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nº cUATRO

fRANZ kAFKA - iGNACIO aLDECOA - óSCAR eSQUIVIAS fELISA mORENO - jULIO jURADO - mANOLO d. aBAD - mANUEL nONÍDEZ nORBERTO LUIS rOMERO - dOMINGO LÓPEZ - cARLOS cASTÁN - cESC fORTUNY


c/ San Vicente Ferrer 34 - 28004 Madrid


¡Imagen y espejo! Su mirada abarcó la noble figura que se erguía al borde del mar intensamente azul, y en un éxtasis de encanto creyó comprender, gracias a esa visión, la belleza misma, la forma hecha pensamiento de los dioses, la perfección única y pura que alienta en el espíritu, y de la que allí se ofrecía, en adoración, un reflejo y una imagen humana.

La muerte en Venecia,

Thomas Mann (1875-1955) aL OTRO LADO DEL ESPEJO Año 2. Número 4. Septiembre 2011. Revista multidisciplinar y estacional orientada al cuento y la ilustración.

Edita: Asociación Cultural LA VIDA RIMA. Nº nacional de asociación: 590513 C.I.F. G-85383537 Madrid

Todos los textos y obras publicadas son propiedad de los autores. aL OTRO LADO DEL ESPEJO y LA VIDA RIMA no tienen por qué hacerse responsables de ninguna de las opiniones publicadas, ni identificarse con ellas. aL OTRO LADO DEL ESPEJO y LA VIDA RIMA no se hacen responsables de ninguna suplantación de identidad o autoría de las obras publicadas.

e-mail:

Arte y diseño: Luis Morales - José Naveiras - Mayte Sánchez Sempere Equipo lector: Reyes Monje - Rosa Naveiras - Mª Jesús Silva Asesores literarios: Esteban Gutiérrez Gómez - Miguel Ángel Martín Coordinador: Gsús Bonilla

da: Ilustración de porta STER) pETER jENSEN (vELPI

revista.alotroladodelespejo@gmail.com

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D I T e ORIAL

NOS LLENA DE REGOCIJO ,

una vez más, ver un nuevo número de Al Otro Lado del Espejo enredándose por esos mundos virtuales, de la misma manera emociona mirar al tocho de ejemplares, una edición completa rezumando tinta; luego, no es menor, la satisfacción de respirar el característico y adictivo olor que emana del papel. Un nuevo número en su embalaje de cartón, recién salido de la imprenta, que nos vuelve a marcar la sonrisa; quizá, esta vez, con la sensación de que el gesto que curva suavemente la boca es más ancho que otras veces. No es por nada especial, somos así de gansos, nos gusta, si acaso, este presentimiento de resucitar número tras número después de que nos hayan aniquilado, una y otra vez, y otra vez más, nuestros detractores, que tener, los tenemos. Aquellos que nos tachan de falta de rigor y seriedad, y, posiblemente, no les falte razón, quizá porque el esfuerzo, la pasión, con los que hemos trabajado cada uno de los miembros del equipo AOLDE -unos más, otros menos, cada uno lo que ha creído conveniente, el que hace lo que puede, no está obligado a hacer más- desde el primer día en que nos embarcamos en este emocionante proyecto no ha garantizado nada; no obstante cuesta el mismo trabajo elaborar una gran revista, como una revista absurda, el mismo. Ahora bien, lo que sí hemos podido garantizar ha sido la profundidad de la

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uña clavada en la carne del mismísimo compromiso. Aquel que nos marcamos el primer día, la primera vez que no reunimos los locos del sombrero, con el ánimo de mantener, número tras número, un sello de libertad e independencia; el exacto que nos ha caracterizado durante todos estos años; el que nos ha permitido dar a conocer a nuevos y jóvenes autores, sacar del ostracismo literario a otros tantos, a nuestro juicio, excelentes escritores; compromisos todos que han sido la razón de ser de esta plataforma literaria; manteniéndonos al margen de gurús, iluminados y otras mierdas -que haberlos haylos, y a veces, como las setas, crecen donde menos te lo esperas- dentro del mundo del cuento, el genero literario por el que hemos apostado sin remilgos desde un principio. Atrás quedó la época de los ilusos, el tiempo de ir mendigando, tocando todas las puertas, habidas y por haber, con la intención de encauzar un proyecto sin ánimo de lucro en beneficio de un objetivo común como era, ha sido, y es, el de dar a conocer este genero literario; ignorantes, desconocíamos que, como en otros apéndices de la literatura, éste ya tenía sus particulares conventículos con los visionarios de turno. Así que, de nuevo, la vida rima: un motivo más de alegría, es el haber quedado al margen de esa mercadería.


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Causa de júbilo es, también, el poder haber llegado, en plenas facultades, al final de una etapa, como se puede considerar este número 4, donde termina un período muy importante para algunos de los miembros del equipo de AOLDE; de la misma manera se inicia otro ciclo, con nuevos componentes, cuando menos, lo podemos asegurar, que imaginativo. Después de estos años AOLDE da por terminado un ciclo, que entendemos sugestivo, a la par que ambicioso, donde ha habido momentos mejores y peores. Sacando adelante, prácticamente con lo puesto, este proyecto literario que ha escrivivido dos números especiales, a cual más enriquecedor, y, añadiendo a la suma, los cinco números de aúpa de estos tres años de andadura, donde se ha atesorado la generosidad y el talento de más de 300 autores entre las distintas disciplinas que engloban esta revista; acrecentando la ecuación con la culminación de un libro colectivo, Narrando Contracorriente , memoria viva y guardián de la filosofía del mismo proyecto, y, de la revista Al Otro Lado del Espejo. Entonces, podemos decir, que siga la fiesta, el jolgorio y la alegría de poder seguir disfrutando con la mínima expresión de la literatura. En este número 4 volvemos a contar, con el necesario confeti, el elemento preciso de toda celebración; los colorines que entendimos mejor, y que lanzamos al aire para dar el mejor tono posible y festivo a la juerga. En estas páginas, encontrarás el color quebrado de nuestros autores TOP, el resultante de la mezcla de cálidos y fríos; estamos hablando de colores sobrios, así se

(editorial) explica que Domingo López, Julio Jurado, Manolo Abad, Carlos Castán, Manuel Nonídez, Norberto Luis Romero, Cesc Fortuny y Felisa Moreno por esta vez den ese toque formal, aunque sin llegar al convencionalismo, de toda fiesta que se precie, porque, puestos a comparar, para el desparrame ya contamos con otros colores más chillones, inspirados en una actitud, quizá más arriesgada, vibrante, repleta de emociones, si bien, se desprende de la extrema naturalidad de la savia nueva, de los autores noveles que presentamos en este número. Un acierto, en nuestra opinión, de espontaneidad. En contrapunto, o mejor dicho, buscando el equilibrio entre los unos y los otros, está el autor del número, y que esta vez decidimos que fuese Óscar Esquivias, que con un texto certero, de gran fuerza expresiva, donde el azul violento se nos antoja que pugna por salir y destacar entre los demás colores, como para ir ganando superficie por las demás páginas de la revista, claro que rivalizar con el alma de la fiesta es algo complicado cuando se trata del maestro Kafka y su particular universo de claroscuros. Tampoco hay que obviar que el verde, por asturianu, lo pone Xandru F e r n á n d e z e n “ l e n g u a 2 ” y u n c u l í n de sidra, también, para que la fiesta no decaiga. Que no se nos olvide, que para esta verbena particular no podía faltar la espectacular decoración, una vez más, marca de la casa, con la que número tras número aplican nuestros funambulistas de la imagen, y que logran a través de detalles muy personales, los que ellos quisieron pues aquí hay libre albedrío, que nos sintamos plenamente identificados con nuestra propuesta. ¡Que ustedes la gocen!•

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(índice)

tEORÍA DEL CUENTO

(por eSTEBAN gUTIÉRREZ gÓMEZ) EL CUENTO SEGÚN iGNACIO aLDECOA

mAESTROS

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UN VIEJO MANUSCRITO (fRANZ kAFKA)

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óSCAR eSQUIVIAS

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EL NÚMERO CUATRO (fELISA mORENO) LA MAÑANA (aLFONSO LÓPEZ) POR LAS CALLES VACÍAS (mANOLO d. aBAD) EUTANASIA (eLENA oRTIZ) LA TAZA QUE NO ME GUSTA (jULIO jURADO) ROY & EL ESCRITOR (áNGEL gONZÁLEZ) FESTIVAL ANUAL DE DANZA DE CUCARACHAS (nORBERTO LUIS rOMERO) Y SIN SER CRUELLA DE VIL (sAFRIKA) LA CITA DE TIBURCIO (mAYTE sÁNCHEZ sEMPERE) ATMÓSFERA VICIOSA (cESC fORTUNY) SIN SABER (áNGEL mUÑOZ -vOLTIOS-) UNA HISTORIA BARATA (cARLOS cASTÁN) OLVIDOS (oLAIA pAZOS) NO FUTURE (dOMINGO LÓPEZ) HARRY HOUDINI (jORGE eSPINA) LO PERDIDO (mANUEL nONÍDEZ)

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eSTE TIPO ES UN CUENTISTA rELATOS

LENGUA2 (TEXTO A DOS LENGUAS)

xANDRU fERNÁNDEZ 77 TANGÁRONTE LA MARÍA (BABLE) 77 TE TANGARON LA MARÍA (CASTELLANO) 78

mICROS

SMS (aLEJANDRO LÉRIDA) MOLLY´S CHAMBERS (aDRIANA bAÑARES) AMEBAS (eVA mAR sANTURIO) IMPERDONABLE OLVIDO (áNGEL sOTILLO) ROSEBUD (cARMEN LAFUENTE) 1er CONCURSO DE MICRORRELATOS “AOLDE”

hEMOS LEÍDO (RESEÑAS)

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LOS CUENTOS REUNIDOS 85

LOS iLUSIONISTAS

ILUSTRAN ESTE NÚMERO

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teoría del cuento (por aL OTRO LADO DEL ESPEJO

el cuento según Ignacio Aldecoa

Esteban Gutiérrez Gómez)

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(teoría del cuento)

EL CUENTO iGNACIO aLDECOA sEGÚN

Ignacio Aldecoa Isasi (Vitoria, 24 de julio 1925 - Madrid, 15 de noviembre de 1969) fue un escritor español que cultivó la narrativa y, en especial, el cuento o relato. Así inicia Wikipedia la entrada dedicada a este gran escritor, sin duda uno de los mejores cuentistas (si no el mejor) del pasado Siglo XX. Veamos el porqué. REALISMO SOCIAL arios son los aspectos a destacar en su obra cuentística. Junto con sus amigos escritores, entre otros, Jesús Fernández Santos, Rafael Sánchez Ferlosio, Alfonso Sastre y Josefina Rodríguez (que más tarde se convertiría en su esposa), su obra narrativa se inscribió dentro de una corriente que se denominó neorrealismo. Estos autores observaron que en aquellos años 50, el régimen franquista pretendía ya dar una visión de España y

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de los españoles, muy diferente a lo que en realidad ocurría. Ellos propusieron con sus creaciones mostrar esa realidad que se pretendía ocultar, no taparla, sino hacer de ella el centro de su mundo narrativo, de modo que no quedase desvirtuada. Gracias a ellos conocemos ese sustrato amplio que eran los españoles de aquellos años: critica a la burguesía acomodada, la guerra causante de todos los males, la muerte que nos espera a todos. Aldecoa describe el mundo de los desfavorecidos y desamparados de un modo magistral, acercándonoslo con su prosa llena de poesía y ternura, dejando que de ella fluya su componente social. No era pues un escritor de denuncia llana, sino que utilizaba sus cuentos para hacer ver al lector que era lo que ocurría en realidad.


(teoría del cuento) (con todas sus técnicas literarias) hacernos ver esa realidad: la profundidad de sus descripciones, el protagonismo otorgado a los ambientes en los que viven sus personajes. Aldecoa logra que el lector pueda verlos, pueda percibir los olores que emanan las chabolas y sus guisos, ver los colores desdibujados de la derrota del ser humano, trasmitirle sus agrias sensaciones y sus tristes sentimientos, añadiéndole, además, su propio pesimismo existencial. Para ello, se apoya además en un lenguaje poético, con un ritmo pausado a fin de que el lector interiorice ese realismo. Su escritura es, en fin, didáctica, concienciadora, irreverente frente a un sistema político que mostraba unas imágenes idealistas que no tenían nada que ver con la realidad.•

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Lo curioso es que casi todos los componentes del Realismo social procedían de familias burguesas, acomodadas, vencedoras en la Guerra Civil. Pero ellos eran más afines a aquellos derrotados o a aquellos supervivientes que malvivían en chabolas en los alrededores de las grandes ciudades metropolitanas. A ellos se acercaron, a vivir aquella miseria y a sentir las penas que aquellas gentes olvidaban con el vino. Estos jóvenes del realismo social del medio siglo, lograron algo que ya se intuía en otros escritores de la época (por ejemplo, en Cela), para lo cual añadieron a sus textos una decidida voluntad de denuncia de aquella España de posguerra. Entre 1955 y 1965, Ignacio Aldecoa publicó nueve libros de relatos entre los que destacan El corazón y otros frutos amargos (1959), Caballo de pica (1961), Arqueología (1961), Neutral Corner (1962), Pájaros y espantapájaros (1963) y Los pájaros de Baden-Baden (1965). Contienen cuentos maravillosos como “Chico de Madrid”, “Los atentados del barrio de Cal”, “Los bienaventurados”, “Caballo de pica”, “Los vecinos del callejón de Andín”, “Un cuento de reyes”, “Seguir de pobres”, “Santa Olaja de acero”, “Aldecoa se burla”, “Young Sánchez”, “La noche de los grandes peces” o “Party”. En todos ellos se vislumbran los rasgos característicos de este autor: la defensa del ser humano, la ternura hacia con él, con el más desfavorecido, y la apuesta por el lenguaje. En él encontramos un compromiso con la verdad, con la cruda realidad. Intenta por todos los medios de que dispone

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(teoría del cuento)

TEORÍAS SOBRE EL CUENTO EFECTO ÚNICO ara Ignacio Aldecoa “un buen cuento debe estar construido en función de un efecto único o sencillo, en el que cada parte, cada núcleo, cada palabra incluso, debería tender a ese efecto preconcebido”. Se trata de lo que Cortázar definió con el efecto flecha , con aquello de que nada debía desviar la atención del lector para que el cuento lograse estrellarse en el punto central de la diana, lograr su objetivo. Ese mismo efecto único lo estableció el padre del cuento moderno, Poe. Ritmo e intensidad adecuados, son también características de sus cuentos. Al igual que muchos de los escritores coetáneos del cuento, reivindica éste en oposición a la novela.•

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CUENTO VS NOVELA rente a la novela, Aldecoa establecía que el cuento tenía dos características fundamentales y diferenciadoras: Medida y sutileza. Se trata de lo que en otras poéticas del cuento encontramos como economía de medios y el cuento americano en especial, denomina como “saber guardar el secreto”. También establece que “en el cuento se escribe poco pero se dice mucho, frente a la novela en la que se escribe mucho y se dice todo”. Volvemos al concepto de cuento como texto a desarrollarse en la mente del lector, del buen lector, como texto inacabado que precisa de esa lucidez externa.

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Por último, destaca que “el relato corto se apoya en la palabra mientras que la novela se apoya en el suceso”. Sus ritmos narrativos son diferentes.• EFECTOS DE CINE gnacio Aldecoa utiliza técnicas de cine para lograr el propósito de hacer ver al lector esa realidad que proyecta. Fernández Santos y Sánchez Ferlosio ingresaron a principios de los 50 en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas, la primera Escuela de Cine que hubo en España. Ignacio y Josefina realizaron en 1954 su primer guión de cine: Cuatro esquinas. El neorrealismo italiano era su más decisiva influencia, como por ejemplo, la película Ladrón de Bicicletas, de Vittorio de Sica. Aldecoa llega a afirmarlo. Y no es baladí: destaca entre todos el efecto travelling: Ignacio inicia muchos de sus relatos con descripciones minuciosas, exactas, hace que se trasmita al lector la sensación de visión continuada y objetiva de la realidad, igual que un visor lejano que se ha acercando sin pausa a esa realidad, de modo que semeja una cámara que se acerca desde el aire a un poblado, que se va centrando en un grupo de chabolas, en unos niños que juegan desnudos en la puerta de una casa, que penetra en aquel mal llamado hogar y muestra a una mujer pelando patatas, la olla hirviendo, mientras cuelga de su pecho un niño amamantándose. Todo seguido, sin pausa, para interiorizar en el lector ese aspecto de verosimilitud que tiene lo que se ve y no tiene lo que se cuenta. Además del efecto travelling, con el que muchas veces acaba el cuento, abandonando

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RESUMEN n Ignacio Aldecoa encontramos un escritor que busca la perfección formal, la calidad máxima en el lenguaje, ya que el ritmo del cuento descansa en la palabra; la intensidad de su discurso narrativo en busca de ese efecto único; el tratamiento poético de la palabra para lograr llegar al lector; la proyección total de ese mundo real sobre lector; la economía de medios que ofrece esencialidad al relato para lograr la reflexión final. Sus cuentos son abiertos, pero perfectamente estructurados, redondeados, finiquitados, resultando ser una proyección de lo que se cuenta, formando un universo interpretativo en el lector, lector que sospecha que se cuenta algo más y eso le intriga, le lleva a la lectura, le atrapa a la búsqueda de lo no dicho, y le anima a dar calor verdadero a unos personajes desvalidos con los que se identifica.•

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(por eSTEBAN gUTIÉRREZ gÓMEZ) Recomendaciones de lectura: Aldecoa, I., Cuentos completos (Alfaguara, 1999).

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esa realidad terráquea, documental, y volviendo al cielo del que partió la historia, utiliza las elipsis, que acelera la acción, o el detallismo que le añade verosimilitud, aunque la ralentiza. Frente a ellos, como contraplano, como la otra cara de la moneda, los flashbacks, que fijan la acción. Técnicas de cine adaptadas al cuento, a la narrativa, que medio siglo más tarde se siguen apreciando en títulos de novelas. Aún hoy, la mutua influencia cine-narrativa es patente y logra éxitos como por ejemplo las películas 21gramos o Crash, en los que las imágenes se mezclan como los capítulos de las modernas novelas que siguiendo la técnica del cuento, buscan un lector reflexivo que acabe de conformar los textos, a modo de puzzle en su cabeza.•

Bibliografía digital utilizada: Realismo y post-realismo en la literatura y el teatro contemporáneos, por Manuel Pérez Jiménez. El tratamiento cinematográfico en la escritura del neorrealismo español, por Luis Miguel Fernández. Análisis discursivo de un texto narrativo: De las colmenas del otoño... (Ignacio Aldecoa), por Carla Prestigiacomo. Consideraciones en torno al cuento literario moderno en las letras hispánica, por Antonio Rioja Murga. Ignacio Aldecoa en una clase de creatividad literaria o cómo enseñar a escritores lectores, por Antonio Martínez Illán. Novelistas españoles del siglo XX (IX), Ignacio Aldecoa, por Juan Rodríguez. La perfección formal de los cuentos de Ignacio Aldecoa, por Jesús Mª Lesagabáster. Esperando el porvenir, Homenaje a Ignacio Aldecoa, por Carmen Martín Gaite.

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(maestros)

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UN VIEJO MANUSCRITO por FRANZ KAFKA


comprender nuestro lenguaje de señas. Uno puede dislocarse la mandíbula y las muñecas de tanto hacer ademanes; no entienden nada y nunca entenderán. Con frecuencia hacen muecas; en esas ocasiones ponen los ojos en blanco y les sale espuma por la boca, pero con eso nada quieren decir ni tampoco causan terror alguno; lo hacen por costumbre. Si necesitan algo, lo roban. No puede afirmarse que utilicen la violencia. Simplemente se apoderan de las cosas; uno se hace a un lado y se las cede. También de mi tienda se han llevado excelentes mercancías. Pero no puedo quejarme cuando veo, por ejemplo, lo que ocurre con el carnicero. Apenas llega su mercadería, los nómadas se la llevan y la comen de inmediato. También sus caballos devoran carne; a menudo se ve a un jinete junto a su caballo comiendo del mismo trozo de carne, cada cual de una punta. El carnicero es miedoso y no se atreve a suspender los pedidos de carne. Pero nosotros comprendemos su situación y hacemos colectas para mantenerlo. Si los nómadas se encontraran sin carne, nadie sabe lo que se les ocurriría hacer; por otra parte, quien sabe lo que se les ocurriría hacer comiendo carne todos los días. Hace poco, el carnicero pensó que podría ahorrarse, al menos, el trabajo de descuartizar, y una mañana trajo un buey vivo. Pero no se atreverá a hacerlo nuevamente. Yo me pasé toda una hora echado en el suelo, en el fondo de mi tienda, tapado con toda mi ropa, mantas y almohadas, para no oír los mugidos de ese buey, mientras los nómadas se abalanzaban desde todos lados sobre él y le arrancaban con los dientes trozos de

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odría decirse que el sistema de defensa de nuestra patria adolece de serios defectos. Hasta el momento no nos hemos ocupado de ellos sino de nuestros deberes cotidianos; pero algunos acontecimientos recientes nos inquietan. Soy zapatero remendón; mi negocio da a la plaza del palacio imperial. Al amanecer, apenas abro mis ventanas, ya veo soldados armados, apostados en todas las bocacalles que dan a la plaza. Pero no son soldados nuestros; son, evidentemente, nómadas del Norte. De algún modo que no llego a comprender, han llegado hasta la capital, que, sin embargo, está bastante lejos de las fronteras. De todas maneras, allí están; su número parece aumentar cada día. Como es su costumbre, acampan al aire libre y rechazan las casas. Se entretienen en afilar las espadas, en aguzar las flechas, en realizar ejercicios ecuestres. Han convertido esta plaza tranquila y siempre pulcra en una verdadera pocilga. Muchas veces intentamos salir de nuestros negocios y hacer una recorrida para limpiar por lo menos la basura más gruesa; pero esas salidas se tornan cada vez más escasas, porque es un trabajo inútil y corremos, además, el riesgo de hacernos aplastar por sus caballos salvajes o de que nos hieran con sus látigos. Es imposible hablar con los nómadas. No conocen nuestro idioma y casi no tienen idioma propio. Entre ellos se entienden como se entienden los grajos. Todo el tiempo se escucha ese graznar de grajos. Nuestras costumbres y nuestras instituciones les resultan tan incomprensibles como carentes de interés. Por lo mismo, ni siquiera intentan

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(maestros) carne viva. No me atreví a salir hasta mucho después de que el ruido cesara; como ebrios en torno de un tonel de vino, estaban tendidos por el agotamiento, alrededor de los restos del buey. Precisamente en esa ocasión me pareció ver al emperador en persona asomado por una de las ventanas del palacio; casi nunca sale a las habitaciones exteriores y vive siempre en el jardín más interior, pero esa vez lo vi, o por lo menos me pareció verlo, ante una de las ventanas, contemplando cabizbajo lo que ocurría frente a su palacio. -¿En qué terminará esto? -nos preguntamos Franz Kafka nació en un todos-. ¿Hasta cuando soportaremos esta a Praga i n t e g r a d a e n carga y este tormento? El palacio imperial el Imperio Au strohúngaro Su ciudadan ha traído a los nómadas, pero no sabe cómo . ía checa fue r e c o l n a ocida a caída del mi hacer para repelerlos. El portal permanece smo, tras el cerrado; los guardias, que antes solían fin de la I Guerra Mu ndial. entrar y salir marchando festivamente, ahora están siempre encerrados detrás de Realizó su obra ínte las rejas de las ventanas. La salvación de la gramente patria sólo depende de nosotros, artesanos en alemán. y comerciantes; pero no estamos preparados para semejante empresa; tampoco nos hemos jactado nunca de ser capaces de cumplirla. “Un viejo manuscrito” es uno Hay cierta confusión, y esa confusión será de los catorce relatos que conforman nuestra ruina.•

Un médico rural (1919).

Dio instrucciones para que sus manuscritos fueran de struidos después de su muerte Afor tundamente las órdenes no fueron cu mplidas.

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sobre Kafka: Web en castellano kafka.info PROYECTO franz-


(fOTOGRAFÍA DE aSÍS g. aYERBE)

óSCAR eSQUIVIAS

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(este tipo es un cuentista)

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(este tipo es un cuentista)

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on las cinco y veinte de la tarde del viernes 25 de febrero de 2011. Luce el sol y parece que se ha adelantado la primavera. Acabamos de comer, muy bien por cierto, en el restaurante mexicano Barriga Llena. Los dos nos vamos a hacer “panzeros”. A Óscar también le gustan el picante y el ceviche. Hemos hablado de vida, de nuestras vidas, en un entorno muy agradable. Estamos sentados en un banco de piedra en la Plaza del Rey, junto al Ministerio de Cultura, frente a una fuente de chorro vertical y sonido cadencioso. Vamos a hablar con Óscar Esquivias de sus libros de cuentos y, principalmente, de Pampanitos verdes, su última publicación. Óscar, ¿cómo afrontas o te planteas escribir un cuento o relato? La verdad es que no tengo una forma única de escribir un cuento, y menos un ciclo de ellos. Cada relato de Pampanitos verdes ha nacido en un momento diferente, alguno fruto de un encargo, como el del cartero de Chicago –que tenía que estar ambientado expresamente en esa ciudad norteamericana–, y otros surgieron de forma espontánea, sin saber dónde se iban a publicar. Las ideas me nacen de formas muy diversas, mientras paseo, leo o estoy en el cine, cuando escucho una conversación ajena en el metro o veo algo que me llama la atención... Hay situaciones cotidianas en las que, de repente, siento un chispazo: sé que allí hay una historia. Cuando sientes el chispazo a la hora de escribir esa historia o cuento, ¿sientes que es como una semilla, que en ese chispazo está contenido el principio y el final del relato? Sí, lo suelo ver todo con mucha claridad. Es muy curiosa esa sensación de revelación que se tiene en estos casos. Por ejemplo, el cuento “El estudiante de Salamanca” nació cuando yo estaba en esa ciudad para dar una conferencia y me alojé en un hotel que tenía parte de sus

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habitaciones reservadas a universitarios que pasaban allí todo el año. En el desayuno nos juntábamos los viajeros y los estudiantes. Cuando iba hacia el comedor, escuché en la recepción cómo un padre le decía al empleado del hotel: “Yo me voy, pero aquí les dejo a mi hijo que va a pasar todo el curso, cuídenmelo”; el chaval no decía nada, pero tenía una sonrisa de oreja a oreja. Solo con eso ya vi toda la historia que cuento en el relato. Otro ejemplo puede ser el de “El centurión”. Nació cuando, paseando por Roma, vi cómo dos chicos bajaban de un coche aparcado, se quitaban los pantalones y se quedaban en calzoncillos. No sabía qué pasaba hasta que después los vi disfrazarse con una armadura y colocarse unas faldillas de soldados romanos para bajar al Coliseo y ganarse unas monedas haciéndose fotos con los turistas. De nuevo, en aquel momento vi con claridad todo el cuento que escribí después. Yo no soy el protagonista de mis relatos, aunque luego los narre en primera persona; yo simplemente paso por un lugar en el momento oportuno y veo cómo nace una historia. Hay en Pampanitos verdes, además de una unidad de tono narrativo, de tu voz, algunos temas en común a pesar de haber sido concebidos en momentos dispares y sin hilación, como es


la melancolía y tristeza que emana de ellos, situaciones duras aderezadas con sorprendentes golpes de humor que misteriosamente generan una sensación vitalista, transmiten ganas de vivir. ¿Cómo se explica eso? Yo creo que los protagonistas de mis relatos, aunque pasen por situaciones personales incómodas, incluso dramáticas, tienen todos un afán de plenitud y un pálpito de felicidad que les libra de la desesperación. Eso está presente, de una manera u otra, en todos los textos. Hay otros motivos recurrentes en Pampanitos verdes, como la predilección por personajes jóvenes o por los momentos de transición en nuestra vida, cuando dejamos de ser niños o adolescentes o llegamos a la madurez y atravesamos un puente que nos parece que se sostiene sobre el abismo. Seguramente estos son dos de los pilares del libro: el afán de plenitud y la situación de cambio, aunque a menudo los propios personajes no sean conscientes de ello.

