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LOTROLADO DELESPEJO aL OTRO LADO DEL ESPEJO

rICARDO pIGLIA gUY dE mAUPASSANT cARLOS sALEM hIPÓLITO g. nAVARRO aNA pÉREZ cAÑAMARES LORENZO sILVA dAVID gONZÁLEZ jOSÉ áNGEL bARRUECO mIGUEL áNGEL zAPATA



REVISTA DE RELATOS, CUENTOS Y OTRAS HIERBAS

nÚMERO uNO

(relatos)


fotografía: federico romero

número 5 ya disponible

revista poética

http://conpoesia.wordpress.com ajo aurora pintado giovanni collazos claudia q. frau carlos de la cruz david fernández rivera y muchos más...

otra publicación de


Las ciudades invisibles, iTALO cALVINO (1923-1985)

“El espejo acrecienta unas veces el valor de las cosas, otras lo niega. No todo lo que parece valer fuera del espejo resiste cuando se refleja.”

M

uchas gracias a todos por la acogida del número 0 de la revista. Gracias a los que se han hecho eco en los blogs y las webs, a las radios y periódicos que nos han dedicado algo de su tiempo y, sobre todo, gracias a todos los que nos habéis acompañado en las presentaciones dándonos ese calor que necesitamos. La Vida Rima está orgullosa de este proyecto, pero sólo piensa en el próximo número. Nuestros objetivos no superan los cuatro meses. Sumar. Ya llegará el momento de echar la mirada atrás. Las propuestas de este número muestran casi todos los estilos de cuento en castellano. Nuestro maestro es GUY DE MAUPASSANT, discípulo de Flaubert y uno de los mejores cuentistas del siglo XIX. Sus relatos fantásticos siguen causando terror. El cuentista del número es CARLOS SALEM, que en la entrevista nos desvelará la visión tan particular que tiene del cuento y pondrá nombre a cuatro de los demonios que le habitan. HIPÓLITO G. NAVARRO, llamado por muchos el Cortázar español, uno de los cuentistas del momento. Cada uno de sus cuentos es una propuesta diferente. Él escribe para dar hostias. No se cansa de decirlo. La colaboración que hace para AOLdE es una buena prueba de ello: parte de una afirmación seria y ampulosa sobre la poética del cuento para cachondearse de ella. DAVID GONZÁLEZ escribe para limpiarse por dentro. Su narrativa confesional dejará helado a alguno de los lectores: el relato que acabarán de leer no ha sido ficción. Este gran poeta adscrito al mal llamado movimiento del “realismo sucio”, no dejará indiferente a nadie. JOSÉ ÁNGEL BARRUECO nos ofrece un espléndido ejemplo de lo importante que es utilizar un tono narrativo adecuado a la hora de escribir un relato. Además, utiliza la segunda persona narrativa, muy difícil de utilizar en novelas pero “diana al corazón” en el género breve. Esa misma segunda persona y, qué casualidad, dirigida al mismo personaje, utiliza LORENZO SILVA en este cuento cedido a la revista. Lorenzo, gran novelista, se inició en lo breve, y vuelve ahora más a menudo a cultivar este género. Algunos de sus “microrrelatos periodísticos” son bombas dirigidas a la mente del lector. En microficción el especialista es MIGUEL ÁNGEL ZAPATA (MAZ), que cede una de sus nanoficciones (inédita) a la revista. Este micro les aseguro que dará y dará vueltas en su cabeza. MAZ es, además, el creador de un nuevo género literario: la micronovela. Por último, entre los escritores destacados por su aportación al cuento, figura ANA PÉREZ CAÑAMARES cuyo primer libro de narraciones breves se acaba de reeditar. El cuento cedido por Ana habita en el recuerdo de aquellos años en los que las luces de la vida bailaban a nuestro alrededor y nunca se quedaban quietas. Además, en esta revista contaremos con HASIER LARRETXEA, fabuloso poeta que nos ofrece una microficción bilingüe. Pero lo importante viene después: de los centenares de narraciones breves recibidas (lástima que no tengamos más páginas en la revista) hemos elegido un ramillete de propuestas que nos han parecido interesantes. Respecto al número anterior dos novedades: pensamos que los dibujantes, fotógrafos y artistas gráficos que acompañan a los textos también merecen ser conocidos por los lectores. Por eso se acompañan de una breve biografía. La otra novedad tiene que ver con las reseñas. Creemos que la crítica literaria o la reseña de libros es un arte en si mismo, que merece la pena ampliar su espacio para dar cabida a colaboradores que necesitan un discurso narrativo más amplio para hacernos llegar todo aquello que un libro de relatos les ha transmitido. Por último señalar que siguen llegando las adhesiones al MANIFIESTO POR EL CUENTO. Pronto llegará la hora de lanzarlo.

L A I R O T DI

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Esperamos que disfrutéis de este número 1.

D A L O R aL OT

O J E P S O DEL E




OJEPSE LED ODAL ORTO La

Año 1. Número 1. Revista multidisciplinar y estacional orientada al cuento y la ilustración. Edita: Asociación Cultural LA VIDA RIMA. Madrid.

(al otro lado están)

aL OTRO LADO DEL ESPEJO

e-mail: revista.alotroladodelespejo@gmail.com Arte y Diseño: Luis Morales José Naveiras Daniel Orviz Equipo lector: Reyes Monje Rosa Naveiras Mª Jesús Silva Asesores literarios: Esteban Gutiérrez Miguel Ángel Martín Coordinador: Gsús Bonilla Todos los textos y obras publicadas son propiedad de los autores. aL OTRO LADO DEL ESPEJO y LA VIDA RIMA no tienen por qué hacerse responsables de ninguna de las opiniones publicadas, ni identificarse con ellas. aL OTRO LADO DEL ESPEJO y LA VIDA RIMA no se hacen responsables de ninguna suplantación de identidad o autoría de las obras publicadas. Impreso en INFOPRINT (c/ Dos de Mayo, 5 - 28004 - Madrid) Tfno: 915212009 Ilustración de portada: LIDIA LITRÁN http://pilotoyo.blogspot.com




SEGÚN PIGLIA (por mIGUEL áNGEL mARTÍN)

mAESTROS

LA NOCHE (gUY dE mAUPASSANT)

eSTE TIPO ES UN CUENTISTA

(por eSTEBAN gUTIÉRREZ gÓMEZ) cARLOS sALEM

rELATOS

JAMÓN EN ESCABECHE (hIPÓLITO g. nAVARRO) DILE A MANDY QUE LA QUIERO (LOLA b. gALLARDO) EL SOL DE NOCHE (aNA pÉREZ cAÑAMARES) EY CAMARERA... (eSCANDAR aLGEET) CONTÁRTELO, ADELA (LORENZO sILVA) IMÁGENES (rEYES mONJE) DUERME, MI AMOR, DUERME (j. rAMALLO) EL CAMINO DE REGRESO A CASA (dAVID gONZÁLEZ) ANIMALES DE COMPAÑÍA (nACHO vIÑUELA) LA DEUDA (jOSÉ áNGEL bARRUECO) PERRA VIDA (cARLOS oLLERO)

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tEORÍA DEL CUENTO

(índice)

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22 24 26 28 30 32 34 36 40 42 44

LENGUA2 (TEXTO A DOS LENGUAS)

(hASIER LARRETXEA) LAJA ETA LANDAKANDAREN ESTUASUNAK LA ANGUSTIA DE LAJA ETA LANDAKANDA

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mICROS

RETRATO DE UNA PARANOIA CON PAUL McCARTNEY DENTRO (mIGUEL áNGEL zAPATA) 48 MODO DE PREPARACIÓN (mARCOS vASCONCELLOS) 50 CAPULLO (iNÉS mARTÍN nAVARRO) 51 MUÑECA (cARLOS fRÜHBECK mORENO) 52 OJO VORAZ (cARLOS aRDOHAIN) 54 EL HUECO DEL OMBÚ (cARMEN gUZMÁN) 56

hEMOS LEÍDO (RESEÑAS)

EL CLAVO EN LA PARED DE jESÚS oRTEGA (por eSTEBAN gUTIÉRREZ gÓMEZ) PUTAS ASESINAS DE rOBERTO bOLAÑO (por rOXANA pOPELKA) RESEÑAS Y OTRAS HIERBAS

eN RED

ESPACIOS WEB Y BLOGS DEDICADOS AL CUENTO

LOS iLUSIONISTAS

ILUSTRAN ESTE NÚMERO

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OJEPSE LED ODAL ORTO La (teoría del cuento)

eL CUENTO sEGÚNpIGLIA


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odos queremos descubrir el secreto de la vida, por eso leemos cuentos, para conocer ese misterio. Solo que cada lector tiene una pregunta en el fondo de su corazón y solo hay un relato que la responda. Descubrir ese cuento, conocer esa respuesta puede llevarnos meses, años, décadas o puede que no la encontremos nunca. Pero, ¿y el placer de la búsqueda?, ¿y los reflejos profundos en las galerías de la cueva? Leer, al igual que caminar, merece siempre la pena, aunque no lleguemos a ninguna parte, o el relato, al final, no sea el nuestro. Pligia sabe de ese secreto, esa búsqueda y él defiende en su tesis que el cuento siempre cuenta dos historias. Por supuesto existe la historia visible pero ésta esconde un relato secreto y de ahí mana el arte. De cómo enredemos ambas historias dependerá el éxito de nuestro relato, la originalidad de nuestro estilo. De hecho, Pligia dice que los puntos de cruce son el fundamento de la construcción narrativa. Para defender su idea Pligia acude a los maestros del relato. Incontestables cuentistas del relato como Chéjov, Mansfield, Joyce, Hemingway; gracias a ellos va asentando la creencia de que en el cuento moderno la tensión entre las dos historias no se resuelve nunca. De hecho asegura que, cada vez más, las dos historias del cuento se construyen como si fueran una sola. Anteriormente ha dejado claro que todo cuento es un relato que encierra un relato secreto y que esa historia secreta es la clave de la forma del cuento.

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(teoría del cuento)

Pero una cosa ha dejado claro, que esa historia secreta es la clave de la forma del cuento. De ahí que el lector, sediento de juegos, se fusione con el relato y busque hasta la última palabra, ese grial soñado. Los cuentos de Pligia son excelentes muestras de su teoría (“El precio del amor”, “El laucha Benítez cantaba boleros”) pero es en sus finales donde descubrimos su precisión, su mecánica de relojero, su maestría. Las dos historias que han jugado en el desarrollo de la trama engarzan en el desenlace de una forma natural, evidente, única. El lector queda ahíto, satisfecho y se relame sin ganas de pasar, de momento, al siguiente relato. Pligia, gran estudioso además de cuentista y novelista, desarrolla su Tesis aplicándola a sus maestros Hemingway, Kafka, Quiroga, Borges. Todos resisten con brillantez la teoría de las dos historias y muestran su genialidad utilizándola de manera original y única. De la búsqueda de ese secreto privado en lo más normal y cotidiano nos hablan también, Rimbaud y Pligia. Sus historias nos obligan a girar los ojos, un poco asustados, a nuestro alrededor. En “Nombre falso”, Pligia resume su teoría: ¿Hay algo más definitorio que nuestro nombre?, ¿algo más falso que una identidad falsa? ¿Contradicción? No, dos historias en dos palabras. Pligia con este título hace una declaración de poética. Precisamente en el prólogo de “Nombre falso” el autor sentencia: “Estoy seguro de que es lo mejor que he escrito. Tal vez pienso así porque lo escribí con la certeza de que por primera vez había logrado percibir lo que realmente se veía del otro lado de la ventana”. Ni que decir tiene que desde estas páginas nos ocurre lo mismo, en cada relato intentamos colocarnos sin remisión, al otro lado del espejo. y si no, ¿Dónde estaría el misterio?




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(maestros)

gUY dE T N A S S A P U A m lA

nOCHE




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mo la noche con pasión. La amo, como uno ama a su país o a su amante, con un amor instintivo, profundo, invencible. La amo con todos mis sentidos, con mis ojos que la ven, con mi olfato que la respira, con mis oídos, que escuchan su silencio, con toda mi carne que las tinieblas acarician. Las alondras cantan al sol, en el aire azul, en el aire caliente, en el aire ligero de la mañana clara. El búho huye en la noche, sombra negra que atraviesa el espacio negro, y alegre, embriagado por la negra inmensidad, lanza su grito vibrante y siniestro. El día me cansa y me aburre. Es brutal y ruidoso. Me levanto con esfuerzo, me visto con desidia y salgo con pesar, y cada paso, cada movimiento, cada gesto, cada palabra, cada pensamiento me fatiga como si levantara una enorme carga. Pero cuando el sol desciende, una confusa alegría invade todo mi cuerpo. Me despierto, me animo. A medida que crece la sombra me siento distinto, más joven, más fuerte, más activo, más feliz. La veo espesarse, dulce sombra caída del cielo: ahoga la ciudad como una ola inaprensible e impenetrable, oculta, borra, destruye los colores, las formas; oprime las casas, los seres, los monumentos, con su tacto imperceptible. Entonces tengo ganas de gritar de placer como las lechuzas, de correr por los tejados como los gatos, y un impetuoso deseo de amar se enciende en mis venas. Salgo, unas veces camino por los barrios ensombrecidos, y otras por los bosques cercanos a París donde oigo rondar a mis hermanas las fieras y a mis hermanos, los cazadores furtivos. Aquello que se ama con violencia acaba siempre por matarlo a uno. Pero ¿cómo explicar lo que me ocurre? ¿Cómo hacer comprender el hecho de que pueda contarlo? No sé, ya no lo sé. Sólo sé que es. Helo aquí. El caso es que ayer -¿fue ayer?- Sí, sin duda, a no ser que haya sido antes, otro día, otro mes, otro año -no lo sé-. Debió ser ayer, pues el día no ha vuelto a amanecer, pues el sol no ha vuelto a salir. Pero, ¿desde cuándo dura la noche? ¿Desde cuándo...? ¿Quién lo dirá? ¿Quién lo sabrá nunca? El caso es que ayer salí como todas las noches después de la cena. Hacía, bueno, una temperatura agradable, hacía calor. Mientras bajaba hacia los bulevares, miraba sobre mi cabeza el río negro y lleno de estrellas recortado en el cielo por los

(maestros) tejados de la calle, que se curvaba y ondeaba como un auténtico torrente, un caudal rodante de astros. Todo se veía claro en el aire ligero, desde los planetas hasta las farolas de gas. Brillaban tantas luces allá arriba y en la ciudad que las tinieblas parecían iluminarse. Las noches claras son más alegres que los días de sol espléndido. En el bulevar resplandecían los cafés; la gente reía, pasaba o bebía. Entré un momento al teatro; ¿a qué teatro? ya no lo sé. Había tanta claridad que me entristecí y salí con el corazón algo ensombrecido por aquel choque brutal de luz en el oro de los balcones, por el destello ficticio de la enorme araña de cristal, por la barrera de fuego de las candilejas, por la melancolía de esta claridad falsa y cruda. Me dirigí hacia los Campos Elíseos, donde los cafés concierto parecían hogueras entre el follaje. Los castaños radiantes de luz amarilla parecían pintados, parecían árboles fosforescentes. Y las bombillas eléctricas, semejantes a lunas destellantes y pálidas, a huevos de luna caídos del cielo, a perlas monstruosas, vivas, hacían palidecer bajo su claridad nacarada, misteriosa y real, los hilos del gas, del feo y sucio gas, y las guirnaldas de cristales coloreados. Me detuve bajo el Arco del Triunfo para mirar la avenida, la larga y admirable avenida estrellada, que iba hacia París entre dos líneas de fuego, y los astros, los astros allá arriba, los astros desconocidos, arrojados al azar en la inmensidad donde dibujan esas extrañas figuras que tanto hacen soñar e imaginar. Entré en el Bois de Boulogne y permanecí largo tiempo. Un extraño escalofrío se había apoderado de mí, una emoción imprevista y poderosa, un pensamiento exaltado que rozaba la locura. Anduve durante mucho, mucho tiempo. Luego volví. ¿Qué hora sería cuando volví a pasar bajo el Arco del Triunfo? No lo sé. La ciudad dormía y nubes, grandes nubes negras, se esparcían lentamente en el cielo. Por primera vez sentí que iba a suceder algo extraordinario, algo nuevo. Me pareció que hacía frío, que el aire se espesaba, que la noche, que mi amada noche, se volvía pesada en mi corazón. Ahora la avenida estaba desierta. Solos, dos agentes de policía paseaban cerca de la parada de coches de caballos y, por la calzada iluminada apenas




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(ilustraci贸n de LETICIA vERA)


por las farolas de gas que parecían moribundas, una hilera de vehículos cargados con legumbres se dirigía hacia el mercado de Les Halles. Iban lentamente, llenos de zanahorias, nabos y coles. Los conductores dormían, invisibles, y los caballos mantenían un paso uniforme, siguiendo al vehículo que los precedía, sin ruido sobre el pavimento de madera. Frente a cada una de las luces de la acera, las zanahorias se iluminaban de rojo, los nabos se iluminaban de blanco, las coles se iluminaban de verde, y pasaban, uno tras otro, estos coches rojos; de un rojo de fuego, blancos, de un blanco de plata, verdes, de un verde esmeralda. Los seguí, y luego volví por la calle Royale y aparecí de nuevo en los bulevares. Ya no había nadie, ya no había cafés luminosos, sólo algunos rezagados que se apresuraban. Jamás había visto un París tan muerto, tan desierto. Saqué mi reloj. Eran las dos. Una fuerza me empujaba, una necesidad de caminar. Me dirigí, pues, hacia la Bastilla. Allí me di cuenta de que nunca había visto una noche tan sombría, porque ni siquiera distinguía la columna de Julio, cuyo genio de oro se había perdido en la impenetrable oscuridad. Una bóveda de nubes, densa como la inmensidad, había ahogado las estrellas y parecía descender sobre la tierra para aniquilarla. Volví sobre mis pasos. No había nadie a mi alrededor. En la Place du Château-d’Eau, sin embargo, un borracho estuvo a punto de tropezar conmigo, y luego desapareció. Durante algún tiempo seguí oyendo su paso desigual y sonoro. Seguí caminando. A la altura del barrio de Montmartre pasó un coche de caballos que descendía hacia el Sena. Lo llamé. El cochero no respondió. Una mujer rondaba cerca de la calle Drouot: «Escúcheme, señor.» Aceleré el paso para evitar su mano tendida hacia mí. Luego nada. Ante el Vaudeville, un trapero rebuscaba en la cuneta. Su farolillo vacilaba a ras del suelo. Le pregunté: -¿Amigo, qué hora es? -¡Y yo que sé! -gruñó-. No tengo reloj. Entonces me di cuenta de repente de que las farolas de gas estaban apagadas. Sabía que en esta época del año las apagaban pronto, antes del amanecer, por economía; pero aún tardaría tanto en amanecer... «Iré al mercado de Les Halles», pensé, «allí al menos encontré vida». Me puse en marcha, pero ni siquiera sabía ir. Ca-

