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En medio, la revuelta de los communards, la obsesión de Edison por hacerse con la patente del cine (que le lleva a contratar a unos detectives de la agencia Pinkerton para que rapten y consigan los planos de la primera máquina de filmar, inventada por Leprince, que, con la desaparición de este, quedó en el más absoluto anonimato) y la relación del patriarca Lumière con Méliès, mago y genio del cine.

ISBN: 978-84-938310-8-0

L’Avi • Ricard Soler • Pedro García Martín

¡Pasen y vean! es una novela gráfica ambientada a finales del siglo xix y principios del xx, en la que a través de la saga familiar de Laurent Mourguet, creador de los títeres Guiñol, Madelon y Gnafron, se cuenta la vida de los titiriteros, sus espectáculos en el Café Noir y parte de la vida de los Lumière, inventores del cinematógrafo.

¡PASEN Y VEAN! Del guiñol al cine

Del guiñol al cine

Amaníaco ediciones

¡PASEN Y VEAN!

¡PASEN Y VEAN! Del guiñol al cine L’Avi • Ricard Soler • Pedro García Martín


¡PASEN Y VEAN! Del guiñol al cine

L’Avi • Ricard Soler • Pedro García Martín


¡Pasen y vean! Del guiñol al cine © 2014 Amaníaco ediciones Guión: © 2014 Lluis Recasens (L’Avi) Dibujos: © 2014 Ricard Soler Asesoramiento histórico: © 2014 Pedro García Amaníaco ediciones Felip II, 281, 2º 4ª 08016 Barcelona e-mail: amaniaco@amaniaco.com www.amaniaco.com DL B. 904-2014 ISBN 978-84-938310-8-0 Estugraf Impresores, S.L. Los Huertecillos - Nave 13 28350 Ciempozuelos (Madrid) Reservados todos los derechos. Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra sólo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47).


“El cómic es el cine de los pobres.” Atribuida a Hugo Pratt

“En nuestra cultura, el cine y los cómics

son los dos ojos puntuales más importantes que se sirven de la imagen para contar una historia.” Will Eisner


Pr贸logo


E

l cine y el cómic vienen dialogando desde sus orígenes. En un principio lo hicieron sobre el formato adecuado para divertir a espectadores y lec-

tores. Después, pasaron a hablar de viñetas y fotogramas, blanco y negro y color, técnicas y géneros. Ambas narrativas visuales estaban empeñadas en encontrar un lenguaje propio, y, a la postre, descubrieron que tenían mucho en común, desde los encuadres a los storyboards.

Al mismo tiempo, mientras Internet revolucionaba la comunicación

de masas, fue cambiando la valoración cultural de ambos medios entre el público. De manera que, de acuerdo con el padre de la novela gráfica Will Eisner, evolucionaron desde el ocio popular al que se refería Hugo Pratt a convertirse en los vectores más idóneos para contar una historia en imágenes.

Este cómic sobre el cine que ahora prologamos merece contar su pro-

pia historia para hacerse entender. En enero de 2009 presenté en Barcelona mi novela El químico de los Lumière (Algaida Editores). Acababa de ganar el XII Premio de Novela Ciudad de Salamanca y estábamos en uno más de sus actos de promoción. El argumento de la obra trata de aquellos cazadores de imágenes —pintores impresionistas, fotógrafos, inventores, etc.— que, en el marco histórico de la Belle Époque, contribuyeron a alumbrar el cinematógrafo. De ahí que en el auditorio menudearan los interesados en mass media, audiovisuales, literatura y bellas artes.

Sucedió que entre los asistentes a dicha presentación en la Biblioteca

Pública Arús —una joyita modernista y masónica— se encontraba el dibujante Ricard Soler. En la charla informal que mantuvimos después del debate surgió la idea de elaborar una historieta conjunta sobre los espectáculos visuales que desembocaron en el cine. Enseguida, salió a relucir el nombre del guionis-


ta Lluís Recasens, “L´Avi”, dado que los dos habían venido colaborando desde hacía largo tiempo en el humorismo gráfico y en la radio. De esta forma, me sumé a esta pareja de reconocidos profesionales en calidad de documentalista y asesor histórico, formando el equipo creativo del tebeo “¡Pasen y vean!”.

Este cómic no es una adaptación gráfica de mi novela. Se trata de una

obra literaria y visual de nuevo cuño, dotada de una trama propia y concebida para un soporte narrativo diferente.

El método de trabajo que acordamos dividía las tareas de forma en-

cadenada: Lluís Recasens iba escribiendo el guión, Ricard Soler lo plasmaba en dibujos y yo cuidaba la ambientación histórica. Pero siempre actuábamos coordinados, pues todos compartíamos viñeta a viñeta las labores de los demás: ya se tratara de buscar cuadros, fotos o atrezzo de la Belle Époque; ya de repasar los diálogos hasta que nos sonaran creíbles; ya de examinar los bocetos de los personajes para encarnarlos tal y como los habíamos imaginado. Ni que decir tiene que yo era el recién llegado a un dúo de artistas del cómic que funcionaba como un reloj bien compuesto.

