Page 1


2


Créditos Moderadoras

Maria_clio88 & Mona Traducción Maria_clio88

Rosaluce

Mimi

Clau

Pancrasia123

brynn

Nelly Vanessa

JandraNda

cjuli2516zc

Nayari

yiani

Corrección Y Revisión Final

María_clio88 Diseño Mona

3


Índice Capítulo Uno .......................................................................................................................... 5 Capítulo Dos ......................................................................................................................... 21 Capítulo Tres ........................................................................................................................ 30 Capítulo Cuatro .................................................................................................................... 39 Capítulo Cinco ...................................................................................................................... 48 Capítulo Seis ......................................................................................................................... 61 Capítulo Siete ........................................................................................................................ 75 Capítulo Ocho....................................................................................................................... 83 Capítulo Nueve .................................................................................................................. 104 Capítulo Diez ...................................................................................................................... 120 Capítulo Once ..................................................................................................................... 137 Capítulo Doce ..................................................................................................................... 145 Capítulo Trece .................................................................................................................... 172 Capítulo Catorce ................................................................................................................ 182 Capítulo Quince ................................................................................................................. 186 Capítulo Dieciséis .............................................................................................................. 202 Capítulo Diecisiete ............................................................................................................. 213 Capítulo Dieciocho............................................................................................................. 222 Capítulo Diecinueve .......................................................................................................... 232 Capítulo Veinte................................................................................................................... 240 Capítulo Veintiuno ............................................................................................................ 245 Capítulo Veintidós ............................................................................................................. 249 Capítulo Veintitrés ............................................................................................................. 255 Capítulo Veinticuatro ........................................................................................................ 267 Epílogo ................................................................................................................................. 278 Acerca de la Autora ........................................................................................................... 281

3


Sinopsis Porque a veces, no te queda otra cosa que joderte... Si te gusta Broad City o Bridget Jones, adorarás a Dagmar Kostopoulos... y sus colosales metidas de pata. Dag de veintitantos, siempre ha sido la mujer "perfecta". Responsable, honesta hasta la médula, trabajadora. Incluso sus sujetadores son sensatos. ¿Y para qué? Su novio la abandona por ser aburrida, y su jefe la despide por no chuparle sus regiones inferiores para ser ascendida. ¿Qué va a hacer una estudiante destacada y perfeccionista? Un giro completo de ciento ochenta grados. Para mandar al diablo las reglas, Dag orquesta una espectacular caída en desgracia al arruinar su vida exactamente seiscientas sesenta y seis veces, y finalmente tiene un poco de diversión traviesa. Unos escandalosos Spandex y unas cuantas mentiras de bar después, la dócil pequeña Dagmar se convierte en Giselle, la valiente sirena. Lo disparatado es... ¡que funciona! Dag consigue un trabajo mejor y conoce al hombre más sexy que haya visto nunca. Bueno, Giselle, lo conoce. Dagmar no existe. Excepto que lo hace, y sus escapadas solo se convierten en una bomba de tiempo, una que puede explotarle el corazón en pedazos. Únete a Dag en sus irresistibles y cómicos desastres, porque toda chica buena necesita inyectarse un poco de chica mala chispeante en sus venas.

4


Capítulo Uno Desastres del Uno al Cuatro Vamos, Mel, simplemente ríndete

S

i hay algo más calamitoso que ser despedida por un cabrón, es tener que ser amable sobre ello. Retengo todo tipo de insultos menos un aluvión de “que te jodan” y “lárgate, asno” lanzados al florido rostro del venerado editor Carmichael Burns. Él era el rey de los insultos, después de todo. ¿Qué podía decirle que no hubiese arrojado sobre la lista de más vendidos del New York Times? Además, la dulce Dagmar Kostopoulos jamás usaría palabras como esas. —Pero… Pero… —logré decir, se me secó la boca ante su hastío fingido—. ¿Vas a ascender a Jazmine en mi lugar? ¿Cómo puede ser? Tengo un Máster de Inglés de la universidad de Columbia. —Y ella tenía un certificado en el Imperio de la Ironía de Brooklyn. Carmichael se rio de mi honestidad, como siempre hacía. Se compadecía de mí porque en realidad hacía mi trabajo minuciosamente y me esforzaba, como dijo, yo mantenía su honestidad. ¿Y por qué no debería reírse? Jazmine había sacudido su moño de pretensiones en el momento en que había conseguido el trabajo como su secretaria, y ahora se había “ganado” el mío como editora asistente. Ella no conocería una buena plataforma de libro de no-ficción aunque le mordiese en el trasero. Aunque ella había dejado que él le mordiese el trasero. Dejé salir una sonrisa lastimosa por mi estúpido monólogo interior, luego tomé una respiración porque… horror, acababa de perder mi trabajo. Toda la habitación se volvió borrosa. La cabeza me daba vueltas como el agua en el retrete. —Eres demasiado cara para mí, Dag —declaró el hombre que me había dado un aumento no hacía un mes—. Jazmine tiene cierto… don para este trabajo. No necesitas un diploma para desarrollar je ne sais quoi. No sabía que je ne sais quoi era el francés para “mostrar su tanga como si fuese 1998”. No… no estaría enfadada con Jazmine. O su tanga, que había sido increíblemente lindo. Ambas habíamos sabido cómo ser ascendidas en la oficina de Carmichael. Demonios, toda la industria entendía que tenías que darle una mamada

5


para ascender con él. Ella había estado dispuesta a llegar allí, yo no, por lo que había pensado que mi trabajo estelar habría esquivado sus estupideces de editor-sexual. La culpa caía completamente en él. Él, que me sonreía nuevamente, dijo: —Sé que lo superarás, Dag. En realidad te estoy haciendo un favor. Puedes hacerlo mucho mejor que yo. —Su modestia pasó vacía y torpe. Sus últimos cuatro libros habían debutado como número uno en todas partes… bestsellers de varoniles trotamundos aventureros, estrellas de Instagram hipersexsualizadas, y políticos encarcelados. —¡No! —chillé. Puse mi sonrisa de brillante chica summa cum laude—. No. Me necesitas, Carmaichael. Asciende a Jazmine, por supuesto —esto último vino con los dientes un poco apretados—, pero yo soy una parte esencial de este equipo. Ahora, si no te importa, voy a volver al negocio de vender libros. Me levanté y abotoné mi chaqueta azul marino. Sí, en un año y medio de trabajo, yo misma había encontrado un futuro éxito de ventas en una desaparecida prima Kardashian con un blog combinación de sexo y botes de cristal. Hacía unas ensaladas geniales, aunque nunca había probado una desnuda en un jacuzzi como ella había recomendado. Él dijo: —Lo haré. Pestañeé con dulzura hacia él. —¿Qué? —Me importa. Estás despedida, Dag. Cientos de argumentos racionales me llenaron la mente y tuve que cerrar los ojos con fuerza para que se formasen en frases dinámicas que le mostrasen, no, le dijesen lo absolutamente necesaria que era. Yo… Él… No. No. Esto no estaba sucediendo. ¡No estaba sucediendo! —Carmichael… —Pestañeé y me di cuenta de que él ya no estaba sentado frente a mí y la desgastada mesa que solía pertenecer a Ernest Hemingway. Ahora estaba encaramado fuera de la oficina en el brazo de la silla de Jazmine. La carcajada de ella me llegó a los oídos con una brisa helada.

6


Carmaichael me había llamado frígida. Me había agarrado un pecho en la fiesta de Navidad y me llamó puta frígida cuando no permití que mi carrera avanzase al follarlo. Le había preguntado cómo podía ser una frígida y una puta. Probablemente un mal movimiento, ya que ahora me estaba despidiendo cuatro días después. La rabia hirvió en mi interior, por mi garganta, una ola de calor que casi me tumbó. Apreté los dientes y me permití llamarle lo que era. Un estúpido avejentado hípster oliendo la pretensión de su propia espalda mientras vende mierda al más bajo denominador común por solo catorce con noventa y cinco. No es que no hubiese sido muy divertido mientras duró. No podía encontrar las palabras para defenderme, hacerlo cambiar de idea. Yo era excelente en mi trabajo. Había encontrado a escritores talentosos y cambié sus vidas para mejor. Había trabajado innumerables horas, dejando de lado mi propia vida personal en el proceso. Todo por nada. Cerré los ojos apretadamente mientras pasaba a su lado. Jazmine canturreó: —Adiós, Dag-marred1. Las miradas de todos en la planta estaban fijas en mí espalda mientras recogía mi bolso y mi taza de café. Nadie dijo una palabra —el muerto andante se quedaba solo. ¿Qué demonios hacía ahora? Nunca había conseguido una B, mucho menos una carta de despido. Y mis colegas necesitaban la generosidad de Carmaichael — ahora no podían afrontar enfadarse con él o con Jazmine. Pero Dagmar, bueno, Dagmarred era literalmente un animal muerto, así que No dejes que la puerta te golpeé al salir, querida. Tenía muchos amigos e increíbles colegas en este edificio, y sabía que permanecerían en contacto, sin importar la forma de mi marcha. Me despedí de ellos con la mano sin ser capaz de mirarlos a los ojos. Momentos después, me estremecí en la suave nevada, sin recordar siquiera la bajada en elevador desde el piso sesenta y tres. Saqué el teléfono y llamé al primer número, las lágrimas deslizándose ya por mi rostro. —Fui despedida, Blade. —Estoy en una reunión, nena, tendré que llamarte más tarde. Lleva algo sexy cuando llegue a casa… tengo noticias geniales. —La línea se cortó.

Dag-marred: Juego de palabras entre el nombre de la protagonista (Dagmar) y marred que significa estropeado en inglés. 1

7


Tenía mocos en la nariz y me pregunté qué me había escuchado decir. Al menos uno de nosotros tenía buenas noticias. Acabábamos de mudarnos a nuestro primer piso juntos, y ayer había pensado que mi vida iba a ser perfecta. Tal vez Khandye Kardashian me daría un trabajo llenando tarros de cristal con dildos. Llamé un taxi, reconsiderando el gasto, ya que había perdido el trabajo, pero decidí que lo economizaría otro día. Ahora mismo estaba llorando en la Quinta Avenida mientras sujetaba mi taza de “Tienes tantas horas en el día como Beyoncé”. Tiempo de irme a casa.

* Cuatro horas después, una nariz irritada y los ojos doloridos por el mayor festival de lloriqueos, gritos y golpes de almohada del mundo, saludé a Blade con mi único vestido Spandex. Realmente nunca me lo había puesto, mi amiga Mel me había obligado a comprarlo, porque era demasiado apretado, ¿entiendes? Podía verme las costillas a través de él, y realmente no era la clase de chica “reveladora de costillas”. Pero prepararme sin ninguna razón me había ofrecido un pequeño consuelo. Había sido preferible a despotricar sobre Carmichael el @#&%. Blade me levantó en el momento que entró al apartamento y me aferré a sus amplios hombros y suave cabello rubio. Era médico, justo como mi padre siempre había querido, así que tenía eso a mi favor, lo que era agradable. Me dejó en el suelo y dijo: —Abre el champán, nena. ¡Tengo un nuevo trabajo en la mejor clínica de cirugía plástica en Beverly Hills! La sorpresa hizo que me temblasen las piernas y casi colapsé en el suelo de madera. —¿Qué? —¿Cuándo lo había solicitado?—. ¿Qué? Entró apresuradamente en la cocina y lo seguí. Con una sonrisa satisfecha, contestó: —Me lo dijeron esta mañana. Voy a ser socio. —Pop, abrió la botella de champán que habíamos comprado para inaugurar nuestra nueva casa. Bebió directamente de la botella—. Sol y diversión… no más de esta nieve de mierda para mí.

8


Blade odiaba tanto la nieve que siempre había tenido que ser yo la que se la quitase de su auto para él. Me recliné contra la encimera de la cocina por apoyo, mi estómago lamentablemente vacío por no haber comido nada en todo el día. —¡Qué maravilloso! Es el momento perfecto. —Me reí y llevé mi cabeza mareada (y todo el resto de mí) hacia el armario para sacar dos copas de champán. Las tendí hacia él para que sirviese—. Carmichael me despidió hoy. ¿Puedes creerlo? Me despidió para ascender a Jazmine. —Blade sabía cómo me sentía sobre Jazmine. Aunque ella llevaba los mejores zapatos —siempre alta y vibrante, como si fuese un personaje de Sexo en Nueva York. Si yo fuese un personaje de esa serie, probablemente sería la ética del trabajo de Miranda. Blade hizo una mueca por mis noticias y no sirvió el champán. —Supongo que deberías haberte acostado con él, ¿eh? —Ja, ja. —Me temblaban los brazos mientras seguía sujetando las copas. Hombre, me sentía mareada. Me había saltado la comida para llorar. Él tomó otro trago de alcohol y siguió sin servirlo. Puse mi mejor rostro de felicidad—. Pero eso no importa… ¡Vamos a mudarnos a Los Ángeles! —Yo me voy a mudar a Los Ángeles. Ese mareo pasó de mi estómago a mis brazos, piernas, garganta. Abrí la boca para hablar, pero por segunda vez hoy, no salió nada. Él tomó la botella de champán y pasó junto a mí hacia el salón. Tomé una profunda bocanada de aire. Otra. Solo estaba siendo olvidadizo, realmente no había querido decirlo como sonó. Podía ser así, egoísta. Pero era porque trabajaba duro para salvar a gente enferma. De sus protuberantes narices. Con una risa forzada, lo seguí. —Blade, ¿sabes cómo casi sonó eso? Sonaba como si fueses a mudarte a Los Ángeles sin mí. —Oh. —Se giró y ladeó la cabeza, una sonrisa avergonzada en sus rasgos de modelo de revista—. Sí. Esperé por más. Esperé por más. El corazón empezó a latirme más rápido y esperé por algo mejor. —¿Sí, qué? —Salió como un chillido, y nunca intenté ser gritona con Blade. Los chicos no se casan con gritonas —ese era uno de los consejos de mi padre.

9


Blade se dejó caer en el sofá y se encogió de hombros. —Lo siento por esto, nena. Pero no hay nada que literalmente pueda hacer. Mis gritos se incrementaron un veinte por ciento. —Así no es como se usa “literalmente”. Blade, hoy perdí mi trabajo soñado. Un trabajo por el que he estado trabajando años para conseguir, y cientos de horas para conservarlo. He deseado trabajar con libros desde que era una niña. —Míralo como si fuese… un completo día de nuevos comienzos para ti. Y para mí. Realmente no eres el tipo de chica de Los Ángeles. Quiero decir, eres morena. — Se rio de su broma, y yo perdí mi contacto con la realidad. El mundo giró rápidamente y me caí de rodillas. Luché contra el vómito caliente subiéndome por la garganta. »Oh, Dios, Dagmar. ¿Por qué no puedes estar feliz por mí? De todos modos, esto entre nosotros no ha estado funcionando. ¿Qué? ¿Qué? ¿Qué? ¿Qué? ¿Qué? —Esto es alguna clase de broma loca. ¡Acabamos de pagar el depósito de un nuevo apartamento! —chillé. —Ugh, odio cuando te pones toda emocional. —Dejó el champán sobre la mesa de café—. Entonces encontrarás un compañero de piso. Quizás tal vez así dejarás de quejarte para que yo fregué los platos. —Alzó las manos—. Te lo dije, no puedo hacer tareas del hogar porque debo resguardar mis manos para la cirugía. —Luego desapareció en la habitación. Claridad. Toda mi existencia se convirtió en la lente de una cámara centrando el foco: Mi jefe inflexible y perfeccionista no me había forzado para hacerme una mejor editora, simplemente había estado siendo un idiota abusivo, amargado de que no fuese a acostarme con él. Mi novio médico centrado e intenso no estaba ausente porque estuviese trabajando duro, me había estado evitando y buscando un trabajo a tres mil kilómetros. Limpiaba detrás de estos dos hombres no como una compañera de apoyo y brillante, sino como una estudiante destacada desesperada por una aprobación que era abundante al principio, con el objetivo de atraparme, pero que se había detenido hacía mucho. ¿Cómo podía haber sido tan increíblemente engañada?

10


Vomité, todo sobre el suelo de madera el que, aparentemente, estaría pagando yo sola con el dinero de mi empleo inexistente. Así que seguí, acompañada por el lastimero quejido de “Ugh, asqueroso”, del imbécil que había tenido sexo conmigo esta mañana. No podría decir cuánto tiempo permanecí allí junto al vómito, con la garganta ardiendo, mientras llevaba mi vestido sexy. Blade pasó junto a mí de camino a la cocina muchas veces, una inclinando el cuello para mirar mi falda corta. Mi teléfono sonó. ¿Podía ser alguien que me quisiese? ¿Qué alguien se preocupase lo suficiente para llamarme y saber cómo estaba? Me puse de rodillas y gateé hasta la mesa de café para responder. —Hola, papá —saludé, las lágrimas todavía saliendo con las palabras. Blade gritó: —¿Vas a limpiar esto? ¡Es asqueroso! ¿Ves? Esta es la razón por la que nunca conseguirás que un hombre se quede, Dag. —Pasó junto a mí con otra botella de alcohol. Mi padre suspiró al otro lado del teléfono. —¿Qué está mal, Dagmar? —Me despidieron y Blade va a mudarse a Los Ángeles sin mí. —Me senté junto a la mesa de café y apoyé la frente en ella—. No puedo esperar a verte en unos días. —La Navidad era la semana que viene, y nuestro plan era tomar el tren hasta Connecticut de visita—. Oye, tal vez debería ir simplemente ahora. De todos modos, no tengo nada que hacer aquí. —Bueno… —Fue la forma en que lo dijo. Era la forma en que todo el mundo me había dicho hoy las cosas; sílabas titubeantes con un lado plano—. Voy a ir a Hawái con tu hermana y su familia. Me compraron el billete, ¿no es generoso? Sin mi permiso, la mejilla se me deslizó de la mesa y caí a cámara lenta hacia el suelo. Aquí es donde debería residir ahora —yo y un suelo que nunca se mudaría al sur de California sin mí. Pero dejé de luchar contra la gravedad y caí tumbada por completo. —Papá… ¿Puedo ir? —Realmente no pueden permitirse a ti también, Dagmar. No con dos hijos y los padres de él. Lo sabrías si tuvieses familia. —Tengo familia. Tú y Vanessa son mi familia. Más suspiros.

11


—Dagmar, nunca lo entiendes. Tiene hijos. Un marido. Está haciendo algo con su vida. Simplemente no sé por qué siendo gemelas salieron tan diferentes. No éramos gemelas, solo actrices en el triste melodrama La hija dorada y el chivo expiatorio. Quería volver a llorar y acurrucarme, pero aparentemente, me había quedado seca. El profundo dolor que solía tener en los ojos se tensó, pero no emitió nada. Mi amoroso padre siguió hablando: »Todos esos diplomas tuyos, ¿y para qué? ¿Ya no tienes trabajo? ¿Vendiendo esos asquerosos libros? —No esperó por una respuesta—: Y Blade es un hombre, Dagmar. Quiere una esposa que sea de apoyo, que le dará hijos. Los hijos son la cosa más importante que puedes hacer en esta vida, no merodeando por Nueva York haciendo… lo que sea. ¿Leer lo que otros escriben? ¿Qué es eso? Sigue el programa y entonces no estarías sola para Navidad. Por cómo fue la conversación, está se clasificaba como: “Al menos estuvo bien”. —Gracias, papá —susurré. —Deberías pasar las fiestas pensando largo y tendido sobre lo que es importante en la vida y, por una vez, hacer la elección correcta. Colgó. Ni siquiera me había invitado pagándomelo yo. Tampoco lo había hecho Van. Me tumbé de espaldas y miré el techo. Tenía esos pequeños brillos en sus escarpados picos blancos. La risa estalló de mis labios secos y partidos. Seguía saliendo y saliendo —la risa de los malditos. Había sido despedida. Me habían dejado. Y yo era despreciable porque no tenía un marido y bebés. Veintiocho años y cada hombre en mi vida me había abandonado. Toda mi vida, había trabajado sin descanso en la escuela y para lograr trabajos, justo como Beyoncé (de la cita de mi taza de café) me había dicho que hiciese. Cuanto más alababa papá a Vanessa por ser más guapa, más subía mi promedio. Cuantos más autos le compraba a ella, más trabajaba de voluntaria en los comedores de beneficencia. Había sido elogiada por los tutores y los jefes como parangón del trabajo duro. Era la mejor alumna allí donde iba. ¡Iba a sitios! ¿Cuál era el maldito punto? No, al diablo con ser tan sosa. ¿Cuál era el jodido punto? O no joder, eso era. Era como si… Me había acostumbrado tanto a la infelicidad y la retención de afecto que pensé que era normal. Que lo merecía. Se me revolvió el estómago con el

12


autodesprecio. ¡Autodesprecio, incluso ahora! Incluso cuando sabía que en cambio debería odiarlos a ellos. Logré ponerme de rodillas. Blade, desde la habitación, gritó: —Limpia esa cosa asquerosa, Dagmar. No te lo diré de nuevo. Cerré los ojos y una paz se deslizó en mis hombros enfadados. Mi espacio interior que permitía que me avasallasen se alzó vacío y agotado. Tal vez, por primera vez en mi vida, no me importaba nadie. Por nada. Y un plan se formó en mi corazón vacío. Entré tranquilamente a la habitación. Blade estaba tumbado en la cama, mandando mensajes. Ni siquiera me miró. Me adentré en el vestidor e hice un balance. La esquina más alejada de su lado estaba llena de trajes caros y cachemir. Blade siempre se había vestido de forma elegante —lo había notado directamente la noche en que nos habíamos conocido hacía dos años en una fiesta de año nuevo. Con los brazos rodeé sus jerséis suaves y caros, y los saqué del estante. Volví a la habitación. De nuevo, no fui merecedora de que girase su noble cabeza rubia. Dejé los jerséis de cachemir en el suelo y abrí la ventana. Estábamos en un tercer piso. Me incliné y tomé cada prenda de Ralph Lauren y Hugo Boss. Con una sonrisa, las lancé todas por la ventana. Cayeron, brazos coloridos flotando en la brisa. Ningún sonido de protesta, así que volví a su costosa esquina del vestidor y comencé con los trajes. Parecieron caer a la calle mucho más rápido. No supe cuánto más rápido, porque no era una persona de ciencias. Era una persona de letras que leía en lugar de casarse. —¡Oye! Una amplia sonrisa estalló de nuevo en mi rostro, pero no lo miré. Volví al vestidor y está vez fui a por sus zapatos. Blade hacía que le mandasen los zapatos de Italia. Dejé que sus zapatos volasen en el sol poniente de Nueva York. Él perdió la cabeza, gritando y chillando. Hombres… tan emocionales. Me dijo que nadie me querría jamás porque era una gran zorra. Dagmar la aburrida, la simple. Vivir conmigo era como follar con un libro de contabilidad. Corrió escaleras abajo para reclamar sus cosas.

13


Después de que se marchase, grité para que los rostros se girasen hacia a mí en la acera. —¡Es el ropero de un imbécil! ¡Me convenció para venir a un apartamento de renta cara y ahora, tres semanas después, va a abandonarme para irse a Los Ángeles! —Abrí los brazos de par en par—. ¡Llévenselo todooooooo! Obtuve aplausos de un grupo de mujeres paseando en traje y deportivas. Corrieron a tomar los jerséis justo cuando Blade llegó allí. Cerré la ventana y me apresuré al salón. Espléndido, se había dejado las llaves en el cuenco decorativo junto a la puerta de entrada. Esta era la primera cosa buena que me había ocurrido en todo el día. Me tropecé con el vómito de camino a la cerradura, pero elegí no preocuparme. Cerré la puerta de golpe, ¡bam!, y coloqué una silla de madera del comedor bajo la manilla para asegurarme. Después, limpié la suciedad de mi zapato y corrí hacia mi ordenador. Hacía dos meses, finalmente me había convencido para conseguir una cuenta bancaria conjunta. Lo habíamos hecho, pero yo no había cerrado la mía antigua de chica soltera. Eran del mismo banco. En tres minutos, había transferido el monto de la cuenta conjunta a la mía, luego cerré la conexión. Al menos este dinero me daría un poco de tiempo. Dos meses, tal vez, pero era mejor que nada. Una sonrisa de sorpresa me honró, sorprendida de que él no me hubiese hecho lo mismo antes de que me hubiese dejado. Aunque en cierto modo lo había hecho, yo había querido ahorrar más dinero antes de que nos mudásemos a un lugar más caro. Bastardo. ¡Bang, bang, bang! Golpeó la puerta del apartamento y me maldijo, pero el infierno se congelaría antes de que yo hiciese algo más por ese imbécil Sus palabras atravesaron la puerta: —Dag, ¿qué demonios está mal contigo? ¡Estarás sola para siempre, zorra! Traté de esforzarme en enamorarme de ti, pero simplemente eres… ¡una jodida aburrida! ¡Déjame entrar! Bueno, eso no fue muy agradable. Bebida. Necesitaba una bebida. ¿Por qué no? Estaba desempleada y sola. Siempre había tenido una fuerte regla sobre beber durante la semana, pero que le dieran a eso. Ignoré el vómito de nuevo mientras servía su caro whiskey escocés de doce años en un vaso. Mi vómito parecía una buena representación del día. Justo esta

14


mañana, habría enloquecido por tal desastre, ¿pero ahora? Ahora mi interior se había hinchado y presionaba mis costillas. Tomé un gran trago de esa cosa fuerte y casi expulsé fuego por su culpa. El sabor me amargó toda la boca, y me calentó la garganta hasta mi estómago vacío. ¿Por qué tenía una regla en contra de esto? Beber los lunes era algo malditamente bueno y excelente. Tomé otro trago, otro, y terminé el vaso. Me serví de nuevo. Apoyándome contra la encimera, bebí y consideré las estúpidas reglas que había seguido toda mi vida. Ser la mejor, la más eficiente, no malgastar el tiempo, no holgazanear. Preparaba mis impuestos el uno de enero. Iba a la cama a las diez de la noche. Bebía ocho vasos de agua al día. No había consumido un donut en diez años. Era una monógama en serie que solo se había acostado con dos hombres. Dos hombres en veintiocho años… qué mujer tan salvaje. Me serví otro vaso y llegué a una conclusión; era aburrida. Justo como estaba gritando Blade en el pasillo. Nunca había viajado a Las Vegas. No tenía ni idea de qué sucedía allí, porque se quedaba allí. Vestía pantalones y chaquetas sensatas en colores profesionales. Mis sujetadores eran todos beige y negros. Mi cabello permanecía de su color natural. Había seguido cada regla de Guía básica para zorras (un tomo que Carmichael había editado). ¿Y para qué? Me agaché frente al armario, tiré del pomo de un cajón y me caí sobre el trasero. Era una mujer de veintiocho años viviendo como una de sesenta. ¡Ni eso! La señora Delgado, mi vecina de abajo, tenía sesenta y tres y tenía dos novios. Jugaban al strip póker y todos quedaban una vez a la semana, después de La ruleta de la fortuna. Oh, vaya. Ahora la cabeza comenzó a darme vueltas. Tomé una botella de limpiador, un rollo de papel y mi escocés, y me arrastré al charco de vómito. Limpiaba, bebía y escuchaba a Blade maldiciendo fuera. Ahora estaba amenazando con llamar a la policía. Déjale. Déjale que llame a la policía. Seguir el plan de mi vida había fallado espectacularmente; tal vez si llamaba a la policía, lo arrestarían y me darían una medalla por Dejar Fuera a un Cirujano Plástico que Literalmente se lo Merecía. Una vez que había terminado con las toallitas de papel empapadas en vómito, las metí en una bolsa de plástico y las llevé a la oficina de Blade, es decir la segunda habitación. Metiéndola en su precioso maletín de cuero hecho a mano, aterrizaron con un asqueroso golpe húmedo.

15


Mi teléfono sonó con un mensaje de texto. Con suerte, mi hermana llamándome para recordarme que yo era la más baja, con el trasero más grande y el útero vacío. “He dado a luz a dos milagros y estoy más delgada que en el instituto. Jaja”. Sí. En realidad, había recibido ese mensaje. En nuestro cumpleaños. No, gracias a Dios era de Melanie. Mierda, ¿ese pedazo de mierda te despidió? La llamé. —Estoy en camino —barbotó como saludo—. Vamos a emborracharte. —Hecho y hecho —respondí—. Oh, y Blade me dejó. Va a mudarse a Los Ángeles para ponerle más tetas a alguna estrella de Hollywood. Y mi padre va a volar a Hawái por Navidad en lugar de verme. Murmuró un sonido de consuelo y condolencia, junto con “Ugh, oh y puaj”. Me dio un vuelco el corazón. —Gracias. —Estoy a una calle de distancia. Vamos a pedir cada clase de comida grasienta que conoce el hombre, cortaremos la entrepierna de los pantalones de Blade y dejaremos comentarios de una estrella en Amazon para los libros de ese imbécil hasta que estés demasiado borracha para levantarte. —Te quiero. —Yo también te quiero. Vas a superar esto. —Ten cuidado con Blade. Lo dejé fuera y está gritando y maldiciendo en el pasillo. —Él tiene que tener cuidado de mí. Colgamos entonces, y simplemente me senté allí, bebiendo, sin sentir. Como si estuviese intentando anular mis sentimientos. Mel trabajaba para otra editorial. Nos habíamos conocido en la licenciatura de Columbia, y ahora era el verdadero punto de luz de mi existencia. Había crecido diciéndoseme que las mujeres eran maliciosas y odiosas, que estábamos en competencia las unas con las otras solo por una cosa —los hombres. Pero me había hecho amiga de Mel en el momento en que nos habían puesto como compañeras de cuarto. Ella me había enseñado que las mujeres estaban para apoyarse unas a otras. Quiero decir, si yo era lista y ella era lista, entonces se razonaba que las mujeres eran maravillosas, ¿no es así?

16


Un golpe sonó en la puerta y me puse de pie para responder. Cuando la abrí, me encontré con Mel cerniéndose sobre Blade, rodando sobre la alfombra del pasillo agarrándose las pelotas. —Él me atacó, oficial —dijo mi amiga con su acento sureño más marcado. Me carcajeé. Le hice un gesto a ella para que entrase y tomé la cartera de Blade de la mesa auxiliar. ¡Pam! Mi puntería borracha era buena, porque cayó abierta sobre su boca. —Vas a quedarte en otro sitio esta noche. Mira, ya tienes ropa. —Solo la mitad de la que había lanzado estaba apilada en un montón a su lado. Comenzó a maldecirme más, pero le cerramos la puerta. —Nunca le he dado una patada a un hombre en sus joyas —le comenté a Mel. —¡Deberías probarlo absolutamente! Hace del “rompe-pelotas” algo “feminista”. Me rodeó con los brazos y comencé a llorar de nuevo mientras me hundía en su abrazo. Pronto, su cabello castaño que tampoco era del tipo Los Ángeles estaba mojado con mis sollozos. Todos mis músculos dolían con cansada agonía y lloré hasta que había expresado cada emoción conocida por la mujer, y probablemente algunos hasta ahora solo capaces para los osos. Más tarde, quién sabe cuánto tiempo después, tumbada en el sofá metiéndome rollitos de primavera en la boca. Mel me dijo que las noticias de mi despido habían pasado por cada equipo de edición de la ciudad. Todos sentían pena por mí, porque me había ganado una reputación como buena editora. —¿Cuál es el punto de ser buena? —le pregunté borracha, y también con retórica—. Estoy cansada de ser la Chica Perfecta mientras hombres horribles usan a las mujeres como pañuelos y luego estornudaban en ellas. —Puaj —comentó Mel. Metí un puñado de tallarines chinos en mi voraz hocico. —Carmaichel irá a su trabajo fácil mañana. Blade se marchará a Los Ángeles, directo a la cama de una modelo, sin duda. Pero no la Pequeña Señorita Aburrida Dagmar. Ella enviará buenos currículos y conocerá a un banquero de Wall Street que la engañará con una artista de Williamsburg. —No es justo —coincidió Mel, dándome golpecitos en la pierna. Me senté y me recliné contra el brazo del sofá. Realmente no tenía elección, ya que mis huesos no trabajaban en su manera rígida correcta.

17


—He acabado con ello. Cada decisión buena y sensible que he tomado jamás ha fracasado. Me he endeudado hasta las cejas en la universidad, y mi propio padre piensa que soy un desecho. —Sí, bueno, tu padre vive en 1952, y él tratándote como una mierda no es algo nuevo. Siento decirlo, cariño. Mel era la única persona en el universo que te llamaría “cariño” o “querida” y no te importaría. Ella no podía sonar más a Georgia, aunque cantase sobre trenes de medianoche. Sacudí un rollito de primavera. —Ya no voy a seguir las reglas. Voy a encontrar algún trabajo de mierda que no me importe. Porque preocuparte solo te hace daño. Y entonces… me follaré al jefe. Arqueó una ceja. —Bueno… al menos elige un jefe excitante. —Claro. —Cambié a un rollo de sushi y mientras masticaba comenté en voz alta—: Emtonfes, voy a follar a odro tipo. ¡Co tatuajes! Quidás conseguiré un tatuaje. Asintió. —Cuidado… estás escupiendo atún sobre el sofá. Tragué. —Es el sofá de Blade. Puede llevárselo con él. No… puede que me lo quede y tenga mucho sexo sucio en él. Nunca he tenido sexo sucio. He tenido sexo muy amable y sensible porque eso es lo que he aprendido de los libros que se me dio sobre sexo cuando tenía trece años. Jadeó como si acabase de admitir que vestía polyester. Me levanté de un saltó, me caí y volví a levantarme (más lentamente) para encontrar mi libreta, la que normalmente usaba para las listas de la compra y recordatorios de recoger la ropa de la tintorería. Con la libreta y bolígrafo en mano, me dejé caer junto a ella en el suelo. Arranqué una hoja con una lista de quehaceres y otra con una lista de regalos para Navidad. Y al principio de la página nueva garabateé Forma de estropear mi vida. A Mel se le escapó una risita. —Me gusta dónde se dirige esto.

18


—Espera… a las chicas que no les importa no dicen “estropear”. Dicen “joder” del modo menos elegante. —Taché el “estropear” y escribí una gran JODER. —¿Cuántas formas? —preguntó Mel—. Deberías apuntar alto, así no lo dejas. —Pero los objetivos son para los triunfadores de clase, y ya no voy a hacer eso. Lo dejo, Mel. Lo dejo. —Hondeé la libreta—. ¡Jodidamente lo dejo! No más zapatos con tacones sensatos de ocho centímetros. ¡Nada de lavar mis sujetadores después de usarlos una vez! —¿Realmente haces eso? Resoplé tristemente. —A mano. —¡Eso es una locura! Chilló, yo chillé y gritamos. Luego se me ocurrió. —Seiscientas sesenta y seis. Voy a hacer seiscientas sesenta y seis cagadas. —Maldición. —Se llevó una mano al corazón—. Esa es una tonelada de cagadas. —Es el número del diablo. Si los imbéciles siempre prosperan, lo que hacen… ¡siempre, malditamente, hacen!, entonces me convertiré en una. —Aunque no vendas tu alma. Tienes que dejar espacio para retractarte antes de morir. Solo por si acaso. —Es lo que haría un imbécil. Y chocamos nuestros vasos de escocés. Añadí mi meta numérica en la cima de la hoja, así se leía 666 Maneras de joder mi vida. Bajo este título nada loable, escribí mi primera cosa en mi lista de chica mala: 1. Conseguir un trabajo de mierda que no me importe Dejé el tiempo de la frase, porque, ¿quién se preocupa por la gramática y esa mierda? Nadie más en el mundo. Abusaban de la puntuación como si fuese un duro trabajo de segunda. —Follar al jefe —me recordó Mel. Añadí: 2. Follar al jefe 3. Usarlo para ascender

19


—¿Cuál es el punto de tener sexo si no vas a aprovecharte también de eso? — comenté sobre la número tres. —Eso tiene sentido. —Tomó la libreta y escribió algunas palabras tras la número dos. Giré la página y pestañeé hasta que mis ojos borrachos se centraron. Había puesto y tener increíbles orgasmos en lugares inapropiados después de follar al jefe. Le rodeé la cabeza con el brazo. —Ese es un punto excelente. —Tengo otro. —Sus ojos verdes bailaron y me ofreció el último rollito de primavera picante—. Hagamos lo que haría una conocida zorra mala… lo que Carmichael Burns haría. Creo que deberías comenzar un blog. 4. Comenzar el blog de una zorra mala llena de confianza ¿Qué podía ir mal?

20


Capítulo Dos Desastres del cinco al once Un gran desastre requiere Donuts y estampado de leopardo

E

l martes por la mañana llegó como un tren de mercancías desde el infierno. Se me había hinchado increíblemente el rostro por llorar, me dolía el cuerpo por vomitar, y mi alma se sentía… dolorida, enfadada, determinada. Determinada. A no ser tan determinada. (Tendría que trabajar en ello) Me senté en el sofá y saqué la libreta para anotar mi cagada más nueva: 5. Resaca de martes por la mañana El comienzo propicio de mi fiesta “no me importa nada”. Se escuchó un sonido metálico en la cocina, así que me arrastré hasta allí para encontrarme a mi maravillosa Mel haciéndome una comida de resaca de huevos, tortitas y salchichas. —Trae tu portátil —ordenó—. Vamos a crearte un blog. —Meh. Tengamos un día de borrachera y veamos Netflix todo el día. —Me coloqué detrás de ella y le robé una salchicha antes de que la pusiera en el horno para mantenerlas calientes—. Pero, espera… tienes un trabajo. —Tienes mal aliento. Me tapé mi asquerosa boca. Si simplemente Blade estuviese aquí para besarlo. Continuó: »Llamé diciendo que estaba enferma. Coincido en lo de Netflix, pero insisto en que empieces una cuenta blog. Si con el tiempo voy a vender el libro de tu blog, lo que haré, Mami necesita esa comisión lo antes posible. La abracé desde atrás luego fui a dejarme caer en la mesa y sillas de formica en nuestra esquina de un metro cuadrado anunciado como “rinconcito”. —Está bien. Pero me emborracharé primero.

21


—La cura de la resaca. —Colocó zumo de naranja frente a mí y añadió un chupito de vodka. Chocamos los vasos y comencé mi primer día como una “buena para nada”. Aunque los buenos para nada probablemente no usan términos como “buenos para nada”. —Solo puedo decir —dijo simplemente cuando empezó las tortitas—, que he estado queriendo decirte durante dos años que el nombre de Blade es horrible y realmente debería haberte dado una idea. Tragué mi zumo de vodka. —Lo sé. Odiaba su nombre. —Blade. —Su madre en realidad lo escribió con una Y, B-l-a-y-d-e, en su certificado de nacimiento. —¡Eso es mucho más espantoso! —¡Lo sé! —Me reí con tanta fuerza que me dolió la cabeza, pero entonces, hoy todo hacía que me doliese la cabeza. Tiempo para beber más. Sorbo. Ahhh—. Siempre me pidió que lo gritase durante el sexo. Pero no podía. No podía decir “¡Oh, Blade!”. Mel balanceaba las caderas mientras volteaba una tortita. —¡Dame tu espada, Blade2! —Es el nombre de una novela romántica para un tipo no muy de novela romántica. Se giró, con la espátula en alto. —Definitivamente, Blade no le hace justicia a su nombre de héroe de novela romántica. Era un indiferente macho alfa, pero nunca hizo la transición a un marido príncipe encantador. Se quedó en elegante. Quiero decir, parecía funcionar para ti, pero nunca creí que te tratase lo suficientemente bien, con toda honestidad. Perdonaste muchos comportamientos de mierda como… algo más. Cerré los ojos con fuerza ante la verdad. —Quieres decir que he dejado que ni novio y mi jefe me pisoteen. Hizo un sonido de tristeza con la nariz, pero no respondió. No tenía que hacerlo… era verdad.

Blade: Hace un juego de palabras con el nombre de Blade, porque en inglés significa espada o cuchillo. 2

22


¿Cómo fui tan tonta? A mis veintiocho años, ignoré los árboles y alcé la barbilla al glorioso bosque de papel. Sobre el papel, mi vida hacía solo un día había sido perfecta. Una codiciada posición con el editor más llamativo de la ciudad. Novia de un guapo doctor. Y la voluntad de concentrarme siempre en lo bueno, nunca en lo malo. Pero ahora… Encontré la fuerza para tomar el ordenador de mi habitación. El apartamento estaba bañado por la luz de la última hora de la mañana. Fuera caía una pequeña nevada —del tipo hermoso. Del tipo que recuerda la infancia y los ángeles de nieve. Mi padre también me había hecho limpiarla con la pala. Nunca a Vanessa, porque ella tenía muñecas delicadas. En la ventana de mi habitación, cerré los ojos y abracé el silencio, puntualizado solo por el gozoso olor del desayuno. Un glorioso silencio. A Blade le había encantado ver las noticias de la televisión por cable, así que un experto gritando sería normalmente nuestro compañero de piso. No extrañaría eso en lo más mínimo. Me apresuré de vuelta a la cocina y balbuceé: —No lo echo de menos. Yo… no estoy realmente triste. ¿No debería de estar triste de que se vaya a mudar al otro lado del país? Sobre todo… —Me senté y abrí el ordenador—. Sobre todo, me siento aliviada de no tener que seguir jugando el papel de novia. Los desastres serán míos, el espacio será mío. —Me pasé una mano por mi rostro sucio de maquillaje—. Hasta que me vea forzada a tener un compañero de piso, supongo. Un plato de delicias apareció mágicamente frente a mí. —Esa no es una gran señal de tu antigua relación —mencionó mi inteligente amiga. Negué. No. ¿Qué había estado haciendo todo este tiempo? Tachando las celdas del bingo en lugar de… vivir. ¡Bingo, bingo, bingo! ¡Si tachaba los suficientes números, alguien finalmente me amaría! Era esta bizarra combinación de rebelarme contra los deseos de mi familia para conseguir una carrera en las artes, aun así, conformándome con el novio que ellos aprobarían. Porque mi padre había adorado a Blade. Un médico, ¿estás de broma? Él simplemente podía “ocuparse de mí” solo si se lo hubiese permitido. Tomamos el desayuno como si las calorías no existiesen, pero no lo hacía. No durante una resaca de emborracharme y lecciones duras. No.

23


Después de la prisa inicial por tantas tortitas que pensé que debía devorar, nos reunimos alrededor de la pantalla de mi ordenador. Le dejé a Mel la mayor parte del trabajo ya que ella era el cerebro criminal. Creó un blog para mí, y una cuenta de Twitter para que se ajuste. Al principio, no quería poner mi rostro, pero me ganó con su argumento. —¿Qué tienes que perder? Ya había perdido todo lo importante. Así que posé con una expresión de dura, gafas de sol, cabello recogido en una coleta alta y el dedo corazón en primer plano. En realidad, quedó increíble con el filtro adecuado —¡Me veía irreconocible y hermosa! Como una actriz drogadicta. Me dio el número seis de mi lista de cagadas: 6. Darle una vuelta a mi mundo Naturalmente, llamamos al blog “666 de joder mi vida”, y expliqué el propósito en mi post inaugural. Lo terminé con: Debería ser una idea familiar para cualquier lector milenial, de que todo el trabajo del mundo no significa una mierda. Los préstamos estudiantiles son imposibles de pagar, aunque todo el mundo grita “¡Ve a la universidad!” en un gemido incesante. No hay trabajos, y los que consigues están mal pagados y son decepcionantes. Mi jefe me despidió por no follar con él, y no había una maldita cosa que pudiese hacer por ello excepto no seguir dándole poder sobre mí. Si el camino fácil es el verdadero camino, me arrastraré por ello. Estoy cansada de intentarlo. Estoy cansada del miedo a fallar. Estoy abrazando el fallo. Voy a joderla, a lo grande. Y me lo pasaré increíblemente bien haciéndolo. Y ahora he acabado de escribir esto, así que voy a pasar el día bebiendo con mi mejor amiga y ver Netflix. Arrested Development parece una buena elección. Voy a perder el tiempo. Pulsé Publicar y chocamos nuestros destornilladores3 como celebración. Enlazamos el post en Twitter y Mel saltó a decirle a sus seguidores que me siguiesen a mí. Lo que sea. Le dije a Mel que no quería escuchar sobre estrategias en las redes sociales. No iba a intentarlo por seguidores o lectores. No iba a intentarlo por nada nunca más. Mi primer día de terrorífica e increíble libertad pasó en un instante. La televisión era hilarante. La comida china entregada en casa era deliciosa. Y la mirada en el rostro de Blade cuando Mel se dignó a dejarlo entrar no tenía precio. Lo seguí, muy 3

Destornilladores: Bebida alcohólica compuesta de vodka y zumo de naranja.

24


borracha, y me negué a irme mientras recogía sus cosas. Me imaginaba que me robaría sin dudarlo si lo hacía. Supongo que todavía no había notado que había vaciado la cuenta bancaria. No le llevó mucho tiempo meter su mierda en maletas. El encantador dijo que me dejaría todo el mobiliario, lo que era bueno, desde que el setenta por ciento había sido mío, en primer lugar. Cuando se marchó con sus cosas, Mel le preguntó dónde iba a quedarse. —¡No me importa! —grité desde mi nueva casa, el sofá. Blade se giró en la puerta y puso los ojos en blanco. —Me voy a quedar con Amy hasta que me vaya la próxima semana. Supongo que ya no tengo que seguir escondiéndola de ti. Mel jadeó. No jadeé. No me importaba lo suficiente como para jadear, en realidad, excepto porque esperaba que Amy estuviera libre de enfermedades. Uf, tendría que hacerme una prueba de Enfermedades de Transmisión Sexual. Me puse de pie pesadamente y fui a la cocina. En la parte posterior de la nevera estaba su recipiente de sopa de miso que llevaba allí como un mes. Le había pedido que lo tirase durante semanas. Menos mal que lo había conservado; ahora tenía un verdadero uso para eso. Me dirigí a la sala de estar y me detuve en la puerta abierta. En el pasillo, se giró junto a sus maletas y dijo: —Bien, nena. Pasamos buenos momentos, ¿eh? Sonreí y asentí mientras le quitaba un mechón de cabello de sus ojos azules. —Come mierda y muere —susurré con amor mientras vertía la sopa de miso mohoso en sus pertenencias. Gritó y saltó hacia atrás, volviéndose loco desde el otro lado de su enorme maleta de diseñador. Todavía quedaba sopa, así que la rocié en sus bolsos. Sin decir una palabra, le quité las llaves de la casa de la mano y le cerré la puerta en la cara, lo que me dio mi próximo ítem: 7. Abrazar mi carácter vengativo interior —¡Oh demonios sí! —Mel saltó arriba y abajo, su teléfono apuntando hacia mí—. ¡Tengo todo eso grabado! Bostecé. —¿Quieres un café? Necesito un café si estoy bebiendo por dos.

25


—¿Dos? —Mi fracaso y yo. —Conseguiré mi abrigo.

* No había peinado mi cabello en todo un día, todavía llevaba un rímel Diorshow del día anterior y apestaba a alcohol. Por primera vez en mi vida, era el tipo de mujer de la que las madres con sillas de bebés todo terreno alejaban de sus preciosos niños. Era increíble. Imaginé a mi hermana agarrando sus perlas de dos vueltas (un regalo de “soborno” por parir primero), así que solté una retahíla de palabrotas en la cola de la cafetería que realmente avergonzó a Mel por medio segundo hasta que me dio un abrazo. 8. No pienses en los niños Llegamos al frente de la fila y pedí un enorme café con cafeína y lleno de suficiente caramelo como para matar a un rinoceronte. El increíblemente caliente camarero, con la etiqueta con el nombre de Hunter, sonrió ante mi ridiculez doble extra azucarada acompañado con una rosquilla. Tenía la sonrisa más amplia y soleada, como un anuncio de pasta de dientes en la playa: piel marrón profunda y ojos color ámbar. Sus rastas estaban decoloradas y atadas a un moño en la parte superior de su cabeza. Era un anuncio de Benetton hecho realidad. —Me gusta una chica que disfruta de su aperitivo —comentó. —Quién disfruta de su aperitivo. Y no me importa lo que te gusta —respondí. Sonrió aún más ante eso. Ni siquiera había considerado las palabras antes de que salieran de mi boca. Pero eso era una gran parte del rompecabezas, ¿verdad? ¿Cuántos de mis logros han sido estrictamente para mí y cuántos para otras personas, para conseguir aprobación? Parte de Joder mi vida implicaba no preocuparme por lo que otras personas querían que fuera... Pero eso también era una mejora en la vida, ¿no es así? Vaya, estaba profunda para ser un Martes Borracho. Le dije al adorable Hunter: —Si te gusta mucho, cómpralo para mí.

26


Se quedó boquiabierto... pero metió la mano en su bolsillo y sacó un arrugado billete de diez dólares. Detrás de mí, Mel dijo: —Bueno, mierda, cariño. Bueno, mierda, cariño. Tal vez me había poseído el espíritu de Jazmine. Tal vez eso no era tan malo. Tal vez realmente quería ver con qué podía salirme con la mía. Yo era una chica linda, no hermosa, pero con un buen rostro del que no tenía derecho a quejarme. Cabello castaño oscuro, piel aceituna de mi herencia griega, ojos casi negros. Los tipos tendían a preguntarme ¿Qué eres?, lo que a partir de ahora podía conseguirles una bofetada. El camarero Hunter probablemente tuviera la misma pregunta. Tal vez era hora de buscar más diversión en mi aspecto. Hacer todo lo posible para ser una ficticia americana blanca con dinero no me ayudaba mucho. Le sonreí a Hunter y me quedé allí, como si aceptara mi obligación, como si los hombres me compraran cosas todo el tiempo solo porque yo las exigía. 9. Haz que paguen. —Uh, soy el gerente aquí —dijo Sexy Hunter a modo de jactancia, y supe lo que tenía que hacer. Era alto, en forma y tenía que ser un actor fuera de servicio. Me incliné sobre el mostrador, saqué mi trasero, abrí la cremallera de la parte superior de mi suéter y dije: —Dame una solicitud de empleo. Corrió hacia la parte de atrás mientras que el otro barista se quedaba boquiabierto. Le guiñé un ojo y me alejé a esperar mi café y rosquilla (gratis). Cerca de la estación de la leche y el azúcar, comencé a reír, y Mel apareció detrás de mí. —¿Vas a trabajar en una cafetería? Me encogí de hombros. —Necesito dinero. —Pero publicar. —Pero nada. —Me di la vuelta—. Voy a trabajar en una cafetería. Y si pierdo ese trabajo, ¿me importa? No pareces estar abrazando el espíritu de joderla. Ella lanzó una sonrisa irónica. —Muy bien.

27


Hunter se apresuró hacia nosotras, con la mirada seria y una sonrisa tímida. —Uh, aquí está la solicitud. Estaré aquí mañana entre las seis de la mañana y la una de la tarde, si quieres traerla entonces. Agarré el papel y lo dejé caer hacia un lado. —Sí, la mañana realmente no funciona para mí. Ahí es cuando duermo. —¡Oh! Bien, seguro. El jueves, yo, eh, trabajo el turno de cierre. —¿A qué hora cierra? —A las diez. Llamaron por mi café, así que fui a buscarlo. Él siguió detrás como un perrito. Nunca había tenido un hombre babeando sobre mí de esta manera. Era como si cuanto menos me importaba, más dura crecía su erección. Tomé un sorbo de mi dulce y me digné a prestar atención a mi nuevo juguete. —Entonces vendré el jueves a las diez. Probablemente. ¿Dónde está mi donut? —Uh... —Asintió y corrió a buscar mi primer donut en una década. Mel se dobló por la mitad riéndose. —¿Allí es cuando duermo? —¿Qué espera de una chica borracha que se postule para el trabajo? ¡Dios! — Lamí la espuma de mi labio—. ¡Espera! Ese es el número diez. —Saqué mi teléfono y lo publiqué en Twitter. 10. Solicita trabajo de bajo nivel mientras estás ebrio 11. También: consigue donut gratis En tres minutos, había sido retuiteado quince veces. Tenía setecientos seguidores desde esta mañana. ¡A todos les encantaba un desastre! En lugar de Netflix (que era una opción de vida perfectamente válida), Mel y yo decidimos ver una película sobre desnudistas sexys. Fuimos furtivamente a un segundo almuerzo en McDonald's y pasamos un buen rato mezclando ron en nuestras coca-colas del cine. Mi aplicación para la cafetería, JaVaVaVoom, tiene una salsa especial. Oops. Tomamos una siesta hasta las ocho de la noche y luego nos arreglamos para salir. Mel insistió en que mi joder mi vida no incluía estar demasiado sucia. Personalmente, pensaba que había un amplio mundo de cabello grasiento por explorar antes de poder decir que no me importaba... Pero, de nuevo, la vanidad era un pecado maravilloso. Yo estaba bien y verdaderamente desgarrada.

28


Mi objetivo para esta noche era eludir la fila para entrar en un club, y luego no pagar una sola bebida en toda la noche. Trabajé toda mi vida para forjar mi camino, orgullosa de ello casi como una rebelión contra mi padre. Vanessa no había trabajado un solo día en su vida. No había nada de malo en ser una Ama de Casa de Connecticut, ella era tremendamente buena en eso, pero yo había anhelado demasiado tiempo trabajar con libros en la gran ciudad... Pero una jodida consigue lo que puede de donde puede, y no hay una casa limpia en el trato... a menos que usase el dinero para bebidas que ahorrase esta noche para contratar a un ayudante de limpieza. Eso sería excelentemente perezoso y frívolo. —Una jodida no usa la frase “de dónde” —respondió Mel cuando pronuncié esta profundidad. Si quería una experiencia de club gratis, tenía que estar lo más caliente posible. Mel y yo nos sentamos en mi habitación y revolqué mi armario. Todo en él era negro, azul y beige. Mel hizo una mueca y dijo: —Supongo que no me había dado cuenta de cuántos días tipo Chico has estado teniendo. Mi madre tiene esta chaqueta de punto. Bajé la cabeza avergonzada. —Necesitas ropa sexy, señorita. Y un sujetador push-up, estas cosas son tristes e industriales. —Agitó un sujetador amarillento de copa moldeada, una bandera del país más triste del mundo, Celibatopia—. Supongo que no guardaste una de las tarjetas de crédito de Blade, ¿verdad? —No, puedo hacerlo mejor. —Busqué en mi escritorio mi tarjeta de crédito de emergencia. A la que nunca le cobraron nada porque era una chica sensata que contaba con planes de respaldo para sus planes de respaldo. Me giré y sostuve mi tarjeta dorada. —Esta es la parte de nuestra historia en la que la heroína entra en una deuda irresponsable para renovarse. Dagmar, de beh a joder, sí. Mel fue por su bolso. —Iremos a Bebe. Vas a ponerte algo llamativo, apretado y asombrosamente de mala calidad. Mi corazón comenzó a tamborilear de felicidad. —¿Puedo usar estampado de leopardo? Siempre he soñado con llevar estampado de leopardo.

29


Capítulo Tres Desastres del Doce al Dieciocho Pequeñas mentiras blancas son en realidad más como coloreadas de verde amarillento

M

e eché un vistazo en la ventana sucia fuera del club más nuevo de Manhattan. Se llamaba Mistake, y sabía que lo habían abierto solo para mí. La Fabulosa yo. Me ahuequé mi cabello, enorme y rizado. Mi flamante y demasiado caro vestido estampado de leopardo se deslizaba sobre mi cuerpo en ondas drapeadas que terminaban juuuustamente al lado derecho de "arrestada por exhibicionismo". Mis ojos brillaban oscuros y peligrosos con una brillante sombra de ojos negra. Me sentía como una impostora. Una actriz. Me sentía sexy. Nunca me habían llamado “sexy”. Siempre había sido una palabra para otras mujeres, pero ahora era mía. La poseía. La aferraba a mi pecho casi desnudo como un jarrón caro. Y no necesitaba que nadie me la dijera. “Sexy” surgió de un pozo dentro de mí que no sabía que existía, y existía solo para mí. —¿Quién es esta persona? —me preguntó Mel, su brazo serpenteaba alrededor de mis hombros. —Vamos a descubrirlo —le dije, devolviéndole el abrazo. La tomé de la mano y me dirigí al principio de la fila de bien vestidos y atractivos aspirantes a entrar al club hacia el gorila del frente. Cuando llegué, respiré hondo y me puse en una pose de modelo con la mano en la cadera frente a un tipo enorme con una camiseta negra adornada con la palabra seguridad. Sus ojos se abrieron de par en par cuando apartó la atención de un grupo de solteras para fijarla en mí. Ejecuté un movimiento de cabello, el cual fue genial excepto por ese mechón que se arrastró por mi lápiz labial rojo. Ups. Retiré ese mechón de mi puchero y apreté mi nervioso revoloteo en el vientre. Era hora de actuar como cualquier autor pretencioso ante el que me había inclinado y hecho reverencias alguna vez. ¿Qué haría Khandye Kardashian? Me paré frente al hombre enorme y lo miré. Se inclinó, esperando a que dijera algo, pero no lo haría. Ya estaba harta de pedir favores. El que hablaba de último

30


tenía el poder. Ese era un truco que Carmichael usaba al negociar, siempre dejarlos hablar primero. El gorila preguntó: —¿Estás en la lista? Me encogí de hombros y sonreí. —¿Tengo que estarlo? Mi amiga y yo vamos a esperar a mis primos dentro. ¿Has leído mi blog? ¿O visto mi programa de televisión? —Chasqueé los dedos y Mel puso una sonrisa mientras giraba su teléfono para mostrar al gorila el sitio web de Khandye Kardashian. En la oscuridad, en una pantalla de cinco pulgadas, si entornabas los ojos, me parecía un poco Khandye: pecas de maquillaje y cabello enorme y oscuro. Parpadeó y su amplia cara estalló en una sonrisa. —¡Me encantan esas ensaladas en jarra! Realmente trato de vigilar mi cintura, soy un luchador de MMA. —¿De verdad? —mencioné. Movimiento de Cabello—. Eso es tan caliente. — Cambio de cabello al otro lado—. ¿Podrías derrotar a todos en esta línea por mí? —¿Ah? —Vencer. Su pecho se expandió como un pez globo. —Apuéstalo, nena. Sonreí hasta que soltó la cuerda y retiró el terciopelo para mí. Pasé volando, sin mirar a un lado ni al otro, sino al frente. La multitud se separó, y comencé a reírme incluso antes de entrar a la sala principal. Mel corrió y rebotó en mi espalda, su risa más fuerte que la música que resonaba. —¡Mierda, Dag! ¡Fue increíble! 12. ¿No sabes quién soy yo (o pretendo ser)? —Estoy temblando. —Aferré el bolso contra mi pecho para tratar de ocultarlo. Era un mcfaker falso, pero me sentía fabulosa, casi como si estuviera drogada. Quizás lo estaba. Montar en una ola de pretensión hizo que mis piernas se debilitaran y mi aliento huyera. Mel negó y se rio de mí. —No me descuides ahora, consíguenos algunas bebidas, zorra.

31


Zorra. Había cerrado el círculo con ese tipo de insulto femenino. Papá me había enseñado que todo mi valor residía en mantener las piernas cerradas. Entonces, crecí y aprendí que mi valor estaba en mi corazón, en mi trabajo. ¿Ahora? Sabía que estaba perdida. Mis células revoloteaban fuera de control, como si mi cuerpo pudiera separarse. Decidí apoyarme en eso. Mi valor no estaba en mi título de trabajo. No podría, porque ese tipo de cosas era fugaz y fuera de mi control. Y mi cuerpo, bueno, tener un poco de diversión traviesa no disminuía mi espíritu, mi alma. Había juzgado a las mujeres por eso durante mucho tiempo, y estaba mal. La experiencia le daba… algo... a una mujer. ¿Por qué no debería explorar todo lo que la vida tenía para ofrecer? En otras palabras... 13. Abrazar mi zorra interior Marché hasta la barra y la rodeé hasta que encontré una víctima. Dos chicos, muy lindos, sentados solos y con aspecto abrumado. Asentí a Mel. Ella los examinó y dijo: —Geeks de la tecnología. —Con dinero, mira esos vaqueros. Vamos. Aparecí detrás de ellos y respiré profundamente... y los golpeé a los dos a la vez. Naturalmente, se pusieron de pie y se giraron, indignados. Puse mi mano sobre mi boca y dije: —¡Dios mío! ¡Lo siento muchísimo! —Con mis tetas en posición de boing, tomé al más cercano a mí de la mano y miré directamente a sus pequeños ojos de nerd—. ¿Puedes perdonarme? Soy... Giselle. Ella es Veronique. Llegamos en avión desde Londres y ha sido una larga noche. Estoy desesperada por tomar una copa después de haberle servido a idiotas de primera clase a treinta mil pies. —Solté una risita tan vacía que dejó un agujero negro. Sus ojos se agrandaron cuando Veronique se acercó. ¿Qué? Decidí ser Giselle. Puede parecer una locura, pero Dagmar no era el nombre más sexy que se haya dado a una mujer. Nunca había entendido cómo mi gemela había conseguido llamarse “Vanessa” y yo fui llamada como una carroza griega. Además, ¿qué hay de malo en pretender ser una asistente de vuelo? Las asistentes de vuelo eran divertidas, aventureras, trotamundos. No perdedoras desempleadas que tienen una crisis del cuarto de vida con un vestido que no pueden pagar.

32


14. La verdad puede ser aspiracional, la cual es una palabra elegante para tonterías Mel y yo tuvimos bebidas gratis en nuestras manos en treinta segundos. Los chicos estaban bien, un poco aburridos, promedio. Pero yo... fui una brillante estrella de carisma sexual. ¡No podían quitarme los ojos de encima! Y Mel también se acercó a disfrutar de las ventajas del club de las alturas; contábamos historias más altas que el hombre gigante, oscuro y guapo que me acababa de dar una doble toma en el camino. Cielo, era atractivo. Pero desapareció entre la multitud mientras yo tomaba mi bebida gratis. Oh, bien. Había mucho más de donde vino. —Ted, Tanner, ustedes dos son los mejores. ¡Son mejores que una escala en Cincinnati! —les informé. Parecían confundidos en cuanto a lo que esto, exactamente, quería decir—. Tengo que visitar el tocador, y Veronique viene conmigo. Pero volveremos enseguida. Tan pronto como estuvimos fuera del alcance del oído, dije: —No volveremos enseguida. Podemos conseguir algo mejor que esos entusiastas de las granjas de hormigas. Mel me siguió al baño. —Pero me muero por escuchar sobre su nueva aplicación que califica a las mujeres en una escala entre uno y vete a la mierda, imbécil. Nos reímos, carcajearse se estaba convirtiendo rápidamente en mi nueva forma favorita de reír, y orinamos el licor gratis. Después de prepararnos y aplicar suficiente pintura de guerra roja para aterrorizar a un elefante cargado, decidimos bailar. Y lo hicimos. Bailamos. Como si nunca hubiéramos bailado antes. Un poco borrachas, muy abandonadas. Salté y giré, sacudí mi trasero y sudé lo suficiente como para no poder devolver este vestido. ¿Quién sabía? (¿a quién le importaba?) cuánto tiempo había pasado cuando finalmente nos alejamos de la masa de cuerpos que intentaban olvidar sus vidas cotidianas. —Estoy un poco celoso de la diversión que estás teniendo —dijo un acento británico a mi lado. Y sabía de quién venía antes de voltearme. O tal vez fuera una ilusión. Un pensamiento mágico, para el gigante, oscuro y apuesto de antes, se alzó para evaluarme con traviesos ojos marrones. Me quedé sin aliento en el cuento de hadas que brillaba allí. —Entonces diviértete conmigo —contesté, un poco entrecortada, y también un poco sorprendida de haber logrado una frase tan buena. Si uno de mis autores no ficticios hubiera escrito eso, habría puesto los ojos en blanco.