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(maestros) minaba lentamente, como se hace en un bosque, reconociendo las calles, contándolas. Ante el Crédit Lyonnais ladró un perro. Volví por la calle Grammont, perdido; anduve a la deriva, luego reconocí la Bolsa, por la verja que la rodea. Todo París dormía un sueño profundo, espantoso. Sin embargo, a lo lejos rodaba un coche de caballos, uno solo, quizá el mismo que había pasado junto a mí hacía un instante. Intenté alcanzarlo, siguiendo el ruido de sus ruedas a través de las calles solitarias y negras, negras como la muerte. Una vez más me perdí. ¿Dónde estaba? ¡Qué locura apagar tan pronto el gas! Ningún transeúnte, ningún rezagado, ningún vagabundo, ni siquiera el maullido de un gato en celo. Nada. «¿Dónde estaban los agentes de policía?”, me dije. «Voy a gritar, y vendrán.» Grité, no respondió nadie. Llamé más fuerte. Mi voz voló, sin eco, débil, ahogada, aplastada por la noche, por esta noche impenetrable. Grité más fuerte: «¡Socorro! ¡Socorro! ¡Socorro!» Mi desesperada llamada quedó sin respuesta. ¿Qué hora era? Saqué mi reloj, pero no tenía cerillas. Oí el leve tic-tac de la pequeña pieza mecánica con una desconocida y extraña alegría. Parecía estar viva. Me encontraba menos solo. ¡Qué misterio! Caminé de nuevo como un ciego, tocando las paredes con mi bastón, levantando los ojos al cielo, esperando que por fin llegara el día; pero el espacio estaba negro, completamente negro, más profundamente negro que la ciudad. ¿Qué hora podía ser? Me parecía caminar desde hacía un tiempo infinito pues mis piernas desfallecían, mi pecho jadeaba y sentía un hambre horrible. Me decidí a llamar a la primera cochera. Toqué el timbre de cobre, que sonó en toda la casa; sonó de una forma extraña, como si este ruido vibrante fuera el único del edificio. Esperé. No contestó nadie. No abrieron la puerta. Llamé de nuevo; esperé... Nada. Tuve miedo. Corrí a la casa siguiente, e hice sonar veinte veces el timbre en el oscuro pasillo donde debía dormir el portero. Pero no se despertó, y fui más lejos, tirando con todas mis fuerzas de las anillas o apretando los timbres, golpeando con mis pies, con mi bastón o mis manos todas las puertas obstinadamente cerradas. Y de pronto, vi que había llegado al mercado de

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Les Halles. Estaba desierto, no se oía un ruido, ni un movimiento, ni un vehículo, ni un hombre, ni un manojo de verduras o flores. Estaba vacío, inmóvil, abandonado, muerto. Un espantoso terror se apoderó de mí. ¿Qué sucedía? ¡Oh Dios mío! ¿Qué sucedía? Me marché. Pero, ¿y la hora? ¿Y la hora? ¿Quién me diría la hora? Ningún reloj sonaba en los campanarios o en los monumentos. Pensé: «Voy a abrir el cristal de mi reloj y tocaré la aguja con mis dedos.» Saqué el reloj... ya no sonaba... se había parado. Ya no quedaba nada, nada, ni siquiera un estremecimiento en la ciudad, ni un resplandor, ni la vibración

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de un sonido en el aire. Nada. Nada más. Ni tan siquiera el rodar lejano de un coche, nada. Me encontraba en los muelles, y un frío glacial subía del río. ¿Corría aún el Sena? Quise saberlo, encontré la escalera, bajé... No oía la corriente bajo los arcos del puente... Unos escalones más... luego la arena... el fango... y el agua... hundí mi brazo, el agua corría, corría, fría, fría, fría... casi helada... casi detenida... casi muerta. Y sentí que ya nunca tendría fuerzas para volver a subir... y que iba a morir allí abajo... yo también, de hambre, de cansancio, y de frío.

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© gUY dE mAUPASSANT


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Escribió Joseph bajo varios Prunier seudónimos Maufrigneuse , Guy de Valmont : . O

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FUE UNO DE LOS REPO RTEROS MÁS REPUTADOS DE SU TI EMPO.

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ATOS.

alta sociedad, Amigo de prostitutas y a la vez de damas de . Su maupassant frecuentó ambos mundos indistintamente , mientras que el apetito sexual lo conducía a las primeras intelectual lo afán de destacar socialmente y cierto deleite contienen dirigía a las reuniones de las otras. Sus cuentos la fiel descripción de ambos mundos. MAESTRO DEL GÉNERO fantástico , SE LE CONSIDERA A LA ALTURA DE eDGAR aLLAN pOE.

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ía de aLB ERTO rIVA

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cARLOS sALEM

(este tipo es un cuentista)


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(este tipo es un cuentista)

s martes 14 de abril y son las 5 de la tarde. Acabamos de comer en Tijcal y no dejamos de hablar de literatura y vida. La foto de Cassius Clay nos observa al otro lado de la pared. De esa foto, hace meses, un escritor amigo (Leonardo Oyola) y él, contaron que podía escribirse una novela exclusivamente con la imagen de un fotógrafo calvito que aparece al fondo, de espaldas a esa fotografía que dio la vuelta al mundo. Cuatrocientas páginas hablando sólo de su frustración. Así es Carlos Salem. Fabulador, fantástico creador, que de un charco de agua saca un transatlántico. Como les cuento. Charlamos con él de su libro de relatos Yo también puedo escribir una jodida historia de amor. Carlos, después de leer tus relatos, al lector le queda claro que para ti el cuento (quizá la literatura, en general) es un experimento lúdico. Cuéntame algo sobre esto. ¿Qué ha supuesto este libro de relatos para ti?

Para mí la literatura es ante todo exageración, pero exageración en el buen sentido de la palabra, porque pone en relieve determinados aspectos o sensaciones, para llamar la atención sobre ellos.

Es que básicamente para mí la literatura debe ser un transmisor de emociones, da igual qué emociones sean: tristeza, pena, miedo… La emoción es siempre previa a la reflexión. Si se produce lo contrario, una reflexión previa a la emoción, es un producto muerto, petrificado. Para mí la literatura es algo lúdico no sólo en el sentido de que sea algo divertido, porque lo que más miedo me da es la pretensión de trascendencia como narrador. Siempre digo que la solemnidad mata al arte o, por lo menos, evita que se le ponga dura. Gente como Cortázar, como Borges eran escritores que continuamente jugaban con el idioma, con el lenguaje, con la situación, con su sociedad. Es un ejercicio lúdico. Yo en este libro de cuentos no construyo ningún gag, no intento acabar con un chiste que, por otro lado, siempre es el mismo. Yo creo que la vida es tan absurda, sobre todo lo relacionado con el amor, que el humor siempre debe estar presente en ella. Todo el mundo ha hecho el gilipollas por amor. Este libro es el primero de relatos que publico tras tres novelas y varios libros de poesía. Entonces me encuentro con muchos relatos escritos que contienen varios registros porque cada historia tiene el suyo. Tú la puedes contar en muchas claves, pero esa historia, para ser buena, sólo puede contarse de una forma.

Hay mucho cachondeo e ironía en estos relatos. ¿Matas con tu escritura los diablos que llevas dentro? ¿Existe ese exorcismo del que hablaba Cortázar? Yo me divierto escribiendo porque cuando no me divierta tres días seguidos viviendo, me suicido. Creo que todo en la vida es divertido, hasta cuando estás lleno de ira y de rabia, cuando tienes que explotar, eso también es divertido si lo miras desde los ojos del otro. Matas muchas cosas al escribir. Escribo más sobre lo que no quiero ser que sobre lo que quiero ser, porqué todavía no sé lo que quiero ser. Y me tomo el pelo a mí mismo. De todas formas, salvo algunos cuentos de este libro, el resto son autobiográficos, de un modo u otro, aparte de exagerados, claro. Por ejemplo, cada una de las doce historias que conforman “Ligar en todos los sentidos” o me ha ocurrido a mí o le ha ocurrido a gente muy cercana a mí. Pero no creo que mate a mis demonios, lo que hago es distraerlos para que se diviertan también ellos y dejen de tocar las pelotas. Utilizas diferentes formas narrativas en los cuentos, además de las tradicionales, como la carta, el correo electrónico, el monólogo... ¿Qué buscas con ello? Yo tengo tres o cuatro registros a la hora de

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(este tipo es un cuentista) escribir cuentos. Uno lo llamo “clásico” que se enmarca en lo que tradicionalmente se entiende como cuento. Otro es lo que denomino “borisvianesco”, que es más delirante (los cuentos de Sotanovsky son un ejemplo). Otra es más “bukowskiana”, de lenguaje crudo pero cercano. Por último está la “bucólica” que aparece en este volumen de cuentos en “Ventanas” o “Eclipse”. De los cuatro registros podía haber editado un libro de cuentos, porque tenía mucho material escrito, pero me resistía a optar por uno de ellos. He publicado muchos cuentos en revistas y periódicos y en seguida tienes el feedback del lector, pero un libro es otra cosa. Revisando la colección de relatos descubrí que aquellos que más me apetecía contar tenían un hilo conector: el amor. Se lo propuse así a Ediciones Escalera, les pareció bien, asumimos el riesgo y aquí está el libro. Un par de tus cuentos al menos (“El ladrón enamorado” y “Cabeza hueca”), se sale un poco de la norma del final cerrado o del final abierto para proponer al lector un doble final. ¿Por qué? Es una marca de la casa. En las novelas, en casi todas mis novelas, siempre ofrezco un doble final al lector. No un final alternativo, sino un final y después el otro, porque nunca hay un final definitivo, como en el cine. Nunca nada acaba del todo. Yo escribo mucho sobre dobles oportunidades. Tienes una voz narrativa peculiar, ya no sólo en los cuentos. Dime qué maestros te llevaron a conseguirla con su lectura, además de escribir y escribir todos los días.

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La verdad es que me han influido los mismos autores que recomiendo leer cuando doy talleres de narrativa: Benedetti, Cortázar, alguno de Borges, Osvaldo Soriano, Boris Vian, Raydmond Chandler, Daniel Pennac, Conrad, Maupassant, London… Hay que leer de todo, llenar la caja negra y luego olvidarte de ello. Los escritores somos como los músicos, aprendemos a escribir tocando canciones de otros, pero luego componemos nuestras propias canciones: estamos destinados a leer mucho de otros y luego olvidarnos de la palabra exacta para formar nuestra propia voz sólo con la música. Hablando de cuentos, ¿Qué estás leyendo ahora y cuales son tus próximos proyectos? Ahora estoy con Formas del Relámpago de Jordi Macarulla Tarrés y El desvío de Marcelo Luján. Ahora, lo confieso, he aprendido que leer un libro de cuentos es leer un cuento al día, paladearlo para disfrutarlo al completo y no atracarte de narrativa. Como proyectos inmediatos acaba de salir mi tercera novela en Salto de Página, Pero sigo siendo el rey, y estoy preparando un nuevo libro de cuentos para final de año. También se estrenará una obra de teatro en Barcelona antes de final de año que se llama El torturador arrepentido. También es probable que publique otro poemario, aunque no tengo prisas. Por último, háblanos de “Triángulo”, el cuento que publicamos con esta entrevista. Es un cuento que lleva conmigo más de diez años. Se me ocurrió en una sala de espera en Melilla y era una manera de hablar del poder de la escritura. No todos mis personajes son escritores, pero como novato que era, tengo algunas historias y esta es una de ellas. Creo que es un triángulo en todo el sentido de la palabra, aunque tal vez no del modo previsible. A ver qué opinan los lectores. Ellos son los que deciden.


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arlos Salem es un innovador jugón. Busca el más allá en cada cuento. El dualismo de personajes-escritores; los finales dobles, alternativos; el poder del monólogo; el rayo paralizante hacia el lector con la fórmula epistolar; el punto exacto donde confluyen los extremos. Con una prosa medida, exacta, sitúa a los personajes en la acción. Domina el ritmo, la intensidad en la narración, y dota a cada historia del tono narrativo adecuado. Del tono hablaré después. El estilo directo que utiliza, basado en frases cortas y párrafos mínimos (por supuesto, compensado con otros de longitud más extensa), ofrece un contrapunto al lector, que le hace detenerse a meditar en medio de una avalancha de datos irrefutables. Como hachazos. Maneja incluso párrafos que son una sola palabra, una demoledora palabra.

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aL OTRO LADO DEL ESPEJO

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arlos Salem es un jugón. Utiliza la distancia corta en la narrativa para experimentar, para buscar los límites literarios. Estos veintiún relatos son pura alquimia. Por sus historias pasean personajes de a pie, en situaciones ordinarias que su mente transforma en aventuras fantásticas. Y es que, ¡oh, el amor!, ¿el amor? El amor trasforma a un ladrón. En vez de desvalijar una casa, la amuebla cuando lee el diario de la dueña abandonada y, con la esperanza de ocupar su corazón, repone poco a poco todo aquello que un antiguo amante se llevó (¿todo aquello que se llevó?). El amor que salva a un suicida en el metro, a punto de tirarse a la vía, cuando una dama idílica se acerca a él (¡a él!) y descarga a su lado una ventosidad que le hace volver a creer en el mundo. El mundo, como él, como todo, es imperfecto. Así que todo va bien. El amor en una relación libidinosa, puro morbo, que salva la vulgaridad casi monótona de la vida marital de una pareja enmohecida.

(este tipo es un cuentista)

arlos Salem es un cabronazo innovador jugón. Escribe para dar hostias encima de la mesa y despertar al lector. Incluso en alguna ocasión se dirige directamente a él. Un exorcismo del que disfruta, utilizando la ironía como nadie y aderezando la vida de sus personajes de una pátina de cachondeo de la mejor cosecha. Por eso lo del tono narrativo, no cualquier tono, sino el suyo, el que requiere la historia que está contado.

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arlos Salem es un magnífico cabronazo innovador jugón. Si no, ¿a quién se le ocurriría hacer un relato con las doce definiciones que el diccionario de la RAE ofrece de la palabra “ligar” demostrando, con doce microrrelatos como doce piezas de un puzzle perfecto, que todas son una? ¿Y qué me dicen del juego metaliterario por excelencia: que el personaje (los personajes, en este caso que, mira tú por donde, son escritores) busquen, por amor, claro, la muerte de su autor? ¿Y eso de utilizar la primera frase de El Quijote como mándala verbal invocador del amor? ¿Y, más al límite, jugar con personajes que hacen de personajes y se relacionan con personajes que son representados por otros personajes? (No lo entienden, claro, ya lo entenderán cuando lean el cuento).

C

arlos Salem es un currante literario magnífico, un cabronazo que domina la ironía y que busca la innovación y el juego en cada uno de sus proyectos literarios. Este pirata de barra de bar, con cada uno de ellos, me consigue sorprender. Le odio.

E Y RESEÑA D A T IS V E R T EN Z RREZ gÓME IÉ T U g N A B eSTE

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TRIÁNGULO de cARLOS

OJEPSE LED ODAL ORTO La

(este tipo es un cuentista)

F

redy dejó de aporrear la máquina de escribir y buscó con impaciencia el paquete de cigarrillos, mientras la otra mano tanteaba sin descanso bajo la mesa en busca de la botella que sabía casi vacía. Dos cigarrillos y las cuatro de la mañana, mala combinación. Tampoco suficiente whisky en el fondo de la botella. Se quitó el sudor de la frente con la manga de la camisa y volvió a la carga con el teclado. Algo de hielo en la nevera y tal vez medio paquete de cigarrillos bajo la cama, olvidados por Ella en la apresurada partida sin despedidas pero para siempre. «Para siempre», tecleó con una sola mano, porque la otra golpeaba enérgicamente el filtro del cigarrillo contra la mesa, para apretar el tabaco flojo en el arrugado cilindro de papel. «Para siempre», pensó remarcando cada sílaba con un golpe al cigarrillo que acabó por partirse. «Un poco de hielo debe quedar», escribió al tiempo que aferraba la botella abierta y dejaba caer el líquido ardiente garganta abajo. «Para siempre», escribió otra vez, como si fuera una sentencia y lo era. Fredy tomó las dos partes del cigarrillo inmolado y estudió la forma de unirlas otra vez, vaciando de tabaco la que terminaba en el filtro e introduciendo la otra mitad dentro de su frágil funda de papel. Realizó la tarea con cuidado, pensando que si Ella lo viera ahora no podría tacharlo de impaciente ni decirle que echaba las cosas a perder por impulsivo. Ella. Ni le acusaría de tremendismo, ni de falta de calma para el amor lento y moroso que a Ella le gustaba. Fredy hizo una bola con el cigarrillo y lo arrojó al cesto de papeles. Cayó fuera.

