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Roma es la capital de la República Italiana, además de su ciudad más populosa con 2.756.227 habitantes que, unidos a los de su área metropolitana de 1.285,3 km², se elevan a 4.330.000. Roma está ubicada en la zona central y occidental de la península Itálica, en ambas orillas del río Tíber y a unos 20 km de su desembocadura en el mar Tirreno. En la zona oeste de la ciudad se encuentra el enclave de la Ciudad del Vaticano, un estado independiente y soberano que alberga la Santa Sede papal. La ciudad surgió a mediados del siglo VIII a. C. y fue germen de la República y el Imperio romano. Desde el siglo I de nuestra era se volvió la sede del Papado. Tras el repliege del dominio de Bizancio en el siglo VII, fue centro de los Estados Pontificios hasta su anexión en 1870 por parte del Reino de Italia. Su importancia histórica es enorme. Es considerada una de las cunas de la Civilización Occidental y el centro espiritual del catolicismo. Su centro histórico, donde se entremezclan restos de casi tres milenios, ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y congrega cada año a millones de visitantes, atraídos por las ruinas de su antiguo esplendor y sus incalculables obras de arte. La palabra es de origen latino, el cual es un idioma perteneciente al tronco lingüístico indoeuropeo. Generalmente se sostiene que la palabra “Roma” proviene de “Rómulo”, el legendario primer rey de la ciudad, aunque también presenta cierta semejanza con el de su hermano “Remo” asesinado por aquel cuando fundó la urbe. Evidentemente el nombre de Rómulo es posterior al de Roma, creado, al parecer, para explicar el nombre de la ciudad. Aun así, este mito podría tener algún sustento histórico, siendo Rómulo un personaje unificador de los pueblos que formaron Roma en su pasado más remoto. Sin embargo, al parecer, el origen del nombre de Roma estaría más bien relacionado con el antiguo nombre del río Tiber. Pero hay otras hipótesis: autores griegos antiguos menciona a una tal Roma, epónima de la ciudad, hija de Ascanio y nieta de Eneas o bien de Evandro.[1] Estudios recientes parecen darle a la palabra el significado de 'río'; Roma en este caso significaría 'el pueblo sobre el río', es decir, sobre el Tíber. Roma es también llamada la Urbe, y este nombre (que en latín significaría cualquier otro pueblo) viene de urvus, la ranura cortada por un arado; en este caso, el usado por Rómulo.

Antecedentes Previo a la fundación de la ciudad, y también en forma contemporánea a ello, Italia estaba habitada por distintos pueblos: los latinos, que ocupaban la llanura entre el río Tíber y los montes Albanos; el Tíber separaba a los umbros al Sur y los etruscos al norte, al este y sureste del Lacio se encontraba la cadena Apenina que sería el dominio de pastores nómadas emparentados entre sí: los sabinos, samnitas, marsos, volscos, campanos en Nápoles, ausones y oscos. Todavía más al sur, los lucanos y bruttios. El origen de los pueblos que a su vez originaron a Roma, se puede rastrear mediante la lingüística, la cual clasifica a las lenguas indoeuropeas y las de otro origen. Entre las primeras se encuentra el latín, el véneto, etc. Se comprobó que las lenguas europeas y asiáticas tenían un cierto parentesco, y se tuvo la convicción durante mucho tiempo, de que el parentesco delataba un origen étnico común, la existencia de un pueblo