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(este tipo es un cuentista) incluso longitud, por más que, como dije antes, sus cuentos hayan ido surgiendo en distintos momentos y por estímulos diversos. Ahora que hemos hablado de ese primer libro de cuentos, La marca de Creta, ¿qué supuso para ti ganar el premio Setenil al mejor libro de relatos del año?

Fue muy importante. Hasta que no recibió el Setenil, el libro no había tenido ni una sola reseña en ningún medio de comunicación tradicional (no así en internet). Yo era conocido como novelista y no como cuentista, pese a que fuera este género el que me convirtió en escritor. Con La marca de Creta descubrí que no todos los lectores de mis novelas querían leer cuentos, que son en buena medida públicos distintos (algo que me sorprende, porque yo soy lector habitual tanto de novelas como de relatos). El premio Setenil sacó de la invisibilidad a este libro que, en cualquier caso, tuvo ventas modestas (en torno a los dos mil ejemplares, si no me equivoco).

¿Existe una evolución entre el anterior libro de cuentos, La marca de Creta, y Pampanitos verdes? En Pampanitos verdes trasciende una afición ¿Existe una relación entre los dos libros? postal en algunos de tus relatos. Háblanos de ella. El arco temporal que abarca La marca de Creta es mucho mayor que el de Pampanitos verdes. En A mí me gusta mucho escribir cartas y postales, el primer libro, entre el cuento más antiguo y y mantengo correspondencia con algunos amigos el más reciente puede haber una diferencia de también devotos de lo epistolar. La puerta de unos siete años, frente a los dos años de Pampanitos mi habitación está cubierta de postales, y verdes. La marca de Creta es más variado, tanto también buena parte de la pared. Siempre le en el género de los relatos (los hay cómicos, he tenido simpatía a este mundillo del correo existencialistas, fantásticos) como en su propia y, de hecho, de niño uno de los oficios que quería extensión, ya que se alternan piezas muy breves ser de mayor era cartero, que me parecía un con otras bastante largas. En Pampanitos verdes trabajo maravilloso. También recuerdo de mi hay una mayor unidad de tono, estilo, temas e infancia la emoción de recibir una postal enviada

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(este tipo es un cuentista) por algún familiar desde algún lugar más o menos exótico, desde Marruecos, Italia o Rusia. Para mí esas tarjetas tan hermosas eran un símbolo de la vida aventurera y feliz. Me encantaban los sellos extranjeros y me parecía un milagro que aquella postal hubiera atravesado tantos países para llegar hasta mis manos. Además, las postales pueden parecer frágiles pero son indestructibles: nunca desaparecen, nadie las rompe o las quema. Nos morimos y las postales siguen dando vueltas por el mundo, las hereda el nieto del abuelo o el sobrino del t í o, o desembocan en un mercadillo y siguen pasando de mano en mano, sin que se pierda ese mensaje que alguien un día envió a un familiar o a un amigo. En Pampanitos verdes hay varios cuentos cuyos protagonistas trabajan en Correos. Uno de ellos es el que se publica en esta revista, “Viene Gordon”. También nació de una pequeña anécdota real: estando yo en el pueblo, llegó la cartera con la correspondencia. Era septiembre de 2006 y los medios de comunicación anunciaban el paso del huracán Gordon por la península. Lo cierto es que de repente se levantó una ventolera y a la cartera se le metió arenilla en los ojos (no había podido protegerse porque, para evitar que las cartas volaran, las apretó contra el pecho). En aquel momento vi toda la historia que se narra en “Viene Gordon” (que, por supuesto, salvo en este episodio, es totalmente ficticia).

Empecé a escribir cuentos muy pronto, de niño, pero curiosamente llegué a ser un lector de cuentos tardío, así que supongo que estoy más influido por los novelistas que por los cuentistas. Es más, el único libro de cuentos que recuerdo haber leído de niño me entusiasmaba e irritaba a partes iguales. Era El libro de la selva, de Kipling. Yo no podía entender cómo en la mitad de sus cuentos no aparecía el que, para mí, era debía haber sido el protagonista absoluto del libro, Mowgli, con quien me identificaba totalmente. No empecé a leer a los cuentistas hasta mucho más tarde, con dieciséis o diecisiete años. Fueron Cortázar, Borges y Rulfo los que me volvieron devoto del cuento literario, pero no soy muy consciente de que entonces me influyeran como escritor (ni siquiera ahora mismo).

Nos has hablado del chispazo que te suele llegar a la hora de escribir un cuento, de ese surgimiento de la semilla. Yo en esa manera de ver el cuento identifico a Cortázar. Háblanos de los escritores que te han influido a la hora de escribir cuentos o relatos.

Estoy con una novela en la cabeza, lo que significa que dejaré de escribir cuentos durante una temporada. Cuando me embarco en una novela, todas mis ideas creativas son para ella. Es algo que no puedo evitar.•

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¿Qué efectos buscas en el lector con tus historias breves? Depende de cada cuento. En general, como cualquier cuentista, procuro conseguir la máxima intensidad con las palabras imprescindibles. Y siempre, como autor, me pongo al servicio de mis personajes y dejo que sean ellos quienes hablen con su voz y actúen según su forma de ser Por último, cuéntanos los proyectos narrativos que tienes en el horizonte cercano.


(entrevista y reseña de eSTEBAN gUTIÉRREZ gÓMEZ)

E

xiste un tipo de literatura que tiene poderes curativos. No me refiero a los tan demandados libros de autoayuda o a aquellos que redescubren civilizaciones lejanas y paradisíacas donde el consumismo y el estrés no existen. He hablado de literatura y estos ejemplos, desgraciadamente, no lo son; aunque no les quito el mérito de hacer que la gente lea. No, me refiero a ese tipo de narrativa que línea a línea, párrafo a párrafo tiene el poder de serenar el espíritu humano, de volverlo confortable, amistoso, de congraciarlo de nuevo con la vida. El poder de sanar el alma. Este tipo de literatura se da en pocos autores y en ninguno tan frecuentemente como en Óscar Esquivias. Toda la narración procedente del ordenador del autor burgalés está dotada de bálsamos contra las prisas y las malas conductas compulsivas que a diario ejercemos los llamados seres humanos. La linealidad, el tono monocorde (y no por ello aburrido) que le caracteriza, su cercanía verbal, el sentimiento bondadoso, tierno, la melancolía, la belleza, hacen que el lector se enganche a sus historias, sean estas novelas o relatos, y se deje abandonar por la sensación última de volver a tener alegría por vivir. Así me ocurrió con la lectura de la reeditada Jerjes conquista el mar o con su Inquietud en el Paraíso. Se puede decir entonces, que la literatura de Óscar Esquivias es el antídoto que necesitamos en la actualidad. Pampanitos verdes esta lleno de historias de este tipo. Tiene la facultad Óscar Esquivias de hacer fácil lo complicado, de narrar sin necesidad de metáforas o adjetivos definitivos y enganchar al

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SPA (SALUD PARA EL ALMA)

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lector con su prosa cristalina y sus historias del ayer. Todos los relatos del libro están unidos por el mismo quiebro en la trama: el paso de una época a otra en la vida de una persona, el porqué de ese paso, la fundamentación del cambio de rumbo que toda historia debe contener. Lo curioso es que esa unidad temática no se dio para este libro de cuentos o no precisamente para él, sino que estos relatos tuvieron vida propia e independiente en los últimos dos años, reuniéndose en esta ocasión

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para su publicación. Esto significa que Óscar Esquivias dedicó buena parte de estos años a una obsesión: cuándo dejamos de ser lo que fuimos y nos convertimos en lo que somos. Y no sólo cuándo, también cómo. Por simpatía, el aspecto postal de algunos de los relatos me ha llamado la atención (Viene Gordon, Mail Pride Chigado 2008) por su conocimiento casi exacto de la materia, al igual que el tratamiento de aspectos cotidianos en las vidas de los personajes. Se permite jugar con las estructuras narrativas (Monólogo del técnico de sonido es un buen ejemplo) y colma cada uno de los relatos de un sentimiento de asunción del hecho fundamental que permite mirar a la vida de otra manera: con una especie de melancolía positiva (si eso es posible). Como esquiviano bebedor compulsivo, algunos de los relatos que contiene Pampanitos verdes ya me eran conocidos, como El chico de las flores o Viene Gordón, pero afronté su lectura olvidándome de lo leído para volver a sentir el trance de la sanación. El chico de las flores, con el que se inicia el libro, tiene un final ascendente, meteórico, que no recordaba o no quería recordar (no estoy seguro, táchese la opción equivocada si la hubiese). Viene Gordon tiene un quiebro en la trama que dejará impactado al lector que sin lugar a dudas empatizó con el personaje principal del relato. Son ejemplos de la estela en zigzag del barco sobre un mar en calma, de cómo Óscar Esquivias es capaz de engancharte con su nar rativa sedosa y aparentemente simple para tirarte de la barca una vez que pareces calmado. Exactamente igual que un mago, que se remanga la chaqueta, que te enseña las manos (siempre limpias), las manos (como recién lavadas), los

pelos de los antebrazos de sus manos (¿pero son sus manos?) mientras te roba la cartera. Lo mejor es que Óscar Esquivias te roba la cartera y saca de ella lo podrido, lo mundano, para meterte una flor de papel tintada de ternura y te la vuelve a colocar en el bolsillo. ¿Y después? Después la sonrisa, la exclamación, la sensación de conformidad con uno mismo, la sanación del alma, la alegría de vivir. Como el mejor de los medicamentos. Como la mejor de las magias.•

Salud para el alma. eS N É I U q óSCAR eSQUIVIAS (Burgos, 1972)

ha publicado en Ediciones del Viento los libros de cuentos La marca de Creta (Premio Setenil, 2008) y Pampanitos verdes (2010). También es autor de las novelas El suelo bendito (2000), Jerjes conquista el mar (2009) y la trilogía compuesta por Inquietud en el Paraíso (2005), La ciudad del Gran Rey (2006) y Viene la noche (2007). Junto al fotógrafo Asís G. Ayerbe ha publicado los libros ilustrados La ciudad de plata (2008), En el secreto Alcázar (2008) y Secretos xxs (2008). La editorial Edelvives ha editado sus novelas para jóvenes Huye de mí, rubio (2002), Mi hermano Étienne (2007) y Étienne el Traidor (2008).

squivias.com/

EN RED: http://oscare


VIENEdGORDON e

D

óSCAR eSQUIVIAS

Para José Gutiérrez Román

esde hace dos días los noticiarios avisan de la llegada de un huracán a España. Entrará por Galicia y atravesará toda la península. Lo llaman Gordon y los periodistas se refieren a él como si fuera una persona: Gordon se acerca amenazante, Gordon visita las Azores, Gordon causa terribles destrozos, mucho cuidado con Gordon. No dejan de emitir imágenes de los lugares por donde ha ido pasando: calles inundadas, casas sin tejado, muros caídos, puentes rotos y animales que flotan en el fango panza arriba. Por contraste, aquí, en el pueblo, los días son apacibles, el sol pica aún más que en agosto, no sopla el cierzo y nada hace suponer que el tiempo vaya a cambiar durante las próximas horas. Sin embargo, todos los noticiarios repiten unánimes este nombre, como una invocación: ¡Gordon, Gordon, Gordon! Hoy ha amanecido con la misma placidez de siempre, quizá con más nubes, pero ninguna de ellas parece amenazadora: tienen un aspecto manso, aborregado. A media mañana se nota que corre un poco el viento: son unas rachas rastreras, que azotan las pantorrillas, como si fueran las caricias –un

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poco impetuosas– de un perrillo juguetón que mide mal sus fuerzas y juega entre las piernas de las personas. Poca cosa para ser la avanzadilla de un huracán, pienso. Echo de menos leer la prensa, pero me da pereza sacar el coche y conducir hasta Sasamón para comprarla, así que me conformo con escuchar las noticias de la radio. –Gordon causará estragos. «Estos periodistas, qué exagerados», pienso mientras veo el cielo radiante. Estaba en el taller limpiando los pinceles cuando ha sonado el timbre. Me ha sorprendido: yo no tengo apenas trato con nadie de aquí (heredé la casa hace un lustro de una prima de mi madre a la que no había visto en mi vida y de la que, por carambolas genealógicas, yo resulté ser el único heredero). Al abrir, me he encontrado con una mujer de unos treinta años, vestida con una blusa amarilla, que me ha mirado de arriba abajo con gesto un tanto desconfiado. Sin saludarme, me ha espetado que es la cartera de Correos y me ha preguntado por una retahíla de personas que me eran totalmente desconocidas hasta que ha pronunciado el nombre de mi pariente.

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(este tipo es un cuentista) –Esta es su casa, pero ella murió hace años. –Típico, aquí todo el mundo está muerto. Tome, creo que es el recibo de la luz. –Gracias. –Los otros nombres, ¿sabe quiénes son? –No tengo ni idea. Yo sólo vengo aquí de veraneo y no hablo con nadie. –Hace bien. Me explica que el cartero de esta zona está de vacaciones y que la han contratado a ella para hacer el reparto. Es un lío y está desesperada: viene de Burgos, no conoce a nadie en la comarca y todas las cartas, todas, llevan como únicas señas los nombres del destinatario y del pueblo, sin que jamás se indique ni la calle ni el número del portal. A veces incluso sólo ponen el mote. –Mire ésta –me muestra una postal descolorida y abarquillada que da la impresión de llevar viajando años en las sacas del correo–, «Sr. Ciruelín, Villandiego», ¿usted sabe quién es el señor Ciruelín? –No. –Pues yo tampoco. Cada vez que llega a un pueblo tiene que llamar puerta por puerta hasta encontrar una casa habitada donde le den noticia de esas personas y pueda depositar las cartas en sus buzones, si los tienen, porque casi todas las casas carecen de ellos y se ve obligada a colar la correspondencia por debajo de la puerta o por las gateras. –No sé lo que pasa en estos pueblos, pero aquí reciben más cartas los muertos que los vivos. –Bueno, en el caso de mi prima no tiene mucho misterio. Cuando heredé la casa intenté poner a mi nombre los contratos de

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la luz, las bombonas y el agua, pero era muy complicado: debía presentar mil papeles, ir al notario, personarme en las oficinas de cada compañía en fechas y horarios imposibles para mí. La empresa de la electricidad tiene la sede en Palencia; la del butano, en Burgos; el agua depende de Sasamón... Al final decidí que podía seguir todo a nombre de mi prima. Mientras haya dinero en el banco a nadie le va a importar si está viva o muerta, ¿no? –Usted sabrá; a mí, desde luego, me da igual. Me sorprendo a mí mismo dando tantas explicaciones, tratando de resultar agradable a esta mujer de grandes pechos que no me hace mucho caso y repasa una y otra vez los sobres que lleva en las manos, como si buscara más cartas para mi difunta prima. Como no me mira a los ojos, detengo la vista en sus tetas, que son de un tamaño desmesurado. «Está operada», deduzco. Hay algo en su aparatosidad que me recuerda a Rosa, mi mujer. De repente un golpe de viento levanta arena y nos cae en los ojos. Yo he girado la cabeza y me los he cubierto con la mano, pero ella no ha podido protegerse: instintivamente ha oprimido las cartas contra el pecho para que no echaran a volar y comienza a maldecir. –Joder, lo que me faltaba. ¡Ay, cómo me escuece! Joder, joder, joder. Empieza a lagrimear y da zapatazos al suelo. –Entra en casa, así te podrás limpiar. –Gracias, ¡joder! Me hace gracia su enfurruñamiento exagerado, como de niña pequeña, su obstinación en repetir «joder» una y otra vez. La llevo al taller y le ofrezco una silla. Intento buscar un pañuelo limpio y tras abrir mil cajones


encuentro uno. Empapo un extremo en un vaso de agua para que se pueda limpiar. –Gracias. En el taller tengo un hornillo en el que había dejado la cafetera al fuego: lleva rato hirviendo y el olor a café lo inunda todo. Le sirvo una taza. Ella mira con curiosidad a su alrededor. El taller tiene más aspecto de trastero o de almacén de chatarra que de lugar de trabajo: está instalado en lo que era la antigua cuadra de la casa y ocupa casi toda la planta baja. Es un espacio amplio, con poderosos puntales y vigas de madera, donde he acumulado muebles viejos, mil herramientas, objetos variopintos de mi prima –tinajas, baúles, ollas de cobre, hasta orinales antiguos– que no me decido a tirar, todo ello junto a los lienzos y tablas que he pintado durante los últimos cinco años. Sin duda la cartera no encuentra na d a q u e el o g i ar p o rq ue, d es pués d e pasear la mirada por todos los rincones, vuelve a dar sorbos al café sin soltar palabra. Yo también miro en mi derredor, como si fuera la primera vez que entro aquí: lo cierto es que la habitación está llena de polvo y telarañas, y que muchos muebles parecen fantasmas, con unas sábanas viejas que los cubren como mortajas. En mi descargo debo decir que no había previsto venir estos días de septiembre. El curso escolar ya ha comenzado, pero en mi ikastola se hundió de repente parte del tejado y la directora decidió suspender las clases durante la semana que durarán las reparaciones, así que, feliz por estas vacaciones inesperadas, ayer cogí el coche, salí de Bilbao, paré en un hipermercado de las afueras de Burgos, hice una compra con lo que podía necesitar

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(este tipo es un cuentista) para estos días y, con el maletero lleno, me vine al pueblo. El taller muestra un descuido que mi mujer calificaría de «muy masculino», propio de un lugar que va a ser un refugio efímero y casi improvisado. Normalmente, cuando vengo a pasar aquí los meses del verano, lo primero que hago es una limpieza general (o, mejor, la hacía Rosa). –¿Vives aquí? –me pregunta. No se me escapa que ha empleado el tuteo y eso me anima. –No, en Bilbao. –¿Esa es tu mujer? –dice, señalando tres cuadros que cuelgan de una pared. –Lo era. Vamos, lo es, pero nos estamos separando. Como para subrayar estas palabras liberatorias, el sol brilla de repente con más fuerza e irrumpe a raudales por las ventanas. Parece que se han encendido los focos y que se va a rodar una película. «La escena romántica», pienso, porque la chica parece ahora relajada, sin prisa por marchar y a mí empieza a resultarme incómoda su presencia; bueno, incómoda no es la palabra, o sí lo es: noto cómo me empiezan a bullir las expectativas eróticas, siento un aguijón sexual, cómo la polla despierta e inicia una lenta erección y el corazón empieza a bombear alegre y esperanzado, atizando las calderas del deseo; yo estas situaciones no sé cómo manejarlas, hace quince años que no coqueteo con una mujer y me siento indeciso y torpe. Miro insinuante, estilo Alain Delon (o lo intento) a esta chica guapa que ha entrado en mi taller desordenado, que ha venido con su blusa amarilla y su mazo de notificaciones bancarias para muertos que siguen pagando la luz de los vivos y ahora me sonríe, en mitad

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(este tipo es un cuentista) de la leonera, mientras apura el café. Luego vuelve a fijarse en uno de los retratos de la que ya casi no es mi mujer. –¿Lo has pintado tú? –Sí. –¿También esos paisajes? –Sí, todo lo que ves aquí es mío. –¿Y lo vendes? –Claro. La cartera parece meditar. –¿Tienes más cuadros? –¡Muchos más! Todos esos bultos que están bajo las sábanas, apoyados en la pared, son lienzos. –¿Podría verlos? –¡Por supuesto! También tengo acuarelas. Me levanto alborozado de la silla para enseñárselo todo, pero ella me detiene agarrándome del brazo. –Espera, espera, mejor luego. Ahora no puedo entretenerme, tengo que acabar el reparto y después volver a Burgos. ¿Te importa si vengo esta tarde? –No, en absoluto. –¿A qué hora te parece bien? –A la que tú quieras. –¿Sobre las ocho? –Sí, estupendo. Si te apetece... Yo soy buen cocinero, ¿sabes?, puedo preparar algo. Quiero decir, que te quedes a cenar, te invito. Soy un buen cocinero. Sonríe. –Si eres tan buen cocinero... De acuerdo. Nos vemos a las ocho. ¡Adiós! Esta cita me ha dejado trastornado y con una erección de caballo. Me he masturbado

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allí mismo, en la pila donde lavo los pinceles, sin bajarme siquiera los pantalones. Luego he cogido el coche para acercarme a Sasamón: no sé por qué he insistido tanto en que soy un buen cocinero cuando no es cierto en absoluto (de hecho, en casa no hay nada que no sean productos enlatados o precocinados). He comprado un besugo y he apuntado una receta que me han dado a medias la pescatera y una clienta (cada una intentaba imponer la suya y al final, tras un tira y afloja a veces un poco tenso, han llegado a una especie de entente culinaria que yo he anotado religiosamente). Luego he pasado por el ultramarinos del pueblo para comprar aperitivos, verduras, dos botellas de vino (champán no había) y productos de limpieza. Por último, he ido a la farmacia y he sentido (¡a mi edad!) vergüenza por pedir preservativos a una muchachita tan joven que podría ser mi hija. No debe de ser el producto más solicitado en Sasamón porque la farmacéutica ha estado buscando durante un buen rato hasta que, por fin, ha colocado una caja encima del mostrador. –Sólo me queda esta... Es de veinticuatro unidades y caduca dentro de un mes, ¿le sirve? –Sí... Bueno, en realidad creo que solo necesito uno, ¿no los vende sueltos? La chica se ha reído a carcajadas, como si yo hubiera contado un chiste muy gracioso, y eso, curiosamente, me ha aliviado un poco los nervios. En la farmacia esperaban dos abuelas, ambas con sus recetas en la mano y con aspecto de tener metidas en el cuerpo todas las enfermedades crónicas del


Tras dejar el pescado en la nevera de casa y descargar el resto de la compra, he vuelto a coger el coche y he ido a Olmillos a repostar y a comer. Junto a la gasolinera hay un control de la Guardia Civil: los guardias, muy jóvenes y con aire de familia, como si fueran hermanos, sudan copiosamente y muestran las camisas humedecidas en los sobacos; da mucha lástima verlos bajo este sol de plomo, como si estuvieran castigados. Me dejan pasar sin hacerme mucho caso y yo les saludo con una sonrisa. En el aparcamiento del restaurante descubro en el suelo preservativos usados y pisoteados. Un perro callejero olisquea por los coches y termina refugiándose del sol bajo un remolque, entre manchones de grasa. Voy al bar: allí, rodeado de camioneros ruidosos, casi todos portugueses, me siento acompañado y feliz. En el lavabo descubro una máquina expendedora de preservativos: no sé por qué, me parecen de mayor confianza que los de la farmacia e introduzco una moneda por la ranura para sacar uno. «Este va a ser para ti, Gordon». Me doy cuenta de que ni siquiera conozco el nombre de la cartera y le adjudico el masculino del huracán que nunca acaba de llegar. De vuelta al bullicioso comedor, me he sentido hermanado con esos hombres musculosos y peludos que recorren Europa con sus mercancías, compran gomas en los váteres de los bares de carretera y se acuestan en las cabinas de sus camiones con chicas de nombre extranjero, como mi Gordon.

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mundo. También parecían muy divertidas y sonreían.

(este tipo es un cuentista) «¡Que viene Gordon!», pienso mientras me sirven un cocido como primer plato. Me río solo y los de la mesa de al lado me miran como si estuviera loco. La tarde sigue muy cálida y luminosa, plenamente veraniega. La comida me ha resultado demasiado grasienta y mi excitación –y mi entusiasmo– se han ido apagando. Tomo el café en la barra del bar, mientras miro las noticias en un televisor colgado en un esquinazo. En el telediario hablan de Gordon en los términos acostumbrados, como si fuera un pariente molesto: Gordon ha llegado con retraso a Galicia, Gordon está mucho más débil de lo que se esperaba; aun así, no se fíen de Gordon. Ya no pronuncian la palabra «huracán», ni «ciclón» (que era la que le aplicaban esta mañana) y todo se queda en borrasca, la «borrasca Gordon». Los periodistas se ven en apuros para justificar la alarma que ellos mismos han alimentado estos últimos días: al final, Gordon se les ha deshinchado como un globo y se ha quedado en nada. He tomado dos cafés y un pacharán y luego un coñac. Noto cómo mi ánimo también se desinfla. Allí, en aquella barra de bar, pienso que realmente no tengo ganas de acostarme con Gordon, que me da pereza (y hasta miedo) iniciar otra relación con una mujer, porque estoy seguro de que la cartera no quiere sólo follar (eso lo podríamos haber hecho esta mañana, no se tarda tanto –yo no tardo nada– y además su clientela de muertos puede esperar perfectamente un día más para recibir la correspondencia). No, seguro que esta mujer busca algo más, y de repente esa amenaza me aterra y me paraliza, me

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(este tipo es un cuentista) hace sentir ridículo, con mi preservativo en el bolsillo de la camisa y una caja con veinticuatro más en casa. Me entra también un temor absurdo a no ser un buen amante: llevo más de tres meses sin hacer el amor (aunque me masturbo casi a diario) y, la verdad, tampoco se puede decir que lo haya echado mucho de menos. De repente me da pereza limpiar la casa, preparar la cena, dar conversación, acostarme con Gordon y mantener el entusiasmo todo el tiempo para que sea algo más o menos agradable: preferiría estar solo y a mi aire, dedicado a la pintura, que es para lo que he venido al pueblo. Luego pienso que debo corregir este desinterés, que no es sano: seguro que soy el único hombre sobre la faz de la tierra que lleva tanto tiempo sin follar, aunque luego reparo en que durante mi matrimonio con Rosa pasaron periodos mayores sin que nos acostáramos y era algo que nos parecía natural, o al menos a mí. Con ese ánimo salgo del bar, un tanto tambaleante, y me dirijo hacia el coche. Los guardias civiles han desaparecido. Llego a casa tras haber estado varias veces a punto de perder el control y salirme a la cuneta. No me explico cómo ha podido subírseme tanto el alcohol a la cabeza. Creo que no es sólo por efecto del vino, el pacharán o el coñac. Estoy más nervioso que de adolescente, cuando tuve mi primera cita (fue con Rosa).

final vence cierto sentido absurdo del deber masculino: tú eres el que has coqueteado –me he dicho–, el que la ha invitado a cenar, así que debes acostarte con ella si no quieres caer en el ridículo. Tengo la sensación de que me voy a examinar de una asignatura difícil que no llevo bien preparada, como cuando estudiaba el bachillerato.

