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Crónicas

Muchos huaqueros aprendieron a realizar la búsqueda de los yacimientos y la limpieza de las piezas con prestigiosos académicos. académicos

no cuidaban su patrimonio, montó un verdadero imperio. “Había logrado sobornar a gobiernos de México y Guatemala y podía dinamitar pirámides completas para sacar luego los tesoros en helicópteros del mismo ejército”, cuentan quienes lo frecuentaron. Para fines de la década, Patterson mudó su negocio a Nueva York y se concentró en la venta de piezas cuyos valores oscilaban entre los miles y los millones de dólares. Su carrera incluye increíbles episodios. Por su suerte, contactó a una tribu perdida en la selva; por sus influencias se vinculó con Picasso, Juan Pablo II y los gerentes de las mayores firmas alemanas. Pero también recibió duros golpes: en los años 70, comenzó a protegerse el patrimonio cultural y él se quedó sin mercados. Luego en Estados Unidos lo acusaron de vender un falso fresco maya. “Fue una venganza del FBI”, se justificó. En 1985, cuando todavía estaba en libertad condicional, Patterson fue detenido en Texas por introducir huevos de tortuga desde México y en 1995 por su mala fama tuvo que renunciar como agregado cultural de Costa Rica ante las Naciones Unidas. En abril de 2008, la policía de Múnich le confiscó mil piezas aztecas, mayas, olmecas e incas valuadas en 100 millones de dólares a pedido de México, Perú y Costa Rica. Crease o no, siempre se las ingenió para salvarse. Pero no sabía que alguien lo tenía en la mira.

OCTUBRE 2009

El cazador de huaqueros. Por su barba gris podría confundirse con un antropólogo. Aunque los desafiantes ojos celestes y sus gestos leoninos lo alejan del estereotipo. Michel van Rijn luce como un felino agazapado tras las sombras y habla con el orgullo de aquellos que superaron la ignominia para reinventarse en una versión mejorada de sí mismos. Ambas impresiones son ciertas: este holandés fue un arriesgado contrabandista artístico y hoy se dedica a perseguir comerciantes de piezas arqueológicas. “Soy un regenerado”, bromea el descendiente de una antigua familia holandesa perteneciente al linaje de Rembrandt antes de contar que, tras vivir en Argentina, España y Turquía, a los 18 años mitad por rebeldía, mitad por ambición se inició en el mercado negro de arte y conoció sus secretos. “A esa edad crees que puedes hacer todo mejor que nadie. Llegué a robar piezas del patrimonio personal del presidente libio Muammar Gaddafi, y saqué obras de la URSS”, cuenta. Pero a los 37 años, por motivos que sólo él conoce y recuerdan a la bíblica conversión de San Pablo, el holandés se cambió de bando. En 1993 publicó el libro Hot art, cold cash donde describía las estrategias de los mayores dealers y las glamorosas casas de subastas para vender objetos saqueados. Desde Londres, donde tiene

un estudio decorado con estética kitsch para ser fiel a su lucha, montó una estrategia para capturar a Leonardo Patterson. Tras denunciarlo como “un saqueador de proporciones industriales” y complicarle su labor, el costarricense intentó sobornarlo. Sin embargo, el holandés le respondió lacónicamente: “Dinero ya tengo mucho”. Y el traficante, desperado por acallarlo, le ofreció una de sus reliquias. “Vamos, Leonardo, yo tengo tu catálogo, ofréceme algo mejor”, reclamó el pariente de Rembrandt, mientras informaba al Scotland Yard e Interpol-Perú. Patterson mordió el anzuelo y en junio acordó entregarle a Michel van Rijn una serie de piezas prehispánicas entre las que se destacaba el mítico tocado de oro de los Moche, cultura que proliferó en el primer siglo de nuestra era en el actual Perú. Tras trazar un preciso plan, el 17 de agosto pasado la policía británica logró confiscar esa invalorable joya. No obstante, el escurridizo contrabandista escapó otra vez. “Patterson tuvo suerte porque en México sería colgado hasta que escupa todas las piezas que robó”, ironizó van Rijn. En las tierras del imperio inca, celebraron la devolución de esa reliquia y no se apenaron por la fuga de Patterson. Allí, saben que el dorado tocado moche está impregnado de una fuerte maldición que ya ha dejado una estela de muertes a lo largo de la historia.

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ALMA MAGAZINE 41 - OCTUBRE 2009  
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