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BALLESTAS CARO, Nancy y CÓRDOBA, Juan Carlos El centro de Bogotá un lugar donde se encuentra de todo Publicación Electrónica, 2011 xxx p. ISBN xxx xxx xxx xxx xxx 1. Comunicación 2. Ciudad 3.Imaginarios 4.Ciudadanía

Edición electrónica Nancy Balletas Caro © Juan Carlos Córdoba © 2011 Bogotá – Colombia caronancy@gmail.com juacor31@utadeo.edu.co Diseño de interior y de tapa: Álvaro Rodríguez Hernández ISBN: XXX XXX XXX XXX XXX Publicado en Colombia La reproducción total o parcial de esta obra por cualquier procedimiento, incluidos la reprografía y el tratamiento informático, así como la distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamo, quedan rigurosamente prohibidas sin la autorización escrita de los autores y estarán sometidas a las sanciones establecidas por la Ley.


Ă?ndice


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INTRODUCCIÓN Los centros de las ciudades a nivel mundial han sido un eje central de las actividades políticas, económicas, socioculturales etc. En el caso de las ciudades europeas, se observa que a pesar de su antigüedad el centro se mantiene vigente como punto neurálgico de la urbe, sin importar el crecimiento de estas hacia los extramuros de la misma. Las grandes nuevas ciudades son un fenómeno de los llamados países subdesarrollados, es decir ciudades que en los últimos cincuenta años han multiplicado varias veces su número de habitantes debido a crisis económicas, 1 conflictos armados o al fortalecimiento del imaginario urbano sobre lo rural , esta situación va a ser una constante principalmente en América Latina y el Sudoeste Asiático. La nuevas metrópolis y megalópolis2 en países subdesarrollados como Ciudad de México, Sao Paulo, Kuala Laumpur, Bangkok, Yakarta han condenado al deterioro y decadencia sus Centros, trasladando la actividad comercial, financiera, social, recreativa, educativa etc., hacia otras áreas de la ciudad arquitectónicamente más modernas y con mayor estatus económico por encima de lo tradicional y funcional que pueda ofrecer el centro. En los últimos años varios alcaldes de las grandes ciudades del mundo han adelantado programas de recuperación de sus centros, no solo a nivel arquitectónico sino también a nivel social y de los imaginarios que los habitantes de las ciudades tienen sobre estos sectores.

1 Los imaginarios urbanos como maneras en que las sociedades se representan a sí mismas en las ciudades y construyen sus modos de comunicación y sus códigos de comprensión de la vida urbana, y la imaginación urbana como dimensión de la reflexión político-técnica, tomado de Imaginarios e Imaginación Urbana de Adrián Gurelik. 2 Las definiciones de metrópoli y megalópolis depende del número de habitantes de las ciudades, la metrópolis se define como f. Ciudad principal de provincia o Estado. País considerado respecto de sus colonias, se afirma que una metrópoli es una ciudad que pude tener un máximo de 10 millones de habitantes si supera esta cifra y tiene, las estructura física adecuada junto con reconocimiento internacional, pasa a ser considerada de megalópolis.


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Otro ejemplo es de la ciudad de Sao Paulo donde el proyecto de recuperación del centro ya completa 6 años de éxito parcial, porque a pesar de haber conseguido revitalizarlo no consiguió impedir la migración de la actividad hotelera hacia otros sectores más seguros. New York y Sao Paulo prueban la importancia del tema del centro de las ciudades para las administraciones locales, en el caso de Bogotá su recuperación incidiría directamente en una resignificación del concepto general de la ciudad y podría generar una apropiación no solo del espacio sino de las problemáticas y el futuro de este sector de la ciudad.

Este libro establece un escenario para ver las formas de configuración social, las cuales se refieren a los procesos por los cuales una sociedad establece vínculos de carácter administrativo, económico, social, cultural, político y religioso que regulan la vida en común, además de la construcción de la relación entre Estado y ciudadano para de esta forma evidenciar la puesta en escena del ejercicio cotidiano de la ciudadanía. En este estudio del centro de Bogotá propone la calle como escenario paralelo al Estado donde sucede la participación, entendida esta como un proceso social y donde las esferas de lo público y lo privado se entrelazan con las prácticas socioculturales y con los procesos comunicativos. Si bien se entiende el centro de la ciudad como un elemento simbólico de la nación, el cual recibe múltiples influencias como el de la globalización, proponemos que la participación en la calle se configura desde lo simbólico, construido en la realidad desde lo cotidiano con intercambios lógicos de sentido, usuarios/consumidores y transeúntes.

Este trabajo es una mirada a las relaciones tanto formales y estructurales que el ciudadano establece con el Estado a través de sus mecanismos de apropiación como ciudadano de espacios públicos usados y consumidos en el cotidiano.

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Para desarrollar esta propuesta recurrimos a categorías como; opinión pública, lo ciudadano, La Norma, el imaginario visto desde Dittus, los no lugares, la construcción de sentido propuesta por Benjamim, las nociones de reproducccion y reapropiacion a la luz de Barbero, y la propuesta de cotidiano hecha por Certeau

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Este trabajo propone una estructura comunicacional que permita la comprensión de la relación entre lo público como espacio, los procesos de reconfiguración y resignificación de los imaginarios, usos y consumos sociales del Centro de Bogotá.

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Ejemplos como el de la ciudad de Nueva York la cual durante la administración del Alcalde Rudolf Gulliani recuperó áreas vitales del Distrito de Manhattan como Down Town y Broodway y evitó que la actividad financiera, cultural y habitacional emigrara a otros sectores o en el peor de los casos a otras ciudades.


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¿POR QUÉ RECUPERAR EL CENTRO?

Recuperar el centro de Bogotá implica reconocer un espacio vital de la ciudad. Pero la utilización de términos como recuperación y revitalización urbana conlleva a una interpretación tradicional dirigida hacia lo arquitectónico, especialmente lo relacionado con el patrimonio histórico. También se habla de recuperación social, la cual significa mejorar la calidad de vida de las personas que habitan o transitan por el lugar, en el caso específico del centro de Bogotá poblaciones como recicladores, trabajadoras sexuales, los denominados niños de la calle, mendigos entre otros estarían cobijados en este concepto. Lo arquitectónico como componente de la conformación espacio humano sumado a la recuperación de la calidad de vida de las personas del sector arrojaría como resultado un centro estéticamente más agradable, lo que redundaría en un concepto favorable del lugar, no solo por sus habitantes sino también por la ciudad en general. Los esfuerzos públicos y privados de revitalización de un sector de una ciudad pueden verse disminuidos si existen nociones muy arraigadas en la población; Conceptos como inseguro, feo, decadente, maloliente, popular se insertan y pueden propagarse indiscriminadamente en los habitantes de diferentes sectores de la ciudad, incidiendo en que estos ciudadanos eviten transitar o realizar determinados tipos de actividades como ir a bancos, compras, tramites notariales, diversión, estudiar y trabajar. El sociólogo colombiano Armando Silva en su serie de Ciudades Imaginadas propone ejemplos como el de Ciudad de México donde los habitantes convivieron durante años con el mal olor del caño del Hidalgo y aún después realizar obras para canalizarlo de forma subterránea, los habitantes aun percibían un olor que no existía pero del cual habían escuchado hablar. O el caso de Santiago de Chile donde sus habitantes herederos de una dictadura militar de 17 años 1973-1991 evitan, años después de terminado el régimen, salir de noche en una de las ciudades más seguras de América Latina. La pregunta que aquí se plantea es; ¿los bogotanos qué conceptos arraigados tienen sobre el centro de la ciudad? Es así como las instituciones públicas o privadas instaladas en el Centro de la ciudad que planean seguir en este sector y necesitan mantener o aumentar su afluencia de público están obligadas a liderar o participar de los programas de recuperación no sólo en su parte física, arquitectónica y social. La comunicación en este caso se convierte en un instrumento que posibilita el rescate de la historia del Centro como un punto neurálgico en la ciudad y ofrece mecanismos para que los bogotanos y los visitantes hagan una nueva lectura


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La salida de buena parte de facultades de las universidades Central, Libre Rosario, así como la sede del Jockey Club del centro de la ciudad y años atrás la instalación de una sucursal de la oficina para la expedición de pasaportes en el norte de la ciudad, entre otros fenómenos, disminuye o cambia el flujo de personas hacia el centro, comenzamos a hablar de un “centro móvil”, Una modificación de esta tendencia beneficiaría las instituciones que están instaladas en el sector y que realizan inversiones en este como la Universidad Jorge Tadeo Lozano, la universidad Externado de Colombia y la universidad de los Andes entre otras.

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Estudios cualitativos sobre cómo las personas ven y usan el centro de la ciudad permitirían determinar si los proyectos diseñados para esta zona serían acogidos como buenas propuestas por una población heterogénea de la ciudad, permitirían prever qué tan eficaces son las campañas publicitarias y comunicativas que eventualmente se realicen con el objetivo de cambiar la imagen sobre el sector, permitirían asesorar a instituciones públicas y privadas que tengan entre sus objetivos el centro de la ciudad.

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del sector no sólo como un área más agradable en materia de seguridad, limpieza, belleza arquitectónica etc. Sino que tengan un concepto positivo sobre el centro, que redunde en el beneficio y en el uso de las instituciones públicas o privadas que se encuentran instaladas allí.

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“En el centro se encuentra de todo” Un imaginario que muestra la relación Estado-ciudadano en el centro de Bogotá

Este libro propone un escenario para ver las formas de construcción de relación entre Estado y ciudadano en el Centro de Bogotá, donde el Estado se autoregula y acepta de forma no oficial, las estructuras de participación de la ciudadanía que son implementadas en el espacio público y también reconoce que estas estrategias de organización existen y son frecuentemente validadas por la práctica socio-cultural. La necesidad de evidenciar la puesta en escena del ejercicio de la ciudadanía el cual se da en el cotidiano de las calles del Centro pone en evidencia la verticalidad de las relaciones con el Estado, el intercambio de sentidos y la circulación de lo simbólico, los cuales dan paso a un escenario que parece desproporcionado y que supera diariamente la realidad. Las esferas de lo público y lo privado se cruzan en una dimensión casi irreconciliable ya que las fracturas entre la administración del Estado y la participación ciudadana, se han convertido en una amalgama de pseudorealidades. Las relaciones cotidianas en el centro de Bogotá están mediadas por una presencia real del Estado tanto en su infraestructura como en un conjunto de proyectos y estrategias de regulación social, pero al mismo tiempo, estas formas de regulación entran a ser escenario de discusión en cuanto a las formas de apropiación y vivencialización. Existe un criterio de co-existencia entre el Estado y el ciudadano donde se piensa lo público como la apropiación de todo aquello que está abierto, un escenario de libre uso y consumo al que todos los ciudadanos tienen derecho. La configuración social se refiere directamente a los procesos que permiten a una sociedad establecer vínculos de carácter administrativo, económico, social, cultural, político y religioso que regulan la vida en común, dadas las condiciones de cultura en tanto que definición del modelo socio-administrativo que impera en la sociedad occidental. Al contrario del Estado, la calle es una constante validación del ejercicio del poder participativo. La necesidad imperante de reafirmar el territorio, la extensión, la propiedad, la permanencia y el mercado, hacen visibles a personajes que como sus iguales o sus subordinados son reconocidos como dominantes y dominados en el territorio. Una de las afirmaciones constantes de los bogotanos es “en el centro se encuentra de todo”. Esta afirmación de “encontrar de todo” categoriza lo público como una propiedad manipulable, apropiables, pero especialmente reconocida. Este criterio de apropiación implica por tanto incluir, por la vía de los


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procesos comunicacionales, el acceso a los oídos, voces y percepciones de la ciudadanía sobre su propia configuración socio-cultural.

El tiempo y el espacio aparecen en ciertos imaginarios como escenarios estáticos a los que se les atribuye la totalidad de su existencia en términos como “siempre ha estado ahí”, revelación que reafirma la explicación de las situaciones comunicacionales.

Así, aunque desde las estructuras reguladoras de carácter formal como el Estado, existen una serie de mecanismos que garantizan la relación pública, es en los públicos cotidianos en los que estas estructuras encuentran el escenario de validación y respaldo, o por el contrario, el escenario de rechazo. En esta arena, para el Estado la inclusión como componente de apropiación ciudadana está representado en lo social, lo cultural, lo político, lo económico y hoy, más que nunca, en el discurso de lo ciudadano. Este último aspecto, sobre lo ciudadano también se expresa de forma inclusiva, pero al mismo tiempo se presenta como dicotomía, la calle revela otra mediación que si bien contempla los mismos escenarios estatales institucionalizados, es aún mucho más compleja y elaborada porque está constituida por la oralidad. Este performance es el punto clave de este libro.

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3 ELIAS, Norbert. (1989). Sobre el tiempo. Madrid. FCE.

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En este mismo sentido Pierre BOURDIEU plantea una relación comunicacional denominada espacio social en la que se configura un sistema de posiciones sociales que se definen las unas en relación con las otras (por ejemplo, autoridad / súbdito; jefe / subordinado; patrón / empleado; hombre / mujer; rico / pobre; distinguido / popular; etc.). El “valor” de una posición se mide por la distancia social creada a través de las formas aprendidas socialmente para la estandarización y la homogenización de las categorías calificativas.

