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Martina Salvo de Oliveira

Fue un error de cálculo. Uno afortunado eso sí. La idea era vender las botellas en hoteles de la Novena Región. María Victoria Petermann plantó 200 metros cuadrados de parras de chardonnay en un campo familiar en Perquenco el año 2000. Las botellas serían tan pocas que confiaba que no tendría mayor problema en comercializarlas. A su proyecto le puso Alto Las Gredas, por el tipo de suelo en que se plantaron las parras. Una década después, su vino terminó en las estanterías de Oddbins, una de las mayores cadenas de vinos de Londres. Sí, un vino blanco de las cercanías de Temuco, no de Casablanca, ni de Leyda, clavó sus banderas en el exigente mercado inglés. Sola, alimentada por la intuición, con muchas ganas y escaso conocimiento, María Victoria es una de las revolucionarias del vino chileno. Mientras que el 99% de las viñas prefieren la comodidad de la zona central, con sus escasas lluvias y seguras producciones, Petermann se la jugó por un proyecto en una zona extrema. En Perquenco sobran las precipitaciones y el ataque de enfermedades por la humedad. A veces el frío arrasa con la producción. Cualquier encargado de finanzas viñatero hubiera desechado el proyecto desde el inicio. Sin embargo, el clima fronterizo le juega a favor de la calidad al Alto Las Gredas. Más europeo, más elegante. Eso es lo que llevó a un desconocido vino chileno al corazón británico. Petermann abrió la frontera sur para el vino chileno.


Comienza la cosecha No se inmutó. María Victoria está acostumbrada a recibir premios. A comienzos de diciembre pasado su celular sonó. Del otro la llamaban los organizadores del Premio a la Innovación del Vino Chileno 2011, de la R. del Campo y Wikén de El Mercurio, para avisar que su vino, Alto Las Gredas Chardonnay 2010, se había ganado el primer lugar en la categoría Zona Sur. "Otro premio más", pensó agrandada. Y no es para menos. Su joya blanca, del valle de Cautín, ya había cosechado galardones como la medalla de plata en el Concours Mondial de Bruxelles Chile 2010. "Su vino muestra directamente el reflejo de un terroir. Es poco intervenido, lo que lo hace sobresaliente. Además, el frío continental no marino es interesante, y los suelos pobres volcánicos, le dan sello a esa creación", confirma Pedro Parra, doctor en terroir. Entre el arte y la tierra Hermana de Víctor Petermann, empresario tras la reserva ecológica Huilo-Huilo y los hoteles Baobab y Montaña Mágica, María Victoria es la representante de la familia que ha sacado las garras, con uñas largas y pintadas incluidas, para preservar los negocios agrícolas de los Petermann. Ser femenina, elegante, rubia, usar pulseras de oro y perfumes costosos, no le impiden transformarse cuando toma una pala. En su fundo Alto Las Gredas, ubicado justo en el cruce sur de Perquenco, se la puede ver en terreno, caminando por el campo, tomando decisiones productivas y dando órdenes a hombres que acatan a regañadientes, porque pertenecen a un mundo donde no se estila ser mandoneado por una mujer. Hoy tiene casi cuatro hectáreas de parras. María Victoria no se casó. Tampoco tuvo hijos. "No me hicieron falta", dice convencida. Ser una mujer de armas tomar fue algo que comenzó a manifestarse desde niña, cuando trabajaba el campo para ayudar a su mamá que enviduó joven, a los 35 años. Y así se crió entre cultivos, animales y olor a tierra, hasta que llegó el momento de ir a la universidad, cuando decidió cambiar su herencia agrícola para viajar a Santiago y estudiar Artes Aplicadas en la U. de Chile, hasta graduarse como diseñadora de interiores y muebles. Por varios años trabajó en Olivares Muebles, que implementaba oficinas para clientes top como bancos y la ONU; luego se independizó concentrándose en el diseño de oficinas y jardines. Sin embargo, a comienzos de los 80, su madre le pidió ayuda para recuperar el campo de la familia, deteriorado tras el paso de unos arrendatarios. Al principio el plan era volver después a Santiago, pero "la tierrita se me metió entre las uñas y me quedé. La tierra es un opio", confiesa la empresaria.


