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La Semifeudalidad en la Formación Social de Nicaragua. Alonso Pelayo, UNAM, 1978 Resumen. El presente reporte de investigación recoge algunos aspectos del debate académico sobre la transición del feudalismo al capitalismo que en su versión sajona es conocido como el “debate Brenner” y que en América Latina involucra de manera directa a cientistas sociales de la talla de A. G. Frank, Rodolfo Puigross, Ernesto Laclau e indirectamente a R. M. Marini y a M. Carmagnani, entre otros. Desde esta perspectiva teórica, la naturaleza social de la formación nicaragüense es abordada a partir de la critica de las tesis circulacionistas que en la actualidad dominan el escenario académico de las ciencias sociales y las cuales están fuertemente respaldadas por la expansión de los procesos de “globalización” económica mundial. No obstante, el reporte pone el acento en la contraparte del debate para argumentar la naturaleza precapitalista de las relaciones de producción de la sociedad agraria nicaragüense de la segunda mitad del siglo pasado a pesar de su integración real al mercado mundial capitalista.


1. Introducción. Para mediados del siglo X1X, la expansión del cultivo cafetalero en los países centroamericanos estuvo acompañada de un proceso gradual de estabilización de la economía agroexportadora que la región intentó por mucho tiempo a través del añil, el cacao y los metales preciosos con la esperanza de insertarse de manera permanente en el mercado mundial capitalista(1). La economía cafetalera logra desatar el crecimiento económico de la región centroamericana. El café se convierte en el principal producto de exportación a partir de 1840 en Costa Rica, de 1860 en Guatemala y de 1880 en El Salvador. En Nicaragua, sin embargo, las exportaciones se dividían entre diversos productos en 1871, siendo los más importantes el oro y la plata, el añil y el café que ocupaba el último lugar de los rubros importantes con un 10 por ciento del valor total exportado. A la par de este desarrollo agrícola sostenido, la aplicación de reformas económicas de corte liberal preparan las condiciones en el régimen social de la propiedad y la consecuente liberación de las fuerzas productivas necesarias para la expansión cafetalera y la integración al mercado mundial. En Costa Rica, después de proclamada la independencia, se dictan


disposiciones ordenando la distribución de los terrenos baldíos entre los que carecían de tierra propia así como la repartición de almácigos de café. En El Salvador, en 1860, el poder liberal dicta la primera ley de extinción de ejidos iniciándose la división de la gran propiedad rural. En Guatemala, la revolución liberal de 1871 fue el inicio de una transformación profunda mediante la cual de intentó estructurar la República Liberal apoyada en la potencialidad del nuevo producto de exportación. En Nicaragua, el proceso de liberación de la propiedad campesina empieza con relativo retraso: no es sino hasta 1893 que los liberales toman el poder terminando con un largo periodo de treinta años de “paz” conservadora(2) el cual le fue restituido a la élite aristocrática terrateniente con la invasión norteamericana de 1909. Resulta ilustrativo que las primeras embarcaciones importantes de café hacia Inglaterra ---en 1885 se produjeron en Nicaragua 4,4 millones de kilos de café; 9,6% del total de la producción centroamericana--- partieron antes de que los liberales tomaran el poder. Por lo anterior, el planteamiento inicial de este trabajo es que la integración de Nicaragua al mercado mundial capitalista durante la segunda mitad del siglo pasado se realizó, en lo fundamental, sobre la


base de una estructura social y económica preexistente que arrastraría serias limitaciones para el desarrollo de la producción capitalista y que, en todo caso, fueron incompatibles con las exigencias de la creciente mercantilización del café de ese período.

