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m mediados de agosto, el presidente Barack Obama concedió la Medalla de Libertad a 16 distinguidos “agentes del cambio” estadounidenses e internacionales en una ceremonia en la Casa Blanca. Obama explicó que los homenajeados son “agentes de cambio” extraordinarios que “nos recuerdan que la excelencia no está fuera del alcance de nuestras capacidades. Nos recuerdan que cada uno de nosotros lleva dentro el poder de realizar sueños, de facilitar los sueños de otros, y de rehacer el mundo para nuestros niños”. Así, el acto fue un tributo a personajes de la historia moderna que, a través de sus talentos o activismo político y humanitario, han dejado una marca indeleble en las ciencias, el mundo académico, los deportes, los derechos civiles y el entretenimiento. Uno de los honrados vinculó a Obama tanto con su pasado como con el futuro que tanto busca crear. Es que entre los 16 líderes que recibieron el honor civil más alto de Estados Unidos estuvo el profesor Muhammad Yunus, fundador del Banco Grameen (de la palabra gram, que significa aldea) en Bangladesh en 1983, institución que ofrece pequeños préstamos a los campesinos sin exigirles garantía. El mandatario estadounidense señaló que gracias a Yunus, “millones de personas” han escapado de la pobreza mediante el microcrédito: “El sólo intentaba ayudar a un pueblo, pero de alguna manera se las ingenió para cambiar el mundo”, observó Obama. Cuando éste estrechó la mano del microbanquero bangladesí durante la ceremonia, Obama se conectó con su propio pasado y el trabajo en microfinanzas que hizo su madre en Indonesia El economista y empresario, quien agitó varias conferencias mundiales al defender el microcrédito como un derecho fundamental de los pobres para iniciar pequeños proyectos, ahora creó una educación terciaria orientada a la acción. “La educación debe integrarse a la vida, con verdaderas acciones y experiencias”, señaló quien fuera conocido como el “banquero de los pobres”. Por su esfuerzo en la promoción del desarrollo económico y social, Yunus fue laureado con el Premio Nobel de la Paz en 2006. El economista de 69 años erigió el Centro Yunus, en el Instituto Asiático de Tecnología (AIT, por sus siglas en inglés) de Bangkok, que promueve diversos programas de desarrollo. Yunus tiene un vínculo de larga data con AIT, convencido de su misión como universidad regional a favor del desarrollo sustentable. El AIT aportará el grueso del presupuesto del Centro, con el que colaborarán otras organizaciones como la Agencia Sueca de Desarrollo Internacional. La nueva institución, que abrirá a fines de este año, se propone contribuir a acabar con la pobreza rural impulsando a los campesinos a “manejar sus propios ingresos mediante proyectos agrarios gestionados por ellos mismos. Queremos atraer estudiantes interesados en marcar un cambio en sus sociedades mediante programas innovadores”. ALMA MAGAZINE: Acaba de lanzar un centro educativo que se propone contribuir a terminar con la pobreza. No es el primero con esas características, ¿cuál es su especificidad? MUHAMMAD YUNUS: No sólo será un centro de investigación,

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sino de acción. No nos dedicaremos a producir documentos, queremos que los estudiantes se involucren y diseñen sus propios programas para ayudar a las comunidades locales. Podrán demorar uno o dos años, o un poco más, en terminar sus proyectos. Pero ése será el requisito para graduarse. AM: ¿Tiene en mente un nuevo sistema educativo? M.Y.: Sí. El aprendizaje se logrará mediante cuestionamientos a lo hecho y analizando lo que resta por hacer. Los profesores serán espectadores. Los estudiantes tendrán la iniciativa, deberán compartir sus planes con ellos y explicarles cómo piensan llevarlos a cabo. El objetivo del personal docente no será criticarlos, sino tratar de saber más. AM: ¿Qué lo motivó a emprender este camino? M.Y.: Siempre tuve en mente ese modelo educativo. Los jóvenes no tienen que estar en un salón de clases. Tienen una gran capacidad para realizar cambios y una tremenda energía. Deben salir y lidiar con los problemas reales y tratar de resolverlos. AM: ¿Puede ser que forme parte de su propio recorrido de trabajo con los más pobres? Aunque usted estudió economía, obtuvo un doctorado y dio clases en una universidad convencional. M.Y.: Así comenzó mi trabajo con el Banco Grameen. Es verdad, fue lo que hice al salir de la universidad y creé esa institución trabajando con comunidades campesinas. Por eso digo que basta de escribir tesis. Hay mucha gente haciendo eso. Pero ahora se necesita gente que salga al terreno e identifi que los problemas reales de las comunidades pobres, ya sean asuntos ambientales, de pobreza, agricultura, salud o vivienda, y trate de resolverlos. AM: ¿Quiere decir que las universidades y el ámbito académico tradicional no han logrado resolver ciertas cuestiones que a usted le preocupan, como la agricultura o la seguridad alimentaria? M.Y.: Hay muchos vacíos. Los profesores no tienen conocimientos prácticos. Viven en torres de marfil. Hay que integrar la vida a la educación porque cambia constantemente y los planes de estudio se quedan rezagados. Deberían ir a la vanguardia y no difundir conocimiento viejo. La educación implica difundir conocimiento del futuro para que la gente pueda aplicarlo en la realidad. AM: Durante años usted ha estado predicando una manera más socialmente consciente de hacer negocios y ha denunciado la concentración estrecha en la maximización de las ganancias como dañina. Ahora todo el sistema financiero tambaleó… M.Y.: El giro actual de los acontecimientos me pone triste. El colapso ha afectado a tanta gente y de pronto ha vuelto inestable al mundo entero. Ahora deberíamos concentrarnos en asegurar que nunca vuelva a darse una crisis financiera de este tipo. Las soluciones deben surgir de los mercados y no de los gobiernos. El capitalismo, con sus mecanismos de mercado, tiene que sobrevivir. No hay duda de ello. Lo que rechazo es que hoy haya un solo incentivo para hacer negocios que es la maximización de ganancias. Pero el incentivo de hacer el bien social debe

“Los profesores no tienen conocimientos prácticos. Viven en torres de marfil. La educación implica difundir conocimiento del futuro para que la gente pueda aplicarlo en la realidad.”

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