33


Una sonrisa tiró alrededor de su boca —carnosa, hermosa—, mientras sus ojos se estrechaban en rendijas —arrugados, adorables— cuanto más grande era la sonrisa. Todo mi cuerpo quería derretirse en el suelo pegajoso, pero, si lo permitía, no podría besarlo lo más rápido posible. Negó. —Realmente no soy muy bailarín. —Claro que sí —insistí. Tomé su mano enorme en la mía y comencé a tirar de él. Se mantuvo firme, como granito, como un tronco, como los músculos que me imaginaba que podía ver palpitando a través de su pantalón vaquero ajustado a sus muslos y de corte bajo verde militar. Vaya, me sentí un poco aturdida solo con imaginar esta losa de granito de metro ochenta en mi cama. Nunca me había sentido tan animal… Un codo al azar de la pista de baile aterrizó en mi caja torácica, casi tirándome en un plaff vertical. ¿Cuánto tiempo estuve allí balanceándome y babeando? —Uh —me quejé, elegantemente, mientras dejaba caer la mano por accidente—. Está bien, ¿qué tal una bebida? Se rio entre dientes. —¿Estas ofreciendo o demandando? 15. Demanda Me golpeé las caderas con las manos y me quedé allí para desafiarlo, con D mayúscula. Con un giro extra de cabello. —De acuerdo, reina del baile. Ven conmigo y elige tu veneno. —Esta vez tomó mi mano, tomándose su tiempo. Deslizó sus dedos ligeros como una pluma por mi brazo hasta que envolvió mi pequeña palma en la suya. Me estremecí de los pies a la cabeza y lo seguí como un perrito. Mel se encogió de hombros y me saludó con la mano antes de saltar una vez más a la pelea de baile. Afortunadamente no estaba muy molesta conmigo. Joder la vida de alguien probablemente significaba que no me importaba eso, pero me negaba a joder a mi mejor dama por un tipo. Cualquier tipo. 16. Recuerda quién te ama. Olvidar eso sería el verdadero desastre. Una vez en el bar, mi hermoso acompañante llamó la atención, y colocó un martini frío en mi mano antes de que pasara demasiado tiempo. Había sido agradable admirar su trasero mientras esperaba las bebidas. Descarado, redondo,

34


muy redondo, y todavía estaba entreteniéndome con pensamientos de comer bombones de los gloriosos orbes cuando dijo: —Soy Yash. Yash Majumdar. Yash Majumdar... ¿Por qué me sonaba ese nombre? —Giselle —solté—. Kostopoulos. —Durante un aterrador respiro, me pregunté si estaría realmente jodida por no dar mi nombre real a este asombroso espécimen con el nombre familiar por alguna razón, pero luego tomé un largo trago de vodka y callé mi cerebro. No, no. No quería un novio, de todos modos. Los novios como Blade son a menudo novios simultáneos con una chica llamada Amy, así que al diablo con todos ellos. Una noche, sin embargo... —¿Qué te trae aquí esta noche, Yash? —grité sobre la música una vez que encontramos un rincón oscuro al que acercarnos. Su largo cuerpo se enraizó contra la pared cubierta de pintura dorada. —Mi amigo consiguió un contrato por un libro hoy, así que emborracharse era la mejor forma de celebrar. Oh Dios mío, ese acento británico. Solo actúa conmigo como James Bond, por favor. —Emborracharse es una manera de ser muy típica de los escritores. —¿Y por qué tú estás bailando un martes? ¿Porque no tenía nada que perder? —¿Por qué no? Llegamos hoy de ... —Oh, hombre, no podría decir nada del Reino Unido porque nunca había estado en el Reino Unido, y obviamente él si—. Los Ángeles, soy asistente de vuelo. Salir de California siempre es una razón para celebrar. Eso me hizo ganar otra risa baja y perezosa, y mis bragas se bordaron con su nombre. —Yo tampoco soy demasiado La La Land. He estado allí por reuniones de negocios, pero siempre estuve feliz de volver a los rascacielos y la suciedad. —¿En qué negocio estás? —Soy escritor, como mi amigo. OooooooOOOOoooOOOooohhhhhhhh. Abrí los ojos de par en par. ¡Por eso sabía su nombre! ¡Por supuesto! Filtré a través de los archivos de memoria en mi cerebro empapado de alcohol. Yash Majumdar. El chico indio-británico de hace un

35


año cuando debutó en la lista de los más vendidos del New York Times con su sátira apocalíptica sincera, graciosa y magníficamente escrita. Debería dar la vuelta. Debería dar la vuelta y huir porque probablemente tengamos cien amigos en común. “Nosotros” como Dagmar y Yash, no Giselle. Pero él tenía labios tallados por el mismo Satanás. 17. Asegúrate de poner el “joder” en “joderla” —¿Que escribes? —pregunté, tragándome la mentira, zambulléndome en el agujero del conejo. Se encogió de hombros y transformó su rostro en una timidez tan adorable que casi salto sobre él. —Escribo novelas. Ahora estoy trabajando en mi segunda -aterrorizado, en realidad. Escritor Junior y todo eso. Ahora que había conocido a tantos y tantos en la industria editorial tan egocéntricos, dudaba de que pudieran oír nada más que sus propios tractos digestivos. El hecho de que no me hubiera contado de inmediato que estaba sacando una segunda edición, ni de las reseñas de cinco estrellas y el trato para sacar películas me prendió fuego en la falda. —Apuesto a que será increíble —le dije con total sinceridad—. Quiero decir, si escribiste una, puedes escribir otra. Ya sabes que el potencial está dentro de ti, está comprobado. Le lancé una sonrisa que él correspondió. Imaginé esos labios abiertos y separados murmurando sobre cada centímetro de mi cuerpo, y tenía que tenerlo. Tenía que hacerlo. Como un salmón tiene que nadar corriente arriba… Directamente en las patas de un oso hambriento. —¿Tu casa o la mía? —pregunté—. Quiero decir, ¿qué tal la tuya? Tengo la peor compañera de cuarto del mundo. —Mierda, no podía venir a mi casa. No con montones de correo y cosas así con el nombre Dagmar en ellos. La foto enmarcada de JK Rowling y yo en la fiesta podría hacerlo arquear una ceja. Hundió los hombros. —Me temo que... no debería hacerlo esta noche. Tengo un encuentro temprano con mi editor mañana y… —se acercó un paso más, el calor de él chamuscando mi cabello—, y disfruto de tener más de tres minutos de conversación antes de mostrarte mi trasero. Por así decirlo. —Buscó en su bolsillo, sin romper el contacto visual, y me dio una tarjeta—. Por favor llámame. Me encantaría llevarte a una cena adecuada. —Con eso, tomó mi mano y la besó.

36


La. Besó. El movimiento no se sintió como ensayado, y me dedicó una sonrisa tonta justo después, como si él tampoco pudiera creer que acababa de hacer eso. —Prometo que soy más genial que eso —aclaró antes de darse la vuelta. A unos pocos pasos de distancia, se giró para mirarme de nuevo. —En realidad, no, no lo soy. Rompí en una carcajada. —Bueno. Las personas geniales son muy aburridas. —Blade había sido el más genial de los geniales. Con esa adorabilidad, Yash se había ido. Una ola de tristeza agitó mis músculos y se hundió en mi estómago. Me sentía perdida sin él. Algo me empujó por detrás y la voz de Mel llenó mi oído. —¡Santo cielo! Ese era... —Yash Majumdar. —¿Ese es su número? Aferré la tarjeta sagrada a mi pecho demasiado expuesto. —Sí. Chilló y bailó frente a mí. —¡Yuhuuuu! ¿Blade, quién? —Giselle. —¿Qué...? Me enfrenté con su tarjeta. —¡Él piensa que soy una azafata llamada Giselle! Ella puso una mirada horrible y luego la corrigió como la increíble amiga que era. —Bueno, entonces sé una azafata llamada Giselle. Y trepa a ese hombre como un árbol. Bueno. Bueno. Entonces, ¿qué pasaría si él fuera, sin lugar a duda, el hombre más atractivo, encantador y talentoso que jamás hubiese conocido? Alto, una pila caliente vestido que inmolan hummina hummina hummina. Un revolcón de una noche

37


sería suficiente. Seguro. Sin lugar a duda no había cometido un gran e irrevocable error del tamaño de Giselle. No. Nooooooo. 18 ¡Las enormes mentiras siempre salen bien!

38


Capítulo Cuatro Desastres del Diecinueve al Treinta y cuatro La ropa de plástico no es para aficionados

D

os noches después, chasqueé mis tacones rascacielos a JaVaVaVoom para entregar mi solicitud a Hunter el camarero. Nunca en un millón de años habría adivinado que usaría un vestido de cuero sintético negro para intentar conseguir un nuevo trabajo. El nuevo trabajo, sin embargo, no era lo único que esperaba obtener esta noche. Je je. Me refería a su pene. Sin embargo, Hunter no era el hombre que calentaba mis pensamientos en el camino hacia allí. Yash y yo teníamos una cita para la noche siguiente. Pasamos unos malvados dos días coqueteando a través de mensajes de texto. Oh, pero él era aún más inteligente y divertido de lo que había vislumbrado anteriormente, más directo, y mi imaginación había sido cubierta con pegatinas de unicornio y corazones garabateados. Y mi motor había estado acelerando a las once por días. Suertudo, suertudo Hunter, sería el primero en cosechar los premios. 19. Tirarse a dos hombres en la misma semana Nerviosos aleteos revoloteaban a través de mi vestido pegajoso. Solo había estado con dos hombres en toda mi vida. Con suerte, era buena en esto del sexo. Empujé la puerta de la cafetería a las nueve y cincuenta y ocho de la noche. Hunter y yo nos miramos a los ojos inmediatamente y él dejó caer una pila de tazas de papel. —¡Hola! —tartamudeó—. ¡Regresaste! —Esta noche sus rastas fluían hasta sus hombros, como un pirata sexy y surfista. —Sí, Hunter. He venido por ti. Je je. Quise decir tu pene. —¿Estás completamente solo aquí? —pregunté mientras me dirigía hacia él.

39


Un suspiro pesado se escuchó desde detrás del mostrador, y una mujer joven y pelirroja se puso de pie solo para lanzarme una mirada de muerte. —Está a punto de estarlo. —Puso los ojos en blanco y sentí una punzada de repentina simpatía por Jazmine. Esta señora me miró como si yo fuera la puta de Sodoma—. Puedes terminar de cerrar, amigo —ella le dijo a Hunter—. Si llegas a eso. 20. No dejes que tus detractores critiquen a tu puta ¡No importa! Ella tenía derecho a su opinión. Y me parecía a la puta de Sodoma. Sombra de ojos negra, medias negras que terminaban en una liga, y el aparente pavoneo de una mujer que no se había acostado con un tipo llamado “Blayde”. Mejor ir por eso. Mi pelvis se estaba sobrecalentando, y Hunter me refrescaría con su manguera. (Sí, eso es lo que quise decir) Salté al lado del mostrador en el que se ubican los clientes y crucé las piernas. Mi solicitud colgaba de la punta de mis dedos, pintados de escarlata. 21. El esmalte de uñas rojo hace feliz a la puta de Sodoma Hunter finalmente dejó de recoger las tazas dispersas y se pasó las palmas por el delantal negro. —¿Cómo era tu nombre? —Dagmar. Pero mis amigos más cercanos me llaman Dag. —Ge… genial. ¿Por qué no nos encontramos en la parte de atrás, Dagmar...? —Dag. —Revisaré tu currículum y... y... Solté una risita. —Y mis cualidades. —Salté del mostrador sobre mis tacones (auch). Hola, futuras ampollas. Me condujo a la pequeña oficina trasera, lo suficientemente grande solo para un pequeño escritorio, tres sillas y una copiadora antigua. Se sentó detrás del escritorio. Yo me senté al frente, con las manos sobre mis rodillas cruzadas, remilgadas, adecuadas, cubiertas de cuero sintético. Su pecho subía y bajaba a doble velocidad mientras leía mi currículum. No creo que fueran mis prácticas en Random Penguin lo que causaba su respiración errática. —Bueno, Dagm… Dag —comenzó, intentando en vano no mirarme las tetas— . Veo que has estado en publicaciones. ¿Por qué... ¿Por qué quieres trabajar en JaVaVaVoom?

40


—¿Sospecho que no fuiste a la escuela a estudiar café? Alzó las cejas. —Tengo un MFA en actuación de Carnegie Mellon. —Si. Lanzó una adorable sonrisa y se relajó lo suficiente como para recostarse en la silla de la oficina, que parecía estar cubierta por el primo de mi vestido. —Está bien, lo entiendo. Pero no quiero entrenar a alguien solo para que renuncie dentro de un mes. —Mira. —Me levanté, lamentando ya estos tacones de quince centímetros. Uf, ¿quién diablos vestía de esta manera todo el tiempo? Carrie Bradshaw era una mentira—. Me despidieron del trabajo de mis sueños para que mi jefe pudiera ascender a su novia. Y he terminado. Hecho. Entonces ahora estoy aquí. Quiero un trabajo que pueda dominar y en realidad ser recompensado por desempeñarme adecuadamente. —Sus ojos siguieron mi pavoneo alrededor del escritorio—. Cuando prepare un café sabroso o dé el cambio correcto, ¿seré apreciada por ti, Hunter? Abrió los ojos de par en par y asintió. —Excelente. Ahora o nunca, Dag. 22. Solo los buenos mueren jóvenes Caí sobre él, mis manos agarrando los brazos de la silla. Esto puso mi escote justo debajo de su barbilla. La boca de Hunter, el gerente, se abrió. —¿Quieres saber por qué elegí esta cafetería para que apreciaran mis… —Bajé mi mirada a su entrepierna— …habilidades? Chilló. Mi mano tembló (¡Detente! ¡Somos una mujer descarada ahora!), agarré la parte de atrás de su cabeza por el cabello y le planté un enorme beso. Chilló de nuevo, lo que consideré positivo, ¿no? Me retiré para tomar aire y puse una rodilla a la derecha de la suya. Me balanceé para levantar mi otra rodilla… —gah el dobladillo de esta falda era demasiado apretado, y mi cuero sintético no cedía mucho. ¿Tal vez debería haber optado por látex? Podría ser mi propio condón.

41


Dejé de tratar de montarme a horcajadas sobre él y giré para sentarme sobre su regazo antes de tirar de él por otro beso. Mmm bien. Olía bien, como jabón limpio. Jabón normal, no como las elegantes cosas de Sephora que Blade usaba. Hunter abrió su boca hacia mí y tentativamente besó con la confianza suficiente como para acelerar mi sangre. Nada mal. Nada mal. Pero sus brazos permanecieron rígidos a sus costados, y comencé a preguntarme si tendría que hacer la mayor parte del trabajo... ¿o si él era gay, y mi acoso sexual era peor de lo que pensaba? O… ¡Me estrellé, fuerte, en mi trasero! ¡Bam! —¿Qué demonios? —grité. Se había levantado y, en mi vestido resbaladizo hecho de neumáticos reciclados, había bajado, y no de la manera que había imaginado. —Uh... lo siento. —Me tendió la mano y retiré la mueca molesta de mi rostro, no fuera que mi llamada para follar fallara. Me levantó, pero no pude poner mis tacones debajo de mí. Me agarré como una jirafa borracha, y empezamos a caer, casi a cámara lenta. Me resbalé. Él se resbaló. ¡Nos agitamos! Agité mi mano suelta hacia el escritorio mientras él tiraba de mi otro brazo. Nos inclinamos hacia atrás y áaaaabol va. Un archivador rodante, tres cajas de cartón y la antigua copiadora salieron volando mientras nos dejábamos caer sobre ellos. ¡Ay, dolor, tensión, desagradable, empujón, ouch! ¿Qué se estaba enterrando en mi trasero? Con las respiraciones pesadas, no en la forma en que me había imaginado, extendí la mano, no de la forma que había imaginado, para quitar el tapón de la copiadora de mis innombrables. Hunter gimió y tiró de una grapadora de su... alguna parte. Lo arrojó detrás de él con una media sonrisa, que le devolví. Bueno. Podríamos recuperarnos de esto: Dagmar Kostopoulos no era una desertora. Mi falda ya se arremolinaba alrededor de mi cintura, y estábamos en el piso... la mitad de mi seducción había sido accidentalmente lograda. Sexy, como una puma —bueno, tal vez una joven puma bibliotecaria. Arrastré los dos pies hacia su cuerpo postrado. Levantó las manos, y alegremente las agarré y las presioné contra mis pechos plenos. —¡Sí, Hunter! —Di un grito ahogado—. Muéstrame cómo haces mi espuma de leche. —¿Hacer qué? —Vas a batirme la espuma, cariño.

42


—Así no es cómo funciona la espuma. ¿Alguna vez has, um, hecho un cappuccino? Vaya, el romance era un género difícil. Esas escenas eran increíblemente difíciles de escribir. Y yo obviamente no sabía cómo hacer un café. Está bien, así que mis palabras eran terribles —las acciones salvarían esto. Lo empujé de espaldas al suelo, mejor tomar ventaja de él sin más problemas. ¡Arg! Rebotó contra la fotocopiadora con un enfermizo golpe seco y gimió, se llevó la mano a la parte trasera de la cabeza. —¡Dagmar, detente por favor! —Yo, uh… —Oh, no. No había conseguido ser sexy con él… estaba bastante segura de que esto se calificaba como asalto—. Hemos comenzado con mal pie. Esta oficina es demasiado pequeña para… —¿Para qué? —Se arrastró hacia atrás y se levantó—. No podemos hacer esto. Va en contra el código del café. Quiero contratarte, así que no puedo acostarme contigo. ¿Si… si eso es lo que estás intentando? 23. Si tienen que preguntar si estás intentando follar con ellos, la estás jodiendo No. ¡No, no, no! —Hunter —dije en mi mejor (y único) tono sensual—. Hunter, lindo. Aún no soy tu empleada. Solo tengamos un poco de diversión. —Di un paso hacia delante, él retrocedió dos. Jesús, ¿qué tenía que hacer una chica para tener un poco de sexo sórdido? 24. ¡Zorrear debería ser más fácil que eso! Volvió a levantar las manos y me di cuenta de que no estaba intentando tocarme las tetas. Si esta noche quería que mis tetas fuesen tocadas, tendría que hacerlo yo misma. 25. Suspiro Hundí los hombros y se me llenaron los ojos de lágrimas. ¡Lágrimas! Por este tipo que ni siquiera conocía. Apreté los dientes para mantener a raya las valiosas emociones de semanas. —Lo siento —me disculpé, sinceramente—. Realmente he jodido esto, en el mal sentido. Sin más palabras inútiles, me giré y salí de la oficina, con la cabeza alta, mi manera de andar animado y con gracia. Bueno, después de que me tapase la tanga con la falda de plástico.

43


—¡Dag! —Me alcanzó en el medio de la cafetería oscura y vacía—. Uh… Estás contratada, ¿está bien? No tenías que hacer todo eso… —Quería hacerlo. —Casi se le salieron los ojos de las órbitas. Parecía ser algo común en él—. Eres lindo y me siento… 26. Deprimida 27. Irrelevante 28. Patética 29. Incómodamente sudada entre las tetas 30. Incapaz de ser amada —Aventurera. Qué asco. No quería escuchar nada más de ningún hombre, aunque no era justo, había sido yo la que había cometido… 31. Semi-accidental acoso sexual En la puerta, me giré y pregunté: —¿Cuándo empiezo, jefe? —Eso había sonado completamente obsesivo, así que añadí—: No voy a hacer ninguna mierda de las cinco de la madrugada. Sonrió. —Puedes cerrar conmigo pasado mañana. Ven a las cuatro de la tarde. Asentí. —Oye, ¿Hunter? —¿Sí? —¿Código de café? Entrecerró un poco los ojos. —¡Te lo contaré todo! Uh, veamos, uno siempre debe esforzarse por una taza perfecta. Y los diseños en la espuma; bueno, eso es bastante avanzado, probablemente no deberíamos abordar eso el primer día, y… Con una sonrisa de falso interés, salí por la puerta. Este trabajo ya parecía un ochenta por ciento más laborioso de lo que había pretendido, y noventa por ciento menos desnudo. ¿Cómo estaba siendo tan difícil el ser una puta? Jazmine hacía que pareciese fácil. Obviamente necesitaba darle más crédito a esa señorita. Tenía habilidades que yo no había entendido, como un Jedi en Spandex.

44


Comencé la tranquila caminata a casa. Sin un abrigo. Con unos tacones de doce centímetros. Al infierno con esto… ¡Hoy había conseguido un trabajo! Mis pezones alegres y yo llamamos a un taxi. Dos casi tuvieron un accidente al detenerse. Al menos había impresionado a alguien esta noche. Tal vez había saltado demasiado rápido a la tela que casi no permitía respirar. Me llevaría semanas sacarme de esta cosa. O tal vez yo no era tan sexy como había esperado. 32. Las verdades deprimentes deben ser evitadas a toda costa Mensajeé a Yash con la mayor negativa del mundo.

Yo: No voy a vestir piel falsa en nuestra cita. No me preguntes por qué.

Pasé lo que quedaba del viaje a casa riéndome para mí misma. Esta noche había sido la peor noche de la historia desde que Blade había tomado setas alucinógenas y seguía intentando mantener sexo anal conmigo “por error”: ¿Por qué los hombres intentaban esto sin pactarlo primero? Una chica lo nota. Una. Chica. Definitivamente. Lo. Nota. Llegué a casa, me quité el vestido usando mantequilla y dolor, y preparé un gran baño caliente con un gigante vaso de Syrah4. Justo había comenzado un episodio de Miss Fisher’s Murder Mysteries5 en mi tableta cuando sonó el teléfono. Inclinándome fuera de la bañera (nada de hundir caros aparatos electrónicos), miré para ver quién se atrevía a interrumpir a la temible señorita Fisher. ¡Yash!

Yash: Lo preguntaré. Y tú responderás.

Casi escupí el vino. Oh, chico. Oh, chico guapo. Oh, chico guapo y listo. La cabeza me daba vueltas y no por el Syrah.

Syrah: Uva que se usa sobre todo para producir vino tinto. Miss Fisher’s Murder Mysteries: Serie australiana basada en las novelas de Kerry Greenwood. Se trata de una aristócrata y detective privada que resuelve todo tipo de casos en la Australia de los años 20. 4 5

45


Yo: ¿Tú y qué ejército? Yash: El de Dumbledore.

¡Argggg, no, nada de referencias a Harry Potter! Métete en mis bragas, oh, chico guapo, listo y nerd británico.

Yo: ¿Quién?

Esperé unos treinta segundos completos antes de añadir:

Yo: Estoy bromeando. ¿Simplemente pensaste en cancelar nuestra cita? Yash: Sí. Sentí nauseas. HP es un motivo de ruptura. ¿Qué casa eres tú? Yo: Soy una Ravenclaw… pero últimamente me siento traviesa, como una Slytherin. Yash: Interesante. Me dirás el por qué mañana. Yo: ¡Nunca! Yash: Yo también soy un Ravenclaw. Pero seré un Slytherin con tu trasero para que me cuentes tus secretos.

¿Haría qué?

Yash: …lo digo en serio. Yo: Estás muy seguro de esta cita, ¿no es así? Yash: Aparentemente. Yo: Estoy en la bañera, y se está enfriando, así que me desconectaré por el resto de la noche. Antes de que amenaces con hacerle más daño a mi trasero. Yash: También iba a amenazar a tus pechos, pero supongo que eso puede esperar a mañana. Duerme bien, encantadora Giselle.

Giselle. Arg. Por unos perfectos minutos lo había olvidado. 33. Joderla olvidando los propios desastres.

46


Yo: Duerme bien, encantador Yash. Yash: Detente, me estoy sonrojando.

Dejé el teléfono y me hundí en el agua una vez más, con la cabeza zumbándome. Una noche. Una aventura de una noche. Definitivamente podía despedirme antes de que todo el pesimismo se estableciese. Tal vez tendríamos una cita aburrida. Después de todo, yo era aburrida, ja ja ja ugh. Tal vez él sería terrible en la cama. O tal vez J.K. Rowling me daría diez millones de dólares, crecería quince centímetros durante la noche, y también el infierno se congelaría en un cono helado de arco iris. 34. Quizás…no

47


Capítulo Cinco Desastres del Treinta y cinco al Noventa y dos Pecar no debería requerir tanto esfuerzo

M

ientras le aseguraba a mi cerebro que la cita esta noche con Yash no significaba nada, mi estómago tenía otras ideas. Mientras permanecía fuera del restaurante, el órgano rebelde estaba girando, revolviéndose y cantándome Going to the chapel. ¿Cómo si quiera conocía esa letra? Tal vez era debido al chupito que Mel había insistido en que me tomase, o el hecho de que me metí en otro ridículo vestido. Aunque nada de piel falsa para mí esta noche —solo uno rojo entallado. Era un auto de carreras humano. Había decidido mantener casi todos los detalles de mí misma igual que Giselle. Origen, infancia, etc. Excepto que Giselle no había ido a la universidad, sino que se había unido a los amigables cielos justo después del instituto. No sabía nada sobre ninguna especialización universitaria aparte del Inglés, así que ningún título era mejor que conseguir un tercer título al que no podía acceder. 35. Esto era una locura 36. Pero una verdadera cagada abraza la locura 37. ¿Y si la cita va terriblemente mal? 38. Simplemente hablaré de ello en el blog 39. Conseguir un contrato para publicar un libro 40. Frotárselo a Charmichael en la cara 41. ¡Beneficio! Sí, de verdad, pasar por cientos de mentiras que tendría que decir esta noche me llevaría directamente a un puesto en la lista del New York Times. Claro. Me giré para huir. Y me choqué directamente con Yash. ¡Pam! Se tambaleó hacia atrás y casi cayó si no fuese por la mano que extendí en el último momento. Caray, era un tipo grande. Llevaba una suave chaqueta de lana de color borgoña, y su pecho se tensaba bajo una camisa blanca abotonada y abierta en el cuello.

48


Se enderezó y sonrió tímidamente. —¿Huyendo? 42. Bien puedo empezar a mentir —Por supuesto que no. Solo caminando para mantener el calor. —Vestía un abrigo de lana blanco de princesa, pero tenía más centímetros de piel expuesta que una modelo en bikini. Y quiero decirlo en el buen sentido. Me sujetó el codo de un modo dominante y me guio dentro. A pesar de la reserva que él había hecho, nos pidieron que esperásemos en el bar diez minutos. Esta vez, su mano descansaba en mi cintura mientras me introdujo entre un grupo de neoyorkinos bien vestidos. Él me iluminó como un árbol de Navidad. Ah, a la mierda la cena. 43. Desnudémonos en la barra del bar y tengamos a las personas aplaudiéndonos mientras lanzan ginebra sobre nuestros cuerpos retorciéndose. Yash se adelantó a mí y tomó un taburete recientemente libre. Me sostuvo la mano mientras yo me subía a él y se garantizaba una mamada por no hacerme permanecer de pie en otro par de zapatos con tacones nuevos estúpidamente altos. —Gracias —susurré en mi tono de voz más seductor. —De nada. ¿Qué te gustaría beber? 44. Mamada, mamada, mamada La idea era tan sucia que sujeté la barra y casi dejé caer mi bolso. Pasó sus dulces ojos marrones por mis temblorosas rodillas, y no pude tomar el suficiente oxígeno para tener mi cerebro a flote sobre todas las hormonas. Me lamí los labios, su mirada siguiendo mi lengua, el hermoso hombre. —Champán —contesté. 45. Más bebida = mucho mejor para decir mentiras Obedientemente pidió alcohol y permaneció a mi lado, repentinamente callado, una copa de vino en la mano. Mantuve mi maldita boca cerrada porque no quería joderla antes de joderlo a él. También, antes de que él pudiese ser recíproco, porque, por favor. —¿Hoy tuviste un vuelo? Uh, claro. —Sí. Llegué de Honolulu esta mañana. —En realidad había estado allí hacía unos diez años.

49


—Fantástico. ¿Es usual para el equipo de vuelo estar cambiando rutas? 46. Uh… Tomé un sorbo de champán. ¿Por qué, por qué, por qué, no había estudiado el blog de estilo de vida de una azafata? En cambio, había: 47. Comprado un vestido que no podía pagar 48. Lo mismo con los zapatos 49. Y unas bragas gris perla y un sujetador que hicieron sudar a mi tarjeta de crédito 50. Pero eso inspiraría los versos de un poeta 51. (Al menos una sucia quintilla) —Mi trabajo es muy aburrido —comenté—. Quiero escuchar sobre sr un escritor. Te busqué en Google. Arqueó las cejas. —Y sin mi consentimiento, chica mala. Encogí un hombro de forma adorable. —Tu libro es muy popular. —Tuve suerte. Bueno, sí. Muchos escritores increíbles nunca llegaban a ser leídos, y toneladas de libros malos llegaban a la cima de las listas (¡como el mío, esperaba!). Pero él era realmente… —La suerte normalmente necesita algún tipo de talento. 52. Algún tipo de tiempo, de todos modos —Eres muy amable —contestó. —¿Debería leerlo? —pregunté. —¿Mi libro? Sonreí. —No, el libro de mi cita de mañana por la noche. Me ofreció una sonrisa a medias. Así era cómo se movía su boca; una mitad se movía y la otra mitad decidía seguirlo o no, a su voluntad. —¿Quién es tu cita de mañana por la noche? —Salman Rushdie, nadie importante. Riéndose, dijo:

50


—Eres casi de la edad adecuada para él. Me incliné cerca… 53. Mejor poner mis tetas bajo su mirada …y pregunté: —¿Ese es tu plan? ¿Salir conmigo hasta que cumplas cuarenta y luego cambiarme por una modelo más joven? —¿Tengo que esperar a los cuarenta? Lo golpeé en el brazo antes de recordar que no tenía planes de salir con él. Solo hacerlo rebelarme sus varias actitudes masculinas hasta que no pudiese recordar mi nombre. O hasta que pudiese. 54. ¿Quién soy? 55. ¿Quién es nadie? 56. Estoy muy profundo Seguí bebiendo. Mmmm, podía jurar que en realidad el coraje flotaba en esas pequeñas burbujas. —Cuarenta años en un hombre son ciento setenta y siete en años de una mujer. —Es bastante triste para ti. Asintiendo, comenté: —Al menos les sobrevivimos, bastardos. Planeo unirme a las Chicas de oro… como comuna. La camarera llegó entonces y nos anunció que nuestra mesa estaba preparada. Bueno, se lo dijo a Yash. Yo podría haber sido una pila inexistente, pero, ¿quién podía culparla? Él también se había convertido en lo único real en la habitación para mí. Todos los rayos de las velas simultáneamente se dirigían a su cuerpo, su hermosa piel morena, sus brillantes ojos. 57. Su magnífico trasero Llamaba a su trasero un error porque seguramente guiaría a… Nos establecimos en una mesa hacia el centro del comedor, junto a una pared de ladrillos, la vista de la calle detrás de nosotros. Me concentré en el menú de fusión asiática frente a mí, sintiéndome increíblemente nerviosa. Obviamente necesitaba más coraje burbujeante. Pedí otra copa. Aunque no podía estar tan borracha que olvidase el sexo. Él no podía ser el novio de Giselle, así que tenía que recordar el sexo a toda costa.

51


58. Demasiado borracha para recordar no era un error que estuviese deseando cometer Oh, este hombre me miraba… Vaya. No podía apartar la mirada de mi escote. Aunque, fiu, desesperadamente intentaba y/o esconderlo. Mis pechos nunca habían sido deseados de un modo tan directo. Se asomaban bajo la atención. Nunca había pensado en las chicas como fabulosas, pero, bajando la mirada ahora, incluso me impresionaban a mí. Maldición, Dag. Después de que ambos nos alejásemos de mis activos, decidimos qué platos de estilo familiar pedir. Descubrí que Yash era vegetariano. Explicó que no era un devoto terriblemente hindú, pero había crecido en una casa vegetariana y realmente lo disfrutaba. Con la comida ordenada, Yash me hizo las temidas preguntas por todos los desleales mentirosos. —Háblame de ti. —No hay mucho que decir realmente. Me encanta viajar. Apoyó su masculina barbilla sobre sus masculinas manos e imaginé a ambas en una circunstancia muy obscena. —¿En cuántos países has estado? —preguntaron él y su barbilla masculina. 59. Chico, mentir seguro que lleva un montón de preparación —Ummm… ¿Veintit… trés? Yash pestañeó. —¿Me lo estás preguntando? Me reí alegremente, y también como encubrimiento. —¡Por supuesto que no! 60. ¿Veinte son demasiados o muy pocos? —Unos veinte —contesté. —¿Cuál fue tu favorito? El corazón comenzó a latirme de forma descontrolada, no de forma apasionada sino con pánico empapado en sudor. Dagmar había visitado Canadá y, eh, Grecia con su padre y su hermana cuando había tenido doce años. Papá y Vanessa en realidad lo visitaban cada año o así, pero yo solo había sido invitada a un viaje… cuando nuestra enorme familia finalmente había preguntado por mí.

52


—Grecia —dije—. El país de origen de mi familia. Bueno, hace muchas generaciones. Es simplemente hermoso. Y me encanta el Egeo y la lentitud de allí. —Me encantaría visitarlo. Se lamió los labios y comenzó a abrirlos, antes de dejar que me hiciese otra pregunta, me apresuré: —¿De dónde eres? Una pausa, luego: —Nací en una barriada de centros de llamada en Bombay, de donde viene toda la gente india. Pestañeé. —Pensé… ¿Gran Bretaña? ¿De ahí es tu acento? Hundió los hombros. —Sí. Lo siento… normalmente con “de dónde eres” están asumiendo que soy de la India. —¡Qué buen inglés hablas! —Sonreí, pero no me correspondió—. Era una broma. La mayoría de ingleses hablan inglés. —Es cierto. —Una lenta sonrisa se extendió de una esquina a otra de su lujuriosa boca—. Soy muy elocuente para una persona inglesa de color. —Y yo obviamente hago buenas bromas para ser mujer. Se rio y murmuró: —Todo eso y bromas también. —Y me adentré más en mi pozo de lujuria. 61. El pozo de lujuria está unido a la 62. Erección femenina —¿Qué otros países has visitado? —preguntó Yash. Nota para Dagmar; la próxima vez que finjas ser Giselle, di que eres contable. Me aclaré la garganta. Bebí champán. Busqué en vano que el camarero me salvase, pero no lo hizo. Su propina sufriría por su falta de habilidad psíquica. —Veamos —comencé, lentamente. Muy lentamente. Países sobre los que podría mentir… 63. Islandia —¿De verdad? —exclamó—. ¡Adoro Islandia! He viajado por allí de mochilero o esquiando una docena de veces.

53


64. Egipto Casi lo grité, porque no sabía nada sobre Islandia, excepto que debían tener hielo. De otro modo, ¿cómo esquiaban? Alzó las cejas. —Mis padres me llevaron a Egipto después de que me graduase en el instituto. Oh, por el amor de… 65. ¿Por qué había elegido mentirle a un tipo rico con pasaporte? Sonreí y asentí, decidida a seguir adelante. Tal vez si seguía balbuceando, el enorme volumen de países lo confundirían. 66. Laponia 67. Indonesia 68. Japón 69. Westeros Él dejó su vino e inclinó la cabeza. —¿Westeros? Oh, mierda… eso era de Juego de Tronos. —Solo… solo quería ver si estabas prestando atención. —Westeros parece un lugar bastante peligroso. No quiero viajar allí, especialmente no para una boda. —¡Caray, los cerebritos de libros eran los mejores!—. Aunque me gustaría visitar Jamaica —comentó. 70. ¡Victoria! —¡Oh, es maravilloso! Las playas, la gente. La… comida. ¡Los cretinos! De nuevo su rostro mostró confusión. Si no mentía más creíblemente se congelaría de ese modo. Me pasé las manos sudorosas por la falda. —Cretino es como llaman a una salsa picante que hacen en Jamaica. Era otra broma muy exitosa hecha por mí. —Tal vez no soy un oyente de bromas muy bueno. —Sí, culpémoste a ti. —Casi a cámara lenta, su boca comenzó a moverse en lo que sabía que era otra pregunta. No. No podía discutir sobre surfear en Sri Lanka. ¡No más preguntas! —Háblame de tu familia —exigí.

54


71. Déjale mentir a cambio —Espera —interrumpí—. Mantén eso en mente mi buen hombre. Voy a retocarme el maquillaje rápidamente, ¿está bien? —Ugh, ¿por qué no estaba hablando como yo misma? Toda la noche se había convertido en una comedia de modales de los años 30. Lo que significaba que terminaría hundida en una fuente o arrestada por la policía. Sin esperar una respuesta, me escapé. Una vez escondida con seguridad en una cabina de baño demasiado perfumada, saqué el teléfono. 72. Cuando digas numerosas mentiras, escríbelas para futuras referencias Escribí Islandia… Wester… no, Jamaica… Me senté sobre la tapa de baño, tan superada por mi deslealtad que ni siquiera me preocupé por los gérmenes. ¡Tenía que dejar de decir mentiras o nunca conseguiría follar! ¿Por qué era tan jodidamente complicado? Mensajeé a Mel.

Yo: ¡Ayuda! Me estoy hundiendo en el pasado de mentira de Giselle. Mel: Deja de hablar. De todos modos, los hombres solo quieren hablar de sí mismos. ¿Cuál es el problema? Yo: No este. Este está preocupado por mí, mis sentimientos y mi historia, maldito sea. Mel: Oh, eso es espantoso. Qué imbécil. ¿Qué puedo hacer? Yo: Nada. Solo tengo que permanecer lo suficiente en la cita para sacarle la ropa. Mel: Ahora estás pensando como un hombre. Sonríe y asiente. Hazle preguntas. Y cuando dude, alaba sus músculos. Yo: Está bien, gracias. Mel: Buena suerte siendo follada. Espero que deje de estar tan preocupado por ti como persona.

Oh, ella siempre sabía qué decir. Está bien. Podía hacerlo. 73. Sonríe y asiente 74. Hazle preguntas

55


75. Cuando dude, alaba sus músculos Miré la hora en mi teléfono, uff… ¿Cuánto tiempo había estado en el baño? Mierda, mierda, mierda. 76. Pensaría que estaba haciendo caca, caca, caca Me apresuré a reunirme con él en la mesa. Con el ceño fruncido, incluso cuando sonreía. —Lo siento —me disculpé—. El pintalabios es demasiado difícil de aplicar. Ahí estaba esa mirada de nuevo… —¡Así que! —comenté mientras sonreía y asentía—. ¿Entrenas? Porque… menudos músculos. Se alegró. —Oh, gracias. ¿Has… —¡Háblame sobre tu siguiente libro! —Ningún autor podía resistirse a ese comentario, no importaba lo educado y generoso que fuese a nivel emocional. Era como preguntarle a mi hermana: “Entonces, ¿cómo estás los niños?”. Siempre me daba veinte minutos para silenciar el teléfono y no tener que contestar. —Es una comedia sobre usar el viaje en el tiempo para evitar un crimen de odio. ¡Sí! Y funcionó. Se volvió poético sobre su inspiración, personajes principales, temas y puntos de guión que él consideró particularmente brillantes. No es que lo expusiese de ese modo, pero un editor lo sabe. En realidad, me hizo sentir esponjosa y brillante en el interior. Que quisiese desesperadamente impresionarme con su libro, aunque pensase que no había leído el primero. Para cuando los platos de olor delicioso comenzaron a llegar, nos habíamos establecido en un ritmo de charla más cómodo sin más preguntas sobre el pasado. Mi estómago se desenredó y dejó de esconderse tras mi bazo. Algo bueno, porque iba a alimentar a ese cabrón. Solía preocuparme sobre comer delicadamente en una cita. Blade me avergonzaría si devoraba una lasaña como se merecía. Maldición. Realmente había tolerado mucha mierda de ese tipo. Yash dejó un bocado de judías verdes picantes a medio camino de su boca para preguntar: —¿Qué está mal? ¿Te he molestado? Dejé salir una sonrisa muy amplia.

56


—¡No! No, por supuesto que no… —estaba bien decirle la verdad. Tomé una bocanada de aire y lo solté—: Solo estaba pensando en mi ex. No de un buen modo. En realidad, lo he estado comparando contigo. Eso es probablemente extraño. Negó. —¿Mientras yo esté encima? —Deslizó un cuenco de linguini con albahaca y tofu hacia mí. Serví un poco en mi plato, la albahaca fresca deliciosa en mi nariz y haciéndome la boca agua. —Claro que estás encima. 77. Yo estaría encima más tarde 78. Y él también lo estaría —¿Quieres hablar de ello? —cuestionó. No. Esto se estaba convirtiendo en una cita demasiado real. Una cita demasiado real y excelente. —Tu pantalón es increíble. ¿Dónde lo compraste? —Banana Republic, creo. —Su rostro se suavizó en líneas de hermosa sinceridad, se inclinó hacia delante y me tomó la mano—. De acuerdo, ya lo veo, está bien. Las rupturas pueden ser muy dolorosas. No tienes que tener miedo de mostrarme emociones. Quiero a la tú real, Giselle. Sonreír y asentir. Sonreír y asentir. No llores y niegues, eso es todo lo contrario. —Eso es realmente agradable de escuchar, Yash. Quiero mostrarte la verdadera… yo. 79. Mientras no tenga que discutir sobre Islandia Bromeamos, flirteamos y sonreímos el resto de la comida mientras yo comía mi peso en distintas pastas y arroz. Pero incluso mis eructos de tofu y mentiras no podían agriar mi anticipación por la siguiente parte de la cita. 80. Sexo, sexo, sexo, sexo, sexo, sexo, sexo, sexo, sexo, sexo, sexo, sexo, sexo, sexo, sexo, sexo, sexo, sexo. Ofrecí pagar la mitad, pero dio su tarjeta de crédito. —No tienes que pagar —le aseguré—. Definitivamente vas a tener suerte. — Fue contra cada instinto decirle eso. Toda mi vida, mi padre siempre me había inculcado en la cabeza que las mujeres atrevidas nunca conseguirían un hombre decente.

57


81. al infierno con eso 82. Sería tan atrevida que me quedaría sin frenos —¿De verdad? —Se reclinó en su silla y me lanzó una mirada derrite bragas. 83. De todos modos, había mucho que habían desaparecido —¿Estás segura de que deberíamos? —cuestionó, mortalmente serio pero con el temblor del lado derecho de su boca—. ¿Solo estás aquí para aprovecharte de mí? —Sí, lo siento, ¿tenías la impresión de que me importaban tus sentimientos y esperanzas? Se rio y la culpa se deslizó de mi corazón a mis entrañas. Él estaba en una cita real conmigo. No sabía que yo estaba viviendo una mentira horrible. Debería detener esto. Yash era inocente. Y excitante. Excitante, inocente y excitante. No se merecía una mentirosa Jezabel… 84. OH DIOS MÍO, era una mentirosa Jezabel 85. ¡Hora de irse, Dag! Una Jezabel le arrancaría el corazón y lo aplastaría bajo sus ridículos y sexys zapatos. Él firmó el pago de la tarjeta de crédito y extendió la mano hacia mí. La tomé. Oh Dios… su excitante, inocente y excitante mano apretó la mía con la presión justa. La sentí en mis pies, y en varios lugares entremedias. Quería decir no, marcharme… Lo hice, pero lo seguí a la acera. Una vez fuera, se mordió el labio y miró a lo lejos en la calle, perdido en sus pensamientos. Ahora era mi momento para hacer lo correcto y marcharme. Ahora que su trasero estaba hacia mí de una manera de mucha afrenta. Se giró hacia mí, riéndose cuando me atrapó mirándole el trasero. —Escucha —comenzó. Ups. Supongo que sería rechazada antes de comportarme como una Jezabel con él—, Giselle, me gustas. Mucho. Eres divertida y hermosa… ¿Te dije lo guapa que estás esta noche? ¿Hermosa? ¿Yo? Yo era la gemela fea. Solo la gemela guapa había sido llamada “hermosa”. Continuó: »Quiero esperar. Te encuentro… un poco extraña. Y divertida, y… misteriosa. No quiero que esto sea solamente físico. Di un paso hacia él y con un setenta por cierto de verdad, dije:

58


—No siento ninguna vergüenza de ser físico. —No dije que deberías. Un paso más. Ahora estaba junto a él. —¿Me respetarás menos por la mañana? —Por supuesto que no. Me puse de puntillas y tiré de una de las solapas de su chaqueta. —Entonces, ¿cuál es el problema? Sus maravillosos ojos se volvieron cristalinos, sus pestañas revolotearon. Lo estaba convenciendo. 86. Con mi extrañeza 87. Con mi misterio 88. Con mis cagadas Este era mi momento. No era alguien que seguía las reglas, ni vestía aburridos sujetadores beige. ¡Era Giselle, una mujer de misterio, una puta de Sodoma, una viajera del mundo en un avión de mentiras! Tiré con más fuerza de su solapa para acercar más su boca a la mía. La suya tensa en las esquinas. No por mucho tiempo. Pasé la mano por su suave cabello ondulado y cerré el espacio. Olía a colonia rica y… a hombre. Mmmmm, piel de hombre. Presioné mis labios fríos contra los suyos, e inmediatamente me llevó a su pecho. Demasiado feliz para ser atrapada, le sujeté la espalda. Su firme boca se abrió sobre la mía y su calor me inundó, floreciendo en mi pecho. Me besó como un demonio y me sostuvo como un sueño, y junté los muslos contra el dolor que inspiraba. 89. ¿Era una cagada excesiva follarlo en el taxi? —Tómame —susurré contra sus labios. 90. Fue sensiblero 91. No me importaba —No —contestó en un susurro. Se sintió como un arañazo contra mis partes femeninas. —¿Qué? —logré chillar.

59


—Dios, eres deliciosa. Eres suficiente para hacer pecar a un hombre durante la eternidad. Debería besar a escritores superdotados más a menudo. —Pero quiero decir en serio lo que dije. Frenemos un poco, ¿sí? —Me colocó un mechón detrás de la oreja y exploté en fuegos artificiales en forma de una expresión ceñuda. Inclinándose adorablemente, me miró directamente a los ojos. —¿Saldrás de nuevo conmigo? 92. “Sí” contesté La número noventa y dos era, probablemente, mi peor cagada de todo el montón.

60


Capítulo Seis Desastres del Noventa y tres hasta el Treinta y Uno Cappucci-No

M

e desperté a la mañana siguiente... er, por la tarde... y rodé en mi cama vacía. Una resaca de lujuria golpeó mi cabeza. Me volví loca con dos tipos diferentes esta semana y no había logrado absolutamente terminar desnuda. 93. Sin pectorales 94. Sin pecho peludo 95. Sin olor encantador en el cuello Blade emanaba un olor a cuello. Era una señal, pero la ignoré. 96. Sin trasero increíble para agarrar 97. Sin pene Hunter no me cortó a velocidad. Era tan encantador, pero había sido un experimento. Un experimento fallido, como un monstruo de Frankenstein que suplicaba por la muerte. Pero Yash... Me puse boca abajo y gemí su nombre: —Yaaaaahhhhhhhhshshshshs. No salió tan bien. Además, se suponía que debía estar encima de mí. Mi teléfono decía que tenía tres horas antes de tener que estar en la cafetería. Así que, para ser una imbécil, decidí escribir una publicación en un blog sobre mis esfuerzos épicamente fallidos para echar un polvo. Saqué una publicación, no la deletreé… 98. La chica del juego es la de 4 años dragón Y lo saqué en vivo. Puse un enlace en Twitter, luego pedí comida griega como recompensa por mi trabajo duro y difícil. Una burbuja de emoción rebotó alrededor de mi vientre por comenzar un nuevo trabajo. ¡Dinero! ¡Dinero, dinero, dinero! Dinero del tipo de trabajo del que no tendría que pensarlo una vez que saliera. Mi burbuja casi realizó volteretas hacia atrás, pero luego decidió estallar en un bostezo porque no necesitaba anticiparme ni preocuparme. Era inteligente, y trabajé

61


al por menor en la secundaria. Ciertamente, la memoria volvería a fluir, y estaría bien. Mi teléfono sonó, Yash.

Yash: Cometí un terrible error anoche. Yo: ¿Por qué? Yash: No pude dormir por desearte.

Oh síiiiiiiiiiii. No me acosté con él, pero lo dejé con ganas de más. 99. ¡La puta gana! 100. A veces, una falla puede ser un error futuro en la preparación de algo. Dejé que lo pensase mientras me quitaba el aliento matutino y me ponía ropa suficiente para no sorprender al repartidor. 101. Luego, me quité el sujetador otra vez porque todo estaba a punto de arruinarse. 102. Además, los sujetadores son dispositivos de tortura del diablo. Finalmente, decidí que el pobre hombre de las bolas azules ya no debería sufrir sin mi ingeniosa respuesta de texto.

Yo: Pobre hombre. Si solo alguna mujer caliente hubiera tratado de meterse en tu bóxer anoche.

Bóxer: Conocía toda la jerga británica.

Yash: Mírate usando toda la jerga británica. Sí, me culpo a mí mismo. Yo: Yo también te culpo. Yash: ¿Me perdonas esta noche? ¿Preferiblemente desnuda?

¡Argh! Tenía que cerrar con Hunter esta noche.

Yo: Tengo que viajar a Maui esta noche. No volveré por un par de días.

62


Si no tuviera trabajo mañana, tenía grandes planes para adoptar un gato. 103. Nunca es demasiado temprano para la loca señorita del gato. 104. Especialmente a pesar del odio a los gatos de tu ex. Sí, aunque mis entrañas estaban enrojecidas por el deseo de tener a un nerd sexual gigante y aficionado a los libros, lo haría esperar, ¡porque ese es el precio que pagas por ovarios azules! 105. Vamos a hacer que los ovarios azules sean una cosa. 106. Las personas con ovarios también se frustran. Mi comida llegó, así que dejé que Yash terminara el texto y contenté mi cuerpo dolorido con hummus. El kabob me hizo pensar cosas sucias, así que mordí esa brocheta con gusto. Muy pronto, era hora de ir a trabajar, así que me puse unos vaqueros, una camiseta oscura y zapatos cómodos para correr. No conseguiría acostarme con Hunter, así que me puse brillo de labios y rímel, pero nada más. 107. A la mierda el gran maquillaje. 108. Excepto cuando quería usarlo. Caray, tenía toneladas de correos electrónicos. Gente comentando en mi blog. ¡Sesenta y tres comentarios! La mayoría eran favorables, pero lo suficientemente malos como para que mis fanáticos me defendieran. Mis fanáticos. Mi Tweet tuvo trescientos retweets. Ir tras hombres atractivos realmente estaba dando sus frutos. 109. Excepto por mis partes de chica Le dije a mi multitud de seguidores que trabajaría en la cafetería, y diez me preguntaron en cuál. Caray. De acuerdo. Definitivamente necesito dejar de dar demasiada información personal. Después de todo, una cuenta de Twitter por el amor de Dios amenazaba con quemarme como una prostituta. Le envié un mensaje de texto a Yash que estaba a punto de despegar en mi vuelo y me fui a mi nuevo trabajo. Una cafetería. ¿Qué tan difícil podría ser eso?

63


* —¡Dije soja! ¡Soja! ¿Qué tan estúpida eres que no puedes entender sojjaaaaaa? Esas palabras me fueron gritadas por una mujer que llevaba una camiseta de estrella del pop antes de lanzarme el café caliente al pecho. Me las arreglé para esquivar la mayor parte, pero aun así el café hirviendo a base de no soja, salpicó mi hombro y brazo, y grité mientras bajaba, fuerte sobre la alfombra de goma del suelo. Oh, brillante, quemaba. Diablos quemaba. ¿Por qué, por qué, por qué? ¡Ni siquiera hice el café! ¡Solo tomé el pedido! No es que debiera haberle echado café a nadie, pero Lacey, la pelirroja de la otra noche, me frunció el ceño todo el día porque pensó que me había acostado con Hunter. Me arrastré lejos de la horrible alma en pena de soja, con su taza ahora vacía, apretada en mi mano. Solo había estado aquí por tres horas. Una mujer me había hablado sobre el precio de su sueño de moka de triple caramelo que era una necesidad que no podía permitirse. Otra persona me había arrojado su tarjeta de crédito, la lanzó, y cuando me agaché para no conseguir una Amex6 en el ojo, llamó a Hunter porque permití que su plástico tocara el suelo en lugar de permanecer en mi retina. Después de ese último asalto, me arrastré hasta la oficina de atrás, como la escena de un fracaso. Examiné la taza de café. Yo había escrito soja sobre ella. No había duda, fue hecha correctamente. La mujer de la estrella del pop solo necesitaba a alguien en quien desahogar su día probablemente porque su vida era tan terrible que le gustaban las estrellas del pop. Hunter entró corriendo a la habitación. —Oh, no —exclamó. Me pasó una bolsa de plástico llena de hielo por el hombro. Aaaaaah. La sensación de frescor se sintió ligeramente mejor, pero una suave retirada de mi camiseta empapada reveló una ampolla gigante de quemadura de segundo grado. —Eres una verdadera barista ahora —mencionó Hunter mientras se sentaba en el suelo junto a mí.

6

Tarjeta de crédito American Express.

64


—No, no lo soy. —Me reí y agregué—: ¿Puedes decirle a Lacey que no me acosté contigo? Puedes omitir el hecho de que lo intenté. Sonrió. —Claro, no hay problema. Para tu información… —Miró a través de la puerta abierta antes de susurrar—: Lo intentó y también falló. — ¡Sí! —Di un puñetazo al aire. 110. A la miseria sin pene le encanta la compañía. Ja. En Twitter les encantará eso. 111. Esa fue la cosa más insulsa que alguna vez pensé. 112. ¡Estoy ganando! 113. ¿Ganar qué, sin embargo? Hunter me pasó la crema para quemaduras del botiquín de primeros auxilios, y dije aaaahhhh—cuando la puso. Dolería por días, pero dije: —Estoy lista para ir otra vez. —Dejé que Hunter me ayudara y me siguiera detrás del mostrador. Levanté la taza de café vacía y me aseguré de que Lacey pudiera escuchar. —Hunter, Lacey nunca habría estropeado la bebida. Estaba claramente marcada como soja, y es la mejor barista que tienes. —La cabeza pelirroja de Lacey se volvió, y apareció una media sonrisa. ¡Yay! Quería trabajar como amigas. Extrañaba la camaradería de otras mujeres. La Editorial era pésima con las chicas, y eso lo hacía increíble. De vuelta en la caja registradora, salté a la refriega de nuevo. La mayoría de los clientes eran agradables, incluso cuando fui un poco lenta porque me lanzaban un proceso o ingrediente inusual. Mantener la velocidad, la precisión y el registro mientras sonreía sin importar qué. Maldita sea. Olvidé lo difícil que era. Y dije plegarias silenciosas pidiendo perdón por cualquier momento en que alguna vez hubiera sido cortante con un empleado minorista. No tenía ese hábito, pero seguramente sucedió. La demanda de café no puede ser satisfecha, así que mis dedos volaron a través de la registradora tan rápido como pude durante la siguiente hora. ¡Estaba entendiendo esto! A decir verdad, un sentimiento de logro cantó a través de mí, incluso cuando mi hombro palpitaba. Canta, palpita, canta, palpita. Pero luego me pregunté si sobresalir tomando pedidos de café sería una traición a mi compromiso de follar. Sí, me estaba preocupando demasiado.

65


114. Aflojar 115. Ser lenta 116. Dejar de sonreír 117. El café es honor suficiente Es una línea fina cuando me desempeño lo suficientemente bien como para mantener el trabajo, pero tampoco me importa si me despiden en el acto. Respiré hondo, lo solté lentamente, luego saludé al siguiente hombre en línea sin una sonrisa. Usaría la misma actitud que había tenido en el club: soy demasiado buena para ti. —¿Qué puedo servirte? El hombre alto, delgado y blanco se inclinó hacia este niño, un niño de diez años. —¿Qué es lo que quieres? —le preguntó al chico. —¡Chocolate caliente! Asentí. —¿Qué tamaño? El padre puso los ojos en blanco. —Es un niño, ¿qué piensas? Jesús. Pequeño. —Luego negó hacia mí. Parpadeo intermitente. Me congelé y solo lo miré, el nudo en mi vientre se convirtió en una espiral de ira. Había tenido a quince niños en esta línea hoy bebiendo cafés lo suficientemente grandes como para asfixiar a una jirafa. —Así que... ¿uno pequeño entonces? —le pregunté al niño directamente. —¡Mediano! —respondió con sonrisa desdentada. El padre resopló y puso los ojos en blanco otra vez, y metí chocolate caliente mediano en la computadora. Un. Botón. En. A. Pausa. Tiempo. Sorbí por la nariz. Miré la pantalla. Los resoplidos del hombre se convirtieron en vientos huracanados. 118. Ellos no dicen cuán divertido es ser un idiota. 119. ¡La sociedad le teme a la verdad! Le pregunté al padre: —¿Y usted qué quiere? —Triple latte, mediano, leche de coco.

66


Lo recitó tan malditamente rápido. Me quedé buscando cómo poner triples en un mediano, pero realmente no pude encontrarlo. El papá comenzó a golpear con sus manos el mostrador. Mi pulso se aceleró y tuve que recordarme a través de profundas respiraciones que no importaba. Deja que se enoje porque todavía no eres un lector muy rápido. Su primer ataque a los cuarenta y cinco años le daría unas vacaciones a la ciudad. —¿Esto te supera? —preguntó sarcásticamente, pensé que su apellido debía ser Whiplash. Le sonreí por primera vez. —Obviamente. Espere, por favor. —Mi sonrisa todavía estaba enyesada, agité la mano para atraer la atención de Hunter. Él se apresuró a llegar—. Hunter, ¿cómo hago u triple en un… El padre escupió (literalmente, mojó el mostrador con su inmundicia). —¡Triple latte, mediano, con leche de coco! Al parecer, esta mujer es demasiado estúpida como para usar una computadora. —Sonreí, pensando que si no me echaba café hirviendo, perdería la carrera por el peor bocado del día. Hunter se hizo cargo de meter el pedido y vi cómo lo hizo, así que lo sabría para la próxima vez. El padre se volvió hacia su hijo y le dijo: —Noah, esto es lo que sucederá si no vas a la universidad. Acabarás siendo una perra estúpida en una cafetería. Lo dijo en voz suficientemente alta para que todos los trabajadores del lugar se detuvieran y miraran boquiabiertos, igual que la mitad de la fila. Incliné mi cabeza, desnudé mis dientes (en una sonrisa, tonta), y moví la jarra hacia él mientras lo miraba directamente a los ojos. Nunca parpadeé, y, después de un momento o dos, tragó y retrocedió del mostrador, con el cambio apretado en su puño. Un silencioso juramento sonó al lado de mí, y encontré la mirada de Lacey. —Aquí está su taza de café —le dije, pasándosela. Ella sonrió y se lamió los labios. —Ummm... espero poder lograrlo. Puse mi expresión más sarcástica. —¿Quieres decir que eres una perra tonta que trabaja en una cafetería? —¡Me tomó quince minutos descubrir cómo ponerme la ropa interior esta mañana!

67


—¿Lograste ponerte la ropa interior? ¿Eres una maga? Y así de “¡bum!”—amigas. El imbécil por el que nos habíamos unido estaba esforzándose por ver su taza sobre el mostrador. Había descubierto que tal vez no deberías insultar a nadie que fabricara su producto alimenticio. Lacey vio su aspecto y rápidamente empujó la taza fuera. Fui a hacer el chocolate caliente de Noah, lo único que realmente sabía cómo preparar hasta ahora. Le puse una gran porción de crema batida y lo llamé por su nombre. Él trotó hasta el mostrador para tomarlo. —¡Gracias! —dijo. Se inclinó, y casi me estiré sobre el mostrador para acercarme lo más posible—. Lo siento, mi papá es un tarado —susurró—. No te preocupes por eso. Me dice lo mismo sobre la universidad, básicamente, donde sea que vayamos. Ya no estamos autorizados a entrar en Tasti-D-Lite. 120. Le respondí: —Solo recuerda su comportamiento cuando llegue el momento de ponerlo en un asilo. Noah asintió muy solemnemente y se reincorporó a un padre todavía mirando. 121. Corromperlos pronto. Me volví a Hunter para encargarme de la registradora otra vez cuando pasé junto a Lacey. Susurré: —No escupimos en los cafés de esas personas, ¿verdad? ¿Eso sería malo? —¡Por supuesto que no! Somos profesionales. —Sirvió dos tiros en el café frente a ella—. Pero los hacemos descafeinado. 122. Descafeinado —Caray, qué salvaje, Satanás —respondí, y obtuve una sonrisa de ella. El resto de la noche transcurrió sin problemas. Para las diez de la noche, mis perros no ladraban ni gritaban, y quería colapsar sobre la sucia alfombra de pie. —Es hora de limpiar —declaró Hunter. Asentí y salté hacia él. No tenía sentido estar desganada ahora; cuanto antes cerráramos, antes me uniría a mi cariño, a mi amor, a mi baño. Sin Yash esta noche, ya que estaba “descansando en una playa en Maui”. ¿O todavía estaba volando? De cualquier forma, no respondí un mensaje de texto en todo el turno. Cuando los mostradores habían sido limpiados, el suelo barrido y las sillas se colocaban bocabajo sobre las mesas, oficialmente había terminado mi primer turno de mi nuevo trabajo. Había sido mucho más laborioso de lo que había soñado, tal

68


vez estúpidamente. Todos mis músculos se sentían cansados... bien, de alguna manera. Saqué mis frustraciones en el suelo mojado, en una basura que arrastraba. Y, una vez que aprendí cómo usar la computadora, incluso la toma de pedidos se convirtió en mecánica de una manera encantadora, borrosa. Descubrí bastante rápidamente que trabajaba rápido y sonriente para las buenas personas, y… 123. Lento y sonriente para los groseros 124. Una sonrisa puede significar “vete a la mierda”. 125. Tal vez incluso más que un ceño fruncido. Tomé el tren a casa y, a las once de la noche, acababa de meterme en el baño cuando me sonó el teléfono.

Mel: ¡Gaaaaaah! ¿Estás despierta? ¿Puedo ir? Yo: ¡Sí y sí! ¿Qué pasa? Mel: Te lo diré cuando llegue. Yo: Estoy en el baño, entra. No importa lo que esté mal, mis senos ayudarán. Descubrí que son geniales. Mel: Siempre te he querido, pero te quiero más ahora que eres semi-malvada. Mel: Pero puedes mantener tus grandes senos para ti misma.

Ahora me preocupaba Mel. Me hundí en el agua y ¡argh! ¡Me levanté de nuevo porque duele cuando sumerges una horrible quemadura en agua caliente! Salí corriendo de la bañera, salpicando el suelo con agua y busqué una bolsa de hielo. De vuelta en el baño, caliente en la parte inferior de mi mitad, fría en la parte superior. Aaaaagggghhhh. Mis pies se sentían como si se estuvieran derritiendo en el agua, los alfileres y agujas en mis plantas ya comenzando a aliviarse. Grrrrr… desearía poder atacar a esa horrible lanzadora de café, pero al menos Hunter dijo que habían sido desterrados. Tomaban fotos Polaroid de todos los idiotas oficiales y las colocaban detrás del mostrador. Obviamente, trabajaría para memorizar los rostros de esas personas de inmediato. Cerré los ojos por un momento hasta que la bolsa de hielo y el baño estuvieron aproximadamente a la misma temperatura. A través del baño abierto, escuché a Mel en la puerta de entrada. Seguido por pasos, avergonzada por el sonido de ellos.

