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Mi historia es la siguiente, desde que yo recuerdo (y tengo 49 años), mi padre tenía una granja de cerdos, yo solo había visto un cerdo de visita. Es normal: tener una granja de cerdos, pollos, vacas, etc, toda la vida nos han servido para alimentarnos, pero de ahí al negocio cada vez mas masificado y cruel va un abismo. No era consciente del sufrimiento que podemos llegar a causar, porque los humanos pensamos que los animales están aquí para hacer con ellos todo lo que queramos, todo vale, todo es lícito. Como ellos no tienen voz sufren vejaciones, humillaciones, maltrato y explotación, todo eso hacemos con los animales. Hasta que por circunstancias familiares tuve que hacerme cargo yo personalmente de la granja, con un trabajador que era una mala persona, al perro que había allí (que yo le quería con locura y él a mí) le daba patadas. Empecé a darme cuenta de qué mundo estaba rodeada , del sufrimiento de los animales, pero también del mío propio, lloraba casi todos los días por una causa u otra: Una vez era un cerdo que se rompía una pata, a otra del esfuerzo de parir se le salía la matriz, los lechones de unos quince días eran castrados con un cútex: se les rajaba la bolsa de los testículos y se les cortaba el testículo echándoles un spray desinfectante que al estar la carne abierta les quemaba , no quiero ni imaginarlo. A las cerdas madres a los 21 días de parir se les quitaban los lechones, con el consiguiente dolor para ellas porque todavía tenían leche. Una vez que se quedaban sin leche, vuelta a inseminar (inseminación artificial) y otra vez a parir. Para cuando ya no tenían partos "buenos" iban al matadero. Después de haber pasado unos años en unas jaulas que no podían ni moverse y habían dado toda su producción iban a matadero. Me creó tal angustia, depresión: lloraba por todo, tenía remordimientos de darles esa vida, no podía continuar, yo no quería ni vivir, me sentía sucia y sobre todo una mala persona. Tuve que vender los cerdos, pues no podía seguir viviendo aquello. Me quedé con 49 kilos. Desde entonces soy incapaz de comer carne, no puedo comerme algo que respira y sufre igual que yo, y tiene sentimientos. Hoy en día sigo angustiada por el maltrato que sigue habiendo en España a animales de compañía, animales de granja, en circos, a burros, el toro de la Vega y sobre todo las corridas de toros, el toro embolado (que lleva fuego en los cuernos), animales en general … España siendo primer mundo, debe de cambiar su actitud hacia los animales, que tanto amor y bienestar nos aportan. Personalmente en mi trabajo estoy muy satisfecha, cuido abuelitos, y pensar que ayudo y cuido con amor, me es muy gratificante. Les pido a todas las personas que puedan leer mi historia, que para mí sigue siendo dolorosa que AYUDEN a los animales.

M. P. L. Zaragoza

Testimonio M. P. L.  
Testimonio M. P. L.  

Testimonio M. P. L.