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sALEM

«Cayó fuera», dijeron los dedos de Raúl al teclado del ordenador, que obedeció con suavidad. Le dio la orden a la tecla que guardaba lo escrito y lo grababa en el disco para prevenir cualquier corte de luz, y extrajo un cigarrillo con dos dedos de la caja dispuesta al costado izquierdo del teclado, en irreprochable paralela con el teclado y el encendedor. Aspiró el humo espeso con deleite y luego dejó el cigarrillo sobre la ranura del cenicero, también paralelo a todo lo demás. Controló que el cigarrillo quedara en perfecto equilibrio, más dentro que fuera del cenicero, para que no cayera a la mesa al consumirse en el tiempo que duraría su incursión a la cocina. Se sirvió una medida de whisky ambarino y le agregó dos cubos de hielo transparente. Cuando regresaba al cuarto de trabajo, la respiración agitada de Ella en el dormitorio le estropeó la sensación de soledad. La observó dormir inquieta, con las sábanas enroscadas en el cuerpo y la manta bajo la cama, en el suelo, junto a la ropa arrugada y media docena de revistas y libros. Por todo el dormitorio estaban regadas las pertenencias de Ella, los bolsos a medio vaciar, la maleta abierta en el centro de la alfombra como una sonrisa burlona. Raúl sintió una angustia medida pero cierta y estuvo a punto de comenzar a recoger cosas en la penumbra del cuarto. Se contuvo y volvió al ordenador y al cigarrillo que le esperaban, obedientes. «Entonces supo que lo haría, y la certeza, en lugar de darle paz, le dio la furia», escribió con veloz pero armonioso baile de los dedos sobre el teclado. Lo haría, se dijo Raúl. Y la única emoción que cruzó su


mente fue la seguridad de que un problema pronto dejaría de serlo. «Para siempre», escribió casi con placidez. Era lógico y conveniente, de manera que sólo le quedaba calcular los detalles y decidir el momento, que una cosa era hacerlo y lo haría, y otra muy distinta arriesgar más de lo necesario. «Matar al tipo era imprescindible, instintivo, imperioso. No le hacía falta enumerar razones: todo eran motivos y el lugar y el momento eran lo de menos. Lo importante era matarlo», tecleó Raúl con parsimonia. La brasa del cigarrillo se acercaba al filtro y la separó con cuidado presionando contra el fondo de cristal del cenicero, para que se consumiera sola y sin dejar en el aire ese olor a plástico quemado que luego costaba desalojar. Raúl pensó que lo haría porque debía hacerlo, y un murmullo en sueños de Ella desde el dormitorio apoyó su razonamiento. No es que el tipo fuera tan poderoso como para temerle, aún con su irracionalidad proverbial que lo hacía imprevisible. Pero de alguna manera conseguía alterar su orden, inmiscuirse en la vida organizada de Raúl, alterarla. Y eso no podía continuar. Bebió un sorbo de whisky, un pequeño y fresco sorbo. «pequeño y fresco sorbo», aporreó Fredy en el ruidoso teclado, como si la vieja Remington tuviera la culpa y sospechaba que la tenía. El último cigarrillo arrugado le colgaba de los labios y un grueso taco de ceniza cayó sobre su pantalón. Lo barrió de un manotazo, dejando la marca de la trayectoria gris pintada sobre la tela. «Será esta madrugada», pensó sin escribirlo. «Sé que el tipo se queda hasta que amanece escribiendo sus torpes novelas y conspirando para quitármelo todo, para dejarme como un payaso inútil, para robarme las ideas y ponerles su sello.» Volvió a la carga con la máquina de escribir que rechinaba y se defendía del ataque trabando de cuando en cuando dos o tres brazos de metal frente a la cinta gastada. Fredy separaba las matrices con furia, manchando sus dedos con fantasmas de letras superpuestas. Decidió escribir más despacio, una letra por vez, aunque los diálogos y las acciones de los personajes le llegaban revueltos y veloces, pero sin perder esa relación con la trama central de su novela que siempre lo maravillaba por lo inexplicable. Pero al poco tiempo la impaciencia volvía a dominarlo y una «a» arrastraba en su viaje a la «s» y la «w». Fredy fusiló la palabra indescifrable con una furiosa línea de «x» y siguió escribiendo. «Lo único

aL OTRO LADO DEL ESPEJO

(este tipo es un cuentista) que llegaba a alterar al tipo si no por completo sí de una manera fría y rencorosa, era que él decidiera en su vida, que le condicionara los gestos y le arruinara con perverso placer el orden establecido con tanto cuidado», dejó escrito en el castigado folio perforado en algunas letras por la fuerza de las teclas. Fredy golpeó la mesa, sintiendo que no podría esperar hasta la madrugada para matarlo. Fue hasta el dormitorio vacío de Ella y comenzó a rebuscar en el armario, arrojando fuera ropa sucia mezclada con otras prendas limpias y arrugadas. Una braguita negra y breve le clavó una punzada de recuerdos de Ella y la presionó entre sus manos. Y supo que era la ausencia de Ella el detonante de una situación insostenible. Había perdonado todas las impertinencias del tipo, casi resignado a no poder prescindir de sus rarezas. Pero habérsela quitado era el límite en el que se reunían todas las cuentas pendientes. Y eran muchas. Además, sospechaba que si se la había quitado era por capricho, por demostrarse que podía hacerlo, como si fuera un juego. Fredy estaba seguro de que acaso el tipo ya estuviera arrepentido de habérsela llevado, pero no por el daño causado, sino por el problema que Ella significaba en su manía de planearlo todo hasta la saciedad. Dentro de una caja de zapatos encontró lo que buscaba: el revólver estaba cubierto de polvo y con una sombra de óxido en el tambor. Pero funcionaría. Deslizó con nerviosismo las balas en sus orificios, y miró fijamente el reloj apurando la marcha de las agujas en su agónico paseo interminable. «agónico paseo interminable», escribió Raúl con

la espalda recta recostada contra el respaldo de su silla. La madrugada era el mejor momento para hacerlo, cuando el tipo salía de casa para exigir un desayuno en un bar adormilado. Pese a su carácter caótico, el tipo respetaba cierta rutina, aunque seguramente lo ignoraba. Tras toda una noche de castigar el papel con sus febriles frases de una novela caótica e interminable, salía a desayunar y dejaba tras de sí el ambiente cargado de humo y olor a colillas mal apagadas. Lo había encontrado más de una vez y cuando se cruzaban parecía no

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(este tipo es un cuentista) verlo, ensimismado en sus pensamientos y murmurando palabras atropelladas. Los ojos alucinados y el paso distraído pero veloz, como si alguien lo esperase en alguna parte. Raúl pensó que sería fácil, muy fácil, si escogía el momento preciso y apuntaba con cuidado. Abrió el cajón inferior de su mesa de trabajo y de un estuche de cuero extrajo la lustrosa pistola que olía de modo tenue a metal y aceite. La desmontó pieza por pieza y procedió a limpiarla antes de volver a montarla. «antes de volver a montarla», quedó escrito en el folio manchado con el círculo de un vaso sudoroso en el extremo superior. Fredy se removió inquieto en la silla. Faltaba poco tiempo, el sol salía sucio tras la ventana. Sabía cómo sorprenderlo desprevenido, en la calle vacía. Demasiadas madrugadas se habían visto sin reconocerse, cuando el tipo, con su aire impecable y abstraído, salía a la calle como si la calle no mereciera sus pasos pedantes. Fredy imaginaba su cuarto de trabajo pulcro y organizado, la pila de folios escritos maciza como un bloque y las ventanas abiertas para que el ambiente se despejara. Cómo odiaba a ese tipo que se la había quitado. Sospechaba que después de matarlo no podría escapar: era el sospechoso perfecto y tampoco le importaba. Lo primero era matarlo, después vería qué hacer. Se puso de pie de un salto y arrancó el folio a medio escribir del rodillo manchado de la Remington. Dejó caer el revólver en el bolsillo de la cazadora y buscó sin esperanzas un cigarrillo olvidado. Era la hora. Cuando estaba en la puerta de la habitación se detuvo entre dos pasos. Hizo una bola apretujada con el folio y lo arrojó con fuerza hacia la papelera vacía. Cayó fuera.

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«cayó fuera», fue lo último que escribió Raúl antes de grabar todo el texto en la memoria del ordenador, apagar el aparato y cubrirlo con la funda para protegerlo del polvo. Apiló los folios con cuidado y los colocó en una bandeja. Después llevó el cenicero y el vaso a la cocina y los lavó concienzudamente. Se asomó al dormitorio y espió el dormir revuelto de Ella, recordando como entre nieblas que todo empezó como un juego de seducción, una visitante más de su cama que no sabía ni quería saber de despertares compartidos; y que por obra del descuido de su odiado enemigo se había convertido en una invasión permanente de su vida, un problema no previsto, un desorden no deseado.

Descolgó su abrigo del armario, volvió al cuarto de trabajo y deslizó la pistola en el bolsillo. Apagó las luces antes de salir. Iba rumbo a la puerta del edificio que daba al día aún por estrenar, pensando en nada y en todo, y en los problemas que se veían venir, problemas sin solución aparente. Y en los errores. Porque todo el mundo comete errores que luego cuesta rectificar; al menos rectificarlos sin que fueran parches disonantes de esos que estropean la mejor novela. Por momentos, las cosas parecían ir sobre ruedas, como siguiendo una trayectoria impecable. Pero luego se torcían y mezclaban de manera tal que creía que no podría enderezarlas. Como si los personajes tuvieran vida propia. Como si al pensarlos los creara en realidad, en carne, hueso, odios y amores. Ridículo. Pero lo cierto era que a veces las cosas sucedían en la novela fuera de lo previsto, y las líneas argumentales se desviaban hasta tal punto que corregirlas parecía una intromisión imposible. Claro que al final, en el último momento, lograba salir del atolladero. Pero sospechaba que esta vez sería distinto. La luz del alba anticipada, como siempre, era una cómplice perfecta para aclarar las ideas, y la puerta del edificio marcó el final de la noche en el momento mismo en que el pie izquierdo tocó la calle. Entonces los vi, uno a cada lado de la puerta, con un arma en las manos y dispuestos a matarme aunque eso significara su propio fin. Y supe que no podría corregir mis errores ni terminar la novela. Los personajes así lo habían decidido. La bala de Fredy fue la primera en alcanzarme. Pero la de Raúl me dio en el corazón. “Triángulo” pertenece al libro de relatos Yo también puedo escribir una jodida historia de amor, publicado en 2008 por Ediciones Escalera, finalista en el VI Premio Setenil 2009 al Mejor Libro de Relatos Publicado en España.


S e N É I qU

aL OTRO LADO DEL ESPEJO

(este tipo es un cuentista)

Poesía (Libros) Te he pedido amablemente que te mueras (1986) Foto borrosa con mochila (2005) Poemas al otro lado de la barra (2007) Si dios me pide un bloody mary (2008) Orgía de andar por casa (se publicará en diciembre de 2009) (Plaquettes) Cosecha 1959 (2006), El culo más bonito de toda la ciudad (2007) Poemas al otro lado de la barra (2008) Si dios me pide un bloody mary (2008) (Antologías) Ediciones del 2005 al 20 09 de la de Nueva poesía Iberoamericana Antología . Bukowski club 06/08 Jam Session de Poesía

Narrativa

cARLOS sALEM sOLA nació en Buenos Aires en 1959 y estudió Ciencias de la Información en Córdoba , Argentina. Allí escribió y dirigió programas de televisión y más de medio centenar de anuncios publicitarios . Hasta los treinta años compaginó su labor periodística con diversas actividades: camarero, taxista, librero , conserje de hotel, creativo publicitario en fábricas clandestinas , operario , guionista y locutor de radio, maestro pizzero y vendedor a domicilio de productos desinfectantes contra cucarachas. EN LA RE http:/ D: /elhu evoi

zquie

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to.blo

gspot

jodida historia (Relatos) escribir una puedo Yo también ) 2009) amor (2008 (Antología, garganta la en Un nudo

de

(Novela) (2007) 2008 de la Camino de ida emorial Silverio Cañada novela M mejor primera Francés ganadora del de Gijón a la al egra N Semana en 2007, traducida novela policíaca publicada al Prix 813 a la mejor este en 2009 y Candidata publicada en Francia policíaca extranjera año. 8, Premio Novelpol la ropa (200 guardar al francés y y Matar traducciones las 2009, firmadas ) 2010 Alemán para ) el rey (2009 Pero sigo siendo Seseña de internacional remio (P ti Cracovia sin ) Novela

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JAMÓNEN ESCABECHE de

OJEPSE LED ODAL ORTO La

(relatos)

hIPÓLITO g. nAVARRO

Una historia pequeña debe necesariamente estar formada por una anécdota mínima con un gancho fuerte en la primera línea, un desarrollo posterior de dos o tres líneas a lo sumo, y otra línea ya más corta para cerrar con un portazo una sugerencia apenas dibujada.

A

mí la historia pequeña que se me apetece ahora tendría que partir de un gancho clavado firmemente en el techo de la cocina, lo suficientemente agarrado como para soportar el peso de un buen jamón que habré comprado para sorprender a la parienta con un manjar no muy habitual en nuestra economía, continuar la pequeña historia con un taburete para colgar la pieza impresionante a una altura lo suficiente como para que sea un fastidio rebanar las lonchas y que el asunto nos dure un tiempecito, y procurarme un cuchillo bien afilado para separar las partes de tocino y catar en principio la calidad de curación de este arrebato. Luego, en una desesperación del paladar recién nacido a la abundancia y a la gula, abusar de las capacidades de mis tripas devorando la mitad del artefacto sin esperar a la parienta, que el jamón comido así como a escondidas sabe más y se cuela

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qUIÉN

eS

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livianito como un caldo de gazpacho introductorio a las siestas del verano, y realizar una parada para el trago de cerveza cotidiana antes de atacar la cara oculta con ansias renovadas y la firme determinación de exterminar en diez minutos lo que aunque ya es medio jamón puede ser un argumento completísimo de bronca con la Ignacia, que vendrá reventada de apañar aceitunas para encima verme a mí vagueando en lo alto de un taburete agarrado ya tan sólo de una cuerda y limpiándome las grasas delatoras en la bocamanga del abrigo, que para entonces el hueso ya lo habré escondido en la alacena y habré terminado la faena farragosa de construir el lazo que me sirva de corbata, rodeándome el pescuezo con el aroma intenso todavía del jamoncito, antes de darle la patada definitiva al taburete que termine de una vez por todas con esta digestión tan indigesta. Me apetecería una historia así de pequeñita, pero como no está el horno para bollos, con la Ignacia deslomada a la sombra de los olivos recogiendo los sustentos, me conformo con el culebrón de una historia más larga, con este carajo de lata de sardinas que no se quiere abrir y mira que ya tengo abierto el pan hace media hora y la cerveza sin espuma, que ya tengo claro que una tarde más me la tendré que beber sosa y sin fuerza por culpa de esta afición desmesurada y por obligación del escabeche, con lo bueno que estaría este bocadillo repleto de las lonchas de la otra historia, rebanadas con delicadeza de un jamón colgado en un gancho que pertenece a ésta y que me mira desde el techo cada tarde manejar peor el abrelatas.

(relatos)

) RRO (Huelva, 1961 hIPÓLITO g. nAVA uvela, Las med es autor de una no ios Ciudad de sas de Niza (Prem y Andalucía de la Valladolid 2000 los libros de Crítica 2001), y de tá López (1990), relatos El cielo es ías mismamente Manías y meloman , nto, Lester (1996) ie m ri ur ab El , 2) (199 mos s (2000) y Los últi rgas Los tigres albino l, Premio Mario Va ra ar B x ei (S s ce percan publicado [De Los tigres albinos. Editorial Pre-Textos, Valencia, 2000. libro de cuentos or ej m al NH a os Ll varios También aparece recogido en Los últimos percances. Seix tos, traducidos a en 2005). Sus rela as gidos en numeros Barral, Barcelona, 2005] co re n tá es , as m idio nero en España y antologías del gé dor tología El pez vola an La a. ic ér am Latino ma, 2008, Premio (Páginas de Espu r el a), preparada po iv at rr Na de o ic El Públ ce una ez de Ibarra, ofre Sá er vi Ja or it cr es n de sus cuentos. cuidada selecció

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DILE A MANDY QUE LA QUIERO de LOLA b. gALLARDO

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M

andy, Mandy, mi querida Mandy, mi porcelana, mía.... Miro las estrellas, añoro tu risa, te amo y puedo imaginarte sorprendida de verme después de tanto tiempo. El turno de visita hoy acaba pronto; al cabo de un rato se escucha el ruido seco de las puertas de acero al cerrarse y yo te sigo amando unos tres o cuatro minutos más, con un amor acompasado y fuerte en mi mano derecha; entonces me corro. No tengo papel ni un trapo para limpiarme. Deberías estar a mi lado, me limpiarías cálidamente. Claro, tú siempre sabes que hay que hacer… Pero no estás. Tú estás fuera, en cualquier parte. Aún sigo viéndote en la vieja caravana de tu tío Nelson

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¿Sigues allí? ¿Te arrodillas también para él? Esperas con ansia la paga semanal y por pasta serías capaz de cualquier cosa. Puedo verte vuelta de espaldas, enjuagando los platos del desayuno, sólo que ahora una leve brisa te inquieta, te giras y, por fin, me ves… Te cojo la cara sin dejarte reaccionar, puedo besarte y jadear sobre tu cuello y ver como tus ojos suplicantes me piden que no lo haga, “por favor”, te oigo decir, “por favor mi vida, no, no… “y un instante después dejas de latir entre mis brazos. En ese momento toda mi tensión se calma pero tú ya no puedes verlo, eres incapaz de sentirlo. Te estás desangrando sobre tu pecho adolescente, níveo y todo huele a sangre, mi niña Mandy. Yo no había pensado en el olor, pero todo huele a sangre y a humedad y a mierda. Sobre todo huele a mierda. La puta caravana de tu tío Nelson huele a mierda milenaria de gato. Tú vida últimamente huele orín


de gato, a bacalao y a brevedad. Es siempre igual. Te imagino en mil lugares. Algunas veces entro, echo unas monedas, la cortina se descorre y bailas para mi. Yo te recuerdo rubia como el sol de primavera, suave y fresca. Te veo a la salida de la escuela elemental con tu pantalón vaquero y aquella camisa de cuadros con sabor a lavanda. Porque tu ropa sabía siempre a lavanda. Aún escuchas la cantinela, Mandy: “Amanda sabe a lavanda…”, y a besos de cualquiera. Recuerdo muy bien esa camisa, demasiado bien.... No consigo olvidar el día en que al toser reventaron los botones. Todos reímos, todos los niños de la primera a la última banca rieron, Mandy y aquel negro callejero clavó su mirada en la ventana. Se pegó a la ventana y por su sucia cara de negro caía el agua de las gotas de Abril, el agua oscura que el Señor nos envía para limpiarnos de los pecados. Después nos quedamos con la boca abierta al ver que te derramabas, desbordada hacia delante y tu voluntad cedía sometida a la ley de la gravitación universal: la masa, el peso, la atracción fatídica de la fuerza de la gravedad, de la gravedad de ciertas cosas. Eso era grave, muy grave, Mandy. El reverendo te hubiera castigado con unos buenos azotes si te hubiese visto tan crecida y sin sujetador. Las chicas decentes no tientan a los jóvenes granjeros del sur, no se muestran a los negros como si no importase la ley de Dios. Eso sólo lo hacen las zorras y tú no eres una zorra o ¿tal vez sí? ¿Eres una zorrita caliente encerrada en la cabina de un sex shop? ¿Una zorrita que baila al abrigo de la lluvia y se pasa una boa de plumas por la entrepierna y se acaricia entera a cuatro patas, se relame y se contonea al ritmo de una música de mierda? Todo en tu vida es una puta mierda. No me lo niegues, Mandy. ¿Qué estas haciendo ahora que me tienes lejos y encerrado? ¿Bailas por unas cuántas monedas como yo te imagino? ¿Te desbordas en un garito oscuro? ¿Para otros? ¿Para quiénes? ¿Para cuántos? ¿También se lo haces a algún negro o algún poli? Así te dejan tranquila y no te preguntan más por mi o ¿prefieres hacértelo con algún seboso? Dímelo, Mandy. Dime que sólo dejas que te toque yo. Ten piedad y dímelo. Llámalo caridad cristiana, tú siempre tan caritativa con todos menos conmigo. Pero yo te amo sin consuelo y después de desearte en soledad siempre puedo ver como dejas de latir entre mis brazos. Es inevitable. Me

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(relatos) derramo en un hilo de humedad caliente y al rato ya no veo nada más… Dicen que estoy mejor y que saldré pronto de este agujero, entonces iré a por ti. Te rescataré de los besos lascivos de miles de hombres, todos esos hombres a los que excitas detrás del mostrador de la heladería de la esquina. ¿Vainilla, nata chocolate? ¿Qué importa eso? Ellos sueñan con derretirte bajo sus manazas ajadas por años de trigo y el terrible aburrimiento de las tartas de arándanos de sus esposas. Estás de suerte, Mandy. Yo entraré allí mientras tractores y camionetas pasan de vuelta a casa oliendo a heno, a rutina, a la espera del perdón de los pecados, de la bendición de los dones del Señor y el fin de los días. Te libraré de todos los males, te abrazaré de espaldas, te taparé los ojos con mis manos nerviosas y me escucharás decir: “Te quiero, te deseo con un ardor erecto, desolado, firme…” Te palparé entera, morderé tus labios carnosos y violáceos. Sentiré como te resistes y será inútil. Un temblor de tierra nos abrasará, me abrasará pero no podré evitarlo, no tendré piedad de tus lágrimas. Me engañas con todos, con tantos, con cualquiera… Debo redimirte. Toda mi tensión se concentra en mis manos que rodean tu cuello y se esfuerzan en no dejarte marchar. Palideces, te agitas y al final dejas de latir entre mis brazos, pero yo te amo Mandy con un amor de estrépito y trastorno que en cada ensoñación deja de sentir tu latido y al fin respira en paz y sosegado.

qUIÉN e

S

Me llamo LO LA b. gALLAR DO. Vivo en Mad rid desde ha ce un par de Sólo escribo años. cuentos, aun que no desc escribir una arto novela. Voy a tallere s de escritu ra creativa. Leo en el Bu kowski Club con cierto é He ganado u xito. n par de con c ursos de rela alguna men to y ción de hono r. Me han publi cado en revis tas digitales .

