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Viene de ense帽arnos la p pasi贸n de vivir, ahora nos va a demostrar la pasi贸n de morir.


ás, el Sumo Sacerdote de aquel año, el que pronunció la frase, que puede ser amente histórica, pero que es además una declaración política y una terrible verdad a, cuya maldad atraviesa los tiempos y las naciones: “C “Conviene i que muera un hombre h b y no todo t d ell pueblo” bl ”

un buen político; no se lleva mal con los romanos, siempre que éstos no ofendan los preceptos (más de la Ley. La situación política les va bien a los saduceos, colaboracionistas con Roma. La paz es d decir, i ell sometimiento ti i t a R Roma sin i rebeldías, b ldí h hace prosperar ell negocio i d dell T Templo l y sustenta t t lla ión de los Sacerdotes.

Jesús p prospera, p si el Templo p pierde p importancia, p si la religión g exterior, los sacrificios, quías, dejan de tener importancia; si los importantes son los pobres, si la religión es omer al hambriento, si los samaritanos y los publicanos y las mujeres son tan ntes como los Sumos Sacerdotes, se acabó el negocio, la importancia, el poder. Caifás to muy bien. bien Y conviene que muera Jesús para que todo eso suceda suceda. Pero Caifás lo mejor aún: identifica sus propios intereses con los del pueblo. No es el pueblo el que peligro sino su status privilegiado. Pero Caifás los identifica.

matar a Jesús, por razón de Estado, es decir, por conveniencia del que maneja la n y se aprovecha de ella. Vieja y perversa estrategia de políticos sin entrañas. e que muera”. ¿A quién le conviene?, ¿a los pobres, a los ciegos, a los leprosos, a las las personas honradas que esperan la liberación? Que muera Jesús le conviene conviene, le muchísimo, es cuestión de vida o muerte, para las más perversas de todas las alianzas: a del poder político, el poder económico y el poder religioso.


Entonces uno de los doce, el llamado Judas Iscariote, fue a ver a los jefes de los sacerdotes,, y les dijo: j –¿Qué me dais si os lo entrego? Ellos le ofrecieron treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando ocasión p para entregarlo. g

Comienza la semana grande, la semana del dolor y del amor de la muerte y de la vida.


r día de la fiesta de los panes sin levadura se acercaron los discípulos a Jesús y le ron: e quieres que te preparemos la cena de pascua? stó: ciudad, a casa de Fulano, y decidle: «El maestro dice: Se acerca el momento, y quiero la cena de pascua en tu casa con mis discípulos». ieron i llo que Jesús ú les l h había bí mandado d d y prepararon lla cena d de pascua. All atardecer, d se puso a con los doce, y mientras cenaban les dijo: uro que uno de vosotros me va a entregar. ristecidos, se pusieron a decirle uno por uno: , Señor? pondió: come en el mismo plato que yo, ése me entregará. El Hijo del hombre se va, tal como está e él; él pero ¡ay ¡ d de aquél él que entrega all Hij Hijo d dell h hombre! b ! ¡Má ¡Más lle valdría ld í a ese h hombre b no cido! s preguntó Judas, el traidor: acaso, maestro? e respondió: as dicho.


s cenaban, Jesús tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio a sus os, diciendo: d y comed; esto es mi cuerpo. p uego una copa y, después de dar gracias, se la dio diciendo: todos de ella, porque ésta es mi sangre, la sangre de la alianza, que se derrama os para el perdón de los pecados. Os digo que ya no volveré a beber del fruto de la a el día en que lo beba con vosotros, nuevo, en el reino de mi Padre. és de cantar los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos.

El g grano de trigo g está cayendo y en la tierra y va a morir. La levadura se está escondiendo en la masa. Para eso ha venido, para que tod@s puedan comer,


es Jesús les dijo: ais a fallar por mi causa esta noche, porque está escrito: Heriré al pastor, y se arán las ovejas j del rebaño. Pero después p de resucitar, iré delante de vosotros a

e respondió: ue todos fallen por causa tuya, yo no fallaré. dijo: guro que esta misma noche, antes que el gallo cante, me habrás negado tres

e replicó: li ó ue tenga que morir contigo, no te negaré. mo dijeron todos los discípulos.


