente a que lo beba, este acto puede aproximarlo físicamente a violar su voto de nazareno por cuanto se le otorga acceso cercano al vino. Esta tercera categoría es entonces: 3) Hacer que un objeto o situación esté disponible y que pueda llevar a una persona a sucumbir ante el daño moral, físico o financiero. En esta categoría, entran potencialmente fabricantes y vendedores de cigarrillos, alcohol, pornografía, fuegos artificiales, municiones, y dueños de casinos, quienes proveen acceso a sustancias, elementos y situaciones potencialmente dañinas y peligrosas que pueden ocasionar severo daño físico, moral y financiero a miembros vulnerables de la comunidad. Además, los medios que hagan publicidad o toda publicación de los servicios de dichos fabricantes, vendedores o instituciones también son culpables en este mismo respecto. Tal vez no sería inadecuado extender la definición incluyendo bancos, comerciantes y financistas que proveen créditos fáciles a gente pobre que no puede pagar estos préstamos, ocasionando que compren de más y caigan en un vicioso ciclo de deudas. Si bien la mayoría de las personas tienen un básico estándar ético, suficiente para no violar las tres primeras categorías de la ley, sin em-


bargo, hay otro tipo de transgresión tan sutil que podríamos no ser capaces de darnos cuenta que estamos obstaculizando a otros o haciendo que tropiecen. Esta cuarta categoría es la de crear una situación o colocar a una persona en una coyuntura donde él o ella sea incapaz de controlarse y peque o transgreda impulsivamente por su vulnerabilidad emocional. En el tratado talmúdico de Moed Katán 17a, dice, “una vez sucedió que una mucama de la casa de Rebi [Rab Yehuda HaNasí] vio a un hombre golpeando a su hijo adolescente. La mucama exclamó “¡que ese hombre sea excomulgado ya que ha violado la prohibición de no poner tropiezo delante del ciego!” Claramente y bajo el contexto tratado, al golpear a un adolescente que es más propenso a responder verbal o físicamente, el padre crea una situación en la cual el joven puede violar la bíblica prohibición de golpear y maldecir a sus padres. Luego, esta cuarta categoría sería: 4) Crear una situación o estado emocional que pueda conducir a la persona a dañar a otros o a sí mismo y/o perder el control de sus habilidades cognitivas para tomar decisiones. Respecto de esta categoría final, la cual considero que es la más grave y la más extensa de todos los obstáculos o tropiezos de la sociedad contemporánea, cabe enfatizar el caso que condujo a la sobre-producción, al sobre-desarrollo, y al abuso del medioambiente, haciendo peligrar los delicados ecosistemas de la Tierra y los limitados recursos naturales. Y esto es debido a que, al crear un estado emocional insano, el primer obstáculo logrará que la persona que tropiece siga cayendo en un espiral o ciclo vicioso. Históricamente, al comienzo del siglo XX, la población en general era muy frugal y pobre como para comprar cualquier bien material que fuera resultado de las capacidades de sobre-producción de la Revolución Industrial. Ahora bien, para quebrar esta situación se necesitaba un cambio en los valores espirituales e intelec-

tuales de la gente, transformando el énfasis en el ahorro, la modestia o recato y la moderación, en un sistema axiológico que fomente gastar, consumir, exhibir y mostrar ostentosamente. Pero ello demandó la comercialización o mercantilización de la sociedad, la estrategia del consumismo, la creación de una mentalidad colectiva/pública que priorice el sobre-consumo en relación a las necesidades reales del hombre. Este consumismo es el que equiparará o igualará la felicidad con la compra y tenencia de bienes materiales. Luego, las corporaciones y los gobiernos, que ganan con el incremento del mercado, obstaculizaron e hicieron tropezar esencialmente a personas “ciegas” haciéndoles creer que la felicidad se obtenía mediante el consumo. Richard H. Robbins, en su libro, Global Problems and the Culture of Capitalism (Allyn & Bacon, 1999), explica que, para que aumentase el consumo en los Estados Unidos, hubo que transformar la percepción del público y sus hábitos de compra, debiendo convertir los lujos en necesidades. Esto se logró con la presentación y exhibición de bienes, promocionando y desarrollando deseos en el consumidor, haciéndolo en este sentido agresivo, creando además un valor en las facilidades adquisitivas comerciales al imbuirlos con el poder de trasformar al consumidor en una persona más deseada. En 1880 se invirtió 30 millones de dólares en publicidad en los Estados Unidos, hoy ese valor asciende a más de 120 billones. Así, el incipiente y certero concepto de “Moda” ayudó a crear ansiedad e inquietud por despojarse de objetos que no eran “nuevos” o que “no estaban al día” y poseer otros que sí cumplían con dicha cualidad socio-cultural. La moda presionó a la gente a comprar no por necesidad sino por estilo, i.e. mutó el deseo de satisfacción o conformidad a lo que otros definieron como “estar de moda”. La propiedad individual en tanto dueño o poseedor exclusivo y particular de un hogar, por ejemplo, es un concepto que no se practicaba


en muchos países desarrollados, donde amplias familias vivían juntas. Pero las propiedades individuales o individualización de la propiedad incrementan la cantidad de recursos utilizados, así como también las ventas de las industrias relacionadas. En la década de 1920, Herbert Hoover escribió, “un derecho primario de cada familia americana es el derecho a construir una nueva casa, la deseada desde el corazón, al menos una vez. Más aún, hay un instinto de poseer su propia casa, construida, arreglada y con los alrededores bajo su propias pretensiones y gustos.” El Departamento de Comercio de los Estados Unidos, creado en 1921, sirve para ilustrar el rol del gobierno federal en la promoción del consumismo. Dicho organismo estimuló el máximo consumo de facilidades, produjo películas y folletos publicitarios abogando por las casas y residencias individuales, unitarias, contra las múltiples o de varias unidades, y las suburbanas por sobre las urbanas. Uno de aquellos folletos, recomendaba habitaciones separadas para cada niño predicando que era “indeseable para dos niños ocupar la misma cama, no importa cuál sea su edad.” En unas pocas décadas, se tornó común el hecho que cada núcleo familiar debía vivir en su propia casa y que cada niño debía tener su propio cuarto, o con no más de dos hermanos compartiéndolo. Nuestras casas hoy son sólo un ejemplo de cuánto los poderes del consumismo han cambiado las normas aceptadas, creando un incremento en las expectativas de los estándares de vida y causando subsecuentemente que gastemos más recursos naturales. Otra variable se observa en el incremento del salario a los trabajadores para aumentar su poder adquisitivo, de compra, en pos que fuera posible crear una economía consu-

mista. La primera tarjeta de crédito del mundo se introdujo en los Estados Unidos en los años 50, extendiendo el crédito del consumidor, otorgando a las personas la capacidad de comprar aquello que normalmente no considerarían adquirir. Ya para los años 70 los hábitos de compra habían sido transformados por el crédito. Un efecto de este crédito fue incrementar la deuda del consumidor, mientras creaba mercados masivos para bienes que estimulaban el crecimiento económico. Según la Oficina Central de Estadísticas de Israel, en los años 50, la comida constituía un 40% de los gastos de un hogar típico. Hoy, los israelíes gastan sólo un 16% de su presupuesto en comida, lo cual indica que los israelíes están gastando más en productos innecesarios. En el presente y en muchas naciones en desarrollo, el nivel de consumo es relativa o comparativamente bajo. Sin embargo, con una globalización dirigida por corporaciones, los aspectos negativos del consumismo están empezando a sentirse por todo el mundo. El incremento de los niveles de consumo debido a la nueva clase media en economías de grandes mercados emergentes como la de China y la India es parcialmente responsable del reciente y dramático crecimiento global del costo de alimentos básicos como el arroz y el maíz. La gente de estos países en crecimiento no tiene la culpa de sus altos niveles de consumo; el occidente los convenció que el consumismo es un objetivo de vida que vale la pena. Sólo piden su parte del sueño consumista, mientras que sus sociedades y nuestros ecosistemas pagan el precio de la ilusión de un consumismo sin límite.


