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PolĂ­tica y deporte

1972

Los primeros grandes mitos


“Que un español gane el oro en esquí es como si un austríaco triunfase en Las Ventas” Paquito Fernández Ochoa, esquiador

“En la vida sólo me interesan dos cosas: ser rico, muy rico... y el ajedrez” Bobby Fischer, ajedrecista

“La natación no es lo más importante; la victoria, sí.” Arnold Spitz, a su hijo Mark


ÍNDICE


2) Febrero - JJOO de invierno en Sapporo

Un descenso bañado en oro blanco Texto: Jabier Izquierdo «Mamá, no reces por mí, sino por ti, porque voy a ganar y para ti va a ser muy emocionante. Así que reza por tu propia fortaleza». Estas son palabras de un joven con personalidad, de un chaval de pueblo que irradió optimismo hasta en los momentos más duros, el día antes de lograr una de las mayores gestas que se recuerdan en el deporte. Su madre, Dolores, como toda la familia Fernández Ochoa y algunos miles de españoles, no muchos más, se levantó a las 5 de la madrugada para ver competir en directo a su hijo. Lo que ella, sufridora como su nombre, no sabía era que estaba a punto de presenciar

la bajada más importante de la historia del esquí alpino español. Era el 13 de febrero de 1972 y Francisco Fernández Ochoa esperaba ansioso en Sapporo (Japón) a que el juez de puerta le dejara el paso libre para tirarse cuesta abajo en busca de la gloria. Paquito’, como le apodaban cariñosamente, aunque nacido en Madrid en 1950, se crió y vivió toda su vida en Cercedilla, una pequeña población de la Sierra de Guadarrama. Su relación con el esquí comienza cuando era sólo un bebé. Francisco, su padre, acepta una oferta de trabajo de la Escuela Española de Esquí de Navacerrada. Sería su nuevo

bedel y su hijo mayor tendría la posibilidad de crecer entre el aire puro que se respira cuando uno vive rodeado de montañas nevadas. Y claro está, en ese escenario de horizonte infinito, de pulmones limpios, el entretenimiento infantil tiene sus propias reglas: si en la capital los niños patean un balón, allí se tiran bolas de nieve. Si en la urbe los colegios organizan liguillas de fútbol, en el Puerto de Navacerrada todos los pequeños de la zona tenían casi la obligación de echar valentía y bajar con sus esquís hasta encontrar tierra llana. ‘Paquito’ no iba a ser menos, aunque le costó. El mejor esquiador español de


03) Febrero - JJOO de invierno en Sapporo todos los tiempos tuvo que recurrir al miedo más universal de la infancia para comprender que aquello de tirarse cuesta abajo con dos tablas y dos bastones podría divertirle. “Mira, ‘Paquito’, o te tiras o te llevas dos hostias”. A Manolo, su tío, el olimpismo y el esquí español debe agradecerle por vida esa amenaza, pues consiguió con ella que el mayor de los Fernández Ochoa comenzara

También su fracaso escolar, tras dejar el bachillerato sin concluir para dedicarse profesionalmente al esquí. En 1968, llegó sus primeros títulos de campeón de España, con una apabullante exhibición, venciendo en las cuatro modalidades en las que se competía: eslalon especial, eslalon, descenso y combinada. Con estos registros, y a pesar de su juventud (le quedaban días para la mayoría de

Los tres años anteriores a partir hacia Japón, ‘Paquito’ se entrenó sin descanso. A diferencia que en la actualidad, en 1972 para un esquiador español hacer un ‘stage’ fuera de la península era una utopía. También el poseer un entrenadores personal. ‘Paquito’ estaba sólo. Él y su inquebrantable optimismo. Con 21 años aterrizó en Sapporo aquel joven de pueblo, convencido de que optaría a la

a descender por las pistas. La otra gota necesaria para la pócima de un futuro campeón la puso el protagonista. Su competitividad le definía, y el esquí se introdujo rápido en su día a día. ‘Paquito’ sólo quería esquiar y competir para llegar algún día a ser alguien. Entrenar duro para participar algún día en unos Juegos Olímpicos de Invierno. Así se lo dijo a sus padres y, con su ayuda, comenzó a ser asiduo a las competiciones del Pirineo. Con 13 años, su buenas dotes en el eslalon especial del Gran Premio de Andorra, donde finalizó cuarto en la prueba absoluta, le valieron para ser seleccionado por la federación. Comenzaron las victorias en territorio local y sus primeros pinitos internacionales.

edad), fue escogido por la federación para competir en los Juegos Olímpicos de Grenoble de 1968. Su 23º puesto en el eslalon, lejos de amedrentarlo, motivó sobremanera al madrileño. No así para la federación española, que veía cómo, a pesar de poseer el segundo territorio más montañoso de Europa, sólo por detrás de Suiza, no era capaz de colocar a su mayor promesa en décadas ni entre los 20 primeros. En España el esquí se ha entendido desde siempre, y así sigue siendo, como una actividad de turismo y divertimento; no como una cultura deportiva (o sea como una competición), como ocurre en países centroeuropeos como Austria, Suiza o Polonia.

victoria a pesar de que su mejor puesto en una competición internacional hasta entonces era un sexto puesto. Su especialidad, el eslalon, estaba liderada por Gustavo Thöni, un italiano que ya comenzaba a ser el rey de una modalidad que le llevaría, con sus victorias en la década de los 70, a convertirse en la leyenda del esquí alpino italiano. Acabar con ‘Goliat’, otra motivación más para el ‘David’ Fernández Ochoa. El día de la final de eslalon, ninguna quiniela, ni tan siquiera las españolas, inscribía a Fernández Ochoa en la terna de favoritos. Sólo sus familiares, reunidos en el salón de su casa de Cercedilla, soñaban con el milagro. Al fin y al cabo, ‘Paquito’ les había dicho que iba a ganar. Que

EL MILAGRO DE TAINEYAMA


04) Febrero - JJOO de invierno en Sapporo rezarán por ellos mismos, por la emoción que les produciría su victoria. En la primera manga salió a por todas y se hizo con el mejor crono. Esto propiciaría que el español saliera el último en la segunda y decisiva manga, conocedor de todos los tiempos marcados por sus rivales. Sin embargo, la estela de los Thöni, el gran Gustavo y su primo Rolando, aún era muy alargada. ¿Podría ‘Paquito’ aguantar la tensión y la presión de sentirse tan cerca de algo tan grande? De estar a menos de dos minutos de alzarse con un oro olímpico. El sueño de un iluso para muchos, hecho realidad. Esa pequeña figura corporal que se agigantaría si descendía el Taineyama más veloz que nadie. Los que se preguntaban estas cuestiones, olvidaron que ‘Paquito’ amaba los retos tanto como el esquí. Dicen quienes le dieron los últimos alientos antes de tirarse cuesta abajo, los cuatro federativos que viajaron hasta Japón, que el parrao -apúntenlo amigos del gentilicio bizarro- estaba más tranquilo que ellos. Los primos Thöni ya se habían colocado en los dos primeros puestos, y sólo quedaba él. Allá fue, con una salida fuerte ya había cogido una buena velocidad cuando afrontó la primera puerta. De allí a la segunda, y así hasta las más de 55 que tuvo que superar antes de cruzar tumbado la línea de meta. No le hizo falta utilizar ese truco de pillo que era tirar el cuerpo hacia detrás para que los esquís ganaran algún metro y parar el crono antes. No le hizo falta a aquel chico de pueblo de la sierra de Madrid, puesto que mejoró en más de un segundo el registro de Gustavo Thöni. Su dorado 1:49.27, dejó atrás la plata del mejor de los Thöni (1:50.28), que tuvo muy cerca el aliento de su primo Rolando (1:50.30).

LA SONRISA DE PAQUITO Esa seña de identidad que le acompañó toda su vida y que en ese preciso instante en el que levantó la cabeza al marcador para comprobar que sí, que era campeón olímpico, brilló radiante para que su madre supiera que él no mentía, y también para que toda España conociera horas después en el telediario a aquel tipo que había conquistado la primera medalla de oro olímpica individual para el deporte español y, de paso, el título mundial de la modalidad, ya que en Sapporo la victoria proporcionaba ambos reconocimientos. El primer y único oro que la delegación hispana ha logrado en unos Juegos Olímpicos de Invierno. Su gesta, en un país triste que padecía los últimos coletazos

del franquismo, supuso todo un ‘boom’ en tierra patria. Un sentimiento de orgullo nacional que, por supuesto, Franco no desaprovechó. Pero aquello vendría después. Primero el nuevo héroe español debía recoger su presea en el podio. Algo que dejó más de una anécdota. Para empezar, porque ver a un español acceder a la zona del podio era -y es- tan extraño en el esquí, que a un conserje japonés no le cuadró que aquel chaval pudiera entrar al Estadio Olímpico de Sapporo sin la credencial. «Yo le decía al hombre: “Soy el campeón olímpico”. Pero el japonés no me creía. Y tenía razón: ¡quién se podía imaginar a un español como campeón olímpico de invierno!», explicó ‘Paquito’ poco después en una entrevista.


05) Febrero - JJOO de invierno en Sapporo Pero lo mejor estaba por llegar: bromista y dicharachero como pocos, quiso darle el punto informal a la recogida de medallas y alcanzó el cajón más alto del podio vestido con una capa española con la que puso la nota patriótica. Aquella medalla se la entregó otro español, Juan Antonio Samaranch, vicepresidente del Comité Olímpico Internacional (COI) por aquél entonces, fijando una imagen para la posteridad. La llegada de su avión a Barajas congregó a más espectadores que el aterrizaje de Los Beatles en España. El pobre ‘Paquito’ supo lo que es ser un héroe nada más llegar, pues entre la marabunta que lo aclamaba, algún avispado le robó la famosa capa que había lucido en el podio, pero no podía esperar a recuperarla; Franco lo esperaba en El Pardo. En la recepción, Franco le esgrimió, tal y como reconocería después Fernández Ochoa, que España “necesitaba muchos más jóvenes” como él. También le quiso recibir el entonces príncipe Juan Carlos, que después de felicitarle por su éxito lo eligió como instructor de esquí para él y sus tres hijos.

EL RECONOCIMIENTO

No tardaron en llegarle los premios y reconocimientos. Primero fue la Medalla de oro al Mérito Deportivo, y poco después, la que más ilusión le produjo: la elección de su persona como abanderado español en los Juegos Olímpicos de Múnich de ese mismo verano. Nunca más un deportista invernal ha poseído este honor. Con 22 años, había llegado a lo más alto del deporte. En una entrevista concedida en Sapporo para una televisión alemana, Fernández Ochoa reconoció que, tras el triunfo, su intención de futuro era “continuar con los estudios de Periodismo y, quizás,

también, ser profesor de Educación Física”. “Siempre que no me impida continuar con el esquí”, concluyó. El esquí, siempre por delante. La trayectoria posterior de ‘Paquito’ no dejó muchos más éxitos reseñables. ¿Para qué? Si lo más importante ya lo había cosechado. En 1974, se hizo con la medalla de bronce en eslalon, en el Mundial disputado en la estación suiza de Saint-Moritz. Aquel día no falló Gustavo Töni. A destacar fue también su victoria ese mismo año en la prueba de la Copa del Mundo de Zakopane (Polonia), lo que supone también otro hito, pues es el primero y único español, en categoría masculina, en lograr una victoria en este certamen. Su fulgurante ascenso al olimpo fue un pilar fundamental para que los españoles se aficionaran a ver pruebas de esquí y, también, a aumentar el número de fichas federativas. Todo ello contribuyó en la elección de La Pinilla como sede de una prueba de la Copa de Europa. Esta estación, situada en la Sierra de Ayllón, Segovia, disfrutó durante un fin de

semana del espectáculo de los mejores esquiadores europeos, y difundiendo al exterior la imagen de una España amante de la nieve que sin Fernández Ochoa no se hubiera conocido.