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En este sentido, Norbert ELIAS3 propone una lectura en la que el espacio pasa por la normatización y por la ritualidad, en él toma fuerza lo "restringido"; tiende al mantenimiento y a la reproducción de la situación existente, el dispositivo extendido tiende a una incorporación de toda la sociedad, el espacio como muestra de la civilización y cuyo uso cambia dependiendo del momento histórico, así, la zona de observación revela estas relaciones comunicacionales que permiten contemplar en la cotidianidad la hibridación del fenómeno sociocultural.


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Lo público se plantea como criterio y categoría para la comprensión del imaginario porque allí, la convergencia de lo oral, la práctica cultural y la práctica social confluyen para validar imaginarios y para dimensionar lo multidimensional de la realidad. El centro es un escenario que está fragmentado no sólo en el imaginario sino también en lo geográfico y la fragmentación está dada desde los bienes y servicios que allí conviven porque en el referente geográfico del ciudadano hay un lugar para cada cosa porque “en el centro uno encuentra de todo”. Esta afirmación contundente es entonces el hilo conductor del análisis de lo comunicacional, pero es también el objeto que permite hacer las lecturas de los fragmentos y del escenario. La afirmación de “todo”, es también la afirmación del “otro”, es decir, también se convierte en un escenario de reconocimiento de lo público inclusivo y fragmentado tanto en la usabilidad, en el consumo y muy particularmente revelado en la territorialidad. El Centro como objeto de análisis revela varias configuraciones de realidad mediadas por la relación ciudadano/Estado. Cuando la norma se transgrede, la sociedad siente que se pierden estructuras de valores, comportamentales, del ser ciudadano, pero a pesar de esta pérdida, la sociedad se auto-regulariza 4 para construir comunicacionalmente los que LAKOFF y JOHNSON han denominado “metáforas espacio-temporales”, en las que a través de la circulación de discursos de todo tipo, la sociedad aprende la manera como debe organizarse en todos los órdenes, además de incorporar estas autoregularizaciones en la esfera privada y pública.

4 LAKOFF, George y JOHNSON, Mark. (1980). Metaphors We Live By. Chicago: Chicago University Press; trad. cast. 1986. Metáforas de la vida cotidiana. Madrid: Cátedra. En Metáforas de la vida cotidiana los autores presentan tres tipos distintos de estructuras conceptuales metafóricas: 1. Metáforas orientacionales: organizan un sistema global de conceptos con relación a otro sistema. La mayoría de ellas tienen que ver con la orientación espacial y nacen de nuestra constitución física. Las principales son ARRIBA/ABAJO, DENTRO/FUERA, DELANTE /DETRAS, PROFUNDO/ S U P E R F I C I A L , C E N T R A L / P E R I F É R I C O . Por ejemplo, LO BUENO ES ARRIBA, LO MALO ES ABAJO: estatus alto, estatus bajo; las cosas van hacia arriba, vamos cuesta abajo; alta calidad, baja calidad; Su Alteza Real; bajeza de nacimiento; LA VIRTUD ES ARRIBA, EL VICIO ES ABAJO: alguien tiene pensamientos elevados o rastreros, si se deja arrastrar por las más bajas pasiones, cae muy bajo o en el abismo del vicio; los bajos fondos; alteza de miras, bajeza moral. FELIZ es ARRIBA, TRISTE es ABAJO: me levantó el ánimo; tuve un bajón, estoy hundido, sentirse bajo; caer en una depresión, etc., etc. 2. Metáforas ontológicas: por las que se categoriza un fenómeno de forma peculiar mediante su consideración como una entidad, una sustancia, un recipiente, una persona, etc. Por ejemplo, LA MENTE HUMANA ES UN RECIPIENTE: No me cabe en la cabeza; no me entra la lección; tener algo en mente; o tener la mente vacía; métete esto en la cabeza; tener una melodía en la cabeza; estoy saturado; ser un cabeza hueca; etc., por no recordar las expresiones coloquiales 'tarro', 'perola', 'olla' y las diversas formas en que suelen ser usadas: se le ha ido la olla, etc. 3. Metáforas estructurales: en las que una actividad o una experiencia se estructura en términos de otra. Así, COMPRENDER ES VER, UNA DISCUSIÓN ES UNA GUERRA. Ej. UN DISCURSO (¡o una clase!) ES UN TEJIDO: se puede perder el hilo; las ideas pueden estar mal hilvanadas o deshilvanadas, al hilo de lo que iba diciendo; puede faltar un hilo argumental o conductor; un argumento puede ser retorcido, el discurso tiene un nudo y un desenlace; se atan cabos, se pega la hebra; se hila muy fino, etc., etc.


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La relación dada entre la funcionalidad del Estado a través de los escenarios administrativos está mediada comunicacionalmente por la percepción de utilidad que el ciudadano ve en las instituciones. Los servicios prestados por las instituciones son útiles en la medida en que responden a los requerimientos imnediatos de los ciudadanos, pero no son comprendidos como la estructura de administración y regularización, sino por el contrario, como limitantes de la cosntrucción de proyectos. Por esta razón, es lógica la relación que puede evidenciarse entre la contradicción entre imaginario/norma/Estado regulador/ciudadanía.

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LOS USOS Y LOS CONSUMOS EN EL CENTRO DE BOGOTÁ

La teoría de Usos y Consumos genera desde la reflexión en comunicación un escenario en el que es posible develar las formas de producción de bienes culturales de una sociedad, así como sus formas de apropiación y por ende la configuración de los imaginarios, en el caso del el Centro de Bogotá permite la comprensión de los procesos de interacción entre usuarios, consumidores y transeúntes del sector. Comprender cómo se articulan en esta dinámica comunicacional el capital, el trabajo y los procesos simbólicos que en la arena de la interacción dan al Centro de Bogotá la dimensión de la coexistencia y de lo posible. Este fenómeno está mediado por la tradición, la manufactura y la industrialización de la producción, así como de la implementación de lo moderno en el Estado, en tanto que se desarrollan un conjunto de políticas administrativas que involucran a la zona y que tienen como objetivo reconfigurar las relaciones Estado-ciudadano. El Centro pasa a ser un laboratorio de la implementación de estas estructuras estatales, ya que la convivencia de las entidades públicas y privadas posibilita mirar lo formal y lo informal como una pequeña radiografía del país. Lo que sucede en el Centro de Bogotá es un reflejo de las connotaciones socioculturales del país. La presencialidad de la empresa privada y constituida, así como la evidencia clara de lo informal hacen posible pensar en la usabilidad y el consumo de una zona de ciudad que es calificada desde toda óptica posible con una afirmación contundente: “en el centro se encuentra todo”. Desde la visibilización de la usabilidad para dar respuesta a los consumos pueden verse y vivirse escenarios en los que la fabricación, circulación, la comercialización de varios productos de diferentes gremios son adaptados constantemente a la dimensión de la moda, las posibilidades de adquisición económica, las demandas del mercado en tanto que el consumo y la funcionalidad, la competencia y la temporalidad. La temporalidad como regulador de las relaciones de sostenibilidad y permanencia de los productos culturales revela un mapa de transformaciones del consumo en el Centro, ya que en este escenario se permean todas las formas de la producción que satisfacen la oferta, la demanda y la creación de necesidades, es decir, se traduce el consumo en espacios y objetos que conforman la nueva dimensión de la economía básica, esta suple necesidades reales, contempladas en lo que se denomina la canasta familiar, pero en contrapeso, entran otros productos que la mediación y las mediatizaciones van presentado como productos básicos para el mejoramiento de la calidad de vida.


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Cine y literatura, dos escenarios actuales en la vida activa del Centro, son manifestaciones reales de estas coexistencias, que vistas desde las políticas gubernamentales son factibles de generar mecanismos de control, pero, que en la cotidianidad, son simplemente las formas de expresión social de una sociedad que requiere adquirir y acercarse a los mercados que se validan a través de los medios masivos de comunicación y que en muchas ocasiones son la prolongación de las políticas culturales del Estado.

Por lo anterior, lo público parece traducirse en el uso y en el consumo como la funcionalidad del mercado en tanto que para dar respuesta a las necesidades reales y las necesidades creadas de la sociedad el mercado cumple con la acción del desplazamiento de varias formas de producción en tanto que creación y valida y homogeniza la producción en masa de los productos que hacen parte del universo de lo tradicional, pero al mismo tiempo, de los 5 productos que forman parte del escenario de la moda . Estas masificaciones de las formas de producción condicionan los nuevos escenarios de la manufactura industrializada que no solo varía en el concepto de calidad sino de utilidad, usabilidad y temporalidad, así como en el de calidad y durabilidad. Los productos están allí, están presentes, tanto en formas reales y de alto nivel de calidad en la producción, así como las imitaciones que desde

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5 En esta dinámica entra también la estructura Estatal. Los mecanismos que se han diseñado para el acercamiento del ciudadano al Estado responden a los mismos criterios con los que el mercado presenta su amplia producción. Así, la producción discursiva visual de los servicios que obtiene el usuario frente a las entidades estatales circulan hoy de forma impresa o audiovisual retando generando interpretaciones comunicacionales diversas con mayor o menor grado de funcionalidad.

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En este sentido, la validación del mercado de la funcionalidad reconoce también las formas no formales o ilegitimas de la producción cultural y tanto la formalidad como la ilegalidad conviven dando un panorama mucho más complejo de lo que significa “lo público”, situación que vuelve a visibilizarse a través del análisis del consumo.

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Estas formas de reproducción de esta calidad de vida se traducen en la circulación social del mercado de la recreación y el entretenimiento, además de la permanencia de los objetos, y servicios tradicionales o básicos. Estas necesidades creadas activan la comercialización de bienes tales como las películas piratas. A esta situación se suma un argumento cultural real del acceso a la lectura, así, también se valida una figura comunicacional de coexistencia entre la producción literaria que se comercializa en las librerías y se valida el reconocimiento de una zona como el mercado de libros de segunda o libros piratas en las Plazoletas del Rosario y San Victorino.


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el discurso de la calle “sirven para lo mismo”, “es lo mismo” más barato para la clase popular o porque simplemente se parte un criterio de usabilidad completamente mediatizado y una vez satisfecha la necesidad, este objeto pasa a ser parte de un sin número de objetos que estorban, que ya no tienen vida útil y que quedan olvidados en algún rincón de la casa, pero que colmaron las necesidades inmediatas. Una vez experimentado el uso/consumo, la acción comunicativa comienza a revelar otro mapa interno y es el de la complejidad de la territorialidad. Esta ya no está circunscrita a la demarcación espacial tangible, sino que la territorialidad, como lo ha planteado Marshall McLUHAN se ha convertido en una prolongación de la corporalidad y de sus formas de configuración. Así, la territorialidad de usos y consumos en el Centro abarcan escenarios de bienes y 6 servicios de todo tipo . La mirada expuesta en el anterior párrafo permite comprender, desde este universo comunicacional que, dadas las condiciones de producción y circulación de estos mercados, también el escenario se reconfigura ya que los territorios se transforman constantemente y se validan a través de la palabra, es decir, que aunque el escenario sea estático como el caso de la esquina, la plaza y la plazoleta, la circulación de los productos puede cambiar constantemente. Este aparte ofrece por lo tanto dos perspectivas territoriales: la primera de ella obedece a aquellos patrones de usabilidad y consumo establecidos como parámetros de la organización socio-comercial del centro, así como, en segunda perspectiva, evidencia la aparición de una usabilidad y un consumo móvil y mediatizado. En el caso del primer escenario, se valida la presencialidad simbólicoconsensuada como la presencialidad simbólico-mediática. Existen en el Centro de la ciudad espacios comerciales que tienen una carga simbólica de alto nivel de reconocimiento, es decir, cuando se hace el rastreo de la expresión social sobre su existencia, se hace una clara referenciación de su función y de su 7 historicidad . En estas representaciones simbólico-consensuadas se expresa un sentido de la historia, la permanencia y hasta cierto punto de la tradición propia de la ciudad y su cultura eminentemente bogotana.

6 La tabla anexa rastrea 64 servicios detectados en el Centro de la ciudad como indicadores de uso/consumo 7 LE GRAND, Michel. (2000). para este autor, el concepto de “historicidad” va más allá de la narración del relato cotidiano de un conjunto de experiencias y por el contrario, da a la palabra un valor amplio en la configuración del mapa identitario, porque, la memoria, la narración cotidiana y las reconfiguraciones de sentido posibilitan unas dimensiones de realidad que la memoria formal u oficial eliminan en la construcción del relato homogéneo. La historicidad presenta una profunda riqueza de autenticidad en tanto que la configuración discursiva no sólo está constituida del relato real en los hechos en sí mismo, sino que guardan las proporciones del posicionamiento mental y resignificado de la realidad con dimensiones críticas, sesgadas, pero que reflejan gran parte de los sentires locales que finalmente terminan sosteniendo en la memoria tangencial y en la memoria colectiva la existencia de un sin número de situaciones, lugares y personales porque tiene un alto sentido de la connotación identitaria.


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Otros escenarios como las cafeterías, las calles de comercios formales e informales, espacios productivos de carácter estatal o privado han encontrado su lugar en la memoria contemporánea y de corta duración de la ciudadanía. Lo simbólico-mediatizado ha configurado a fuerza de reproducción y repetición una serie de escenarios, personajes y situaciones que parecen diluirse de forma natural en el Centro, como dando la impresión de su presencialidad histórica, cuestión irreal y por el contrario maquillada para aparecer en la memoria histórica colectiva. Esta dicotomía comunicacional entre lo simbólico-consensuado y lo simbólicomediático permite comprender que lo popular cuenta en tanto que factor potencial del mercado, pero a la vez, lo popular no se asimila y contempla como forma de acción inclusiva de lo público como el reconocimiento de la producción cultural que amplía la diversidad que desde el mismo mercado trata de homogenizarse. Si bien el Centro acoge “todo”, también el Centro en sus usos y consumos homogeniza y estandariza su producción cultural que da la sensación de un mundo “globalizado”, de un mercado abierto, de un intercambio cultural que se expresa en las marquillas y la publicidad “made in”, cuestión que también responde a los criterios del maquillaje de marca y de presencialidad real de las producciones formales de grandes firmas legalmente instituidas en el país.

