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(To単o Merinero)


Diseño: Herederos de Juan Palomo Edita: Blur Ediciones, S. L. © de las imágenes y los textos sus autores. © de la presente edición Blur Ediciones, S. L. Imprime: Grupo Marte ISBN: 84-607-9942-5 Depósito Legal: M-3580-2004 Este libro ha sido impreso en papel de ArjoWiggins: Cubiertas: Curious Touch Wet Antartida 250 g. Interior: Curious Touch Wet Antartida 120 g.


(Prólogo) “Tú me prometiste que tus manos me darían mi parte de felicidad en este mundo. Por eso brilla tu luz en mis lágrimas. Y tengo miedo de ir con los otros, no sea que me pase sin verte por el rincón en que tú me estás esperando para guiarme”. Salvo excepciones entre las que no me hallo, qué poco nos hemos acercado los occidentales a la cultura y las estéticas hindúes. Hurgo en el recuerdo y para miseria mía sólo encuentro aquello poco que leí de Tagore por obligación, en mi época de estudiante. Ya entonces –y no sé si es correcto decirlo– me parecía trivial, empalagoso, prescindible... “viniste un momento a mí, y yo sentí en tu roce el gran misterio de la mujer que vive en el corazón del universo; la que siempre está devolviendo a Dios su propio río de dulzura; la belleza siempre fresca y joven de la naturaleza, que salta en los arroyos espumantes, y canta en la luz de la mañana, y nutre con olas de anhelo la tierra sedienta; esa en donde el Eterno se parte en dos, en una alegría que ya


no puede contenerse, y se derrama, con dolor, por el amor”. Y a partir de ahí, sin contemplaciones: “para mañana, comentario de texto”. Y lees y relees, y a tí se te antoja que esa parafernalia léxica envolvente, circular, no lleva a ningún sitio. Y sabes que no puedes denostarla, porque –tremendo absurdo– un comentario de texto es calificado al alza en la misma medida en que no cuestione la grandeza del propio texto. ¡Pues vaya! ¿Sabríamos algo de Tagore si no le hubieran dado el Nobel de literatura en 1913?, y el hecho de que se lo dieran... ¿fue algo más que un gesto, una pose, una conveniencia oportuna? Y ya aquí, a saber si habríamos tenido tanto Tagore si no fuera porque Zenobia y Juan Ramón Jiménez (y los herederos de éste, después) han ostentado la “autorización exclusiva de R. Tagore para traducir sus obras al español o representarlas en España y la América española” (sic). “¿Habrá en esta ciudad una casa cuyo portal se haya abierto esta mañana, para siempre, al sol de la


aurora; donde se haya cumplido el mensaje de la luz? Flores abiertas de los vallados y de los jardines, ¿habrá algún corazón que haya encontrado esta mañana en vosotras el don que estaba en el camino de la eternidad?” El tiempo nos ablanda en matices y nos predispone mejor, y cuando he vuelto a Tagore (sí, ya sé, es lo tópico y lo obvio) para documentar esto le he encontrado cosas nuevas y mejores, aunque sigue sin entusiasmarme, no vayan a creer. Y uno repasa y se da cuenta de que esa lejanía intelectual y espiritual hacia lo de otras culturas es extensible a lo gráfico, que no sabemos por qué identificamos mucho con la artesanía y poco con el arte. Y quizá por eso, cuando vi la primera vez lo que Toño Merinero hace me pareció visceral, brutal, sin dobleces, y lo que en principio serían estéticas heredadas, en realidad es la traducción o traslación de esas estéticas, de esos lenguajes, a lo que para nosotros es inteligible. He convivido con la obra de Toño durante los cuarenta días que ha estado colgada en el vestíbulo de nuestro estudio. Ha sido una percepción evolutiva. A medida que


han ido pasando las semanas, la espectacularidad visual ha ido dejando paso a los guiĂąos, las insinuaciones escondidas, los detalles... quizĂĄ me suceda lo mismo con Tagore. Porque despuĂŠs de esto, prometo intentar retomarlo. Alvaro S.


(Epílogo) Yo creo que Toño es un artista que diseña sólo a veces, para sacarse unos billetes para seguir siendo artista, y eso me escuece en la herida de los envidiosos. Toño anda por Madrid en esa Vespa Clásica (ahora se llama así a las cosas viejas si las cuidas), amarilla, que también le envidio, con su casco de medio huevo y el frío en la cara. Porque en Madrid, digamos lo que digamos, tenemos un clima de cojones: en verano un calor de cojones y en invierno un frío de cojones. A Toño se le conoce en los bares donde cuelga sus collages, y en Lavapiés (Costa Argumosa), porque Toño es un adicto de Lavapiés, y le saludan cuando pasa. Yo también viví en Lavapiés (¿te acuerdas, en el bajo de Zurita, en el diecinueve, joder, que frío pasábamos?) pero allí ya no me conoce nadie, porque ha pasado tiempo, también en eso le envidio... Toño alucina con los sprays y las plantillas, pero lo suyo no es, como sucede ahora, una pose, un


recurso urbano, lo suyo es esencial. Y como a él le gustan las plantillas y a mí los trazados de friján, ando como loco a ver quién nos deja un plotter de corte para cruzar las dos pasiones... (Elisenda, esto es una petición oficial, en toda regla y por escrito, no te me escurras, déjanos el plotter...). Toño tiene, también, una contraria guapa, encantadora y además extranjera. Pero en eso no le envidio, porque la mía también es fantástica y está cañón, aunque no sea extranjera. Toño es, además, colega. Elso Brino


Este libro se termin贸 de imprimir en enero de 2004



Toño merinero