Page 1

No sé si todavía estoy a tiempo de contar mi historia. La verdad es que actualmente no me encuentro con muchas fuerzas y no me apetece hacer un relato de lo vivido a menos que sea necesario y de verdad pueda servir de ayuda. Yo empecé cuidando a una colonia de gatos con 22 años en mi barrio. Eso fue hace 17 años. Cerca de mi casa había unos jardines muy grandes con un grupo de bloques donde muchos años antes había habido ratas. Los vecinos habían llamado en repetidas ocasiones al ayuntamiento pero no conseguían acabar con ellas. Al final un vecino llevó una pareja de gatos y así consiguieron acabar con ellas pero los gatos se multiplicaron. Cuando yo los conocí había unos 20 gatos aunque ya comento que el lugar era muy grande. Había un par de señoras que los cuidaban. Yo empecé a ir a llevarles comida, llevarlos al veterinario cuando era necesario, defenderlos de los niñatos que había por allí y de la gente que no se sabía muy bien por qué los odiaba. La verdad, es que a la mayoría de la gente les daba igual los gatos, a otra parte les gustaba y a otro grupo no demasiado numeroso pero si muy dañino, los odiaba. Nos pusieron incluso denuncias al zoosanitario pero armamos tal revuelo que los conseguimos parar y no se los llevaron. Actualmente ya no cuido de esa colonia, se encargan otras personas. Dejé de cuidar de ella a los 7 años de estar haciéndolo por el desgaste psicológico tan grande que tenía. No podía seguir más porque iba a acabar conmigo. Me pasaba el día llorando, agotada de tener que pelear y luchar contra todo. En mi casa incluso contra mi propia madre que me veía como un bicho raro. En la colonia, contra algunos vecinos que en lugar de preocuparse por las jeringuillas que en algunos casos habíamos encontrado y quitado de los jardines, se dedicaban a mirar a los gatos y decirnos cosas tan estúpidas como "es que cuando hay gatos las ratas se suben por las paredes y se me pueden meter en mi casa" y ante tamaña estupidez solo puedes mirar a esa persona a la cara y pensar pero "¿Este hombre se da cuenta de la estupidez tan grandísima que está diciendo?", darte la vuelta e irte moviendo la cabeza. También estaban los niños y los golfos que cuando se iban para allá por estar aburridos podían hacer cualquier cosa como pintar a un gato con pintura y al día siguiente o cuando llegas a las pocas horas te encuentras al pobre animal todo pintado. O aquellos que llevaban a los perros allí a la caza de gatos y alguna que otra vez nos mataron a alguno. Son animales que habíamos criado desde pequeños a alguno de ellos, a otros los habían dejado allí abandonados y cuando vas encontrándote una cosa tras otra es que no puedes. Hay algo dentro de ti que se te acaba rompiendo de tanto sufrir. Por eso tuve que dejar la colonia y su cuidado en manos de otras personas, porque ya no podía más. Después de años de recuperación y de ayudar sólo en casos puntuales, hace unos tres años empecé junto a otra señora a cuidar una colonia que está cerca de mi trabajo. Quiero aclarar que no están en un sitio residencial, no hay viviendas cerca, solo un par de centros de trabajo donde trabajan un total unas 50 personas y también es un lugar de paso y de ocio habitual pero no demasiado atestado. Vuelvo a sentir el amor, el cariño, el calor que estos maravillosos animales que viven en la calle te pueden dar, pero también vuelvo a tener que luchar contra la incomprensión y el daño que unas pocas personas pueden hacer. Actualmente, tanto la otra persona que va a darles de comer como yo, tenemos que hacerlo prácticamente a escondidas porque hay unas cuantas personas que no quieren allí a los animales y parece que los que más les molesta es ver como nosotros disfrutamos con ellos. Cuando eso ocurre pueden llamar al zoosanitario como hicieron hace un par de años que se llevaron a la mayoría de ellos o ponerles veneno y matarnos a 14 gatos como ocurrió ese mismo año un mes antes de que apareciera el odiado zoosanitario. Intentamos pararlos. Diversas asociaciones

Testimonio Lola F. S.  
Testimonio Lola F. S.  

Testimonio Lola F. S.