Rosa parece una mosquita muerta, pero cuando toma una decisión la lleva hasta sus últimas consecuencias (por ejemplo, cuando pasó de no tener apenas pecho a salir del quirófano hecha la Sofía Loren de Vizcaya). Respecto a mí, decidió dos cosas: hace quince años, casarse conmigo; hace apenas dos meses, divorciarse. En ambas ocasiones importó poco mi opinión: yo no deseaba ni lo primero ni lo último, pero me acomodé a su voluntad porque me persuadió de que era lo mejor y, curiosamente, en ambos casos creo que tuvo razón. Por ejemplo, ahora he descubierto que soy feliz viviendo sin compañía, aunque he de reconocer que me ha costado acostumbrarme y que las primeras semanas de la separación fueron terribles. Me trasladé a un piso de alquiler y me pasé el verano amueblándolo, sin fuerzas para venir al pueblo solo (en realidad, sin fuerzas para hacer nada solo: me entraba tristeza si iba al cine y le pedía a la taquillera una única entrada, no le veía sentido a pasear sin Rosa al lado, en los Según avanza la tarde mi inquietud aumenta. restaurantes no había más mesas solitarias Alterno la euforia con el desánimo. Pienso que la mía y eso me hundía más y más). en la cartera: a veces la deseo y otras me Rosa puso en venta nuestra casa de Bilbao arrepiento de haberle abierto la puerta. Al y me obligó a vaciarla por entero muy deprisa

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porque en seguida encontró un comprador. Aquello me recordó a cuando murió mi padre, ese vaciar los cajones con urgencia, meter cosas en bolsas de basura y en cajas de cartón. En nuestros armarios aparecieron trajes viejos que guardaban la memoria de los cuerpos que tuvimos Rosa y yo e incluso los olores de nuestra juventud (yo tenía veinticinco años cuando nos casamos, ella treinta). Tuvimos que repartir las fotos (aunque, antes, Rosa las rompió casi todas), las novelas, los discos, las enciclopedias y los muebles. Decidió que toda la música era para mí y se reservó los libros (salvo los de arte) y también las postales que habían llegado dirigidas a los dos. Me he acordado de esto al ver la tarjeta del señor Ciruelín que se ha dejado olvidada la cartera sobre la mesa. La manda alguien desde México y tiene una letra endiablada: dice que hace buen tiempo y que las playas son muy bonitas, manda besos y abrazos. Descifrar esto me ha llevado media hora. No se entiende la firma. A lo largo de la tarde, de vez en cuando, ha soplado una ráfaga de viento que ha levantado polvo y ha hecho tiritar a los cristales de las ventanas. Cuando he salido al patio trasero a cortar un poco de perejil para el besugo he descubierto un rosal caído, tronchado por la base: era un rosal alto, que se sostenía sobre un único tallo leñoso del que, a más o menos un metro de altura, nacían mil ramas que estaban cuajadas de pequeñas rosas rojas. Lo he cogido con el mismo cuidado con el que levantaría a una señora mayor que se ha caído en la calle.

aL OTRO LADO DEL ESPEJO

(este tipo es un cuentista) En aquel momento he sentido un envite del viento y han caído unos goterones, como si me escupieran las nubes. Al intentar enderezar el rosal (algo a todas luces inútil, pues era evidente que no se iba a volver a sujetar en pie sin entablillarlo o asegurarlo con un rodrigón) me he pinchado y lo he dejado caer de golpe. El cielo luego se ha encapotado del todo y ha anochecido prematuramente. La temperatura ha bajado varios grados. Hay una sensación de lluvia inmediata, no de tormenta –menos de huracán– sino de esas lluvias mansas que duran horas y más horas, lo empapan todo y dejan las cunetas inundadas. He encendido la bombilla que hay sobre la puerta principal de la casa. Los del pueblo lo hacen por la noche para señalar qué casas están habitadas. El primer año que vine aquí me parecía un signo de hospitalidad, una especie de señal para saber dónde se podía pedir ayuda si uno la necesitaba a medianoche; ahora más bien creo que es un aviso para los ladrones: asaltad otra casa, en esta hay gente. Todos los años hay algún robo que atribuyen a los gitanos. Se acercan las ocho. Estoy asomado a la puerta y fumo. Veo cómo aparca un coche frente a la casa. Es Gordon. Para mi sorpresa, desciende otra persona del asiento del copiloto. –Hola, he venido con mi hija. Les cedo el paso un poco (muy) azorado. La cartera viene vestida con unos vaqueros y un jersey viejo, nada elegante (yo me he endomingado con lo mejor que tenía en casa y hasta me he puesto una corbata). La hija tiene unos dieciséis años, es alta (más que

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(este tipo es un cuentista) la madre), huesuda y muy delgada. Viste con el chándal de un equipo de baloncesto. Justo entonces se oye un gran trueno. Las bombillas parpadean. –Bueno, ese debe de ser Gordon –digo por decir algo. –¿Quién? –pregunta la cartera. –Gordon, el huracán. –Ah, ya. Bueno, ¿qué? ¿Nos enseñas tus cuadros? –¿Cómo? –Los cuadros, ¿no te acuerdas? –Oh, sí, claro, claro. Estaba tan convencido de que sólo era una excusa para presentarse en mi casa que no he preparado nada, así que me he visto improvisando caballetes, quitando sábanas precipitadamente de los lienzos y buscando los carpetones de las acuarelas. El estudio no tiene buena luz artificial. La madre y la hija miran las obras en silencio, con mucha atención. –¿Y cuánto cuestan? –pregunta la cartera (que todavía no me ha dicho su nombre)–. Supongo que contra más grande, más caro, ¿no? –Más o menos ese es el criterio, sí. –Es para una boda. Queremos hacer un regalo que no sea lo típico, ya me entiendes. El «contra más» resuena todavía en mis oídos y me parece el colmo de la vulgaridad, pero a la vez, no sé por qué, me excita: eso y el descubrir que realmente viene interesada por la pintura y no por acostarse conmigo. Paradójicamente, noto cómo me erotizo y me pongo muy nervioso: me tiemblan las piernas y pierdo el aplomo. Evito mirarla a los ojos. –¿Y quién se casa? ¿Algún familiar? –pregunto. –Mi marido. Mi ex. El padre de ella.

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–Ah. –Nos llevamos bien, es un tío cojonudo. Éramos muy jóvenes cuando nació ésta y la familia nos obligó a casarnos, ya me entiendes, los dos ya teníamos entonces otros rollos. Nos casamos, la bautizamos a ésta, recibimos los regalos y luego nos divorciamos: fue un buen negocio, yo creo que nunca he ganado tanto dinero. Él se casa ahora con su rollo. –Claro. –La vida es muy rara. –Ya lo creo, qué me vas a contar. Me siento completamente subyugado por esa mujer vulgar que ahora, en cuclillas, compara dos paisajes de atardeceres sobre los trigales. –Yo creo que este cuadro les puede ir bien, que acompaña a los muebles de su salón. ¿Cuánto cuesta? –Por ser tú, te lo dejaría en trescientos euros. –Coño, qué caro. –Las acuarelas son más baratas. –¿A cuánto me salen? –Te las dejo a cien euros. Arruga la nariz con gesto de disgusto. Al final ha decidido que ningún cuadro pega con la decoración de la casa de su ex y su rollo. Nos hemos sentado a la mesa. El besugo (digo esto en honor de la pescatera y su clienta de Sasamón) me ha quedado exquisito, pero sólo lo he elogiado yo, y varias veces, como si lo hubiera cocinado otro. La niña ha bebido cuatro cocacolas seguidas y la madre apenas ha probado el vino. Yo he terminado con las dos botellas. Después


del postre, Gordon ha doblado su servilleta y con gesto enérgico ha señalado el fregadero: –Niña, dale las gracias al señor por esta cena tan rica y friega los cacharros. –Gracias, señor –dice la chavala mientras se levanta dócil y se dirige a la pila. –Oh, siéntate, guapa, ya fregaré yo luego. La cartera replica al instante. –No, que lo haga ella. Así podemos subir a tu cuarto, ¿te apetece? –¿Cómo? –¿Subimos a tu cuarto? No creerás que he venido hasta aquí sólo por las acuarelas. –Oh, ya, claro... Sí, vamos. El corazón se me ha desbocado.

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(este tipo es un cuentista) uno a uno, como si fuera la empleada de un banco. Luego los ha guardado en un bolsillo de su pantalón vaquero, ha terminado de desnudarse, ha abierto las sábanas de la cama y se ha tendido cuan larga es. –Cuando quieras, tesoro. Nada de besos ni de babas, que me dan asco.

He sido incapaz de penetrarla y ella, tras intentar animarme con varias mañas, ha terminado masturbándome a mano, con decisión y rapidez, sin quitarme el preservativo (es el mismo que he comprado esta tarde en el bar de Olmillos). No sé si a esto se le puede llamar un «completo», pero se ha quedado con los trescientos euros igual. La alcoba está en la planta superior. Según –Bueno, cielo, hasta otra. Me pensaré lo entramos en la habitación, la mujer se quita del cuadro, puede que al final me decida por el jersey y después el sujetador y libera sus una de las acuarelas. pechos enormes, que parecen sacados Gordon se ha vestido a toda velocidad. He de una alegoría de la fecundidad o del libro oído cómo bajaba las escaleras y ordenaba Guinness. Se sienta en la cama y me dice: a la chica que dejara de fregar. Después, el –Yo hago esto por dinero, ¿sabes? sonido del motor de su coche me ha Siento que el rubor me sube a la cara. indicado que ya regresaban a Burgos. Afuera –Ah, ya, bueno. ¿Y por cuánto? llueve y de vez en cuando se oye una ráfaga –Depende de lo que pidas. Por un completo, de viento más violenta de lo habitual. Yo y por ser tú, te lo dejo en trescientos euros. permanezco aún sobre la cama, desnudo, Empiezo a sudar. El «por ser tú» y el «te lo con una infinita sensación de estupidez. dejo» los ha pronunciado con retintín. Me He decidido volver mañana mismo a tiemblan las manos. Bilbao.• –Si quieres, puedes llevarte uno de los cuadros. –Prefiero el dinero. Se cobra por adelantado. El relato “Viene Gordon” está contenido en Azorado, he sacado mi cartera y después Pampanitos verdes, publicado por Ediciones del he tenido que buscar en el cajón de la Viento. mesilla más billetes para completar la cantidad. Gordon los ha ordenado por tamaño y después los ha contado dos veces,

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EL NÚMERO de CUATRO fELISA mORENO

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(iLUSTRACIÓN DE iLKHI cARRANZA)

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(relatos)

o sé cuánto tiempo llevo encerrada aquí. Al principio gritaba y arañaba las paredes con mis uñas, hasta sangrar. Finalmente desistí; a veces un pequeño sollozo me asaltaba, otras era una lágrima salada que rebañaba ansiosa con mi lengua para deleitarme en su sal, hastiada de los alimentos tan sosos que me obligaban a ingerir. La habitación tiene cuatro muebles, es importante lo del número; todo aquí es par, menos yo, aunque pienso que también estoy duplicada. Algunos días consigo verme a mí misma tumbada encima de la cama, con las piernas cruzadas y las manos sobre el pecho, como en el último reposo de un difunto. En una esquina hay un par de sandalias de tacón alto, están destrozadas y cubiertas por una pasta seca. No me atrevo a tocarlas. El armario está vacío, tiene cuatro cajones, con frecuencia los saco y me entretengo con ellos, los alineo y les explico la lección, como cuando era niña y jugaba a ser maestra.


Aunque parecen iguales, cada uno dispone de una personalidad diferenciada, el izquierdo superior atesora una mancha de aceite en el fondo con forma de diamante, el inferior está desconchado en el frontal, como si hubiera sido picoteado por un ave hambrienta. El superior derecho huele intensamente a alcanfor y el cuarto sufre un descuadre estructural, lo que obstaculiza el encaje en su hueco. Me divierte meterme dentro del armario, permanezco un buen rato aspirando el aire viciado y oscuro. Cuando por fin salgo, disfruto con la sensación de libertad, lleno los pulmones de aire y grito con todas mis fuerzas. Las paredes acolchadas se tragan el sonido de mi voz, como los pavos de la abuela engullían el maíz hinchado que le arrojábamos desde la puerta del corral. ¿Por qué recuerdo esos pavos de moco colorado y no el motivo por el que estoy aquí? El otro mueble es una butaca de piel sintética, con cuatro patas y cuatro botones adornando el respaldo. Juego a marcarlos en mi espalda, hasta hacerme daño, otra excusa para gritar. El sillón es rígido, como los que se ven en los hospitales de la seguridad social. Un descalzador es el tercer elemento. Siempre me pregunto qué hace aquí, si yo no tengo zapatos. Me da asco usar las sandalias, aunque debieron de ser bonitas en su momento. Creo que los pies me han crecido de tanto andar descalza por la habitación. La banqueta me da escalofríos, siento como si estuviera allí para recordarme algo que trato de olvidar. El cuarto mueble, y último, es la cama. No tiene mantas, ni colcha, ni sábana superior; sólo la bajera, fuertemente sujeta al colchón

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con unas correas. No puedo taparme con nada y eso me impide conciliar el sueño. Para mí no existía mayor placer que esconderme bajo una sábana, sentirla sobre mi cuerpo, resguardarme en el hueco que moldea, acogedor y cálido como el vientre de una madre. Hay cosas que transcienden de la propia memoria. Además del mobiliario y las sandalias, junto a una esquina hay una ducha y un váter. De la ducha casi nunca sale nada. Todos los días, cuando creo que es de día, porque nunca veo la luz del sol, abro el grifo y me meto en ella, esperando que caiga el agua sobre mí. Puedo aguardar durante horas. He aprendido que, casi siempre, la paciencia me es recompensada. Aun así, en ocasiones, me desespero y golpeo la pared con los puños, hasta despellejarlos. El agua me calma, la necesito, ¿por qué me la niegan? No hay espejos, apenas recuerdo cómo es mi cara. La recorro con los dedos, creo que soy guapa, la piel suave, las facciones rectas, el cuello largo, los hombros esbeltos. Estoy desnuda, ya me he acostumbrado. Llevo peor lo de no tener sábanas para cubrirme por las noches. Mis miedos infantiles me atacan, nada me protege de los monstruos. No sé lo que he hecho para merecer este castigo. Ni siquiera sé si esto es un castigo o una forma de vida. Me cuesta trabajo recordar los momentos en los que me movía libremente por las calles, cuando el sol me calentaba el rostro y el aire despeinaba mi cabello y me arrullaba con sus susurros. A veces pienso que todo eso sólo es un sueño, que no hay otra realidad que la que encierran estas cuatro paredes. Cuatro.

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Los zapatos. Es lo último que recuerdo con claridad, estaban allí, sobre un estante forrado con terciopelo verde. Eran unas sandalias doradas, con pequeñas incrustaciones de brillantes y tacones de vértigo. Me recuerdan a las que yacen abandonadas en una esquina de este cuarto. Cuánto las deseé nada más ver mis pies vestidos con ellas. El precio..., sí, eran muy caras. La puerta se abre, es la hora de la cena, entra el encapuchado de siempre y me deja la comida en el suelo. Como todos los días le pregunto quién soy, qué hago allí encerrada, obtengo el mismo silencio que ayer, la misma indiferencia a mis gritos. Las sandalias..., eran realmente preciosas, con ellas puestas me sentía la reina de la fiesta, capaz de conseguirlo todo, incluso ese papel en la nueva película de un afamado director. ¿Soy actriz? Sí, era un contrato para hacer una película, me lo ofrecieron nada más ver mis zapatos, ¿o fue al revés?, ¿compré las sandalias después de firmarlo? Recuerdo algunas palabras sueltas, recuerdo la boca con bigote fino que las pronunciaba: cine experimental..., oportunidad única en su carrera..., mucho dinero..., estudio sobre soledad..., mucho dinero... Recuerdo que pensé que con esa cifra podría comprarme las preciosas sandalias doradas. Cómo he podido olvidar algo tan importante. Me siento en el descalzador para comer, la bandeja sobre mis rodillas. La comida se compone de una sopa y un puré indescriptible. Este último cambia de color cada día, pero mantiene el gusto insulso, a cartón mojado. He pensado en dejar de ingerirla, si enfermo tendrán que

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llamar a un médico y él me sacará de aquí; siempre desisto, el hambre consigue doblegar mis propósitos. Es un puño que aprieta mi estómago y me obliga a tragar. El número cuatro sigue rondando mi cabeza, como si fuera lo único que puede sobrevivir dentro de ella. Cuatro, cuatro, cuatro... ¿Cuatro qué? Cuatro muebles en la habitación, cuatro cajones, cuatro botones en un sillón, cuatro... ¡¡¡¡¡¡años!!!!!! De repente lo comprendo todo, mi memoria intermitente vuelve a torturarme con la verdad, he vendido cuatro años de mi vida para comprarme unas sandalias. Cuatro, cuatro, cuatro... ¿Cuatro qué?• Este relato está incluido en Trece cuentos inquietantes, publicado por Ediciones Hipálage.

qUIÉN

eS

fELISA mORENO Noguerones-Alcaudete (Jaén), 1.969.

Licenciada en Ciencias Económicas y Empresariales. Su primera novela La asesina de ojos bondadosos fue publicada en 2009 por la Diputación de Jaén, al obtener el primer premio del Certamen de Escritores Noveles. Ha recibido numerosos premios y menciones en diversos certámenes literarios. Tiene más de una veintena de publicaciones en antologías de relatos editadas en España y México. En septiembre de 2010 publicó su libro de relatos Trece cuentos inquietantes con la Editorial Hipálage. Ha quedado finalista con El club de las palabras prohibidas en el certamen de novela juvenil de los Premios Literarios Jaén 2009, convocados por Caja Granada. Esta novela será publicada en 2011 por la Editorial Edimáter. Está incluida como escritora en el Circuito Literario Andaluz, de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. as

s palabr EN RED: El sueño de la


LA MAÑANA e d aLFONSO H

LÓPEZ

a sido una mañana un tanto movida. En el andén todos apretados y en el vagón no iba a ser menos. Cuando se abrieron las puertas nos echamos unos encima de otros como bestias o como confeti buscando el hueco del sobaco que le quedaba alguno por ocupar. Ha sido una vulgar carnicería. “¡Esa pierna... córtela y sáquela por entre las gomas de la puerta cuando arranque el tren... ¡Gracias! ¡Muy amable!” -le ha respondido otra voz. Todo

(fOTOGRAFÍAS DE eXTRAVAGANTES)

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políticamente carnicero. Ha sido entonces cómo aquellos despojos, aquellos ojos de cabeza de cordero desollado me miraban fijamente. -¡Vaya!... ¿no sube usted? ¡Ánimo!, ¿le ocurre algo? -¡No se atreve!, ¡Ja, es un jodido gallina! -han dicho todos a una. Todo ese conjunto de vísceras purulentas, de huesos sanguinolentos a la vista, toda esa caterva infame de horrísonos chillidos se han puesto a vomitar el último resuello que contenían sus rosáceos pulmones:

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(relatos) “¡Coc, coooocococo, CO! Emplumadito animal no te sientas diferente por llevar aún tu piel, tu abrigo, desnúdate con nosotros... Jo, jo, jo”. Reían sin labios, los dientes chocaban boca contra boca, como agujeros ansiosos de seguir desgarrando. Eran realmente simpáticos aquellos elementos así que me arrojé a sus brazos para ser destazado. ¡Qué alegría!, ¡su hermosa violencia iba a ser correspondida con mi cuerpo! ¡Mi ansiedad, por fin, iba a ser fulminada de mi cuerpo! Pero nunca te fíes de los que desean la sangre de tu cuerpo. Al momento que entré en aquel lugar todos se congelaron como marionetas, volviendo cada uno a la suyo: uno dormitaba sobre el hombro de un lagarto, el otro leía incómodo cómo había quedado para tal periodista el partido más visto de la Historia (porque todo en el deporte rey es histórico, universal e irrepetible, la epopeya homérica es cosa de un periodista que leen millones de personas), un tercero recorría el animado escote de una quinceañera... Había cocuyos, puerco espines, tarántulas, hipopótamos, medusas y batracios fuera ya de su líquido

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elemento. Y algunos animales se conectaban con inmaculados cables recibiendo impulsos eléctricos que iban directamente a sus callosos cerebros. Pero, creo repetirme, allí nadie me recibió con lo prometido. Recularon un poco y me hicieron el sitio para una percha, que es lo que éramos perchas de animales, despojos multicolores dispuestos a elaborar la Gran Pirámide que existía en la superficie, la Gran Pirámide a la que todos pertenecíamos y a la que glorificábamos todos los días.•

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aLFONSO LÓPEZ hERNANDO, nacido en el barrio de Gamonal un sábado de 1971. A los nueve años le dio por leer los librillos que le pasaba su tío Luis, aquellos que apenas tenían 100 páginas y que tocaban palos de la novela tales como el lejano oeste o la ciencia ficción. Fruto de estos disturbios literarios siguió con la curiosidad hasta que llegó el instituto, el amor, los amigos, la poesía (no estrictamente por este orden). Han publicado sus poemas en revistas literarias como “Cuadernos del Matemático” o “Generación Espontánea”, y en antologías como Poesía Capital y II Ciclo de Poesía Iberoamericana. En 2009, junto a H.G. Bolo y Sergio Cruz Placer, fue parte del libro-trípode Trampolín Etcétera. Organiza El Tren Vertical, Espacio de Poesía y Acción en el bar Malatesta, y con los dos poetas citados anteriormente el espacio Refléx-Iones Rock, en Lavapiés. Sigue buscando la tranquilidad.


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o había conseguido, no cabía duda. En la noche de luna nueva, la ciudad encerrada sobre sus propias tinieblas envolvía a Sonia Bengoa con el abrigo de un viento que aún recogía los ecos de su exitosa presentación. Ni un alfiler cupo en la librería donde el cuarto libro de su fulgurante carrera se había mostrado como el próximo éxito editorial. Despliegue de medios, allí estaban todas las televisiones posibles; despliegue de famosos, allí estaban todos los nombres habidos y por haber; despliegue de desconocidos, provistos de un ejemplar para una agotadora firma de los mismos en cincuenta minutos para hinchar el ego del más modesto. Sonrió, ufana, mientras paseaba disfrutando de cada paso y de la

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POR LAS CALLES VACÍAS d e mANOLO d. aBAD

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noche vacía y oscura. Veinticinco años, una nueva muesca en un currículum para envidiar. Pensó en cuál podría ser el siguiente paso, cuál podría dejarle satisfecha. La vida era una carrera de obstáculos que ahora se presentaba ante los ojos de Bengoa como la contrarrecta del circuito más rápido: había que acelerar más a fondo, más aún si cabe de todo lo que lo había hecho antes. Resopló disfrutando del abundante vaho que salía de su boca y sus pasos comenzaron a discurrir más rápido. ¿Quién iba a reírse ahora de aquella adolescente de anchas caderas que apenas si probó los labios de algún regordete baboso? ¿Quién podría echarle en cara haber dejado la Universidad antes de matricularse en el tercer curso? Precoz

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(relatos) excepto en una sexualidad apenas intacta por una mala noche de alcohol tres años antes en que, tras dos torpes penetraciones de un sudoroso borracho, terminó escocida, sangrando, y remató la noche confesándose en un retrete con su propio vómito. Había superado esa esclavitud, se había convertido en una heroína cuyo único deseo era engrosar su currículum con la palabra “éxito” escrita en cada uno de los escalones que le conducirían a lo más alto del olimpo cultural. La niebla comenzó a adueñarse de la noche en el momento en que Sonia debía atravesar el parque tras el cual llegaría a su recién estrenado apartamento. Había encontrado un pisito de alquiler en la zona vieja de la ciudad, con un ambiente familiar donde se mezclaban artistas de todo tipo. El lugar ideal para que la esponja de Bengoa absorbiese toda su atmósfera creativa. Los focos de las farolas se filtraban entre los vapores de una niebla cada vez más tupida. Pudo escuchar unos pasos tras ella y el mismo nivel sonoro permaneció durante varios metros. Las zancadas se acompasaron con el ritmo del corazón de Bengoa, que iba alterándose a cada metro. Dejó atrás el estanque y supo que pronto se acabaría el parque. Recuperó un paso más comedido. En ese momento, una mano cubrió su nariz y su boca. Sonia perdió el sentido.

de sus brazos. Desesperada, miró en torno a sí. Percibió las miradas sobre ella, pero no distinguió en el público más que sombras. -¡¡¡Orden en la sala!!! La juez percutió con su mazo varias veces hasta que el murmullo se apagó. -Que comparezca la primera testigo. Con paso dubitativo, apareció Verónica Costa. “¿No se había muerto?”, se preguntó. Un suicidio, sí. Cuando ella estaba en segundo de facultad aquella chica de aspecto frágil se había tragado un montón de pastillas y había logrado su objetivo. ¿Qué hacía allí? ¿Cómo era posible que hubiese sobrevivido a aquello? Se había llevado el secreto de ambas a la tumba, días después de que Bengoa hubiese obtenido su primer gran premio por el poemario Con voz trémula. La chica explicó cómo se habían conocido. Fue en la cafetería de la Facultad. Verónica se había enterado que Bengoa dirigía la revista literaria “Diagramas” y le ofreció algunos de sus poemas. Semanas más tarde aparecieron publicados en el número dos de la revista, lo que enorgulleció a Costa. Lo que más placer le producía en el mundo eran sus poemas. Tímida, retraída, no tardó en entablar amistad con la directora de “Diagramas” que la animó a perseverar como poetisa. Así lo hizo. A final de curso ya había conseguido completar un poemario que tituló Con voz trémula. Bengoa recibió un ejemplar y le prometió moverlo Le pareció despertarse de un largo y profundo entre alguno de los contactos editoriales sueño cuando contempló ante sí lo que se que había conseguido gracias a su revista. asemejaba a una sala de juicios. Se remo- Costa siguió escribiendo hasta el comienzo vió en el sillón, pero no pudo incorporarse, del nuevo curso con la esperanza de que las puesto que dos guardias sujetaron cada uno conexiones de su amiga dieran fruto. Pero en

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noviembre se desayunó con la noticia: Sonia Bengoa había ganado el Premio Palabras Jóvenes de poesía por Con voz trémula. No podía ser, ¡el mismo título del libro que le había entregado! Dos días después aparecían en la prensa varios de los poemas incluidos en dicho volumen junto a entrevistas donde explicaba sus fuentes de inspiración, su método de trabajo. Verónica Costa comprobó con horror cómo aquellos eran sus versos, sus poemas tejidos con amoroso afán durante aquel primer año en la Universidad. Al día siguiente, decidió superar su timidez y abordar a la que había tomado por amiga y sólo era una vulgar plagiadora. Cuando se encontraron, Bengoa se rió de ella y la retó a que diese a conocer la noticia al mundo, a ver si alguien era capaz de creerla. ¿Cuántos habían leído su poemario? Sólo ella. En cambio, Sonia lo había mostrado como suyo a un montón de amigos y profesores. Costa lamentó no haber encontrado otra salida que el suicidio. Se arrepintió de no haber luchado más, de no seguir perseverando en la poesía y de no haber podido demostrar su indudable talento. Hundió su rostro en sus manos. Lloraba con amargura. -Puede retirarse, dijo la juez, para, a continuación, dar paso al siguiente testigo. Al atravesar el centro de la sala, Buko contempló de soslayo a la Bengoa y recordó los días de tormenta permanente. -¿Cuánto tiempo lleva sobrio? A Sebastián Miralles le llamaban “Buko” en honor al escritor Charles Bukowski. En sus primeros años de universidad solía emborracharse todos los días en su piso de estudiante mientras no paraba de garabatear

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(relatos) escritos y dibujos en todo tipo de hojas y libretas. Solía quedarse dormido en cualquier sitio del reducido apartamento que pagaban unos padres ajenos al alcoholismo de su hijo. Buko también había firmado algunos textos en “Diagramas”. -Dos años. Aquello fue meses después de que Sonia Bengoa le acompañara a su casa una noche. Fue tras la presentación del número tres de la revista. Llegaron a su piso bastante borrachos y Buko la desvirgó. Él apenas se enteró. Tras penetrarla por segunda vez y hacerla sangrar en abundancia, se quedó dormido. Como tantas otras noches. Bengoa vomitó el alcohol de la noche y se dio una ducha. Después se fumó un cigarrillo mientras contemplaba el cuerpo de Buko y los papeles desparramados por toda la habitación junto a cajetillas de tabaco, botellas de priva, ceniceros, algún plato y algunos vasos. Recogió con paciencia los papeles de todos los tamaños y comenzó a leerlos. ¡Eran unos textos magníficos! Allí había suficiente para otro libro. Limpió la habitación de Buko y la apestosa cocina. Por allí también había muchos folios desparramados, servilletas y hasta algún pequeño cuaderno con dibujos e historietas. Se dirigió al salón donde enriqueció su botín con más material revuelto y se marchó de allí como un fantasma. El libro se tituló Fragmentos de una vida hecha trizas. Esa vez cayó el Premio Palabras Jóvenes de narrativa. -¿No echó de menos sus textos? -Sí, claro. Pero al ver tan limpia la casa, pensé que ella los había tirado a la basura, como hizo con las botellas y las colillas.