2. Planteamiento. A diferencia de los demás países de la región centroamericana de mediados del siglo pasado, la economía de Nicaragua se fue configurando a partir de eventos históricos extraordinarios que imprimieron una fisonomía singular a su desarrollo. En primer lugar, el carácter tardío y frustrado de una reforma liberal que logra arrancar con un cierto grado de efectividad entrada la última década del siglo pasado; que se ve cercenada por la intervención de la marinería norteamericana en 1909 y que, al decir de Edelberto Torres Rivas (3), tiene como consecuencia el impedir la formación de una economía de exportación con la fuerza que se consolidó en los países de Costa Rica, Guatemala y El Salvador. En segundo lugar, las numerosas ocupaciones extranjeras al territorio nicaragüense que suman 1) la aventurera intervención comandada por el filibustero norteamericano William Walker en 1855-57


que produjo graves pérdidas materiales propias de un país devastado, 2) la prolongada ocupación del territorio de la Mosquitia por parte de Inglaterra que se extiende por casi tres siglos: de 1630 hasta 1894 en que el general liberal José Santos Zelaya recupera el territorio para los nicaraguenses y, 3) las sucesivas intervenciones de la marinería norteamericana de 1909, 1912-25 y 1927-33 cuya estadía en territorio nacional contabiliza más de un cuarto de siglo. En tercer lugar, la prolongada existencia de una dictadura militar cuyo modelo económico somocista-trasnacional llegó a un punto sin salida después de cuatro décadas de dominio y tiranía. La integración de Nicaragua al mercado mundial capitalista a partir de la exportación del café no es garantía de un desarrollo de carácter capitalista en su interior, es decir, no presupone la existencia de un modo de producción capitalista. Los eventos históricos mencionados tienen un efecto irrevocable sobre el desarrollo de las estructuras económicas que anteceden al fortalecimiento del sector agroexportador. La guerra nacional de mediados de siglo termina por refrendar el poder de la oligarquía conservadora que durante treinta años mantiene intacta una estructura social agraria cuasi-colonial; el carácter tardío de la reforma liberal confiere un basamento semifeudal a las fuerzas sociales de


producción y, por último, la intervención de la marinería norteamericana frusta terminantemente el proceso de reformas liberales que hubieran permitido una nueva distribución social de la propiedad necesaria para el desarrollo de la agricultura capitalista del país. En relación a la discusión sobre la naturaleza social de Nicaragua existen tendencias historiográficas que privilegian tanto el análisis de la esfera de la producción como de la circulación de mercancías. Adalberto Torres Rivas indica que “la participación en el comercio mundial no es garantía de que el modo de producción capitalista esté desarrollándose; solamente un análisis en el interior de la economía periférica puede verificar tal aserto”(4). Por su parte, Jaime Wheelock Román afirma que “el proceso capitalista, aunque lleve el sello de la producción subdesarrollada ---el atraso estructural, la existencia de amplios planos de relaciones de tipo servil--- es uno solo” (5), aduciendo que el análisis al interior de la estructura económica social no invalida su carácter capitalista de frente a la integración al mercado mundial. Para la elaboración del presente artículo, se parte de la hipótesis de que el carácter de una formación social es conferido por la naturaleza de las relaciones sociales de producción, por el tipo de trabajador que realiza la parte fundamental en la producción, por el tipo de relaciones que se


establecen entre ese trabajador y el dueño de los medios de producción y, por el tipo de propiedad predominante sobre el medio de producción también predominante. Parafraseando a Martínez Peláez, creemos que no es necesario que haya feudos con castillos feudales para que haya feudalismo y que puede darse un régimen que no sea típicamente feudal y que ofrezca, sin embargo, un marcado carácter feudal (6).

3. La integración tardía al mercado mundial. Una vez lograda la independencia de la vieja metrópoli, las crisis del sector agroexportador se generalizaron en toda América Latina. En Nicaragua de principios de siglo, el desfavorable comercio con España (debido, sobre todo, a la situación de guerra que conmocionaba a Europa) acentuó dicha crisis al punto de que los añiles ---refiere Sofonías Salvatierra--- quedaban almacenados en la Habana por uno, dos y tres años (7). La ruptura con España significó, de alguna manera, el inicio de la búsqueda de nuevos atos comerciales con el exterior y un reordenamiento de las relaciones sociales de dominación al interior. La necesidad de encontrar el producto que hiciera posible el enlace hacia el mercado mundial y la situación de “caudillismo” político dio lugar a un proceso