s fue Jesús con ellos a un huerto llamado Getsemaní, y les dijo: s aquí mientras voy a orar un poco más allá. nsigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo; comenzó a sentir tristeza y angustia, y les dijo: una tristeza t i t mortal; t l quedaos d aquíí y velad l d conmigo. i avanzando un poco más, cayó rostro en tierra y estuvo orando así: mío, si es posible, que pase de mí esta copa de amargura; pero no sea como yo quiero, sino ieres tú. onde estaban los discípulos y los encontró dormidos. Entonces dijo a Pedro: ue no habéis podido estar en vela conmigo ni siquiera una hora? Velad y orad, para que acer frente a la prueba; que el espíritu está bien dispuesto, pero la carne es débil. nda d vez se alejó l jó y volvió l ió a orar así: í mío, si no es posible que pase sin que yo la beba, hágase tu voluntad. y volvió a encontrarlos dormidos, pues sus ojos estaban cargados.

do es un enorme Getsemaní, donde muchas personas sufren hambre,


y volvió a orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. Entonces volvió donde os discípulos y les dijo: í estáis ía tái d durmiendo i d y descansando? d d ? Ha H llegado ll d lla h hora y ell Hijo Hij d dell h hombre b va a ser o en manos de los pecadores. Levantaos, vamos. Ya está aquí el que me va a entregar. ba hablando Jesús cuando llegó Judas, uno de los doce, y con él un gran tropel de gente das y p palos,, enviados p por los jjefes de los sacerdotes y los ancianos del p pueblo. El traidor les do esta señal: «Al que yo bese, ése es; prendedlo». Nada más llegar, se acercó a Jesús y le

maestro! . dijo: haz lo que has venido a hacer.

esús siempre, y más en las situaciones difíciles, se refugia en la oración. esiona la soledad de Jesús. En vano vuelve a buscar consuelo en sus amigos.


s, se adelantaron, echaron mano a Jesús y lo prendieron. Uno de los que estaban con Jesús spada y, dando un golpe al criado del sumo sacerdote, le cortó una oreja. dijo: tu t espada, d que todos t d los l que empuñan ñ la l espada, d perecerán á a espada. d ¿O crees que no udir a mi Padre, que pondría a mi disposición en seguida más de doce legiones de ángeles? ómo se cumplirían las Escrituras, según las cuales tiene que suceder así? dirigió g a la g gente y dijo: j salido a prenderme con espadas y palos como si fuera un bandido. A diario he estado do en el templo, y no me apresasteis. Pero todo esto ha ocurrido para que se cumpla lo que on los profetas. s todos t d los l di discípulos í l llo abandonaron b d yh huyeron.

Jesús no viene a predicar verdades generales, religiosas o morales,


apresaron a Jesús lo llevaron a casa del sumo sacerdote Caifás, donde estaban reunidos los s de la ley y los ancianos. Pedro lo siguió de lejos hasta el palacio del sumo sacerdote; entró ó con los criados para ver en qué paraba la cosa. Los jefes de los sacerdotes y todo el b buscaban b una acusación ió ffalsa l contra t J Jesús ú para condenarlo d l a muerte. t P Pero no lla ron, a pesar de que se presentaron muchos testigos falsos. Al fin comparecieron dos, que on: dicho: «Puedo derribar el templo p de Dios,, y reconstruirlo en tres días». sacerdote se levantó y le dijo: pondes nada contra esta acusación? ús callaba.

Jesús p podía haber dado respuestas p elocuentes y convincentes, podía haber pronunciado un gran discurso, podía haber puesto en ridículo a sus acusadores. Su opción no es el triunfalismo.


El sumo sacerdote le dijo: –Te conjuro por Dios vivo; dinos si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios. J ú le Jesús l respondió: dió –Tú lo has dicho; y además os digo que veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del Todopoderoso, y que viene sobre las nubes del cielo. Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras y dijo: –¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué os parece? Ell respondieron: Ellos di –Es reo de muerte.

oble jjuicio,, p político y religioso, g , que q Jesús padeció p fue la expresión p de la ticia. Lo mataban sencillamente porque ponía en riesgo la credibilidad del ema religioso, político y económico. Pero no organizando revueltas populares,


s se pusieron a escupirle en la cara y a darle bofetadas; otros lo golpeaban, diciendo: adivina quién te ha golpeado. taba afuera, sentado en el patio. Se le acercó una criada y le dijo: bié estabas bién t b con J Jesús, ú ell G Galileo. lil o negó ante todos, diciendo: e qué me hablas. pués al p p portal,, lo vio otra criada y dijo j a los q que había allí: daba con Jesús de Nazaret. gunda vez negó con juramento: onozco a ese hombre. spués é se acercaron a P Pedro d los l que estaban t b allí llí y le l dij dijeron: duda de que tú eres uno de ellos; se te nota el acento. s él se puso a echar imprecaciones y a jurar: nozco a ese hombre! tamente cantó un gallo. Pedro recordó lo que Jesús le había dicho: «Antes que cante el e habrás negado tres veces». Y saliendo afuera, lloró amargamente.

