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Parodiando el Poema de MĂ­o Cid


Una disputa doméstica Era invierno por la tarde e el Cid se va marchando, en suyo burro poco a poco de su casa se va alejando, e allí doña Ximena queda sola e fuertemente llorando, sale Elvira, fija suya, e en los hombros pónele un manto, pues el tiempo ya refresca, al noche ya va llegando. Ya el Cid Castilla ha abandonado, mas a doña Ximena poco le dura aquel llanto. Así fabló doña Ximena, sonriente e cantando: “Ya era hora que se fuera ese hombre tosco y bravo, e ahora lo celebro con champán y con petardos”. E assí doña Ximena una fiesta ha preparado,


a ella han asistido Alfonso, el Castellano, e los infantes con quien sus fijas se han casado, e toda Castilla entera en casa del Cid está cantando. Hay tartas e hay pasteles, vino e cordero asado. Mas pronto llega el Cid, que se ha olvidado el casco, e mira ese espectáculo, malamente e cabreado. Así fabla el buen Cid, dando gritos, enojado: “¡Ximena, mujer traidora; Ximena, me has deshonrado!” E saca su gran espada, regalo del rey don Sancho, e acercándose a Ximena, que está fuertemente temblando, va a cortarle la cabeza, como a un enemigo malo, pero Alfonso lo detiene, Alfonso, el rey castellano, e le dice: “Cid, amigo, perdonado te he el exilio, quede todo olvidado,


bailemos un rock and roll, que todo ya ha pasado”. Así fabla el buen Cid, tranquilo e ilusionado: “Elvira, hijita mía, pon ese disco que tan bien está cantando”. E así, doña Ximena, el Cid e Alfonso todo enlatado pasaron aquella noche felices rocandoleando.


Matrimonios inesperados Un domingo estaba el Cid anonadado mirando lo que tanto andaba buscando, un mensaje del rey le había llegado diciendo que a sus hijas ya había casado. Se trataba de dos muchachos, uno era moreno y el otro era alto, el uno era gordo y el otro era calvo, pero según el rey, ambos estaban enamorados. El Campeador se quedó callado y salió a buscar a Ximena, cuando… tropezó y cayó calle abajo,


después cogió a Babieca, su caballo, que no sabía por qué, pero estaba borracho, entonces los dos tuvieron que ir andando. Cuando estaban llegando, salió Ximena dando saltos, hasta que al final terminó tropezando, entonces le confesó al Cid que se estaba meando. En ese momento llegaron los soldados, que le ayudaron al Cid a bajar de su caballo, y todos juntos se fueron caminando. Tiempo más tarde, el Cid y Ximena estaban hablando, mientras Elvira y Sol se entretenían chateando. Cuando Ruy Díaz les dijo que las habían casado, ambas se pusieron a temblar de entusiasmo,


pues una era pecosa y la otra tenía un gran grano, y ninguna nunca antes se había enamorado. Por fin llegó el día tan esperado, hacía sol y no había nevado. Los infantes de Carrión esperaban a las puertas del palacio, más tarde fueron recibidos por los soldados. Una vez que ya habían entrado, fueron saludados por el Cid y Ximena, que salió gritando, que, como decían los soldados, todo lo de ella era raro. Detrás entraron Elvira y Sol, corriendo del entusiasmo, y al ver a los infantes de Carrión, ambas se desmayaron. El Campeador se fue con su caballo, y entonces Ximena dijo que se estaba mareando. Pero lo que pasaba en realidad es que no quería ni mirarlos,


porque uno era gordo y el otro era calvo, y, resumiendo, ambos eran feos y poco agraciados.


“El Cid y el rey Melón” No quería luchar contra ellos, pero lo hizo, el Cid estaba dormido y a su vez, enfermizo. Caballeros, espadas, escudos y escuderos, corren, saltan, gritan preparando los calderos. La televisión anuncia: “la guerra va a empezar, prepárense todos, pero, ¡eh no vale disparar!”. Llaman al Cid o mejor mandan una señal: la que todo prohíbe y la quitó el municipal. Llega el Rey tan contento, creyendo que le llamaban, y le tienen que explicar que es al Cid al que aman. Sorprendido, sale corriendo a hacer una hazaña. Va hacia el río y al caballo le muerde una piraña,


el caballo se alborota, y el rey dice: “hasta mañana”. El Cid no viene, llámanle con el móvil mejor, no contesta, oye la melodía, es todo un Campeador. Al rey nadie le atiende, es un bobalicón, se lo pusieron de pequeño: “serás el rey Melón”. Y ahora quieren que reine el Cid, el Campeador, aquí todos tienen apodo, hasta el apuntador. Dos damas pasean bajo el sol abrasador, son las hijas de Mío Cid Campeador, que han sido maltratadas por los Infantes de Carrión, ven que ya han recogido el caballo del rey Melón, ¿qué le hacen?, le arregla la pata el afilador. Está anocheciendo, ¿harán la guerra? ¿Sí o no? (Alumnos de 3º ESO. Curso 2009-10)

Parodiando el Poema de Mío Cid  

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