La gran mayoría de nuestras preocupaciones ambientales son causadas por el sutil pero potencialmente letal tropiezo consumista. Dado que la sociedad nos condiciona a relacionar la felicidad personal con el consumo de bienes materiales, peleamos una batalla sin fin para minimizar el daño ambiental causado por la sobre-producción y el subsecuente deshecho de productos que realmente no necesitamos. El consumo excesivo agobia a las sociedades con sobrecargados rellenos sanitarios, depósitos de deshechos en extensos suelos cubiertos por una capa de tierra, provocando también una disminución significativa en la cantidad de peces en ríos y mares más niveles crecientes de obesidad en las poblaciones. Mientras tanto y a la vez, otros 2.8 billones de personas consumen muy poco y sufren de hambruna, indigencia y pobreza. El apetito insaciable de la sociedad por comprar es responsable de casi la mayoría de las crisis ambientales que enfrenta el mundo de hoy, como el calentamiento global (al incrementar la quema de combustibles fósiles), la extinción de especies, la tala de bosques y la expansión de los rellenos sanitarios, más la subsecuente contaminación del agua por el residuo de los químicos utilizados para producir más bienes materiales. En este contexto, el movimiento ambiental, con su lema “Reduce, Reutiliza y Recicla”, es una respuesta a la excesiva sobre-producción de una sociedad consumista. Hoy, nos encontramos siendo simultáneamente víctimas y culpables de ‫לא תתן מכשל‬ ‫“ לפני עור‬Lifnei Iver Lo Titén Mijshol” (No pondrás tropiezo delante del ciego). Nos hemos tropezado convirtiéndonos en consumidores ciegos para quienes se está constantemente buscando

caminos en pos de vender productos, acumulando suficiente riqueza en otros que a su vez son nuevamente consumidores de la misma clase. ¿Realmente necesitamos incluso una fracción de los productos del mercado de hoy? Consideren la filosofía y el daño subyacentes de la popular frase, “When the going gets tough, the tough go shopping”. ¿Es correcto promocionar productos innecesarios? Ya sea si producimos, comercializamos, vendemos o fomentamos el último dispositivo electrónico, casas lujosas, productos ostentosos, el último modelo de automóvil o el juguete de 99 centavos que se romperá al día siguiente, deberíamos considerar si lo que estamos haciendo es ético. Si bien y debido a que el consumidor está cegado (casi desde nacimiento) por la publicidad, propaganda y la necesidad de consumir, posiblemente ya no puede saber si realmente “necesita” ese producto; a menudo el fabricante, el anunciante y el vendedor de cada uno de dichos productos o servicios (también a su vez consumidores) saben la respuesta real. Junto con nuestros intentos de vivir tan cómodamente como sea posible, necesitamos aprender a producir, vender y consumir menos productos innecesarios, cuyos restos podemos ver en la proliferación de los rellenos sanitarios y basurales que no sólo degradan, sino que contaminan el paisaje urbano. La respuesta judía y ambiental es la de REDUCIR nuestros niveles de consumo. En un mundo donde la gente se ha tropezado con el consumismo y la sobre-producción, nuestro desafío es el de revertir esta tendencia.

1. Rab Carmi Wisemon es graduado de Meretz Kollel, recibió su ordenación rabínica del Rabinato Principal de Israel y es Máster en Bienestar Social, en el Wurzweiler School of Social Works, de la Yeshiva University. Se desempeña como director ejecutivo de Sviva Israel y editor del periódico anual de “The Environment in Jewish Thought and Law”.


La consciencia sobre la amenaza del calentamiento global se incrementó considerablemente en estos años, y hoy día, la mayoría de nosotros sabe del deshielo o derretimiento de las capas de hielo en los casquetes polares que causan el aumento del nivel del mar. A la luz de esto, la historia de Noé y el diluvio y cataclismo en la Torá requieren que examinemos esta cuestión desde la perspectiva de las raíces y herencia judías, debido a la similitud aterradora entre los dos fenómenos.

te y el gas, quienes intercambian oxígeno por carbono cuando se consumen de dicha forma. Ésta es la razón por la cual las velas se “ahogan”, i.e. se apagan al cubrirlas.

Deberíamos comenzar con una explicación esencial, pero lo más corta posible, del fenómeno del calentamiento global. La Tierra posee una atmósfera compuesta en su mayoría de nitrógeno, un quinto de oxígeno, un pequeño porcentaje de gases nobles, y aproximadamente un 25% de dióxido de carbono, al cual le prestaremos especial atención y denominaremos de aquí en adelante carbono. El carbono y el oxígeno son dos elementos que se crean y eliminan uno al otro. Al respirar, inhalamos una pequeña parte de la atmósfera, absorbemos oxígeno y exhalamos todo lo que no necesitamos, incluyendo el carbono.

fera. Un poco del carbono absorbido por las plantas permanece atrapado en ellas y terminan produciendo más oxígeno que carbono. Éste y otros muchos elementos están asociados al “ciclo del carbono” global, como la absorción del carbono por las conchas marinas o su confinamiento en la tierra por la lluvia, lo cual ayuda a mantener el balance atmosférico permitiendo que haya vida en la Tierra.

En un principio, este mismo proceso ocurre al quemar combustibles fósiles como el acei-

Por otro lado, hay árboles, así como plantas de hojas verdes, que a la noche funcionan como nosotros -absorben el oxígeno y emiten carbono-, pero durante el día realizan la función opuesta y de hecho más importante, i.e. absorben el carbono y emiten oxígeno a la atmós-

Observemos ahora lo que ocurre con el sol. El sol emite energía en forma de radiación, pero la mayoría del calor que sentimos no viene de ésta directamente (aunque la sentimos por ejemplo cuando nos asoleamos), sino del calor que emite la Tierra después de ser calentada por la radiación solar. No toda la radiación del sol es absorbida por la superficie de la Tierra y


los océanos, ya que reflejan y refractan parte de ella al espacio. En este punto la atmósfera aparece en escena y atrapa parte de la radiación creando una especie de “Efecto Invernadero” para nosotros, donde simbólicamente el planeta Tierra es la huerta, la atmósfera es la cubierta de nylon y nosotros somos los tomates. El efecto invernadero es en realidad una bendición y deberíamos agradecerle a D’s por esto, ya que, sin aquél, tendríamos realmente demasiado frío. En otros términos, el prin-

de minerales, tales como el carbón y el aceite. Cuando se queman, emiten materias tóxicas para el aire, que tienen en su mayoría un impacto local, pero también emiten carbono, el cual empeora el calentamiento explicado anteriormente. Otras razones para el aumento de los niveles de carbono son los grandes rebaños de ganado que emiten metano (hay aproximadamente 1,5 billones de rebaños en el mundo), y también la tala y quema de bosques, lo cual reduce el reciclado natural de carbono. Una

cipal elemento atmosférico responsable de mantener el calor es el dióxido de carbono.

investigación reciente también muestra que el calentamiento se está auto-produciendo, ya que los océanos no pueden contener tanto carbono como antes. Los océanos son los depósitos de CO2 más grandes de la Tierra y cuando la temperatura promedio aumenta, también aumenta su evaporación. Por dicha razón, se emite más carbono a la atmósfera y se acelera el calentamiento, repitiéndose este proceso continuamente.

Y aquí es donde comienza el problema. Cuanto más carbono haya en la atmósfera, más calor queda atrapado en el invernadero global rompiendo el balance. La temperatura aumenta y los tomates (nosotros) enfrentamos el peligro de marchitarnos.

SOFOCACIÓN AUTO-INDUCIDA La teoría convencional del calentamiento global es simple. Desde que comenzó la Revolución Industrial, la especie humana ha quemado cantidades colosalmente desconocidas

No hay un argumento científico en contra o que niegue el calentamiento, simplemente porque puede ser medido de forma precisa y empírica. Ya se ha demostrado que la temperatura global promedio se ha elevado más de un grado desde el comienzo de la Revolución Industrial. También se ha demostrado que este


calentamiento está relacionado con el dramático cambio climático que observamos en todo el mundo: grandes inundaciones, incremento en la frecuencia de huracanes y sequías prolongadas. El debate es más bien sobre las causas del calentamiento, si éstas son antropogénicas o si tal vez no sea algo que esté relacionado causalmente con nosotros. En el 2005, esta discusión comenzó a concluir con el resultado que la correcta es la primera causa, y las teorías opuestas perdieron su sostén entre la mayoría de la comunidad científica. Sin embargo, hablaremos un poco más sobre las teorías opuestas en algunos de los siguientes párrafos. El calentamiento global tiene muchos efectos, de los cuales algunos no son conocidos. La buena noticia es que no será apocalíptico tal y como se muestra en la película The Day After Tomorrow, en la cual el clima cambia en un período de dos semanas y New York se transforma en un cubo de hielo. Una noticia aún mejor es que la Tierra en sí está destinada a sobrevivir, sin importar lo que le hagamos. La mala noticia es que la mayoría de lo descripto en la película realmente puede pasar en los próximos 100 años, y no es tanto tiempo. También, desafortunadamente, la mera supervivencia del sistema ecológico no necesariamente incluye la supervivencia de la humanidad tal como la conocemos actualmente. Los efectos del calentamiento global a corto plazo incluyen cambios en las lluvias (menos tormentas, pero más fuertes y desastrosas, con períodos de sequía), la alteración de los ciclos de vida (como los cambios en los tiempos estacionales y una extinción animal acelerada), y por supuesto, el fenómeno bien conocido y peligroso del derretimiento de las capas de hielo en los casquetes polares que incrementa el nivel del mar. Si bien se predice que un aumento de algunos metros en el nivel del mar inundará enormes áreas, desplazando a millones de personas, por otro lado, cabe aclarar también que las predicciones científicas están


frecuente e inherentemente fallidas. Tomemos por ejemplo un estudio del siglo XIX el cual determinaba que las calles de Londres iban a estar llenas de montañas de estiércol debido al aumento en la cantidad de carros tirados por caballos. El defecto inevitable en este estudio fue simplemente que no predijo el desarrollo del subterráneo y las máquinas a combustible. De la misma manera, hay que tener una precaución extra al intentar predecir procesos mucho más complicados, como el calentamiento global, pudiendo resultar peor o mejor que las comunes y sabidas predicciones. Lo que es seguro es que algo va a suceder y será mejor que estemos preparados para ello, y mejor aún, que intentemos entenderlo.