o le entra el pánico cuando le descubren. Pronuncia las palabras más tristes que puede decir quien sigue a Jesús: “no conozco a ese hombre”.


se hizo de día, todos los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo tomaron la de matar a Jesús. Lo llevaron atado y se lo entregaron a Pilato, el gobernador. Mientras das, el traidor, al ver que lo habían condenado, se arrepintió y devolvió las treinta de d plata l t a los l jefes j f de d llos sacerdotes d t y a llos ancianos i di diciendo: i d ado entregando a un inocente. licaron: otros q qué? Allá tú. en el templo las monedas, se marchó y se ahorcó. Los jefes de los sacerdotes tomaron las y dijeron: ueden echar en el tesoro del templo, porque son precio de sangre. sd de d deliberar, lib compraron con ellas ll ell campo d dell alfarero lf para sepultura lt d de llos fforasteros. t aquel campo se llama hasta hoy «Campo de sangre». Así se cumplió lo anunciado por el eremías: Tomaron las treinta monedas de plata, precio de aquel que fue tasado por los Israel,, y compraron p el campo p del alfarero,, según g lo q que me mandó el Señor.

mpo del alfarero

L@s creyentes afirmamos que la historia de Judas y de Pedro –traidores traidores--, e los discípulos –cobardes cobardes--, la de tod@s nosotr@s -¿nos creemos mejores que ellos?ellos?-, está á en manos de d Dios Di y Dios Di la l va haciendo, h i d a pesar de d todo, d historia hi i de d salvación. l ió Jesús crucificado nos lleva a esperar que también para quienes crucifican la última palabra será el perdón. “Padre, perdónalos... (Lc23,34).


mpareció ante el gobernador, y éste le preguntó: ú el rey de los judíos? pondió: ices. ices. a respondió a las acusaciones que le hacían los jefes de los sacerdotes y los ancianos. s Pilato le preguntó: es todo lo q que dicen contra ti? o le respondió, de suerte que el gobernador se quedó muy extrañado. sta, solía el gobernador conceder al pueblo la libertad de un preso, el que ellos quisieran. tonces un preso famoso, llamado Barrabás. Así que, viéndolos reunidos, les preguntó

n queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, el llamado Mesías? daba cuenta de que lo habían entregado por envidia. ún en el tribunal cuando su mujer j le envió este mensaje: j metas con ese justo, porque esta noche he tenido pesadillas horribles por su causa. de los sacerdotes y los ancianos persuadieron a la gente para que pidiese la libertad de y la muerte de Jesús. El gobernador volvió a preguntarles: nd de llos d dos queréis q éi q que os suelte? lt ? ieron ellos: abás.


guntó de nuevo: ago entonces con Jesús, el llamado Mesías? eron todos: alo!

ué mal ha hecho? gritaron más fuerte: alo! ato que no conseguía nada, sino que el alboroto iba en aumento, tomó agua y se lavó las manos ante el ciendo: ago responsable de esta muerte; allá vosotros. ueblo respondió: s y nuestros hijos nos hacemos responsables de esta muerte! les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, se lo entregó para que fuera crucificado. Los del gobernador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron en torno a él a toda la tropa. Lo desnudaron y le or encima un manto de color púrpura; trenzaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza , y en su mano derecha; luego se arrodillaban ante él y se burlaban, diciendo: ey de los judíos! an, le quitaban la caña y lo golpeaban con ella en la cabeza. Tras burlarse de él, le quitaron el manto, le us ropas, y lo llevaron para crucificarlo.


salían, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y le obligaron a llevar la cruz Al llegar al lugar llamado Gólgota, esto es, el lugar de la Calavera, dieron a Jesús vino o con hiel para que lo bebiera, pero, después de probarlo, no quiso beberlo. Los que lo ron se repartieron ti sus vestidos tid echándolos há d l a suertes. t Y se sentaron t allí llí para custodiarlo. t di l cabeza pusieron un letrero con la causa de su condena: «Este es Jesús, el rey de los Al mismo tiempo crucificaron a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda. Los ban p por allí lo insultaban meneando la cabeza y diciendo: destruías el templo y lo reedificabas en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, a cruz.