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Luego recordé mucho de lo que había escrito al leer ese libro. Hasta el título era mío pero, ¿quién iba a creer a un borracho? Fue cuando decidí dejar de beber. La contempló con desprecio. Ella no rehuyó la mirada hasta que él se levantó para irse de la sala. El murmullo de las sombras creció. Sonia se revolvió, incómoda, en su asiento. La juez dio paso al siguiente testigo. Con la cabeza gacha, entró en la sala el profesor Mateo Cimadevilla. Bengoa notó cómo sus mejillas ardían. Cimadevilla había acogido encantado a la escritora, convirtiéndola en una especie de profesora asistente. Ella, que a duras penas había logrado aprobar un puñado de asignaturas, era escogida como la mano derecha del profesor más adorado -en especial por el sector femenino- de la facultad. Sonia lo interpretó como la más atrayente posibilidad de aumentar su influencia, de encontrar un sinfín de contactos nuevos que le abrirían un nuevo horizonte a sus insaciables expectativas. Bengoa trabajó como nunca lo había hecho en toda su vida durante los tres primeros meses junto a Cimadevilla. El flujo de ideas hasta le había impulsado a escribir más que de costumbre. Había logrado completar casi un libro con poemas y narraciones de su propia cosecha que no se atrevió a mostrar al profesor. Éste, sin embargo, no tardó en abrir su corazón a Sonia y confesarle su homosexualidad, aunque lo llevara en secreto por miedo a las reacciones. Al mismo tiempo, le enseñó muchas de sus poesías, que podrían haber llenado varios volúmenes. Bengoa se olvidó al instante de sus escritos y procedió a la selección de lo que sería

su tercer libro entre la maraña de textos del hombre que, con tanto cariño, le había apoyado. Antes de abandonar, a final de ese curso, la Universidad y al profesor Cimadevilla, logró vencer en un concurso poético de carácter nacional. La publicación posterior del trabajo chocó por el contenido, que revelaba matices homosexuales en muchas de sus líneas. Confesiones ocultas decepcionó por el giro radical, en cierto modo incomprensible, que había tomado el estilo de Bengoa. Ella trató de explicarse pero sin convicción. Una piedra en el zapato que Sonia se quitó pronto, diversificando su actividad. Creó una productora junto a un primo suyo para la organización de eventos culturales. Del intercambio con convocatorias en otros lugares logró aparecer en muchos de sus carteles. El giro volvió a beneficiar a sus intereses: cada vez su nombre refulgía con más vigor en el atestado planetario de las promesas literarias. Sonia Bengoa abrió los ojos y trató de moverse. No podía. Estaba amarrada por unas cadenas a una silla. La habitación, húmeda, infecta, le pareció propia de una pesadilla, probablemente de una película de terror, la saga Saw, quizás. Un escalofrío recorrió su cuerpo desde su garganta a la punta de sus pies. Se sacudió en su asiento pero no logró nada. El silencio se rompió con la música, escalofriante, del “Hey Joe” en la versión de Nick Cave & The Bad Seeds. Cuando los violines, el piano espeluznante, la voz del australiano, terminaron, hizo su aparición un individuo ataviado con unos


vaqueros y una camiseta blanca de tirantes. Sonrió a su audiencia de un modo teatral, como si estuviera en una representación. Llevaba una barba de una semana y guardaba cierto parecido con el Jack Nicholson de El Resplandor. A Bengoa el rostro le resultó familiar. Habían coincidido en un avión y él le había hablado de su vocación literaria. Trabajaba como bancario pero lo que realmente le estimulaba a seguir viviendo era crear historias. Había terminado tres novelas, acudía como espectador a encuentros literarios, amaba escribir y era lo que daba sentido a sus días. -¿Sabes quién soy, no? Sonia se revolvió en su silla. Le miró con odio. -¿A qué viene ese enfado? Hoy es tu gran día. Tu primera novela, tu cuarto libro. Debes sentirte muy orgullosa de ti misma. La mujer escupió a su interlocutor. -Veo que olvidas pronto. Tan rápido como copias lo que escriben los demás y luego te lo atribuyes. Bengoa sonrió, burlona. -Y ni siquiera tienes respeto a aquellos a quienes saqueas. -¡Yo no he saqueado a nadie! “La mentirosa que ha sacado provecho, acaba creyéndose sus propias mentiras”, pensó Eduardo Ibáñez. Tanto tiempo esperando ese momento y cuando por fin arribó todo lo que había pasado por su cabeza no hizo más que difuminarse. Argumentos para una nueva novela. Incluso esa misma situación. Trató de recordar el fuego que invadió todo su cuerpo cuando contempló

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(relatos) la portada de aquel libro, el que tenía que haber sido su libro, el libro firmado por Sonia Bengoa que había sido su gran creación, labrada en jornadas vespertinas con singular paciencia tras tres novelas previas donde había tratado de conseguir su propia voz, una personalidad inédita, rechazada con tenaz persistencia por un sinnúmero de editoriales. Siempre las mismas patéticas excusas. Eso cuando se dignaban contestar. -¿Ya te olvidaste de nuestro viaje en avión? ¿De mi manuscrito? ¿De aquellas jornadas literarias a las que acudimos, tú como ponente y yo como público? Acostumbrada a eludir cada uno de los obstáculos que se interponían en su camino a la fama, Sonia no contestó. -Yo diría que eso es cinismo. Ibáñez sonrió. Su rostro mostraba un rictus de locura. Sus ojos parecían a punto de salirse de sus órbitas. Acercó su cara a la de Bengoa. Sudaba pero el aliento olía a dentífrico recién usado. -Bien, veo que no hablas. Quizás porque no tienes defensa posible. La muchacha trató de hablar pero no pudo. Exhalaba aire por su garganta, pero nada más. Las palabras no salían. Quiso decirle “te equivocas”, o quizás un amenazante “¿quién eres tú para juzgarme?”, pero nada surcó el aire húmedo de aquel sótano infecto. -Has de pagar, de una vez por todas. Pagar por aquellos a los que copiaste, a los que humillaste con tu descaro. Sonia torció su mirada. Tan sólo podía mover la cabeza. Hubiera querido escapar, pero las cadenas se lo impedían. Había llegado el final del trayecto. Sin

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(fOTOGRAFÍA DE pABLO LORENZANA)

escapatoria posible. -Vas a morir, ¿sabes? Ya ni siquiera le quedaba saliva para volver a escupir a aquel hombre. -Tu vida por tu obra. Sonia pensó la forma en que iba a morir. No quería dolor, no quería padecer. Por primera vez, se acordó de Verónica Costa. Trató de ponerse en su lugar, pero pronto lo desechó. Era incapaz de meterse en la piel de aquella pobre chica. Tan sensible, tan vulnerable. Un tajo certero atravesó su cuello. El olor a la gasolina con la que Ibáñez la e m b a d u r n ó pronto se hizo insoportable, hasta que las llamas brotaron al primer chasquido de la cerilla. Aún pudo divisar la mirada perdida del último hombre al que había plagiado. La Sombra de Las Nubes convertiría a Sonia Bengoa en una escritora mítica. Eduardo Ibáñez seguiría tratando de publicar una de sus novelas.•

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a EN RED: Cuerpo y alm

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mANOLO d. aBAD (Oviedo, 1968)

es periodista, crítico de rock y crítico cinematográfico. Entre 1987 y 2008 escribió para la revista “Ruta 66”. Desde 1998 a 2004 editó y dirigió la revista cultural gratuita “Interferencias”. Desde junio de 2010 es el asesor musical de la radiotelevisión autonómica asturiana (RTPA). En la actualidad colabora en el diario “La Nueva España” y en sus suplementos “Cultura” y “La Nueva Quintana”, en el semanario “Les Noticies” y en las revistas culturales “El Súmmum”, “Literarias” y “Clarín” y presenta el espacio “La Abadía Musical” en el programa de RPA “La Buena Tarde”. Asimismo, radio (RNE-Radio 4, Radio QK), televisión (Oviedo TV) y prensa escrita (“El Comercio”, “Ábaco”, “Mondosonoro”, “AsturMusic”…) contaron con sus servicios. Ha publicado el libro de relatos Vasos Sucios En La Madrugada (Septem Ediciones, 2008) y ha coordinado y antologado el libro Palabras en 35 mm. A propósito de Gonzalo Suárez (AEA, 2011). Ha participado en los libros colectivos Songbook (Ruta 66 Ed., 2006), Mensajes de un mundo dibujado (Septem Ediciones, 2007), Palabras con Ángel (AEA, 2008), Relatos para una noche de verano (AEA, 2010) y Neo Noir: Cine Negro Americano Moderno (T&B, 2011).


A I S A N

A T EU

Ll

de LENA e IZ T R o

evabas tiempo enfermo, se te notaba. Jamás fuiste lo suficientemente fuerte, tal vez la causa de tu mal la ocasionó esa fragilidad que te ha caracterizado o quizás la sucesión de acontecimientos que nos han llenado de dudas, incertidumbre, estrés y tristeza. Sí, ese es el término: tristeza. Me pregunto si era posible evitar de algún modo la penosa situación por la que atraviesas ahora, sumido en un doloroso y callado paréntesis que te mantiene al margen de la existencia, como una presencia muda, sin sueños... en espera. Veo pasar los días en el calendario, uno detrás del otro, quisiera que el tiempo se detuviera también para mí, ser tu acompañante en ese espacio suspendido en donde no hay cabida para el pasado, el presente o el futuro, simplemente permaneciendo, sin recuerdos, anhelos o deseos. La frustración se apodera de mí entonces, casi sin sentirlo, murmuro quedamente: “no nos dejes por favor”.

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(relatos) Llevas ya tanto tiempo en estado de coma. Durante las noches aún extiendo mi mano buscando tu presencia bajo las sábanas, mas solo encuentro soledad en medio de ese punto indiferente y frío en donde la pasión tiene varios meses de no tocar a la puerta, permaneciendo como tú, ausente e inmóvil, falleciendo sin morir del todo. Puedo sentir el compás de tu respiración artificial. Tu permanencia depende de tantas cosas inherentes a ti y a mí. Me duele saber que no tienes movimiento, tu voz ha enmudecido, los latidos son registrados con precisión pero ya no dicen nada, no transmiten sentimiento alguno, tan solo representan el consuelo de saberte todavía aquí, aunque sea una falacia. De pronto, quisiera gritarte, ordenarte que reacciones, que despiertes y vuelvas a nuestro lado. Pero me contengo, sé que no puedes hacer nada, siento que las fuerzas se me han agotado, estoy anestesiada igual que tú con la diferencia de que yo sí siento el dolor sofocando mi pecho cada vez que intento respirar. A pesar de todo, acudo cada día a tu lado, te pongo al corriente de los sucesos del mundo, el país, la región, nuestro refugio... mi corazón. Sé que me escuchas aunque parezca que no es así. Trato de no darme por vencida. Busco y rebusco detalles distintos cada vez, decoro la habitación con fotografías nuestras para ver si así recuerdas y te animas a regresar, escribo cartas que te leo en voz alta describiendo nuestra historia, te hablo de

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esa soledad y pesadumbre que me invadirá sin compasión si te vas para siempre, cuido mi apariencia al detalle para verme bien por si me vuelve a mirar, trato de hacer el amor aunque ya no sienta sus manos, aun cuando sus labios no me digan nada, sus ojos están velados ya no me miran ni me reflejo en ellos, cepillo mi cabello con firmeza para revitalizarlo mientras trato de encontrar sin suerte la manera de activarte, colmo de flores el entorno para que su aroma inunde tus pulmones y permito entrar por la ventana a los rayos del sol para que entibien tu piel... su piel. Alguna vez, me pareció descubrir una leve sonrisa en sus labios, me llené de esperanzas. Las horas siguientes las pasé inventando y reinventando las mil maneras en que te daría la bienvenida cuando retornaras a la vida... a mi vida. Luego, los minutos crueles, las horas insoslayables, los días que con impiedad asesinan las ilusiones casi tan pronto como brotan arrojándome al rostro la realidad apabullante, pesada y atroz de tu inconciencia. Me aferro a aquel rostro, fotografío en mi mente las líneas de expresión, la forma de los ojos, la perfección de la nariz, la carnosidad de los labios. Tomo entre mis manos la suya esperando que en cualquier momento las aprisione protegiéndome como cuando caminábamos a tu lado creyendo en lo eterno. ¿por qué no resucitas? ¿Existirá acaso la eternidad? En tu caso, no fue así. Te encuentras suspendido entre la vida y la muerte sin retornar del todo y sin irte de una vez. “No te mueras” me escucho nuevamente decir. Mi súplica rebota en las paredes golpeándome el rostro con


impiedad mientras las lágrimas van dejando tras de sí un sendero salado y húmedo que me hacen consciente de mi cada vez más agria y banal existencia . Esta mañana desperté con la certeza de que no volverás. Nada cambia, no mejoras, absolutamente todo sigue igual... todo menos yo. No soporto más esta situación, con el dolor contenido de tantas semanas a punto de estallar en mi interior escucho mi voz implorando: -Muérete de una vez, por favor. Aún estamos recostados en la cama, me vuelvo con suavidad, acarició su cabello por última vez, beso sus labios con resignación. Agradezco tu sacrificio de permanecer a pesar de estar listo para volar en busca de nuevos horizontes, no obstante, estás aún aquí como un cadáver viviente pudriéndose a la intemperie sin que una mano compasiva acierte a enterrarlo para dejarlo descansar en paz. Hace tanto tiempo que te fuiste de mi lado. No me refiero a este momento de pasividad física que te atacó, sino antes, cuando tu espíritu se difuminó, no te estoy culpando de nada, ¿cómo hacerlo? si trajiste tantos sentimientos nuevos a mí, algunos ya conocidos, otros que reinventaste, locuras que me hicieron reír. Gracias a ti me sentí feliz durante tanto tiempo. Yo fui la culpable... nosotros... dejamos de alimentarte, permitimos que la rutina te envolviera apoderándose de ti, no pusimos cuidado y causamos con nuestro egoísmo esa enfermedad que ahora te mantiene postrado en esa cama agonizando, encadenado a un lugar en el que ya nada tienes qué hacer.

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(relatos) Hoy, ha llegado el momento de decirte adiós. Con las tijeras invisibles de la resignación corto el lazo que te aprisiona en esa zona intermedia entre la vida y la muerte. Eres libre... Sé feliz. Él y yo, nos miramos a los ojos con tristeza, las lágrimas delatan nuestro fracaso. Abandono el lecho y comienzo a caminar sintiendo su mirada en mi espalda mientras tus despojos se quedan ahí. Me siento infeliz, pero liberada. Me despido de ti diciendo: -Adiós amor fallecido. Merecías morir con dignidad.•

qUIÉN eS

eLENA oRTIZ mUÑIZ Mexicana-Española.

Licenciada en Ciencias de la Comunicación egresada de la Universidad Franco Mexicana S.C. en el Estado de México. Ha publicado en diversas revistas en México, Canadá, Uruguay, Argentina, España y Colombia. Colaboradora de “Arena y Cal” (España), “Revista Gibralfaro” (Universidad de Málaga) y “El canto del Ahuehuete” (Guanajuato). Miembro de El Rincón de los Escritores, El rincón del poeta.net, Registro Mundial de Escritores en Español (REMES), Unión Hispanoamericana de Escritores, Red de Escritores Latinoamericanos y Comunidad de Escritores, ha participado con éxito en certámenes literarios como La Felguera 2010, “Katharsis”, Iwith.org 2009, www.abogados.es, Biblioteca Municipal de Arucas, Algazara, etc. Bibliografía: -Antologías Digitales Mejores Textos del 2008 y Mejores textos del 2009, Rincón de los Escritores. -Antología del Tercer Certamen Literario Iwith.org 2009. Bubok.es. -Fe, Corazón y Alegría, Bubok.es. 2009. -Palabras Aligeras, Hipálage. España, 2009.

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LA TAZA QUE NO ME GUSTA dejULIO jURADO

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¿

Cuánto tiempo llevo durmiendo en el sofá? Unas dos horas, más o menos. Es fantástico, una siesta en la oscuridad del comedor para que los procesos digestivos entren en acción. No necesito ver el reloj para saber que ya son las seis, quizá las seis y cuarto de la tarde por la escasa luz, desapacible y amarillenta, que atraviesa los ventanales que dan a la terraza. Me resisto todavía a abrir del todo los ojos, a abandonar todas esas imágenes invisibles que nos desvelan los sueños. Pero no vivo solo. Escucho cómo se escapa el vapor de la plancha y alerto los sentidos. Desde donde estoy, puedo sentir el ajetreo en la cocina. Se comunica con el salón por una ventana que vigila cualquier atisbo de actividad. Así

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que no me atrevo a deslizar la cabeza fuera del refugio que me ofrece el sofá. Sin embargo, mi cuerpo pide auxilio. Necesita urgentemente la panacea de los remedios. Daría lo que fuera, hasta la vida si me la pidieran, por una taza de café. Ya va siendo hora de que me mueva. Seguro que a Elena también le apetece y le agradaría bastante si se lo hiciera. —¿Quieres un café? —me dice desde la cocina leyendo, sin ninguna consideración, mis pensamientos. —Sí. Pero ya voy yo a prepararlo. —Está recién hecho. No hace falta que te muevas. —¡No! ¡Espera! Si quieres, recojo la cocina —insisto, tratando de ser algo útil.


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—Ya está recogida —me dice; y la veo aparecer por el lado del sofá donde me cuelgan los pies. Su expresión es agria y muy rígida, como un cuchillo lacerante. Lleva el café en la mano izquierda, en la taza que no me gusta. La derecha permanece oculta detrás del respaldo. Elena ha recogido la cocina, preparado la cafetera y ahora plancha nuestra ropa. Yo, en estas dos horas, he debido de engordar otros doscientos gramos más o menos. Mientras me incorporo para recoger la taza que no me gusta, veo acercarse su mano derecha. Y con ella, todas esas imágenes invisibles que nos inquietan en los sueños, como si fueran pequeñas muertes; como si mis sentidos, en una profunda reflexión, hubiesen sofocado el aire.•

jULIO jURADO nació en Madrid en 1958.

Es escritor y fotógrafo porque le gusta escribir y fotografiar la vida que no se encuentra. Participante ocasional en concursos literarios, sus relatos han sido reconocidos en algunos de ellos, como el Julio Cortázar de la Universidad de la Laguna o el Alfonso Martínez Mena. En 2007 es seleccionado con otros once escritores para participar en el libro: PARÁBOLA DE LOS TALENTOS. Antología de relatos para empezar un siglo. En diciembre del 2008 se desvincula de una relación laboral de 33 años con una empresa privada. Esta separación le permite elaborar el libro de relatos Andar por el aire, publicado recientemente por Gens Ediciones. Como escritor se formó en el grupo “La llave de los campos”, y en la actualidad está preparando su segundo libro de relatos. Da clases de escritura creativa en “Escuela de Escritores”, donde defiende que otra narrativa es necesaria como elección a la mayoría de productos comerciales que inundan el mercado.

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ROY & EL ESCRITOR deáNGEL gONZÁLEZ

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EL ESCRITOR

—U

na habitación inquietante, sí, pero con algunos cuadros, no sé, cambiando un poco la decoración, esto aquí y eso allá..., y las sillas y el escritorio ¿de dónde has sacado esa enorme mole de mierda? ¿Del mercadillo tal vez? Y no, no estoy diciendo nada de que usted tenga mal gusto y esas cosas, ¿sabe? Pero es que los escritores solemos ser bastante quisquillosos, tenemos nuestras paranoias. Venga, el escritorio me vale, lo que sí que le rogaría es que me sacase los gatos de la casa, tengo alergia, no es por otra cosa, una alergia como un camión, achús, achús, achús y me caigo al suelo, no me parecen mal los gatos en sí como animales de compañía, pero es que los veo como, no sé si me entiende, esporíferos, parece que al menor ruido saldrán todos en desbandada dejando sus pelillos por todas partes y luego yo con el Ventolín® es un problema porque,

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¿aquí no tienen farmacia, verdad? Me he traído repuesto para un par de meses pero mi médico se mostraba bastante reacio a recetarme más, y mira que se lo expliqué y le dije dónde venía y que esto estaba casi incomunicado o algo así. Estos facultativos siempre se piensan que c u a n d o u n o p i d e u n a c o n s i d e r a b l e c a n t i d a d de medicamentos es porque es un toxicómano. No, le vuelvo a decir, doctor, que lo que ocurre es que como vuelva a darme otro de esos ataques v oy a palmarla y a ú n me quedan por escribir dos o tres buenos libros. No sé si se lo he dicho antes, escribo novelas. A lo mejor a usted no le gusta leer, no hace falta que ponga esa cara, es que cuando estoy nervioso hablo hasta por los codos. ¿Me sacará los gatos? ¿Mañana por la mañana? Bueno, hágalo cuando pueda, no me queda otro remedio que instalarme aquí y ponerme a trabajar. Es una novela de terror. Ya, que no le importa, disculpe amigo.


H A C I A UN C L AR O RASTR O D E PL AS MA TOTALMENTE CREATIVO

T

odo empezó en la cocina, fraguándose sobre la encimera una de la mayores atrocidades de las que nuestra sociedad haya tenido conocimiento. Era mil novecientos noventa y pico, en pleno apogeo del grunge. Los Soundgarden, los Alice in Chanis, Nirvana, Sonic Youth, Breeders, L 7 , Mudhoney, Pearl Jam, y etcéteras. A tomar por culo los Beatles. Los jóvenes se pasaban por el forro todo lo relativo a las modas, a la ropa cara. Los ídolos empezaban a caer uno tras otro. Era un ambiente de fusión entre el punk y el metal con gente muy parecida a nosotros, que se agarraba al micro y que nos odiaba a muerte, con sus pantalones vaqueros y esa ropa abigarrada, en comunión con nada, desvencijada sin ninguna primavera donde florecer, nada de poesía mona, solo la cruda realidad y unas guitarras que te ponen los pelos de punta. Lento, rápido, lento, rápido y así hasta que el tema terminaba y empezaba la siguiente pista. Buenos discos, sin duda..., y esos conciertos hiperlongevos, multitudinarios, citas imprescindibles en Reading, Lollapalooza...; como en Woodstock pero casi treinta años después. Pues bien: El calendario, al lado de la nevera tenía tachados todos los recuadros justo hasta el siete de diciembre inclusive, por lo que para bien o para mal, el ocho de diciembre, es nuestra fecha. Roy Oyster Vargas vivía solo, sin tener animadversión hacia nada. La sociedad no le repudiaba, simplemente pasaba de él porque no esperaba que hiciera ninguna proeza.

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(relatos) No tenía tele. No iba a los partidos de fútbol. Solo le gustaba construir maquetas de ciudades con esos árboles fantasmagóricos en cuyas ramas depositaba pájaros que él mismo disecaba específicamente para luego insertarlos en esas recreaciones a pequeña escala de lo que consideraba un Mundo Perfecto e Inalcanzable. Roy no vestía de negro ni creo que le gustase la muerte, las telarañas, los labios en rojo mal perfilados o excesivamente extralimitados con esa abstracción propia de los Cure; apenas sentía una mísera empatía por las historias góticas..., y el arte conceptual, contemporáneo y demás, le traía sin cuidado. No pertenecía a la bohemia, ni su vida intentaba seguir las directrices de ningún personaje famoso. Sabía perfectamente que todos esos tipos eran una auténtica farsa. Eran postizos. En cuanto a los cementerios, no había pisado ninguno desde la época prehistórica en que murió su madre. De Cáncer precisamente, cuando el Cáncer no era Cáncer sino una extraña enfermedad confundida con otras para las que sí que se tenía una explicación encuadrada dentro de la lógica médica. En aquella época podían decirte que tu madre murió de una neumonía, mala suerte. Roy era un perfecto caballero de uno setenta, fumador, bebedor ocasional, desgaste sentimental ordinario, un historial clínico bastante ínfimo, casi nulo, un puesto de trabajo en el D e p ó s i t o d e A g u a s M u n i c i p a l y u n a c a s a cedida por el Ayuntamiento, sin renta. El huerto de la parte de atrás estaba lleno de cáñamo, por lo que cuando llegaba un poli nuevo a la comisaría de Asepsia, los demás compañeros le gastaban la manida (hasta la saciedad)

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(relatos) broma de instigarle a que detuviera a Roy por Plantación Ilegal de Sustancias Nocivas e Insalubres. Lo cual sucedía siempre y a él no le importaba en absoluto el percance (a Roy, por supuesto) porque así tenía la completa certeza de que lo dejarían en paz hasta que llegase el próximo agente, cosa que solía suceder aproximadamente en un periplo de tiempo bienal. Así que no estaba nada mal, era aceptable, así como también era evidente que el motivo principal de este tipo de horticultura no tenía otro sentido que precisamente alimentar a los pájaros que solían transitar la plantación en busca de esas preciadas semillas. Aprovechando el paso de dichos pájaros por su plantación, mediante unas toscas tablillas impregnadas de un pegamento especial para ratas comúnmente conocido como Liga, Roy se abastecía de materia prima para embalsamar y subsidiariamente colocar en sus estudiadas maquetas metropolitanas. EL RASTRO DE PLASMA TOTALMENTE CREATIVO

P

ues bien, el ocho de diciembre fue la fecha en que nuestro sujeto se empeñó en crear una receta de cocina a base de productos vegetales y filetes de pollo y por ello Roy cortaba frenéticamente la cebolla en minúsculas partículas cuando uno de sus dedos, el anular concretamente, fue seccionado por uno de esos cuchillos del tele-venta que poseían un filo hiperterrible garantizado de por vida. El aire que entró entre el hueco que los dientes y el labio inferior de Roy (que estaban tocándose cuando sucedió lo del dedo) produjo un sonido

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especial que podríamos describir con muchas efes aspiradas para adentro. Hacernos a la idea no es complicado. Acto seguido la sangre se derramaba con una fiereza inenarrable sobre la tabla, la cebolla nano-picada, el suelo, las paredes y todo el trayecto que el chico recorrió presurosamente hasta llegar al armario donde guardaba el botiquín para casos de emergencia, y éste por supuesto que lo era, en tanto que la sangre solo cuajaba en el suelo, nunca en su dedo, y las plaquetas no estaban por la labor de detener todo aquel entuerto. Roy había escuchado algo de que, al respecto de las amputaciones, lo que hay que hacer es introducir la pieza seccionada en hielo y acudir urgentemente al hospital más cercano. Como en Asepsia no existía tal, ni él mismo como individuo perteneciente a una congregación de vecinos no superior a trescientos individuos contando al párroco, no conocía a nadie que pudiera coser eso y también, dado que además no tenía coche porque jamás pensó que le hiciera falta uno, sumado a que si él podía, que siempre lo hacía, no quería relacionarse con nadie [debido todo ello al ingrato recuerdo de uno de esos típicos episodios de apartheid social durante su infancia, en el que los niños de la escuela no quisieron entender que el aspecto rubicundo y flagelado de su piel era una curiosa historia de urticaria que él no había peticionado, y que la enfermedad, por alguna extrañeza congénita, se había establecido en su familia desde los más remotos tiempos que se puedan recordar. Su padre trató de aclararle el asunto cierto día en que Roy llegó de la escuela perseguido por los tirachinas de los niños y le dijo que:


—Hijo, esto que te ocurre a ti es un error, un error, la naturaleza ha cometido algún error y por lo que quiera que sea esos chiquillos…, no les guardes rencor, esos enanos que no tienen ni media hostia no les guardes rencor, perdón, este lenguaje no es tolerable, no debiera serlo, nunca, no les hagas mucho caso, solo los idiotas pueden llegar a no comprender una enfermedad… ¿Te imaginas, hijo mío, parte de mi parte, imaginas que Alexander Fleming no hubiera comprendido lo que es la enfermedad? Sería un desastre para todos, para todo el mundo, incluso para esos burros, pero no les guardes rencor, despeja el odio de ti (en ese momento abre la ventana, se asoma, saca la mitad del cuerpo a la calle, intenta cerrar la ventana tras de sí todo lo posible, inspira, toma aire, mucho aire y dice: ¡Sí, imbéciles, cerdos de mierda, copularé con todas vuestras daifas madres hasta llegar al desgarre pélvico y esperaré pacientemente, oh señor, a que se desangren en el suelo, y en el suelo seguiré entrando en ellas, lo haré, por el dios piadoso que lo haré, me internaré en ellas plenamente, perros hijos del lenocinio, en verdad os lo digo, no pararé de hacerlo hasta que sus ojos, los oscuros y vidriosos ojos de vuestras lenas, hurgamanderas e infames madres, se salgan de sus cuencas, y en tal caso, cogeré, les abriré una pequeña oquedad y también entraré en ella, copularé tibiamente los ojos de vuestras madres, chiquillos fruto del lascivo impulso meretrizoide, aquí mi palabra, aquí la revelación divina que tanto hemos esperado, la ley que debe ser…), debes comprenderles, son, son solo tontitos, ellos no, no, amor mío, fruto de mis entrañas, ellos no leyeron a Platón con siete años como hiciste tú, este tipo de gente es la que mata al que les dice que viven entre las sombras, seguro que Platón también padeció