DE LA GENERACIÓN DEL DILUVIO A LA GENERACIÓN DEL CALENTAMIENTO ¿Es el calentamiento global el Diluvio de nuestra generación? Las dos diferencias principales entre los fenómenos son los tiempos (docenas de años contra cuarenta días) y también nuestro actual y mejorado entendimiento del proceso físico. Por otro lado, si bien las causas espirituales y divinas están ocultas, deberíamos intentar adentrarnos en la perspectiva metafísica de este fenómeno, el cual está sorprendentemente ausente del debate, ya que éste lidia principalmente con el miedo provocado por los científicos, las promesas de los políticos y los esfuerzos de las corporaciones mundiales para obtener ingentes ganancias con toda esta cuestión. Hay muchas similitudes interesantes entre el Diluvio e inundación en la generación de Noé con el calentamiento en la nuestra. Antes que nada, hay un aspecto apocalíptico, el final de la historia como la conocemos. La reacción humana a estas cuestiones es, naturalmente, de negación. La negación la originan principalmente ciertos científicos que todavía intentan

persuadirnos (y a ellos mismos) que mientras el calentamiento global es una realidad, no está relacionado causalmente con nosotros y que no hay nada que podamos hacer para detenerlo. Esto nos brinda pase libre para continuar contaminando sin límites. Abordaremos esos argumentos científicos en lo siguiente, pero parece que, para todas las intenciones y propósitos, esta aproximación al tema (el cual conocemos no sólo desde el campo de la ecología) se basa en suposiciones que eliminan la responsabilidad de los humanos respecto de sus propias acciones, y remueve la conexión entre las acciones individuales y el estado de la sociedad. En búsqueda y por el bien de la integridad intelectual, asumamos que hay alguna posibilidad que estos científicos tengan razón y que realmente nos enfrentamos a una realidad mucho peor de lo que podamos imaginar. El mundo se está calentando y está por cambiar completamente, y no hay nada que podamos hacer al respecto. Por otro lado, sería un tanto grotesco o ridículo decir que ninguna de las actividades industriales llevadas a cabo en los últimos 150 años tuvo un efecto significativo en el medioambiente. Por ello, deberíamos todos pensar cuidadosamente sobre cómo lidiar con las nuevas situaciones que aparecen frente a nosotros y responsabilizarnos por nuestras acciones. No obstante y de hecho, podemos encontrar un respaldo en la Torá para los argumentos de los científicos opositores, basado en la promesa divina que no volverá a haber un cataclismo ecológico como el Diluvio: “recordaré el pacto entre Mí y ustedes y entre todo ser viviente de todo ser de carne; y las aguas ya no se convertirán en diluvio para destruir a todo ser de carne” (Génesis 9:15). También tenemos una promesa explícita en el Libro de los Salmos, específicamente sobre el nivel del mar “Pusiste un límite que no pueden cruzar, para que no vuelvan a cubrir la Tierra.” (Salmos 104:9). El MaLbIM2 comenta este versículo diciendo: “Y entonces


HaShem ha puesto un límite al mar que nos rodea, que no sobrepasará este límite a menos que vuelvan a cubrir la Tierra, como si fuera el principio de la creación”. Por otro lado, recordemos que está escrito en el Talmud Babilónico, tratado de Sotá 11a, que “…entonces sabemos que sobre todo el mundo [HaShem] no va a traer [un diluvio], pero sobre una sola nación puede traerlo como no,…” En efecto, incluso los peores escenarios del calentamiento global no mencionan el cubrimiento de toda y ni siquiera la mayoría de la Tierra. Las áreas principales que se cubrirán son aquellas de la playas bajas como Bangladesh y Escandinavia, y sólo naciones específicas se verán dañadas. Más aún, algunos dicen que el derretimiento de las capas de hielo no es [o no sería] el mismo origen del Diluvio e inundación, el cual fue principalmente el resultado de la lluvia. Pero aquellos que leen cuidadosamente, notarán que el Midrash del Tratado Sotá se refiere a la caída de los egipcios en el Mar Rojo, lo cual se relaciona sólo con el mar. Además, el Diluvio de la generación de Noé también incluye a “todas las fuentes del gran abismo” (Génesis 7:11), lo cual quiere decir que la palabra “Diluvio” hace referencia, en un sentido más amplio, a desastres naturales más grandes ocasionados por el agua. Por eso, una pista podría ser que el derretimiento de las capas de hielo en los casquetes polares no es únicamente (tal vez ni el principal) problema causado por el calentamiento global, tal y como se descubrió en la última década. Si miramos por ejemplo a Israel, está claro que el efecto del derretimiento de las capas de hielo no le afectará en gran medida ya que el Mar Mediterráneo está unos pocos metros más abajo que el océano; cuestión extraña pero cierta, debido a una evaporación más intensa. Además, la mayoría de la línea costera de Israel se encuentra sobre un acantilado de gravilla elevado. Sin embargo, lo peor para Israel será la falta de

agua y la expansión del desierto. Esto ocurre porque el calentamiento global presiona desplazando la línea de lluvias -denominada isohieta- más al sur y al norte, deshidratando el centro del globo. Incluso sin que todo el planeta se cubra de agua, nuestra situación será lo suficientemente grave como para considerarla seriamente. Es por ello que las consoladoras profecías citadas supra, no nos absuelven del intento de rectificar todo lo posible, mientras aún podamos. También encontramos esto en los escritos de otro comentario a la Torá denominado “Toldot Itzjak”,3 pero ahora respecto del Génesis 8:22 que reza “Siempre, todos los días de la Tierra, la siembra y la ciega, la helada y el calor, el estío y el invierno, el día y la noche, no cesarán.” En este versículo, D’s promete que los ciclos de la naturaleza no cambiarán, y el comentario mencionado dice que este pasaje era necesario porque luego de revelar D’s que nunca habría otro Diluvio, también debió advertir a la humanidad por sus pecados que “Todavía tengo medios para saldar [deudas] con ustedes”, siendo por medio de las propias variables o fenómenos naturales. Esto significa en efecto que otro Diluvio en la escala del de los días de Noé no volverá a repetirse, pero que sí habrá castigos en forma de desastres naturales para los pecados del hombre. La correlación entre las transgresiones o pecados y el desastre global se aclara mejor en el Talmud Babilónico cuando en el tratado Avodá Zará 3b dice “Todo está en mano de los cielos, excepto los resfríos y las fiebres.” Esto quiere decir que todas las enfermedades son debido a decretos divinos (ya sea que reconozcamos o no la razón), pero los destemples, gripes o derivados de ello y las fiebres, insolaciones o golpes de calor son causados directamente por el hombre. Reish Lakish4 continúa: “No hay infierno en el futuro porvenir [no es un lugar aparte], sino que HaShem saca al sol de su caja y oscuridad; los malvados serán


sentenciados a través de esto y los justos serán curados a través de esto”. En otro tratado talmúdico, en Babá Metziá 86b, RaShÍ5 explica que el significado de la frase “sacar al sol de su caja” es “hacer que el sol brille poderosamente [golpee fuertemente]”, y tal vez éste sea el momento adecuado para abordar algunas cuestiones que competen a la teoría del calentamiento global. Parece que la cantidad de radiación emitida por el sol cambia periódicamente. Este fenómeno se muestra en la aparición y desaparición de manchas en el sol, áreas oscuras creadas por la intensa actividad magnética. Esta cantidad está relacionada con los cambios en la polaridad magnética del Sol, la cual se invierte cada 11 años. En el pico de la inversión, los polos pasan uno frente al otro, y en este caso, la fricción magnética aumenta creando más manchas. Aunque la mancha crea una zona relativamente más fría, en sus márgenes, la radiación es más fuerte de lo normal, entonces paradójicamente resulta que cuantas más manchas haya, más fuerte será la radiación solar. Este proceso sigue creciendo y por ello algunos científicos aún intentan conectar el calentamiento global con dicho fenómeno, descartando toda responsabilidad de la humanidad. La mayoría de los científicos está de acuerdo con que las manchas solares también tienen un efecto en nuestro clima, pero agregan que este efecto es meramente un socio o coadyuvante de los gases

de invernadero y no el factor principal. Esto se debe mayormente a que el calentamiento sucede demasiado rápido como para estar solamente relacionado con las manchas solares. También mencionaremos una tercera teoría, incluso menos popular, la cual sostiene que debido a la también constante inversión de los polos magnéticos de la Tierra (un hecho indiscutible), acontece un movimiento de los continentes polares hacia el ecuador o línea ecuatorial. Es por esta causa que, esta teoría aún vigente, sostiene que los polos se derriten cada 5000 años aproximadamente y cambian el clima de todo el mundo. Podemos encontrar una base para esta teoría en mapas antiguos restaurados de un almirante turco del siglo XVI, Piri Reis. Estos mapas se basan en bocetos que recolectó del archivo central de Constantinopla y de lo que quedaba de la antigua biblioteca de Alejandría. Sus mapas muestran cómo se ve la costa norte de la Antártica sin la capa de hielo (que hoy en día tiene 1.6 kilómetros de grosor) y coinciden perfectamente con la línea descubierta en la década de 1950 mediante un mapeo sismográfico. Por eso es que son tan confiables. Se ha estimado científicamente que el cubrimiento de la Antártica con hielo sucedió hace 5000 años, y el evento más significativo y conocido de aquel tiempo es el Diluvio. Este Diluvio también se menciona de diferentes maneras: en los babilónicos “Cuentos de Gilgamesh”, y en tradiciones


griegas, romanas, irlandesas y hasta hindúes. La fecha de los mapas de Reis coincide además con la era anterior a este cambio. Toda esta información además concuerda con un ciclo natural de 5125 años descubierto por los mayas y emplazado en su calendario. El final del ciclo Maya anterior fue aproximadamente en el año 3114 a.e.c. (que es en el mismo momento en que la Antártica se cubrió de hielo y aproximadamente en los tiempos del Diluvio que habla la Torá). El final del ciclo actual hubiera sido el 20 de diciembre de 2012. Aquí, si bien tampoco debimos derivar pronósticos al estilo del Armagedón, esta teoría argumenta que el calentamiento global es meramente un síntoma de un proceso mucho más grande, que es completamente independiente de nosotros (al menos en el plano visible de la realidad) y con un final que nadie puede predecir adecuadamente.