SU RETIRADA DEPORTIVA Y LEGADO PREMATURO

En 1981, tras participar sin éxito en los Juegos Olímpicos de Innsbruck ‘76 (Austria) y Lake Placid ‘80 (EE.UU.), decidió cambiar de modalidad y competir en el esquí profesional de Estados Unidos, donde se retiró un año más tarde, volviendo a Cercedilla a disfrutar de una vida tranquila y retirada con tan sólo 31 años. En 1989 entró a formar parte del COE (Comité Olímpico Español) y se hizo asiduo de las retransmisiones de pruebas de esquí que emitía TVE. Competiciones que, sin su paso por este deporte, seguramente no se habrían emitido al público con tanta asiduidad. De los 70 también son el parrao Aurelio Garcia, hijo de esa inagotable escuela de campeones de España que es Cercedilla, o Conchita Puig, pionera con su tercer puesto en el eslalon de Schruns, en


06) Febrero - JJOO de invierno en Sapporo una cita de la Copa del Mundo. Pero nadie fue como él. Nadie, salvo ‘Paquito’, era reconocido en Austria o Suiza, cuando acudían a una competición. El oro de ‘Paquito’ en Sapporo no fue un oro cualquiera. No lo fue por las circunstancias deportivas, pues no era ni mucho menos el favorito, y tampoco lo fue por lo extradeportivo, porque entorno a su figura se cimentaron muchos de los avances que hoy disfruta el esquí en España. Los niños amantes de este deporte querían ser como ‘Paquito’, y eso fue clave para la apertura de estaciones de esquí, para la expansión de la práctica de los deportes de invierno, para un sinfín de hechos tangibles e intangibles que han deparado en un auge de España como uno de los destinos favoritos para muchos esquiadores. De la gesta de su hermano se benefició Blanca Fernández Ochoa, quien, justo 20 años después de Sapporo, se adjudicó el bronce en eslalon en Albertville 1992. Los Fernández Ochoa inscribían, una vez más, su apellido en el esquí español. Como anécdota, desde 1972 y 1992, ambos años incluidos, sólo la vasca Ainhoa Ibarra, en Calgary ‘88, ha dejado a uno de los dos Fernández Ochoa sin empuñar la bandera española en las diferentes ceremonias de apertura de los Juegos Olímpicos de Invierno. Sierra Nevada o La Molina son hoy estaciones de referencia para la práctica del esquí profesional. Hija de un trabajador de Sierra Nevada es María José Rienda, la única persona que en los últimos años ha hecho soñar a España con contar con una nueva campeona. Sus seis victorias en pruebas de Copa del Mundo hace una década le llevaron a ser segunda de la clasificación general de la competición en 2005.

Un hito, sin duda, con las abismales diferencias que existen entre los esquiadores españoles y los de los países centroeuropeos, norteamericanos y japoneses. Francisco Fernández Ochoa falleció antes de tiempo, en 2006, culpa de un cáncer linfático que le deterioró su salud notablemente en tan sólo un año. Lo que nunca apagó aquel enemigo fue la sonrisa de ‘Paquito’, que la mantuvo hasta los últimos días. Ejemplo de ello fue el merecido homenaje que le tributó su pueblo un mes antes de su fallecimiento, al que acudieron todos los poderes políticos, incluidas las infantas de España, y en el que se inauguró su estatua, que hace honor a su gesta de Sapporo. El menudo esquiador español se despedía de la vida con dos penas: la de no poder ver crecer a sus nietos y la de no poder terminar el libro de memorias que estaba escribiendo, “La vida, un eslalon”; pero con esa sonrisa desenfadada, como fue su vida, con el oro de Sapporo y el cariño de todo un país. Ya lo dijo él mismo pocos meses antes de morir: “Si no hubiera sido rebelde no habría sido yo. Sería ‘Paquito’ el de Cercedilla”.

Unos Juegos salpicados por el caso ‘Schranz’ Karl Schranz era en 1972 un perfecto héroe americano a la austriaca. Un campeón en el deporte rey del país, el esquí, preparado para inscribir su nombre en la historia del olimpismo. Austria entera esperaba la cita de Sapporo, mientras él sumaba fama gracias a las marcas que le tentaban. Sin embargo, en vísperas de la competición, sus ideas le jugaron una mala pasada. El presidente del COI, Avery Brundage, defensor del amauterismo olímpico, recordó la norma máxima de los juegos: nada de ingresos. Quien no cumpliera, sería expulsado. Schranz, en vez de callar, decidió responder a Brundage con dureza: “A mi nadie me privará de participar en los JJOO, ni el presidente Brundage ni ningún otro miembro del decadente movimiento olímpico”. Su contundente declaración ‘obligó’ al COI a echarle. Aquella decisión marcó el inicio del fin del amauterismo. La llegada de Samaranch a la presidencia del COI en 1980 enterró esta medida, logrando el progreso de los juegos hasta alcanzar el prestigio de los que hoy goza.


08) Abril - París-Roubaix

El Gitano que se convirtió en ‘Monsieur’


09) Abril - París-Roubaix

Texto: Andrés Soto

“¿Te quieres casar conmigo?” es lo único que acertó a pronunciar el belga Johann Vansummeren a su novia justo después de cruzar la línea de meta, en solitario, de la París-Roubaix 2011. Cubierto de barro, polvo y sudor tras más de 250 kilómetros de esfuerzo, el hasta entonces semidesconocido gigante belga consiguió aunar en el mismo lugar y momento, dos de los instantes más importantes de su vida. Y fue allí, en el Velódromo de Roubaix, el lugar todos los clasicómanos –los ciclistas expertos en pruebas de un día- sueñan con llegar en primera posición. La París-Roubaix es la clásica ciclista más importante del calendario. El infierno del norte, como se la denomina, es la competición que más al límite lleva a un ciclista profesional de carretera. Disputada de sur a norte de Francia, la carrera sale de las afueras de París para serpentear por el centro del país galo, entre pavimentos estrechos, prados inacabables y sobretodo, adoquines. Muchos adoquines. Más de 50 quilómetros llenos de tramos repletos de ellos, un tipo de asfalto que invita a los ciclistas a vivir una sensación que las largas autopistas o puertos de montaña no les brinda durante el resto de la temporada. En los tramos adoquinados se han librado algunas de las mejores batallas de la historia ciclista, y las grandes leyendas de las dos ruedas han sido habituales en la lucha por el triunfo en la Última Locura. Porqué además, desde su primera edición el 13 de abril de 1896, la carrera siempre ha seguido el mismo formato: París → Bosques → Adoquines → Roubaix → Velódromo. El día siempre acaba en el óvalo de esta ciudad del norte de Francia, con los ciclistas que consiguen llegar –normalmente una tercera parte de los que salen de París- dando tres vueltas a la pista, y esprintando por el honor en los últimos 200 metros. Da igual que sea para ganar, subir al podio, liderar al pelotón o a tu grupeto. El triunfo es llegar al final. Y no todo el mundo puede afirmar que lo ha conseguido. Hay dos corredores que, si hablamos de esta carrera, están por encima del resto. Y los dos son belgas y de Flandes. No es casualidad, ya que en Bélgica el ciclismo es más que un deporte. Es una religión. Entre muros, adoquines y un batiburrillo de dialectos nacieron y se forjaron leyendas de las dos ruedas como Tom Boonen y Roger de Vlaeminck, ambos cuádruples ganadores de la carrera. Pero si Tom Boonen ha sido el niño bien de los belgas, De Vlaeminck era todo lo contrario. Hijo de una familia gitana, de una pareja de mercaderes que malvendían fruta para sobrevivir, fue criado en una familia que no tenía ni idea de que habían traído al mundo a la que seguramente ha sido la mejor pareja de hermanos ciclistas de la historia. Roger era el pequeño y Eric, el mayor. Ambos compartían lugar y métodos de entrenamiento. Si en Bélgica los ciclistas se entrenan subiendo y bajando el Kappelmuur o el Mur du Huy, los jóvenes hermanos De Vlaeminck preferían agarrar sus bicicletas y jugarse la vida entrenando sobre las vías del tren. ¿Por qué un lugar en el que pones en peligro tu vida? Sencillo, por el traqueteo. Entrenar sobre los raíles significaba experimentar la misma sensación que se sufre cuando cabalgas los adoquines del Carrefour de l’Arbre o de Haveluy, dos de los tramos más complicados de la prueba. Entre los hermanos, Eric despuntó primero sobre la bicicleta. Poseedor de una técnica y fuerza fabulosas, optó por el ciclocrós.


10) Abril - París-Roubaix Y en 1966 y con tan sólo 21 años, el mayor de los De Vlaeminck ascendió meteóricamente hasta la cima tras ganar el maillot arcoíris de Campeón del Mundo en su primera participación, una gesta que repetiría en 1968 e ininterrumpidamente hasta 1973. Parecía que la vida condenaba a Roger a vivir a la sombra de una leyenda, pero el pequeño de los De Vlaeminck no estaba dispuesto a ello. El Gitano necesitaba forjar su propia historia. Roger había tenido el mejor maestro posible, y disputó el Mundial de Ciclocrós en categoría amateur en 1968 y 1969. En ambas, ganó el maillot arcoíris con una superioridad insultante. Parecía que el pez pequeño tenía la necesidad de superar al pez grande y comérselo. Esas dos victorias le valieron un contrato de ciclista en carretera profesional y firmó con el equipo belga Flandria en 1969. En su primera prueba en línea, la Omloop Het Volk de 1969, arrasó a todos sus rivales. Tras una victoria más en Alemania, al final de la primavera consiguió vestirse con el maillot de campeón nacional de Bélgica con 22 años.

LA LECCIÓN DEL CAMPEÓN

Y en 1970, De Vlaeminck se presentó en la salida de la París-Roubaix con su maillot de campeón nacional con la moral por las nubes tras ganar la Liége-Bastogne-Liége, una de las clásicas más importantes del panorama ciclista. Pero al joven de Vlaeminck le esperaba una lección que no iba a olvidar jamás. Allí estaba Eddy Merckx, posiblemente, el mejor corredor de todos los tiempos. El Caníbal le daría al joven Roger una clase magistral de ciclismo de camino a Roubaix, ganando la prueba con 5 minutos y 21 segundos de margen sobre el joven De Vlaeminck, que llegó en segundo lugar al Velódromo de Roubaix. Esos 5:21 son la mayor diferencia registrada en la era moderna entre un campeón y un subcampeón del infierno del norte. La leyenda le había clavado una espina en el corazón al joven campeón belga. Lo que no sabía es que había despertado a la bestia. Un año después, el duelo se repitió, pero ninguno de los dos consiguió llegar en primer lugar a la meta. La rivalidad entre dos genios de la bicicleta no hacía más que empezar. Reza el refranero español que a la tercera va la vencida, y se cumplió con creces. Roger, ya consolidado como uno de los mejores clasicómanos del momento, decidió comenzar su idilio con los adoquines, las clásicas, Roubaix y con el Trouée d’Arenberg. “Allí donde empieza la carrera de verdad” solía decir Joan Antoni Flecha, el más destacado jinete de pavés que ha tenido el ciclismo español. Arenberg es un tramo de carretera adoquinada de 2.400 metros de longitud y de dificultad cinco estrellas – el nivel máximo- rodeado de un frondoso bosque, donde el Sol brilla por su ausencia, y la humedad, la tierra y el peligro acechan tras cada pedalada. Situado lejos de la meta, a 85 quilómetros de Roubaix, es donde se hace la selección natural de la carrera. De forma voluntaria o no, pero la cosa se pone seria aquí. Y Roger de Vlaeminck era absolutamente consciente de ello.

