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INTEGRAR OFICIOS EN EL TEMPLO Y PROCESIONES EN LA CALLE Nos acercamos a una Semana llena de intensidad religiosa. Cada primavera nuestra ciudad de Baeza se vuelve inquieta con la preparación de la Semana Santa. Es curioso calificarla de “Santa”. ¿Por qué la llamamos Santa? ¿De dónde le viene este sobrenombre? Creo que es fácil la respuesta; en esta Semana recordamos los misterios fundamentales de nuestra fe: la Muerte y Resurrección de Jesús. Es una Semana “Santa” por el personaje central, por el protagonista principal de ella: Jesús de Nazaret, Cristo Salvador. La piedad popular y la fe sencilla de nuestro pueblo ha querido expresar su agradecimiento a la muerte salvadora de Jesús, sacando a hombros, como victorioso, a Aquel que nos ha salvado. Y surgen así los pasos de Semana Santa: son expresiones populares de los misterios de nuestra redención, sugeridos desde el Evangelio. Además la culpa y el perdón implorado provocará penitentes detrás de Cristo padeciendo, del Crucificado, en un grito silencioso de querer decir en público: yo soy pecador, y por mí sufrió y murió Cristo. La piedad popular ha sabido unir al dolor del Hijo, el inmenso dolor de la Madre: María acompañará silenciosa, como penitente voluntaria desde un corazón inmaculado y sin pecado, el paseo del Hijo por nuestras calles. Es la Virgen, como Madre del Amor, de la Soledad, de los Dolores, Reina de los Cielos. LAS HERMANDADES Y COFRADIAS Nuestras Hermandades y Cofradías, “Asociaciones de fieles cristianos conscientes de su pertenencia a la Iglesia”, han sido durante siglos uno de los cauces importantes para la manifestación pública de la fe de nuestro pueblo sencillo. Gracias a su poder de convocatoria y a su forma de expresar los sentimientos religiosos , han hecho realidad en muchas personas las palabras de Jesús: “Yo te bendigo, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños”. Sin embargo, en una sociedad que vive dando la espalda a Dios, el riesgo de la secularización , ha llegado a muchas de nuestra instancias de nuestro pueblo; y con ella el peligro de “vaciar de contenido cristiano” una serie de expresiones de fe, que pueden quedar simplemente como manifestaciones culturales o folklóricas. La Semana Santa concita muchas voluntades y a veces intereses. Pero no podemos dejar que nos secuestren su sentido más profundo. Celebramos junto a María el Misterio de la Muerte y Resurrección de su


Hijo. Es la expresión máxima de nuestra fe, con la idiosincrasia de nuestro pueblo. Es un fiesta cristiana, en la que expresamos profundos sentimientos de dolor y de gozo, de muerte y de vida. Pero sin la fe puede quedar simplemente en un mero espectáculo. Hay que dar y vivir el sentido profundo de la Semana Santa; y ello sólo es posible, si la mayoría de los hermanos y cofrades miramos a los sagrados titulares y descubrimos en ellos el Misterio profundo de nuestra fe, la gran herencia de nuestros mayores y la que administramos para dejar enriquecida a nuestros generaciones futuras. En la Semana Santa vale la pena, pues, que los cristianos, cofrades o no, vivamos “como santos”, en una dignidad de vida asistiendo y participando en las procesiones con decoro y sentido profundo de fe. Pero sobre todo, en estos días centrales de nuestra fe, debemos esforzarnos por celebrar devotamente en templos parroquiales los Oficios de Jueves, Viernes y Sábado de gloría. Son los días más importantes del año para el cristiano, que hemos venido preparando a lo largo de la Cuaresma. ¡OJALA SEPAMOS COMPAGINAR CADA AÑO MAS LOS OFICIOS EN LOS TEMPLOS Y LAS PROCESIONES EN LA CALLE ¡ La rica expresión popular de la fe que se expresa en los pasos procesionales, debe tener la fuente de vida espiritual en los Oficios del Triduo Santo, celebrados con las comunidades parroquiales. Manuel Peláez Juárez, párroco de San Pablo


Integrar oficios en el templo y procesiones en la calle  

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