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Una detective en el mundo del tráfico sexual. Más de siete años le llevó la investigación a la periodista Mimi Chakarova.

Chakarova siguió las huellas del tráfico sexual al rico emirato de Dubai, que ha experimentado un gran desarrollo económico impulsado por el petróleo. La presencia masiva de inmigrantes hombres, atraídos por las oportunidades laborales, es considerada la principal causa de la alta demanda de trabajadoras sexuales. “Somos un lugar extremadamente globalizado con regulaciones mínimas, y esto es aprovechado”, señala un activista por los derechos humanos en Dubai que no quiso ser identificado. “Y nuestro sistema legal no está creciendo lo suficientemente rápido para adecuarse, pues nuestro gobierno tiene miedo de regular, por temor a arruinar el negocio y el desarrollo.” Más de 10 mil mujeres de todo el mundo son obligadas a prostituirse en Dubai, según el Departamento de Estado de Estados Unidos. Y, como indica el informe de Chakarova, el número de mujeres que venden sexo voluntariamente en el emirato es mucho más alto. En su documental sobre Dubai, Noches secretas, la reportera contrasta el aparente conservadurismo social

OCTUBRE 2009

en ese emirato musulmán con la amplia disposición de información sobre clubes nocturnos con trabajadoras sexuales, en los cuales los precios varían entre 200 dólares la noche con mujeres asiáticas y un poco más con africanas o europeas orientales hasta más de 1.400 dólares la noche con mujeres de Medio Oriente. “Algunas mujeres eligen vender sus cuerpos, y otras son forzadas a hacerlo y se quedan porque no tienen a dónde regresar. Si fuiste vendida a un proxeneta o a una madama y te pusieron en una situación en la que hombres violaron tu cuerpo cada 15 minutos, 24 horas al día, difícilmente te quede algo. Muchas mujeres se ven a sí mismas sucias e indignas de cualquier cosa después de eso”, explicó Charakova. Gran parte de la responsabilidad es de los clientes, sostuvo la periodista. “Los hombres que compran sexo deben entender que no todas las mujeres a las que les pagan están allí voluntariamente. Si una mujer está visiblemente golpeada y encerrada en una habitación con frazadas en el suelo y barrotes en la ventana, difícilmente se tra-

te de una participante voluntaria”, indicó. Al igual que en Turquía, el tráfi co en Dubai parece estar silenciosamente permitido, si no estimulado, por algunas de las autoridades. “No soy ingenua para pensar que los hombres dejarán de pagar por sexo, aunque espero que esos que participan de esto se den cuenta de que son iguales contribuyentes de una de las industrias más terribles y oscuras de nuestro tiempo”, añadió. Como advierte al final del documental Noches secretas, la filmación, no se hizo sin riesgos. Desconocidos registraron su habitación el último día en que estuvo en Dubai, y la recepción del hotel al principio se negaba a llamar a la policía. Cuando la camarógrafa de Chakarova se disponía a abandonar Dubai, la seguridad del aeropuerto confiscó todas sus cintas. “Habíamos sido observadas y seguidas todo el tiempo. Sólo después de haber hecho un escándalo nos devolvieron las cintas, diciendo que habían confundido su identidad. Su equipaje no llegó sino un mes después.”

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ALMA MAGAZINE 41 - OCTUBRE 2009  

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