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DEL COMERCIO ANIMAL Javier Juan Alcázar Crespo

Mientras que miles de gatos y perros son abandonados anualmente, malviviendo en refugios y sacrificados en perreras municipales, otros tantos se convierten ya desde su más tierna infancia en víctimas de uno de los negocios más lucrativos: el tráfico ilegal de animales, generalmente procedentes de países del Este de Europa (Polonia, Eslovaquia, República Checa, Rumanía y Hungría, entre otros) y posible gracias a la complicidad de comerciantes sin escrúpulos y compradores ignorantes o sin conciencia. Las víctimas ya no son solamente animales exóticos de cualquier tamaño (desde pequeños insectos, reptiles y aves hasta grandes felinos, monos o simios) sino los más cercanos y habituales perros, especialmente, los de razas pequeñas y de moda, o los mal llamados de razas potencialmente peligrosas Vale la pena pararse a pensar de dónde vienen la plaga de dogos de Burdeos, chihuahuas, pinschers, yorkshire terriers, westhighland terriers, carlinos, pomeranias y otros perros de razas hasta hace poco exclusivas que inundan nuestras calles desde hace unos años y el calvario por el que han pasado. El punto de origen mayoritario son las “granjas de perros” o “pet mills” (o “puppy mills” =”fábricas de cachorros”) donde las hembras, encerradas en espacios insalubres, a veces, verdaderos “zulos”, infraalimentadas, sin cuidados veterinarios (desparasitaciones, vacunas……) y entre sus propios excrementos, son obligadas a parir celo tras celo. Como, además, importa poco que las líneas genéticas se crucen y produzcan animales con malformaciones, los padres de las camadas podrán ser los hermanos de las hembras o sus propios padres. Las madres serán útiles mientras sean fértiles: si no mueren antes por enfermedades o en los partos, ya se encargarán de matarlas sus propietarios. El resultado, camadas enfermas, con problemas genéticos y de comportamiento. Los pequeños vienen al mundo en estas terribles condiciones, pero lo que les espera es un verdadero calvario: la mayoría vivirán menos de 7 semanas, ya que con menos de esa edad serán separados de sus madres, amontonados en jaulas, sin aire, luz, agua o alimento para ser trasladados por carretera en viajes que pueden durar de 24 a 48 o 72 horas, dependiendo del punto de origen y destino. Muchos perritos se mueren por el camino, de las enfermedades que ya arrastraban, o asfixiados, deshidratados….. Los supervivientes llegarán en condiciones lamentables de suciedad (vómitos, orines y heces) y necesidad, e, incluso, habrán podido contagiarse de alguna enfermedad de sus compañeros de viaje, si es que no la tenían. Evidentemente, estos pequeños, separados así de su madre, con esa experiencia traumática en semanas decisivas en su formación física y mental, podrán desarrollar anomalías físicas o de comportamiento severas en un futuro.

Informe sobre las fábricas de cachorros  
Informe sobre las fábricas de cachorros  

Informe sobre las fábricas de cachorros