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ANTOLOGÍA DE

POEMAS


MODERNISMO Rubén Darío: Nacido el 18 de enero de 1867 Metapa-Nicaragua, fallecido el 6 de febrero de 1916(49 años) León Nicaragua

A Francisca Ajena al dolor y al sentir artero, llena de la ilusión que da la fe, Lazarillo de Dios en mi sendero, Francisca Sánchez, acompáñame... En mi pensar de duelo y de martirio casi inconsciente me pusiste miel, multiplicaste pétalos de lirio y refrescaste la hoja de laurel. Ser cuidadosa del dolor supiste y elevarte al amor sin comprender; Enciendes luz en las horas del triste, pones pasión donde no puede haber. Seguramente Dios te ha conducido para regar el árbol de mí fe, hacia la fuente de noche y de olvido, Francisca Sánchez, acompáñame...

A Margarita Debayle Margarita, está linda la mar, y el viento lleva esencia sutil de azahar; Yo siento en el alma una alondra cantar: Tu acento. Margarita, te voy a contar un cuento. Este era un rey que tenía un palacio de diamantes, una tienda hecha del día y un rebaño de elefantes, un kiosco de malaquita, un gran manto de tisú, y una gentil princesita,


tan bonita Margarita, tan bonita como tú. una tarde la princesa vio una estrella aparecer; La princesa era traviesa y la quiso ir a coger. La quería para hacerla decorar un prendedor, con un verso y una perla, y una pluma y una flor. Las princesas primorosas se parecen mucho a ti: Cortan lirios, cortan rosas, cortan astros. Son así. Pues se fue la niña bella, bajo el cielo y sobre el mar, a cortar la blanca estrella que la hacía suspirar. Y siguió camino arriba, por la luna y más allá; Mas lo malo es que ella iba sin permiso del papá. Cuando estuvo ya de vuelta De los parques del Señor, Se miraba toda envuelta En un dulce resplandor. Y el rey dijo: "¿Qué te has hecho? Te he buscado y no te hallé; ¿Y qué tienes en el pecho, Que encendido se te ve?" La princesa no mentía. Y así, dijo la verdad: "Fui a cortar la estrella mía A la azul inmensidad". Y el rey clama: "¿No te he dicho Que el azul no hay que tocar? ¡Qué locura! ¡Qué capricho! El Señor se va a enojar". Y dice ella: "No hubo intento:


Yo me fui no sé por qué Por las olas y en el viento Fui a la estrella y la corté". Y el papá dice enojado: "Un castigo has de tener: Vuelve al cielo, y lo robado Vas ahora a devolver". La princesa se entristece Por su dulce flor de luz, Cuando entonces aparece Sonriendo el buen Jesús. Y así dice: "En mis campiñas Esa rosa le ofrecí: Son mis flores de las niñas Que al soñar piensan en mí". Viste el rey ropas brillantes, Y luego hace desfilar Cuatrocientos elefantes A la orilla de la mar. La princesita está bella, Pues ya tiene el prendedor En que lucen, con la estrella, Verso, perla, pluma y flor. Margarita, está linda la mar, Y el viento Lleva esencia sutil de azahar: Tu aliento. Ya que lejos de mí vas a estar, Guarda, niña, un gentil pensamiento Al que un día te quiso contar Un cuento.

Abrojos Lloraba en mis brazos vestida de negro, Se oía el latido de su corazón, Cúbranle el cuello los rizos castaños Y toda temblaba de miedo y de amor. ¿Quién tuvo la culpa? La noche callada. Ya iba a despedirme. Cuando dije "¡adiós!", Ella, sollozando, se abrazó a mi pecho Bajo aquel ramaje del almendro en flor.


Velaron las nubes la pida luna... Después, tristemente lloramos los dos. ¿Que lloras? Lo comprendo. Todo concluido está. Pero no quiero verte, Alma mía, llorar. Nuestro amor, siempre, siempre... Nuestras bodas... jamás. ¿Quién es ese bandido Que se vino a robar Tú corona florida Y tú velo nupcial? Más no, no me lo digas, No lo quiero escuchar. Tu nombre es Inocencia Y el de él es Satanás. Un abismo a tus plantas, Una mano procaz Que te empuja; tú ruedas, Y mientras tanto, va El ángel de tu guarda Triste y solo a llorar. Pero ¿por qué derramas Tantas lágrimas? ¡Ah! Sí, todo lo comprendo... No, no me digas más.