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(relatos) algo similar a ésta nuestra enfermedad enfáticamente urticaria, pobres… Me dan pena esos niños, vivir así la violencia, me pregunto dónde, a qué lugar querrán llegar así… Seguidamente, el padre de Oyster le hizo saber a nuestro Oyster que no olvidara que había muchas enfermedades, y que esas enfermedades también se cebaban con los idiotas que no las comprendían, que no comprendían los padecimientos: —Esos niños de los tirachinas, tarde o temprano van a sufrir, hijo mío, tarde o temprano lo harán, no les guardes rencor; cuando encuentren su propia enfermedad, sé compasivo; en esos momentos tan solo mantente cerca, escucha la voz de tu padre: ellos sudarán y tendrán dolor, les dolerá todo el cuerpo, sufrirán, y es entonces, no les tengas sus actos en cuenta, es solo entonces, en el propio instante del que te hablo, hijo mío, cuando debes procurar estar cerca, es muy importante que no hables, que no digas una sola palabra, solo, recuérdalo siempre, solo intenta mantenerte muy cerca de ellos, con que noten tu presencia allí basta, mírales y no dejes nunca, ¡nunca!, de hacerlo…, puñeteros críos. Las breves instrucciones y acotaciones de su querido padre le consternaron y le dejaron pensativo. En aquella época de su vida se refugió en los libros de un tal Poe, el cual escribía cosas sobrecogedoras. Él siempre había sido un buen lector al que no le gustaba leer. Todo cambia. Su amado padre le dijo un día: Una vez en una aterradora medianoche, mientras yo reflexionaba, débil, cansado sobre un gran volumen, etc. Y ese veneno caló hondo y le cambió por completo. Amaba a su padre, le había enseñado tanto, y al padre de su padre, nunca hallaría palabras para agradecérselo, y al padre del padre de…, eso. Al cabo de un

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(relatos) tiempo, y ya reformado como lector al que sí que le gustaba leer, llegó a sus manos Manuscrito encontrado en una botella. Poco tiempo después pensó Roy que cruzaría el charco hacia Europa, cosa que no hizo, y se quedó en Asepsia, donde jamás llegaría a ser como Poe, ni siquiera como Bécquer, ni Shelley, ni Guy, Hoffmann, James, Maupassant, etecé], creyó tener una solución a su alcance sin necesidad de recurrir a nadie. Su dedo amputado proyectaba ya una coloración lívida bastante preocupante. Había que coserlo de alguna manera. Roy cogió aguja e hilo y se dispuso a dar puntadas a dolor vivo hasta que consiguió unir la falange díscola con el resto del dedo anular de su mano, que temblaba. LA CREACIÓN

U

na semana después, milagrosamente, el dedo cobraba vida. Cogió el color de la tez castigada de Roy y él se sentía muy contento, tanto, que su cabeza no dejaba de dar vueltas a proyectos creativos asombrosos con pájaros disecados y casas, muchas casas, dispuestas en un orden increíble. Aquella tarde del doce de diciembre optó por darle vueltas a lo del dedo, que parecía haber tomado una coloración parecida a la de las personas normales y corrientes. Al rato escuchó una de las canciones de Michael Jackson y se dio cuenta de que Él había logrado cambiar su pigmentación, había escapado del ser negro para unirse al ser blanco. Había huido de su piel: la había transformado. Pero Roy no era ni negro ni blanco, sino una fea urticaria humana, y no tenía ni un céntimo de sobra:

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su código postal le indicaba que la ayuda de la cirugía plástica le quedaba tan lejos como la vida a Marte. Todas las ideas que existen en el mundo llegaban a su cabeza, pero durante la criba solo se quedó una de ellas. Era algo relacionado con su flamante nuevo dedo. Necesitaba nuevos ensamblajes. “Last Exist”, de los Pearl Jam, sonaba duro en la radio y “Cherub Rock”, de los Smashing Pumpkins, ya había finalizado. El timbre de la puerta sonó. Era un vendedor ambulante que ofrecía una colección de literatura fantástica. El vendedor le ofreció a Roy un folleto en el que salía una foto de Edgar A. Poe, que nuestro Roy interpretó como una señal del mismo escritor que le estaba indicando el camino hacia la felicidad. Se mostró dispuesto a comprar esa colección de literatura e invitó al vendedor ambulante a pasar al interior de la casa para firmar la solicitud, indicándole a su vez que le parecía genial que en el plazo de una semana esa colección estuviera centelleando en los anaqueles de su pequeña biblioteca. En el transcurso de una cálida conversación acerca de las dotes poéticas y tétricas de Poe, el vendedor hizo gala de su aptitud para este trabajo, recitando de carrerilla “El cuervo”, el poema preferido de Roy, que entró en una especie de éxtasis y le clavó en la garganta su preciado cuchillo hipercortante, a lo que el vendedor respondió con un grito ahogado que ni siguiera llegó a sonar nada en absoluto, cayendo muerto al suelo sobre su cretino charco de sangre. Siguiendo el mismo procedimiento que cuando se cortó la tercera falange del dedo anular, Roy taló una a una las secciones del cuerpo del vendedor,


las introdujo en el congelador y pensó que ya decidiría más tarde qué partes de ese cadáver iba a implantarse. Al cabo de unos meses encontró una forma de alejarse de la vista de los vecinos de Asepsia en la figura de Jimmy Denver, un adicto a la cerveza que le traía a la puerta de casa todo lo necesario para la subsistencia y que le hacía a Roy todas la labores propias de su trabajo en el Depósito de Aguas del pueblo. Jimmy nunca preguntaba nada ni se fijaba en otra cosa que no fueran los billetes canjeables por dosis de cerveza que le proporcionaba Roy a cambio de sus servicios y de su absoluta discreción. El folleto con la foto del mismísimo ídolo de Roy, a saber: Edgar, presidía la mesa del comedor y su cuerpo de Roy, en un alto porcentaje ensamblado con porciones de otros cuerpos tales como el de la limpiadora, el del jardinero, el chico del orfanato y los de varios mendigos a los que Roy había mostrado su hospitalidad de esa forma tan extraña que él y su cuchillo tenían últimamente. La disidencia primigenia de las cicatrices estaba ahora pasando a hiperfusión molecular. Todo era perfecto, pero el olor fétido de los desechos de los cadáveres del sótano empezaba a tomar asiento en la parte superior de la casa, de ahí que el chico intentara quemar algunos de los cuerpos. En contra de sus deseos más acuciantes el hedor se acrecentaba aún más por toda la zona y los vecinos podían llegar a sospechar algo. Irremediablemente esas sospechas atraerían a la pasma y la misma le pondría de patitas en la cárcel, o en la silla eléctrica. Necesitaba un coche, pero como ya es de

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(relatos) sobra sabido, había un problema a este respecto, así que Jimmy no dudó, a cambio de un billete de cien, en ir al desguace de Terry para apañar algo. Con unas cuantas piezas pronto tuvo Roy un medio de librarse de los cadáveres durante la “medianoche aterradora”, o sea que tenía coche. Así se deshizo de los malos olores y fue apropiándose de los pedazos de cuanto desgraciado tenía la mala suerte de llamar a su puerta. Y no deberíamos olvidar de que la cabeza de Jimmy le atraía, no le importaría tenerla encima de su cuerpo, pero por otra parte, el tipo le era imprescindible para conseguir sus fines de Roy Oyster. La cabeza le daba vueltas, sentía un ligero mareo y algún añadido tal como, por ejemplo, la fiebre. Pensó que tal vez iba a morir sin concluir su trabajo y él en el fondo se veía rondando la perfección de no ser por la sutura amateur con que había bordado torpemente su brazo izquierdo. Entonces sonaba en la radio el “Come as you are” de Nirvana y empezó a sentirse mejor. Tomó el antibiótico. También decidió tomar la codeína pura que Jimmy le había robado a un amigo suyo que a su vez se lo había robado a una chica adicta, que lo obtuvo felando el pene de uno de los cirujanos del hospital de la capital. Notó que estaba mejor, mucho mejor y se le ocurrió encender la chimenea y dos cirios rojos para solemnizar el altar que había creado alrededor de la foto de su salvador, el señor Poe. Al cabo de un rato se hizo de noche y Roy pensó que lo mejor sería irse a la cama, pero un momento, le pareció francamente mal dejar encendida la chimenea por el evidente riesgo que existía de que se incendiase algo

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(relatos) y se propagase el fuego por toda la casa, y que consecuentemente, él muriese con la tarea de su metamorfosis medio hecha. De este modo, por no ir a la cocina a por agua, además de por los efectos de la codeína junto con el brandy y las cervezas que se había tomado, decidió mear directamente en la chimenea para apagar el fuego y eso, francamente, olía apestosamente mal a pesar de que el último tema de la noche fuera el de los Alice in Chains “Sea of sorrow”. ¿Quieres parar ya de morir? —soñaba Roy. Su cuerpo estaba resolviendo una muerte y resurrección cíclica que lo estaba empezando a atosigar demasiado. Los miembros amputados y los cosidos se debatían en una incesante disquisición acerca de si quedarse o marcharse a su anterior dueño y él no quería tener su antiguo y urticante cuerpo bajo ningún concepto. Se despertó sudando y desolado fue a buscar a Jimmy para así finiquitar su transformación definitiva. Tenía que aleccionarle de lo que debía hacer para que la implantación de una cabeza nueva derivase en otro rotundo y total éxito. Jimmy estaba bajo el voladizo de un garaje, al lado del Ayuntamiento, con una considerable carga de inutilidad física debido a las elevadas dosis de alcohol que le invadían las venas. Se lo llevó a casa y lo espabiló como pudo (como pudo, también significa algún golpe que otro y cubos de agua helada en las pelotas), entonces al regresar a este mundo, Jimmy, entendió el plan y comprendió que le aportaría unos dos mil pavos. Salió nuevamente por la puerta (esquivando los gatos que se reproducían como ratas debido al alimento a base de carne humana triturada

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que les preparaba Roy) con la promesa de que al día siguiente le traería a la persona indicada para lo de implantarse una nueva cabeza. Roy escribió en una libreta cómo Jimmy debería realizar el proceso y no olvidó en apuntillar en mayúsculas la existencia de dos mil pavos, ideales para apagar mucha, muchísima sed dipsómana, para que así Jimmy pusiera algo más de interés de lo que solía poner siempre. Cuando a Jimmy le movía el interés solía trabajar mejor aún que el más experto de los doctores de cualquier ámbito académico. Esto era un pensamiento claramente contrastable y empírico, fruto de la lucidez sapiencial de nuestro Roy. Así que al cabo de dos días está sonando ese tema de Temple Of The Dog que se llama “Hunger Strike” y Roy se dirige con el cuchillo cuya hoja está terroríficamente afilada a la habitación de alguien que dice que es escritor de novelas de terror y que supuestamente ha alquilado una casa cuando lo que realmente ha alquilado es una decapitación inminente y Jimmy..., Jimmy está esperando afuera. EPÍLOGO

A

las ocho y media de la mañana Roy Larsen cargó la furgoneta con todas las jaulas para atrapar gatos que su viejo amigo Ben pudo prestarle. Con el ceño fruncido arrancó y se dirigió a la casa que había alquilado al escritor. Esperaba que estuviese dormido cuando llegara. No quería aguantarle ni una palabra más y hasta llegó a pensar en que estaba arrepentido por la insensatez de hacer de casero de un tarado que escribía chorradas que a nadie


le interesaban ya. Por otro lado sentía cierta nostalgia hacia esos gatos que tan buenos momentos le habían regalado. Sí, se los llevaría todos a su nueva casa y bajo ningún concepto les abandonaría ni les haría pasar por el mal trago de soportar con estoicismo al tarado que, tras pagarle la correspondiente suma en concepto de alquiler, le iba a proporcionar la cantidad necesaria para contratar a la hermosa asistenta sanitaria, la cual coparía los mejores sueños eróticos de su mente. R. Larsen había visto casi todas las películas de explícito contenido sexual protagonizadas por enfermeras a domicilio que mimaban a los abuelos más allá del terreno propiamente laboral y profesional. Quizás merecía la pena que un pelma viviera en su casa después de todo. — ¡Ah, amigo! Así que ha venido, ajajá. Ya sabía yo que usted era un perfecto caballero. Es que hay gente muy rara por ahí y en estos tiempos encontrar un casero que se preocupe por su inquilino es complicado, no como sucedía antes ¿verdad? Antes la gente era de otra ralea, ya me entiende, estos jóvenes de ahora, bueno y no tan jóvenes porque el otro día cuando iba a ver a mi amigo Klaus, que también es escritor, sólo que de un género más histórico, son novelas de alto contenido histórico, historiquísimas, pero con una mezcla de misterio y de no sé qué más, y sí, muy documentadas, miles, millones de horas buscando información por todos lados..., si hasta ha obtenido uno de esos premios gordos en los que te sacan en la tele, no sé si usted estará puesto en el tema, amigo...•

qUIÉN

eS

áNGEL gONZÁLEZ gONZÁLEZ(1974- ??)

Artista plástico, poeta y narrador. Ha publicado el poemario Muñeca Rusa (Ediciones del 4 de Agosto, 2010) y ha participado, entre otras, en las antologías: Premio de poesía Hipálage 2008, I Premio Algazara de Microrrelato, Los rincones más oscuros, Con otra voz,; así como en varias revistas y fanzines: “La Hamaca de Lona”, Nº25, “La Fanzine”, Nº1, “2000 mgs”, “Iguaz”, Nº24, “Vinalia Trippers. Plan 9 del espacio exterior”, “Creature”... Forma parte del Consejo Editorial de la revista “En Sentido Figurado” y ha realizado trabajos de ilustración para diversas publicaciones así como varias exposiciones de pintura.

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FESTIVAL ANUAL DE DANZA DE CUCARACHAS de

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nORBERTO LUIS rOMERO

H

ace miles de miles de años, una cucaracha asomada a una rendija presenció la danza sagrada de los derviches, que consiste en dar vueltas y más vueltas en círculo sobre el eje del propio cuerpo, se lo contó a otras escenificando lo visto y, maravilladas por la primicia y dada su inclinación natural por todo lo exótico, a

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partir de entonces la adoptaron como propia, y la danza se convirtió en un rito anual. Los bailarines derviches entran en éxtasis, las cucarachas lo fingen. Comienzan simulando un paulatino mareo y a continuación caen en profundo trance durante el cual, por lo general, aseguran que toman contacto o son poseídas por la Gran Cucaracha Madre, diosa principal del parnaso de las cloacas, quien expresa su divinidad por boca de las posesas lanzando todo tipo de improperios, vaticinios, maldiciones, caprichos o sencillamente soltando insultos destinados a menoscabar la autoestima de los fieles. Claro que como éstos nada deben a las cucarachas danzarinas, pues si bien la Diosa habla por boca de ellas no son más que simples cucarachas mortales sin rango alguno, terminada su danza, mareadas como están, son despiadadamente descuartizadas y engullidas como venganza a sus insultos. No obstante, son numerosos los candidatos a danzarines entre las cucarachas; desde jóvenes muestran su inclinación y dones para la danza sagrada y pasan horas practicando y preparándose para las duras competiciones anuales en las que saldrán seleccionados únicamente quinientos danzarines oficiales. Puesto que en una colonia normal de cucarachas viven cientos de miles de individuos, el sacrificio de quinientos de ellos no altera en nada el devenir cotidiano y como creen que esta costumbre es tan ancestral como la misma aparición de las cucarachas sobre la faz de la tierra, a nadie se le ha ocurrido plantearse reforma alguna, nadie ha alzado la voz pidiendo clemencia hacia los bailarines. Sí es cierto que, durante los

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(relatos) últimos ensayos llevados a cabo un individuo destacó muy por encima de los demás en su arte de dar vueltas, y esto llamó la atención de algunos miembros importantes de la sociedad o de las autoridades, con lo cual, una vez terminada la danza anual, decidieron protegerlo de la ira y voracidad de sus congéneres ocultándolo en una alcantarilla abandonada. Baila muy bien, es el mejor, es todo un artista, dijeron. Merece la pena conservarlo para el Festival del año próximo. Esta decisión tan simple como arbitraria y novedosa, trastocó las ancestrales costumbres trayendo como consecuencia que esta cucaracha continuara bailando año tras año hasta acabar convertida en una danzarina famosa, en una diva del baile giratorio. De bailar desnuda, sin accesorios, como el resto de las bailarinas lo hacían desde tiempos inmemoriales, pasó a hacerlo ataviada de encajes, tules, gasas y muselinas e incluso llegó a usar zapatillas de punta. Hubo quienes vieron en este cambio una relajación de las tradiciones e intuyeron un peligro para la estabilidad de las milenarias instituciones. Pero la bailarina, ya oficialmente convertida en estrella, resistió todo tipo de traiciones e intentos para ser derrocada de su posición de privilegio. Si hasta el momento las cucarachas no habían ido más allá en sus instintos del voraz apetito y la crueldad, ahora desarrollaron unos sentimientos diferentes que no dudaron en llamar vanidad y envidia, y todas deseaban ser primeras bailarinas y poseer un vestuario deslumbrante hecho en base a brillantes alas de mariposas, cuya belleza natural de lejos superase a las gasas y los tules.

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No tardó en presentarse a los ensayos un batallón de cucarachas aspirantes a primeras bailarinas, ataviadas con los más exquisitos trajes de ala de mariposa, tocadas con diademas de lapislázuli, calzadas con estrafalarios zapatos, maquilladas graciosamente. Eran tan hermosas, bailaban tan bien, sus vueltas eran tan vertiginosas y elegantes, y aunque desgranaban insultos altamente ofensivos, pues al igual que los atuendos, habían ido sofisticándolos con los años de experiencia, terminados los bailes las cucarachas del pueblo llano les perdonaban la vida, veneraban su arte y su belleza e incluso se rendían a sus pies, mientras éstas disfrutaban de su superioridad y sus escarnios. Se mantuvo esta nueva costumbre para el resto de los años, las cucarachas hicieron de sus bailarinas objetos de orgullo y veneración: terminada la función, les enviaban ramos de flores, bombones, perfumes, joyas. Y las danzarinas únicamente prohibieron a rajatabla una cosa: que nadie, bajo ninguna circunstancia, una vez libres del vestuario, calzado, adornos y maquillaje, entrara en los camerinos, de los que huían por secretos canales hediondos a las cloacas donde regresaban a vivir el resto del año refugiadas en el anonimato, como una cucaracha más.• Llucmajor, agosto, 2009

(fOTOGRAFÍA DE dIETER bALLING)

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nORBERTO LUIS rOMERO

Natural de Córdoba, Argentina, reside en España desde 1975, es autor de relatos, novelista, director y profesor de cine. En 1983 publicó su primer libro de cuentos, Transgresiones, que recibió el premio “Noega”, en 1987 Canción de cuna para una mosca doméstica, premio Tiflos, y en 1996 El momento del unicornio, su libro de relatos más conocido y reeditado en 2009 por Tropo Editores. Su primera novela es Signos de descomposición, en Editorial Valdemar, donde en 1999 publicó su segunda novela La noche del Zeppelín y en 2002, la tercera: Isla de sirenas. En 2003 vio la luz la novela Ceremonia de máscaras, publicada por Laertes; The last night of carnival, y The arrival of the autoomn in Constantinople, libros de relatos con traducción de H.E. Francis, son publicados en los Estados Unidos en 2004 y 2010 respectivamente; y en 2005 publicó la novela Bajo el signo de Aries. En 2007, Ediciones Amargord publicó el cuento Capitán Seymour Sea, premio “Ciudad de Huelva” 1996. En 2008 el libro de cuentos El hombre en el mirador, apareció en México, y Emma Roulotte, es usted, en Eclipsados en 2009. Sus cuentos aparecen habitualmente en prestigiosos periódicos, antologías y revistas literarias de España, Argentina, México, Chile, Perú, Canadá, Estados Unidos, Italia, Francia y Alemania, y tanto sus narraciones breves como sus novelas han merecido reconocimientos tanto por su estilo directo y ágil como por exhibir siempre una temática nada convencional y muy arriesgada.

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Y SIN SER CRUELLA DE VIL desAFRIKA

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L

o tienes en las manos, Marta. Qué jodida eres. Saben, no hay canciones cuando uno se pone a odiar al otro, no hay banda sonoras. Fue de pronto, no sé. Una noche, al mirarnos. Habla por ti, Marta. Una noche al mirarle. Estaba ahí dormido. Odio venirme al tópico pero es que es así. La vida está llena de ellos. Un día te despiertas, te estás lavando los dientes frente al espejo y la luz de la bombilla hace que aparezca ante ti la verdad. Años, rojeces y lunes, todos parecidos. Te ahuecas el pelo, te pintas los labios. Vuelvo a lo mío. Fue así, lo más fácil. Se durmió con el libro encima. Le miré y supe que todo había acabado. Nada, ningún camino hasta llegar allí. En serio. Esto suena

raro pero es la verdad. Ningún detalle, nada distinto. Solo eso, de pronto nada. Eso fue lo peor. Me senté en la cama y encendí un cigarrillo. Le miré con las piernas enroscadas, me desplacé desde la cama hasta la moqueta y sencillamente me quedé ahí hasta apurar el cigarro, con mala cara. No sé, debía tenerla. Nunca he sido muy guapa y tampoco muy lista. Joder, pero soy un ser vivo. Baste con eso. Con mala cara y deudas, pocos amigos y poco por delante. Siempre lo justo. Que él se enamorara de mí fue siempre algo sorprendente. Un tipo culto, con carrera. Con cientos de proyectos en marcha. Con aficiones como tocar la guitarra, pintar y hacer viajes con solo una mochila y algo de dinero. Guapito, un tío cachas. Intelectual, nada cínico. Una perla. Oye.

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Estas cosas pasan así, el amor es así. Siempre me lo decía mi madre, eso lo dicen todas. Si eres feo tu madre te dirá que en el amor esas cosas importan bien poco en realidad, y no la crees pero al cabo de los años te das cuenta de que tiene razón. Las madres son así, están llenas de razones que la razón desconoce. Te llenan la vida de ropa limpia y te empujan a dar saltitos al vacío confiando en que la vida no ha de ser tan puta como para llevarnos a la soledad o al fracaso. Ese rollo. Son así, no se preguntan si eres el mejor, sencillamente, lo eres. Así que le miré y empecé a pensar en cómo llevarme todas mis cosas. Los libros y la ropa. Y todos los objetos pequeños e inútiles que cargamos como burros de un sitio a otro, esas cosas que nos confirman cierto paso por la vida, por algunos lugares, por algunas personas. Cómo llevármelo todo o no llevármelo. Yo estaba ahí y no sentía rencor ni miedo, solo un vacío preciso, esas cosas son las que hacen del ser humano esa cosa imprevisible, algo sin contenido ni aversión. Solo una pequeña grieta por la que uno sabe que va a acabar cayendo todo. Hagas lo que hagas. Un vórtice de fuerza. Yo normalmente he ignorado siempre estas cosas. Uno tiene que saber que la vida tiene más. Lo cotidiano alcanza la cima de lo ridículo cuando ha perdido del todo el sentido. Y de entrada no lo tiene. Lo que a mí me hace persistir es cierto ambiente de film. Una suerte de película interesante. Melodrama poco práctico, basado todo en hechos reales. El ambiente adecuado, las palabras justas. Últimamente cuando hablamos

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me parece tener un guion fluyendo por mi garganta. Un guion poco inteligente, tal vez. Un guion nada práctico, es posible. Así que ahora le miro abrir los ojos y fijar la vista en mí, que estoy ahí delante, con cara de pasmo. Poco puede hacer, el pobre. Pero él todavía no lo sabe.•

pATRICIA rODRÍGUEZ cALPE (sAFRIKA)

nació en noviembre de 1976, en Valencia. Ha publicado en diversos fanzines y revistas como “Vulture”, “Borraska”, “Mensaje en una botella”, “Revista Chichimeca”, “Radio City Valencia”, “Perogrullo”, “Vinalia Trippers”, “The Children,s Book of American Birds” y “Standdart nº 3”. Participó en los libros colectivos Estaciones Desnudas (Editorial Cocó 2007) Poesía para bacterías (Cuerdos de Atar 2007) Qué nos han hecho (Isla Varia 2008), Hank Over un homenaje a Charles Bukowski (Mondadori, Caballo de Troya 2008) 23 Pandoras. Poesía alternativa española (Tenerife, 2009) y Libro de Voyeur (Ediciones del Viento, 2010) ilustrado por el artista Pablo Gallo. La editorial Baile del Sol, publicó en 2008 su poemario, Pills (Fácil). Poemas de la Ultima semana en casa (Tenerife, 2008). Otras publicaciones en antologías son Viscerales (Ediciones del Viento 2011), Beatitud, Visiones de la Generación Beat (Ediciones Baladí 2011) y Mujeres en su Tinta, una compilación de Uberto Stabile editado por la Universidad de México. Pendiente de publicación Preparados para la nieve en Bartleby Editores. Es la voz femenina del grupo pop Sue Raqueta.

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LA CITA DE TIBURCIO de mAYTE sÁNCHEZ sEMPERE

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A don Tiburcio, mi abuelo

-Om

, te voy a contar un sucedido... Tiburcio es ya mayor, debe rondar los 80. Se acerca cada día a casa de Om después del café de media mañana, con su palillo asomando de la comisura izquierda. Dicen que hace años le dio un “chungo”, que tiene aún algunos músculos paralizados y que por eso utiliza el palillo, para que no se le note que tuerce la boca. Antes de empezar a relatar, se quita la boina y se rasca la calva. -Me pasó el otro día, cuando bajé a Madrid... -¿Cuándo fue eso, Tiburcio? No recuerdo que haya dejado de venir un solo día... -¿Qué más da?

Y es que Tiburcio lo cuenta todo como si le hubiera sucedido a él, pero probablemente no sea así... o quizá sí, con algunas personas nunca se sabe. -Te decía; bajé a Madrid y acabé comiendo en el centro, en un sitio de esos de menú del día. ¡Qué camarera, oye! Una de esas mozas que ya no se ven... -Rellenita... -No, no, nada de rellenita... gorda, como nos gustan aquí. Y sana ¿eh? se la veía sana. No era española, yo creo que debía venir de las Indias... -Tiburcio, eso de “las Indias” dejó de decirse en tiempos de su tatarabuelo, por lo menos. -¡Anda! ¿Y a mí qué? ¿No me has entendido?