contradictorio que, por lo general, tuvo su desenlace en las reformas liberales que tenían por objeto adecuar las condiciones estructurales para la inserción definitiva de las economías latinoamericanas al mercado mundial capitalista. Dada su especificidad histórica, Nicaragua tiende a apartarse de lo que pudiera ser el modelo latinoamericano. Por una parte, el desorden interno de la época postindependentista se resuelve a favor de la oligarquía conservadora que permanece en el poder por un periodo relativamente largo y que, de acuerdo a Edelberto Torres Rivas (8), se esforzó por mantener intacta, dentro del cambio que propiciaron, la estructura colonial heredada. Por otra parte, la exportación cafetalera aparece con retraso en la escena económica; es decir, para finales de la década de los ochentas cuando todavía las reformas de los liberales no habían sido propiamente aplicadas. En general, el retrato que emerge en Nicaragua de gran parte de la segunda mitad del siglo pasado es la de la tradicional hacienda ganadera y, de manera generalizada, la agricultura parcelaria de autoconsumo. Paul Levy, en un excelente estudio editado en 1871 nos dice: “Aquí nada de peones, nada de propietarios privilegiados; todo ciudadano, cualquiera que sea su raza o color, puede instalarse en un


monte baldío, levantar allí en un día un techo de palma sobre cuatro horcones y cultivar alrededor los plátanos y el maíz que necesita para vivir y para comprar algunos objetos indispensables. Ninguna ley prohíbe ir casi desnudo; no necesita más que un machete y su mujer de una piedra de moler con algunas ollas de barro…” (9). La crisis del sector agroexportador y, en general, de las actividades comerciales intrarregionales provocó el retorno masivos de los sectores sociales urbanos hacia las grandes haciendas ganaderas. La cita de Pedro Agustín Morel de Santa Cruz de que “los vecinos viven retirados en sus haciendas, en la ciudad no hay carnicería ni se encuentra provisión alguna”(10) es ilustrativa de esta situación y permite inferir el atraso de la agricultura hacendaria que obligadamente tenía que responder a las necesidades de consumo de sus pobladores a partir de la pequeña producción campesina. Las relaciones de propiedad latifundista y los procesos de trabajo semiserviles conformaban la estructura social de las haciendas ganaderas. Por una parte, la tierra como medio de producción era de escasa rentabilidad, sin embargo, permitía a la oligarquía terrateniente conservadora mantener la hegemonía política del país. Y, por otra, las fuerzas sociales participantes en la producción hacendaria estaban sujetas


a exacciones extraeconómicas como era el caso de los numerosos colonos, aparceros, asentados y arrendatarios. La debilidad de la economía mercantil se hace evidente por la extensa difusión de la agricultura de subsistencia del pequeño campesino parcelario. Esta tradicional forma de producción campesina se encuentra también fuera de las grandes haciendas, es decir, en la pequeña producción dispersa de montaña y en la economía campesina de las comunidades indígenas (11). Paul Levy proporciona el dato de que para 1860 el 80 por ciento de la población económicamente activa estaba envuelta en la agricultura de subsistencia mientras el restante 20 por ciento lo estaba en el sector agroexportador y en la producción artesanal(12). La producción artesanal de la segunda mitad del siglo X1X en Nicaragua se manifiesta como un proceso de separación gradual de la producción doméstica indígena. De la producción agrícola se obtenían materias primas para la fabricación artesanal de telas, cigarros, alcohol y aguardientes. A su vez, la ganadería proporcionaba a la primitiva industria local el sebo para la fabricación de jabón y candelas, cueros para la talabartería y zapatería y manteca de cerdo para la cocina. Los productos de exportación eran de origen colonial: añil,


