Page 1

Iter Criminis Iter criminis es una locución latina, que significa "camino del delito", utilizada en derecho penal para referirse al proceso de desarrollo del delito, es decir, las etapas que posee, desde el momento en que se idea la comisión de un delito hasta que se consuma. Por lo tanto, el iter criminis es un desarrollo dogmático, creado por la doctrina jurídica, con idea de diferenciar cada fase del proceso, asignando a cada fase un grado de consumación que permita luego aplicar las diferentes penas. La enunciada, es una división didáctica que permite un mejor análisis del camino por el que atraviesa el delito; a pesar de que existen hechos punibles tan fugaces y espontáneos que se hace difícil, por no decir imposible, una demarcación de sus respectivas fases. Una excelente esquematización de esas distintas etapas del iter criminis nos la presenta Luis Jiménez de Asúa, de la siguiente manera: 1.-) INTERNA: en la mente del agente está el delito, cuya ideación, deliberación o resolución se ha representado en sus pensamientos, sin llevarlos aun al mundo exterior. Al estar exclusivamente abarcada por los pensamientos, queda excluida de cualquier castigo; el derecho penal no se puede hacer cargo de ella. Dado que nadie, salvo él mismo, conoce su designio, y por cuanto sus pensamientos, por muy despiadados que sean, no afectan a nadie, salvo eventualmente a su propia conciencia, el Estado no puede inmiscuirse en ellos, por prohibición del principio de la legalidad y de la máxima liberal, recogida por el Digesto, cogitationis poenam nemo patitur, “el pensamiento no delinque”. Las malas intenciones no tienen importancia para el derecho penal en tanto y en cuanto no se erijan en antecedente o sirvan de energía a la conducta que comienza a desarrollar el verbo de un tipo. Hasta que ese designio no sea objetivamente alcanzado, aunque sea de manera parcial, su propósito criminal no se le puede llamar dolo; se quedará en malos pensamientos, es decir, pertenecerá al mundo de lo moral, y no de lo jurídico. 2.-) INTERMEDIA: integrada por las resoluciones manifestadas: proposición y conspiración; provocación, excitación, incitación, inducción, amenazas, etc. Se trata también de otra de las etapas por las que puede atravesar el hecho punible que, en estricta teoría, es igualmente interna. Lo que sucede es que en legislaciones como la nuestra, configuran en algunos casos una excepción al principio general de que los tipos legales son sólo figuras consumativas, y se presentan como descripciones típicas taxativamente castigadas. Ellas, estando previstas típicamente, cumplen una finalidad político-criminal específica, cual es evitar la punibilidad de las ideas a través del castigo de una “...objetividad jurídica


infringida concreta.” Las resoluciones manifestadas las encontramos previstas en el Código Penal venezolano bajo las formas típicas de complot: artículo 128 (denominado en doctrina conspiración), ubicado por el legislador entre los delitos Contra la Independencia y Seguridad de la Nación; instigación: párrafo 1º del artículo 283 (determinar a otro a la ejecución de un delito); inducción: artículos 211, párrafo 2º y 388 (como forma de instigación que mueve la voluntad al delito); excitación: artículos 210 y 286 (que guarda relación con la mera provocación; está dirigida al acto y no al resultado, como la inducción, ya que se traduce en invitar o emocionar a que se participe en él); apología: artículo 283 (por la que se elogia un delito, se le exalta y promociona, generalmente político, y no común), y amenaza: artículo 166, último aparte, como delito sui generis, que castiga la violación de la libertad y seguridad de un individuo a quien se le anuncia que va a ser víctima de un mal. 3.-) EXTERNA: actos preparatorios; tentativa: real, desistida e imposible; delito frustrado: tentativa acabada, frustración por arrepentimiento; delito consumado; delito agotado. La fase externa, está compuesta de actos que materializan el plan delictivo, que pueden ser observados por los demás en el mundo exterior. Dicha etapa comienza con los actos preparatorios y termina con la consumación y posterior agotamiento del delito. Aquí es precisamente donde se presenta la controvertida problemática del deslinde o delimitación de unos actos con otros; que sobre todo se vuelve de superlativa importancia si de su adecuada individualización depende la punibilidad o no de una conducta, o la mayor o menor graduación del castigo (tentativa, frustración y consumación). Esta realidad dependerá directamente del sistema prefijado por el respectivo Código Penal, según la política criminal aplicada al mismo. La legislación venezolana sólo pueden penalizarse aquellas conductas que inicien voluntariamente el proceso ejecutivo de un determinado delito; quedando fuera de la punición no sólo las ideas, sino también los actos preparatorios del futuro comportamiento punible. En términos generales, se han construido tres tesis destinadas a fundamentar el controvertido deslinde de las distintas etapas que conforman la fase externa del iter criminis del delito. La primera de ellas, llamada formal, señala que el principio de ejecución está constituida por aquel acto que penetra en el núcleo del tipo. La segunda, denominada material, tiene su antecedente en la del “peligro corrido” de Carrara, y sostiene que habrá inicio de ejecución cuando se expone a peligro inminente al bien jurídico. La tercera, y última, es la orgánica o mixta, que combina aspectos de las dos anteriores.