Ama tu ritmo Ama tu ritmo y ritma tus acciones Bajo su ley, así como tus versos; Eres un universo de universos Y tu alma una fuente de canciones. La celeste unidad que presupones Hará brotar en ti mundos diversos, Y al resonar tus números dispersos Pitagoriza en tus constelaciones. Escucha la retórica divina Del pájaro, del aire y la nocturna Irradiación geométrica adivina; Mata la indiferencia taciturna Y engarza perla y perla cristalina En donde la verdad vuelca su urna.


Antonio Machado: Sevilla, 26 de julio de 1875 - Coillure, Francia, 22 de febrero de 1939.Libro de poesía: Campos de Castilla

Orillas del Duero Se ha asomado una cigüeña a lo alto del campanario. Girando en torno a la torre y al caserón solitario, ya las golondrinas chillan. Pasaron del blanco invierno, de nevascas y ventiscas los crudos soplos de infierno. Es una tibia mañana. El sol calienta un poquito la pobre tierra Soriana. Pasados los verdes pinos, casi azules, primavera se ve brotar en los finos chopos de la carretera y del río. El Duero corre, terso y mudo, mansamente. El campo parece, más que joven, adolescente. Entre las hierbas alguna humilde flor ha nacido, azul o blanca. ¡Belleza del campo apenas florido, y mística primavera! ¡Chopos del camino blanco, álamos de la ribera, espuma de la montaña ante la azul lejanía, sol del día, claro día! ¡Hermosa tierra de España!

Juan Ramón Jiménez:(Moguer, Huelva, 23 de diciembre de 1881 – San Juan, Puerto Rico, 29 de mayo de 1958).Libro de poesía: Platero y yo

Nostalgia Al fin nos hallaremos. Las temblorosas manos apretarán, suaves, la dicha conseguida, por un sendero solo, muy lejos de los vanos cuidados que ahora inquietan la fe de nuestra vida. Las ramas de los sauces mojados y amarillos nos rozarán las frentes. En la arena perlada, verbenas llenas de agua, de cálices sencillos, ornarán la indolente paz de nuestra pisada. Mi brazo rodeará tu mimosa cintura, tú dejarás caer en mi hombro tu cabeza, ¡Y el ideal vendrá entre la tarde pura,


a envolver nuestro amor en su eterna belleza!

GENERACION DEL 27 Federico García Lorca: Nacimiento el 5 de junio de 1898 Fuente de Vaqueros Granada España y fallecimiento 18 de agosto de 1936(38años)Entre Víznar y Alfacar, Granada, España Verde, que te quiero verde Verde, que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar Y el caballo en la montaña. Con la sombra en la cintura Ella sueña en su baranda, Verde carne, pelo verde, Con ojos de fría plata. Verde que te quiero verde. Bajo la luna gitana, Las cosas la están mirando Y ella no puede mirarlas. Verde, que te quiero verde. Grandes estrellas de escarcha Vienen con el pez de sombra Que abre el camino del alba. La higuera frota su viento Con la lija de sus ramas, Y el monte, gato garduño, Eriza sus pitas agrias. Pero, ¿quién vendrá? ¿Y por dónde? Ella sigue en su baranda, Verde carne, pelo verde, Sonando en la mar amarga. -Compadre, quiero cambiar Mi caballo por su casa, Mi montaña por su espejo, Mi cuchillo por su manta. Compadre, vengo sangrando, Desde los puertos de Cabra. -Si yo pudiera, mocito, Este trato se cerraba. Pero yo ya no soy yo