algodón, cacao, oro, plata y maderas. En el caso de la extracción de minerales y la explotación de maderas, la incidencia en el desarrollo económico era mínima. Las empresas operaban como factorías aisladas de la vida económica del país y estaban ubicadas principalmente en la zona atlántica bajo la dominación de los ingleses hasta 1894. La exportación algodonera se expandió considerablemente durante los años de 1864 y 65 debido a que la Guerra de Secesión de los Estados Unidos interrumpió la producción de esta fibra. A su vez, el aumento de la producción añilera a partir de 1870 es propiciado por el incremento de los precios del mercado mundial. Sin embargo, para la década de los ochentas, el descubrimiento de los colorantes sintéticos en Europa hace que éstos se desplomen. Las exportaciones de ganado en este periodo no se encuentran registradas. A pesar de ello, Alberto Lanuza y otros autores estiman que las exportaciones de ganado era el rubro más importante controlado por los nicaragüenses y de esto se deriva que “la economía nicaragüense puede considerarse como complementaria a aquéllas del resto de Centroamérica más directamente vinculadas al mercado mundial” (13). En esta medida, la débil integración al mercado mundial era compensada por una fuerte vinculación del sector exportador ganadero en el comercio


intrarregional. La falta de información estadística sobre el tema, sin embargo, da cabida a otras interpretaciones que, sin ser incompatibles, destacan la predominancia de la producción del añil. José Luis Velázquez, por ejemplo, caracteriza al periodo de 1850 a 1880 como “período añilero” (14). En la primera mitad del siglo X1X, las relaciones comerciales entre Nicaragua e Inglaterra realizaron directamente por el Atlántico e indirectamente por el Pacífico a través de las casas comerciales inglesas establecidas en Perú y Chile. Nicaragua no contaba con línea naviera propia. La comunicación entre Granada y San Juan del Norte era lacustre y estuvo dominada desde el Atlántico por compañías inglesas. En el Pacífico se comerciaba con las casas británicas a través de cuatro comerciantes ingleses establecidos en el Realejo. El control extranjero sobre el circuito de bienes interregionales no se extendió sobre el circuito intrarregional. El dominio de este último lo ejercía la oligarquía terrateniente conservadora a través de sus principales centros comerciales que fueron Granada y León. En la segunda mitad del siglo pasado, el comercio con los Estados Unidos por el Pacífico cobro importancia--- aunque no tan sustancial


como para desplazar a Inglaterra---como consecuencia del descubrimiento del oro en California en 1848. En 1872, el 61.6 por ciento de las importaciones de Corinto eran todavía inglesas. En el Atlántico, la sustitución del comercio norteamericano por el inglés es aún más lenta a pesar del gran número de barcos estadunidenses que llegaban a San Juan del Norte cargados de pasajeros. La explicación de este lento desplazamiento, nos explica Lanuza, se encuentra en el hecho de que la industria norteamericana no estaba aún en condiciones de competir con la inglesa(15). Además, su interés expansivo estaba concentrado en las actividades de traslado masivo de pasajeros hacia California. El dominio de la inversión extrajera sobre la economía nicaragüense fue bastante endeble en la segunda mitad del X1X. En primer lugar, la recurrencia del Estado de Nicaragua al mercado monetario inglés es mínima. Una vez cancelada su cuota parte de la deuda federal centroamericana no vuelve a contratar empréstito alguno hasta 1886 por un valor de 285,000 libras esterlinas. En segundo, el circuito de circulación monetaria era extremadamente reducido. A pesar de que en 1888 se estableció el primer banco en Nicaragua bajo la administración de capital inglés, el cacao seguía utilizándose como medida de cambio. Al respecto, Wheelock Román dice que “es sorprendente que el cacao como


una moneda de tipo divisionario y como patrón para representar los valores no se haya dejado de usar hasta 1900” (16). En tercer lugar, la construcción del ferrocarril que uniría a las principales ciudades del Pacífico con el puerto de Corinto es concluida hasta la administración de Zelaya a pesar que los trabajos inician en 1878. De tal suerte, se retrasa el fortalecimiento del sector agroexportador a partir de su enlace con el capital financiero. Finalmente, ninguno de los productos exportados, todos de origen colonial, lograron establecer un vínculo definitivo con el mercado mundial capitalista (17). Sólo el café lograría más tarde este objetivo.