EL NACIMIENTO DE MONSIEUR ROUBAIX

Y en la edición de 1972 se mostró al mundo en todo su esplendor. Entró en las primeras posiciones del grupo a Arenberg y lanzó un ataque devastador sin mirar atrás. Con una bicicleta especial con el manillar más bajo de lo habitual para poder agarrarse mejor, De Vlaeminck voló sobre los adoquines como si la carrera fuese una contrarreloj. El hueco aumentó y aumentó, y la fuerza y la fe de El Gitano alcanzaron límites extraordinarios en el momento en el que supo que Eddy Merckx había besado el asfalto de Arenberg. El Caníbal había intentado alcanzar a De Vlaeminck, pero las malas condiciones del tramo y los nervios de ver atacar a su rival lo mandaron al suelo, arrastrando también al otro gran favorito de la prueba, el francés Raymond Poulidor. De Vlaeminck salió de Arenberg en cabeza y fue inalcanzable. Nadie se acercó ni siquiera a su rueda durante los adoquines en una de las mayores exhibiciones ciclistas que la carrera ha visto. El ciclista belga llegó al Velódromo, se relajó, dio las tres vueltas de rigor, hizo sonar la campana del óvalo, y levantó los brazos justo antes de cruzar la línea de meta en solitario. De Vlaeminck se había quitado la espina de golpe. Él era el campeón de la París-Roubaix. Merckx y Poulidor se recuperaron de la caída y entraron en séptimo y décimo lugar respectivamente, a 2:39 del vencedor, pero sólo pudieron rendirse ante la evidencia. Había nacido Monsieur Roubaix. Tras este triunfo, llegaron tres más en la París-Roubaix: 1974, 1975 y 1977. Especialmente vibrante fue la edición de 1975, que deparó un mano a mano memorable entre Merckx y nuestro


11) Abril - París-Roubaix protagonista, que ganó De Vlaeminck en un ajustadísimo sprint. La leyenda acabó en 1978, en el primer triunfo de Moreno Moser, que batió a De Vlaeminck dejando la marca de El Señor de Roubaix en cuatro victorias, tres segundos puestos y otras tantas terceras plazas. Años después, El Gitano se retiró de la vida pública, usó su dinero para montar unatienda de bicicletas en su Flandes natal y a día de hoy, aún se gana la vida con ello. Lamentablemente, su hermano Eric falleció de Alzheimer el pasado día 5 de diciembre a los 70 años, dejando huérfano a Monsieur Roubaix, el ciclista que nació con un ataque en el Bosque de Arenberg, aquél joven que aprendió a domar el adoquín traqueteando sobre las vías del tren junto a su hermano.

Arenberg, Francia


Rompiendo clichés 12) Mayo - Roland Garros

1972 fue un año de cambios y sorpresas en el tenis. El deporte avanzó hacia la igualdad de género, y los Grand Slams fueron a parar a las manos de ilustres veteranos. Texto: Xiaofeng Guo

Andrés Gimeno levanta el trofeo de ganador del Roland Garros en la Phillippe Chartrier. Este fue el triunfo de la perserverancia y el trabajo duro, demostrando que el deporte no entiende de edad


13) Mayo - Roland Garros NACE LA ATP El tenis ha recorrido un gran camino desde que la era Open comenzó en 1968. Los torneos de Grand Slam y todas las demás series de campeonatos sólo eran accesibles a jugadores amateurs hasta 1968. Dos años después los torneos alrededor del mundo formaron un circuito unificado, el cual se convirtió en el Grand Prix. Pero en 1972, el conflicto entre ILTF (International Tennis Federation) y WCT (World Championship Tennis) culminaron con la ILTF prohibiendo el contrato a jugadores profesionales de todos los eventos del ILTF Grand Prix entre enero y julio, lo que incluía el Abierto francés y Wimbledon en el mismo año.

Así, con el US Open en septiembre, algunos de los mejores jugadores pensaron que la situación no sería buena para su propio desarrollo, así que Donald Dell, Bob Briner, Jack Kramer y Cliff Drysdale propusieron la creación de una organización para proteger los intereses de los jugadores profesionales; todos los jugadores acordaron formar un sindicato de jugadores para protegerse a sí mismos de los promotores y las asociaciones, que dio como resutado la Asociación de Tenistas Profesionales (ATP). El primer líder fue Jack Kramer, como Director Ejecutivo, y Cliff Drysdale asumió el cargo de Presidente. Kramer creó el sistema de ranking de jugadores profesionales, el cual comenzó a contabilizar el siguiente año y continúa hasta el presente. Después de crear la ATP, los fundadores debatieron la opción de crear su propio circuito, pero decidieron unirse al torneo de los directores y a la Federación Internacional de Tenis (ITF por sus siglas en inglés) sin seguridad financiera y confianza; los hechos mostraron que fue más inteligente logar el éxito por cooperación que por competición.

EL CAMPEÓN MÁS MAYOR DE ROLAND GARROS Aunque sólo unos profesionales eran independientes, Andrés Gimeno asistió el Abierto francés en 1972 como jugador con contrato con la NTL (Liga Nacional de Tenis), junto a otros buenos jugadores como Stan Smith y Manuel Orantes. De hecho aunque fue uno de los últimos años en su carrera, fue sin duda el mejor. Fue finalista en Bruselas y París, y ganó en Gstaad, en Eastbourne y en Los Angeles. El catalán también ganó su emocionante título de Roland Garros a la edad de 34 años y 10 meses, convirtiéndose en el jugador de más edad en ganar el título del Abierto de Francia, récord que mantiene hasta la fecha. La hazaña la consiguió al batir a Patrick Prosy, un francés de 22 años, en cuatro sets (4-6, 6-3, 6-1,

6-1). De igual manera, alcanzó la final de Wimbledon en ese año. Un año después, decidió retirarse por una lesión del menisco, pero no se retiró del todo del tenis; posteriormente fundó un club de tenis llamado “Club de Tenis Andrés Gimeno” en Castelldefels. Otro logro importante fue haber sido el cuarto español en ser electo para ingresar al Salón de la Fama del Tenis. Aunque perdió todo su dinero años después por culpa de la crisis económica, algunos de los mejores tenistas españoles de la actualidad, como Rafael Nadal, Fernando Verdasco o David Ferrer participaron en una exhibición de tenis disputada en la ciudad de Barcelona el año 2011 para juntar dinero para él, pues consideraban que Andrés es uno de los pioneros del tenis en España, razón más que suficiente para ser una de las figuras más respetadas y veneradas por los jugadores ibéricos.


14) Mayo - Roland Garros

BILLIE JEAN KING, HISTORIA DE LA WTA

En el mismo año, una mujer, que a la edad de 28 años se llamaba a sí misma una “bolsa vieja”, ganó su primer y único título del Abierto francés, inflingiéndole a Evonne Goolagong su primera derrota en Roland Garros por 6-3 y 6-3. Como sabemos, Billie Jean ganó 12 Grand Slams incluyendo 1 Open de Australia, 1 Abierto francés, 6 Wimbledon y 4 US Open, y permaneció seis años como la No. 1 del mundo en su carrera profesional. Sin duda su mejor año fue 1972 en el cual ganó 3 títulos de Grand Slam, a excepción del Australia Open, que decidió no jugar. Sobre hierba, ganó entonces los torneos previos a Wimbledon: Nottingham y Bristol y siguió la racha ganando el Wimbledon por la cuarta vez. Cuando el tour regresó a los Estados Unidos, ganó el US Open sin perder un solo set, aunque perdió tres torneos que jugó antes, incluyendo una pérdida de sets seguidos con Margaret Court en Newport. La grandeza de la señorita King se refleja no sólo en sus logros profesionales, sino en su contribución al desarrollo del tenis femenino. Como en el tour masculino, el tour femenino también se embarcó en el camino de la “pelea por los derechos”.

Momentos gloriosos del tenis (1972)

· Se constituye la Asociación de Tenistas Profesionales (ATP) · Andrés Gimeno se convierte en el campeón más veterano de Roland Garros con 35 años. · El Abierto de Australia cambia su sede a Melbourne · Ken Rosewall gana dicho torneo con 37 años, y establece el récord de jugador más joven y de más edad en ganar un Grand Slam · Bille Jean King gana su único Roland Garros · Chris Evert gana la primera edición de las WTA Finals, disputada en Boca Ratón


15) Junio - Eurocopa de Bélgica

EL ÚLTIMO CAMPEÓN EN BLANCO Y NEGRO Texto: Korin Cruz

Desde sus inicios hace más de 150 años, el fútbol ha pasado por una serie de cambios notables que han desembocado en el estilo que conocemos actualmente. En un principio no existían tácticas ni sistemas dentro de la cancha, se buscaba anotar en la portería rival con el mayor número de atacantes, sin embargo, las tácticas han ido evolucionando desde entonces. ¿En qué momento se pasó del “viejo” fútbol, del Wunderteam, del jogo bonito de Pelé, al juego contemporáneo de nuestros días? El precedente de este cambio es la Copa del Mundo de Alemania 1974, ahí chocaron la vieja y la nueva escuela, representadas por las poderosas selecciones de Alemania y Holanda. Aunque previo a dicho encuentro, existió un periodo de tiempo en que el último gran equipo del viejo fútbol alcanzó su punto más álgido.

CAMINO A BÉLGICA

La selección de Alemania Federal es el equipo insignia al que nos referimos. Comandados por el histórico capitán Franz Beckenbauer, alcanzaron su punto más alto en la Eurocopa de 1972 celebrada en la vecina Bélgica. A pesar de contar en sus vitrinas para ese entonces con una Copa del Mundo, debutaron a nivel continental hasta ese año. Pero para llegar a disputar la final, pasaron por una larga fase previa. Desde la primera Eurocopa en Francia 1960, y hasta Yugoslavia 1976, el formato del torneo consistía en un sistema de ocho grupos de clasificación con cuatro equipos cada uno. Los ganadores de cada grupo se clasificaban a los cuartos de final, jugados en partidos de ida y vuelta. De aquí salían cuatro equipos que alcanzaban la fase final del campeonato, que se celebraba en un país escogido mediante sorteo (la sede se definía entre alguno de los cuatro clasificados). Esta fase final consistía en: dos semifinales, el encuentro por el tercer lugar y la final.

costa de España), Bélgica, Italia, Yugoslavia (que dejó fuera a Holanda) y Alemania Federal. En cuartos de final, la gran sorpresa la dio Bélgica eliminando a la entonces vigente campeona Italia. El duelo entre Hungría y Rumania terminó empatado en los dos partidos, por lo que se tuvo que disputar un tercero para desempatar la serie, resultando vencedora Hungría. Sin mayores apuros los soviéticos El camino para llegar a la Eurocopa inició en eliminaron a Yugoslavia, un buen equipo 1970 con la fase de grupos; los líderes de los ocho plagado de irregularidades. grupos fueron Rumania, Hungría (superando a Sin embargo, la serie que llamó la atención en Francia), Inglaterra, la URSS (que se clasificó a todo el continente y eclipsó las demás


16) Junio - Eurocopa de Bélgica

eliminatorias fue el Inglaterra-Alemania Federal. Considerado uno de los grandes partidos en la historia del fútbol y recordado por muchos como la mejor actuación del representativo alemán en toda su trayectoria, el juego de ida se llevó a cabo en el estadio de Wembley en abril de 1972.

tarde desarrollarían un fútbol espectacular, suficiente para vencer al gigante inglés por un gol a tres. Los alemanes mostraron su gran técnica y buena forma ante unos sorprendidos ingleses, que no sabían exactamente lo que estaba pasando.