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E

ELSOL DENOCHE de aNA pÉREZ cAÑAMARES

lla es de esa gente que fuma en las cuestas, que se bebe un litro de coca-cola de un trago, que sonríe cuando la expulsan de clase y se tira vestida a la piscina, ella es la amiga-vendaval, esa que te arrastra y te asusta, que adoras y temes, que te dice ven y sabes que algo va a pasar. -Ven- me dice. Y voy, esta vez a la fiesta que hace Pablo, porque sus padres se han ido, y cuando llegamos todos nos saludan y nos ofrecen porros y la música sube de volumen, y ella grita y salta, y dice “esto es guay, qué de puta madre”, y tira de mi brazo y lo sacude al ritmo del chunda chunda, y me hace sentir que bailo bien, pero luego me suelta y el ritmo se me escapa y cuando me vuelvo a buscarla no está, pregunto por ella y está en el baño, preparando una sangría en un barreño, remueve con el brazo el vino, la fruta, el hielo que los demás van echando y luego saca la mano y me mete los dedos en la boca, “pruébala, qué le falta”, y yo no encuentro que nada le falte, más bien diría que se ha pasado con el vino, pero no me atrevo a decírselo, porque ella ya está sorbiendo asomada al borde del barreño.

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e qUIÉN

S

aL OTRO LADO DEL ESPEJO

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Luego, a la hora de “qué mala estoy, todo me da vueltas”, soy yo quien la sostengo en medio de la calle, y sus vómitos me huelen siempre a lo mismo, como si no comiera otra cosa que hígado empanado y coliflor, se lo digo y se ríe, y luego sigue vomitando, y quisiera taparla de las miradas de ese señor que no nos quita ojo, pero mi cuerpo no da para tanto y ella dice “joder, siempre igual”, y siento que está cansada, pero la animo a seguir caminando, casi cargo con ella, entre las dos no juntamos para el taxi y el metro la marearía más, así que caminamos y caminamos por la ciudad de noche, bajo la luz de las farolas y de una luna tan brillante que parece una bombilla desnuda, y entonces recuerdo que la luna no tiene luz propia, que el sol le presta su reflejo, y qué, me encojo de hombros, ahora es el momento de la luna, brillará toda la noche hasta que el sol salga de nuevo, pero eso no será hasta mañana. [De En días idénticos a nubes, Editorial Baile del Sol, 2009] Madrid. tualidad vive en ac la en y fe ri Páginas de ne Santa Cruz de Te a breve (Editorial se en r ó vo ci fa na r 8) Po o 96 02), o m (1 ARES gno Tres, Lima, 20 tologías tales co Si an al en ri aNA pÉREZ cAÑAM o to id di (E ec ar ío m ap entos han ). aldito amor Salamanca, 2004 Algunos de sus cu a Prima, 2002), M er de d Óp al da ri si to er di iv (E Un vapiés diciones ria), Espuma, 2001), La elos de lectura (E o (Editorial Isla Va od ch m he os n ev ha s Nu . no es é ds rm ), Versus.12 Roun las antologías Qu ri Escritos disconfo en do as da on em M po s se su ou nos de (Random H calera), Colabora con algu harles Bukowski C a e aj en -08 (Ediciones Es m 06 ho ía trapunto), Un es . Po er Ov de k n an io Sess ditorial Sial/con (E m al Ja Resaca/H it b lu ap C C i ía sk es ow Po del Sol), télite), Buk la (Editorial Baile (Ediciones del Sa ño pa es a iv at rn te ía al s. a la poesía. 23 Pandoras. Poes .com), dedicado presas y digitale ot im sp as og st bl vi e. re bl s l. ni ta in itorial Baile del So ttp://elalmadispo así como en dist Ed (h la le ib en , on ca sp bo di i a El alm brada de m Administra el blog poemas, La alam de bes. ro lib er im pr ó su días idénticos a nu En s to la re de En el 2007 public ro trices. a de reeditar su lib , Alfabeto de cica io ar em Esta editorial acab po o nd prepara su segu En la actualidad

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EY CAMARERA...

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(ilustración de áNGEL rODRÍGUEZ)

de eSCANDAR aLGEET

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y, camarera de las estrellas, despierta, aun es de noche pero es una noche preciosa de esas que te encantan, despierta pero no hagas ruido, habla como yo que te hablo en voz muy baja porque es muy importante y las cosas muy importantes solo se pueden decir en voz baja. Despierta, porque me voy, y te tienes que despedir de mí, camarera de las estrellas, me voy no sé a dónde porque esa es la clase de cosas que nunca sé, no lo sabía el día que crucé la carretera y me subí a tu equipaje, cómo te reías aquel día, vaya!! Era genial y estoy seguro que seguirás riéndote sin mí, con tus ojos azules a punto de reventar, escúchame, no es necesario que digas nada, pero sí déjame que yo diga, tengo mi maleta aquí, y la he llenado de cosas más importantes que mis espejos, te dejo en tu circo pero me voy después de haber besado a la bailarina de la caja de música, después de haber llorado borracho con los payasos y haberme caído al suelo con los equilibristas, me voy porque no me puedo quedar, sería peor, sabes que yo no sirvo para eso, soy el viajero y sé recordar y ojalá supiera prepararte té helado para cuando llegases de la última función de la noche, y te diera de fumar mientras jugamos a rayuelas en tu cuerpo, ahí fuera hay gente dispuesta a eso y dispuesta a muchísimo más, no estés triste, camarera de las estrellas, así parece que fueras a llorar y si tu lloras llora todo el mundo y eso no es bueno, te lo digo yo, que he visto cosas muy tristes pero también puedo decir que yo estaba allí el día que te desnudaste frente al horizonte y no quisiste ponerte la ropa en toda la mañana, yo pensaba que era imposible que tanta belleza aguantase tanto tiempo al natural, yo pensaba que la ropa servía para mantener el secreto encanto de la piel no descubierta, yo pensaba muchas cosas que dejé de pensar en aquel momento, pero aquí

estoy, hablando en voz baja y aquí estás, mirando esos columpios sin niños a las tantas de la mañana, perdona por despertarte, ha sido la noche, no he podido evitarlo, no quería despedirme de nadie, sabes que no soporto las despedidas, pero estabas aquí durmiendo y me han entrado ganas de tomar un último trago de jugo de saliva de sueños, toma, bebe, hoy soy yo el camarero, está rico y quema mucho en la garganta, como a ti te gusta, como a todos les gusta, me pasaría vidas enteras viéndote beber, a veces cuando se te cae una gota, siento el vértigo que se debe sentir deslizándose por tu cuerpo hacia abajo, a veces he pedido el deseo de ser tan pequeño que pudiera caminarte la piel paso a paso, se lo pedí a 14 estrellas fugaces que pasaron la noche en que te quedaste dormida encima de mí, en el ático de la carpa, lo pedí 14 veces seguidas porque estaba convencido de que así habría más posibilidades, ya sé que los deseos no hay que decirlos porque si no no se cumplen, pero me marcho, pequeña camarera, y es injusto que trate de convencerte de que he sido feliz, de que lo soy, de que tengo que seguir el camino, y tu seguirás en el circo poniendo jugo de saliva de sueños en las latas de alambre de la gente, gracias por dejarme


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(relatos) entrar en la carpa y ponerme aquella nariz que me mos muchísimo más que aquella fugaz hacía parecer un fandango de broma, un pellizco explosión que ocurrió la primera vez que nos de bulería, yo pensaba muchas cosas, cuando lo vimos, tú olías a primavera y sabías a nostalgia hablamos en el sótano de las indecisiones, que tú de vino, ¿recuerdas?, toma mi amuleto de tenías mucho frío pero te negabas a ponerte la ropa bolaño, guárdalo en el baúl donde guardas los y yo hacía teorías sobre la resistencia de la belleza a detalles imperfectos de la gente, llévame contigo las bajas temperaturas, y hablé de que las elecciones arriba de las acrobacias, donde los mimos y los a tomar traían consigo vidas que no tendría, por cantantes juegan a las películas, piensa en esta tierra eso es que me tengo que ir, y no me mires con ojos seca que un día nos meció en sus brazos, el paisaje de música, sabes que enseguida me pongo a bailar, se ha puesto triste na más ver tus legañas, pero no a mirarte los pies de reojo, es tarde, y en verdad lo estés, porque tus legañas son algo inalcanzable tengo sueño, pero también tengo sueños que no y las cosas inalcanzables nos hacen mirar al cielo me dejan dormir, camarera de las estrellas, qué y así salimos siempre guapos en las fotos, gracias, bonito volar, ahora te miraré de lejos, cuando camarera de las estrellas, por haberme dejado señales los árboles de la jaula de brillos para que compartir este trozo de viaje contigo, no hay nada abran sus ramas al final de la función, siempre que te detenga ahora, nunca lo hubo, ni siquiera silbaba esa melodía, “fight of light”, y la gente estos brazos de poca monta que alguna vez se decía oh!!! a la vez y tú al principio no me creías y vieron en el privilegio de sostenerte, mira la vida, yo no me creía que no te hubieras dado está dando saltos impaciente de que la saques a cuenta, pero claro, luego, cuando cogiste aquel pasear cada mañana, como si nadie supiera lo vaso y empezaste a afilar las bebidas entendí que mucho que tienes que ver con el brillo del agua en estabas tan acostumbrada a las exclamaciones, a los estanques, con los cisnes que dejan un rastro las caritas embelesadas, que ni te dabas cuenta de de silueta mojada tras nuestras huellas, mira la vida ello, te voy a echar muchísimo de menos allá donde mirándote y dame un beso de fuerza y de hasta coño sea que vaya y deja por favor de mirarme así, luego, mañana por la mañana, cuando vuelva a sabes que conmigo te apagarías, que no soy de esa aparecer la gran bola por el anfiteatro del mundo, clase de magos capaces de retener los suspiros, tú volverás a quitarte las legañas para volver a mucho menos las lágrimas, va a empezar a llenar el paisaje de rocío, y poner un algo de amanecer, mira, ves aquel horizonte helado, voy instinto en los rostros de la gente, yo me encenderé hacia allí, a la ciudad de las mil orgías, me han un pitillo, allá donde vaya, y sin mirar hacia atrás, hablado de alijos de hierba que brotan en las nunca, hacia atrás, soñaré con encontrarte en las piernas de algunas mujeres, quiero verlo porque la próximas luces del camino. curiosidad no mató al gato, le dio 6 vidas más, y tú Ciao, camarera de las estrellas, nos veremos, no estabas de acuerdo y me llevabas la contraria seguro. como de pasada, como si en el fondo no te Nací en Pale eSCANDAR aLG ncia en el 84 EET . Me críe en u importase darme la razón aunque no la tuviera, mujeres y un na casa de 6 perro y me la rgué de allí a claro que he sido feliz, de repente un día miré a lo estudiar cin los 18 para e en una esc uela de Ponfe existe. Tres a lejos y allí estabas con tu bandeja de piedra en la rr a d ños en El Bie rzo me llevaro a que ya ni Madrid, dond mano, haciendo un juego de ojos tan bonito que n directo a e curré en un poco de todo cine, estudié ni siquiera me atreví a hacer trampas, ni siquiera , incluido el guión, escrib í mucho, y ap crecer es alg rendí que quería otra cosa que seguir allí mirándote, me ha o más que cu mplir años. A camarero sin h ora soy pasado tantas veces eso que algún día maldeciré cámara, term ino u aud la noche por su incapacidad para detener el tiempo, u iovisual, trato con timidez n FP de producción de mover un na revista qu libro, edito e bien vale m cuando sea el viejo viajero seguiré fumando en las i pellejo, y m gente a la qu e rodeo de e llamo amig cunetas y hablándole de ti a las montañas, contaré os con más o prepotencia rgullo que . Tengo un pa lo de tus ojos azules a punto de reventar y serviré r de ojos en lo sostenerme s que , una chica q u e controla el sucedáneos de jugo de saliva de sueños en una infinitas noc tiempo, e hes en un cu erpo que se a las resaca bandeja de piedra, la pequeña camarera de las ha acostumb s. Mi vida en rado 10 líneas, me dij c reo entonce estrellas se vestirá de luz entre el brillo de las o Gsus. No s que import e una menos. O risas de los sauces y la silvestre balada de los tran- Gracias a los que ha una más. cen esta revi e n tr sta, es un ho e sus página seúntes, y reiremos de veras, y de veras que serenor sali s.

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CONTÁRTELO, ADELAdeLORENZO

ecesito contártelo, Adela, aunque tal vez no puedas, aunque tal vez no quieras saberlo. Necesito decirte cómo ha sucedido esta historia que me resisto a creer verdadera, que aún no sé si no estaré soñando. Vino a mí. No habría podido ser de otro modo. Tú sabes que yo no busco ni buscaría, que mi pacto con la vida, después de lo que nos sucedió, se basaba en no esperar nada y conformarme con que nada viniera. Pero un día, mientras yo andaba a otras cosas, ella acudió. La primera vez la vi en invierno. Y no te diré que no me atrajo. Pero lo hizo como corresponde que atraigan a un hombre en la cincuentena, y bastante consciente de sus limitaciones de cuerpo y espíritu, las veinteañeras vistosas que se cruza por la calle. La consideré como un ente abstracto, más como una proyección de la idea de belleza que como una belleza tangible. No sólo no me planteé poseerla; ni siquiera lo deseé, porque uno sólo desea realmente las cosas por las que está dispuesto a hacer algún sacrificio, y yo por ella, en aquel momento, no habría arrostrado la más mínima alteración de mi ordenada rutina. Sólo puedo apuntarte una mínima perturbación, algo que la hiciera singular. Aquel primer encuentro sucedió en una situación poco propicia, en un pasillo, donde su hermana, una de las secretarias, me la presentó mientras yo estaba apurado por otras cuestiones. No creo que la conversación, un simple intercambio de cortesías, durase más de un par de minutos. Pero ella se las arregló para que su mirada se me quedase grabada en la memoria. No estoy acostumbrado a que una mujer que podría ser mi hija me mire de arriba abajo sin ningún recato. Lo achaqué a alguna clase de rareza, o a una impertinencia que en modo alguno creí necesario reprimir; cuando los años avanzan, uno aprende a

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no sentirse afectado por la insolencia de los jóvenes. Y supongo que la habría olvidado por completo al cabo de pocos días, de no haber sido porque una semana después recibí en mi casa una carta. Mi dirección particular, según me contó luego, la encontró a través de su hermana, aprovechando un descuido suyo otro día que fue a recogerla a la oficina. Luego, simplemente, escribió la carta y me la mandó. Un acto que habría podido ser intrascendente. Imaginemos que la carta hubiera sido un anónimo amenazante. O un anónimo mordaz. O un anónimo ofensivo. La habría roto en mil pedazos y me habría olvidado de ella, como he hecho siempre con esa clase de mensajes, sin consecuencia hasta la fecha. Pero no, la carta no era anónima. Se identificaba con su nombre, Nathalie y, por si yo no la recordaba, me indicaba de quién era hermana y cuándo nos habíamos visto. Tras algunas consideraciones sobre mi persona y la impresión que le había causado, me proponía sin mayores circunloquios que nos acostáramos juntos. Al estupor, como en mí es habitual, sucedió el análisis, al que me apliqué con rigor y sin aspavientos. Podía ser una burla, en cuyo caso lo mejor que podía hacer era ignorarla. Podía ser una oferta seria, en cuyo caso, concluí tras una breve reflexión, debía ignorarla igualmente. No tenía sentido atenderla, y tampoco reaccionar con ira. Era evidente que su hermana le había facilitado ciertas informaciones sobre mí, sobre mi vida y mis circunstancias, y entonces todavía podía sospechar que le hubiera dado mi dirección privada. Pero ni siquiera en caso de que así fuera juzgué útil aplicar ningún castigo. No se puede evitar que la existencia de uno alimente la murmuración ajena, ni cabe impedir que otros