indoeuropeo y de una cuna común de su civilización. Se creía que la unidad original de este pueblo experimentó una dislocación y que los grupos integrantes se fueron separando del conjunto, llevando en su emigración el dialecto hablado en su patria. Pero ya esta teoría está desechada. Las divergencias e interferencias se descubren en Italia siempre, por muy remota que sea la génesis de los pueblos portadores del indoeuropeo; es decir, a través de una lenta evolución étnica y cultural, durante la edad neolítica (4800-1800). Al parecer, según P. Bosch, los movimientos convergieron a partir, al menos, de dos centros: la región del río Danubio en el centro de Europa y la región del norte de Asia menor y parte del Cáucaso. Aproximadamente por entonces, según los lingüistas y los arqueólogos, el latín (introducido también por pueblos provenientes de la región danubiana) haría su aparición en Italia. Cada vez es mayor la resistencia frente a la hipótesis de una Italia pre y protohistórica que acogería en su territorio a masivos grupos étnicos con su original unidad, mantenida a lo largo de la emigración. Más bien se insiste sobre las condiciones de infiltración, dispersión y cruzamiento en que se realizaría la intervención de elementos extranjeros. Roma comenzó su historia como una aldea más entre las otras muchas de pastores y campesinos que se repartían las colinas y minúsculos valles de la zona. Los primeros habitantes fueron posiblemente un conglomerado de gentes de distinta procedencia que vivían al margen del desarrollo económico y cultural de sus prósperos vecinos, es decir, los etruscos al Norte y los sabinos y los latinos al Sur. Los arqueólogos descubrieron los restos de un primitivo poblado correspondiente al siglo VIII a. C. en el Palatino, con sus enterramientos a los pies. A partir del núcleo original, la población debió de irse extendiendo por las laderas de las colinas próximas y, un siglo después, por el valle que había entre ellas. Si hemos de creer a Livio, ya entonces Roma era algo muy especial, pues sus míticos fundadores tenían algo de divino; pero el propio escritor también confiesa que le parece lógico que los pueblos rodeen sus orígenes con leyendas y patrañas. Los orígenes remotos de la ciudad de Roma, se pierden en la leyenda; siendo seguramente anteriores al año (753 a.C) en que ulteriormente las autoridades romanas fecharon su fundación. Del mismo modo, siendo improbable que su fundación haya surgido de una acción explícita y deliberada, las tradiciones romanas posteriores adornaron su surgimiento con diversas leyendas, recogidas especialmente por el historiador romano Tito Livio, que vinculan el origen de Roma a un linaje de dioses y héroes. La mayoría se inclinaba a pensar que en una de las fuertes discusiones mantenidas por los dos hermanos, Rómulo mató a Remo en un acceso de ira, y, arrepintiéndose en el acto, decidió llamar a la ciudad Roma. Según la tradición, Roma se fundó el día 11 antes de las calendas de mayo, sería el 21 de abril de 753 a. C, correspondiente al año tercero de la sexta Olimpíada. Finalmente, Rómulo construyó refugios en el monte Capitolino para esclavos y criminales fugados y llevó a cabo el rapto de las sabinas, mujeres de otra tribu que habitaba las orillas del Tíber; este rapto fue con el objeto que los hombres que se le habían unido tuvieran sus esposas. Después de algunas batallas entre ellos, las sabinas le declararon su rey. Rómulo habría sido el primer Rey de Roma y dice la leyenda que fue


llevado a los cielos por su padre Marte, siendo venerado como dios con el nombre de Quirino. A continuación se presentan dos versiones de la leyenda, con más o menos extensión y detalles: 1era versión: Al comienzo un hijo del héroe troyano Eneas (hijo de Venus, la diosa de la atracción y de Anquises, un pastor), Ascanio, fundó sobre la orilla derecha del río Tíber la ciudad de Alba Longa, ciudad latina sobre la cual reinaron sus numerosos descendientes, hasta llegar a Numitor y su hermano Amulio. Este último destronó a Numitor; y, para evitar que tuviera descendencia que pudiera disputarle el trono, condenó a su hija Rea Silvia a permanecer virgen como vestal, sacerdotisa de la diosa Vesta. Sin embargo, Marte, el dios de la guerra, engendró en Rea Silvia a los mellizos Rómulo y Remo. Por este motivo, al nacer los mellizos, fueron arrojados al Tíber dentro de una canasta, la cual encalló en la zona de las siete colinas situadas cerca de la desembocadura en el mar. Fueron recogidos por una loba llamada Luperca que se acercó a beber, y que los amamantó en su guarida del Monte Palatino, hasta que fueron hallados y rescatados por un pastor cuya mujer los crió. Cuando fueron mayores, los mellizos restituyeron a Numitor en el trono de Alba Longa, y decidieron fundar, como colonia de Alba Longa, una ciudad en la ribera derecha del Tíber, en donde habían sido amamantados por la loba, y ser sus reyes. Cerca de la desembocadura del Tíber existían las siete colinas: los montes Capitolino, Quirinal, Viminal, Aventino, Palatino, Esquilino y Celio. Rómulo y Remo discutieron acerca del lugar donde fundar la ciudad; y resolvieron la cuestión consultando el vuelo de las aves, a la usanza etrusca. Mientras sobre el Palatino Rómulo divisó doce buitres volando, su hermano en otra de las colinas sólo vio seis. Entonces, Rómulo, con un arado trazó un recuadro en lo alto del monte Palatino, delimitando la nueva ciudad, y juró que mataría a quien lo traspasara. Despechado, su hermano Remo no obedeció y cruzó despectivamente la línea, ante lo cual su hermano le dio muerte, quedando entonces como el único y primer Rey de Roma. Según la versión de la historia oficial de Roma antigua, eso había ocurrido en el año 754 a. C. Como dato curioso, se dice que la loba (lupa)que amamantó a los hermanos Rómulo y Remo fue en verdad su madre adoptiva humana. El término lupa también era utilizado, en sentido despectivo, para señalar a las prostitutas de la época. 2da versión: Muchos años después de la desaparición de Eneas, reinaba en el trono de Alba Longa Numitor, el cual tenía varios hijos. Amulio, hermano de Numitor, decidió derrocarlo, y para que sus sobrinos no reclamaran el trono resolvió eliminarlos a todos, menos a la única hija, Rea Silvia. A ella la encerró en el templo de las vestales dedicado a la diosa Vesta para que se consagrara como sacerdotisa. Las sacerdotisas debían ser castas y puras y la que no cumplía con este precepto corría el riesgo de ser enterrada viva. Un día en que Rea Silvia estaba descansando junto a una fuente del bosque sagrado, pasó el dios Marte que, al verla tan hermosa, se enamoró perdidamente y la dejó encinta. Meses después nacieron dos gemelos: Rómulo y Remo. Cuando Amulio se enteró, mandó arrojar a Rea Silvia al río Tiber y a los dos gemelos los colocaron en una canasta y dejaron que la corriente se los llevara lejos. El dios