69


Mel irrumpió en el baño y espetó: —¡Mataré al horrible hombre! Me senté, que mis senos sean condenados. —¡Te ayudaré! Entonces, ¿a cuál? Me tendió una toalla y aparté el paquete de hielo para ponerme de pie. —¡Maldición, Dag! ¿Estás bien? Gemí. —Sí. Tengo que poner crema para quemaduras. —Logré detenerme por una de camino al tren. Pero primero… —Cúbrete el trasero —me pidió mi mejor amiga. Chasqueando la lengua me envolví con la toalla mientras Mel iba... a buscar algo en la cocina. Me puse una camiseta de tirantes que evitó mi horrible ampolla de dos centímetros, pantalón chándal y deportivas. Una vez en la cocina, me puse a aplicar mi crema refrescante y agudicé mis oídos hacia ella. —Dispara —ordené. Mel se sirvió el vaso de vodka más espectacular que jamás había visto. Inclinó el vaso, se bebió la mitad, se limpió la boca y comenzó a hablar. —¿Recuerdas a Taylor? Mi estómago comenzó a anudarse con odio. Taylor Choate era un compañero editor asistente en el grupo de Mel: ciencia ficción y fantasía. —¿Síiiiiiii? Swish. La otra mitad del vodka desapareció. Oh, caray. Realmente estaba enojada. No había bebido vodka tan rápido desde que su madrastra había tirado su diploma universitario enmarcado para despejar el espacio en su habitación de álbumes de recortes. —Taylor acaba de firmar a una segunda autora a mis espaldas. —¿Qué? Mel sirvió más vodka en su vaso, lo puso en el mostrador y llevó la botella a la mesa. —Pensé que la primera fue una casualidad. Pero la segunda era una mujer que yo había reclutado de su libro auto publicado que había disfrutado. Sin decirle nada a nadie, le envié un correo electrónico para preguntarle si tenía otro trabajo. Lo tenía, y me envió un manuscrito. ¡Ni siquiera la mencioné en una reunión editorial

70


todavía! Pero hoy, Taylor la trae con nuestro jefe como su descubrimiento... ¡con exactamente el mismo libro que me envió! —Tomó un trago directamente de la botella. —¡Ese bastardo! —Así que le envié un correo electrónico a la señorita, muy educadamente preguntándole qué pasó. Dijo que la había llamado diciéndole cuánto le gustó el libro, y que lo elegía a él sobre mí. Tomé el vodka. —Tenía que saber que lo descubrirías. —No le importó. Todo lo que digo ahora le suena agrio a Charlie. —Uf, eso fue duro, Charlie, su jefe, era el tío de Taylor. Mel se dejó caer en una silla. —¿Cómo? ¿Cómo lo supo? ¿Se lo mencioné a alguien? —¿Lo hiciste? Negó con tanta fuerza que su cabello se enredó. —No. Lo sabía esta vez. Le devolví la bebida, ella estaba bien. —¿Está leyendo tus correos electrónicos? —Pensé en eso: cambié mi contraseña de correo electrónico y la envié por correo electrónico personal. —¿Pero le escribiste los correos electrónicos en tu computadora del trabajo? Se quedó boquiabierta. —Sí. Asentí. —Es posible que tenga un registrador de pulsaciones de tecla que le envíe todo lo que haces. O pirateó toda la máquina de alguna manera, no solo el sistema de correo electrónico de la empresa. Soltó un chillido de tal frustración que casi se incendió. —¡Ese pedazo de mierda! Mientras golpeaba mi mesa y bebía, mi visión se volvió roja y confusa. No. ¡No! ¿Por qué los Carmichael y los Taylors de este mundo siempre ganaban? Mel era

71


honesta, trabajadora, inteligente. Hacía el trabajo, ¡y ese pedazo apestoso de gel para el cabello cosechará las recompensas! No bajo mi jodida vigilancia. Con dientes apretados, aseguré: —Voy a atraparlo para ti, Mel. —¿Cómo puedo probarlo? Negué. —No, no. No lo probarás. Lo atraparé con ese, o con algún otro esquema suyo. —Me encontré con su mirada—. Y lo digo en serio... voy a atraparlo —dije eso en voz alta, con un gruñido. 126. Lo atraparía 127. Lo atraparía tan bien 128. Lo haría llorar por su mamá 129. Haría llorar a su mamá por haberlo dado a luz 130. ¡Haré que el hospital en el que nació se incendie espontáneamente! Con las pestañas mojadas, mi mejor amiga me miró parpadeando. Tomé su mano. —Sí, Mel. Voy a vengarte. Sorbió por la nariz con felicidad. Me recliné hacia atrás. —Cuéntame todo sobre ese imbécil. Voy a arruinar su vida, y te dejará en paz. —¿En serio? Con los ojos muy abiertos, con mi voz más inocente dije: —¿Qué? ¿Me van a despedir de la editorial? Las dos cacareamos como las brujas verdaderas, del tipo que quemaban en los viejos tiempos. Hoy, las brujas los quemarían a ellos. Mel se limpió los labios de vodka. —Taylor proviene de dinero, Charlie también. Del viejo dinero de bienes inmuebles de Nueva York. Conduce un Pagani Zonda que ama más que a la vida misma. Solo vive a diez cuadras de Manhattan, pero conduce todos los días solo porque sí.

72


Me senté derecha. —¿En serio? —Oh, tenía una idea para eso...—. ¿Qué demonios es un Pagani Zorpa? —Zonda. No tengo ni idea, pero parece una nave espacial con la que podrías comprar un apartamento. —De acuerdo, ¿qué más? Su rostro se endureció con autodeterminación. —Le encanta que las mujeres con poca confianza se acuesten con él. Por lo general, muy jóvenes, para que no tengan suficiente autoestima para decirle no a su pene de trasero pequeño. —¡Ja! ¿Alguna vez lo conocí? Sonrió. —No lo creo. —Bien. Trata de averiguar dónde estará en una noche o dos y me aseguraré de que yo no tenga que trabajar. Aplaudió en la silla con puro regocijo. —¡Que te jodan, Taylor! ¡A la mierda con tu mierda de robo de autor! —No explores a nadie más con tu computadora de trabajo. No escribas nada allí que no te guste que lean. —Lo haré. O no lo haré, como pueda ser el caso. —Señaló mi herida y se mordió los dientes con simpatía—. ¿Qué te pasó allí? — ¡Soooooooooojaaaaaa! Alzó increíblemente las cejas. —Bueno, estaría enojada si fuera intolerante a la lactosa también. Mi teléfono sonó y Mel lo agarró. —Ooooh, Yash quiere saber si ya aterrizaste todavía. ¿Dónde estás? —En Hawai. ¿No puedes saberlo por mi bronceado? Soltó una risita y me dio el teléfono. —Vas a tener que conseguir uno, tonta. Tal vez uno de tus errores puede ser una cabina de bronceado. —¡Me encanta! Debo haber aterrizado para ahora.

73


—Creo que deberías pasar la Navidad en Hawai. Es solo en dos días, de todos modos. Haz que se ase antes de darle algunos fuegos artificiales de fin de año. —Me guiñó un ojo e hizo un gesto gráfico con sus manos para mostrarme qué clase de fuegos artificiales debería recibir repetidamente... por así decirlo. Eso era si alguna vez podía convencer a un hombre para que me diera el negocio. En serio, era una dama con buenas aldabas y una actitud positiva. ¿Por qué no podían acostarse conmigo? Cerré de nuevo la noche siguiente. Después, Mel y yo nos quedamos hasta tarde para ver de 9 a 5 en busca de inspiración sobre cómo arruinar la vida del imbécil. Justo en el momento en que Doralee estaba atando al fanático sexista, egoísta, mentiroso e hipócrita, le informé a Mel que necesitábamos un nombre de operación. —¿La operación Taylor se cae rápidamente? Escupí mi vodka. —Uso A +. Sin embargo, necesita más indignación. Operación... Justa... —Algo con senos, o vaginas, ya que tenemos estas cosas y los lastimaremos. Me senté derecha en el sofá e hice una pausa en la película. —La Operación Justa de los Senos. —Operación de Vagina Justa... ¿Bamb? — ¡Dentada! —Me puse de pie y levanté mis brazos ligeramente ebrios en señal de victoria—. Operación Justa de Vagina Dentada. ¡A veces la perra te podrá morder!

74


Capítulo Siete Desastres del Ciento treinta y uno hasta el Ciento cincuenta y siete Operación Vagina Justa Dentada Parte Uno

M

el y yo pasamos una increíble Navidad viendo malas películas, fumando un poco de las cosas buenas que mi vecino el traficante me había regalado como presente navideño, y en general, perdiendo el tiempo. No había podido ver a Yash, porque había viajado a Londres para las vacaciones (y estaría allí hasta Año Nuevo). No hubo fuegos artificiales para la pobre Giselle. Me desesperé, porque probablemente olvidaría todo sobre mí en brazos de una chica inglesa de piel blanca: las mujeres morenas como yo solían sufrir de algún intruso rubio al menos una vez. Esta vez no tenía que mirar el desastre de una cosa increíble que era mi hombro quemado. Desde ese incidente, mis habilidades para agacharme se habían vuelto épicas, como las de un político. Pero ni Yash ni los enojados clientes del café estaban en la parte superior de mi lista de tareas mentales. La lujuria tenía su lugar, seguro, un lugar mucho más alto que nunca en mi vida. Esta semana, sin embargo, la Justicia sería la reina suprema. ¡Justicia para los ladrones de autor! ¡Para los conductores groseros! ¡Para las personas que cambian los pañales en las mesas de los restaurantes mientras tratas de comer una tortita! De acuerdo, tal vez no todos a la vez, pero una vez que comenzara, mi retribución por los errores graves sería interminable. Dagmar Kostopoulos solía ser una oveja. Una seguidora de reglas. Una devota por el beige. No más. Ahora los malhechores se enfrentarían a mi enojo, porque tenía maldiciones para perpetuar, pero ya no tenía más metidas de pata para dar. 131. Oh Dios mío, debería ser totalmente mi eslogan para el Año Nuevo Sí, estaba sucediendo: 132. Operación Vagina Justa Dentada era una oportunidad 133. Y el primer avance anticipado sucedería esta noche Mel y yo teníamos bastantes datos a nuestra disposición. -Mel sabía a qué fiesta de Año Nuevo asistiría Taylor. -Manejaría su precioso auto, aunque lo “desperdiciaran”. -Lo había escuchado hablar al teléfono diciéndole que se follaría de forma increíble a alguna perra.

75


134. Yo era esa perra O eso pensaba. De ninguna manera me pasearía en un auto nave espacial con un borracho bruto, para conseguir suministros: un destornillador, guantes (dos pares), sudaderas con capucha (una, Mel ya poseía una porque no era de color caqui), azúcar, y un nuevo vestido de zorra. Hicimos una audición de todas mis compras recientes, pero el vestido más pegajoso que ahora poseía era simplemente de nivel de Real Housewife, cercano al nivel de perra, pero no lo suficientemente barato. Así que fuimos a la tienda local de adolescentes, donde encontré un número inquietante de opciones elásticas por menos de veinte dólares. Elegí el mismo vestido que la de doce años junto a mí. Inquietante. Mel y yo salimos de un taxi a dos cuadras del moderno bar en Williamsburg donde Taylor experimentaría la Operación Vagina Justa Dentada Parte Uno. Una vez más, revisamos el plan. Nuestros iPhones se sincronizaron, nos abrazamos y me fui del bar por mi parte del esfuerzo. Mel me sujetó del brazo. —Tal vez no deberíamos hacerlo. Quiero decir, tal vez podría agregarle laxantes a su café. Probablemente lo haga de todos modos. —Su rostro se arrugó en una horrible mezcla de sonrisa y mueca. Era la peor de las apariencias que le había visto en mi vida. Tiré de ella para darle un abrazo. —En realidad, no estamos haciendo nada ilegal. Relájate. 135. Bien... 136. Levemente ilegal como máximo 137. Nada que el propio Taylor no hubiera hecho 138. Probablemente Retrocediendo, le di un apretón a sus manos vestidas de cuero. —Si algo parece estar mal, solo déjalo y vete. Haremos esto solo si es fácil y divertido, ¿verdad? —Bien. Tú también. —Oh, ese cabrón no me pondrá un dedo encima. Mel soltó un chillido indignado. —¡Si lo hace, cariño, pondré Skinny and Sweet en su café!

76


Una mujer que pasó por allí hizo una doble toma y se apresuró a irse. Dije: —Skinny and Sweet era el sustituto del azúcar en Nine to Five, pero aprecio el sentimiento. —Oh, sí, joder, me refiero al veneno para ratas. —Te quiero mucho. —Yo también. Estábamos furiosas y chocamos nuestras caderas, y estaba tambaleándome hacia la barra con mis estúpidos tacones, el vestido con estampado de serpiente de Spandex y la piel sintética. Cada centímetro de mí gritaba conspicua. Me sentía como una prostituta aficionada. El asqueroso chico que acaba de pasar junto a mí también parecía sentirse de esa manera. Una mejor noticia, empecé a aprender a caminar con los tacones de stripper. Mi movimiento tenía algunos problemas, ¡pero no me caí en los pasados treinta minutos! 139. En realidad, tal vez podría ser una stripper con el siguiente con que me acostase 140. Pero, ¿realmente es un desastre ganar esa cantidad de dinero por bailar? 141. Hace que mi otra carrera parezca bastante estúpida Llegué al bar y entré corriendo, agradecida por la calefacción interior y la posibilidad de beber. Después de todo. 142. La mitad de caminar bien en tacones de diez centímetros era suficiente para no sentir ya mis pies Era hora de ponerse seria. Estaba aquí para conseguir a Taylor. Las personas malas ya no podrían aprovecharse del trabajo duro, honesto, agradable, dulce… Un hombre caminó hacia mí y deslizó su brazo alrededor de mi cintura. —Hola, chica sexy. Puse mi tacón en su pie. —Quita tus manos de mí, imbécil. Se alejó cojeando. —¡Jovencitas!

77


Escaneé la habitación débilmente iluminada. Uf, tantos idiotas. Si este lugar estallase ahora, al menos el veinte por ciento de los inútiles en esta ciudad se vaporizarían a la vez. ¡Oficinas enteras de banqueros de inversión se desvanecerían! Ahí estaba él. Taylor. Estaba parado cerca de la barra, vestido con un pantalón vaquero oscuro y un suéter adornado con una calavera. Oh, qué chico tan malo... Si tan solo el suéter no costara nada. Junté los dedos en el símbolo universal de planes diabólicos, excelente. Me moví bruscamente, abriéndome paso para ponerme de pie a su derecha, y dejé escapar un bufido femenino. —¿A quién tiene que hablarle una chica para tomar un trago por aquí? El hombre a mi derecha, con una amplia sonrisa, contestó: —A mí. —No. —Me concentré en Taylor, ocupado mirando hacia la barra. Le di un codazo en las costillas, y finalmente se volvió hacia mí—. ¡Uy! —Sonreí—. ¡Lo siento tanto! Solo estaba tratando de llamar la atención del cantinero. Taylor sonrió, su rizado cabello rubio y sucio se tambaleó sobre su puntiaguda cabeza. —Tienes mi atención. ¿Qué te gustaría, hermosa dama? Dejé que la “piel” se deslizara sobre uno de mis hombros y dije: —Lo que sea que tú estés bebiendo. Él hinchó el pecho de pájaro. —¿Puedes manejar un té helado Long Island? —¿Quién quiere recordar la víspera de Año Nuevo? —Dejé escapar una risa larga y tonta y él se unió a mí. Oh, sí. Lo tengo. Nuestras bebidas llegaron, y saqué mi arma secreta, un pequeño frasco, de mi bolso. Mi buen vecino traficante de drogas, Dennis, lo había adquirido para mí, ya que no era su producto normal. Vertería el contenido del frasco en el té helado Long Island de Taylor cuando no estuviera prestando atención. 143. Mel me había dicho que Taylor una vez se jactó de drogar a una mujer 144. ¿Ven? Nada que no hubiera hecho él antes 145. Y ni siquiera lo agredí 146. Así que el GHB apenas merecía la inclusión en mi lista de mierda

78


Nos retiramos a un pequeño sofá junto a la entrada del bar. —¡Eres impresionantemente excitante! —mencionó mi cita galante—. Qué gran vestido. Literalmente no había nada grandioso en este vestido. Era una camiseta sin mangas glorificada de la cual cada parte del cuerpo que poseía se derramaba. 147. Estaba totalmente loca —¡Gracias! —Solté una risita. No pensé que se podría “reír” con una palabra, pero es, de hecho, que fuera posible—. ¡Eres tan lindo! Flexionó sus insignificantes bíceps, y casi me atraganté. Lo encubrí con otra risita. ¡Salió como un arma Tommy rat-ta-ta! Taylor no parecía hablar mucho conmigo, así que solo me quedé riendo con la ametralladora. Tomé algunos sorbos de mi bebida, sin dejar de mirarloatodo el tiempo. 148. De ninguna manera dejaría que me drogara sin antes drogarlo yo —¿Qué haces? —le pregunté. Cada momento esperaba que mirase hacia otro lado durante unos segundos para poder verter el GHB y no tener que hablar con él. —A libros cuales generan toneladas de dinero, los hago realidad. —Que hace toneladas de dinero. Se congeló a media sonrisa con un parpadeo burlón. Ups. Pero en realidad, ¿un editor que no podía distinguir entre eso y cuál? ¡Qué vergüenza! —Caray —exclamé—. Dinero. Me gusta el dinero. Volvió a mirarme con lascivia, y comenzó a hablar de su gran trabajo mientras intentaba meter la mano bajo mi trasero. Si seguía avanzando a este ritmo, caería al suelo. Mi teléfono sonó. Revisé el texto. A él no pareció importarle. Agradable. Mel: Todavía estoy en casa con intoxicación alimenticia, pero todo está bien. ¡Genial! Ese era nuestro código. Si éramos atrapadas por la policía y llevadas al centro de la ciudad en algún momento del futuro, sus mensajes de texto dirían que había estado en casa, y no cerca del auto de este vagabundo. Yo: estoy muy feliz. Descansa un poco. Pondré los fideos en su sopa en cualquier momento. 149. Fideos = GHB 150. Sopa = Taylor Aunque ese era un grave insulto a la sopa.

79


Finalmente, ya no pude soportar su conversación. Puse mi bebida en el piso y “accidentalmente” arrojé mi bolso en medio de la habitación. —¡Oh, no! Me estoy emborrachando y soy torpe y cosas así. —Tiré de la bebida de Taylor de su mano—. ¿Conseguirías mi bolso? ¡Todo mi lubricante y condones están ahí! ¡Jajaja! —¿Condones? —dijo con expresión horrorizada antes de irse. Puaj. Vertí el pequeño frasco en su Long Island, y regresó al sofá, con mi bolso a cuestas. Con una sonrisa que no llegó a sus ojos, dijo: —Aquí tienes. Pero no necesitarás esas cosas conmigo cariño. Te ves limpia, y me gusta a pelo. 151. C 152. E 153. R 154. D 155. O Le devolví su cóctel y alcé el mío. —¡Bebamos! —sugerí en un tono tan alto que quizás solo los perros pudieron oírlo. Taylor entendió el mensaje y bebió el resto de su bebida en un solo trago. 156. ¡Sí! Operación Vagina Justa Dentada Parte Uno completa. Taylor se levantó para conseguirnos más tragos y le envié un mensaje de texto a Mel. Yo: Los fideos están en la sopa Mel: El vómito está en el baño ¡Oh, sí! De acuerdo, quizás nuestros códigos eran un poco dóciles y/o largos, pero funcionaban para nosotras. Taylor regresó y solo esperé. No mucho, porque pronto comenzó a balancearse, somnoliento y espacial. —Oye, amigo —indiqué—. Vamos a tu casa. Bostezó y se enderezó.

80


—Sí, está bien. Al fin. Pasaron veinte minutos. Ahora, probablemente hubiera estado de acuerdo, incluso si no lo tuviera drogado, pero sabía que ser muy agradable era el efecto secundario. De ahí la popularidad de la droga con fines de violación. Había salido con Mel una vez que había empezado a actuar como un bicho raro y quería irse con un hombre extraño a su habitación de hotel a por lo que él llamaba “pizza”. La saqué de ese bar, el tipo realmente se enojó, casi se volvió violento, hasta que escapamos en un taxi. Ella había dormido durante quince horas y no recordaba nada. Dios solo sabe lo que ese pedazo de mierda le pudo haber hecho. Mi sangre hervía incluso ahora, y el calor se disparaba por todo mi cuerpo. Tiré del brazo de Taylor, y nadó hasta ponerse de pie, esa es la única forma en que podría describir sus movimientos de sumersión y tambaleo. Con su brazo alrededor de mis hombros —en busca de apoyo, no de forma sexy—, lo conduje fuera del bar y calle abajo, donde Mel me informó que tenía el auto. Encontramos la nave espacial anaranjada. Sí. Naranja. El automóvil parecía un pene rodante que padecía una enfermedad venérea particularmente radioactiva. Caminamos hacia el lado del pasajero. Su agujero en el tanque de gasolina (no sé cómo se llama) estaba abierto, y una línea de crujiente blanca caía al suelo, donde había una bolsa abierta de azúcar. Taylor perdió la cabeza. —¡Nooooooo! ¡Noooooo, no azúcar en mi tanque de gasolina! ¡Maldita sea! ¡Maldita mierda hijo de puta! Se derrumbó sobre el auto y comenzó a llorar. A llorar. Me llevé la mano a la boca, intentando con todas mis fuerzas no reír, pero fue demasiado difícil. Taylor no se dio cuenta de que me doblaba de alegría, de todos modos. Tomó la bolsa de azúcar, obteniendo chorros de gránulos blancos sobre sí mismo. Naturalmente, saqué una fotografía. ¡Para la posteridad! Una burbuja de puro placer explotó a través de mí. No había sido feliz este año desde que Yash me besó. Ni siquiera arruinamos su tanque de gasolina. Mel solo puso el azúcar en el suelo y abrió la puerta del agujero del tanque de gasolina. 157. ¡UAJAJAJAJAJA!

81


Era hora de la Operaciรณn Vagina Justa Dentada Parte Dos.

82


Capítulo Ocho Desastres del Ciento cincuenta y ocho al Doscientos trece Operación Vagina Dentada Parte Dos ¡Ahora otro mordisco más!

M

e tomó cinco minutos prometiéndole sexo a Taylor para sacarlo del suelo. Aparentemente, la verdadera angustia puede vencer la promesa ante el sexo. Tuve que insinuarle el anal antes de que siquiera me mirara. Por así decirlo. Le aseguré que mañana nos ocuparemos del auto y subimos a un taxi hacia su departamento. Tuvimos que ir hasta ahí, porque ese era el objetivo del ejercicio. 158. El supuesto azúcar en el tanque de gasolina era solo una broma malvada extra, así como una manera de evitar que condujera en ese estado ebrio. Le envié un mensaje de texto a Mel. Yo: Estoy en camino a tu casa con la sopa de pollo con fideos. Mel: Estaré aquí esperándote. A Taylor le crecieron quince manos en el taxi, y cuando llegamos, estaba a punto de golpear al tipo para apartarlo lejos de mí. Pagué con lo que tenía en su billetera, lo saqué del auto y nos metimos en el elevador. Mel, salió con su sudadera con capucha y se detuvo para ocultar su rostro brillante, se había arrastrado dentro del ascensor detrás de nosotros. Empujé el rostro no brillante de Taylor contra la pared y lo inmovilicé allí para que no la viera. ―¿Te gusta duro, cariño? ―preguntó con malas palabras. En este punto, mi bilis interna no me permitiría hablar con él por más tiempo. El odio se arremolinaba en mi estómago y en mi cerebro como un parásito natatorio. Puse los ojos en blanco y busqué las llaves en los bolsillos de su pantalón. Lo primero que encontré fue un frasco pequeño lleno de líquido, casi idéntico al mío. Lo sostuve para que Mel pudiera ver. ―Joder, maldita sea ―murmuró. ―¿Qué? ―preguntó Taylor. Hundí su cabeza contra la pared. ―¡Nada, cariño!

83


159. ¿El asesinato es realmente tan malo? Mel me pasó un par de guantes de cuero negro. Me los puse antes de llegar a la puerta. El ascensor sonó. ―Vamos ―le ordené al cabrón. Entramos en su apartamento y usé las llaves que había encontrado en el bolsillo delantero de su pantalón para dejarnos entrar 160. Estremecimiento, no hay suficiente lejía para mis manos en este mundo Dejé la puerta entreabierta y Mel esperaría en el pasillo hasta que diera el visto bueno. Taylor se desvió hacia la cocina. Lo dirigí y le pregunté: ―¿Dónde está el dormitorio? Él soltó una risita —se rio—, y lo señaló, así que lo empujé en esa dirección. Una vez que llegamos, le di un empujón sólido y se cayó al otro lado de la cama. ¡Caray! 161. Desafortunadamente, ahora tenía una vista de su plano trasero de chico de fraternidad Se me erizó la piel incluso por estar aquí, sabiendo que probablemente, si esta hubiera sido una situación real y no una "operación" increíble, él ya me habría drogado. Gruñí con frustración, e ira de impotencia. ―No seas así ―murmuró Taylor―. Quítate la ropa, no seas una perra. 162. ¡Pero ser una perra era mi nueva obra! Eso era todo. Eso era jodido. Me quité mis estúpidos zapatos y los arrojé a la sala de estar. ―¿Te estás quitando la ropa, bebeeeeeé? ―preguntó. ―Oh, sí. ―Abrí su armario. Corbatas. Saqué cinco de su rotador de corbata automático, ¿de verdad?, y me acerqué a él una vez más. La primera la envolví alrededor de sus ojos. Empezó a levantarla, pero salté sobre su espalda y puse una rodilla entre sus omóplatos. ―Me gusta duro. ¿Recuerdas? ―¿N-no debería yo vendarte los ojos a ti? ―Claro, por supuesto. Iré después. ―Anudé la corbata detrás de su cabeza. 163. De ninguna manera la seda se recuperaría con este tipo de anudamiento

84


164. Ja ja Luego, me alejé de él y agarré una de sus muñecas. Gracias a Dios que tenía una cama de metal con preciosos postes en la cabecera y a los pies. En este punto, la sangre me retumbó en los oídos, y me recorrió una sensación de poder. Nunca, en mi vida, perpetué nada de este tipo. Pasé toda mi existencia aceptando la mierda de todos —con una sonrisa. Hasta que el maestro, jefe, padre, amigo, conductor de autobús, etc., se enojara conmigo. Al diablo con eso. Una carcajada brotó de mi boca, fuerte, mezquina, enojada, mientras mis manos arañaban como las de un supervillano, y de repente entendí por qué la gente se volvía pícara. 165. La mala conducta era divertida. ―¿Qué? ―preguntó Taylor, suavemente. En este momento estaba casi inconsciente. Tiré de su brazo y até su muñeca de todos modos. No me molesté en responderle más, pero salí de la habitación para dejar entrar a Mel al apartamento. Tan pronto como entró, choqué los cincos y le di un golpe de cadera. ―¿Lo viste caer en su mierda? ―pregunté. Ella saltó y aplaudió. ―¡Sí! No puedo creer abrir la puerta del tanque de gasolina... esa cosa... ―Tampoco sé lo que es. ―¡Y arrojar un poco de azúcar sería tan satisfactorio! ¿Se desmayó? ―Oh sí. Vamos a atarle el resto. Al igual que dos niñas saltando hacia Disney, bromeando a través de la incapacitación de nuestro propio idiota. Dejamos una de sus manos libres, pero atamos ambas piernas. También colocamos su teléfono cerca de su mano libre, de modo que si no podía desatarse, al menos podía pedir ayuda. A pesar de que habíamos entrado en el territorio de los supervillanos, todavía teníamos piedad. 166. Sin embargo, tomamos una fotografía Él ni siquiera se movió, pero comenzó a roncar. Nos reagrupamos en la sala de estar, con los pechos agitados por la emoción. Como uno, nos acomodamos, nos miramos la una a la otra, y dijimos: ―¿Y ahora qué? ―¡Que mala suerte! ―espeté―. Me debes un refresco.

85


Sonrió ante su merecido castigo y miró alrededor de la habitación. Hice lo mismo, ahora que no tenía un horrible crío adulto con el que lidiar. Ugh. Las paredes eran de color gris oscuro salpicadas de arte de mujeres desnudas. En todos lados. Y el lugar era un desastre. Él era rico, y Mel dijo que sabía que había traído una sirvienta. ¿Cómo conseguía alguien volver su casa a algo tan desagradable en... una semana? La suciedad se amontonaba en pilas en la mesa de café de aspecto caro. Calcetines sucios amontonados debajo de ella. Ugh… ¿era eso ropa interior colgando de una silla? Y ropa de entrenamiento en la encimera de la cocina, que podíamos ver desde la sala de estar. ―Vacunémonos contra el tétanos después de esto ―advirtió Mel. ―Tal vez un día de spa en la fábrica de antibióticos ―concordé. Mel dijo: ―Creo que deberíamos revisar su computadora. Leer correos electrónicos, encontrar su nombre de usuario de Reddit, cosas así. Excavar por las transgresiones. Nos encaminamos a su escritorio. ―Es difícil escribir con guantes de cuero ―dijo Mel. ―Por eso traje látex. ―Busqué en mi bolso y los saqué, dos pares―. También traje pimienta de cayena para poner en su loción tras el afeitado. Mel me dio una cachetada mirándome fijamente. ―Caray, chica mala. ―Solo quiero ser minuciosa. ―Realmente lo has tenido con imbéciles, ¿no? ―No tienes idea. ―Me pongo coloco los guantes de látex con una sonrisa maligna que me resultaba cada vez más natural, y comenzamos a explorar el amplio y amplio mundo de Taylor en internet. Sus correos electrónicos produjeron resultado casi de inmediato. Había robado a varios de los autores de Mel, tal como sospechábamos. Tomamos capturas de pantalla y las guardamos en una memoria USB que habíamos traído. Luego comenzamos a cavar un poco más en sus artículos enviados. ―Bendito sea su corazón ―susurró Mel. ―¡A su propio tío! ―afirmé. ¡El pequeño bastardo había estado filtrando notas de reuniones internas a un editor de la competencia de otra gran editorial! Planes para lanzamientos de libros, datos de tendencias, todo tipo de cosas. Parece que estaba trabajando para llegar a

86


un papel destacado en el nuevo pub, un par de peldaños por encima de donde estaba en compañía de Mel. ―Captura la evidencia ―pidió Mel. ―Hecho y hecho. A continuación, perpetramos las más modernas violaciones de la confianza: exploramos su historial de navegación. 167. Todos miramos porno. No mientas. Pero esto... Suerte que mi estómago estaba vacío, porque iba a vomitar. El viejo y sexy sexo sensual estaba allí, pero luego encontramos toda esta basura fetichista con horribles nombres racistas y brutales trajes falsos japoneses y cosas por el estilo. ―Puede que nunca vuelva a salir ―comentó Mel―, sabiendo que esto es lo que está a nuestro alrededor. Más capturas de pantalla de estas cosas. Mel dijo: ―Creo que nuestra gran jefa, Diana, podría estar interesada en esto. ¿Qué me excitará? Él sin trabajo. Su nombre de usuario en Reddit arrojó aún más recompensas maravillosas, incluyendo su comentario sobre cuánto odiaba a las mujeres (¡Clic y guardar!), Las minorías (¡Clic y guardar!). Los no estadounidenses (¡Clic y guardar!), Cualquiera que no sea millonario, y así sucesivamente. Entonces... Lo vimos. Justo en el escritorio, una simple carpeta llamada putas. Con una mirada a Mel y una respiración profunda, hice clic en abrir. Imágenes de mujeres trofeos. En su cama. En actividades muy gráficas. Durante el cual las mujeres estaban durmiendo. Rechinando, rechinando. Podría limpiar mis dientes esta noche. ―Estoy copiando todo esto. Si reconocemos a alguien, tal vez podamos avisarla. ―¡O tal vez no! ―Mel gachó la cabeza―. Tal vez están más felices de no saberlo. No está saliendo con nadie ahora, con suerte nunca regresarán. ―¿Qué pasa si él las publicó en internet? ―Un calor desagradable y enfermo se arrastró sobre cada centímetro de mi cuerpo. Saber que yo habría terminado en su archivo de horrores putas si no hubiera estado esperando activamente... Esas pobres mujeres.

87


Un gigante ronquido desde la otra habitación nos hizo saltar y gritar, pero ,afortunadamente, todavía estaba desmayado. Tuvimos capturas de pantalla más que suficientes para avergonzarlo hasta dentro del próximo milenio, y copié todas las fotos en ese archivo horrendo con el nombre ofensivo. Borré el valor de la hora anterior del historial del navegador, las carpetas temporales y eliminé la memoria USB. Mel saltaba agitada, luciendo como si se fuera a despellejar si nos quedáramos allí un poco más. Pero a medio camino de la puerta, me detuve. —¿Qué pasa? —preguntó. —Es que... —Dejé mi bolso justo delante de la puerta y me dirigí al dormitorio—. Él tiene que pensar que echó un polvo, ¿verdad? No quiero que pueda atar cabos, que asocie mi rostro con la filtración del correo electrónico. Volví a la habitación y encendí la luz. Él no se movió. Ya ni siquiera estaba roncando. Desaté sus dos tobillos y sus muñecas y comencé a despojarlo de su ropa. 168. Esta podría ser la mierda más asquerosa de todas. —No puedo mirar —chirrió Mel desde la puerta, sonando como si prefiriera ver a Jabba the Hut7 darse una ducha. —Me sacrificaré por el equipo. —Con los ojos cerrados a un noventa por ciento, le desabotoné la camisa y la empujé de un lado a otro hasta que pude tirarla al suelo. Luego, deseando haber tomado un trago de licor con la capacidad de quitar pintura, le quite el pantalón de un tirón. Le dejé puestos los calzoncillos, porque solo soy humana, y ya tenía arcadas. Tocar esta asquerosa excusa de ser humano —quien había sido mimado y mantenido toda su vida, que drogó a mujeres y, sí, las violó— , hizo que mi piel quisiera escapar y ensamblarse en otra forma de vida muy lejos de este planeta. Finalmente, deshice cuanto pude las sábanas y tiré al suelo una o dos toallas en el cuarto de baño para que pareciera que alguien más había pasado tiempo allí. Dejé una nota garabateada de —Amanda— sobre el buen momento que tuvo. Cuando estuvo hecho, y él yacía tendido sobre la cama, no tenía ganas de volver a atarlo. La rabia me tiñó la visión de rojo y me balanceé mientras permanecía parada allí, mirando su patético trasero. ¿Y qué si lográsemos que dejara a Mel en paz, o hacíamos que lo despidan? Obtendría otro trabajo por enchufe en un santiamén, mejor del que yo alguna vez tendría. Y de seguro que sus repugnantes

7

Jabba the Hutt: Personaje alienígena de La Guerra de las Galaxias, en forma de babosa.

88


hábitos de pervertidos no disminuirían. Quiero decir, cierto, intenté seducir a mi casi jefe, pero cuando él dijo que no, lo respeté. ¿Pero qué podíamos hacer? Si le enviamos por correo electrónico los archivos en su computadora a la policía, admitiríamos el allanamiento de morada. Bueno, algo así. Me dejó entrar al departamento, pero no sabía las oscuras ramificaciones legales de hurgar en su computadora. Probablemente no estaban a mi favor. Mel me tocó el hombro suavemente y yo salté. —¿Estás bien? —Estoy furiosa con este pedazo de mierda. —Yo también. —Se mordió el labio, aparentemente tan en desacuerdo consigo misma como yo. —¿Tu jefe Charlie, es su tío, ¿verdad? ¿Es un buen tipo? —Oh sí. El total opuesto a este imbécil. Los engranajes hicieron clic en mi cerebro. No hacía falta enviar nada de esto a la policía si al menos pudiéramos enviarlo a Charlie. Entonces su trabajo actual se esfumaría, su red de enchufe se dañaría, por lo menos a través de Charlie, y la gente sabría que era un cabrón. Entonces tuve la idea más increíble que se le haya ocurrido jamás a alguien. Le susurré a Mel: —Tenemos que enviar estos archivos a su madre. Se echó hacia atrás, se llevó la mano al corazón. —Dag. Giselle. Como te llames. Creo que es posible que el espíritu enfadado de una vengativa diosa guerrera amazónica te haya conquistado, ya que esta es la idea más increíble que se le haya ocurrido jamás a nadie. 169. Te lo dije Nos metimos de nuevo en su correo electrónico y, efectivamente, encontramos a su madre. Parecía una dulce dama que le enviaba recetas, reseñas de restaurantes y… a una criada para que le hiciera la colada una vez a la semana. —Ni siquiera paga por la criada —masculle, poniendo los ojos en blanco. 170. Mis ojos se iban a quedar bloqueados mirando mi cerebro si los seguía poniendo en blanco Mel anotó la dirección de correo electrónico de su madre. Le enviaría las terribles imágenes desde una cuenta ficticia. En algunas se le veía el rostro, el cuerpo, las manos sobre las mujeres... así que, sin duda sobre su autenticidad.

89


Nos tomamos un momento para examinar las habitaciones y asegurarnos de no haber dejado nada atrás. La mano enguantada de Mel acababa de agarrarse al picaporte cuando le dije: —Espera. —¿Y ahora qué? —Levantó las cejas, exasperada—. ¡He creado un monstruo! —¡He creado un monstruo! ¡Uajajajajajaa! Eché la cabeza hacia atrás e hice reír a mi villana malvada otra vez y mi mejor amiga se apartó de mí. 171. Sí, asústate 172. Asústate mucho La risa salió de una parte profunda y húmeda de mí, tal vez acumulándose durante años, décadas. ¿Esto era lo que le había pasado a la santurrona al final? Tal vez debería adoptar un extraño color de cabello o un disfraz de villana. ¿Dónde estaba mi traje de gata? ¿Dónde estaba mi libro de hechizos? Me fui al baño y puse agua caliente en un vaso que tenía sobre la encimera. Luego cumplí un sueño de diez años, le puse la mano dentro. Adrienne Johnston la chica genial me había hecho esto en mi primera fiesta de pijamas. Me oriné totalmente encima, y todas las chicas se habían reído. Incluso mi hermana. Ni siquiera conocía semejante truco, y nunca se lo hubiera hecho a nadie. Después de eso, me convertí en la nerd paria y Adrienne, en la chica más popular de nuestra clase. Ella me apodó Kostopislos, y se había quedado. Bueno, yo ya no era Kostoppislos. ¡Era Giselle! ¡O algo por el estilo! —A la mierda Adrienne —susurré mientras me arrodillaba junto a su cama. En poco tiempo, sucedió. Taylor se meó por toda la cama, y Mel se derrumbó sobre sí misma en el suelo riendo. Yo también, derramando el agua sobre su edredón, sábanas y piso. No me importaba, me dejé caer junto a ella y quizás tuvimos la mejor risa de nuestras vidas, incluso mejor que cuando nos emborrachamos y nos fuimos a ver una proyección de medianoche de Crepúsculo. No tenía idea de cuánto tiempo estuvimos allí tumbadas, con los rostros doloridos y los ojos llorando sin control. Mi cuerpo parecía flotar más ligero. Como si mi alma hubiera sido inyectada con helio, como un globo de Mylar con las palabras “No me importa una mierda” estampadas sobre él en rosa brillante. Mel me apretó la mano y sorbió un montón de mocos que sonaba húmedo. —Me alegra que estés de mi lado. —Siempre.

90


Nuestra misión se cumplió; 173. Con un bonus pis. Nos marchamos del apartamento. ¿Nos orinamos8? Ja. Un viento helado golpeó mi rostro todavía sonriente al salir del edificio. Me fui primero, como si me marchara después de un revolcón. Mel siguió cinco minutos después, solo para ser todo un espía furtivo al respecto. Nos encontramos un par de manzanas más abajo, temblando e increíblemente felices. Estaba dolorida de la risa... pero eso había reemplazado cualquier llanto que había intentado no hacer. Acerca de Blade, o por mi trabajo. Para bien o para mal, en realidad ahora estaba al mando. 174. Y maldita sea, hizo que la sangre latiera en mi hipotética erección —¡La estoy jodiendo, y me encanta! —grité a la calle, llena de juerguistas de Año Nuevo que salían de los bares y los restaurantes. Esta alegre admisión recibió aplausos dispersos y una oferta de ¿Quieres joder conmigo? La víspera de Año Nuevo era la perfecta noche jodida. Ella y yo éramos uno. Una hermosa entidad vestida con mal gusto, ambas llenas de frivolidad y contemplación. Y cubiertas de brillo. Gravitamos naturalmente hacia los juerguistas fuera de los bares. Tenían bebidas en las manos, incluso en la acera, pero a nadie le importaba. No esta noche. No al comienzo de un nuevo y brillante año: un bebé feliz que nunca tiene una caca radioactiva. 175. Por así decirlo 176. Por supuesto, muchos años, de hecho, tuvieron cagadas radioactivas. 177. Este año pasado me había arrojado bastante 178. Nunca mejor dicho. Mel me agarró del brazo. —Quedan diez minutos para la medianoche. —Entonces debemos conseguir tragos cuánto antes. Nos dimos un apretón de mano y corrimos al bar más cercano. El lugar era un zoológico encantador, y mientras esperábamos en el bar por literalmente cualquier cosa que emborrache —179. Esa es la palabra—, le dejé a Mel mi piel sintética para

8

Wee left (en el original) que sería el pis salió.

91


que se viera más festiva, y tomé su sudadera con capucha, así parecía menos una fulana. 180. Menos fulana porque los cien pavos que me acababan de ofrecer eran un insulto 181. Tenía un Máster en Administración de Empresas 182. Yo era una chica de mil dólares la hora 183. ¡Por lo menos! Apenas llegamos a la calle antes de que la voz colectiva de Nueva York comenzara a contar. Diez, nueve, ocho, el corazón me saltó a la garganta, siete, seis, cinco. Era una mujer completamente nueva este año, cuatro, tres, dos. —¡Este es mi año! —chillé. ¡Uno! Todos gritaron, aplaudieron, se abrazaron. Tres hombres diferentes trataron de manosearme, así que mis primeros actos del Año Nuevo fueron, aplastar un empeine, un caderazo y un golpe bajo en la ingle. 184. Apropiado Mel se volvió hacia mí después de ayudarme a sacar a una pelirroja muy borracha y babeando de mi sudadera con capucha. —No tengo a un tío a quien besar —dijo. —Yo tampoco. ¡Pero es mejor! —La tomé en mis brazos y la apreté con todas mis fuerzas. En su oído, por encima del estruendo, grité —: ¡Los tíos pueden ir y venir, pero mi Mel es para siempre, y yo te amo! Le planté un beso ruidoso justo en la boca. Rápido y sucio. 185. Guiño, guiño El beso terminó con ella riéndose de mí, lo cual era terriblemente apropiado. Últimamente había estado recibiendo mucho de eso. A la vez, bebimos nuestros cócteles y nos unimos a la improvisada fiesta de baile que ahora saltaba a la calle. Los taxis tocaron la bocina para que nos apartásemos de su camino, pero ninguno de nosotros prestó atención. Bailamos. Y bailamos. Y bailamos. Mis pies picaron con más ampollas que en una canción de Violent Femmes, pero este vestido de 60 x 30 cm era sorprendentemente cómodo. Los zapatos por lo menos eran buenos para olvidarme de los tíos idiotas tratando de agarrarme lo que sea.

92


A las tres de la madrugada, Mel había tenido suficiente, así que volvimos a su casa y nos desmayamos, sonrisas en nuestros rostros y marcas de pase en las manos.

* 186. Resaca 187. Una resaca terrible 188. ¿Había inventado las resacas? 189. No 190. Ni siquiera me jodería tanto 191. Giselle probablemente sí 192. La contribución de Dagmar, suplicando la quinta. Mi cabeeeeza. Mi estooomago. Mi cabeeeello. Ay. Me di la vuelta. Uf, esta cama estaba llena de bultos. —Aléjate de mí, aliento apestoso—murmuró Mel—. Y contesta tu teléfono. Me alejé de ella, según lo solicitado. Mi estómago se sacudió, pero seguí rodando justo fuera de la cama para que no la hiciese vomitar con mi aliento apestoso. ¡Bam! Aterricé sobre mi codo y mi rostro. —Auuuugh —gemí mientras sostenía mi rostro lastimado y me arrastraba en el suelo hacia el teléfono que seguía gritando en mi bolso—. ¿Qué? —respondí con la voz de Kathleen Turner. —¡Cállate! —ofreció mi amorosa amiga. —Respirare más sobre ti —amenacé. Sin embargo, no pude cumplir. Dejé caer el teléfono y me arrastré hasta su basurero, apenas alcanzándolo antes de que mi juerga reapareciera. Yo y la papelera tuvimos un buen revolcón. Me estaba preparando para hacer algo sobre el ácido quemando un agujero en mi esófago cuando recordé mi teléfono. Oh, ups. Maldición. El teléfono estaba allí alejado. 193. A todo un metro de distancia Me tumbé de espaldas y miré hacia el techo. Un débil ruido flotaba en mis oídos.

93


—¿Estás bien? —Escuche. ¡Ohh! Alguien se preocupó por Dagmar en mi teléfono. Giro. Giro. Para el tercer giro, había llegado a la cosa, todavía iluminado con la llamada. Rodé encima de eso, así que miré hacia arriba. Pero luego estaba debajo de mí. 194. ¿Por qué la vida era tan difiiiicil? Bueno. Tiempo para la mujer arriba. Saqué el teléfono de debajo de mi culo y, como un humano, dije: —Hola. —¿Giselle? Alguien preocupado por Giselle. —Yash. Hola. Lo siento. Mi resaca está teniendo bebés de resaca en mi cabeza, y esos pequeños mocosos están tocando la batería. Se rio entre dientes y mi cuerpo se estremeció con una nueva sensación. No, no era bilis, sino lujuria. —Lo siento. Espero que al menos te hayas divertido. —Lo hice. —Taylor, droga, allanamiento de morada, cama meada, él, no yo— . Real, realmente lo hice. —Bueno. Iba a invitarte a cenar esta noche, pero tal vez... —Sí. —¿Estás segura de que te sientes bien para ir? Mi barriga se lanzó a mi caja torácica a modo de protesta. —Cállate —murmuré. —¿Qué? —preguntó Yash. —Nada. Uh... Quizás tengas razón. Pero realmente quiero… —Follarte, follarte, follar, follar, follar, follar—. Verte. Te ex… Cerré los dientes. Casi había dicho "te extraño", pero sería desastroso. Tanto para decirlo... como para admitirlo a mí misma. ¡Especialmente después de una cita! La única cita a la que tenía intención de ir. —Te diré algo —comenzó. El teléfono vibró, y escuché una sonrisa en su voz de caramelo cuando regresó. De repente entendí por qué Bonnie se volvió tan estúpida con Clyde... si hubiera tenido una voz sexy como la de Yash—. ¿Disfrutas las películas tontas?

94


—Las películas tontas son las mejores. Exhaló una risa. —¿Will Ferrell? Me quedé boquiabierta. —Me encanta Will Ferrell. Me casaría con el presentador Ron Burgundy, aunque todos sabemos lo que le hizo a Verónica Corningstone. —Sabía que eras un buen partido, Giselle. 195. Uhhhhhhhhh Me dejé caer de espaldas. Él continuaba siendo demasiado maravilloso. —Escucha, ven esta noche. Pediremos comida grasienta para la resaca y veremos todas las películas de Ferrell que puedas digerir, nunca mejor dicho. —Eso espero —Aunque... si te sientes más cómoda, puedo ir a ti. Soy un hombre que acabas de conocer, después de todo. 196. ¡No, no, no! —No, está bien. Le daré tu información a mi mejor amiga, y si nunca me vuelven a ver, ella informará a la policía sobre la persona en cuyo congelador mi cuerpo está desmembrado. —Excelente. En tu lugar, tendré que desmembrar a una dama diferente. Resoplé. Caray, mi novio imaginario podía ponerse muy oscuro. Una almohada cayó sobre mi cabeza, y mi mejor amiga dijo: —Si no te callas, será en mi congelador. Me las arreglé para arrastrarme a la sala de estar. —¿No te preocupa que puedas estar en peligro ante mí? —Todo el tiempo. Especialmente cuando no puedo dejar de pensar en ti. Podrías romperme el corazón. 197. ¡No digas cosas así! Inhalé para hacer una ingeniosa réplica... pero esta era una mierda que no podía soportar. —Así que esta noche, ¿a qué hora?

95


—Cerca de las ocho. Tendré todo listo. Te enviaré un mensaje de texto con la dirección. —Hizo una pausa—. Quería llevarte conmigo al Reino Unido por Navidad. ¿Es de perdedor que lo confiese? Su adorable seriedad mezclada con chistes macabros absorbió todo el libre albedrío de mi cuerpo, y ya no era un lío de idiota mentirosa a tres metros de distancia con su propia resaca, sino una mujer maravillosa y digna que podía hacer brillar los ojos de ese hombre. Pasaron los segundos. Su silencio al otro extremo se hizo laborioso. No me preguntes cómo lo sabía. Me dio un vuelco el corazón. Mis venas se congelaron. —¿Qué está mal contigo? —espeté. Jadeó. —No, no. —Me caí en el sofá. Bueno, mi cabeza sí. Sentarse habría requerido demasiado esfuerzo—. Quiero decir... ¿cuáles son tus defectos? Porque soy un desastre, Yash. No soy genial, y… y no soy genial. Me estoy revolcando en la vida en este momento. ¿Por qué estás interesado en mí? El silencio esta vez se volvió pesado. Creo. No era una vidente, era un aliento apestoso de villa perdedora, en el Distrito de blogs de Mujerzuelas famosa. —Giselle —comenzó—, eres graciosa. Y eres increíblemente sexy. Y obviamente eres inteligente y aventurera, sin importar qué desastre estés experimentando actualmente. ¿Caliente? ¿Aventurera? Debería haberme conocido hace dos semanas cuando hubiese muerto de aburrimiento. Blade casi lo hizo. 198. Es mejor no pensar demasiado en eso Suspiro en el teléfono y logré tirar una pierna sobre el sofá. Todavía estaba sobre mi espalda, pero había logrado tanto. —Veamos, mis defectos —comenzó—. Tendré que pensar mucho porque son muy pocos. —Ajá. Voy a hacer que mires una maratón de Dance Moms conmigo esta noche. —¡Cristo, no! Bueno. Escribo solo en mi departamento en ropa interior. —Ñam —dije. —No tanto. Escribo en ropa interior y... la camisa. Mis intestinos gorjearon. —¿La camisa?

96


—Es un viejo e inimaginable trapo lleno de agujeros que solía ser blanco, pero ahora es gris. Si se mencionara en un catálogo de ropa, se llamaría "gris desesperación". O tal vez "enfermedad". Estallé en carcajadas. »Tiene muchas manchas, la mayoría son marrones y/o verdes, como si le hubiera tirado una gran mierda encima y luego vomitado. —Uf, eres un escritor, ¿verdad? —Sí lo soy. Es asqueroso. Sudor manchado. Y creo que tiene un poco de depresión permanente. —¿Por qué? ¿Por qué mantienes una camisa de enfermedad para trabajar? Se rio. —¡Es de la suerte! Escribí la mayor parte de mi primer libro, estaba bastante soltero en ese momento, quién lo diría, y recibí la llamada de mi agente que quería representarme y también la llamada de que había vendido el libro mientras la llevaba. —Ohh. —La segunda llamada ocurrió en el baño. Me cubrí la boca para que mis carcajadas no despertaran a Mel otra vez. —Caray. Buen detalle. —Querías lo malo. Resulta que yo… cago. —No a mí, pervertido. Enumeró más fallas graves. —Me muerdo las uñas. Dejaré los platos sucios hasta que huelan. Y probablemente tenga que pasar mucho tiempo limpiando mi baño hoy para que no te desmayes del horror. —Eso es... Eso es asqueroso. —Tú eres el desastre, no yo. —No te burles de mí, camisa apestosa. —Bastante justo. —La línea hizo clic y se hizo eco por un momento—. Veamos... lo dejé casi todo hasta mucho más allá del punto de ser un adulto responsable. Tenía que empezar a dejar que tomaran el alquiler directamente de mi cuenta. Recibí muchos avisos de desalojo porque simplemente lo olvidé. —Mierda. Eso es irresponsabilidad al siguiente nivel. Ahora me siento mucho mejor conmigo misma.

97


—Excelente. Tiré mi otra pierna sobre el sofá. —Sigue con eso, más trapos sucios. —Oh, paso ahora —dijo, muy británico—. Tengo que guardar algunos hábitos terribles para la tercera cita. —Alguien es optimista. Se rio, el sonido adorable y sórdido de un hombre cuya actuación en la cita número dos no estaría en duda. Me uní a él porque tampoco tenía dudas. —Te daré uno más —tentó prometedoramente—. Escribo fan fic. —Mi mejor amiga hace eso. —Es X-Files. Y no lo escribí en los 90, lo escribí ahora. Es sobre Mulder… y alien Scully. Me quedé boquiabierta. —Quieres decir… ¿Scully es un alien? —Ajá. —Y… voy a arrepentirme de preguntar… ¿Qué clase de alien es ella? Un hermoso y terrible silencio descendió, y comencé a imaginarme a la agente del FBI pelirroja con tres senos. La verdad era más extraña. —Ella tiene tentáculos —confesó finalmente. Comencé a reír incontrolablemente. Mel gritó desde la otra habitación, pero me perdonaría una vez que googleara y leyéramos ese fan fic. 199. —Dios mío, ¡te amo! —dije en el teléfono. Él jadeó. Fue un jadeo masculino, pero aun así un jadeo. —Quiero decir… —¡Oh mierda santa jodida jodiendo joder!—. No quise decir amo, amo, quería decir… —Quieres decir “tentáculo Scully con un poco de Mulder” te amo. Mi pierna se calló del sillón, me reí tan fuerte. Cada partícula de mi cuerpo se había vuelto una burbuja y yo flotaba en el mar de Yash. —sí. Vaya. Eso es un gran defecto. Y también una gran virtud. —Gracias.

98


—Entiendes que voy a leer eso de inmediato. Suspiró. —Si, lo entiendo. Por favor estas advertida que no soy la mitad de amante que alien Scully es. —Tampoco lo soy. Es Scully quien es actuado por Gillian Anderson. Ella es la persona más ardiente en la tierra. —O en Saturno Five. —Se rio de su propio chiste y dijo—: Hasta las ocho, cariño. Disfruta el primer día de tu Año Nuevo. —¡Primero de enero! —Estuve a acuerdo con entusiasmo. Espero… primero de enero. ¿Primero?—. Oh, mierda, ¡Tengo que trabajar! ¿Qué hora es? —Casi medio día. —¡Aaaa! —Moví mis piernas hacia el suelo. ¡Debía de haber estado en la cafetería desde hace una hora! Había acordado trabajar el primero de enero antes de saber que estaría efectuando una poderosa y gloriosa venganza la noche anterior. Y también bebiendo. La voz de Yash se volvió más fuerte. —Oh, no. ¿Tienes un vuelo? ¿Estarás de regreso a las ocho? Me detuve mientras el mundo giraba. Mierda. 200. Mierda. —Uh… sí. Tengo que… no estoy volando. Estoy… estoy… ¿enseñando? 201. Si. Enseñando. —Sí, enseñando —concuerdo conmigo. —Oh. ¿Qué enseñas? Uh. Uh. —Aterrizaje. —¿Aterrizaje? Joder, ¿puedes aterrizar un avión? 202. ¿¡Aterrizar!? Uh. Uh. —Sí, por supuesto. —Me levanté, pero muy apenas. Los bebés de la resaca en mi cabeza estaban teniendo nietos, y esos pequeños eran una verdadera segunda generación de idiotas—. Todos los asistentes de vuelo pueden aterrizar un avión. En caso de que los pilotos mueran.

99


Masculló. —¿Eso ocurre seguido? —Su voz se había elevado una octava, como Mariah Carey—. No me gusta volar… ¿los pilotos mueren constantemente? Me tropecé por la habitación de Mel y hacia su rmario. No podía ser una camarera con mi ropa de Forever 21. —No, por supuesto que no. Es solo protocolo estándar. Por seguridad. — Aparté las ropas hasta encontrar una camisa de botones—. Para nosotros. — Pantalones. Pantalones. ¿Dónde estaban sus pantalones?—. Los pasajeros. Como cuando nosotros… uh… —Sus zapatos eran muy grandes, mierda—. Disparamos secuestradores. —¿Qué? Espera… ¿Qué fue lo que dije? La cabeza me dio vueltas, mi estómago se hundió, y el hilo de esta conversación se había perdido en “tentáculos” —¿Solo bromeo? —Oh, bien. Ustedes… ustedes no llevan armas en el avión, ¿verdad? 203. Realmente necesito comenzar a escuchar lo que sale de mi boca. —No. Bueno, tengo que irme a la Universidad… de Asistentes de vuelo… de Pilotaje y… Sistemas… de Seguridad… Sistemáticos. 204. Era la peor mentirosa de la historia. —No tenía idea de que existía un título obtenían los asistentes de vuelo. Aprendes algo nuevo cada día, ¿no? 205. Aparentemente. —Nos vemos más tard, —le dije antes de colgar, antes de decir cosas más ridículas, antes de arruinar mi oportunidad de acostarme con alguien. Me puse dos pares de calcetines de Mel para que sus zapatos casi me quedaran. Ella me miró mientras me inclinaba y le daba un beso en la frente. —Gracias por una noche genial, bebé. —Tú aliento es incluso peor ahora. Y puedes enviar eso directo a la basura si no tienes tiempo de lavarlo. Obedientemente, lo levanté y contuve la respiración en mi camino de salida. —Te voy a comprar uno nuevo. Un gruñido feliz fue mi única respuesta. Saqué su basura, y me subí a un taxi para ir a trabajar. Gracias a todo lo sagrado, encontré un caramelo en mi bolso y lo

100


chupé mientras me acostaba en el asiento del taxi como una alberca de, bueno, vomito. Todo el mundo estaba hecho de melaza furiosa, y la atravesé con un dolor de cabeza del tamaño de Alaska. Con suerte, Hunter no me despediría. En realidad… ¿A quién demonios le importaba? Y, aun así, en realidad me importaba que despidiesen a mis compañeros… 206. Joder no debería de afectar a la clase trabajadora. El taxi se detuvo en JaVaVaVoom. Pagué y abrí la puerta. Y me caí de frente en la acera. Mi tropezón me sacó el aire, sin mencionar el resto del contenido de mi estómago. Sobre las rodillas y las manos, jadeé y escupí el resto del contenido de anoche. Oh, asqueroso. Tan, tan asqueroso. Una risa surgió encima de mí y logré levantar la cabeza lo suficiente para ver a Hunter, burlándose desde una distancia segura. —Bueno, mierda —dijo—. Ya veo por qué llegas tarde. Colapsé en la acera, en una posición fetal floja. El suelo no podía están más sucio que los rituales satánicos ocurriendo dentro de mi cuerpo. —Ugh —respondí, diciéndolo todo. —Vete a casa. Puedo manejarlo. —Lo lamento —mascullé. Oh, Dios, quería morir—. Lo intenté. —Te escuché, y lo apreció. —Escuché un clic y supe qué significaba—. Pero también me reservo el derecho de burlarme de tu patético trasero para siempre. Le lancé un débil pulgar arriba, y, todavía riéndose, entró en la cafetería. Mi mano golpeó la acerca con un fuerte golpe. Hogar. Tenía que llegar a casa de algún modo. ¿Qué debería de hacer con la pila de vomito? ¿Era grosero dejarla en la acera? ¿Pero cómo la limpio? 207. Ugh, he perdido mi almuerzo más veces en unas semanas, que en unos años. 208. Es una señal de vida de alta calidad. Dos señoras mayores se detuvieron junto a mí. —Oh, cariño —dijo una, una mujer blanca con un sombrero con estampado de leopardo. —Dios mío —exclamó la otra, una mujer negra con un sombrero con estampado de leopardo. —Ayúdenme —gemí. La amiga blanca dijo:

101


—Mavis, esta perra tonta tiene resaca. ¡Ja! No pongas tus zapatos en su desastre. La amiga negra respondió: —Ella quizás todavía está ebria. Si no lo está, debería. Tú toma su otro brazo, Hazel. Hazel y Mavis me arrastraron con todas sus fuerzas hasta que estuve de pie. Eso quiere decir, que tiraron débilmente, y yo levanté mi resacoso trasero. —Gracias —fui capaz de gemir. Metí la mano en mi bolso sacar mis lentes, que había olvidado que existían hasta este momento. Aaaaaaah. Adiós, malvado sol. Balanceándome dije—: Tengo que tomar un taxi para que pueda ir a casa. Y descansar para un chico lindo. Hazel movió su dentadura. —¿Chico lindo? Mavis movió su dentadura. —No he tenido un chico lindo en veinte años. —Eso es porque no sales lo suficiente —la regañó Hazel —. A nuestra edad, no puedes esperar a tener tres citas. Él podría morir para entonces. Ya te sucedió una vez. —Dos veces. Yo permanecí ahí, meciéndome y apretándome el vientre. Solo podía soñar que Mel y yo estaríamos discutiendo nuestro sexo de ancianas con un estampado de leopardo algún día. Ellas me consiguieron un taxi, y me metieron. Les pregunté si debía hacer algo con el vómito, y dijeron que no, que Nueva York de los setenta había sido vomitado tantas veces imaginadas. ¿Me dejarían mudarme con ellas? Las dos señoras se despidieron mientras el taxi me llevaba, y me deslice por completo en el asiento trasero. El número de gérmenes que ahora nadaba en mi cuerpo, probablemente era de millones, pero quizás habían sido matados por el alcohol. Alcohol. Olí. Y olí mi brazo, olía a alcohol. ¡Salía de mis poros! 209. Quizás incluso… mi alma. 210. Logro de escoria desbloqueado. Por algún milagro, es decir el taxi, llegué a casa. El camino de mi elevador al departamento fue en un borrón, y justo llegué a la habitación antes de colapsar.

102


Mientras estaba recostada en la cama, miré y observé el techo. Pensé en el dolor que estaba sufriendo. Los problemas que había causado anoche. El exceso de celebración. La indiferencia por las leyes del hombre. 211. Y amé cada segundo de eso. 212. Es por mucho, mucho mejor alardear de los momentos divertidos, que de los de tristeza. Gateando, el método de la chica de la fiesta espiando, llegué a la cocina, donde tomé una bebida deportiva del refrigerador. 213. Planear emborracharse con tiempo. La bebida deportiva y yo gateamos a la sala donde colapsé en el sofá. No haría mis impuestos hoy, de ninguna jodida manera. Ja ja. Tomé un sorbo y comencé a pasar los canales de la televisión, donde los programas de chismes de la mañana me dieron sueño. Antes de hacerlo, coloqué tres alarmas diferentes en el celular, para unas horas más tarde… ni la lluvia, nieve, sueño, o resaca me alejarían de mi cita con mi sexy Yash de esta noche.

103


Capítulo Nueve Desastres del Doscientos catorce al Doscientos sesenta y nueve El Príncipe Encantador y el Hada Madrina de los libros

A

lgunas horas después, —leer relojes es duro en esta condición—, logré comer un poco de sopa, tomar unas doce galletitas saladas sin ningún incidente, me lavé los dientes cuatro veces y luego me apliqué maquillaje. Sí, era una supermujer, la reina de verme perfecta después de disfrazarme como basura. Casi me desmoroné e invité a Yash a mi casa, pero había demasiadas cosas con Dagmar escrita en ellas. Una era una gran D de metal de estilo Times New Roman colgada en la pared del salón. También solía haber una “&B”, pero los había quitado con un bate de béisbol. 214. A veces la supervivencia incluye bates de béisbol La vieja yo nunca habría hecho algo tan violento. La nueva yo no se lo había pensado dos veces. Golpear las letras en el porche delantero había sido un buen ejercicio para el tronco superior, y entretuvo a mis vecinos. Había llegado a conocer a Lydia del 301 mientras se tomaba su turno para golpear. Ella tenía un ex llamado Blake… el mundo es pequeño. Me llevé una bolsa de galletitas saladas conmigo en el taxi a casa de Yash. Soy una cita con clase… 215. Preparada para salir y sacar mis propios aperitivos Llegué, llamé al timbre, me dejaron entrar. Cuando las puertas del elevador se abrieron, ahí estaba frente a mí, increíblemente sexy con un pantalón vaquero y una camisa de franela. Tenía las manos en los bolsillos y se veía tan excitante que casi salté sobre él y cometí un acto público de indecencia en el pasillo. De todos modos, tenía demasiada resaca como para saltar… y follar solo sucedería después de que obtuviese una comida que permaneciese en mi interior satisfactoriamente. 216. Oh dioses de las desvergonzadas, escuchen mis plegarias 217. Oh dioses de la bebida, quizás —¡Hola! ¿Te estás sintiendo bien? ¿Cómo fue el entrenamiento de vuelo? — preguntó.

104


Comenzó a guiarme por el pasillo y casi pregunté “¿Entrenamiento de vuelo?”, antes de recordar la mentira que le había contado sobre enseñar a otras azafatas aterrizar un avión. ¿Los pilotos no enseñarían eso si fuese cierto? 218. Por favor, no pienses mucho en eso, Yash —Todo fue genial —le aseguré. Cuando llegamos a su puerta mi estómago dio un tremendo rugido. Se rio y añadí—: Hoy no he comido demasiado. Abrió la puerta y un delicioso y maravilloso olor casi me derribó. —Puedo ayudar con eso. Una vez dentro, me quitó el bolso y me llevó de la mano a la sala. Su suave y cálida piel casi me distrajo del montón de comida en la mesa de café. Casi. Porque he aquí, contemplé un botín de verduras dulces y salsas, rollitos de huevo, wontons de crema de queso, e incluso más. Me dejé caer de rodillas a su lado y abracé la mesa. Sonriendo de oreja a oreja, se colocó en el suelo junto a mí. —¿Esto te satisface? —Uuuuuunnnnnngggghhhh. —Rodé sobre la espalda como un cachorro—. Insertar aquí. —Señalé mi boca. Arqueó las cejas. —Tu goteante rollito de huevo. Las alzó más. —¿Las bolitas… calientes y de cebolla? Me tiró del brazo hasta que nos dirigimos al sofá. —¿Bolitas, eh? ¿Alguna vez has visto a un hombre desnudo? —No tantos como debería —contesté con honestidad. Demasiada honestidad, probablemente. No pareció molestarlo, sonrió de nuevo y me dio unos palillos chinos. —Toma una caja, cualquier caja. —Te amo. —No, no lo haces. Me amas por mis calientes panecillos vegetarianos. —Sorbió por la nariz con indignación y fingió sollozar en un rollito de huevo. Comencé a reírme, mi dudoso estómago olvidándose de sus tonterías. Señalé los fideos para comenzar, así que me los entregó. —¿Puedo conseguirle una bebida a la dama?

