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Como Desalmado del mes, elegimos al CEO de la Formula One Management, Bernie Ecclestone. Además de ostentar el título de “dueño del circo de la Fórmula 1”, desde ahora podrá lucir el que le entrega ALMA MAGAZINE. No fueron sus constantes trapisondas ni su antológico mal humor lo que nos llevó a condecorarlo sino su confesa admiración por “los líderes fuertes”, en especial, Adolf Hitler. A las pruebas nos remitimos: el periódico británico Times publicó que el capo del automovilismo proponía valorar al ideólogo del nacionalsocialismo por su capacidad para “dirigir a mucha gente y ser eficaz”. También Bernie se lamentó de que Hitler se dejara “convencer para hacer cosas sobre las cuales no tengo ninguna idea de si quería hacerlas o no”. “Al fi nal se perdió y por lo tanto no era un muy buen dictador”, agregó desplegando un nuevo concepto de las ciencias políticas que permite diferenciar a los tiranos buenos de los malvados. Para evitar dudas sobre sus preferencias, sentenció que “la democracia no ha hecho demasiado bien en muchos países”. En la entrevista, Bernie dejó en claro que simpatiza con el autoritarismo. Hasta defendió a su colega Max Mosley, el titular de la Federación Internacional de Automovilismo, célebre no sólo por su férreo estilo de mando y por haber sido filmado en una orgía sadomasoquista, sino también por ser hijo de un destacado integrante del partido nazi inglés que, inclusive, se casó en 1930 en Berlín en casa de Joseph Goebbles, el jefe propagandista nazi, donde Hitler actuó como testigo de la boda. Tras aburrirse de los temas históricos, Ecclestone se aprestó a analizar la política británica y no ahorró elogios para la ex primer ministro Margaret Thatcher, eminencia del conservadurismo, y criticó a los dirigentes laboristas Gordon Brown y Tony Blair por “intentar gustar a todo el mundo, todo el tiempo”. Es evidente que, a su edad, Bernie ya no recuerda los detalles más significativos de la historia mundial, ni la inglesa ni la suya propia. Desconoce las millones de víctimas del nazismo, los miles de desempleados del tatcherismo y el millón de libras esterlinas que él mismo donó al Partido Laborista en 1997. Tal vez haya olvidado ese gesto de apoyo porque, al poco tiempo, los laboristas cambiaron las normas publicitarias para que las compañías tabacaleras pudieran continuar auspiciando las carreras de Bernie y estalló un gran escándalo que obligó a la mencionada agrupación a devolver el dinero recibido. Es hora de que haga memoria.

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OCTUBRE 2009

ALMA MAGAZINE 41 - OCTUBRE 2009  

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