Tiberno, que vio lo que sucedía, tuvo piedad de Rea Silvia, la salvó y se casó con ella y le otorgó la inmortalidad. La canasta con los dos pequeños gemelos se deslizó sobre el río y, como este estaba muy crecido, debido a una inundación, en lugar de llegar al mar, quedó atascada en la orilla. En ese lugar vivía una loba que al ver a los pequeños llorando de hambre, los amamantó. Los niños crecieron junto a la loba sanos y fuertes, pero su padre, el dios Marte, pronto comprendió que los gemelos necesitaban el calor humano para desarrollarse y los confió al cuidado de un pastor de nombre Fáustulo y de su esposa Laurencia. Ellos quedaron encantados, ya que no tenían hijos y les dieron por nombre Rómulo y Remo. Los niños eran sanos, bellos y vigorosos, pero muy inquietos. Si bien colaboraban con sus padres adoptivos cuidando los rebaños, la monotonía los aburría rápidamente. Buscando darle nuevas emociones a sus vidas y divertirse, comenzaron a robarle a unos ladrones el fruto de sus pillajes. Muy pronto, otro grupo de jóvenes se asociaron a ellos conformando una banda. Los ladrones de la región estaban muy disgustados con la banda de los gemelos y cierto día en que estos estaban en plena fiesta dedicada al dios Pan, los atacaron por sorpresa, y, si bien la banda de los gemelos se defendió valerosamente, los bandoleros tomaron prisionero a Remo. Varios días después, llevaron a Remo ante Amulio, culpándole de saquear en las tierras de Numitor, a lo que Amulio, ahora que era el soberano y poco le importaba lo que le pasaba a Numitor, respondió: “Si los saqueos ocurrían en tierras de Numitor, que los castigase él”. Cuando los bandoleros llevaron a Remo ante Numitor, acusándolo de robar en sus tierras, éste, lejos de enojarse recordó las desgracias sufridas y pensó que esos gemelos podrían ser los hijos de su hija Rea Silvia, ya que la edad coincidía con la de sus nietos desaparecidos. Para despejar sus dudas dijo a los bandoleros: “Vayan a sus casas. Quiero interrogar a solas al acusado”. Los bandoleros obedecieron inmediatamente. Pronto llegaron Rómulo y Fáustulo, los cuales, al enterarse de lo ocurrido, corrieron a prestar ayuda a Remo. Ante Numitor, Rómulo relató la historia de su vida; así, Numitor reconoció que eran sus legítimos nietos y los acogió con alegría. Rómulo y Remo, al ver que todos sus tormentos se debían al tirano Amulio, decidieron que su abuelo debería ser restituido en el trono que le pertenecía. Muy pronto armaron un pequeño ejército con el que atacaron por sorpresa el palacio de Amulio y lo mataron sin darle oportunidad de defenderse. Rómulo y Remo se quedaron largo tiempo con su abuelo y luego decidieron fundar una nueva ciudad en el lugar donde fueron encontrados por la loba. Estaban indecisos sobre el lugar exacto y también sobre quién de los dos debería ser el monarca ya que consideraban que ambos valían por igual. Numitor les aconsejó estar atento a los presagios. Mientras tanto, Rómulo se instaló en la cima del Palatino, y Remo en la del Aventino. Remo vio seis buitres volando sobre el lugar, e interpretó esto como la señal del lugar indicado, pero Rómulo vio doce buitres volando sobre el Palatino. Sin ninguna duda la colina del Palatino debía ser el lugar indicado para la fundación de la nueva ciudad, y él sería el monarca. Rómulo, rápidamente, tomó un arado y trazó los límites de la ciudad y comenzó a construir una muralla a su alrededor. Remo, despechado por no haber sido el elegido, se emborrachó y comenzó a burlarse de Rómulo: ¡Eres un ridículo!, le gritaba


