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Viernes 28.10.11

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El territorio de Lucifer El parque natural Saja-Besaya, un paraíso del sur cántabro [P2]

La localidad de Bárcena Mayor, declarada conjunto histórico artístico en 1979. :: JAVIER PRIETO GALLEGO


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PLANES

Un paraíso infernal

El alto Saja, bosques y leyendas en el sur de Cantabria

RUTAS CON ENCANTO

PARQUE NATURAL SAJA-BESAYA JAVIER PRIETO

Si la toponimia no miente, Lucifer vive en España. Concretamente en las laderas septentrionales de la sierra del Cordel, un cúmulo de pliegues y repliegues orográficos que marcan la separación entre el valle de Cabuérniga y la merindad cántabra de Campoo de Suso. Es la única forma de explicar que en unos pocos centímetros de mapa todo lo que aparece tenga que ver con él: la Entrada del Infierno, las Justas del Diablo, la Garganta del Diablo, el Infierno, las laderas de las Cuen-

tas del Diablo o un arroyo que se llama del Diablo y que no tarda ni un suspiro en sumarse a otro denominado la Canal del Infierno para formar, entre ambos, uno de los ríos con más largo recorrido de Cantabria y, sobre todo, con rincones más pintorescos: el Saja. Lo paradójico es que visitar sus fuentes –genéricamente hablando- se parece mucho más a una vuelta por el paraíso que a un descenso a los infiernos. Sobre todo cuando el otoño ya lleva avanzado su festival de colores. De

hecho, el río Saja es uno de los ejes vertebradores de uno de los espacios naturales más emblemáticos de Cantabria, el parque natural Saja-Besaya, también conocido por poseer, en su cuenca alta, una importante colección de hayedos. Justo el tipo de bosque que mejor queda en las fotografías entre los meses de octubre y diciembre. Este espacio natural protegido, que comprende una superficie de 24.500 hectáreas y se localiza en el suroeste de la comunidad de Cantabria,


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GUÍA En marcha. Uno de los

accesos más frecuentados al Parque Natural Saja-Besaya se realiza por la CA280. Se alcanza dirigiéndose desde Reinosa a Espinilla para tomar ahí la carretera hacia Cabuérniga. La venta de Tajahierro se localiza unos metros después de coronado el puerto de Palombera. El camino de Castilla.

Este sendero señalizado como PR.II.2, arranca a la altura del km 17 de la CA-280, muy cerca de la Venta de Tajahierro, para enlazar con Barcena Mayor en lo que fue el antiguo camino de

Castilla, utilizado desde la época romana hasta que se construyó la actual carretera, en 1929. El camino bordea dos grupos de invernales: la Venta de Mobejo, primero; y la Casa de Abellaneda, después. Tras acomodarse al Barranco Queriendo, termina por aparecer la ermita del Carmen, ya en las cercanías de Barcena Mayor. Recorrido de 9 km que pueden hacerse en unas 3 horas. Dado su desnivel –610 metros– es mejor hacerlo en este sentido que desde Barcena hacia Palombera. Información. www.cantabriajoven.com/naturaleza.

Bárcena Mayor, uno de los pueblos más visitados de la montaña cántabra.

pardos de la Cordillera Cantábrica. No fue así en el pasado, cuando su presencia daba para organizar sonadas cacerías de osos de las que aún quedan nostálgicos rastros en las paredes de algunos bares: plantígrados apilados en montón y escopetas al hombro de cazadores subidos sobre albarcas de madera, fotos en blanco y negro, recortes de periódicos que dan fe de cómo el abuso de otros tiempos dio paso al exterminio casi total de la especie. El resto de esta valiosa masa forestal es casa también para muchos de los últimos vecinos de la gran fauna española: lobos, corzos, ciervos, venados, nutrias, urogallos… Por no hablar del largo catálogo de pequeños mamíferos, aves o invertebrados que pululan por sus bosques y praderías.