4. La transformación frustada de la sociedad agraria. Las leyes agrarias de finales del X1X apuntan a la transformación estructural de la sociedad agraria en el marco de las reformas liberales. Su objeto era propiciar la redistribución social de la propiedad agraria y la liberación de los factores productivos en general. Hasta antes de 1877, la expropiación de la tierra de las comunidades indígenas provocó, en cierta medida, la liberación de la mano de obra que era trasladada a las plantaciones de añil principalmente. Para finales de los ochentas, sin embargo, la aplicación de medidas expropiatorias estuvo destinada a la


real apropiación de las tierras para el cultivo extensivo del café. Las reformas agrarias comienzan a aplicarse en Nicaragua a partir de 1877 dentro del periodo de dominio de la oligarquía terrateniente conservadora conocido como de los “treinta años” (1863-1893). En este periodo se observa la hegemonía de los terratenientes ganaderos y añileros que mantuvieron la vida económica del país con relativa distancia de la dinámica de la producción cafetalera que caracterizaría a otros países centroamericanos. Asimismo, la reforma agraria no alcanzó sus fines redistributivos, primero, por el enorme peso de las actividades ganaderas tradicionales y, segundo, por el espejismo mercantil de un próximo canal interoceánico. Prueba de ello es que la producción cafetalera no llegó en este periodo a sobrepasar, en promedio, el 10 por ciento del total de la cosecha centroamericana. Las pretensiones reformistas de la incipiente burguesía agroexportadora, cuya elite política tomó el poder en 1893, fueron fustadas por la intervención de la marinería norteamericana que provocó la caída del gobierno liberal de José Santos Zelaya. La ocupación extranjera al territorio de Nicaragua se debió a la negativa del gobierno de entregar la concesión canalera a los estadounidenses y trajo como consecuencia, negativa para el desarrollo económico, el retorno de la


oligarquía conservadora al poder político. Por otra parte, el nuevo latifundismo cafetalero y las relaciones semiserviles fueron parte de un mismo proceso que impuso limitaciones estructurales graves al desarrollo de la producción cafetalera para la exportación. “En el caso de que la tierra fuera adecuada para el cultivo cafetalero, la expropiación de la tierra y la incorporación de sus habitantes venían juntos. En el caso de que la tierra no fuera adecuada, la expropiación daba lugar a dos situaciones; una, la incorporación de la tierra a las tradicionales haciendas ganaderas y la movilización de la fuerza de trabajo sobre una base estacional y, dos, la expropiaciónapropiación a través del sistema de arrendamiento cuya renta era pagada con productos agrícolas, usualmente, la mitad de la cosecha”(18). La explotación semiservil de la fuerza de trabajo cobró un impuso extraordinario con las medidas redistributivas de la propiedad agraria y asi parece evidenciarlo el caso del mozo-colono que Edelberto Torres Rivas explica al detalle: “La reforma liberal, con el ánimo de liberar la mano de obra, rompió la estructura colonial de los pueblos de indios, cuya existencia era una garantía mínima de independencia y forzó la formación de rancherías.


Con ello aumentó los márgenes del mercado de trabajo disponible y facilitó nuevas formas de servidumbre. La explotación del mozo-colono no es resabio colonial sino una modalidad del capitalismo cafetalero. Las necesidades del desarrollo capitalista, el “hambre de trabajo excedente”, favorecieron abiertamente estas prácticas precapitalistas. El campesino fue compelido a endeudarse; esa fatal incursión en la economía monetaria significa, por una parte, perder la tierra y su débito, vuelto luego hereditario, le obliga a permanecer en la hacienda del “señor” en forma vitalicia. El propósito explícito fue tener una fuerza constante de mano de obra para los trabajos permanentes de la plantación. El campesino así arraigado se convierte en “mozo-colono” o simplemente en “colono”, cuyo parentesco es directo con el inquilino chileno y el peón acasillado mexicano. El salario del colono osciló siempre entre el pago en especie, la dotación de una pequeña parcela para él y su familia y una cuota a veces simbólica de moneda. El estatuto legal del jornalero y del colono fue el del asalariado en diverso grado de retribución; su estatus social el de campesino cuya oferta de trabajo lograda coactivamente los emparentó con el siervo colonial. Ambas figuras sociales son variantes de relaciones de producción que se desarrollan en el seno de la agricultura capitalista de exportación que, como se ve, fue en el inicio más capitalista en la esfera