Ni mi casa es ya mi casa. -Compadre, quiero morir Decentemente en mi cama. De acero, si puede ser, Con las sábanas de Holanda. ¿No ves la herida que tengo Desde el pecho a la garganta? -Trescientas rosas morenas Lleva tu pechera blanca. Tu sangre rezuma y huele Alrededor de tu faja. Pero yo ya no soy yo, Ni mi casa es ya mi casa. -Dejadme subir al menos Hasta las altas barandas, ¡Dejadme subir!, dejadme, Hasta las verdes barandas. Barandales de la luna Por donde retumba el agua. Ya suben los dos compadres Hacia las altas barandas. Dejando un rastro de sangre. Dejando un rastro de lágrimas. Temblaban en los tejados Farolillos de hojalata. Mil panderos de cristal Herían la madrugada. Verde, que te quiero verde, Verde viento, verdes ramas. Los dos compadres subieron. El largo viento dejaba En la boca un raro gusto De hiel, de menta y de albahaca. -¡Compadre! ¿Dónde está, dime, Dónde está tu niña amarga? ¡Cuántas veces te esperó! ¡Cuántas veces te esperara, Cara fresca, negro pelo, En esta verde baranda! Sobre el rostro del aljibe Se mecía la gitana. Verde carne, pelo verde, Con ojos de fría plata. Un carámbano de luna La sostiene sobre el agua. La noche se puso íntima Como una pequeña plaza.


Guardias civiles borrachos En la puerta golpeaban. Verde, que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar. Y el caballo en la montaña.

Rafael Alberti: Nacimiento el 16 de diciembre de 1902 El Puerto de Santa María (Cádiz),España y defunción el 28 de octubre de 1999 (96 años)El Puerto de Santa María (Cádiz),España

Los ángeles bélicos Viento contra viento. Yo, torre de mando, en medio. Remolinos de ciudades Bajan los desfiladeros. Ciudades del viento sur, Que me vieron. Por las neveras rodando, Pueblos. Pueblos que yo desconozco, Ciudades del viento norte, Que no me vieron. Gentío de mar y tierra, Nombres, preguntas, recuerdos, Frente a frente. Balumbas de frío encono, Cuerpo a cuerpo. Yo, torre de mando, en medio, Lívida torre colgada De almas muertas que me vieron, Que no me vieron. Viento contra viento.

El niño de la palma ¡Qué revuelo! ¡Aire, que al toro torillo Le pica el pájaro pillo Que no pone el pie en el suelo! ¡Qué revuelo!


Ángeles con cascabeles Arman la marimorena, Plumas nevando en la arena Rubí de los redondeles. La Virgen de los caireles Baja una palma del cielo. ¡Qué revuelo! —Vengas o no en busca mía, Torillo mala persona, Dos cirios y una corona Tendrás en la enfermería. ¡Qué alegría! ¡Cógeme, torillo fiero! ¡Qué salero! De la gloria a tus pitones, Bajé, gorrión de oro, A jugar contigo al toro, No a pedirte explicaciones. ¡A ver si te las compones Y vuelves vivo al chiquero! ¡Qué salero! ¡Cógeme, torillo fiero! Alas en las zapatillas, Céfiros en las hombreras, Canario de las barreras, Vuelas con las banderillas. Campanillas Ye nacen en las chorreras. ¡Qué salero! ¡Cógeme, torillo fiero! Te digo y te lo repito, Para no comprometerte, Que tenga cuernos la muerte A mí se me importa un pito. Da, toro torillo, un grito Y, ¡a la gloria en angarillas! ¡Qué salero! ¡Que te arrastran las mulillas! ¡Cógeme, torillo fiero!


Pedro Salinas: (Sevilla, 21 de septiembre de 1902 – México, D.F., 5 de noviembre de 1963)

Agua en la noche, serpiente indecisa Agua en la noche, serpiente indecisa, Silbo menor y rumbo ignorado: ¿Qué día nieve, qué día mar? Dime. ¿Qué día nube, eco De ti y cauce seco? Dime. No lo diré: entre tus labios me tienes, Beso te doy, pero no claridades. Que compasiones nocturnas te basten Y lo demás a las sombras Déjaselo, porque yo he sido hecha Para la sed de los labios que nunca preguntan.