UN CICLO DE RECOMPENSAS Y CASTIGOS Hasta ahora observamos que el calentamiento global tiene factores tanto humanos como naturales. Sin embargo, el origen de los últimos se encuentra también en el Diluvio, el cual fue un castigo al mundo debido a las maldades de la humanidad, como Sforno6 comenta al citado supra Génesis 8:22, “Porque antes del Diluvio […] siempre era primavera, y había una enmienda general para los elementos básicos y las plantas y los animales y por toda la duración de sus días. Y dijo que esto sucedería durante “todos los días de la Tierra” hasta que D’s Todopoderoso corrija lo que se haya arruinado en el Diluvio”. Esto quiere decir que antes de la inundación, el mundo estaba en una primavera constante y que, desde los pecados del hombre, la primavera se convirtió meramente en una parte del ciclo de las estaciones. En un sentido más amplio, los cambios climáticos periódicos generales que se repiten todos los años,

comenzaron a correr y no se detendrán, tal como fue prometido. En nuestros días, los nuevos pecados de la humanidad que incluyen todo tipo de abuso y exceso para con el medioambiente, amenazan con cargar un conjunto de pecados sobre otro y una vez más alterar la circularidad, no sólo hacia una “rectificación general” para los elementos básicos y las plantas, sino también hacia una completa depravación o corrupción de ellos. De lo que dice Sforno también podemos encontrar una base para las suposiciones más pesimistas de la comunidad científica, las cuales expresan que un desastre natural global repentino, es posible. Esto se debe a que los sistemas de la Tierra se basan y construyen sobre delicados equilibrios y barreras, y que un cambio en algún sistema (como las corrientes submarinas) puede colapsar todo el sistema como una torre de naipes. Pero según Sforno, este colapso será la oscuridad que viene antes del amanecer, ya que “hasta que D’s Todopoderoso corrija lo que se haya arruinado en el Diluvio”. En efecto, un clima tropical en muchas partes del mundo, es posible, y acorde a lo antes mencionado, tenemos mapas precisos del pasado, que prueban que hace 5000 años no había hielo en el norte de la Antártica. Como sabemos, la civilización humana ha existido junto y próximo a ella. Pero la profecía sobre este tema no nos fue dada.

JUNTOS NOS LEVANTAMOS Y JUNTOS CAEMOS Si continuamos nuestras reflexiones descubriremos que lo especial sobre el calentamiento global, y sobre el Diluvio, es que es la segunda vez en la historia de la humanidad que ésta se enfrenta completamente a un problema global, con implicaciones personales dramáticas para cada uno de nosotros y que afecta mediante costos astronómicos a la economía global. Pero lo más importante es que


cada uno de nosotros es parte de la creación de este problema con cada simple acto que realizamos, y ésta es la clave para la solución. Éste no es un asteroide con el cual, un gobierno exitoso y con recursos pueda lidiar solo, o un monstruo terrible que un súper héroe pueda destruir y así ganar fama eterna como en las historietas. Nos enfrentamos a un problema serio e importante, y la única solución es que todos y cada uno de nosotros, los 6 billones de humanos aquí sobre la tierra, tomemos nuestra propia y personal responsabilidad al respecto. Como con la discusión sobre la corrupción en las diversas formas por las cuales se produjo el Diluvio, desde el punto de vista de la humanidad, descubrimos que, en dicha generación, fue de hecho el hiper involucramiento o sobre-afinidad para con la naturaleza lo que trajo aquella destrucción; ya que, entre otras cuestiones, mantenían relaciones sexuales entre especies diferentes, cancelando por ello los límites establecidos por D’s. De la misma forma, en la siguiente generación, la de la Dispersión (La Torre de Babel. Génesis 11:1-10), la humanidad se había unido, pero sólo para alejarse de la naturaleza y rebelarse contra el Reino de los Cielos. En nuestra generación, parece que las dos razones anteriores están emergiendo peligrosamente. Por un lado, ha devenido muy popular creer que el hombre no es más que una ameba evolucionada. Sin embargo, en lugar de acercarnos en nuestra relación con la naturaleza, se está conformando un alarmante enajenamiento o abstracción de aquella entre una humanidad que se encierra en sí misma como en la Torre de Babel construida con sus propias manos, mientras corta la propia rama que la sostiene. La corrupción de la tierra y en todas sus formas trajo el Diluvio sobre la humanidad y nos dio un nuevo comienzo, pero también fue una lección para todas las generaciones. En nuestra generación, somos testigos de la corrup-


ción en las conductas del hombre de maneras y formas tanto similares como diferentes de las de aquella generación del Diluvio. Y aunque entendamos la conexión entre el encendido del automóvil y el ardiente calor generado por éste, no podemos ignorar la conexión casi auto-evidente entre nuestra corrupción moral y los desastres infligidos sobre nosotros mismos. En otros términos, la relación egoísta que desarrollamos con la naturaleza no es nada menos que el resultado directo de las relaciones egocéntricas que desarrollamos entre nosotros mismos. En este sentido, tal vez, el calentamiento global sea una lección para la humanidad, y si no aprendemos esta lección deberemos aprender de otra más difícil. Es complicado decir con exactitud cuáles son las lecciones y las conductas morales que debemos aprender. Según la teoría común, se supone que deberíamos entender el hecho que nuestras acciones tienen consecuencias debiéndonos hacer responsables por las mismas. Si nos inclinamos hacia las otras teorías que hemos presentado, podemos concluir que con el debido respeto al progreso de la humanidad, fuerzas más grandes pueden destruirla. Tal vez esta sea una lección de modestia para toda la raza humana, que paga demasiado caro y fue demasiado lejos con sus propias ilusiones

de grandeza. En cualquier caso, está claro que si todo lo que aprendemos de la crisis actual es simplemente hacer funcionar automóviles con moléculas de agua, nuestras ganancias pronto serán pérdidas. Ya que, sin la rectificación de las bases y los códigos morales de nuestra sociedad, y su relación con D’s, la próxima catástrofe es sólo cuestión de tiempo.

ENTRE NOÉ Y ABRAHAM En conclusión, vale la pena recordar el Midrash que explica la diferencia fundamental entre Noé y Abraham. Enfrentándose a la misma situación, un mundo yendo en la dirección incorrecta, la primera elección es ignorar el derredor y salvar su propia alma, mientras que la segunda es intentar y hacer que la gente retorne al correcto camino y salvarlos del desastre. Así, nosotros estamos una vez más frente a un mundo yendo en la dirección incorrecta (y no sólo en sentido ecológico), la elección está en nuestras manos, ya sea rezar para que se encuentre un lugar para nosotros en el “Arca de Noé 2050”, o una nave enviada al espacio profundo, cargada con muestras biológicas; o tal vez pararnos frente a la enorme corriente de la cultura de masas, como lo hizo Abraham en su generación y demandar un cambio.

1. Aharón Ariel Lavi es B.A. en Economía y Geografía por la Universidad Hebrea de Jerusalem; Máster y Ph.D. en Ciencias, Tecnología y Sociedad por la Universidad de Bar Ilan, Israel. Se desempeña como Director General de Nettiot Mission-Driven Communities Network en Beer Sheva, Israel. 2. Rab Meir Leibush ben Iejiel Mijael Wisser (1809-1879), fue uno de los principales exégetas de la Torá. 3. Compuesto por Rab Itzjak Karo (1458-1535), tío del Rab Iosef Karo (1488-1575), quién escribió el Shulján Aruj. 4. Reish Lakish es la abreviatura de ‘Rabi Shimon hijo de Lakish’. Reish Lakish fue uno de los más grandes sabios en la segunda generación de Amoraim. 5. Rab Shlomo Itzjaki (1040-1105), fue el comentarista más grande de la Biblia y el Talmud. 6. Rab Ovadia Sforno (c.1476-c.1550), fue un relevante comentarista italiano de la Torá.


