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UNA CASA TRANSPARENTE Alegatos a una Conversación Interrumpida Almudena Anés


- No me estás escuchando. - Nunca has sido capaz de vivir en una casa con las paredes calientes. Elegiste el frío, como siempre. - No escuchas nada de lo que te digo. - ¿Para qué? Ya sé lo que me vas a decir. - Mi vida es un cubo blanco donde he cimentado mi casa. Siempre lo has sabido y me dijiste que me querías, que me amabas… Nunca te mentí. Siempre supiste cómo era. Y decidiste quedarte. - ¿Quedarme? Amaba a otra persona, no al fantasma en el que te has convertido. Tocarte es sinónimo de hielo. - Entonces vete, márchate y cierra la puerta cuando te vayas. - ¿Es así como lo arreglas todo? - Sabes quién soy. - Ya no… - ¿Entonces a qué esperas? - Espero a que me abraces y me digas que tu cuerpo sigue siendo carne. Espero que abandones tu coraza y me vuelvas a hacer el amor. Apenas recuerdo cómo era tu piel. - ¿Quieres que llore? - Si así demuestras que sigues siendo humano, sí. - No voy a darte el gusto. Prefiero que te vayas. No vas a entender nada de lo que te diga. - No soy sorda. - No tienes sensibilidad. - La que llora ahora soy yo. - No hay nada más que decir. - Tú tampoco sabes escuchar. Sólo escuchas tu propio dolor. Nadie tiene la culpa de que muriera nuestro hijo.


- ¿Has comprado salsa de tomate? - No había en el supermercado. Estaba todo vacío. Comprar es ver cómo actúa la gente. - ¿Ya estás con tus teorías conspiratorias? - Tú sólo observa y verás que las personas son como insectos bien vestidos. Hormigas porque trabajan, gusanos porque se arrastran, cucarachas porque se esconden… Sólo hay que saber mirar y se nos cae a todos la máscara. - A veces me das miedo… - ¿Y no te da miedo la sociedad? El resto, esos otros que viven junto a ti, son ellos quienes deberían aterrarte. - Espero que la guerra acabe pronto. Se te está yendo la cabeza. - ¿Y volver a la universidad para que me hagan una persona normal? - Quizás sí, sería lo mejor. ¿No quieres terminar tus estudios? - Quiero aprender pero no ser adoctrinado. - Entonces vuelve a nacer y búscate un nuevo mundo.


- Deja de gritarme, por favor, no estoy yo aquí para aguantar tu rabia contra el universo. Te crees el centro de una vida que ni siquiera te pertenece y encima ordenas a los demás. Te crees mejor que todos nosotros. - Soy mejor que vosotros y lo sabéis. Estoy harta de aguantar vuestra pasividad ante todo. Vais dejando pasar el tiempo y no podéis levantar la cabeza de vuestras pantallas para tontos. Os manejan constantemente y ni os enteráis. - ¿Y qué sugieres tú? Venga, va, dime. ¿Quemamos todo? ¿Explotamos el edificio como dijiste en la reunión? ¿No te das cuenta de que es una completa locura? - Locura es seguir manteniendo un sistema que nos hunde. - La violencia tampoco es la solución. - Todos en el partido decís lo mismo. Repetís las mismas palabras como si no fueseis capaces de pensar nada más. Si queréis cambios, hay que forzarlos. - Si sigues así, nos llevarás a la ruina. - ¿Eso piensas? ¿En serio? - Sí… Me rompe el corazón verte así. - No empieces con eso… Nuestras diferencias políticas no cambian la relación que existe entre nosotras. - ¿No? Eres una idealista y al final te acabarán matando por tu radicalismo. - No me importa morir por lo que creo. - Pues yo no pienso enterrarte. - Entonces déjame tranquila y vete con los otros. Continuad teorizando en vuestro partido de juguete mientras yo hago los cambios necesarios.


- Esta no es sólo tu lucha. - ¿Y por qué me siento tan sola? - Porque nos has apartado a los demás de ti. - Vosotros os habéis rendido. - Sabes que nunca te dejaría tirada. - Ya lo has hecho. - Te amo. - ¿De qué sirve el amor si no me apoyas cuando te necesito?