Amor, amor, catástrofe Amor, amor, catástrofe. ¡Qué hundimiento del mundo! Un gran horror a techos Quiebra columnas, tiempos; Los reemplaza por cielos Intemporales. Andas, ando Por entre escombros De estíos y de inviernos Derrumbados. Se extinguen Las normas y los pesos. Toda hacia atrás la vida Se va quitando siglos, Frenética, de encima; Desteje, galopando, Su curso, lento antes; Se desvive de ansia De borrarse la historia, De no ser más que el puro Anhelo de empezarse Otra vez. El futuro Se llama ayer. Ayer Oculto, secretísimo, Que se nos olvidó Y hay que reconquistar


Con la sangre y el alma, Detrás de aquellos otros Ayeres conocidos. ¡Atrás y siempre atrás! ¡Retrocesos, en vértigo, Por dentro, hacia el mañana! ¡Que caiga todo! Ya Lo siento apenas. Vamos, A fuerza de besar, Inventando las ruinas Del mundo, de la mano Tú y yo Por entre el gran fracaso De la flor y del orden. Y ya siento entre tactos, Entre abrazos, tu piel, Que me entrega el retorno Al palpitar primero, Sin luz, antes del mundo, Total, sin forma, caos.

Anoche se me ha perdido Anoche se me ha perdido En la arena de la playa Un recuerdo Dorado, viejo y menudo Como un granito de arena. ¡Paciencia! La noche es corta. Iré a buscarlo mañana Pero tengo miedo de esos Remolinos nocherniegos Que se llevan en su grupa ¡Dios sabe adónde!, la arena Menudita de la playa.

¿Fue como beso o llanto? ¿Fue como beso o llanto? ¿Nos hallamos Con las manos, buscándonos A tientas, con los gritos, Clamando; con las bocas Que el vacío besaban? ¿Fue un choque de materia Y materia, combate De pecho contra pecho,


Que a fuerza de contactos Se convirtió en victoria Gozosa de los dos, En prodigioso pacto De tu ser con mí ser Enteros? ¿O tan sencillo fue, Tan sin esfuerzo, como Una luz que se encuentra Con otra luz, y queda Iluminado el mundo, Sin que nada se toque? Ninguno lo sabemos. Ni el dónde. Aquí, en las manos, Como las cicatrices, Allí, dentro del alma, Como un alma del alma, Pervive el prodigioso Saber que nos hallamos, Y que su dónde está Para siempre cerrado. Ha sido tan hermoso Que no sufre memoria, Como sufren las fechas, Los nombres o las líneas. Nada en ese milagro Podría ser recuerdo: Porque el recuerdo es La pena de sí mismo, El dolor del tamaño, Del tiempo, y todo fue Eternidad: relámpago. Si quieres recordarlo No sirve el recordar. Sólo vale vivir De cara hacia ese dónde, Queriéndolo, buscándolo.

Horizontal sí, te quiero Horizontal sí, te quiero. Mírale la cara al cielo, De cara. Déjate ya De fingir un equilibrio Donde lloramos tú y yo. Ríndete A la gran verdad final, A lo que has de ser conmigo,


Tendida ya, paralela, En la muerte o en el beso. Horizontal es la noche En el mar, gran masa trémula Sobre la tierra acostada, Vencida sobre la playa. El estar de pie, mentira: Sólo correr o tenderse. Y lo que tú y yo queremos Y el día -ya tan cansado De estar con su luz, derechoEs que nos llegue, viviendo Y con temblor de morir, En lo más alto del beso, Ese quedarse rendidos Por el amor más ingrávido, Al peso de ser de tierra, Materia, carne de vida. En la noche y la trasnoche, Y el amor y el trasamor, Ya cambiados En horizontes finales, Tú y yo, de nosotros mismos.