fue polémico contra las normas de pureza, ante toda clase de doctrinas y normas 1-23). Fue polémico frente a lo más sagrado del sistema religioso: el templo. A Jesús lo eron, juzgaron, condenaron y ejecutaron por su vida, sus enseñanzas y su conducta.


mo los jefes de los sacerdotes, junto con los maestros de la ley y los ancianos, se burlaban endo: salvó, y a sí mismo no puede salvarse. Si es rey de Israel, que baje ahora de la cruz, y os en él. él Ha H puesto t su confianza fi en Dios; Di que llo lib libre ahora, h sii es que llo quiere, i ya que oy Hijo de Dios». s ladrones que habían sido crucificados junto con él lo insultaban. mediodía toda la región g q quedó sumida en tinieblas hasta las tres. Hacia las tres gritó g Jesús potente: ¿lemá sabaktani? Que quiere decir: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? de los que estaban allí, al oírlo, decían: mando d a Elí Elías.

Es un grito de verdadera angustia, pero al mismo tiempo expresa el deseo de asirse a Dios contra toda esperanza, p , de reivindicar a Dios como Dios mío, aunque, a veces, lo sienta ausente. Dolor y esperanza. Comunión con los sufrimientos humanos y esperanza en el Dios de la vida. El “abandonado” se abandona en las manos del Padre.


da, uno de ellos fue corriendo a por una esponja, la empapó en vinagre y, sujetándola en , le daba de beber. Los otros decían: amos a ver sii viene i Elí Elías a salvarlo. l l dando de nuevo un fuerte grito, entregó su espíritu. Entonces, el velo del templo se rasgó artes de arriba abajo; la tierra tembló y las piedras se resquebrajaron; se abrieron los s y muchos santos q que habían muerto resucitaron,, salieron de los sepulcros p y, después p de s resucitó, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos. El centurión, y los que con él custodiando a Jesús, al ver el terremoto y todo lo que pasaba, se llenaron de miedo y

eramente éste era Hijo de Dios. Dios

erte de Jesús en cruz es la consecuencia de una vida en el servicio radical ticia y al amor; es secuela de su opción por los pobres y los desheredados;


mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea para asistirlo, contemplaban a desde lejos. Entre ellas, estaban María Magdalena y María, la madre de o y José, y la madre de los Zebedeos. la tarde, llegó un hombre rico, llamado José, natural de Arimatea, que también a hecho discípulo de Jesús. Este José se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de ilato mandó que se lo entregaran. José tomó el cuerpo, lo envolvió en una limpia y lo puso en un sepulcro nuevo que había hecho excavar en la roca. Rodó dra grande a la puerta del sepulcro y se fue. María Magdalena y la otra María allí, sentadas frente al sepulcro.

José es tiempo de hablar, de pedir, de arriesgarse. Para las mujeres tiempo


ía siguiente, es decir, el día después de la preparación de la pascua, los jefes de sacerdotes y los fariseos se congregaron ante Pilato y le dijeron:– dijeron:–Señor, rdamos q que ese impostor p dijo j cuando aún vivía: «A los tres días resucitaré». Así manda asegurar el sepulcro hasta el día tercero, no sea que vengan sus ípulos, roben su cuerpo y digan al pueblo que ha resucitado de entre los muertos, te último engaño sea peor que el primero. to les dijo: sponéis un piquete de soldados; id y aseguradlo como sabéis hacer. s fueron, aseguraron el sepulcro y sellaron la piedra dejando allí la guardia.

s hablaba de ReinoReino-Reinado y esa palabra p provocaba p miedo y ponía p alerta autoridades. Cuanto más poder, más miedo. s nos hace capaces de permanecer junto a las tumbas de nuestro mundo,


n día me miraste omo miraste a Pedro. o te vieron mis ojos, ero sentí que el cielo ajaba hasta mis manos. Qué lucha de silencios braron en la noche u amor y mi deseo! n día me miraste todavía siento huella de ese llanto ue me abrasó por dentro. ún voy por los caminos oñando ñ d aquell encuentro. t n día me miraste


reflexion evangelica domingo de ramos