8 PARK, Robert. (1925). The city. Universidad de Chicago. Universidad de Chicago Press

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El Centro creó la ilusión de lo multicultural y efectivamente en la expresión social “en el centro hay de todo”, se descubre lo chino, lo árabe, lo japonés, lo norteamericano, lo nacional, lo popular, pero lo que se traduce de esta

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En este sentido, lo simbólico-consensuado retoma profundamente las raíces identitarias que se han configurado a través de la práctica cultural para conformar un tejido hegemónico que se reconfigura todo el tiempo a través de la palabra. Así, los centros de este mercado no sólo están habilitados desde el uso, sino que han pasado al universo del consumo en tanto que este es una prolongación de lo histórico-identitario, está inserto en la memoria colectiva, está presente como referente social para las generaciones que pasan su vida en contacto con el Centro de la ciudad.

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La Bogotá tradicional se revela como un espacio denominado por Robert 8 PARK como el segundo círculo de estructuración espacial. En este coexisten las múltiples relaciones comerciales de las clases burguesas y sus públicos populares; lugares como las tiendas de ropa clásica, de telas, sombrererías, tipografías, boticas y farmacias, salones de onces, tertuliaderos, sobanderos, artículos religiosos, relojerías y joyerías, tiendas de ropa para fiestas como bautizo, primera comunión, etc. , los barrios tradicionales y las casas de fotografía con nombre propio y firma social, los pasajes comerciales como el Rivas y el Hernández, conforman una amalgama de la representación social, de poder, de jerarquía y hegemonía de lo público, la usabilidad y el consumo.


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afirmación no es la diversificación del mercado en tanto que la inclusión de producciones reales, sino la presencialidad a través del mercado de mercancías fabricadas a nivel local, con marquillas locales de nombre internacional. Cuando se habla de mercancías se hace referencia a todo producto que circula con nombre propio y cualidades propias e importadas, así como la comida internacional, los electrodomésticos internacionales, las películas norteamericanas, europeas y asiáticas, los libros, revistas y publicaciones impresas internacionales, la ropa de otras marcas, los espectáculos musicales de otros países y otras tanta expresiones que rivalizan en la competencia de la adquisición y no en la competencia de la calidad. Bajo estos parámetros de impulsar la convivencia con el mundo globalizado, el mercado se convierte en el centro de toda forma de industrialización cultural. La discusión sobre lo que se define como producción cultural está dada en la medida en la que hoy todas las formas de expresión forman parte del universo cultural-social, es decir, que aquello que está enmarcado en lo tradicional o en el folklor nacional, o aquello que se revela como novedoso, innovador, copia o reproducción de ciertas prácticas culturales de carácter internacional, se establecen como parte del universo de lo que da identidad a la sociedad. En este sentido, este mercado que acoge y abre constantemente escenarios a estas industrias culturales tiende a producir comunicacionalmente un mensaje de asimilar lo popular a lo masivo como si ambos escenarios – lo popular y lo masivo- fuesen lo mismo. Lo popular entra a la dinámica de lo mercantil dando respuesta localizadas y glocalizadas a problemática del modelo global que se impone en occidente y que toca a otros continentes, por ello, la coexistencia de los productos de manufactura internacional entran al mercado nacional con un menor costo, desplazando la manufactura tradicional que cuesta mucho más y que es asimilada como un lujo innecesario. Esta competitividad, en el análisis de lo comunicacional refleja entonces que las prácticas socio-culturales reafirman constantemente esta coexistencia de lo formal y lo informal. En este escenario de usos y consumos, lo popular sigue siendo una denominación estrictamente un “proceso de ensamblado multinacional, una articulación flexible de partes, un montaje de rasgos de cualquier ciudadano de cualquier país, religión o ideología puede leer y usar.”9 En este caso, el proceso comunicacional revela una globalización que supone una interacción funcional de actividades económicas y culturales dispersas, bienes y servicios generados por un sistema con muchos centros en los que se incorpora lo nacional, lo internacional, lo global y lo glocal.

9 GARCÍA CANCLINI, Néstor. (1995). “Consumidores y ciudadanos: Conflictos culturales de la globalización”.Editorial Grijalbo, México. P.16.


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En esta dinámica, los bienes y servicios circulan a través de todas las capas sociales y comunicacionalmente no existe el criterio de escasez, pero, es una situación en la que se revela el carácter diferenciador del acceso a estos bienes y servicios ya que los niveles de apropiación están dados de forma diferencial por las distintas clases sociales y las estrategias de distinción que elaboran al usarlos.

Así, la cotidianidad posibilita la visibilización de lo simbólico del consumo como un regulador de las relaciones sociales que dan sentido y crean prioridades de sociedad homogénea, en tanto que es la misma sociedad la que categoriza las pertinencias que da cada clase social a la realidad, pero, no por ello, deja de lado aquellas formas de la moda. La clase social no puede ser definida por una sola variable o propiedad ni siquiera la más determinante: "el volumen y la estructura del capital", ni por "una suma de propiedades” (origen social + ingresos + nivel de instrucción, "sino por la estructura de las relaciones entre todas las propiedades pertinentes que confiere a cada una de ellas y a los efectos que ella ejerce sobre las prácticas su valor propio"10.

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10 BOURDIEU, Pierre. (1988). La distintion. París, Minuit, 1979. La traducción fue publicada por Taurus. Pp. 117-118.

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Allí, en esta dimensión, los bienes y servicios se convierten en el escenario propicio para que el Estado revele su presencia a través de la implementación de infraestructura y programas que reafirman imaginario de la participación, la regulación y modernización. Lo cual formaliza la dimensión comunicacional de la apropiación desigual de los bienes económicos y culturales, comprensión y reproducción subordinada de las propias condiciones de vida y la incorporación de discursos locales, regionales y nacionales de formas de migración, ya sea al interior del país o para reafirmar la inmigración ilegal hacia Europa, Estados Unidos o América latina.

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Este proceso comunicacional crea estructuras que superponen el concepto de consumo en dos sentidos: el primero de ellos, valida el modelo económico del capitalismo. El segundo establece vínculos entre estas formas de producción, circulación y significación de estos bienes. Esta relación comunicacional se revela en las formas de la estructura social dadas en la apropiación de los bienes, pero también en su definición simbólica, ya que estos bienes transmutan en su uso. En el Centro frecuente notar la demarcación territorial de la circulación de bienes y servicios, ya que cuentan con reproducciones simbólicas mediáticas, es decir, cuentan con la infraestructura conceptual de la moda.


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“Dado que en las sociedades "modernas" la vida social se reproduce en campos (económico, político, científico, artístico), que funcionan con una fuerte 11 independencia” la Comunicación aborda las formas de construcción de la interacción, ya que es en estas configuraciones interaccionales en las que es posible explicar estas co-existencias de categorización de clase y poder adquisitivo.

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En ese sentido, el Centro alberga a todas las representaciones de las clases sociales cuyas denominaciones responden a las categorías creadas de forma cultural a través de las prácticas socio-culturales.

11 ASTUDILLO, Francisco. (2007). Campo y recepción: los públicos del arte. Publicado en: http://209.85.165.104/search?q=cache:7mo5ZfAfqn4J:leartoflife.blogs p o t . c o m / 2 0 0 7 / 0 1 / b l o g post.html+Dado+que+en+las+sociedades+%22modernas%22+la+vid a+social+se+reproduce+en+campos+(econ%C3%B3mico,+pol%C3% ADtico,+cient%C3%ADfico,+art%C3%ADstico),+que+funcionan+con+ una+fuerte+independencia&hl=es&ct=clnk&cd=1&gl=es


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LOS IMAGINARIOS EN EL CENTRO DE BOGOTÁ Los Imaginarios y mediaciones son dos conceptos propios de la reflexión de la comunicación que dan paso a una dinámica que se reafirma constantemente en lo cotidiano del Centro de Bogotá. Los imaginarios se traducen en las prácticas socio-culturales y en ocasiones rebasan a la realidad. El imaginario mira el escenario de lo popular como una amalgama de configuraciones de sentido que se confabulan para darle una personalidad a la zona del Centro y hacer de él un espacio auténtico en tanto que puede albergar las manifestaciones de la realidad social de la capital del país. En esta convivialidad, asume Jesús MARTÍN-BARBERO que la visión de lo popular está en el fondo de toda estética culta, no letrada, que significa que no está en los libros, está en la canción, en el refrán, en las historias que se cuentan de boca en boca, en los chistes, en los cuentos que circulan y se consumen, pero las formas como las personas acceden a actividades cultas no son en los mismo espacios utilizados por la élite. Un ejemplo evidente de esta afirmación se traduce en el cotidiano del Centro, en el que los libros se compran en kioscos o en los mercados abiertos ubicados en San Victorino o en la Plazoleta del Rosario, lo que pone en evidencia el acceso diferenciado y diferenciador del criterio librería y venta callejera. Aquello que llega a la librería va desde lo formal a la competencia del mercado de lo informal y debe sostenerse ya que debe reafirmar, ya no la ilegalidad de “lo pirata”, sino por el contrario, la versión completa, inalterada, conservable y en un precio que no dista mucho de la competencia callejera. Así mismo, este acto/reproductor de la originalidad pasa por el acto de la reproductividad y desea reivindicarse en la originalidad, pero, dentro de las vivencias del cotidiano puede verse como otros espacios diferentes al del libro también muestran sus segregaciones comunicacionales. En este sentido, el teatro que el popular ve, es apreciado, consumido y gozado en el escenario de la calle, no en las salas de teatro, que dan una categoría de acceso, ya no al acto mismo, sino a una demostración de lo adquisitivo de la ley de oferta y demanda del bien cultural. Otro ejemplo es que mientras existen los centros comerciales y los hipercentros de servicios especializados como en decoración y construcción, en el Centro estos mismo servicios se prestan en calles especificas, que aunque por fuera de las guías de servicios hechas en papel de la ciudad, existen en el imaginario de gran parte de los habitantes de la ciudad, los cuales a través de lo oral y lo expresivo ponen de manifiesto la existencia y funcionalidad de estos lugares.


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MARTÍN-BARBERO adiciona a la palabra y al gesto otro elemento; la complicidad, presente en el imaginario sobre estos lugares y sus servicios: Lo barato, lo reparado con piezas de otros aparatos llevados con la misma finalidad, la pieza imitada que no importa si es original pero si funcional, la evasión de pago de impuestos, el regateo. Servicios que se enfrentan a los ofertados en otros puntos de la ciudad, que ofrecen además de la distancia del Centro, parqueadero, espacios amplios y modernos junto con precios competitivos.

Las formas de leer, según este autor, son herencia de una tradición “ilustrada”, del proceso educativo de alguien que detenta el poder y lo entrega a un pueblomasa ignorante, proceso que desconoce como la masa discute, crítica, toma posición y hasta reinventa de forma más expresiva los hechos que suceden, expresividad que también está presente en la forma cómo promueven sus negocios; el payaso con megáfono que informa menús y precios, la vendedora que con un: -vecina-, -sigan qué se les ofrece?- muestran una diferencia de 12 una estética popular frente a la culta . Así como los establecimientos comerciales hacen parte de un imaginario que opera en el cotidiano, ciertas prácticas y escenarios evidencian la memoria popular; plazas de mercado, cementerios. Estos escenarios están caracterizados por prácticas que conjugan lo mercantil y lo simbólico. Los lugares públicos a diferencia de lo privado hacen referencia a fechas a y eventos de la historia nacional, en los negocios del Centro en muchos de ellos la figura de familia existe y la atención es personalizada, donde el prestigio de la marca puede ser substituido por la confiabilidad que genere el tendero, los servicios en el centro son ofrecidos a la vista y al oído de todos y donde muchas de estos permiten prácticas ambiguas o irracionales como por ejemplo las salas de proyección de películas xxx, juegos de azar en las calles

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12 BURKE Peter, (1982). “Enfoques oblicuos a la historia de la cultura popular” en: Bigsby, C.W.E., Examen de la cultura popular, México, F.C.E. Así mismo, en Intercom – Sociedade Brasileira de Estudos Interdisciplinares da Comunicação XXX Congresso Brasileiro de Ciências da Comunicação – Santos – 29 de agosto a 2 de setembro de 2007. 1º Colóquio Brasil-Argentina de Ciências da Comunicação Se trata de una lectura de fuentes doblemente indirectas ya que son fuentes que no han sido producidas por las culturas populares mismas, de manera que el investigador debe leer las marcas de lo popular en textos provenientes de “otra cultura”, que además no mantiene una relación de convivencia pacífica con aquella, sino que, por el contrario, es la cultura que la somete. En el Centro de la ciudad se perciben este tipo de prácticas en escenarios como la venta de objetos religiosos, la comercialización de indumentaria militar, los locales de tatuajes.

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La estrategia publicitaria del Centro huye a las estrategias actuales de recurren a la imagen en periódicos y anuncios de televisión, el relato de los servicios que ofrece el Centro se mantiene fiel no sólo a sus dispositivos de enunciación principalmente basados en lo oral , sino también al contexto nacional de crisis y a la moral imperante.

