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Viernes 16.12.11

GPS GUÍA PARA SALIR

Castillos segovianos Una ruta monumental por el medievo entre pinares y almenas [P2]

CINE

Cruise adora las escenas de acción El director de ‘Misión Imposible IV’ abandona la animación y se pasa al cine real [P8] MÚSICA

Brighton 64, la esencia de la música mod El legendario grupo barcelonés cierra en Segovia la gira de su 30º aniversario [P10]

:: JAVIER PRIETO


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Viernes 16.12.11 EL NORTE DE CASTILLA

PLANES

Almenas y pinares

Castillo de Alburquerque en Cuéllar. A la izquierda, el castillo mudéjar de Coca. :: REPORTAJE GRÁFICO DE JAVIER PRIETO

Un viaje de castillos a través de las parameras segovianas RUTAS CON ENCANTO

LOS CASTILLOS SEGOVIANOS

JAVIER PRIETO

El perfil almenado de los castillos segovianos es tan de la tierra como el olor a cochinillo o a lechazo asado en cuanto se cruza el mediodía en los pueblos más turísticos de la sierra. Están ahí para recordar que, en tiempos pasados, las cosas no siempre se arreglaban con buenas palabras y papeles firmados. Pero no todos. Otros nacieron ya desde el principio con la voluntad de proclamar a los cuatro vientos que sus dueños no eran como el común de los mortales. Y que el dinero, cuando se tiene tanto que resulta difícil contarlo, lo puede todo. Incluso levantar castillos que resistan el paso de los siglos, las modas, las goteras o el trote boquiabierto de los turistas. Así que, tomándolos al asalto para hilvanar una jornada viajera entre almenas y pinares, aquí va un puñado de castillos segovianos que no habría que dejar de visitar.

que este material de la tierra ofrecía frente a los impactos de la artillería. Y si bien el castillo no se encuentra en el sitio ideal para plantear una defensa a ultranza, se supo solucionar este pequeño inconveniente dotándolo con un profundo foso que hace resaltar aún más la armonía de los lienzos y torreones que se elevan tras él. La visita al interior de la fortaleza, que sufrió una profunda rehabilitación a mediados del siglo XX, ofrece una visión todavía más cercana de la fina decoración mudéjar que ostentan varias de sus salas: dibujos sobre el yeso que combinan con la multitud de soluciones que aquellos artistas sabían sacarle al ladrillo: canutillos, esquinillas, espigas, lacerías, atizonados, nacelas… y así casi hasta el infinito. En torno a su patio interior se dispusieron dependencias palaciegas de corte renacentista que se desbarataron a comienzos del siglo XIX.

evoca mucho más cuentos de hadas que de caballeros ceñudos capaces de cualquier cosa. Carlos III ubicó en él la Academia de Artillería y un fortuito incendio, en 1862 convirtió en ascuas artesonados y tesoros de un valor incalculable. Aún así, el paseo interior depara sorpresas agradables, de la que no es menor la vista desde sus almenas.

COCA. Para los Fonseca el dinero no era un bien escaso. Ni tampoco un problema a la hora de gastarlo. Solo así se entiende que acometieran la idea de construirse un castillo como el de Coca, el mejor, a decir de los expertos, de la arquitectura militar mudéjar. Es decir, construido por un maestro alarife de tradición musulmana y un equipo de albañiles que ni el Barça podría soñar. Y a la vista está el resultado: una hermosísima fortaleza levantada en el siglo XV por empeño del arzobispo de Sevilla, Alonso de Fonseca, que supo aprovechar la vistosidad decorativa que ofrecía el ladrillo frente a la rigidez de la piedra y que, encima, resultaba infinitamente más barata. Por no hablar de las ventajas constructivas

CUÉLLAR. En alto, culmi-

Turistas cruzan la pasarela sobre el foso del Alcázar.

