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Giovanni E. Reyes Procesos de integración en América Latina y el Caribe: caracterización general y potencialidad de nuevos ejes de integración

político en los órganos superiores de toma de decisiones. Por otra parte había un proyecto de impacto inmediato, en un área sensitiva a finales de los años cincuenta: el proyecto del acero y del carbón. Es decir que se fueron generando resultados que se sintieron a nivel de los ciudadanos promedio y con ello fue ganando apoyo el proceso de integración. Se confirmó la norma práctica de que sin resultados no puede haber credibilidad, tarde o temprano. Los discursos pueden convencer por la expectativa que se crea, el anhelo de mejora de sociedades muchas veces empobrecidas, pero la elocuencia de los hechos y resultados no tiene substitutos. La región debe, en medio de esa búsqueda de resultados en lo inmediato, establecer líneas que permitan que las soluciones a corto plazo no sean los principales problemas a resolver en el mediano o largo alcance. Es aquí donde cobra vigencia e importancia el sentido de lo estratégico en la conducción de procesos integradores regionales. Se debe además tomar en cuenta que diferentes naciones tienen diferentes estructuras en cuanto a productos de exportación. Tienen diferentes condiciones para negociar, y dentro de ellas, diferentes “dependencias” de mercados naturales. Esto condiciona los contenidos y modalidades de negociación y de integración que se demandan y que son factibles. Tomar en cuenta estos aspectos y respetarlos en un programa amplio de integración es algo vital para que los anhelos integracionistas puedan tener visos de permanencia en el tiempo, más allá de los planteamientos formales. En esto en particular tendría mucha pertinencia el aprovechar la infraestructura institucional ya existente en la región. Se harían converger en términos funcionales, entidades ya formadas, evitando las competencias y la burocracia innecesaria. La integración supone mayor cooperación macroeconómica y de ayuda recíproca en áreas clave tales como transporte, infraestructura, energía, conservación y uso racional del ambiente, además de aspectos sociales como salud, vivienda, nutrición y educación. La cobertura de esos aspectos debe ser priorizada conforme complementariedad productiva y comercial. En todo caso debe buscarse un balance entre beneficios conjuntos y manejo de soberanías individuales en los países. En los procesos de integración latinoamericana también debe reforzarse el esfuerzo por la convergencia de políticas públicas, de estímulos 38

TENDENCIAS  

Revista de la Facultad de Ciencias Económicas-Universidad de Nariño

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