Esta colaboración en grupo acabó de concretarse tras invitarme a su

programa, En Companyia, de Radio Martorell. Del mismo modo que dio sus primeros frutos cuando le pedí a Ricard que, como un ensayo piloto, ilustrase mi pequeño libro El linternista vagamundo y otros cuentos del cinematógrafo (Machado Ediciones).

El argumento de nuestro tebeo recrea la cultura del ocio en la Europa

de fin de siglo XIX. Entre las últimas Exposiciones Universales de ese siglo y la Gran Guerra de 1914 se vivieron unos “años felices” de inusitado optimismo. Los profesionales de la imagen se convirtieron en los notarios de la alegría de


vivir burguesa, pues con sus instantáneas de excursiones campestres en tren y auto, paseos marítimos, competiciones deportivas y diversiones nocturnas dieron fe de esta concepción de la existencia como un eterno domingo.

En las grandes capitales, donde había nacido la industria del tiempo li-

bre, se pusieron de moda los espectáculos audiovisuales. Las clases acomodadas disfrutaban del teatro, la ópera, el ballet, la magia y el cabaret. Sobre todo, gracias al hallazgo de la iluminación artificial, el tiempo lúdico se prolongó en la vida nocturna. Mientras que las capas populares se divertían con el circo ambulante, los cafés cantantes y los juegos callejeros. Unas y otras se entremezclaban en las ferias, asistiendo a sesiones de linterna mágica y sombras chinescas, y contemplando portentos en las barracas, anunciados por la voz de “¡Pasen y vean!”, como la mujer barbuda, el hombre forzudo, los autómatas adivinadores y aún las razas exóticas.

Por eso, en el cómic hemos querido enlazar los distintos planos so-

ciales de la diversión pública, reuniéndolos en una ciudad tan emblemática como Lyon, que conozco al dedillo por haber dado clase en su Universidad. Puesto que en el transcurso del siglo XIX fue a la vez la cuna de las marionetas de guante llamadas guiñoles, diseñadas por el artesano sedero Laurent Mourguet, y también del cinematógrafo, inventado por los hermanos Lumière. Para ello, hicimos vecinos a los descendientes de Mourguet y a la familia Lumière, a fin de que uno de los hijos de aquellos marionetistas trabajara como ayudante del retratista Antoine Lumière.

En ese fin de siglo se había acelerado la carrera hacia el cine. Los artilu-

gios ópticos causaban furor. Los espectáculos audiovisuales estaban de moda. Los inventos de aparatos se multiplicaban. Eso desató una guerra de patentes y envidias, en la que Thomas Edison destacó por espiar y amedrentar a sus rivales a través de sus esbirros de la agencia Pinkerton, cuyos cazarrecompen-


sas aparecen en los western. En ese clima turbio desapareció Louis Leprince cuando viajaba hacia París para presentar los primeros filmes de la historia. Este misterioso caso pudiera parecer un Macguffin de nuestro cómic, al modo que lo empleaba Alfred Hitchcock en sus películas, pero nos ha servido para dar al relato un tono de thriller en su giro final, apostando por la autoría de una muerte que está aún sin resolver en los archivos policiales.

Los hermanos Lumière, Auguste y Louis, tras descubrir en 1881 la foto

instantánea, dieron con la solución técnica: una película que capturaba las imágenes de la realidad y un aparato que las proyectaba. El 28 de diciembre de 1895, en el Gran Café de París, celebraron la primera sesión pública del cinematógrafo. El éxito les llevó a formar operadores, que enseguida fueron enviados a otros continentes, al objeto de grabar pueblos y paisajes del mundo para la comercialización de filmes. De su mano se producirá una globalización icónica del planeta. La Historia pasó a leerse en imágenes.

En conclusión, mediante este tebeo en el que nos servimos de las imá-

genes para contar la historia de la gestación del cine, invitamos al público a disfrutarlo como un espectáculo visual y literario. Por ello, Lluís Recasens, Ricard Soler, a los que se suma el editor Jordi Coll, y quien esto suscribe, les animamos a que abran el cómic y ¡pasen y vean! sus agradables páginas.

Pedro García Martín Profesor y escritor


¡PASEN Y VEAN! Del guiñol al cine


en los primeros a帽os del siglo XIX, despu茅s de las guerras napole贸nicas, lyon, igual que toda francia, se encontraba en plena revoluci贸n industrial.

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…a pesar de que el trabajo escasea y hay hambruna, nosotros tenemos la suerte…

eso tú, pero yo, con la cantidad de hijos que tengo…

…de trabajar en un taller textil confeccionando piezas de seda para las damas de la corte… no nos podemos quejar.