Lo que eres Lo que eres Me distrae de lo que dices. Lanzas palabras veloces, Empavesadas de risas, Invitándome A ir adonde ellas me lleven. No te atiendo, no las sigo: Estoy mirando Los labios donde nacieron. Miras de pronto a los lejos. Clavas la mirada allí, No sé en qué, y se te dispara A buscarlo ya tu alma Afilada, de saeta. Yo no miro adonde miras: Yo te estoy viendo mirar. Y cuando deseas algo


No pienso en lo que tú quieres, Ni lo envidio: es lo de menos. Lo quieres hoy, lo deseas; Mañana lo olvidarás Por una querencia nueva. No. Te espero más allá De los fines y los términos. En lo que no ha de pasar Me quedo, en el puro acto De tu deseo, queriéndote. Y no quiero ya otra cosa Más que verte a ti querer.

Miguel Hernández: nacimiento en Orihuela, Alicante (España), 30 de octubre de 1910,fallecimiento en Alicante (España), 28 de marzo de 1942 (31 años)

Hijo de la luz y de la sombra I. Hijo de la sombra Eres la noche, esposa: la noche en el instante Mayor de su potencia lunar y femenina. Eres la medianoche: la sombra culminante Donde culmina el sueño, donde el amor culmina. Forjado por el día, mi corazón que quema Lleva su gran pisada del sol adonde quieres, Con un sólido impulso, con una luz suprema, Cumbre de las montañas y los atardeceres. Daré sobre tu cuerpo cuando la noche arroje Su avaricioso anhelo de imán y poderío. Un astral sentimiento febril me sobrecoge, Incendia mi osamenta con un escalofrío. El aire de la noche desordena tus pechos, Y desordena y vuelca los cuerpos con su choque. Como una tempestad de enloquecidos lechos, Eclipsa las parejas, las hace un solo bloque. La noche se ha encendido como una sorda hoguera De llamas minerales y oscuras embestidas. Y alrededor la sombra late como si fuera Las almas de los pozos y el vino difundidas. Ya la sombra es el nido cerrado, incandescente, La visible ceguera puesta sobre quien ama; Ya provoca el abrazo cerrado, ciegamente,


Ya recoge en sus cuevas cuanto la luz derrama. La sombra pide, exige seres que se entrelacen, Besos que la constelen de relámpagos largos, Bocas embravecidas, batidas, que atenacen, Arrullos que hagan música de sus mudos letargos. Pide que nos echemos tú y yo sobre la manta, Tú y yo sobre la luna, tú y yo sobre la vida. Pide que tú y yo ardamos fundiendo en la garganta, Con todo el firmamento, la tierra estremecida. El hijo está en la sombra que acumula luceros, Amor, tuétano, luna, claras oscuridades. Brota de sus perezas y de sus agujeros, Y de sus solitarias y apagadas ciudades. El hijo está en la sombra: de la sombra ha surtido, Y a su origen infunden los astros una siembra, Un zumo lácteo, un flujo de cálido latido, Que ha de obligar sus huesos al sueño y a la hembra. Moviendo está la sombra sus fuerzas siderales, Tendiendo está la sombra su constelada umbría, Volcando las parejas y haciéndolas nupciales. Tú eres la noche, esposa. Yo soy el mediodía.

II. Hijo de la luz Tú eres el alba, esposa: la principal penumbra, Recibes entornadas las horas de tu frente. Decidido al fulgor, pero entornado, alumbra Tu cuerpo. Tus entrañas forjan el sol naciente. Centro de claridades, la gran hora te espera En el umbral de un fuego que al fuego mismo abrasa: Te espero yo, inclinado como el trigo a la era, Colocando en el centro de la luz nuestra casa. La noche desprendida de los pozos oscuros, Se sumerge en los pozos donde ha echado raíces. Y tú te abres al parto luminoso, entre muros Que se rasgan contigo como pétreas matrices. La gran hora del parto, la más rotunda hora: Estallan los relojes sintiendo tu alarido, Se abren todas las puertas del mundo, de la aurora, Y el sol nace en tu vientre, donde encontró su nido.