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La enunciación de lo popular relacionado con los lugares no solo es una forma de narrar sino también de leer la ciudad que solo es posible a través de la voz y el gesto y en la cual el papel tiene poca cabida a no ser que este también adapte a las forma del popular como el volante y la tarjeta de recordación del lugar una vez el servicio ha sido adquirido como los servicios de sonido y reparación de aparatos telefónicos de la carrera novena.


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Esta mirada se conecta directamente con la propuesta teórica que desarrolla Rubén DITTUS a propósito de la configuración de los imaginarios, donde se puede afirmar que existen una serie de parámetros donde lo simbólico forma parte de la realidad. Es a través de la referenciación constante de lugares y situaciones que se dan en el Centro de la ciudad donde el discurso adquiere sentido. Así, el imaginario se convierte en el soporte de la construcción de sentido, dándole lugar a la conformación de significados sociales, sin importar que estos se vean traducidos en violencia urbana, institucional o indiferencia generalizada, o por el contrario, altos niveles de apropiación en tanto que uso y consumo, referenciación geográfica o situacional. Así mismo, este soporte de construcción de sentido es el regulador de la construcción de la temporalidad posibilitando las referencias comparativas con el pasado, el presente y el futuro. Esta afirmación sobre la temporalidad se deriva de la existencia de conexiones del referente social de la Ciudad. Si bien es cierto que se ha generado un contacto en la configuración del imaginario, también es cierto, que la definición de la realidad se hace en un proceso comunicacional inmediato, tensionante y bajo la perspectiva de la inmediatez y al mismo tiempo una saturación informacional/mediática. Esta situación se traduce en la manera como las administraciones distritales recientes se hacen visibles a través de eventos de carácter masivo, habilitación de espacios y discursos contundentes sobre la apropiación ciudadana. El resultado de los procesos de comunicación es finalmente la evidenciación del sistema de códigos significantes que se utilizan para designar la realidad dinámica, pero no necesariamente cambiante y las normas que regulan los procesos de interacción. En sí mismo, este proceso es la conjugación del imaginario y la realidad ya que lo que se traduce allí son las formas de comportamiento interaccional de forma codificada y estructurada según la construcción cultura en la que al interior existen códigos de especificidad comunicacional que permiten la regulación de 13 las relaciones sociales . Esta forma de interpretar las relaciones comunicacionales se dan entonces en la cotidianidad de la convivencia de la producción, circulación, comercialización de varios de los productos que están en el Centro de la ciudad como libros, música, los repuestos, las herramientas y otros bienes y servicios.

13 Ibidem. DITTUS, Rubén. (2006). “Hay que ser justos y otorgar gran parte del crédito al desarrollo de la teoría de los imaginarios sociales, en las ciencias sociales a Cornelius CASTORIADIS. El filósofo sostiene que la sociedad se apodera de la imaginación particular del individuo, dejándola manifestarse sola y en o través del sueño, la fantasía, la enfermedad, la transgresión. De este modo el sujeto no pensará ni imaginara mas de lo que socialmente es obligatorio pensar y hacer. CASTORIADIS hace evidente que el imaginario es un fenómeno social-individual y colectivo. Puede ser comprendido como un patrimonio representativo, en otras palabras como un conjunto de imágenes mentales acumuladas por el individuo en el curso de su socialización. La sociedad es creación y creación de sí misma: autocreación. (CASTORIADIS, 1998: 314-315).


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Siguiendo el anterior razonamiento, es entonces pertinente afirmar que el individuo, como lo plantea GOFFMAN, entra en la dinámica de realidad a través de los símbolos y que los referentes simbólicos construidos en el imaginario que se convierten en el punto de relación real y efectiva con la ciudad.

El criterio de interdependencia entre el proceso y la configuración comienza a dar pistas sobre la forma como la realidad se convierte en cotidianidad. Este proceso complejizado de configuración de realidad y dinámica está dado bajo la estructura de las referencias reales o creadas de lo que significa habitar la ciudad, hacer uso de la ciudad, adaptarse a la ciudad, y definir desde la vivencia lo que es la ciudad y por lo tanto la realidad. Otro fenómeno desprendido de la configuración del imaginario es el del juicio explicito de la existencia la cual parece obvia en la vida cotidiana, pero con la evidenciacion de la existencia de la realidad, esta teje un trasfondo mucho más elaborado. La construcción del imaginario del Centro emerge porque lo obvio ya no es tan obvio, las pre-existencias sobre los referentes de la realidad quedan al descubierto porque el consumidor usuario/transeúnte se ve confrontado a una realidad en la que hay/no hay conexiones comunicacionales fortalecidas o por el contrario, son conexiones comunicacionales de un alto/bajo nivel interaccional.

Las formas de relación social de la ciudad tienden a ser cada vez mucho más elaboradas, pero en términos generales, mucho más funcionales. Es al interior de los círculos íntimos en los que fluyen los procesos estructurales, círculos íntimos que consumidor usuario/transeúnte reinterpreta constantemente, porque el acto de resignificación comunicacional también afecta las formas de relación entre el contexto y los miembros de su sociedad o micro-sociedad.

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Las intencionalidades comunicacionales dadas por el imaginario se estrellan constantemente con la intencionalidad comunicacional del nuevo espacio geográfico creado en la reconfiguración del Centro, ya que, en la dinámica administrativa de apropiación se va dibujando el nuevo panorama de la recuperación arquitectónica, la presencialidad institucional del Estado, la incursión de franquicias reconocidas en este nuevo panorama, como es el caso de “Crepes and Waffles”, o la restauración del Hotel Continental, la vigencia mediática de City TV.

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Este proceso permite al consumidor, usuario/transeúnte, verificar que tanto la dimensión del imaginario es coherente con la realidad, pero al tiempo, permite desmitificar al mismo el imaginario. Paralelamente, perece que se produce una reconfiguración del “saber estar en”, es decir, la apropiación de las nuevas formas de interacción exigen de la persona un cambio radical en la forma de establecer las relaciones sociales en las que su carácter de interlocutor/receptor es de total dependencia/subordinación.

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Como consecuencia directa de esta forma de comprensión del imaginario puede pensarse que culturalmente hay una estructura de codificación que regula las formas de interacción y que estas están diseñadas internamente en los grupos sociales dando paso a formas de interacción social generalizada, pero a la vez, pareciera que existen formas de interacciones focalizadas o locales, las cuales son las formas que el consumidor, usuario/transeúnte conoce y por lo tanto, de allí la afirmación de la dimensión de saturación informacional.


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Un ejemplo claro de esta situación es el de servicios tales como lugares de tatuajes, piercing, peluquerías especializadas en la tribu urbana rasta, así como proveedores de cierto tipo de música. Pareciera que estos círculos íntimos se reconfiguran dando paso a otro tipo de intencionalidad comunicacional que trae consigo un conjunto de códigos comportamentales y discursivos en los que se busca dar sentido y construir sentido de realidad tanto social como espacio-temporal. Como resultado del cambio de intencionalidad comunicacional los referentes socio-culturales parecen desdibujarse del discurso identitario al que el consumidor usuario/transeúnte estaba habituado, no porque no existan, sino porque, en el sentido estricto de la realidad inmediata carecen de relevancia o de reconocimiento. El bagaje socio-cultural del consumidor usuario/transeúnte está enmarcado en la cotidianidad, en una historicidad, en una historia que tiene sentido en lo espacio-temporal que le es propio, pero en el nuevo escenario geográfico, su ser ciudadano ya no está presente, su humanidad es desconocida y su reconocimiento en tanto que miembro de un grupo social es completamente fragmentado dada la diversidad de expresiones que encuentran su escenario de validación y presencialidad en el discurso del Centro de la ciudad. En este punto del proceso comunicacional es evidente la existencia de las significaciones compartidas de la realidad. La definición del concepto de imaginario supone no solo el uso de la imaginación en tanto que acto creador, sino que el imaginario va mas allá de esta imaginación y se convierte en el acto de definición y significación de la realidad a través del uso de referentes dados en el consumo real o mediático de imágenes, diálogos, denominaciones, puntos geográficos, rostros, colores, sonidos que de la ciudad se tienen en el “banco de la memoria”. Si bien este imaginario es real, es definible, es diferenciable, también es el mecanismo comunicacional de condicionamiento de la relación que se establece entre consumidor usuario/transeúnte y espacio geográfico, ya que allí se da la experiencia inmediata de la ciudad.


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Con los argumentos anteriores puede entonces afirmarse que los imaginarios sociales actúan como sustento de conservación, cambio y filtro de una realidad significante multidimensional. Esa aproximación al microcosmos social de una problemática va más allá de la descripción misma de la problemática y se adentra en el universo de la construcción de la forma como se configura el orden social así como su permanencia y reproducción. En este sentido son las prácticas cotidianas las encargadas de validar el imaginario que se tiene del mundo en un momento histórico específico, en una cultura determinada, que rigen los procesos de comunicación teniendo en cuenta variables como época o lugar geográfico.

Las prácticas sociales cotidianas han hecho que dentro de la configuración del imaginario urbano exista consumidor usuario/transeúnte como un objeto propio de la vida de las ciudades. El consumidor usuario/transeúnte solo existe para la vida de la ciudad en tanto que escenario socio-económico que se revela en la seguridad, la ampliación de los espacios de desplazamiento, de lugares de divertimento, de lugares de reunión como el café, pero que a fuerza de saturación se invisibiliza porque al consumidor usuario/transeúnte se le ve en las esquinas viviendo su microhistoria, pero como esa historia es repetitiva en tanto que surge de una necesidad específica.

En este sentido, lugares como papelerías, tipografías, almacenes de telas, librerías especializadas, servicios de empastado, peluquerías, gimnasios, puestos de ventas de revistas, Cds y películas de segunda, compraventas, saldos de video, comidas rápidas, cevicherías, cafés-internet, tiendas esotéricas, artículos para motociclistas y ventas de teléfonos fijos, responden al criterio propuesto por el autor y están claramente referenciadas en el Centro de

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Esa inmutabilidad de la situación es entonces una dimensión más del imaginario ya que comunicacionalmente existe un cambio discursivo a propósito de la existencia de ciertos espacios que tiene una única finalidad y son apropiados por el consumidor, usuario/transeúnte en la medida en que significan momentáneamente y se da valor por la usabilidad/utilidad. A esta relación comunicacional Marc AUGÉ ha denominado “los no lugares”, un conjunto de escenarios en los que la interacción está mediada por relaciones inexistentes entre los usuarios, pero en los que los usuarios simulan una relación directa y apropiada, no solo frente al lugar mismo, sino al resto de usuarios.

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Una forma de dimensionar el efecto real del imaginario en el proceso de comunicación es a través de la comprensión de lo mutable y lo inmutable de la sociedad. La problemática del uso/consumo, a los ojos del habitante de la ciudad, es un fragmento más de la sociedad que se ha invisibilizado. En este caso se da a través de la aparición y desaparición de referentes geográficos, referentes históricos, así, el visible el edificio Colpatria, la iglesia de la Nieves o City TV, pero han desaparecido el teatro Colón, las Torres del parque o el Parque Santander.

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El imaginario prevalece en un primer momento como la única significación de realidad, porque una vez en el escenario geográfico, este imaginario cambia de forma imparable y está constantemente reconfigurado y resignificado por la forma en que las condiciones de asentamiento o “regularización” de la vida social se desarrollan en un escenario “artificialmente” creado para usar/consumir.


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la ciudad, demostrando que esta referenciación puede y efectivamente se produce en no importa que escenario urbano. Las dimensiones de mutabilidad e inmutabilidad que incluyen a los “no lugares”15 de los imaginarios son el filtro por el que pasa la realidad y se reconfigura la construcción de sentido ya que estas formas están cargadas de las expresiones de lo cultural, lo social, lo político, lo económico, lo religioso de una sociedad. Esta última afirmación lleva al desarrollo del segundo parámetro propuesto en este análisis: la cotidianidad. Ella se deriva de la complejidad de las representaciones construidas y socialmente mutables e inmutables. La cotidianidad es mucho más amplia que el imaginario y da significado a todos los niveles de sociabilidad de un grupo humano. Así, los imaginarios como filtros dan la posibilidad de reconfigurar constantemente la realidad a través de la validación de representaciones, permitiendo así que el ser social, el ser ciudadano, se construya en una realidad que efectivamente no es única, sino multidimensional dadas las condiciones comunicacionales de la multidimensionalidad de los imaginarios.