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-Vale, vale, siga... -Mete la mano, mira el regalo, me mira... en -Pues nada, que le pedí una cita. Nada serio fin, una catástrofe. ¿eh? que no estoy yo ahora para compro- -¿Pues? ¿No le gustaron las rosas? misos... una cita para dar un paseo por -¿Qué rosas ni que rosas? ¡Me equivoqué el Retiro, para que me vieran en Madrid del de máquina y le regalé un sandwich de brazo de esa moza, vamos. atún!• -¿Y qué le contestó? -¿No te he dicho que no hay mujer que se De la colección inédita Consultas a Om. me resista? -Mil veces, pero aún no lo he comprobado... mAYTE sÁNCHEZ sEMPERE -Pues esta tampoco se resistió. El caso, a Madrid, 1969. lo que iba, es que no estaba yo preparado Poco después de llegar el hombre para una cita... bueno, me aseé por la mañana, a la luna, desvestido ya el satélite de claro, quiero decir que no tenía nada para ínfulas poéticas, nací en Madrid y casi obsequiarla, tú ya me entiendes... La recojo en inmediatamente empecé a hablar. Todavía el restaurante, vamos paseando y de repente no me he callado, tengo demasiado que pasamos por delante de un supermercado decir. Mi madre me dio un día un lápiz y y veo dentro una máquina de esas de echar muy pronto descubrí que en su interior se monedas, pero no como la del bar: una de esconde todo un mundo que casi fluye por ramos de flores. Nada, que le digo a la moza sí mismo. Sigo desde entonces dibujando “Aguarda un momento, voy a regalarte algo”, e inventando historias. A los 8 años mi saco unos euros del monedero y busca por abuelo me regaló una pluma y comprobé aquí, busca por allá, que no encuentro la que las letras se vuelven afiladas cuando ranura... empuñas una estilográfica. Aún sigo -¡Ay, abuelo, una cita con una real moza y escribiendo contra todo lo que me indigna. no encuentra usted la ranura! He publicado tres libros de poesía: -¡Abuelo de mis nietos!... y no me interrumpas, Carnaval (2007), El año al que le faltó un que pierdo el hilo... Al final, encuentro una mes (2008) y Últimas puntadas al sudario de ranura, echo las monedas, me dice Laertes (2009), todos con la editorial Poesía “seleccione el producto”, me voy y miro el eres tú. También han aparecido poemas número de un ramo de rosas rojas, ya míos en las antologías Desde mi ventana: sabes, el color de la pasión... el 15, la niña soledad y vértigo (Ed. Ábaco, 2006) y Versos bonita... le doy a los números, la máquina para derribar muros. Antología poética por que me dice “espere”, hace sus cosas, Palestina (Ed. Los libros de Umsaloua. todas con ruido y me dice “recoja su Sevilla, 2009). producto”... y yo, todo caballero le digo a la gspot.com lo .b z e h c n a s moza “Ahí dentro está”... p://mayte -¿Y? EN RED: htt


ATMÓSFERA VICIOSA decESC fORTUNY Y

a me molesta bastante tener que asistir a ciertas reuniones de trabajo, con el consecuente deterioro mental al que uno se somete, pero debo confesar que la invitación que recibí esa resacosa mañana, me tocó mucho los cojones. Llaman al timbre, abro, me encuentro con el cartero que me ofrece un sobre y me hace firmar en una libreta, firmo, él espera, yo espero, me sonríe, yo espero, me saluda, yo espero, se va decepcionado, cierro la puerta. Tenía un fuerte dolor de cabeza, pero eso no era nada inhabitual. Las noches con exceso de alcohol, me regalan mañanas con exceso de resaca, es un sistema, una fórmula indivisible. Rasgué el sobre y miré la nota, no tengo muy claro si la leí o simplemente la vi. Algo me quedó en la cabeza “... Señor Máximo Torres... cordial invitación... saludos... inestimable colaboración... c/ Travessera de dalt... a las 21-30h...“ y algo más que ni siquiera recuerdo. Lo que sí parecía claro, era que la invitación la mandaba un fanzine

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underground para el que hacía unos meses que escribía una columna semanal. Me pagaban una mierda, y muchas veces ni siquiera me pagaban, esto es por la causa me decían los cabrones, pero casi siempre la causa era una visita a una casa de putas de la que el director del fanzine era un cliente VIP. Bueno, no puedo evitarlo, no me gustan esa clase de reuniones. No es que no sea sociable, me gusta la gente pero en la cantidad justa. No tengo nada en contra de los encuentros furtivos con el sexo opuesto en moteles de carretera, por poner un ejemplo al azar, pero si me quitas de ahí, me suelo sentir un poco extraterrestre. De manera que el día de la reunión, me puse mis mejores antenas, la pistola láser y procuré que mi piel luciera en verde botella. Pensé en ir en metro, bajar en Lesseps y andar hasta la fiesta. Cogí el tranvía en la Diagonal que se paró al cabo de unos minutos, nos hicieron bajar y coger una lanzadera. Me estuve preguntando que coño sería una lanzadera hasta que apareció un autobús de mierda, completamente lleno

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(relatos) a rebosar. Sudor, malas caras, calor... y en la Plaza de las Glorias hice el trasbordo al metro de la línea uno, que tardó más de lo normal en aparecer. Por megafonía nos dijeron que “alguien” había hecho una gamberrada y que por eso el metro veía afectada su habitual frecuencia. Llegué a Catalunya y me metí en la línea tres a las ocho más o menos, antes del viaje había estado en un bar para “tomar conciencia” y la verdad es que después de dos horas bebiendo cerveza, estaba más que concienciado. La línea tres estaba en obras así que después de más sudores, malas caras y calor, llegué tarde. Dos horas tarde. Llamo al timbre, espero, me abren, subo al ascensor, la puerta en el rellano esta abierta, sólo salir del ascensor, ya oigo el rumor de la bacanal, que se escapa por la rendija de la puerta ajustada. Gente desconocida por todas partes, un gran salón al final de un pasillo donde un tipo con pajarita se empeña en quitarme el abrigo. Desconfiado, se lo entrego y me dirijo al meollo, con la esperanza de que el alcohol esté accesible y me redima de mi suplicio. Otro tipo con pajarita me ofrece una bonita copa adornada con una pequeña sombrilla y aceitunas y algo que cuelga. Se me antoja precioso, y además no me parece nada educado rechazarlo, así que la bebo de un trago y devuelvo la copa a la misma bandeja en la que me lo ofrece. “¡Por fin Max!, sí que has tardado”. Se trata del editor del fanzine underground, el putero que no me paga, se llama Ludo y odia que llamemos a su basura “fanzine”, prefiere el apelativo de periódico alternativo. Me paso sus definiciones por el pájaro guía, para mi es un fanzine underground de lo más cutre,

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por eso me han aceptado para trabajar en él. Me tratan como a un dios, pero yo pienso que lo que escribo es una mierda, en realidad pienso que escribir es una mierda, quiero decir en términos generales, luego lees a Espriu y te caes de culo. Mientras me va presentando a un grupito de idiotas babeantes que mascan tabaco al viejo estilo y visten con faldas escocesas, intento huir hacia la cocina para comer algo más decente que canapés de culos de palomo cojo, en estas fiestas no hay manera de comer nada decente; salmón ahumado, culos de palomo, antenas de caracoles afganos, huevos de extraños peces en peligro de extinción, invertebrados diversos... De camino a la nevera, me encuentro con otro tipo con pajarita llevando una bandeja con cosas rebozadas que parecen comestibles. “¿Que llevas ahí?”. “Pelotas de pescado”, me dice con cara de palo de escoba. ¡Que porquería!, ni siquiera pensaba que los pescados tuvieran pelotas. Salí otra vez al salón, mientras mi amigo revoloteaba entre un montón de los más prestigiosos y anodinos negociantes, un tipo que andaba dando tumbos y que no conseguía aguantarse contra la pared, empezó a contarme que su mujer era espiritista, y que esa misma noche realizaría una demostración. Su aliento era dulce, agrio, cálido y amarillo. Precisamente entonces, los tíos de la pajarita, intentan reunir al personal en el salón como si se tratase de pastores que reúnen el rebaño. Fueron llegando los que estaban comiéndose las flores en el vestíbulo. Los que habían llenado la bañera y sumergían a un hámster para comprobar si era cierto que esos bichos


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pueden respirar bajo el agua. Los que estaban bebiéndose el agua de la bañera apostando que no se tragarían al hámster, y unos minutos más tarde, los tíos que completamente desnudos bailaban la conga. Estos llegaron bailando en fila india, el de delante, le agarraba la polla al de atrás, y así sucesivamente. Tras unos minutos de aburrimiento, los de la pajarita, anunciaron que la señora Pérez se disponía a regalarnos con una demostración de sus habilidades. La señora Pérez se arrodilla en el centro de un corro formado por el público asistente (pensé que íbamos a hacer un bukake) y pone los ojos en blanco. Seguidamente abre la boca como si quisiera desencajarse la mandíbula (mis temores se estaban confirmando) de tal forma que la nariz ya le está tocando el dedo gordo del pié y la barbilla le hace cosquillas en las humedades. Una espectacular e imposible postura. Todos aplauden, me siento obligado a hacer lo mismo. En ese momento, en plena concentración, suena un estruendoso eructo que parece salir del estómago de la señora Pérez, la gente enloquece víctima de un éxtasis histérico, aplauden al gas recién parido como si fuera el único nato en una civilización que se extingue. El señor Pérez, que sigue tambaleándose, aclara a un grupito que su señora aprendió esas habilidades de un viejo maestro Yogui, que tiene una escuela en la zona alta de Barcelona. Sin cuestionarme la relación entre el Yoga y la aerofagia, empecé a pensar que tendría que beberme la loción de afeitado de Ludo, puesto que las tres botellas de gran reserva (que era lo único decente que había en toda la casa) ya descansaban en paz, dentro de mi estómago.

(relatos) Mientras retiran a la señora Pérez del centro del salón, ya que no puede incorporarse sola, y la llevan a un hospital, el sobrinito de los Pérez aporrea el piano del rincón como lo haría un saxofonista epiléptico, mientras canta aquello de... Granada, tierra soñada por mi... Realmente yo tenía demasiado trabajo escondiendo el vómito debajo del sofá, como para prestar atención a aquel engendro. Sobre mi cabeza, la sombra de dos niños trepaba por el techo. Cerré los ojos y volví a abrirlos lentamente esperando que la visión hubiera desaparecido. Dos niños de unos once años, andaban por el techo como un par de arañas. Ludo me miraba sonriente con su copa en la mano. “Es el rocódromo de los chicos, ¡les encanta la escalada!” y me muestra una boca llena de dientes. El lugar de la señora Pérez ya ha sido ocupado por un par de cheerleaders de unos setenta años. Rubias de bote con minifaldas plisadas de cuadros rojos y negros, camisetas ajustadas, zapatillas de tenis, medias negras hasta las rodillas, metro sesenta de estatura, unos noventa kilos... no se movían mucho. Por suerte. Se oían gritos de júbilo en el lavabo, gritaban algo sobre un hámster submarinista. Los de la conga seguían por el pasillo. Sonó el timbre de la puerta, de hecho me dio la sensación de que hacía mucho rato que sonaba. Los tíos de la pajarita habían desaparecido, de manera que empujado por la curiosidad, me dispuse a abrir la puerta. Había llamado un tipo vestido de poli municipal, le acompañaban; un indio, un paleta, y un motero. “Señor, ¿es consciente del volumen de la música y de los gritos? varios vecinos nos han

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(relatos) llamado escandalizados, son más de las dos de la madrugada”, dijo el tipo disfrazado de poli. “Bienvenidos, pasen, pasen, les estábamos esperando”, dije intentando ser cortés. “¿Estábamos?, yo no tengo nada que ver con estos señores”, dijo el poli mientras los otros se metían en el piso ignorándonos a ambos. Tras su descomunal bigote se percibía un fenomenal cabreo, un jeto enfurruñado vamos. “Oh, en ese caso, espere un momento señor, voy a buscar al responsable de la fiesta”, le dije mientras daba media vuelta y me dirigía al salón. El poli se quedó allí, en el recibidor, mirando su reloj y tomando apuntes en una pequeña libreta. Pasé de largo del salón y me dirigí a la cocina para servirme más vino. De camino me encontré con Ludo, le saludé y seguí hasta la cocina. Al entrar sorprendí a un hombre extremadamente delgado y un poco calvo, de rodillas y abrazado a la nevera. Con pasión, acariciaba obsesivamente al refrigerador colmándolo de besos. “¿Porqué no me llamaste anoche?, debiste decirme que estabas de nuevo en la ciudad”, dijo con lágrimas en los ojos. Pasé una pierna por encima de las suyas y abrí la nevera para sacar más vino blanco. Ni se fijó en mí. Busqué un sacacorchos, me senté en una modesta silla y abrí la botella sirviéndome un buen vaso que apuré inmediatamente. Me serví otro y lo apuré. Me serví otro. Otro. Uno más. El hombre seguía de rodillas. Llorando. “Te quiero cariño, no puedo evitarlo... es esta ausencia la que no puedo soportar... tu distancia...” Al rato, entró un hombre de pequeñas dimensiones, un mini hombrecillo, una prueba, un extracto.

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Removía cajones, armarios, más cajones y más armarios. Abrió la nevera sin hacer caso al que lloraba y cogió algo de queso. Luego salió disparado de la cocina. “Veremos si se lo come bajo el agua”, le oí murmurar mientras se cerraba la puerta de la cocina. Con un cuarto de botella de vino y un vaso, volví al salón. Un tipo que se parecía a Velázquez, estaba haciendo una pequeña conferencia gastronómica. Su pelo rizado le tapaba las orejas y lucía una engominada barbilla de chivo que hacía juego con un delgado y retorcido bigote. “...y es así que he tenido el enorme privilegio de pertenecer al equipo de uno de los mejores restaurantes de España...” decía el tío que se parecía a Velázquez, con un gracioso acento sevillano. “Y una mierda, yo se quién eres, tú eres Velázquez, el hijo de puta ese que pintó las Meninas”, grité todo lo que pude para que me oyera y luego me bebí otro vaso de vino. “...asistentes que no podrán escapar al martirio...”, seguía como una locución descerebrada. Tiré el vaso vacío contra la pared y seguí bebiendo lo poco que quedaba de la botella. “¿Se puede saber que coño te pasa Max? me parece que ya va siendo hora de que te retires, ¿no te parece?”, era Ludo, me agarraba fraternalmente de un brazo, y de paso evitaba que me cayera. “Oye Ludo, hay un tipo arrodillado junto al frigorífico. Parece que esté haciendo penitencia o terapia, o las dos cosas”, dije balbuceando. “Bueno, no me sorprende. Es el siquiatra de mi mujer. Se llama Jaime Peres Albarrazín, es muy bueno. Si quieres te lo presento. Te puede ir de maravilla”, dijo intentando quitarme la botella.


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(relatos) “Yo no necesito a ningún loquero” mientras “Nada es para siempre, ni siquiera la muerte”. protegía el vino con mi cuerpo. El ascensor se zarandeó al llegar a la planta baja. “¿Estas de coña? todos lo necesitamos”. “Ah, eso sí”, dije saliendo el primero. “¿Qué?”, ronroneé. “Adiós señor Velázquez, bienvenido” y me fui “No importa Max, creo que deberías pensar hacia la calle. A esas horas ya no hay metro, en retirarte, es tarde y estas muy borracho”, los buses nocturnos tardan horas y van repleme dijo con cariño. tos de borrachos y no tenía dinero para un taxi, “No hasta que me digas porque ese tipo se así que tambaleándome me fui hacia el sur. parece a Velázquez”. En el reloj de unos almacenes de ropa estaban “Se parece a Velázquez, porque ese tipo es dando las tres y yo andaba otra vez borracho Velázquez. Mira sus manos manchadas de por las calles de Barcelona intentando volver al pintura si no me crees”. hogar... Miré sus manos, estaban manchadas de Un par de críos se morreaban frente a una pinturas. Le creí. farmacia, otros salían de una discoteca, pisé Me terminé la botella y se la di a Ludo, este me una mierda de perro, un par de travestís se dio mi abrigo y me dirigí a la puerta de salida. cachondearon... como tantas veces, intenAl llegar al recibidor, encontré al policía tando regresar a casa mientras mi noche lo esperando. adormecía todo.• “Ludo me ha dicho que se vaya usted a cESC fORTUNY i fABRÉ, Barcelona, la mierda. Es el responsable de todo esto 22 de septiembre de 1971, reside en Monistrol y está en el salón.” le dije mientras abría la de Montserrat. puerta y me dirigía hacia el ascensor. Fundador del grupo musical O.D.I. en el año Justo cuando llegó el ascensor, percibí una 1999. Cofundador del grupo musical Entropia sombra tras de mí. Era Velázquez. Se abrieron desde el año 1994. Redactor y fundador de la las puertas. revista de literatura “La Náusea”. Miembro “Usted primero”. del colectivo de música experimental Artillería “No por favor, después de usted”. y toda Pesada. Colaborador de la revista “El Tró”. esa mierda del protocolo. Ha publicado en diversos medios en la red, y “Oiga Velázquez, estoy muy borracho y no diferentes trabajos musicales a través de net labels se muy bien lo que me digo, pero me sory sellos independientes. prende verlo a usted”. Bibliografía: “No se preocupe, yo también me pongo tibio a VIII Festival Internacional de Poesía del Moncayo veces. ¿Se sorprende de verme aquí, en casa (Homenaje a Miguel Hernandez), Olifante de Ludo?”. Ediciones de Poesía. “Me sorprendo de verle vivo, en casa de Comiendo Pelos como Herejía Poética, Ediciones Ludo. Creí que estaba muerto desde 1660”. Atenas. “Ya me lo han dicho otras veces, pero ya Domicilio de Nadie (Muestra de poesía Barcelonesa), sabe...” IslaNegra Editores. “Pues no, no sé.” cfortuny.tk

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SIN SABER de áNGEL mUÑOZ

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Sus clientes actuales, una pareja de ancianos, los habían contratado para que la doble capa de aluminio les protegiese del duro invierno que se avecinaba, y amenazaba, sin miramientos, sus frágiles huesos. Los remates. Eso les quedaba. Sellar con silicona la parte superior por fuera y listos para cobrar. Él estaba agotado y le pidió a Lenin que se encargase del tema. Lo sujetó, perfectamente, con una soga a la cintura y el otro extremo lo asió con fuerza. Era inexperto el colombiano, pero ágil como un mono. Por dos veces lo intentó, de pie, sobre la barandilla, como un funambulista sin red. Y en ambas ocasiones le resbalaron sendas ******* extremidades. Se desesperó. Tenían que Lenin era muy novato en la tarea. No en vano apuntalar dos ventanas, otro trabajo llevaba currando en el tema de aislamiento pendiente, en el extremo opuesto de de terrazas apenas dos meses. Eso sí, era Madrid. Y ya iban tarde. El abuelete, el dueño de la casa, desde el avispado y como ayudante no tenía precio. La cosa estaba jodida. Con la puta crisis, salón, tras la portada de cristal que daba a la muy pocos querían colocar mamparas de terraza, contemplaba la escena. aluminio en sus balcones, y los pocos que Lo haría él. Soltó la cuerda y así ayudar a apostaban por ellos dos, lo hacían previa Lenin a bajar cuando éste perdió el equilibrio. El bote de silicona, con pistola incluida, salió recomendación. arecía no sentirse rechazado, y eso, dadas las circunstancias, no le incomodaba. Gorriones, hojas de árboles mecidas por la brisa, la misma que pretendía refrescarle el rostro, el tacto del césped en la nuca. Iba sumiéndose, poco a poco, en un sopor que de leve pasó a ser profundo, sabiendo que esa noche, volvería a tener bronca con Irina. Llegaría tarde a la cena, por su segundo aniversario, le criticaría su falta de aseo, sobre todo en la barba, y lo más duro sería reconocer su incapacidad para comprometerse al cien por cien.

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******* No se sintió rechazado por la ciudad, por el césped del jardín, al que empapaba con su sangre, y sonreía por su suerte, por la bronca de Irina, sin saber que Lenin, discutía, más arriba, con el jodido abuelete, el cual, quería descontar del presupuesto las dos macetas, hechas añicos, que él, Igor, arrastró en su caída.• Basado en hechos reales

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volando. No les quedaba otro y a esas horas las ferreterías estaban cerradas. En un acto reflejo, y asomando más de medio cuerpo por la barandilla, trató de agarrarlo, mientras Lenin recobraba el equilibrio, colándose, de un salto dentro de la terraza. Los gorriones del césped volaron presa del pánico. La pistola de silicona quedó prendida en las ramas de un castaño. El impacto, desde el segundo, fue de órdago. Ambulancias, policías, el móvil que no cesa con el número de Irina en la pantalla, sangre y un enfermero tranquilizándole, informándole de la poca gravedad del asunto, teniendo en cuenta lo que podía haber acarreado.

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áNGEL mUÑOZ (vOLTIOS)

Villaverde Bajo (1977). Empecé hace tiempo a compaginar mis dos pasiones: la poesía y la fotografía. Muestra de ello son las múltiples colaboraciones en diversas revistas de ámbito nacional e internacional, tanto en formato digital como en papel. Revistas como “Deshonoris Causa” ( revista Hondureña), “POE+” (revista murciana y coordinada por Bruno Jordán), “La Fanzine” (revista riojana coordinada por Adriana Bañares y Patricia Maestro), “Groenlandia” (revista cordobesa coordinada por Ana Patricia Moya) e incluso en las revistas pertenecientes al colectivo de La Vida Rima: “Es hora de embriagarse. Con poesía” y “Al Otro Lado del Espejo”. También, mi poesía, ha tenido cabida en diversos recitales poéticos, todos ellos organizados en el entorno de Madrid: Poesía a mano armada, Vientos del Pueblo, etc. Actualmente tengo un poemario titulado Ya no leo tebeos de Wonderwoman, publicado en formato digital con la editorial Groenlandia de Córdoba, con prólogo de José Ángel Barrueco y epílogo de Javier Das, y otro en papel titulado Como Ulises en una cacharrería, editado con Bohodón ediciones, prólogado por Ana Pérez Cañamares y epílogado por Marwan. Junto a José Naveiras he abordado el proyecto editorial de LVR [ediciones, que ya a parido tres publicaciones, entre ellas la antología poeTrastos (por favor, tratar con cariño), de cuya recopilación y selección me he encargado personalmente.

las lindes EN RED: Desde

del sur

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UNA HISTORIA BARATA de

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V

cARLOS cASTÁN

erse viviendo de pronto en una ciudad pequeña sin estar acostumbrado supone a cada momento sentirse insultado como individuo. Supongo que a todo el mundo le ocurrirá como a mí. Nuestro narcisismo se expone a amargas heridas de las que no es nada fácil sobreponerse. Si tiendes a considerar tu vida en términos de historia, de relato cinematográfico por decirlo así, puede llegar a ser realmente terrible porque no tardas en caer en la cuenta de que tu película ha de ser necesariamente una producción cutre, hecha sin apenas medios, ya que ves de continuo cómo los extras se repiten a cada paso; los personajes secundarios, puestos ahí para que el protagonista pueda desarrollar una vida normal, ir al dentista, hacer la compra, cruzarse con gente en sus paseos, están interpretados siempre por un reducido aunque voluntarioso contingente de actores. El otro día fui al hospital para que me hicieran unas pruebas. Me recibió, convenientemente uniformada, una enfermera que también está siempre haciendo bulto cada vez que

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voy a recoger a mi hija al colegio. Una de las pacientes que hacía ejercicios de rehabilitación en una sala que hube de cruzar era a la vez ordenanza en una oficina que visito a menudo. Salí del hospital confundido y horrorizado pensando en cómo estas circunstancias abaratan la existencia. La vida humana, por lo visto, es lo más importante que hay; si la mía tuviera un mínimo de dignidad, si mi historia fuese realmente de interés, no ya una lujosa superproducción hollywoodiense, sino algo mínimamente cuidado, a la mujer que espera cada tarde a su hijo en el mismo colegio que yo a la mía, le habría bastado con estar allí, con hacer eso. No habría tenido que atenderme también en el hospital como si no hubiera presupuesto para más contratos, como si nadie fuera a darse cuenta de una repetición tan insignificante. En suma, como si dieran igual las cosas mal hechas aunque tales cosas sean en esta ocasión las vidas de las personas, sus historias. Y lo mismo sucede con la otra mujer. Está claro que si yo atravieso por una especie de gimnasio a mitad de mañana ha


de haber gente allí aunque sea de un modo borroso, alguien que ocupe las espalderas o levante pequeñas pesas, lo que sea. Pero no ha de ser necesariamente la ordenanza, existen más rostros, más figuras posibles. Esa repetición insultante no se justificaría ni en las peores películas de serie B, sólo en basuras de producción propia rodadas en serie por alguna cadena de televisión arruinada para solucionar su parrilla de madrugada, gastar metros y más metros de cinta, llenar horas como sea a base de relatos sin pies ni cabeza, torpes enredos, historias de saldo. Y en eso es en lo que esta ciudad enana, grotesca caricatura de una ciudad de veras, ha terminado por convertir la historia de mi vida: en algo barato y adocenado que se trajina por lotes, como la fruta magullada y podrida que, lejos de ser la sagrada tentación de nadie o de brillar para siempre en bodegones al óleo, acabará siendo mermelada para los cuarteles. Algunos buenos amigos que han soportado mis quejas en amaneceres desesperados como éste han acabado buenamente por recomendarme que me fuera cuanto más lejos mejor y no puedo decir que sea un mal consejo porque la sensación de agobio es todavía mayor desde que caí en la cuenta de que lo que habito no es otra cosa que una ciudad de juguete, un burdo decorado para una farsa sin sentido. El asfixiante villorrio de solterones jugadores de cartas, muchachas que acuden a la fuente a llenar sus cántaros, tenderos caciques y serviles secaneros se disfraza de semáforos y asfalto para vigilarme mejor. La gente parece jugar a los oficios, representan su papel con el convencimiento y

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(relatos) la dignidad de un niño tonto, han puesto una línea de autobuses, los guardias municipales visten de azul marino, pero todo es trampa; no hay nada, sólo campo, tras los edificios de la ancha avenida y donde pone “Librería” únicamente despachan lápices y cuadernos y revistas coloreadas para amas de casa subnormales. Tras la puerta con letrero de neón, ninguna chica baila en mitad de la noche porque la noche aquí no es, en realidad, reino de saxofones y tintineo de vasos, sino un oscuro territorio de grillos. Mis amigos saben que ponen el dedo en la llaga cuando dicen que me vaya porque así mataría dos pájaros de un tiro. Por un lado, la ciudad que me agobia y que acabará volviéndome loco, así como ahora pero más, cada vez más paranoico, cada día más sombras que me persiguen, más pactos contra mi persona, mayor temor y temblor entre las sábanas. Y por otro, las cosas en casa que todo el mundo sabe que no andan bien, trabajando de último mono en el negocio familiar de mi esposa, una tenebroso almacén de telas para el hogar, a las órdenes directas de su padre y de ella misma, mujer insensible que a los ojos de todo el mundo me domina, pero que sólo a los míos, a mis propios ojos, tal humillación puede valorarse en su justa y terrible medida. Pero mis amigos son en realidad unos hipócritas. Como buenos vecinos de esta villa al cabo de la calle que son, saben a ciencia cierta que lo intenté. Tantas noches había soñado en regresar a bulevares que se pierden en el horizonte entre altas torres y taxis iluminados que van y vienen, habitar un espacio civilizado ganado palmo a palmo

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a insectos y alimañas y al viento feroz de los inviernos, ganado para el hombre y la mujer y para la música que sale de cada ventana, para marañas de historias diferentes que se entrelazan como líneas del metro en parques y mercados, en los bares y sobre las aceras, con todo el dolor y el júbilo de sentirse vivos. Llegué a tener las fuerzas y los contactos necesarios para emprender una vida más digna, con profusión de decorados y miles de rostros distintos para los personajes secundarios. Todo el mundo lo sabe. Que cogí todo el dinero que pude en la caja fuerte de casa y en la de la tienda y hasta tuve suerte con la cantidad porque normalmente no hay tanto, que hice sigilosamente un sencillo equipaje y me presenté en la estación minutos antes de salir el tren. Y saben también que mi vida tiene un presupuesto barato, que no da para mucho derroche de extras y que no pude adquirir mi pasaje porque, tras la ventanilla, la encargada de despachar los billetes era ese día mi mujer. Y que al poco rato, convenientemente uniformado, mi suegro me arrastró por las orejas hasta su coche patrulla.•

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IÉN

cARLOS cASTÁN aNDOLZ (Barcelona, 1960)

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Licenciado en Filosofía por la Universidad Autónoma de Madrid, vive en Zaragoza y trabaja como profesor de filosofía en un instituto de enseñanza pública. Libros publicados: Relatos: Frío de vivir (Barcelona, Salamandra, 1997) Traducido al alemán con el título de Gern ein Rebell (Zurich, Nagel & Kimche, 2000 / Munich, Piper, 2002); Museo de la soledad (Madrid, Espasa Calpe, 2000 / Barcelona, Círculo de Lectores, 2001/ Zaragoza, Tropo, 2008); El aire que me espía (Huesca, IEA, 2005); Le Quai de neige (Incluido en Frío de vivir, publicado individualmente por Les Éditions de L´Atelier, Pau, 2006); Sólo de lo perdido (Barcelona, Destino, 2008, col. Ancora y Delfín, nº 1119). Artículos: Papeles dispersos (Zaragoza, Tropo, 2009). Ha participado en numerosas antologías y libros colectivos. Destacan en los últimos años, entre otros muchos: Pequeñas Resistencias. Antología del nuevo cuento español (Madrid, Páginas de Espuma, 2002), El sueño de la libertad (Zaragoza, Diputación Provincial de Zaragoza, 2002), Zaragoza-z : Zaragoza de la A a la Z (Zaragoza, Dip. Prov. de Zaragoza, 2002), Molinos de viento (Málaga, Diputación Provincial de Málaga, 2005), Los Monegros (Zaragoza, Tropo, 2006), Cuaderno de Tournefeuille (Huesca, Ayto. de Huesca, 2007), Cuentos de amor (Madrid, Páginas de Espuma, 2008), Vivo o Muerto. Cuentos del Spaghetti Western (Zaragoza, Tropo, 2008), La realidad oculta: cuentos fantásticos españoles del siglo XX (Palencia, Menoscuarto, 2008). Relatos españoles contemporáneos (Madrid, Habla con Eñe, 2008), o Perturbaciones. Antología del relato fantástico español actual (Madrid, Salto de Página, 2009). Ha publicado relatos y textos diversos en las revistas especializadas “Letras Libres”, “El Extramundi”, “Turia”, “Sin Embargo”, “Prima Littera”, “Libre Pensamiento”, así como en el suplemento “Artes & Letras” del diario “Heraldo de Aragón”.