- El amor no tiene edad. - ¿Pero a ti de verdad te parece normal esto? Que te saca veinte años, que está casado, que tiene hijos pequeños y tú vas a destrozar su familia. - ¿Yo? ¿Por qué siempre tiene la culpa la mujer, mamá? ¿Puedes explícarmelo? - Tú eres la que quiere estar con él. - Él me ama. - ¿Te lo ha dicho? - Sí. - Con la boca pequeña entonces. - Nunca has confiado en mí. Tampoco has sido lo suficientemente valiente para apoyarme en nada. - ¿A qué viene eso ahora? Me preocupo por ti. - No sabes quién soy ni lo que quiero. Soy tu hija como podría ser cualquier otra persona. Sólo estás tú y tus opiniones y tus ideas y tu estupidez. - Basta, para, me estás haciendo daño… Ese hombre te va a destrozar y tú no lo ves pero yo sí porque soy tu madre y soy más mayor y sé cómo es la vida. - Y yo nací ayer, ¿no? Yo nunca me entero de nada, ¿es eso? - No… ¿Por qué haces todo tan difícil? - Eso podría preguntártelo yo a ti. Somos felices y te empeñas en rasgarme la seguridad para que al final haga lo que tú quieres… Siempre es así. No hay alternativa. - ¿Cómo puede haberte cegado así el amor? Te creía una persona inteligente.


- Siento romperte los esquemas, mamá, pero nos amamos y no me importa que sea mi profesor ni lo que vayan a decir todos los demás. Quizás es una locura pero es mi decisión… No necesito tu permiso para amar. - Estás loca. - Sí. - Pues muy bien… Yo no pienso quedarme a ver cómo te caes para recoger luego los pedazos rotos… Te dejo a tu suerte. - No vuelvas a llamarme, por favor, sólo sabes calentar la cabeza y enfriar el corazón.


- Voy a beberme hasta el agua de los floreros. - Vaya manera de comenzar la noche, ¿no? No son ni las doce y ya te has empinado dos de mis mejores vinos. - Vivir no tiene sentido. - ¿Puedo preguntar por qué? A mí la vida me parece preciosa. - Eso lo dices desde el otro lado de la barra. Miras tu negocio y te sientes poderoso porque piensas que tienes cosas… Pero algún día te darás cuenta de que todo era una gran ilusión, una terrible mentira. - No lo sé, no puedo decirte qué va a suceder mañana. Sólo sé poner copas… Este es mi reino, el espacio de resistencia feliz que he llamado hogar. Aquí no hay sitio para los lamentos vacíos. - ¿Perdón? - Lágrimas de cocodrilo. Eso digo. - No me conoces. - No hace falta. Bebes y lloras mientras te abrazas a una caja llena de objetos de una vida que ya ha pasado o todavía puedes alcanzar. En vez de tomar una decisión, te quedas aquí mirando a la nada. Tal vez piensas que alguien arreglará tus problemas por ti pero el corazón es el único que no tiene reloj. Si aún te queda alguna oportunidad, quema el último cartucho. - Ella ya no ama. - ¿Sabe que la quieres? - Ponme otra botella. No me apetece hablar.


- Los relojes se han roto. Mira qué desastre. Uno marca una hora y el otro, otra distinta… Qué lástima. - El tiempo pasa para todos, mi amor. - No me gustan que las cosas cambien. - Lo sé, por eso te quiero. Me gusta cómo arrugas la nariz cuando algo te da miedo. - ¿Amas mi debilidad? - Siempre. Por eso soy fuerte contigo. Juntos. - Algún día los relojes seremos nosotros. - ¿Qué quieres decir? - El tiempo se descompensa con el propio tiempo. Un día yo seré un reloj que marca una hora distinta a la tuya. Estaremos separados, desequilibrados, solos. - ¿Tanto te preocupa el futuro? - Más rabia me da la soledad. - No pienses en cosas que aún no han ocurrido ni sabes si van a ocurrir. - Pero ya han pasado, ¿no lo ves? Mira estos relojes. Cuando nos mudamos hace cinco años, los ajustamos a la vez bajo la promesa de que siempre darían la misma hora, que estarían acompasados. Cinco años después, miras cómo ha ido sucediendo la vida y te das cuenta de que todas las palabras que nos dijimos entonces no valen de nada. Son aire. - Me estás asustando. ¿Qué pasa? - Pasa que los relojes somos nosotros, mi amor. - Yo te amo. Mis sentimientos nunca han cambiado… - Sé que tienes una aventura.


- ¿Por qué sigues comprando flores para una tumba vacía? - Los cenotafios también tienen derecho a la tristeza, al recuerdo. - El olvido existe para eso justamente: para olvidar los huecos y dejar pasar el tiempo hasta que ya no duela. - Si tanto te molesta que venga al cementerio, no hace falta que me acompañes. No es necesario. Además, siempre andas quejándote. - Me quejo para que dejes de comportarte como una víctima. - ¿Es así como me ves? Claro, tengo yo la culpa de que nunca encontraran el cuerpo de tu padre en alta mar, ¿no? - No quería decir eso y lo sabes… Estoy harto de que me duela alguien que no está. - El dolor es como tener un miembro cercenado: presente pero invisible.


- ¿Vemos una película? - Claro. Elige tú. - ¿Te apetece ver una comedia? - La risa nunca sobra. - Te quiero. - Yo también a ti. - Voy a hacer palomitas.


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Una Casa Transparente  

Conversaciones de lo cotidiano: amor y dolor.

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