16 AUGÉ, Marc. (1993). Los no-lugares. Espacios del anonimato: Una antropología de la sobremodernidad. Barcelona. Editorial Gedisa. Para Augé entre los «no lugares» paradigmáticos se cuentan «las autopistas y los habitáculos móviles llamados «medios de transporte» (aviones, trenes, automóviles), los aeropuertos y las estaciones ferroviarias, las estaciones aeroespaciales, las grandes cadenas hoteleras, los parques de recreo, los supermercados, la madeja compleja, en fin, de las redes de cables o sin hilos que movilizan el espacio extraterrestre a los fines de una comunicación tan extraña que a menudo no pone en contacto al individuo más que con otra imagen de sí mismo». El autor realiza un minucioso análisis de estas superficies a partir de su condición de antropólogo y etnólogo, enmarcándose voluntariamente en la que denomina una «antropología de lo cercano», la cual se sustenta en su defensa de una antropología «del aquí y el ahora». Como observador e investigador de campo, AUGÉ analiza algunos de los procesos habituales del hombre posmoderno –o sobremoderno–, desde la compra de víveres en el supermercado hasta el acceso a las salas de embarque de un aeropuerto. De ese modo, logra descodificar un tipo de lenguaje que es ajeno a la palabra en su concepción tradicional, y que le lleva a afirmar que el usuario, al relacionarse con los no lugares, se inscribe siempre en una relación contractual. Ese contrato «tiene siempre relación con la identidad individual de quien lo suscribe» y se visibiliza de muchas maneras diferentes: de forma expresa mediante el billete que se presenta al revisor, a la azafata o a la salida de la autopista de peaje; de forma tácita, pero también vinculante, al empujar el carrito que el supermercado pone a disposición de los clientes. Aunque con dos precisiones importantes: el usuario del no lugar, señala Augé, siempre ha de probar su inocencia (basta recordar cuántas veces se le demanda el carné), y actúa desposeído de sus identificaciones actuales o habituales. Desde esa caracterización, el hombre del no lugar no es únicamente un hombre anónimo, es, sobre todo, un hombre solo. Y Augé acaba presentando una visión del hombre moderno que cobra las dimensiones de una etnología de la soledad. En los no-lugares abundan tanto las señalizaciones como los textos breves dirigidos a cualquiera y a nadie en particular, los cuales inducen al transeúnte a circular sin relacionarse con sus semejantes. Los contactos son fugaces y tienen poco contenido, aunque suele pretenderse lo contrario; por ejemplo, quienes intercambian mensajes en el libro de visitas de un blog, conociendo del otro apenas un par de datos inconexos, suelen emplear sin mayor sustento palabras afectuosas, agresiones o reproches, asumiendo un papel dentro de una ficción que simula una verdadera comunicación personal. Así mismo ocurre con los usuarios de la peluquería, las tiendas esotéricas, artículos para motocicletas o comidas rápidas.


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Así, el proceso comunicacional de la significación está ligado a dos aspectos dinámicos de la realidad: en primera instancia la configuración de lo cultural, y en segunda los aspectos relacionados con lo económico. Estos dos aspectos marcan una fuerte tendencia en la forma como la sociedad vive y aprehende la Ciudad. En este sentido, el Centro de Bogotá da cabida a un conjunto de sistemas micro-económicos y micro-culturales que validan la afirmación popular de “en el centro se encuentra todo”. Para BENJAMIN “los modos de significación dan cuenta, justamente, de la “experiencia” cuyo fundamento no podría ser sino perceptual y cognitivo, esto es, la configuración del “sensorium”, en una sociedad en que la tecnología y la industrialización son las mediaciones, así como las características tradicionales de la identidad permiten cualquier percepción posible”.

16 BENJAMIN, Walter. (1973). La obra de arte en la época de la reproductibilidad técnica. Publicado en Discursos interrumpidos. Madrid, Taurus.

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A partir de esta premisa, se hace comprensible que esta presencialidad de lo tecnológico, la industrialización y lo tradicional/oral sean componentes permanentes de las relaciones tejidas en el Centro de la ciudad. A lo que va esta afirmación, en tanto que el paso comunicacional que se da de la representación

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BENJAMIN propone sobre la forma de construcción de sentido y configuración de la realidad y del imaginario de la ciudad, la validación de significaciones, reconfiguraciones y resignificaciones que hace el consumidor usuario/transeúnte de su relación con los lugares y las situaciones de interacción, este autor en su experiencia en varias ciudades europeas comienza una reflexión que hoy se hace evidente en la configuración de los significados de la Ciudad como escenario de interacción.

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LA REPRESENTACIÓN, LA REPRODUCCIÓN, LA REAPROPIACIÓN Y LA RESIGNIFICACIÓN EN EL CENTRO DE BOGOTÁ


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a la resignificación no es una cuestión de denominación, es por lo contrario, el producto de una elaboración de referentes, una elaboración que tiene otras mediaciones como la historia/lahistoricidad, el uso/consumo y la apropiación/denominación. En este sentido, la percepción general del Centro de la ciudad desde estas categorías de representación, reproducción, reapropiación y resignificación implican una forma de percepción sensorial que es a la que hace referencia BENJAMIN en su “sensoríum”. Esta percepción no se analiza desde el plano eminentemente afectivo, sino que se entiende como un proceso de construcción de significado/sentido. Esta posibilidad comunicacional de intercambio de sentidos se traduce en el Centro de Bogotá a partir de dos aspectos. Primero, esa percepción desde la tradición de un espacio geográfico con rasgos históricos, arquitectónicos, culturales que están anclados en el inconciente colectivo de los habitantes de la ciudad. El segundo, hace referencia a los procesos de reproducción/reapropiación y resignificación. En el caso de la reproducción/reapropiación se generan las siguientes características comunicacionales: 1. En el caso de la referenciación histórica o la tradición, la reproducción/reapropiación son el producto de la mediación comunicacional en la medida en que la historia y las historicidades han sido aprendidas por el habitante de la ciudad como un discurso a propósito de su identidad que se ha configurado desde una caracterización particular como la bogotana; cargada de connotaciones propias de la ciudad, de formas de narración bogotana y especialmente de hegemonía del discurso de la capital sobre el discurso nacional. 2. Consecuencia de este enunciado es la manera como se presenta al Centro de la ciudad como el pilar de la estructura estatal, el trazado arquitectónico que marca la manera como será configurada la idea de urbe en otros puntos geográficos del país. 3. Así, la reproducción se asemeja a un proceso metonímico de la repetición, pero existen allí carencias comunicacionales que de una u otra manera se revelan, se hacen visibles. Estas manifestaciones de todo tipo son las manifestaciones en la cotidianidad que muestra el Centro. Nuevamente se hace reiterativa la complejidad y la dimensión de la expresión “en el centro se encuentra de todo”, porque los procesos de configuración de lo social están constantemente permeados por las prácticas socio-culturales que están presentes allí. Es decir, que es válida la presencia, manifestación y visibilización de las tribus urbanas así como es válida la visibilización y conservación de la tradición y las configuraciones identitarias que responden a los parámetros de la historia formal. 4. En la medida en que las reproducciones circulan, también se dan las dinámicas de reapropiación propias de la interacción con el escenario. Estas formas de reapropiación son el producto de la mediación del uso/consumo que ya no sólo es de objetos, sino de lugares, actividades y personajes. Así, la proliferación de cafés, que además incorporan la tecnología son un buen ejemplo de este fenómeno. De esta forma la población que se aproxima al Centro de ciudad aprehende este nuevo escenario y lo asocia directamente a una “tradición “de lo que “siempre ha sido el Centro”.


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Una de las formas de comprender esta percepción de la elaboración comunicacional de la representación a la resignificación es a través de la dinámica comunicacional del uso y el consumo, la cuales son trasversales a todo el proceso de representación, el paso de representación a reapropiación arroja niveles de aprehensión comunicativa del Centro ya que las aproximaciones entre consumo o uso establecen modos de significación que se han cambiado sustancialmente las prácticas sociales y culturales que dan sentido a este lugar.

De la misma forma, varias plazoletas han reaparecido, ya no en su esencia misma de punto de encuentro, sino como respuesta a necesidades mediáticamente creadas en la búsqueda de una construcción identitaria de lo que Antanas MOCKUS denominó cultura ciudadana. A esta afirmación puede dársele la categoría comunicacional de resignificación/reapropiación, fenómeno que puede explicarse desde la creación de memorias artificiales y de las formas modernas de configurar archivos históricos a los que busca dárseles un lugar en la memoria colectiva, pero que en realidad están inconexos de la originalidad de su expresión o del sentido mismo con que surgió la práctica social, la práctica cultural, el lugar, el personaje o en sí mismo el discurso que dio vida a una realidad. Esta misma resignificación/reapropiación presenta una disyuntiva comunicacional frente a esas proximidades construidas para un público masivo. Se sigue reiterando que el “Centro es para todos”, que “en el centro hay todo”, por lo tanto, se genera un mensaje de igualdad, que se confronta con los rezagos de la burguesía o con las nuevas denominaciones sociales como las de estrato, validando así la figura contemporánea del consumidor o del usuario generando un sin número de formas de populismo mediático.

17 MARTÍN-BARBERO, Jesús. (1991). De los medios a las mediaciones. Barcelona. Gustavo GILLI, segunda edición.

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Por otra parte, esta inclusión en el Centro de lo tecnológico, conviviendo con lo tradicional y lo histórico ha desencadenado dinámicas comunicacionales que responden a “el aquí y ahora”, sin duda alguna, categoría a la que se asemeja

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Así, el fenómeno de la reproducción transforma el mercado de bienes y servicios y además condensa o revitaliza algunas prácticas sociales como el Septimazo. Esta situación responde al concepto de resignificación en tanto que la actividad de caminar por la carrera séptima era una práctica de la clase burguesa bogotana de la década del 40 y 50, que hoy ha sido revaluada por la administración distrital como mecanismo de integración y convivialidad ciudadana.

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5. Otra característica en la reapropiación está dada por: “la relación de la transformación en las condiciones de producción con los cambios en el espacio de la cultura, esto es, las transformaciones del sensorium, de los modos de 17 percepción, de la experiencia social”.


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por consiguiente la originalidad. El consumidor, usuario/transeúnte se ve en un “deja vu”, en el que parece apropiarse de la novedad y se asombra ante la capacidad de recuperación de una historia formalizada. En esta categoría se encuentran las producciones discursivas sobre la historia de los lugares, los personajes o las situaciones que caracterizan al Centro de la ciudad y que son el producto de la configuración de la gestión del Distrito para generar en el público confianza y cercanía. Este presupuesto permite ver que más allá de la cotidianidad, e inserta en ella misma hay varias formas de caracterización de una cultura de la reproducción, que desvincula las situaciones, personajes y objetos de los ámbitos originales, configurando un nuevo sentido de la reproducción misma, dando paso entonces a la reapropiación donde la reproducción como acto comunicacional es un presente continuo y que por ende los lazos con la tradición que se configuran son efímeros y fragmentados, lo que es evidente en la interacción del Centro . “La reproducción, efectivamente, no reconoce contexto o situación alguna y representa como dirá BENJAMIN “una conmoción de la tradición”. Esta descontextualización posibilitada por las técnicas de reproducción deconstruye la unicidad”18. La consecuencia comunicacional más cercana a propósito de la visibilización de este fenómeno es un cambio radical en la función misma de la situación, objeto o persona que reconfigura constantemente el imaginario del Centro de la ciudad, ya que el consumidor, usuario/transeúnte está expuesto a diferentes praxis de construcción de sentido. El segundo aspecto se refiere al “valor” en sí mismo de la situación, objeto o persona, al que se aplica esa resignificación, no sólo desde la recepción misma, sino desde el criterio con el que se elaboran los procesos comunicacionales para hacer circular estas reapropiaciones, así, toda situación comunicacional sobre el imaginario del centro adquiere un valor de exhibición. Esta como estructura comunicativa permite abordar el concepto de Lo cotidiano, último de los componentes que estructura la reflexión de este proceso. Lo cotidiano, un abordaje desde Michel de CERTEAU19 en el que hace referencia a lo que la gente hace todos los días, a sus rutinas familiares, laborales, de instrucción y de distracción, a sus territorios de reproducción individual y social, a su “habitualidad”, esa dimensión espacio-temporal de las vivencias particulares no se percibe, ni se define hoy fuera del universo de las mediaciones, la mediatización y la rutina, expresiones propias de la producción de sentido de las sociedades contemporáneas. En el Centro de Bogotá, todos los escenarios y formas de interacción en los que se desenvuelve la vida diaria, son el producto de este intercambio de sentido y de la configuración del escenario de lo público que convive con microescenarios de las esferas privadas en las que todo proceso comunicacional

18 Op cit. BENJAMIN, Walter. (1973). La obra de arte en la época de la reproductibilidad técnica. P. 22 19 De CERTEAU, Michel. (1995). La invención de lo cotidiano. Universidad Iberoamericana. ITESCO, México.


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En este sentido, el Centro no es un escenario que escape a una mirada comunicacional en la que este Centro existe “afuera” respecto a la cotidianidad, pero a la vez “incluido” en ella. Esta apreciación surge de la compresión de la forma como el consumidor, usuario/transeúnte asume sus comportamientos comunicacionales en tanto que el centro está en su realidad y puede adentrarse a ella, o por el contrario, puede verla desde una perspectiva transitiva. Los adverbios “afuera” o “dentro” es la mediación que se le da a la vivencia cotidiana del Centro. Este eje de reflexión propone entonces posibilidades para comprender la conformación funcional/estructural que hoy, tanto en el imaginario, como en la realidad se tiene de este espacio. Estas configuraciones reafirman los elementos constitutivos del cómo se producen las intervenciones comunicacionales que permiten que de forma individual, colectiva y masiva se tenga una “definición” del Centro de la ciudad.

En este sentido, escenarios como las ventas ambulantes, las estatuas humanas, las ventas de música y libros piratas, los grupos musicales en las plazoletas, las ventas de comidas rápidas en carritos, la metáfora de “venta de minutos” representan esas necesidades reales, comunicacionales y económicas de encontrar en el espacio público una forma de ser, a esto se refiere la expresión “otra producción”, válida en el sistema de uso/consumo que regula las relaciones sociales. CERTEAU para definir las características de lo cotidiano comenta A cada día aumentan las formas de expresión de lo informacional en las que se encuentran estructuras narrativas formales como las vallas, hasta los anuncios de colores, la recuperación del perifoneo y el voceo, la impresión de volantes, el portador de cartones impresos, además de la denominación geográfica para encontrar servicios que por su puesto están debidamente rotulados o sonorizados.