105


Murmuré un chillido que era tanto embarazoso como estereotipo. Pero, de un modo vergonzoso, no me importó. —¿Tienes ginger ale? Está bien si… —Lo tengo… volveré enseguida. De un modo encubierto muy inteligente, usé su ausencia para investigar lo que había en las tierras extrañas. Nada malo. Su decoración era atemporal y moderna, pero no era sombría o fría. Montones de libros, naturalmente. Los libros son un elemento esencial en un hombre. Y las paredes eran de un encantador azul cielo; feliz, brillante e inesperado. Y, ja, olía completamente a elementos de limpieza. El hombre que creó este hogar siempre sería una sorpresa encantadora para una mujer. Si solo Giselle pudiese mudarse… 219. Pero ella no existe 220. No era gran cosa 221. Definitivamente no arruinaría mi vida 222. Solo hablaré de ello en el blog 223. Eso arruinaría mejor mi vida amorosa Volvió, con un vaso azul cobalto en la mano, frío y escarchado por el hielo. —Gracias —dije. Se inclinó. —Tu siguiente elección es… —Caminó hacia su centro de entretenimiento y por primera vez noté la enorme televisión. ¿De unas sesenta pulgadas o algo así? ¡Enorme! Una televisión muy masculina. Con estilo y masculina… el último gancho genial a una chica heterosexual. Aunque no el triplete. El triplete incluye a un leñador o un astronauta. 224. Astronauta y leñador es llamado el casi cuádruple Clooney Justo me acababa de meter un trozo de panecillo en la boca cuando se presentó con opciones para mi placer visual. —Santo Dios. No estabas bromeando cuando comentaste que te gustaba Will Ferrell. —Lo reconozco. —Se sentó junto a mí y ojeé la pila de DVDs. Anchorman, Blades of Glory, Talladega Nights… —¡The ballad of Ricky Bobby! —exclamé con un salto—. Esa también tiene a Sacha Baron Cohen. Y carreras de autos.

106


Una sonrisa se extendió lentamente por su rostro y podía decir que había elegido bien. Le brillaron los ojos cuando dije: —Y a John C. Reilly. —Lo que debería haber parecido extraño, excepto que sabía que estaban brillando por mí. Y un poco por John C. Reilly, quien, vamos, es increíblemente gracioso. —Oh, sí. —Levanté la mano y la chocó conmigo. El pequeño gesto casi me excitó casi tanto como un beso. Casi. Charlar sobre películas tontas es una señal excelente para un novio. Quiero decir… para una follada de una noche. 225. ¿Cuánto estaba jodiendo yo esta follada de una noche? 226. Un hermoso novio serio Presionó los botones y ajustó la configuración, masticando un rollito de huevo mientras lo hacía, y casi me morí. Casi me morí de sentimientos justo ahí en su decorada con gusto, (recientemente) limpia e interesante sala de estar. 227. ¿Por qué? 228. ¿Por qué tuve que encontrar a este maravilloso hombre en una noche llena de mentiras? 229. ¿Por qué no dije la verdad la primera vez que me llamó? 230. ¿Por qué estaba aquí Giselle en lugar de Dagmar? 231. ¿Y por qué me picaban tanto los pechos esta noche? Me rasqué el pecho con el brazo y supe que ahora no había marcha atrás. Estaba condenada. Me metí arroz en la boca. Tarde o temprano mis secretos saldrían a la luz. Tenía que hacerlo. A menos que cambiase legalmente mi nombre a Giselle, abandonase a toda persona que me conocía y huyese con Yash a vivir en una cabaña en Bora Bora. 232. Y también con un tipo rubio que se llamaba Thor Sí. Esa era la solución a todos mis problemas. 233. ¿Por qué no había considerado esto antes? Se colocó a mi lado, dejando de pulsar el control remoto. Excepto por una cosa. Exhibió su prodigioso control remoto universal así pude mirar y pulsar un botón. Las luces de la habitación se atenuaron.

107


Me reí tan fuerte que escupí un poco de arroz. No pareció importarle, sino que sonrió. —Ese es otro de mis secretos. Soy un gran cerebrito. —¿Ese es un secreto? Además, eso no sé si es de cerebrito o un artilugio de Austin Powers. —El sofá gira. —Y también vibra, debería esperar. —Para su placer. Lo dijo tan bajo que me hizo vibrar a mí, hombre malvado. Me llevé un wonton a la boca en lugar de saltar sobre él. Necesitaba la sustancia o me desmayaría durante nuestro sexo de cuatro horas. 234. Optimismo 235. Numerado porque buscar algo optimista era probablemente un error Talladega Nights comenzó, y él se deslizó junto a mí, nuestros muslos luchando como nuevos mejores amigos, nuestras bocas llenas de felicidad para llevar. Nos reímos en los mismos momentos, y pronto, mi barriga estalló de plenitud como lo hizo mi corazón. 236. Oh, no, eso era poético 237. ¡Poético! Suficiente de esta mierda de novia. Ya no era Dagmar. De ningún modo. No sería esa mujer que confiaba, seguía y apoyaba a la gente que se escondía, fingía y tomaba. Giselle era independiente… la única forma de mantener a una chica segura de los caprichos de los demás. 238. Mis propios caprichos eran suficientes con lo que lidiar Dejé la caja en la mesa, me limpié la boca de salsa y le quité los palillos de la mano. Arqueó las cejas y el pequeño pulso en su cuello saltó. Mi boca se separó en una risa, ese pequeño gesto de excitación casi me hizo querer cantar con alegría. Me mordí el labio como le había visto hacer a Britney Spears en muchos vídeos musicales. ¿Lo siguiente? La última vez que intenté ser agresiva con un hombre, terminé con una impresora en el trasero. Allá vamos. Me acurruqué en su regazo para ponerme a horcajadas. Sonrió y no me lazó al suelo. Espléndido. Deslizó las manos por mis piernas cubiertas de tela vaquera para agarrarme el trasero, su mirada permaneció en la mía todo el tiempo. Nos sentamos

108


allí, sosteniéndonos la mirada, anticipando lo que esperábamos que sucediese después. La vieja yo nunca habría hecho movimientos atrevidos como estos. 239. Para ser honesta, probablemente era bueno que Yash se estuviese acostando con Giselle en lugar de conmigo Me acercó de un tirón y me besó. Respetuosamente al principio, su boca suave. Un calor bañó mi pecho. Me aferré a su camisa con las manos y él me rodeó con los brazos. Oh, Dios. Mis pechos presionados contra él, mis muslos acariciando su cintura. No me había sentado sobre un hombre de este modo… en un tiempo. Y no había querido ahogarme en él en un tiempo mayor que ese. El sonido de autos corriendo zumbó a nuestro alrededor. Era una banda sonora extrañamente excitante para besuquearse. Tal vez esta era la razón por la que la NASCAR era tan popular. Me levantó. Mis brazos alrededor de su cuello y me colocó de espaldas sobre el sofá. Había estado a punto de sugerir que nos fuésemos a la habitación, pero… 240. Las mentirosas desvergonzadas no pueden elegir Siempre había disfrutado del sexo, pero esta vez un estremecimiento me recorrió. Me había dado cuenta de algo grande durante las pasadas semanas; sobre mi relación previa, sobre lo poco que él me había respetado. Blade, más de una vez, había dicho algo del estilo: “¿Qué tengo que decir para que te calles y te quites la ropa?”. Incluso si Yash y yo solo experimentábamos esta noche juntos, no me sentiría como si me hubiese usado, o simplemente dijese las cosas correctas hasta que yo accediese a callarme y tener sexo. 241. Aunque… ¿yo le estaba haciendo eso a él? 242. Mejor no pensar demasiado en eso Sin duda parte de joderme la vida, como toda la gente horrible que lo logró en mi vida, era no ser la persona más agradable del mundo. ¿Cierto? Yash se quitó la camisa sobre la cabeza para revelar… Madre mía. Los ángeles cantaron. Los gatitos juguetearon. ¡El sol brilló en los cielos aunque eran las nueve de la noche! Bendice a la nueva especie de tipo genial y escritor del New York; se pasan tanto tiempo en el gimnasio como lo hacen al teclado. A veces más. ¿Moral? ¡¿Qué moral?! 243. Abdominales 244. Los abdominales eran lo que importaban

109


245. También 246. Abdominales Me lamí los labios y atrapé un poco de baba. Como una mujer fatal, le hice señas con mi pequeño dedo y mi machote literario se arrastró sobre mi cuerpo. Pestañeó, lenta y seductoramente. Dolía por él en lugares de los que no podía recordar el nombre en ese momento. Se inclinó hacia mí, con la boca separada, preparada para… —Mierda, necesito un condón. —Haciendo una mueca se alejó unos centímetros—. Lo siento, romántico, ¿a que sí? Estoy limpio. Puedo probarlo, tengo el papel por aquí. Lo conseguí para… —Se detuvo y se calló. Incliné la cabeza y me apoyé sobre los codos. —¿Para qué? Negó tímidamente. —Más tarde. Pero déjame conseguir… —Sonrió y se fue de la habitación. —Estoy tomando la píldora —grité—. Y también acabo de examinarme. ¡Estoy limpia! Volvió rápidamente. —No tengo ninguna duda. Pero me gusta la doble protección contra un embarazo. Mocosos. —Hizo una mueca y se estremeció—. Mierda, probablemente tampoco debería haber dicho eso. ¿Los niños son motivos de ruptura para ti? Mierda, estoy sacando este tema en la segunda cita. —Y diciendo “mierda” un montón. Gimió. Me reí entre dientes y lo alcancé. —Música para mis oídos en todo. Ahora… —Le quité el condón y lo abrí—. Deja que te ayude con eso. ¡Eso era! ¡Iba a tener sexo casual! Mi corazón sufrió espasmos en mi pecho… demonios, en mis pies. Cada centímetro de mi piel quería elevarse para encontrarse con sus manos, su boca. Y así lo hice. Una y otra vez deslizó los labios sobre mi piel. Luego me giró y perpetró todo tipo de saludos sucios en la piel de mi parte trasera… 247. Por así decirlo 248. Hola, hello, bonjour, ciao, ni hao

110


Lo hizo todo bien. Todo, y muchas cosas nuevas de las que no había oído hablar. Una podía haber sido “orgasmo” en croata por todo lo que sabía. Y a juzgar por sus encantadoras sonrisas masculinas, risas y en conjunto, eh, una erección, le hacía tan feliz como él me lo hacía a mí. Cuando nos habíamos agotado a nosotros mismos y nuestros vocabularios extranjeros, en su sorprendentemente cómodo sofá, dijo: —Relájate. Me apartó el cabello de la frente y besó ese lugar. Me estremecí, rebosante de felicidad, alegría, asombro, relajación. —Limpiaré la cena —me aseguró—. ¿Podemos ver el resto de la película en la habitación? Si lo deseas. Luego puedes quedarte dormida donde quieras después de tu largo día. Mi cerebro nadó en una neblina de sexo. Esto era lo mejor que había tenido desde… desde mi primer compañero. Yash definitivamente ensombreció a Blade en la categoría libre y bajada. Un diez sobre diez, incluso del jurado ruso. ¿Y ahora? Observé el asombroso trasero de Yash mientras llevaba la comida a la cocina. ¿No debería irme? Pero estaba tan adormilada. ¿No debería irme? Pero mirar películas mientras me acurrucaba en la cama. ¿No debería irme? 249. Pero, pero, pero 250. Trasero, trasero, trasero Necesitaba salir de aquí. Él no podía pensar que esto era algo más que un espectacular ligue. Me senté y busqué mi ropa. Se habían ido volando hacía tiempo. Yash volvió con un cuenco de helado. Helado. No, non, nein, no debería quedarme; definitivamente debería quedarme con el excitante chico desnudo trayéndome helado. Movió el cuenco frente a mí y me llevó a la habitación, ambos riéndonos mientras me lamía los labios y seguía a mi nariz. Pronto, me acurruqué contra una

111


esponjosa almohada y él puso la película para mí en la oscura habitación. Su cama era de tamaño king y presentaba un grueso edredón cubierto de galaxias y estrellas. Estaba tumbada en el cielo. Pronto se unió a mí y hundió una cuchara en el cuenco compartido de helado. El calor y el frío, la diversión y la serenidad… me arrastraban, me adormecían. Luché con fuerza, su… su… perfección. ¿Por qué no podía haber sido un imbécil excitante como Balde? Ahora sabía qué hacer con esa clase de hombres. Uno perfecto, de todos modos… El tipo que se quede debe ser navegable. ¿Estaba asumiendo que él se quedaría? Pero un tipo agradable todavía es capaz de ser aburrido. Con la lengua fría, limpié mi cuchara y eché la cabeza hacia atrás. Abrí los ojos la luz brillante en una habitación extraña. La habitación de Yash. Comencé a sentarme y él atravesó la puerta, la cabeza inclinada con una adorable sonrisa. —Hola —saludó de forma adormilada y me derretí entre las mantas. Sostuvo dos tazas humeantes—. Espero que seas una persona de café. 251. Por supuesto… Servía café todo el tiempo en mi empleo en el “avión” Asentí y se sentó a mi lado. —Tengo uno con crema y azúcar y otro solo. —Arqueó las cejas a modo de pregunta. —Solo. —¡Bien! Esa cosa es asquerosa. Me entregó la cosa asquerosa y busqué mi teléfono… que debía estar en la otra habitación con mi ropa. Ja. Ja. 252. Simplemente estaba holgazaneando en la cama 253. Desnuda 254. Bebiendo café 255. Mi follada desnuda me lo trajo —Así que… —comencé—. ¿Qué o quién te hizo esperar atraer con tu análisis limpio de salud? ¿Por lo de anoche? Se rio.

112


—Antes de anoche, habían pasado unos… siete meses y medio desde la última vez que tuve sexo. Alrededor del tercer mes me hice un análisis completo de ETS con la esperanza de que… A su risa le contesté con la mía. —¿Si te hacías los análisis ella volvería? —Algo así. —No funcionó de un modo muy oportuno. —Pasé un dedo por su impresionante muslo—. ¿Cómo puede resultar difícil el conseguir sexo? Tomó un gran trago de café. —No estoy en el sexo casual. Me gustan las relaciones. El sexo puede ser increíble, y hay capas de comodidad y confianza porque no son extraños. Después de mi última ruptura, hace un año, fui de primera cita en primera cita, y unas pocas segundas. Horrible. Forzado. Alguna gente horrible, algunas mujeres encantadoras, pero simplemente no conectamos. Fui a treinta citas o algo así; citas de internet, amigos, enemigos, aviones de papel lanzados en mi dirección… Y después de que no llegasen a nada, simplemente lo dejé. No podía pasar por otra cena dolorosa y aburrida donde contaba las mismas historias sangrientas sobre mí. No eran lo suficientemente interesantes para contarlas tantas veces. Se detuvo y bajó la mirada hacia mí. »Esa fue demasiada información, ¿no es así? Debería decir algo masculino sobre follar a mujeres sin importancia. Negué. —No. No, no deberías. No deberías ser alguien que no eres porque ese tipo es bastante increíble. Me dio un beso largo y lento que me erizó el vello y me puso los ojos en blanco, luego se fue a hacer el desayuno. ¿Desayuno? De ningún modo. Mi interior se enturbió. Este hombre amable y dulce había confiado lo suficiente en mí para dar el siguiente paso. Me tumbé en la cama hasta que no pude soportarlo más y me levanté. Esta noche me tocaba cerrar y tenía que aparecer para mis esclavos de café. Tal vez traería un surtido de donuts para disculparme. 256. Puedes alejarte con más mierda sobre el trabajo, pero los esclavos te aman

113


Pero era duuuuuuuuro moverse. Porque su habitación estaba hecha de calidez y luz de sol. Mi piel se sentía como un baile, y mi corazón latía más ligero de lo que lo había hecho en… en… vaya, demasiado tiempo. Y el sexo. Vaya. Dulce. Sucio. ¡Había logrado sexo sucio! Y Dios, quería que volviese a suceder inmediatamente. Tenía que moverme porque sabía que tenía que decirle adiós a Yash para siempre. No podía mantener esta mentira tan enorme. Quiero decir, una chica podía mentir sobre su peso, su número de amantes, o sobre cuánto cambiaba el arenero de su futuro gato… pero su nombre… y trabajo… ¿Su identidad? Conseguí ponerme la ropa… 257. Mientras se ofrecía a hacerme el desayuno. 258. Mientras se quedaba desnudo e imposiblemente sexy. 259. Mientras sonreí a la vez que su cabello caía sobre su frente. 260. Mientras me decía lo bien que lo había pasado. En la puerta, prometió que me llamaría. Asentí y me mordí el labio para evitar decir… cualquier cosa. Me besó, su boca cálida y dulce como café. Sentí ese beso en los dedos de mis pies. En mis agradablemente doloridas partes de dama. En mi alma, oh, Dios, no, nada de alma, ¿estaba intentando matarme con sentimientos después de un polvo? Bueno, dos polvos en una noche. Me voy. Lo apreté fuerte y casi corrí por el pasillo hacia el ascensor. Podía aún oler su piel en la mía… el débil aroma de su colonia y suyo. Sin duchas por una semana, hasta que mi hedor lo expulsara. Di un paso en la acera y me até la bufanda con más fuerza. Un paseo frío me haría bien. Cuatro horas hasta que tuviera que ir a trabajar… lanzar al invierno sobre mis tiernos sentimientos sería inteligente. Todo este ejercicio de vida estaba diseñado para obligarme a expandir mis horizontes. Había hecho cosas buenas, cosas malas y cosas buenas-malas. Y antes de mi festival de metida de pata, había pasado toda mi vida adulta yendo de un novio serio a otro. Dos, exactamente. Inconscientemente cazando un marido, justo como mi padre esperaba de mí. Mi hermana había encontrado al suyo

114


en la universidad —la proverbial caza-maridos9—, justo como se esperaba de ella. Pero yo no. Probablemente podría haberlo hecho, sin embargo. Mierda, aún seguiría con Blade incluso ahora si no hubiera conseguido un trabajo en Los Ángeles. Me estremecí contra la ráfaga de aire frío, tanto del tipo interno como externo. ¿De verdad me habría casado con ese tipo? Ugh, mi cabeza se revolvía como una sopa de letras. Las cosas que debería hacer. Las cosas que no debería. ¿Y de quién eran las opiniones, de todos modos? ¿Mías? ¿De papá? ¿De la sociedad? ¿De Oprah? La honesta verdad… era una embustera mentirosa que mentía. No podía ver a Yash de nuevo. Mejor que pensara bien de una noche en lugar de salir herido en las siguientes semanas, ¿cierto? Cierto. Entré en una pastelería para comprarme un donut para hacer mis profundos pensamientos más agradables. Mmmmmm, arrepentimiento glaseado con chocolate. Yash debería ser anotado como un hermoso polvo de una noche. Un recordatorio de que había hombres fabulosos ahí fuera que eran amables, tenían buen gusto en películas bobas y follaban como demonios sexuales. Estos 666 errores eran sobre nuevas experiencias, y deberían ser abrazados como tal. Mis errores no deberían durar, como un viaje al departamento de vehículos de motor. Deberían arder rápido y salvaje, una cerilla en la oscuridad. Pensamientos de follar demonios sexuales mantuvieron un brinco en mi paso el resto del camino a casa, y tan pronto como llegué, puse mis sentimientos sobre Yash en una publicación del blog. No lo llamé Yash, por supuesto. Lo había llamado Chico Escritor —CE—, antes anoche. Pero esta mañana, sería elevado a Sexy Sex Chico Escritor… SSCE. Este pequeño y tonto proyecto mío había empezado a ser viral. Miles de seguidores del blog. Estaba cerca de cien mil seguidores en Twitter. No era solo yo y mi brillantez… creo que mucha gente estaba atascada en situaciones que no les gustaban y soñaban con decir “jódete” a todos y a todo. La gente estaba viviendo indirectamente a través de mí. 261. Estaba viviendo la pesadilla.

MRS degree: Término en inglés, que significa que alguien va a la universidad en busca de casarse en lugar de estudiar. 9

115


Extraños habían empezado a contarme que habían sido valientes en el trabajo, o se defendieron de sus propios compañeros imbéciles. Todas estas personas tomando inspiración de mí por estar arruinando mi vida… era mágico. Tal vez otra tímida mujer leería mis desgracias y se daría cuenta que había más vida que ser una más del montón. 262. También había tener algo de jodida diversión. Me puse ropa cómoda de trabajo y, de camino a JaVaVaVoom, le mandé un menaje a Mel para reunirnos después de mi turno para destruir a Taylor vía su madre. Acordamos encontrarnos en un Cibercafé abierto toda la noche en Brooklyn para máximo anonimato. 263. Anticipación por conseguir alguna pequeña forma de justicia por todas las mujeres de las que esa escoria había abusado… 264. Invaluable. Mis huesos estaban helados para el momento en que llegué al trabajo. Abrí la puerta y entré, quince minutos antes… 265. Perdón por mi puntualidad, lista de metidas de pata. …Cuando oí aplausos dispersos. Busqué para ver si habíamos sido visitados por una celebridad cuando me di cuenta que el personal me vitoreaba. Hunter señaló a una fotocopia detrás de la barra, y ahí yacía, en la acera, junto a mi propio vómito. Cada uno de mis compañeros empezó a gritar. Me incliné, mi rostro amplio con la sonrisa más avergonzada de mi vida. 266. Mi padre estaría tan avergonzado. 267. ¡Ningún hombre decente se casaría con una borracha en la acera! 268. Bien. —Tengo tanta gente a la que agradecer —dije. Rodeé la barra y me dirigí a mi ferviente público—. Mi amiga Mel, quien insistió en beber del barril. Los dos gemelos que valientemente nos compraron Martinis a pesar del hecho de que ni siquiera podíamos recordar los nombres falsos que les dimos. —Lacey soltó una risita ante esto—. Mi dignidad, por estar de vacaciones en las Bahamas. Gracias por el cálido tributo. Y jódanse todos. Toda la cafetería empezó a aplaudir entonces y les di un saludo de Reina Isabel de camino a la parte de atrás. Busqué en mi corazón por algún sentido de arrepentimiento. Pero no me importaba. Ni siquiera un poco. ¿Qué iba a hacer sobre ello ahora, de todos modos? Merecía la provocación y, a decir verdad, un brillo me

116


calentó al saber que me había comportado como alguien de veintitantos por una vez en lugar de una vieja. ¿De verdad había lanzado a la vieja Dagmar por el retrete? Me coloqué un delantal y Hunter señaló hacia la registradora. —Adelante, perdedora —dijo como bienvenida—. Después te voy a enseñar sobre las diferentes judías de Asia. Una mujer se acercó a la máquina registradora. Llevaba un traje escarlata y un sombrero fedora negro sobre una gloriosa melena afro púrpura. Los cabellos blancos en sus sienes eran la única indicación de que podría no ser de mi edad… su profunda piel marrón, casi ónix, era perfecta. Dije: —¡Te ves increíblemente elegante! ¿Qué puedo darte hoy? Alzó una ceja y se inclinó hacia delante para ver mi tarjeta identificativa. —Dagmar. Dagmar, ese es un nombre raro. ¿Trabajaste por casualidad para Carmichael Burns? Mis ojos se ampliaron. —¿Quién pregunta? No puedes ser su nueva novia, llevas demasiada ropa. Resopló. —Y soy casi setenta décadas demasiado vieja para él. Marlene Hodgkins, Hysterical Books. Estreché su mano y casi la tiré sobre el mostrador con la fuerza de mi entusiasmo. Mi estómago se alojó en mi garganta, pero no por intoxicación alcohólica por una vez. —Dagmar Kostopoulos. Sí, era su mano derecha. Hasta que se desvió, por decirlo así. Marlene asintió. —Una maldita lástima. Ese libro de ensaladas Kardashian tiene recetas sorprendentemente sabrosas, y es hilarante. ¿El humor lo añadiste tú? Khandye parece sosa como una tostada. Me quedé boquiabierta al ser recordada, y por una mujer que era tan asombrosa en el campo. Hysterical Books promocionaba a escritoras y publicaba algunos de los libros más atrevidos y más divertidos de mujeres para mujeres ahí fuera. Tomaban riesgos con voces que las que los cinco grandes normalmente no lo harían, usualmente con gran éxito. Y Marlene era su reina, alias editora en jefe. Como tal, mis manos aletearon nerviosamente.

117


—Estoy más que halagada. He sido una gran fan de tu medio por un tiempo muy largo. —Nunca olvido un nombre, o un pedazo de chisme literario. —Miró alrededor, pero nadie estaba en la fila detrás de ella—. Y gracias. ¿Has decidido dejar de escribir completamente? ¿O esto es temporal? Me encogí de hombros. Todos mis instintos me gritaban que mintiera para hacerme parecer menos terrible, pero esa era la vieja Dagmar. Giselle decía la verdad. Algo así. —Estoy teniendo una crisis vital. Así que estoy… estoy jodida. Sus cejas se elevaron de nuevo. ¡Tenía un rostro tan expresivo! Apostaba que no era muy mentirosa con una expresión así. Se inclinó contra el mostrador para mirarme de cerca. —¿Jodida cómo? —Bueno… —Esta vez, me incliné cerca—. Decidí que ser la responsable asistente editorial no me había llevado a ninguna parte, así que quería intentar vivir como un jefe. Mi vieja yo, para ser específica. Intenté follar a mi nuevo jefe, —apunté con mi cabeza en la dirección de Hunter—, durante mi entrevista de trabajo. Conseguí una quemadura por el vestido que llevaba y él dijo que no de todos modos. Parpadeó una vez, dos veces, sus ojos marrones moteados iluminándose con una curiosidad palpable. —Demasiado malo… el hermano está muy bueno. —¿Verdad? —¿Por qué, sin embargo? ¿Para ver lo que Carmichael haría? ¿O solo por diversión? Incliné una cadera y contemplé esto. —Yo… Fue por lo último, en realidad. Pero tal vez era por lo anterior también. Mierda, ¿podría haber sido esa realmente la razón? —Dagmar, me encanta. Cuando tenía treinta y uno, me tomé un año en Italia para, eh, “joderla”, como perfectamente dijiste. —Dijo “joder” como una matrona de sociedad saboreando la palabra… un extraño, pero agradable, canapé—. Me echaron, y luego escribí un libro sobre ello. Mi pasaporte estuvo bloqueado por diez años. Aplaudí y reí y reí. —Estás a un nivel superior. ¡No soy digna!

118


Me dedicó un adorable encogimiento de un solo hombro y ordenó su café. Me aparté de la caja registradora para hacerlo. Incluso si nunca tocaba un libro de nuevo, era agradable saber que había gente ahí fuera luchando por los autores con talento, y no siendo cabrones sobre ello. Al menos en Italia, donde al parecer podía pasar de todo. Cuando le entregué su latte, dije: —Por favor, vuelve. —Lo haré. Sigue jodiéndola. Las mujeres no se permiten hacer eso lo bastante. En realidad, tuve que dar un paso atrás y volverme… se me habían llenado los ojos de lágrimas. ¿Era esta mujer mi hada libro-madrina? Nunca en mi vida me había sido dado el permiso de cometer errores por una figura de autoridad. Y a pesar de que prácticamente estaba viviendo una representación de obra de arte en el momento, todavía no había pensado en ello como lo correcto para hacer per se. Los tipos lo llamaban “encontrarse a sí mismos”, luego iban a Tailandia durante un mes para pagar por sexo y vomitar palabras borrachos sobre una máquina de escribir. Marlene me hizo sentir orgullosa de mi ridiculez. Sin necesitar putas. —Oye, Dag —llamó Hunter—. ¿Qué tal si haces tus metidas de pata en el baño? Algún crío vomitó allí y creo que eres la persona perfecta para encargarte. 269. Dagmar Kostopoulos, profesional experta en vómito. Mientras limpiaba el vómito, naturalmente consideré a Taylor. Joderíamos bien a Taylor justo después del trabajo. Bueno, no joder. Ew.

119


Capítulo Diez Desastres del Doscientos setenta al Doscientos noventa y nueve Volviéndome completamente Austen

E

ra medianoche en la ciudad que nuca duerme. Así que, naturalmente, Mel y yo no estábamos dormidas.

No tenía que trabajar al día siguiente, y su oficina estaría cerrada hasta la semana siguiente. La publicación no trabaja durante las fiestas, o, en general, la mayoría de las veces. Sonido de batería. Nos encontramos en un café internet, y le pasé un vaso de rosé en el momento que entró por la puerta. —Cura de la resaca —comenté. Examinó el liquidó Rosado. —Seguir con la resaca sería más específico. —Dejó el bolso en el suelo y se sentó en nuestro escritorio—. Tú publicación sobre mentir a SSWG fue elegido por Buzzfeed. Casi tiré la botella de vino que estaba usando para rellenar. —¿Qué? Después de tomar un largo trago rosado, explicó: —Si. Algún escritor lo incluyó en una lista del top cinco nuevas mujeres chistosas en internet. Nuestros lectores se han cuadruplicado justo hoy. —¡Caray! Mientras brindábamos el dudoso éxito de mi blog, mi estómago se retorció como fibras que explotan. Bien por mí, pero no Yash. Yash. Él era demasiado dulce para la farsa de mentiras de una engañadora y celebradas por millones de extraños. Pero, enterré esa culpa lejos, muy muy lejos. La culpa no llevaba a una chica a Buzzfeed. Mi vida entera ahora tenía una medalla brillante y amarilla de Ganadora, y si el reconocimiento falso del internet no era una señal de ganar entonces no sabía que lo era. 270. De verdad

120


271. No tenía idea Además, pensé mientras tragaba más culpa que sabía a rosado, nunca volvería a hablar con Yash de nuevo. Él podría estar herido, pero, ¿cuán triste podía realmente estar después de una noche? Mi teléfono vibró. Mel lo interceptó e indicó: —Yash dice que fuiste su mejor primera noche de sexo en su vida, y que está contando los minutos hasta que te vea de nuevo. 272. Esconde esa sensación profundo… muy profundo 273. Pasando mi corazón 274. Que en este momento estaba experimentando una sensación que ardor 275. Como una enfermedad de transmisión sexual 276. De emoción. —Es-esta… bien —afirmé. Ella arqueó una ceja—. Giselle los ama y los deja, así es como me llaman. —¿Quién te llama así? —El que amé y dejé. Quiero decir, con quien fui indiferente y dejé. —Me encogí de hombros indiferentemente—. La imaginación de una dama es muy rápida, salta de admiración a amor, de amor a matrimonio en un momento. Mi mejor amiga me miró parpadeando. —Esta bieeeen… Me aclaré la garganta. —Aunque, ¿ves que soy súper buena en eso del sexo? —Esa es mi Giselle. Cambié el tema. De forma experta. —Ahora, arruinemos la relación de un idiota con su madre. Mel se carcajeo y regresó al trabajo. Pronto, tuvimos una dirección de correo llamada TaylorDrogaMujeres. Descubrimos que eso llamaría la atención de una mamá. —Pobre madre —dije. —Pobres mujeres drogadas y violadas —respondió. Levanté mi copa ante su observación.

121


Como Amelia Earhart, de forma valiente nos adentramos hacia lo desconocido. La parte de las fotos sexuales. Mel escribió. “Querida Señora Walters…” —Muy bien —afirmé—. Asegúrate de enviarle una copia oculta a Charlie. Comenzamos a escribir el correo, pero algo me fastidió en el cerebro. —¿Realmente crees —pregunté—, que va a detenerse? Quizás deberíamos de enviarlas a la policía. —No quiero ser arrestada por entrar a una casa. —Bueno, ¿y si lo hice yo? Podría decir que… que intercambié nuestras bebidas, así que él fue el que termino tomándose la droga que intentó darme. Es una manera muy inteligente de no ser drogada cuando estas con un chico, ¿no lo sabías? —Eso es inteligente, si ordenaste la misma debida que él. Pero aun así… Espera. —Sonrió, lenta y maliciosamente, y me dio esa brillante, y malvada sonrisa que me inspiraba a seguir con mi imaginación malvada—. ¿Y si las enviamos a DirtyLinens.com? Ese sitio ira a la corte por mantener sus fuentes privadas, ya lo han hecho antes. Una historia en un sitio tan grande que obligaría a la policía a investigar… con suerte alejándonos de todo eso. —Las pobres chicas. Ellas estarían también en el periódico. —Si, aunque no puedo imaginar que el sitio muestre sus rostros. Negué. —No. Mel se movió. —¡No podemos dejarlo seguir haciendo esto! Sé que existen cientos de chicos afuera haciéndolo cada noche, pero quizás exponiendo a uno va a ayudar a detener a esas basuras. —Y yo podría escribir algo en el blog después de la que noticia se vuelva pública. —¡Si! —Así que… —Me incliné en mi silla—. ¿Solo la enviamos a DirtyLinens.com? No puedo creer que hayan tenido problemas en encontrar a una chica drogada por él, para corroborar. Asintió.

122


—Sí, creo que tenemos una obligación hacia las mujeres. Mamá puede leer acerca de su precioso niño en el internet. Dimos otro brindis y comenzamos a escribir una nota para el sitio de chismes, incluyendo todas las fotos, incluida la numero cinco, la fotografía más asquerosa de la historia, y contamos toda la historia de cómo operaba. Mel comenzó a beber directamente de la botella. Sentí que me estaba volviendo una buena influencia para ella. 277. Formando los futuros líderes ebrios del mañana. Busqué en DirtyLinens por historias acerca de la familia Walters. Un reportero en particular parecía odiarlos, incluyendo al primo Archie, quien continuamente era arrestado con prostitutas y drogas. Ese reportero era una mujer, así que concluimos que ella sería la ideal para enviar este correo bomba. Mi cursor flotando sobre el botón de enviar, dije: —Espero que puedas hacer lo correcto, Abby Anderson de DirtyLinens. Mel hizo un saludo a la pantalla. —A la voluntad de Dios. —O quizás a la de Satán. La moralidad que estamos afrontando es vaga. Mi mejor amiga negó. —No. Estamos destruyendo a un pedazo de mierda. Presioné el botón de enviar, y dimos un brindis. De nuevo. —Oye —dije después de tragar—, ¿quieres llenar su vecindario con estas fotografías, para que todos sepan el pedazo de mierda que es? Abrió los ojos de par en par. —Uh… no. No es una buena idea. —Emborronaríamos los rostros de las mujeres. —No. —¿Dañar su carro? —Brinqué en mi asiento—. ¿Prenderle fuego? Un chico en la computadora frente a la nuestra nos miró alarmado. —Metete en tus asuntos —le grité, y él regresó a su porno o lo que fuera. 278. Mierda, se siente bien ser un delincuente. —Das un poco de miedo como Giselle, sabias eso, ¿verdad?

123


Me reí y carcajeé, mi corazón sintiéndose ligero como pluma vengativa como demonio. Mi teléfono vibró y Mel lo volvió a mirar. —Vas a tener que decirle a ese chico que se terminó. Está suplicando volverte a ver mañana… eh, esta noche. Ya es mañana. Me encogí de hombros y desconecté de la computadora por completo, eliminando también el historial de búsqueda. Mientras tomaba mi bolso, respondí: —A una chica le gusta cruzarse con el enamoramiento de vez en cuando. Mel prácticamente tiró de mí por la puerta. El aire frio oliendo a nieve. —Está sucediendo de nuevo, Dag. Tienes que dejar a este chico… por el bien de los dos. —¿Qué está sucediendo? Soy completamente capaz de dejarlo. Quiero decir… en… después de una cita más. Solo para sacarlo de mi sistema, ya sabes. Comenzamos a caminar hacia su casa y murmuró: —Es Greg de segundo año una vez más. Me detuve de golpe, y un chico casi se choco conmigo a mi espalda. Cuando nos desenredamos, giré hacia Mel. —Eso no es verdad. —Vas a…. —¡No lo digas! —Completamente Austen. ¡Ya estás en modo Austen por él! Después de dos citas. Te tomó dos meses con Greg. Comencé a caminar de nuevo. Está bien, a pisar fuertemente. No. ¡No Austen! Negué cuando Mel me alcanzo. Le aseguré: —Tengo el control de esta situación. Voy a mantener la calma. Voy a ser mi propio amor. Ella corrió al frente y me señaló el rostro con el dedo. —¡De nuevo! —¡Cállate!, quizás perdiera mi corazón, pero no mi auto control. —Entonces, termínalo, Emma. Ahora. —Dirigió la mano a mi bolsillo trasero y me dio mi teléfono—. ¿Recuerdas qué hiciste con Greg? Negue. A todo. Le quite mi teléfono.

124


—Voy a dejar a Yash… mañana. ¡No puedo dejarlo ahora a la una de la mañana! Él no será capaz de dormir. Necesita dormir para escribir. —Apreté los dientes—. Y lo de Greg fue un malentendido. —Fuiste a la fiesta de su casa vestida como Elizabeth Bennet y le pediste que bailara porque “Ser aficionado al baile era ciertamente un paso para enamorarse”. Gracias a Dios el internet todavía no era tan importante en ese entonces, o esa imagen sería lo primero que aparecería en tus búsquedas de Google por el resto de tu vida. Comencé a desmoronarme. —Pero él era tan lindo en la clase de poesía. —Comencé a caminar de nuevo— . Además, esto es completamente diferente. A Yash le gusto, en realidad. Y sabe mi nombre. Algo así. Mel se colocó junto a mí, su comportamiento menos hostil. —Tienes la tendencia de ir demasiado lejos. Das algo de miedo con esto de Taylor. Es raro, de verdad… o eres demasiado beige o todos los colores del arcoíris con un extra de fuegos artificiales. Me detuve, mi alguna vez ligero corazón, cayendo en picado como un yunque. Oh, mierda. Tenía razón. Tiró de mí para abrazarme y le devolví el abrazo. No podías molestarte con una amiga, que era lo suficientemente buena para detenerte de tus mierdas. Mi teléfono volvió a vibrar, en lugar de un mensaje, Yash estaba llamando. —No entres en pánico —advirtió Mel. —Eeeeeeeeeeeeeee —chillé. Oh, Dios, iba a vomitar mi propio corazón en mis zapatos. Pulsé el botón de respuesta—. Hola, Yash —susurré. —Hola, espero que no sea demasiado tarde para llamar. Negué. —No. No me importa cuando tú llamas. Mel pataleó con fuerza a mi lado y se pasó el dedo por la garganta. Era la amenaza más adorable que había recibido. Comencé el terrible discurso: —Uh... escucha… —Solo llamé para decir que no puedo dejar de pensar en ti. Y estoy deseando que estés aquí. —Se rio—. Me acuerdo de que “desear consiste en la esperanza, y la esperanza en esperar”. ¿Puedo esperarte pronto, sexy Giselle?

125


Me quedé sin aliento. Abrí los ojos de par en par. ¡Acababa de citar Sentido y sensibilidad! —¿Y cómo me esperas? —pregunté. Mel comenzó a tener un ataque de ira. Pasé junto a ella y aceleré en mi propia fantasía. Yash contestó: —Espero que vengas en este momento. Quiero probarte de nuevo. Me llevé la mano a la boca, y realmente, realmente no podía respirar en ese momento. 279. O nunca más 280. Todo el oxígeno en el planeta Tierra había huido 281. Porque Yash estaba tan caliente, que lo había quemado —Sí—respondí, sin aliento, como una heroína adecuada. 282. ¿Cómo podría rechazar tal oferta? 283. Giselle era una simple humana 284. Dagmar era el demonio —Estaré allí en menos de una hora —aseguré. —Bien. —Hizo una pausa, soltó una risita, y mis bragas de repente se mojaron—. Mmmm, no puedo esperar. Mel me alcanzó entonces, y apagué el teléfono. —No lo hiciste —recriminó. Me mantuve evasiva y arreglé la capucha de mi chaqueta. Tiré de las pequeñas cuerdas, y la capucha se cerró sobre mi expresión débil y de disimulo. La piel sintética se enganchó en mi brillo labial, y aun así me escapé de ella. Me persiguió. —¡Vuelve aquí! ¡Estamos eligiendo un tipo diferente para ti! —¡No! —chillé al viento. —Nunca funcionará, Dagmar. —¡Sí, lo hará! —¿Cómo?

126


Me detuve en una intersección muy transitada y su decidida y pequeña persona se abalanzó sobre mí, casi tirándonos a ambas hacia el tráfico que se aproximaba. Me agarró por los hombros. —¡Reacciona! Por su bien, o por el tuyo. —Pero él quiere sexo. ¿No debería darle sexo al buen hombre? —Lo vas a hacer sin importar lo que diga, ¿verdad? —Bueno, soy una jodida profesional. —Eres una loca. Tomé aire y comencé a cruzar la calle. —Soy una atrevida mujer moderna o una ramera barata McGhee, dependiendo del comentarista del blog. 285. De cualquier manera 286. Sexo, sexo, sexo Llegamos a casa de Mel y le di un abrazo en la puerta. Negó y aseguró: —Te van a lastimar. —Sí, bueno... Al menos yo soy la que está lastimando esta vez. No estoy jugando con los pulgares de chica buena mientras mi novio planea una estrategia de salida a Los Angeles y se folla a Amy. —Besé a mi mejor amiga en la mejilla—. Excelente trabajo esta noche, bestia. Uno de nosotros debería revisar el correo electrónico falso, ¿verdad? ¿En caso de que la periodista responda? —Vamos a vernos mañana e ir a la cafetería de nuevo. Me debes una película o algo por haberme abandonado esta noche por un hombre. 287. ¿Dejar a tu chica para ver a un chico? Definitivamente un desastre. Me dirigí a la calle para tomar un taxi hacia Yash y le devolví el saludo. —Mi valor siempre se eleva en cada intento de intimidarme. —¡Completamente Austen, loca! Todo el viaje en taxi hasta Yash, las palabras de Mel resonaron en mi cabeza. ¿Cómo lidiaban los idiotas de este mundo con la culpa? Probablemente no tenían ninguna. Estaba más allá de sí mismos, y, por lo tanto, tenían éxito. 288. Ellos deseaban 289. Ellos tomaban 290. Ellos disfrutaban

127


291. ¡Beneficio! ¡Uf, Dag, cállate, ya! Esto es sexo divertido, por el amor de Dios. Déjame a mí hacer un gráfico de ello en mi cerebro con una lista pro y contras y notas Post-it resaltadas. Yo era la peor mujer moderna que haya existido. La ramera de Sodoma entendió esto hace dos mil años, y ahora teníamos el control de la natalidad. El taxi se detuvo. Pagué, llamé al timbre y esperé en el ascensor. Las puertas se abrieron, Yash asomó la cabeza por la puerta y me hizo señas con una gran sonrisa adorable... y una sugerente lamida de labios. Mi boca se abrió y los engranajes en mi cerebro se detuvieron. El sol parecía brillar a su alrededor, desde dentro de él. No hubo mañana. No hubo culpa. Solo existía esa sonrisa y la promesa de lo que significaba para mi futuro inmediato. No había Dagmar, solo Giselle. Y el amigo con beneficios de Giselle quería probarla. Solté una risita y cerré la puerta detrás de mí.

* 128 —¿Por qué estás sonriendo? —preguntó un Yash con los ojos entrecerrados la mañana siguiente. Apreté los labios y me encogí de hombros. Por ese poco de coquetería, obtuve cosquillas en la espalda. Me aparté, riéndome, y él repitió: —Exijo que me lo digas. No puedes sonreír sin ninguna razón, ¿qué crees que está pasando aquí? Incluso a primera hora de la mañana, él podría hacerme reír. —Estoy acordándome de anoche. Cuando este terrible hombre que conozco me hizo cosas terribles. Asintió y colocó mi cabeza en su hombro. Me acurruqué en su calidez con mucho gusto. Yash era mi droga personal, y quería toda la alucinación de alto vuelo que podía obtener. Antes del inevitable descenso. —Ya veo —comentó—. ¿Y qué cosas horribles te hizo ese degenerado? Así sé que yo nunca las haré. —Bueno... Primero me dio de comer vino.


Jadeó. —Chocante. ¿Te sirvió bebida? —Ajá. ¡Y luego me quitó la ropa! —No. —Esta vez las cosquillas en mi espalda se convirtieron en un masaje. No, una caricia. Definitivamente una caricia de espalda. Sacudí mi trasero en señal de agradecimiento. —Y luego él... Él... —No podía decirlo en voz alta. —¿Él qué? —Él... —Me apoye sobre el codo y le susurré al oído—: Me dio una mamada. Yash me giró. Fue mi turno de jadear. Santo infierno, se parecía al mismísimo diablo, demasiado guapo, barba incipiente en su mandíbula cincelada, cabello rebelde cayendo sobre su frente. ¿Qué debía hacer una niña? 292. Tuve que permitirle hacerlo otra vez. ¿No querría Jane Austen que fuera así? En el neblinoso resplandor de un orgasmo de clase A, Yash fue a hacer café, dejándome en la onda de mi cerebro. Yash era tan generoso que invitó inevitablemente a comparaciones con Blade, quien rara vez realizaba esa encantadora tarea en particular. Pero siempre había querido que chupara la salchicha. ¿Sorber el salami? Soy muy mala en esta jerga. No me importaba, pero muchas veces simplemente me agarraba cabeza y empezaba a empujar hacia abajo, mientras veíamos la televisión, o una vez cuando estaba preparando la cena. Hice una mueca y enterré mi rostro en la almohada. No es cortés arrodillar a tu novia cuando tiene una zanahoria en una mano y un pelador en la otra. Potencialmente peligroso para el pene también. Puaj. 293. Mejor no pensar demasiado en eso No pensar se estaba convirtiendo rápidamente en mi mantra. Decidí no ser egoísta, así que me levanté, me puse una suave bata de cuadros de Yash y me uní a él en la cocina. Yash se había ocupado de la cafetera con nada más que el calzoncillo, y tuve que evitar ponerlo de rodillas. Ejem. —Más sonrisas en esa cara —indicó—. ¿Tengo que ir allí? Me senté en uno de los taburetes de la encimera y levanté las manos. —No, no, me comportaré. Te deshidratarás o algo así.

129


—Uno de nosotros lo hará —respondió con una sonrisa maliciosa. Oh, mamá. —¿Puedo ayudar? Hago unas tostadas bastante buenas. Me sirvió café y me pasó una taza. —¿Tostada? ¿Los pilotos te lo enseñaron? ¿Pilotos? ¡Mierda! ¡Me olvidaba que era una azafata! —Sí —afirmé—. Sé cómo hacer tostadas cuando estás abandonado en una isla desierta y/o usando una máscara de oxígeno. —Muy caliente. Tomó un taburete para sentarse frente a mí en la estrecha encimera. —Entonces, ¿qué estás haciendo hoy? —Voy a encontrarme con una amiga esta noche, pero hoy estaba pensando en comenzar mi descenso a una señorita loca de gatos. — ¿Ha-hacer qué? —Voy a adoptar un gato. O cuatro. Su expresión pasó a ser una máscara de horror. —Cristo, ¿por qué? Jadeé. —¿No te gustan los gatos? Ese es un pecado mucho más atroz que lo que Tentáculos Scully le hizo a Lone Gunmen, lo que me dio una pesadilla, para tu información. Hablando en serio, el fan fic de Yash era una cosa completamente rara y divertida. —Oye, ellos lo disfrutaron. —Apareció por la esquina—. Solo… no cuatro, ¿está bien? Puedo manejar a uno, si tengo que hacerlo. Pero ellos son tan… tan… — Ninguna palabra completó esta oración, pero su expresión es un sinónimo de asco. Lo golpeé en el pecho con la mano. —Tú no puedes decirme cuantas mascotas puedo tener. Tomo un evasivo sorbo de su café. —Si, te veo. —Me puse de pie y sequé mi taza—. Voy a rescatar a un animal indefenso, como haría la Madre Teresa, idiota.

130


Me dirigí a la habitación, donde se encontró conmigo. —Está bien —dijo, ondulando la invisible bandera blanca—. Mereces la pena para tolerar un gato. ¿Qué te parece un perro? Lo pisé. Él dio un salto. —¡Oye! No fue amable. Siseé. Incluso con más determinación, se colocó frente a mí, adorablemente, pero también obstinadamente —¿Quién va a cuidarlo cuando tengas que ir a lugares exótico como Cleveland? Mierda, sigo, sigo, sigo olvidando que era ¡una azafata! —Um… mi compañera de piso. Ella quiere uno. Así que, adiós, entonces. —Le saqué la lengua y comencé a vestirme. —Detente, detente —suplicó. Luego una media sonrisa se formó en sus labios—. ¿Quieres compañía? Me subí el pantalón. —No lo sé. Has sido muy grosero. No mereces el verme jugar con mi gatito10. Estalló en risas y se dejó caer en la cama. —Si soy bueno, ¿cambiarías de opinión? —Tendré que consultarle y ver. Pero tendrías que comprar muffins. —Un gatito perspicaz. Está bien. —Suspiró. Luego, lo volvió a hacer, con un quejido extra. Lo golpeé con su propia bata—. Está bien, iré a mirar a esos estúpidos gatos contigo. Solo si escoges el que parezca más un cachorro. La mirada de cachorro que me dio podría haber derretido el corazón de una mujer que se volvió hielo dentro de un glaciar en Júpiter, después de haber jurado no acercarse a hombre hace cientos de años. No era una mujer hecha de hielo… Era una mujerzuela hecha de… mujerzuela. Y mi mujerzuela estaba cayendo como un río. 294. ¡No! 295. ¡No mujerzuela!

10

Pussy: juego de palabras, en inglés significa gatito y coño.

131


Al poco tiempo, hice que me comprara el muffin más grande que pudimos encontrar de camino a los gatos. Comiendo y riendo y tomados de la mano, caminamos hacia un refugio cercano. 296. Comiendo. 297. Riendo 298. De la mano Todo eso eran errores garrafales. Especialmente el comiendo y riendo. Esa es una forma de ahogarte y escupir el panecillo frente a tu pareja de una noche. O dos noches. Con el bonus de bromas sexuales. Llegamos a Purr-fect Pals, y me tuve que detener para no correr como una niña de cinco años. Luego pensé…. ¿Por qué no debería? —Oh Dioooooos Mioooooooooo —chillé. Y baile con los gatos atigrados. Di una reverencia con los calicós. Moví mi trasero con los blancos y negros, como se les llamara. Las dos señoritas trabajando en la mesa pusieron los ojos en blanco, pero Yash se rio de mi forma de actuar, a pesar de estar alejado de ellos. Un recuerdo cruzó mi mente… todas las adorables mascotas que mi padre no me permitió tener. Las mascotas eran un trabajo y distraían a una niña de sus deberes. Ni siquiera un gerbo. O un pez dorado. Aunque fui propietaria de una mascota araña en la preparatoria. Mi padre y mi hermana no supieron de él, o hubieran destruido mi cuarto para matarlo. Daddy Medium Legs y yo habíamos coexistido durante cuatro años, bajo el acuerdo de que no lo pisaría, y él no se arrastraría hacia mi boca u oreja mientras dormía. Mantuve mi parte del trato. Y espero que él también lo hiciera. Cuando me fui a la universidad, desapareció. Siempre soñé que se había ido en búsqueda de otra chica nerd solitaria para acompañarla durante sus años de preparatoria. Un pequeño toque en mi hombro me trajo de regreso a la realidad, y a las mascotas de cuatro patas que tenían. —Dado que me obligaste a estar aquí, ¿Quieres dar un tour a los gatitos? — preguntó Yash. Asentí, porque, ¿quién podría negarse a un hombre que uso la palabra “gatitos”? A pesar de haber sonado un poco como “granja de brócoli”. Tomados de la mano, caminamos por el lugar más peerrrrfecto.

132


Los gatitos jugaban en el cuarto miauting, que es, naturalmente, una sala para conocer de los gatos. Mi corazón. Mi corazón iba a explotar. Yash anduvo de puntillas entre los gatos viejos y jóvenes, evitándolos. Pero ellos se acercaban a sus piernas cuanto más intentaba escapar. Él me miró con frustración y desesperación, señalando muy seguido a uno que resultara ofenderlo, diciéndome. Mira los horrores que estoy experimentando para que pueda follarte. ¡Mira! Su odio era… divertido. Y también los gatitos eran adorables. —Miau. —Escuché debajo de mí. Bajé la mirada… hacia un par de interminables ojos ámbar. Las pequeñas orejas grises de cayeron al frente, y ella frunció el ceño tan a la fuerza que me recordó a mí en la preparatoria. Escuché más sonidos como: “¡Diosmioteamotanto!” y “¡Ggggggggrrrbbbrbrbrbrbayay!”. De pronto, me puse de rodillas, y el triste gato estaba en mis brazos, y los sonidos…. ¡Estaban saliendo de mí! La llamada de la selva proviene dentro de la casa. —¿Que es… Que es… Que es…? —Seguí diciendo una y otra vez. —Pliegue escoses —dijo un servicial voluntario—. Demasiado adorable, ¿verdad? El gato comenzó a lamerme el rostro. Y comencé a acariciar su cabeza con la nariz, y más de esos ridículos sonidos salieron de mi boca. Yash dejó escapar un fuerte: —Cristo. —Y se sentó en la banca cercana, la cabeza entre las manos. El voluntario, notando un blanco fácil, fue a matar. O no matar, como decían las reglas del refugio. —Ella tiene seis semanas, de una camada que vino de las calles de Brooklyn hace un par de semanas. Ya está esterilizada y tiene sus vacunas. —Pobre gatito de la calle. Obligada a vender sus encantos a un extraño. —Ella me golpeó con la cabeza y comenzó a ronronear—. Ella es tan dulce. —El gato maulló, un llanto triste, claramente eligiendo su naturaleza tierna—. Me la llevo — dije al voluntario—. ¿Probablemente tendré que firmar algo? Él sonrió a través de su barba. —Si, tendrás que ser revisada por dos personas de nuestro equipo. Yash dijo:

133


—¿Crees que a tu compañera de piso le va a gustar? Quizás no va a gustarle, así que quizás no deberías… —¿Compañera? —El voluntario, que tenía por nombre Achiles… ¿de verdad?, pasó la mirada entre los dos—. Oh, tendremos que conocerlas a ambas. Me reí. Achilles no lo hizo. —¿Qué? —pregunté. —Tenemos que asegurarnos que ambas sean aptas. Espero una de ustedes al menos, ¿trabaje en casa? —¿Qué? —Para que el gato pueda tener constante estimulación cerebral y tiempo para aprender. —Giselle es una azafata —ofreció Yash amablemente—. Ella sabe cómo aterrizar aviones. —¿Azafata? —jadeó Achilles, como si Yash hubiera dicho que hacía pasteles de gato para vivir. Él se frotó el cuello—. No. No, no. ¡Estarás mucho tiempo fuera de casa! ¡Y un avión no es un lugar para un gato! ¿Qué? —Yo… —Me aclaré la garganta—. Sí, mi compañera trabaja en casa. Así que estaba bien. Para la actividad mental…. Del gato. —Mi ceñudo gato maulló y comenzó a jugar con mi escote. Yash comenzó a reír. Nada amable. Achilles frunció el ceño. —Tenemos que conocer a esta…—Literalmente hizo comillas con los dedos—. Compañera. Hasta entonces… —Apartó a la ronroneadora bola de pelos de mis senos—. ¡Ningún gato para ti! Dolor en la garganta. Yash se quedó con la boca abierta. Miré hacia abajo donde tres largos arañazos sacaron sangre en mi pecho. Yash señaló. —¿Ves? Ella lastimó tus se…—Había estado a punto de decir “senos” en el refugio para gatos, pero se limitó a hacer una vago señal hacia su pecho. Mucho mejor. —No estas ayudando —mascullé. Achilles dijo:

134


—Llama a tu compañera si quieres al gato hoy. —Salió furioso sin ofrecer ayuda a mis senos sangrantes. Pero eso no era mi mayor problema, aunque Yash no estaba de acuerdo, por la manera en que comenzó a dar golpecitos en mi pecho con un pañuelo, su rostro lleno de preocupación. Se preocupa más por las niñas que por mí, pensé. 299. ¿Cómo demonios voy a invocar a una “compañera” que no existe? Espera… Algunas mamás estaban frunciendo el ceño hacia mí, así que golpee su mano lejos de su gráfico cuidado hacia mis bubis. Saque el teléfono. —¡Mel! ¡Compi! ¿Qué estás haciendo? —Oh, no —respondió menos emocionada—. ¿Estás en la cárcel? ¿Te metiste a un vuelo y robaste el uniforme de una azafata? Me reí menos emocionada. —Tan gracioso. No, necesito que vengas al lugar de adopción de gatos para que puedan conocerte, mi compañera de piso, que trabaja en casa, para que puedan entender que mi trabajo como azafata no pondrá el proceso de aprendizaje del gato… En peligro. Una pausa. —¿Esa oración tuvo sentido para ti? Porque me pareció como algo al borde de la locura para mí. Le sonreí a Yash, que todavía tenía la mirada en mi pecho, y a Achilles, que me mostró los dientes desde el otro lado de la habitación. Me alejé un poco y susurré directamente al micrófono del teléfono: —¿Por favor? ¿Por favor? Estoy enamorada del gato, pero ellos quieren que tenga una “compañera” … —Buenas señas. —Por la culpa de mi trabajo falso. También, llámame por mi nombre falso. Un suspiro del otro lado de la línea. Otro. Para el tercero, supe que ya la tenía. —Quiero tu DVD de Bridesmaids. —Hecho. —Y el DVD de Ghosbusters de puras mujeres. Y tienes que lavar mi baño. Realmente odio frotar la bañera.

135


Ohhh, mierda. Ni siquiera lavaba mi propia bañera hasta que adquiría cierto carácter. Le di a Yash una sonrisa con los dientes. —Si, está bien. Mel celebró. —¡Esta bien! Vamos a estafar por un gato.

136


Capítulo Once Desastres del Trescientos al Trescientos siete Mentirles a los gatos, a Yash, Achilles, Brooklyn y McKatee

M

ientras esperábamos a que Mel llegase, Yash retrocedió hasta la esquina para alejarse de las bestias. Una hermosa pequeña calicó lo siguió. Él se echó hacia atrás. Ella lo siguió. Él se deslizó para sentarse en la esquina. Ella se tumbó justo frente a él. Él me frunció el ceño mientras yo me reía. Se lo merecía. Achilles vacilaba entre mirarme fijamente desde lejos y enviarle sonrisas entusiasmadas a Yash. El trabajo de Yash de ser escrito fue bien recibido, como lo habían sido sus grandes músculos. Después de cinco minutos o así, el calicó puso una pata en la rodilla de Yash. Él abrió de par en par sus grandes ojos marrones. Miraba fijamente su teléfono pero no apartó a la gata. Esta saltó a su regazo y mi corazón creció tres tallas. Tallas. 300. El corazón crece Él tenía la cabeza gacha y los hombros alzados, cubriéndose con los codos, no la tocó durante cinco minutos completos mientras yo simplemente observaba. Incluso muy lentamente, bajó el teléfono y se dignó a mirar al adorable bulto en su regazo. Finalmente, le dio una pequeña caricia en la cabeza y ésta comenzó a ronronear. 301. Como yo Él puso la mirada en la mía y comentó: —Oh, vete a la mierda. Mel me pateó en la pierna. —¡Hola, Giselle! Soy yo, tu compañera de piso, que es real y que trabaja desde casa en un trabajo sin especificar y que ha venido a adoptar un gato contigo. El calicó huyó ante el fuerte arrebato de Mel. Yash hundió los hombros. Achilles se balanceó como si estuviese a punto de desmayarse. Forcé una risa y me levanté. —Oh, Mel, eres tan graciosa. Por supuesto que eres real. —Realmente están asustando a los gatos —siseó Achilles.

137


Tiré de su brazo y la llevé a un lado, Achilles siguiéndonos… los talones. Antes de que incluso pudiésemos acordar una historia, él dijo: —Serán entrevistadas ahora. De este modo. Nos llevó a un pasillo lateral con numerosas puertas a la derecha. Nos llevaron a la tercera sala de interrogatorio. De interrogatorio porque no tenía ventanas y estaba a oscuras, salvo por una triste bombilla en el techo. Una fría mesa de metal y sillas estaban colocadas para nuestra comodidad. Nos sentamos a un lado de la mesa y dos mujeres llegaron y cerraron la puerta tras ellas. —¿Debería llamar a mi abogado? —bromeó Mel. Ninguna se rio. Una entrecerró los ojos hacia Mel y escribió algo en su libreta. Le lancé una mirada a Mel que decía “cállate”. Ella puso los ojos en blanco de forma exagerada. La Señora de Ojos Entrecerrados, una mujer latina de unos cuarenta años, habló: —Soy Brooklyn, está en McKatee. —McKatee, una mujer alta asiática, era la hermana de otro padre de Brooklyn; eran de la misma edad, peso, coletas caídas idénticas y expresiones de desaprobación exactas. Pateé a Mel para que se callase. 302. Teníamos una broma sobre los malos nombres 303. Podías llamarlo nuestro talón… de Achilles 304. Detente ahora mismo Brooklyn continuó: »Tengo entendido que tú, Giselle, ¿eres azafata de vuelo? Sonreí con mi mejor expresión de madre responsable. —Sí. —¿Aerolínea? Uh. Uhh. ¿Ugh? ¿Por qué no había preparado esto antes? Um… ¿cómo se llaman algunas aerolíneas? Mi cerebro se quedó en blanco, como una pizarra limpia. Giré mi mirada asustada hacia Mel, que estalló en una lenta sonrisa. Ella respondió: —Giselle vuela con Lufthansa.

138


McKatee abrió las fosas nasales. —¿Lufthansa? ¿Eso es suizo? Asentí. —Sí. Mel apoyó la cabeza en su mano. —No. Brooklyn entrecerró los ojos, por supuesto, y dijo: —¿Cuál de las dos? Me aclaré la garganta. ¿Qué demonios había dicho ella? ¿Qué demonios había dicho yo? ¡Mierda, cuando mentía toda mi mente se nublaba! Los arañazos de mi gata comenzaron a picarme de nuevo. Contesté: —Lufthansa es alemana. Mel giró la cabeza lentamente para lanzar dagas en mi dirección, pero me mordí el labio y miré la mesa de interrogatorios. —¿De verdad? ¿Vuela con una compañía alemana? —cuestionó McKatee. Mejor doblar la apuesta… Lufthansa tenía que tener al menos una azafata de vuelos americana, ¿cierto? Era un gran amplio mundo. —Sí. ¿Por qué no? Guten tag. Se quedaron boquiabiertas, pero aparentemente ninguna podía explicar por qué no, así que gané ese punto. Aunque, estaba bastante segura de que la pobre aerolínea perdía… —¿Cuán a menudo está lejos del apartamento? —Yo… paso alrededor del cuarenta por ciento de las noches fuera. —¿Esa era una cantidad correcta?—. ¿Verdad, Mel? —Sí. Yo… —Mel escribe desde casa, como mi chico Yash —barboté. A ellas les gustaban los escritores—. Así que, definitivamente ella puede enseñarle el abecedario. —Me reí de mi propia broma. Brooklyn y McKatee no lo hicieron. Brooklyn hizo otra nota. Me giré hacia Mel. Mel comenzó a poner los ojos en blanco, interrumpí esa acción dándole una patada y comentó: —Sí. Estaré en casa para pasar montones y montones de tiempo con la gata.

139


—¿La gata? —despreció McKatee—. ¡Esta “gata” como indicas tan sarcásticamente será su hija! —Golpeó la mesa y ambas nos sobresaltamos—. Bien… ¿cuántas horas al día pasarán ambas con la gata… alimentándola, educándola, asegurándose de que tiene la autoestima alta atacando y cazando? Mel se llevó la mano a la boca y supe que estaba luchando con no reírse. —Nos dedicaremos día y noche a desarrollar los objetivos de la g… de nuestra hija —aseguré. Pateé a Mel por una buena razón. —¡Tú no lo harás! —gritó Brooklyn—. ¡Tú tienes un trabajo fuera de casa! ¡Bien puedes alimentar a la gata con carne! —Los gatos son carnívoros —informó Mel. Las dos interrogadoras se levantaron a la vez. Pateé las piernas de Mel, pero rápidamente se apartó con una mirada arrogante. McKatte resopló. —¡No son asesinos de carne! ¡Los gatos son amables, unas criaturas cariñosas que nunca harían daño a un ser vivo a menos que tuviesen que hacerlo porque una tramposa zorra aérea es negligente! Me quedé boquiabierta y, sorprendida, me aferré el pecho, y los suaves arañazos amorosos de la gata se localizaban allí. Cerré los ojos y me imaginé el pequeño rostro triste de Scottish —triste, sin duda, por la deficiencia de proteína. Morderme la lengua estaba en contra de mi nueva obra, pero nunca habría rescatado a un gato a menos que hubiese fingido ser la gran Amante de los Felinos. Abrí mi boca de zorra aérea: —Brookly. McKatee. Dejaré mi trabajo para cuidar de nuestra nueva hija. Todavía no le he puesto nombre porque creo que los niños deberían ponerse nombres ellos mismos cuando hayan desarrollado su propia personalidad y… y sueños felinos. Mel exclamó: —Y yo soy una maga con el tofu de sabor a salmón. —La alcancé y le apreté la rodilla. Y masculló. Sospechaba que recibiría un gran montón de patadas en el futuro. Brooklyn volvió a sentarse. —Dejar su trabajo sería un gran comienzo. ¿Jura que no alimentará al gato con carne?