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(relatos) tengan acceso a informaciones que uno prefe- ajustada como para hacerme sentir el poderío de riría mantener reservadas. Nada de eso es grave aquellos pechos que la llenaban hasta comprometer si no plantea un peligro preciso. No lo percibí en sus costuras. Desde el primer momento, y aunque Nathalie, y preferí archivarla como a una lunática se la veía insegura e inquieta, el fulgor amarillo de demasiado audaz. Pero hice algo que admito sus ojos se expuso sin pudor a mi escrutinio, y aún incoherente: guardé la carta. más desembarazada se mostró a la hora de hablar Por qué la guardé, creo que empecé a comprenderlo de sus sentimientos, sus ensoñaciones, sus fantaal recibir la segunda misiva. En ella, mi corresponsal sías. recuperaba una frase que ya había utilizado en la Aquella tarde no pasó nada. Quiero decir, ni primera, una frase que es cierto que podía parecer siquiera la rocé. Pero los dos supimos que la próxiuna banalidad, incluso una cursilería, pero que no sé ma vez que volviéramos a vernos tendríamos que por qué escogí leer como una prueba de perspicacia: arrojarnos el uno en brazos del otro. Así lo cons“Ese desierto limpio y triste que asoma en tu mirada tatamos, en una extraña y ardiente conversación pide a gritos ser habitado”. Cuando me tropecé de telefónica que tuvimos al otro día. nuevo con esas palabras, me quedé pensativo. Pero, Y volvimos a vernos. Esta vez ella vino escotada, y una vez más, nada hice. Y tal y como había hecho con falda, y mis manos tardaron poco en pasearse con la primera, guardé la carta. por sus muslos y buscar acomodo entre sus copioEn los meses siguientes continuaron llegando sos pechos de color bronce. Fue entonces cuando cartas que leí y guardé sin darles nunca respuesta. le dije, como una broma, que tenía piel de árabe, y La oferta se renovaba en todas (junto a un número ella me respondió que también donde no se veía, de teléfono móvil, siempre el mismo), y en cada y que si quería comprobarlo. Temí el momento de una Nathalie me iba contando cosas de su vida, encontrarme desnudo ante ella, después de tantos de sus emociones, de sus deseos, incluso de sus meses de onanismo compensatorio. Pero cuando melancolías. En resumen, deduzco ahora: se iba desabroché su sujetador y sus pezones oscuros se construyendo ante mí, sin conocernos ni enconofrecieron a mis labios, cuando bajé su tanga gris y trarnos, como la mujer que esperaba que un día me su sexo moreno me llamó como la madre de todos atrajera tanto como para hacerme sucumbir. los abismos, sentí que mi miembro se afirmaba con La llamé un día de verano. No me preguntes por una rotundidad antigua y desconocida. qué. No sé si fue simple curiosidad, o cansancio de Y así sigue, un mes después, cada vez que su boca aquel ritual neurótico, o si de un golpe se juntó una ansiosa lo recibe, cada vez que sediento busca él su dosis de deseo y otra de imprudencia, las necesarias vientre. La vida es así de excéntrica, Adela: cuando para aceptar una cita con la hermana de una em- ya no toca, allí donde no debía, viene y estalla. pleada bajo premisas cuando menos inconvenien- Aunque estés muerta, espero que lo comprendas. tes. Nathalie atendió nerviosa el teléfono. Aceptó No tengo más remedio que amarla, porque sigo sin rechistar el lugar y la hora que, casi autoritario, siendo un trozo de vida, absurdo y desvalido. Un dispuse. trozo de vida que, pase lo que pase, te Ése fue mi último acto de poder sobre ella. Porque añora siempre. cuando la encontré, pero desde en el lugar estipulado, LORENZO sILVA recho y abogado desde 1990, De en do cia en lic d, dri Ma en a ocho idiomas. esperándome aunque Nacido en 1966 32 libros y ha sido traducido ha fec la sta ha o cad bli pu Ojo Crítico yo llegaba con algún siempre escritor. Ha ersos premios, entre ellos el div con do oci on rec o sid ha o novelista ista impaciente, minuto de antelación, Su trabajo com es), el Nadal 2000 (por El alquim qu an est los de ís pa o an lej El en 1998 (por r Carta blanca). me causó una conreira) y el Primavera 2004 (po ca, por lo aptada al cine por Patricia Fer ad e junto a Manuel Martín Cuen cin al tó ap moción bajo la que ad e (qu e qu evi mio Nadal en 1997, y con Con La flaqueza del bolch 2004) quedó finalista del Pre ya Go todavía me encuenal s do na mi no ron fue Novela Histórica en que ambos mio Ciudad de Cartagena de Pre l de sta ali tro. Llevaba unos fin ros est nu y juvenil (con El nombre de los viajes y la literatura infantil de ura rat lite la o, say en el o pantalones ceñidos, 2002. Cultiva asimism bat, obtuvo el Premio Apel. cosas, ilustrado por Jordi Sá las de n azó cor el y los hombros descura Lau finalista del Premio el álbum cazador del desierto resultó El a vel no la con y , 03 -20 02 medios como biertos y una blusa les Mestres 20 ora regularmente en diversos lab Co il). en Juv y til an Inf de poco escote, Nacional de Literatura y ha escrito guiones para o comentarista radiofónico com rce eje , ero ort rep y a list articu ersos centros e pero lo bastante es de escritura creativa en div

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taller Madrid. televisión. También imparte tival de novela policiaca de fes , gro Ne e taf Ge de rio isa instituciones. Es com

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ay una habitación estrecha y alargada. La puerta y la ventana se enfrentan como invitando a entrar y salir seguidamente, sin pausa. A la izquierda hay una pequeña cama pegada a la pared. El cabecero de metal descansa en el hueco que la puerta no ocupa. Los pies rozan el marco si la ventana está abierta. Una ventana de madera imposible de cerrar del todo, por donde el aire entra a veces susurrando nanas, a veces un nombre. Debe de ser verano. Hace calor. Tampoco se puede saber a ciencia cierta. La ventana está cerrada y algo impide que entre la luz de la calle. Encima de la cama hay una niña muy pequeña, muy delgada, de pelo corto y oscuro y ojos negros y grandes, hundidos, febriles. Le cuesta mucho respirar. Todo le huele a jarabe de fresa. La falta de aire la mantiene en una especie de sueño ligero. No tiene nada que recordar aun. Tampoco tiene porqué entender nada. Solo es consciente de un espesor que impide que la saliva pueda deslizarse por su garganta. Consciente de una sed dolorosa.

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Las paredes están desnudas como la niña y como ella, tienen un color pálido, apagado. Un farolillo rojo del tamaño de una mano, oscila con un movimiento leve e incesante desde un gancho que sobresale de la esquina más cercana. En algún momento del día o de la tarde o tal vez de la noche, un hombre se acerca muy despacio a la cabecera de la cama. La niña está absorta en las mil formas que la luz roja del farolillo refleja en la pared. Son dibujos imprecisos, desenfocados. Círculos que se abren y se cierran según el movimiento de la luz. El hombre la mira. No sabe si duerme con los ojos abiertos. No sabe si es consciente de su presencia. No sabe si la fiebre la mantiene en el sopor de un limbo tranquilo e indoloro. Solo se escucha la respiración de ambos y un murmullo lejano que sube de la calle. La niña intenta decir algo, pero su garganta reseca e hinchada se lo impide. Susurra. Utiliza el poco aire que contienen sus pulmones. El hombre acerca el oído a los labios agrietados. Siente un calor intenso. El fuego que escapa de un cuerpo tan pequeño es como un espejismo. “No llores abuelo que no me voy a morir”.

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(Madrid, 1966 ) Residente en Malasaña (P ueblo ubicad de Madrid), lo o en el centr que ya indic o a predisposic cultural. Inte ión a la locura resada siem p re en todo lo ver con los c que tenga qu olores, los sa e bores y los d Madre, amig eseos varios a y compañe . ra de artista mejor estím s, que son el ulo para esc ri b ir de la compra cuentos, rela . Orgullosa in tillos y listas tegrante de la Cultural LA V Asociación IDA RIMA por infinita afinid social. ad con su fin

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DUERME MIAMOR, DUERME de j. rAMALLO

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a quise, juro que la quise con locura, como todos los amantes jóvenes que se descubren al mismo tiempo. Luego, dejé de quererla y la usé, sin más. Ella me decía te quiero y yo sonreía, sólo eso. El tiempo pasó y nuestra casa se fue llenando de rutinas, mentiras pequeñas y manías, mis numerosas manías. Aquellas cosas que en los inicios de toda relación resultan cómicas, entrañables, se tornaron para mí en desagradables. Ya no soportaba verla masticar durante las comidas, como si de un rumiante se tratase, la boca llena y el buche inflado. Su piel, que antes tocaba de continuo por pura inercia, ahora me parecía grasienta y desagradable. Sus dientes se habían puesto amarillos, su calor era para mí sofocante, su aliento pestilente… qué pena me daba, qué sentimiento tan inhumano: día a día el asco se apodera de tu razón y no sabes como pararlo. Pero yo sí supe como detener esa sinrazón, ¡oh, vaya si lo supe! La idea se fue apoderando de mí despacio. Primero apareció como en un sueño y no le di demasiada importancia. Luego, las imágenes se sucedían en cualquier momento: mientras

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trabajaba, conduciendo, en la ducha. No podía pararlo. Cuanto más la miraba, más se incrustaba en mi cerebro la idea, el plan. Al cabo de un tiempo todo se había ordenado dentro de mí, no había marcha atrás. Veinte minutos antes de decirle al oído, suavemente, como cada noche, “Duerme mi amor, duerme”, ya sabía que ella me hacía el amor mientras yo follaba pensando en lo que iba a suceder poco después. ¡Sí, lo sé!, puede que lo sea, que no sea más que un depravado, un miserable, pero ¿cómo iba a prescindir de sus servicios sin antes saciar lo único que me había unido a ella los últimos años, sin antes dejar para el recuerdo un buen orgasmo? Cómo llegué a ese estado ni yo mismo lo sé. Supongo que lo único que separa a un loco de un cuerdo es el asesinato, y aunque esta teoría no la tengo del todo definida, se podría decir que algo loco, por tanto, estoy. ¿Pero acaso no hubiera sido más terrible envejecer como desconocidos, o peor aún, huir dejándola con el corazón destrozado el resto de su vida?


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Duerme mi amor, duerme, le dije, y agarré la almohada. Apenas un bostezo le dio tiempo a soltar y apreté con todas mis fuerzas. Sus piernas se movían como la cola de un lagarto que es separada del cuerpo. Sus débiles brazos dibujaban figuras en el aire antes de golpear mi espalda sin mucho convencimiento. Resultó sencillo hasta el punto de pensar que quizá, en un postrero signo de lucidez, mi querida esposa no opuso más resistencia porque entendió que yo estaba haciendo lo correcto, lo mejor para los dos. Y es curioso, pero cuando levanté la almohada de su cara, la vi bella como tiempo atrás, hermosa diría, ¡cuánto misterio esconde el cerebro humano, cuánto misterio! Ahora un vaho espeso pulula por el dormitorio oscuro como niebla en invierno. Cinco días han pasado y su piel ya no me parece tan grasienta ni sus dientes amarillos. No me sofoca su contacto y su olor… bueno, su olor… Ahora, mientras escribo dejando constancia de nuestra historia -por qué no decirlo- de amor; su suave voz suena en mi interior como cada noche desde aquella noche: Duerme mi amor, duerme… me sugiere una y otra vez. Así que debo despedirme, cambiar papel por soga y cerrar este relato legado a generaciones venideras de amantes, a quienes quizá, de una manera u otra, podrá servir mi experiencia. Cuánto misterio esconde el cerebro humano, cuánto misterio... ahí está de nuevo esta canción celestial, este himno de amor eterno… Duerme mi amor, duerme… sí cariño, ya duermo.

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El Blefaroplá O (Santa Cru stico fue su p z de Tenerife rimer relato Irónica asoc , 1976) publicado (F iación, 2007) ri c c . io D e n sde el veran los periódico es, o del 2008 e s “La Opinión scribe en de Tenerife” El Extranjero (columna de ) y en “Canari opinión as7.es” (Ofeli desparasita a, blog de un da). También a perra colabora con en varias revi relatos y mic stas y blogs rorrelatos n a cionales. Edic publicar su En iones Idea a salada de Ca caba de nónigos, un c formado por onjunto hete dieciséis rela rogéneo tos sin aliña encontrar de r, donde se p sde un Reco odrá gedor de Cad Vidente Ham áveres hasta briento. un Y así sin más desaparecen algunos… es personal, co el nombre de n textos de o tros y alguno su blog s suyos. http://ramall otapia.blogs pot.com/

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i padre me llevaba a la cárcel en su buga, un Renault 18 que algún tiempo después, una de las pocas veces que me dejó las llaves, pilotando de noche por una carretera comarcal con los ojos cerrados y las luces de los faros delanteros apagadas, le desgraciaría, al salirme en una curva, contra una de esas barreras de seguridad, con el agravante, además, de que yo salí ileso, sin un rasguño, nada. Tú estás muy equivocado, David, hijo, trataba de corregirme mi madre. Muy confundido. Algún día te darás cuenta de que tu padre no es tan malo como tú le pintas. No, mamá, pensaba yo, es peor, bastante peor. Pero ahora conducía él. Me llevaba, acabo de decirlo, a la cárcel. Yo no tengo hijos, y no puedo saberlo, ni sentirlo, sin embargo sí puedo hacerme una idea, por ligera que esta pueda ser, de lo triste, terrible y desgarrador, de lo duro e indescriptiblemente doloroso, que ha de resultarle a un padre, a cualquier padre, incluso al mío, tener que conducir a un hijo a la cárcel y tener, sobre todo, que dejarle allí dentro encerrado. Tu padre, insistía mi vieja, te quiere más de lo que tú te imaginas, sufre por ti lo mismo que yo, está siempre preguntándome por ti: ¿Y David? ¿Está bien? ¿Sabes algo de él? Yo sí sé algo acerca de mi padre, bueno, sé muchas cosas acerca de mi padre y una de ellas esta: la puntualidad nunca fue una de sus virtudes. Nunca llegaba a los sitios a la hora, llegaba antes, y también en esta ocasión, como era de esperar (yo ya contaba con ello), llegamos antes, como tres cuartos de hora antes. Mi padre, entonces, dijo, y era lo primero que salía por su boca (dejando a un lado el humo de su tabaco) en más de doscientos cincuenta kilómetros de viaje, dijo: Vamos a seguir hasta el pueblo y hacer tiempo en un bar. El pueblo se llamaba (y se seguirá llamando supongo) Monterroso, y el bar no sé, no creo ni que me fijara en el nombre, el primero que encontramos abierto imagino. ¿Qué vas a tomar?, me preguntó mi padre. Una garimba, le dije.

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¿Una qué? Cerveza, le aclaré. Heineken®, si tienen. Tenemos, dijo la camarera, sonriendo. Y a mí, le dijo mi padre, haces el favor de traerme un café, un cortado, con unas pingaratas, no muchas, de whisky, pero que sea Dyc®. ¿Me puedes decir dónde están los tigres?, le pregunté yo. ¿No sabes hablar como es debido?, me reprendió mi padre. ¿No te enseñaron a hablar como las personas? ¿Qué es eso de los tigres? Pero la camarera debía de estar ya familiarizada con mi vocabulario, porque antes de que me diese tiempo a rectificar y decir: Los servicios, por favor, ella, adelantándoseme, señalando con el dedo, dijo: Por aquella puerta. Había una placa de latón, atornillada a ella, en la que se podía leer: PROHIBIDO ESCUPIR EN EL SUELO. Prohibido mear en el suelo, tendría que haber puesto. Me acerqué al lavabo de puntillas y abrí el grifo, y mientras el agua corría, saqué seis comprimidos de Ludiomil® 0,25 mg, dos de Halcion® 0,50 y uno de Rohipnol®, los metí en la boca, me incliné sobre el lavabo, cogí un poco de agua en las manos y bebí un buen sorbo para poder pasar las pastillas, todas de una sentada. Después me atranqué en uno de los excusados, me bajé los alares y los gallumbos y me puse en cuclillas. Me acordé, en aquel momento, antes de empetarme, de Henri Charrière, de Papillon, de cuando le llevaban a la Guayana Francesa, a pudrirse en el presidio. Mi estuche, es cierto, no tenía una parte macho y una parte hembra, y era de plástico, y no de aluminio, maravillosamente pulido, como el suyo; por lo demás, también se abría desenroscándolo por la mitad y su longitud venía a ser la misma: unos seis centímetros. Su grosor no, y su contenido tampoco. El estuche de Papillon era grueso como un pulgar y contenía cinco mil quinientos francos en billetes nuevos; el mío, en cambio, era grueso como dos pulgares y contenía liquidadores de la ansiedad, o dicho de otro modo: contenía tranquilizantes menores, ansiolíticos, ciento veintiséis pastillas en total. Las ruedas no eran mías, sino de Riesgo, un asturiano, de Gijón, del barrio de La Calzada, con el que rulaba por el Módulo y con el que solía  Introducirse algo por el ano, normalmente envoltorios con droga.

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(relatos) burlar a los dados, a las cartas, al parchís o a lo que se terciara. Me las había pasado, las rulas, su vieja, sí, flípalo, su propia vieja, no te miento: el último día de mi permiso, un permiso ordinario de salida de cinco días, por indicación de mi colega, por prescripción suya, me acerqué hasta su casa a hacerle una visita. Se trataba de una mujer descomunal, como su hijo, mi colega: ancha, alta y muy voluminosa, una giganta, y al igual que Riesgo, con algo de chepa. Su pelo, que lo llevaba corto, era como algodón, como el algodón que recogían las mujeres negras en las plantaciones de esclavos. También ella, en cierta manera, era una esclava. Una esclava de su hijo. ¿Y cómo está Santiago?, me preguntó ya nada más verme aparecer por la escalera. ¿Cómo stá mi hijo? ¿Se encuentra bien? Se encuentra de puta madre, señora, pensé, porque además no dejaba de ser cierto: a Riesgo,

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que era uno de los kíes, uno de los que mandaban en el Módulo B, no le faltaban nunca los jurdós y, por tanto, siempre tenía tabaco, drogas y jala del economato; pero me salió la vena jesuita (en algo se tenían notar los cuatro años que había estudiado con ellos, en el Inmaculada) y dije algo así como: Sólo habría una manera de que su hijo se encontrara mejor de lo que ya lo está. ¿Qué manera?, me preguntó. Que pudiese estar aquí ahora, le dije, con usted. ¿No me engañas?, me preguntó. ¿De verdad que no me estás engañando? ¿De verdad que Santiago está bien? Está de muerte, le respondí. No mucho tiempo después, estaba muerto. Lo encontrarían en su celda. Suicidio, dijeron. Por ahorcamiento. Y nosotros, como somos gilipollas, vamos y nos lo creemos, ¿no?.