riendo. “Y tu muralla también. Mira como la salto, y la traspaso”. Rómulo se irritó tanto que no pudo contenerse, tomó una espada y cegado por la ira mató a Remo. Luego, gritó con toda su fuerza: “¡Esto mismo le ocurrirá a cualquiera que se atreva a saltar la muralla de mi ciudad!”. Pero Rómulo no estaba feliz por lo ocurrido, sino que en su desesperación por haber matado a su hermano gemelo hasta pensó en quitarse la vida. Pronto comprendió que no había nada que pudiera hacer y sepultó a su hermano con todos los honores en la cima del monte Aventino. Más tarde tomó posesión de su nueva ciudad. En honor a su hermano la llamó Roma. Según la tradición, Roma se fundó el día 11 antes de las calendas de mayo, lo que es equivalente al 21 de abril de 753 a. C. Se dice que Rómulo reinó durante treinta y tres años. Apenas fundada Roma entró en conflicto con sus vecinos. Según la leyenda, el primer conflicto fue por conseguir mujeres, a las que raptaron durante unos juegos a los que invitaron a todos los pueblos comarcanos. Vencieron a todos, menos a los sabinos, pues la lucha terminó en un tratado de paz conseguido por las mujeres, las que no querían perder ni a sus padres y hermanos ni a sus esposos. De este tratado surgiría la unión de los dos pueblos. Roma se expandió y prosperó tanto que a Rómulo le concedieron el título de Padre de la Patria. Cuando llegó su hora final, el dios Marte le pidió a Júpiter un lugar entre los dioses, y, como Rómulo había hecho construir bellos templos dedicados a Júpiter, éste accedió sin poner obstáculos. Cuenta la leyenda que, un día en que Rómulo estaba en el Monte Palatino, Marte descendió del cielo en su carro con alas y se lo llevó volando. Júpiter, en ese momento desencadenó una fuerte tormenta cuyos truenos y rayos hicieron temblar a los presentes. Rómulo, antes de partir, había ordenado que construyeran un templo en el monte Quirinal en su memoria; y cuando Rómulo ascendió a los cielos le dieron el nombre de dios Quirino. Rómulo logró así un lugar entre los dioses, pero extrañaba a su esposa Hersila y pidió para ella el don de la inmortalidad. Los dioses le concedieron su petición y Hersila se transformó en la diosa Hora. Otras variantes de la leyenda indican que Rómulo, luego de guerrear contra varios pueblos vecinos, desapareció en medio de una tempestad. No obstante, en el foro romano tenían localizado en la Antigüedad el lugar exacto donde Rómulo habría sido abatido por un rayo. Según dice Tito Livio, algunos pensaron que los senadores, únicos testigos de su “ascensión divina”, descontentos con el gobierno de Rómulo, lo habrían asesinado en verdad y ocultado su cadáver. Así subió al trono, luego de un periodo de un año, Numa Pompilio, hombre insigne que habitaba entre los sabinos. Cuando los núcleos latinos que habitaban las colinas del Quirinal, Esquilino y Celio se fusionaron con los del Palatino, fortificaron el recinto habitado, y así se inició la primera fase de la Roma antigua hacia el siglo VIII a. C. (Roma Quadrata). Durante una segunda fase el perímetro de la ciudad se extendió por el monte Capitolino y por un pequeño valle que lo separaba del Palatino (allí se emplazó el Foro romano). Del siglo VI a. C. son las principales construcciones: Palacio Real, Foro, Cloaca Máxima y Tullianum. Hacia 510 a. C. se fundó el templo de Júpiter Capitolino, y de la misma época son los templos de Saturno (498 a. C.), de Cástor (484 a. C.) y otros. Siguió un período de gran actividad constructiva: templos, basílicas, acueductos y caminos consulares (Vía Apia, Vía Latina, Vía Flaminia, etc). La verdadera reorganización se llevó en la época de


Augusto, bajo cuyo reinado se reconstruyeron templos y monumentos y se levantaron otros nuevos. El incendio de la ciudad, atribuido a Nerón (aunque otras fuentes lo desmienten), en el 68 hizo desaparecer gran cantidad de edificios, reconstruidos poco después por el mismo emperador. La obra iniciada por Nerón fue continuada por sus sucesores: Vespasiano (Coliseo), Tito, Domiciano (renovación de los templos de Vesta, Augusto y Minerva, del Estadio, el Odeón, en Panteón, etc.). La obra de éste último emperador fue proseguida por Trajano (Foro y Termas), Adriano (puente Elio, templos de Marciana y de Venus, Mausoleo, etc.), Septimio Severo, Caracalla (Termas). En tiempos de Majencio se construyó la basílica homónima, y de Constantino, su sucesor, se conservan el Arco del Triunfo, las Termas Constantinas y las Elenianas. Durante los siglos III y IV se mantuvo Roma en todo su esplendor, hasta el año 410, en que fue asaltada y saqueada por Alarico; a partir de este momento se inició su decadencia monumental.


Roma