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…he de hacer filigranas para darles de comer… si pudiera hacer algo para poder distraerles del hambre…


…si pudiera distraerles del hambre…

oh, oh… se me está ocurriendo una cosa…

hola, ¿qué tal, cómo estamos?

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¡¡mourgueeeeet!! le pagamos para que corte tela, no para que haga el payaso…

sí, monsieur pierre… tiene usted razón, ahora mismo me pongo a cortar.

monsieur pierre te ha echado la bronca…

sí, bueno, es que me he distraído un poco y…

pues ándate con ojo, laurent, que no están los tiempos como para ir perdiendo el trabajo por una tontería… hasta mañana.

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hasta mañana.


¡hola!

hola, papá…

¿has traído comida?

no, no he traído comida, pero tengo algo que…

…bueno, será mejor que os lo enseñe mañana…

¿qué es lo que has traído?

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mañana, mujer, mañana… esta noche me quedaré a trabajar y mañana os lo enseñaré.


papá, papá, ¿ya tienes lo que nos habías de enseñar?

sí, ya lo tengo.

¿qué es? ¿comida?

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no, no es comida, pero es algo que os entretendrá el hambre…


…os presento a guiñol.

tengo la solución… cosquillas en la barriga…

guiñol, estos muchachitos tienen hambre, ¿qué podemos hacer?

bueno, ya basta.

mañana iremos al parque a jugar con el muñeco.

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más, papá, más…

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oye, laurent, he visto que la gente se ha divertido mucho con el muñeco.

¡guiñol!

¿qué?

que el muñeco se llama guiñol.

¡ah!

y, sí, ha sido un éxito.

estaba pensando que…

¿qué?

¿dinero?

que gracias a tu creación podríamos ganar dinero.

¿cómo?

utilizando el muñeco…

guiñol, se llama guiñol.

pues eso, utilizando a guiñol para distraer a la clientela cuando haces de sacamuelas.

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no creo que funcione, guiñol distrae a los niños, pero a un hombre que le duele horrores una muela… ¡pffff!


está decidido.

¿el qué?

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que con el próximo cliente probaremos lo del muñeco.

¿has traído a guiñol?

¡guiñol!

toma, empieza con el espectáculo que ya me encargo de la muela. ¿podrás? podré… y ahora, tú a lo tuyo.

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¿ves? ha funcionado. se ha marchado contento, tan contento que nos ha dado tres monedas de más.

un éxito, ha sido un éxito. ganaremos mucho dinero gracias a tus muñecos.

¿muñecos…?

¿qué muñecos?

de acuerdo, puedo confeccionar más muñecos, pero ¿quién los manejará mientras estoy arrancando muelas? tus hijos mayores y yo. nos enseñas cómo hacerlo y te ayudaremos.

los que vas a confeccionar. ¿o es que piensas quedarte sólo con… con…? ¡guiñol! eso, guiñol…

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guiñol, gnafrón y madelón. se llaman guiñol, gnafrón y madelón.

tenías razón, mujer. estos muñecos nos están haciendo ganar dinero. sí, porque aparte de lo que les cobramos a los que les arrancamos las muelas, la gente nos da propinas por lo bien que se lo pasan viendo las ocurrencias de los muñecos.

uy, perdona, perdona… no quería ofender a guiñól, gnafrón y madelón, llamándoles muñecos. y ahora en serio, estaba pensando que podríamos dejar el oficio de sacamuelas.

aunque hayamos ganado todo este dinero, no podemos permitirnos dejar de hacer de sacamuelas, ya que con lo que gano en el taller no da para mantenernos a todos.

yo me refería a dejar de hacer de sacamuelas para dedicarnos, en exclusiva, a representar las ocurrencias de guiñol, gnafrón y madelón en el parque, ya que hemos sacado máS dinero con las propinas que nos ha dado la gente por divertirse que lo que hemos cobrado a los que les hemos arrancado las muelas.

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¿tú crees que…?

déjame hacer a mí…

¡señoras y señores!

…les ofrecemos un espectáculo único…

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¡pasen y…


…vean!

lyon, 1870

¡paseeen y veaaan!

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En medio, la revuelta de los communards, la obsesión de Edison por hacerse con la patente del cine (que le lleva a contratar a unos detectives de la agencia Pinkerton para que rapten y consigan los planos de la primera máquina de filmar, inventada por Leprince, que, con la desaparición de este, quedó en el más absoluto anonimato) y la relación del patriarca Lumière con Méliès, mago y genio del cine.

ISBN: 978-84-938310-8-0

L’Avi • Ricard Soler • Pedro García Martín

¡Pasen y vean! es una novela gráfica ambientada a finales del siglo xix y principios del xx, en la que a través de la saga familiar de Laurent Mourguet, creador de los títeres Guiñol, Madelon y Gnafron, se cuenta la vida de los titiriteros, sus espectáculos en el Café Noir y parte de la vida de los Lumière, inventores del cinematógrafo.

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Del guiñol al cine

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¡PASEN Y VEAN!

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Pasen y vean  

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