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Pasamos dentro. Sobre la mesa de la cocina, mostrador de farmacia, había cajas y frascos de medicamentos, recetas y volantes de la Seguridad Social, un rollo de celofán, unas tijeras, preservativos sueltos y un huevo Kinder® sorpresa. Me comí la cáscara, que como sabes es de chocolate, desenrosqué el huevo de plástico de color amarillo que venía dentro, saqué la sorpresa (un cochecito azul) y en su lugar metí todas las pastillas que pude, todas las que entraron, y luego volví a enroscar el huevo, le di tres vueltas de celo, lo metí dentro de uno de los condones, le hice un nudo al condón y listo. Me levanté. La camarera estaba hablando con mi padre. Pues tienes un hijo muy guapo, oí que le decía. Tú sí que estás guapa, cabrona, pensé. Salió a la madre, le dijo el viejo, quitándose medallas. Algo de culpa tendrá el padre también, le dijo ella, trasteándole. Ya iba a entrar yo a buscarte, me dijo mi padre, pasando totalmente de ella, en cuanto me vio. ¿Dónde te habías metido? ¿Por qué has tardado tanto? ¿Qué estabas dAVID gONZÁLEZ haciendo? nes, 1964) (San Andrés de los Taco ¿A ti qué te parece que estaba haciendo? ro. para limpiarse por dent e ib cr Es ¿No habrás estado… urat (Ateneo Obrero colección de poesía Zig la e rig Di Tú estás enfermo, le corté. No riges bien de la de Gijón). cabeza. ival Internacional tó a España en el I Fest en es pr Re Es casi la hora, dijo él, dando el tema por pública Dominicana. ía de Santo Domingo, Re es Po de zanjado. Hay que irse. os libros editados son: Sí, pensé, no vaya a ser que llegue tarde y me Sus últim s, Madrid, 2009), Loser (Bartleby Editore las pierda algo. tleby Editores, 2007), En Algo que declarar (Bar y ) 08 del Sol, 20 Goliat (Ediciones Baile de s rra tie El pasillo, así como la escolta de mi padre, ter97-2008] (Glayíu io te coma las orejas [19 on m de El minaba en un mostrador metálico, con un funcionario Editorial, 2008). de prisiones detrás, y en un arco detector de metales b personal afía completa en su we gr io bl Bi que daba paso a una sala de espera, a estas horas vacía, eta.com) www.davidgonzalezpo :// ttp (h y silenciosa. ame, pero te amo Coordina el blog Perdón Mi padre me abrazó. logspot.com) perdonameperoteamo.b :// ttp (h Y pórtate bien, me dijo, casi sin voz, por la emoción. No te preocupes, le dije. Pórtate bien, repitió. Procura no meterte en líos. El hombre se esforzaba por contener las lágrimas. Ya tendrá tiempo luego, en el camino de regreso a casa, pensé, para llorar. [De Algo que declarar, Bartelby Editores, Madrid, 2007]

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ANIMALES DE COMPAÑÍA de nACHO

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C

uando llegué a la puerta de la clínica ya estaba allí, en bata y zapatillas, apretando con el bolso una caja de cartón contra el pecho. “Perdóname por sacarte de la cama, hija, pero es que algo tenía que hacer”, me dijo. De camino me había ido haciendo una composición de lugar a partir de los síntomas que me había susurrado por teléfono y ya tenía claro que no iba a ser un caso fácil. Entramos y la llevé a la consulta sin molestarme en encender las luces de la sala de espera. A esas horas no tenía ganas de ver los pósteres de perritos sonriendo (sí, sonriendo) en los prados verdes. Dejé a mi clienta un momento a solas, mientras me ponía el pijama en el vestuario, y al volver la encontré agarrada a los bordes de la caja, que había dejado sobre la mesa de exploración. -Carmelo, Carmelo bonito, mi tesoro, mi niño, mi rey- gimoteaba. -Venga, mujer, sáquelo de ahí -dije, impaciente, mientras me ponía los guantes de látex. -No, no -protestó- hágalo usted, que a mí me da miedo hacerle daño. Desdoblé las solapas agujereadas y descubrí que, a parte de unos periódicos primorosamente doblados en el fondo, dentro de la caja no había

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vIÑUELA

nada. Cuando levanté la vista, me encontré con dos ojos cuajados de cataratas, desolados, mirándome fijamente. -¿A que está muy mal? Lo sabía. ¿Se va a morir? Apoyé las manos en la mesa y miré al suelo. -Sí, tiene muy mala pinta -dije. La escuché suspirar y sorberse los mocos. -¿Entonces no hay nada que hacer?-gimió. -No. Lo siento. Todo lo que puedo hacer es ahorrarle sufrimiento -dije, atreviéndome por fin a mirarla. -¿Cómo? -preguntó, con un brillo de interés febril en los ojos. -Con una inyección de barbitúrico. -Y la indición esa, ¿le va a doler? -No. Se va a quedar dormido y luego dejará de respirar y se le parará el corazón. La anciana tragó saliva y asintió con la cabeza. Una vez que los dueños dan su consentimiento ya ha pasado lo peor y una puede, con más o menos pena, ponerse manos a la obra. Saqué una jeringuilla y le coloqué la aguja. La desenvainé y la cargué de pentotal. Luego, la dejé sobre la mesa, al lado de la caja. -Creo que es mejor que salga, cinco minutos, hasta que haya terminado-le dije.


Sin decir nada, salió a la sala de espera y la vi sentarse en una de las butacas. Cerré la puerta y me acerqué a la caja. -Qué putada, Carmelo -dije, y me quedé un rato leyendo las hojas del periódico en el fondo de la caja. Eran del 27 de abril de 1984 y no sé por qué pero me pareció una fecha muy triste. -Ya puede pasar -grité. La anciana entró arrastrando los pies. Parecía acobardada y mucho más vieja. Se aproximó a la mesa y acarició en el aire el contorno preciso de un gato, al lado de la jeringuilla todavía cargada. -¿Tú sabes la compañía que me hacía? No sé qué voy a hacer sin él. Sus ojos me buscaron y me asustó la determinación de sus pupilas, afiladas como agujas. Le di la espalda y escuché, primero su respiración y mi pulso acelerado, y luego el cierre de su bolso, dos veces. Cuando me volví hacia ella, se la veía impaciente por marcharse. Dejó un gurruño de billetes sobre la mesa vacía y me dio las gracias con una voz ronca. Y se marchó, con la caja en los brazos, tan frágil y diminuta, y me entró un cansancio tremendo, de esos que no te dejan dormir. Sabía que me iba a pasar el resto de la noche fumando en la cama, escuchando en la oscuridad el ronroneo de mi gato. 73) heredó de sus nACHO vIÑUELA (León, 19 ias. s animales y las histor abuelos el amor por lo Veterinaria y escribe Quizás por eso estudió le deja un hueco. cuentos cuando la vida varias revistas y Ha publicado relatos en antologías. r del concurso de En 2009 resultó ganado en un libro”, microcuentos “Tu vida ela de Escritores. organizado por la Escu vive en Edimburgo, Desde hace seis años su admirado la ciudad donde nació n. Robert Louis Stevenso

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LADEUDA de jOSÉ áNGEL

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mí no me parece educao que me se anden abordando en lo tocante a terrenos. Uno no está pa’ hombrías a estas alturas, pero cagoendios que si la sangre mía se pone a hervir... Entoavía puedo dármelas yo de mozo. Pero qué se habrán creído... Y por ‘cima ahora esta calor, que a no ser por la boina tendría ya los sesos ablandaos. Mira que los dije que dejaran al chaval en paz. Que él no tiene la culpa de ser un algo atrasao, mira que los dije... Qué se habrán creído esos tres, si cuando mordían la teta a la madre andaba yo de novios con la Jesusa y después vendrían otras. Y van y se plantan en la huerta, a pedir lo que no es de suyo, que por trabajo y herencia es mío. Perico, Perico, mira que siempre te avisé, no andes en juegos con los del bar, que no estás tú mu’ reparao de la azotea, que tienes el tarro flojo, aunque ni es culpa tuya ni mía ni de nadie. Este verano calienta de verda’, no como otros, que da impresión de que el sol nos tiene miedo y se pone tímido. Eso sí, tiene que llover, que veo el matojo algo seco, y luego se preparan los incendios y vienen los de la tele a husmearlo todo. Ay, Perico, si te viera tu madre, que en paz descanse, con la tripa fuera, que parecías un guarro en la matanza... menudo disgusto se hubiera llevao la pobre. Éstas cosas hay que ahorrárselas, hombre, que luego se ganan muchos disgustos. Tú tranquilo, que pocos metros quedan pa’ llegar, que el que más cansao está soy yo. A mí me olía mal el asunto cuando se personaron en la finca esos tres exigiendo lo de la deuda. Me se figuraba a mí que te habían engañao a las cartas, los cabrones. Pero no tienes tú muchas luces, nunca las tuviste, pa’ qué vamos a mentirnos. Que si el Perico no suelta la billetada que debe, nos quedamos tus tierras, Ambrosio. No olvido yo esas

bARRUECO

palabras. Me meo yo en mis muertos de recordarla. Bien es verda’ que cuando planté cara a esos tres que conozco desde que eran unos lechones, tú la preparaste gorda, pero bueno, lo hecho, hecho está, como dice siempre Salvador Cifuentes. O nos das las tierras o le sacamos al Perico el dinero a palos. El pronto tuyo, Perico, me asustó así por de pronto, déjame que te diga... Agarrar con esas manazas que Dios te dio al Emeterio y lanzarlo de cabeza al pozo de la huerta... me dio que pensar. No sé yo si te dañaría a ti esta calor de los demonios que le hace hoy, que a mí me está haciendo resoplar más de lo que debiera. Si por lo menos tomara un jarro de agua fresca o una frasca de vino del pueblo, otro gallo nos iba a cantar. Aquellos dos se revolvieron como los lobos. La hostia, cómo pesas, cabrón. Por eso fui a por la de dos caños y la cargué con la posta, y si al uno le di un tiro en la oreja fue porque me se venía detrás a la casa, mu’ envalentonao, como si no me conociera que yo, en cuanto tengo la sangre en hervor, me doy de hostias con la paciencia y con quien haga falta y hasta con el burro de Nicolás, que mira que es salvaje el animalico, y si al otro le reventé la columna con el otro cartucho que quedaba en el caño fue porque te estaba dando más cuchilladas en la barriga de las que estas cosas de agarradas se merecen, que con un mojicón y un navajazo se le podía haber olvidao la afrenta. Se conoce que pensaron que un viejo no tiene ya los huevos de mozo. Ah, mira, ahí veo que está ya. Que ya


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qUIÉN eS jOSÉ áNGEL bARRUECO (Zamora, 1972) . Escritor, columnista diario del periódico “La Opinión de Zamora”. Ha publicado las novelas Recuerdos de un cine de barrio (1999. Reedición en 2009, en Baile del Sol), Monólogo de un canalla (2002) y Te escribiré una novela (por entregas en el periódico en 2003 y en un blog en 2009), así como la obra de teatro Vengo de matar a un hombre (2004), el libro de microrrelatos El hilo de la ficción (2004) y el poemario No hay camino al paraíso (junto a Javier Das, 2009). Sus cuentos y ensayos han aparecido en las antologías Premio Relatos 1999. Feria del Libro de Madrid (2000), Por favor, sea breve (2001), Caminos de libertad. La Transición en Zamora (2001), El Fungible. Especial Relatos 2003 (2002), Un rato del mundo y otros relatos n (2005), Palabras para Cervantes (2005), La razó de la sinrazón que a la razón se hace. Lecturas actuales del Quijote (2005), MundoLavapiés (2006), Visiones 2006 (2006), Tripulantes. Nuevas aventuras de Vinalia Trippers (2007), Palabras como velas encendidas (2007), Grageas. 100 cuentos breves de todo el mundo (2007), Resaca / Hank Over. Un homenaje a Charles Bukowski (2008) y Canallas a tres bandas. Antología de cuentos terribles (2009). Ha escrito los prólogos de los libros Balada del Viejo de los Cafés (2003), de Tomás Hernández Castilla; El demonio te coma las orejas [1997 - 2008] (2008), de David González; la antología La manera de recogerse el pelo. Generación Bloguer (en prensa, 2009), coordinada por David González; y El país de la oportunidad (inédito), de David Refoyo. Ha colaborado en diversos medios, revistas y publicaciones. Blog: http://thekankel.blogspot.com/

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llegamos. Lo peor fue cuando se apareció el padre de Trinidad, el Juanito Pitones, diciendo y echando culpas de que dónde estaba su hijo mayor, que hacía un rato se había pasao por la casa nuestra a cobrar una deuda y él había escuchao dos tiros de posta. Cuando él se presentó acababa yo de meter al pozo el cadáver del Trinidad con los otros dos, y le estaba dando de pedradas al de abajo que tú tiraste, por ver si lo callaba, porque se conoce que tardaba en ahogarse. Hala, Perico, que llegamos al cementerio, no te apures. Esta calor de hoy me va a hacer perder la paciencia como no caiga algo de agua, que nos la merecemos y la merece el campo. El Juanito Pitones se oliscó de lo que había acontecido allí al verme las manos de sangre que yo le juré que era de un conejo que acababa de destripar, pero al verte tirao por allí con toda la tripada fuera y los ojos abiertos con las moscas posándose, se puso mu’ furioso pa’ la paciencia que suelo tener, que es poca si me tocan los cojones y las tierras y todo lo que sea mío. Yo le intenté aclarar que no hacía falta que su hijo te hubiera dao de puñaladas, no era pa’ tanto la cosa, que te hubiera puesto yo en su sitio con cuatro o cinco palos bien daos, que sabes bien que si te pongo la mano por ‘cima pa’ los castigos, te la pongo a base bien. Que un hombre debe ser firme con lo que tiene. Venga, Perico, verás tú qué gustoso vas a estar aquí abajo, con tu madre y tus abuelos, que me tenías los riñones molidos de lo que pesas, que siempre te reñí por comer demasiao. Esto te pasa por liante, y lo jodido es que me vais a dejar solo con el montón de trabajo que hay este año. Lo que no sé a la vuelta es qué voy a hacer con el muerto de Juanito Pitones, porque le quedé tan atravesao en la puerta de la porqueriza con la horca que luego no era capaz de sacársela pa’ enterrarlo. Que se puso a lo chulo y sabes que yo a los chulos no les aguanto. Lo malo no va a ser entrar en el pueblo encharcao de sangre, lo malo va a ser desclavar al vecino de la puerta, no vaya a ser que salgan los puercos y se lo coman, si es que las moscas no le han chupao ya la sangre. Digo yo que Dios me ayudará a sacarle la herramienta, que no sé ni la fuerza que he tenido para atravesarlo de pecho a espalda. Eso sí que va a ser un problema, Perico, hijo. Eso y la calor.

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PERRAVIDA de cARLOS

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l humo me está empezando a molestar, ya es raro en mí, que fumo cantidad desde antes de dejar el insti. Tanto humo de tabaco rubio, negro, da igual, recuerdo cuando empecé a fumar y el humo me arañaba la garganta cuando bajaba por ella, los cigarros me sabían a hombre, me recordaban a mi padre, él siempre tenia aquel olor acre y persistente en su ropa, en sus manos, en su coche. Siempre con aquella pose de actor de Hollywood trasnochado y decadente. Mola mas el olor a canuto, aquellos tíos del futbolín se están fumando unos porritos mientras juegan, hachís, del bueno y yo, contra la pared, con la birra en la mano y sintiendo las vibraciones al ritmo de la música. Solo, mis colegas se han perdido por ahí, hoy no tengo ganas de nada, quiero quedarme aquí, dejándome mecer por las olas que producen los graves de los altavoces y el sopor en el que me iré instalando a medida que vaya bebiendo. Este puede ser el último fin de semana en el que pueda salir con algo de pasta en el bolsillo, ayer me echaron del curro, una mierda de curro, pero era fácil y por lo menos en este último he aprendido a poner cristales, pero igualmente era una mierda, igual que los anteriores, repartiendo pizzas, poniendo hamburguesas, repartiendo publicidad, peor fue lo del bar, ni los fines de semana me dejaban libres. Tenía que haber estudiado, eso decía mi vieja, pero yo no sirvo, al menos con eso me comían la cabeza en el instituto, que ganas tenían de que me fuera y yo que ganas tenía de cumplir los dieciséis y poder hacer lo que me diera la gana, al menos eso era lo que creía, que iba a ganar pelas y que iba a vivir de puta madre… Que chungo colega, esta noche estoy de bajón y por eso pienso

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que no sirvo para nada y que esta vida es una mentira, podría meterme unas pirulas y asunto resuelto, a reír como un gilipollas toda la noche, lo malo es quedarse como el Christian, colgao de un globo, mira que se lo decíamos, que eres muy animal, no te comas tantas, y él nada, al final ahí está con cara de vendedor feliz todo el día, pero así y todo, el tío liga, ahí está dándole la brasa a la morenita esa, seguro que esta noche se la pasea en el coche ¡que cabrón! flipao y todo pero con curro y coche. cARLOS oLLERO pero he vivido siempre Nací en 1971, en Madrid menudo huir a otros Yo, desde que lo dejé con Laura, nada, va ya para en Getafe, (deseando a un mes, la verdad es que me estoy haciendo muy sitios). amigo de mí mismo. Esa piba me molaba cantidad, Paso mi vida ensimismado, intentando irar pero en su casa le sorbieron el seso, la malmetieron descubrir aquello que no entiendo y adm y a mi alrededor, contra mí y al final se fue todo a tomar por culo, todo lo que de bello ha r físico. por cierto, hablando de culo, como están las dos por eso, quizá, quise se o, con un libro en la man do tías que acaban de entrar, joder, se van directas er cu re e m e pr em Si mbre de que algún día con los del futbolín, que asco me dan estos tíos, leyendo y con la certidu n contase aquello que con pinta de niños de papá, con su ropa cara y sus tendría que ser yo quie gintonic, siempre ha habido clases. me rodea. informática, incluso la Me gano la vida con la cambiante, como un Me gusta este garito y me gusta oír la música con enseño, (es divertido y ). A veces, surgen las orejas y sentirla aquí pegado, con el culo, bosque de hoja caduca n en poemas, otras, joder ¿no seré marica? Me estoy rayando mazo fogonazos y se convierte r frases que se pensando tanto y eso que sólo estoy a cervezas, se fraguan en mi interio s, algunos de estos y de pero tanto humo… ¡que coño! Ya me lo decía mi desencadenan historia dos en la tela de araña padre cuando iba a palmarla, esta vida es muy perra aquellos acaban atrapa llero.blogspot.com para todos, pero para nosotros ni siquiera tiene de internet en carloso pedigree.

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Me debo estar haciendo mayor, veinte tacos son veinte tacos, en fin, me moveré a ver si encuentro al papelas y me pasa algo bueno. Por lo menos, esta noche, dejaré de darle la razón a mis viejos.

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LAJAETA LANDAKANDAREN ESTUASUNAK B

hASIER LARRETXEA

aratxuria xehatzen ari zarela, oxigenoa biriketara ezin eroate horrek labana, mahai gainean uztera behartzen zaitu. Eskua zintzilikatzera, marrumaka.

Negar tanten eztanda, tarrataren piroteknia. Garraxi etengabea, erraiak ahotik erditzear. Zornea, goi tentsioko kable guztiak dardarka. Emergentzia zerbitzuetara dei zezakeen. Bizitzara nolabait lotu; itzularazi. Arnasa eman. Saiatu. Zutitu. iPod larroxean Laja eta Landakandaren Gure estuasunak* 130 dezibelioetaraino ez balu. *http://www.youtube.com watch?v=tSnZHUAMYRQ

eS N É I U q hASIER LARRETXEA nació en 1982 en Arraioz, en el Valle de Baztan, Navarra. Actualmente vive en Madrid.

Ha obtenido el primer premio de poesía en la modalidad de euskera con Eguraldi lainotsua en el certamen literario Ciudad de Pamplona (2001), como en el certamen de poesía de la Universidad Pública de Navarra con el poema Aspaldian (2002). Ha publicado los poemarios Bazaudete? junto al ilustrador J.A. Perotxena (Metaziri, Elizondo,Navarra 2003) realizando presentaciones conjuntas y Azken bala/La última bala (Point deLunettes, Sevilla, 2008). Ha realizado performances para presentar este último con la actriz Zuriñe Fernández y el actor Zuri Negrín. Premio Francisco Ynduráin de las letras para escritores jóvenes de Navarra, 2008.

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Ha publicado poemas en los libros de Hatsa (Senpere, País Vasco del Norte) ; en la revista de poesía “H” y “Una vez en Pamplona/Iruñean behin”; en las revistas literarias “Maiatz” (Bayona, País Vasco del Norte), “Papeles mojados de río seco” (Sevilla), “Ostiela”(Arrasate, Guipúzcoa) y “Alex Lootz” (Madrid). También ha publicado poemas en la revista “Haritu” de “Lokarri”, red ciudadana por la consulta y el diálogo.


(bi mingain)

hASIER LARRETXEA

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LAANGUSTIA DELAJAETA LANDAKANDA

(ilustración de aNA pASTOR)

ientras picas el ajo, el no poder conducir el oxigeno a los pulmones te obliga a dejar el cuchillo encima de la mesa. A tender la mano, en un bramido.