El encuentro es valorado por los ingleses como una de las mayores humillaciones de su selección por diversos motivos: antes de ese juego, llevaban diez partidos invictos y eran considerados favoritos por sobre el joven y prácticamente inexperto equipo alemán (los teutones promediaban 23 años mientras que los locales tenían una media de 27 años). Además habían sido los campeones del mundo sólo 6 años antes, y perder en un llenísimo y mítico Wembley de manera tan contundente, con un abrasador dominio teutón, sacó a relucir viejos fantasmas de la dolorosa derrota en el mismo lugar en 1953 a mano de los húngaros. En realidad ni los propios alemanes esperaban un resultado tan positivo. Para empezar, regresaban al estadio en el que habían perdido la final del Mundial seis años atrás, el equipo exhalaba juventud y a decir verdad un empate hubiera sido suficiente para los pupilos de Schön. Las cosas resultaron diferentes; quien diría que esa

El primer gol lo firmó Uli Hoeness al minuto 27, el empate momentáneo lo hizo Francis Lee al 78’; pero a sólo seis minutos del final Günter Netzer anotó de penalti y Müller selló la victoria al 88’. En palabras del propio Beckenbauer, lo que pasó ese día fue lo que habían soñado: “la magnitud de nuestra actuación fue simplemente como un sueño”. La vuelta, jugada en Berlín terminó 0-0, cerró la eliminatoria y clasificó a Alemania Federal por primera vez a las semifinales de Euro, pero lo trascendental ya no era el marcador, sino el inicio de un poderoso equipo alemán que dominaría en los años siguientes, y el deterioro de los llamados “padres del fútbol”, que a partir de entonces sufrirían para aparecer nuevamente en el panorama internacional. Todo lo que quisimos hacer, lo hicimos. Las jugadas, las ideas y la ejecución, todo pasó”. Este encuentro significó un antes y un después,


17) Junio - Eurocopa de Bélgica

un punto de despegue hacia la cima del éxito de germanos, que jugaban para entonces ya en otro la selección alemana. nivel. La contundencia del letal artillero no era cosa reciente. El “torpedo” Müller acababa de LA EUROCOPA DE 1972 ganar su segunda Bota de Oro, que lo convertía La fase final de la cuarta edición de la Eurocopa en el máximo anotador de Europa. Además en la se llevó a cabo en Bélgica, con los cuatro partidos fase de clasificación al torneo continental anotó disputados entre Amberes, Lieja y Bruselas. seis goles (fase de grupos) y cinco dentro de la Se decidió que los belgas serían anfitriones fase final. El solitario gol de los locales lo anotó gracias a un sorteo que ganaron a Alemania. Odilon Polleunis en la recta final del encuentro, En Bélgica los aficionados gozaban de cierto dando así una pequeña alegría a los de casa. optimismo, pues además de haber vencido en la eliminatoria a la entonces campeona En la otra eliminatoria, jugada en el Park Astrid europea, Italia, la gente se sentía confiada por de Bruselas con las gradas casi vacías, la URSS, el hecho de que en las dos últimas ediciones de una de las grandes selecciones de esa época (con la Eurocopa los organizadores habían alzado un campeonato, dos subcampeonatos y un cuarto el trofeo. No obstante enfrente tenían a una lugar hasta ese entonces) superó a la otrora poderosa selección alemana, liderada por Franz gloriosa Hungría con un único gol de Anatoliy Beckenbauer, que los mandarían a disputar el Konkov. Los húngaros desplegaron esa tarde partido por el tercer lugar, acabando con la más fútbol que sus contrapartes soviéticos, pero buena racha de los anfitriones pasados. el excelente planteamiento defensivo de la URSS y el penalti atajado por su guardameta Evgeni La acción entre belgas y alemanes se vio en el Rudakov a cinco minutos del final, permitieron Bosuilstadion de Amberes, ante un lleno total. que los soviéticos alcanzaran su tercera final, de Las cosas no fueron tan fáciles para Alemania las cuatro finales de Eurocopa disputadas hasta Federal, a pesar de haber ganado 2-1 con un ese momento. doblete del mortal Gerd Müller; los belgas opusieron más resistencia de la prevista, Esta fue la primera vez en la historia que aunque al final poco pudieron hacer con los Alemania Federal llegó a la fase final del


18) Junio - Eurocopa de Bélgica campeonato, aunque en su palmarés ya figuraban un campeonato y subcampeonato del mundo. A partir de esta edición, Alemania (Federal y unificada) ha vivido una exitosa era en Eurocopas, donde ha jugado al menos la fase de semifinales en ocho ocasiones de once participaciones, y ha alzado la copa en tres oportunidades. FINAL ANTE LA URSS Y FUTURO BRILLANTE La Euro en Bélgica 72 fue el punto cumbre de la era dorada teutona. Donde aparte de contundencia contaban con algo más: talento excepcional y excelente despliegue de fútbol; un juego dinámico, veloz y elegante. Bajo la batuta de Beckenbauer, llegaron en gran forma a su primera final en Europa; sus últimas dos contundentes victorias ante Inglaterra y Bélgica les daban la confianza y el ritmo necesarios para enfrentar a un equipo ganador como lo era el soviético.

mediocampo, Netzer y Hoeness dominaron la zona ancha, en fin, la URSS tuvo pocas oportunidades y nada pudo hacer ante un equipo tan sólido y talentoso. “Todos luchamos mucho. Tuvimos una conexión perfecta y una gran armonía. En el campo todo fue muy bien y no se puede pedir más”, dijo Wimmer posteriormente. A partir de este primer título europeo, Alemania sembró los cimientos para lo que sería su segundo campeonato mundial, que llegaría un par de años más tarde en el mundial que organizaron en 1974. La gloria absoluta la vivió esta generación de jugadores alemanes entre dichas fechas, quedando muy cerca de prolongar los éxitos hasta el 76. Desde ese entonces se convertirían en una de las naciones más exitosas y prestigiosas hasta nuestros días, con cuatro

El partido se llevó a cabo el 18 de junio en el estadio Heysel de Bruselas, aquel de la tragedia de 1985 en la Copa de Europa. Alemania Federal contaba con una maravillosa generación de futbolistas, provenientes mayoritariamente del Bayern Múnich y del Borussia Mönchengladbach, comandados por Helmut Schön, quien logró juntar y armonizar un equipo que pasaría a la historia. Se destacaban en el equipo Herbert Wimmer, el desequilibrante lateral Paul Breitner, el punta Uli Hoeness, al centro del campo estaba Günter Netzer, poseedor de gran técnica individual, Jupp Heynckes y el bombardero Müller, la auténtica máquina de goles, sin olvidar al excepcional guardamenta del Bayern Múnich Sepp Maier, que en más de una ocasión fue trascendental para conseguir puntos. Pero la figura sin duda se trataba del capitán Franz Beckenbauer, el cerebro del equipo. Todos formaban ese engranaje perfecto que los convirtió en los mejores del mundo, y posiblemente en el mejor combinado alemán de todos los tiempos. El encuentro no fue tan complicado como se esperaba y Alemania mostró su gran poderío y ganó con un tajante 3-0. Los goles cayeron por cuenta de quien otro sino Müller, que se despachó ese día con un doblete (con lo que logró 68 goles en 62 partidos con la camiseta de su selección y su undécimo tanto en nueve partidos dentro de toda la competición) y otra anotación de Herbert Wimmer. Sepp Maier no sufrió de ningún apuro, Beckenbauer se paseó tranquilamente por el

Copas Mundiales de la FIFA y tres Eurocopas.

EL CHOQUE DE DOS ESTILOS

En 1974, dos años después de haber alzado el trofeo de campeones de Europa, Alemania organizó la Copa del Mundo, y es en este campeonato mundial cuando nace el fútbol moderno, cuando el cambio en el rumbo del fútbol se hizo palpable. El viejo estilo del fútbol era representado por la potencia de Alemania y el nuevo surgió con la Holanda de Johan Cruyff. Ambos estilos se enfrentaron en uno de los partidos más recordados por los aficionados de todo el mundo. A pesar de que el equipo seguía siendo prácticamente el mismo, con


19) Junio - Eurocopa de Bélgica Helmut Schön aún como técnico y conservando a sus referentes, existieron factores que les dificultaron el camino para ser campeones: Holanda y la presión de jugar en casa; además su mejor nivel futbolístico había sido desplegado ya en Bélgica. La magia de la “Naranja Mecánica”, fue la atracción principal en todo el campeonato. El ganador del Balón de Oro de ese año, Johan Cruyff (lo ganó por tercera y última vez en 1974), comandaba sin duda al mejor equipo de la época. A esto se sumaba que los teutones tampoco desplegaron un fútbol tan espectacular o llamativo, pero sí muy eficaz. Llegaron a la final disputada en el Olímpico de Múnich con la etiqueta de no favoritos,

definitiva, la que valía una copa del mundo vino por parte del torpedo Müller al minuto 43. Lo impensable había sucedido y los alemanes derrotaron con orden y contundencia al torbellino que era el ‘Fútbol total’. Quedó demostrado entonces que aunque el sistema luciera perfecto, a veces no era suficiente para alzar una copa; Holanda y Cruyff se quedaron cerca de tocar el paraíso y por siempre en la mente de los aficionados como el juego increíble que no se pudo coronar. Al preguntársele por el jugador más influyente de su generación, Beckenbauer respondía: “Cruyff era mejor que yo, pero yo soy campeón del mundo”. Desafortunadamente para la causa alemana, el combustible no fue suficiente para alzar su segunda Eurocopa consecutiva y ampliar la magnífica racha ganadora que arrastraban desde unos años atrás. En Yugoslavia 1976 se quedaron a un penalti de alcanzar el máximo honor. Checoslovaquia les arrebató la copa en la tanda de penales, gracias al ya inmortal gol firmado por Panenka. Con lo que la mejor Alemania de todos los tiempos quedó noqueada fuertemente. Debido al gran despliegue calidad de fútbol mostrada por estas selecciones, el fútbol volvió a ser visto y seguido de nuevo por mucha gente, que lo convirtió en el gran deporte de masas y millonario negocio que ahora es.

que recaía en los imparables pupilos de Rinus Michels. En esta histórica final contra Holanda se repusieron de un marcador adverso desde muy temprano en el encuentro. El partido lo comenzaron ganando los Oranje, con un penalti a su favor al primer minuto de juego, sin que el combinado teutón hubiera siquiera tocado el balón. El penalti fue convertido por Johan Neeskens, y el panorama lucía gris para los locales con ese gol tan tempranero. Pero Alemania anotó dos goles antes de que culminara el primer tiempo, por lo que la esperanza volvió a inundarlos. El primer tanto fue otro penalti firmado por Breitner, gracias a una falta dentro del área de Jansen a Holzenbein. La anotación


20) Julio- El ‘match del siglo’ en Reikiavik

La Guerra Fría sobre un tablero Texto: Andrés Soto

“Fischer disfrutaba la sensación de poder absoluto sobre su contrincante. Era un maestro del odio”. Para el Gran Maestro ajedrecista Robert Byrne, “existió un fenómeno al que definitivamente podríamos denominar Miedo a Fischer”. Sentía indiferencia por los sentimientos, era insensible ante los demás. Únicamente apreciaba la lealtad de sus admiradores y era capaz de poner en peligro su integridad con tal de salirse con la suya. A posteriori, conocimos su verborrea incontrolable y que fue diagnosticado con el Síndrome de Asperger. Genio volátil, de personalidad fascinante, sorprendente, atractiva y repelente a la vez. Famoso desde los trece años, edad a la que le calificaron de ‘niño prodigio’. Así era Bobby Fischer, el ajedrecista más brillante de la historia.