Así, lo comunicacional y el imaginario están ligados al hecho de una transacción de sentidos, construida bajo la complejidad de la denominación de significantes básicos y resignificaciones colectivas temporales. Lo

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El autor afirma que a mayor información, mayores son los niveles incomunicación, ya que el proceso comunicacional en sí mismo se complejiza y las dinámicas interaccionales son mucho más fragmentadas. Surge entonces una premisa sobre la manera como se configura el imaginario del Centro y es la de definirlo como caótico, complejo o desordenado, pero también este aspecto confirma que los procesos comunicacionales están orientados a la producción del sentido mercantil del consumo de bienes y servicios, ratificando la afirmación sobre el mostrar para vender.

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De la forma cómo se configuran estas intervenciones comunicacionales se producen los hábitos comunicacionales que a su vez generan las prácticas y representaciones sociales y culturales que configuran la identidad imaginaria del Centro. Esta respuesta configurada en lo cotidiano revela aspectos diferentes de los rasgos culturales contemporáneos de la manera cómo se construyen los imaginarios de la ciudad, entendiendo que este escenario es un espacio de operaciones, disciplinas y autodisciplinas, frentes culturales y matices sociales.

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revela una exposición a estas mediaciones, mediatizaciones y rutinas, que se han convertido en componentes de la institucionalidad social: de la familia, la escuela, el trabajo y la diversión.


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comunicacional es la evidencia de la necesidad de conformar la vida social desde frentes temporales o atemporales, en los que el intercambio de sentidos posibilita contraponer, yuxtaponer u homogenizar las definiciones de la realidad y a través de este mecanismo, validar las formas de acción social. Es importante la comprensión de los discursos que circulan desde la oralidad hasta la imagen que dan sentido y particularidad a la manera como es el Centro. La cual está marcada por el potencial de la pluralidad de las prácticas c o m u n i c a c i o n a l e s c o l e c t i v a s e i n d i v i d u a l e s d e l c o n s u m i d o r, usuario/transeúnte, ya que estas corresponden al ámbito de la dinámica de la reproducción/apropiación/reapropiación en lo cotidiano y las prácticas comunicacionales individuales están enmarcadas dentro del ámbito de la reproducción/significación/resignificación. En ambos sentidos, las prácticas comunicacionales visibilizan la capacidad creadora de los individuos y remite a la capacidad de fabricar/transformar lo que socialmente hace dinámico al Centro. El acto creador y el de fabricación/transformación muestra otra dinámica implícita del Centro y es la de la constante confrontación entre la originalidad y la reproducción. El escenario de esta dinámica es la calle, no sólo como el espacio asfáltico, sino como el escenario o vitrina en la que circulan estas producciones de sentido que dan lugar a la simulación y a la realidad de la simulación. Los sistemas de producción de sentido se presentan entonces como bienes y servicios que van desde el objeto tangible a la narrativa de las bondades de los productos, así, se valida la configuración de lo ahistórico, lo histórico, lo mediático, lo tradicional, pero al final todo está presente en el escenario del mercado. Estas maneras de producir sentido que revelan la creatividad tanto para hacer visible lo cotidiano, como para hacer visible la necesidad social de subsistir a través de lo mercantil que pueda agregarse al universo dinámico de la negociación tanto económica como cultural que se da en el Centro.


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En este punto se reconocen las prácticas cotidianas como escenarios comunicacionales que acogen las tácticas del consumo que circulan en el Centro, convirtiendo este escenario en un espacio para la tensión/distensión comunicacional en tanto que éste regula, valida, deshecha y vincula las expresiones de la interacción social. El cual fortalece los intercambios simbólicos y producción discursiva, haciendo que el consumidor, usuario/transeúnte se convierta en el protagonista de la puesta en escena de lo cotidiano, donde los individuos son los productores de esta amalgama discursiva que es el Centro.

La comprensión de lo cotidiano está impregnada de la comprensión de los fenómenos comunicacionales de tensión/distensión ya que la validación de lo cotidiano también es la validación de lo público, lo ciudadano y de las esferas públicas/privadas que en el escenario se desarrollan. Se evidencia formas de estímulo/respuesta por la producción de estrategias comunicacionales a través de las cuales circulen mensajes que propenden por el consumo de bienes y servicios, como por ejemplo los espectáculos al aire libre, de carácter cultural, promovidos por las instituciones gubernamentales, sea a través de las prácticas “propias” atribuidas al centro como el Mercado de las Pulgas. Se complejizan la situación de las formas de vigilancia y control social, no sólo en la presencialidad estatal, sino en una tejido inmerso en la configuración de la interacción social de la rutina de la calle, configuración que se hace explícita en 20 el habitus mismo de la manera de crear y fabricar/transformar.

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20 BOURDIEU, Pierre. (1979). La distintion. Critique sociale du jugement. París, Minuit. Publicado por Taurus, Madrid, 1990. El concepto de HABITUS puede entenderse como un sistema de disposiciones adquiridas, permanentes y transferibles, que generan y clasifican acciones, percepciones, sentimientos y pensamientos en los agentes sociales de una cierta manera, generalmente escapando a la conciencia y a la voluntad. Tales disposiciones suelen incorporarse desde la más temprana edad, a lo largo de la vida de los individuos, mediante todo un proceso de socialización multiforme y prolongada que posibilita la apropiación del mundo, del yo y de los otros. El HABITUS, en tanto que histórico/históricamente incorporado, asegura la presencia activa de experiencias y prácticas a través del tiempo. Por ello los agentes sociales no requieren ponerse de acuerdo o pensar permanentemente para mantener la continuidad de las organizaciones sociales.

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El hablar, circular, habitar, caminar, por el Centro son las fuentes de la interacción de este escenario y en estas acciones están dados los intercambios de lo simbólico y de las significaciones/resignificaciones. Esta construcción es el pilar del proceso comunicacional y al mismo tiempo es el motor que dinamiza los procesos de inclusión/exclusión comunicacional.

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Estas formas de negociación están marcadas por los códigos del vigilar y castigar propuesto por FOUCAULT, que se materializan en la territorialidad y en el discurso. El mapa mental que constituye el Centro está diferenciado en la espacialidad y la narrativa, ya que geográficamente existen denominaciones para los bienes y servicios, pero también para los microescenarios que satisfacen las necesidades del consumidor, usuario/transeúnte.


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LA CIRCULACIÓN DE TODO TIPO DE BIENES Y SERVICIOS EN EL CENTRO DE BOGOTÁ

El Centro de la ciudad en un territorio de diversificación en la oferta de bienes y servicios que favorece a los ya tradicionales y privilegia cada vez más una producción mediática de representaciones de calidad de vida que se hacen visibles mediante la inclusión en el panorama económico de grandes marcas producto de la construcción de la moda del consumo, que originalmente eran escenarios económicos que tenían representación de exclusividad sólo en ciertas zonas de la ciudad. Lo local como estructura económica entra en una dinámica de interacción de oferta-demanda en la que las clases populares aún encuentran su dialógica de consumo, mientras que los sectores del norte de la ciudad se acercan cada vez más a la exploración de un territorio casi desconocido o simplemente referenciado desde la narrativa de los medios como un espacio inseguro, oscuro y lúgubre en el que sus habitantes pertenecen a la delincuencia y sólo sobreviven quienes por obligación debe vivir allí. Estas formas de intercambio tanto de lo económico como de sentido se ha visto transformada por esta circulación de bienes y servicios provenientes de todos los sectores sociales ya que el Centro se privilegia hoy como una zona de inversión, más no por la comprensión de un proyecto de mejoramiento continuo para la ciudad misma. Por otra parte, si bien existen escenarios para el desarrollo de políticas públicas de lo económico, estas se ven confrontadas y cuestionadas constantemente por la diversidad de problemáticas sociales presentes en la zona. La indigencia, el desplazamiento forzoso, la prostitución, la venta de drogas, la inseguridad, la economía informal y la economía subterránea compiten con la formalización y la regulación de los bienes y servicios que ellas provocan. La confrontación de un pasado reciente en el que prevalece la idea de un Centro cerrado y un poco marginal se enfrenta a dinámicas de implementación de estrategias y políticas de desarrollo que a su vez responden a las políticas propias de un mundo globalizado en el que la competencia, la productividad y la circulación son derroteros para mantenerse en el mercado. Si bien las dinámicas de la producción local no han cambiado en la medida en la que los públicos-consumidores se mantienen y en ocasiones aumentan, es también una realidad que el acercamiento de productos venidos de otros escenarios productivos atraen a otros consumidores que engrosan los escenarios de apropiación de estos nuevos referentes comerciales.


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Esta capacidad de acogida y absorción de mercados representativos que tiene el Centro continúa validando la frase “en el centro hay de todo” y por ello la afirmación se hace acción recibiendo un sinnúmero de productos de todo tipo. Esta competencia entre lo propio y lo venidero genera una discusión de orden comunicacional. La relación interaccional del reconocimiento es el proceso por el cual tanto ofertante como consumidor-transeúnte perciben la existencia de un territorio que fundamentalmente está constituido por valores atribuidos desde la usabilidad y la validación del consumo más que por el reconocimiento otorgado por la estructura normativa del Estado. Este aspecto del reconocimiento de estas estructuras económicas sólo se toma en cuenta cuando se hace necesario regularizar las formas de circulación de bienes y servicios, además de implementar estructuras de control social y económico. El Estado requiere incorporar todas estas formas de producción a una única estructura, pero no logra establecer el vínculo comunicacional en el que estas estructuras subnormales o subterráneas se producen desligadas completamente de su entorno territorial matriz, es decir, de las estructuras formales que regularizan el movimiento económico. Espacios como la piratería, el contrabando de todo tipo de bienes, la competencia desleal, la suplantación de marcas son formas cotidianas de validar el denominado “rebusque” que reclaman muchos de los habitantes de la ciudad para sobrevivir. Los productos no facturados, sin explicitaciones sobre calidad, sobre la usabilidad, no garantizan un bien o un servicio, pero si garantizan la resolución de una problemática por la inmediatez, el día a día y el costo. Lo anterior, hace referencia clara a la manera como en la estandarización de pesos, medidas, tallas y cantidades se ha regularizado en la oferta de productos, pero esta estandarización no responde necesariamente a las necesidades de la sociedad. Mientras muchos productos circulan bajo el concepto de la marca, las propiedades, las garantías, una gran mayoría son imitaciones, producciones de bajo costo, inidentificables que sirven, en el concepto popular de la usabilidad, para lo mismo y a menor precio. Estas formas de producción, en estas economías subterráneas y emergentes configuran de una u otra manera redes tanto de producción como de abastecimiento, es decir, que sólo se validan desde la usabilidad y el reconocimiento social y no necesariamente desde su identidad otorgada y respaldada por el Estado regulador de la economía. Los sistemas locales de producción se convierten en dos paradigmas de una misma sociedad. Por una parte, el sistema local responde a las necesidades básicas que tiene la población y responde desde el criterio de los costos más no desde la calidad, ya que la calidad es una categoría complementaria en el imaginario del consumo de las grandes mayorías en la sociedad. La calidad, vista desde esta estructura comunicacional es un adendo que se valora desde la utilidad inmediata y el costo y no necesariamente desde la fabricación o desde la tradición industrial de la marca, es decir, que mientras varios grupos sociales tengan acceso a un bien y un servicio porque económicamente pueden sostenerlo, la idea de la competencia o la posibilidad de otro ofertante será irrelevante.


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En segundo lugar, así como la economía formal y global marca tendencias sobre las formas del consumo y los productos a consumir, la economía local valida nuevamente pesos, tallas, medidas y cantidades para que gran parte de la población también acceda a los bienes y servicios que se ofertan a la población, pero que por costos, nuevamente, no son posibles. Para ello la estrategia de la valoración de pesos y medidas entra en vigor como estrategia de comercialización ya que recrea imaginarios de bienestar, exclusividad, experiencia vital de bienes y servicios que no son necesariamente indispensables, pero que si persiguen estructuras de bienestar normalmente diferenciadoras.

Frente a esta estructuración paradigmática el Estado presenta límites de intervención ya que del todo no puede responder concretamente a las demandas reales de la población local. El no validar ciertas formas de producción o el ingreso de cierto tipo de bienes y servicios provenientes de otros escenarios territoriales hace mucha más difícil la inclusión de este tipo de economías en estructuras regularizadas, es decir, que la falta de conocimiento y reconocimiento de ciertos bienes y servicios por el estado hacen que éstos le sean invisibles, pero no por ello no consumibles o reconocidos en las escenarios locales y los escenarios locales fragmentados. Como consecuencias de estas estructuras interaccionales lo que se generaliza es que la dinámica inclusiva del Estado es demasiado genérica y en ocasiones lejana, frente a la posibilidad de incorporación en ellas mismas de las características y los rasgos de las necesidades-producciones de lo local.

Por otra parte, el sistema de referenciación local si ha validado en una red local de reconocimiento en la que productores y consumidores ya sean estos últimos habitantes o transeúntes se sienten plenamente identificados y reconocidos en su potencialidad, es decir, existe una relación interaccional compleja entre ellos y el territorio, basada en la dinámica de la producción de sentido y la producción de las representaciones de éste. Como consecuencia de lo anterior, se derivan nuevas formas del empleo tanto formal como informal, favoreciendo especialmente estas últimas en las que las condiciones de la subsistencia están mediadas por la necesidad inmediata y no

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Mientras el sistema de inclusión no es promovida desde las instancias locales, todo tipo de bien y servicio será ofertado desde las dinámicas del consumo inmediato. En este sentido, lo local cuenta con una estructura interna de reconocimiento social-localizado, en el que los habitantes de la zona y los referenciados, valoran los recursos ofertados allí, no sólo por la cantidad, sino por el precio, es decir, que los habitantes y los transeúntes encuentran en la zona diversificación productiva y apertura a generar todo tipo de negocio.