Antecedentes

Desde el mirador del Corzo, en el puerto de Palombera, se contempla el arranque del valle de Cabuérniga y el alto Saja. :: REPORTAJE GRÁFICO DE JAVIER PRIETO

toma su nombre de las cabeceras de los dos ríos que ve nacer en su interior, un territorio caracterizado por marcados pliegues montañosos cubiertos, en una cuarta parte, por frondosos bosques de haya y roble. Un hábitat natural en el que abundan también los pequeños arroyos de montaña, saltos de agua en lugares de acceso casi imposible y rincones tan alejados del paso de los hombres que sirven, aunque ya de manera esporádica, como refugio de algunos de los últimos osos

No en vano los antecedentes más lejanos de este espacio natural están estrechamente vinculados a la creación de, en 1948, de una reserva en la que se protegió, durante tres años completos, la caza de varios montes ubicados entre las cuencas del Saja y el Besaya. El éxito de aquella iniciativa, que perseguía aumentar el número y valor de las piezas cazables, desembocó en la posterior creación, en mayo de 1966, de la mayor reserva de caza de España: la Reserva Nacional de Caza de Saja, con un total de 180.186 hectáreas que alcanzaban gran parte del centro y el suroeste de Cantabria. Una pequeña parte de aquel espacio acotado para la caza es lo que conforma el actual territorio del parque natural, declarado en 1988. Casi un sesenta por ciento de todo este territorio protegido aparece cubierto por bosques. Una valiosa masa forestal en la que van ganando protagonismo las diferentes especies arbóreas, en función de la altitud en la que se encuentren y el uso de los suelos. El fondo de los valles y el

Los hayedos son los bosques más extensos y mejor conservados del Parque Natural Saja-Besaya.

Un puesto de productos típicos en Bárcena Mayor.

arranque de las laderas es el lugar en el que predomina el robledal, con abundancia de Quercus robur en muchos de sus montes. Uno de los lugares donde más y mejor se puede disfrutar de estos robledales es en el monte del Río Los Vados, muy próximo a la localidad de Ucieda. De esta población parten algunas de las rutas a pie más emblemáticas del parque y, entre ellas, la que permite internarse en el robledal hasta alcanzar el Roble Gordo, con un perímetro de 12 metros y que aparece recogido en el catálogo de árboles singulares de Cantabria. Pero son los hayedos las formaciones boscosas mejor conservadas del parque natural. También las que predominan a una mayor altitud y, sobre todo, en algunas de las laderas más inaccesibles y umbrías. Precisamente en los nacederos de un Saja que parece querer ahuyentar a los curiosos a fuerza de mentar a Lucifer en cada una de sus piedras. Aunque quien quiera también puede disfrutar de la otoñada en los hayedos que rodean la localidad de Barcena Mayor, la única población incluida en los límites del parque y una de las joyas etnográficas de la comunidad Cántabra. Tanto que cada año recibe miles de visitantes atraídos por la compostura de unas calles y casonas de rancio sabor montañés y ejemplar arquitectura tradicional. Si bien en el pasado emanaban una autenticidad rústica y vital que han perdido a medida que sus habitantes de siempre han ido dejando paso a los que solo la ocupan para descansar. En cualquier caso, es un gusto pasear por su calles empedradas desmadejando la cuadrícula simple de un casco urbano en el que nada desentona y cada fachada es ejemplo de cómo se construía antaño: balconadas de madera abiertas a la solana, amplios aleros de madera en los tejados para fre-

nar los rebufos del viento, lluvia y nieve, y soportales tan amplios que se convierten en el lugar donde ventilar la leña, secar los productos del campo o pasar las pocas tardes de verano en las que el sol molesta. Un puente de piedra lleva desde el pueblo hasta la ermita del Carmen por el viejo camino que sube al puerto de Palombera, el histórico paso que comunica los valles de Cabuérniga con Campoo, el camino que debieron recorrer los primeros ‘foramontanos’ llegados desde Cantabria a tierras del Meseta para asentarse en los territorios pacificados tras la incipiente Reconquista. Aquella temprana emigración repobladora tiene su referencia documental en el año 814, según se menciona en el Cronicón de San Isidoro de León, fechado en 1058. El itinerario recorrido por ellos en su viaje a la Castilla entonces despoblada, discurriría por el valle de Cabuérniga, aguas arriba del Saja, remontando el puerto de Palombera para dejarse caer hacia las fuentes del Ebro, ya en la vertiente campurriana. También hay otros senderos que permiten disfrutar del esplendor de estos bosques. Como el que arranca muy cerca de un lugar que guarda también su carga legendaria: el Pozo del Amo, fácilmente localizable en una revuelta de la carretera CA280, 4 km antes del pueblo de Saja, descendiendo desde el alto de Palombera. Se descuelga aquí el río en una lujuria de cascadas y corrientes, cayendo de poza en poza, mientras juega a sortear las renegridas rocas siempre cubiertas de líquenes y musgo. El camino, que acompaña al río hasta su tramo más alto, se localiza en la carretera algunos metros más arriba. Una forma de acercarse a los infiernos sin tener que vender el alma al diablo.  info@javierprietogallego.com


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