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El presente es parte del libro “Arte Vasco; Artistas Vascos” (I.S.B.N.: 84-605-1300-9), dada su interés, hemos extraído la parte dedicada a Juan Eizaguirre. Aconsejamos la lectura del libro ya que refleja la nuevas tendencias del Arte Vasco


Hay aspectos en la vida de una persona que no se pueden obviar. y mucho menos si esa persona es un artista. Al intentar analizar su obra hay que comenzar por ellos. Porque son los que nos dan las claves. las pautas para entender toda o par te de su obra. O algunas características que le definen y le separan de los demás, individualizándolo. Y no pasa nada. Con una persona, con un artista es mejor saber a qué atenerse con él que tenerlo puesto en un limbo del que nada sabemos. En esta línea discursiva no hay que olvidar: Primero: que es arquitecto. y en funciones. No sabemos si la pintura es uno vocación frustrada o el primero de sus hobbies. Pero ahí está proyectando y pintando al mismo tiempo. Que es arquitecto lo sabemos y lo notamos en su pintura. Un abrumador dominio del dibujo y un amor a la precisión que lo delatan. Aun cuando quiera hacerse perdonar ambas cualidades mediante una difuminación de contornos. Eizaguirre valora todos los detalles. El color y el ritmo de un forjado de hierro. La textura de una persiana metálica oxidada por la humedad y la intemperie, la luz, las nubes, el aire interpuesto entre los objetos. Todo eso, y mucho más, Juan Eizaguirre lo observa. asimila y plasma. Nada es. accesorio en él. Todo lo que pone tiene su sentido y su lugar. Quizá porque en arquitectura todo lo que se pone sobre el papel tiene importancia. Porque hasta la línea más pequeña indica algo a tener en cuento por quien debe interpretar el plano. Quizá. Realmente no es amigo de muchas, líneas rayas. Más bien tiende a lo contrario. a la utilización de lo menos intentando decir menos. Transmite una idea global mediante pocos elementos. Quizá sea porque en arquitectura sean esas, y no otras, las reglas del juego. Segundo: Juan Eizaguirre. a parte de arquitecto, es donostiarra. También en funciones. Nacido en Madrid es oriundo de San Sebastián. Eso, como la arquitectura, también se nota. Donosti, el mar lo presentimos incluso aunque no lo veamos. Esa sombrilla plegada, que tampoco la vemos en su totalidad, nos habla de las playas de la Concha y Ondarreta. Eso, cuando no nos representa el mar, ahí, en primera línea con el Buen Pastor al fondo. Basto, a veces con dos franjas, azul y blanco, para que se aglomeren en nuestra memoria un sin fin de recuerdos acerca de la Bella Easo. Recrea el aire de la ciudad con sólo dos colores. Pero no vale ponerles de cualquier forma o en cualquier lugar. Para entenderlo hay que ver lo pintura de Juan Eizaguirre. El lo hace como nadie. Este poder de evocación se extiende al conjunto de su obra. Hay que ver la Bruma, el sol, el cielo de Donosti y luego contemplar sus cuadros para comprender hasta que punto sabe Eizaguirre transmitir el ambiente de una ciudad muy presente en su obra. Quizá porque no la habite de continuo. Quizá la nostalgia le agudiza su capacidad de percepción. La figura humana no aparece. Nunca. Ni en los arquitecturas urbanas, ni en los fragmentos de playas ni en sus vistas de interior. Sin embargo, todo esto rodeado de


calor y presencia humana. Simplemente se han ausentado un momento para que Eizaguirre tome los notas pertinentes para luego pintar. El ambiente, el calor han quedado y pasado al lienzo. Su pintura es sobria en cuanto a la línea. Las imprescindibles. En Cuanto al color, preferentemente grises. y al tema. Aún cuando este. a veces, abarca una amplia panorámica de lo ciudad. Otras veces se detiene en una ventana. en una puerta. Es suficiente para plasmar una idea. Una sensación. Sin atreverme o decir que es un paisajista, si puedo afirmar que en la obra de Juan Eizaguirre no cabe el ser humano, como quedo dicho. más arriba. Sin embargo no he visto ningún motivo, en su pintura que no haya salido de lo mano humana. Edificios, farolas, ventanas, puertas, toldos... todo hecho por el hombre. Hay pintores que cuentan historias. y están en su derecho. Además. algunos lo hacen muy bien. Sin embargo, en Juan Eizaguirre, una casa es una casa, y una fábrica, una fábrica. Hoy lo que se ve. Bien ejecutado. Bien hecho. Pero no hay que mirar detrás del cuadro por si hay un mensaje cifrado. La obra de este vasco trasterrado a Madrid hay que mirarla y admirarla. No hay que leerla. No dice nada. Solo transmite. como corresponde o un buen artista. uno sensación. La del autor frente al modelo. Nosotros, los espectadores, podemos cotejar si nuestra sensación coincide con lo suyo o no. Si nos aporta algo nuevo, o no. Si merece Ilevarla a casa o dejarla en lo solo de exposiciones. Porque. a la visto está. Eizaguirre no quiere convertirse en el portavoz ni en el interprete de una ciudad. Simplemente aporta su visión personal al acervo común. No da su opinión. De ahí que su pintura llegue al espectador suavemente, sin gritos ni imposiciones. y se cuela en el interior y se queda ahí. Porque pinta intentando huir de lo fácil, de lo anecdótico, de todo aquello que el tiempo y lo moda arrastran tras sí. Lo que queda en el recuerdo de un visitante no es tanto un objeto, como una impresión. una idea. un ambiente. Un "aire" que decimos por aquí. y ahí es donde Juan acierta plenamente. en saber dar con el ambiente peculiar, particular. Es precisamente en sus termas arquitectónicos donde se comprueba mejor su labor como dibujante muy preciso. Sin perderse en detalles innecesarios. pero dando una visión exacta del conjunto. Sobre el dibujo resuelve su pintura en su constructivismo esquematizado y plano, acorde con los brumos y nieblas del Norte. Pero no hoy que olvidar el hecho que Juan Eizaguirre no solamente se circunscribe al tema donostiarra. Hoy otros ternos de otros lugares. : Conoce perfectamente todos los recursos pictóricos de los que hace un uso sabio. Su pintura bien estructurada, es uno de lo aportes más sólidos al paisajismo actual. Sin dudo alguna.


Homenaje a Celaya Oleo sobre lienzo y tinta china 70 x 50

Puente Kursaal Ă“leo sobre Lienzo 80 x 80


Barrio de Gracia Ă“leo sobre lienzo 60 x 40


Hoy se ve Machichaco Ă“leo sobre lienzo 160 x 100

Calle Triunfo (Donosti) Ă–leo sobre lienzo 60 x 40


A Carlos Sainz AcrĂ­lico sobre Lienzo 220 x 160


Caminando hacia el descanso Ă“leo sobre lienzo 70 x 50


arte vaco