INTRODUCCIÓN Este artículo constituye un ensayo de historia conceptual del Desarrollo Sustentable. O, más precisamente, una crítica conceptual desde la perspectiva del historiador. Nuestro principal objetivo es evidenciar la ambigüedad semántica del término. En el primer apartado contextualizaremos el surgimiento de la preocupación ambiental en torno al Desarrollo. Para ello abordaremos los dos grandes relatos que llevaron el tema de los límites ecológicos del sistema económico al debate internacional: el Informe Meadows (1972) y el Informe Brundtland (1987). En el segundo apartado analizaremos las debilidades y contradicciones teórico-metodológicas del Desarrollo Sustentable como concepto. En el tercer apartado propondremos una lectura crítica de dicho concepto desde la perspectiva de la Historia. Nuestra premisa es que

el Desarrollo Sustentable, aunque se fundamenta en una relación de tiempos (presente y futuro), es un concepto contracíclico y ahistórico. Como es usual, agregaremos unas sintéticas conclusiones al final del artículo.

¿POR QUÉ TUVO QUE SER SUSTENTABLE EL DESARROLLO? Desarrollo, entendido en su acepción económica, es un concepto estrictamente moderno. Y puede decirse que contemporáneo. En la historia del vocabulario económico no aparece bajo su significado presente sino hasta a partir de la Segunda Guerra Mundial (Arndt, 1981). Si bien pueden encontrarse raíces semánticas en las primeras décadas del siglo XX, el Desarrollo como “el gran cambio que puede ser promovido” (ya no la visión ontológica del “gran cambio que sucede


por sí solo”) refiere a una conceptualización propia de la posguerra, contextualizada en el surgimiento del entramado institucional en torno a las Naciones Unidas, en el auge del pensamiento económico keynesiano, así como en la promulgación del Punto 4, por el presidente estadounidense Harry S. Truman. A partir de esta coyuntura, el Desarrollo se constituyó como la vía de transformación dominante para los países pobres mediante la implementación de un conjunto de políticas e intervenciones del Estado planteadas con un objetivo en común: el crecimiento sostenido de las economías y el mejoramiento de los niveles de vida de la población. El cambio estructural asociado al Desarrollo estuvo determinado por el incremento del ingreso per cápita, la expansión del sector industrial, el crecimiento de las exportaciones y el aumento de la inversión pública. Todo lo anterior, en sociedades en las cuales la población crecía gracias al mejoramiento de las tasas de natalidad y mortalidad, para luego llegar a un punto de transición demográfica en el cual las tasas de natalidad bajaban significativamente. Asimismo, en sociedades cada vez más urbanas que rurales (Deane, 1992).

ganadera, pero además, con el debate sobre las posibilidades de alimentar y suplir de recursos a una población que crecía significativamente (Ehrlich, 1968). En cuarto lugar, la crisis del petróleo de la década de 1970, aun siendo una crisis de mercado, cuestionó la expansión sin límites y a precios bajos del consumo del crudo, a la vez que puso en duda la sostenibilidad futura de la base energética de las economías. Bajo este marco, entre las décadas de 1970 y 1980 aparecieron dos informes que constituyen puntos de referencia en el debate internacional sobre los límites ecológicos del Desarrollo: el Informe Meadows y el Informe Brundtland. Repasemos a continuación el contenido de cada una de estas iniciativas.

¿Cómo surge la preocupación ambiental en este contexto? Existen cuatro procesos fundamentales para comprender su aparición. En primer lugar, el crecimiento de la producción industrial evidenció el problema del manejo de residuos químicos y físicos, que contaminaban las aguas y el ambiente en general. De la misma forma, la modernización de la agricultura mostró las consecuencias ambientales y sobre la salud humana del uso indiscriminado de fertilizantes químicos y plaguicidas (Carson, 1962). En tercer lugar, y desde una perspectiva global, el aumento de la población en los países pobres, especialmente notable entre las décadas de 1960 y 1970, abrió la discusión acerca de la presión demográfica sobre los recursos naturales, identificada, simbólicamente en este caso en particular, con la tala de los bosques y la creación de pastizales para la producción

“...la capacidad del planeta en que convivimos para hacer frente, más allá del año 2000 y bien entrado el siglo XXI, a las necesidades y modos de vida de una población mundial siempre creciente, que utiliza a tasa acelerada los recursos naturales disponibles, causa daños con frecuencia irreparables al medio ambiente y pone en peligro el equilibrio ecológico global - todo en aras del crecimiento económico, que suele identificarse con bienestar...”

El Informe del Club de Roma sobre el Predicamento de la Humanidad, conocido como “Los límites del crecimiento” o “Informe Meadows”, se presentó en el año de 1972. Este informe, elaborado por un equipo de investigación coordinado por Donella y Dennis Meadows, entonces académicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts, se propuso determinar:

(Meadows, 1972, p. 11-12).

Para tales efectos se cuantificaron y modelizaron cinco variables en el largo plazo: población, producción de alimentos, contaminación ambiental, industrialización y


agotamiento de los recursos no renovables. El objetivo era proyectar a futuro los umbrales de sostenibilidad del sistema económico, partiendo del hecho que algunas de estas variables, especialmente aquellas asociadas al crecimiento demográfico y al consumo de recursos, aumentaban de un modo exponencial (Meadows, 1972, p. 42). Como principal conclusión, el informe advertía que dicho crecimiento llevaría a una crisis de recursos, la cual solamente podía controlarse mediante el alcance de un estado de equilibrio global, establecido a partir de un crecimiento cero de la producción y de la población.

tos ecológicos entre países ricos y pobres. Sin embargo, la mayor contradicción del informe consistía en asumir que el problema ecológico era un asunto de “relación de recursos” y de consumo, obviando, por tanto, que se trataba de un problema estructural del sistema económico. Parafraseando a O’ Connor, este informe no consideraba como una alternativa que la crisis fuera la expresión del desarrollo de una segunda contradicción del capitalismo, asociada a la “apropiación destructiva” por parte del capital del trabajo humano, la infraestructura y la naturaleza (O’ Connor, 2001, p. 212).

El informe Meadows ha sido criticado por varias razones. Desde un punto de vista metodológico, se ha cuestionado el nivel agregado de los datos incluidos en el análisis, además de no contemplar la posibilidad de cambios en los escenarios previstos como producto de la aparición de innovaciones tecnológicas. En segundo lugar, por considerar el cambio social de un modo normativo, y tercero, por sus conclusiones catastróficas sobre el futuro de la sociedad humana. En otro orden, se trató de una evaluación crítica del sistema económico, que se mantuvo apegada al dogma del crecimiento. No es casual, en este sentido, la presencia de la palabra “crecimiento” en el título de la obra, en lugar de “desarrollo”. En efecto, en este informe imperaba el crecimiento como preocupación, mientras que las referencias al Desarrollo eran ocasionales, por lo general relacionadas con la noción de que el crecimiento demográfico y productivo afectaría sobre todo a los países menos desarrollados. Por otra parte, el estudio dejaba a un lado la dimensión social y política del problema ambiental, focalizando su atención sobre la “escala de recursos”, básicamente. Problemas como la desigualdad económica entre países o las contribuciones diferenciadas al deterioro ecológico quedaban a un lado, tanto como la distribución de los cos-

En 1987 se publicó el “Informe Brundtland” como resultado de un estudio realizado por la Comisión Mundial para el Ambiente y el Desarrollo, de las Naciones Unidas, encabezada por Gro Harlem Brundtland. La primera característica de este informe era su moderación política y su interés por desmarcarse de las conclusiones apocalípticas del informe Meadows, de 1972. Desde sus primeras páginas se señalaba que no se buscaba predecir un posible futuro de deterioro ecológico, sino más bien, se presentaba como un estudio con carácter de advertencia; una suerte de notificación para guiar y consensuar la colaboración y cooperación entre los países respecto al problema ambiental. El informe planteaba la idea del surgimiento de una “nueva era de crecimiento económico”, mediante la explotación sostenida de los recursos naturales, con la premisa que dicho crecimiento era fundamental para acabar con la pobreza en el mundo subdesarrollado. A partir de lo anterior se proponía el concepto de Desarrollo Sustentable en los siguientes términos: aquel que “permite satisfacer nuestras necesidades actuales sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas”. Es necesario destacar que este “equilibrio sustentable” era metodológica y estructuralmente distinto a la noción de


“equilibrio global”, incluido en Meadwos. El equilibrio global partía del principio que tanto la población como el capital se mantuvieran “esencialmente constantes” en el futuro (crecimiento cero), así como las “fuerzas” que tendieran a aumentarlos o disminuirlos. En Brundland, en cambio, al reivindicarse la importancia del crecimiento económico (aún con sus efectos ecológicos) el estado de equilibrio de Meadows se convirtió en un estado de desequilibrio sostenido y compatible con la dinámica del sistema capitalista. De este modo, las “fuerzas” (el capital) que debían controlar su expansión en la proyección a futuro de Meadows, no encontraban en la proyección de Brundtland límites ni umbrales para el crecimiento. Al contrario, dichas fuerzas se topaban con dos puertas conceptuales (la conservación de recursos y la previsión de las necesidades futuras), que se abrían de par en par sin evaluar la legitimidad ecológica del llamado. Entendido desde el presente, y especialmente desde la perspectiva del Decrecimiento, esto supuso un retroceso teórico (Latouche, 2008).