140


—Por supuesto —mentí. Esos pobres gatos… ¿Tal vez podría adoptarlos a todos? ¿Pero cómo podría alimentarlos a todos una vez que dejase mi trabajo falso en Lufthansa? Brooklyn y McKatee se retiraron a la esquina para charlar. Mel se inclinó hacia mí y susurró: —Vas a limpiar mi baño cuatro veces por arrastrarme aquí a escuchar las valoraciones de Tonta Uno y Tonta Dos. Además, necesitamos averiguar una forma de salvar a cada gato de este edificio. Tal vez un ataque a medianoche. —No hay forma de que llevárnoslos ilegalmente pueda salir mal —mencioné. Brooklyn volvió a la mesa. —Hemos decidido darles una prueba. Pueden tener al gato durante un mes durante el cual haremos visitas aleatorias a su casa. Solo necesitaré las licencias de conducir de ambas, Giselle y Mel. Mel giró rápidamente la cabeza hacia mí. Me quedé boquiabierta, incapaz de preparar una historia… nada… Oh, demonios, ¡el gato de mis sueños se me escapaba de las manos! Me levanté. —Está bien, miren. ¿Recuerdan al tipo de ahí fuera con el que vine? —¿El súper sexy? —preguntó McKatee. —Ese mismo. Cuando lo conocí, estaba en un club, y solo me estaba divirtiendo esa noche, fingiendo ser una azafata de vuelo llamada Giselle. En realidad, soy una barista llamada Dagmar, y sé que con el tiempo la verdad saldrá a la luz, pero realmente él es el mejor sexo que he tenido en mi vida y recientemente había sido dejada de lado por mi familia, mi novio y fui despedida del trabajo el mismo día. Mi novio me engañó y obtuvo un trabajo en Los Angeles sin decírmelo. McKatee jadeó. —Menudo imbécil. —Necesito subirme a Yash como si fuese un árbol, ¿de acuerdo? Y necesito un gato al que amar. Me ocuparé increíblemente de ella, lo juro. ¡Voy a ser una loca de los gatos! McKatee me puso la mano en el brazo. —No te arrepentirás. Realmente funciona para mí. 305. No es la recomendación que quería escuchar

141


—Yo también ayudaré, por supuesto —intervino Mel. Me imaginaba que no había razón para que ella también dejase de fingir. Ella había llegado hasta aquí. —Entonces —dijo Brooklyn—, ¿no estas fuera de la ciudad el cuarenta por cierto del tiempo? Negué. —¿Y solo estás fingiendo lo del nombre para mantener a ese tipo en tu cama? Asentí. Brooklyn miró a McKatee. McKatee miró a Brooklyn. —Puedes tener al gato —afirmó McKatee—. Yo comería carne por ese hombre. Nos dimos un apretón de manos. —Traeremos el papeleo aquí, Giselle. Esas dos mujeres eran tan diferentes a mí como podían serlo, pero la llamada de una polla de calidad es universal para las mujeres heterosexuales. Salté de alegría. —¡Voy a conseguir a la gata! Ella es tan dulce, Mel. ¡La amarás! —¿Cómo explicamos que la dirección de mi licencia no encaje con la tuya? —Nadie va al Departamento de Tráfico a actualizar la dirección. La mía es de hace dos apartamentos. Llenamos el papeleo. No sabía qué pensar sobre las visitas sorpresas a casa, pero de todos modos Mel estaba por allí todo el tiempo. Demonios, tal vez ella simplemente debería mudarse allí… Llevó una hora y tres charlas más sobre una charla terapéutica para disciplinar a la gata, las norma de una casa no patriarcal que deberíamos evitar para su beneficio (mi casa era un tipo nuevo de matriarcado, muchas gracias), y la aceptable marca de comida vegana y juguetes con los que se le permitiría jugar. Mel y yo corrimos afuera para comprar un arenero y comida, las llevamos a mi casa y volvimos para recoger a la gata. Yash nos acompañó, pero se quedó en el taxi cuando llegamos a mi casa. Fiu. —Supongo que necesito llevar a esta pequeña a casa —comenté. Acuné el transportín, casi llorando de felicidad y excitación. ¡Siempre había querido un gato! 306. Recuerda, hijos 307. ¡Mentir funciona!

142


—Eres tan encantadora. —Yash me miró con ojos de terciopelo y me colocó un mechón de cabello tras la oreja. —Oh, hombre —murmuró Mel. Él continuó: —Supongo que podía venir a ayudarte con esta cosa… ¿La has llamado Lady Scott? Consideré esta importante pregunta. —Creo que voy a llamarla… —¡No! —Mel me pateó en la pantorrilla y casi dejé caer a la gata. ¡Arg, pica! Quizás Mel estaba escondiendo alguna actitud de la sala de interrogatorios. —No, ¿qué? —pregunté. Claramente no queriendo despedirme, incluso con un gato involucrado, Yash tentó con su voz más sexy: —Compraré una pizza para comer. —Me lanzó una mirada derrite bragas, la clase que me haría dejarle hacer lo que quisiese con esa pizza. La gata en mis brazos maulló, y dije: —Moaning Myrtle concuerda. Yash estalló en risas. —Ese es un nombre muy inteligente, incluso para un gato. Pestañeé de forma inocente. —¿No te gustan los gatos, Yash? —¿Por qué pensarías eso? —Tragó una sonrisa. —Mmm-hmm. El nombre es un homenaje a las raíces del gato… J. K. Rowling creó Harry Potter en Escocia. Además, es gris como un fantasma. Mel tiró de mi brazo. —Realmente creo que debemos hacer esto nosotras mismas, Giselle. —Me clavó los dedos en la muñeca y grité de dolor. Oh. ¡Oh! ¡No, Yash no podía venir a mi casa! ¡Pero ya se estaba marchando por la puerta llamando a un taxi! —¡Mierda! —exclamé.

143


—¡No maldigas frente a los gatos! —gritó Achilles desde el otro lado de la habitación. —Que te jodan, cariño. —Mel miró por el cristal de la puerta. Yash todavía no había conseguido un taxi—. Giselle, compañera de piso mía, eres una mujer muy inteligente. Nunca había escuchado tantas mentiras juntas en una frase. Apreté a Myrtle hacia mi pecho. —Ya está. Todo se descubre, ¿verdad? Mi mejor amiga me pateó. Me alejé de ella. Ella aconsejó: —Cuando lleguemos allí, distráelo con… caricias o algo así, yo revisaré e intentaré quitar cualquier cosa incriminatoria. Me giré para ver a Yash haciéndonos señas hacia un taxi esperando, así que asentí y traspasé la puerta. Mel me pisó el talón del zapato y me caí hacia la acera, habiendo salvado a la gata a expensas de mis rodillas. Gah…latían y escocían incluso peor que los arañazos de mi pecho. Yash corrió a ayudarme a levantarme mientras Mel se metía en el taxi. —Ahora tus piernas harán pareja con las mías por los moratones —gritó ella.

144


Capítulo Doce Desastres del Trescientos Ocho al Trescientos cincuenta y seis Tumbarme con Yash, Ethel y algún imbécil apestando a pachuli

M

el, Yash y yo llegamos a mi edificio de apartamentos. Oh, disculpa… 308. El edificio de apartamentos de Mel y mío

Mel salió del taxi y corrió a la puerta de entrada. La seguí con la mirada, desconcertada y ansiosa, hasta que me di cuenta de que ahora permanecía directamente frente a los timbres, donde me nombraba como D. Kostopoulos. 309. Algo bueno que tuviese un cómplice 310. Que era más inteligente que yo Coloqué a Moaning Myrtle en brazos de Yash para distraerlo mientras pagaba al taxista. Corrí tras él justo a tiempo para escucharlo preguntarle a Mel: —¿No tienes llaves? —Siempre las está olvidando o perdiéndolas —contesté. Nos dejé entrar y nos encaminamos al elevador. —Sí, soy una idiota total —ofreció Mel—. Ni siquiera puedo limpiar un baño, así que Giselle tiene que hacerlo. Siempre. Yash se rio y se colocó frente a nosotras, enfrentando las puertas, sosteniendo la gata frente a él. Me aferré el estómago. Mel me pateó. Iba a conseguir una úlcera y un coágulo por esta aventura. Y unas manos destrozadas después de todo. Hoy había sido una feria de emociones, creo que me dejé los pulmones en la noria y el riñón en la casa mágica. 311. La vida se había convertido en un auto de payasos, y yo estaba tirando al payaso por el acantilado Nos reunimos en mi casa. En el momento en que entramos, Mel corrió a confiscar mi “yo” del apartamento. Después de patearme el trasero. Literalmente. Me froté la zona en cuestión y sujeté el brazo de Yash cuando comenzó a caminar. Me devolvió la caja de Myrtle con obvio alivio. Dije: —Vayamos… a liberarla en la cocina. Sin explicar por qué…

145


312. Menos evidencias allí …empujé a Yash en esa dirección. Atravesamos la puerta batiente, dejé su caja en el suelo y me senté a su lado. Yo daba toques en el suelo y Yash se hundió derecho sentándose con las piernas cruzadas. ¡Abrí la prisión de Myrtle para liberarla en su nueva casa! Abrí la caja y esperé. Y esperé. Miramos la caja, pero no apareció ninguna cabeza de gatito por la tapa. Observamos. Yash suspiró. Observamos. Tal vez se había acostumbrado demasiado a la vida en su interior. Tomé su momento de reticencia para limpiarme los arañazos de gato. Estaba ganando nuevas quemaduras, marcas y arañazos a un ritmo alarmante. El carril rápido estaba lleno de peligros. Cuando había terminado, Yash comenzó a levantarse. —¿Puedo… —¡No! —Tiré de él hacia el suelo, mucho más fuerte de lo que había pretendido. Gritó de dolor, supongo que todo el mundo tendrá un moratón en el trasero al finalizar el día—. Lo siento. No quería ser tan ruda. Arqueó una ceja. —Si quieres ser ruda conmigo, al menos pregunta si quiero que me tapen los ojos primero. Sonreí, luego pensé en ello… —Uh —jadeé sin aliento—, quédate con la gata. Voy a por el arenero y las cosas. —¿Qué? ¡No! Yo… —¿Te gustaría colocar tú el arenero? Su gesto se ensombreció mientras contemplaba esas opciones horribles. Puso el gesto más contrariado que hubiese visto, incluso de Mel. —Me quedaré —accedió finalmente. Claramente, solo la promesa de una gata lo mantenía en presencia de la otra. —Gracias, maravillosos, generoso y hermoso hombre. Masculló. —Aquí… —Le entregué una cerveza del frigorífico—. Este es un mejor agradecimiento. Yo lo haré todo. Solo siéntate derecho. —Retrocedí—. Siéntate. Justo ahí. Solo… Mel metió la cabeza y me dio la mirada.

146


—¡Siéntate! —le ordené a Yash. —¡Caray! —contestó con otra mirada. 313. Oh, deja de juzgarme 314. Como si tú nunca hubieses mentido a todo el mundo sobre todo, todo el tiempo Me reí, girando la cabeza de forma encantadora y corrí a través de la puerta batiente. Mel se encontró conmigo en la sala, donde mi anciana arrendataria, Ethel, permanecía. Oh mi… —Dagmar —dijo ella con un tono completamente demasiado alto—. ¿Qué era lo que vi subiendo en el elevador? —Mis dos amigos —contesté—. Están conmigo, respondo por ellos. —Giré la cabeza de nuevo, pero no pareció seducirla del modo que hizo con Yash. —Había un transportín de animales, Dagmar. Demonios. Cada vez que pronunciaba mi nombre parecía hacerlo en voz más alta. Esta mujer no podía pasar tres puertas del edificio son resollar, ¿cómo demonios tenía la proyección de voz de Meryl Streep? —Sí, conseguí una gata —susurré, alejé a Ethel de la cocina—. Fue una decisión espontánea de hoy, ¿no es maravilloso cuando rescatamos animales indefensos de ser sacrificados y asesinados? Apretó los labios. Supongo que no. Ethel dijo: —Dagmar, —¿Por qué. Debe. Seguir. Diciéndolo?—, necesitas pagar un depósito de animales y rellenar los formularios necesarios. —Estaré muy feliz de hacerlo —le aseguré. Le rodeé los hombros con el brazo y comencé a guiarnos a la puerta de entrada—. Tengo dinero suelto. Se lo bajaré a su apartamento enseguida y rellenaré ese papeleo. Asintió y finalmente sonrió. —Son quinientos dólares, y estaré esperando. —¿Quinientos dólares? —Eso era todo mi dinero de emergencia. Será mejor que Myrtle traiga los ronroneos y el amor incondicional lo antes posible—. Uh, claro, por supuesto. Yash atravesó la puerta de la cocina.

147


—¿Qué son quinientos dólares? Jadeé. Mel jadeó. Ethel lo miró de forma lasciva. Las palabras salieron de mi boca. —El depósito de mascotas. Me ocuparé de ello. Por favor vigila a Moan… Ethel se dirigió de forma tambaleante hacia Yash. —¿Quién es este? ¿Un nuevo novio? Yash sonrió ampliamente, de forma triunfadora, la que hace que las mujeres lo amen. —Uh, solo soy un nuevo amigo de las compañeras de piso. Ethel se giró lentamente hacia mí. —¿Compañera de piso? 315. ¡No! 316. ¡Nooooooooooooo! Estallé en carcajadas, del tipo que te llevan al manicomio. —Por qué… ¡La gata, por supuesto! ¡La nueva mascota compañera de piso! Ethel se rio porque Yash se estaba riendo. Yo me estaba riendo porque de otro modo me habría tirado por la ventana. Tomé a Ethel firmemente de los hombros y abrí la puerta de entrada. —Volveré con el dinero. Sonreí cuando cerré la puerta frente a ella. 317. Lo que lo hizo completamente mucho mejor Mel dejó salir un profundo suspiro, su rostro había adquirido un horrible tono púrpura. Tenía la sensación de que yo misma imitaba a un arándano angustiado. Me aferré mi alterado corazón y me giré hacia Yash. —Tengo que lidiar con el depósito de mascotas. ¿Cómo está Moaning Myrtle? —Está mirando sobre el borde de la caja. —¡Progresando! Se encogió de hombros. —¿Por qué no vienes conmigo para estar con ella? Tal vez Mel pueda llevarle el dinero a la arrendataria.

148


Sí, eso sería un plan genial, si Mel viviese aquí. No podía firmar mi contrato de responsabilidad. Le lancé una mirada aterrorizada a Mel. Ella, con voz llena de veneno, intervino: —Uh… Yo… Yo… ¡Odio a esa zorra de Ethel! Yash abrió los ojos de par en par. Mel se lamió los labios. —Sí. ¡Esa horrible cazafortunas destrozahogares, sacó a mi… tío de su feliz matrimonio y luego le arruinó la vida! Sería dueña de este edificio si no fuese por esa cualquiera. —Mel se alejó, rodeándose el estómago con los brazos. Temblándole los hombros. Obviamente, estaba sobrepasada por la emoción que venía al contar tal historia. Esa emoción siendo la risa, por supuesto. Mi novio se alejó de nosotras, que era la única cosa sensible que podía hacer, de verdad. —Yo… Yo solo… —Se lamió los labios—. Cerveza. —Se fue a la cocina. Dejé salir un enorme suspiro y Mel se dejó caer en la silla de madera junto a la puerta. Mel sonrió y susurró: —Y el premio a la mejor actuación como compañera de piso falsa es para… —Gracias —contesté. —Ahora vas a limpiarme el horno. Nunca lo he limpiado, y sale un olor a quemado cada vez que lo uso. Con un tono falso respondí: —Pero estaré tanto en tu casa que Moaning Myrtle será una gata a la que dejan sola en casa. —Tú te hiciste tu cama de gato, ahora te acuestas. ¿Lo entiendes? ¿Te acuestas11? —Se golpeó la rodilla. A su rutina cómica le daba un C-, como mucho. Pregunté: —Así qué… ¿Cómo va la limpieza del apartamento? Asintió. 11

Juego de palabras con Lie, que puede significar tumbarse o mentir.

149


—El correo está escondido en tu armario, deberías abrir el correo más a menudo. —Gracias. Muchas gracias. Está bien, ¿por favor irás y vigilarás a Yash mientras firmo el papeleo? —Mis suelos necesitan que los barran seriamente. —¡Arg! ¡Está bien! ¿Sabes?, la próxima vez que mientas horriblemente a tu novio y esperes que yo participe en una elaborada treta de pérdida de tiempo, voy a cobrarte. —Dinero. ¡Qué gran idea! —Sonrió ampliamente—. Tengo un depósito de quinientos dólares para futuros engaños. —Estoy arruinada. —Saqué mi dinero de emergencia de un libro hueco en mi estantería. Se cernió sobre mí, una sonrisa enloquecida en su boca. —Y… ¿novio? Antes de que pudiese digerir ese comentario freudiano, Yash sacó la cabeza por la puerta. —¿Escuché la palabra novio? ¿Tienes un secreto, Giselle? Me congelé. »¿Tienes un novio secreto? —continuó con una amplia sonrisa. Fiu. Me sujeté el pecho de nuevo. Este día iba a provocarme un ataque al corazón. 318. Esperaba que hoy pudiese morir de una sobrecarga de orgasmos —Tal vez, o tal vez no —dije. —Está bien. —Vino lentamente hacia mí, esa mirada en sus ojos. No, esa no, la buena. La muy, muy buena. 319. La que terminaba conmigo perpleja Su caminata de pantera perfectamente ejecutada terminó justo a mi lado. —¿Algún otro secreto, misteriosa Giselle? —susurró en mi oído. Me estremecí. Mel comentó: —Oh, puaj. Preferiría ver hacer caca a la gata. —Tomó el arenero y se dirigió a la cocina.

150


Yash tiró de mí a sus brazos. —Pensé que esa gente nunca se iría. —Me dio un excitante y obsceno beso en mis labios abiertos y… y… grrfflsh ajdjdhdhha unnffffff. 320. Tal vez podía escribir literalmente una novela erótica 321. El héroe lanzó a la libertina al sofá y luego la grrfflsh ajdjdhdhha unnffffff Cuando se apartó de mi aturdido cuerpo para tomar aire, contra mi boca dijo: —¿Al menos puedo estar en la carrera para la posición de novio? Mi curriculum en la sección de habilidades especiales es más que excelente. Dejemos algo perfectamente claro: 322. Lo siguiente que dije no fue culpa mía 323. Fueron las hormonas liberadas por semejante buen besador 324. Semejante besador sexy, obsceno y dulce 325. El tipo de besador que mata a todos en una tragedia de Shakespeare 326. Fue culpa de su trasero perfecto 327. Fue culpa de la economía 328. ¡Fue causado por el Big Ban de hacía millones de años! 329. Simplemente no fue culpa mía cuando dije… —Sí, por favor, sé mi novio. Un estallido sonó en la zona de la cocina, y supe que Mel me había escuchado. O tal vez Dios lo había oído y estaba rompiendo mi colección de tazas de Beyoncé para mostrarme una lección. 330. Una lección que pronto voy a olvidar. —Giselle —dijo Yash—, realmente estas comenzando a volverme loco. —Me levantó del suelo y me abrazó. Me aferré a esos gigantes hombros como a un bote salvavidas en la Warerworld que se había vuelto mi vida. 331. Mi vida tiene cuarenta y dos por ciento de rating en rottentomatoes.com Mel sacó la cabeza desde la habitación. —Más te vale que le lleves ese dinero a Ethel, Giselle. Ella es una mentirosa Jezabel, que se está metiendo en un lío, lo sabes. Yash realmente estaba considerando a Mel como la que tenía algunos tornillos flojos. 332. Irónico, mis tornillos flojos eran los que nos habían metido a esta situación

151


—Si —chillé—. Pórtense bien. —Se lo advertí a ella y solo a ella. Me tomó quince minutos darle a Ethel el depósito de la mascota, firmar el contrato de arrendamiento, y esquivar sus invasivas preguntas sobre Yash. Mira, apreciaba el hecho que fuera vieja y no le importara la opinión de los demás, pero aun así pensaba que no existía edad para que “¿Qué tan grande es su polla?” fuera una pregunta inapropiada. Corrí al apartamento más rápido de lo que el elevador podía ir. Cuando entré a la cocina, Moaning Myrtle estaba sentada en el regazo de Mel golpeando un ratón con hierba para gatos que flotaba de los dedos de Yash. Aliviada de que todo fuese bien, me apollé contra la puerta de la cocina. Estrellándose directamente contra mi trasero. —¡Ay! —grité, el dolor golpeándome desde el coxis y por todo el cuerpo. Rodé hacia un costado y me sujeté el trasero con la mano libre, segura de que no volvería a sentarme bien. O de manera correcta. Aaaag Ohhh. —¿Estas bien? — preguntó mi gente al mismo tiempo, de cada lado. Comencé a reír. —Si. Oh, mierda, esto duele. —Tu trasero va a ponerse tan negro y azul como mis espinillas — dijo Mel, sobando mi área afectada. —Gracias, mejor amiga. Se necesita a una verdadera mujer para que sobe el trasero de su amiga. —Cuando quieras, Jezabel. Ups, pronuncie mal “Giselle”. Sentí un rasposo, húmedo lugar en mi frente, y abrí los ojos para ver a Myrtle justo frente a mi rostro. Su suave, gris pelaje, se veía demasiado adorable para ser verdadera. Algo así como Yash. Ella lamió mi frente de nuevo y solté una risita. —Gracias, Myrtle, cariño. Yash tomó mi mano y me ayudo a levantarme. Dolía, pero era soportable. Moví la mano hacia Myrtle, quien me olió y comenzó a lamer mis dedos. Los dos adultos humanos en la habitación dijeron. —Awwwww. —El tercero se abstuvo. Myrtle me permitió alzarla, así que la coloqué sobre mi regazo. Su ronroneo fue ronco, como el motor de un bote y nos dio risa a todos. Todo mi ser parecía querer explotar de felicidad. Mi mejor amiga a mi lado. Una adorable nueva compañía. Y un novio tan ardiente que derretía mi mantequilla.

152


El derretido de mantequilla, coloco si mirada de derretido de mantequilla en mí. Él sonrió. Yo sonreí. Él preguntó. —¿Qué quiere decir la “D”? —¿Qué? Él señalo a la pared. Donde mi gigante “D” colgaba. Moví la cabeza hacia Mel… ¡Eliminar a Dagmar había sido su trabajo! Mel movió la mirada al gato, y me ignoró para acariciarla, la traidora. Dije… dije… —Es de Mel. —¡Ja! ¡toma eso! Yash sonrió mientras esperaba sin duda alguna la colorida explicación. Mi mejor amiga levantó la cabeza y me dio una mirada de muerte. A este paso, sería la sirvienta de Mel por el resto de la eternidad, y estando en la tumba, tendría que pulir sus huesos. Mel tomó una larga y profunda respiración. —Es por… —comenzó—, por… d-d-d-d … dddddd… ¡Daniel Craig! Si, Daniel Craig. Porque es tan caliente… él inspira todas mis historias. Que es lo que escribo. Porque soy una escritora. Como Giselle le dijo a las personas de los gatos. —¡Sí! —concordé. Myrtle saltó de mis brazos y se aferró a Yash por la parte trasera. —¡Auxilio! —exclamó Yash mientras trataba de alejarse. —Se valiente, Yash, y quizás no te vaya a comer. —Oh, ¿con quién estaba bromeando? Quería correr hacia Yash también. Y lamerlo, como Myrtle hacía con su zapato. 333. Pero no lo hice. Yash giró hacia Mel. —También soy un escritor. ¿Te han publicado? Mel me lanzó una mirada de pregunta y levantó a Myrtle, ¡que todavía era una pequeña bola de amor esponjosa hermosa y adorable! 334. Estoy matando esto de ser la señora loca de los gatos. —No, sin publicar —respondió Mel—. Pero voy a llegar a eso algún día. Tengo un blog popular, verás… —Ella llevó de regreso al gato en la cocina, insinuando

153


fuertemente que cualquiera que quisiese manosear a otra persona debería permanecer alejado de la cocina. Yash deslizo sus manos alrededor de mi por la parte delantera. —¿Ella no podría estar hablando de nosotros? —Por supuesto que no. Todos quieren ver cómo nos besamos. Él me dio la vuelta y me acercó a sus caderas. Lentamente empujándolas contra las mías, y mi cerebro comenzó a deslizarse por mis oídos. —Oye Giselle —inició. —Ese es definitivamente mi nombre. —¿Me harías un favor? Deslizó sus labios por mi cuello. Temblé de cabeza a pies. —Te haré todos los favores. Su risa, me dio cosquillas y morí, el fin. Preguntó: —¿Te pondrías tu traje de azafata para mí? Necesito arrancártelo. 335. —Seguro, bebé. Un fuerte ruido provino de la puerta de la cocina, y me pregunté por qué Mel estaba haciendo un sonido tan obvio y oh, Dios, ¿Qué demonios acabo de aceptar? Levanté la cabeza, golpeando la frente de Yash. —¡Mierda! —Él se tropezó hacia la pared, donde un marco casi lo golpeó en su camino hacia el suelo. Estrelló, Yash se estrelló, y la risa de Mel salió triunfantemente. Yash murmuró: —Me mordí la lengua. — Ahora se tocaba la frente y la boca. Al menos ya no estaba teniendo sexy pensamientos sobre mi trabajo de azafata. —Vamos a sentarnos. —Lo llevé al sofá y lo dejé ahí—. Voy por una bebida fría, eso ayudara con tu pobre lengua. No podemos tenerla lastimada. Él me lanzó una sonrisa y corrí a llevarle una soda con hielo. Tan pronto la puerta de la cocina se cerró, Mel dijo: —Así que, ¿cuándo vamos a ir al cibercafé? —¡Ugh! Lo olvide. Estuve demasiado ocupada…

154


—¿Mintiendo? —¡No! Estaba adoptando a una mascota sin amor, como literalmente una santa. Me senté en el suelo junto a ella y Myrtle. Tomando a la bola de pelos en mi regazo, donde maulló y ronroneo mientras le acariciaba la cabeza. Hundí los hombros… vaya, realmente los gatos te ayudaban a relajar. 336. No es sorpresa que los gatitos sean tan populares 337. Esos chistes no se vuelven viejos —Tengo que darle a Yash una bebida fría. Se mordió la lengua. —Pensé que estaba mordiendo tu lengua. —Lo habría hecho de no ser por la señorita Carcajadas, que decidió meterse. —Le hice una mueca y acaricié a Myrtle. Dejé al gato en el mostrador y busqué una Coca con hielo para Yash. Myrtle parecía maravillada de este nuevo lugar que podía explorar. La dejé caminar por un momento, mientras me terminaba el resto de la cerveza de Yash. Mel sonrió y dijo: —Es mejor que vayas a la sala y estés de niñera de tu novio. —Si, lo voy a hacer. Pero tengo que colocar la caja de arena para que mi departamento… —Nuestro departamento. Estoy viviendo aquí libre de renta de ahora en adelante. —No huela a pipí de gato. Supongo que tendré que dejarla en el baño de la sala. Si lo pongo aquí, quizás no sea lo suficientemente fuerte para empujar la puerta de la cocina y abrirla todavía. —No voy a colocar la caja de mierda por ti, cariño. Dejé escapar una risa desesperada. —Si, lo sé. ¿Puedes llevar esta bebida a Yash? —Le pasé la Coca y le di una palmada en el trasero para que caminara. —Te enviaré mi cuenta del hospital —murmuró. La seguí a la sala con la caja de arena en mis brazos. Tenía que hacer demasiado para compensarle esta mierda en la que estaba metiendo a Mel. Y todavía teníamos que ir al Cibercafé para revisar nuestro asunto clandestino. Me mordí el labio para ocultar la risa, en realidad era algo gracioso. Todo este… plan. Había pasado de la chica que limpiaba los borradores para tener un crédito

155


extra, a una zorra que engañaba a los hombres. Sabía que estaba mal, claro que lo sabía, pero era como si mi cerebro simplemente se hubiera roto. Los años de la adolescencia. Había sido una adulta responsable. Pero ser una irresponsable rebelde cuando se es adulto, era mucho mejor. ¡Había sexo! ¡Y alcohol! Se me escapó la risa mientras cargaba la casa de plástico de popó al baño. Tenía una sonrisa en el rostro, regresé a la sala para tomar a Myrtle y enseñarle dónde tenía que hacer sus cosas. Encontré a un confundido Yash, y a una Mel en pánico… 338. Y una cuenta de Netflix en la TV decía “Dagmar” en brillantes letras blancas. —¡Mierda! —exclamé. —Bien —aseguró Mel, alzando los pulgares. Ella acarició a Myrtle, sentada en su regazo, y esperando la caída. —Uh, lo puedo explicar —le dije a Yash. Arqueó las cejas, y comencé a respirar pesadamente, la habitación comenzó a girar. —Es… uh… Ese nombre… es mío. Él se puso de pie, confusión en su rostro, con una pizca de ira. No. Nooo. ¡No podía terminar todavía! Él era el hombre perfecto y oh, Dios, ¿qué me sucede? No era lo suficientemente inteligente para ser así de astuta. ¿Giselle? En que estaba pensando al crear un alter ego. —¡Eso es! —dije—. Eso es, —señalé la pantalla—, ese es mi alter ego, Dagmar. Dag. Es el apodo que me doy a mí misma. Es como… mi nombre sexy. A veces lo uso en vuelos con hombres que dan miedo, así que no saben quién soy en realidad. Si. Es una broma entre Mel y yo. —Giré la cabeza hacia ella—. ¿Verdad Mel? Ella comenzó a reír. El gato saltando al sillón. —Muy bien, Dagmar. Sus habilidades actorales eran una mierda. 339. Aunque, las mías, increíbles 340. Quizás, ¿debería ser actriz? Quizás debería de prestar atención a Yash, que su boca permanecía abierta. —Pero —protestó—, Giselle ya es un nombre muy sexy, Sonreí. —Gracias.

156


—Mucho más sexy que Dagmar. Mi sonrisa se desvaneció. —Gracias. —Aunque entiendo por qué tendrías que hacerlo con esos con hombres extraños. Puede haber gente realmente loca en el mundo de las citas. Mel se calló del sofá, pero lo cubrió muy bien al jugar con el gato. Me aclaré la garganta. —Co… comenzó hace mucho tiempo, cuando era una adolescente. Es una cosa tonta ahora, pero explica por qué nunca vez el nombre de Dagmar cerca de mí. Se iluminó. —¡Como la “D” en la pared! Podría significar “Dagmar”. —¡Cinco puntos para Yash! —dijo Mel, ayudando—. Voy a usar la arena para gatos de los mayores. —Salió de la habitación. Había comenzado a respirar normalmente, cuando Yash se acercó a mí, una foto de mi familia en mano. ¿Qué clase de infierno era este? Preguntó: —¿Ese es tu papá? Te pareces a él. —Si. Esa soy yo, mi gemela Vanessa, y papá. —¿Gemela? Él lo había dicho de la manera en que todos lo habían hecho. Incrédulos, con una pizca de “¿Por qué no te pareces a ella?”. Apreté los dientes, como lo hacía siempre. —Si, ella es la chica dorada… hermosa, rubia, perfecta… yo soy con la que nunca contaban. —Le arranqué la foto y comencé a caminar de regreso al librero, donde vivía. Normalmente boca abajo. —¿Qué? —Yash se colocó junto a mi—. ¿Qué quiere decir… con la que no contaban? Negué. —Nada. No importa. Ambos viven en Connecticut, así que…

157


—No, no. —Suavemente me dio la vuelta—. Te he hecho sentir mal, y lo siento. No puedo ver por qué ella es la hermosa. Tú eres la de aspecto más interesante de las dos, y mucho más hermosa. Me reí. Pareció confundido. Me volví a reír. —Giselle, eres una mujer maravillosa. Vibrante, sexy. Pequeña y de aspecto suntuoso. —Colocó un mechón de cabello detrás de mi oreja—. Con hipnotizantes y misteriosos ojos café que me persiguen. De verdad, tuve un sueño contigo y tus brillantes ojos. —Uh… —Una ola sofocante me atrapó, y me alejé. No sabía qué decir. Yash parpadeó confundido, esperando a que dijera algo. —Tú familia… ¿no fue buena contigo? Negué, mi boca seca. —Mis padres solo querían un hijo, pero tienen dos. Lucharon para poder llegar a fin de mes. Mi papá me dijo que les molestaba como... el intruso. Que la niña rubia y de ojos azules con la nariz pequeña como mamá era mejor que la de aspecto griego. Se quedó completamente boquiabierto. —¿Qué mierda? ¿Qué... ¿Qué mierda? ¡Eso es horrible! ¿Por qué siquiera te diría eso? —Cuando estaba borracho en la boda de mi hermana, le pregunté por qué nos había tratado de manera diferente durante toda nuestra vida. Simplemente lo derramó todo. —Miré al suelo y me encogí de hombros—. Papá siempre se enorgullecía de su hija alta y dorada, especialmente después de que mamá murió. Vanessa no podía hacer nada mal, y yo… —No podía hacer nada bien. Me sujetó los hombros, y logré levantar la cabeza para mirarlo, lágrimas en mis pestañas. Me las quité de un golpe, lo cierto es que ya debería haber superado esto, ¿verdad? —Cariño, no mereces que te traten como… Mierda, ni siquiera sé qué decir. ¿Odiar a un niño por el color de los ojos? Es… como una novela distópica. He visto este tipo de cosas en las familias indias: los niños de piel clara son preferidos a los oscuros. Pero yo tengo la piel oscura, y soy genial como soy. Tú también. Cerré los ojos con fuerza. —No estoy tratando de decir... quiero decir, todavía soy una mujer de piel blanca. No sufrí racismo ni nada.

158


—Entiendo lo que dices. Pero has sufrido, en tu familia, por no seguir un ideal estúpido. Para que conste, estoy loco por las chicas con ojos oscuros y brillantes y extraño sentido del humor. Realmente logró hacerme reír. Significaba mucho. Bajando la mano a mi barbilla, aseguró: —A la mierda si no pueden ver que eres una persona maravillosa y hermosa. ¿Eres cercana a tu hermana, al menos? Me reí de nuevo, ésta breve y sin humor. —No. Ella asumió su papel como la buena tan bien como un pato al agua. —Entonces ninguno de ellos te merece. Busqué en sus ojos la señal de un truco. Si alguna amiga hubiera venido a decirme que se sentía inferior por ser diferente a los estándares occidentales de belleza, le hubiera dicho que no necesitaba conformarse, que ella merecía amor y que era perfecta tal como era. Intelectualmente, sabía que estaba bien de la manera que Dios me hizo. Diría eso en voz alta a cualquiera que me preguntase. Pero en el fondo... En el fondo es difícil deshacer veinte años de que papá me programara para creer que era un insecto de nariz corta, piel aceitunada, ojos marrones y baja estatura en el parabrisas de su brillante coche, y que si lo intentaba más, quizás podría compensar mi presencia no deseada en esta tierra. La voz de Mel cortó mi auto desprecio. —Bueno, Dagmar... Giselle... Lo que sea, ¿verdad? Necesitamos irnos. Tenemos que hacernos la pedicura o algo así. Fuera del departamento. Yash me tomó en un fuerte abrazo, y me aferré a él mucho más tiempo de lo que era educado. — Sí, vamos a hacernos la pedicura —acordé por encima de su hombro. Él se apartó de mí.. —¿En invierno mientras nieva? —Negó con una sonrisa—. Ser mujer es muy difícil, especialmente con padres horribles. —No tienes idea —le aseguré. Mel dijo: —Oh, sí, su padre es una mierda total. Sexista, racista...

159


— Está bien. —La detuve con una mueca amorosa mientras me limpiaba las lágrimas de los ojos—. Basta de pensar en mi familia. —Bendigan sus corazones —concordó Mel. Yash mantuvo su mano en la mía. —¿Puedo venir más tarde? Me muero de ganas de ver tu uniforme de azafata. En tu corto cuerpo con su piel bañada por el sol. —Bajó la cabeza hasta que estuvimos ojos marrones frente a ojos marrones—. ¿Por favor? La habitación comenzó a moverse de nuevo. —Afortunadamente tengo uno limpio —contesté. Él me tomó en un abrazo y plantó un beso bastante casto en mis labios. —Gracias por no explorar sus amígdalas —se mofó Mel. Se fue, y me derrumbé sobre la alfombra. Myrtle vino corriendo y me maulló. La levanté y ella se tumbó en mi pecho para ronronear y acurrucarse en mis pechos. Aw. Nunca odiaría a Myrtle por ser gris. Ella era la gatita-hija perfecta tal como era. Mel se puso a mi lado. —No he visto bailar claqué así desde Cantando bajo la lluvia. —Gracias. Aprecio tu Oda a la Rompe hogares Ethel. Me pregunto si alguna vez fue tan interesante en la vida real. —Abracé a Myrtle—. Aunque, ella hizo muchas preguntas sobre el pene de Yash, así que... Ella se sentó. —¿Deberíamos visitar el cibercafé para ver la casa que hundimos? —Él se hundió a sí mismo. Pero sí. Y después de eso, tengo que tratar de encontrar un uniforme de azafata de Lufthansa. Se tapó los ojos con las manos. —¿Por qué? ¿Por qué dijiste esa línea aérea? —¡Tú dijiste esa aerolínea, idiota! Sin reconocer su contribución a mi desastre, continuó: —Y luego tenemos que hacernos la pedicura. En Enero. Y luego volver a casa en chanclas. La bajé a la tierra. —Lo de la pedicura también es tu culpa. Y probablemente podamos hacernos la manicura. O nada. Es un hombre, no lo sabrá.

160


—Está bien, pero ¿sabes qué? —Sí. Sí. Pagaré yo. Probablemente estaré pagando mucho, mucho tiempo. 341. En más de un sentido.

* En el viaje en tren al cibercafé, escribí un mensaje para Craigslist pidiendo un uniforme de azafata. Dije que era para una obra de teatro. Tan pronto como mi cobertura volvió, presioné Enviar y esperé lo mejor. Era casi la hora de la cena, y mi estómago rugía con ira. La única persona que había alimentado recientemente era el gato. Con suerte, ella no llenaría mi bolso con caca. Eché un vistazo a mi bolsa de bolos, y ella me dio un beso en la nariz con la suya. Mi chillido me hizo volver la cabeza hacia la acera, y Mel se rio de mí. A Myrtle no parecía importarle el metro, y no podía soportar dejarla en casa. Ella necesitaba afecto de su captor después de su terrible experiencia de ser secuestrada por mujeres extrañas y las personas a las que mienten. 342. Necesitaría que el gato me amara después de que mi novio finalmente me dejara 343. Sabía que no conseguiría un feliz para siempre 344. Tal vez sí consiguiera una orden de restricción Le dije a Myrtle que debía quedarse en la bolsa mientras estábamos en el café. Ella asintió y me dijo: “Por supuesto, hermosa madre Dagmar”. 345. Señora loca del gato paso uno: Escúchale cuando te hablen. Llegamos al café y encontramos un lugar en un ordenador de la esquina. Mi corazón comenzó a latir con fuerza, preguntándome qué respuesta obtendríamos. Pronto iniciamos sesión en la cuenta y... ¡había un mensaje! —O de eme12 —dije. Mel se puso verde. —Tengo miedo de abrirlo —Yo también. Hagamos que Myrtle lo haga.

12

Refiriéndose a la expresión Oh Dios mío.

161


Pero Myrtle dijo que no, en voz alta, y los habitantes del café nos miraron boquiabiertos. Con la mano temblando, Mel pulsó el correo electrónico de Abby. Quiero reunirme en persona para escuchar sobre el origen de estas fotos. Lo verifiqué con mi residente geek, y parece que no tienen Photoshop. ¿Cuándo y dónde? Siempre protejo mis fuentes. Salté en mi asiento. —¡Sí! —No podemos verla —protestó Mel. —Tenemos que hacerlo. Por las mujeres, Mel. —Tomé aliento—. Lo haré yo misma. No tienes que venir, está totalmente bien. —De ninguna manera. Estamos en esto juntas. —Se acercó más a mí—. Ni siquiera te conté sobre su auto, ¿verdad? Le costó unos cientos de dólares conseguir que le quitaran la gasolina y esas cosas, y luego se dieron cuenta de que no había azúcar, por lo que sabe que fue un gasto totalmente desaprovechado. —¡Ja! —Chocamos las manos y Myrtle levantó su pata a través de la bolsa en mi regazo para golpearnos con sus garras de solidaridad. Me desenredé y froté la sangre en mi muñeca. Revisé mi teléfono, y he aquí, ¡alguien había respondido a mi anuncio de Craigslist! Dios bendiga esta ciudad. Un tipo en Brooklyn dijo que tenía ese uniforme por doscientos dólares. Mel leyó el teléfono y silbó. —No te dejaré ir allí sola. Por lo que sabemos, él vende mujeres jóvenes para ser esclavas en Grecia. —No es un buen augurio para mí. —Decidí encontrarlo en una cafetería a una cuadra de su departamento en una hora. No estaba tan jodida como para encontrarme con un tipo raro en su mazmorra sexual. 346. Solo mazmorras sexuales no extrañas para mí Completada esta costosa tarea, ugh, estaría comiendo ramen durante dos semanas seguidas, nos giramos hacia Abby, la intrépida periodista que nos ayudaría a dar un golpe contra las almorranas de todas partes. O al menos una de ellas. Moví el teclado hacia mí, deseando haber traído desinfectante de manos. 347. ¿Qué era esa cosa marrón, crujiente en el lado de la tecla 9?

162


Comencé: Querida Abby, Queremos permanecer en el anonimato, pero estaremos disponibles para responder preguntas. Me volví hacia Mel. —Seamos garganta profunda. —¿Por el porno o el parking? —Te amo, Mel, pero mantendré mi pasión por ti por encima de la cintura. —A pesar de las palmaditas. Me encogí de hombros y volví a mi importante misiva. Reunámonos el domingo por la mañana, a la 1, en… —¿Qué parking? —pregunté. —Hay uno cerca de mi casa abierto toda la noche. —¿Cómo lo sabes? Mel parpadeó. —Porque tiene un gran cartel que dice “Abierto Toda la Noche”. —Eres un genio. Apoyó la cabeza en la palma de su mano y dejó escapar un gemido de cachorro. —¿Pero a la una de la mañana? Tengo que trabajar al día siguiente. —Después de dos semanas de descanso, vaga. ¡La aventura no sabe dormir! ¡Una vez más en el límite de lo legal! Y/o parking. —Sí, sí. Buscó la dirección en su teléfono y terminé el mensaje a Abby. Mel metió la mano en la bolsa en mi regazo para acariciar al adorable vicioso contenido en ella. —Me vas a comprar un perrito caliente de camino. Estoy hambrienta. —No podemos tener eso. Con los perritos calientes en la mano, y uno para Myrtle, mi cartera estaba arruinada. Nos dirigimos al metro, luego a la cafetería. Excepto… Miré mi teléfono, y sí, tenía la dirección correcta. Oh, caray. Esta sería una nueva experiencia para mí.

163


—¿Sexpresso? —Mel leyó el letrero de neón rosa y negro, acompañado por una foto de una mujer rubia y caliente que chorreaba café sobre sus tetas en bikini. Retrocedí. —Así es como calientas a las chicas. ¿Cómo puede ser eso sexy? Mel se cruzó de brazos. —Todo este día es un misterio. Antes, te ayudé a robar un gato. Dije una mentira atroz sobre una anciana. Y ahora voy a ayudarte a obtener un uniforme para un trabajo que no tienes para mantener a un hombre que no sabe ni tu nombre... todo mientras estás en un club de striptease. Emily Post simplemente no cubre días como hoy. —Probablemente eso es algo muy bueno. Vamos. —Abrimos la pesada puerta de madera y descendimos a una pesadilla rosa en la oscuridad. Todo parecía... 348. Pegajoso Esa es la palabra más positiva que me viene a la mente. Avanzamos por un pasillo negro, —sin tocar nada, obviamente—, y pronto nos encontramos en una habitación gigante tipo almacén. Hombres de todos los tamaños, formas y niveles de asquerosidad se sentaban alrededor del escenario, sobre el cual dos hermosas damas bailaban definitivamente sin ganar el dinero suficiente. Me incliné para susurrarle a Mel al oído: —Me pregunto cuánto cobran. Ella me dio un puñetazo en el brazo. —No juzgo a las strippers, pero tú no vas a volverte una de ellas. —Por supuesto que no. No soy tan buena bailarina. Asintió. —Eso es cierto. Probablemente te caerías del escenario y le clavarías tu tacón de aguja a algún idiota en el ojo. Hablando de… ¿Cómo sabemos quién es? Echamos un vistazo. Dos gemelos de unos cincuenta años vestidos con ropa deportiva estaban acosando a una camarera con aspecto muy infeliz. Probablemente de la mafia, de acuerdo con la televisión. Otro amigo delgaducho se estaba masturbando claramente bajo la mesa, así que… no. Pasamos junto a un hombre murmurando en ruso mientras jugueteaba con un cuchillo de hoja retráctil. Mel casi se retiró en ese momento, pero mi ansia me motivaba. Intrépidamente seguí explorando. Era la Amelia Earhart de la sordidez.

164


Me encontré con la mirada del hombre más asqueroso del lugar, un logro útil. Tenía que ser él. Si buscabas en Google la palabra “extraño” su ser manchado con coleta larga y un mono verde de cuadros sería la imagen. En su regazo había una bolsa de una famosa tienda de ropa para veinteañeros. —Vamos a entrar al culto de la familia Mason —comentó Mel. —Nos duchamos demasiado para ellos —le aseguré—. Tengo que conocerlo. Tengo que conseguir ese uniforme. —¿Y después qué? ¿Os conseguirás unos billetes de reserva a Londres para ti y Yash, así puedes sacar a la carretera tu ficción? Y todavía no hemos empezado a discutir la mierda de “por favor sé mi novio”. Vas a partirle el corazón, cariño. Ropa deportiva Número Uno se levantó y frotó su barriga contra mí. Casi chillé, pero fui rescatada por una rubia en tanga que tiró de él a un lado para un baile de regazo, Dios la bendiga. —Solo soy una follada al azar para Yash —le aseguré a Mel—. Lo terminaré… lo terminaré besando a su mejor amigo, pronto, y luego se deshará felizmente de mí. —Oh, ¿dije su corazón? Porque quería decir tu… —¡La, la, la! —Pasé junto a ella y me dirigí directamente al Extraño. No quería considerar el partirme mi corazón o el de Yash. Especialmente después de que fuese tan increíblemente perceptivo y maravilloso sobre mi situación familiar. Blade nunca me había dicho que no debería sentirme inferior a mi hermana; en realidad, una vez me había dicho que se la habría follado si pudiese. Pero suficiente de imbéciles y hacia los extraños. Al acercarme el tipo apestaba a pachuli y a sudor de sobaco. Tenía los pies metidos en unos mocasines pintados con spray de color oro, y su cabello era un tinte gris sobre un tinte morado. Me ceñí la cintura… 349. Y las fosas nasales… Y dije: —Hola. ¿Tiene un uniforme para mí? Se retorció. —¿Cómo te llamas? —Su voz aguda apenas sonó sobre el glam metal de los 80’ retumbando por todo el lugar. Un acento británico, pero no uno real. Un terrible acento de Madonna en el país. Retorció la grasa de su mostacho estilo manillar, y luché contra el vómito. Myrtle sacó la cabeza sobre su bolsa, se fijó en él y se escondió de nuevo.

165


Chica lista. Contesté: —Mi nombre no importa. Veamos el uniforme. Se inclinó hacia delante. —¿Cómo sé que no eres de los federales? Santo Dios. —¿Un federal? ¿Aquí para arrestarte por qué, asaltar la vista de los demás? —¡No sería la primera vez! Mel y yo intercambiamos una mirada. No una mirada feliz o esperanzadora. Me agaché y tomé la sucia bolsa de plástico a sus pies. Sí, era el uniforme correcto, incluso el correcto, según la página web de la aerolínea. Era una talla menos para mí, pero probablemente estaría bien desde que era una fantasía sexual y no un requerimiento del trabajo que necesitase vestir en una isla desierta después de un accidente. Tomé un fajo de billetes de veinte dólares de debajo de Myrtle y se lo entregué al Tipo Asqueroso. Me los quitó de la mano y los contó antes de metérselos en un bolsillo del pecho de su horrible chándal de poliéster. Fijó su mirada enrojecida en la mía. —Ahora quiero cuatrocientos. Mel gimió detrás de mí. —No voy a pagarte más de doscientos —repliqué. Metí el uniforme en mi bolsa. Un maullido ahogado sonó como protesta—. Y me marcho ahora. Me giré para irme. Él sujetó la parte trasera de mi pantalón vaquero para mantenerme en el sitio. La cintura clavándose en mi abdomen, quitándome el aire. El pánico se hizo cargo de todo mi cuerpo y me derretí en gelatina. Me rodeó la parte superior del brazo con la mano y me giró. —Devuélvemelo —exclamó en mi rostro, y morí por aliento de un bufet de un club de striptease. El asqueroso hombre alcanzó mi bolsa para recuperar el uniforme. Oh, demonios, no. Luché contra mi miedo y le pisoteé los pies. Gritó y apartó la mano justo cuando Myrtle le siseó… ¡buena gata! Me eché hacia atrás sujetando la bolsa con toda mi fuerza. Clavó los dedos en mi brazo y no me pude deshacer de su agarre. Mel le golpeó en la cabeza con su bolso.

166


—¡Déjala ir! ¡Eh, maldito vagabundo! ¡Tú, señor, no eres un caballero! La gente ahora lo estaba notando. Los tipos de la ropa deportiva se acercaron a nosotros, con sus cigarros colgando de sus labios. —¡Ayuda! —grité a cualquiera de entre las decenas que se sintiese caballeroso. Tipo Extraño no me soltaría; comenzó a sacudirme, con fuerza, mi cabeza tambaleándose de hombro a hombro. Los dos tipos llegaron a ayudar y uno inmediatamente se empujó contra el hombro de Extraño. Finalmente me soltó mi brazo seguramente amoratado. Un último tirón y aferré el uniforme contra mi pecho. ¡Mío! Mel dijo: —¡Corre! —Tiró de mi abrigo—. Vamos. En décimas de segundo, decidí que su artimaña debería pasarle factura. 350. Alcancé su bolsillo del pecho y tiré de mi fajo de billetes Justo antes de que Ropa Deportiva Número Dos lo tumbase en el suelo. Una de las camareras lanzó una jarra de café a su entrepierna, y su grito nos persiguió a Mel y a mí por el lugar. Corrimos y corrimos, sin atrevernos a mirar atrás. Nos detuvimos, sin aliento, a unos bloques de distancia. Le hice un gesto a Mel para entrar en otra cafetería, esta sin gente desnuda, y nos llevamos nuestras bebidas a una mesa en la parte trasera alejada de puertas y ventanas. Abrí el puño, y el cambio se estrelló contra la mesa. Mel se quedó boquiabierta. —¿Recuperaste el dinero? Sonreí. —¡Robaste el uniforme! —jadeó. —Lo liberé de un vomitivo estafador que me atacó. Estalló en risas. —¡Mierda, Dag! ¡No puedo creer que hicieses eso! Puse el bolso en mi regazo y miré dentro para asegurarme de que la pobre Myrtle estaba bien. Una mirada furtiva alrededor de la cafetería me dijo que ningún trabajador nos estaba prestando atención, así que la liberé de su prisión de piel y la coloqué en mi regazo. Me golpeó el dedo, pero rápidamente volvió y aceptó mi amor.

167


—Que buena gata eres, Moaning Myrtle. ¡Me defendiste de ese horrible hombre! Al menos tu vida no es aburrida, gatita. Me mordió el dedo más fuerte. Mel se siguió riendo. Alejé mis dedos de mi adorable diablesa y los devolví a mi café, que nunca me mordía. —Tú… —Mel se tranquilizó por un momento y miró dentro de mi alma con sus ojos verdes claros—. Realmente has cambiado, ¿lo sabes? Extendí la falda del conjunto sobre la mesa. —Lo he hecho. Y-yo entiendo que no estoy siendo la Madre Teresa ni nada parecido, pero se siente increíble devolver la mierda que solía aceptar. Tomó el fajo de billetes y se abanicó con él. —Tal vez deberías cambiar tu nombre a Giselle. Mi corazón se saltó un latido, y el golpe me sobresaltó. Levanté la mirada, y ella se encontró con mis ojos después de dejar de abanicarse el rostro con el dinero. Destelló una sonrisa y volvió a dejarlo sobre la mesa. Dije: —Yo… ¿Puedo hacer eso? Tal vez, en lugar de la horrible escena de ruptura con Yash… —Que era un poco prevenible. —Cállate. ¡En lugar de eso, simplemente podría cambiar mi nombre a Giselle, conseguir un trabajo en la aerolínea y no volver a ver a mi familia! Mel bebió de su latte. —Me gusta esa última parte. Nos hundimos en nuestros asientos y bebimos nuestra cafeína reparadora. Después de un par de minutos en silencio, Mel olfateó el aire. —¿Qué es ese olor? Levanté la falda y la olí. Oh, demonios. —Pachuli y… desconocido. Puaj, es muy asqueroso. —Tienes que lavar todo con vinagre y luego dejar que se seque. —Supongo que entonces me iré a casa. Será mejor que él aprecie este uniforme. Será mejor que no tenga que llevarlo puesto mucho tiempo. —Guiñé un ojo. Gimió. —Me siento obligada a advertirte, Dag…

168


Me tapé los oídos con los dedos como una verdadera niña. —No. No quiero oírlo. Mi vida está hecha de mentiras y negación, y así es la forma en que lo disfruto. Myrtle maulló y tomé eso como una confirmación. Dos en favor de una horrible mentira, una en contra. La mayoría ganaba. Mel me dio una mirada teñida de tristeza. No podía soportar su lástima. ¿Lástima? ¿Después de todos los cambios fantásticos que he estado haciendo en mi vida? Estábamos usando un violador en serie. Me había enfrentado contra múltiples imbéciles y había conseguido un nuevo trabajo bajo mis propios términos. ¡Demonios, incluso tenía un nuevo gato y novio! No era una Kardashian, pero estaba bastante feliz por el momento, incluso si algunas partes de mi vida habían tomado un… giro extraño. Volví a meter a Myrtle en su bolsa y me levanté. —Voy a irme a lavar esta cosa. —No quiero que salgas herida —comentó Mel, levantándose también—. O a Yash. Es realmente agradable, Dag. Me dio un vuelco en el estómago. —Sé que es agradable. A nadie le importa tener lo que es demasiado bueno para ellos. —Él no es demasiado bueno para ti, cállate, Jane Austin. Fingí jadear y ella rompió en una sonrisa. Respondí: —No somos… serios, ¿está bien? Y ya he sido herida, Mel. Al menos ahora soy la que está a cargo y no una patética perdedora aceptando migajas de gente manejando el espectáculo. Te veré el domingo por la noche… tengo que trabajar mañana. —La tomé entre mis brazos para un abrazo para minimizar la dureza de mis palabras y dejar la tienda. El aire se había enfriado y el vapor flotaba por las rejas del metro, convirtiendo la noche tan turbia como mis pensamientos. Las palabras de Mel sonaban en mi mente, girando y retorciéndose durante mi camino al tren, en el tren, de camino a mi apartamento. Reuní mis cosas para la colada y casi corrí por las escaleras al sótano.

169


No. No. No podía recaer. Había superado demasiado de mis formas tímidas y patéticas. Metí el uniforme en el agua caliente de las lavadoras de la lavandería y después le eché vinagre. Ahora dormía mejor de lo que lo hacía en años, incluso décadas, porque ya no me tumbaba despierta preocupándome por la aprobación de mi padre, o mi trabajo, o si necesitaba ir más al gimnasio porque había atrapado a Blade mirando a una modelo-camarera-enfermera. Ya no lloraba cuando mi hermana me lanzaba golpes en Facebook. No pasaba la mitad de mi fin de semana planchando fea ropa de color caqui para hacerme ver como una bestia de la eficiencia. Ahora tenía diversión. Ahora era divertida. Y estaría maldita si volviese a esa triste Dagmar. Quizás realmente debería cambiarme el nombre a Giselle. Subí las escaleras a mi apartamento de dos en dos, y no establecí el reloj para la colada. Me llevó veinte minutos, pero logré un moño francés, luego me coloqué el alegre sombrero en la cabeza y me tomé una fotografía para Yash. Contestó que mi cabello iba a despeinarse demasiado para mantenerlo puesto. Mis risas llenaron todo el apartamento. Despeinarse. No… no había vuelta atrás. Un par de horas después, informé a Yash que mi vuelo estaba listo para despegar. Sí, sí… merecía que me pusiesen los ojos en blanco, pero no me importaba. Pedí comida india y esperaba que fuese buena comida india desde que él, bueno, era indio. El uniforme me quedaba apretado, mucho, pero logré ponérmelo si no abotonaba la falda. Y el horrible olor había desaparecido. Rápidamente había usado cinta adhesiva para convertir la falda en una minifalda, y me puse unos tacones negros para completar la apariencia. Sin duda, la conservadora camisa abotonada no se suponía que se abriese mostrando tanto escote. En mi defensa, de todos modos, no se cerraría sobre mis chicas no tan grandes. En general, mientras posaba frente al espejo pensé que no estaba mal. Y ni siquiera tendríamos que follar en un asqueroso baño de avión. Incluso puse un lazo negro alrededor del cuello de Myrtle, le daba una ingenua imagen francesa de 1960. Hasta que mordisqueó una esquina y lo cubrió de baba.

170


—No le gustas tal como eres —le dije a ella—, así que sé linda. —Se lamió el trasero, lo que era el equivalente de un gato de encogerse de hombros por unos irreales estándares de belleza felinos. Mientras esperaba por Yash, estuve en el blog y preparé algunas entradas de Twitter para publicarse en los siguientes días. Fue divertido hablar sobre conseguir la gata y el uniforme, aunque no lo llamé fingir un trabajo de azafata de vuelo. Dije que estaba fingiendo ser una enfermera, también conocido como bata sexy. El instante de validación que ofrecía internet me hacía sentir poderosa. Sí, algunos me condenaban, pero mucha gente, especialmente mujeres, decían que desearían tener el valor de hacer lo que yo estaba haciendo. Mi timbre sonó y salté en mi asiento. Cerré el ordenador y corrí al panel para dejar subir a Yash. La felicidad casi derritiendo mis huesos al saber que estaba en camino, en mi edificio, en mi apartamento. En mi cama. 351. Pero realmente no tenía sentimientos por Yash 352. Solo una aplastante felicidad cuando él estaba cerca 353. Y el sentimiento de que me podía morir si nunca lo veía de nuevo 354. Ups, eso era un sentimiento 355. Pero no sentimientos con “S” 356. Mejor no pensar demasiado en eso Este viaje lógico de negación estalló como una burbuja cuando llamó. Hice un ridículo sonido de chica, corrí hacia la puerta, tomé una profunda respiración para calmarme, y la abrí. Abrí la puerta de par en par e hice una reverencia. —Bienvenido a bordo, señor. ¿Me sigue a la cabina de primera clase? Se apoyó a un lado del umbral y fijó una mirada en mí. —Tenemos un problema, Dagmar.

171


Capítulo Trece Desastres del Trescientos Cincuenta y Siete al Trescientos Sesenta y Siete En preparación para el despegue, por favor asegúrese de que su asiento está en la posición Uh-Oh

E

l mundo se volvió negro. Luego rojo. Luego casi a rayas. La respiración no llenaba mis pulmones y empecé a trastabillar. Quería decir algo, cualquier cosa para mejorarlo. Oh, mierda… ¿por qué no me había preparado un discurso para este inevitable momento? Se lamió los labios. Dio un paso adelante para cernirse sobre mí, sus hermosos ojos marrones llenos de censura. Trastabillé hacia atrás. —Yash, yo… —Solo tengo un billete de clase turista, señora azafata. Me temo que solo soy un escritor pobre. Yash sonrió y ahora me apoyé en el marco de la puerta para no caer. Santo infierno. Dulce Beyoncé. ¡Bendita Nicki Minaj! Maravilloso alivio convirtió mis entrañas en arena. ¡Gracias, Dios! O tal vez… ¿Gracias, Satán? 357. El hecho de que pudiera haber cambiado de divinidad era preocupante. Solté una risita y pasé la mano por su brazo. Llevaba un suave suéter de cachemir azul real con cuello de V, su pesado abrigo colgaba de su brazo, y se veía lo bastante bien para comer y lamer y comer un poco más. Su clavícula. Su largo y fuerte cuello. El pequeño atisbo de vello en el pecho en la profundidad de la V. ¡Gracias, Satán! Mantuvo el acto de escritor tímido mientras lo guiaba a la sala de estar y cerraba la puerta. —Bueno, puedo ver si tal vez podría meterte en primera clase. Quiero decir, — pasé los dedos a lo largo de la muy profunda abertura de mi blusa—, quieres que te sirva durante todo el largo vuelo, ¿cierto?

172


—Sí, señorita Dagmar. —Salió un poco entrecortado, y mi pulso saltó al saber que lo estaba dejando sin respiración igual que me había hecho él. Por ligeramente diferentes razones… mi corazón todavía latía a mil kilómetros por hora por el miedo restante y la adrenalina. 358. ¡Vaya, sin embargo, se sintió tan bien que usara mi verdadero nombre! 359. Nunca jamás me había sonado sexy… hasta ahora. Me encogí de un hombro como una coquetería apropiada. —Oh, Dios mío. Un puesto acaba de ser encontrado para ti. —¿De verdad? Eso es increíble. Siempre he sido muy feliz con los puestos que me has presentado. No podrías haber quitado el rojo que golpeó mis mejillas justo entonces por nada. Ambos estábamos riendo por nuestras bromas sucias cuando hice un gesto a su asiento… número 1A, por supuesto. —No puedo sentarme ahí —dijo, señalando—. Una intrusa está ya en mi silla. Miré sobre su hombro para ver a Moaning Myrtle sentada justo en el centro del sofá. Empezó con ese maullido áspero y chillón suyo y solo se detuvo cuando Yash se acercó. Movió sus manos para intentar alejarla. Ella lo miró. Él se volvió hacia mí impotentemente. Ella lo miró. Yo lo miré. Él se cruzó de brazos. —Supongo que tendré que volver al sofá. Al otro lado de la ciudad. Me apresuré hacia delante y aparté a la gata, sus protestas ignoradas. —En absoluto, señor, aquí está su asiento. Myrtle me frunció el ceño como si dijera: “Eliges a un hombre sobre tu familia”. Le saqué la lengua como si dijese: “Elijo a un hombre y su polla sobre mi familia. No lo hagas parecer mezquino”. Cuando se sentó, Yash preguntó: —¿Dónde está Mel?

173


Casi dije “En su apartamento”, pero recordé justo a tiempo. La cosa que en realidad dije fue: —Está visitando a un pasajero de primera clase por su cuenta esta noche. —Bien por ella. Con una sonrisa, me moví afanosamente para colocar una servilleta sobre su regazo. Me tomó un momento o dos ponerla en la posición correcta, alisada sobre su… su… Tiró de mí hacia ese regazo, con su creciente erección, y me inclinó hacia atrás para un beso. Mi cuerpo se iluminó con mi deseo por él, sus manos, su todo por todas partes. Una de sus manos se deslizó por mi falda para acunar mi trasero y me retiré para tomar aire. —Señor, su cena se enfriará. —Déjalo. Chillé cuando se levantó conmigo en sus brazos y me llevó al dormitorio. 360. Debería haber sido una azafata falsa hace años. 361. Todos los beneficios, ninguno de los pasajeros groseros o las turbulencias. Obviamente, había tenido compañeros sexuales antes. Pero nunca había tenido la experiencia que Yash me dio. Me hacía el amor como si fuera la única mujer en el mundo. Como si mi piel estuviera hecha de magia. Como si mi toque fuera la mejor cosa que le sucediera. No era meramente un buen amante… era un increíble compañero. Mi cuerpo nunca había respondido como lo hacía con él. Era una diosa del sexo, una musa, una sirena, todo al mismo tiempo. Y nunca había sentido tal lujuria ciega y disipada en mi vida. Yash había despertado a la Bella Durmiente. Bueno, la versión súper sucia escrita por Anne Rice. En un punto de la última hora, literalmente había visto a través del espacio y el tiempo, y sí, estaba usando “literalmente” correctamente. Después de haber conseguido lo que quería de mí, me tumbó de espaldas en mi cama y rio. —¿Qué es esa expresión? —preguntó—. ¿No he hecho tus sueños realidad del Club de las Mil Millas? Por cierto, esa fue una broma sucia de “correrse”. —Eres un escritor arrogante, después de todo —ofrecí, ligeramente sin respiración—. No quería hacer esa expresión. Estoy muy feliz con mi turno de trabajo esta noche. —Olisqueé su pecho. Gah, olía a sexo y hombre y unicornios.