El hijo fue primero sombra y ropa cosida Por tu corazón hondo desde tus hondas manos. Con sombras y con ropas anticipó su vida, Con sombras y con ropas de gérmenes humanos. Las sombras y las ropas sin población, desiertas, Se han poblado de un niño sonoro, un movimiento, Que en nuestra casa pone de par en par las puertas, Y ocupa en ella a gritos el luminoso asiento. ¡Ay, la vida: qué hermoso penar tan moribundo! Sombras y ropas trajo la del hijo que nombras. Sombras y ropas llevan los hombres por el mundo. Y todos dejan siempre sombras: ropas y sombras. Hijo del alba eres, hijo del mediodía. Y ha de quedar de ti luces en todo impuestas, Mientras tu madre y yo vamos a la agonía, Dormidos y despiertos con el amor a cuestas. Hablo, y el corazón me sale en el aliento. Si no hablara lo mucho que quiero me ahogaría. Con espliego y resinas perfumo tu aposento. Tú eres el alba, esposa. Yo soy el mediodía.

III. Hijo de la luz y de la sombra Tejidos en el alba, grabados, dos panales No pueden detener la miel en los pezones. Tus pechos en el alba: maternos manantiales, Luchan y se atropellan con blancas efusiones. Se han desbordado, esposa, lunarmente tus venas, Hasta inundar la casa que tu sabor rezuma. Y es como si brotaras de un pueblo de colmenas, Tú toda una colmena de leche con espuma. Es como si tu sangre fuera dulzura toda, Laboriosas abejas filtradas por tus poros. Oigo un clamor de leche, de inundación, de boda Junto a ti, recorrida por caudales sonoros. Caudalosa mujer: en tu vientre me entierro. Tu caudaloso vientre será mi sepultura. Si quemaran mis huesos con la llama del hierro, Verían que grabada llevo allí tu figura. Para siempre fundidos en el hijo quedamos:


Fundidos como anhelan nuestras ansias voraces: En un ramo de tiempo, de sangre, los dos ramos, En un haz de caricias, de pelo, los dos haces. Los muertos, con un fuego congelado que abrasa, Laten junto a los vivos de una manera terca. Viene a ocupar el hijo los campos y la casa Que tú y yo abandonamos quedándonos muy cerca. Haremos de este hijo generador sustento, Y hará de nuestra carne materia decisiva Donde asienten su alma, las manos y el aliento, Las hélices circulen, la agricultura viva. Él hará que esta vida no caiga derribada, Pedazo desprendido de nuestros dos pedazos, Que de nuestras dos bocas hará una sola espada Y dos brazos eternos de nuestros cuatro brazos. No te quiero en ti sola: te quiero en tu ascendencia Y en cuanto de tu vientre descenderá mañana. Porque la especie humana me han dado por herencia, La familia del hijo será la especie humana. Con el amor a cuestas, dormidos y despiertos, Seguiremos besándonos en el hijo profundo. Besándonos tú y yo se besan nuestros muertos, Se besan los primeros pobladores del mundo.

Llegó tan hondo el beso Llegó tan hondo el beso Que traspasó y emocionó los muertos. El beso trajo un brío Que arrebató la boca de los vivos. El hondo beso grande Sintió breve los labios al ahondarse. El beso aquel que quiso Cavar los muertos y sembrar los vivos.

Menos tu vientre Menos tu vientre Todo es confuso.


Menos tu vientre Todo es futuro Fugaz, pasado Baldío, turbio. Menos tu vientre Todo es oculto, Menos tu vientre Todo inseguro, Todo es postrero Polvo del mundo. Menos tu vientre Todo es oscuro, Menos tu vientre Claro y profundo.

A mi gran Josefina adorada Tus cartas son un vino que me trastorna y son El único alimento para mi corazón. Desde que estoy ausente No sé sino soñar, Igual que el mar tu cuerpo, Amargo igual que el mar. Tus cartas apaciento Metido en un rincón Y por redil y hierba Les doy mi corazón. Aunque bajo la tierra Mi amante cuerpo esté, Escríbeme, paloma, Que yo te escribiré. Cuando me falte sangre Con zumo de clavel, Y encima de mis huesos De amor cuando papel.