¿PUEDE SER SUSTENTABLE EL DESARROLLO? Por lo general, los conceptos y categorías que utilizamos para el análisis social constituyen núcleos semánticos más o menos coherentes y uniformes. Es decir, ofrecen cierta fiabilidad explicativa. Pueden existir debates, por ejemplo, sobre conceptos como “pobreza”, “clase o grupo social”, o sobre la representatividad del PIB como indicador macroeconómico, pero ciertamente dicho debate finalmente contribuye de algún modo a afinar las categorías, a precisar su alcance, o bien, a evidenciar sus contenidos ideológicos. Esto no sucede así con el concepto Desarrollo Sustentable. Este es un concepto contradictorio en varios sentidos. Primero, porque conlleva una evidente legitimidad social y política: difícilmente alguien se

opondrá a que el sistema económico funcione de modo tal que no ponga en riesgo el futuro del planeta. Bajo esta misma lógica, es un concepto que se relaciona con una realidad (el problema ambiental) que resulta urgente e inevitable de atender. Sin embargo, a pesar de su legitimidad y trascendencia política, Desarrollo Sustentable es un concepto semánticamente confuso: ¿Puede ser sustentable el Desarrollo?, ¿Son viables sus propósitos en sociedades que ni siquiera cumplen con la etiqueta de “economías desarrolladas”? La propia traducción del inglés al castellano genera discordancias: ¿Desarrollo sostenible o sustentable?, ¿O acaso lo primero (sostenible) queriendo significar lo segundo (o a la inversa)? En las siguientes líneas evidenciaremos la ambigüedad del concepto de Desarrollo Sustentable. Dejaremos de lado el análisis de contexto histórico (es decir, lo que representa la sustentabilidad en términos de la crisis del Desarrollo como modelo) y nos centraremos en la dimensión conceptual propiamente dicha. Un primer paso necesario consiste en reconocer que Desarrollo Sustentable es un

oxímoron. Es decir, es un concepto que abarca dos palabras que son contradictorias entre sí. En este caso, Desarrollo y Sustentabilidad. En términos estrictos, lo que pretende el Desarrollo Sustentable como etiqueta no es necesariamente compatible, teórica y metodológicamente hablando, con las exigencias que conlleva el uso equilibrado de los recur-


sos de la Tierra. De hecho, si el desarrollo aspira a ser sustentable es porque se trata, en efecto, de un proceso insustentable. En otras palabras, el término sustentable tiene la forma de un atributo sospechoso en sí mismo. Sobre este punto conviene agregar una observación puntual: si se parte del principio que el Desarrollo aspira a mejorar el bienestar de la sociedad (en términos de servicios de salud y educación, de medios de vida y de consumo en general), nada indica que dicho mejoramiento sea compatible con la regeneración de la biosfera (Latouche, 2008, p. 114). En segundo lugar, Desarrollo y sustentabilidad corresponden a rangos distintos de abstracción y de razonamiento. Como lo plantea José Manuel Naredo, las nociones de crecimiento y de desarrollo se definen en función de agregados monetarios y de

producción homogéneos, mientras que la preocupación por la sostenibilidad se refiere a procesos biofísicos singulares y heterogéneos (Naredo, 1999, p. 58). Para dicho autor es necesario reconocer estas diferencias para propiciar una discusión precisa y concreta de lo que es sustentable y lo que debe ser sustentable. Naredo insiste en la necesidad de determinar la interpretación que está detrás del objetivo de sostenibilidad implícito “en la noción usual” de sistema económico, cuáles son las recomendaciones y ajustes planteados para su implementación desde ese sistema de razonamiento, además de sus principales limitaciones (Naredo, 1999, p. 61). En tercer lugar, ¿a qué nos referimos exactamente con sustentabilidad? Como lo señalan Roca y Martínez Alier (2001), si se habla solamente en términos de mantener el patrimonio natural, cualquier práctica de uso y consumo de un recurso no renovable echa por los suelos el objetivo de lograr una


sustentabilidad a largo plazo, en sentido estricto. Estos mismos autores sostienen que la sustentabilidad es una cuestión de “grado y perspectiva temporal”. En principio, sólo es sostenible en el largo plazo una sociedad basada en el uso de energías renovables y en los ciclos cerrados de la materia, por ejemplo (Roca y Martínez Alier, 2001, p. 367-368). Ahora bien, debe distinguirse entre una sustentabilidad dura y una sustentabilidad débil. La primera se entiende como aquella que comprende a la naturaleza como un conjunto de servicios y de recursos insustituibles, con funciones múltiples desde el punto de vista ecosistémico y social. Esta noción está vinculada, por ejemplo, con los fundamentos de la Economía Ecológica. La segunda, asociada con los principios de la Economía Neoclásica (Ambiental), argumenta que lo importante no es conservar el capital natural, sino más bien conservar un stock de capital total (capital natural más capital manufacturado) de modo tal que no se afecte el consumo (Roca y Martínez Alier, 2001, p. 377-378). Este enfoque de la sustentabilidad adolece, sin embargo, de dos grandes problemas. Por una parte, asume que la función de la naturaleza es efectivamente constituir un banco de recursos para la producción. Esto implica que todo se comprende en el marco de la “función de producción”. Sin embargo, obvia claramente que muchos de los servicios que brindan los ecosistemas no son posibles de incluir en un esquema tipo función de producción, aunque evidentemente estos servicios, tales como la regulación del ciclo del carbono o el ciclo hidrológico, la belleza escénica, entre otros, permitan las condiciones básicas para la vida humana y el desarrollo de sus actividades productivas. Procesos estos, vale agregar, insustituibles por tecnología alguna. Por otra parte, la noción del recurso natural como insumo para la producción simplifica la relación entre la naturaleza y la actividad

económica. De nuevo debe reiterarse, en este caso, el hecho que si bien el cambio tecnológico abre continuamente la puerta para la mecanización y automatización de procesos, y si bien la mano de obra seguirá siendo indispensable, ambos insumos (maquinaria/ capital y mano de obra) finalmente dependen invariablemente de energía y materiales; ambos, elementos insustituibles (Roca y Martínez Alier, 2001, p. 380). Para cerrar este apartado, conviene retomar la interpretación de Leff acerca de los intentos por incorporar la naturaleza al capital. Citando a Baudrillard, este autor sostiene que dichos intentos simbolizan un “cálculo de significación”, que comprende al ser humano, a la cultura y a la naturaleza como “formas aparentes de una misma esencia: el capital” (Leff, 2004, p. 105).

¿CUÁL ES EL APORTE DE LA HISTORIA A LA CRÍTICA DEL DESARROLLO SUSTENTABLE? La crítica al Desarrollo Sustentable como etiqueta política no es una tarea propia solamente de economistas o expertos en temas ambientales. Es además una tarea en la cual la Historia como conocimiento tiene un papel relevante. A continuación presentaremos una dimensión de análisis, específicamente histórica, que permite cuestionar el uso abierto e indiscriminado de este concepto. La atención se concentrará sobre el problema de los ciclos en la evolución de las sociedades y los sistemas económicos. Como se sabe, el tiempo es la gran variable que distingue la labor del historiador. Es el plasma en el cual se mueven nuestras interpretaciones y estudios mediante la forma de coyunturas y estructuras, de ritmos de cambio y de periodizaciones. En suma, la aspiración de un investigador es identificar posibles patrones o ciclos, esto es, regularidades. El objetivo en


las siguientes páginas será entonces someter al Desarrollo Sustentable a una evaluación de coherencia cíclica y temporal.

DESARROLLO SUSTENTABLE COMO CONCEPTO FICCIONAL El Desarrollo Sustentable tiene implícito un ciclo positivo de desarrollo, que parte de la supuesta existencia de un equilibrio entre determinados usos presentes (de los recursos) y sus eventuales usos futuros. Decimos que es positivo porque, al tratarse de un equilibrio, puede derivarse que de cumplirse con los ajustes en el presente (en el uso de los recursos) el escenario resultante en el futuro será favorable. Por lo anterior, es un ciclo normativo, que implica modificar un comportamiento actual para propiciar determinada relación de usos y recursos en el futuro. Basta esta definición para identificar una serie de aspectos que ponen en duda la coherencia y la viabilidad del concepto. En primer lugar, se trata de una relación establecida de un modo abierto, que no indica de manera precisa los parámetros mediante los cuales se han de delimitar los umbrales de la denominada justicia ambiental (Riechmann, 2004). En otras palabras, no se establecen los indicadores o normas que determinen los plazos y los mecanismos mediante los cuales se definirá la interacción con las necesidades de las generaciones futuras: si se tratará de una relación que vincule dos o tres generaciones inmediatas, o si implica un modelo de uso y conservación que sea sostenible en sí mismo con la reactivación de los indicadores y normas en cada momento de acción de una generación. En segundo lugar, el concepto no clarifica cómo determinar los marcos de necesidades a futuro de tal forma que se pueda estimar en el presente la conservación requerida de recursos. Algo, por demás, difícil de proyectar debido a que la innovación tecnológica es un proceso dinámi-