La explosión del sollozo; la pirotecnia del desgarro. Grito interrumpido; las entrañas a punto de parir por la boca. Pus, todos los cables de alta tensión en un puño. Podría haber llamado a los servicios de emergencia. Amarrarte de alguna manera a la vida. Devolverte. Darte aliento. Intentarlo. Levantarse. Si no tuviera en su iPod rosa la canción “Gure estuasunak”* de Laja eta Landakanda a 130 decibelios. * “Nuestras angustias” http://www.youtube.com watch?v=tSnZHUAMYRQ

hASIER LARRETXEA Arraiozen, Baztango haranean, Nafarroan sortu zen, 1982an. Egun, Madrilen bizi da.

nOR dA?

Eguraldi lainotsua poemarioarekin Iruñea hiria euskarazko modalitateko poesia saria eskuratu zuen 2001ean. Aspaldian poemarekin, Nafarroako Unibertsitate Publikoko euskarazko poesia saria 2002an. 2003. urtean, J.A Perotxena ilustratzailearekin batera Bazaudete liburuxka argitara ematen du Metaziriren eskutik, elkarrekin hainbat aurkezpen eginez . 2008an, Azken bala/La última bala poemarioa Point de Lunettes argitaletxearen bitartez (Sevilla). Azken liburu hau Zuriñe Fernández eta Zuri Negrin aktoreekin aurkeztu du “performance”ak osatuz. Nafarroako idazle gazteendako Francisco Yndurain saria, 2008. Hatsako liburuetan argitara eman ditu poemak; “H” eta “Una vez en Pamplona/Iruñean behin” poesia aldizkarietan; Maiatz, Papeles mojados de rio seco, Ostiela eta Alex Lootz literatur aldizkarietan; bai eta, Lokarriren Haritu aldizkarian ere. Nabarra aldizkarian ipuinak eman ditu argitara.

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RETRATODE UNA PARANOIA CONPAUL McCARTNEY DENTROmIGUEL de

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áNGEL zAPATA Relato Inédito

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e mareo, con muuucha facilidad me ma-re-o. Todo me da vueltas, vueltas, vueltas. Sólo notar la aguja clavarse en mí y ya empieza el viaje, uuuhhh, el mundo entero dentro de mi alma, el mundo todito girando y veo entonces veo sin duda veo a la gente que baila y cantan creo que cantan, y los muebles y la televisión y los danzantes apareciendo y desapareciendo a cada vuelta que yo, que el mundo ooopppss se empeña en dar dando. Y la música no se detiene, sabes, ya la oigo sin orejas porque creo que yo no tengo orejas pero la oigo y yo no tengo brazos ni piernas pero me muevo, me mueven, la aguja clavada en mi piel dura y comienzan las ro-ta-cio-nes, y siempre siempre siempre la misma canción en mis oídos que están sin estar, siempre la misma, como incrustada en mi alma y no puedo dejar de repetir una y otra vez la misma frase incompleta imposible inconcebible entiendes pobre McCartney pero muérete puto Paul McCartney entiendes porque me has envenenado los días siempre tu voz dear Paul porque yo sólo hablo por tu boca tan inglesa te digo te digo que siempre repitiéndose la frase liverpooliana que no acaba de acabar cuando la aguja puro diamante esta aguja encuentra en mi surco la misma resistencia de vinilo rayado forever siemprísimo y entonces

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so f d e m e e s s le b u o tr Yesterday, all my so f d e m e e s s le b u o tr Yesterday, all my so f d e m e e s s le b u o tr Yesterday, all my so f d e m e e s s le b u o tr Yesterday, all my

qUIÉN eS

mIGUEL áNGE L zAPATA (Gra nada, 1974) e de Geografía jerce como p e Historia en rofesor la Comunida A nivel litera d de Madrid. rio centra su pro habiendo pu blicado hasta ducción en el género bre ve la fecha un li (Ternuras in bro de cuento , terrumpidas s – fabulario cas 2003) y dos i naïf-, Nuevo libros de mic s Autores, rorrelatos (B Traspiés, 20 aúl de prodig 07; Revelacio io s, nes y Magias Su trabajo c , Traspiés, 20 omo narrado 0 9 r ). h a premios (XII sido recono cido con num Certamen Li tera erosos Domingo Ga rcía de Relato rio Villa de Iniesta, Mem o ri , XI Premio de al Cabrera, VII Narrativa Mig Certamen de uel Relato Breve Algunos de s Melpómene… us cuentos y ). microficcion antologías d es se recoge el género (Fi ne cción Sur –a andaluces-, T ntología de re n raspiés, 200 la tistas 8; Perturbac relato fantás iones. Antolo tico español g ía a del c tual, Editoria 2009). Colab l Salto de Pá ora en revista gina, s y medios d crítica litera igitales en la ria (Spejism b o o res de s , Comentario miembro de sdelibros.co l Institutum m). Es Pataphysicu Asociación d m Granatens e Escritores is y de la y Artistas Es pañoles.

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MODO

DEPREPARACIÓN de S

mARCOS vASCONCELLOS

itúate dentro de una nevera vacía y recorre todas sus baldas, desolación. Sólo medio sobre de puré de patata en toda la casa, pobreza. No hace falta mirar el modo de preparación, un poco de agua a hervir, echas el sobre y listo, sabiduría. Te sientas a comer, tristeza. El puré es todo menos un puré, hastío. Pero te ha llenado el estómago, supervivencia.

S e N

mal 76) r dicho 9 o 1 j / e 2 1 m ( / ( 25 cribe rme NCELLOS ra, come o due de escribir. Es las O C S A v i n d S mARCO igual que resp able necesida dos los días e o t l t r a do o s Marcos iente la insop e lo que vemo rrio, en el mun r s b ) ba duerme lquier cosa, so as tiendas de l a n u a sobre c la televisión, e os... o se lo h r e m p n i e v a , i n v s ingu que uta calle al en el s y no acabó n onario y disfr ante e r r i e l i rea yud rera unc tres car odo un señor f fesión como a s libres ó i d u t s t o E s pr ato o bien. E s de su do sus r montad ilegios propio , compaginan hico que pasa lc riv tro de los p ción en un tea metrajes Es e que sin darnos o c y t s u r de prod ducción de co do en el metro s movimiento o a o r l t r s o p nue estr s con la ido a nu o cada uno de r para despué b i c r e p d e desa dedo lizan sta ana cede a su alre latos, a los qu s que e a t n e cu rore e su corta cosa qu eratura, en mic itas historias o cada do y que lit on n b n : o e f s l a o i l e r r i n o t lía e Trist do conver o como teza y melanco tástica el mun d a z i t u ha ba y fan e tris n algo d a observadora a r r e i c en rm en de fo b i r c s e d rodea. que nos

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CAPULLOiNÉSde

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e alimentó y le mimó, pero el vil gusano no dejó de ser capullo.

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IÉ U q

iNÉS mARTÍN nAVARRO Madrileña. Maestra de Educación Por la maña Infantil. na cuenta, p or la tarde En sus texto escribe. s casi siem pre se com asesinato, ete no sabe si p orque en su algún se esconde interior una gran d etective. o una crimin al en poten cia.

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MUÑECAS de cARLOS fRÜHBECK


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uando me pongo a jugar con miga de pan húmeda, siempre me acaba saliendo la misma muñeca. Piernas largas, pecho generoso y expresión de crueldad en el rostro. Todas mis muñecas de miga de pan se parecen a Julia y por eso las pongo a secar sólo después de haberles clavado cinco alfileres con la cabeza negra sobre el vientre.

qUIÉ

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metría, o t p O y ptica en do en Ó la Literatura y ORENO a m m K o l C p E i fRÜHB 7, es d ría de cARLOS Burgos en 197 pánica, en Teo lia y en His Nacido hina, Ita lología i C F n n e e s o o d njer licencia Comparada. ra Extra o de Lenguas a p l o a ñ r a Literatu ofesor de Esp el Centr lia). n e a j a pr ta ab Ha sido ctualmente tr d de Perugia (I to, sus obras A a . d ela Vietnam de la Universi esía y r o p e d as ios aide Modern e varios prem uan Alc J o i m d el e r r Ganado s son: uiler, (P e Lama 2005) y iso. q l a e d da os zd om publica laridad, Retrat tonio Gonzále y compr a i d r a n c u A ang Primera allos (Premio ura de v t i r c b s a e C , o: Una 2002) sto Alej u J o y a ens

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hora soy tuerto. Tenía dos ojos, uno clásico y el otro romántico. Tenía resuelto así el problema de mi dualidad estética, uno se maravillaba con la armonía de la creación, con las proporciones de la belleza, y el otro se inflamaba con la exaltación de la luz, con el misterio de la sombra, se dejaba llevar por el torrente de la pasión. Tenía dos y a veces no me bastaban, a veces no alcanzaban para beberse el mundo. Ahora soy cojo de un ojo. Pasó que andaba yo por la calle cuando crucé una mujer inolvidable que iba en dirección contraria, una belleza de otra clase, una aparición instantánea. Bastó verla y mi ojo saltó de su cuenca para irse tras ella, un poco lo entiendo, habrá sentido que era una ocasión única, la mirada de su vida. Yo me di la vuelta para ver con lo que me quedaba, lo que se me iba, la ninfa y la vista. La diosa perseguida por el globito saltarín. Pero al llegar a la esquina, cuando ella cruzó la calle, mi ojo dio por terminada su aventura y tomó el camino de regreso, yo lo veía venir con mi clásica mirada reprobatoria, saltaba por la vereda en dirección a mí, juraría que traía un aire orondo, satisfecho de sí mismo, orgulloso de su escapada, parecía un poco distraído en sus ensoñaciones.

S e N É I qU

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pOSIBLE cARLOS

Metido en el laberinto empecé a buscar el hilo de Minos, los cuernos de Ariadna, la salida posible, la entrada al misterio. Hice dibujos en las paredes para orientarme, escribí palabras en el suelo que sirvieran como claves que olvidaba instantáneamente, seguí la técnica de girar siempre hacia la izquierda, intenté la técnica Marechal de salir por arriba, me caractericé y actué de toro, de emboscador, hablé solo y en voz alta declamando versos ajenos, sospeché que todos los esFue entonces cuando quien lo miró a él fue el perro que fuerzos no eran para salir vive en la vereda de la cuadra, le llamó la atención su sino para entrar, que siempre vuelo regular, debe haberlo confundido con un insecto estamos afuera. A la corta o a zumbón, se le erizaron los pelos del lomo, se afirmó en la larga creí entender que no había paredes ni pasillos, que sus cuatro patas, frunció el ceño y aguzó el olfato, el laberinto es el mundo, que calculó la parábola y cuando el ojo dio su último pique en más vale dar un paso y después el suelo y alzaba vuelo a tres metros de mi cuenca vacía, otro y no importa demasiado la el perro abrió la boca, dio un pequeño saltito y se lo dirección porque la dirección la indica el corazón. comió. om/ logia.c .b o y o scom Ahora soy tuerto, luzco un elegante parche de cuero ancarlo t / :/ p t t h

negro. A ese perro le veo mala entraña, pero guardo hacia él un lejano sentimiento de parentesco.

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EL HUECO DEL OMBÚ de cARMEN gUZMÁN

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oracio está tumbado en la hamaca. A la sombra de un cielo destapado de recuerdos. Desde las lagunas de San Jorge nos llega el torpe chapoteo de los carpinchos. ¡Pampa argentina, sueño de otro tiempo! Anoche, cenamos bajo el magnolio que plantó la abuela Alejandra. Frente al milenario ombú, donde escondidos en sus huecos, ¿recuerdas?, jugábamos con nuestros cuerpos de niños, desafiando el misterio, heridos de sueños. A lo lejos, en el bosque de los arrayanes con sus troncos color canela, aún resuenan las notas del bandoneón de papá acechando al olvido. Una cotorra arrulla el silencio de los naranjos y los ciruelos que circundan la entrada a las cuadras. Horacio me mira y comprende.

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qUIÉN eS

cARMEN gUZ MÁN (otoño , años 60). Vivo en Mad rid. A mi pad re, le debo m Recuerdo la i pasión por s tapas azule la literatura s de Las mil como la mañ . y una noche ana en que n s , casi tanto ació mi hija Nunca olvid . aré la últim a papeleta d Hispánica. e la UNED de Filología He realizado cursos en Fu entetaja y p del Centro d articipo en lo e Poesía Jos s talleres é Hierro des Podría vivir, de su inaugu literariamen ra ción. te, con sólo en la “Contin jugar a la “R uidad de los ayuela” parques” co Pero me hab n mi amiga A ría perdido la na. soledad de G y el ric-ric d arcía Márqu el pájaro qu ez e le da cuerd entre mucho a al mundo d s otros. Y po e Murakami, r si acaso do sigo intenta blan las cam ndo saber q panas, u é escribiría (No sé quién si escribies lo dijo porqu e. e Vila-Matas He vuelto a a es un gran e mar. mbaucador) ”.

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(reseñas)

tÍTULO: El clavo en la pared aUTOR: jESÚS oRTEGA

eDITORIAL: Cuadernos del Vigía aÑO: 2007

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Su blog es posiblemente el más divertido, instructivo, surrealista y desconcertante de los blog dedicados al cuento en castellano. Por él pululan personajes como Declarado Demente, internado supuestamente en un sanatorio mental de Suiza (no será por sus razonamientos, de lo más acertados y nada superficiales), o escritores como Miguel Ángel Zapata (Menudos micros. Surrealismo en estado puro) y algunos otros que se enmascaran tras nombres como Bioiz o Valparaiso, además de amigos granadinos como Valeria y Cris. Cada entrada en ese blog es una invitación a la reflexión, trasciende el entendimiento para recalar, a veces, en un regenerante surrealismo o en una inflexión polarizada que genera un haz arco iris de luz discordante. Cualquier argumento es válido para iniciar un debate literario de profundidades abisales. Conocí recientemente a Jesús Ortega en una de mis frecuentes visitas a Granada. Tuvimos una charla que nunca olvidaré y simpatizamos en muchos de nuestros gustos literarios y en la manera de enfocar nuestros comunes proyectos narrativos. A modo de despedida, intercambiamos escrituras. El clavo en la pared (Cuadernos del Vigía, 2007), además del nombre de su blog, es el título de su libro de cuentos. Como no podía ser de otra manera, en esos cuentos está presente toda una tradición cuentística, desde Chéjov hasta Hemingway (así pone en la contraportada del libro, y así es en realidad). Los relatos que contiene el libro están llenos de pesadillas de la infancia, relaciones familiares o sentimentales no al uso, de magia, de secretos, de guiños al lector cómplice.

Así, en La segunda vez, uno de los cuentos que más me han gustado, podemos encontrar casi todos estos elementos (metaliteratura, secretos, infancia, magia, juegos psicólogos en los personajes). Es, además, una gozada dejarse llevar por una prosa envolvente, aunque te imagines qué es lo que va a ocurrir.

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reo que la primera vez que oí hablar de Jesús Ortega fue a raíz de hacerse eco del Manifiesto por el cuento. Entonces descubrí su blog: El clavo en la pared.

(reseñas) Dominan a mi entender tres aspectos en los cuentos de Jesús Ortega: el gusto por la trascendencia psicológica en sus personajes; la búsqueda de cierto surrealismo en la escritura (sin excesos, sin delirios. Así me explico yo lo del blog); y, fundamentalmente, el placer por recuperar ingenios literarios propios del cuento.

En El clavo en la pared, juega con el lector al tergiversando la psicología de los personajes, haciéndoles parecer lo que no son para descubrirnos la verdad al final; muestra su dominio de la teoría del iceberg y vuelve a recurrir a la familia como escenario de la trama. En Bésame, otro de los relatos que se quedan marcados en la mente del lector, anuda lo mágico y lo secreto para crear una atmósfera en la que se pierde la realidad de alguien que no sabe andar sin pisar el suelo, que está atrapado en la vida diaria y no contempla ni una mínima rendija a la ficción. Porque me siento identificado con el personaje y porque el título es ya, por sí solo, un micro, Los dedos del tiempo, será uno de los relatos que recuerde siempre. Yo también soy (he dicho “soy”, no “he sido”) “biblioclepta”. Una característica común en todos los relatos es que huye del llamado final explosivo. No busca sorprender al lector en la última línea. Se conforma con conmocionarlo, con dejarlo pensativo, al igual que su maestro y amigo, Andrés Neuman, en aquel maravilloso El último minuto. Son algunos ejemplos del buen hacer de Jesús Ortega. En el próximo libro, habrá muchos más, no lo duden.

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REZ gÓME

N gUTIÉR e eSTEBA

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(reseñas)

tÍTULO: Putas asesinas

aUTOR: rOBERTO bOLAÑO eDITORIAL: Anagrama

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aÑO: 2001

ste verano un amigo me recomendó encarecidamente, entre una lista interminable de autores, que leyera a Bolaño: tienes que hacerte con su novela Los detectives salvajes, dijo... Pero costaba demasiado para mi desfondado monedero, y no había edición de bolsillo en la librería, así que me decidí por Putas asesinas, más asequible en ese momento del año. Y acerté. A Roberto Bolaño lo imagino en silencio, pensativo, confuso a veces. Como diciendo: ¿qué hacer? Rascándose la cabeza mientras busca un cucharón en la caótica cocina de su apartamento de bcn. En otra imagen que me viene a la cabeza lo veo con trece años en la biblioteca pública de Ciudad de México peleando con la estricta bibliotecaria por no querer levantarse de la silla. Posiblemente ella le dice: Roberto, por favor, es la hora, tengo que cerrar para ir a comer, ¿no lo entiendes? El adolescente Bolaño le ruega: 25 páginas, sólo 25 páginas y termino Bajo el volcán, de Lowry. ¿Lo has leído? La bibliotecaria le guiña un ojo y se ríe y le deja la llave para que acabe con


(reseñas) recién llegado para impartir un curso de literatura creativa, con la directora del taller. “Últimos atardeceres en la tierra” es un bellísimo relato agridulce: la historia de un adolescente y su padre que viajan a la turística ciudad de Acapulco, donde el hijo da muestras de gran madurez a falta de un padre con la lógica que debiera. El cuento recuerda a la novela “Carreteras secundarias” del español Martínez de Pisón. El trasfondo de la historia es el mismo, un cuento de carretera, de adolescentes, aunque con distinto desenlace. En “Vagabundo en Francia y Bélgica”, adopta un estilo firme e inigualable; un escritor se pierde por París en librerías de viejo y encuentra, concretamente el nº 2 de la revista Luna Park.. El resto mejor lo leen ustedes. En “Prefiguración de Lalo Cura”, estamos ante un relato lleno de personajes siniestros, como un director de cine porno, narcotraficantes, hombres de negocios y artistas de cine, todos ellos dados a la mala vida, al misterio que encierra la vida, diría yo. Pero además aparecen en estos cuentos de Bolaño ex futbolistas, o poetas como Enrique Lihn, También pulula por las páginas Arturo Belano, el alter ego del escritor chileno, protagonista de su magnífica novela Los detectives salvajes. Por último, Roberto Bolaño en su original relato “Carnet de baile” , nos explica por qué razón no hay que dejarse embaucar por un poeta como Pablo Neruda. Así el lúcido chileno, en su propuesta nº 59 se hace una serie de preguntas para antes de dormir, como cualquier mortal antes de entregarse a los brazos de morfeo: “¿Por qué a Neruda no le gustaba Kafka? ¿Por qué a Neruda no le gustaba Rilke? ¿Por qué a Neruda no le gustaba De Rookha?”, o la mordaz afirmación nº 62: “si Neruda hubiera sido cocainómano, heroinómano, si lo hubiera matado un cascote en el Madrid sitiado del 36, si hubiera sido amante de Lorca y se hubiera suicidado tras la muerte de éste, otra sería la historia. ¡Si Neruda fuera el desconocido que en el fondo verdaderamente es!” Estamos, en definitiva ante unos relatos especiales de un escritor sugerente y original. Crónicas del buen hacer, de la literatura cercana y con garra. Y es que Bolaño, como dice mi amigo, es el mejor escritor chileno de su generación. Bolaño te enseña a leer. No lo pierdan de vista.