OLVIDOS de oLAIA pAZOS AURORA RÍO. Siempre se me olvidan los chistes.

H

las entrañas de la gente, como me dices tú a veces. El tripi que no, que no quiero, pero una rayita ya me metía. Tú a doscientos, María diciéndome no sé qué, que se calle, mira que tiene un hablar desagradable. Otro porrito, cuatro explicaciones diferentes para darte, dos angustias, gran taquicardia. Me piro sin decir nada. Camino. Respiro. Y ahora estoy aquí, en medio de la calle, y llueve. Tomaso, se llamaba Tomaso.•

oLAIA pAZOS (A Coruña, 1980). Me gusta pasear por las mañanas con un poco de fresquito y sol, mucho sol, y nube blanca en su medida. Hay una luz tan bonita, igual que por las noches, también me gusta pasear por las noches. Hay luces tan sugerentes… Lo malo es que casi nunca lo hago. Pasear. Y sentarme en los bancos. También me gusta escribir, y eso sí que lo hago, a veces escribo poemas. Y otras cosas, también escribo otras cosas y también me gustan otras cosas y también a veces las hago y otras muy poco, como sentarme en los bancos. Qué más… ¡Ah! Y los garbanzos. También me gustan los garbanzos.

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s Blues EN RED: Blis Bla

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oy me he levantado temprano, ¡ah! No, no era temprano, eran las diez y media. Guau! He dormido... ¡Catorce horas! Qué escándalo, qué a gusto, qué bien. He estado hora y media hablando con el espejo y actuándome un poco. Me he tomado una tila con poleo y miel y, por fin! he salido de casa. Así he comenzado mi recorrido de tareas. Al comenzar la primera ya he comprobado que, después de tanto preparativo, tanto actuarme, me había olvidado lo más importante. A partir de ese momento todos mis propósitos empezaron a ser despropósitos. Me junté con un tipo, un amigo de un amigo de un amigo, se llamaba... ¡joder! ni siquiera me acuerdo, es un nombre italiano... Estéfano... no. En seguida apareció Mercedes, Carlitos, Dimitri, Antonio... Un poquito de hachís, una pipita de coca, dije no al tripi, viniste tú ocho veces en relámpagos, todos murmuraban, tuve conversaciones -... respiro...- que ni recuerdo, un porrito, otro poquito de tu nostalgia, Miguel me ha dicho que soy la hostia, que si quiero puedo, que solo tengo que pararme un poco, que cuando eso sucede hago magia, ¡magia no!, es real, la belleza, toco

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NO FUTURE dedOMINGO LÓPEZ

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(iLUSTRACIÓN DE jOSÉ cARLOS áLVAREZ)

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ué, y ahora qué, prorrumpió El Moco, aburrido, pasándome un pitillo. Me encogí de hombros y sonreí, resignado o rendido, no sé, no se puede saber todo. Estábamos en el parque, no habíamos ido al mierdoso instituto, la mañana del martes se iba lentamente al infierno con sus inenarrables éxitos y el último litro de cerveza yacía en el suelo, consumido, también de cuerpo

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presente.No había un duro, hasta el fin de los días no tendría ya un puto duro para nada más. Pensé entonces que podíamos las narices respectivas o manotearnos las pelotas, podíamos incluso buscar a alguien que nos invitara a un trago, un buche de vino o veneno, daba igual, tampoco se podía ser exigente y hasta podíamos cagarnos en la hostia, hacer el pino o asaltar un banco.


de ciencia ficción. No se oía ni una mosca, bueno, sí, se oía la risa tramposa del Moco, partiéndose el culo detrás de mí, diciéndome mamón qué haces, mientras me tiraba de la chupa y me llevaba hacia la puerta y yo, andando hacia atrás, cubría peliculeramente el paripé sujetando el arma alucinante con las dos manos y moviéndola de un lado a otro y antes de salir, también a carcajadas, disparé, por fin disparé, y el chorro de agua salió como un tiro y le mojó al tipo atónito de la cara pálida.• De Alentejo Blues y otros textos.

dOMINGO LÓPEZ (1967, Sanlucar de Barrameda, Cádiz). Como narrador es autor de obras como La soledad y nosotros (Premio Nacional de Narrativa Julio Cortázar 2002, Col. Relatos, Univ. de la Laguna, Tenerife 2002), La lluvia y las rayuelas y otros cuentos (Col. Monosabio de Narrativa, Concejalía de Cultura, Ayto. de Málaga, 2003) o Alentejo Blues y otros textos (Papeles de Uno, Cádiz, 2010) participando en antologías de prosa como Tripulantes (Editorial Eclipsados, 2006), Cuento vivo de Andalucía (Universidad de Guadalajara, México, 2007) y Si me persiguen, me iré más al sur, (Raro Ediciones, Almería, 2009). Asimismo tiene varios poemarios publicados, destacando títulos como Blues (Premio del XXII Certamen de Poesía Ángel Martínez Baigorri Ed. Ayto de Lodosa, Pamplona, 2006) o Suburbia (Premio del Certamen Internacional de Poesia Ciudad de Morón 2006-Ed.Point de Lunettes, Sevilla, 2007) y ha sido incluido en varias antologías, entre ellas Voces del Extremo–Poesía y Utopía (Fund. Juan Ramón Jiménez, Moguer, Huelva, 2004) y Poética 2005 (Área de Cultura, Ayto. de Zaragoza).

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—Podemos asaltar un banco, le dije iluminado. —Sí, con esto, dijo sacándose el cortaúñas que solía llevar para cortar el chocolate. —Tranquilo, Morgan, en casa tengo una pipa del nueve largo. —Si de las que disparan guisantes o bolitas. —No, de imitación, es una replica, seguro que da el pego y nos llevamos hasta la pasta del Monopoly. Y entonces nos miramos, burlones, y tranquilamente fui a casa, allí al lado, y busqué el juguete de mi hermano, una pistola galáctica de agua de un verde chillón, fosforito, con la culata rojo escarlata. La llené de balas en el grifo de la cocina, le puse el seguro del tapón y volví al parque, silbandito. A unos pasos había una caja de ahorros, la señalé con el dedo. —Esa misma, berreé. Y hacia allí fuimos, en silencio, como quien va a comprar pipas o tabaco, yo delante, pateando latas y piedras y recordando que el Bukowski se había muerto el día anterior y el amigote detrás, con las manos en los bolsillos y su sonrisa de guasa, siguiéndome el rollo. Llegamos a la puerta y miramos a través del cristal. No había nadie, ya casi estaban a punto de chapar. No hablamos ni hicimos ningún plan, ni de atraco ni de nada. Simplemente entramos. Y allí dentro, entonces, me oí gritar. —Que no se mueva ningún hijo de la gran puta, dije, sí, corajudo, buscando una cabeza, algo adonde apuntar. Detrás del mostrador, a un par de metros había una especie de calvo larguirucho, con la boca abierta, levantando muy lentamente las manos, mirando estupefacto hacia la pistola

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HARRY HOUDINI dejORGE (iLUSTRACIÓN DE wILLY oLLERO)

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ernardo toca el corno inglés y el bombardino, es un hombre sencillo, alguien que ha sufrido mucho en la vida. Su infancia fue un infierno; su padre era alcohólico, xenófobo, homófobo, misógino, ludópata y un hombre muy respetado por su posición. Solo ha conocido trabajos duros y mal retribuidos. Su primer matrimonio fue un desastre y nunca ha gozado de muchas amistades. Resumiendo, su existencia ha sido siempre una mierda.


Hace cinco años que se fue de Segovia para establecerse en Barcelona y desde entonces su vida ha cambiado por completo. Aprobó unas oposiciones y ahora es profesor del conservatorio, tiene bastantes amigos y, sobre todo, ha conocido a Marina, primer violín de su vida y de la sinfónica de la ciudad. Con ella ha tenido una hija. Bernardo camina hacia su casa con el resultado de las pruebas y análisis que el doctor Pons le acaba de comentar. Le quedan dos meses, tres a lo sumo, es tarde para cirugías, trasplantes o quimioterapias. Le han diagnosticado un cáncer de colon co n me tá stas i s en vari o s ó rg anos circundantes. Al llegar a casa encuentra a Marina jugando con su hija, que con cierta torpeza, (tiene trece meses) empieza a dar sus primeros pasos. -Mírala Berni, mírala, ya comienza a caminar, ¿has visto que espabilada es?, ¿quién sabe a donde llegará esta niña?, dime Berni cariño, ¿qué te gustaría que fuese de mayor? Él mira hacia otro lado para que Marina no advierta como se humedecen sus ojos y entrando en el aseo, contesta: “Feliz, quiero que sea feliz, como nosotros”. Desde que le diagnosticaron la enfermedad, Bernardo, pasa las horas atendiendo a su hija; prepara las papillas, cambia los pañales, la lleva a pasear y le da un baño al atardecer. Ya no toca el corno ni el bombardino, dedica el resto de su tiempo a jugar con la niña que no cesa de reír. Recuerda que siendo niño admiraba a Harry Houdini. Le gustaba escapar,

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(relatos) evaporarse, desaparecer. Juega con su hija sobre la cama, se cubre con una manta, la niña tira de ella con todas sus fuerzas, es su juego favorito, cuando ve a su padre aparecer siente una explosión de alegría y repiten el juego una y otra vez. Así pasan las semanas, hasta que un día la niña tira de la manta y debajo no hay nadie, debajo de la manta, ya no hay nada.•

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jORGE eSPINA (Oviedo, 1966). Dirige el

taller de creación literaria de la Biblioteca Can Sales (Palma de Mallorca); Codirige junto a Antonio Rigo, Luis Ansorena y Salvador Bonet los encuentros literarios de “El último jueves” que se celebran todos los meses en Palma de Mallorca. Codirige y presenta junto a Antonio Rigo el Slam de poesía “Antiquari”, primer slam de las islas y uno de los pioneros en España. Codirige y presenta el Slam de relatos y microrrelatos “Antiquari”. Ha publicado su poemario Reverdecer con la editorial Baile del Sol. 2010, Tenerife. Ha sido antologado por la Fundación Juan Ramón Jiménez: Voces del extremo, poesía y magia (Moguer, 2009); Cadernos de traduçaõ. Universidade Federal do Rio Grande do Sul. Brasil 2010 (Traducido al portugués por María Lucía Machado de Lorenci, edición bilingüe); VISCERALES. Antología de narradores viscerales. (Ediciones del Viento, 2011). Ha publicado varios poemas y relatos en diversas revistas literarias y culturales (“La bolsa de pipas”, “Agitadoras”, “Espacio Luke”, “Unilco”, “Espacio Nómada”), etc.

EN RED: Apología de la luz

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LO demANUEL PERDIDO

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nONÍDEZ

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El hombre amartilla los dedos y la colilla dibuja una elipse resplandeciente que llega hasta el asfalto. —Tienes razón, na’ —se alza el cuello del abrigo, y termina por encajarse en el hueco del cajero automático—. Pero la jodieron, oye. Para qué se gastarían tanta pasta en demostrar algo que nadie quería saber.•

mANUEL nONÍDEZ gARCÍA

(Madrid, 1954). Es contable diplomado, pero como la vida toma caminos impensados, trabaja como informático en una empresa madrileña. Le apasionan, es evidente, los libros (no sé si más leerlos o escribirlos), el teatro, el cine, la música, los museos, Internet, la investigación (con la que documenta sus novelas), el senderismo en el campo y en la ciudad, y las charlas con los amigos. Ha obtenido una decena de premios literarios con sus obras y ha publicado varias novelas para lectores juveniles. Su última obra publicada es El aliento negro de Dios (Ed. Drakul, 2008).

idez.com/

www.non EN RED: http://

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l disco flota sobre un horizonte de aleros congelados en la oscuridad, cuando el vagabundo, con la colilla amarilleándole las uñas, señala hacia las buhardillas inmersas en su tenue luminosidad plateada. —Ahí la tienes —requiere—. Ha cautivado al mundo desde que la tierra es Tierra. La Luna... ¿Sabes por qué? Con más sueño que interés, el compañero se arrebuja bajo los cartones. Su voz, alcohólica y deshilvanada, araña el manto de la noche: —Era una diosa, o algo así, ¿no? —Qué leches..., porque era un misterio. El personal se decía: «Los selenitas tienen casas con paredes de oro y cúpulas talladas en diamante puro...» Y hasta los enamorados imbéciles pensaban que la luna salía cada noche para ellos. Todo el mundo andaba medio encandilado con ella, hasta que un día, un mal día digo, los americanos..., o los rusos, o la madre que los trajo a todos, mandaron para allá un cohete, y ya está: a tomar por saco el asunto. Resulta que solo es una puta roca muerta. —Y a ti, qué.


LLINGUAOS

(un texto a dos lenguas)

xANDRU fERNÁNDEZ

xANDRU FERNÁNDEZ (Turón, 1970). Profesor de

urón, 1970)

NDEZ (T tor xANDRU FERNÁ aductor, ye au

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LENGUA2

(lengua2)

xente y tal. Y yo: Que nun me rayes, hom; que yo nun toi faciendo nada. -Y liando’l porru. -Y too esto liando’l porru y yá había dos o tres meticones dándose la vuelta pa mirar, y yo: ¿Que mires? Y el camareta tou escalforiáu. -Y esta historia ¿tien final? -Y va’l pavu, ún de los que taba mirando, taba ellí al pie de la barra, en plan pureta, col cafetucu y tal, y diz: Usté sabe qu’eso ye delitu. -¿A ti? ¿Dicíatelo a ti?

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-Yera una yerba pistonudo. -Seguro. -Lo que yo te diga. Yo nun vi nunca una yerba como aquella. Nun me paeció que me fuera a pasar nada por liar un canutín ellí mientres qu’esperaba... -¿Na cafetería? Tu yes bobu. -Na cafetería. Hasta que’l pavu de la barra, el camareta, mira pa mi y ponse: Eso nun puedes facelo equí. Y yo: Pasa de mi, que nun me meto yo no tuyo. Y él neciu: Fai’l favor, mira que tengo

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TANGÁRONTE LA MARÍA

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losofía y tr caos Profesor de fi filosofía y traductor, es autor de más de una docena e títulos publi d a n ce o d a n s, de títulos publicados en lengua asturiana a lo largo de de más d’u o de venti año g ar ll lo a a an turi xaros veinte años, entre ellos las novelas El suañu de los páxaros en llingua as l suañu de los pá E es el v o n s le 1999), entre ellos de sable (Premio Xosefa Xovellanos, 1999), Les ruines fa Xovellanos, se o X iu m re , (P (Premio de la Crítica de Asturias, 2004), La banda sonora de sable tica d’Asturies rí C la e d iu m re miu del paraísu (Premio Trabe, 2006), y los poemarios Servidume Les ruines (P del paraísu (Pre ra no so a nd 01) ba (2001) y Les vides incompletes (Premio Xuan María Acebal, 2004), La s Ser vidume (20 io ar em o p s lo ), y aría 2009). Su última obra narrativa hasta la fecha es el volumen Trabe, 2006 remiu Xuan M (P es et pl m co in rativa y Les vides de cuentos Entierros de xente famoso (2008). última obra nar so a L ). 9 0 0 2 ntierros , Acebal Recientemente ha aparecido una antología bilingüe e de cuentos E m lu o v ’l ye a hasta la fech te apaecer una de su poesía, titulada Restauración (2010). an ab ac a T ). 8 0 0 xente famoso (2 titulada EN RED: http://www.latabierna.bl ogspot.com/ deantoloxía billingüe de la so poesía, 010). Restauración (2

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(llinguaos) -Dicíamelo a mi. Yo diba mandalu a cagar, pero claro, va él y saca la placa y ponse que ye l’inspector tal y cual. -Eso pásate por burru. Ponete a liar un porru delantre d’un maderu. -¿Y qué sabía yo? Teníen que lo llevar escrito. Con un retulador. Equí, na frente. Pero esti diba de normal, yo pensé: Vaya pringáu. Pero claro, pensélo antes de ver la placa. -Depués de vela cagástite pela pata p’abaxo. -Nun me punxi mui contentu. -¿Y qué-y dixisti? Diríes-y que yera pa consumu propiu, que nun podía facete nada. Echate del local, tolo más. -Sí, ho. Diba poneme en plan Ally McBeal. -¿Entós? -Entós ocurrióseme dici-y que nun taba fumando nada illegal. Que yeren yerbes medicinales. Qué coño, yera la verdá. Pero nun quería dicir que la maría fuera medicinal, quería facelu creer qu’aquello nun yera maría. Nun m’entendió. Va y diz: Eso son teoríes, nun ta demostrao, y anque tuviera demostrao sigue siendo delitu. Y yo: Que non, qu’esto nun ye illegal, que lo pillé nuna tienda de dietética, que ye pal reñón. -Nun conocí nunca un parrulu más parrulu que tu. A nun ser que’l maderu tragara, que nesi casu diba ser él el parrulu mayor. -Tragar nun tragó, pero pensóselo. Fixo asina cola mano, como mandándome que-y apurriera la bolsa, y apurrí-yla. Y depués apurrí-y el porru acabante liar y va él y préndelu y da-y una calada y diz: Medicinal nun ye. -Tas quedándote comigo. -¿Cómo diba inventame yo eso? Un maderu ellí, un inspector, de paisanu, y yo pasándo-y tola yerba puta madre qu’acababa pillar, y él fumándose’l mio porru y diciendo: Medicinal nun ye. A mi nun se m’ocurren eses coses.

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-Nun se-y ocurren a naide. -Y va y diz: ¿A ti que te paez? Y pása-y el porru al camareta. Y el camareta pega una calada d’eses que ves el porru enteru consumise, y diz: Nun sé, nun me paez. Y l’otru: ¿A ver? Y el porru rulando per tola cafetería, y el maderu, mentanto, yá taba liando otru. El papel pidiómelu a mi, a ver, yo con una cara tontu: Tome. Y él: Gracies. Y diz: A ver cómo solucionamos esto. -Yo flipo. -Non, los que fliparon foron ellos. Fumaron tola puta bolsa. Y cada porru que liaba, dicía’l maderu: Nun sé, nun sé, nun me convence. Sólo que yá lo dicía riéndose, partiéndose’l pechu de risa. Y el camareta igual, y tolos demás de la barra, había un ciegu de los que vienden el cupón, con un rapaz que debía ser el ñetu o dalgo asina, y el ñetu venga a fumar, y el ciegu: ¿Por qué nun marchamos yá? Y el ñetu, que lu llevaba garráu del brazu: Yá vamos, yá vamos. Pero nun se movíen. Y al final, claro, de tanto goler, tamién el ciegu acabó dando risaes. Y l’inspector cola mesma movida: Nun sé, nun sé, nun me convence. -Tangáronte una bolsa entera. -Salí pitando namás que pudi. La bolsa fumáronla entera. -Tangárontela. Yes un putu pringáu. -¿A quién llames tu pringáu?•

TE TANGARON LA MARÍA

-Era una yerba cojonuda. -Seguro. -Lo que yo te diga. Yo nunca he visto una yerba como aquella. No me pareció que me fuese a pasar nada por liarme un porrito allí mientras esperaba... -¿En la cafetería? Tú eres tonto. -En la cafetería. Hasta que el pavo de la barra, el camareta, me mira y empieza: Eso no puedes hacerlo aquí. Y yo: Pasa de mí, que yo no me meto


(lengua2) que entonces el mayor de los gañanes sería él. -No se lo tragó exactamente, pero se lo pensó. Hizo así con la mano, como ordenándome que le pasara la bolsa, y se la pasé. Y después le pasé el porro que acababa de liar y va él y lo enciende y le da una calada y dice: Medicinal no es. -Te estás quedando conmigo. -¿Cómo iba a inventarme yo eso? Un madero allí, un inspector, de paisano, y yo pasándole toda la yerba de puta madre que acababa de pillar, y él fumándose mi porro y diciendo: Medicinal no es. A mí no se me ocurren cosas así. -No se le ocurren a nadie. -Y va y dice: ¿A ti qué te parece? Y le pasa el porro al camareta. Y el camareta da una calada de esas que ves el porro entero consumirse, y dice: No sé, no me parece. Y el otro: ¿A ver? Y el porro rulando por toda la cafetería, y el madero, mientras tanto, ya estaba liando otro. El papel me lo pidió a mí, a ver, yo con una cara de tonto: Tome. Y él: Gracias. Y dice: A ver cómo solucionamos esto. -Yo flipo. -No, los que fliparon fueron ellos. Se fumaron toda la puta bolsa. Y cada porro que liaba, decía el madero: No sé, no sé, no me convence. Sólo que ya lo decía riéndose, partiéndose el pecho de risa. Y el camareta igual, y todos los demás de la barra, había un ciego de los que venden el cupón, con un chico que debía de ser su nieto o algo así, y el nieto venga a fumar, y el ciego: ¿Por qué no nos vamos ya? Y el nieto, que le llevaba cogido del brazo: Ya nos vamos, ya nos vamos. Pero no se movían. Y al final, claro, de tanto olerlo, también el ciego acabó a carcajadas. Y el inspector con la misma movida: No sé, no sé, no me convence. -Te tangaron una bolsa entera. -Salí por piernas en cuanto pude. La bolsa se la fumaron toda. -Te la tangaron. Eres un puto pringado. -¿A quién llamas tú pringado?•

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en lo tuyo. Y él erre que erre: Haz el favor, mira que tengo clientes y tal. Y yo: Que no me rayes, hombre; que yo no estoy haciendo nada. -Y liando el porro. -Y todo esto liando el porro y ya había dos o tres metomentodos dándose la vuelta para mirar, y yo: ¿Qué miras? Y el camareta todo azorado. -Y esta historia ¿tiene final? -Y va el pavo, uno de los que estaba mirando, estaba allí junto a la barra, en plan pureta, con su cafelito y tal, y dice: Usted sabe que eso es delito. -¿A ti? ¿Te lo decía a ti? -Me lo decía a mí. Yo iba a decirle que se fuera a cagar, pero claro, va él y saca la placa y empieza con que es el inspector tal y cual. -Eso te pasa por burro. Ponerte a liar un porro delante de un madero. -¿Y qué sabía yo? Deberían llevarlo escrito. Con rotulador. Aquí, en la frente. Pero este iba de normal, yo pensé: Vaya pringado. Pero claro, lo pensé antes de ver la placa. -Después de verla te cagaste por la pata abajo. -No me puse muy contento. -¿Y qué le dijiste? Le dirías que era para consumo propio, que no podía hacerte nada. Echarte del local, como mucho. -Sí, hombre. Iba a ponerme en plan Ally McBeal. -¿Entonces? -Entonces se me ocurrió decirle que no estaba fumando nada ilegal. Que eran hierbas medicinales. Qué coño, era la verdad. Pero no quería decir que la maría fuese medicinal, quería hacerle creer que aquello no era maría. No me entendió. Va y dice: Eso son teorías, no está demostrado, y aunque estuviese demostrado sigue siendo delito. Y yo: Que no, que esto no es ilegal, que lo he pillado en una tienda de dietética, que es para los riñones. -Nunca he conocido un gañán más gañán que tú. A no ser que el madero se lo haya tragado,

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SMS de

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aLEJANDRO LÉRIDA

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ras el entierro, ella prefirió quedarse un rato más frente a la lápida de su único hijo, pensando tal vez en lo feliz que lo vieron todos apenas tuvo en sus manos el obsequio de cumpleaños de su padre, un móvil de última generación que ahora descansaba junto a él y que había sido motivo de discordia entre ella y su marido por la conveniencia o no de su uso pese a su corta edad, el pequeño cumplió solo nueve años algunos días antes del trágico accidente en la bañera en un descuido de su padre mientras lo bañaba. De pronto sonó el móvil y vio que había un mensaje en la bandeja de entrada: “No me caí”. Impactada por el hecho, quiso comprobar si era una broma de mal gusto, pero el móvil sonaba bajo tierra.•

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VARA)

A gUE N A I R A Ed

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aLEJANDRO LÉRIDA hORMIGO (1979).

Diplomado en Ciencias de la Educación, en la especialidad de Educación Infantil, por la Universidad de Sevilla. 1.º Premio de poesía del XII Certamen de Creación “Fronteras de Papel”, convocado por el Ayuntamiento de Sevilla; mención honorífica del jurado del Primer Concurso Internacional de Poesía Breve “Harawiku”, organizado por la Fundación Scorza. Algunos de mis poemas han ido asomando la cabeza en varias revistas, como son, por ejemplo, “Algarrobo”, “Sentido Figurado”, “La rosa profunda”, “Narradores”, etc. Hasta la fecha, no he publicado ningún libro. Poemarios que están, por tanto, en el cajón: Éxtasis (2005), Las noches de diario (2005), Los cuerpos que se buscan (2006), Los espejos vacíos (2007). Hoy por hoy, trabajo en mi nuevo poemario, titulado Paso de peatones (2008-200?).

EN RED: http://enarmascontralasoledad.blo gspot.com

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MOLLY´S CHAMBERS deaDRIANA bAÑARES Free – is all that she could bleed That’s why she’ll never stay White – bare naked in the night

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Molly’s Chambers. Kings Of Leon

aDRIANA bAÑARES cAMACHO (Logroño, 1988) Estudia Filosofía en la Universidad

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ebajo de la cama, diseñadas para ser perfectas, casi una veintena de barbies acaparan la atención de todos los muñecos que, negándose a admitir el abandono, se aferran con fuerza a la última copa en el Karaoke Café. Las miro con desdén mientras reparo, por cuarta vez en lo que va de día, mi brazo derecho. Observo con detenimiento cada pespunte. Los hilos que se escapan a lo largo de mis piernas. Las pelotillas que no dejan de brotar por mi cabello de lana naranja. Ellas: plástico impoluto. Suave, turgente y escandalosamente sexy. Su pelo: fino, largo, insultantemente rubio. Pero aquí debajo, al fin y al cabo, todos estamos al mismo nivel. Como despojos. Usados. Abandonados por el primer monopatín a los diez años. Lo único que queda es el eterno temor a no estar solo. Me pregunto qué sentido tiene continuar en vela por un niño que ya no juega con nosotros. Harta de seguir en esta farsa, descoso entre lágrimas de guata todos los remiendos. No es tan difícil de asumir. Todos los juguetes nacemos muertos.• Incluido en la plaquette La niña que arrastraba un globo roto en la hora del recreo (Colmo Colectivo, 2011). de Valladolid, coedita junto a Patricia Maestro la publicación independiente “La Fanzine” y forma parte de la asociación cultural COLMO Colectivo. Ha sido publicada en antologías como Des – Amor (Groenlandia, 2010) y Viscerales (Ediciones del Viento, 2011). En el año 2010 resultó ganadora del X Concurso de Becas para Proyectos Artísticos de Jóvenes “Con proyección” por su libro La Niña de las Naranjas. Palabra de Awixumayita (Ediciones Emilianenses, 2010).