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Un ejemplo real de este tipo de mercado son los servicios orientados al bienestar corporal, mental y espiritual que hoy circulan en los discursos visuales, audiovisuales, orales y textuales a través de medios masivos de comunicaciones tanto locales como regionales e internacionales.

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Casos concretos se evidencian en el Centro de la ciudad a propósito de bienes y servicios tales como la industria de las comidas, los objetos desechables, la música y la literatura, la ropa y artículos de aseo, por no ampliar los ejemplos. Estos escenarios de oferta son entonces el paradigma al que se hacía mención.


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necesariamente por la proyección del futuro o la búsqueda de la estabilidad a largo plazo. Otro de los aspectos que no favorece la comprensión del sistema de producción local es la actitud estatal que en muchas ocasiones acompaña los procesos de regularización y normatización económica, en la que predomina una mirada asistencialista antes que una mirada estratégica de la inclusión de los referentes de significación y reconocimiento que han sido generados desde la comunidad. Esta actitud suele ser generalizada en la medida en la que este desconocimiento hace que los proyectos sean incluidos en escenarios como fondos de inversión social contra la pobreza y no como escenarios ricos en oportunidades para el emprendimiento. Así mismo, cuando estos sistemas de producción local son incluidos en las estrategias de emprendimiento que son llevados a regularizarse sobre los parámetros de la gran empresa o sobre las estructuras empresariales estandarizadas que no tiene cabida en su dinámica para estas otras formas de la vida productiva de lo local. Lo anterior tiene sentido cuando los escenarios como la escuela, el parque, la esquina, el café, la videotienda, el pseudocentro comercial, entran en la propuesta discursiva de reflejar y representar que en ellos también se configuran comunicaciones del orden de lo informal y lo ilegal. El acto de conocer desde la validación verbal, visual, sonora y audiovisual que existen un sinnúmero de escenarios en los que es factible, normal y cotidiano validar lo ilegal, se evidencian expresiones como “es más barato y lo uso una vez”, “puede descargarse de youtube”, “mejor la compro pirata y me ahorro una plata”, “en San Victorino se compra por docena”, “no es de marca, pero sirve para lo mismo”, “es de promoción”, “es bueno, bonito y barato”, “más barato no se consigue”, “ahí las venden 5 por dos mil”. Estos consensos son el resultado de la interacción de las sociedades de consumo con sus propios usuarios, es decir, el consumo que construido desde la sociedad de masas que fragmenta las poblaciones, genera necesidades y pulsa por consumos desmedidos de todo orden bajo el criterio de la rápida usabilidad. Este principio de usabilidad se consolida en el concepto y el recurso de la red social, en la que la circulación de los discursos se valida en la inmediatez y es en ella que se supera, consolidando la idea de ajustes y desajustes mencionada anteriormente y que evidencia el discurso de la unidad/diversidad de lo sociocultural occidental. En consonancia, estos discursos de lo informal y lo ilegal, que están fuera de lo normatizado, son precisamente los que validan lo legal, lo institucional, lo normatizado. Esta relación de codependencia hace que prevalezcan los referentes de valor sobre los que se configuran hoy todos los mensajes institucionales. Como consecuencia lo informal, lo ilegal requiere, fuera de sí, junto a sí y contra sí todo aquello que todavía se le escapa. Una norma extrae su sentido, su función y su valor del hecho de la existencia fuera de ella de aquello que no responde a la exigencia que ella atiende.


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Las condiciones del uso/consumo del mercado del Centro de la ciudad se establecen sobre el mercado de rápida circulación, bienes perecederos y no perecederos y apertura a los imaginarios de la moda. En este sentido, si se toman como ejemplo los mercados fragmentados de víveres, ubicados en los sectores de vivienda familiar, como es el caso de las localidades de Santa Fe, la Candelaria y Mártires y puntualmente los sectores y habitantes del locus barrial, en el que comparten esta experiencia interaccional con escenarios tradicionales como la plaza de mercado y con los escenarios creados y consolidados en la idea de supermercados o tiendas de abarrotes, proporcionan una experiencia de intercambio en la que el uso/consumo, como proceso comunicacional, se da en el reconocimiento, en primera instancia de la necesidad y posteriormente del individuo.

En este sentido, el reconocimiento de que gozan las situaciones de comunicación vecinal, pasan a un segundo plano, ya que, el sentido de mercado/competencia genera otras dinámicas de interrelación que en algunos casos contemplan ese reconocimiento vecinal para asegurar la continuidad del consumo, pero que sobre ponen el criterio del mercado para asegurar la subsistencia del negocio mismo. Estas estrategias de conservación o inclusión de nuevos usuarios/consumidores, intervienen también estructuras de persuasión basadas en el acercamiento a través de referentes como el precio, los valores agregados, tradición de marca, así como el apelar a la relación barrial de reconocimiento del vecino.

21 GONZÁLEZ ALCANTUD, José Antonio. (2000). Cuestiones de antropología urbana y urbanismo. Comunicación. Publicado en Gaceta de Antropología. Número 02, texto 02-02.

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Estas formas de validación del consumo están sustentadas de una parte en la confianza y la tradición; de otra parte sobre la construcción de conjuntos armónicos, basados en la organización de los productos en grandes vitrinas que asemejan abundancia, belleza, funcionalidad, fácil acceso, resolución inmediata de necesidades.

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Si bien, puede pensarse en la situación contraria, dadas las condiciones de la interacción barrial, las estructuras tradicionales de lo interaccional basadas en el criterio de vecindad, son completamente transformadas por la inclusión de conceptos como usuario situacional, que se define como un usuario/consumidor que presta/ofrece un bien o servicio específico pero que no hace parte de la dinámica identitaria del lugar y vive solamente una situación de usufructo.

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“Una norma, una regla, es aquello que sirve para hacer justicia, instruir, enderezar. Normar, normalizar significa imponer una exigencia a una existencia, a un dato, cuya variedad y disparidad se ofrecen, con respecto a la exigencia, más aún como algo indeterminado y hostil que simplemente como algo extraño”21.


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Se establecen también formas de uso/consumo colectivas públicas y formas de uso/consumo colectivas en espacios públicos-privados. Las primeras encuentran el escenario de mediación en la tienda de barrio, en la plaza de mercado; y las segundas, están dadas y configuradas en los espacios como los supermercados de marca y en escenarios que han encontrado en el Centro un nuevo nicho de moda construido bajo la premisa de la recuperación del Centro urbano del centro, (caso de la inclusión de locales como Crepes and Waffles o Amarillo). En estas circunstancias, sin importar si es la primera o la segunda, se consolidan usos/consumos que son espacios públicos que han sido pensados para cumplir la función de circular bienes y servicios. Es posible entonces configurar el imaginario de uso/consumo de las calles y los lugares, por lo tanto pueden crearse espacios denominados interesantes; conformar redes de productos y servicios que fraccionan las calles o los barrios para convertirlos en mercados explícitamente referenciados; integrar escenarios arquitectónicos tradicionales o novedosos a plazas, calles representativas o proyectos de recuperación, en los que esta integración marca nuevas dinámicas de uso/consumo basadas en nuevos referentes creados a través de la gestión pública y validados en el discurso formal y en el discurso de los medios. Esta última construcción discursiva genera entonces un criterio comunicacional de identidad funcional que posibilita entonces otras dinámicas interaccionales y por lo tanto también se generan nuevos criterios de homogenización del uso/consumo ya que esta nueva identidad funcional fragmenta tanto al público tradicional como al público transeúnte ponderando así la usabilidad sobre la historia tradicional. La consecuencia inmediata de esta perspectiva de validación de discursos formales, construidos desde la administración local es la de generar una nueva cultura de la calle, en el que el mercado adquiere el papel protagónico ya no sólo de bienes y servicios tangibles, sino de bienes y servicios abstractos representados a través del discurso de la ciudadanía, la seguridad, la participación, la inclusión, el empoderamiento o la recreación. Una primera conclusión a propósito de esta aproximación antropológica del consumo urbano es la transformación que sufre el uso/consumo tradicional por un uso/consumo configurado desde el sentido de lo funciona/eficaz, categorizado bajo los parámetros de elementos integradores, constituidos desde las políticas públicas que se basan en el discurso de la inclusión y la diversidad, de la participación y la apertura, del promover actitudes ciudadanas que garantizan la interdependencia entre el lugar, los ciudadanos y esta nueva forma de expresión del mercado. Paralela a esta forma de uso/consumo del discurso de la inclusión los usos/consumos de lo cotidiano se ven claramente transgredidos por los discursos formales. Muy contrariamente a lo enunciado en la inclusión, lo cotidiano del Centro de la ciudad es y sigue siendo asumido desde la marginalidad que se define a sí misma bajo el criterio de la flexibilidad local. La teoría de la flexibilidad local radica su reflexión en la búsqueda de la caracterización de las formas de producción y reproducción de bienes y servicios que personifican precisamente los usos/consumos locales.Las formas de la industrialización, bajo esta mirada de la flexibilidad pone a prueba la flexibilización hace posible que la reproductibilidad lance al mercado mismo una


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Esta forma de percepción ha validado en los últimos veinte años un componente de producción de abajo hacia arriba, es decir, la forma de la reproductibilidad, de la pseudo falsificación que suple necesidades, que permite responder a la moda, que permite la vinculación del usuario a un escenario de reconocimiento y aceptación dentro de su círculo social. Si bien estas formas de la reproductibilidad denotan claramente las formas de las economías emergentes o informales, así como el deterioro mismo de las condiciones económicas, es necesario comprender que estas son las formas constitutivas que dieron origen al Centro de la ciudad. Una ciudad cuyo 22 escenario principal nace fragmentado , ya que espacios como la Plaza Bolívar estaban destinados para que en ella se pasearan los miembros de familias cuyos apellidos constituyen la clase alta de Bogotá.

Estas formas de lo formal y lo informal generan, en el marco de las administraciones locales tensiones en las que lo local busca responder desde la legalización de la producción a la necesidad de la supervivencia de lo cotidiano que afrontan cientos de personas en el Centro de la ciudad. En este sentido, el Estado en la instancia distrital y local valida constantemente el discurso del empleo productivo, pero a la vez este mismo proceso discursivo supone la generación de estrategias que le permitan redistribuir las competencias y funciones de lo económico-local. Esta situación que parece tan cotidiana enfrenta otras elaboraciones discursivas mucho más complejas como los argumentos que exponen varios comerciantes, especialmente aquellos que viven en la informalidad, ya que muchos de ellos viven desde hace más de diez años de la venta de diferentes productos en la calle.

22 Ver los estudios adelantados sobre la historia del Centro de la Bogotá realizados por el profesor Fabio Lozano.

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Esta contradicción es precisamente la tensión expresada anteriormente y que sólo logra explicarse desde los mecanismos de adaptación y supervivencia que la economía informal ha logrado consolidar frente a los requerimientos que desde el Estado no logra asimilarse como parte de los procesos reguladores de la economía local.

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Bajo estas circunstancias el Centro es mirado como escenario de producción constante, oportunidad continua de implementación e inclusión de todo tipo de productos y servicios en las que la caracterización básica responde al criterio de la espontaneidad, ya que esta forma de circulación fue inducida o promovida desde las instancias informales y no desde el Estado en tanto que ente regulador del modelo económico.

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serie de productos que satisfacen necesidades en el orden del consumo, de una población que no logra alcanzar a nivel económico ciertos beneficios, pero en la simulación del producto, se generan otras formas de percepción que validan esta experiencia.


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El Centro de Bogotá presenció el drástico crecimiento de sí mismo en la y ciudad experimentó su propia extensión no solo en términos demográficos, sino también en el campo propiamente urbano, ya que aparecieron procesos de conurbación que articularon al Centro con fronteras, con fuertes migraciones del campo ciudad, que replantean la necesidad de pensar la ciudad desde complejos esquemas de interacción social y convivencia cotidiana. En este sentido, el crecimiento ratifica la necesidad de la representación del Estado ya que estas nuevas y alternas formas organizativas han trastocado las morfologías materiales y sociales de los ciudadanos que cohabitan, conviven y sobreviven en el Centro, donde se conjugan relaciones tales como la relación ciudad-campo, ciudad-industria, los procesos de continuidad y discontinuidad de las formas urbanas, así como sus respectivos componentes estructurales y funcionales. Esta forma de caracterización lleva a una tensión y discusión constante entre lo administrativo y formal y lo informal/emergente que también debe ser contemplado por lo administrativo. Este valor del poder representativo, es un poder que implica el valor de cambio de las políticas que se fundamentan en la lógica del paradigma del deber ser y que son confrontadas en lo cotidiano con la lógica del subsistir, del sobrevivir, de lo informal, de la necesidad, de la practicidad y de la complicidad de esta convivencia ambigua. La estructura reciente del Centro de la ciudad incorpora esta nueva figura a través de la convocatoria que hace a la empresa nacional para ser parte del proyecto de renovación y activación del espacio céntrico. En este caso, esta vinculación representada a través de marcas como Arturo Calle, Crepes and Wafles, Juan Valdez etc. establecen la relación producción/progreso, mejoramiento de la calidad de vida, mejoramiento ambiental, embellecimiento, turismo, consumo recreativo. Si bien el Centro se ha caracterizado por constituirse en sí mismo como el resultado de procesos decontinuidad y discontinuidad, entendidos como ritmos y momentos a lo largo de su desarrollo espacial en donde algunas de las formas urbanas tienden a desaparecer o perdurar (sea por proyectos urbanísticos, patrimoniales, arquitectónicos, económicos, culturales), es necesario evidenciar que el Estado ha buscado validar una estructura de continuidad frente al referente de tradición, progreso e industrialización. Esta recuperación del Centro no es una idea o un proyecto altruista, por el contrario en la concreción de un proyecto político/económico que desea consolidar escenarios de nuevas formas de poder sobre estructuras reconocidas y asimiladas como referentes de poder. La misma denominación de Centro, asimilado a oportunidades de desarrollo, establece la relación entre industrialización y modernización, discurso que circula, que genera identidad, que proyecta la dimensión de futuro y por ende de avance social, es decir, que las representaciones surgidas de este discurso se convierten en las credenciales para mostrar las oportunidades de inversión.