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Malcolm y cierre el pesado portón de la Casa de la Cultura, en el DF., donde Roberto Bolaño se come un pellejo de su dedo índice, nervioso por llegar al final. ¿Qué dice Bolaño sobre sí mismo? :”Nací en 1953, en Santiago de Chile. El año en que murió Stalin y Dylan Thomas...” Escritor y lector compulsivo. Su vida se confunde, se mezcla con la literatura. Existe una fusión total. Llega a Europa y ejerce innumerables oficios, como vigilante nocturno de un camping de Castelldefels, donde dice que gracias a su valeroso esfuerzo nunca hubo un robo o pelea. Y sigue escribiendo y leyendo, hasta que llega a Barcelona en los setenta buscando -dicen- a Teresa en “sus últimas tardes”, pero Teresa tenía asuntos más importantes que resolver y lo pasa mal, Bolaño. Como un auténtico escritor, vive en cuchitriles inhóspitos que asoman, inevitablemente a un patio interior gris y mugriento, donde cocina sopa de letras y otras recetas orientales. Persiste en su tarea de llegar a ser un gran escritor, y por supuesto que lo consigue. En el año 1973 regresa a Chile para defender al gobierno de Allende. Lo detienen, y después de dos días lo liberan gracias a la ayuda de dos detectives, curiosamente ex compañeros de correrías de Bolaño en Cauquenes. Vuelve a Barcelona y sobrevive a base de los premios obtenidos en certámenes literarios. De hecho, en uno de sus impecables relatos aborda la dura tarea del concursante literario, faena que concluirá para el propio escritor cuando Herralde comience a publicar su extensa obra. Putas asesinas, consta de 13 relatos. El cuento que da título al libro no tiene nada de morbo, ni de pornografía. Y, al igual que en la reciente película de Fernando León Princesas, donde las dos protagonistas ejercen la prostitución, el escritor chileno siente un gran respeto por las prostitutas. En una entrevista dice de ellas: “son trabajadoras esforzadas como las que más”. El personaje del relato habla de ellas como: “princesas que te buscan en la oscuridad, llorando, indagando las palabras que nunca podrán decir...” Pero hay mucho más en Putas asesinas. Está el relato “El ojo silva”, donde narra las peripecias de Mauricio Silva, apodado el Ojo Silva; fotógrafo, homosexual y crítico con la izquierda chilena. O el cuento “Gómez Palacio”, que versa sobre las aventuras extra literarias que mantiene un escritor

A pOPELKA

e rOXAN (reseña d

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HEMOS LEÍDO OJEPSE LED ODAL ORTO La

(reseñas y otras hierbas)

La tarde del dinosaurio de Cristina Peri Rossi. Tropo Editores. Con este libro de relatos Cristina Peri Rossi nos muestra como tiene acostumbrado, historias impregnadas de poesía, de la suya. Guiños al alma humana utilizando niños que nos enseñan a ser y a vivir. Bonitos cuentos en una elegante edición. No olviden leer el prólogo del “maestro”. Cuatro veces fuego de Lara Moreno. Tropo Editores. Esta cuentista urbana y actual, es además de una gran poeta una creadora de historias capaces de quemar y dejar huella. Relatos que se dejan leer con la misma frescura que su autora quiso plasmar en ellos.

(reseñas de rEYES mONJE)

Velocidad de los jardines de Eloy Tizón. Anagrama, 1992. Eloy Tizón nos regala este libro compuesto por once relatos; todos ellos independientes. Ocurren entre el pasado y un presente que no determinamos. Son relatos que abren sus puertas a mundos que sólo existen mientras cerramos los ojos y recordamos. Así pasamos por la etapa de estudiantes, nos subimos a un tren que intenta alejarse de una guerra, conocemos a alguien atrapado en el pasado y que sólo la muerte lo liberará, percibimos que nadie se muere para siempre, comprender que ‘nada’ es una flor pálida cuyo pensamiento es el suicidio. Imágenes de una vida en un tiempo no definido. Surrealismo dentro de un realismo que no siempre entiendes, y que sin embargo no sientes necesidad de hacerlo, todo mezclándose con un lenguaje pulido, poético, para adentrarnos hacia otras vidas.

“Cubriré de flores tu palidez” (fragmento), cuento incluido en Velocidad de los jardines. “Y nada explica por qué me fascina tanto la muchacha de palidez suicida en este local que va quedándose vacío, ya pronto cierran, y existe una relación entre la prostitución y las flores.” La nota rota de Francisco Javier Irazoki. Hiperión, 2009. Francisco Javier Irazoki nos invita a indagar en la vida y las notas de músicos como John Coltrane, Claudio Monteverdi, Sabicas, Leonard Cohen, así hasta cincuenta semblanzas. Va tejiendo acordes que muestran la existencia de esos seres entregados a la música entre la soledad, el aprendizaje, las drogas, las batallas interiores que deben de luchar para alcanzar, no siempre, un reconocimiento que satisfaga sus horas de desvelo ante las composiciones. Nos muestra el otro lado de unos seres que nosotros no conocemos. Todo envuelto en la armonía de la música que nos acompaña de fondo, esos sonidos que traspasan los renglones mientras leemos cada retrato. Vidas cosidas a una nota rota. “Janis Joplin” (fragmento) incluido en La nota rota. “Al miedo llamado Dios se le han pedido muchas cosas. Pero uno de los mejores cócteles de angustia, ironía y cinismo lo prepara Janis Joplin para solicitarle a la divinidad un coche Mercedes Benz. Y, sin que suene ningún instrumento en la canción, Janis mezcla los ingredientes de la bebida agitándolos con una risa final”. sILVA)

SÚS (reseñas de mª jE

Cuentos breves para leer en el bus. VVAA. Verticales de bolsillo. Grupo Norma. Nos pasamos la vida haciendo trayectos cortos, en tren, en autobús, en metro. Y entre viaje y viaje perdemos un tiempo en el que podemos viajar a otros lugares, otras situaciones y otras épocas. Este libro nos propone eso, viajar también con nuestra imaginación. Recopila una selección de relatos de los más destacados escritores de la literatura universal: Akutagawa, Mansfield, Maupassant, Wilde, Stevenson, Poe, London, son algunos de los que encontraremos y que se encargarán de hacer que nuestros pequeños viajes sean diferentes. Maximiliano Tomas, periodista y editor, es el responsable de esta antología para la que ha escogido los cuentos menos conocidos de los autores. Esto lo hace doblemente interesante. Buen viaje. RAS)

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AVEI (reseña de rOSA n


ento que recomendamos.

dicad@s al cu Espacios web y bitácoras de

aL OTRO LADO DEL ESPEJO

ENRED

(en red)

CIUDAD SEVA (http://www.ciudadseva.com/) Hogar electrónico del escritor portorriqueño LUIS LÓPEZ NIEVES. Es, sin lugar a duda, el espacio más completo dedicado al género breve. Cuenta con una larga lista de cuentistas nacidos antes de 1930 (por el tema derechos de autor, supongo) de los que ofrece muchos de sus cuentos en su integridad, amén de la poética del cuento de cada uno de ellos. En su biblioteca digital hallarás casi todo de Chejov, de Cortázar, Kafka, Ayala, Borges, Maupassant, Poe, Donoso y muchos más autores. EL SÍNDROME CHEJOV (http://elsindromechejov.blogspot.com/) Blog del escritor almeriense MIGUEL ÁNGEL MUÑOZ. Para mí es un referente en los blog literarios en castellano, dedicado en exclusiva al arte de la narración breve. Sus entrevistas a cuentistas en castellano del momento superan lo meramente informativo para adentrarse en lo profundo, en la raíz que motiva el cuento para cada autor. Para conocer la obra y el pensamiento literario de Andrés Neuman, Ignacio Ferrando, Hipólito G. Navarro, Carlos Castán, Víctor García Antón o Javier Sáez de Ibarra, entre otros muchos autores del momento. LA NAVE DE LOS LOCOS (http://nalocos.blogspot.com/) Blog del filólogo y crítico literario FERNANDO VALLS. Espacio cibernético de un especialista del microrrelato en el que encontraras información actualizada sobre el mundo de lo breve. Es un blog muy dinámico y de lectura diaria por sus actualizaciones.

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LOSILUSIONISTAS

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(ilustran este número)

LARES prestidigitadores Porque eso es lo que son, nuestros PARTICU ilustradores que de la imagen, amigos artistas, fotógrafos e talento para llenar han puesto sus ojos y sus manos y todo su de luz estos relatos. , VUESTRAS HUELLAS en ilusionistas, gracias por dejar vuestro sello al OTRO LADO DEL ESPEJO. pOR ESO CONTAREMOS AQUÍ QUIÉNES SOIS.

LIDIA LITRÁN (EN PORTADA) (Torremolinos, 1977) es diseñadora gráfica. Además del trabajo rutinario, cuando apura las horas, selecciona fotografías, corta, pega y dibuja en la pantalla. Ha colaborado en las revistas virtuales Axxón, Nueva Sinergia, Es hora de embriagarse con Poesía y Al otro lado del espejo. El verano pasado, expuso sus fotomontajes y diseños para camisetas en el Bukowski Club (Madrid). Pasa la mayor parte del tiempo bajo tierra y esquivando el exterior. Se deja ver en su blog http://pilotoyo.blogspot.com LETICIA vERA (Páginas 10 y 12) http://basurerodetinta.blogspot.com/ spectronia@hotmail.com

Experiencia profesional artística y literaria

(2009) Recital de poesía en el Círculo de Bellas Artes, presentada por Eugenio Castro y Lurdes Martínez. / (2008) Ilustraciones en la revista Lunas de Papel. / (2008) Portada y varias ilustraciones en la revista El Margen. / (2008) Colaboración con texto y fotografías en la revista Salamandra. / (2008) Ilustración de un texto de Vicente Muñoz en la revista The Children’s Book of American Birds. / (2008) Recital de poesía ubicado en la Red de Arte Joven de Madrid, presentada por Francisco Cenamor. / (2008) Publicación de varios poemas en la revista Lenguas de Fuego. / (2008) Publicación de poesía en la revista Shiboreth. / (2008) Ilustradora de portada del libro Éxodos. Estética y Teoría literaria. / (2007) Exposición colectiva de Jóvenes Artistas en Illescas (Toledo) / (2007) Exposición individual en el bar El Dragón Verde (Madrid). / (2007) Exposición colectiva en la tienda El Columpio, Madrid. / (2006) Exposición colectiva con obra pictórica y fotográfica en la Galería Idearte, Madrid. / (2006) Ilustraciones y parte de textos del libro Vampiras, con Editorial Jaguar. / (2006) Ilustración de la portada del libro Redivivos, Editorial Jaguar, Madrid. / (2006) Exposición colectiva con obras de fotografía en la galería Artépolis, Madrid. / (1999) Ayudante en las obras de restauración de la Parroquia de Illescas (Toledo).

aLBERTO rIVAS (Páginas 14 y 16) Fotógrafo y diseñador gráfico madrileño, colabora con autores jóvenes en todo tipo de espacios de creación poética y artística. Malasaña es su base de operaciones. Allí discurre gran parte de su tiempo entre recitales de poesía, rodaje de cortos, exposiciones de fotografía y otras actividades socioculturales. Gran retratista, su obra puede disfrutarse en http://www.photocritiq.com/folders?userid=294 áNGEL rODRÍGUEZ rOBLES (Página 28) (Illescas, 1980) ha pasado por varias academias así como por la Escuela de Artes de Toledo, obteniendo en Madrid la licenciatura en Bellas Artes. Ha presentado sus pinturas en múltiples exposiciones individuales y colectivas, y actualmente colabora en las páginas del fanzine cultural Creatura con su sección Episodios del Arte (el Atelier) y dibujando sus Episodios del Rock n’ Roll. Puedes ver su obra en: angelrodriguez-pintor.blogspot.com

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jUAN kALVELLIDO (Páginas 36 y 38) Ridíkulum Vitae. Juan Kalvellido, un dibujante salido de la klase obrera ke no ha dejado nunka de kreer en la revolución. Andaluz, nacido en Kádiz en 1968, kuando el mayo francés de los adokines, vive en Fuengirola (Málaga). Ha kreado fanzines a tutiplén; dibujado portadas para CD´s de grupos musikales, libretos, Kuentos infantiles, Novelas. Publika a diario en www.insurgente.org ; www.rebelion.org. www.kaosenlared.net ; www.larepublica.es y en mogollón de blogs ke reciben kada mañana un Kalvellido. Kolabora habitualmente kon revistas y periódikos komo Diagonal, El Viejo Topo, El Batracio amarillo, Mundo Obrero, El otro País y la de humor El Karma. Participó en la revista Ekologistas en acción, Monográfiko y kon todo el ke se lo pide. Kalvellido no tiene ni un pelo de tonto ( ni de listo, está kedándose kalvo, aunke, komo él dice, la diferencia entre un kalvo y un gilipollas es ke al gilipollas se le nota), es un padrazo y, por supuesto, repetimos, lo más inkreíble es ke aún kree en la revolución. Y más dibujikos en http://www.flickr.com/photos/arctarus/ http://www.kalvellido.net/ aNA pASTOR (Páginas 46 y 47) Nací en Avilés (Asturias) en 1979. Estudié ilustración en la Escuela de Arte de Toledo, continuando mi formación en Madrid, en un estudio privado. He realizado ilustraciones para las editoriales Oxford, Trabe S.L., AENOR y PBM. También he colaborado en revistas y fanzines realizando cómics. Lo que más me gusta es la ilustración infantil. Blog: http://anarpastor-ilustradora.blogspot.com Contacto: anastur06@hotmail.com

aL OTRO LADO DEL ESPEJO

(ilustran este número)

jOSÉ nAVEIRAS (Página 48) Hago fotografías desde los 15 años y ya tengo 43. Empecé con una Kodak Instamatic que me regalaron mis padres, aun creo que mi madre la guarda por casa. Después trabaje para comprarme mi primera reflex, una Yashica que he perdido en una de mis innumerables mudanzas, demasiadas mudanzas. Las fotografías que realizo son como poemas que trato de expresar en imagen. Son esas imágenes que no soy capaz de expresar en mi poesía (si, también escribo poesía y he publicado dos libros ya Poemas para berberechos y Pecado de silencio). Las cámaras para mi son cíclopes sin cerebro que me ayudan a expresar emociones, sentimientos, lamentos y risas. http://naveiras.carbonmade.com/ LUCÍA bARREDO (Página 52) (luciabarredo@hotmail.com) Licenciada en Publicidad y RR.PP. Trabaja como Diseñadora Gráfica y Web. Mantiene un blog (www.ladybotoni.blogspot.com) donde expone sus creaciones en fieltro, en esta ocasión se transforma en Lady Botoni.

bEATRÍZ cHAVES (Página 54) (Málaga, 1982) es una de las autoras que colaboran en esta novedosa publicación. Ilustradora y diseñadora gráfica, Beatriz compagina diferentes trabajos relacionados con la creación artística con su gran pasión, dibujar. Sus trabajos se encuentran repartidos en diversas salas y centros de exposición de la Península y Baleares, entre ellos, L’Espai Ramón LLull de Palma de Mallorca o el Centre d´Art Contemporani Addaya de Alaró. Actualmente se está doctorando en Dibujo por la Universidad de Granada. Mi cariño y apoyo a todos los autores andaluces.

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(agradecimientos y recepción de textos)

y podemos hacer otra cosa que agradecer una Los integrantes de al otro lado del espejo no aventurada EN POS DEL CUENTO HA RECIBIDO MIL VECES el apoyo que este sueño, esta iniciativa IDO ESCRITORES E ILUSTRADORES QUE NOS HAN CED LOS A CIAS GRA MIL , CIAS GRA OS. TOD DE TE POR PAR ELLOS NO SERÍAMOS NADA. gRACIAS TAMBIÉN A SUS TEXTOS, FOTOGRAFÍAS Y DISEÑOS, PORQUE SIN O HAN DADO ESPACIO Y TIEMPO PARA LLEVAR A CAB LAS LIBRERÍAS Y CENTROS CULTURALES QUE NOS TRA HOMBRES Y MUJERES QUE HAN DIFUNDIDO NUES NUESTRAS PRESENTACIONES, A LOS MEDIOS, A LOS ON ACCEDIDO DE ALGÚN MODO A LA REVISTA HACIÉND EXTRAÑA EXISTENCIA Y A TODOS AQUELLOS QUE HAYA GRANDE. LA CRECER CADA DÍA Y TRANSFORMÁNDOLA EN ALGO

al otro lado del espejo

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se alimenta de vuestros textos.

Es una ventana abierta para vosotros, cultivadores de lo breve. Envío de colaboraciones: revista.alotroladodelespejo@gmail.com Las colaboraciones deberán enviarse por correo electrónico como archivo adjunto y en formato Word. Los cuentos, microrrelatos y reseñas de libros, que serán originales (de eso se responsabiliza cada uno), tendrán una extensión máxima de dos DIN A-4 por una sola cara (cuento) y 200 palabras (microrrelato), escritos a 1,5 espacios en letra Times New Roman de 12 ptos. Cada autor podrá enviar cuantos cuentos o microrrelatos crea conveniente, aunque su envío no compromete a esta Redacción a su publicación. No obstante entrarán a formar parte de nuestro archivo de originales para próximas ediciones, previo consentimiento vuestro. En su momento, los órganos de selección de la revista decidirán sobre la publicación o no de los originales recibidos, independientemente de colocarlos en el blog. Los textos publicados en esta revista son propiedad de sus autores y están debidamente protegidos conforme a la legislación internacional. No pueden ser reproducidos sin permiso expreso por escrito de los autores.

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Revista AL OTRO LADO DEL ESPEJO Nº1  

Revista /AL OTRO LADO DEL ESPEJO / Nº1 En esta ocasión contamos con: Guy de Maupassant,Ricardo Pligia,Hipólito G. Navarro, Lorenzo Silva,Ca...

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