EN RED: http://awixumayita.blogspot.com/

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AMEBAS deeVA mAR sANTURIO

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É

sta es la historia de una ameba que... ¡Blups! Vaya, decía que esta es la historia de dos amebas... ¡Blups! Joder, es la historia de cuatro... ¡Blups! De ocho... ¡Blups!... Dieciséis... ¡Blups! Me cago en todo. Ésta es la puta historia de un montón incontable de amebas y su puta manía de dividirse.•

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eVA mAR sANTURIO

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Nací en las casas del lavadero, a las afueras de Oviedo, en 1973. Empecé a inventarme historias de pequeña, para no aburrirme mientras esperaba a que me llegara el sueño. Creo que lo primero que escribí fue un poema titulado “El pisotón”, dedicado a los que me daba la gente en el autobús. Mi encuentro con la crítica llegó pronto, cuando mi profesora de lengua me bajó la nota por haberme extendido (en un cuento sobre figuritas de Navidad) con la descripción del contenido de un cubo de la basura. Me hice mayor. Entré en filología porque pensaba que era otra cosa. Seguí escribiendo, a veces teatro, a veces poesía, otras novela o relato. Quedé dos veces finalista del Asturias Joven de Narrativa; lo di por imposible. Hasta que, con 35 años, comprendí que no habría más oportunidades, y me animé. Así, más o menos, es el resumen de cómo llegué hasta aquí. Espero que os guste el cuentecillo.


IMPERDONABLE OLVIDO eáNGEL

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d sOTILLO

e la neblina del vacío surgían ahora sus pupilas como dos lunas blancas, buscando a tientas el semblante perdido de la diosa, después de que la vista se le encallara para siempre, en los rompientes oscuros donde dicen que a los ciegos se les remansan las lumbres del recuerdo. Con ella se citaba a diario en las simas sin luz de su cerebro, y le bastaba ese mínimo rastro de su diosa en los sentidos para, como un niño, seguir creyendo en los sueños. Lo hubiera dado todo por vender junto a ella aquel rutinario periódico de titulares sin eco, que de vez en cuando compran altruistas o locos, a los que se les paró el reloj en algún tremedal de la ternura. Lo hubiera dado todo por sentir el manto de su diosa, al menos una sola noche, cobijar su soledad bajo el cielo de Madrid, cuyas estrellas en el vértigo opaco de sus retinas, eran una indecisa lluvia de alburas crepitando silencios en la cornisa de su universo apagado. Gozó del amor una tarde de verano, mientras sesteaba en el océano verde de un parque, donde el sopor de la tarde hizo posible el sueño tantas veces deseado. Sintió que sus labios se posaban en la piel de la diosa, y se sintió lleno de gozo en medio de la plenitud tantas veces demorada, al presentir que Cibeles se había bajado de su carroza para sembrar en la eternidad de su noche un beso. Al despertar, sonrió agradecido, sin reparar siquiera en que..., quien acababa de dárselo todo, había olvidado devolverle la mirada.• Relato finalista en el Primer Certamen Literario del periódico “20 Minutos”.

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EN RED: http://zoomyletras.blogspot.com/

comunicar). Hice algo

s que áNGEL sOTILLO ...luego vendría la literatura, (siempre pensé que tenía algunas visioneescrito res desaparecidos para más allá a de radio: en mi modesto espacio, “La Gatera del café oriental”, invoqué del textos adaptándolos a las ondas. fantasear con ellos a través de entrevistas inventadas y divulgar de nuevo sus n en el Auditorio “Pilar Bardem” He participado en algunos eventos literarios como el homenaje a Dulce Chacó de Cultural Telefónica de Madrid. de Rivas Vaciamadrid. También formé parte del grupo literario “Tintaviva” sentimiento y la música a veces se alean Las declamaciones son otra de mis actividades “en la intimidad”, donde el do una colección de relatos, sorprendentemente para dar paso a la vibrante recreación poética. He publica los días. Ahora abordo una Paisajes y derribos, claro reflejo de mi mundo interior, y la novela En la piel de como la fotografía. nueva etapa de creaciones y recreaciones que abarcan otras disciplinas del arte,

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1er CONCURSO DE MICRORRELATOS aL OTRO LADO DEL ESPEJO EN fACEBOOK (RELATOS DE LA NOCHE DE SAN JUAN)

COINCIDIENDO CON EL SOLSTICIO DE VERANO EL EQUIPO DE aL OTRO LADO DEL ESPEJO PROPUSO A SUS LECTORES EL RETO DE PARTICIPAR EN UN CONCURSO LITERARIO, ORGAN IZADO EN NUESTRO MURO DE fACEBOOK, QUE GIRARA ALREDEDOR DE LAS HOGUERAS QUE, POR ESAS FECHAS, ILUMINAN LA NOCHE MÁS CORTA DEL AÑO. EL RESULTADO ES UN BUEN PUÑAD O DE RELAT OS QUE NOS HA SORPR ENDID O POR SU CALID AD Y POTENCIA. ATENTOS, PORQUE SEGURAMENTE REPETIREMOS. COMO LO PROMETIDO ES DEUDA, AQUÍ OS REGALAMOS EL RELATO GANADOR.

ROSEBUD decARMEN LAFUENTE D

avid abrió la puerta, el olor que desprendía el desván lo transportó al pasado, cuando subía a escudriñar los trastos amontonados por su abuela, que a él se le antojaban tesoros. La entrada en tromba de sus dos nietos lo devolvió a la realidad. Los niños le habían pedido ayuda para elegir algunos muebles e inmolarlos esa noche en la hoguera de San Juan. Seleccionados los objetos, asieron entre los tres una mesilla de considerables dimensiones y comenzaron el descenso. De repente un mal paso, confusión, griterío y el mueble salió despedido por las escaleras, se estrelló resquebrajándose con un fuerte rugido al llegar a su destino. David vio cómo entre el montón de astillas se erguía una caja indemne. Era la caja utilizada en su infancia para guardar la colección de cuentos de Calleja, que le regaló su tía un verano. De adolescente la buscó en vano y ahora ahí estaba. La magia de la noche se había adelantado, salvando a su Rosebud de ser destruida en la pira.•

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S O M E H EÍDO LCada

cUENTOS rEUNIDOS

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(reseñas)

cierto tiempo aparecen en el mercado literario algunos libros de cuentos en los que se agrupan autores en torno a una propuesta narrativa. Últimamente son muchas las propuestas. Cada una de ellas observa la realidad del cuento desde perspectivas diferentes. Hemos seleccionado siete para realizar una breve reseña, y tienen en común el aglutinar a autores que escriben en castellano y su diversificación. De antologías como estas surge el conocimiento de autores por parte de los lectores, el descubrimiento de otras formas de crear. •

Por

orden de aparición, la primera es Chéjov comentado, y estamos ante un caso excepcional, porque no puede decirse que sea una antología al uso. Sergi Bellver, el editor de esta primera propuesta literaria, aglutina a un puñado de narradores de primera fila en torno a la figura del viejo maestro ruso. Se trata de que cada uno comente un cuento, por lo que nos encontraremos con reflexiones, estudios y desestructuraciones de relatos de Chéjov, pero también con teorías personales sobre el cuento en general (bien por el más jóven, Candeira) y con cuentos sobre el cuento, como hace Óscar Esquivias. Un libro recomendable que hila el inicio del cuento moderno con la actualidad más vanguardista de las letras en castellano.

CHÉJOV COMENTADO, Nevsky Prospects.

Edición de Sergi Bellver / Traducción J. y M. Womack. Participan: Jon Bilbao • Matías Candeira • Luis Alberto de Cuenca • Óscar Esquivias • Ignacio Ferrando • Hipólito G. Navarro • Víctor García Antón • Eduardo Halfon • Salvador Luis • Juan Carlos Márquez • Ricardo Menéndez Salmón • Elvira Navarro • Marta Rebón • Care Santos • Eloy Tizón • Paul Viejo.

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(hemos leído) segunda propuesta también es novedosa. Patxi Irurzun y Esteban Gutiérrez pensaron que los rockeros podían dar más de sí, y les ofrecieron escribir algún cuento, algo de narrativa sin el apoyo de la música de sus letras o de sus poesías. Simpatía por el relato. Cuentos escritos por rockeros surge de esa unión no reconocida entre el rock y la literatura. El lector se asombrará con textos y formas novedosas, descubrirá los hilos literarios que unen a los grandes del rock, y nos permitirán observar un pedazo de su alma. No sólo hablamos de sexo, drogas y música, hablamos de vida. Un libro dirigido a los fans rockeros pero cuya lectura no debe desdeñar ningún amante del género breve.

La

SIMPATÍA POR EL RELATO [Cuentos escritos por Rockeros]

Editorial Drakul. Edición de Esteban Gutiérrez Gómez y Patxi Irurzun. Participan: Fran Fernández Fran Nixon’ (Australian Blonde / La Costa Brava), Pablo Tamargo (Black Horde), Monty (Sweet Little Sister), Carlos Pina (Panzer), Juan Abarca (Mamá Ladilla), Kike Babas (Kike Suárez & La Desbandada), Agnes (Lilith), Julián Hernández (Siniestro Total), Rubén Pozo (Pereza), Leiva (Pereza), Félix FX (Hash), Indio Zammit (Tarzán y su puta madre ocupando piso en Alcobendas), Enrique Villarreal El Drogas’ (Barricada), Kutxi Romero (Marea), Kike Turrón (Turrones), Antonio Yeska, Lulu (Forraje), Josu Arteaga (La Banda del Abuelo), Roberto Mosso (Zarama), Ángel Petisme, Ajo (Mil Dolores Pequeños), Eduardo Izquierdo (Los Hijos Bastardos de Henry Chinaski), David Mardaras (Horses of Disaster), Enrique Cabezón Kb’(enBlanco), Daniel Sancet (Insolenzia), David Suárez Suarón (Los Majaderos), Felipe Zapico (Deicidas), Eduardo García Luter, Octavio Gómez Milán (Experimentos in da Notte), José Luis Moreno-Ruiz (La Enfermería Eléctrica), Iñaki Estévez (The Black Dogs), Javier Gallego Crudo (Dead Capo).

Perversiones.

Breve catálogo de parafilias ilustradas es un libro en el que detenerse por dos motivos. El primero es que la filosofía de la colección narrativa en la que se engloba, colección Vagamundos, de la editorial Traspiés, está muy próxima a la de nuestra revista: aunar relato e ilustración, de modo que sobre un texto se produce un dibujo o fotografía ad hoc, exactamente igual que hacemos nosotros en “al Otro Lado del Espejo”. Los libros publicados, de pequeño formato, son pequeñas joyas de arte. De lo publicado hasta ahora podríamos destacar El diablo en la botella, con dibujos de Pablo Ruiz, o Agua quieta, de Cristina

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PERVERSIONES [Breve Catálogo de parafilias ilustradas]

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Grande, con ilustraciones de Esperanza Campos, aunque la lista continuaría. El segundo motivo es que la antología que nos ocupa, Perversiones. Breve catálogo de parafilias ilustradas, nace de una propuesta novedosa gestionada por un blog. José Antonio López, editor y autor del proyecto, lanza al ciber espacio la idea, el catálogo de parafilias y propone ampliarlo o dotarlo de ejemplos con relatos muy breves. El resultado es un devocionario, un libro de mesilla que consultar cada noche antes de dormir. Las ilustraciones, de primeras figuras del dibujo en España, aumentan su valor.

(reseñas)

Colección Vagamundos, de la Editorial Traspiés. Participan: Andrés Portillo, Rafael Linero, Raúlo Cáceres, Ángel Olgoso, Antonio Dafos, Isabel González González, Manuel Moyano,Quim Pérez, Jorge Fornés, Vicente Muñoz Álvarez, Hugo Rg [pobreartista, Joaquín Torres, U! a.k.a Uriel A. Durán, Ginés Cutillas, Miguel Sanfeliu, Fusa Díaz, Cristina de Cos, Fco. Javier Pérez, Pablo E. Soto, Hugo García, Marina Guiu, David González, Pablo Gallo, Carlos Vitale, Manuel Rebollar, Ana Ayuso Verde, Isabelle López, Francisco Naranjo, Alejandro Santos, Rubén Little Nemo, Marina Baizán, Hilario J. Rodríguez, Elvis Gato, Juan Jacinto Muñoz Rengel, José Ángel Barrueco, Isabel Wagemann, David Guirao, Joan Ripollès Iranzo, El Bute, Eva Díaz Riobello, Salvador Moreno Valencia, Popá, Elías Moro, Martín Pardo, Carlos Manzano, Kikus, Nacho Cagiga, Felisa Moreno Ortega, Andrés Neumam, Juan Gonzalo Lerma, Manu Espada, Joaquín López, M. A. Cáliz, Pepe Cervera, Rita Vicencio, María Simó, José Ángel Cilleruelo, José Abad, Amanda Manara, Miguel Ángel Zapata, Federico Villalobos, José Cruz Cabrerizo, Esteban Gutiérrez Gómez, Oscar Esquivias, Pablo Ruiz, Carola Aikin, Raúl Brasca.

Más

o menos al mismo tiempo, aparecen las dos antologías siguientes que comparten muchos autores. Beatitud, edición del leonés Vicente Muñoz Álvarez, compañero fanzineroso con su “Vinalia”, y del aragonés Nacho Escuin. Beatitud es por un lado un homenaje a los escritores de la generación beat americana y por otro una forma de reivindicar su influencia en las siguientes generaciones de escritores en castellano. “Los chicos del lado oscuro” nos mostrarán el porqué de acercarse a su penumbra, la influencia en su modo de escribir o de concebir la vida, con biorrelatos de auténtica carretera o ficciones que claman el espíritu efervescente antes del alcohol.

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(hemos leído)

BEATITUD [Visiones de la beat generation]

Ediciones Baladí. Edición de Vicente Muñoz Álvarez y Nacho Escuín. Participan: Carla Badillo Coronado, Patxi Irurzun, Ana Pérez Cañamares, Joaquín Juan Penalva, José Ángel Barrueco, Carmen Beltrán, Uberto Stabile, David González, Carmen Camacho, Miquel Silvestre, Raúl García, Sergio Gaspar, Safrika, Nacho Abad, David Mardaras, Mario Crespo, Roxana Popelka, Eduardo Almiñana, Octavio Gómez Milián, Estelle Talavera Baudet, David Mayor, Pepe Pereza, Almudena Vidorreta, Lucas Rodríguez, Inma Luna, Diego Urizarna, Alfonso Xen Rabanal, Pablo Casares, Sonia San Román, Eloy Fernández Porta, Déborah Vukušić, Vicente Muñoz Álvarez.

Viscerales

apuesta por textos (casi todos relatos) que surgen de los intestinos y se vomitan sobre el papel sin apenas darle oportunidad al cerebro a racionalizar lo que pasa por él. No es exactamente así, pero sería una buena imagen de lo que se persigue con esta antología. José Ángel Barrueco y Mario Crespo reúnen una excelente nómina de autores de primera fila, muchos de ellos también “chicos del otro lado”, de la generación contestataria y alternativa que busca otros caminos por los que hacer transitar su literatura sin pagar peajes o hipotecas. Difícil tarea encaminada, sin duda, al desastre, a la derrota, pero que como ocurrió con los beats, tendrá su reconocimiento muchos años después.

VISCERALES

Ediciones del Viento. Edición de José Ángel Barrueco y Mario Crespo. Participan: Enrique Vila-Matas, Marcelo Luján, Marta Fernández La Bohe, Alberto Haj-Saleh, Safrika, Carlos Herrero, Tomás Sánchez Santiago, Carlos Salem, Gsús Bonilla, Lucía Fraga, Adriana Bañares, Vicente Muñoz Álvarez, Javier Esteban, David Murders, Joaquín Piqueras, María Couceiro, Sonia Fides, Manuel Vilas, Jorge Espina, Brenda Ascoz, Roxana Popelka, David Refoyo, David González, Francesco Spinoglio, Patxi Irurzun, Iñaki Echarte Vidarte, Julio Valdeón Blanco, Alejandra Zina, Esteban Gutiérrez Gómez, Inma Luna, José Manuel Vara, Mario Crespo, Daniel Ruiz García, Ana Pérez Cañamares, Estelle Talavera Baudet, Kutxi Romero, José Ángel Barrueco, Montero González, Karmelo C. Iribarren, Javier Das y Alfonso Xen Rabanal

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a estas cinco, es reciente la antología procedente de esta misma revista: Al otro lado del espejo. Narrando contracorriente. Gsús Bonilla agrupa del centenar largo de autores que han publicado en la revista en sus casi cuatro años de andadura, a cincuenta de ellos. Todos los estilos y todas las propuestas narrativas actuales en la narración breve están representadas en esta antología.

AL OTRO LADO DEL ESPEJO [Narrando Contracorriente]

aL OTRO LADO DEL ESPEJO

Junto

(reseñas)

Ediciones Escalera / Edición de Gsús Bonilla. Participan: Nacho Abad, Escandar Algeet, Lola B. Gallardo, José Ángel Barrueco, Batania, Antonio Bordón, Sergio C. Fanjul, Fernando Clemot, Mario Crespo, Iñaki Echarte Vidarte, Óscar Esquivias, Manu Espada, Sonia Fides, Carlos Frühbeck, Hipólito G. Navarro, David González, Esteban Gutiérrez Gómez, Patxi Irurzun, Domingo López, Talía Luís Casado, Marcelo Luján, Inma Luna, Miguel Ángel Martín, Reyes Monje, Luís Morales, Vicente Muñoz Álvarez, Ángel Muñoz (Voltios), José Naveiras, Susana Obrero, Dani Orviz, Olaia Pazos, Ana Pérez Cañamares, Pepe Pereza, Andrés Portillo, Luís Miguel Rabanal, Alfonso Xen Rabanal, David Refoyo, Markus Renström, Esther Rodríguez Cabrales, Carlos Salem, Mayte Sánchez Sempere, Marta Sanz, Javier Serrano, Lorenzo Silva, María Jesús Silva, Estelle Talavera, Déborah Vukušić, Marian Womack.

Y

finalizamos esta breve exposición por el peculiar mundo del libro colectivo con La vida es un bar –cuentos de noche– Malasaña, coordinado por Carlos Salem y donde extraemos parte de su prólogo para ponernos en situación: (…) los bares, además de estar llenos de recuerdos, están llenos de historias. De ahí que, entre la fauna variada que galopa en dos patas de barra en barra, se camufle una especie peligrosa y vampiresca de escritores que acuden buscando lo que buscan todos los demás, pero también escrutando el cuello de esas historias, el sitio exacto donde morder para alimentar la memoria de futuros cuentos.

LA VIDA ES UN BAR –Cuentos de noche–: Malasaña

Ediciones Amargord / Edición de Carlos Salem. Participan: José Ángel Barrueco, Talía Luís Casado, Marcelo Luján, Dani Orviz, Olaia Pazos, Carlos Salem, Marta Sanz, Daniel Ortiz Peñate, Óscar Urra, Willy Uribe, Luís Ricardo Suarez, Cristina Fallarás, Yanet Acosta, Pablo Mazo, Mariano Zurdo, Inés Pradilla, Marcus Versus, Rafael Sarmentero, Luis Bullosa, Marisol Torres, J.M. de la Quintana, Laura Fernádez Lahera, Daniel Herrera Cepero.

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LOSILUSIONISTAS

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(nos ilustran)

pETER jENSEN (vELPISTER) (EN PORTADA)

Pintor, pianista, compositor, escritor. Estudia piano en Ourense, continúa en Madrid mientras estudia Periodismo en la Complutense. En 2000 abandona su vida medianamente burguesa para dedicarse profesionalmente a la pintura y a la vida bohemia, viviendo a partir de entonces de lo que viven los artistas (¿?). Expone en diferentes puntos de Europa, ofrece multitud de conciertos con obras clásicas y suyas. Dirige y escenografía espectáculos de música, teatro y danza. Actualmente está preparando las oposiciones de piano para el conservatorio, lo que añade amargura a su ya penosa vida. http://velpister.blogspot.com http://velpisterpinturas.blogspot.com http://elqaplaude.blogspot.com http://www.youtube.com/velpister

iLKHI cARRANZA (pág. 30)

En 1958 nacía en Bilbao. A principios de los sesenta, cuando era un párvulo, sustraía los sacapuntas de mis compañeros y me desaparecían los lápices (los que ahora son mis bayonetas). A estas alturas espacio-temporales he llegado a la conclusión de que, entonces como ahora, me interesaba más sacarles punta a los lápices inexistentes que a los que eran tangibles. En el otoño de 1972 e invierno de 1973 aprendía a dibujar las cosas que ya existían mientras observaba la cabeza en yeso de Minerva, que me miraba desde su sabiduría. Diez años después dibujaba y esculpía, en un bosque de hayas, sus ramas inexistentes. Las llamaba IRUDIhitzak “IMÁGENESpalabras”. También fotografiaba el tiempo cuando la niebla me lo permitía, cuando no, lo imaginaba. Desde 1987 escribo en My longing logbook “Mi cuaderno de bitácora anhelante” y en mis poemarios Alta densidad seccional 1987-... y Otarrizko aizkorea 2001-... Desde el mes de junio de 2010 existe mi blog titulado Zubihotza, otarrizko aizkorea (El corazón del roble, el hacha de ofita).

eXTRAVAGANTES (págs. 33 y 34)

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Un extra-vagante vive la vida a golpes. Un extra-vagante nunca sueña, es pesadilla. Un extra-vagante no tiene nombre, es silencio. Un extra-vagante no tiene máscara, es carne. Un extra-vagante no es un creador, es asesino. Un extra-vagante no tiene casa, es mundo. Un extra-vagante es un autodidacta por imposición, un asistemático por ser excluido, un nómada por ser perseguido. Un extra-vagante es un incontrolado ciudadano, un maleante nato. Un extra-vagante es siempre un infractor, un rostro dolido. www.extravagantesphoto.com


jOSÉ iGNACIO oRNA (pág. 41) Nunca supe dibujar, así que un día decidí sustituir el lápiz por el Cutter. Al final es parecido, sólo que no puedes borrar cuando te equivocas. Cada ilustración es como un experimento de líneas recortadas que vacían o sacan imágenes de un molde de papel. Puedes asomarte y pasear por Mi refugio... http://mirefugio-jose.blogspot.com/

aL OTRO LADO DEL ESPEJO

(nos ilustran)

jOSÉ cARLOS áLVAREZ cABRERO (pág. 72) (1967) Artista multidisciplinar, pintor, grabador, dibujante y cineasta aficionado nacido en; comenzó a estudiar en la escuela de artes aplicadas de Oviedo. En 1991 realizó su primera exposición individual, en la sala borrón, de Oviedo. A partir de ahí, desarrolla su trabajo figurativo, en múltiples exposiciones, revistas, prensa etc, etc, reconocido con éxito en España y Europa. Sus obras, con ciertos aires a la neue sachlichkeit, nos recuerdan los movidos años ochenta. Más información así como una muestra de su obra en http://alvarezcabreroblog.blogspot.com/. wILLY oLLERO (pág. 74) Willy Ollero es una joven arquitecta madrileña que en sus ratos libres cambia la escuadra y el cartabón por los recortes y los lápices de colores. De su imaginación nacen perturbadoras chicas que juegan con las letras del abecedario, modelos perdidas que se mimetizan entre líneas, formas y colores, divas en blanco y negro... El dibujo le ha acompañado desde su infancia y aunque, lo arrinconó durante una larga temporada, a raíz de los quebraderos de cabeza que le dio durante la carrera, lo retomó, de nuevo, con entusiasmo gracias a la amistad y a las nuevas tecnologías: “Una amiga me había regalado un fotolog y empecé a hacer dibujos y publicarlos allí. Comencé a recibir visitas y comentarios y la verdad es que aquello me animó a seguir ¡Desde entonces no he parado! Dejé el fotolog, me hice un flickr, un blog, y ahora un tumblr.” En sus trabajos, no es difícil encontrar los trazos de la propia artista entrelazados con fragmentos de imágenes, trozos de papel o pegatinas que ofrecen dinamismo y llamativos contrastes a las creaciones; los pequeños textos o frases que en ocasiones las complementan, añaden un toque enigmático y atractivo. www.flickr.com/photos/willyollero www.willydibujando.blogspot.com

dARIANA gUEVARA (pág. 80) Nació en León, Nicaragua, en 1985 Diplomada en Diseño Gráfico por la Escuela de Arte Nº 10 de Madrid, obtuvo su título en 2007. Comenzó a interesarse por las artes relacionadas con el libro. realizó estudios de Encuadernación y Restauración de libros. Actualmente se encuentra cursando un módulo de grado superior de Grabado y Estampación en la Escuela de Arte Nº 10 de Madrid. Se dedica mayormente al grabado y a la encuadernación artística, aunque también se dedica a realizar trabajos de diseño gráfico esporádicamente. http://www.flickr.com/photos/filiasyfobias/

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OJEPSE LED ODAL ORTO La

(agradecimientos y recepción de textos)

E ILUSTRADORES GRACIAS A LOS ESCRITORES L MI , AS ACI GR O. EV NU MOS DE GRACIAS, GRACIAS S, PORQUE SIN ELLOS NO SERÍA ÑO SE DI Y ÍAS AF GR TO FO , OS NOS HAN DADO QUE NOS HAN CEDIDO SUS TEXT CENTROS CULTURALES QUE Y ÍAS ER BR LI S LA A N IÉ S, A LOS MEDIOS, NADA. gRACIAS TAMB O NUESTRAS PRESENTACIONE CAB A AR EV LL RA PA PO Y A TODOS EM ESPACIO Y TI ESTRA EXTRAÑA EXISTENCIA NU O ID ND FU DI N HA E QU S OLA CRECER CADA A LOS HOMBRES Y MUJERE MODO A LA REVISTA HACIÉND N GÚ AL DE O ID ED ACC N YA AQUELLOS QUE HA ALGO GRANDE. DÍA Y TRANSFORMÁNDOLA EN vez más.• LO REPETIMOS BIEN ALTO. una

gRACIAS

al otro lado del espejo

se alimenta de vuestros textos. Es una ventana abierta para vosotros, cultivadores de lo breve. Envío de colaboraciones: revista.alotroladodelespejo@gmail.com Las colaboraciones deberán enviarse por correo electrónico como archivo adjunto y en formato Word. Los cuentos, microrrelatos y reseñas de libros, que serán originales (de eso se responsabiliza cada uno), tendrán una extensión máxima de dos DIN A-4 por una sola cara (cuento) y 200 palabras (microrrelato), escritos a 1,5 espacios en letra Times New Roman de 12 ptos. Cada autor podrá enviar cuantos cuentos o microrrelatos crea conveniente, aunque su envío no compromete a esta Redacción a su publicación. No obstante entrarán a formar parte de nuestro archivo de originales para próximas ediciones, previo consentimiento vuestro. En su momento, los órganos de selección de la revista decidirán sobre la publicación o no de los originales recibidos, independientemente de colocarlos en el blog. Los textos publicados en esta revista son propiedad de sus autores y están debidamente protegidos conforme a la legislación internacional. No pueden ser reproducidos sin permiso expreso por escrito de los autores.•

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primeros pasos


UNA ANTOLOGÍA DE LA

S ESCALERA

VIDA RIMA Y EDICIONE

O

J E P S E L E D O D A L O R L OT ONTRACORRIENTE

A

NARRANDO C

AL OTRO LADO DEL ESPEJO Nº 4  

Revista literaria ilustrada estacional dedicada al cuento y el relato breve en castellano

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