Como el toro, he nacido para el luto Como el toro, he nacido para el luto


Y el dolor, como el toro estoy marcado Por un hierro infernal en el costado Y por varón en la ingle con un fruto. Como el toro lo encuentra diminuto Todo mi corazón desmesurado, Y del rostro del beso enamorado, Como el toro a tu amor se lo disputo. Como el toro me crezco en el castigo, La lengua en corazón tengo bañada Y llevo al cuello un vendaval sonoro. Como el toro te sigo y te persigo, Y dejas mi deseo en una espada, Como el toro burlado, como el toro.

Dime Dime desde allá abajo La palabra te quiero. ¿Hablas bajo la tierra? Hablo con el silencio. ¿Quieres bajo la tierra? Bajo la tierra quiero Porque hacia donde corras Quiere correr mi cuerpo. Ardo desde allí abajo Y alumbro tus recuerdos.

GENERACIÓN DEL 36 Luis Rosales: nacimiento el 31 de mayo de 1910 en Granada, España y defunción el Granada, España y defunción el 24 de octubre de 1992 (82 años) Madrid, España


Ayer vendrá La tarde va a morir; en los caminos se ciega triste o se detiene un aire bajo y sin luz; entre las ramas altas, mortal, casi vibrante, queda el último sol; la tierra huele, empieza a oler; las aves van rompiendo un espejo con su vuelo; la sombra es el silencio de la tarde. Te he sentido llorar: no sé a quién lloras. Hay un humo distante, un tren, que acaso vuelve, mientras dices: Soy tu propio dolor, déjame amarte.

GENERACIÓN DEL 50 Blas de Otero: (Bilbao, 15 de marzo de 1916 - Majadahonda-Madrid, 29 de junio de 1979)

Cuerpo tuyo Esa tierra con luz es cielo mío. Alba de Dios, estremecidamente Subirá por mi sangre. Y un relente De llama, me dará tu escalofrío. Puente de dos columnas, y yo río. Tú, río derrumbado, y yo su puente Abrazando, cercando su corriente De luz, de amor, de sangre en desvarío. Ahora, brisa en la brisa. Seda suave. Ahora, puerta plegada, frágil llave. Muro de luz. Leve, sellado, ileso. Luego, fronda de Dios y sima mía. Ahora. Luego. Por tanto. Sí, por eso Deseada y sin sombra todavía.


GENERACIÓN DEL 60 Claudio Rodríguez: (Zamora, 30 de enero de 1934 - Madrid, 22 de julio de 1999)

Ajeno Largo se le hace el día a quien no ama y él lo sabe. Y él oye ese tañido corto y duro del cuerpo, su cascada canción, siempre sonando a lejanía. Cierra su puerta y queda bien cerrada; sale y, por un momento, sus rodillas se le van hacia el suelo. Pero el alba, con peligrosa generosidad, le refresca y le yergue. Está muy clara su calle, y la pasea con pie oscuro, y cojea en seguida porque anda sólo con su fatiga. Y dice aire: palabras muertas con su boca viva. Prisionero por no querer, abraza su propia soledad. Y está seguro, más seguro que nadie porque nada poseerá; y él bien sabe que nunca vivirá aquí, en la tierra. A quien no ama, ¿cómo podemos conocer o cómo perdonar? Día largo y aún más larga la noche. Mentirá al sacar la llave. Entrará. Y nunca habitará su casa.

GENERACIÓN DEL 1970-ACTUALIDAD

Luis Alberto de Cuenca: nacimiento el 29 de diciembre de 1950 Madrid, España

La herida


Nada, ni el sordo horror, ni la ruidosa verdad, ni el rostro amargo de la duda, ni este incendio en la selva de mi cuerpo que amenaza con no extinguirse nunca, ni la terrible imagen que golpea mis ojos y tortura mi cerebro, ni el juego cruel, ni el fuego que destruye esa otra imagen de armonía y fuerza, ni tus palabras, ni tus movimientos, ni ese lado salvaje de tu calle, impedirán que encienda en tu costado la luz que da la vida y da la muerte: tarde o temprano sangrará tu herida, y no será momento de hacer frases.