Pero no podemos comenzar a explicar las precitadas teorías si no hablamos primero, aunque sea brevemente, de otra que las antecedió, que aun cuando hoy día ha perdido fuerza su importancia es decisiva en esta materia. La Teoría de la Univocidad, desarrollada por Francisco Carrara, el gran Maestro de Pisa, el acto externo es imputable si configura un principio de ejecución y esto ocurre cuando contiene univocidad hacia el delito. La univocidad se verifica entonces en aquellos actos que expresan una dirección cierta hacia el hecho punible, es decir, cuya dirección tiende exclusivamente al mismo. No hay univocidad en aquellos actos inocentes cuya dirección es indeterminada. Consecuentemente, no quedan incluidos en ella los actos externos equívocos que pueden estar dirigidos hacia múltiples fines y que carecen de certeza sobre sus objetivos. El comprar arsénico para envenenar, adquirir la pistola para matar y penetrar en el domicilio ajeno de quien se quiere matar, son actos preparatorios equívocos. La compra del veneno y del arma puede ser, entre otras muchas cosas, para matar animales o tirar al blanco. Pero si adquirida la dosis venenosa en la cantidad letal y se coloca en la bebida que debe tomar la víctima, o se apunta a ésta con el arma cargada, evidentemente que son actos que revelan con certeza un fin unívocamente dirigido a cometer delito. Se trata de actos externos que configuran un inicio de ejecución, es decir, que producen en el mundo objetivo un peligro corrido al bien jurídico tutelado, por tanto, que configuran la tentativa punible. El doctor Jorge Frías Caballero sostiene que a pesar del carácter garantista de esta tesis, al servir de control frente al poder del Estado, resulta ineficaz para distinguir los actos preparatorios del comienzo de ejecución del delito, en razón de que: 1) La univocidad no puede dar base a una distinción certera, por cuanto no sólo el acto ejecutivo es unívoco. Cada vez que el acto preparatorio se acerca al momento ejecutivo inicial del delito, según la univocidad, su determinación se hace más difícil. Sigue señalando el doctor Frías que debiendo servir la univocidad como patrón universal para ello aparece en esa zona actos preparatorios unívocos que reflejan una dirección inequívoca hacia el delito, y que resulta arbitrario considerarlos en un momento de una forma e inmediatamente después de otra. 2) Padece de un error que parte de un punto de vista material y no formal. Para nuestro prealudido profesor, aun cuando la distinción entre los actos preparatorios y los ejecutivos debe partir de la ley, a ésta se le hace a un lado formulándose un criterio