21) Julio- El ‘match del siglo’ en Reikiavik Desde pequeño, el joven Bobby desarrolló una obsesión enfermiza por los juegos de mesa desde que, con seis años, aprendió las reglas del ajedrez junto a su hermana Joan. “A los 11 años empecé a ser bueno” explicaba el propio Fischer, y a esa edad se apuntó al selecto club de ajedrez Hawthorne de Brooklyn donde conoció a Jack Collins, un Gran Maestro del juego postrado en silla de ruedas que se convertiría en su mentor. Collins disponía de una librería riquísima en literatura de ajedrez, algo que disparó los instintos y capacidades del joven Fischer. A los 13 años, ya arrasaba en las simultáneas que disputaba, llegando a destruir al Gran Maestro Donald Byrne en 17 movimientos en el torneo Élite de Rosenwald, el más importante del circuito americano. A la edad de 15 años, ya era campeón de Estados Unidos –lo fue 8 veces- y se le tildó de maestro. Fischer estaba convencido de que era el mejor. Tenía una insistencia inhumana en tener el control total de todo, y por encima de todas las cosas, quería ser “rico y Campeón del Mundo”. Conoció a Borís Spassky en 1960 en Mar del Plata, Argentina. Allí se enfrentaron por primera vez y el ajedrecista soviético ganó una de las dos partidas, acordando tablas en la otra. Ninguno de los dos era consciente de lo que pasaría doce años más tarde. Llama la atención que Fischer era miembro de la Iglesia Universal de Dios, una secta antisemita –él era un judío renegado que sentía admiración por Hitler- que en sus estatutos –que obviamente no respetó- prohibía los juegos de mesa por ‘frívolos’. Se retiró en 1963 disgustado por las reglas de los campeonatos, y no volvió a jugar hasta 1967, año en el que se volvió a enfrentar a Spassky en un torneo en Túnez. El soviético le ganó la partida en África, y en las dos revanchas que se disputaron ese mismo año en Cuba. También en 1970 en la Olimpiada de Ajedrez de Siegen, en Alemania Occidental, en una partida que duró cinco horas y media”. El ajedrecista soviético parecía imbatible. Ni el niño prodigio del juego podía hacerle sombra. Pero lo que Borís no sabía es que, tras su retiro espiritual, Fischer había alcanzado el punto más álgido de su juego.

EL CAMINO A LA FINAL

Tras su vuelta, Fischer encadenó 19 victorias consecutivas, llegando al punto de comprar casi literalmente a base de talento la plaza de Pal Benko, otro ajedrecista estadounidense, en el Campeonato del Mundo. Fischer arrasó a Taimanov y Larsen en el Interzonal de Palma de Mallorca de 1970 por 6-0 y llegó a la ronda que le separaba de enfrentarse con Spassky por el título. Tenía que superar al ex campeón Petrosian en Buenos Aires, pero el maestro armenio le ganó dos de las tres primeras partidas. En la sexta, Fischer hundió la moral de su rival, que se desplomó psicológicamente y permitió al genio americano ganar tres partidas seguidas y, por ende, el derecho a luchar por el título mundial de ajedrez. Ya había duelo Spassky contra Fischer, ahora había que decidir dónde. Y escoger la sede del Campeonato Mundial de ajedrez de 1972 fue una guerrilla fría. Cada parte tenía clara sus prioridades, pero sobretodo, sus miedos. El soviético no quería jugar en un país capitalista por miedo a un atentado, y Fischer, criado en los Estados Unidos más profundamente anti-soviéticos de la historia, no quería ni oír hablar de los países comunistas, a excepción de Yugoslavia, donde le idolatraban tras haberle visto en acción años atrás. Fischer sólo quería Belgrado, que ofrecía 152.000$ por la organización, la puja más cara. En cambio, el campeón apostaba por Holanda, Moscú o Reikiavik. El Gran Maestro soviético estaba preocupado por las temperaturas durante las partidas, y dejó clara su preferencia por Ámsterdam, por ser una ciudad neutral y con un buen clima. Las altas instancias del ajedrez convirtieron la elección de la sede en una subasta: quien más dinero ofreciera por el evento, se lo quedaba. Así, atendiendo las peticiones de los dos contendientes y con el sistema de subasta, las ciudades interesadas se fueron reduciendo hasta quedar tres: Belgrado, Sarajevo y Reikiavik. Gudmundur Thorarinsson era el presidente de la ICF –Icelandic Chess Federation- y en 1972, vivía para una obsesión: traer el duelo del siglo a Islandia. Fue Thorarinsson quien movió todos los hilos diplomáticos posibles que hicieron de Reikiavik la ganadora. La oferta fue de 121.000$, adjuntando un innovador contrato televisivo. Y aunque a Fischer no le gustaba la ciudad escogida porqué era una de las preferidas de su rival, a través de sus abogados envió a la ICF y la URSS su beneplácito para jugar, pero “no sin una protesta formal”. Esa futura protesta formal levantaría muchas ampollas. El día ‘D’ se acercaba, y ambos contrincantes dedicaron meses y meses a prepararse tanto física como psicológicamente para la afrenta que les esperaba. Y conforme julio del 72 se acercaba, la presión aumentaba cada segundo, cada día. Hasta que llegó el momento de la batalla final.


22) Julio- El ‘match del siglo’ en Reikiavik Spassky decidió llegar una semana antes a Reikiavik para adaptarse a la ciudad, establecer una rutina y concentrarse en el ajedrez. Mientras tanto, Fischer se bunkerizó en un apartamento de Nueva York hasta el día 30 de junio. Llegado ese día, todo estaba dispuesto para que el Gran Maestro estadounidense volase rumbo. Islandia. Pero cuando llegó al Aeropuerto John Fitzgerald Kennedy, todo se torció.


23) Julio- El ‘match del siglo’ en Reikiavik

LA DECISIÓN DE THORARINSSON

Fischer, nada amante de los bullicios y los tumultos, vio como le esperaba una legión de fans en la puerta de embarque del avión, y al ver aquél circo mediático, dio media vuelta y salió escopeteado en la misma dirección por la que había venido. El Gran Maestro no se subió al avión que lo tenía que llevar a su destino el día antes de la partida más importante de su vida. Las noticias corrieron como la pólvora. El rumor de que Fischer no iba en el vuelo de Icelandic Airlines se hizo cada vez más fuerte, hasta que la bomba estalló. Los islandeses, anfitriones de la partida, estallaron en cólera, acusando al ajedrecista americano de ‘extorsión’ por montar el número, pensando que era una venganza porqué era una de las sedes preferidas por Spassky. Lejos de la realidad, el problema era únicamente del genio americano. Como era habitual en Fischer, todo se reducía al dinero. En las negociaciones, una de las bazas del país escandinavo fue repartir el 30% de los derechos televisivos para cada jugador, quedándose la ICF con el 40% restante y la recaudación de las taquillas. Para el americano, aquél acuerdo era una estafa, y decidió plantarse. Y llegamos al día 31 de junio, día oficial de la inauguración de la final. Todo estaba dispuesto para el mayor evento de ajedrez de la historia, pero en Reikiavik faltaban Thorarinsson y Fischer. El presidente de la ICF estaba ante el día más importante de su carrera. Se había desvivido por traer la final a su tierra, y ahora se encontraba con el problema más importante con el que nunca había lidiado, el ego de Bobby Fischer. Según cuentan David Edmons y John Eidinow en su libro Bobby Fischer fue a la Guerra, la desesperación de Thorarinsson en el coche oficial que lo llevaba al match era tal, que no se había ni puesto su traje. Al llegar al Laugardalur, el pabellón que acogía El Partido del Siglo, se encontró con el Primer Ministro de Islandia, escandalizado ante semejante ridículo diplomático. Tras explicarle la situación, Thorarinsson tenía que elegir: suspender el evento, o darlo por comenzado sin Fischer. Escogió lo segundo. Se metió entre bambalinas, un asistente le entregó una americana, y salió al estrado para dar su discurso.

PATRIOTISMO Y MILLONARIOS James Slater era un multimillonario inglés, fundador y presidente de Slater Walker Securities, e iba camino de Londres escuchando la radio en su flamante coche de lujo. Slater, jugador experimentado de bridge en su tiempo libre, y aficionado al ajedrez, escuchaba perplejo las noticias de la BBC. Él era el patrocinador principal del torneo de ajedrez anual de Hastings, y le horrorizaba la idea de que no hubiera match Spassky-Fischer. Slater decidió actuar y lanzó un mensaje público, apelando directamente al aspirante norteamericano. La apuesta se doblaba, el premio pasaba a ser tener 50.000 libras más, íntegramente salidas de las arcas de este mecenas. Los teléfonos del entorno de Fischer sonaban a toda velocidad, hasta incluso llegar a la Casa Blanca.


24) Julio- El ‘match del siglo’ en Reikiavik Allí estaba Henry Kissinger, el que fuera secretario de defensa de la administración Nixon. Él telefoneó a Fischer, y según cuenta él mismo, “recurrí al nacionalismo” para convencerle. Fischer tenía que derrotar a Spassky. Fischer era el soldado que tenía que derribar a la URSS. El aumento de la recompensa, la llamada de Kissinger y el rumor de una posible descalificación si no acudía a Reikiavik el día 4 de julio, hicieron reaccionar a Fischer, que finalmente voló hacia la capital islandesa para afrontar la partida más importante de su vida.