Instalada en Cautín, en el camino incursionó en rubros tan diversos como los garbanzos o el lupino. Con este último incluso ganó un premio de Enela (premio a empresarios de La Araucanía) en el 2000. Para vender su producción tuvo que salir mucho al extranjero. "Viajando aprendí montones de cosas que me motivaron. Por ejemplo, en 2000 en los Altos del Golán, en Israel, pude ver parras para vino. En 2001 puse las mías. Fue el punto de partida, junto al empuje de Alberto Levy, que me decía, ¿por qué no se mete a los vinos?", cuenta María Victoria. A punta de trabajo se fue ampliando hasta llegar a casi 550 hectáreas. contra el clima Hasta no hace mucho, lo poco que se producía en vinos en la zona solía cargar estigmas de ser malo, áspero. La primera clave de María Victoria fue conocer más del tema y asociarse. Para lanzarse a la piscina, en 2000 la empresaria se metió en un proyecto Profo, que después se convirtió en la Asociación Viñas de Malleco (a la que pertenece junto a otros cinco viticultores, pese a estar en Cautín). Eso sí, antes de levantar una producción suficiente de chardonnay, tuvo que lidiar con consecutivos años ingratos, donde por los vaivenes climáticos perdió varias producciones. En Perquenco el clima es más rudo que en la zona central y los vientos patagónicos hielan. Fue lo que pasó en 2005 con la primera cosecha con bajo volumen; el 2006 cuando las heladas dañaron la fruta, con lo cual sólo se logró sacar un vino con muy baja graduación, "demasiado light", explica la empresaria; y también en 2007, cuando la botritis hizo de las suyas en gran parte de los viñedos. Sin embargo, la paciencia dio frutos en 2008, cuando la empresaria logró sacar su chardonnay Alto Las Gredas Reserva. Por primera vez pudo expresar el potencial del lugar y sus suelos volcánicos. Uno de los atributos del vino de Petermann es que, por el clima donde es producido, muchos consideran que se asemeja a algunos valles europeos. Esto permitiría que, con algo de experiencia ganada a nivel productivo, se logre sacar vinos buenos, de estilo más cercano al Viejo Mundo, en particular a zona productivas en Alemania. "Empezamos a vinificar y con muy buena voluntad me entregó sus uvas. Un punto interesante es la alta acidez de sus uvas", explica Felipe de Solminihac, el enólogo tras Alto Las Gredas.


Claro que falta por avanzar porque la menor producción por hectárea hace que Petermann y sus vecinos tengan que poner obligadamente el foco en la calidad, pues con vinos del montón la ecuación no da. "La baja producción no necesariamente da mejores calidades; hay que trabajarlo y por el clima no es fácil", explica Pedro Parra. también ganadera Tener los huevos en distintas canastas es uno de los secretos que comparte Petermann para el éxito. Sus negocios van desde lo forestal hasta lo ganadero. Ello le permite tener espalda para emprender en sectores donde los retornos se demoran más, como el viñatero. En ganadería, reconvirtió el 2011 todo su plantel a clavel, la raza chilena. Su carne es cotizada ya que desciende de los antiguos overos colorados que llegaron a Chile procedentes de Alemania. Para certificar a sus animales ciento por ciento clavel hay que cumplir una serie de requisitos, lo que la obligó a deshacerse de los que no se ajustaban a la raza. Ahora tiene 200 animales con todas las de la ley; el plan de mejoramiento de genética aspira a poder vender animales de calidad, principalmente toros. Para ello está trabajando con la U. Austral, un proyecto para obtener semen de raza clavel. Tiene también 100 hectáreas forestales, principalmente con pino insigne y oregón, y eucaliptus. Respecto de lo agrícola, recientemente hizo un recambio. Producía granos, trigo y avena, pero arrendó 250 hectáreas a sus vecinos. María Victoria no entendía nada de viñas. Tampoco cree saber mucho más ahora, pero le gustó ese mundo. "Ha sido un viaje súper motivante y entretenido. Quizás un plan próximo sea consolidarse en exportaciones y llegar a mercados como Brasil", dice. Siempre guiándose por la intuición. La empresaria también es asesora de la Escuela de Agronomía de la U. Católica y es miembro del PMC Frutícola. Un 2011 difícil Uno de sus dolores más recientes, fue el fallecimiento de su madre. Mucho del temple y carácter de la empresaria se lo debe a su mamá, Hilda Fernández. El 2011 no fue fácil para madre e hija. Por una rotura de la chimenea, a mediados de año, se les quemó la cabaña del campo en Cautín. "Siempre digo que soy bruja, que tengo intuición. Antes del incendio me acuerdo haber contemplado los cachureos del living, sabiendo de alguna forma que sería la última vez. Cuando vi la llama tomé a mi mamá y salí. Eso fue el 26 de junio. Mi mamá me dijo: lo quemado, quemado está; era una mujer muy fuerte, pero igual ese episodio la afectó". María Victoria suspira, piensa un momento, luego retoma la conversación y concluye con un brillo especial en los ojos: "Pero decidí empezar nuevamente".


relación con mapuches "Siempre he tenido una muy buena relación con mis vecinos mapuches, y opino que lo que está pasando (casos de conflicto) es porque hay infiltrados políticos con intereses de otra índole". Algunas Cifras * Empezó con menos de 2 hectáreas y hoy está creciendo a 4 en la viña. * El plan es crecer a máximo 5 o 7 ha. * En 2009 hizo 2 mil botellas, el 2010 mil; está en veremos la proyección 2011 * Hoy sólo tiene chardonnay, pero el plan es evaluar otras cepas, como sauvignon blanc y pinot noir. * Entre todos sus negocios tiene 550 ha. * $19.000 cuesta su vino.



Alto Las Gredas Chardonnay