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TEMA CENTRAL

e incluso se llegó a crear la Coordinadora Nacional contra el TLC. Afortunadamente, se logró cambiar la perspectiva de muchas personas, y conseguir una masa crítica de apoyo que permitió superar la presión de grupos aún gravitantes al momento de la firma del acuerdo. Entre las acciones, estuvieron la creación de la Coalición por el TLC, el dictado de talleres y conferencias en todo el Perú para divulgar los beneficios del tratado, la organización de misiones empresariales para visitar congresistas, y la edición de la revista Faces of Trade. Por último, cabe resaltar el que tal vez fue el trabajo más retador, y en el que AmCham tuvo una participación crucial: convencer a los congresistas estadounidenses de apoyar el tratado. Fue aquí donde entró a tallar el trabajo en las 325 reuniones de la mano de la US Chamber, el principal gremio empresarial de los Estados Unidos, para informar y tener la mayor llegada posible a la mayor cantidad de personas y partes interesadas. Desde el punto de vista administrativo, el Perú debió modificar su marco legal en actividades extractivas, sus prácticas de respeto a la propiedad intelectual, los datos personales, y las operaciones aduaneras. Los resultados de la aplicación del acuerdo Visto desde el aspecto cuantitativo, el impacto del acuerdo es contundente y demuestra que el tratado fue el tipo de choque positivo que se consigue a través de la gestión, y no de factores externos. En los cinco primeros años de vigencia, antes de que el retiro del estímulo económico post crisis internacional y la caída en los precios

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de los metales afectaran a ambas economías, las importaciones al Perú desde los Estados Unidos crecieron 122% en términos de volumen, mientras que las exportaciones peruanas hacia el otro país lo hicieron en 56%. Para calmar los ánimos de quienes ya están pensando en lo nocivo del tratado para la balanza comercial, procedo a precisar que el 60% de las importaciones de origen estadounidense está compuesto por bienes intermedios, de los que además es el principal proveedor del Perú a nivel global (29% del total, frente a 17% de China). Es decir, la industria peruana se vio tremendamente beneficiada por el abaratamiento de los insumos y bienes de capital, que dicho sea de paso, también fueron incorporados en exportaciones mineras y agrícolas, que no habrían podido crecer al acelerado ritmo registrado en los últimos años si los costos eran mayores. Por otro lado, los beneficios cualitativos son aún menos refutables. La firma implicó la implementación del sistema de despacho anticipado para el comercio internacional, propició la homologación de reglas comerciales respecto a los demás países de la Alianza del Pacífico, y la creación de normas fundamentales para la sostenibilidad, como la Ley de Límites Máximos de Captura para la pesca de anchoveta, y la Ley Forestal y de Fauna Silvestre, lamentablemente tergiversada por grupos con intereses perversos. Además, la firma del acuerdo contribuyó a la obtención del grado de inversión por parte de las tres grandes calificadoras de riesgo entre el 2008 y el 2009, al mejorar la percepción de la institucionalidad y el clima de inversión en el país. Esto quiere decir que, además de abaratar los costos para los consumidores y productores, el

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acuerdo contribuyó a que el gobierno peruano pueda financiarse con menores tasas de interés y conseguir fondos con mayor facilidad. Finalmente, y tal vez más importante, el TLC entre el Perú y los Estados Unidos marca el antes y el después de la política comercial internacional. Al ser considerado un acuerdo de última generación, con altas exigencias que marcan el referente de estándares globales, el documento fungió como una especie de certificación. Si el Perú es capaz de cumplir con el gobierno más exigente del mundo, se asumió que lo podría hacer con cualquier otro. De esta forma, en el 2009 se suscribió el TLC con China, en el 2012 con la Unión Europea, y actualmente se tiene una red de tratados de libre comercio que cubre más del 97% del comercio internacional del país. Un refuerzo a la base En términos generales, el TLC pone al Perú un paso más adelante en el camino al desarrollo. Hoy el país aspira a formar parte de la OCDE, aspiración que resulta saludable por el hecho de subir la valla a la administración pública, al mismo tiempo que se pone presión por cumplir con las disposiciones necesarias en un plazo cercano. Si este es un proceso difícil y muchos dicen que el país no está aún en condiciones de aplicar sus estándares, lo sería aún más si el Estado peruano no hubiese mejorado como resultado de las exigencias del acuerdo comercial con los Estados Unidos. Pasados diez años, solo debe haber motivos para agradecer su implementación, y una gran motivación para lograr nuevos avances institucionales que lleven a choques positivos similares.

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Revista CONTACT, Enero-Marzo 2019  

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