EL CARA A CARA

El día 12 de julio empezaba la primera partida. Fischer, que estaba en Islandia, no apareció. La segunda partida también la perdió por incomparecencia. Spassky ganaba 2-0, pero no estaba en absoluto contento. El campeón quería ganar en el tablero, no por incomparecencia. La FIDE –Federación Internacional de Ajedrez- explicó que si Fischer no aparecía para la cuarta partida, la final estaba acabada. Fischer estaba decidido a no jugar, e incluso tuvieron que pararle los pies para que no volviese a Nueva York. Y gracias a la mediación de su abogado Paul Marshall, puso condiciones para jugar la tercera partida en una sala diferente a la acordada y Spassky aceptó. Y por fin, Fischer apareció. Vio una cámara y se alteró, pero terminaron jugando. El soviético, con blancas, se sentó ante el tablero, movió y tocó el reloj. El match del siglo por fin había empezado. Y en el movimiento 11, Fischer desordenó su ataque para lanzar un ataque suicida, que dejó a Spassky paralizado durante casi treinta minutos. Spassky se vio en jaque y tras no verlo claro, se rindió. Fischer ganaba su primera partida, con sus reglas y en su terreno. Había posibilidad de remontada. La cuarta partida se jugó en el Laugardalur, pero sin cámaras. Fischer, con blancas, se vio dominado por los alfiles rivales y consiguió sacar unas valiosas tablas. La quinta partida se jugó el 20 de julio, y

en el movimiento veintiséis, Spassky se derrumbó sacrificando a su reina. El público explotó a favor de Fischer, y el match estaba empatado a 2,5 puntos. La sexta partida fue el 23 de julio, y el Gran Maestro norteamericano se lanzó en tromba. Apertura con el peón de la reina dos casillas hacia adelante. Spassky quedó noqueado. La partida fue majestuosa, “una obra maestra de principio a fin” según el periodista Harry Golombeck. Fischer avasalló a Spassky, ganó, se levantó de la silla y se fue entre aplausos del auditorio y de su rival, que se rindió a la evidencia. En la séptima, Spassky rascó tablas intentando recuperarse. Para la partida ocho, el campeón parecía psicológicamente agotado, ya y Fischer olía sangre. Y en la décima partida, Fischer hizo su apertura preferida con blancas. En el movimiento veintiséis, de nuevo, sacrificó un peón que activó toda la maquinaria del aspirante americano. Fischer ganaba la partida, y el marcador era de 6,5 a 3,5. Spassky reaccionó en la undécima, venciendo el asalto y acercándose en el marcador. Había vencido a Fischer, y eso debilitaba psicológicamente a su rival, que odiaba perder. Pero en la partida trece, de nueve horas y media de duración, Fischer resucitó. En el movimiento sesenta y nueve, Spassky cometió un error fatal, que la prensa soviética describió como “el jaque fatal”. Fischer ganaba de nuevo, y acariciaba el título. Tras esa partida, siguieron siete tablas consecutivas, algo nunca visto en un Mundial de ajedrez desde 1927. La guerra psicológica era extrema, cada movimiento se observaba con lupa y el desgaste era mayúsculo. Y en la partida veintiuno, el campeón mostró debilidad. Tiró un café sobre el tablero tras el séptimo movimiento, y hubo que limpiar el escenario. La partida no se


25) Julio- El ‘match del siglo’ en Reikiavik reanudó, y el campeón sorprendió a todos con un gestio histórico. Tras el movimiento cuarenta y uno,Spassky anotó algo en un sobre, se lo dio al árbitro y la sala se relajó. Todos pensaban que estaba acabado, incluso él mismo. Al día siguiente, fue Fischer quien llegó primero, algo completamente inusual. Se sentó y esperó a su rival, que no daba señales de vida. Lothar Schmid, árbitro de la contienda, al ver al americano, se dirigió a la parte delantera del estrado, miró al público y lanzó las palabras mágicas “Damas y caballeros, el señor Spassky ha renunciado por teléfono. Bobby Fischer es el campeón”. Tras esa victoria, Fischer renunció prácticamente al ajedrez. Se negó a defender el título en 1975, y cayó en desgracia. Buscado por la ley, tuvo problemas diplomáticos con Japón en 1992 e incluso le fue retirada la nacionalidad estadounidense, aliada política con Japón. Permaneció detenido durante ocho meses, hasta que encontró asilo político en la Islandia que le coronó campeón. Allí vivió hasta su muerte en 2005, por culpa de una enfermedad renal. Una de las mentes más brillantes y retorcidas de la historia del deporte murió en la más absoluta miseria, únicamente rodeado de sus pocos seres queridos. Desde entonces, Robert James Fischer yace en la pequeña localidad de Selfoss, donde descansa en la orilla del mar, lejos de cualquier cámara, cualquier bullicio y cualquier pieza de ajedrez.


26) JJOO de Verano en Múnich: Los 7 oros de Spitz

Ganar, ganar, nadar... y volver a ganar

Mark Spitz: La historia de un tiburón de piscifactoría Texto: Jabier Izquierdo


27 ) JJOO de Verano en Múnich: Los 7 oros de Spitz Para ser un gran campeón, primero has de haber sido un gran sufridor. Es el primer mandamiento de cualquier leyenda del deporte, y también lo es de Mark Spitz: el nombre propio de Múnich 1972. Un extravagante californiano que significó la imagen de aquellos Juegos Olímpicos y fue pionero de otras tantas cosas en el mundo del deporte de los años 70 y, en particular, de su pasión: la natación. Los Juegos Olímpicos de 1972 son aún para muchos uno de los mejores de la centenaria historia de este evento. Desgraciadamente, el ataque terrorista sufrido por nueve atletas israelíes en la Villa Olímpica, el peor de la historia de este centenario evento, empañó la fiesta hasta tal punto que faltó poco, muy poco, para que la imagen deportiva de esos juegos no se produjera. Las armas y locura de ocho terroristas palestinos de ‘Septiembre Negro’ hicieron que Spitz tuviera que abandonar rápidamente Alemania Occidental. Él era judío y nadie podía garantizar al 100% su seguridad. Este cruento episodio dejó sin ceremonia de clausura al héroe de la competición, pero por tan sólo dos días, sí le permitió alcanzar la mágica cifra de siete oros en las siete pruebas que disputó; consiguiendo, además, un nuevo récord mundial en cada una de ellas. Todo en ocho días. Del 27 de agosto al 3 de septiembre. En la madrugada del día 5, entrarían los terroristas en la Villa Olímpica. Pero para llegar hasta allí, hay que sufrir primero. Mucho. Y Mark lo hizo. Mark Andrew Spitz nació en febrero de 1950 en California, en el seno de una familia judía adinerada. Su padre, Arnold, marcó su vida y, sobre todo, su infancia. Industrial multimillonario, Arnold quería hacer campeón de natación a su hijo y le enseñó a nadar con tan sólo dos años. Lo hizo en la paradisíaca playa de Waikiki, en la isla de Hawaii, a donde se había trasladado la familia Spitz por motivos de trabajo del cabeza de familia. Allí nadaba a diario varias horas, y siempre con la mente puesta en el mismo lema que su padre le espetó tras una prueba: “La natación no lo es todo; la victoria, sí”. Aquel día, el pequeño Mark, que tenía 10 años, había quedado segundo en una competición escolar y con lágrimas en los ojos aceptó el desafío de su padre. Nunca más aceptaría una derrota. Como era de esperar, esta actitud competitiva de su progenitor convirtió a Spitz en una persona arrogante y desafiante a la que poco le importaban las reglas, si con ello conseguía el primer puesto. En lo deportivo, sin embargo, sí le ayudó, puesto que con tan sólo 14 años

ya había batido su primer récord del mundo y 17 récords nacionales de Estados Unidos de su categoría. Aunque pocos saben que la marca pudo haberse quedado en seis. Cuando celebrase la sexta victoria, en el 4x100 estilos, ya se convertiría en el máximo campeón en unos mismos Juegos Olímpicos. Había superado ya en natación la marca de su compañero de entrenamientos en Santa Clara Don Schollander (4 oros en Tokio ‘64) y en el palmarés de cualquier disciplina olímpica, terminaría de dejar atrás al esgrimista italiano Nedo Nadi (5 oros en Amberes ‘20). Ya estaría en la cumbre, en el olimpo. Su padre, orgulloso de haber conseguido fabricar un hijo campeón. Y todos apuntaban, con razones fundamentadas, a que eso sería posible en la última prueba de relevos, gracias a su inalcanzable mariposa. Pero aquel oro sumaría seis, no siete. El sexto, por orden de competición, lo tenía esperando en los 100 metros libres, una de las pruebas estrella en cualquier evento de natación. La que determina quién es el más veloz y otorga un enorme protagonismo al vencedor. En ese momento, casi por primera vez en su vida, Spitz dudó. Sus dudas tenían nombre y apellido: Mike Wenden y Jerry Heidenreich. El primero era australiano y vigente campeón olímpico, tras ganarle en México, además de plusmarquista mundial, mientras que el segundo era compañero de selección y había dejado atrás a Spitz en eliminatorias y semifinales. Era un dilema complicado: querer optar a un séptimo oro le podía dejar sin la tarjeta de visita inmaculada. Y por entonces ya sabían todos que Spitz no aceptaría una plata. Su ambición se enfrentó por unos instantes a su miedo a la derrota. Esta vez, no las tenía todas consigo. Sin embargo, todo cambió cuando recibió una llamada de Sherm Chavoor, su primer entrenador. Chavoor le convenció para nadar aquellos 100 libres de la única manera con la que sabía que Spitz no le diría que no: picándole. Le explicó que, si él no competía, habría alguien que sería el hombre más veloz del mundo y no sería él, y eso al insaciable Mark no le gustaba nada escuchar. Le atendió, aceptó el reto y no sólo ganó, si no que rebajó el récord de Wenden en casi un segundo. Nunca hubo nada más eficaz para conseguir la atención de Spitz, que un reto complicado. El sexto y el séptimo llegaron y, esta vez sí, el niño de Modesto, el hijo del fanfarrón Arnold, había cumplido su palabra. Tenía 22 años y había escrito la historia más grande de los


28) JJOO de Verano en Múnich: Los 7 oros de Spitz Juegos Olímpicos. Ya le había dado todo a la natación, y la natación a él.

LAS ADIDAS Y EL BIGOTE

El nadador norteamericano, además de plusmarquista en todas las especialidades, fue un pionero en la comercialización de su figura. Un gran mérito, teniendo en cuenta que la natación no es ni mucho menos un deporte de masas en los Estados Unidos. Su icónico bigote no dejaba indiferente a nadie, y marcó su imagen. La razón por la que se lo dejó para los juegos, una vez más, tenía como motivo el orgullo: uno de sus entrenadores en la Universidad de Indiana le dijo antes de los trials estadounidense que con él no podría ganar, así que se lo dejó y ganó sobradamente. Así era él, terco, pero también bromista. Como cuando en Múnich, tras haber ganado ya alguna prueba, un entrenador del equipo soviético se le acercó y le preguntó si el bigote no le provocaba cierta resistencia al nadar. Él, lúcido como pocos, le dijo que todo lo contrario, que al nadar, el bigote impedía que el agua le diera en la boca y tenía un efecto bala y que por eso nadaba tan rápido. Ese entrenador se lo dijo a todos los entrenadores de la selección soviética y al año siguiente todos los nadadores rusos lucían un mostacho como el suyo. Pero, aunque conversaba con ellos, la relación entre el siete veces campeón y sus rivales de la URSS nunca fue amistosa. Menos aún cuando a Spitz se le ocurrió ganar algo de dinero mostrando sus zapatillas Adidas al aire en el podio de la competición. Ello contravenía las normas del COI, que prohíben el comercialismo y los soviéticos no dejaron pasar la oportunidad de denunciarlo. Finalmente, el comité decidió no descalificarlo, pero para siempre quedará la sospecha de si mereció o no tal sanción. De si en caso de no ser Mark Spitz y no haber logrado siete oros, la decisión hubiera sido la misma. La progresiva mercantilización de su éxito no pasó desapercibida para las agencias de publicidad de Estados Unidos. La firma Williams Morris, una de las más importantes del mundo, decidió tasar el valor de sus medallas, en ingresos potencialmente publicitarios, con un resultado que quitaría el hipo a cualquiera. Según esta agencia, cada una de sus siete preseas doradas tenía un valor de cinco millones de dólares. En resumen: Spitz se acababa de colgar al cuello 35 millones de dólares.

