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l nacer, todos lucen endebles y débiles para afrontar los grandes peligros que le esperan para llegar a la adultez, reproducirse y cosechar sus frutos. Eso mismo puede decirse de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), una “criatura” integrada por los doce países del área que intentan concretar los viejos sueños de unidad conformando una comunidad política, económica, militar y cultural a semejanza de la Unión Europea. El principal tutor de este “pequeño” es Brasil, que quiere fortalecerlo para discutir los temas regionales sin la influencia directa de Estados Unidos, como ocurre en la Organización de Estados Americanos (OEA). Sus cuidados no son vanos. Desde su origen en marzo de 2008, este “cachorro político” tuvo que enfrentar problemas, peligros y no pocos enemigos, tanto fuera como dentro de su ámbito. Ahora sufre una neumonía: Estados Unidos pretende instalar más bases militares en Colombia. Aunque muchos anuncien su deceso, Unasur sigue latiendo. En los últimos meses, la comunidad sudamericana –siguendo con la misma metáfora– pasó dos duros exámenes médicos. Si bien los resultados no fueron contundentes, el diagnóstico final de las cumbres de Argentina y Ecuador se conocerá en un futuro cercano. El primer test ocurrió el 28 de agosto en la ciudad argentina de Bariloche. En ese bonito escenario se realizó una reunión extraordinaria de Unasur para tratar el acuerdo por el cual Colombia le permitirá a Estados Unidos el uso de siete de sus bases militares. La postura del presidente colombiano Alvaro Uribe generó no pocas reprobaciones en el vecindario y parecía arrinconado. Venezuela, Bolivia y Ecuador eran quienes alzaban la voz y Brasil había hecho llegar sus críticas con más delicadeza hasta los oídos de Washington. Sólo recibió un tibio guiño del presidente peruano Alan García, quien un año atrás debió retroceder ante una rebelión popular que quería impedir la instalación de una base estadounidense en Ayacucho. Imprevistamente, Uribe encontró una “salida de emergencia” abierta de la presidenta de Chile, Michelle Bachellet, quien propuso normas de transparencia para monitorear la evolución de los ejércitos, la compra de armamentos y las nuevas bases. Tras siete horas de debate, los presidentes aceptaron enviar a sus ministros de Defensa y cancilleres a una reunión el 15 de septiembre en Quito, Ecuador, para

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impulsar la transparencia castrense y que Colombia presentara el texto del acuerdo pactado con los estadounidenses y un compromiso a que los militares forasteros no se entrometerían en asuntos de los demás países. Un espectador distraído podía pensar que Uribe estaba siendo rodeado aunque no era así. En el documento final de Bariloche, los firmantes aceptaban “la no injerencia en asuntos internos de los pueblos para garantizar la integración regional” y que Unasur debía promover “el diálogo, la cooperación, la confianza y la transparencia”. La primera frase mencionada puede ser traducida al lenguaje coloquial como “Colombia tiene derecho a hacer lo que quiera” y la segunda propuesta suele terminar convirtiéndose en una promesa similar a las que hacen los amantes en los momentos de pasión. Como estaba acordado, los ministros de Defensa llegaron a Quito para avanzar en las medidas de confianza propuestas por Chile en Bariloche. La reunión distó de ser una velada romántica y la prensa se apresuró a calificarla de “rotundo fracaso”. No obstante, se lograron importantes acuerdos de cooperación en temas referidos a intercambio de información, transparen-

Para explicar los resultados de Bariloche y Quito, podría decirse que Colombia se llevó de la Patagonia un empate y luego cosechó una ajustada victoria por puntos en Ecuador. Más allá de los griteríos y de los deseos colombianos de abandonar Unasur, el plan de Washington y Bogotá avanza pese a la oposición de Venezuela y Brasil. Ambos son los países que tienen más que perder. Aparte de cuidar su territorio cubierto de caras maderas y un subsuelo rico en hidrocarburos y minerales, guardan temores –ficticios o reales– de que Estados Unidos accione sus fuerzas en pos de objetivos políticos: es claro que el mandatario venezolano Hugo Chávez sospecha que los estadounidenses aprovecharán su cercanía para atisbar a los opositores o participar de un golpe en su contra; mientras que Brasil quiere impedir que un visitante compita por su hegemonía regional. Notorio es el mal humor del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva con las cartas escondidas bajo la manga de los generales estadounidenses. Pese a las buenas relaciones con el presidente Barack Obama, su molestia se centra en la instalación de la base de Palanquero. La fuerza ae-

Estados Unidos pretende instalar más bases militares en Colombia. Aunque muchos anuncien su deceso, la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) sigue latiendo. cia en gastos de defensa, cooperación en actividades militares, cumplimiento y verificación e impactos migratorios o ambientales. Y, además, Ecuador reinició sus relaciones diplomáticas con Colombia, interrumpidas tras el ataque al campamento de las FARC a inicios de 2008. El eje del problema radicó en que los once socios manifestaron que el convenio de Unasur no puede comprometer la extraterritorialidad, ya que esto puede generar desestabilización y falta de confi anza. Pese a las quejas y sus promesas, Colombia no mostró los planes que guían el establecimiento de las cuestionadas bases ni el texto del acuerdo que las autoriza, y mantuvo su negativa a brindar “garantías jurídicas” sobre el buen comportamiento de los agentes extranjeros. “Es un derecho soberano de Colombia siempre y cuando sea dentro de los límites territoriales. Pero la cuestión es que Colombia aún no percibió totalmente el grado de incomodidad que causa a otros países”, consideró el canciller brasileño, Celso Amorín.

rea estadounidense publicó el documento White paper air mobility command. Global en route strategy donde afi rma que Palanquero es el aeropuerto ideal para garantizar un puente aéreo que permita el traslado de uniformados y de equipamiento bélico a casi todo el continente. ¿Por qué es estratégico trasladar hombres y armas en este teatro de operaciones tan basto? ¿Está relacionado con un nuevo esquema de poder para un mundo multipolar? Nadie lo puede responder con sensatez. El documento coincide con la revitalización del Comando Sur y el relanzamiento de la IV Flota que patrullará los mares australes. Iniciativas que muestran la continuidad de las políticas soñadas por los halcones en los próximos 15 años y la suspensión de la “nueva agenda regional” anunciada por Obama que, inclusive, en sus primeros días daba la impresión de establecer que los buenos vínculos con Colombia iban a continuar sólo si se lograban mejoras en materias de derechos humanos.

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