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Lunes 23 de julio de 2012, Revista del Campo, Diario El Mercurio

La propuesta del gremio viñatero de bajar el límite mínimo de alcohol en el vino busca mejorar la competitividad. Sin embargo, también genera rechazo por un posible daño a la calidad de la oferta chilena y a la imagen país. Eduardo Moraga Vásquez La idea se discutió por varios meses. El directorio de Vinos de Chile, el gremio de las viñas, estaba detrás de propuestas para mejorar la competitividad de las empresas del rubro. Finalmente, decidieron darle el visto bueno a la idea de bajar de 11,5 grados a 8,5 grados el límite legal mínimo para el volumen de alcohol de los vinos chilenos. De hecho, iniciaron el trabajo con el Servicio Agrícola y Ganadero para lograr el cambio legal. Usualmente, esos cambios burocráticos sólo interesan a un puñado de expertos. Un mes atrás esa era la realidad del proyecto gremial. Sin embargo, el ambiente cambió radicalmente. La Cofradía del Vino, organismo que reúne a personalidades de esa industria, invitó a Vinos de Chile a exponer sobre el proyecto. Lo que partió con una exposición de los cambios legales buscados y de los tipos de maquinarias que realizan la desalcoholización, terminó en un tenso y largo debate sobre la conveniencia de llevar adelante dicha iniciativa. Los temores de que se provocara un daño a la imagen del vino chileno y que se abriera la puerta a fraudes fue denunciada a viva voz. El ambiente se podía cortar con un cuchillo. En las redes sociales, el eco fue inmediato y lo que fue un proyecto casi desconocido se transformó en un debate público en el mundo del vino.


"Estoy en profundo desacuerdo. Queremos vender la imagen de vinos de calidad, de terroir, y salimos con un proyecto como este. No tiene sentido", reclama un reputado enólogo. Mejorar competitividad En Vinos de Chile prefieren ponerle paños fríos a la discusión. "Esta es sólo una herramienta para mejorar la competitividad de nuestra industria frente a un escenario en que los consumidores desean vinos con menos alcohol. Reitero que es una de varias, no es central en nuestra estrategia como gremio", afirma René Merino, ex presidente de Vinos de Chile. En el gremio argumentan que el límite mínimo actual, de 11,5° de alcohol, es inusualmente alto para los estándares mundiales. Estados Unidos al igual que Australia y Nueva Zelandia pusieron ese límite en los 7°. De hecho, en Chile es posible importar vinos de esos orígenes y comercializarlos. Sin embargo, un viñatero chileno no podría hacerlo. Y eso no es lo más extraño. Es perfectamente legal exportar un vino chileno bajo los 11,5° de alcohol. Para el gremio de los viñateros, tener un nivel mínimo tan alto es dispararse en los pies.Toda vez que, con estudios en la mano, afirman que el 40% de los consumidores se fija en el grado alcohólico al momento de elegir un vino. ¿Por qué entonces este proyecto genera tanto ruido? La oposición va desde a quienes el intervenir el producto de las uvas fermentadas les parece intolerable. "Un proyecto así desnaturaliza al vino", afirma Felipe de Solminihac, socio de Viña Aquitania. Otros que argumentan contra la rebaja legal, afirman que Chile tiende a producir vinos con alto nivel de alcohol debido a su clima caluroso. Usualmente, no hay problemas para llegar a los 14° de alcohol. De hecho, recuerdan que a mediados de los 80 los mismos viñateros lograron que el gobierno elevara el límite mínimo de 11° a 11,5°. El objetivo fue evitar los fraudes producidos por los llamados "vinos suaves", que tenían baja graduación gracias al añadido de agua, entre otros elementos. En la actualidad, la Ley de Alcoholes permite rebajar dos grados alcohólicos en un vino. Los únicos métodos aceptados son la osmosis reversa y el cono rotatorio; el uso de agua está absolutamente prohibido. En el bando opositor se argumenta que, debido a los escasos recursos del Servicio Agrícola y Ganadero, es difícil que ese organismo fiscalice en forma adecuada cuál es la forma que se usará para la desalcoholización de la magnitud que se requiere en Chile. En Vinos de Chile, esa crítica es rechazada tajantemente.


"Pretender comparar la situación con la de treinta años atrás, no tiene ningún asidero. Antes era una industria de garrafas para el mercado nacional. Hoy exportamos a los mercados más exigentes, y certificamos desde nuestras prácticas agronómicas hasta el trato a los trabajadores. Ese nivel de exigencia castiga severamente cualquier actividad irregular", reclama René Araneda, presidente de Vinos de Chile. En el gremio viñatero esperan contar con el espaldarazo del Servicio Agrícola y Ganadero para apurar la reforma legal. Sin embargo, ese paso no es simple, pues la Ley de Alcoholes sólo puede ser reformada por el Congreso. Por lo que se ve, el terremoto grado 8,5 seguirá remeciendo al vino chileno por varios años.

Terremoto Grado 8.5 - 23 de julio de 2012 Revista del Campo  

La propuesta del gremio viñatero de bajar el límite mínimo de alcohol en el vino busca mejorar la competitividad. Sin embargo, también gener...

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