RETIRADO PARA GANAR UN ÓSCAR, QUISO VOLVER EN BCN ‘92 La fama que le reportó su hazaña cautivó de tal manera al estadounidense que dijo basta. Ya había conseguido lo que quería, ser un campeón,


29) JJOO de Verano en Múnich: Los 7 oros de Spitz y quería buscar nuevos retos, apoyado por el enorme apoyo económico que comenzaba a recibir por parte de marcas que se peleaban para que les publicitara sus productos. Como ejemplo de su eco, su portada de héroe americano, con las siete medallas cruzadas en el pecho, de la prestigiosa revista Sports Ilustrated dio la vuelta al mundo. Todos querían tener a Spitz a su lado. Incluso Hollywood, quien tentó al nadador, que a su vez estaba encantado de que lo tentaran. Se habló durante un breve periodo de tiempo de que incluso se barajaba su nombre para hacer de James Bond en la saga de 007, en sustitución de Sean Connery. Además, participó en varios programas de televisión, donde era recibido como un ídolo. Aquella aventura como actor no fructificó y dejó el reto del cine aparcado para comenzar como promotor inmobiliario. Dinero no le faltaba y sólo necesitaba tener los mejores contactos. En esta profesión sí que logró asentarse y hoy aún es considerado uno de los mejores promotores de Beverly Hills. Entre medias, hubo un pequeño intento por ver de nuevo a Spitz en una piscina olímpica. Era más una ilusión de un amigo multimillonario que una opción real. El director de cine “Bud” Greenspan le ofreció un millón de dólares si conseguía clasificarse para los juegos de... Barcelona ‘92. Con 41 años, ya sin bigote y tras casi veinte fuera del agua, Spitz intentó pasar los trials, pero, aunque marcó en algunas pruebas tiempos mejores a los de Múnich, perdió. Sus ansias lo llevaron a la derrota. No fue amarga esta vez, pero seguro que a su padre Arnold no le hizo mucha gracia.

PHELPS, SU SUCESOR

Trece años después de su victoria en la antigua RFA, nació en Baltimore Michael Phelps. Este portento físico de la naturaleza, acabaría por destronar a Spitz en los Juegos Olímpicos de Pekín ‘08, al conquistar ocho metales de oro, Ésta ha pasado a considerarse la mayor hazaña de los deportes olímpicos, pero ni Phelps fue tan superior en todas las pruebas conquistadas ni pudo superar el número de récords mundiales batidos en unos juegos (se le resistió el de los 100 metros mariposa), igualando los siete de Spitz. Phelps es el ejemplo del enorme legado que dejó en Múnich Mark Spitz. Tuvo que llegar un superhombre, un titán de la natación, para bajar del primer puesto a uno de los cinco deportistas olímpicos más importantes de la historia, que, casualidades de la vida, a pesar de su ambición y arrogancia, aprendida pronto de su padre, nació en una ciudad llamada Modesto.


31) Agosto/septiembre - JJOO de Verano en Múnich: Terror en la Villa

Múnich ‘72: El espectáculo debe continuar

Los Juegos Olímpicos de verano en Múnich nacieron con un claro propósito: servir de oasis de paz y tranquilidad a los más de 7.000 atletas -todo un récord en la época- que, en el caso de muchos de ellos, provenían de países sumidos en dictaduras o inmersos, directa o indirectamente, en la Guerra Fría, que en 1972 se encontraba en su máximo esplendor. Por ello, los dirigentes de la candidatura muniquesa no quisieron llevar a cabo las recomendaciones que los servicios de seguridad de las grandes potencias mundiales les habían propuesto, en pos de una olimpiada pacífica. Para los alemanes, la paz en los Juegos tenía que ir acompañada de libertad de movimientos y de una vigilancia pasiva de los recintos. Todo debía ser armonía, pero en la madrugada del día 5 de septiembre, el sonido de las carcajadas y la fiesta se tornaron de pronto en ráfagas de disparos de metralleta y gritos de pánico que precedieron a uno de los secuestros más sonados de la historia: la captura y posterior asesinato de 11 atletas israelíes por parte del grupo armado palestino ‘Septiembre Negro’. En cualquier otra circunstancia, la competición habría sido anulada de inmediato, pero los Juegos Olímpicos demostraron una vez más su particularidad. Texto: Korin Cruz y Jabier Izquierdo


32) Agosto/septiembre - JJOO de Verano en Múnich: Terror en la Villa

ANTECEDENTES DEL ATAQUE

En la madrugada del 5 de septiembre de 1972, un grupo palestino denominado “Septiembre Negro”, atacó por sorpresa a 11 atletas israelíes mientras dormían en sus habitaciones en la Villa Olímpica. Después de asesinar a dos de ellos, sometieron al resto y los secuestraron en una de los cuartos. Poco después de las 6 de la mañana los terroristas harían saber sus peticiones a las autoridades que se encontraban fuera del complejo. La historia acabaría a medianoche, con un desafortunado final para ambos bandos. ¿Pero quiénes formaban “Septiembre Negro” y qué querían? Se trataba de un grupo terrorista vinculado al grupo guerrillero de Yasser Arafat, “Al Fattah” (Movimiento de Nacional de Liberación de Palestina) y de algunas otras organizaciones palestinas. Formados a inicios de la década de los 70, tomaron su nombre por el sangriento mes de 1970, donde aconteció la mayor matanza de palestinos, desde que el estado de Israel existe, a manos de tropas jordanas. En ese septiembre, el rey Hussein de Jordania proclamó una regla militar, mediante la cuál se expulsó y mató a miles de fedayines (milicianos), puesto que se sintió amenazado por ellos. Las tropas jordanas arremetieron contra los campos de refugiados de los guerrilleros, en ataques que se prolongaron por once días, donde murieron civiles y militares por igual. La cifra de caídos es difícil de estimar: algunos la fijan en 3,500; otros sostienen que fueron cinco mil e incluso se habla de una cantidad mayor. Desde entonces se le conoció como septiembre negro a este turbio suceso. Septiembre negro, la organización, surgió inicialmente con el objetivo de crear represalias contra la monarquía jordana. Previamente a los atentados en Múnich, el 28 de noviembre de 1971 asesinaron al primer ministro jordano, Wasfi al Tal, en venganza por los sucesos de septiembre. El día de los atentados, que fueron posibles gracias a que contaron con asistencia logística de grupos neonazis, su primer objetivo fue pedir a las autoridades israelíes y alemanas la liberación de 234 prisioneros de sus cárceles, en su mayoría palestinos, en intercambio por los atletas secuestrados. Sin embargo, conforme pasaba el tiempo, y las negociaciones iban fallando, los secuestradores demandaron entonces ser transportados en helicópteros, junto con los rehenes atados, a un aeropuerto donde les debía esperar un avión que los llevara a Egipto. Con los hechos de Múnich, su objetivo era poner en el mapa político el problema de Palestina y Medio Oriente, y avanzar en su lucha de los derechos de los palestinos, ya que los Juegos Olímpicos eran un excelente escaparate en todo el mundo. Seguridad en las Olimpiadas La organización de Múnich deseaba que sus Juegos se percibieran como un evento tranquilo y relajado, con un ambiente abierto y amigable. El Comité Olímpico Alemán decidió que sus medidas de seguridad serían austeras y discretas; querían evitar a toda costa policía armada en las calles y vigilancia extrema. Los viejos fantasmas de Berlín ‘36 aún los acosaban, y buscaban mostrar otra cara diferente a la que el país exhibió en las olimpiadas con el Führer, donde el evento fue utilizado como propaganda del régimen nazi. En su afán por presentar unos Juegos “felices”, Alemania gastó menos de 2 millones de euros en el área de seguridad del evento; en comparación con Atenas ‘04, que destinó al menos 600 millones, y Londres, que gastó 1300 millones de euros, por ejemplo. Los policías se encontraban vestidos de civiles, los distinguía únicamente un brazalete turquesa y trabajaban sólo con walkie talkies. Los controles para ingresar a la Villa Olímpica eran muy relajados y la vigilancia dentro de ella, casi nula. Esta ausencia de personal armado hizo que las alarmas sonaran para el titular de la delegación israelí, Shmuel Lalkin. En declaraciones posteriores de Lalkin, señaló que sus preocupaciones se las hizo saber a las autoridades alemanas antes del inicio del certamen. La intranquilidad además nacía del hecho de que la delegación de Israel se hospedaría en una zona de la Villa Olímpica relativamente aislada, cerca del alambrado, con lo que un asalto del exterior era muy factible. La policía le aseguró que pondrían más vigilancia para resguardarlos; sin embargo, Lalkin nunca estuvo muy seguro que sus demandas fueran llevadas a cabo por la policía. El Comité Olímpico Alemán trabajó antes de la inauguración con el Dr. Georg Sieber, un psicólogo policial de entonces 39 años, quien recreó situaciones con los peores escenarios para la seguridad


33) Agosto/septiembre -JJOO de Verano en Múnich: Terror en la Villa del evento. Tras un análisis de los grupos violentos de la época, como ETA, la Organización de Liberación de Palestina, el grupo alemán Baader-Meinhof Gang, el Ejército Republicano Irlandés, entre otros, mostró 26 posibles casos con detalles muy específicos; la mayoría se llevaban a cabo en la Villa Olímpica. Entre las propuestas de situaciones, la número 21 es de un realismo sorprendente.

La situación 21,prevista por el Dr. era la siguiente: una docena de palestinos armados entraban a las 5 de la mañana a la Villa Olímpica, tras saltar la valla, y asaltaban a la delegación israelí, matando a una o dos personas y secuestrando a los demás. Entre sus objetivos estarían la liberación de rehenes que se encontraban encarcelados en Israel y la solicitud de un avión que los llevase a algún país árabe donde pudieran estar seguros. El Dr. Sieber aseguraba que bajo ninguna circunstancia se rendirían. Al presentar su informe al comité, éste vio que los casos que se presentaban ahí requerirían una modificación en su plan de seguridad para adaptarse a todas las posibles situaciones, cambio que el Comité no estaba dispuesto a hacer. Además pensaron que estás situaciones eran algo dramáticas, por lo que pidieron a Sieber que volviera con escenarios más reales. Todo era perfecto para que lo previsto por Sieber sucediera; con algunas ligeras modificaciones. Los Juegos Olímpicos de Múnich eran blanco fácil para cualquier grupo armado, los primeros que sabían esto eran los propios organizadores. A partir de entonces, en el comité de seguridad de cada Olimpiada se incluye un informe de posibles escenarios; en las Olimpiadas de Atlanta ‘96 uno de los escenarios supuestos por la seguridad del evento se hizo realidad; para Sidney ‘00 las situaciones llegaron a 800 posibles casos. Es evidente que las Olimpiadas de Múnich 72 fueron un claro ejemplo para los posteriores anfitriones de qué no hacer y marcaron un antes y un después en la importancia del comité de seguridad y emergencias

EL ATENTADO

El informe del Dr. Georg Sieber fue casi exacto: a la Villa Olímpica entró un comando armado de 8 hombres, no 12 como él señaló, e irrumpieron unos cincuenta minutos antes de lo que previó en su informe. Tampoco fue necesario volar con explosivos la puerta para entrar al apartamento de los deportistas, ya que pudieron abrir la cerradura ellos mismos. Todos los demás detalles fueron muy similares a los señalados en el informe presentado al Comité Olímpico. El 5 de septiembre, a las 4:10 de la madrugada, los ocho terroristas palestinos saltaron la valla para entrar a la Villa Olímpica, vestidos con ropa deportiva y sus armas las llevaban en maletas deportivas; se aproximaron rápidamente al pabellón 31 donde se alojaba la delegación israelí. Al


