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Reconciliación con la creación y redes internacionales de incidencia Christina Kheng “El medioambiente se sanará como nos sanamos a nosotros mismos” se trata sin duda de una afirmación muy atrevida que nos puede ayudar en este tiempo de adviento y al comienzo de esta Año de la Fe. Al reflexionar sobre ello podemos constatar que la reconciliación con la creación tiene también mucho que ver con la reconciliación con nosotros mismos, por ejemplo, respetando los derechos de los otros, compartiendo de una forma más justa los recursos de la tierra, cuidando de los más vulnerables o preocupándonos por las generaciones futuras. Una buena parte de la reconciliación entre nosotros tiene que ver con una opción preferencial por la colaboración con otros. La llamada a la reconciliación con la creación, y la llamada a trabajar como una comunidad internacional, que hace la CG35 están interconectadas. Trabajando juntos “no sólo reforzamos la efectividad apostólica de nuestro trabajo sino que en un mundo fragmentado y dividido podemos ser testigos de la reconciliación en la solidaridad de todos los hijos de Dios” (CG 35, Decreto 3, 43). Esta solidaridad se extiende también a nuestra relación con el medio ambiente. De una manera muy significativa la comunidad internacional se dio cuenta de la importancia de reforzar esta colaboración mutua en la conferencia del cambio climático de Río en 1992. Pero no siempre los intentos de colaborar han resultado bien. No es suficiente con ponerse a trabajar juntos bajo la idea de que somos Un Cuerpo para que obtengamos resultados. Se necesita una buena dosis de discernimiento, especialmente para identificar el modo adecuado de colaboración. Describo en este artículo algunos modelos básicos de redes internacionales que promueven la incidencia. El punto principal a considerar es que el modelo final que usemos tiene que basarse en las necesidades reales de la gente, de la gente a la que queremos servir. El primer modelo se podría llamar una alianza transnacional de incidencia. Este tipo de trabajo en red surge cuando se quiere afrontar una situación concreta, local, pero que tiene importantes conexiones fuera de allí y donde intervienen actores también que están en otros lugares, generalmente en otros países. Un caso típico es cuando una actividad minera o maderera provoca los desplazamientos injustos de la población o causa daños directos al medio ambiente. En tales casos es importante identificar a los actores clave y a los que realmente toman las decisiones en esa situación concreta, y luego se tienen que establecer alianzas con organizaciones no gubernamentales, u otros agentes, que puedan influir sobre los decisores. Estas alianzas pueden implicar a varios países. Una red de este tipo requiere además una coordinación muy fuerte, investigación, liderazgo, capacidad de adaptarse a las cambiantes circunstancias y el intercambio oportuno de información. Pero sobre todo, es necesaria la confianza y el entendimiento entre los miembros de la alianza. Implicarse en una red de este tipo puede ser un compromiso a largo plazo. La red se puede disolver cuando se resuelven los problemas o cuando se decida no seguir adelante. Un valor indirecto de estas redes es el capital social de las relaciones que se establecen. El segundo modelo es la coalición de incidencia global. Surge cuando activistas trabajando en asuntos parecidos a nivel local o regional se juntan y reconocen que trabajar de forma coordinada puede ser beneficioso para lograr una agenda común. Casos típicos son las coaliciones formadas para influir en legislación internacional, para influir en foros internacionales como las conferencias de Naciones Unidas o las reuniones de la Organización Mundial de Comercio o ante organizaciones como el Banco Mundial. En ocasiones estas iniciativas se refuerzan con campañas a nivel


local para atraer la atención del público sobre estos asuntos y aumentar la presión sobre los decisores. A diferencia del modelo de la alianza transnacional, que está centrada en resolver un problema local específico, este segundo modelo de la coalición de incidencia global busca impactos más a largo plazo que el de resolver un problema local. Y esto es así porque busca cambios en un ámbito mayor como son los cambios de la opinión pública o de la legislación internacional y esto lleva mucho tiempo hasta que se producen y luego se traducen en acciones concretas que llegan a las situaciones locales. Pero por eso mismo, los resultados de una coalición global de incidencia son más sistemáticos y perduran en el tiempo. Por último, el tercer modelo, es la llamada red de iguales. Estas incluyen a individuos u organizaciones trabajando en asuntos similares a nivel local o regional que se conectan para apoyarse mutuamente, compartir información, experiencias y recursos. No tienen que trabajar, necesariamente, en los mismos asuntos, a veces porque por los asuntos que tratan es más efectivo hacerlo a nivel local. Estas redes ayudan a sostener el esfuerzo de sus miembros al compartir buenas prácticas y aprendiendo juntos, intercambiando información o recursos, o simplemente porque generan un sentido de comunidad. No debemos minusvalorar este tipo de redes, especialmente, cuando sus miembros comparten unos valores o una espiritualidad. Una red de iguales permite a los que están trabajando en solitario a comprometerse en un diálogo sobre esa cuestión y a profundizar en la comprensión de ese asunto. La coordinación, en este caso, es menos intensa que anteriormente aunque siempre será necesario un líder con tiempo para llevarlo adelante. En ocasiones estas redes se pueden transformar en una iniciativa conjunta de incidencia. Con independencia del modelo que se emplee, el punto de partida cuando se trata del trabajo internacional en redes es siempre un análisis minucioso de la situación local, escuchar a las personas que están sobre el terreno, identificar las conexiones sistémicas, discernir una buena estrategia para resolver ese problema y entonces construir la red más apropiada. Mientras seguimos procurando la reconciliación con la creación, espero que estos modelos puedan ayudarnos en nuestra reflexión sobre los muchos puentes que podemos tender en el trabajo con otros. [NOTA: Christina Kheng es una consultora de la Conferencia Jesuita de Asia Pacífico. Este artículo se basa en la presentación que tuvo en un taller en abril de 2011 para la Red Ignaciana Global de Incidencia (GIAN).]

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