174


—De acuerdo. —Me colocó en su hombro y jugó con mi cabello, el cual no había, de hecho, sobrevivido a su masculina arremetida. El sombrero había desaparecido, aunque todavía llevaba los restos de la falda. Je je—. Cuando llegué aquí al principio, me diste una mirada muy rara, así que me preocupaba que estuvieras molesta. Mi estómago se retorció y mi dicha se rompió. Me senté y apreté mi sábana arrugada contra mi pecho. —No, nada. —Me volví hacia el lado y lo miré. Su cabello había caído sobre su frente y lo acaricié sobre su ceño—. Eres maravilloso. —Pareció querer continuar la conversación, así que estuve tremendamente agradecida con Myrtle por maullar para dejarla subir a la cama justo entonces. Era demasiado pequeña para saltar, así que la ayudé a ponerse en el regazo de Yash para distraerlo. Funcionó. —Creo que mi cena está un poco fría —dije, cambiando de tema. Se sentó e inclinó mi barbilla hacia él. —Apuesto a que estaba perfecta también. El postre ciertamente fue perfecto. Una ola de culpa se disparó a través de mí al ser llamada “perfecta”. No era perfecta. Nunca sería perfecta. Lo había intentado, y había sido inútil, de todos modos. Puse una sonrisa y me levanté. En la manera más autoritaria que pude con los pechos desnudos y una falda demasiado pequeña, dije: —¿Te gustaría una cena en la cabina de primera clase o en el compartimento de cama? —¿Tenían los aviones compartimentos de cama? ¿O estaba pretendiendo ser una azafata de tren? Mi novio perfecto pasó una mano por todo ese asombroso cabello ondulado. —Vaya, qué elección. Y qué profesional eres. Me encogí de hombros. —Recibo muchas, muchas propinas. —Lo apuesto. ¿Cenamos en el compartimento de cama? Me incliné y sus ojos siguieron mis pechos, lo cual me hizo sonrojar de nuevo. 362. En serio, si iba a actuar como una meretriz inmoral debería dejar de sonrojarme. En mi mejor caminar, rodeé la cama y ahuequé una almohada detrás de su espalda. Era necesario empujar mis tetas en su rostro. Luego, agarré un DVD de la sala de estar y lo puse en el reproductor del dormitorio. Al menos Blade me había

175


dejado algunos aparatos electrónicos (por los cuales había pagado la mitad). Me senté junto a Yash en la cama y pulsé botones, y tomó la oportunidad para pulsar algunos de los míos. Era difícil poner a reproducir el DVD mientras me hacía cosquillas en el cuello y pellizcaba ligeramente mis pezones. Después de unos minutos de besos desnudos, durante los cuales podría haberme desmayado por demasiado entusiastas zorrarmonas, finalmente se dignó a dejarme alimentarlo. Antes de que me fuera, puse la película. —¡Airplane13! —exclamó—. Eres demasiado buena para mí, Giselle. Ups, quiero decir, sexy Dagmar. Me reí totalmente demasiado alto, como una ametralladora de falsedad, y me apresuré a salir de la habitación. En la cocina, aplasté mis emociones —todas, la buena, la mala y la culpable—, y me puse a recalentar nuestra comida. ¿Cómo lo hacían las malas personas realmente? Sabía que los sociópatas no tenían conciencia… pero qué pasaba con la gente corriente de Wall Street, o esa gente que atropellaba tus pies con sus cochecitos de bebé a pesar de que había un montón de espacio, luego gritaban que intentabas herir a su bebé. Sí, Vanessa me había hecho eso. Y a mis pies. Mis reflexiones llegaron a un alto cuando los brazos de Yash me rodearon desde atrás. —Mmm, empieza a oler bien. Lamento haber dejado que la comida se enfriara. —Yo no. Él sacudió las caderas hacia adelante, sus caderas desnudas, y golpeamos el mostrador. No me importó golpear el mostrador. —No hagas esa cosa de la voz sexy y baja que haces —suplicó—. Me muero de hambre, pero te llevaré de vuelta a la cama como un animal. —Lo siento —contesté, con la voz aparentemente sexy y baja que hacía. Golpeé su mano del lugar muy travieso que había descubierto—. Compórtate. —Nunca. —Con un gran suspiro que fue absolutamente a propósito, se liberó y apoyó contra el mostrador. Arrancó una esquina de pan naan y se la comió. Incluso eso se lo negué, lo metí en el horno para calentarlo.

Airplane: Comedia conocida como “Aterriza como puedas” en España y “¿Dónde está el piloto?”, en Hispanoamérica. 13

176


—¿Puedo hacer una pregunta? —preguntó. —La acabas de hacer. —Sí, muy inteligente. Recibí un golpe en mi trasero por mi insolencia. —Señor, eso es muy inapropiado y en contra de las reglas. ¿Quiere que llame al agente de vuelo? Alzó las manos. —No me arrestes, por favor. Soy demasiado moreno, me enviarán a Guantánamo. Empecé a reír, pero la verdad de esa declaración era demasiado deprimente. Guantánamo podría no existir como Guantánamo, pero existía uno en alguna parte. Le di un beso en la mejilla, porque eso compensaba el racismo institucional sancionado por el estado, ¿verdad? Es hora de volver al tema. —Pregunta —indiqué, con un poco de temor. Quince por ciento de temor. Ochenta a lo sumo. —Me pediste que expusiera mis defectos. —Pasó un dedo por mi brazo, y casi dejo caer el tazón de malai kofta14 que sostenía—. Así que confiesa. Cuéntame tus más oscuros secretos. Fruncí el ceño. —Yo-yo... Mis defectos son... más defectuosos que los tuyos. —Todos piensan eso. Todos los que tienen un buen corazón, de todos modos. Bllllllleeeeeerrrrrggggggg. Era ahora. Ahora era el momento de ser sincera, ¿verdad? Solo tres citas y seis orgasmos en... Debo hacer esto. —Yo... yo… 363. —Soy una perfeccionista en recuperación. Ladeó la cabeza.

Malai Kofta es un plato popular del norte de la India que consiste en bolas de paneer (queso) flotando en una salsa cremosa. Este plato se sirve mejor caliente, acompañado ya sea por un naan (pan plano) o un tandoori roti (pan de trigo). 14

177


—Explica. Moví la comida en mi mano y la dejé a un lado para ocuparme en el horno a revisar el naan que solo había estado ahí por un minuto. —Perfeccionista en recuperación, suena como una falsa modestia, pero no lo es. Se trata de una enfermedad. Solía ser... muy motivada, agradable con la gente. Siempre las mejores calificaciones, las horas más largas, primera en llegar, última en salir. Me incliné ante el capricho de cada novio, el capricho de mi padre, e intenté convertirme en la mujer perfecta para ellos... pero no para mí. Creo que... creo que me dije que esas dos cosas eran la misma. —No lo son. La puerta del horno se cerró de golpe, aunque no había tenido la intención de hacer eso. Cerré los ojos con fuerza, en realidad había empezado a llorar. —Lo sé ahora. De todos modos, perdí un trabajo importante, mi novio me dejó y se mudó a Los Angeles al día siguiente, y mi padre cree que soy una inútil. Así que detuve el viaje y me bajé. —Se me escapó una risa nerviosa—. Por así decirlo. — ¿Ahí es cuando te convertiste en azafata? ¿Cuál fue tu carrera antes? Tomé una respiración profunda. —Yo era...—La palabra "editora" casi salió a borbotones de mi boca, pero no pude. La comunidad editorial era demasiado pequeña y me descubrirían demasiado rápido—. En publicidad. Una redactora. 364. Si entrecierras los ojos a través de las gafas de color rosa, era algo así como una mentirijilla en la parte superior verdad. —¿Escribías? —Todo su rostro se iluminó—. ¡Eso es increíble! No me malinterpretes, nadie debería estar en un entorno que los haga infelices, pero es encantador escuchar que es posible que comprendan un poco de dónde vengo. Era tan hermoso con su alegría que lo abracé. —Eres un escritor increíble, Yash. Esa es absolutamente mi educada opinión. La forma en la que me apretó, casi me asfixio. De la felicidad Me liberé y dije: —Así que sí, ahí fue cuando comencé mi nueva... carrera. 365. De engaño profesional —También soy floja con la lavandería, me pongo celosa de Mel cuando el gato la acurruca más, e insulto a otros conductores.

178


Puse el curry de patata picante en el microondas y lo encendí. Examinó la comida. —Tienes una buena selección aquí. —¿En serio? Estaba muy preocupada. Estaba sin pistas, excepto por lo que creo que es sabroso. —Entonces tendré que cocinar para ti. Mi madre no tuvo hijas, así que sus cuatro hijos saben cómo cocinar. Soy el mejor. —¿De verdad? Se mordisqueó el labio. —El tercero mejor. —¿Tercero? —Aplaudí—. Así que realmente eres el segundo peor. —Otro defecto para mí. Hasta ahora, son quince para mí y dos para ti. 366. Si solo tengo dos, entonces eran del tamaño de Long Island. Me mordí el labio. —Entonces... ¿crees que le guste a tu madre? —No. Fue la forma en que lo dijo, como “de ninguna maldita manera, pedazo de chicle bajo el zapato de mi madre”. —¿Oh? Su mirada se suavizó, a modo de disculpa. —Lo siento, pero a ella nunca le gustará ninguna chica que traiga a casa que no sea India. No es personal. —De repente, una nube tímida pasó sobre él, y cruzó a la nevera para tomar una cerveza—. ¿Podrías…podrías leer mi nuevo libro? Dejé caer el plato que tenía. Se estrelló contra el suelo, haciéndonos saltar hacia atrás a ambos. Mi corazón volvió a cobrar vida una vez más, pero, afortunadamente, el plato había estado limpio. —¿Estás bien? —le pregunté. Se encogió de falso miedo contra los armarios frente a mí. —Sí, soy muy ágil. —Como he aprendido. Lo siento, simplemente me sorprendió lo que me pediste. —Y con qué rapidez había cambiado el tema de la madre. Oh bien. Mis propios padres no me querían, una fuente más de desaprobación no era gran cosa.

179


Saqué mis manoplas para el horno y tomé sus manos sobre el plato destrozado. —Me gustaría mucho leerlo, no tienes idea. Pero estoy muy intimidada. —No, no. —Me apretó de regreso—. No escribo reglas altisonantes examinando el interior de mi ombligo. O al menos, trato de no hacerlo. Hay suficientes personas haciendo eso. Es ficción comercial, y eres más que mujer suficiente para manejarlo. Mi sonrisa era real y agradecida. —Gracias. ODM. ODM. ODM. ¡Dame, dame, dame libro, libro, libro! El microondas emitió un pitido justo cuando me puse de rodillas para recoger pedazos del plato. Yash indicó: —Traeré una escoba, ¿si tienes una? Hizo como si buscase en los armarios y grietas de mi apartamento, y Jajaja, no, eso no se podía permitir. Él podría preguntarse dónde estaba la habitación de Mel. Y yo había sido la persona más maniática del mundo: la mitad de los elementos en mi baño tenían mi nombre para fines de organización. Blade había sido muy particular acerca de que sus artículos solo fueran para su uso. Estúpido. Yo dije: —Tomaré una escoba. ¿Por qué no vigilas la cena, señor tercer mejor cocinero? Me lanzó un gesto muy grosero, el que devolví, y busqué mi recogedor y escoba mientras me reía. Arreglé el desastre de mi minifalda, mis tetas balanceándose con la brisa. En realidad fue divertido tener una dulce escena doméstica con Yash mientras estaba medio desnuda, y él, totalmente. Esa última parte especialmente. Apoyé una cadera contra el mostrador después de terminar de limpiar. —Soy una azafata muy mala, te hago calentar tu propia comida. —No me hagas volar el avión, y estaremos en paz. Nuestro servicio de cena se recalentó, insistí en que el regresara a la habitación para poder realizar mi trabajo. Limpié el carrito de cocina, así que tenía algo para rodar y cargué la comida, y una botella de vino. Había buscado mi sombrero, así que lo agregué a mi conjunto de falda. Llevé mi carrito a la habitación. Él se rio y aplaudió cuando entré.

180


Con una reverencia, pregunté: —¿Pediste la muestra india? —Ese es el nombre de lo último que hice en la cama. PTI15: Había sido delicioso. Después de volver a ponerse los pantalones, —la comida caliente y los regazos desnudos equivalen a un viaje a la sala de emergencias por un asesinato de erección—, cargué un plato para él, amontoné naan en la parte superior y le serví una copa de vino. Me metí en la cama después de quitarme la falda y ponerme una larga camisa con botones abrochados a un nivel escandaloso. Brindamos con el vino y compartimos las sonrisas más tontas de todos los tiempos. La palabra “atontada” pasó por mi mente. Una palabra tan excelente. Una palabra que suena a la vieja usanza. No estaba "embelesada", que tenía un aire de superabundancia demasiado pura. No estaba "estupefacta", lo que implicaba una disparidad en los niveles de interés. Estaba atontada con él. Y él conmigo. La certeza me hizo balancearme. No me habían mirado así en mucho tiempo. Quizás no del todo. Era el tipo de mirada con el que las personas comenzaron guerras para mantener fija en ellas. Tuve que cerrar los ojos, las emociones me abrumaron tanto. Sus labios rozaron mi frente, sus manos se entrelazaron suavemente en mi cabello. Y en ese momento, mi estado atontado huyó. Aterricé en el medio antes de entender lo que había comenzado. 367. Estaba enamorada.

15

PTI: Siglas de “para tu información” que en ingles seria FYI (For your information)

181


Capítulo Catorce Desastres del Trescientos sesenta y ocho al Trescientos ochenta y siete El amor es algo muy estúpido

3

68. Estaba enamorada 369. Estaba enamorada

370. Estaba enamorada 371. Estaba enamorada 372. Estaba enamorada 373. Estaba enamorada 374. Estaba enamorada 375. Estaba enamorada 376. Estaba enamorada 377. Estaba enamorada

182

378. Estaba enamorada 379. Estaba enamorada 380. Estaba enamorada 381. Estaba enamorada 382. Estaba enamorada 383. Oh, maldito infierno 384. Estaba enamorada

* El pecho comenzó a dolerme por muchos errores todos a la vez. Como una quemadura por beber lava. Me metí otra samosa en la boca para encubrir lo que seguramente era otra extraña expresión en mi rostro. ¿Quién demonios se enamora en, qué… tres semanas? ¿Cuatro?


¡Ruina! ¡Desesperación! ¡Devastación! Plaf. Dios… no podía respirar. Me revolqué sobre la colcha para encontrar el control remoto… ¡Sálvame, Airplane! Yash me sostuvo la mano. —Quiero ver la película maravillosa y de temática apropiada que has elegido, pero me estaba preguntando… —¿Shí? —pregunté, un trozo de patata saliendo de mi boca. —Quiero saber cómo es ser una azafata de vuelo. Parece un trabajo bastante valiente. —Sonrió, interesándose en mi trabajo. Era muy dulce, lo odiaba-amaba por ello. 385. Solo imagina cuán perfecto pensaría él que mi “yo editado” era para él Al menos, podía darle a mi cerebro otra cosa que considerar más que esa mierda de amor, amor, amor. Las ruedas en mi cabeza giraron para recordar el aprendizaje sobre las azafatas de vuelo que había hecho vía la Universidad de Google. —Bueno, es un trabajo divertido, la mayoría del tiempo, pero mucho trabajo duro. No solo somos el rostro de la aerolínea, sino también el equipo de seguridad. —Todo lo que había leído desde el punto de vista de las azafatas me había hecho respetarlas mucho más. Todos los trabajos frente al público son difíciles, mira la quemadura de mi hombro, pero hacerlo a diez mil metros constantemente recordando las medidas de seguridad, sonriendo y controlando educadamente a los pasajeros… o la peor clase, del tipo violento. »En realidad, la primera clase es más complicada que enseñar, porque hay menos pasajeros, así que es más íntimo. A veces tendré que ser sutil con fumadores que creen que se saldrán con la suya, o accidentalmente mancharé a alguien con la bebida, lo que es peor. —¿Qué haces entonces? Le di un trozo de samosa porque estaba ignorando su comida para concentrarse en mí. —Me arrastro y espero que no sean maleducados. La aerolínea les pagará la tintorería. Masticó su comida y sonrió, así que le di otro trozo. Esta vez, lamió la punta de mis dedos y me derretí. »Yo… De todos modos es un trabajo interesante.

183


—¿Has dormido en los asientos plegables? —No. Tenemos pequeñas habitaciones para el equipo colocadas aquí y allí. Techos bajos, muchas camas juntas. Normalmente, dormimos justo al lado de otro miembro del equipo, separados por una cortina, así que tienes que quedarte muy quieto y no sacudirte de vez en cuando. Se rio. —¡Aunque tú te sacudes y mueves mucho! Tal vez solo estás cómoda durmiendo con kilómetros de aire debajo de ti. —Tal vez debería conseguir un colchón de aire. Mi estúpida broma lo hizo sonreír, y finalmente encendió la película, de ese modo terminando mi interrogatorio, gracias a los dioses. Me golpeó de nuevo, un maldito golpe al corazón. 386. Lo amo Ugh, noooooooo. ¡Las emociones son tan estúpidas! De ninguna manera, no estaba enamorada, solo otra cosa que se sentía exactamente igual. Difícilmente disfruté de la brillante ¡Airplane! Porque ahora me preguntaba por qué aparentemente me sacudía y giraba en mi sueño. Bueno… no por qué; era una agente doble en la misión de espía diseñada innecesariamente por mí. No sorprendía que estuviese agitada, mi conciencia había estallado mi burbuja de sueño. Insertar aquí una metáfora de un colchón de aire deshinchado. Logré tragar unos cuantos bocados de la excelente comida antes de dejarla a un lado y apoyarme en el hombro de Yash. Cerré los ojos, simplemente me permití disfrutar el estar aquí con él. Tal vez era la peor parte de todo esto; el hecho de que no fuese yo misma con el mejor hombre que había conocido jamás. 387. Quiero decir, lo he sido, pero la verdad de mi corazón estaba hundida en trozos y pedazos entre minas terrestres O tal vez… me estaba convirtiendo en una nueva persona, y ahora las minas terrestres también formaban parte de mí. Necesitaba un poco de explosión en mi vida. Había sido muy sumisa durante mucho tiempo, incluso si había estado enterrado bajo una capa de ambición e inteligencia. Tal vez las mentiras me estaban redimiendo realmente. No había sido una persona completa antes, había sido cada pedazo como gran parte de un acto como ahora. Solo que ahora, yo orquestaba el acto. Era la protagonista en cambio de una secundaria cómica, animando de habitación en habitación, de pedido en pedido, nunca protagonizando su propia historia.

184


Me senté derecha y me giré hacia este hermoso hombre, que seguramente enfrentaba sus propios retos de ser una minoría en esta parte del mundo. Todos llevábamos máscaras por necesidad. De repente, quería decírselo. Quería ser real por primera vez… tal vez nunca. Había sido la hija obediente, la empleada obediente, la novia obediente. Terminaba ahora. Quería amar como yo. Quería ser amada por mí.

185


Capítulo Quince Desastres del Trescientos Ochenta y Ocho al Cuatrocientos seis La Orden de las Amazonas Derrota-Escoria

Y

ash se volvió hacia mí y pausó la película. —¿Te encuentras bien?

Ahora era el momento. Ahora era el momento. Vamos, Dagmar. Habías dicho que lucharías por ti misma. Así que hazlo. Abrí la boca, seca y áspera como un martini seco. Ojalá tuviera uno de esos ahora mismo. —Yash, tengo que decirte algo. —¿Puedo empezar yo? ¡No! Ahora era el momento. Pero ese rostro… Madre Teresa, no podía decirle que no a ese rostro. —Sí, por supuesto. —Giselle. Sexy, divertida, inteligente, interesante Giselle. Amiga de los gatos… —Myrtle había estado saltando sobre sus pies bajo las sábanas por un tiempo ahora, para su desazón—. Creo que me estoy enamorando de ti. Estallé en lágrimas. Su expresión se enturbió. Hundió los hombros. Creo que padileció. —Oh, no. Esa no era la reacción que quería. Entre sollozos, me las arreglé para balbucear: —Me… estoy… enamorando… d-d-de… ti… también. —¿En serio? —Limpió mis mejillas húmedas con manos gentiles y me miró como si el sol brillara en mis ojos. 388. No podía decirle ahora. 389. Ahora no. 390. ¿Ahora? 391. Aho-ra.

186


—Sí, te adoro, Yash —aseguré, más que honestamente—. Eres el hombre más asombroso que jamás he conocido. Sé que es una locura porque aún es pronto para nosotros, pero… me haces muy feliz. Sonrió y puso su gran mano alrededor de mi nuca. Me atrajo a un beso que iluminó mi alma. E iluminó todo el sur. Y el norte, y el este y el oeste y arriba y abajo y en las cuatro dimensiones. En solo unos momentos, había arrancado los últimos vestigios de mi ropa y me hizo olvidar cada mentira, cada verdad, cada breve momento de sentido que hubiera tenido, y lo reemplazó con su cuerpo y corazón. 392. Fue el mejor error hasta ahora.

* Yash era una buena influencia para mí. Durante las siguientes dos semanas, abrí la puerta de JaVaVaVoom unos diez o quince minutos antes de tiempo, y no había ido a trabajar borracha en todo ese tiempo. El capuchino alegre había sido divertido, pero había estado allí, hecho eso. Hoy pasé por entre las mesas y localicé un rostro familiar. —Señora Hodgkins, ¡cuán encantador verla de nuevo! —Hoy mi Hada Madrina llevaba un traje pantalón ajustado y blanco crudo con zapatillas de charol rosas y un fedora de lana a juego. ¿El cabello debajo del sombrero? Aguamarina—. Dios mío, se ve increíble hoy de nuevo. Debería crear un libro de café16 sobre sí misma y su dinámico estilo. Y contar a otras mujeres de cierta edad que lucir fabulosa no termina a ninguna década. Arqueó las cejas. Continué: »¡Mierda! Eso fue muy insolente. Soy Dagmar, nos hemos encontrado un par de veces cuando ha estado aquí. Y obviamente no necesito decirle cómo hacer su trabajo. 393. Hice una reverencia. 394. Me reprendí por hacer una reverencia.

Libros de Café: Es un término aplicado a los libros de gran formato y tapa dura donde su diseño y una exquisita edición, con abundantes ilustraciones, tienen más importancia que los textos. 16

187


395. En mi defensa, ella era de la realeza de la industria editorial. Me aturullé y balbuceé, y casi tropecé conmigo misma mientras me disculpaba cuando la reina extendió la mano para tocarme el brazo. —Por supuesto que te recuerdo. Por favor, siéntate. ¿Tienes un momento? —Tengo unos diez minutos, claro, gracias. Me senté y colgué el bolso sobre el respaldo de la silla. Sonreí y me congelé, pero me las arreglé para decir: —Empecé a leer Mambo Italiano. Qué decadente aventura. ¡Y tan divertida! Creo que es usted una comediante de corazón. —Su libro me había hecho pasar horas buscando viajes a Italia y planeando momentos salvajes con hermosos italianos de cabello rizado, quienes todos lucían, en mi mente, como Yash. Por suerte, Marlene poseía la gracia de la que yo carecía. —Y eres una editora. Un libro sobre mujeres a la moda en sus cincuentas, sesentas, y tan viejas como podamos encontrarlas, sería una idea asombrosa. — Tomó un sorbo de su café y cerró su ordenador portátil—. Así que… ¿Intentaste conseguir otro trabajo en una editorial después de Carmichael? —No. —¿Por qué no? Respiré hondo y suspiré. —He sido brutalmente honesta con usted hasta ahora… también podría continuar. Se recostó. —Esto debería ser mejor. Me reí. —No sé si soy terriblemente profunda. Perdí el trabajo y al imbécil de mi novio el mismo día, y me di cuenta que… había estado viviendo para estos hombres. Por su aprobación, incluso mientras me engañaba con que mi excelencia era por mí. Pero no lo era, no lo bastante cerca de todos modos. Había soportado miles de insultos y comentarios degradantes, y me dije que debía pagar mis deudas. Y al final… todo había sido por nada. —Agaché la cabeza y miré fijamente a la mesa; su contemplación era demasiado intensa, como una lámpara de infrarrojos hecha de asombro—. Entonces un interruptor se encendió. Y supe que tenía que dejar de intentarlo. Completamente. En su lugar, decidí hacer todas las cosas que nunca me

188


había permitido hacer, por temor a que alguna figura de autoridad pensara mal de mí. Lamió sus labios rosas. —Así que… ¿conseguiste un trabajo en el que no tenías que preocuparte a largo plazo e intentaste follarte al jefe? —Es más o menos así. Entre otras cosas. —Sabía que me estaba sonrojando, pensando en Taylor, y Garganta Profunda, y Giselle, la azafata. —¿Y cómo te ha servido esto? Me incliné más cerca. —Soy mucho más feliz, honestamente, aunque extraño hacer libros. Realmente lo hago. ¿Pero el día a día? Finalmente soy… yo. O, al menos, finalmente estoy descubriendo quién quiero ser. Me he emborrachado inapropiadamente, he derrotado al mal, he empezado a ser muy honesta sobre algunas cosas mientras aprendía a mentir sobre otras. Supongo que… he aprendido que ser un felpudo apesta, y que ser lo contrario no es el final del mundo. Menos santita y más villanita. Marlene sorbió su café, los engranajes en su cabeza girando a través de su brillante mirada. La sostuve esta vez, porque podía ser una chica dura también. No del tipo de chica dura de “robar un auto de policía en Roma”, pero oye… 396. Llegaría allí. Preguntó: —¿Has oído hablar de un blog llamado Seiscientas Sesenta y Siete Maneras de Arruinar Mi Vida? Puse mi expresión más inocente. —No. En absoluto. Nunca. Y es “joder”, no “arruinar”. Finalmente la hice reír. —Muy entretenido. Tiene buen ingenio, y dice un montón sobre las expectativas de la sociedad sobre las mujeres. —Crecí siendo alimentada a la fuerza con esas expectativas. —Nunca tuve mucho uso para eso. Maridos, niños. —Hizo una expresión de asco—. Cuando algún idiota dice “¿Pero quién te cuidará cuando seas vieja?”, respondo “Mi novio, que es veinte años más joven que yo”. Vaya.

189


Golpeó su mano contra la mesa. Salté. Sonrió. Creo que estaba empezando a gustarme. —¿Por qué número vas? Mi tembloroso baile terminó. —Cuatrocientos casi. —¿El mejor? Me mordí el labio. —Estoy en medio de llevar justicia pública sobre un violador que usa Rophynol. Sus ojos casi sobresalieron. —Maldición, chica. ¿Y el peor? —Ese es fácil. —Solté una entrecortada carcajada—. El hombre del que estoy enamorada piensa que soy una azafata llamada Giselle. Bajó su café con su boca en forma de O. —Vas hasta el final. —Aparentemente. No va a terminar bien. —¿Por qué estás siendo tan honesta conmigo? Esta respuesta vino fácilmente a mí por alguna razón. —Porque estoy harta de mentir. La reina asintió, una lenta y regia inclinación que me hizo querer hacer una reverencia de nuevo. Finalmente, continuó con el interrogatorio: —Hice un par de llamadas… tenía curiosidad sobre ti. Eres trabajadora, inteligente pero no arrogante, resuelta pero honesta. Tal vez demasiado honesta. Tus antiguos colegas me dijeron que intentaste darle a Carmichael Burns una conciencia. Me gustó lo que oí. —Uh… bbu… flim… drack… —¿Son esos buenos sonidos? Empecé a reír. —¡Sí! Sí. Perder mi trabajo me rompió el corazón. Saber que esa gente está diciendo cosas agradables… bueno, me hace sentir como si no hubiera sido tan aburrida como previamente pensé.

190


—¿Aburrida? ¿Una aburrida consigue un nuevo trabajo en una cafetería de cinco minutos? —Se levantó y me entregó su tarjeta. Mientras guardaba sus cosas, dijo—: Si quieres ser editora en Hysterical, avisa aquí en coffeeland y llámame. Entrégame una investigación sobre ventas para el libro sobre mujeres a la moda cuando llegues en tu primer día, también otras ideas sobre temas acerca de los que sientas pasión. Oh, y creo que una secuela del libro de Khandye Kardashian está en orden… sus ventas han sido estables. Mis fuentes me dicen que está en conversaciones con tu antigua editorial, así que necesitamos intervenir con una mejor oferta. Ella podría no darse cuenta, pero te necesita. Deberíamos simplemente seguir adelante y darte crédito como co-autora esta vez. Ese blog sobre el que no tienes ni idea es hilarante. Me quedé boquiabierta como un pez y luché valientemente para detener las lágrimas floreciendo en mis ojos. Marlene no esperó por una respuesta, era una reina que debía ocuparse de su corte. El resto de su corte, ¡porque acababa de unirme! Después de que se fuera, me puse de pie y grité: —¡Sí! Sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí mierda santa sí sí sí sí sí sí sí sí si si si si ODM sí sí sí sí sí sí! Me volví hacia Hunter y exclamé: —¡Lo dejo! —¿Qué? Lacey está enferma hoy. —¡Entonces me quedaré una semana más! 397. Un pre-aviso de una semana no estaba exactamente bien, pero yo era una mandada, no el director de la C.I.A. Una vez en la habitación de atrás, arrojé mi delantal y llamé a Mel. Contestó: —¿Estamos haciendo planes para Garganta Profunda Parte Dos, Aún Más Profunda? Resoplé. —Diablos, sí, pero tengo noticias. ¡Estás hablando con la nueva editora de Hysterical Books! —¿Qué? ¡Jodida Virgen!

191


Saltaba de un lado a otro mientras chillábamos juntas, y sabía que ella también estaba saltando como una rana, porque soy psíquica. Y también porque había dejado caer su teléfono y lo había pisado. Una vez que limpió su pisada del móvil, exclamó: —¡Dag, eso es increíble! ¿Cómo? ¿Cómo? La cabeza me daba vueltas, pero por una buena razón, finalmente. —Tengo que ir a hacer mil tazas de café, pero te lo contaré esta noche. Salgo a las siete, y luego iré. ¿De acuerdo? —¡Dagmar cabalga de nuevo! —¡Y tengo muchas jodidas cosas que agradecer! Colgamos y pasé el resto del día en una neblina delirante. Una adolescente me arrojó un gran té entero porque dijo que el chai era demasiado chai-ey. Un padre con tres hijas menores de seis años me gritó obscenidades misóginas hasta que se puso a sudar porque habíamos tostado accidentalmente su bagel. El tipo que le siguió, sin embargo, me dejó una propina de diez dólares solo para fastidiar al gilipollas. Y una señora había intentado jugármela con el cambio, pero yo había exigido un recuento del registro para demostrar la verdad, y la mujer había salido de allí. Pero al final, ¿a quién le importaba? ¡Obtuve un nuevo trabajo increíble! Lo juro, yo diciéndole a Marlene que había intentado acostarme con Hunter la había ayudado a que me recordase, a preguntar por mí. Y tendría que enviar una canasta de muffins al departamento de Carmichael, dándoles las gracias a todos por hablar de mí, de esa forma conseguí el nuevo trabajo. Tal vez enviaría fresas. Carmichael es alérgico a las fresas. Eso debería enfadarlo, sin ninguna duda. Sin embargo, me preguntaba... ¿Cómo explicar el cambio a Yash? Mi horario sería mucho más de nueve a seis ahora. Eh, aplasté ese pensamiento para ser tratado otro día. Porque hoy estaba hecho de magia. Di a todos los clientes crema batida extra y elegí los pasteles más grandes de la caja. Canté en voz alta la música que salía desde el sistema de sonido. Mi estado de ánimo infectó a todos a mí alrededor, incluso Hunter, quien dijo que estaba triste de verme partir después de enseñarme solo la mitad del Código de Café. También había insinuado que una vez que ya no fuera su empleado, le encantaría ver ese vestido de piel falsa otra vez. Ja ja. Lo defraudé fácilmente. 398. ¡Pero sí! ¡Le había hecho quererme!

192


399. Un trabajo respetuoso y sin puterío funciona todo el tiempo 400. Tomen nota, perras con clase Mi turno pasó volando, y pronto me detuve en casa para acurrucarme y alimentar a mi monstruo de pieles, y para convertirme en un conjunto totalmente negro rematado con una gabardina para prepararnos para nuestra infame asignación. Cuando llegué a casa de Mel, abrió la puerta y dijo: —¿Una gabardina rosa? Muy sutil. Me pavoneé dentro y di una vuelta para ella. —Es la única que tengo, y esta es su aparición inaugural. La compré hace tres o cuatro años, pero luego decidí que era demasiado llamativa, así que ha estado escondida. Negó hacia mí, incluso mientras esbozaba una media sonrisa. —Dag, siempre supe que había una gabardina rosa escondida dentro de ti. Para bien o para mal, cariño, estoy feliz de que la hayas dejado salir. ¡Ahora! — Aplaudió—. He pedido pizza. Hablaremos de tu nuevo trabajo y luego de nuestro plan. ¿Tenemos un plan? Me encogí de hombros. —Eso es lo que me gusta escuchar. Con pepperoni y queso extra en la sala de estar de Mel, le conté sobre la diosa Marlene Hodgkins. Mel la conocía por su reputación, por supuesto, y recorrimos el sitio web Hysterical para obtener las últimas noticias y la información del personal. Sacan alrededor de cien libros al año de una gran variedad de géneros. El terreno común era que Hysterical enfatizaba las voces de las mujeres y las minorías. Después de la sexista bolsa de mierda que había sido el grupo de Carmichael, mi nuevo hogar sonaba como el cielo. —¿Debería llamarla esta noche? —cuestioné. Mel respondió: —Ya son las ocho. Envíale un correo electrónico mañana diciéndole que te interesa mucho y establece un horario formal para hablar. ¿Has hablado de salario o algo así? —No. Espero que no se dé cuenta de los cacahuetes que necesitaría para pagarme el café expreso. —Bueno, no guiaría con desesperación.

193


Masticamos y suspiramos sobre la web durante un rato más, luego nos pusimos manos a la obra. Con nuestras expresiones de "negocios serios", hicimos un plan. Comenté: —Ojalá tuviéramos un auto. —Podríamos iluminar una pared con los faros y quedarnos en la oscuridad para hablar con ella. —Pensará que la están secuestrando. Solo nos quedaremos en las sombras. —O... —Tomé las cosas que había traído conmigo y me puse una sobre la cabeza. Mel escupió su refresco y cayó sobre su sofá. —¿Qué pasa? —exigí a través de los confines gomosos de mi máscara de unicornio blanco. La cosa me cubría toda la cabeza y el cuello, y me la quité rápidamente. —¿Por qué tienes esa abominación? —¡No hables así de mi unicornio, Xanadu! Ella fue mi disfraz el último Halloween. La usé con un vestido de fiesta rosa que compré en Goodwill. —Metí la mano en mi bolso—. Esta es la tuya. Lo tomó de mis manos y miró el rostro de goma vacío. —¿Me toca el caballo? Pero quiero ser el unicornio. —Entonces deberías haber comprado el unicornio. No te preocupes, lo limpié antes de traerlo. —Buena cosa. No se puede decir qué tipo de mierda tenía ese tipo. Le lancé una mirada funesta. —Me hice la prueba. Si tenía alguna enfermedad terrible, no me la pasó. —Aunque espero que tenga una, de todos modos. —Como una polla podrida. —O sarna en el escroto. Ahora era mi turno de escupir mi bebida. Éramos demasiado ingeniosas para su alfombra de color claro. —¿Tal vez tendrá demasiado miedo de hablar con nosotras con estas máscaras? —reflexioné. Mel negó.

194


—Nah. Definitivamente hablaría con un unicornio vengativo con un abrigo rosa. Son solo buenos modales, cariño. Tiré de ella hacia mí para darle un abrazo, y comimos otro trozo de pizza. Mientras esperábamos para irnos, con los nervios tintineando como si les hubiéramos dado de comer café, buscamos en Google la historia de DirtyLinens.com de no revelar sus fuentes. Definitivamente fueron hasta el final para protegerlos, incluso pelearon en la corte y presentaron demandas en lugar de exponer a nadie. Los chismes acerca de los ricos y poderosos eran su pan y mantequilla. Puse mis piernas debajo de mí y me dejé caer contra el sofá. —Digamos que el peor caso ocurre, y los policías me encuentran. Él la cagó por sí mismo, básicamente. Todo lo que hice fue revisar su ordenador. Mel asintió. —Cierto. Creo que podrías llegar a un acuerdo con la policía a cambio de cooperación. —Yo también. Si no, llevaré mi caso al jurado y seré una heroína para todas las edades. —Ajá. Tú y Norma Rae. Todavía faltaban horas para conocer a Abby, así que nos acomodamos para ver una película tonta y tomar un cóctel. 401. Porque, ¿por qué emprender una misión de espionaje a menos que estés un poco borracho? 402. Era medicinal Y, chico, me hizo sentir mucho más confiada sobre todas estas decisiones estúpidas. Además, tenía un nuevo trabajo que celebrar. Mi cerebro apenas siguió la trama de la película, tan emocionada de tener una nueva aventura literaria como para reflexionar. Estaría trabajando en una editorial mucho más pequeña, pero una que probablemente sería mejor para mí. Y sabía que nunca me ascenderían, ni despedirían, por el amor de Dios, porque Marlene estuviera cachonda. El impresionante libro de moda de las ancianas también hizo que mi corazón latiera de alegría. Mujeres de todos los credos, colores, nacionalidades con una moda fabulosa en común, viviendo vidas dinámicas sin importar su edad. ¡Qué inspiración! Podría contar historias sobre la moda y dar lecciones de la vida entrelazadas.

195


La medianoche llegó y Mel me sacó de mi ensoñación. Empecé un blog sobre cómo conseguir un nuevo trabajo en la editorial, pero aún no lo había publicado. Necesitaba tiempo para recopilar mis desordenados pensamientos, pero primero: 403. Operación Garganta incluso aún más Profunda Nos vestimos con gabardinas. La de Mel era a cuadros. Como sea, éramos operarios encubiertos conocedores de la moda. Lanzamos nuestras máscaras en las bandoleras y nos cubrimos la cabeza con bufandas. Guardé las gafas de sol por si acaso, así como algunos otros artículos que podríamos necesitar. Con una oración rápida a los dioses de Lady Justice, nos dirigimos a pie al estacionamiento. Caminamos a través de la entrada peatonal, nuestras bufandas apretadas sobre la mayor parte de nuestros rostros. Pocos autos estaban a la vista. Nos quedamos pegadas a las paredes, dando vueltas hasta la parte más oscura. Las cámaras de seguridad nos monitorearon desde lo alto del techo, pero mantuvimos nuestras bufandas sobre nuestras bocas y cabezas, como los fríos Jawas. Mel y yo encontramos una esquina y nos sentamos en el lugar más limpio y menos oloroso a orina. —Llegamos muy temprano —señaló—. Espero que los guardias de seguridad no nos expulsen. —Sí, no lo consideré. No hay ningún automóvil en esta parte. Tal vez crean que estamos follando o algo así. —Se enojarán cuando no lo hagamos. Me reí. Se hizo eco en todas partes en la caja de hormigón gigante. Me puse la mano sobre la boca cuando Mel me lanzó una mirada fea. —Lo siento —susurré. —Tal vez deberías ponerte la cabeza de unicornio. —Mi cuerno de la vergüenza. Ella soltó una risita esta vez, e hizo eco, lo que me hizo reír. Sería fácil para Abby encontrarnos al menos. —Aquí —dije, sacando un frasco de mi bolso—. Tenemos que relajarnos. Siento que voy a vomitar por todas partes. Tomé un trago de vodka y se lo di a ella. Ella también sorbió. ¿“Sorbió” era una palabra? 404. ¿No debería un editor saber eso?

196


405. El tipo de editor que ayudó a inventar nombres para ensaladas de consolador podría inventar cualquier palabra cromática que quisiera Vean a Mel y a Dagmar. Vean a Mel tragar. Vean a Dagmar tragar. Trago, trago, trago. Ella tragó y ella tragó. Ellas tragaro juntas. Vean a Mel de pie. Vean a Mel reírse y caerse. ¡Uh. oh! Vean a Dagmar de pie. Vean a Dagmar agarrar a Mel. Vean a ambas tragar una y otra vez. —Mierda —exclamé—. Tomamos demasiado vodka. —Tagamos y sobignos —concordó ella. Pasos resonaron a través de la cámara. —Shh shhh shhhhhh. —Tragamos saliva. Nos las arreglamos para colocar nuestras máscaras justo cuando Abby giraba la esquina hacia nuestro piso. —Puedo oíros —advirtió—. No son muy buenas en esta cosa clandestina. Dije: —Esta es la Operación Garganta Incluso Más Profunda, muchas gracias. Ella se rio y se acercó. —¿Estoy... Estoy hablando con un unicornio? —Sí. —Está bien. —¿Quiere una bebida? No tenemos enfermedades. —Sí —estuvo de acuerdo Mel—. No dormimos con el imbécil de las drogas. ¡Caray, estar gratamente emocionado hacía que esta reunión fuera fácil! Éramos brillantes en esto. Llevábamos máscaras y todo. Abby se detuvo a unos tres metros de nosotras. —Un unicornio y un caballo. ¿Cómo diablos conseguisteis esas fotos? Son realmente asquerosas. —Sí —afirmó el unicornio—. Es un pedazo de mierda. ¿Estás grabando esta reunión? Porque no aceptamos eso. Metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y sacó su teléfono. Nos mostró la grabadora de audio y la apagó. —Genial, gracias —dijo el caballo con un eructo elegante—. Entonces, sí, teóricamente, podríamos haber hecho algo poco fiable para obtenerlas, ¿y qué?

197


Ella comenzó a tomar notas a la antigua usanza. —Bueno, me parece que tenías miedo a este hombre, un violador, ¿verdad? —¡Sí! —contestaron el caballo y el unicornio. —¿Y es consciente de que las imágenes han sido... compartidas? —No. —Caray, esta máscara me ahogaba. Ahora recordé que solo la había mantenido durante unos noventa segundos en la fiesta de Halloween. Abby continuó: —¿Y ustedes dos son las únicas además de él que posiblemente tuvieron acceso a ellas? Como en, ¿juntará él A y B para llegar a las Extrañas Chicas Animales? Nos reímos, con fuerza, lo que hizo vapor dentro de mi máscara. Mel dijo: —No, hubo toneladas de mujeres en ese departamento. El ordenador no estaba protegido con contraseña. Y nos deshicimos de cualquier huella digital. —Además —intervine—, fui invitada. Abby sonrió. —Esto es todo muy bueno. Y la respuesta es no, DirtyLinens nunca, jamás te abandonará. Mi editor está prácticamente babeando por esta historia. Iremos hasta el final por ti. No es que tenga idea de quién eres. El unicornio y el caballo aplaudieron sus cascos de alegría. Entonces el unicornio se puso manos a la obra con la historia que habíamos decidido. —Estaba en un bar con Horsey aquí. —Afirmativo —dijo Horsey. Abby arqueó las cejas. 406. No éramos los testigos más confiables en este momento —Ella es simplemente entusiasta —justifiqué, deseando tener una taza fuerte de JaVaVaVoom. Puse mi gorra de pensar sobre mi máscara—. De todos modos, este tipo, Taylor, comenzó a coquetear conmigo. Ofreció comprarme una bebida y yo dije que sí. Le dije que tendría lo que él tenía, y la razón es que siempre cambio las bebidas con cualquier tipo que no conozca en caso de que intenten drogarme Abby se quedó boquiabierta. —Es una buena idea.

198


—Sí. También puedes insistir en que tengan la misma bebida que tú. Siéntete libre de robarlo. Así que tomamos las bebidas, le distraje y cambié los cócteles. Efectivamente, ni diez minutos más tarde, este gilipollas comienza a actuar como loco. La llamé, —señalé a Mel—, para ayudarlo a llegar a casa. Subimos a su apartamento e, incluso en su estado de drogadicción, se puso realmente contundente conmigo. Parecía confundido sobre por qué no me estaba acostando con él. Así que decidimos entrar en su ordenador para informar a su madre sobre su comportamiento. —¡Ah! He oído de las mujeres que llaman a mamá, lo entiendo. ¿Entonces fue cuando encontraste las fotografías? —Sí. Una carpeta en su escritorio llamada “putas”. —Puaj. —Afirmativo —concordó Horsey. Sujeté mi estómago revuelto. El alcohol comenzaba a luchar con mis nervios. —Fue entonces cuando lo buscamos en Google, descubrimos su identidad y decidimos eliminarlo. Copiamos las imágenes en una memoria USB y lo dejamos allí para que se lo echase todo sobre, eh, sí mismo. —Puaj —repitió Abby nuevamente, diciéndolo todo—. Está bien, caray. Esto me sirve. Esas fotografías no mienten y saber que viene de casi una de sus víctimas es fantástico. ¿Supongo que no guardaron nada de la bebida contaminada ni nada? Negué. —Sí, eso era demasiado. No sé qué carga real vendrá de esto. Su familia nos amenazará con quitarnos la historia, pero una vez que esté lista, Internet tomará el control. Nuestro plan es borrar los rostros de las mujeres, pero pedirles que se comuniquen con nosotros si se reconocen a sí mismas. Las historias deberían venir en ese momento. Con suerte, no podrá comprar una bebida para una mujer en esta ciudad por el resto de su vida. Oh, ¿te importa si imprimo ese consejo sobre pedir la misma bebida? —Por supuesto que no. Vamos a detener a estos cabrones. Ella nos examinó una vez más y se rio de nuevo. —Bueno, no podría identificaros a los dos aunque mi vida dependiera de eso, así que creo que están a salvo. Gracias por la historia, señoras, y miren su correo electrónico en caso de que tenga más preguntas. —Con eso, comenzó a hacer la caminata desde el estacionamiento.

199


Nos quedamos atrás y, una vez que pasaron unos minutos, seguimos su dirección. Un rápido vistazo alrededor de una esquina nos indicó que ya no estaba en el edificio. Sin embargo, un guardia de seguridad sí. —¡Oigan! —gritó—. ¡Fuera de aquí, frikis! Escuchen a Mel relinchar. Escuchen a Dag relinchar. Vean a Mel y a Dag huir del grito del guardia de seguridad. ¡Corran, frikis, corran! Había un artículo en mi arsenal que no había usado, así que lo agarré ahora. Tomé el objeto de mi bolso, tiré del cable y lo dejé caer. —¡Oh, Dios mío! —chilló Mel mientras los tres estábamos envueltos en humo azul brillante. La sujeté del brazo y la subí por la rampa hacia el aire de la madrugada. El guardia de seguridad gritó para atraparnos, pero nuestro escape estaba envuelto en neblina azul, así que salimos sin problema. Una vez afuera, seguimos corriendo con las máscaras. A nadie en la acera le importó. De hecho, pasamos corriendo frente al edificio de Mel. A la vuelta de la esquina, nos quitamos la máscara sudada. El aire de la noche me pasó por la cabeza, y parecía que nunca había sentido algo tan refrescante, como estar sumergido en un lago islandés. Mel me señaló. —¡Eres un desastre repugnante! —¡Tú también! —Nos abrazamos, a pesar de estar asquerosas—. ¡Lo hicimos! Con suerte, suficientes mujeres verán lo que DirtyLinens publica y ninguna volverá a darle a ese pedazo de mierda la hora del día. —Y será un buen recordatorio sobre la cantidad de imbéciles sueltos por ahí. —Tomó mi mano, y fuimos de nuevo hacia su casa—. Desearía que el glorioso matriarcado ya se hiciera cargo. Nos darían medallas. Por la presente, ¡Nos ungimos como miembros de La Orden de las Amazónicas que derrotan la Espuma! —¡Hurra! Nuestras respiraciones salían a marchas forzadas en el ascensor. Una vez en el departamento de Mel, dijo: —Te amo, compatriota amazónica, pero vete a la mierda. Tengo trabajo en siete horas.

200


—Lo entiendo. Tengo trabajo en catorce horas, así que siento tu dolor. —Cállate. Te amo. Nos abrazamos, largo y duro. Me sentí como una superheroína con su compañera en la justicia. Mel comentó: —Felicitaciones por el nuevo trabajo. Estoy tan, tan feliz por ti. Estarás fantástica. Empecé a llorar, ya que finalmente me estaba afectando. —Gracias. No puedo creer cuánto ha cambiado en tan poco tiempo. —¿Qué vas a decirle a Yash? Nos detuvimos en su puerta y apoyé la cadera en ella. —No lo sé. Mi agenda va a ser mucho más corporativa. —Dag, he guardado silencio sobre todo esto. Creo que tu búsqueda del alma ha sido buena para ti, explorando nuevas posibilidades, sin tomar más mierda. Ha sido inspirador, honestamente. —Me miró directamente a los ojos—. Pero la forma en que lo tratas a él está mal. Lo descubrirá, y la única forma que tienes de salvar cosas es que seas el portador de noticias extrañas. Me aparté de su mirada, porque... bueno, porque dijo la verdad. Había una diferencia entre empoderamiento y ser un gilipollas. —Lo sé. Lo sé. Voy a... Tengo que encontrar la mejor manera de hacerlo. —Abrí la puerta y escapé al pasillo. Sonrió para disminuir la dura conversación. —No importa qué… amigas antes que hombres. Siempre te apoyaré. No cortaré el cuerpo, pero ayudaré a cavar la tumba. —Vamos a robar un banco después. El asesinato está por encima de nuestra calificación de pago. La entrometida vecina de Mel, que asomaba la cabeza por el pasillo, se quedó sin aliento, se retiró a su apartamento y giró el cerrojo. Ruidosamente. Caminé a casa, el aire frío haciendo maravillas a mi estado de ebriedad. Mi cabeza se tambaleaba, pero aún no había caído del todo. Eso es… hasta que anticipé la conversación que tenía que tener con Yash mañana. Entonces todo el maldito melón se estrelló contra la cuneta.

201


Capítulo Dieciséis Desastres del Cuatrocientos siete al Cuatrocientos treinta y cinco Sin pizca de conciencia moral

A

la tarde siguiente, Yash respondió a su puerta en calzoncillo y nada más. 407. Yash respondió a su puerta en calzoncillo y nada más

No es uno de mis desastres, pero de todas maneras sufriría. Me tomó en sus brazos y me plantó semejante besazo apasionado que hizo que me diese vueltas la cabeza. Por no hablar del corazón. Me retorcí apartándome, y entré al departamento. Su confusión me golpeó como una tonelada de mentiras. —Tengo que decirte algo —comencé. Bueno. Conseguí decir bastante. Cerró la puerta suavemente. —Vaya. Esa frase, entra en la categoría de “tenemos que hablar”. ¿Debería ponerme más ropa? No respondí, y él se puso una camiseta que estaba doblada sobre el brazo del sofá. El calor me inundó y me hundí en el sofá porque no podía mantenerme erguida. Dios, podría desmayarme. Solo tenía que hacerlo. Arrancar la tirita del agujero de bala que no sabía que tenía. —Maldita sea, ¿qué pasa? —Se sentó a mi lado y me tomó la mano—. ¿No quieres volver a verme? —No. —Oh, mierda. Me estás abandonando. —¡No! —¿Qué? Me puse la cabeza entre las rodillas. —No, no quiero dejarte. Suspiró profundamente.

202


—Bueno. ¿Entonces qué es? ¿Eres una agente secreta y no una azafata? La mejor introducción que he tenido para una nueva fantasía. Él tomó mis manos y me miró a los ojos con sus eternamente suaves, poderosos, tiernos y sexys ojos. 408. —¡Me iré por un mes! Las palabras salieron de mi boca espontáneamente. ¿De dónde habían venido? ¿Me había poseído un demonio? 409. Probablemente hace semanas... —Oh. —Yash se recostó en el sofá como una marioneta a la que le sueltan los hilos—. ¡Oh! Eso está bien. Un mes, no es nada en la era de Skype, y hay cosas que se llaman aviones a reacción. ¿Tú tal vez montaste en uno? Logré una sonrisa débil. ¿Qué había hecho? ¿Era yo semejante engaño ahora que ya no era capaz de decir la verdad? —¿A dónde vas? —indagó Yash—. ¿Es por trabajo? 410. —Sí. 411. —Voy a relevar a otra azafata. 412. —Ella es amiga mía y me recomendó para su ruta del sudeste asiático. 413. ¿Era incluso algo que hacían las asistentes de vuelo? 414. Continué—: Serán unas divertidas vacaciones de trabajo. Yash sonrió. —Qué interesante. Debería tener los fondos para una visita. ¿Puedes conseguirme un vuelo? ¿Funciona de esa manera? Uh ... 415. —Claro. —Ah, las ventajas de salir con una jet setter17. —Envolvió su gran mano alrededor de mi nuca y se inclinó para rozar mi clavícula con suaves labios. Me puse de pie. Él cayó hacia atrás con la boca abierta. —Lo siento —me disculpé—. Podría pasar la próxima semana en la cama contigo, pero te-tengo que subirme a un avión en dos horas. Lamento que sea tan rápido. Jet Setter: Persona que viaja a numerosos lugares del mundo a lugares que otras personas siempre quieren ir, pero que nunca lo hacen. 17

203


Su expresión se descompuso incluso mientras sonreía. —Tranquila. Soy un chico grande. —Se levantó y me abrazó durante un largo rato. Sin besarme, sin meterme mano, solo... atesorándome. Le devolví el abrazo, sabiendo que esta podría ser la última vez. Necesitaba solo un momento más para recordar su olor, su calor, su cuerpo presionado al mío. —Te extrañaré mucho —aseguré. Nunca había sido más honesta en mi vida. —Yo también. —Entonces me besó, suavemente y con abrumadora dulzura— . Cuídate, y yo contaré los minutos hasta que pueda visitarte. Me aparté y me fui antes de que pudiera joder las cosas más de lo que ya lo había hecho. Pero no es la gran cosa, ¿verdad? Solo empezaría mi nuevo trabajo en la publicación. El mismo campo en el que él trabajaba. En la misma ciudad. Todo mientras simulaba estar en Tailandia o Singapur.

* Una semana después, entré en las oficinas de Hysterical luciendo espectacular. No más beige y azul marino para mí. Vestía un pantalón vaquero ajustado, un blazer rojo chillón adornado con cremalleras plateadas y zapatos plateados altísimos con tacón de plataforma. Todas las cabezas se giraron cuando entré en la habitación. Oooh, esa era una sensación gratificante. Ya había hablado dos veces por Skype con Yash. Compré tres tipos diferentes de cortinas para hablar con él, frente a él, las que más se parecían a cortinas de hotel que pude encontrar. 416. Incluso mis feas cortinas eran una mentira Pero ninguno de los males de mi naturaleza disminuiría mi triunfo en este día. Una dulce asistente llamada María me acompañó a mi oficina que compartiría con otra editora, Latisha. Todos a mi alrededor irradiaban alegría y era obvio que estaban genuinamente felices de estar en el trabajo. Ninguno de ellos portaba esas miradas furtivas de ratas huyendo de un depredador que tenía el personal de Carmichael. Me reuní con Marlene para presentar un informe sobre la investigación que había hecho; entregas gratis de libros de mesa de café sobre moda, mujeres, etc.

204


Debatimos varios puntos de vista para el libro, así como de varios fotógrafos y periodistas con quien tratar. En una hora, mi alma se sintió viva otra vez. Quería inspirar a las mujeres a que nunca se dieran por vencidas, sin importar cuántos limones se hubieran visto forzadas a pisotear en limonada. Estuvimos dándole vueltas a algunas otras ideas sobre el libro, y toda la reunión me hizo nadar con posibilidades y propósitos. Incluso eclipsó cuánto extrañaba a Yash. Recogí mis cosas y me puse de pie para irme cuando Marlene puso una mano en mi brazo. —Cierra la puerta —indicó. Obedientemente, cerré la puertecita de la sala de conferencias y volví a mi asiento, imaginando que quería hablar de recursos humanos o beneficios conmigo. —¿Qué pasa? —Vi tu última publicación. Me alegro de que no hayas divulgado el nombre de tu nuevo empleador ni la fecha en que empiezas para que no fuera totalmente obvio dónde se encontraba tu nuevo trabajo. Has sido el chisme en los descansos por aquí toda la semana pasada. Muchos admiradores en esta oficina. —Me alegra que pensaras que estaba bien. Asintió. —¿Realmente le dijiste al tío que estarías viajando alrededor del mundo por un mes? Empecé a sudar debajo de mi fabuloso sujetador rosa. —Sí. Es un verdadero desastre, pero con suerte puedo concentrarme en estar aquí y construir un nuevo comienzo para mí. —También vi que has pasado los doscientos mil seguidores en Twitter. Entonces, ¿pretendes seguir reportando desde adentro? —Ho-honestamente, no tengo ni idea. Pero puedo asegurarte de que este trabajo es mi prioridad. —¡Bueno! Como debe ser. No obstante... Tengo una propuesta para ti. Me senté más derecha. —Quiero que Seiscientos-sesenta-y-Seis, sea un libro. Publicado por nosotros, por supuesto. —Apartó su portátil y se inclinó sobre la mesa—. Si no quieres eso, por favor, debes saber que de cualquier manera no afectará tu trabajo aquí. Incluso si comparas ofertas y elijes a un editor diferente.

205


Necesitarías un limpiaventanas para recoger mi mandíbula del suelo. Arqueó las cejas. Me quedé boquiabierta. Ella empezó a reír. La miré boquiabierta. Golpeó la mano sobre la mesa. ¡Salté! —Uh... Oh, Dios mío, Marlene. Eso es... Eso es increíble. Sí. ¿Tal vez? Tengo que hablar con mi compañera. Oh caray. ¿Lo podemos pensar? Mi Hada de Libros-Madrina agitó las manos. —Consigue un agente, que debería ser fácil con tus conexiones y una oferta sobre la mesa. Sácame todo lo que puedas. O a quien sea, debes cuidar de ti misma. Esto es un negocio. —Sí, señora. —Por mi parte, pensé que podría tratarse de una serie de ensayos e historias sobre los pros y los contras de vivir como una buena chica en un mundo malo. Acerca de defenderse y no tener miedo de ensuciarse para salir adelante. —Volvió a su computadora y comenzó a escribir—. Pero solo es mi opinión. En última instancia, tienes que decidir lo que quieres. ¿Personalmente? Creo que podrías llegar a ser alguien muy, muy importante. Te estoy imaginando en The View en este momento… Me dio una mirada cortés de: vete, y volví volando a mi oficina. Latisha, una llamativa mujer negra más o menos de mi edad con cabello largo y rubio de Nicki Minaj, se rio cuando tropecé en nuestro espacio compartido. —Tienes la misma expresión que tenemos todos después de una reunión con la diva. ¿Estás bien? Solté una risita y me senté. —Sí, estoy bien. Me fue realmente bien. —Estamos emocionados de tenerte. Conozco a Melanie... Mason, ¿sois cercanas? —Sí, desde la universidad. —Sí, fue horrible la forma en la que Burns te trató. —Sonrió, amplia y amigable—. Afortunadamente, nos encontrarás un grupo más amistoso. Me senté en mi escritorio. —Bueno, nadie ha intentado tocarme el trasero todavía, así que es mejor que mi primer día allí. Recibí un mensaje, Hunter deseándome suerte para hoy. Ohh. Jaja. Después de que Yash me dejase, tal vez podría...

206


417. Mejor no pensar demasiado en eso ¡A trabajar! Leí, escribí y tomé notas... pero apenas podía concentrarme en el libro de moda. Tenía mi propio libro a considerar. Mi propio libro. ¡Mi propio libro! ¿Consejos para otras mujeres? 418. ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja, jaaaaaa! Oh, cielos. ¿Qué hacer? Mel lo sabría. De repente, mi emoción se duplicó. ¡Ambas podríamos obtener un gran impulso de esto! Compartiríamos esta gran aventura juntas. Por supuesto, Yash sería la persona más inteligente de quien obtener consejos. Yo solo conocía el negocio desde el otro lado del escritorio, él era un autor auténtico. Mi teléfono sonó.

Mel: ¡SANTA MIERDA LEE DIRTYLINENS EN ESTE JODIDO MINUTO!

Me aferré el pecho. Tal vez mi libro debería tratar sobre mujeres de veintitantos dándose a sí mismas ataques cardiacos. Mil escenarios pasaron por mi mente. 419. Me iban a atrapar 420. La poderosa familia de Taylor haría que me asesinasen 421. Mi padre daría una declaración diciendo que mi asesinato no importaba 422. Porque, ¿has conocido a mi mejor hija? Me dije a mí misma que no escribiría la URL incluso mientras escribía la URL. ¡Bam! Historia principal. “¿Has Sido Drogada por Taylor Choate?”. Quién sabe qué sonido acababa de hacer, pero Latisha se inclinó hacia un lado para mirarme alrededor de su monitor. —¿Estás bien? —Sí, gracias. —Me escondí detrás del mío y comencé a leer. Santas. Bolas. La Orden de los Amazónicos que Derrotan la Basura no era la única fuente que DirtyLinens había encontrado en el escándalo de Taylor Choate. Historias de su comportamiento sucio en la oficina. Relatos de tentativas de drogar a alguien. Pero

207


nosotras, las de la Orden, fuimos la joya de la corona de su exposición... porque les habíamos dado imágenes. Habían distorsionado las cabezas y la desnudez de las mujeres, pero allí estaban, en toda su horrible gloria. Algunas con Taylor alzando el pulgar sobre el cuerpo claramente desmayado de una mujer desnuda. Algunos con sus partes del cuerpo en los suyos, —otra vez—, cuando claramente estaban durmiendo. Mierda, una de ellas estaba babeando en su edredón. El artículo solo había sido publicado hacía dieciséis minutos. Ciento doce comentarios... y subiendo. Le envié un mensaje de texto a Mel.

Yo: Vaya. Me alivia saber que no somos la única fuente. Mel: A mí también. Sé que no podrán usar nuestro material de ninguna manera legal, pero ¿tal vez se pedirá una investigación? Yo: Sí. Necesito volver al trabajo ahora, pero en realidad tengo incluso noticias más grandes. ¿Cena esta noche? Mel: Por supuesto. ¡Tengo que invitarte a salir en tu primer día!

208 Dejé mi teléfono a un lado y leí más de los comentarios del artículo. Varias mujeres estaban empezando a ofrecerse a hablar sobre Taylor y agregar sus malas experiencias. Se leían exactamente como lo que me había sucedido a mí. El sitio las alentó a enviar un correo electrónico a Abby para contar sus historias, lo que significaba al menos un seguimiento, sin dudas. Tal vez mis payasadas ridículas de las últimas semanas realmente habían producido un resultado positivo. No habría empujones a este genio de regreso a la botella. Tal vez su familia había sabido lo estúpido que era y tal vez no, pero tenía la sensación de que lo permitían a menudo, así que no podía encontrar en mi corazón el sentimiento de culpabilidad. No cuando él había tenido la intención de drogarme... y mucho peor. El resto del día pasó en medio de una neblina de papeleo, aprendiendo y conociendo gente nueva asombrosa. Latisha era muy agradable y paciente con todas mis preguntas ignorantes, y su gusto por la música de oficina era fantástica, así que estábamos bien emparejadas. Ella también editaba no ficción.