34) Agosto/septiembre - JJOO de Verano en Múnich: Terror en la Villa llegar allí, el entrenador del equipo de lucha, Moshé Weinberg, escuchó unos ruidos y mientras forcejeaba con los terroristas, alertó a los atletas que aún seguían dormidos con gritos. Esta confusión inicial permitió que nueve deportistas escaparan y ocho se ocultaran. El halterófilo Yossef Romano peleó con uno de los terroristas con un cuchillo de cocina y fue la segunda víctima mortal junto con Weinberg; pero no hubo tiempo para nueve atletas de escapar y fueron tomados como rehenes por el grupo palestino. “Septiembre negro” lanzó a las 6 de la mañana unas hojas por el balcón donde hacían una petición de liberar a 234 rehenes de cárceles israelíes y alemanas, dando 3 horas de plazo para que sus demandas fueran cumplidas. De lo contrario, ejecutarían a los secuestrados. El comité de crisis alemán, formado por el canciller Willy Brandt, el ministro del Interior, HansDietrich Genscher, y el jefe de la policía de Múnich, Manfred Schreiber, tuvo contacto inmediato con las autoridades hebreas, quienes después de algunas horas comunicaron su decisión sobre el tema: con un contundente no respondieron a los actos terroristas. Sin embargo, no se lo comunicaron a los terroristas y les ofrecieron dinero ilimitado para que bajasen sus pretensiones. La propuesta fue rechazada y a las 17:00 horas exigieron ser trasladados por dos helicópteros a un aeropuerto donde los debía esperar un avión para llevarlos a Egipto. El plan de las autoridades alemanas era tenderles una emboscada en el aeropuerto, donde estarían escondidos cinco francotiradores y un avión con tripulación preparado para dispararles. Pero la tripulación del avión desertó a la misión y los francotiradores tuvieron un campo limitado por la poca visibilidad nocturna, la mala acomodación de los helicópteros, y porque carecían de rifles de precisión y sistemas de comunicación para coordinar el fuego. Y por si fuera poco, tampoco eran francotiradores expertos, se trataba de policías comunes que practicaban tiro en sus tiempos libres. Para las 22:10 de la noche, los terroristas y sus rehenes viajaron en helicóptero a una base aérea cercana a Fürstenfeldbruck. Al llegar al aeropuerto, un Boeing 727 de Lufthansa los esperaba; dos de los terroristas bajaron de los helicópteros para caminar hacia el avión, pero pronto se dieron cuenta de que estaba vacío y que se trataba de una trampa, por lo que regresaron corriendo a los helicópteros. En ese momento empezó el fuego cruzado entre los francotiradores y los terroristas. En el tiroteo, uno de los pilotos del helicóptero logró escapar; escenario diferente vivieron los rehenes, que se encontraban atados y poco pudieron hacer. Los terroristas comprendieron que no existía otra salida para su causa, por lo que detonaron una granada en un helicóptero, matando a cuatro deportistas y un piloto. El destino del segundo helicóptero fue similar, uno de los terroristas mató a sus cinco tripulantes israelíes con una metralleta. Después de 20 horas de terror, la policía abatió a tres de los terroristas y capturó a otros tes. El saldo del trágico día fueron 11 israelíes, cinco secuestradores, un policía y un piloto muerto. Y todo ante la atenta mirada del mundo, que vio angustiado, en directo y por televisión, toda la operación policial.


35) Agosto/septiembre- JJOO de Verano en Múnich: Los protagonistas

EL DEPORTE, A LA ALTURA

Pero el amargo signo de los juegos de Múnich ‘72 también tuvo sus fases de gloria competitiva. Por encima de todas, la figura del nadador americano Mark Spitz, quien cumplió su atrevido pronóstico y se colgó al cuello siete medallas de oro. En la natación, pero en categoría femenina, la reina de aquella piscina olímpica fue la australiana Shane Gould. O mejor dicho, la adolescente Shane Gould, puesto que sólo contaba con 15 años cuando llegó a Alemania Occidental dispuesta a arrasar en el estilo libre. Oro en 200 y 400, plata en 800 y bronce en los 100, completó su palmarés olímpico con un tercer oro en los 200 estilos. Su dominio del crol era tal que, ocho meses antes de los juegos, Gould ostentaba los récords mundiales de todas y cada una de las distancias del estilo libre (100 m, 200 m, 400 m, 800 m y 1.500 m). La aussie se retiró de la natación y de la vida pública tras los juegos, y tuvieron que pasar casi 30 años para poder volver a verla por televisión. Fue en la ceremonia de apertura de Sidney ‘00, donde ella llevó la antorcha olímpica en el estadio hasta la carismática atleta Cathy Freeman, que esperaba al pie de la columna para encender el pebetero, situado en lo alto de un mástil de cinco toneladas de acero, e iluminar todo el Millennium Park. En otro escenario de la ciudad, la gimnasta rumana, perteneciente a la delegación soviética, Olga Korbut, realizó por primera vez un mortal hacia atrás en la barra de equilibrio y ofreció, con su figura frágil e infantil, un soberano espectáculo en las barras asimétricas, en la competición por equipos, ayudando al equipo de la URSS a lograr el primer puesto y acaparando el afecto y la admiración de todo el público, que la condecoró como una de las grandes figuras de aquellos juegos. Además, en la modalidad individual, se alzó con el oro en suelo y en barra, y se quedó con la plata en las barras asimétricas. En el Olympiastadion de Múnich, el atletismo vio el resurgir del fondo y medio fondo finlandés en las figuras de Lasse Viren y de Pekka Vasala. Viren consiguió el doblete en 5.000 y 10.000 metros, marcando una épica victoria en esta última prueba. En la vuelta 12 (de 25), el finés se escurrió y cayó al suelo, pero lejos de maldecir su mala suerte, se repuso raudo y consiguió no sólo conectar con el grupo cabecero sino llevarse la victoria con un nuevo récord mundial. Por su parte, el otro héroe escandinavo, Vasala, logró en la final de 1.500 metros doblegar al keniata Kip Keino, que era el defensor del título olímpico y máximo aspirante al oro. Curiosamente, en la prueba estrella de los atletas finlandeses en la actualidad, la jabalina, se vivió una de las finales más reñidas. Una exigua diferencia, de tan sólo dos centímetros, impidió al soviético Yanis Lusis (90.46 m.) revalidar el triunfo que consiguiera en México 68, frente al alemán Klaus Wolfermann (90.48 m.). También por una escasa diferencia, la Unión soviética venció a la selección de baloncesto de Estados Unidos en los últimos tres segundos del partido, tras un igualado y emocionante choque que finalizó con una jugada polémica que aún hoy es recordada por muchos.

ESPAÑA: DOS MEDALLAS Y UNA CORONA

La participación de España en Múnich se resume en una medalla. El pobre bagaje en el medallero final, no exento de polémica, no tuvo, sin embargo, tanto eco debido a la participación del entonces Príncipe de España, D. Juan Carlos de Borbón, en dichos juegos. El monarca regateó en las frías aguas de Kiel en la clase Dragón, una clase que dejó de ser olímpica en Múnich, junto a sus compañeros de fatigas Félix Gancedo y Gonzalo Fernández de Córdoba. La embarcación fue bautizada con el nombre de Fortuna. La misma que no tuvieron el trío de españoles (que, por cierto, preparó esta cita en Barcelona) en la regata, ya que finalizaron decimoquintos. La medalla de bronce en el peso minimosca (-48 kg.) es la única que España conserva de aquellos juegos, si bien en la pista consiguió una más. Fue en la carretera, en la prueba de ciclismo en ruta, donde el amateur Jaime Huélamo, criado en Sant Joan Despí, logró una brillante tercera posición. Lástima para él que su masajista desconociera que la ‘coramina’, un medicamento que tomó antes de la carrera, según Huélamo “por unas molestias en el pecho causadas por una bronquitis de principio de temporada”, era una sustancia prohibida para el COI. Si esto le hubiera ocurrido en el Tour, no habría pasado nada, ya que la UCI permitía su uso, pero el COI no, y la alegría se volvió de golpe y porrazo en tristeza y rabia cuando, pasado el control anti-doping, el comité olímpico le descalificó.


36) Agosto/septiembre JJOO de Verano en Múnich: Los protagonistas

TEÓFILO STEVENSON, EL CUBANO REVOLUCIONARIO

En cuanto a los deportes olímpicos no tan mediáticos en Europa, los Juegos de Múnich dieron el pistoletazo de salida al dominio cubano en el boxeo amateur de las siguientes décadas, tras cosechar esta república caribeña 3 medallas de oro (las primeras de su historia), 1 de plata y 1 de bronce. Entre todos los campeones de Múnich, el púgil que destacó por encima de todos, por lo heroico de su victoria, fue Teófilo Stevenson. Con tan sólo 20 años, este peso pesado viajó hasta la RFA sin estar en la lista de favoritos y se volvió a La Habana, una semana después, con uno de los oros cubanos con más historia y erigido héroe nacional. Su victoria llenó de orgullo a sus paisanos, pero lo que más impactó al mundo entero del boxeo fue la forma en la que la logró. Después de dejar fuera de combate al polaco Denderys en su debut, tuvo que vérselas, en cuartos de final, con el favorito indiscutible de aquellos juegos, un estadounidense, de nombre Duane Bobick, que se presentó en aquellos juegos con 62 victorias consecutivas y la única ambición de llevarse el oro olímpico -que todos esperaban- para firmar un contrato millonario en el boxeo profesional de los Estados Unidos. Además, Bobick ya había vencido a Stevenson en la semifinal de los Panamericanos de un año antes, con lo que todos apostaban por la “esperanza blanca”, como le apodó la prensa de EE.UU. Sin embargo, aquel 5 de septiembre de 1972 (el mismo día que había entrado ‘Septiembre Negro’ en la Villa Olímpica), el pueblo cubano, en una pelea que fue televisada para todo el país, golpeó con una descomunal derecha el rostro del norteamericano en el tercer round, en el que el árbitro se vio obligado a detener el combate y otorgarle su victoria más memorable a Teófilo Stevenson. Aquella victoria fue tan espectacular que pocos recuerdan el paseo de Stevenson en las semifinales ante el local Peter Hussing, y por supuesto, nadie supo nada de la final, puesto que el rumano Ion Alexe, su rival, no compareció por una lesión en el brazo. Hasta un dirigente de la federación estadounidense, Robert Surkein, que llevó equipos de su país a varios Juegos Olímpicos, años después declaró lo siguiente sobre esta batalla: “El Stevenson que vi ganarle a Bobick en Múnich’72 era entonces superior al Clay que ganó los 81 kilos en Roma’60 y al Frazier y al Foreman que ganaron en la categoría superior en Tokio’64 y en México’68”. Casi nada. Pero en su Cuba natal si por algo fue reconocido fue por la decisión que tomó tras la victoria. Le mostró a todo su pueblo un amor por encima de dólares y estrellato, al desechar ofertas mareantes (algunas por valor de más de un millón de dólares por un sólo combate) de los mánagers americanos, que querían llevárselo a los Estados Unidos para introducirlo en el circuito profesional. Desconocían aquellos que lo tentaron que Stevenson era un revolucionario de verdad, y de ahí se desprende una de sus frases más recordadas: “Prefiero el cariño de ocho millones de cubanos a todo el dinero que me puedan ofrecer”. Palabra de revolucionario.


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