indeciso, sustentado en consideraciones apriorísticas más o menos cercanas, sin percatarse que la solución no está fuera sino dentro de la ley. 3) Por último, para el doctor Frías Caballero resulta igualmente ineficaz desde el punto de vista práctico. Su valor se hace relativo, y por tanto inseguro, dado que en la práctica es útil en los casos extremos pero no así en los casos dudosos. La teoría de la univocidad terminó siendo desechada por el propio Carrara; sustituyéndola por el criterio espacial referente a la extensión de la conducta entre los diferentes sujetos del delito. Después de estas concepciones Carrarianas de indiscutible trascendencia para la dogmática penal, surgió una nueva tesis, la formal, denominada la Teoría del Núcleo del Tipo, formulada por Beling. Aunque se trataba también de una teoría objetiva para diferenciar al acto preparatorio del principio de ejecución, reclama el examen del “núcleo del tipo”, que se expresa en el verbo activo empleado en un tipo legal. La ventaja frente a las otras concepciones viene a ser su carácter garantizador, comprensivo del principio de la legalidad. Para deslindar la preparación del delito del comienzo de ejecución punible hay que recurrir al tipo específico correspondiente, en cada caso concreto. Su concepto rector es llamado “núcleo del tipo”. Dentro de cada tipo hay un núcleo, constituido del conjunto de actos típicos que realizan el verbo activo principal. Aparte de esto, existe una zona periférica, más o menos extensa, que está fuera del núcleo. Todo el primer grupo de actos, o sea, todos aquellos que están dentro del núcleo son actos de ejecución, los que están fuera de él son, en cambio, actos preparatorios. Hay comienzo de ejecución cuando se comienza a matar, cuando se inicia el apoderamiento. Para zanjar algunas de las dificultades que presenta la teoría en cuestión, Frías Caballero dice que pueden ser resueltas a través de los “complementos de la acción”. Según él, existen situaciones en que la realización del verbo principal no se efectúa directamente por el sujeto activo. Por ejemplo, hay quienes abandonan esa realización, bien a la conducta de la víctima o del mismo agente, o bien a la de un tercero culpable o inocente, así como al suceder causal de los fenómenos en el mundo físico. La acción en estos casos se realiza por complemento. Esta clasificación, enmarcada por Beling en tres grandes grupos, son ejemplificados por Frías Caballero de la siguiente manera: a) Un homicida, aprovechando las horas de la noche en que su víctima duerme, abre la llave del gas en la habitación contigua en circunstancias tales en que el gas tóxico penetra en el aposento donde aquella descansa. El complemento de la acción para alcanzar el resultado se ha dejado al simple actuar de la fuerza natural. Todos estos actos entran ya en el campo de la ejecución del delito. Si un tercero, o un accidente imprevisto, cierran la


llave, quedan los actos en grado de tentativa, ya que sin alcanzar el resultado previsto en el tipo, pasaron la etapa de preparación. b) Quien para matar a una persona recurre a unos bombones envenenados, entregándolos a un tercero inocente que se encargará de hacer llegar a la víctima el presente mortífero. El tercero actúa aquí de modo ciego, a la manera del instrumento, revólver, puñal, etc., con los que el autor inmediato pudo realizar el delito. La conducta del autor ha penetrado en el proceso ejecutivo del delito. c) El anarquista que encargado de asesinar a un magnate, prefiere valerse de la cooperación del cocinero de éste, a cuyo objeto le hace entrega de una substancia venenosa que deberá verter en la comida que le sirve diariamente. Si por cualquier razón o accidente fortuito el cocinero desiste a última hora de verter el veneno, la entrega de éste es mero acto preparatorio por falta de complemento de la acción de la conducta del tercero culpable. La teoría material, estima castigable el comienzo de ejecución en la medida en que encierre un peligro para el bien jurídico protegido; son acciones de ejecución aquellas que atacan el bien jurídico. La primera acción que lleva en sí este ataque es el principio de ejecución. Los actos preparatorios son anteriores a dicha ofensa y dejan inalterado el estado de paz del bien jurídico, la razón interna de esta diferencia se halla de modo indudable en el hecho de que el bien jurídico sólo es hostilizado por el hecho a partir del comienzo del ataque; y que antes de ello, no tiene otro enemigo que la mala intención del agente. La teoría mixta, implican la combinación orgánica de la teoría formal y de la teoría material. Algunos grandes juristas, como Mayer y el mismo doctor Frías Caballero, terminaron por reconocer que es procedente aceptar el criterio material (además del formal), como suplementario. El último de los nombrados, dijo que no era arbitrario recurrir a él en los casos en que la duda subsistiera, ya que en su opinión no se puede prescindir del hecho de que el resultado de la tentativa: la ejecución (acabada o inacabada), radica precisamente en la puesta en peligro del bien jurídico protegido.

Iter Criminis  

Documento de investigacion