Varias de las chicas querían llevarme a tomar algo, así que invité a Mel. Pasamos un tiempo maravilloso, y me seguí pellizcando que éste era, de hecho, el trabajo de mis sueños que ni siquiera me había dado cuenta de que necesitaba. Una comunidad fuerte en mujeres, juntas en el propósito. Es curioso cómo crees que lo que has perdido era lo mejor que podías conseguir y ¡bam!, una nueva ventana se abre a un mundo mejor de lo que alguna vez te permitiste imaginar. En la madrugada, me encontré llorando de felicidad y gratitud. Mel me dio un largo abrazo. No tuve que explicarle mis emociones. Para entonces, ella y yo estábamos al final del tren de cócteles, así que la senté en una pequeña mesa y sofá en la parte trasera del bar. Nos compré copas de champaña y Mel levantó una para hacer un brindis. Calmé su mano. —No, yo soy la que brindaré por ti. —Con mi copa en alto, dije—: Por Mel, que me ha apoyado durante mi crisis de cuarto de vida. Ella rio, y yo me quité una lágrima. —Mel, gracias por animarme. Especialmente para comenzar el blog y tal. Tengo las noticias más sorprendentes… Marlene nos ha hecho una oferta de libro. Quiere publicar el blog Seiscientos sesenta y seis como una carta de amor para otras mujeres sobre las virtudes de no ser perfecta. Mel jadeó, su champagne derramándose. —¿Qué? —Sí. Y es nuestro libro, por supuesto. Diablos, puede ser tu libro si quieres. Eres mi mejor amiga, animadora y conciencia. —¡Santa mierda! —gritó en su adorable acento sureño. Varias personas volvieron la cabeza y bebimos de nuestras burbujeantes copas de alegría. Ella me rodeó con los brazos, quitándome el aliento de mis pulmones—. Yo también te amo, cariño. Y de ninguna manera estoy haciendo esto sola, cincuenta y cincuenta. Entonces podemos ser famosas millonarias juntas. ¿Trato? —Trato. —Tomé otro largo trago de champaña—. Marlene nos dijo que busquemos un agente y que solo aceptemos su trato si quisiéramos. —Entonces... ella está dando su bendición para venderlo. Asentí. —Podemos conseguir un agente y consultar con ellos. Ciertamente no creo que estemos en malas manos con Marlene.

209


Ella bailó en su asiento. —¡Oooooh, ya tengo ideas sobre agentes! —¡Yo también! —Tomé otro sorbo de champán y lo dejé—. Escucha, me encantaría quedarme y celebrar, pero necesito volver a Skype Y… —Casi me mordí la lengua, porque no había… —¿Por qué estás hablando por Skype con Yash? ¿No se lo dijiste? De repente tuve que encontrar algo en los profundos y oscuros recovecos de mi bolso. Sus ojos se convirtieron en platillos de dibujos animados. —¿Qué le dijiste? Porque claramente no fue la verdad. Gimoteé. —¿Por qué dices eso? Tal vez él piense que todo es... creativo y... divertido. Esos platos se redujeron a rendijas. —Gracias por las palabras de aliento —dije. Cogí mi copa, pero… 423. ¿Por qué el champán siempre se va? Mel tiró de su propia copa lejos de mis ojos errantes. —Giselle... ¿Qué. Le. Dijiste? Aparté mis ojos de su bebida de aspecto maravilloso con sus propiedades embriagantes. —Estoy en Singapur en este momento. Mel asintió lentamente. —Ajá. ¿Y por qué estás allí? —Porque otra chica necesitaba que cambiara de ruta. Mel asintió lentamente. —Ajá. ¿Y cuándo volverás? —En unas pocas semanas. Mel asintió lentamente. —Ajá. ¿Y qué diablos te pasa? —No lo sé. Mel asintió lentamente. —Ajá. Yo tampoco. ¿Cómo lo convences de que estás en Singapur?

210


—Tengo una nueva colección de cortinas. Aunque una vez Myrtle saltó a mi regazo durante un Skype, y me asusté tanto que me caí de la silla. La cámara era demasiado alta para que él la viera, gracias a Dios. Puso la cabeza entre sus manos. —Estoy eligiendo llamar a esto “investigación” para el libro, y no tu ruptura psicótica. Asentí lentamente. —Ajá. Entonces, me dejó en mis maquinaciones, y corrí a casa para ponerme la blusa de mi uniforme y hablar por Skype con Yash. 424. A veces me ponía nueva lencería que había comprado en mis viajes 425. De Victoria's Secret al final de la calle 426. Me subí a una silla para colocar las cortinas de mi hotel de “Singapur” (guardé un cuadro) 427. Me cambié de ropa y recorrí la habitación en busca de artículos de Nueva York 428. Una maleta estaba detrás de mí 429. Y el gato salió por la puerta A él le gustaría esa última parte, de todos modos. Finalmente, le envié un mensaje de texto a Yash diciendo que estaba despierta (el mediodía en Singapur estaba sucediendo ahora, a las once de la noche en la ciudad de Nueva York). ¡Oh! Una cosa más. Hace mucho tiempo había comprado una lámpara de luz solar para usar durante el invierno para ahuyentar los tristes pensamientos. 430. La puse detrás de la cortina y lo apunté hacia arriba, de modo que la “luz del sol” se asomaba sobre las cortinas de la ventana 431. Oh, pero yo era una puta sucia, sucia 432. Ya no era Todo Austen 433. Yo era Todo Wickham 434. Yo había seducido a un inocente 435. Y pronto lo arruinaría Sonó el timbre de Skype y presioné el botón de contestar. Con mi sonrisa más encantadora y desenfadada, dije:

211


—¡Yash! ¿No eres un regalo para la vista?

212


Capítulo Diecisiete Desastres del Cuatrocientos treinta y seis al Cuatrocientos cuarenta y ocho La vanidad corroyendo una mente débil produce todo tipo de travesuras

L

a primera semana en mi nuevo trabajo fue la más excitante e increíble de mi vida. Aprendí las reglas en Hysterical durante las reuniones creativas e investigaba numerosos libros. El miércoles, tuve una comida con Khandye Kardashian, que le encantaron las ideas que ofrecí para su segundo libro. Dejé esa reunión de que dejaría el nido y la mierda con Carmichael en el camino. También me marché con un nuevo vibrador y una jarra llena de vinagreta de aguacate. Mel y yo pasamos nuestras tardes acotando nuestra larga lista de agentes literarios favoritos y, después de unas cuantas sesiones, terminamos una lista de cuatro que plantearíamos. Llevó unas tardes más terminar nuestra carta de petición, pero para el viernes, estábamos preparadas para lanzar este blog-barra-libro. Era una fina línea por la que caminar, pero definitivamente no estaba preparada para filtrar todavía mi identidad como la escritora del blog, pero demonios, queríamos nuestros nombres en esa carta así los agentes, cuatro a los cuales conocíamos personalmente, estarían inclinados a abrir el correo electrónico. Pedimos discreción, sería mantenido en secreto. Elaboré el lanzamiento de los correos y los establecí para que saliesen el viernes por la mañana durante horas de oficina. Esta nueva a ventura para Mel y para mí nos acercó más que nunca, pero me quitó tiempo con Yash. Me perdí verlo en persona, y sus mensajes crecían en pasión y amor. Estaba anhelando. 436. Anhelando A decir verdad, también lo estaba yo. Solo mi nuevo horario surrealista me mantenía cuerda. Pero no importaba cuánto echase de menos a mi novio por pretextos falsos, tenía una semana mucho, mucho, mucho, mucho mejor que Taylor Choate. Taylor se había convertido en el saco de boxeo de internet, era el asquerosos meme del día. La protesta pública sobre él había forzado las manos del

213


Departamento de Policía de Nueva York, que se había comprometido a investigar las historias sobre él. Y las historias se estaban multiplicando. DirtyLinens había publicado no una, sino dos elementos en días consecuentes contando historias de diez mujeres cada uno. Sonaban igual, todas. Lo conocían, la noche era una neblina, se despertaban en el apartamento de él en diferentes estados de desnudez. La mayoría había asumido que se había emborrachado y habían hecho algo lamentable, pero otras sabían lo que les había sucedido. Pero sin pruebas, se habían hecho un examen de enfermedades de transmisión sexual e intentaron olvidarlo. Esas historias me llenaron con rabia casi cegadora. Lágrimas calientes se deslizaron de mis ojos. Tratar a mujeres inocentes de este modo… Honestamente, no importaba lo que me había pasado como resultado de robar esas fotografías, nunca me arrepentiría de hacerlo. Ese pedazo de mierda necesitaba ser encarcelado. Hacía dos meses, probablemente habría dado la espalda, temerosa de dar un paso adelante. Preocupada de las repercusiones de hacer ruido. 437. Pero ahora había comenzado a gritar 438. Y no intenté detenerme Ni treinta minutos después de que enviásemos nuestras peticiones ya teníamos una reunión. Podía llevar meses recibir una respuesta de un ocupado agente literario, si conseguías alguna. Habíamos tenido suerte de que ella hubiese estado ojeando sus peticiones cuando le llegó la nuestra. Ella había llamado a Mel inmediatamente para gritar excitada sobre la idea del libro; ya era seguidora del blog. ¡Teníamos una reunión establecida para el día siguiente, el sábado! Si teníamos una oferta de representación de ella, afortunadamente podíamos usarlo como ventaja para movernos en la cadena alimenticia para conseguir una respuesta de otros agentes más rápidamente. Hablé por Skype con Yash esa noche, y mantuve mi localización como Singapur porque me había cansado de cambiar las cortinas. Myrtle estaba golpeando sus patitas al otro lado de la puerta, y esperaba que él no pudiese escuchar sus travesuras. 439. Ella me ponía al límite 440. Toda la situación me ponía al límite

214


441. Me sentaba al borde de una cuchilla 442. Quería gritar y chillar sobre mmi increíble semana, compartir mis logros con el hombre que amaba 443. Pero mi mayor logro era una ficción que no tenía nada que ver con el blog Grité síndrome premenstrual y desconecté Skype demasiado pronto. Yash podía decir que algo estaba mal conmigo, su ceño frunciéndose con profunda preocupación. —¿Estás segura de que estás bien? —preguntó—. Estoy preocupado por ti. Está bien venir a casa si lo necesitas, ¿cierto? Era demasiado. Las lágrimas se deslizaron por mis mejillas y él se tapó la boca con la mano. —No —dijo—. Amor, dime qué está mal. Negué. —Te echo de menos. Solo estoy… son las hormonas, nada más. Mañana estaré bien. —Me miré los pies en lugar de a él, sus ojos honestos y preocupados era como el corazón delator. 444. Me estaban volviendo loca Sabía que tenía que confesar, gritar mi confesión a los cielos. Pero no así. Tenía que asumir las consecuencias y suplicar por su perdón frente a frente. 445. Me estaba engañando a mí misma que me entendería y me perdonaría 446. Podía suceder 447. ¡Podía suceder! 448. Podía suceder… Suspiré y le lancé un beso. Me ofreció la sonrisa más dulce que hubiese visto jamás y dijo: —Te amo, Giselle. Y así es cómo se me partió el corazón.

*

215


Me encontré con Mel quince minutos antes de que nuestro potencial agente, Lillian Reynolds, tendría que llegar. El día era nevado y brutalmente frío, pero mis nervios me mantenían caliente. Y mi síndrome premenstrual también. Mis mentiras a Yash solo habían sido medias mentiras. —Escucha lo que ella dice primero —advirtió Mel—. Necesitamos estar abiertas a ideas. Asentí, forzando a mi cerebro a ponerse en marcha. —Conozco el trabajo. Somos una mercancía que alguien quiere… estamos en una posición privilegiada. —¿Estás bien? —Me apretó el brazo y puse la mano sobre la suya. —No. Sí. ¡Estoy increíble! Y en las profundidades de la desesperación. —Bueno, ahora eres una escritora. —Sonrió—. Eso es normal. Lillian, un rotundo osito de gominola rosa de delicia, entonces se apresuró en el café. Era una mujer blanca de unos cincuenta años con una risa que reverberaba en toda la habitación. Había ayudado a Carmichael a conseguir un libro de uno de los clientes de ella justo antes de que me hubiese despedido, y me encantaría cada momento de trabajar con ella. Ambas nos levantamos, y ella se apresuró a abrazarnos a las dos a la vez. —¡Ustedes! —dijo antes de sentarse—. ¡Alborotadoras! Estuve absolutamente contenta de recibir su petición, y un poco sorprendida, honestamente. Dagmar, pareces tan perfecta. —Echó la cabeza hacia atrás y se carcajeó, y no pudimos evitar hacer lo mismo. —Tengo que preguntar —comenzó a preguntar—, ¿todo lo del blog es real? ¿Realmente fuiste abandonada el mismo día que Carmichael te despidió? Asentí, una sonrisa vergonzosa mostrándose en mi rostro. »¡Bueno! —Hizo un gesto con la mano para que el camarero se acercase—. Esos bastardos. Eso se llama esquivar la bala del tamaño de un hombre. O dos. Pedimos de beber y comenzamos a ojear el menú mientras charlábamos de forma general sobre el mundo editorial. Uno de los trabajos más importantes estaba hecho, la elección de comida, fuimos al grano. Lillian comenzó: —Obviamente recibir un correo electrónico de que Marlene Hodgkins ya ha expresado interés en un libro es un correo muy bueno que recibir. —Se rio y nos unimos a ella, simplemente no podías evitarlo—. He estado leyendo el blog casi

216


desde el principio y realmente me encanta este punto de vista… de que no puedas tomarte una tortilla sin romper unos cuantos huevos. Pero las mujeres tienes miedo de hacerlo. Tenemos que destacar. Tenemos que ser las mejores. Y eso solo como mujeres blancas… desafortunadamente, tenemos más facilidades que las mujeres de color. Incluso en una industria tan dominada por mujeres como la publicación, todavía somos ciudadanos de segunda clase. Mira la proporción de hombres que reciben críticas en el Times en contraposición a las mujeres. No tengo que decírselo. Asentimos. Esa era una noticia a la que nadie prestaba atención. »Así que realmente me gusta la idea de romper el modo de “las chicas buenas salen adelante”. Yo mencioné: —Deberíamos ser capaces de ser tan complicadas como los hombres. —Sí. Sí. —Realmente ya somos tan complicadas —comentó Mel—. Deberíamos ser capaces de ser humanas y salir adelante. Deberíamos ser capaces de decir la verdad. Nuestros sándwiches llegaron y nos los comimos con alegría. Mi agitación por los nervios había desaparecido. Sin importar lo que sucediese aquí, me sentía segura de mí misma. Lillian tomó un generoso bocado de su bocado y masticó. Sonrió con las mejillas llenas. —Eché un vistazo a las estadísticas de tu blog anoche, tu alcance en Twitter. Me gustó lo que vi, como a mis asociados. Podemos construir el concepto que no sea solo desde un punto de vista dentro de la industria, sino uno general de las mujeres. “Joderla está bien” es un mensaje universal. Y estaría orgullosa de representar el libro. Tenemos el potencial para numerosos libros, productos y puedo ver una película o un concepto para televisión, sencillo. Mel tomó mi mano bajo la mesa. Sostuvimos la de la otra y no hablamos por un momento. No podía encontrar mi voz en absoluto. Con su mano todavía en la mía, mi amiga dijo: —Gracias, es muy excitante. Hemos contactado con otros agentes. No muchos, elegimos un grupo muy específicamente. Quiero decir, conocemos a un montón de a gentes… —Por supuesto, no hay problema. Si están interesadas en tener un contrato conmigo, creo que deberíamos comparar precios incluso si están inclinadas a ir con Hysterical. Es mejor saber qué hay ahí fuera.

217


Comenté: —Bueno, ¿tal vez podamos quedar en una semana? Mientras tanto queremos mantener nuestras identidades en secreto. —Claro. Tómense su tiempo y piensen en cualquier pregunta que tengan para mí. ¡Cruzaré los dedos! —Soltó una risa sincera—. Quiero corromper a las jóvenes de hoy día. Después de aceptar a este acertado deseo, Mel y yo pagamos la cuenta y nos marchamos juntas. En cuanto nos habíamos metido en un taxi, chillamos y gritamos hasta que el taxista subió la música para acallarnos. Mel comprobó el teléfono y dijo: —¡Mierda, tenemos otra probada! —¿De verdad? ¿Quién? —¡James Pullings! —Ohhhhh. —Era de lejos el perfil más alto de los compañeros con los que habíamos contactado. No es que ser famoso, relativamente hablando ya que estábamos hablando sobre cerebritos de libros, fuese necesario, pero maldición, sería un logro si él fuese el correcto para nosotros—. ¿Qué dice? —Le encanta el concepto y dijo que en realidad había estado a punto de acercarse a nosotros. —No. —Sí. Voy a decirle que tenemos una oferta de representación y que nos gustaría reunirnos pronto. ¿Cierto? —No. —¿No? Le rodeé los hombros con el brazo. —Solo estaba bromeando. ¡Sí! Mel mandó el correo y se mordió el labio. —¿Deberíamos… Deberíamos enviarle un correo al resto y decir que tenemos una oferta? —¿Qué tenemos que perder? Un correo más, amable, y entonces si no sabemos nada, dejémoslo estar. —El taxi se detuvo en mi casa y pagué el trayecto hasta allí— . Dos de cuatro es un trabajo malditamente bueno, cariño. —Malditamente cierto, querida.

218


La abracé de nuevo y me bajé. Una vez en mi apartamento, me dejé caer en el sofá y encendí la televisión. Necesitaba una tarde tranquila de ibuprofeno, una bolsa de agua caliente, excesivas grasas saturadas y mi gata. Myrtle saltó junto a mí e inmediatamente me puso su trasero de gato en el rostro. Suavemente corregí su postura para estar en posición de cuchara frente a mí y nos instalamos para ver las Chicas de Oro. Tal vez podíamos tener una sección en el libro sobre inspiradores personajes ficticios; Blanche Deveraux nos enseñaría a todos una cosa o dos sobre ir detrás de un hombre excitante cuando quisieses. Dorothy nos enseñaría sobre no aceptar mierda. Rose, a ser abiertos y cariñosos. Y Sophia… que las historias de mierda y la lasaña lo arreglan todo. Hice una nota de esta brillante (?) idea en mi teléfono y me centré en volver a acariciar a Myrtle. La satisfacción cayó sobre mí como una cómoda manta. Había conseguido un trabajo nuevo, estaba en camino a un trato por un libro y había conocido a un hermoso hombre que se preocupaba por mí. Claro, necesitaba aclarar las cosas con él y mi nombre real, pero mi corazón me decía que todo estaría bien. ¿Verdad? ¡Sí, mis posibilidades eran infinitas! ¡Todo estaba viniendo a Dagmar, y todo gracias a joderla!

* Entré en la oficina el lunes por la mañana para comenzar la segunda semana de mi fabuloso trabajo nuevo. La recepcionista y uno de los de nuestro equipo de marketing dejaron de hablar y me miraron boquiabiertos en el momento que entré. —Buenos días —saludé. Se quedaron quietas en el lugar y me dieron la clase de mirada que normalmente sigue a un pedo húmedo y muy sonoro. ¿Hoy me había olvidado de ponerme la blusa? —¡Dagmar —dijo Jenny, la recepcionista—, me encanta tu blog! No tenía ni idea de que eras tú. Todo el aire dejó la habitación. —¿Qu-qué? —¡El blog de los desastres! No puedo creer lo mala que eres.

219


Mi teléfono sonó. Mel. El corazón comenzó a latirme a toda marcha. Me apresuré a mi oficina y contesté: —¿Hola? —Dag. Mierda, Dag. Estamos en DirtyLinens esta mañana. Nos expusieron como las dos detrás de 666. ¡Han publicado fotografías y todo! —¿Qué? No. ¡No! —Un empleado se giró para mirarme, pero cerré la puerta de golpe—. ¿Cómo? —Debe haber venido de la oficina de uno de esos agentes. Colapsé en mi silla. —Mel tengo que llamar a Yash. ¿Hay imágenes nuestras? —Sí. —¡Noooooooooooooo! —grité y pisoteé en el suelo una y otra vez, la desesperación saliendo de cada uno de mis poros. —Uh… ¿necesitas un minuto? Giré la cabeza. Latisha había estado sentada ahí todo el tiempo. —Lo siento mucho —respondí—. Yo solo… —Sí, ¿supongo que has visto DirtyLinens? Tomé una respiración profunda. Dos. —Nosotras… no mandamos esa orden. No estábamos preparadas para esto. —Lo siento. —Está bien. Lo siento por gritar. —Lancé el bolso sobre mi mesa con manos temblorosas—. Tengo que hacer una llamada. Asintió. —¿Ese chico con el que estás saliendo va a verlo? Mierda. Ahora todo el mundo sabía mis trapos sucios. —Probablemente. Necesito que lo sepa por mí. —La voz me salió como un chillido. Rodeó mi mesa y me tomó en un abrazo. —Buena suerte. Le devolví el abrazo.

220


—Realmente no merezco buena suerte en estas circunstancias, pero eres muy dulce. Mi teléfono sonó de nuevo y el corazón se me subió por la garganta y se deslizó por el suelo. Era Yash. Sonó un golpe superficial y Marlene abrió la puerta. —¿Unas palabras, Giselle? —Guiñó un ojo. —Lo siento. Sé que eres mi jefa, pero me está llamando mi novio y… Latisha sacó apresuradamente a Marlene por la puerta. —Te daremos un minuto. —Le lanzó a nuestra jefa una mirada de “oh, mierda” y se marcharon. Pulsé responder. —¿Hola? —susurré. —Hola. Dagmar. Y adiós. Colgó.

221


Capítulo Dieciocho Desastres del Cuatrocientos Cuarenta y Nueve al Cuatrocientos Ochenta y Cuatro Y Ahora la Película Original de Lifetime. Cagando mentiras: La Historia de Dagmar Kostopoulos

C

orrí. Como si estuviera en una película para chicas protagonizada por Kate Hudson y su atracón de cuatrocientos dólares. En mis tacones rojos, mi abrigo de lana negro de princesa volando detrás. Salí corriendo de la oficina. Corrí hacia la calle. Entonces salté… en un taxi. Cuando el taxi se detuvo, corrí hacia la puerta de Yash. Mi cerebro apenas funcionaba. Había estado engañándome tanto que cuando lo inevitable sucedió… 449. ¡Siempre había sido inevitable! …simplemente me negué a creerlo. Mel me estaba llamando al teléfono sin parar intentando lograr que respondiera, pero no podía hacer nada salvo intentar recuperarlo. Explicar. Rogar. Presioné el timbre de su puerta. Tenía que estar en casa. Siempre escribía por las mañanas, en la camisa fea, porque su cerebro estaba más fresco entonces. Pitido, pitido, pitido. Mi corazón golpeó, golpeó, golpeó. No podía respirar. Pitido, pitido, pitido. Las lágrimas empezaron entonces. Sin respuesta. Nada de él. Marqué su código de nuevo y presioné el botón de hablar. —Yash, por favor. Lo siento tanto. Solo estaba jugando a un juego tonto la noche que nos conocimos. Un escape de la realidad. —Realmente empecé a sollozar en ese momento. Grandes y jadeantes sollozos. Mis rodillas cedieron, pero me apoyé contra la pared de piedra fría para alcanzar el botón—. Pensé que eras una cosa de una noche. Que no importaría. Pero te amo. Lo hacía. Lo hago. ¡Y para entonces era demasiado tarde! Oh, Dios, por favor, solo habla conmigo. 450. Nada

222


451. Sin sonido 452. Sin amor Una mujer salió del edificio y me disparó una mirada desagradable. Intenté atrapar la puerta mientras se cerraba, pero me gritó y amenazó con llamar a la policía. La puerta atrapó mis dedos y ¡portazo! Chillé y colapsé en la escalera de entrada de azulejo. Sostuve mi mano y sollocé, el dolor arrancando la respiración que quedaba en mis pulmones. Las puntas de tres de mis dedos ya se habían puesto púrpuras, uno abierto con un constante chorro de sangre. La puerta se abrió, casi golpeándome. Pero no era él. Era otro hombre, frunciéndome el ceño al pasar. —Está cayendo sangre al azulejo —dijo compasivamente. —Que te jodan —repliqué con el mismo respeto. Con mis dedos ensangrentados, saqué mi teléfono. Gateé hacia la esquina de la entrada y me derrumbé allí, las lágrimas cayendo, todo el cuerpo entumecido. Llamé a Yash. Fue directo al buzón de voz. Iba a mandarle un menaje, pero entonces el mensaje pasó a otro color. 453. Me había bloqueado Me dolía tanto el corazón, no podía respirar. Empecé a jadear, dar vueltas, morir. Voces empezaron a hablar. ¿A mí? Alcé la mirada y dos mujeres extendieron sus manos hacia mí. —Tenemos que ayudarla —dijo una. —¿De quién era el timbre? La primera dama, cabello rojo y rostro borroso, me tomó del codo y me ayudó a levantarme. Me aferré a ella, todavía jadeando, jadeando. —¿Tienes algún lugar al que ir? —preguntó. Solo la miré, más allá de ella, moqueé por todo mi labio. —Majumdar. ¡Yash Majumdar! —dijo la otra, una rubia súper alta—. Oh, Dios mío, ¡es el sexy escritor! Dagmar, tienes buen gusto. Miré de una a otra. Claramente me reconocieron de DirtyLinens.com. No. ¡No! Aparté mi brazo de la pelirroja y me tambaleé hacia un taxi. Pronto estaba de vuelta hacia el trabajo. Esas mujeres me reconocieron. Y ahora lo conocían. No. Por favor. Por favor, no les dejes…

223


Mi teléfono sonó. Rebusqué en el bolsillo de mi abrigo de nuevo —puta mierda, ¡mi mano dolía!—, para ver, para rezar que fuera Yash. Mel. Manché con sangre el teléfono cuando presioné contestar. —Se ha terminado, Mel. No me va a hablar. Me bloqueó. Ni siquiera escuchará. Suspiró. —¿Dónde estás? Marlene me llamó. —E-estoy en un taxi. Vuelvo al trabajo, supongo. Oh, Dios. —Empecé a sollozar de nuevo y el taxista me entregó un paquete de pañuelos sucio—. Gr-gracias. La voz de Mel se volvió más dura. —De acuerdo, señorita. Así que es un día de mierda. Pero… pero nunca digas nunca, ¿bien, cariño? Vuelve a la oficina y lee el artículo. Nuestro blog es amado. ¡Eres una heroína para la industria literaria! Y he recibido cinco ofertas más de agencias de representación en una hora. Probablemente tienes demasiadas, si revisas tu correo. Va a estar bien, Dag. —Pe-pe-pero… —¡Nada de peros! —Casi podía oírla ponerse de pie. Estaba en modo general ahora—. Sobrevivirás a esto. Serás fuerte, como Scarlett O’Hara, pero mucho menos racista. ¡Los Kostopouloses se alzarán de nuevo! —Siempre se ponía súper sureña en estos momentos. Casi estaba de vuelta en la oficina. —Bien. —Sorbí y me soné la nariz en uno de los pañuelos del amable taxista— . De acuerdo, puedo hacer esto. Tengo que hacerme cargo de mis propios desastres, ¿cierto? ¿Ese es más o menos el punto? —¡Ese es exactamente el punto! Eres una mujer fuerte y puedes hacerlo. —¿Hacer qué? —¡Eeeeeeeeso! Llegamos al rascacielos. Terminé la llamada de Mel, le di al taxista una propina ridícula y salí. Estaría bien. Amaba a Yash, pero sobreviviría a esto. Probablemente él se acercaría… solo estaba conmocionado ahora mismo. La vida era todo sobre elecciones, ¿cierto? Podía elegir superar este día con dignidad. Y elegancia. Y entereza. Di un paso en la acera. Enderecé mis hombros. Y algo cayó sobre mi cabeza.

224


Líquido blanco goteó hasta mi nariz, en mi abrigo. Limpié mi mejilla… caca. 454. Jodida caca de pájaro 455. Un jodido pájaro 456. Había jodidamente cagado 457. En mi jodida cabeza 458. En la jodida mitad 459. ¡Del jodido invierno! Chillé. Chillé, chillé y chillé. Me puse ronca, pero seguí chillando. Rabia. Dolor. Ira. Angustia. Mierda de pájaro. Lo grité todo, mis puños tan cerrado como podía con mis probablemente dedos rotos. Cerré los ojos con fuerza, mayormente para evitar que la mierda goteara en ellos. Usé mi pañuelo lleno de mocos para limpiar tanta mierda de mi rostro como fuera posible. Todo este día se estaba convirtiendo en una broma. —¿Qué es lo próximo? —grité al cielo. Una niñera apresuró a sus dos niños lejos de mí. Me volví para dispararle una mirada sucia. Buena cosa, porque estaba encarando la calle cuando una limusina pasó y lanzó un charco pequeño de nieve derretida todo sobre mí. Congelada. Goteando. Barro. Suciedad. Simplemente me quedé allí, temblando tanto que me mordí la mejilla. Quité una colilla empapada de mi abrigo mojado. Oye, al menos la nieve derretida limpió algo de la mierda de mi cabeza. Me volví y entré en el edificio. Chapoteé en mi camino a través del vestíbulo. Una guardia de seguridad se paraba detrás del escritorio y abrió la boca para decir algo. Moví mi mirada hacia la suya. —No pasa nada —dijo y se sentó de nuevo. 460. No pasa nada Una mujer me miró mientras subíamos en el ascensor. Le sonreí. Debió haber salido aterrador porque retrocedió tanto como era posible. —¿Te gustaría un abrazo? —le pregunté. Pulsó el botón para el piso más cercano y corrió. Abrí la puerta de la oficina. Tres personas me miraron boquiabiertas esta vez. 461. Me estaba volviendo más popular Saludé. Caminé. Fui a mi oficina. Latisha se levantó.

225


—Oh, Dios mío —exclamó. —Por favor, no me menciones a ese ser en este momento. Marlene debió haber estado vigilándome. Me siguió dentro. —Vaya. Escupí barro de la calle en mi papelera. —Sí. —¿Fuiste a su apartamento? —Sí, yo… —La miré—. ¿Cómo sabes eso? Sus ojos se llenaron de compasión. 462. Tener un buen aspecto para tu nueva jefa. —Ven aquí —pidió—. Siempre mantengo ropa de repuesto en la oficina. Y debes ver algo. Los escalofríos comenzaron a atormentar mi cuerpo entonces. Me encogí de hombros y la seguí. ¿Ahora qué? ¿Abby me había abandonado? ¿Carmichael me estaba demandando? Tal vez un asteroide estaba cayendo en picada a la tierra. 463. Recé para que lo último fuera cierto. 464. Bien podría llevarme a todos estos bastardos conmigo. Marlene me entregó un montón de ropa costosa y profesional y me encerró en su oficina para cambiarme. Era un poco más pequeña que yo, pero un vestido ajustado es comprensible, e incluso combinaba con mis zapatos sucios y mojados. Pequeños favores. Fui al baño a lavarme el rostro y mojarme la cabeza para sacar la caca y todo lo demás. 465. Mejor no pensar en qué es todo lo demás. Me sequé el cabello con toallas de papel hasta que dejó de gotear y volví a la oficina de Marlene, donde me esperaba. Mi cuerpo se sentía... entumecido. Mis ojos dolían casi tanto como mi mano, a la que Marlene echó un vistazo y se quedó sin aliento. Presionó su intercomunicador y le pidió a su asistente que me trajera hielo. Marlene dijo: —Necesitas hacer que te examinen eso inmediatamente. Asentí. No podía doblar los dedos. 466. Menos mal que fue mi mano derecha, la que uso para todo.

226


Me sentó en su escritorio y fue a DirtyLinens. Quería decirle que obviamente sabía acerca de la publicación, pero era mi jefa, así que traté de contenerme. Y funcionó totalmente. 467. Hasta que ella hizo clic en la segunda publicación. 468. La publicación de un video. 469. Tomado hace cuarenta y cinco minutos. 470. Uno mío, rogando por el intercomunicador de Yash. 471. Colapsando en el suelo. 472. Sollozando. 473. Aplastando mi mano en la puerta. Morí. Me senté allí en la silla de mi jefe y morí. Porque todo era peor. Ahora habitaría el mundo como un fantasma. No sabía para qué coño Casper era tan amistoso, porque quería asesinar a esas dos mujeres horribles y arrojar mierda de pájaro sobre sus fantasmas con mis manos fantasmales hasta que las dos fueran arrastradas al infierno por mi señor y amo, Satanás. Marlene extendió sus manos hacia mí, como si fuera un perro salvaje. —Está bien. Eres muy popular allí. ¡El público lo ve como romántico! Y Yash es tan guapo y talentoso, todos quieren que te dé una segunda oportunidad. Bueno, la mayoría de ellos lo hacen. Respira, Dagmar. Respiré con mis pulmones fantasmas. —Marlene, si quieres despedirme, lo entiendo. No te inscribiste en este ridículo drama. No puedo creer… no puedo creer que alguien me haya reconocido en su casa y… y... Me había quedado sin lágrimas. Este día ya había durado cien años. —De ninguna manera. —Se agachó—. Eres tan maravillosa como lo eras ayer. Y admiro que fueses allí a luchar por él. Incluso si no funciona, valió la pena intentarlo. ¿Lo amas? Oh mira. Me quedaba otra lágrima. Cayó por mi mejilla y asentí. —El amor encuentra una manera. Toma el resto del día. Come cientos de rosquillas, saca el vodka del congelador y ocúltate de las miradas indiscretas. Tengo la sensación de que te llegarán muchos correos electrónicos, demonios, los agentes

227


se están dirigiendo a Twitter para pedir representar tus derechos de cinematográficos. Negué. —No. Esta es mi segunda semana en el trabajo, y… —Te cobraré un día de enfermedad. Ve. De repente, me levanté y la abracé con todas mis fuerzas. Me regreso el abrazo. —El amor encuentra un camino, Dagmar. Va a estar bien. O no, y encontrarás a otro hombre. Están literalmente en todas partes. —Gracias. Supe entonces que no quería vender el libro a otros. Quería a esta encantadora dama que me vistió con DVF18 y no podía ser ridícula y apestaba a la peste de la calle. Mi cerebro apenas registró el viaje a casa. La peor parte de todo fue que Yash no me permitió disculparme. Por otra parte, ¿por qué debería? No me debía una mierda. 474. Ni siquiera me debía una mierda de pájaro Busqué una botella en el momento en que llegué a casa. 475. Vino conmigo a la ducha. También pedí un sándwich y un pastel de la panadería de la cuadra. Un pastel entero. 476. Es bueno tener objetivos, incluso en tiempos de gran desesperación. En mi pantalón de chándal más feo, con mi botella de algo marrón, abrí mi computadora portátil. Y escribí, punteando las teclas con mi única mano buena. No publiqué tanto como vertí mi corazón. Sin nombres. No es que importara ahora. 477. Oh, Dios, pobre Yash. Haciendo frente a mi traición, y ahora en el ojo público. 478. Ya no podía estar enojada con el pájaro. 479. Me había confundido correctamente con un inodoro. Escribí sobre cómo lo amaba. Sobre cómo todo había sucedido tan rápido. Cuán negada he sido toda mi vida. Y, finalmente, cuán equivocada había estado por dejarlo continuar tanto como lo había hecho. 18

Diane von Fürstenberg, diseñadora de moda.

228


Y todavía… En cierto modo, todavía estaba feliz de haberme vuelto un poco loca allí por un tiempo. El péndulo siempre se balancea cuando está atado. Y he estado atada toda mi vida. Al final de mi diatriba emocional, como una oda a mi desastre, tecleé un caluroso Vete al diablo, al imbécil que había grabado mi corazón roto y lo distribuyó para que todos lo vieran. Los describí, ¿por qué deberían permanecer en el anonimato? Incluso no lo hice realmente por mí, sino por Yash, que de ninguna manera merecía esta publicidad. Presioné Publicar. Finalmente, tomé una respiración profunda. Otra. Mi pastel llegó. Ah, y también mi verdadera comida, que comí primero, muchas gracias. Primero, un bocado de sándwich. Entonces, un bocado de pastel. Por último, hielo para mi dedo. Emparedado. Pastel. Hielo. Pastel. Emparedado. Pastel, pastel, pastel, pastel. Así, infundido con comida reconfortante y una franja de whiskey, eché un vistazo al blog. Mierda, los seguidores del blog se habían cuadruplicado. Mi caída fue un evento de entretenimiento para las masas. Pero… Pero me apoyaron, tal como lo había dicho Marlene. Algunos contaban historias de cómo habían jugado según las reglas y se habían jodido. Otros, sobre cómo habían arruinado su vida amorosa, pero al final había funcionado. Unas cuantas mujeres dijeron que era valiente por correr y hacer cualquier cosa para intentar recuperarlo. Algunos chicos dijeron que definitivamente escuchaban a cualquiera que estuviera dispuesto a mendigar en público cuando era tan obvio que lo amaba. Por supuesto, surgieron los comentarios inevitables sobre mi nariz gigante y mi trasero gordo, pero mi fiel pandilla de jodidos saltó sobre ellos, benditos sean. Las lágrimas goteaban en mi pastel, y, sin embargo, Yash no se puso en contacto conmigo, no importaba cuántas veces refrescara mi correo electrónico. Mis dedos se entumecieron. No estaban bien. Corrí a la clínica ambulatoria al final de la cuadra. Sí, estaban fracturados. Me entablillaron el dedo medio, útil para dejar de lado los propósitos, y lo pegaron con cinta adhesiva a los otros dos. Este día iba mejorando cada vez más. Mientras estaba allí sentada recibiendo tratamiento, no tenía nada más que hacer que hacerme daño y pensar. Había formado mil argumentos en mi cabeza para

229


cuando confesara. Nunca antes había considerado que las noticias vendrían de otro lado, que él solo se cerraría y que nunca llegaría a contar mi versión de la historia. ¿Cuánto del blog había leído? ¿Vio los mensajes donde dije que había tenido terror de perderlo? ¿Que estaba siendo yo misma en la relación, a excepción del trabajo y el nombre? 480. Esto nunca hubiera pasado si solo le hubiera contado. Mel me envió un mensaje de texto. Llegamos a Buzzfeed. Y CNN. 481. Uuhfjhdfkajdhjalkfhjsahf

Mel: Tengo catorce ofertas de diferentes de agentes, y eso sin contar a Lillian. Mel: Tenemos dos de las cinco grandes editoras viniendo a nosotros también. Consulta tu correo electrónico.

Uf, mi correo electrónico Doscientos mensajes no leídos estaban allí. Muchos amigos exclamando diferentes formas de felicidad por mi éxito y tristeza por mis fracasos. Unos pocos hombres que no conocía me llamaban puta, había alrededor de un millar de ellos en mi cuenta de Twitter justo ahora. También se usa de forma divertida: coño, perra, puta, mujerzuela (al menos esa palabra era semi literaria) y cazafortunas, ¿Qué Demonios?, junto con bastantes ofertas coloridas para asesinarme. Y si, ofertas para no asesinarme. Mierda, un estudio de cine. No, dos.

Yo: Necesitamos un agente, inmediatamente. ¿Alguien bueno allí además de los cuatro que habíamos elegido? Mel: Iré a almorzar para hablar sobre ello. ¿Estás bien? Ese video no fue jodidamente genial. Yo: Estoy exactamente como merezco estar.

Una vez que llegué a casa, tomé un trozo de pastel con mi mano buena y me lo coloqué en la boca. Esta era mi vida ahora. 482. Pastel sin tenedor. 483. Ducha de whiskey escocés. 484. Pesar infinito.

230


Myrtle saltó a mi regazo y comenzó a lamer el glaseado de mi rostro. Dejé que lo hiciera por un momento hasta que me pregunté lo saludable que era la crema de mantequilla para los gatos. Además, estaba teniendo el peor día y necesitaba toda la grasa y la mantequilla que pudiera obtener.

Mel: Te estoy enviando un correo electrónico que podría alegrarte un poco.

Mi correo electrónico se actualizó y, por primera vez hoy, el sol asomó entre las nubes. El recuento de los cinco grandes editores fue oficialmente hasta tres. Carmichael Burns acababa de hacer una oferta por nuestro libro.

231


Capítulo Diecinueve Desastres del Cuatrocientos ochenta y cinco al Quinientos tres Ardores

M

el aunó fuerzas conmigo lo suficiente para que preparásemos una estrategia para esa noche. Le dije que quería que Marlene tuviese el libro y estuvo de acuerdo, el suministro de signos del dólar estaba haciendo fila. Eso sería duro, una editorial pequeña no tenía los fondos de una de las grandes firmas, pero tal vez podíamos calcular un mayor porcentaje de ventas para compensar un adelanto más pequeño. Mami(s) necesitan un plan de retiro. 485. Especialmente yo, probablemente ahora era tóxica para la población general masculina y moriría sola con Myrtle 486. Eso me recordó: Momento para adoptar, como ocho gatos más Concertamos tres entrevistas más para darse por teléfono la tarde siguiente. Después de que todo fuese dicho y hecho, nos había gustado la actitud alegre y el mejor historial, había una razón por la que la habíamos elegido primero; así que firmamos un contrato por el libro y todos los consecuentes títulos de esa serie. Con un agente en la mano, accedimos a reunirnos con Carmichael en su oficina el jueves de esa semana. Nos había ofrecido llevarnos a cenar, pero yo había dicho que de ningún modo. Toda la oficina me vería pavonearme por allí y ponerlo a prueba. Doblé en mi trabajo para compensar el desastre de principios de la semana, mi teléfono no dejó de sonar por periodistas, admiradores y detractores, uno de los cuales me había enviado una caja llena de cabezas de muñecas. Marlene pidió que recepción comenzase a controlar mis llamadas y se deshiciesen de cualquiera que no tuviese negocios con Hysterical. Le compré a Jenny de recepción una caja de cupcakes como agradecimiento y se aficionó un poco de los que llamaban de un modo amable y a veces extremadamente malo. En cuanto a mí, estaba entumecida. Cuando la nube negra llamada Yash atormentaba mi corazón, me lanzaba a escribir un manuscrito, trazar una estrategia con un escritor o incluso fregar los platos. Mi apartamento nunca había estado tan limpio, y Myrtle había comenzado a escapar de mí, intentaba acariciarla demasiadas veces.

232


487. Su cuenco de comida era una montaña de Alimentos de Sobrecompensación Solo por la noche lo dejaba salir todo, llorando hasta dormir de un modo muy histérico, lo habría quitado de un manuscrito por “excesivamente dramático”. 488. Mi prosa recargada no atraería a los chicos El jueves por la mañana, refresqué mis ojos para deshincharlos y tomé extremo cuidado con mi cabello y maquillaje. Mi cabello lucía largo y ondulado, —gracias, rizadores calientes—, justo de la forma que a Carmichael le gustaba que se vieran sus mujeres. Me puse un coqueto vestido azul con una falda justo demasiado corta para los negocios, unas medias negras y tacones. Lo cubrí con un abrigo crema de princesa. Me veía sexy y completamente la exitosa chica genial que era ahora. Marlene había dado su visto bueno a reunirme con Carmichael durante las horas de trabajo, estableciendo, por supuesto, que lo contaría por diversión en el libro. Ella sabía que el infierno se congelaría antes de que yo recompensase a Carmichael con cualquier libro que tuviese a mano. Mel y yo nos encontramos en la cafetería al final del edificio de Carmichael, y Lillian se unió allí a nosotras. Lillian lanzó la sonrisa petulante más linda que hubiese visto jamás. —Así que, esta reunión es una pérdida de tiempo, ¿cierto? ¿Solo estamos haciendo esto por el factor “que te jodan”? Me senté a un lado de Lillian, Mel al otro. La envolvimos en un abrazo una Oreo de amor. Ella echó la cabeza hacia atrás y se rio. —Seguiré vuestro ejemplo. Esto va a ser genial. Como una, nos dirigimos a la planta de Carmichael e informamos a recepción de nuestra eminente presencia. No tuve que decirle a Matt, en el mostrador, a quién íbamos a ver. Se levantó de un salto y me envolvió en un abrazo tan fuerte que me levantó del suelo. —¡Te ves fantástica! —exclamó. Se inclinó para ver si la zona estaba despejada y me susurró al oído—: Envía al infierno a ese bastardo. Comencé a reírme, y fue exactamente lo que necesitaba para aliviar mi nerviosismo. Había tenido el estómago revuelto solo porque había puesto un pie en el edificio. Aquí, el lugar de mi pasado cobarde. A la mierda con eso. Y que jodan a Carmichael.

233


¡Puaj! ¡Nada de joder a Carmichael! El pensamiento era muy, muy asqueroso. Matt nos sirvió un café y nos guio a la oficina de Carmichael. Todo el equipo, mis antiguos compañeros de trabajo, se levantaron mientras pasaba a su lado, todos sonriendo de oreja a oreja. Levantaron los pulgares y susurraron elogios por el blog. Muchos dijeron que me echaban de menos, —definitivamente debía unas cuantas comidas. Gracioso; mi cagada más patética había sido filmada para la posteridad, y me había hecho parecer como una especie de heroína romántica. Era la Meryl Streep del conjunto de los cerebritos de los libros. 489. Excepto para Yash, por supuesto No. Alejé su hermoso rostro de mi mente, ya que habíamos llegado. Carmichael abrió la puerta. Jazmine salió, la sonrisa de su rostro desapareciendo cuando me echó un buen vistazo. 490. Sé que es bueno 491. Y nada feminista 492. Pero ahora yo era más sexy que ella 493. Con un mejor trabajo 494. Y yo jodidamente lo sabía Carmichael se limpió las manos en el pantalón y pasó una mirada nerviosa a cada una de nosotras antes de finalmente ponerla sobre mí. Una. Mirada. Nerviosa. Oh, sí. Este hombre estaría suplicando por un favor mío. 495. Esto iba a ser divertiiiiiiiiido Sonreí con la boca, dejando los ojos fuera de ello, y esperé que hablase. El primero en hablar siempre era el más débil. Y no importaba por lo que yo pudiese pasar, nunca volvería a ser la más débil. Lo miré con altivez. Bueno desde abajo. Él era mucho más alto que yo. Lo miré. Nuestras miradas se encontraron. Él la posó en mis tetas. Resoplé y negué, pero permanecí callada. ¡Ja! ¡Ni siquiera sus miradas lascivas me distraerían de mirarlo con altivez! Finalmente, se giró e hizo un gesto hacia su oficina. —Pasen, Dag, Melanie. Hola, Lillian, siempre es un placer. —Todo tuyo, Carmichael —respondió ella. Mel me miró, como si dijese “Hemos elegido con inteligencia”.

234


Carmichael se rio, como si lo que ella había dicho fuese una broma. Lillian también se rio, pero un débil destello brilló en su comportamiento de señora Claus. Él se sentó tras su escritorio de Hemingway y dijo: —¡Bueno, quién sabía lo que la Pequeña Dagmar tenía en ella! La Pequeña Dagmar contestó: —¿Quién sabía que el Pequeño Carmichael llamaría suplicando por ello? Un sonido ahogado se escuchó a mi derecha, proveniente de Mel, seguido de un silencioso: —Maldición, cariño. La fanfarronería llena de mierda de él se desinfló por un momento, dos incluso, antes de que la recuperase de sus reservas. —Todavía tendrías un trabajo conmigo si hubieses mostrado esta actitud osada. Hice una mueca. —Gracias a los dioses que vino después. Lillian se sentó derecha. —Entonces, Carmichael, dinos por qué estamos aquí. Se reclinó en la silla, levantando los pies para colocarlos sobre la mesa. Su postura favorita de “gruñidos de hombres al mando”. Él tenía tanto en común con Hemingway y los verdaderos gruñidos de hombre como lo hacía Moaning Myrtle. Finalmente, nos obsequió con su sabiduría. —Creo que el blog es un gran ejemplo de que cuando las chicas deciden comportarse como los hombres, progresan. Mel se levantó con un: —No. Tuve que ampliar mi sonrisa. Puse mi mano herida en su hombro para que volviese a sentarse. Pasé la mirada a mi otra mano, que permanecía en mi teléfono. La grabadora de audio puesta en marcha. Quería ser capaz de reproducir esta estúpida reunión en todo su esplendor en el libro. Nunca nombraría a Carmichael. 496. Pero todo el mundo lo sabría Eso la apaciguó, así que apretó los dientes. Carmichael había observado esto mientras sonreía. Oh, qué lindas éramos, ¿cierto? Él continuó lanzando mierda al aire.

235


—El tema central del libro tiene que ser sobre cómo las mujeres pueden tomar el control de sus vidas, al fin, y pensar como un hombre. Por ejemplo, cuando Dagmar intentó acostarse con ese tipo de la cafetería para tener éxito. Me aclaré la garganta. —¿Eso no sería actuar como Jazmine? ¿Ella es un hombre, Carmichael? —Me incliné más cerca—. ¿Hay algo que quieras decirnos? —Ja, ja. —No se rio—. La idea claramente vino de mí, y te lo prometo Dag, soy todo un hombre. Mel se erizó, y le lancé una mirada ladeada para que estuviese quieta. Espera un minuto… Tal vez mi eliminación de Camichael debería consistir en matarlo con amabilidad. Todo el mundo en la oficina entendía la forma de llegar a Carmichael, decirle exactamente lo que quería escuchar. Mostré la sonrisa más dulce y, en mi tono más adorable, comenté: —Sí, creo que veo a dónde quieres llegar. Así que, ¿tomaste el control de la situación como un hombre y le dijiste que conseguiría un ascenso si se acostaba contigo? Por eso eres el jefe. Me señaló. —Al fin, estás entendiendo jodidamente la vida. Sabía que tenías potencial. Me costó despedirte para que realmente sacases lo mejor de ti, pero de nuevo, lo sabía. —¿Me despediste porque era demasiado ingenua para acostarme contigo? —Ya veo que estás aprendiendo. Creo que es fantástico la forma que usaste a ese tipo… Mahatma, para usarlo. Aunque ese momento de lloriqueo… Bueno, supongo que no puedes sacar a la chica de la chica. ¿Y quién lo querría? —Nos otorgó un guiño—. Los hombres son hombres, las mujeres son mujeres. Pueden adoptar algunas de nuestras características, pero todavía tienen que actuar como damas. —Asintió con su enorme cabeza—. El libro puede hablar sobre aplicar las cosas aprendidas de los hombres para los negocios, pero manteniéndose femenina en casa. Ningún hombre quiere dormir con una jefa mandona. Hay un lugar para todo. Para este momento, Lillian estaba boquiabierta. Carmichael se rascó la barriga. »Aunque, realmente no me gusta todo el concepto de “error”. Las mujeres necesitan mantener su mierda junta. Si no son más que ideales en el trabajo y en

236


casa, después caerán más de lo que ya lo han hecho. Después de todo, es un libro de auto-ayuda. Estás intentando ayudar a las mujeres. Asentí. —Tienes razón. Pero, ¿qué hay de los errores de los hombres? Se rio. —Dagmar, eres linda. Las mujeres son mucho más comprensivas que los hombres. ¡Son mejores que nosotros! —Ahí estaba ese guiño de nuevo, con un lado casualmente sexista. Lillian tragó saliva, sin duda por el mal sabor en su boca. —Uh, bueno, tomaremos nota de todo lo que has dicho aquí y… y pensaremos en ello. Te mandaré un correo electrónico con los detalles de la venta. —Ahora mismo son las zorras más excitantes de la ciudad —comentó, señalándonos a Mel y a mí—, pero no se queden atrapado en ello. Realmente necesitan comenzar a hacer un libro rompedor. Me necesitan. Puedo otorgarles los lectores masculinos que desesperadamente necesitan. Te estoy viendo Dag, en la portada. Un bikini atado al cuello. Seiscientas sesenta y seis formas de tener éxito como un hombre (Mientras se es una mujer definitiva). ¿Les gusta? Mel se ahogó con su saliva. Me levanté. —Oh, me encanta, Carmichael. Comenzaré una dieta hoy mismo. Él se puso en pie. —¡Bien! Por cada cinco kilogramos que adelgaces, subirás un puesto en el NYT. Recuerda, mi experiencia vale al menos el cuádruple de la oferta que hice. Salimos y permanecimos en la acera, jodidamente paralizadas. —Así que… —Me giré hacia Lillian—. Esperamos hasta que haya hecho una oferta para decirle al CEO y en general que admitió que cambió una posición por sexo con un subordinado, ¿cierto? ¿Y también que me despidió por no hacerlo? Podemos enviarles la grabación. —Levanté mi teléfono—. ¡Después de todo, se supone que las mujeres somos serviciales! Lillian se frotó las manos. —¡Demonios, sí! Creo que es correcto hacerles saber por qué no van a conseguir el título de no ficción más vendido de estas fiestas. —Haciendo que Dag pierda noventa kilos —bromeó Mel.

237


—Dejaré de comer inmediatamente y para siempre —prometí. A la vez, echamos las cabezas hacia atrás y estallamos en carcajadas. Dagmar, Melanie y Lillian, El Aquelarre de Brujas y Zorras de la edición. Lillian nos rodeó las cinturas con los brazos, yo a un lado y Mel al otro. —Señoritas, me siento honrada de que me eligieran para recorrer la ciudad y crear problemas. Le devolví el abrazo. —Eres una incorporación bienvenida al aquelarre. Mel dijo: —Lillian, no sabes ni la mitad. Ella arqueó las cejas. —Lo supongo. Dag, no puedo creer que lo incitaras a decir todo eso. Me giré para enfrentarme a las dos. —Su ego es del tamaño de Júpiter. No pueden ni imaginar las cosas que dice en su círculo íntimo. Suficientes drogas y acoso sexual para ahogar al idiota. Tomamos caminos separados con la promesa de llamarnos al final del día para analizar la gente interesada y comenzar la venta. De esa forma, veríamos todas las ofertas, siendo nuestra la elección final. Trabajé, trabajé, trabajé, no comí… 497. Por las emociones, no por la portada en bikini 498. Lo que no sucedería nunca Trabajé, y trabajé un poco más. Cualquier cosa para no obsesionarme con ya sabes quién. Para no llevar mis nerviosos dedos al teléfono para enviarle un mensaje. Para enviarle un correo electrónico. La lucha duró hasta el último minuto; tic enviarle un correo, tac pensar en otra forma de decir lo siento, tic le amaba, tac ¿quizás hoy me había desbloqueado? Finalmente, le pedí a Latisha que se llevase mi teléfono. Yo no era de fiar. 499. Obviamente A veces, me sentaría allí y editaría, las lágrimas corriendo por mi rostro. 500. Mi pobre Latisha 501. Qué sorpresa de mierda resulté ser 502. Probablemente pediría ser transferida a un cubículo del baño

238


503. Posiblemente yo no podĂ­a apestar mĂĄs

239


Capítulo Veinte Desastres del Quinientos Cuatro al Quinientas Treinta y Tres Febrero sin Yash

E

l dinero de Marlene no era tan bueno como algunas otras ofertas, pero nos dio una excelente comercialización, además de porcentajes de libros que compensaban por el más pequeño avance. Y sólo así, Mel y yo éramos mujeres jóvenes casi ricas. Todos en la ciudad querían conocernos. Fiestas literarias, almuerzos, todos querían vernos y ser vistos con nosotras. Mis blogs de desamor parecían ser los más populares. Aunque el del pájaro cagándome en la cabeza fue el mejor tráfico que jamás habíamos tenido. Me pedían citas todos los días, pero los rechazaba todos. Mel, sin embargo, estaba ahogándose en más pollas que una prisión masculina. Sus palabras. En mi fuero interno, esperaba que Yash leyera el blog. Tenía que hacerlo, ¿verdad? Tenía que hacerlo. 504. Si la situación fuera al revés, ¡odiaría leer la mierda sobre mí! Una vez, hice una publicación para que las primeras letras del lado izquierdo de la página deletrearan un mensaje: “Por favor, perdóname, Yash”. 505. Fue tan inteligente 506. Que los comentaristas en el blog lo descubrieron de inmediato 507. Entonces debatieron sobre si era o no patético 508. Noticias de última hora. Lo fue. Por otro lado, a Mel le encantó cuando volví patético el lugar. Nuestras ventas ascendieron. En esos días, publicó un adelanto del libro. Sin embargo, parecía hacer sentirse mejor a la gente cuando metía la pata. Porque enfrentémoslo, todos somos pilas de células animales grumosas conducidas por el ego sólo cagando, follando y meando nuestro camino a través de nuestras patéticas vidas hasta que morimos de alguna estúpida e insignificante manera y nos hundimos en el oscuro abismo del cual no hay regreso.

240


509. Podría estar deprimida Vendimos los derechos de televisión de mi mierda de programa en desarrollo a un canal por cable de pago… el Santo Grial de los tratos. Una película viene y se va, pero seis temporadas de generosidad sindicalizada funcionarían como el plan de pensiones de una chica para toda una vida. Un efecto secundario de la publicidad: 510. Mi padre había estado horrorizado por todo el lenguaje de mierda Pero mi hermana fue la oficial designada por la familia para expresar la insatisfacción. Un sábado, mientras me sentaba en la larga bañera en casa lamiendo el interior de un recipiente de Häagen-Dazs, llamó. 511. Respondí con el altavoz Yo: Suspiro. Vanessa: Perdón si hay ruido. ¡Tengo hijos! Yo: ¿Qué, tienes qué? ¿Desde cuándo? Vanessa: ¿Esa eres tú siendo divertida? Examiné mi recipiente de helado, pero estaba vacío. 512. Como mi cama Ugh, no me sentía como para jugar un partido de tenis con ella hoy. Tiraba las pelotas directas a mi cabeza, y había entrenado a sus peones del infierno para hacer lo mismo. No era que no quisiera a mi sobrina y sobrino. 513. Pero eran pequeños imbéciles 514. Por otro lado, yo también lo era Vanessa: ¡Dagmar! ¿Sigues ahí? No. No, no hagas eso. ¡Renesmee, no hagas eso! Renesmee, suéltalo. Suéltalo. Renesmee, suéltalo. Suéltalo. Renesmee. Renesmee. Renesmee. Suéltalo. Suéltalo. Su… Colgué. “Renesmee, suéltalo” podría continuar durante diez minutos. Lo había cronometrado una vez. Por qué Vanessa simplemente no agarraba la cosa para soltar, nunca lo sabría. Le pregunté una vez y me dijo que no podría entenderlo a menos que fuera madre. ¿Otra cosa que no entendía? 515. Llamar a su hija como el personaje de un libro de Crepúsculo que devoró a su madre

241


Lo había escogido mientras estaba a punto de orinar en el palo. Me pareció mal karma, ciertamente la epidural no había funcionado. Y, no era broma, Renesmee había nacido con dos dientes. 516. El horrible nombre de “Renesmee”, del afamado Crepúsculo, no fue estrictamente mi desastre 517. Sino un desastre por y para la humanidad 518. Así que a la lista iba 519. ¡Ooooh! Tal vez debería escribir en el blog sobre ello 520. Aunque imagina las diatribas furiosas El teléfono sonó de nuevo, justo cuando estaba limpiando el agua del baño de mi culo. Lo puse en altavoz y esperé. Vanessa: ¿Por qué colgaste? Yo: No me estabas hablando. Vanessa: Lo entenderás cuando tengas hijos, Dagmar. Yo: Si. Vanessa: Cuando. Continuó… 521. “¿Qué clase de mujer no quiere hijos?” 522. “¿Es por eso que ese chico te dejó?” 523. “¿El extranjero?” 524. “¿Porque no le darías hijos?” Rechiné mis dientes mientras me ponía mi nueva bata de felpilla aguamarina. Era la mejor cosa en mi vida ahora mismo, y la necesitaba por protección. Simplemente. Siguió. Hablando. Vanessa: Papá enloquecería si supiera que era de Oriente Medio, de todos modos. 525. No me molesté en corregirla 526. Me había dejado, así que no es como si lo fuera a llevar a la cena de Acción de Gracias Vanessa: Espera, ¿para qué te llamé? Yo: ¿Había una razón para todos estos halagos?

242


Vanessa: Ah sí. Eso es… es la actitud, Dagmar. Ese blog es horrible. ¿Tomas drogas? Porque se lee como si estuvieras drogada con goof-offs. Papá prácticamente lloró cuando leyó un poco. ¿Y ahora la vida de nuestra familia va a estar en algún tipo de sucio programa televisivo? Horrible. Si Renesmee alguna vez avergonzara a la familia de esa manera, yo… Colgué. ¿Qué diablos era un “goof off”? Esa palabra había venido totalmente de papá. Sonaba como jerga de 1962. 527. ¿Dónde siquiera conseguiría estos “goof-offs”? 528. No, en serio, era totalmente el momento en mi depresión-barra-éxito para empezar un encantador hábito de drogas Por supuesto, no incluiría a nadie de mi familia en el libro o el programa de televisión. Ni siquiera para burlarme del nombre de Renesmee. No era su culpa. Era la de Vanessa. Lentamente, entré en la cocina por un nuevo envase de helado. 529. Estaba en una limpieza de materia grasa Ugh, no era tan monstruo como para no entender por qué estaban molestos con algunas cosas del blog. Pero en serio, ¿no sentirse orgullosos de mí en absoluto? No me habían felicitado. Ninguno de ellos. Ni una vez. El hecho de que no estuviera siguiendo el guión de vida de la mujer Kostopoulos era el mayor pecado que alguna vez había cometido. ¿La peor parte? Digamos que me casaba y paría a un pequeño monstruo. Lo habría hecho por mí, pero todos asentirían y dirían “Sabía que averiguaría su verdadero propósito con el tiempo”. Aunque… mis hijos nunca serían tratados tan bien por su abuelo como lo eran los de Vanessa. Sabía eso. Los niños del chivo expiatorio serían siempre nietoschivos expiatorios. El matrimonio y los niños no me molestaban… era la idea de que nada más tenía significado para una mujer lo que me hacía correr a una comuna criminal llena de mujeres en la playa donde tomaríamos goof-offs y nunca más nos afeitaríamos. 530. Nueva idea de negocio: Isla Goof-Off Mi teléfono sonó. Lo ignoré. Un tiempo después, cuando me senté a una noche solitaria de Netflix con Myrtle, finalmente escuché el mensaje. Vanessa me informó, durante cuatro largos minutos, que si iba a lucrarme con la historia de su vida, debería al menos darle todo el dinero porque tenía hijos y necesitaba el dinero más

243


que yo. Que si gastaba el dinero que había ganado, una persona sin hijos, sería un desperdicio. Vaya. No importaba que el marido de Vanessa llevara a casa más dinero del que podían usar. Nop. 531. Enhorabuena en su día de pago, pero transfiéralo a alguien más valioso, y además es usted un pedazo de mierda Ya había decidido ayudar a mi sobrina y sobrino con la universidad, pero probablemente lo mantendría en secreto por un tiempo. No podía dejar que Vanessa pensara que sus demandas funcionaban. Hice una apuesta conmigo misma a que el próximo mensaje sería de mi padre exigiendo que le diera a Vanessa todo mi dinero mientras me decía que la razón de mi éxito era vergonzosa. 532. La llamada llegó quince minutos después 533. Nueva idea de negocio: Añadir una psíquica a la Isla Goof-Off Papa había conseguido totalmente su deseo, sin embargo. Caí en el sofá y sollocé sobre mi inutilidad mientras el gato se comía mi cabello.