EL ALCÁZAR. Sobre un espolón rocoso este castillo ofrece uno de los perfiles más genuinos de Segovia. De manera que no solo es imposible no incluirlo en una lista de castillos segovianos sino que, además, puede convertirse en el mejor punto de partida para este itinerario. Su forma actual comenzó a gestarse a partir del siglo XIII, en que se piensa como residencia real además de caja fuerte. De entre la larga lista de reyes que metieron mano en él, es Felipe II quien consiguió dotarle de un aire centroeuropeo que, aún hoy,

Sepúlveda, desde el mirador de Zuloaga.

nando uno de los vértices del doble recinto amurallado que protegía ciudad y ciudadela, aparece la silueta inconfundible del castillo-palacio de los Alburquerque, complejo de orígenes militares que evidencia los cambios de uso derivados del paso del tiempo y las necesidades de cada momento. Pero sus orígenes están en los tiempos de la repoblación, en los que Cuéllar se hizo el hueco necesario para acabar elevada a cabeza de Comunidad de Villa y Tierra. En 1433 el castillo pertenecía a don Álvaro de Luna, que levantó el imponente torreón circular que hay junto a la entrada, pero es en 1464 cuando el rey Enrique IV se lo hace llegar al duque de Alburquerque, don Beltrán de la Cueva, principal responsable de la fisonomía actual del castillo, si bien con importantes añadidos del siglo XVI. Ese cambio de manos y de usos justifica que el resultado final se

quedara a caballo entre un castillo y un palacio. Como también que incluso fuera utilizado como prisión por la que pasaron personajes como Espronceda –penando un destierro–, hospital de tuberculosos durante la Guerra Civil, de nuevo cárcel hasta 1966 o instituto de enseñaza en la actualidad.

CASTILNOVO. El castillo, rodeado de un intenso bosque, se sitúa esta vez en la llanura y sus orígenes son ignotos, aunque hay quien atribuya a Abderramán su construcción. Sus muchas ventanas y balcones disimulan lo militar y acentúan lo palaciego, y son reformas posteriores a la obra primitiva. Tiene tres torres rectangulares y tres circulares. La mampostería pétrea se alterna con el ladrillo mudéjar y la vegetación que casi cubre todo el frente norte. El patio de armas original ha quedado desdibujado por diferentes reformas. El castillo alberga los museos del coleccionista, de artesanía mexicana y romántico. La larga lista de sus dueños incluye a Álvaro de Luna; los Velasco, que, como en Pedraza, también custodiaron aquí a los delfines franceses; la casa alemana de Hohenzollern, que lo transforma en residencia palacial, y los marqueses de Quintanar, que por los años 50 lo venden a sus actuales dueños.


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SEPÚLVEDA. Esta localidad no puede presumir –como otras– de castillo pero el sabor medieval que tiene su entramado de callejas –amén de los irresistibles efluvios de lechazo que exhalan sus figones– justifica incluirla en este viaje de torreones y almenas. Sin embargo, los orígenes de su fortaleza se atribuyen al mismísimo Fernán González. De aquella fortificación, que estuvo adosada a la magnífica muralla de siete puertas que rodeaba la población, apenas queda un leve rastro en uno de los costados de la plaza Mayor, amalgamados con el edificio del Reloj y coronados por una pequeña espadaña con campanil.

TURÉGANO. Como no podía ser de otra forma el castillo de Turégano también es hijo de los tiempos y los usos que trajo cada cual. Su historia y su perfil están íntimamente ligados al hecho de que Turégano fue, desde finales del siglo XI, la cabeza de un importante y casi todopoderoso señorío episcopal. Por eso, mientras otros castillos se conformaban con una capillita en la que orar, este tiene en su interior un templo entero, la iglesia de San Miguel. Quien más hizo por dar la actual forma al edificio fue el obispo de Segovia

Juan Arias Dávila que, en el siglo XV, convirtió la localidad en un feudo mitral prácticamente intocable. En tiempos de Felipe II la fortaleza fue utilizada como cárcel en la que, entre otros ilustres, ingresó en 1568 el secretario del rey, acusado de haber hecho pasar a mejor vida al ayudante de Juan de Austria.

PEDRAZA. En realidad todo Pedraza parece un gran castillo al que solo se pudiera penetrar por una puerta. Pero su auténtico castillo medieval fue muy reformado por los Fernández de Velasco, en parte para custodiar en él a los hijos del rey de Francia, que para lograr la libertad de su padre Francisco I, prisionero desde la batalla de Pavía (1525), se convierten en rehenes de Carlos V. Un foso excavado en la roca viva rodea el primer recinto, con cubos y murallas, y el segundo. Un tercer espacio, que hoy solo tiene una torre almenada, sería el lugar de la obra anterior al siglo XV. En 1926 el pintor vasco Ignacio Zuloaga compró la fortaleza, rescatándola de la ruina. Su familia mantiene hoy en día su posesión, aprovechando el precioso entorno para mostrar un museo dedicado a la obra de su ascendiente.  info@javierprietogallego.com

111216 Castillos de Segovia  

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