El otro barrio de Salamanca Debajo de los parking hay mundos subterráneos que muy pocos conocen. Los habita una raza de príncipes y reyes, de bardos y de brujos. ¡Subsuelo de las calles de Velázquez y Goya! ¡Océanos secretos de aguas centelleantes bajo Lista y Serrano, Jorge Juan y Hermosilla! ¡Cúpulas, altas torres de ciudades de plata! ¡Palacios encantados, templos de mármol negro debajo de la calle Don Ramón de la Cruz! ¡Odaliscas ocultas bajo las tuberías del gas, en el asiento de la calle de Ayala! Conozco a una doncella de ese mundo perdido que me envía señales de humo por teléfono. No consigue olvidar la ciencia de mis manos.

Belén Reyes: nacimiento en Madrid en 1964

La poesía es un arma cargada de mercurio Yo sé que es vida esto que se mueve entre estas venas rotas y cansadas. No hay célula que tienda a resistirse. No quiero ser inmune a nadie, a nada. Yo sé, porque me duele cuando escribo, que Amparitxu se acuerda de Celaya.


La poesía es un arma cargada de mercurio, a casi todo el mundo se le escapa. Y no sé por qué insisto en estos tiempos, se nos van los poetas en silencio, y luego el homenaje-navajada. Hago trenzas de versos, me despeino. Cuando se hace un milagro hay que dar caña. Yo sé que es vida esto que se mueve entre estas venas rotas y cansadas. La poesía es un arma cargada de mercurio, —hay una minoría que la atrapa—. Los demás que se apañen con la nómina, con el vídeo, la coca, o la esperanza.

Desnatada Estoy al borde de ser borde, me lo noto. El precipicio crece estoy cansada. Estoy al borde de ser borde estoy a punto de nieve, mucha nieve. Estoy helada. Estoy al borde de ser borde y duele mucho! Dios mío hazme mediocre. Estoy cansada, de apostarme la vida a cada instante, de ir desnuda y verter en todo el alma. Déjame que me quede aquí en el medio, envuelta en celofán, bien razonada. Dame mesura Dios, dame mesura, mesura chapucera y cotidiana. Hazme mediocre, Dios hazme mediocre. En vez de corazón, una ensaimada. Y el alma en tetrabrick para que dure… Ten compasión y hazme desnatada.


Poesía hispanoamericana Pablo Neruda: nacimiento en Parral (Chile), 12 de julio de 1904 y defunción en Santiago de Chile (Chile), 23 de septiembre de 1973 (69 años)

Soneto XII. Plena mujer, manzana carnal, luna caliente Plena mujer, manzana carnal, luna caliente, Espeso aroma de algas, lodo y luz machacados, ¿Qué oscura claridad se abre entre tus columnas? ¿Qué antigua noche el hombre toca con sus sentidos? Ay, amar es un viaje con agua y con estrellas, Con aire ahogado y bruscas tempestades de harina: Amar es un combate de relámpagos Y dos cuerpos por una sola miel derrotados. Beso a beso recorro tu pequeño infinito, Tus márgenes, tus ríos, tus pueblos diminutos, Y el fuego genital transformado en delicia Corre por los delgados caminos de la sangre Hasta precipitarse como un clavel nocturno, Hasta ser y no ser sino un rayo en la sombra.

Soneto V. No te toque la noche ni el aire ni la aurora No te toque la noche ni el aire ni la aurora, Sólo la tierra, la virtud de los racimos, Las manzanas que crecen oyendo el agua pura, El barro y las resinas de tu país fragante. Desde Quinchamalí donde hicieron tus ojos Hasta tus pies creados para mí en la Frontera Eres la greda oscura que conozco: En tus caderas toco de nuevo todo el trigo. Tal vez tú no sabías, araucana, Que cuando antes de amarte me olvidé de tus besos Mi corazón quedó recordando tu boca, Y fui como un herido por las calles


Hasta que comprendí que había encontrado, Amor, mi territorio de besos y volcanes.

Bibliografía: es.wikipedia.org, grandespoetasfamosos.blogspot.com.es, www.poesi.as

Trabajo de Lengua 3.0  

El tercer trabajo de la trilogía

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