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APLICACIÓN DE MATRIZ DE ANÁLISIS DEL MÉTODO Y LA METODOLOGÍA

La utilización método etnográfico como estructura permite acercamientos a la comprensión de la configuración de los imaginarios. La etnografía de la comunicación ha permitido descubrir y describir las acciones de los participantes dentro de su interacción social contextualizada, en el sentido y significado que dan los mismos participantes a sus acciones. Así mismo, posibilitó la reflexión constante y profunda sobre la realidad, asignando significaciones a lo que se ve, se oye y se hace, desarrollando aproximaciones hipotéticas, redefiniendo continuamente, hasta llegar a construir e interpretar esa realidad sin descartar que estas aproximaciones pueden ser objeto de una reevaluación constante y pertinente para la configuración del marco teórico en los estudios de Comunicación. Para tal fin se diseñaron escenarios metodológicos que permitieran la recolección de datos y la organización de los mismos. Así, la plantilla de rastreo de usos y consumo se desarrolló sobre los siguientes criterios de definición: 23 1. Uso : Funcionalidad como relación de beneficio, la singularidad del valor dado de forma individual que no necesariamente es producto del consenso colectivo. 2. Consumo24: Satisfacción de bienes materiales y simbólicos. Demandas sociales desde lo popular. El ejercicio de lo público y lo privado.

23 CARRILLO DELGADO, Ángel. (1995). Estudios sobre culturas contemporáneas”. Análisis de la obra “Consumidores y ciudadanos” de Néstor GARCÍA CANCLINI en el que se establece el Uso como: Mecanismo de apropiación / Conformación de referentes. Universidad de Colima, México. Diciembre, año /vol. I, número 002. p. 163165. 24GARCÍA CANCLINI, Néstor. (1995). “Conflictos multiculturales de la globalización”. En el texto se expone la idea de definir el Consumo como: Identificación o sentido de pertenencia. Editorial Grijalbo, México.


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25 DITTUS, Rubén. (2005). “Teoría de los imaginarios. El Imaginario Social y su Aporte a la Teoría de la Comunicación: Seis Argumentos para Debatir”. Escuela de Periodismo de la Universidad Católica de la Santísima Concepción. (Chile).

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26 VERÓN OSPINA, Alberto Antonio. (2000). “Ciudad y mitos contemporáneos”. El auto hace referencia a las formas de construcción de las relaciones sociales en la urbe, como fenómeno de comunicación hace una clara diferenciación entre le habitante y el transeúnte, por lo tanto, establece el paso por la urbe con una metáfora espacio-temporal de “El paseo es un ejercicio urbano que permite considerar la historia cotidiana de la ciudad a partir de los recorridos que a diario los habitantes y visitantes de una ciudad realizan. Se opta un vuelo por encima de la ciudad con unas alas que son las de la imaginación, focalizando la mirada desde arriba (el que tienen alas, quienes viven en los últimos pisos) o en la calle misma, de modo que tanto el transeúnte como el habitante puedan recoger y expresar las bondades de un espacio que es lugar nombrado tanto como casa o como punto de encuentro en el contexto de una ciudad que vive una situación de indiferencia o desconocimiento del fenómeno arquitectónico y que por consecuencia poco cuestiona la extinción o destrucción de espacios públicos al interior de la ciudad”. Publicado en Revista de Ciencias Humanas, número 22. Colombia.

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Posterior a la definición de criterios se establecieron los bienes y servicios que constituyen el corpus de usos y consumos del Centro de la ciudad.

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3. Percepción / Imaginario : La realidad se constituye desde los ojos de un observador que comunica. La comunicación es expresión de lo imaginario y una forma de interacción determinada imaginariamente. La realidad no está constituida objetivamente al margen de la comunicación. Aquella se crea intersubjetivamente a través de las prácticas cotidianas. Toda representación (signo) es relación, no el duplicado exacto de un objeto. La relación entre sujeto y objeto sólo es posible por la tipificación mental imaginaria. Los imaginarios sociales actúan como sustento de conservación, cambio y filtro de una realidad significante multidimensional. 26 4. Definición del perfil del transeúnte del centro : Proyección humana del escenario. (Quién es el transeúnte). 5. Reapropiación y resignificación del espacio público La acera Las esquinas Las plazas y plazoletas Las nuevas plazoletas 6. Comparación de discursos reales frente al imaginario: Visibilización de lo real social del centro de la ciudad.


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Una vez diseñada la plantilla para el rastreo de Usos y Consumos, fue diseñada la plantilla para el rastreo de la presencialidad y relación de Lo Público. La aplicación se realizó ubicándose en esquinas del centro de la ciudad como la calle 24 con 7ª y preguntándole con grabación sonora a un transeúnte donde se prestan servicios como por ejemplo donde conseguir artículos para fiesta, en la descripción que hace el transeúnte de cómo llegar al lugar es que se revelan relaciones de él con el Centro como cuales lugares existen, cuales son invisibles, importantes, con poco valor, junto con las diferentes apreciaciones que hace mientras describe cómo llegar al lugar. Lo que va ser encontrado en las próximas páginas es un bien o servicio prestado en el Centro, con la transcripción de un pedazo de la grabación donde se evidencia la relación del transeúnte con el lugar y el análisis de este testimonio bajo siete categorías. A continuación se presenta el análisis de gráficas y resultados del proceso etnográfico.

Gráfica 1: Artesanías


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Las artesanías son consideradas como formas de representación cultural y propia del quehacer social de una sociedad. En este sentido, lo constitutivo de esta identidad está mediada por las formas de apropiación y reconocimiento. Si bien el segundo aspecto queda plenamente evidenciado frente a la formalidad social de su existencia así como la posibilidad de acceder a ellas en espacios claramente limitados, el aspecto referente a la apropiación cambia la dinámica comunicacional.

En este sentido la relación comunicacional se da entre el artículo/representación y la funcionalidad/uso que hace el consumidor, usuario/transeúnte. Así, La gráfica revela un sistema de asociación, en tanto que se ratifica el imaginario de la representación, pero además, se busca que esta representación pueda ser de una parte reapropiada para mantener su vigencia social y de otra parte se configure un sistema de apropiación de la identidad en tanto que la historia personal y colectiva en la sociedad y frente a las microsociedades. Lugares como el Pasaje Rivas, escenario culturalmente constituido para éste tipo de práctica socio-cultural se mantienen en el imaginario de los bogotanos, en 1910 primero como lugar de vivienda famoso por sus lavaderos, para 1940 su fama se basó en ventas de frutas, después las áreas de vivienda fueron reemplazadas por talleres de artesanía, lo que muestra que por encima del artículo de la artesanía lo que REAPROPIA Y RESIGNIFICA es el lugar del pasaje Rivas.

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Gráfica 2: Artículos de cuero

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En el Centro, las artesanías no mantienen las características artísticas que les son adjudicadas a las artesanías en otros lugares de la ciudad. Ésta se relaciona más con el USO, en estos lugares los usuarios buscan objetos con funciones específicas, “la olla de barro donde no se pega el arroz, el plumero de techo, las butacas de la cocina” etc.

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“En el caso del escenario de las artesanías la gente ve estos sitios como sitios relativamente nuevos o por lo menos le han otorgado propiedades como las de los toldos blancos como afirmando que cada vez que ven dichos toldos, es un sitio de artesanías. En cuanto a las artesanías, este escenario maneja una historicidad, que se entiende por versiones diversas de la historia modificadas o alterada de manera genuina a partir de la experiencia”.


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“en el centro uno encuentra siempre variedad, es como en un centro comercial, de todas las maletas, hasta las de moda”

Los artículos en cuero hicieron parte del croquis de los bogotanos entre la cra 10ª entre las calles 13 a 26, los problemas se seguridad de la cra 10ª, la aparición de tiendas especializadas en artículos de cuero como Bosi, Adax, Velez, relegaron este sector. Resignificación: El concepto de lugar para comprar artículos de cuero se mantiene, pero ahora se relaciona más el sector con los precios bajos de estos artículos. Consumo: Referencia para los usuarios de barato, práctico.

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Gráfica 3: Artículos militares

donde se encuentra de

Al establecer la relación comunicacional entre consumo y reapropiación con respecto al imaginario y la resignificación, se presenta una respuesta contundente y es la característica de los mercados constituidos en la sociedades contemporáneas, en las que se valida el consumo como un quehacer indispensable para estar en la sociedad, ser aceptado y responder a las demandas de la configuración de la imagen “actual”.

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Al igual que los objetos artesanales, la fabricación, producción y comercialización de objetos de cuero ha generado territorialidades para su distribución. En este sentido convive la tradicionalidad otorgada a esta actividad, con objetos que responden a la demanda de moda/mercado.


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“esos almacenes están ahí desde que está el batallón Guardia Presidencial”. “no niña, para tomar fotos necesita autorización del ejército” Por ahí queda un batallón y hay mucho tombo, es la zona de ellos, y porque además mis amigos y la gente de mi parche necesitan botas militares para vestirse, entonces pues ya uno conoce la gente y el sitio que es más barato”. La gráfica a propósito de este servicio muestra dos escenarios básicos. El primero de ellos está directamente ligado a la territorialidad. El segundo a la relación de apropiación/significación de los productos en sí mismos. La territorialidad está marcada por EL USO, comprendido éste como parte de un conjunto de necesidades específicas de una población específica. En este sentido, lo institucional permite la identificación de ciertas actividades sociales que les son propias a esta población. En éste sector está presente en el IMAGINARIO de las personas que transitan alrededor del Palacio de Nariño, sean militares o no, como las calles del cerco de seguridad de Palacio. Estas calles pasan por la RESIGNIFICACIÓN al ser conocidas a comienzos del siglo XX como las calles más aristocráticas de la ciudad, para ser percibidas hoy como calles un proceso de decadencia y hasta de riesgo de atentados. La REAPROPIACIÓN se da en la búsqueda de una recuperación espacial, no sólo por el Estado al ocupar con oficinas públicas algunas edificaciones, para generar en la población civil un sentido de reconocimiento y seguridad. El segundo aspecto mencionado anteriormente hace referencia directa a los productos que se ofrecen como prolongación de las connotaciones funcionales y distintivas. En este sentido, los productos son utilizados como distintivos de algunas tribus urbanas que tienen elementos identitarios diferentes a las de los militares, así usen prendas en común. Por otra parte, esta estructura comunicacional hace referencia a la siguiente interacción: El uso, el consumo, la reapropiación y la significación están dadas por caracterización identitaria, asociación de funcionalidad y por último la prevalencia del imaginario tanto territorial como identitario, pero al mismo tiempo, como configuración de un nuevo escenario a partir de la reapropiación.


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“ahí encuentra lo que necesita” “ellos se organizaron así para vender más” “esa zona se ha convertido en un punto de referencia para esa clase de ropa” “cuando llegué aquí había un local que se llamaba Casa Olímpica, las personas se dieron cuenta que estos artículos eran de gran acogida por la gente” “cuando era pequeño mi papá me llevó a comprarme un balón y recuerdo que había muchas tiendas”.

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Gráfica 4: Artículos deportivos

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Resulta importante a nivel de análisis comunicacional evidenciar la aparición del uso como mecanismo de la mediatización. Así, la usabilidad se refiere a la solución de la búsqueda inmediata, precisa y directa. En el caso de este servicio, la mediación se presenta bajo la característica de una causa/efecto frente a la necesidad de satisfacer una necesidad. El USO pasa por la necesidad de estos objetos, que también puede estar influenciada por la moda, la referencia de la calle 17 se crea por el tránsito de las personas, a diferencia de los no lugares que solo son recordados ante una necesidad, la calle de los artículos deportivos si es un punto de referencia, el concepto de la “la ciudad móvil” se aplica en esta categoría ya que esta calle comienza a reproducirse con características semejantes en la calle 73 y en el sector del Siete de Agosto. La categorización de lo comunicacional se presenta en la relación de uso con respecto al usuario/transeúnte que hace el ejercicio de crear/reconocer una búsqueda y reapropiar esta búsqueda mediante el mecanismo de la caracterización de la necesidad en términos de gusto, en términos de moda, en términos de urgencia, en términos de obligatoriedad, así involucra la necesidad a la característica propia del usar/consumir.

ARMADA EN CONSTRUCCIÓN


A CO R M NS A TR DA UC EN CI ÓN


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