244


Capítulo Veintiuno Desastres del Quinientos treinta y cuatro al Quinientos cuarenta y ocho Marzo sin Yash

P

asé una semana en Palm Springs con Mel y Khandye Kardashian. Festejamos como estrellas de rock por la noche, y durante el día inventamos nuevas e interesantes maneras de poner la quinua en jarras de cristal. ¡Finalmente experimenté una tarde de baño desnudo! Me despojé de bragas con las dos mujeres (afianzamiento) y dos miembros masculinos de los Avengers (lujuriosos) mientras estaba rodeada por un grupo de personas ricas y hermosas que no tenían otras actividades aparte de entrenar y esnifar cocaína. 534. Apenas recordaba eso. 535. Pero había sido divertido. 536. Aunque, no habría terminado en la cama con estrellas de cine. 537. Mi culpa. Los Avengers habían sido realmente dulces. Escucharon toda la historia sobre Yash y me dijeron que realmente debería importarle para estar tan molesto. Si no le hubiera importado, simplemente habría seguido follándome. Entonces lo dijeron. Agregaron que les encantaría follarme. 538. Lloré entonces, era una súper mata-erecciones. Tanto por mi reputación como una mala, mala chica Aunque había dejado que uno de los Avengers tomara mi seno. Porque, vamos. En el lado positivo, Khandye y yo habíamos creado una nueva ensalada de jarra Mason. Lo llamábamos Breakup Bonanza: tres donas se deslizaban sobre un vibrador de conejo. Una vez que comiste todas las donas. Y lavabas el vibrador… 539. Podrías llorar en el frasco vacío así atraparías tus lágrimas Al menos mi vida laboral estaba yendo bien. Khandye era una buena dama, pero la semana había sido surrealista. En las fiestas en la piscina, las más populares de la ciudad en nuestro bungaló alquilado, yo era la persona que la mayoría de la gente quería conocer. Yo. Me dijeron que había

245


inspirado a alguien a terminar una mala relación, o intentar un trabajo de ensueño, o empezar a pintar de nuevo. Significaba mucho que mi… 540. Literal Espectáculo de mierda hubiese hecho una diferencia positiva para los demás, y sus historias ayudaron a dar forma al libro tal como lo escribí. También blogueé sobre estos testimonios. 541. Yash tenía que leer el blog, ¿verdad? 542. V 543. E 544. R 545. D 546. A 547.D? Una tormenta de nieve azotó Nueva York la noche en que regresamos de la costa oeste. Me escondí en mi albornoz ahora crujiente y traté de llorar, pero parecía que ya estaba marchitándome en una solterona seca. Así que elegí una búsqueda diferente. Llegué a las entrañas de mi correo electrónico y saqué lo único que había estado evitando: el segundo libro de Yash. Lo había enviado justo antes de que nuestra relación hubiera conseguido un Titanic. En este escenario, él es Leonardo DiCaprio, y yo soy el iceberg. No había abierto el libro porque pensé que ya no tenía derecho a leerlo. Pero no me estaba hablando, y nunca lo compartiría, así que, qué demonios. ¿Cuál era el daño? Ya le había arrancado el corazón. Bien podría clavarle un estilete. Me zambullí en una nueva cubeta de helado mientras vacilaba. Vacilación, vacilación, vacilación. Aunque cómo tenía los medios para vacilar —mucho menor tres veces—, era un misterio. Mis emociones se habían convertido en una espuma, y la espuma se había solidificado como grasa congelada en la parte superior de un estofado. Mi corazón lo anhelaba cada instante desde mi despertar. Anhelar, anhelar, anhelar. Demonios, incluso cuando dormía, mi corazón hacía imágenes suyas para mi mente. Anhelé escucharlo nuevamente, y no pude luchar más. 548. Abrí el libro solo para escuchar su voz Ohh, estaba lleno de acción y sinceridad, y diversión a veces, era sobre tres mujeres indias que limpiaban una instalación científica. Encontraron una máquina

246


del tiempo y la usaron para tratar de evitar el genocidio sij de 1984 19. Las mujeres eran de mediana edad, valientes y luchaban por sobrevivir, y arriesgaron sus vidas para tratar de salvar a sus familias. No lo dejé durante dos horas. Después de eso, el sueño me abandonó por completo. Después de agitarme un rato en la cama, saqué mi computadora portátil y di vueltas en la sección de comentarios del último blog que había puesto. Respondí a las preguntas de la gente y me disculpé. Pero luego un nombre de usuario saltó hacia mí. Se llamaba “Tentáculos de Scully”. Di un grito en el departamento vacío, y Myrtle corrió al otro extremo de la cama. Era él, era él, era él... ¡y quería que lo supiera! Busqué otros comentarios de este usuario, pero solo había uno.

No entiendo por qué no pudiste decirle a Sexy Sex Chico Escritor la verdad. ¿Por qué ir tan lejos con el engaño? ¿Pensaste tan poco de él que no se merecía la verdad? ¿Para que tomara una decisión por su cuenta? ¿Crees que nunca había pasado por un momento difícil en su vida? Si era la mitad de genial de lo que dijiste aquí, entonces merecía saberlo. PD: Bien por el pájaro.

Fue solo después de que caí de espaldas contra la cabecera que me di cuenta de que estaba acurrucada alrededor de la computadora, tensa como un perro gruñendo. Empecé a reír PD: Bien para el pájaro. ¡Jajaja! Mi risa me devolvió a Myrtle, y caminó directamente sobre mi regazo, medio cubriendo el teclado. La espanté para poder escribir una respuesta. Es mejor solo hacerlo antes de sobre-analizarlo hasta la muerte.

Estimado Tentáculos de Scully,

Fue provocada por el asesinato de Indira Gandhi a manos de dos de sus guardaespaldas. El asesinato había sido motivado por las represalias de la Operación Estrella Azul, en la que el ejército de la India atacó a un grupo de militantes sij refugiados en el Harimandir Sahib, el santuario más sagrado del sijismo. En los disturbios antisij que se produjeron tras la muerte de la Primera Ministra, durante los siguientes cuatro días, casi 3.000 sij murieron en diversos actos de violencia. 19

247


Suenas impresionante, y transmitiré tus mejores deseos al pájaro. Era un ave muy inteligente y precisa, y yo, un objetivo digno. La verdad es que fui una cobarde. Pensé que perdería SSCE si sabía que le había mentido. La mentira fue tonta e inocente en la primera noche. Una tonta mentira de bar para escapar de mi vida, que había tocado fondo ni tres días antes. SSCE es maravilloso, el hombre más maravilloso que he conocido, y perderlo me aterrorizaba. A pesar de que las mentiras garantizaban que estaría lo suficientemente enojado como para echarme, me había engañado al esperar lo contrario. Se merecía más, se merecía algo mejor, y lamentaré mi estupidez siempre. Y ahora, solo rezo para que sea feliz, porque se lo merece. Lo amo mucho, y siempre lo haré.

Presioné Publicar y no pegué un ojo.

248


Capítulo Veintidós Desastres del Quinientos cuarenta y nueve al Quinientos sesenta y ocho Ppppppppfffffffffff

A

finales de abril, me hice un tatuaje —algo que siempre había querido hacer, pero había sido demasiado gallina para decidirme. Había tuiteado la pregunta sobre alguna buena artista femenina del tatuaje en Nueva York. Junto con las respuestas estaba DirtyLinens, pidiendo una entrevista en exclusiva mientras me tatuaba. Mel y Marlene se volvieron locas por la publicidad gratis. Marlene se aseguró de poner el libro en una gran temprana pre-orden para aprovechar mi tatuaje. Mi tatuaje no iba a ser ninguna pieza salvaje de arte surrealista. Había decidido unos signos de exclamación en la parte trasera de los hombros. Probablemente demasiado estúpidamente literal, como habían dicho muchos seguidores de Twitter, pero lucirían genial con una camiseta de tirantes, y me recordarían no volver a quedarme callada cuando quisiese gritar a todo pulmón. El día decisivo había llegado. Un sábado. Me levanté el fin de semana, y como hacía la mayoría de mis días sin trabajar, buscaba una cerveza para desayunar. Luego se me ocurrió. 549. Cervezas para desayunar probablemente eran algo malo 550. Cuando sucedía diez veces al mes Tener diversión o ahogar las penas era una cosa, el alcoholismo era otra. 551. El alcoholismo era para viejos escritores masculinos Ugh, ¿cierto? Así que tomé la evidente no desastrosa decisión de dejar de beber diariamente. 552. Aunque todavía lloraba en la ducha 553. No nos volvamos locos con el buen progreso 554. “Tentáculos de Scully” no había dejado otro comentario A pesar de haberme asegurado a mí misma no sacar a Yash en la entrevista… 555. Ella sacó totalmente el tema de Yash en la entrevista…

249


Me tumbé sobre mis pechos aplastados en la cama médica del salón de tatuajes, con las palmas sudando. Mientras la aguja vibraba en la mano de la muy tatuada chica llamada, de entre todos los nombres, Giselle, hablé sobre cuánto había jodido mi relación soñada. Me había saboteado a mí misma porque me había convencido de que no podía terminar de otro modo. 556. Luego me preocupé en voz alta sobre tomar más ventaja de él solo al hablar Ya tenía los nervios de punta porque Anna era la que me entrevistaba. Me había asegurado de no llevar el mismo abrigo para encontrarme con ella esta vez. Y dejé mi cabeza de unicornio en casa. La aguja me soltó la lengua, porque hablar ayudaba a distraerme del dolor. Discutimos los temores en la relación, elegir un camino que nuestra familia no aprobaba, —su familia era de abogados… hasta ella—, y sobre comportarse como buenas chicas. Regularmente ella obtenía amenazas de muerte y violación en la red, al igual que yo. Era el coste aceptado de hacer negocios si eras una mujer en internet. 557. Ja ja ja. No, el mundo es terrible y no debería ser de ese modo ¡Pronto, un completo signo de admiración pulsaba en mi hombro! Nos detuvimos, así podía tomar un descanso del dolor. En serio… era una quejica. Me senté y cerré los ojos apretadamente. Últimamente parecía que siempre estaba cansada y de resaca, por la borrachera o las emociones. A veces ambas. Habían pasado meses, y mi corazón todavía era un pedazo crudo de bistec masticado por un perro sarnoso. ¿Cómo podía dejarlo ir cuando realmente nunca había sido mío? 558. Eso no tenía sentido, pero lo que sea Las palmas comenzaron a sudarme de nuevo y llevé a Anna a un lado. —Y-yo no debería estar hablando de él en esta entrevista. Es muy irrespetuoso. Él no pidió nada de esto y yo… —Está bien, está bien. —Tiró de mis brazos y me tomó en un abrazo. Mi rostro aterrizó entre sus tetas. Era un lugar muy cómodo, podía entender por qué a la gente le gustaba—. Tendremos una conversación general sobre las relaciones, no una conversación sobre una relación. Sorbí por la nariz, luchando con todas mis fuerzas por no llorar a moquear sobre sus pechos, por lo que me aparté. —Gracias. Este ha sido, sin ninguna duda, el año más extraño de mi vida. Sonrió. —Eso espero.

250


—Tengo que tener algo para el libro. Volvamos a tatuar. Puedes gastar quinientas palabras quejándote de mi baja tolerancia al dolor. —Oh, no lo sé. Parece que tienes una gran capacidad de tomar mierda dura y convertirlo en oro. Comenzamos el otro hombro con una nueva calma entre nosotras, y abrimos cervezas para ayudarme a mí con el dolor y a ella con la necesidad de una cerveza. Mi teléfono sonó. Anna estaba más cerca de él, y giró su mirada hacia el sonido antes de abrirlos de par en par. La inquietud subió por mi estómago, tomé el teléfono cuando me lo entregó. La pantalla se iluminó de nuevo con cinco palabras. La primera palabra era Yash. Casi me caí de la mesa. Me había enviado un mensaje. ¡Me había enviado un mensaje! Las cuatro siguientes fueron: ¿Esa es tu explicación? Hice un puchero. Me levanté de golpe y la aguja de la tatuadora me apuñaló. Ella gritó y yo murmuré “Lo siento” mientras acunaba el teléfono, el bendito teléfono. El color del mensaje había cambiado… ¡Me había desbloqueado! Anna abrió la boca y yo me dejé caer de rodillas a sus pies. Era una reina del drama; ¿y qué? —Por favor. Por favor, no publiques que viste eso. Si tengo alguna esperanza en el infierno de incluso volver a hacer que sea mi amigo, no puedo hacer que la gente sepa esto. Es lo primero que me ha dicho directamente desde que todo se desmoronó. Por favor, por favor, po… —Está bien. —Alzó las manos—. Está bien, creo en la causa del verdadero jodido amor. Pero si en realidad vosotros dos locos salen adelante, espero una exclusiva de la boda. —Puedes tener el primogénito que probablemente no tendré. —Uh… está bien. Ella y la tatuadora me miraron fijamente, todavía en el suelo. ¿Qué hacer? ¿Debería responder ahora? ¿Seguir haciéndome el tatuaje? ¿Actuar fría, tranquila y serena? Jajajajaja, qué demonios, no. Mis intestinos estaban a punto de explotar como un alien salido del pecho de John Hurt. Me tambaleé para ponerme en pie. —T-tengo que irme. Lo siento mucho, ¿podemos continuar la cita otro día?

251


Giselle me dio una mirada ceñuda de “eres una lunática” que obtenía a menudo de Mel. —Sí, claro. Aunque ahora te ves como un pensamiento pendiente. Sostuve un espejo frente a mí y examiné mis tatuajes parciales en el espejo de detrás. Una exclamación a la derecha, una línea parcial a la izquierda. Ella tenía razón, yo era el principio de una frase que todavía no tenía final. Ella pegó un plástico transparente sobre los tatuajes. Me puse la camiseta mientras balbuceaba: —Gracias. Gracias a las dos. Es solo que y-yo tengo… É-él… nunca pensé que sabría de él… —Ve —dijo Anna. —Ve —aseveró Giselle—. Recupéralo. Parece un buen tipo y su primer libro era genial. Sonreí. —Gracias. —Luego seguí hablando como una idiota. 559. Deberías leer el seg… 560. Me mordí la lengua para retener el hecho de que había comenzado su siguiente libro, que me había hecho llorar por su desgarrador ingenio Había mejorado. El hermoso bastardo había mejorado. Anna arqueó una ceja, claramente casi habiendo escuchado mi casi comentario. Me despedí con la mano y salí corriendo del edificio antes de que dijese o hiciese algo más estúpido. A unos bloques, bajo una débil farola, miré mi teléfono. Habían pasado siete minutos desde que había mandado esas cuatro palabras. Permanecí allí, una piedrecilla en el flujo de gente yendo y viniendo a cada lado. En mi urgencia por responder al bendito mensaje, ni si quiera se me había ocurrido… 561. ¿Qué digo yo ahora? Pasó un minuto bajo la farola. Tres. La cabeza me daba vueltas y el hombro me dolía muchísimo. ¿Cómo podía formar una frase apropiada con solo un signo de admiración? Había repasado el discurso cientos de veces en mi mente. Infinitas variaciones de explicación, des las que todas habían abandonado mi cerebelo en el momento crucial. Todo en lo que podía pensar era su risa. Todo lo que podía ver era su rostro.

252


Todo lo que podía escuchar eran sus sonidos susurrados en mi oído mientras me hacía el amor. Pasaron seis minutos. Finalmente, aterrorizada de que me bloquease de nuevo, respondí.

Yo: Porque fui una idiota. Y luego fui una idiota que se preocupaba por ti y estaba demasiado hundida. La mentira era demasiado grande, así que me desesperé por cualquier momento que pudiese pasar contigo. Debes creerme cuando digo que lo siento mucho. Y nunca, ni en un millón de años, pensé que nadie te descubriría. Por favor, mira el comienzo del mensaje sobre mí siendo una idiota.

Se me subió el corazón a la garganta, pulsé enviar. Permanecí allí, el mensaje había sido leído. Esperé por esos puntos suspensivos que mostraban que el otro estaba escribiendo. Esperé. 562. Esperé 563. Punto, punto, punto Nada. Me estremecí. La primavera no había aparecido todavía en Nueva York, y mi chaqueta demasiado ligera no estaba a la altura. El frio salió de mi boca. Me rodeé con los brazos, el teléfono todavía en mi mano y comencé a caminar hacia casa. En realidad, el frío se sentía bien. 564. En el frío, podía fingir que mis temblores eran por la temperatura, no por el terror Me detuve repentinamente en otra farola, la persona detrás de mí tirándome al suelo con un “¡Muévete!”. Me levanté, sacudí el polvo de mis manos y le envié a Yash otras dos palabras, porque no podía no hacerlo.

Yo: Te amo

565. Esperé 566. Esperé… Las lágrimas deslizándose de mis ojos 567. Esperé… Mi corazón partiéndose en dos

253


No, ya se había roto. Mi corazón permanecía hecho trizas en mi pecho, un juego Plinko donde caían, caían, caían. Nada. Esa noche fue la peor en mucho tiempo, porque antes podía haber habido el más mínimo brillo de esperanza, pero yo había dicho lo jodidamente incorrecto, y él había respondido con exactamente nada. No había suficiente crema de mantequilla en el mundo.

* El día siguiente, mis ojos se hincharon por ser golpeados por los sentimientos, logré arrastrarme al trabajo. Mi teléfono se había convertido en un accesorio permanente en mi mano, solo en caso de que él enviase otra palabra. Pero hoy una cosa era diferente a ayer, todavía estaba desbloqueada. Él no había cerrado la puerta. Oh, el pensamiento aceleró mi corazón, por no mencionar a mi cuerpo hambriento de amor. No me había cerrado la puerta, aunque no estaba dando un paso a través de ella. No mencioné nada de esto en mi blog. Hoy había salido otra pieza, sobre hacerme el tatuaje. La había escrito antes de irme a tatuar y la gente estaba exigiendo imágenes. Amablemente Latisha tomó una imagen del símbolo tatuado completo y subí el post con ella. Ahora, el blog 666 era un negocio editorial porque nos lucraríamos con el eventual libro. En los comentarios querían saber por qué solo tenía un signo. Pensé que mi arte a medio terminar era profunda, en algún tipo de clase de poesía de instituto. ¿Cuál debería ser el fin de mi diálogo? 568. A día de hoy, creo que sonaría como un largo pedo de perro No obstante, eso fue escrito.

254


Capítulo Veintitrés Desastres del Quinientos sesenta y nueve al Seiscientos treinta y cinco Puede que con/sin Yash

5

69. Mayo 1-5: Como demasiadas ensaladas Mason y tuve diarrea 570. Mayo 7: Lo intento con tacones de diez centímetros

571. Ahora llevo una tobillera. Auch 572. Mayo 8: Le escribo a Yash una canción de amor 573. Estaba a punto de postearla en el blog cuando Mel me arrebató el ordenador 574-577. Mayo 10-17: Adopté cuatro gatitos en cuatro días distintos Mel me quitó dos de las manos mientras murmuraba sobre mi soltería. Llamé a los míos Gray Lady y Peeves. Peeves disfrutaba molestándome y haciendo pis en cualquier lado, así que su nombre le encajaba20. Gray era gris, soy lista, y le encantaba esconderse, era muy fantasmal. 578. Mayo 18: Comencé a merodear en la floristería al otro lado de la calle del apartamento de Yash 579. Gasté doscientos dólares en flores en dos semanas 580. Vi a Yash una vez 581. Me escondí detrás de una desvencijada mesa de bonsái 582. Me gasté doscientos cincuenta dólares en un bonsái roto 583. Para cuando dejé de estar mareada por la maceta rota en mi cabeza, Yash se había ido 584. No había hablado con él 585. Y desde entonces mi tobillo y cabeza estaban heridas 586. Mayo 19: Fui a la presentación de un libro del editor de Yash 587. Recibí mofas de los amigos de Yash 588. Accidentalmente eché mi cabello a la boca de un tipo

20

Peeves quiere decir Molestias.

255


589. Me insultó, y todos se alejaron mientras se reían de que no querían terminar en mi libro de mierda 591. Mayo 20: Intenté escribir más de mi libro de mierda, pero en cambio lloré 592. Espié por Facebook a los horribles amigos de Yash con Mel Imprimimos sus feas fotografías y les dibujamos barbas. Eso fue bastante divertido. 593. Mayo 22: Después de resistir durante semanas y semanas, le envié un mensaje a Yash. Le envié un enlace a un divertido artículo sobre la caída de una estrella que odiábamos mutuamente 594. No contestó 595. Mayo 23: No contestó 596. Mayo 24: No contestó 597. Mayo 35: Mel me quitó el teléfono 598: También… 599. Jodidamente no contestó El 27 de mayo, Mel y yo hablamos en una conferencia de libros. La nuestra era una sesión sobre mujeres rompiendo las normas en la publicación y encabezando nuevas direcciones. El lugar estaba lleno, y mi urgencia de vomitar casi ganó. De algún modo, logré subir al escenario sin vomitar sobre la audiencia. ¡Victoria! Desafortunadamente, no había planeado muy bien mi atuendo, y… 600. Vestir una falda demasiado corta para sentarse en el taburete demasiado alto que habían puesto para nosotras 601. En serio, esta cosa se alzaba unos dos metros y medio del suelo 602. O algo así… 603. Tuve que sentarme de lado con las piernas cruzadas 604. Mel seguía mirándome mal porque mis pies estaban en su espacio 605. Me caí del taburete una vez 606. Luego el moderador me hizo una pregunta sobre Yash que habían acordado no hacer 607. ¡Estúpido moderador! ¡Lo había hecho completamente a propósito! Una vez que volví a subirme al taburete, era algo bueno que llevase una bonita ropa interior, la audiencia se sentó en silencio y esperó. Por mí. El moderador repitió la pregunta. “¿Te arrepientes de poner a tu exnovio en el foco de interés?”.

256


Se me secó la boca. Mi lengua se derritió en algún tipo de pegamento, manteniendo mi boca cerrada. Mel estiró el brazo y me tomó la mano. Con un apretón de apoyo y usándola como lastre, me levanté para responder. Me lamí los labios. —Fui una imbécil. Así que, sí, lo lamento. El público se rio un poco. Mel me dio una sonrisa de amiga orgullosa, y seguí hablando: »Realmente no estoy segura de por qué esa pregunta es relevante. Hoy estamos aquí para hablar de las mujeres rompiendo barreras, y me haces una pregunta sobre un novio. Pero aquí está la cuestión; las mujeres han estado ahí, siendo increíbles, redefiniendo libros y el mundo a lo largo del tiempo. Nosotras aquí en este escenario no somos nuevas. Virginia Woolf dijo: “Durante la mayor parte del tiempo, anónimo ha sido una mujer”. Ahora comencé a pasearme, un micro sin cables en el vestido. »Nosotras inventamos la ciencia ficción. Nosotras inventamos a los superhéroes. Somos increíbles, y, quién lo sabía, somos personas. Nosotras hacemos las cosas innovadoras, pero también la jodemos. Cuando lo tíos la joden, puede ser considerado romántico. Oh, mira; él se está esforzando. Dale una segunda, tercera, cuarta oportunidad. Dale más dinero… mierda, ¿cuántas veces ha quebrado Donald Trump? Pero cuando las mujeres la joden, es el fin del mundo, y no es posible. Yo fallé de todos modos. Así que hice un cambio radical, y escribí sobre mis imperfecciones, de ahí que hoy esté aquí. Y sí, realmente jodí mi relación con el mejor hombre que haya conocido jamás. Él no se lo merecía ser delatado en un maldito vídeo en YouTube. Gracias, imbécil, por hacer eso. —Hice un corte de mangas a la audiencia y estallaron en aplausos. Comencé a reír, como hicieron detrás de mí. »Tal vez las cosas realmente están cambiando para las mujeres, porque tengo seguidores por joderla. Tengo cientos y cientos de fans, aunque he cometido algunos errores bastante graves. Especialmente las mujeres me dicen que las he inspirado para tener menos miedo a fallar. Eso me enorgullece. Pero los fans del error no lo hacen menos error, y sí, de nuevo, estoy realmente arrepentida con ese hermoso hombre que me permitió ser su amiga por un tiempo. Me giré hacia el moderador. »Solo vine a esta charla bajo la aceptación de que a él no se le metería en esto… quiero que se sepa. Tú la jodiste. Y ahora te preguntaré, ¿te arrepientes tú de poner a mi exnovio en el foco de interés hoy?

257


La habitación se volvió loca. Al menos el moderador tuvo la temeridad de parecer avergonzado. Volví hacia mi taburete de la muerte. »A los hombres se les dice que lo logren. A las mujeres se les dice que se comporten. —La mesa redonda a mi alrededor estalló en susurros de acuerdo—. ¡Es cierto! Y aunque me arrepiento de hacerle daño a alguien que amo, no me arrepiento de mis aventuras de desastres. Porque, para mejor o peor, ahora tengo menos miedo. Ahora estoy más lista para tomar desafíos salvajes. Ahora me preocupo menos de las opiniones externas, y más por las mías. Si tengo una cosa que decirle a esta audiencia, es que no solo se comporten para complacer a los demás, sino comportarse de un modo que complazca a uno mismo. Porque ese error que cometes para tu corazón es muchísimo más fácil vivir con eso, que un error que viene de otra persona. La habitación aplaudió, gritó y alabó. Volví a sentarme y le di la palabra a otra de las increíbles mujeres de la mesa, muchas de las cuales tenían un mensaje muy similar: Escucha tu propia voz, se fiel a ti misma y ayuda a empoderar a otras mujeres a hacer lo mismo. Hacía meses, nunca habría caminado por este escenario llamándole a la gente imbéciles y diciéndole al famoso autor que moderaba que, básicamente, se callase. Pero hoy llevaba un sinuoso vestido amarillo y dije mi verdad, lo bueno y lo malo. No un error. Mientras las otras mujeres hablaban, escaneé la audiencia en busca de rostros familiares. Había muchos. Marlene también había venido, y gritó más que nadie. Me encontré con su mirada y me guiñó un ojo. Caray. Mi jefa-barra- editora, hoy con cabello naranja, aprobó mi discurso. Sonreí a unos cuantos detrás de ella y… Mierda, era Yash. ¡Yash! 608. Me incliné hacia Mel, me empujó derecha con el ceño fruncido Apreté su brazo y apresuré mis disculpas mientras intentaba no atraer la atención. Pero él estando allí me había descolocado. Yash llevaba una gorra muy calada, lentes tintadas y una bufanda que no necesitaba en el interior. En el pasillo, en la mitad trasera. Se había alejado de la gente sentado junto a él, pero reconocería esa barbilla y esa nariz, en cualquier parte. Bajé la mirada al suelo, a no ser que me atrapase mirándolo. Santa gominola.

258


Santo queso. ¡Santos donut envuelto alrededor de un vibrador! La esperanza, un río escondido con millones de saladas lágrimas secas, corrió con agua limpia y fresca. Mi corazón intentó bailar y vomitar al mismo tiempo, como una chica borracha en una despedida de soltera. El resto de la charla pasó en un borrón de lujuriosa esperanza. 609. Probablemente no dice mucho sobre mi feminismo que estuviese pensando en un chico en lugar de la importante discusión filosófica de las mujeres en el lugar de trabajo En cuanto la habitación aplaudió el final de la charla, me deslicé con gracia, er… 610. Caí De mi taburete y me dirigí directamente a Marlene bajo el pretexto de hablar con ella. Mientras le daba un abrazo, me puse de puntillas para espiar la localización de Yash sobre su hombro. ¡Oh, no! ¡Ya había llegado a la salida! 611. No 612. No 613. ¡Noooooo! Con un rápido “Te lo explicaré más tarde” a Marlene, lo seguí por la puerta. Alguna gente quería charlar, —oh, qué agradables—, y los saludé con la mano. —¡Volveré en seguida! —indiqué mientras lo seguía por el bloque. De ningún modo dejaría que alguien viese esto y lo filmase. 614. Malditas redes sociales 615. Excepto cuando me ayudaban —¡Oye! —grité, ni siquiera queriendo usar su nombre. Se detuvo en el medio de la acera. ¡Se detuvo! Oh demonios… el corazón se me había salido del pecho y en este momento estaba saltando a su pierna. Me acerqué lentamente, como lo hacía con mi gata, Gray Lady. 616. Por supuesto, ella siempre huía 617. Honestamente, me volvía insegura —Yash —susurré. Giró la cabeza, e incluso desde su perfil, vi su lucha de irse o quedarse. Contuve el aliento, tan asustada de hacer lo incorrecto que me paralizaba.

259


Finalmente se giró por completo y casi estallé en lágrimas. Me apreté el pecho con ambas manos, era tan hermoso. Con una pequeña negación, se quitó las gafas y me golpeó con una mirada de dolor mezclada con enfado. —Lo siento —dije. Ondeó una mano. —Suficiente de disculpas. Lo que hiciste no puede arreglarse de ese modo. Una solitaria lágrima se deslizó por mi mejilla. 618. Habría sido poético si yo no fuese la villana Respondí: —Lo entiendo. Por favor, conoce que todo lo que pasó entre nosotros fue la verdadera yo. Solo… un nombre diferente. Un trabajo. Y cortinas… Se rio. ¡Se. Rio! Me temblaron las rodillas de felicidad, pero volví a juntar esas articulaciones libertinas para mantenerme de pie. —Cuando nos conocimos, había sido despedida por no follarme al jefe. Mi novio infiel acababa de abandonarme con un apartamento que yo no podía afrontar. Así que me escondí en Giselle. Se suponía que fuese temporal. Su rostro se ensombreció. —Fui agradable con un gato por ti. Sigo encontrando pelaje de gato en mis cosas… —Dio un paso adelante—. Te exhibiste ante toda la audiencia en ese vestido sexy. —Yo… lo siento… ¿gracias? —¿Sexy sex chico escritor? ¿De verdad? Parecía que no podía meter aire en mis pulmones. —¿Era un cumplido? —¿Me lo dices o me lo preguntas? —Uh… —La gente me está acosando por tu comportamiento. Diciéndome que lo que hiciste fue romántico. —Lanzó esas palabras como si le supiesen a rancio—. Mentir no es romántico, Gis… Dag… ¡Lo que sea!

260


—Lo s… —¡Pero en parte lo fue! —¿Qué? Con un gruñido, se llevó las manos a las caderas y se miró los zapatos. —Quiero decir… hiciste todo ese esfuerzo. Solo para… seguir viéndome. El corazón me dio un vuelco. —Sí, lo hice. —¡Pero simplemente no puedes adoptar identidades sexis y maravillosas que te convengan! —Lo s… —¿Siquiera tienes una hermana gemela? ¿O todo ese drama familiar fue solo para alimentar posibles libros? —¡No! —Ahora estaba comenzando a enfadarme—. No, eso fue cien por cien real. Odian el blog, el libro y todo casi tanto como tú. —Me reí, una risa corta y amarga—. Tal vez todos deberían comparar notas sobre cómo soy de lo peor. Su comportamiento se resquebrajó. Lo vi sentir lástima por mí, odiarme, desearme. Luego comenzó a alejarse. ¡No, no, no! Se estaba rindiendo, podía sentirlo. Y también que no podía apartar la mirada de mis tetas. Hablé en un torrente de palabras vomitadas: »Mira, Yash. Solo… se hundió en espiral. Cuando averigüé quién eras y que, de entre todas las cosas estábamos en el mismo trabajo… no quería ser mi yo normal, mi yo sin trabajo, de ropa interior práctica y una perdedora. Blade dijo que nadie querría quedarse con una doña nadie aburrida como yo, así que, ¿cómo podía ser Dagmar contigo, cuando ella era… Entonces perdí completamente la respiración y mi rostro se paralizó. Eso era. Esa era la razón por la que nunca fui sincera con Yash… 619. En lo más profundo… había creído cada palabra odiosa que Blade me había dicho 620. Pensé que, si era yo misma con Yash, él nunca querría quedarse con semejante pedazo de mierda »Oh, Dios mío —susurré. La horrible derrota de todo ello casi hizo que me cayese. —¿Qué demonios es un… Blade?

261


Miré de nuevo a Yash. —Mi ex. Él me dijo que nadie me querría jamás… porque era aburrida, crédula y… —¿Aburrida? —Casi se le salieron los ojos de las órbitas—. ¡Eras una ardiente timadora con un libro y un programa de televisión! —¿Piensas que soy ardiente? Alzó las manos. —Arg, ¿qué estoy haciendo? Yo… Esto es de locos. Debes estar loca. ¡Y los gatos apestan! Se marchó y no corrí tras él. La realidad me había azotado en las espinillas y ya no podía hacer que mis piernas funcionasen. Puede que haya sido “ardiente”, pero también era una completa y total estúpida todavía bajo el dominio de un hombre al que había dejado convencerme de que era una inútil. Hacía tiempo que Yash se había ido cuando sonó el teléfono… —Hola, Mel. —Saliste corriendo. —Sí… Yash estaba aquí. Hablé con él un momento y me he dado cuenta de algo importante… —Estoy segura de que es súper profundo, cariño, pero tu amiga Latisha está enferma de gripe, creo, ¿puedes ayudarme a llevarla a casa? Me di la vuelta y comencé el camino de regreso. —¡Por supuesto! Le debo mucho… ha estado lidiando con mi mierda desde que conseguí ese trabajo. Mel se rio. —Puede unirse a mi club. 621. Colgué ante tal verdad

* Horas después, Mel y yo nos sentamos en el suelo de la sala de estar de Latisha mientras ella estaba desplomada en el sofá. La habíamos urgido a que descansase en la cama, pero había estado allí durante horas y quería compañía humana. Casi

262


seguro era una gripe de veinticuatro horas, la pobre temblaba y se estremecía, apropiado para partirse en dos. Latisha se sentó y tomó la sopa de pollo que le ofrecía. —Gracias por quedarse conmigo. Mi novia está en Hawaii durante una semana con su familia, la mierda. —Debería habernos llevado a todas con ella —comentó Mel, y asentimos con un acuerdo mudo. —Fue un gran discurso el de hoy, Dag. —Latisha logró mostrar una pequeña sonrisa—. Estoy contenta de que te enfrentases a ese moderador. No debería haberlo preguntado. Asentí. Mel comenzó a charla sobre lo imbécil que fue mientras buscaba en internet para ver si alguien había grabado mi sermón. —Estás callada —me dijo Latisha. —Solo quiero asegurarme de que estás bien, compañera de oficina. —Eh, he estado peor. Mel inclinó la cabeza hacia mí. —Está analizando lo de Yash. Estuvo aquí hoy. Latisha se sentó. Bueno, lo intentó. Fue una sacudida muy poderosa. —¡Dime qué sucedió! Mi expresión se desmoronó. —No, no. Nada de mi drama hoy. Estás enferma y… —Oh, shuh. —La enferma volvió a colapsar en el sofá—. Estoy enferma e infeliz, no es que no me estén entreteniendo, y te ordeno que me hables sobre tu estúpido drama. Tengo que saberlo de todos modos, como tu editora. Así que escúpelo. Mi relación va viento en popa y llena de amor. Negué. —Eso es simplemente asqueroso. —Sí —añadió Mel. Latisha sonrió mientras tosía. —Entonces, ¿te habló? Me recliné y mordisqueé un bagel. —Sí. Lo hice reír, y me llamó ardiente.

263


—¿De verdad? —dijo Latisha en un jadeo. —No es tan disparatado como que soy caliente, ¿está bien? —Le lancé medio bagel y lo tomó y le dio un mordisco—. Pero terminé la charla abruptamente… porque… arg… —¿Qué? —Mel me golpeó en el brazo. —¡Auh! —Me aparté de ella—. De repente me di cuenta de por qué saboteé mi relación con Yash. Dos pares de cejas se arquearon con expectación. »Mi ex dijo cosas muy desagradables el día que se fue. Me dijo que era aburrida e inútil, y que nadie me querría. Y, aunque nunca me lo reconocí a mí misma… lo creí. —Miré el suelo e intenté cerrar los ojos con fuerza para mantener las lágrimas a raya. Mel me rodeó los hombros con el brazo y me apoyé en ella. —Así que —dijo ella—, continuaste como Giselle… —Porque Dagmar era demasiado horrible para que Yash siguiese interesado. —Eso es jodido —comentó Latisha, diciéndolo todo—. Has pasado meses sintiendo pena de ti misma. ¿Qué vas a hacer al respecto? Levanté la mirada a sus cansados ojos enrojecidos. »¿Qué vas a hacer al respecto? —Dejó el recipiente de sopa sobre la mesa—. Si te llamó caliente y todas esas cosas, y vino a la charla de hoy, ¡entonces te quiere recuperar! ¿Qué vas a hacer al respecto? No me hagas preguntártelo de nuevo. Necesitamos terminar este libro, y será mejor que sea un final feliz. Quiero un yate antes de cumplir los cuarenta. Me quedé boquiabierta, el aturdimiento dejándome sin palabras. Mel se sentó apoyada sobre los brazos. —Me parece que puedes seguir como estás, dejándole patéticos mensajes en el blog y rezándole a tu santuario. 622. —¡No es un altar! —mentí sobre el contenido de mi altar de Yash 623. Una vieja camiseta que él había usado 624. Selfies de nosotros 625. Y la copa sucia de vino que él había usado la última vez que vino 626. Nada patético 627. ¡Dije que no!

264


—¡O! —exclamó Mel dándome una patada amistosa en mi dirección—. O puedes ir a por él. —¡Sí! —afirmó Latisha. Luego tosió y colocamos más mantas alrededor de la pobre chica. —¿Cómo voy a por él? ¿Quieren que ponga In your eyes en un equipo de música mientras me quedo bajo su ventana? —¡Demonios, sí! —chilló Latisha mientras se ponía de rodillas. —No, no, no. —Sacudí las manos—. Nooooo. Alguien lo subiría al maldito YouTube. La gente es de lo peor. Mel me tomó por los hombros. —Yash se enamoró de una chica extraña, descarada y caliente que tenía valor y fuego. ¡Que expuso a un violador al mundo! —¿Y ahora qué? —preguntó Latisha. 628. —Nada —contesté —Si quieres recuperarlo —mencionó Mel—, necesitas volver a ser Giselle. Salvaje, timadora de gatos, la Giselle que volaba a Hawaii. Haz un gesto. Hazle saber que eres ella. Ambas me miraron con esperanza. Y tal vez un poco de ambición. ¡Pero sobre todo esperanza! —Obviamente él ha estado leyendo el blog, Dag —señaló Latisha—. Vino a la conferencia. Desbloqueó tu número. Te quiere de vuelta. Tienes que hacerle saber que estás involucrada. —No. —Negué y cerré los ojos con fuerza—. ¡No! Me metí en este lío siendo ella. Mel pasó de sacudirme a golpearme en el brazo. De nuevo. —¡Lo conseguiste por primera vez mintiendo! No lo habrías conseguido y perdido y tenido la opción de recuperarlo sin mentir. Me froté el daño en el brazo mientras analizaba esa frase hasta entenderla. —Pero… ¿no se suponga que esté aprendiendo una lección sobre mentir, y honestidad… y mierda como esa? —Nah —desdeñó Latisha—. Las chicas buenas nunca tienen éxito. Tienes que tener un pequeño diablo dentro de ti en alguna parte, incluso si solo es lo suficiente para no dejar que la gente te pisotee.

265


—Amén —coincidió Mel. Una inundación de indecisión daba vueltas en mis entrañas. Aparté a Mel de mí y me tumbé en el suelo. Caray, Latisha mantiene el suelo realmente impoluto. Tenía miedo de desconcertar a Yash con más actitud taimada. 629. Pero de nuevo 630. ¿Qué tenía realmente que perder? 631. De todos modos mi vida estaba falta de sexo y amor Me levanté. —Está bien. ¿Qué es lo peor que puede suceder? 632. —Puede decirte que te vayas al infierno —dijo Mel 633. —Que se case con otra persona como desprecio —intervino Latisha 634. —Que te lance al océano 635. —Que se haga un tatuaje en la frente que ponga: Odio a Dagmar —¡Está bien! —exclamé—. Lo entiendo, son muy graciosas. —Ahora dame más galletitas saladas, galletitas saladas —pidió Latisha—. Y consígueme el mejor final de un libro desde El diario de Bridget Jones. —El señor Darcy —dijo Mel. Todas suspiramos. Y cuando terminé de suspirar, comencé a formar un plan. Bueno, Giselle comenzó a hacer un plan.

266


Capítulo Veinticuatro Desastres del Seiscientos treinta y seis al Seiscientos sesenta y cuatro El amor está compuesto de un alma dual que habita un único cuerpo

M

i plan tenía muchas facetas, la mayoría de ellas ridículas, y todo acompañado de un guardarropa de las más pequeñas minifaldas que podía usar sin ser arrestada por prostitución. 636. Aunque eso sería una cosa muy Giselle para hacer... Escribí un blog sobre Moaning Myrtle, acompañado de muchas fotografías. En una de ellas, la obligué a tenderse sobre el DVD de Talladega Nights, la película que Yash y yo habíamos visto juntos en la cama. 637. Tardó una hora. 638. Y dos visitas con mi antiséptico antes de lograr esa foto. También representé una foto de Myrtle sentada en un par de zapatos de hombre, procurados por mi vecino. 639. Ja ja ja. 640. Espero que se pregunte... ¿De quién son esos zapatos? 641. ¡Buaahahahahahaaa! 642. Esa risa era más malvada que la risa número 639. Lo había conseguido, aunque fue tortuoso, y yo se la devolvería siendo igual. Un poco menos tortuoso que antes, pero el objetivo se mantenía. Necesitaba a ese hombre gigante, dulce e increíble en mi cama para siempre. Amén. El día después de que lanzara mi dolorosa sesión de fotos gatunas, me comuniqué en Facebook con uno de los amigos de Yash. Esta era la parte más precaria del plan. Este tipo, Tim, fue uno de los que se burlaron de mí en la fiesta del libro, así que estaba muy emocionada por reavivar nuestra sólida y hermosa amistad. Aceptó hablar por teléfono, le conté mi plan y, básicamente, me humillé sobre lo mucho que amaba a Yash, cómo quería compensarlo, y así sucesivamente... hasta que finalmente confesó que Yash… ¡había sido miserable sin mí! —No —dije.

267


—Sí —respondió a regañadientes—. Debo admitir que tu blog es divertido de leer. ¿Realmente un pájaro se cagó en la cabeza? —Sí. Sí lo hizo. Se rio. —Sí, genial. Sin embargo, ese tipo de acoso sexual que sufriste, eso no es genial. —Gracias, Tim. ¿Entonces me ayudarás? Resopló realmente fuerte en el teléfono. —Sí. Quiero que sea feliz. Y creo que eres una buena loca. —¿Gracias? —De nada. No es bueno volando, así que lo emborracharé un poco. Tal vez le prepare un Valium o dos. —Gracias. Avísame cuando termine la preparación de tu lado. —Ya, está bien, adiós. Oh, oye… —¿Sí? —pregunté. —Entonces, ¿en qué zapatos estaba sentado ese gato? ¿En tu casa? Me llevé la mano a la boca para sofocar la risa, la malvada. —Solo los de un vecino. ¿Por qué? —Oh hombre. Esa foto volvió loco a Yash. Nos envió a todos por correo electrónico ese mensaje del gato, enloqueciéndonos por eso. 643. ¡Sí! 644. ¡Sí, sí, sí, sí, sí, sí, sí! Colgó entonces, y lo sabía... Sabía que tenía a Yash. Esperaba tenerlo. Oh, Dios, todavía lo tenía, ¿verdad? 645. ¿Verdaaaaaaad? Con Tim, y por extensión Yash, involucrado, comencé a hacer mis propios arreglos. Estos nefastos planes tomarían una parte de mi anticipo, pero si mi plan funcionaba, el dinero no significaría nada. El tiempo voló en los días siguientes. Arreglé las vacaciones del trabajo con la bendición de Marlene, sobre todo porque era en pos de Yash y, por lo tanto, su inversión en libros. Incluso me consiguió un trato en la aerolínea por mejores asientos de los que podía pagar.

268


Fui a la tintorería, al banco, a la depilación del bikini. Aburrido y doloroso, todos ellos, pero una chica tiene que cubrir todas sus bases, especialmente cuando su base ha estado fuera de servicio por un tiempo. Finalmente, pasé un tiempo en el Tribunal Civil. Por razones personales. Mel se llevaría a mis gatos por un par de semanas. Ojalá. A menos que mi plan fuera horriblemente mal, y volviera anticipadamente con la necesidad de un pelaje de gato para llorar y estornudar. Al menos nunca más volvería a tener una relación con Yash basada en el miedo. Sería honesta, y yo misma, mi mejor yo, mi peor yo y todas las versiones intermedias. Apenas pude dormir esa noche, porque a la mañana siguiente sería mi salvación o mi perdición. Pero entonces Peeves saltó sobre la cama y se posó en mi frente. No me ayudó a dormir, pero al menos el ronroneo fue agradable.

* Mel esperó conmigo en una brillante y hermosa mañana cerca del agua en el extremo sur de Manhattan. Agarró mi sudorosa mano en la suya con un mínimo gruñido. El aire olía a mar, y lo respiré, lo convertí en miedo y lo liberé nuevamente. —No va a decir que no —aseveró Mel. Asentí, con la cabeza tan ligera y débil, que podría caer y chapotear alrededor de la isla. Finalmente, quince minutos tarde, una limusina se detuvo en el helipuerto. Me puse de pie, ajusté el casquete en mi cabeza, y me tambaleé sobre los inestables tacones hacia él. 646. Aquí no pasa nada Tim fue el primero en salir de la limusina. Me lanzó una mirada lasciva que me dijo que por lo menos habían tomado un cóctel matutino en el día. Eso era probablemente bueno. Yash salió a continuación, alguien lo empujó hacia Tim, que lo hizo girar para enfrentarme. Le mostré una sonrisa que probablemente parecía veintitrés por ciento verde del terror.

269


—Bienvenido a las aerolíneas de Dagmar-Giselle. Bueno, líneas de… helicóptero. No puedo pagar un avión. ¿Le gustaría estar sentado en primera clase, señor? 647. No debería haber usado sujetador si quería que esto funcionase Yash se quedó boquiabierto, así que ladeé la cadera e intenté parecer atractiva. Se volvió hacia Tim y los otros chicos.

—¿Que está pasando? ¿Estamos volando en helicóptero a Las Vegas? —Nah, hermano. —Tim le dio una palmada en la espalda y la testosterona saltó al aire—. Creo que Giselle... ehh... lo que sea, aerolínea, es la mejor opción para ti. Sonreí y agité mi mano en el helicóptero. —¿Te gustaría ver la cabina de primera clase? Es la única cabina, y es de dos plazas, pero es muy agradable. La expresión de mi amado se desmoronó y se extendió en una pequeña sonrisa al darse cuenta que todos estábamos en ello. —¿Por qué la estás ayudando? —le preguntó a Tim. Tim se echó hacia atrás su cabello rubio y dijo: —Bueno... creo que te ama. Y nunca será aburrida, tienes que admitirlo. ¿Nunca será aburrido? Sonreí. Yash dirigió sus ojos color marrón aterciopelado a los míos, casi como si no quisiera, pero no pudo evitarlo. Había escuchado mis disculpas. Había leído mis explicaciones, excepto una. Uno de sus amigos lanzó una segunda maleta a sus pies. —¿Qué es esto? —cuestionó Yash. —Es el resto de tus cosas —indicó Tim—. Te vas a ir por más de tres días. Amigo, no habríamos escarbado el cajón de tu ropa interior en su nombre si no nos agradara. El tipo fornido que llevaba equipaje señaló a Mel. —¿Eres tan rara como ella? —Más —dijo Mel con un guiño—. Creo que sé quién será mi aventón. —Te refieres a cómo va a ser —dije. Se encogió de hombros.

270


Yash miró la nueva bolsa a sus pies. Los chicos detrás de él le hicieron señas a Mel, así que me dio un golpe en el trasero y se fue con los muchachos. A pesar de todo, Yash no me habló, no me miró. El piloto del helicóptero arqueó una ceja burlona y me encogí de hombros. Sonrió y nos dejó al lado del helicóptero para ir a fumar. 648. Hice mis planes 649. Me puse mi ridículo disfraz 650. Y ahora, esperé

Yash dio tres pasos hacia mí antes de dignarse a girar ese maravilloso rostro hacia el mía. —¿Dagmar? —dijo, tan débilmente que casi no lo escuché. —¿Ves por qué, tal vez, querría un nombre más sexy? Se rio entonces, y la esperanza alumbró tan brillante como el sol en mis ojos. Ay. No, solo era un reflejo en una de las ventanas del edificio cercano. Entré en la sombra de Yash. —Mis amigos me llaman Dag. —Entonces... —Dio un paso adelante—. Dagmar es otra mentira. Me mordí el labio y asentí. Asintió. Dio otro paso. Todavía no estaba lo suficientemente cerca como para tocarlo, pero cada centímetro de mi piel saltaba en atención a esta tentadora proximidad. —¿A dónde vamos? ¿Teóricamente? —Bueno, pensé que haría verdad al menos parte de mis mentiras, vamos a volar en la primera clase de Lufthansa hacia París. Dos semanas, todos los gastos pagados por moi. Y incluso me dejarán servirte bebidas si quieres. Aunque no con el uniforme, no se divirtieron con mis modificaciones y... Cerró la distancia entre nosotros y me besó. Y me besó. Y me besó, como algún tipo de príncipe Disney —excepto que más sucio, y con lenguas. Después de un minuto o dos, ambos estábamos sin respiración, y sus dedos clavados en mis hombros, acercándome. No me preocupé por los moratones. Podía comportarse conmigo todo macho alfa cualquier día de la semana, y tres veces el domingo. Le rodeé el cuello con los brazos más feliz en ese momento de lo que quizás había sido en toda mi vida. Estar presionada contra su cuerpo estaba claro que no dolía.

271


Para cuando me dejó ir, me dolía la boca, y mi corazón se sentía tan ligero como el rayo de sol cegándome el ojo, maldición, de nuevo. Giré su espalda hacia el resplandor. —Dímelo —exigió—. Dilo tú, extraña, divertida y loca de los gatos, Dag. Dilo. Las lágrimas se liberaron de mis ojos. —Te amo, Yash. Negó. —Ese no es mi nombre. Di un paso atrás. —¿Qué? Su rostro se arrugó en una sonrisa. —¿Ves? No es divertido. Sí, es mi nombre, señora chiflada. —Lo tomo como un cumplido. —Sacudí el brazo de nuevo, en mi mejor intento de azafata y subió al helicóptero. Después de una rápida búsqueda del piloto, estábamos a punto de irnos a JFK. Yash sujetó los lados de su asiento después de ponerse los auriculares. Los nudillos se le pusieron blancos y su respiración se aceleró. —Nunca he estado en un helicóptero. —Yo tampoco. —Separé una de sus manos y la sostuve en mi corazón—. ¿Tim te dio un Valium? —Sí. —Tómalo. Dios inventó las drogas, así no teníamos que lidiar con nuestros miedos nosotros solos. Se lo tomó. Las aspas se activaron y Yash me rodeó el cuerpo con un agarre de muerte. 651. Uh… “agarre de muerte” suena horrible en un artefacto de vuelo En un agarre de vida. Mientras comenzamos a alzarnos en el cielo, le hablé a través de nuestro canal en el micrófono: —Te amo, Yash. Simplemente mírame. Mira mis ojos, cariño. Lo hizo, sus ojos llenos de un brillo de pánico mientras nos inclinábamos un poco a un lado. —Está bien —le aseguré—. Se supone que nos levantemos.

272


—Bieeeeeeennn —comentó, no sonando muy confiado en mis habilidades de azafata. Sonreí. —Voy a decirte un secreto profundo y oscuro, ¿de acuerdo? Vas a escucharlo todo ahora. —Perfecto —respondió. Su brazo a mi alrededor se aflojó solo lo suficiente para descompresar mis vértebras. —Es algo que ni siquiera me di cuenta hasta la última vez que hablamos. Entonces no sabía exactamente por qué seguía con esta estúpida charada para ti. Arqueó las cejas con expectación y su brazo se aflojó de nuevo. Excelente. Si mantenía su cerebro ocupado con otra cosa, tal vez no estaría tan asustado. Pasé la mano con suavidad por su brazo mientras hablaba: »Cuando mi ex me dejó, me engañó y me abandonó, se mudó a Los Angeles sin mí y sin ni siquiera decírmelo hasta que empacó… dijo cosas horribles. Dijo que era demasiado aburrida para que cualquier hombre se quedase. Que nunca tendría amor de verdad porque no era lo suficientemente espontánea o salvaje. Que me merecía el tratamiento que había obtenido, que merecía que me pisoteasen. —Eso es horrible —comentó. —Sí. Mi padre se pasó toda mi vida diciéndome básicamente lo mismo. Y, bueno, los creí. No con tantas palabras. No pensaba en mí misma como “si fuera una inútil y aburrida”, pero obviamente mi extremado giro de ciento ochenta grados prueba que lo creía. Mi comportamiento no fue completamente “Oye, haré limonada de estos limones…” fue más “Si no cambio drásticamente para siempre, moriré sola”. —Apartó su brazo de mí y me tomó la mano—. Después de conocerte, sabía que tendría que sincerarme tarde o temprano, pero… —Pensaste que la verdadera tú era deficiente. —¡Sí! Inútil, estúpida, fea. Pero ahora veo que Blade tenía razón y estaba equivocado. Mira, era un imbécil, ¿a quién le importa su opinión? Probablemente me habría engañado incluso si hubiese sido una Kardashian. De todos modos, en parte tenía razón. Necesitaba empezar a aprender cómo hacerme valer por mí misma y no preocuparme tanto por lo que juzgasen los demás. Así que, mientras muchos cambios fueron positivos, fuiste atrapado en medio de una crisis de mi cuarto de vida, lo que en realidad estoy un poco avergonzada de que me ocurriese. Negó.

273


—No lo estés. La vida es cambio. Tomas oportunidades y eso es mucho más de lo que la mayoría consigue, estoy orgulloso de ti Gis… uh, Dag. Me sentaste en una montaña rusa sin cinturón, pero estoy orgulloso de ti por… por tener esta aventura salvaje. Arrugué el rostro con dolor. —¿Puedo compensarte? —No. Jadeé y me eché atrás. Tiró de mí una vez más. —No tienes que compensarme… 652. Tus humillaciones públicas han sido muy satisfactorias 653. “Muy satisfactorio” —Sí, está bien —accedí. 654. ¿Tienes alguna imagen de ti con la mierda de pájaro en la cabeza? —¡Está bien! Me sacó la lengua como un adulto. —Oye, me partiste el corazón. Tengo derecho a un poco de satisfacción malévola. Asentí. —Lo sé. No merecías nada de esto. —Saqué el teléfono del bolsillo y mensajeé a Latisha—. Estoy bastante segura de que Latisha tomó una fotografía ese día. Debería suministrarla… enviarla bien lejos donde quisieses. —Nah. —Me lanzó una media sonrisa—. Solo quiero mirarla de vez en cuando. Para recordarme cómo nos conocimos. Puedo ver que estás arrepentida y que has pasado por dificultades. Leo tu blog, y a veces, me sentía como si solo me estuvieses hablando a mí. Especialmente los extraños mensajes escondidos. En serio, eres una mujer extraña y tonta. —Espera, te diré cómo Mel y yo acabamos con un violador por internet. Puso la mirada en la nave. —Me alegro de que te guste. No puedo imaginar las cagadas por las que habría pasado siendo de otro modo. —Recuérdalo.

274


—Sí, señora. —Me apretó la mano—. Aunque debes prometerme que nunca me mentirás de nuevo. —Nunca. Nunca, jamás. Escucharás lo bueno, lo malo y lo Dagmar. Aunque… —Alcancé en mi bolso y saqué un sobre—. Toma. Arqueó las cejas, pero lo abrió y leyó el papel de su interior. Después de un minuto comenzó a reír. —¿Realmente lo estás haciendo? —Creo que necesito a ambas, a Dagmar y a Giselle. Así que Dagmar Giselle Kostpoulos es quien seré para siempre. Y puedes llamarme Giselle cuando te sientas excitado. —Le lancé una mirada lasciva y me tomó entre sus brazos para un beso. Bueno, lo intentó, pero chocamos los micrófonos. —No. Es Dag cuando quiera algo de ese dulce trasero. Te llamaré Giselle cuando esté enfadado. No podrían haberme quitado la sonrisa del rostro ni con un mazo. —Trato. —De hecho… —Se lamió los labios y pestañeó un montón, el medicamento estaba actuando, y sus nudillos habían vuelto a su normal y encantador tono marrón—. Mi madre nunca, jamás, puede saber nuestra… encantadora historia de cómo nos conocimos. Y si alguna vez sabe de tu libro, tendremos que mentir y decir que fue otro joven, brillante y atractivo escritor. Es más, tal vez simplemente podemos fingir que eres india. —Uh… —Me reí—. Te dejaré a cargo de esas mentiras. —Bien, sí. Los niños Desi les mienten a sus padres con regularidad. Y sus padres probablemente les mienten a sus padres. Una línea de mentiras extendiéndose durante cientos de años. Pero esa es una historia para otro día. Sonreí, el rostro casi doliéndome por el gran volumen de felicidad. —Bueno, tenemos un largo viaje a París. Y dos semanas para acurrucarnos en la cama. —Me incliné más cerca—. No puedo esperar a escuchar todo de ello. Deslizó la mano por mi minifalda y provocó mi muslo. ¡Uffffffff, cuánto he echado de menos esto! Sin aliento, dije: —¿He mencionado que tu nuevo libro es brillante? —No, pero siéntete libre de hacerlo ahora.

275


—¡Es el mejor libro escrito por cualquier persona en la tierra o en cualquier parte del universo! Se puso todo vergonzoso, —tan lindo. Batió las pestañas y se miró las manos. —Puedes hacerme una cita para la portada, ya que eres una autora mucho más famosa que yo. Eres la voz de una generación. 655. Dios nos ayude a todos —¿Yash? —dije. —¿Sí, chica encantadora? —Dímelo. Yo te lo he dicho a ti, pero tú no has pronunciado… las palabras… —El corazón me latió con fuerza esperando a ver si él sentía… —Te amo, Dagmar Giselle Jodida Kostopoulos. Dios nos ayude a todos. — Levantó mi mano y la besó, provocándome un estremecimiento por sus palabras y sus acciones. ¿Podía ser real? ¿Un desastre como yo podía tener un final de cuento? Mi teléfono sonó… 656. Latisha envió la fotografía de mí, la voz de una generación, cubierta de caca y aguanieve Supongo que no era el cuento de todas las chicas, pero demonios, era mío. Le entregué el teléfono a Yash, que estalló en carcajadas e inmediatamente se envió la imagen a sí mismo. 657. Mejor que de ahora a la eternidad fuese buena con él 658. Porque era una imagen maaaaaala 659. La caca de pájaro goteó por mi nariz 660. Sucia, cabello húmedo por toda la frente y 661. Lo peor de todo 662. ¡Había tomado la fotografía desde un ángulo inferior! 663. Hola, barbilla doble Tal vez no era la portaba de un cuento. Yash todavía se reía. Como, salvajemente. Me imaginé que era por las drogas, pero ya no estaba asustado —o enfadado conmigo—, así que lo dejé pasar. Se merecía reírse de Dag, de Giselle, y quien yo fuese mañana. El helicóptero descendió en el aeropuerto JFK, y sostuve a mi Yash durante el descenso tambaleante.

276


664. Cierto que mis dĂ­as de cometer errores estaban acabados

277


Epílogo Desastres del Seiscientos sesenta y cinco al Seiscientos sesenta y siete… Un final feliz guiado a un yate

O

cho meses después. —Así que, ¿para cuándo esperamos el siguiente capítulo de los desastres de Dagmar Kostopoulos?

Marlene me hizo esa pregunta mientras estábamos a un lado de una fiesta de lanzamiento de Seis cientos sesenta y seis. Su cabello era de un rojo brillante para la ocasión y nuestra agente Lillian permanecía a su otro lado, un angelito de felicidad. Justo junto a mí saltaba mi Mel, demasiado feliz para quedarse quieta. Un pequeño foco brilló sobre nosotras y la habitación atestada esperaba con la respiración alterada por mi respuesta. Mi fabulosa jefa había alquilado todo este bar de vino durante la noche, solo para celebrar nuestro libro y no podía creer que todo esto fuese por Mel y por mí. Yash permanecía justo a un lado, con champán en la mano, sonriendo como un Looney Tunes. Un hermoso Looney Tunes cuya ropa quería arrancar con los dientes. Sostuve nuestro libro en la mano. Nuestro libro muy nuestro. Con mi fotografía en la portada. La imagen de la caca de pájaro. Parecía que encajaba demasiado para no usarla, y demonios, era más divertida que la caca de pájaro, y tentaba a la gente a comprarlo. Una imagen sexy y fabulosa de mí y Mel pareciendo agraciadas actrices de Sexo en Nueva York en la contraportada, y eso fue lo suficientemente bueno para mí. Y finalmente me teñí el cabello de un color divertido —ahora mis largos rizos oscuros hacían la transición a un azul oscuro. Me dio un vuelco en el estómago por toda la gente esperando que yo dijese algo perfecto en el momento perfecto. Dejé el libro a un lado, sobre una mesa de cáterin a mi derecha. Lo que pareció a cámara lenta, vi el libro caer. Vi la carpeta que había confundido con el borde de la mesa volcar. Vi la bebida al otro lado de esa carpeta deslizarse y deslizarse, me eché atrás, ¡demasiado tarde! ¡Ups, nooooooo! 665. El champán salpicó toda mi entrepierna cubierta de seda

278


Toda la habitación estalló en un aplauso y Yash casi se cayó de rodillas por reírse. Mel corrió a ayudar, lágrimas de risa en sus ojos, y comenzó a limpiarme mis partes de chica con una servilleta. 666. Y esa es la fotografía que tomó el New York Post. Mel frotando mi entrepierna mientras yo hacía pis de champán —Bueno —le dije a la multitud—. Eso depende de a qué desastres te refieras, Marlene. —La gente se rio. Yo me reí—. Uh… Obviamente seguiré siendo un completo desastre, sin requerir ningún esfuerzo. —¡Oigan, oigan! —gritó Latisha. Sonreí. —Aunque creo que solo tengo un error formal más que cometer 667. Por la presente, dejo de joderla El público comenzó a decir “Noooo” y “Buhhhhh”, pero los silencié. —Escúchenme. Los días de intentar acostarme con el jefe se han terminado… —Oigan, oigan —murmuró Marlene. —Al igual que intentar acostarme con hombres maravillosos siendo algo o alguien que no soy yo. Pero, como he dicho en el libro, aprender a defenderme por mí misma, en lo que creo, en lo que quiero… Esas cosas no son desastres. No lo son. Son algo valiente, incluso si el resultado no es genial. A veces, es el intento lo que puede hacer de un desastre un acto de valentía, no el resultado. Se puede ser increíble, valiente y talentosa y todavía fallar. Pero eso no te convierte en una fracasada, le sucede a todo el mundo. Notarán que nadie de mi familia está aquí. Eso es porque no creen en la persona que soy, quieren que sea otra persona. Los amo, pero permaneceré fiel a mí misma. Incluso si eso “me” cambia con el tiempo. Creo que es lo mejor que lo que cualquiera de nosotros puede hacer. Así que, —alcé la copa—, no brindemos por joderla, brindemos por ser valientes. Y brindo por mi juju empapado y mi vestido arruinado. —¡Oigan, oigan! —gritó Yash. Corrió hacia mí y me levantó en sus brazos. Su beso duró tanto que todo el mundo se había disipado para cuando me soltó, sin aliento, boyante—. Te amo, D —aseguró. —Te amo, Y. —Su hermoso y orgulloso rostro era lo que necesitaba en este mundo para superar los errores y las heridas. Los últimos meses habían sido los mejores de toda mi vida —un trabajo soñado, el novio soñado, demasiados gatos soñados, amigos increíbles. Él era todo lo que pensaba que era valioso y afable —sí,

279


todavía me volvía completamente Austen. Mi alma se disparó sobre el público, apenas creyendo lo que veía. ¡Ahora nada podía ir mal! —Dagmar, caray… Te ves genial, nena. Jadeé y me giré. Blade. Blade. —¿Cómo demonios entraste aquí, Blade? Le dio a Yash una mirada desagradable mientras mordía una zanahoria bebé. —¿Este es el tipo? El rostro de Yash asumió una apariencia que nunca había visto. Oscura, las fosas nasales ensanchadas, e increíblemente sexy. —Este tipo está con ella, y tú no eres bienvenido. Blade puso los ojos en blanco. —¿Así que ahora eres sexy, Dag? Tengo que admitirlo, no puedo creer cómo te ves. Llamé a tu padre y estaba preguntando por ti y me contó que se estaba celebrando una fiesta esta noche por tu libro. Eso es lo que obtengo por invitar a papá… »Parece que no piensa muy bien del libro. —Blade comenzó a reírse.

280

Sí… eso es lo que recibo. Mi maravilloso ex simplemente siguió hablando: »De todos modos, ¿qué te parece si tú y yo encontramos una esquina agradable y silenciosa, eh? Ahora pareces mucho mejor, sexy. —Se inclinó hacia mí, el licor en su aliento—. Puede que ahora seas una clase de chica para Los Ángeles. —La clase de chica para Los Ángeles —corregí, porque podía. Yash se erizó, sus músculos ondulando bajo su apretada camisa. ¡Grrrr! —Siento que va a venir un desastre —masculló él. Le puse una mano en el brazo. —No, mi amor. Déjame. Y no es un desastre cuando se lo merecen. Levanté mi pie enfundado en un zapato de tacón alto, miré a Blade a los ojos y lo pateé directamente en las pelotas y explotó más rápido que mi anterior vida. Ningún. Error.

Fin


Acerca de la Autora La escritura de Lucy Woodhull comenzó en el útero, donde compuso una especie de poesía japonesa sobre la claustrofobia. Desafortunadamente, su madre interpretó este talento como "acidez", así que los regalos de Lucy no fueron apreciados por el mundo en general durante varios años. Además de escribir comedia romántica, Lucy escribe parodia y sátira, porque sueña con ser la Mel Brooks literaria. (Deberías imaginar comillas alrededor de la palabra "literaria"). Su lema es "Rie y el mundo se reirá contigo, llora y provocarás un cortocircuito en tu Kindle". Es por eso que escribe libros divertidos, porque Dios sabe que todos necesitamos escapar del mundo real de vez en cuando.

281


282

667 Ways To Fuck Up My Life - Lucy Woodhull  
667 Ways To Fuck Up My Life - Lucy Woodhull  
Advertisement