de circulación que en el de la producción. El salario y la libre contratación corresponden a otra fase que lentamente va apareciendo para convertir la búsqueda de trabajo en una pura necesidad económica como sucede actualmente. El trabajo forzoso y la servidumbre marcan definitivamente la dominación y el carácter burgués de la nueva clase”(19).


Notas. 1. La gran mayoría de los autores que analizan el periodo destacan la importancia de la economía cafetalera en la conformación de las sociedades agrarias centroamericanas. Sin embargo, habría que prestar oídos a la advertencia de Rodrigo Quesada en el sentido de que no todo el universo socioeconómico estuvo definido por la expansión cafetalera. Rodrigo Quesada Monge. Recuerdos del Imperio. Los ingleses en América Central (1821-1915). EUNA. San José, 1998., p. 45.

2. En particular, durante el periodo conservador de los “treinta años”(1863-1893) la clase terrateniente tradicional hace emitir dos leyes agrarias de carácter expropiatorio: en 1877 durante el gobierno de Pedro Joaquín Chamorro y en 1881 durante el gobierno de Joaquín Zavala. Al respecto, Rodrigo Quesada confirma que los conservadores fueron los que iniciaron en Centroamérica con las medidas que favorecerían el cultivo del café. Op. cit., p. 49.

3. Edelberto Torres-Rivas. “Síntesis Histórica del Proceso Político”. En Centroamérica Hoy. Varios Autores. Editorial Siglo XX1. México, 1975.,


pp. 9-118.

4. Edelberto Torres Rivas. Óp. cit., p. 60.

5. Jaime Wheelock Román. Imperialismo y Dictadura. Crisis de una formación social. Editorial Siglo XX1. México, 1975.

6. Severo Martínez Peláez. La Patria del Criollo: ensayo de interpretación de la realidad colonial guatemalteca. EDUCA. Costa Rica, 1973., p. 621

7. Sofonías Salvatierra. Contribución a la Historia de Centroamérica. 2 tomos. Tipografía Progreso. Managua, 1936.

8. Edelberto Torres Rivas. Óp. cit., p. 22.

9. Paul Levy. “Notas Geográficas y Económicas sobre la República de Nicaragua”. Edición de 1871. Revista Conservadora, núm. 59 a 62. Managua, Nicaragua.

10. Pedro Agustín Morel de Santa Cruz. “Visita apostólica, topográfica,


histórica y estado de todos los pueblos de Nicaragua y Costa Rica”, 1752. Revista Conservadora, núm. 82.

11. Principalmente las comunidades indígenas de Subtiava en León y de Monimbó en Masaya.

12. Paul Levy.

13. Alberto Lanuza. Estructuras Socioeconómicas, Poder y Estado en Nicaragua (1821-1875). Capítulo: Comercio Exterior de Nicaragua. Obra mimeografiada. Managua, Nicaragua.

14. José Luis Velázquez. Nicaragua: The Formation of the National State. Thesis. Chapter 2: The political conditions of the formation of the agroexport economy. 1976.

15. Alberto Lanuza.

16. Jaime Wheelock Román.


17. Al respecto, Rodrigo Quesada distingue con acierto la inserción formal y real al mercado mundial. Óp. cit., pp. 69-70.

18. Cita extraviada.

19. Edelberto Torres Rivas. Óp. Cit., pp. 62-63.

La semifeudalidad en la formación social de Nicaragua  

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