co y continuo, que demanda y se apropia de nuevos tipos de materiales, por ejemplo, así como que también son cambiantes los patrones de consumo. En tercer lugar, el Desarrollo Sustentable esquiva el problema central de la conservación de recursos: la dimensión política. Es decir, no explica de qué manera se puede conservar dicho stock de recursos bajo mecanismos social y políticamente viables. O, dicho de otro modo, no aborda el problema de identificar bajo cuáles mecanismos o estrategias democráticas e inclusivas se seleccionará el mencionado stock. En síntesis, el Desarrollo Sustentable conlleva una “ética de la decisión” que tiene implicaciones trascendentales desde el punto de vista generacional, pero cuya discusión es básicamente mínima en el ámbito político y social. El uso modular del concepto no contempla los problemas subyacentes de viabilidad histórica como tampoco sus contradicciones formales y de fondo. La etiqueta supone un equilibrio hacia adelante de tipo sustentable en el contexto de una realidad presente estructurada desde el pasado a partir de un uso insustentable de los recursos. Dicho de otro modo, es una suposición que no explica cómo alcanzar un ciclo sustentable a futuro si este nuevo ciclo tiene sus raíces en ciclos presente y pretéritamente insustentables. La mención del nuevo ciclo nos lleva a dos contradicciones. Por una parte, si se reconoce que determinados procesos de producción y extracción en el presente son insustentables, esto implicaría la necesidad de crear o reconstruir nuevos procesos y tecnologías mínimamente viables, socioecológicamente hablando. Esto es, la sustentabilidad futura debería partir en este caso de una ruptura plena con las formas productivas insustentables. Sin embargo, como se indicó en uno de los primeros apartados, este tipo de rupturas o cortes radicales no coinciden con la lógica del ajuste paulatino que subyace en el Desarrollo Sustentable, al menos en su forma


política y débil, metodológicamente hablando. Por otra parte, además de la inexistencia de dicha ruptura, la etiqueta no contempla el problema de los costos acumulados del deterioro ecológico como producto de ciclos pasados o actuales (González de Molina y Toledo, 2014). El Desarrollo Sustentable tiene como fundamento la vigencia de un ciclo positivo de avance a futuro. Sin embargo, contradictoriamente es una prospección realizada a partir de una lógica de contraciclo, que no toma en cuenta la causalidad que une al presente con el pasado y el futuro. Debido a este carácter ahistórico, el Desarrollo Sustentable puede ser definido como un concepto ficcional, en tanto proyecta la simulación de una realidad. Esta adjetivación es especialmente gráfica si se compara con la lógica de la Ciencia Ficción, sobre todo de aquella vinculada con prácticas literarias y cinematográficas, que imaginan y proyectan sobre la base de la Ciencia Real. Si bien en dichas prácticas la imaginación y proyección ocurren de forma abierta y libre, ciertamente se desarrollan sobre la base de lo posible, al menos, en umbrales próximos a lo posible, científica o físicamente hablando. En este sentido, el Desarrollo Sustentable imagina y proyecta bajo condiciones semejantes: hace prospección de nuestro futuro ambiental a partir de la realidad presente del Desarrollo. Y extendiendo la analogía, mientras que la Ciencia Ficción recurre, para elaborar su relato, a la construcción en el porvenir de mundos cuasiperfectos, tecnológica y socialmente normativizados, el Desarrollo Sustentable, por su parte, supone equilibrios de usos y recursos, en mundos gobernados bajo una ideal pax ecológica.

La naturaleza ficcional del Desarrollo Sustentable no es fortuita. En la ficción, entendida como representación idealizada del futuro, aquel encuentra la solución a sus problemas metodológicos derivados de su falta de precisión prospectiva, al momento de definir los umbrales y los requerimientos mínimos del ciclo positivo de desarrollo. Pero, además, en la ficción minimiza su contradicción estructural al


constituirse como un concepto que reivindica la posibilidad de un ciclo positivo que resuelve el problema ecológico en el futuro, pero que lo hace a costa de descartar el carácter histórico de los procesos de producción y extracción de recursos, así como de sus patrones de consumo.

DESARROLLO SUSTENTABLE COMO CONCEPTO MODELIZANTE La tendencia contracíclica y ficcional del Desarrollo Sustentable proviene de su fuente semántica: el Desarrollo. En efecto, mientras que el Desarrollo Sustentable se ha apropiado de una dinámica de ciclo hacia delante, el Desarrollo se validó conceptualmente a partir de una dinámica de ciclo hacia atrás. En este sentido, una de las críticas que la Historia puede señalar al Desarrollo Sustentable es que sus orígenes semánticos están inevitablemente ligados con un concepto (el Desarrollo) que modelizó e idealizó el pasado tanto como el Desarrollo Sustentable busca idealizar el futuro. Detallemos este punto. El Desarrollo requirió de una argumentación teórica para identificar las fases necesarias (procesos de cambio) para que una sociedad alcanzara el crecimiento económico y el bienestar material. Una síntesis de esta argumentación se encuentra en Las etapas del crecimiento económico. Un manifiesto no comunista, de W.W. Rostow (1973). Esta “evolución deseada” se fundamentaba en cuatro generalidades: primero, la distinción del crecimiento de la economía inglesa como el modelo óptimo de cambio; segundo, el papel de la expansión industrial como eje del despegue; tercero, la reducción de la población agrícola y el aumento de la productividad en la agricultura, y cuarto, el crecimiento de las ciudades y de los servicios. No se puede dudar de la gran ruptura que supuso la Revolución Industrial como proceso histórico. Sin embargo, en lo que respecta al modelo de Rostow, esta revolución fue reducida a la versión sim-

plificada de un “gran despegue”, una transformación radical del sistema económico, que generó un extraordinario incremento de las exportaciones británicas. Era una experiencia histórica que, aunque excepcional y “originariamente inglesa”, evidenciaba que el proceso de crecimiento requería de una serie de condiciones previas, pero, en esencia, universales para cualquier otra economía. A pesar de su popularidad y síntesis, el modelo de Rostow fue ampliamente cuestionado por economistas e historiadores debido a su debilidad empírica. En los propios apéndices de su texto publicado por el Fondo de Cultura Económica, en 1973, el autor hizo eco de una serie de críticas recibidas de economistas como Gunnar Myrdal y S. Kuznets. Por ejemplo, G. Myrdal criticó el contenido teleológico de las etapas del crecimiento, mientras que S. Kuznets reivindicó la naturaleza agregativa del crecimiento económico, en contraposición con la naturaleza sectorial que reclamaba Rostow (Rostow 1973, p. 212-233). La crítica desde la Historia ha sido especialmente importante en lo que refiere a la validez universal y la base empírica del despegue en el proceso de industrialización en Inglaterra. Buena parte de estos planteamientos provienen de autores cercanos a la idea de “Revolución Industriosa”. Estos investigadores han puesto su atención en procesos y dinámicas de menor vistosidad que los grandes temas de la revolución; vinculados, en este caso, con procesos como la expansión del mercado interno, así como el mejoramiento de los patrones de consumo en tiempos previos al crecimiento industrial (De Vries, 2009). En concreto, este tipo de investigaciones someten a la duda dos generalizaciones en Rostow y en los estudios tradicionales: la idea del crecimiento autosostenido y la base empírica del despegue económico en los siglos XVIII y XIX. Como lo indica J. Fontana, la primera de estas generalizaciones ha sido contrastada


con las bajas tasas de crecimiento que mostró la economía inglesa durante la postguerra, si se comparan con los datos de finales del siglo XIX. Este contraste demostraba casualmente que “la receta de crecimiento no era de duración indefinida” (Fontana, 2001, p. 221). Sobre la base empírica, Fontana afirma que a partir de estas investigaciones se valoró de forma distinta las “expresiones cuantitativas” de la revolución, además que se confirmó que en “los años en que se suponía que se había producido el salto hacia delante, el “take off”, no habían experimentado las tasas espectaculares de crecimiento que pensaba Rostow” (Fontana, 2001, p. 221).

