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l creciente escepticismo entre los legisladores demócratas sobre la guerra en Afganistán sin duda es uno de los más difíciles desafíos políticos del presidente Barack Obama en su primer año en el cargo. Mientras los militares presionan por un significativo aumento en el número de tropas para combatir a los talibanes, Obama, quien recientemente calificó el conflicto de “guerra de necesidad”, se verá pronto obligado a decidir si cede a esa exigencia, aun a riesgo de alienar a muchos representantes de su propio partido. Su decisión no la facilitan los entusiastas legisladores republicanos, quienes definitivamente apoyan las recomendaciones de los militares. Neoconservadores y otros “halcones” alertan desde hace semanas que cualquier cosa menos que una “victoria” en Afganistán podría tener consecuencias catastróficas para la seguridad nacional estadounidense en ese país y en Pakistán. “Nosotros estamos convencidos no sólo de que se puede ganar la guerra, sino también de que no tenemos otra opción”, escribieron los senadores republicanos John McCain y Lindsey Graham junto al demócrata independiente Joseph Lieberman en una edición reciente del periódico The Wall Street Journal. “Debemos prevalecer en Afganistán”, conti-

nuaron, insistiendo que impedir una recuperación de los talibanes “sigue siendo un claro y vital interés nacional de Estados Unidos”. Su columna fue titulada “Sólo una fuerza decisiva puede prevalecer en Afganistán”. El cada vez más polarizado debate fue reabierto a mediados de septiembre durante una audiencia de reconfirmación del presidente del Estado Mayor Conjunto, Mike Mullen, quien opinó ante el Comité de Servicios Armados del Senado que Washington probablemente tendría que enviar más tropas a Afganistán para que la nueva estrategia contrainsurgente, liderada por el general del Ejército, Stanley McChrystal, pueda triunfar. “Una contrainsurgencia adecuadamente provista de recursos probablemente requiera de más fuerzas y, sin duda, más tiempo y compromiso en la protección del pueblo afgano y el desarrollo de una buena gobernanza”, afirmó Mullen, aunque no especificó el número de soldados adicionales que pretendía solicitar. McCain coincidió de inmediato. “Necesitaremos fuerzas adicionales de combate estadounidenses en Afganistán, al menos el mismo número que tenemos hoy», señaló, arguyendo que, al igual que la estrategia “surge”, por la cual se incrementó el número de uniformados en Irak, se necesitaban

más efectivos para vencer a los insurgentes afganos hasta que las fuerzas de seguridad locales pudieran llevar la carga por sí solas. Pero el senador Carl Levin, presidente del Comité, sostuvo que Washington y sus aliados en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) debían mejorar el entrenamiento y aumentar el equipamiento de las fuerzas afganas antes de enviar más soldados occidentales. Esto “demostraría nuestro compromiso con el éxito de la misión, que es nuestro interés de seguridad nacional, mientras evitamos los riesgos asociados” a una mayor presencia militar, dijo Levin, quien realizó una visita a Afganistán un par de semanas atrás. “Estos pasos deben ser urgentemente implementados antes de que consideremos un incremento de las tropas estadounidenses en el terreno, más allá de las que ya está previsto sean desplegadas a fines de este año”, afirmó. Poco después de asumir, Obama, quien había señalado durante su campaña presidencial que la administración de su predecesor, George W. Bush, había cometido un grave error estratégico al desviar recursos de Afganistán a Irak después del desalojo de los talibanes a fines de 2001, autorizó el despliegue de 17 mil soldados adicionales y 4 mil entre-

Unos jóvenes talibanes posan ante la cámara. Una foto que demuestra que la situación en Afganistán está lejos de parecerse a una victoria.

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OCTUBRE 2009

ALMA MAGAZINE 41 - OCTUBRE 2009  

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