¿CUÁNDO Y CÓMO LLEGARÁ EL DESARROLLO SUSTENTABLE? Finalmente, existe un problema respecto al tiempo y los períodos en el Desarrollo Sustentable. O dicho de otro modo, de la duración de los ciclos sustentables. Uno de los elementos medulares del modelo de crecimiento de Rostow consistía en la estimación temporal de los ciclos de cambio de una sociedad. Toda economía en rumbo al Desarrollo, según R o s t o w, pasaba por las siguientes etapas: la socie-

dad tradicional, la etapa de la formación de las condiciones previas para el impulso inicial, el impulso inicial, la marcha hacia la madurez y la era del alto consumo en masa. Para Rostow era incluso posible estimar estas fases en el tiempo. Por ejemplo, al referirse al ascenso de una sociedad tradicional a una madura, indicaba: “Unos sesenta años después del impulso inicial (digamos, unos cuarenta años después del fin de esta etapa) se ha alcanzado generalmente lo que puede denominarse madurez” (Rostow, 1973, p. 31). Más adelante sostenía que: “Desde un punto de vista histórico, parecen necesarios algo así como unos sesenta años para encaminar a una sociedad desde el principio del impulso inicial hasta la madurez”, aunque después moderaba su posición al advertir que “no se justifica ningún dogmatismo acerca de la longitud exacta del intervalo…” (Rostow, 1973, p. 32). El problema del tiempo del Desarrollo nos lleva al tema de las “expectativas sociales y políticas” alrededor del Desarrollo Sustentable. Si bien los economistas del Desarrollo han insistido en la noción que aquel es un proceso acumulativo y agregativo, entre las décadas de 1960 y 1980 el discurso político legitimó la modernización económica como un conjunto de rupturas estructurales, tales como la tecnificación de la agricultura, la redistribución de la tierra y el aumento de la


productividad de la mano de obra, entre otros. Pero, asimismo, como un conjunto de aceleraciones coyunturales como el aumento de la población urbana y el apoyo estatal al crecimiento de la industria. La obsesión política por la ruptura como modelo de cambio se tradujo además en el surgimiento de una semántica particularmente auténtica. En sus años dorados, el Desarrollo avivó esperanzas a partir de “milagros” y “despegues criollos”, tales como “el milagro brasileño” en la década de 1960 y el “venezolano” en la década siguiente. Aún en la década de 1990, cuando se trataba de buscar ejemplos aleccionadores para nuestra región, al momento de caracterizar la expansión económica de los países del sudeste asiático, se utilizaba comúnmente la denominación de “tigres asiáticos”, para dar cuenta de la energía del cambio y de la agresividad de la transformación. Ahora bien, ¿Cuándo llegará, entonces, el Desarrollo Sustentable?, ¿Será mediante etapas rostowianas o será acaso a través de rupturas y coyunturas de aceleración?, ¿Surgirá una semántica del cambio sustentable?, ¿Seguiremos la historia del Subdesarrollo y sus vaivenes, o tendremos la oportunidad para construir una “transición poscapitalista” (Riechmann, 2014), que rompa definitivamente con la mitología del Desarrollo? (Naredo, 2010, p. 189).

CONCLUSIONES Los conceptos son nuestras herramientas de pensamiento. Su interrelación con otros conceptos en la forma de frases o ideas representa la base de las “ecuaciones semánticas” que utilizamos para analizar realidades sociales complejas. Sin embargo, a diferencia de las ecuaciones matemáticas, dichas construcciones semánticas son abiertas y no son posibles de calcular con precisión ni de experimentar predictivamente con ellas. Por eso mismo debemos velar porque sus significados sean claros y delimitados. En otras palabras, pre-

ocuparnos porque sus núcleos de significado sean coherentes y consistentes metodológicamente. Usar abierta y descuidadamente los conceptos es renunciar a la forma elemental para objetivar nuestros análisis y explicaciones. O dicho en otros términos, para hacer mínimamente razonables nuestras investigaciones y opiniones. El objetivo de este artículo ha sido convertir el concepto de Desarrollo Sustentable (o de Sustentabilidad, según sea el caso) en un concepto-problema. Esto es, en un concepto cuya función trascienda la función resolutiva y explicativa de las palabras. Lo que ha revelado este ejercicio es que dicho concepto se caracteriza por una notoria ambigüedad y una evidente dispersión conceptual. En términos generales, es un concepto que equilibra sospechosamente los intereses de aquellos defensores del crecimiento económico y de la acumulación de riqueza como fines últimos del sistema económico, con los deseos de quienes apoyan la conservación y el respeto por la naturaleza. Sin embargo, este falso equilibrio claramente no se mantiene cuando se analizan las implicaciones metodológicas de la retórica del Desarrollo Sustentable. No solamente no resiste los embates desde el análisis económico, sino que también es frágil ante la lectura crítica de la Historia. En este sentido, dicho concepto admite, por parte de historiadores, una crítica desde la Historia Conceptual, tal y como frecuentemente lo hacemos en nuestro campo con palabras y retóricas surgidas en diferentes circunstancias políticas. Pero también admite una crítica desde el nicho natural del historiador: el juego del tiempo y de los ciclos. El Desarrollo Sustentable, en su versión débil o blanda, asume la idealización del futuro como eje de su propuesta de prospección. Y al conservar su dependencia semántica y estructural con el Desarrollo, dicha idealización se extiende hacia atrás, al pasado. En su dimensión contracíclica, por otra parte, la idea-


lización se transforma en una invisibilización del pasado al negar la dinámica acumulativa del problema ambiental y de sus efectos. Todo lo anterior reafirma la naturaleza ahistórica del concepto. Como docentes, intelectuales o ciudadanos en general, somos conscientes que no siempre podemos resolver los problemas o dudas planteados por nuestros estudiantes o contertulios porque nuestros esquemas teóricos son básicamente falibles. Tampoco podemos explicar suficientemente la realidad social, ni mucho menos. Para sobrellevar esta inevitable condición sólo nos queda utilizar los conceptos como herramientas de duda y de escepticismo. En este sentido, abordar críticamente el concepto de Desarrollo Sustentable

es una alternativa para abordar el problema de los significados de las cosas, de sus interpretaciones simbólicas, pero también de su coherencia semántica y de su claridad. Esto no es solamente una cuestión de importancia conceptual. La primera expresión del razonamiento son las palabras, pero también las palabras son la primera forma de acción ciudadana. Por tanto, si queremos participar y contribuir al desarrollo de una “ciudadanía ecológica” con capacidad de transformación, es imperativo mejorar y enriquecer nuestros arsenales conceptuales. Palabra y acción están relacionadas entre sí. A fin de cuentas, como bien lo dijo un poeta alemán, las palabras configuran la acústica de las ideas.

1. Doctor en Historia. Profesor en la Escuela de Historia de la Universidad Nacional, Costa Rica. Una primera versión de este artículo se publicó en: Revista Perspectivas. Estudios Sociales y Educación Cívica (Costa Rica), 12, 2016. Referencias bibliográficas - Arndt, Heinz. (1981). “Economic Development: A Semantic History”. Economic Development and Cultural Change, 29, 3, 457-466. - Boada, Martí & Toledo, Victor. (2003). El planeta, nuestro cuerpo. La ecología, el ambientalismo y la crisis de la modernidad. México: Fondo de Cultura Económica. - Carson, Rachel. (1972). Silent Spring. Londres: Penguin. - Deane, Phyllis & Kuper, Jessica. (1992). Vocabulario básico de Economía. Barcelona: Editorial Crítica. - De Vries, Jan. (2009). La Revolución Industriosa. Consumo y economía doméstica desde 1650 hasta el presente. Barcelona: Editorial Crítica. - Ehrlich, Paul. (1968). The Population Bomb. New York: Ballantine - Fazio, Horacio. (2012). Economía, ética y ambiente (En un mundo finito). Buenos Aires: EUDEBA. - Fernández, Francisco. y Riechmann, Jorge. (1996). Ni tribunos. Ideas y materiales para un programa ecosocialista. Madrid: Siglo Veintiuno de España Editores. - Fontana, Josep. (2001). La historia de los hombres. Barcelona: Editorial Crítica. - González de Molina, Manuel & Toledo, Victor. (2014). The Social Metabolism. A Socio-Ecological Theory of Historical Change. EEUU: Springer. - Latouche, Serge. (2008). La apuesta por el decrecimiento. ¿Cómo salir del imaginario dominante? Barcelona: Icaria. - Leef, Enrique. (2004). Racionalidad ambiental. La reapropiación social de la naturaleza. México: Siglo Veintiuno Editores. - Martínez Alier, Joan & Roca, Jordi. (2001). Economía ecológica y política ambiental. México: Fondo de Cultura Económica. - Meadows, Donella. (1972). Los límites del crecimiento. Informe al Club Roma sobre el Predicamento de la Humanidad. México: Fondo de Cultura Económica. - Naredo, José Manuel. (2003). La economía en evolución. Historia y perspectivas de las categorías básicas del pensamiento económico. Madrid: Siglo Veintiuno de España Editores. - Naredo, José Manuel. (2006). Raíces económicas del deterioro ecológico y ambiental. Más allá de los dogmas. Madrid: Siglo Veintiuno de España Editores. - Naredo, José Manuel. & Valero, Antonio. (Dirs). (1999). Desarrollo económico y deterioro ecológico. Madrid: Fundación Argentaria. - O’ Connor, James. (2001). Causas naturales. Ensayos de marxismo ecológico. México: Siglo Veintiuno Editores. - Riechmann, Jorge, Carpintero, Oscar & Matarán, Alberto. (2014). Los inciertos pasos desde aquí hasta allá: alternativas socioecológicas y transiciones poscapitalistas. España: Universidad de Granada. - Riechmann, Jorge. (2004). Ética Ecológica. Propuestas para una reorientación. Montevideo: Editorial Nordan-Comunidad. - Rostow, Walter. (1973). Las etapas del crecimiento económico. Un manifiesto no comunista. México: Fondo de Cultura Económica. - Solow, Robert. (1991). Sustainability: An Economist´s Perspective. Recuperado de: http://isites.harvard.edu/fs/docs/icb.topic203569.files/Solow.Sustainability_An_ Economists_Perspective._1993.pdf (12-4-2016).


Revista Cultura: Judaísmo y Medio Ambiente  
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